Después de dos horas procedentes de la ciudad de Page por un carretera bastante aburrida y sin nada muy interesante nos fuimos aproximando a Monument Valley. Cuando comenzamos a ver sus características formaciones rocosas, yo ya me iba poniendo nervioso por las ganas que tenía de ver este lugar.
Aquí teníamos pensado visitar dos cosas, ir esa tarde hasta el llamado Forrest Gump Point para el día siguiente hacer una ruta en el coche por lo más representativo del lugar. Así que nos dirigimos al primer punto, que Google Maps te guiará sin problemas. Pensaba que iba a haber más gente pero la verdad es que apenas había 3 ó 4 coches.
El lugar es una pasada para amantes de las carreteras infinitas como a mí, no pude evitar hacernos las fotos de rigor. Aparte de que sea el lugar donde se grabó la famosa escena del film Forrest Gump donde éste decide dejar de correr (yo nunca he sido muy amigo de recorrer las escenas donde se grabaron películas) el sitio merece la pena, hasta tuvimos la suerte de coincidir con un autobús escolar, más americana la foto imposible.
Si tenéis más tiempo esta carretera pasa también por otros puntos interesantes como Mexican Hat o el Valley of the Goods. También hay un meandro por lo visto que está muy bien en Goosenecks State Park.
Después de esa parada ya nos dirigimos hacia el famoso hotel The View donde pasaríamos la noche. Justo antes de llegar a él y dado que Monument Valley no está dentro de la red de parques nacionales de Estados Unidos (y no vale el Annual Pass) tuvimos que pagar 20$ por vehículo. Como véis Monument Valley se encuentra entre el límite de Utah y Arizona así que cuidado con el dichoso cambio horario, para ello fiaros siempre del móvil, cuando tengáis wifi. En el hotel la hora «oficial» es la del estado de Utah.
Ahora un inciso para hablar del Hotel The View. Había leído que mucha gente no se alojaba allí porque lo consideraba muy caro y no estoy para nada de acuerdo, es verdad que la cabaña que cogimos nosotros nos costó la noche 236$ (207€ al cambio de entonces) pero hay que tener en cuenta, primero el lugar en el que están, justo delante de la foto más representativa del Parque Nacional, espectacular.
Luego la calidad de las cabañas, que nos sorprendieron para bien. Todo hasta el último detalle, con su microondas, cafetera con café gratis, nevera, aire acondicionado y todo lo necesario para pasar una noche estupenda. El wifi además iba perfecto.
Y por último decir que la cabaña disponía de una cama de matrimonio pero además de una litera con otras dos camas por lo que podríais ir incluso dos parejas compartiendo gastos o una familia con 4 miembros. Sinceramente con lo que pagamos más adelante en hoteles acercándose a este precio, no hay punto de comparación.
Llegamos sobre las 18h para hacer el checkin y para disfrutar del atardecer cenando y viendo el paisaje que teníamos ante nosotros. Decir que las cabañas son una parte del hotel donde os podréis alojar, también hay un camping con una situación privilegiada que obviamente es mucho más barato, zona para caravanas y luego el hotel en sí que tiene varias plantas con habitaciones con igualmente unas preciosas vistas. Esta es la info de internet de las cabañas.
Antes de cenar nos acercamos al hotel a verlo y justo delante del aparcamiento, tendréis este punto que para mí tiene la mejor vista de las más famosas formaciones rocosas del Parque. Otra sin duda de las imágenes del viaje, con la que había soñado muchas veces antes de ir.
Compramos algún souvenir y corrimos de vuelta a la cabaña para cenar tranquilamente contemplando el espectáculo, ¿o no es impresionante cenar con estas vistas?.
Decir que si optáis por las cabañas hay dos filas, intentar coger la que está delante del todo, nosotros así lo hicimos con lo que no teníamos nada que obstaculizara nuestra vista. Además nos dieron la que está a la derecha del todo, la mejor de todas creo yo.
En este vídeo os haréis una idea de todo el área en el momento de ponerse el sol, increíble los colores anaranjados de la tierra. La que está delante de los coches azul y gris era nuestra cabaña.
Cenamos de maravilla tipo picnic contemplando el paisaje y nos quedamos hasta que se hizo totalmente de noche. Dado que el sol se escondía por el lado opuesto las mejores vistas serían al amanecer, eso sí el espectáculo del cielo estrellado fue increíble, incluso mejor que en el desierto de Marruecos.
Día 7
A las 6 de la mañana que es cuando saldría el sol puse el despertador, por nada del mundo me quería perder ese amanecer. Fue increíble, ahí estuve en la pequeña terraza con manta en mano y un café contemplando el espectáculo… Magaly directamente desde la cama, jeje.
Es de esas EXPERIENCIAS que yo creo que hay vivir alguna vez, y que siempre se recuerdan.
Aguanté hasta que el sol ya empezó a calentar demasiado y desayunamos dentro. Sólo los colores de la tierra alumbrados por el sol, me pareció un escenario grandioso.
Si finalmente os decidís por alojaros en este hotel deberéis reservar con muuuuchas semanas de antelación, yo lo hice con varios meses. Nos contaron que Johnny Deep cuando vino a rodar el Llanero Solitario quiso alojarse en el hotel pero estaba completo y no pudo, a veces el dinero no lo puede todo…
Tras desayunar, nos duchamos, recogimos todo e hicimos el checkout. Esta mañana la íbamos a dedicar a hacer una ruta circular muy popular de unos 22 kms y que va recorriendo las formaciones rocosas de esa zona y que para mí es muy recomendable. Aquí os dejo el mapa del circuito que se suele hacer.
Hay una opción de hacer la ruta con los Navajos, según informan en Internet te llevan a sitios que no puedes ir particularmente pero cuando ví que cobraban 75$ por persona como que no, así que lo hicimos con nuestro propio coche. Hay debate sobre si la ruta al ser de tierra y tener bastantes zonas de baches y sobre todo arena se puede hacer con un turismo normal, esta fue una de las razones por las que cogimos un vehículo tipo SUV para hacer esta ruta sin problemas. Una vez hecha, yo diría que también se podría hacer con un turismo, es verdad que hay zonas de muchos baches pero yo no quise arriesgar sobre todo a quedarme atascado en algún banco de arena, Islandia me viene enseguida a la memoria.
Iniciamos la ruta y podéis parando en los puntos del mapa, este es Three Sisters, parada rápida.
Después de este hay uno de los más interesantes e imprescindible, el conocido como John Ford’s Point, en honor al director que grabó tantas películas aquí, del famoso género del western. Hasta un indio con un caballo se coloca estratégicamente para cobrar unas propinillas, y la verdad es que la foto queda espectacular (hice la foto «robada» ;).
Esta desde otra perspectiva. Este es el lugar también del icónico anuncio de los cigarrillos Marlboro, me faltó el caballo.
El sitio está bien y como es de los más concurridos había varios puestos de artesanía de los indios. La verdad que había cosas chulas y a precios que nunca considero caros cuando se trata de cosas hechas a mano, pero ya habíamos comprado algo en los puestos junto al Navajo Bridge.
Continuamos recorriendo los lugares escenario de otras películas como Thelma y Louise y Regreso al Futuro. La verdad es que el paseo se hace bien, era pronto y por tanto había pocos coches. Seguimos el circuito parando en algunos de los puntos hasta que llegamos al nº 9, Artist’s Point, este nos gustó mucho, tenía unas buenas vistas aunque muy bacheado el camino para llegar.
Luego otro que recomiendo parar es el 10, North Window Overlook, os aconsejo que caminéis de frente por un camino unos 50 metros y detrás de una de las formaciones rocosas hay otras vistas que a mí personalmente me gustaron mucho.
De aquí y después de una hora más o menos ya fuimos hacia la salida del circuito que tiene una subida final con la que hay que tener cuidado con el coche.
Cogimos la carretera y nos dirigimos hacia el último parque nacional que visitaríamos, y qué parque, nada menos que el Gran Cañón. Creo que fue buena idea dejar este para el final y no al revés, seguramente los que habíamos visto antes no nos habrían impresionado tanto. Volvíamos a Arizona, así que ganábamos una hora de viaje con respecto a Utah.
En este quinto día del viaje y tras volver del Zion National Park pusimos rumbo hacia la localidad de Page, en el estado de Arizona. Desde Kanab hay dos caminos para ir a Page a una distancia parecida, una por el norte y otra por el sur, escogimos esta última. Esta es la ruta que íbamos a hacer.
Cruzamos de nuevo Kanab donde pudimos ver la cantidad de iglesias que tiene, bautista, católica, vimos al menos 7!!. Nada más salir de Kanab entrábamos en Arizona así que a atrasar los relojes una hora… El comienzo de la ruta no era muy interesante, bastante desértico el paisaje pero no de los que me gustan, mucho matorral bajo para luego entrar en un bosque de pinos. Pero de pronto llegamos a una bajada donde vemos al fondo una llanura impresionante, con el Marble Canyon como punto de destino, este paisaje sí que nos gustó tanto que hicimos una parada y todo.
Continuamos recorriendo la llanura hasta que llegamos al Marble Canyon y a su fantástico Navajo Bridge. Un puente de un sólo arco hecho de acero y que tiene una longitud de 254 metros y que fue inaugurado en 1929, sin duda interesante.
El Marble Canyon fue formado por el cauce del río Colorado, que más adelante ha creado otro algo más conocido, ¿imagináis cuál?
En el puente había unos puestos de artesanía de los indios navajos en los que Magaly «picó» alguna cosa. Seguimos el camino y teníamos a 60 kms nuestro próximo y esperado destino, la famosa Curva de la Herradura.
Ya era casi la hora de comer y como no veíamos ningún restaurante, decidimos buscar un sitio para comer algo de nuestras provisiones junto a la carretera. Finalmente tuvimos suerte porque aprovechamos un puesto vacío de artesanía ambulante india y allí montamos el chiringuito para comer, una buena sombra porque por ahí el calor apretaba, estábamos a unos 30 grados.
Y ya sobre las 15h y a una hora que no es la mejor desde luego (menos mal que estábamos en mayo) llegamos al abarrotado parking del Horseshoe Bend, sin duda otro de los sitios más esperados del viaje. No esperaba tanta gente, había hasta un policía organizando el aparcamiento, autobuses de chinos, tremendo, como está el turismo. Desde el parking se inicia una pequeña subida desde la que se ve a lo lejos la esperada herradura.
El camino no es largo pero hay un enemigo claro, el calor, pero bueno, llevando agua y poco a poco tampoco le veo muchos problemas, eso sí, llevaría calzado cerrado porque hay tramos bastante arenosos.
Bajamos y al asomarnos nos dimos cuenta de las dimensiones del lugar, mucho más de lo que esperaba, vaya altura!!!
El sitio ni que decir tiene que es espectacular, estábamos a más de 1,300 metros de altura sobre el nivel del mar y el río Colorado se encuentra ahí a casi 400 metros por debajo de nuestros pies, la altura desde luego que impresiona.
El borde al que se asoma el precipicio no tiene ningún tipo de seguridad por lo que hay que tener cuidado porque hay mucha gente. A la izquierda vemos que están construyendo unas barandillas, no en vano luego leímos que unos días antes de nuestra visita, un norteamericano había perdido la vida al caer desde lo alto. Eso sí, con precaución, no se puede evitar hacer unas fotos espectaculares, pero mucha precaución, sobre todo huir de los sitios donde más gente hay.
Estuvimos un par de horas en total ahí para luego ya seguir en dirección a Page, todavía en Arizona, una localidad que gracias al hecho de estar tan cerca de Horseshoe Bend y Antelope Canyon vive prácticamente del turismo (unos 3 millones al año pasan por aquí), y lo aprovechan.
A la entrada de la localidad y para reponer provisiones, vimos un supermercado que por cierto, tenía ganas de visitar por las veces que había oído hablar de él, Walmart, la cadena de supermercados que más factura en el mundo, nada menos que casi 500.000 millones de dólares en 2017, cifras impresionantes. Yo que soy tan curioso con este tipo de cosas la verdad es que lo disfruté en este supermercado, que vende casi de todo, desde alimentación a relojes de pulsera e incluso ataúdes, increíble. Sobre todo alucinamos con el tamaño de los productos, los americanos, siempre todo a lo grande.
Llenamos la nevera de nuevo, compramos hielo y fuimos en busca de nuestro hotel. Este quizás fue el hotel que más me decepcionó del viaje y el que no repetiría. Es verdad que todos los hoteles en Page son muy caros, la mayoría con buenas críticas siempre por encima de los 130$ la noche. Había hecho la reserva desde España en el Lake Powell Motel, que también tenía buenas críticas y era de los menos caros. Pagamos finalmente 113$ y elegimos la opción de habitación sin cocina.
La habitación quedaba justo debajo de la recepción y aunque estaba muy limpia, no nos acabó de convencer, además la nevera hacía demasiado ruido, eso sí, la atención del propietario fue exquisita.
Llegamos sobre las 5 de la tarde a la habitación, y otra cosa que no tenía el hotel y que os sugiero que cojáis es un alojamiento con piscina, y lo habríamos disfrutado porque hacía mucho calor, sobre los 32 grados, lástima, por no quedar mal no nos fuimos a otro hotel aunque con ganas me quedé. Increíble que en Page nos dijo el propietario que sólo llueve de media ¡¡8 días al año!!
Teníamos tantas ganas de bañarnos que preguntamos al dueño al hacer el checkin si era posible bañarse en el Lago Powell y nos dijo que sí, aunque el agua estaría fría, así que nos indicó como llegar.
Nos acercamos primero a la impresionante Glen Canyon Dam, la presa que ha formado el Lago Powell. Esta mole de cemento mide 220 metros de altura y casi 100 en su punto más ancho, la base. La planta genera más de 1,3 millones de kilovatios de electricidad y con los ocho generadores funcionando a pleno rendimiento, más de 15 millones de galones (3.78 litros equivalen a un galón) de agua por minuto pasan a través de la central eléctrica, cifras astronómicas.
Es posible visitar la presa pero los zamoranos ya sabemos mucho de presas así que decidimos buscar el sitio que nos había dicho el del hotel para bañarnos. Es un pequeño camino de tierra que sale a la derecha antes de cruzar la presa, y que llega concretamente aquí.
Encontramos un aparcamiento y dejamos el coche, no teníamos muy claro por donde bajar pero finalmente vimos una familia de indios y los seguimos, y ahí encontramos una pequeña playa.
Efectivamente pudimos certificar que el agua estaba fría pero somos del norte, claro que nos bañamos. Pasamos una horita la mar de tranquilos y disfrutando del sol y la playa.
Es impresionante la historia de este embalse, que tardó nada menos que 11 años!!! en llenarse, anegando casi 5,000 kms cuadrados, sepultando para siempre desfiladeros, cañones y formando finalmente, el segundo lago artificial más grande de los EE.UU., el Powell Lake, con más de 3,000 kms de costa navegables.
Sobre las 8 ya volvimos al hotel y llegó el momento histórico del acontecimiento de lavar ropa por primera vez en un viaje, jeje.
Entramos una cerca del hotel, era de lo más humilde y estaba lleno de familias de indios haciendo la colada, preguntamos cómo hacerlo y la propietaria muy amablemente nos fue dando las instrucciones. Pagamos 1$ por el jabón y como no llevábamos mucha ropa ni muy sucia nos sugirió un ciclo corto de 25 minutos. Metimos 2.25$ en una máquina y fuimos a tomar algo. Volvimos y el siguiente paso era la secadora que sólo valía 0.25$ en sólo 10 minutos, vimos que no salió del todo seca así que le dimos un segundo ciclo. La ropa salió estupenda, un pelín húmeda todavía pero prácticamente planchada. Prueba superada 🙂
Tras dejar la ropa lavada en el hotel y ducharnos y acicalarnos fuimos a la calle principal, ubicada justo al lado del hotel, la N. Lake Powell Blvd, para cenar en alguno de sus numerosos restaurantes. Entramos a echar un vistazo en uno llamado Fiesta Mexicana pero no nos convenció la carta, y por darle una oportunidad a la comida típicamente americana y también por la mucha gente que tenía, incluso con música en directo elegimos el Big John’s Texas BBQ.
Impresionante las barbacoas donde hacían las costillas, tamaño industrial, parecían camiones más que parrillas.
Nos sentamos enseguida y Magaly pidió una salchicha, tipo chorizo criollo, una ensalada César para compartir y yo finalmente me dejé llevar por lo autóctono (cosa que no hago muy habitualmente, experimentar con la comida) y me pedí unas costillas al estilo local. Pues bien, las costillas llegaron, 14$ costaban las 5 amigas, yo muerto de hambre, pero… las probé y buff, no me gustaron nada, pero nada, así que medio las mordisqueé por no quedar mal y mi gozo en un pozo… Pagamos en total 42$ y he de decir que el sitio tenía ambiente y estaba bien, eso sí, salimos con un olor a humo que echaba para atrás. Si buscáis un sitio 100% americano, seguramente este es el sitio y espero os guste la comida más que a mí.
Ya de ahí nos fuimos al hotel porque poco más se podía hacer.
Día 6
Dado que no teníamos el desayuno incluído y a nosotros que nos encanta desayunar bien cuando viajamos sobre todo a Magaly, le preguntamos al dueño del motel dónde podíamos hacerlo y nos dió una estupenda recomendación. Se llamaba Ranch House Grille y debía tener fama porque estaba a tope.
Había muchas opciones pero por no arriesgar con salsas y sabores sorpresa le pedimos lo que nos apetecía, tostadas y bacon y buff, como nos pusimos. Pagamos 20 dólares en total y nos fuimos más que satisfechos, así que el sitio tanto por el ambiente como por la comida, es MUY RECOMENDABLE.
Desde España y con una antelación de varios meses, ojo con esto porque os podéis quedar sin plazas, habíamos reservado la visita a otro de los platos fuertes del viaje, a Antelope Canyon. Pagamos en su día con la reserva 62$ cada uno con la compañía Antelope Canyon Tours. La visita a las 11:30 que es la que reservamos es la más cara porque es la mejor hora, cuando el sol está perpendicular al suelo y los rayos de sol se meten por el estrecho cañón. Sin duda recomiendo esa hora, porque las otras con sombra parece que es muy diferente.
Antelope Canyon está formado por dos cañones: el Upper Antelope Canyon, el más popular entre los turistas y al que fuimos nosotros, y el Lower Antelope Canyon, menos masificado y más barato pero que no tiene los típicos halos de luz que han hecho tan famoso este lugar. Ambos cañones se encuentran en tierras de la Nación Navajo, y son estos indios quienes se encargan de gestionar las visitas turísticas, y vaya si lo aprovechan, para mí demasiado como más tarde comentaré.
Debíamos estar a las 11h en la oficina, que está en la calle principal de Page, así que tras ir al supermercado de nuevo y comprar más provisiones dejamos el coche lo más a la sombra que pudimos en el parking de un Pizza Hut que hay cerca y nos acercamos a la oficina.
Tenían todo muy bien organizado, demasiado diría yo… nos separaron por grupos con un guía cada uno y nos subieron en una especie de camiones pequeños y descubiertos por los laterales y comenzó el trayecto. Por el camino vimos el Lower que tenía bastante gente y como a 15 minutos dejamos el asfalto y nos metimos en un camino de arena por lo que recomiendo que os llevéis un pañuelo de tela o algo así para el polvo, que también puede que necesitéis una vez dentro del cañón. Llegamos a las 11:30 al comienzo de la visita. Nos hicieron algunas recomendaciones como que no podíamos llevar palo selfie y que en todo momento siguiéramos las indicaciones del guía.
El sitio es absolutamente impresionante, y si no sólo hay que ver las fotos…
Pero aquí voy a decir una cosa, me voy a «mojar», y es que la visita no me gustó nada como la tienen planteada, fue un puro estrés, todo dedicado a hacer fotos y más fotos, todo lleno de gente en un espacio por el que apenas caben dos personas. Nada de tiempo a disfrutar del lugar, poneros aquí, seguirme, ahora parar, haz la foto rápido que viene el otro grupo, empujones, buff. El guía os dirá recomendaciones para los filtros de los móviles para hacer las mejores fotos, eso viene bien, pero mira, yo que soy de hacer muchas fotos, hubiera preferido que no las permitieran, así de claro, que sólo se dedicara uno a disfrutar de lo que se está viendo, que es absolutamente mágico, increíble pero que repito queda deslucido por cómo plantean las visitas y sobre todo la cantidad que gente que meten en un sitio tan estrecho, sin duda para hacer caja. Son los efectos perniciosos del «business» del turismo masivo.
Se cruza el cañón que no es muy largo y se llega al otro lado donde te dan una charla de cómo se formó el cañón que estuvo interesante. También nos dijeron que hace años era de entrada libre pero una riada inesperada acabó con la vida de 11 turistas, así que desde ese momento se regularon y limitaron las entradas. Volvimos sobre nuestros pasos para llegar al comienzo y en ese trayecto de vuelta como hice yo es cuando podéis aprovechar a admirar mejor todo, porque la ida son todo fotos y más fotos. La visita duró como unos 40 min calculo en total y yo ni saqué la cámara reflex, con el móvil quedaban mucho mejor, al menos con el mío, sobre todo esos tonos anaranjados que son únicos.
Cogimos el camión de vuelta que nos llevó a la oficina desde la que partimos. De nuevo expreso mis quejas sobre cómo plantean la visita y así lo he escrito en Tripadvisor y en la encuesta que me han enviado, pero no dejo de reconocer que el sitio es increíble y que os dejéis llevar por la maravilla que tenéis a vuestro alrededor, el lugar sin duda es un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas. La belleza de este espectáculo de la naturaleza es algo que vale la pena admirar y, sobretodo, respetar.
La visita en total nos había llevado una hora y media más o menos con lo que como ya eran las 13:30h y casi la hora de comer decidimos hacerlo en el Pizza Hut que había justo al lado. Tras esta comida salimos hacia nuestro siguiente destino, Monument Valley.
Día 4. Sorteo para visitar The Wave & Bryce Canyon
En este cuarto día del viaje nos levantamos sobre las 7 y media y bajamos a desayunar. Este estaba muy bien, con bastante variedad, con parte caliente, tostadora, como siempre máquina para hacer gofres, fruta y yogures. Eso sí, de los zumos naturales ni rastro, ¿verdad Magaly?
Salimos en dirección al lugar donde se celebraría el sorteo para visitar The Wave y del que ya hablé en la entrada de Zion. Ibamos con la incertidumbre de si habría mucha o poca gente, qué intriga.
Decir que diariamente sólo hay 20 plazas para visitar The Wave, 10 se sortean unos meses antes vía online y por supuesto no me tocaron por las miles de peticiones que hay, y luego hay otros 10 permisos que se sortean en directo a las 9 de la mañana en el centro de visitantes de Grand Staircase Escalante National Monument (745 E – Highway 89). Estos 10 permisos expedidos a diario son siempre para el día siguiente.
Llegamos 10 minutos antes y ya vimos que no éramos los únicos, la cosa no iba ser fácil….
El sorteo fue bastante divertido. Rellenamos un formulario y el speaker nos asignó un número y fue diciendo uno por uno nuestro nombre y nuestro número. Fue divertido escuchar mi nombre y apellidos dicho por un americano, y ya no te cuento cuando pronunciaba nombres chinos, japoneses, etc.
Aquí tenéis el vídeo del sorteo, que aunque dura 3 minutos al menos podéis ver un poco y haceros una idea.
Como suponía no fuimos agraciados, había 82 solicitudes, y 160 personas. Preguntamos por curiosidad y nos dijeron que un día llegó a haber hasta 395!! A los que le tocaron ya le dijeron que la excursión no era fácil, de unas 5 horas y que tenía que llevar cada uno un galón de agua….
Salimos del sitio y antes de dirigirnos ya hacia Bryce Canyon decidimos ir a un supermercado a comprar provisiones. Entramos en el que siempre solíamos encontrar en estos pueblos, el Family Dollar, que no es excesivamente caro. Justo en la puerta pudimos ver los coches que manejan los sheriffs por allí, preciosas pickup.
Tras la compra cogimos rumbo hacia nuestro siguiente destino, el fantástico Bryce Canyon y que tantas ganas tenía de ver.
La carretera aunque no era mala, tenía bastante tráfico y es verdad que al final se nos hizo algo larga, seguíamos en Utah, así que no teníamos cambio horario. Por el camino el paisaje es bastante verde y pudimos ver las típicas granjas y casas de campo americanas.
Sobre las 11 y media llegamos a la entrada del parque, enseñamos el pase anual y entramos. Lo primero que hicimos fue ir al Centro de Visitantes a solicitar información de sobre todo si era posible ir con nuestro coche o era recomendable movernos en los autobuses, que como en Zion eran gratuitos y te llevaban a todos los sitios importantes. En el aparcamiento del Centro sólo se puede estacionar una hora así que nos dirigimos hacia otro que hay justo cruzando la calle principal y así nos olvidamos del coche.
El Bryce Canyon National Park a pesar de que no está entre los más visitados de Norteamérica (2,5 millones lo visitaron en 2017) y es uno de los más pequeños para mí fue el que más me sorprendió para bien de los que vimos. Fue constituído en 1928 y debe su nombre a uno de los primeros hombres blancos que se asentaron en la zona, Ebenezer Bryce. Es curioso pero este parque no fue formado por la acción de ningún río a pesar de que en su nombre aparezca la palabra cañón. Su característica principal son las formaciones geológicas llamadas hoodoos (cuya traducción podría ser chimeneas de hadas) y que están formados por la combinación de la erosión de su piedra caliza por parte del viento, el agua y el hielo.
Este un mapa de los puntos más importantes que como véis están muy concentrados. Recomiendo ir también a los indicados abajo porque son sus puntos de mayor altitud.
Decir que los autobuses que hay te mueven entre los principales miradores, si no tienes mucho tiempo puedes moverte con ellos y te harás una idea de lo que es el parque pero yo recomiendo al menos dedicarle no menos de 4 horas para sobre todo no quedarse sólo en la parte de arriba y bajar a hacer una de sus numerosas rutas.
Lo que hicimos nosotros y recomiendo es bajarse por ejemplo en el Inspiration o Bryce Point e ir caminando cuesta abajo sin dificultad por el borde en dirección norte hasta parar a Sunset Point. El paseo es sencillo y con unas increíbles vistas, a mí personalmente fue sin duda uno de las vistas mejores del viaje.
Aconsejo llevar algo de ropa de abrigo porque suele soplar viento, y hacer bastante frío, pensar que en ese punto se sobrepasan los 2,500 m. de altitud nada menos. ¿No es increíble el paisaje?
Seguir caminando y alucinando con las vistas, para mí de las mejores del viaje y tras un kilómetro más o menos llegaréis al Sunset Point.
Aquí teníamos pensando hacer la ruta que recomiendan todos los blogs que leí disponiendo de un tiempo similar al nuestro, el Navajo Loop Trail, conectándolocon el Queen’s Garden Trail. A la izquierda de los miradores del Sunset Point debéis tomar el camino señalizado y comenzar la bajada.
De nuevo todo el trayecto se encuentra lleno de asiáticos, me parecieron chinos, que yo creo que superan incluso en número de clicks con sus cámaras a los japoneses.
Al poco de comenzar la bajada hay una bifurcación, recomiendan bajar por el camino de la derecha, conocido como Wall Street pero cuando fuimos éste estaba cerrado por lo que lo tuvimos que hacer por el otro, llamado «Two Bridges», también sin duda espectacular. El cañón por el que bajas, sobran las palabras, para mí una de las fotos del viaje.
Una vez abajo se podría hacer el recorrido circular y volver a subir hasta el Sunrise Point pero yo recomiendo empalmar como decía con la ruta Queen’s Victoria Garden Trail. Seguiréis un camino que poco a poco empieza a inclinarse hacia arriba. Es una ruta que no está mal, rodeada de pinos y de rocas anaranjadas de piedra caliza que constituyen un bonito paseo pero lo más destacado llegaría más adelante. A mitad de camino hasta vimos un par de ciervos, y por supuesto como en Zion muchas ardillas acostumbradas a los humanos.
Cuando encontramos un buen sitio para sentarnos, decidimos comer un bocadillo que nos habíamos hecho y que llevábamos en la mochila. En poco rato llegamos a la figura de la que viene el nombre de la ruta, que con imaginación se parece a la Reina Victoria (primer pináculo de la foto empezando por la izquierda, en el centro de la foto).
Desde ese punto tomamos el camino que continua hasta Sunrise Point y que para mí es la parte más bonita de la ruta junto con el comienzo.
El camino va tendiendo hacia arriba así que es importante que llevéis agua, y la parte final sí que se hace dura, pero menos que si lo hacéis en el otro sentido. A cambio, llegaréis al Sunrise Point que también ofrece unas vistas espectaculares. El total de la ruta os puede llevar 2 / 3 horas depende de lo que os entretengáis y desde luego que la considero IMPRESCINDIBLE si tenéis el tiempo necesario.
Una vez en el Sunrise Point, podéis seguir caminando siguiendo el Rim Trail hasta el Sunset Point o como nosotros coger el autobús para ir ya hacia nuestro coche.
Antes de irnos, y dado que teníamos tiempo, decidimos ir hacia los miradores más al sur. Hay unos cuantos pero decidimos seguir sin parar hasta el más alejado de todos, los Rainbow & Yovimpa Points, y vaya si mereció la pena.
Este es el punto más alto del Parque Nacional y de todo el estado de Utah, nada menos que a 2,776 m. A pesar de que habíamos pasado ya tantos miradores, este sin duda nos encantó.
A la vuelta paramos en un par de miradores más, uno de ellos este que tiene la singularidad de que la erosión ha formado un puente casi perfecto, Natural Bridge se llama.
Volvimos al Centro de Visitantes para comprar algunos souvenirs y ya sobre las 18h tomamos el camino de regreso a Kanab. Es increíble lo bien cuidado que tienen las zonas comunes, baños por todos lados, todo super limpio y numerosas fuentes de agua potable.
En el trayecto repostamos por primera vez, echamos gasolina sin plomo (el diesel en USA es prácticamente testimonial). En todas las gasolineras del viaje tuve problemas para pagar con mi tarjeta, sobre todo en California, y en todos tuve que pedir ayuda que en ésta muy amablemente me dió el encargado. Sobre las 20h estábamos ya en nuestro hotel.
Salimos a cenar a un Pizza Hut ya que era de los que más tarde cerraba. Ojo porque en este pueblo no podréis pedir alcohol, cuando les preguntamos por qué a la camarera, su respuesta fue como con resignación, por la iglesia…, así que tenerlo en cuenta, esto es Utah amigos.
Cenamos bastante bien y pagamos por dos pizzas y bebidas unos 40$, nos supieron a gloria después de encadenar una comida y una cena «tipo picnic».
Al día siguiente volveríamos a Zion a hacer una ruta muy interesante para luego ya coger rumbo a Page para visitar Horseshoe Bend y Antelope Canyon.
Veníamos de Las Vegas del que habíamos salido por la mañana y dado que no llegaríamos pronto a Zion, ya que lo haríamos alrededor de las dos de la tarde, había leído que iba a ser complicado aparcar en el aparcamiento del Centro de Visitantes del parque así que pensábamos hacerlo en Springdale, el pueblo más cercano ya que hay autobuses gratuitos que te llevaban al parque. Finalmente dado que era domingo y veíamos muchos coches que venían en dirección contraria, decidimos arriesgarnos y nos fue bien porque encontramos sitio en ese parking.
Para entrar hay que pagar 25$ por vehículo y la entrada es válida para 7 días, pero dado que íbamos a estar en otros dos parques más incluídos en el National Park Service, teníamos la posibilidad de coger el llamado Annual Pass que permite entrar en todos ellos por 80$ y tiene una validez de 1 año. Además si sólo lo utiliza un vehículo como fue nuestro caso, y al tener espacio la tarjeta que te dan para 2 firmas, le puede servir para acceder a un coche distinto, así que a la vuelta a tu país lo puedes vender en alguna página de segunda mano a mitad de precio por ejemplo (yo cuando estoy escribiendo estas líneas, unas semanas tras volver, ya la he vendido), así que compensa, ¿no?
Aprovechamos para comer algo que teníamos en la nevera y nos pasamos por la recepción. Decir que este parque sobre todo para los no norteamericanos no es de lo más visitados, eclipsado por el Bryce Canyon y desde luego el Gran Cañón, pero según las cifras oficiales es el tercero más visitado (4,5 millones de visitantes en 2017) de los importantes, por delante de algunos más conocidos como Yellowstone o Yosemite, así que decidí darle una oportunidad y no me arrepiento en absoluto.
De las múltiples rutas que tiene, la más famosa es la llamada Angel’s Landing, de unas 4 horas sólo ida, dura pero que tiene un final espectacular, considerado también de los más peligrosos porque esa parte final para llegar a un espectacular mirador se hace muy cerca de una pendiente por un camino estrecho con la única sujeción de una cadena, así que cualquier descuido o tropezón puede tener un final trágico. Lamentablemente y dado que dos meses antes del viaje me operaron del menisco de la rodilla decidí no arriesgar y elegir otras opciones más fáciles.
Como en otros de la Red de Parques Nacionales, disponen de autobuses gratuitos no contaminantes que suponen una estupenda y ecológica manera de visitarlos.
Zion cuenta con más de 240 km de senderos para los amantes del trekking y a diferencia del Gran Cañón o del Bryce, donde se visitan desde su parte superior, en este se empieza desde abajo, con rutas que la mayoría suben por las paredes del espectacular desfiladero que el río Virgin ha tallado durante millones de años. Este es el plano de la ruta que hacen los autobuses.
Tras visitar brevemente el Centro de Visitantes, subimos en un autobús sobre las 16h alucinando con las imponentes paredes de arenisca roja que teníamos a ambos lados. Durante el trayecto una grabación va explicando diferentes informaciones sobre el Parque mientras recorres una parte del cañón de Zion, una hendidura de 24 kilómetros de longitud y 800 metros de profundidad.
Avanzamos hasta el final, a la parada de Temple of Sinawava, a la que llegamos en unos 20 minutos y tras 6 paradas previas. Teníamos previsto hacer un pequeño tramo de la ruta más visitada incluso por delante de Angel’s Landings y que es más popular sobre todo porque es muy sencilla.
Allí comienza el Riverside Walk, un camino pavimentado de una milla de longitud, que transcurre junto al río Virgin a lo largo de un estrecho cañón. Vemos un ciervo y sobre todo ardillas, que más bien salvajes están más que acostumbradas a ver gente y se acercan mucho a ver si consiguen algo de comida, por supuesto no les dimos nada.
Cuando el pavimento acaba, empieza el desfiladero llamado The Narrows que se hace literalmente remontando el río. Como ya lo sabíamos fuimos con calzado para caminar por el agua y luego otro par para cambiarnos, el agua estaba fría pero se soportaba. Si tenéis pensado avanzar mucho o no tenéis el equipo necesario podéis alquilar en una tienda a la entrada del parque tanto las botas como un bastón por unos 25 dólares. Había bastante gente en la parte inicial y algunos muy preparados para avanzar un buen tramo río arriba, no era nuestro caso, jeje.
Obviamente hay que tener cuidado con la cantidad de agua que lleve el río así que es importante que os informéis en el centro de visitantes del caudal del mismo y también si puede haber riesgo de riada por posibles tormentas repentinas. Si el cauce es normal como el que nos encontramos nosotros, os recomiendo que os adentréis lo más posible, donde el río se incrusta literalmente entre paredes de roca de metros de altura, espectacular.
Avanzamos un trozo hasta que el agua ya nos llegaba por los muslos, momento en el que decidimos volver, también porque eran ya casi las 7 de la tarde, no sin antes disfrutar del lugar y alucinar con la altura de las paredes que teníamos a ambos lados y que hacen de esta ruta sin duda muy recomendable. He visto fotos de tramos más adelante de donde nos quedamos nosotros y he decir que son espectaculares.
Nos cambiamos el calzado y volvimos a la parada de autobús a la que se llega en unos 25 minutos. Cogimos el primero que llegó para llegar al coche sobre las 7 y media. Iniciamos la marcha y nos dirigimos hacia el este para ir hacia Kanab, donde estaba nuestro hotel. Dejamos atrás el parque al que volveríamos dos días más tarde. En una hora aproximadamente por una carretera con muchas curvas pero muy interesante sobre todo la primera parte llegamos a Kanab, el lugar donde dormiríamos y que no elegí por casualidad.
Primero lo cogí porque era un estupendo punto medio entre el Bryce Canyon y Zion, luego porque era quizás de los pueblos más grandes y más recomendables para visitar en el área, y por último porque en este pueblo se celebra cada día un sorteo para poder visitar uno de los lugares de los que me enamoré nada más ver una foto, un lugar conocido como The Wave, en la zona denominada Coyote Buttes North. Se trata de una especie de duna de arena petrificada del período Jurásico que encontró un fotógrafo alemán a finales de los años 90 y cuyas fotografías impresionaron a todo el mundo, y no me extraña.
Para que os hagáis una idea, aquí una foto extraída de la web www.wallpapers13.com., impresionante, ¿no créeis?.
Todo lo referente al sorteo lo tenéis en la siguiente publicación, la de Bryce Canyon.
En esta localidad el hotel mejor valorado en Tripadvisor era el que elegimos para pasar dos noches, el Comfort Suites Hotel y no nos equivocamos, eso sí, no es barato, pagamos 150$ por noche (unos 130€ en este momento) con el desayuno incluído y tanto la habitación, como el hotel, estaba genial, muy recomendable.
Como llegamos sobre las 20:30 y hacía buena temperatura todavía nos dio tiempo a bañarnos en el spa que había junto a la piscina, que aunque muy caliente, nos permitió relajarnos de todo el día.
Para cenar buscamos un sitio y sorprendentemente había más sitios abiertos de los que esperábamos, y eso que era domingo, el ser una localidad turística a veces tiene estas pequeñas ventajas.
Salimos a la calle y vimos uno casi enfrente del hotel que tenía mucha gente, eran sobre las 21:30h, se llamaba Rocking V Cafe. Había cola y nos apuntamos para la lista de espera. Miramos la carta pero al no gustarnos mucho, decidimos finalmente volver al hotel y montarnos el picnic con lo que teníamos en la nevera, y no resultó mala opción. Creo que fue clave estas comidas «caseras» para no saturarnos de siempre lo mismo, tenerlo en cuenta.
El día siguiente lo dedicaríamos a visitar Bryce Canyon, pero el siguiente a ese volvimos a Zion. Aquí tenéis el motivo y veréis como merecía la pena.
Día 5
Este quinto día de viaje nos levantamos muy pronto, sobre las 7, luego comprobaréis por qué. Desayunamos rápidamente y nos reímos porque nos dimos cuenta de que en el hotel escondían los yogures y otros productos para evitar la «rapiña» de los chinos, curioso. Este día y dado que no teníamos una jornada con muchas cosas para visitar, se me ocurrió que podríamos volver al Zion para hacer una ruta de la que había oído hablar muy bien, pero tenía un inconveniente, el aparcamiento, así que había que llegar muy pronto. Había unos 60 kms y salimos sobre las 8 de la mañana.
Por el camino y en una larga recta, tuvimos la anécdota del viaje que os cuento porque fue un buen susto. Ví un coche parado en la cuneta y a pesar de que iba a la velocidad recomendada y por un gesto instintivo, pisé el freno, pues bien, me fijo que es un coche de la policía, y que cuando pasamos junto a él veo por el retrovisor que arranca detrás de nosotros con las luces y sirenas encendidas, me temo lo peor, que nos va a parar, y así fue. Detengo nuestro Nissan (como para no hacerlo) en la cuneta y se baja el policía detrás y se acerca como en las pelis, con la mano en la pistola y muy lentamente. Cuando llega hasta nosotros nos pregunta que por qué hemos frenado, que eso lo suelen hacer los borrachos (curiosa conducta) y que por eso nos había parado. Pero ya nos ve que somos turistas e inofensivos y nos pide el carnet de conducir. Muy amablemente le entregué el internacional que había sacado en España y tras volver a su coche y revisarlo, nos lo devolvió y nos deseó un buen viaje con una sonrisa. Fue un susto porque all con la policía, ya se sabe, pocas bromas.
Llegamos a las 8:50h exactamente a nuestro destino, justo nada más pasar el control de entrada de nuevo a Zion. Yo iba bastante nervioso por si no íbamos a tener sitio para aparcar (el tema este siempre me agobia muchísimo) ya que apenas hay un parking junto a la ruta de unos 8 coches y que encima no se puede entrar en el sentido en el que íbamos, pero habíamos visto que había junto a la carretera poco antes de llegar algunas plazas. En la primera que vimos aparcamos, uff! lo habíamos conseguido. Así que un consejo, si queréis hacer la ruta, no llegar más tarde de las 9 de la mañana.
La ruta que íbamos a hacer es la llamada Canyon Overlook Trail, y para hacerla hay que llegar en coche hasta la Zion_Mount Carmel Highway (zona Este). Si vienes desde el Oeste, por ejemplo desde Las Vegas nada más cruzar el túnel sí que podéis entrar en el pequeño aparcamiento, pero recordar, hay muy pocas plazas ahí, y algunas pocas más adelante, que es donde dejamos el coche nosotros. Este es el mapa de la ruta.
La ruta es muy sencilla y corta, y fue la alternativa a Angel’s Landing por el tema de mi rodilla, y fue un gran acierto. Apenas hay desnivel y el camino es interesante, pero la «traca» está al final.
Pasamos por una zona escarpada entre rocas, que me recordó por un momento a la ruta del Cares asturiana.
Y después de apenas 25 minutos, nos encontramos un mirador que nos dejó sin aliento, una preciosa vista de un «brazo» del cañón principal del Parque, el Zion Canyon, IMPRESIONANTE, otra de las imágenes del viaje para mí, ya iban 3.
Estuvimos unos cuantos minutos disfrutando de las vistas y la tranquilidad que se respiraba, era pronto y había poca gente, un momento sublime de contemplación y relajación.
Después de esta preciosa ruta ya dejamos, ahora sí definitivamente el parque y seguimos en dirección a Page, para ver otros sitios muy esperados HORSESHOE BEND y ANTELOPE CANYON.
Después de uno de los peores viajes en avión de mi vida procedente de Londres, por fin llegamos a LAS VEGAS y quisimos olvidarlo cuanto antes, empezaba el disfrute!!!
Tras los trámites de entrada en el país y tras coger las maletas salimos fuera de aeropuerto y dado que no conseguí Wifi fácilmente para UBER y como había leído que el aeropuerto está bastante cerca del centro decidimos coger un taxi. Se notaba calor pero para nada excesivo, corría bastante viento. Eran las 4 de la tarde hora local, 9 horas más, osea la 1 de la madrugada en España y nosotros sin dormir. Subimos al taxi y las primeras impresiones fueron buenas, infraestructuras bien cuidadas (algo a veces no muy habitual en EEUU), con poca vegetación junto a las carreteras salvo algunas palmeras pero todo muy limpio y cuidado, y tras unos 20 minutos y 26 dólares llegamos a nuestro hotel, el Treasure Island. Hicimos el checkin bastante rápido para lo que son estos hoteles. Ya nos habían cobrado por Booking unos días antes las dos noches, (nos costó 135$ la noche).
Dudé mucho en coger un hotel de estos de los «enormes» u otra opción que evitaba tener que pagar los 30$ de «resort» que llaman ellos por noche por el tema de la piscina, ojo con esto que esta tasa no aparece por ejemplo en los precios de empresas de internet, como Booking.com por ejemplo. La otra opción era un hotel con habitaciones tipo apartamento llamado The Carriage House pero como era fin de semana (llegamos un sábado) la diferencia de precios no era mucho y me decanté por el Treasure Island, y fue un gran acierto.
Los precios entre semana de las habitaciones de los grandes hoteles bajan mucho con respecto al fin de semana. Decir del hotel Treasure Island que tiene nada menos que 2,884 habitaciones y que se abrió en 1993. Es uno de los de gama «media» diría yo, lejos de otros como el Bellagio, el Wynn o el Venetian por ejemplo, sin grandes lujos y quizás con algunas zonas que se han quedado algo antiguas, pero la verdad es que estuvimos muy agusto, la zona de la piscina está muy bien y la habitación no está mal, grande, limpia y con mi querida cama «king size».
Si váis a este hotel, pedirles que os dén una habitación con vistas al Strip, yo solicité muy amablemente una habitación alta (nos dieron la planta 19), pero no el otro detalle y daba a la parte de atrás que también permitía ver una buena zona de la ciudad pero bueno, mejor hacia el Strip. Intentamos abrir la ventana pero… en Las Vegas no es posible, ¿quizás para evitar el «balconing» de alguno tras una jornada de excesos?
Como me encantan los números y las estadísticas vamos con algunas que ciertamente son mareantes de esta ciudad… De los poco más de 5,000 habitantes que vivían en Las Vegas a principios de la década de los años treinta del siglo pasado, en el año 2017 eran más de 650,000, y un millón largo si contamos con toda su área metropolitana. Una cifra ciertamente ridícula si la comparamos con los cerca de 43 millones de turistas que la visitaron ese año, un 10% más que hace una década y gastaron nada menos que 35,500 millones de dólares. El gobierno recauda anualmente unos 1,400 millones de dólares en impuestos y hay más de 250,000 personas que trabajan en los hoteles, restaurantes, bares y casinos de la ciudad, cifras alucinantes de una ciudad que quién diría que está en medio del desierto del estado de Nevada, y donde no muy lejos se han hecho pruebas nucleares durante muchos años. Además es curioso que no hay temporada alta, todos los meses tienen una ocupación parecida, quizás en julio y agosto sea cuando más gente va, pero no por mucha diferencia con respecto al resto de meses.
En toda la ciudad se respira juego, y hasta en el último rincón (incluso en el aeropuerto) hay máquinas «tragaperras», mesas de póker, ruletas, etc…
Salimos del hotel sobre las 6 de la tarde. Una de las mayores ventajas del Treasure es que está muy bien situado, al lado del Wynn, el Venetian y el Mirage, en mitad del llamado Strip, el centro neurálgico de Las Vegas y donde se concentran la mayoría de los hoteles más famosos. Las primeras impresiones he de decir que fueron muy buenas.
Los hoteles luchan por ofrecer el mayor reclamo para la captación de clientes. El famoso Circo del Sol tiene varios espectáculos, uno de ellos en nuestro hotel. Britney Spears actúa en Planet Hollywood, el grupo Boyz II Men en el Mirage, Celine Dion o Elton John en el Caesars Palace, Calvin Harris en el MGM y así mucho más.
Para ese primer día habíamos decidido conocer uno de los grandes, el Caesars Palace, que como sabéis tiene la temática del imperio romano. Un mastodonte inaugurado en 1966 pero reformado ya en 5 ocasiones que cuenta con 3,350 habitaciones.
Entramos en el impresionante hall y recorrimos las galerías de tiendas para terminar tomando algo en uno de los bares del complejo.
Pero estábamos tan agotados, imaginar que la hora local era las 8 de la tarde pero para nosotros realmente es que como si fueran las 5 de la madrugada, que decidimos que hasta aquí habíamos llegado, volveríamos al hotel. Cuando salimos al exterior, Guau!! nos dimos de bruces con quizás el mayor atractivo de las Vegas, la ciudad de noche toda iluminada, nos encantó aunque nos pesaran hasta las pestañas :).
Y aquí acabó nuestro primer día, a las 21h. local estábamos en la cama.
Día 2
Este segundo día iba a ser el único completo en la ciudad. En un primer momento teníamos pensado dormir 3 noches, pero por un tema que luego contaré dormiríamos en un primer momento sólo dos.
Al irnos a dormir tan pronto el día anterior, a las 6:30 de la mañana ya estábamos despiertos. Nos duchamos tranquilamente y bajamos a desayunar ya que abría a las 7, observando que a esas horas había bastante gente jugando en el casino ya. Llegamos a la zona del buffet con la intención de darnos un homenaje pero primera sorpresa, había una desayuno – brunch tipo buffet pero que costaba nada menos que 32$, pero teníamos tanta hambre que entramos. Estábamos casi solos y el buffet enorme, tenía muchísima variedad aunque echamos de menos como siempre algunas cosas como más tipos de pan, más fruta y como siempre en el viaje y yo que soy muy maniático con eso, zumos naturales por favor.
Comimos cuanto pudimos ya que ni habíamos cenado el día anterior con el cansancio. Como era pronto y hasta las 9 no abrían la piscina, nos dimos una vuelta por el complejo, alucinando con lo grande que es, las diferentes zonas del casino, con rincones más privados y una enorme zona de pantallas para todo tipo de apuestas deportivas. Ahí encontramos un supermercado, bastante grande y variado que tenía prácticamente de todo.
Enseguida que fueron las 9, a la piscina!! creo que es el mejor plan para pasar las mañanas en esta ciudad.
Nos encantó esta zona, que por la mañana estaba muy tranquila. Ahí estuvimos descansando 2 ó 3 horas, viendo como las camareras (todas cortadas por el mismo rasero, imaginaros) iban y venían cargadas ya de bebidas para los bañistas, puro consumismo…
Nos cambiamos de ropa y salimos a dar una vuelta. Hacía sol pero no hacía excesivo calor, casualidad porque de todos es sabido las temperaturas que se pueden alcanzar en Las Vegas, donde en verano se rebasan fácilmente los 40 grados. En junio de 2017 llegaron a los 117º Farenheit (nada menos que 47 grados celsius!!!). Por ello también, los hoteles principales están conectados. Nada más salir del nuestro hay que cruzar la carretera y pasar sí o sí por otro de los más famosos, el Venetian – Palazzo, como os podéis imaginar, espectacular.
Decidimos no entrar más de la parte del pasadizo porque ya habíamos visto su hotel gemelo en Macao así que decidimos continuar. Pasamos junto al Harrah’s, Flamingo y por fin entramos en el hotel Paris, que es una muy buena réplica de los monumentos más famosos parisinos. La verdad es que me sorprendió de las Vegas lo bien conservado que están los edificios de todos estos hoteles, parecen recién reformados. Entramos en el Paris con la intención de comer en su buffet, que había leído que tenía un buen precio. Dimos una vuelta por el casino que al final es más de lo mismo pero nos gustó mucho la ambientación.
Decir que para las comidas en Las Vegas habíamos pensado coger la tarjeta Buffet Pass «Total Rewards» que permite en un grupo de hoteles (Paris, Flamingo, Planet Hollywood, etc) comer durante un período de 24 horas. Lo que se suele hacer es cenar, desayunar, comer y luego cenar antes de la hora del día anterior, el precio es de 59.99$ (+ impuestos) entre semana y 74.99$ en fin de semana. Pero al no cenar el día anterior ya no nos compensaba, pero desde luego lo recomiendo, ahorraréis dinero, sobre todo de lunes a viernes.
Después de unos 15 minutos de cola entramos en el buffet, 30.99$ pagaríamos con bebidas y cafés incluídos. El servicio fue muy bueno y el sitio de verdad que muy bonito, ambientado en la ciudad parisina, pero la comida del buffet no nos convenció, bastante low cost y sin platos de esos que «comes con la vista». Nos alimentamos de ensaladas y de algunas carnes y como siempre yo los helados de postre.
Después de comer volvimos al hotel porque teníamos que coger el coche de alquiler a las 15h. Lo contraté desde España en la página www.rentalcars.com y teníamos la ventaja de recogerlo en el propio hotel con la compañía Dollar. Había pagado 356$ por 10 días un coche tipo SUV, una mezcla entre turismo y todoterreno. Como el tema de los seguros me da bastante respeto, sobre todo tras lo acontecido en Islandia, y dado que el alquiler sólo incluía el básico de cobertura parcial por colisión (CDW) y en caso de robo, finalmente no me quise complicar y contraté una especie de seguro a todo riesgo, asistencia en carretera incluída. La verdad es que esto de los seguros en los coches de alquiler en EEUU es un lío monumental y por más que me he informado no es fácil de entender, así que por unos 90$ más tenía un todo riesgo y en total por tanto pagamos unos 446$ por los 10 días, que tampoco me parece caro. El coche que nos dieron fue un Nissan Rogue, un modelo que no he visto en España pero muy nuevo, del 2018 y con sólo 12,000 millas. A la postre resultaría un gran acierto. El coche lo dejamos en el parking, que según nos dijeron sólo este y otro, tienen parking gratuito de todos los casinos del área metropolitana, ojo con esto.
Tras las gestiones subimos a la habitación y bajamos de nuevo a la piscina, y alucinamos con como estaba a esa hora de gente, con un DJ pinchando música, así que si queréis diversión, en este hotel lo tenéis.
Sobre las 18h salimos del hotel y fuimos hacia el norte a ver uno de los más lujosos, el fantástico Wynn. Un pequeño inciso para hablar de los hoteles de las Vegas, decir que de los 10 más grandes del mundo por número de habitaciones, 5 están en las Vegas y 11 de la «ciudad del pecado» se encuentran entre los 20 primeros. El más grande del mundo está en Malasia con 7,351 habitaciones y el segundo es el Venetian con 7,110, cifras impresionantes.
Esa tarde íbamos a ir a ver otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad, la Fremont Experience y que obviamente recomiendo. Como queríamos ir cerca del atardecer para ver la zona ya de noche, decidimos entrar en el complejo de hotel y casino «Wynn – Encore» con 2,716 habitaciones el Wynn y 2,034 el Encore, casi nada.
Entramos en la galería denominada la Esplanade, con las mejores marcas ahí representadas, lujo en estado puro.
Después de la galería de entrada llegamos quizás al lugar hecho para impresionar a los turistas, justo después de la recepción del hotel (nada comparable con la del nuestro por cierto, este 100% de mármol) nos encontramos con unas figuras hechas con flores que desde luego servían de un buen reclamo y no podía evitar ser el objetivo de fotos y más fotos. La verdad es que el sitio es digno de ver.
Salimos del hotel y cruzamos la calle para ir al Centro Comercial «Fashion Show» donde por cierto había un Zara enorme. Decidimos tomar algo tranquilamente, pagamos por una Pepsi y una cerveza Corona 16$ en un establecimiento llamado Sugar Factory American, otro «sablazo» para la colección.
Sobre las 19h decidimos ir ya hacia la calle Fremont, para ello cogimos el autobús SDX que pagando 8$ es posible utilizarlo durante 24 horas y es más rápido que la otra línea denominada The Deuce. El ticket se compra en unas máquinas expendedoras que hay junto a las paradas. Informaros en la web de dónde están situadas, nosotros lo cogimos frente al Wynn. Nuestro destino se encontraba a unos 8 kilómetros al noreste del Strip y en poco más de media hora estábamos en la famosa calle.
Crear lo que llaman la Experiencia de la Calle Fremont fue una decisión de varios hoteles y casinos cercanos para reactivar el turismo en la zona vieja de Las Vegas. La primera exhibición fue en 1995, más tarde se instaló el escenario y el sistema de sonido. A mediados de 2004 se comenzó la ampliación para dar lugar a lo que hoy se puede encontrar allí. Si llegas de día para mí no tiene mucho interés, ya que tanto el ambiente, como los comercios (bastante normalitos y 100% para los turistas) no ofrecen nada nuevo. Pero cuando se va el sol y se encienden las luces, la cosa cambia…
Aquí os dejo un pequeño vídeo para que os hagáis una idea de la animación de la calle.
Actualmente, la pantalla situada en la bóveda tienemás de 12 millones de bombillas led y 220 altavoces. En esta pantalla se representan por las noches diversas escenas que evocan a Las Vegas. A partir de la puesta de sol comienza el espectáculo de luces, que la verdad, es por supuesto digno de ver. No pongo vídeos, mejor que lo podáis vivir en directo, totalmente IMPRESCINDIBLE.
Sobre las 22h ya decidimos volver al hotel así que cogimos el autobús de vuelta. Por el camino alucinamos con la cantidad de iglesias que vimos para casarse, la famosa boda con la temática de Elvis. Paramos junto a nuestro hotel y nos acercamos a ver uno de los espectáculos míticos y gratuitos del Strip, el Volcán del Mirage, pero lamentablemente avisaron que por algún problema no iba a tener lugar así que como estábamos muy cansados y por no buscar un sitio para cenar, decidimos comer unas porciones de pizza en el hotel por unos 25$ en total y subir a descansar. Al día siguiente comenzaba nuestro viaje por los Parques Naturales!!!!
Día 3.
Nos levantamos sobre las 8 y tras la ducha bajamos a desayunar. Este tercer día ya dejaríamos Las Vegas (pero no por mucho tiempo).
Para no pagar los 32$ del día anterior decidimos desayunar en el restaurante junto a la piscina donde podíamos pedir lo que quisiéramos y pensábamos que nos saldría más barato, qué ingenuos. Pedimos la carta y de nuevo precios altos, muy altos, pedimos un plato con tostadas, huevos y bacon, la cuenta fueron 49$, buff, el zumito natural 5$ no está mal. Teníamos tantas ganas de piscina que entramos y estuvimos una hora. Hicimos el checkout y fuimos al supermercado del hotel a comprar varias cosas. Muy importante, una nevera de corcho, no sabéis la utilidad que nos dió, también hielo para mantener la comida que metíamos y que nos venía a durar unos 2 / 3 días, y luego embutido, pan de sandwich, fruta, etc. Fuimos al parking a por el coche e iniciamos la marcha con mucha prudencia hasta cogerle un poco el «tranquillo», sobre todo porque como supongo sabréis casi todos los vehículos en USA tienen cambio automático.
Antes de comenzar nuestra ruta no podíamos dejar de hacernos la foto con el famoso cartel luminoso de Las Vegas, pusimos el GPS y para allí que nos fuimos. Era domingo, sobre las 11 de la mañana y recorrimos toda Las Vegas Boulevard hasta llegar al cartel. Es curioso que dado que se encuentra en la mediana que separa los carriles de los dos sentidos, el pequeño aparcamiento que tiene está en el medio y no en un lateral como pensaríamos que es lo más normal, eso hace que sea un poco peligroso entra en él, de hecho cuando nos dimos cuenta estábamos en el último carril de la derecha buscando un sitio para dejar el coche y tuvimos que casi dar un volantazo hacia la izquierda que casi me lleva por delante un deportivo.
Como imaginábamos el parking estaba lleno pero de milagro vimos un coche que salía y conseguimos ocupar su lugar. Nos acercamos y vimos una cola de por lo menos 25 personas, buff, qué pereza, y un «organizador» de las fotos esperando la propina. Al final decidimos ponernos en un lateral y hacer la foto sin esperar cola, quizás no quedó centrada, pero nos ahorramos unos buenos minutos de espera.
Decir que el icónico cartel, fue creado en 1959 por la diseñadora Betty Willis, autora de otros famosos letreros de neón de Las Vegas y que como curiosidad su diseño no fue registrado, por lo que nunca cobró derechos de autor. Es por ello también que se pueden ver reproducciones del letrero en miles de souvenirs y ahora hasta en las placas de los automóviles registrados en Nevada.
Después de conocer el famoso cartel, ya pusimos rumbo hacia el noreste para ir a nuestro próximo destino, Zion National Park.
Antes de continuar permitirme daros un consejo importante y que de nuevo, como en Grecia nos funcionó perfectamente y es que NO necesitáis coger el coche con GPS ya que tenéis el maravilloso (al menos para mí) Google Maps. Antes de venir a USA os váis descargando todos los mapas de las zonas por las que pasaréis y luego una vez allí váis a la opción de mapas sin conexión y ya tendréis GPS sin la necesidad de tener datos, osea, gratis 100%. A nosotros nos fue de maravilla, ni una sóla vez en 10 días nos hizo equivocarnos, ah, y recordar llevaros cargador de móvil para el coche y soporte para el mismo (este se nos olvidó).
Después de dejar Las Vegas como ya he comentado volveríamos otra vez unos cuantos días más adelante…
Día 12.
Y os preguntaréis, ¿otra vez a las Vegas? ¿por qué? pues por culpa de una canadiense que canta como los ángeles y que a Magaly le hacía mucha ilusión escuchar en directo, Celine Dion.
Tras subir por la costa californiana y visitar la zona del Big Sur, en el día 12 de nuestro viaje iríamos al aeropuerto de San Francisco desde nuestro hotel del día anterior cerca de la ciudad de Monterey para coger un vuelo a las 13:40 hacia Las Vegas.
El vuelo que compramos fue con la compañía Alaska Airlines por los que pagamos 120$ cada uno. Comimos algo en el aeropuerto y aterrizamos en Las Vegas por segunda vez en nuestro viaje. En esta ocasión decidí reservar no en el hotel de la primera vez si no en el otro con el que había dudado, The Carriage House, ya que esta vez apenas estaríamos en el hotel, nos salía más barato que otros y tenía buenas críticas.
De nuevo cogimos un taxi al salir del aeropuerto y nos llevó un maleducado que nos cobró 20$ y de muy malas maneras nos pedía propina, por supuesto le dijimos que no. Tras esta mala experiencia decidí que era el último taxi que cogeríamos, a partir de entonces todos los desplazamientos los haríamos con la aplicación Uber.
Las habitaciones eran tipo apartamento con cocina incluida, muy grandes y la verdad que estaba genial. Esa noche al ser entre semana (era martes) nos costó sólo 84$ (sin desayuno). Este hotel tiene la ventaja de que no se paga la famosa tarifa «resort» de unos 30$ que se paga en los grandes hoteles y además está muy bien situado, junto al Strip al lado del Planet Hollywood.
No sé si ya comenté que como otros artistas, Celine Dion tiene un espectáculo permanente en Las Vegas, en el hotel Caesars Palace, pero las fechas de sus conciertos para el mes de mayo no nos coincidía con los días que íbamos a estar en la ciudad y ya teníamos todo cogido. Así que tras darle vueltas, tuve que rehacer el planing del viaje para que volviéramos a la ciudad de Nevada y poder verla, quitándole un día de estancia a San Francisco. Compramos las entradas unos 4 meses antes, nada más que salieron a la venta y como supondréis no son nada baratas, pagamos por ellas 160$ cada uno, pero bueno, era una vez en la vida.
El concierto empezaba a las 19:30, y eran sobre las 16h así que teníamos tiempo para ver antes un hotel al que no habíamos entrado en nuestra primera etapa y que nos apetecía mucho visitar, el Bellagio, uno de los hoteles top de la ciudad. En unos 15 minutos caminando ya estábamos en él. Como nos alegramos de estar de vuelta en Las Vegas!!.
El Bellagio es un enorme hotel de 3,933 habitaciones incluyendo 512 suites, repartidas en dos edificios de 36 y 33 plantas. Uno de sus atracciones más notables es el lago artificial justo delante de 32,375 m², y que contiene una inmensa fuente bailarina sincronizada por música.
Entramos por la puerta, estaba lleno de gente y turistas y vimos que aquello era otro nivel, ya el hall de entrada y sobre todo el jardín denotaba mucho lujo como el del Wynn.
Salimos a la parte de las piscinas, y hablo en plural, ya que tiene 5. Eso sí el ambiente nos dió la impresión de que era más tranquilo y la clientela más veterana que en otros hoteles, por ejemplo The Treasure Island.
Seguimos dando vueltas por el hotel, era enorme, 20 restaurantes, 11,000 metros cuadrados de casino, más de 2,300 máquinas «tragaperras»… Un momento gracioso, decidí ir al baño público y esto fue lo que me encontré, ¿como serán los baños de las suites? impresionado me quedé.
Vimos una cafetería así que decidimos merendar algo, pedimos dos cafés y dos croissants, 19$ pagamos y botella de agua 5,4$ y nos sentamos a descansar un poco.
Luego Magaly se propuso buscar la tienda de ropa de Sarah Jessica Parker (SJP) que sabía que estaba en el hotel, y al final la encontramos :).
Entramos y la que atendía la tienda era una colombiana de lo más amable y simpática. Magaly se enamoró del vestido que había en el escaparate y finalmente se lo probó y nos lo llevamos, porque ella lo vale, claro que sí. La chica nos dijo que la tienda iba muy bien, en un par de meses había vendido los 4,000 pares de zapatos que le habían enviado y los 100 vestidos como el de Magaly! guau!! Además compramos un detallito para nuestra amiga Inma, una fan también, jeje.
Salimos ya a la calle porque la hora del concierto se acercaba y fuimos ya al Coliseo del Caesars Palace, un auditorio donde han actuado muchas de las estrellas más importantes del mundo.
A pesar de haber tenido que hacer este viaje extra a Las Vegas por el tema de las fechas la verdad es que tuvimos suerte porque un par de meses antes de nuestro viaje, la artista canadiense tuvo que ser operada por una afección en uno de sus oídos por lo que tuvo que suspender todos sus conciertos, y ¿cuándo era la fecha de su reaparición? pues el 22 de mayo, el día que teníamos nosotros las entradas, así que uff! por poco.
Había mucha gente ya entrando, unos vestidos con las mejores galas y otros en bermudas. Yo sólo para este día cargué con unos vaqueros todo el viaje pero vamos, que podía haber entrado en pantalones cortos y sandalias, jeje.
Entramos y el Colosseum por dentro nos impresionó, tiene capacidad para 4,300 espectadores y costó nada menos que 95 millones de dólares.
No estábamos mal situados para el precio que pagamos, hay que tener en cuenta que los de la parte más cercana al escenario habían pagado por encima de los 500$.
El comienzo fue muy emotivo porque cuando apareció en el escenario la gente se puso en pie y ella se emocionó, seguramente por su reciente problema de salud. Luego comenzó con la primera canción con una puesta escena impresionante. No soy yo fan 100% de la canadiense pero tengo que decir que el espectáculo fue una pasada. Su voz y la puesta en escena fueron increíbles. Aquí un trozo de la fantástica Because you loved me.
Es verdad que ya había oído que tenía bastantes conversaciones con el público y que a nosotros, que había muchas cosas que no entendíamos bien, se nos hizo un poco largo a veces, porque vaya como le gusta hablar y la de chistes que soltaba.
Fue alternando canciones antiguas con más modernas, más conocidas con menos, salió con más cantantes en el escenario y terminó con la inolvidable canción de Titanic My Heart Will Go On de nuevo con una escenografía impresionante, ¿sabíais que esta canción al comienzo no le gustaba nada y que se negaba a cantarla?. El concierto duró una hora y media y la verdad que se hizo corto.
Salimos fuera y justo nos coincidió para ver el espectáculo de las fuentes del Bellagio, que de noche, lucen mucho más, un imprescindible aunque sea muy turístico y muy breve.
No nos apetecía complicarnos para buscar un restaurante ni gastar mucho así que fuimos a un McDonald’s y comimos un par de menús por 20$. Ya de ahí volvimos al hotel sobre las 11 de la noche ya que debíamos madrugar al día siguiente para tomar nuestro avión de regreso a San Francisco.
Día 13
Añado este día para que veáis un interesante vídeo que hicimos desde el avión y que muestra la ciudad del juego desde el aire. Ahí podéis ver la zona donde se concentran los principales hoteles de la ciudad, The Strip.
Este, que lo definiría como un super viaje, está sin duda en el top 3 de todos los viajes que he hecho en mi vida.
A la hora de prepararlo, yo quería conocer desde luego Las Vegas, el Gran Cañón y San Francisco, pero quería salirme del típico acompañamiento de estas dos ciudades con Los Angeles y Yosemite. Me apetecía mucho meter una parte importante de naturaleza así que nos decantamos por los parques naturales de Utah y Arizona, además tenía «entre ceja y ceja» llegar hasta Monument Valley. Según pensaba la ruta, terminé cuadrando una parada en Santa Mónica, con la esperanza de hasta poder ir a la playa para luego subir por la costa, por el famoso Big Sur, para terminar en San Francisco.
Os muestro la ruta completa, que con algún rodeo o vuelta sobre nuestros pasos, hicimos según el cuentakilómetros de nuestro coche 2,000 millas, osea, unos 3,220 kms, aunque es verdad que con tantos días, sólamente en dos jornadas tuvimos un atracón de kilómetros y el resto fue más o menos cómodo.
Este mapa es más lejano de la ruta, donde se ven los 4 estados que recorrimos.
La preparación de este viaje fue a fondo y tras pensarlo bastante decidí que nuestro viaje comenzaría en Las Vegas, sobre todo con la intención de ir hacia el este y ver los parques Nacionales, dejando el Gran Cañón para el final de todos ellos, y también la parte de la playa para poder los últimos días tomárnoslos más de relax.
A pesar de coger un vuelo con ida a Las Vegas y volver desde San Francisco, con mucha antelación nos salió muy bien de precio, pagamos 1,300€ los dos por todo. La ida la hicimos con Iberia con escala en Londres (primer consejo, tratar de hacer la escala en Europa y no en EEUU, porque si hay poco tiempo de escala, con los líos de inmigración y demás, puede hasta que perdáis el siguiente). De Londres a Las Vegas iríamos con la aerolínea British Airways.
Yo en mis posts no me gusta incluir muchas secciones como de qué llevar, cómo llegar, mejor época para ir, etc, solamente y si no os apetece leer todo el diario, he puesto accesos directos a las partes más importantes del viaje, así podéis ir a aquella/s que más os interesen, pero yo si fuera vosotros, no me lo perdería entero ;).
Comenzamos!!! un 11 de marzo a las 8.45h saldríamos hacia Londres, y en poco más de dos horas estaríamos en la capital británica, viaje cómodo con el añadido de ir en pasillo de emergencia pagando apenas 10€ de suplemento. Comimos algo y en otras dos horas de escala cogeríamos el gran vuelo hacia Las Vegas. Nos llevaría la aerolínea British Airways, a priori de reputada fama. Los asientos en pasillo de emergencia costaban 55€ cada uno, así que como nos pareció caro (estoy totalmente en contra de esta nueva «costumbre») decidimos no cogerlos y ocupar los asignados por la compañía, decisión que acabaríamos lamentando. Llegamos para coger el avión y ya empezamos a ver lo esperado, grupos de jóvenes y más de una despedida de soltero, ¿nos esperaría un viaje tranquilo? no tenía la pinta…
Y así fue, nada más subir, una sorpresa desagradable tras otra, el avión, bastante antiguo, con nuestros asientos en la penúltima fila. Nos acomodamos y nada más despegar empezamos a sentir un frío terrible, el peor que recuerdo en un viaje, y para colmo el sistema de entretenimiento del avión no funciona, nada de películas, y teníamos 10 horas de viaje por delante!!!!. Tras pedir disculpas el comandante, nos «compensan» con… ¡¡¡barra libre de alcohol!!! primera vez también que lo veo en un avión. La cosa se fue caldeando, la gente más alterada y ruidosa tras cada combinado, imposible dormir, frío y más frío, la tripulación también de cachondeo total, y nosotros flipando. Finalmente y a unas 3 horas de llegar, se corta la barra libre, y todos a dormir «la mona», increíble. Perdón por el tostón pero es que fue tremenda la experiencia.
Y por fin llegamos, dejando atrás uno de los peores viajes en avión de mi vida, pero bueno, eso no nos amargaría, estábamos en las VEGAS!!! empezaba el disfrute!!!
Empleamos como una media hora en los trámites del control de entrada que como siempre en USA son rigurosos y a veces tediosos y cogimos las maletas facturadas que para ser el período más largo de nuestra vida juntos fuera de casa, no eran las más grandes porque teníamos pensado por primera vez lavar ropa, sí, nunca lo había hecho antes (en los viajes).
Salimos fuera y dado que no conseguí Wifi fácilmente para UBER y como había leído que el aeropuerto está bastante cerca del centro decidimos coger un taxi. Se notaba calor pero para nada excesivo, corría bastante viento. Eran las 4 de la tarde hora local, 9 horas más, osea la 1 de la madrugada en España y nosotros sin dormir. Subimos al taxi y las primeras impresiones fueron buenas, infraestructuras bien cuidadas (algo a veces no muy habitual en EEUU), con poca vegetación junto a las carreteras salvo algunas palmeras pero todo muy limpio y cuidado, y tras unos 20 minutos y 26 dólares llegamos a nuestro hotel, el Treasure Island. Hicimos el checkin bastante rápido para lo que son estos hoteles. Ya nos habían cobrado por Booking unos días antes las dos noches, (nos costó 135$ la noche).
Dudé mucho en coger un hotel de estos de los «enormes» u otra opción que evitaba tener que pagar los 30$ de «resort» que llaman ellos por noche por el tema de la piscina, ojo con esto que esta tasa no aparece por ejemplo en los precios de empresas de internet, como Booking.com por ejemplo. La otra opción era un hotel con habitaciones tipo apartamento llamado The Carriage House pero como era fin de semana (llegamos un sábado) la diferencia de precios no era mucho y me decanté por el Treasure Island, y fue un gran acierto.
Los precios entre semana de las habitaciones de los grandes hoteles bajan mucho con respecto al fin de semana. Decir del hotel Treasure Island que tiene nada menos que 2,884 habitaciones y que se abrió en 1993. Es uno de los de gama «media» diría yo, lejos de otros como el Bellagio, el Wynn o el Venetian por ejemplo, sin grandes lujos y quizás con algunas zonas que se han quedado algo antiguas, pero la verdad es que estuvimos muy agusto, la zona de la piscina está muy bien y la habitación no está mal, grande, limpia y con mi querida cama «king size».
Si váis a este hotel, pedirles que os dén una habitación con vistas al Strip, yo solicité muy amablemente una habitación alta (nos dieron la planta 19), pero no el otro detalle y daba a la parte de atrás que también permitía ver una buena zona de la ciudad pero bueno, mejor hacia el Strip. Intentamos abrir la ventana pero… en Las Vegas no es posible, ¿quizás para evitar el «balconing» de alguno tras una jornada de excesos?
Como me encantan los números y las estadísticas vamos con algunas que ciertamente son mareantes de esta ciudad… De los poco más de 5,000 habitantes que vivían en Las Vegas a principios de la década de los años treinta del siglo pasado, en el año 2017 eran más de 650,000, y un millón largo si contamos con toda su área metropolitana. Una cifra ciertamente ridícula si la comparamos con los cerca de 43 millones de turistas que la visitaron ese año, un 10% más que hace una década y gastaron nada menos que 35,500 millones de dólares. El gobierno recauda anualmente unos 1,400 millones de dólares en impuestos y hay más de 250,000 personas que trabajan en los hoteles, restaurantes, bares y casinos de la ciudad, cifras alucinantes de una ciudad que quién diría que está en medio del desierto del estado de Nevada, y donde no muy lejos se han hecho pruebas nucleares durante muchos años. Además es curioso que no hay temporada alta, todos los meses tienen una ocupación parecida, quizás en julio y agosto sea cuando más gente va, pero no por mucha diferencia con respecto al resto de meses.
En toda la ciudad se respira juego, y hasta en el último rincón (incluso en el aeropuerto) hay máquinas «tragaperras», mesas de póker, ruletas, etc…
Salimos del hotel sobre las 6 de la tarde. Una de las mayores ventajas del Treasure es que está muy bien situado, al lado del Wynn, el Venetian y el Mirage, en mitad del llamado Strip, el centro neurálgico de Las Vegas y donde se concentran la mayoría de los hoteles más famosos. Las primeras impresiones he de decir que fueron muy buenas.
Los hoteles luchan por ofrecer el mayor reclamo para la captación de clientes. El famoso Circo del Sol tiene varios espectáculos, uno de ellos en nuestro hotel. Britney Spears actúa en Planet Hollywood, el grupo Boyz II Men en el Mirage, Céline Dion o Elton John en el Caesars Palace, Calvin Harris en el MGM y así mucho más.
Para ese primer día habíamos decidido conocer uno de los grandes, el Caesars Palace, que como sabéis tiene la temática del imperio romano. Un mastodonte inaugurado en 1966 pero reformado ya en 5 ocasiones que cuenta con 3,350 habitaciones.
Entramos en el impresionante hall y recorrimos las galerías de tiendas para terminar tomando algo en uno de los bares del complejo.
Pero estábamos tan agotados, imaginar que la hora local era las 8 de la tarde pero para nosotros realmente es que como si fueran las 5 de la madrugada, que decidimos que hasta aquí habíamos llegado, volveríamos al hotel. Cuando salimos al exterior, Guau!! nos dimos de bruces con quizás el mayor atractivo de las Vegas, la ciudad de noche toda iluminada, nos encantó aunque nos pesaran hasta las pestañas :).
Y aquí acabó nuestro primer día, a las 21h. local estábamos en la cama.
Día 2. Las Vegas.
Este segundo día iba a ser el único completo en la ciudad. En un primer momento teníamos pensado dormir 3 noches, pero por un tema que luego contaré pero ya os adelanto que relacionado con la cantante Celine Dion, dormiríamos en un primer momento sólo dos noches.
Al irnos a dormir tan pronto el día anterior, a las 6:30 de la mañana ya estábamos despiertos. Nos duchamos tranquilamente y bajamos a desayunar ya que abría a las 7, observando que a esas horas había bastante gente jugando en el casino ya. Llegamos a la zona del buffet con la intención de darnos un homenaje pero primera sorpresa, había una desayuno – brunch tipo buffet pero que costaba nada menos que 32$, pero teníamos tanta hambre que entramos. Estábamos casi solos y el buffet enorme, tenía muchísima variedad aunque echamos de menos como siempre algunas cosas como más tipos de pan, más fruta y como siempre en el viaje y yo que soy muy maniático con eso, zumos naturales por favor.
Comimos cuanto pudimos ya que ni habíamos cenado el día anterior con el cansancio. Como era pronto y hasta las 9 no abrían la piscina, nos dimos una vuelta por el complejo, alucinando con lo grande que es, las diferentes zonas del casino, con rincones más privados y una enorme zona de pantallas para todo tipo de apuestas deportivas. Ahí encontramos un supermercado, bastante grande y variado que tenía prácticamente de todo.
Enseguida que fueron las 9, a la piscina!! creo que es el mejor plan para pasar las mañanas en esta ciudad.
Nos encantó esta zona, que por la mañana estaba muy tranquila. Ahí estuvimos descansando 2 ó 3 horas, viendo como las camareras (todas cortadas por el mismo rasero, imaginaros) iban y venían cargadas ya de bebidas para los bañistas, puro consumismo…
Nos cambiamos de ropa y salimos a dar una vuelta. Hacía sol pero no hacía excesivo calor, casualidad porque de todos es sabido las temperaturas que se pueden alcanzar en Las Vegas, donde en verano se rebasan fácilmente los 40 grados. En junio de 2017 llegaron a los 117º Farenheit (nada menos que 47 grados celsius!!!). Por ello también, los hoteles principales están conectados. Nada más salir del nuestro hay que cruzar la carretera y pasar sí o sí por otro de los más famosos, el Venetian – Palazzo, como os podéis imaginar, espectacular.
Decidimos no entrar más de la parte del pasadizo porque ya habíamos visto su hotel gemelo en Macao así que decidimos continuar. Pasamos junto al Harrah’s, Flamingo y por fin entramos en el hotel Paris, que es una muy buena réplica de los monumentos más famosos parisinos. La verdad es que me sorprendió de las Vegas lo bien conservado que están los edificios de todos estos hoteles, parecen recién reformados. Entramos en el Paris con la intención de comer en su buffet, que había leído que tenía un buen precio. Dimos una vuelta por el casino que al final es más de lo mismo pero nos gustó mucho la ambientación.
Decir que para las comidas en Las Vegas habíamos pensado coger la tarjeta Buffet Pass «Total Rewards» que permite en un grupo de hoteles (Paris, Flamingo, Planet Hollywood, etc) comer durante un período de 24 horas. Lo que se suele hacer es cenar, desayunar, comer y luego cenar antes de la hora del día anterior, el precio es de 59.99$ (+ impuestos) entre semana y 74.99$ en fin de semana. Pero al no cenar el día anterior ya no nos compensaba, pero desde luego lo recomiendo, ahorraréis dinero, sobre todo de lunes a viernes.
Después de unos 15 minutos de cola entramos en el buffet, 30.99$ pagaríamos con bebidas y cafés incluídos. El servicio fue muy bueno y el sitio de verdad que muy bonito, ambientado en la ciudad parisina, pero la comida del buffet no nos convenció, bastante low cost y sin platos de esos que «comes con la vista». Nos alimentamos de ensaladas y de algunas carnes y como siempre yo los helados de postre.
Después de comer volvimos al hotel porque teníamos que coger el coche de alquiler a las 15h. Lo contraté desde España en la página www.rentalcars.com y teníamos la ventaja de recogerlo en el propio hotel con la compañía Dollar. Había pagado 356$ por 10 días un coche tipo SUV, una mezcla entre turismo y todoterreno. Como el tema de los seguros me da bastante respeto, sobre todo tras lo acontecido en Islandia, y dado que el alquiler sólo incluía el básico de cobertura parcial por colisión (CDW) y en caso de robo, finalmente no me quise complicar y contraté una especie de seguro a todo riesgo, asistencia en carretera incluída. La verdad es que esto de los seguros en los coches de alquiler en EEUU es un lío monumental y por más que me he informado no es fácil de entender, así que por unos 90$ más tenía un todo riesgo y en total por tanto pagamos unos 446$ por los 10 días, que tampoco me parece caro. El coche que nos dieron fue un Nissan Rogue, un modelo que no he visto en España pero muy nuevo, del 2018 y con sólo 12,000 millas. A la postre resultaría un gran acierto. El coche lo dejamos en el parking, que según nos dijeron sólo este y otro, tienen parking gratuito de todos los casinos del área metropolitana, ojo con esto.
Tras las gestiones subimos a la habitación y bajamos de nuevo a la piscina, y alucinamos con como estaba a esa hora de gente, con un DJ pinchando música, así que si queréis diversión, en este hotel lo tenéis.
Sobre las 18h salimos del hotel y fuimos hacia el norte a ver uno de los más lujosos, el fantástico Wynn. Un pequeño inciso para hablar de los hoteles de las Vegas, decir que de los 10 más grandes del mundo por número de habitaciones, 5 están en las Vegas y 11 de la «ciudad del pecado» se encuentran entre los 20 primeros. El más grande del mundo está en Malasia con 7,351 habitaciones y el segundo es el Venetian con 7,110, cifras impresionantes.
Esa tarde íbamos a ir a ver otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad, la Fremont Experience y que obviamente recomiendo. Como queríamos ir cerca del atardecer para ver la zona ya de noche, decidimos entrar en el complejo de hotel y casino «Wynn – Encore» con 2,716 habitaciones el Wynn y 2,034 el Encore, casi nada.
Entramos en la galería denominada la Esplanade, con las mejores marcas ahí representadas, lujo en estado puro.
Después de la galería de entrada llegamos quizás al lugar hecho para impresionar a los turistas, justo después de la recepción del hotel (nada comparable con la del nuestro por cierto, este 100% de mármol) nos encontramos con unas figuras hechas con flores que desde luego servían de un buen reclamo y no podía evitar ser el objetivo de fotos y más fotos. La verdad es que el sitio es digno de ver.
Salimos del hotel y cruzamos la calle para ir al Centro Comercial «Fashion Show» donde por cierto había un Zara enorme. Decidimos tomar algo tranquilamente, pagamos por una Pepsi y una cerveza Corona 16$ en un establecimiento llamado Sugar Factory American, otro «sablazo» para la colección.
Sobre las 19h decidimos ir ya hacia la calle Fremont, para ello cogimos el autobús SDX que pagando 8$ es posible utilizarlo durante 24 horas y es más rápido que la otra línea denominada The Deuce. El ticket se compra en unas máquinas expendedoras que hay junto a las paradas. Informaros en la web de dónde están situadas, nosotros lo cogimos frente al Wynn. Nuestro destino se encontraba a unos 8 kilómetros al noreste del Strip y en poco más de media hora estábamos en la famosa calle.
Crear lo que llaman la Experiencia de la Calle Fremont fue una decisión de varios hoteles y casinos cercanos para reactivar el turismo en la zona vieja de Las Vegas. La primera exhibición fue en 1995, más tarde se instaló el escenario y el sistema de sonido. A mediados de 2004 se comenzó la ampliación para dar lugar a lo que hoy se puede encontrar allí. Si llegas de día para mí no tiene mucho interés, ya que tanto el ambiente, como los comercios (bastante normalitos y 100% para los turistas) no ofrecen nada nuevo. Pero cuando se va el sol y se encienden las luces, la cosa cambia…
Aquí os dejo un pequeño vídeo para que os hagáis una idea de la animación de la calle.
Actualmente, la pantalla situada en la bóveda tienemás de 12 millones de bombillas led y 220 altavoces. En esta pantalla se representan por las noches diversas escenas que evocan a Las Vegas. A partir de la puesta de sol comienza el espectáculo de luces, que la verdad, es por supuesto digno de ver. No pongo vídeos, mejor que lo podáis vivir en directo, totalmente IMPRESCINDIBLE.
Sobre las 22h ya decidimos volver al hotel así que cogimos el autobús de vuelta. Por el camino alucinamos con la cantidad de iglesias que vimos para casarse, la famosa boda con la temática de Elvis. Paramos junto a nuestro hotel y nos acercamos a ver uno de los espectáculos míticos y gratuitos del Strip, el Volcán del Mirage, pero lamentablemente avisaron que por algún problema no iba a tener lugar así que como estábamos muy cansados y por no buscar un sitio para cenar, decidimos comer unas porciones de pizza en el hotel por unos 25$ en total y subir a descansar. Al día siguiente comenzaba nuestro viaje por los Parques Naturales!!!!
Día 3. Zion National Park
Nos levantamos sobre las 8 y tras la ducha bajamos a desayunar. Para no pagar los 32$ del día anterior decidimos desayunar en el restaurante junto a la piscina donde podíamos pedir lo que quisiéramos y pensábamos que nos saldría más barato, qué ingenuos. Pedimos la carta y de nuevo precios altos, muy altos, pedimos un plato con tostadas, huevos y bacon, la cuenta fueron 49$, buff, el zumito natural 5$ no está mal. Teníamos tantas ganas de piscina que entramos y estuvimos una hora. Hicimos el checkout y fuimos al supermercado del hotel a comprar varias cosas. Muy importante, una nevera de corcho, no sabéis la utilidad que nos dió, también hielo para mantener la comida que metíamos y que nos venía a durar unos 2 / 3 días, y luego embutido, pan de sandwich, fruta, etc. Fuimos al parking a por el coche e iniciamos la marcha con mucha prudencia hasta cogerle un poco el «tranquillo», sobre todo porque como supongo sabréis casi todos los vehículos en USA tienen cambio automático.
Antes de comenzar nuestra ruta no podíamos dejar de hacernos la foto con el famoso cartel luminoso de Las Vegas, pusimos el GPS y para allí que nos fuimos. Era domingo, sobre las 11 de la mañana y recorrimos toda Las Vegas Boulevard hasta llegar al cartel. Es curioso que dado que se encuentra en la mediana que separa los carriles de los dos sentidos, el pequeño aparcamiento que tiene está en el medio y no en un lateral como pensaríamos que es lo más normal, eso hace que sea un poco peligroso entra en él, de hecho cuando nos dimos cuenta estábamos en el último carril de la derecha buscando un sitio para dejar el coche y tuvimos que casi dar un volantazo hacia la izquierda que casi me lleva por delante un deportivo.
Como imaginábamos el parking estaba lleno pero de milagro vimos un coche que salía y conseguimos ocupar su lugar. Nos acercamos y vimos una cola de por lo menos 25 personas, buff, qué pereza, y un «organizador» de las fotos esperando la propina. Al final decidimos ponernos en un lateral y hacer la foto sin esperar cola, quizás no quedó centrada, pero nos ahorramos unos buenos minutos de espera.
Decir que el icónico cartel, fue creado en 1959 por la diseñadora Betty Willis, autora de otros famosos letreros de neón de Las Vegas y que como curiosidad su diseño no fue registrado, por lo que nunca cobró derechos de autor. Es por ello también que se pueden ver reproducciones del letrero en miles de souvenirs y ahora hasta en las placas de los automóviles registrados en Nevada.
Después de conocer el famoso cartel, ya pusimos rumbo hacia el noreste para ir a nuestro próximo destino.
Antes de continuar permitirme daros un consejo importante y que de nuevo, como en Grecia nos funcionó perfectamente y es que NO necesitáis coger el coche con GPS ya que tenéis el maravilloso (al menos para mí) Google Maps. Antes de venir a USA os váis descargando todos los mapas de las zonas por las que pasaréis y luego una vez allí váis a la opción de mapas sin conexión y ya tendréis GPS sin la necesidad de tener datos, osea, gratis 100%. A nosotros nos fue de maravilla, ni una sóla vez en 10 días nos hizo equivocarnos, ah, y recordar llevaros cargador de móvil para el coche y soporte para el mismo (este se nos olvidó).
Cogimos la carretera interestatal 25 y con algo de pena porque nos habría gustado quedarnos más tiempo en Las Vegas (aunque unos días más tarde volveríamos) partimos hacia el Parque Nacional Zion. La carretera nos resultó muy entretenida, quizás también por ser nuestros primeros kilómetros de los más de 3,000 que tendríamos por delante. Si os gustan las carreteras entre paisajes desérticos, ésta estoy seguro que os gustará.
Siempre intentando mantener la velocidad indicada por si acaso, hicimos los 265 kms que separan Las Vegas en Nevada del Zion National Park en el estado de Utah, en poco más de 2 horas y media, pero OJO con tener en cuenta una cuestión, y es el cambio horario que hay al pasar a Utah, siempre hacia el este una hora más, con lo que «perdimos» una hora.
En la última parte del trayecto el paisaje fue cambiando, haciéndose más montañoso y más adelante cada vez más verde.
Dado que no habíamos llegado pronto, ya que eran las dos de la tarde, había leído que iba a ser complicado aparcar en el aparcamiento del Centro de Visitantes del parque así que dejaríamos el coche en Springdale, el pueblo más cercano ya que hay autobuses gratuitos que te llevaban al parque. Finalmente dado que era domingo y veíamos muchos coches que venían en dirección contraria, decidimos arriesgarnos y nos fue bien porque encontramos sitio en ese parking.
Para entrar hay que pagar 25$ por vehículo y la entrada es válida para 7 días, pero dado que íbamos a estar en otros dos parques más incluídos en el National Park Service, teníamos la posibilidad de coger el llamado Annual Pass que permite entrar en todos ellos por 80$ y tiene una validez de 1 año. Además si sólo lo utiliza un vehículo como fue nuestro caso, y al tener espacio la tarjeta que te dan para 2 firmas, le puede servir para acceder a un coche distinto, así que a la vuelta a tu país lo puedes vender en alguna página de segunda mano a mitad de precio por ejemplo (yo cuando estoy escribiendo estas líneas, unas semanas tras volver, ya la he vendido), así que compensa, ¿no?
Aprovechamos para comer algo que teníamos en la nevera y nos pasamos por la recepción. Decir que este parque sobre todo para los no norteamericanos no es de lo más visitados, eclipsado por el Bryce Canyon y desde luego el Gran Cañón, pero según las cifras oficiales es el tercero más visitado (4,5 millones de visitantes en 2017) de los importantes, por delante de algunos más conocidos como Yellowstone o Yosemite, así que decidí darle una oportunidad y no me arrepiento en absoluto.
De las múltiples rutas que tiene, la más famosa es la llamada Angel’s Landing, de unas 4 horas sólo ida, dura pero que tiene un final espectacular, considerado también de los más peligrosos porque esa parte final para llegar a un espectacular mirador se hace muy cerca de una pendiente por un camino estrecho con la única sujeción de una cadena, así que cualquier descuido o tropezón puede tener un final trágico. Lamentablemente y dado que dos meses antes del viaje me operaron del menisco de la rodilla decidí no arriesgar y elegir otras opciones más fáciles.
Como en otros de la Red de Parques Nacionales, disponen de autobuses gratuitos no contaminantes que suponen una estupenda y ecológica manera de visitarlos.
Zion cuenta con más de 240 km de senderos para los amantes del trekking y a diferencia del Gran Cañón o del Bryce, donde se visitan desde su parte superior, en este se empieza desde abajo, con rutas que la mayoría suben por las paredes del espectacular desfiladero que el río Virgin ha tallado durante millones de años. Este es el plano de la ruta que hacen los autobuses.
Tras visitar brevemente el Centro de Visitantes, subimos en un autobús sobre las 16h alucinando con las imponentes paredes de arenisca roja que teníamos a ambos lados. Durante el trayecto una grabación va explicando diferentes informaciones sobre el Parque mientras recorres una parte del cañón de Zion, una hendidura de 24 kilómetros de longitud y 800 metros de profundidad.
Avanzamos hasta el final, a la parada de Temple of Sinawava, a la que llegamos en unos 20 minutos y tras 6 paradas previas. Teníamos previsto hacer un pequeño tramo de la ruta más visitada incluso por delante de Angel’s Landings y que es más popular sobre todo porque es muy sencilla.
Allí comienza el Riverside Walk, un camino pavimentado de una milla de longitud, que transcurre junto al río Virgin a lo largo de un estrecho cañón. Vemos un ciervo y sobre todo ardillas, que más bien salvajes están más que acostumbradas a ver gente y se acercan mucho a ver si consiguen algo de comida, por supuesto no les dimos nada.
Cuando el pavimento acaba, empieza el desfiladero llamado The Narrows que se hace literalmente remontando el río. Como ya lo sabíamos fuimos con calzado para caminar por el agua y luego otro par para cambiarnos, el agua estaba fría pero se soportaba. Si tenéis pensado avanzar mucho o no tenéis el equipo necesario podéis alquilar en una tienda a la entrada del parque tanto las botas como un bastón por unos 25 dólares. Había bastante gente en la parte inicial y algunos muy preparados para avanzar un buen tramo río arriba, no era nuestro caso, jeje.
Obviamente hay que tener cuidado con la cantidad de agua que lleve el río así que es importante que os informéis en el centro de visitantes del caudal del mismo y también si puede haber riesgo de riada por posibles tormentas repentinas. Si el cauce es normal como el que nos encontramos nosotros, os recomiendo que os adentréis lo más posible, donde el río se incrusta literalmente entre paredes de roca de metros de altura, espectacular.
Avanzamos un trozo hasta que el agua ya nos llegaba por los muslos, momento en el que decidimos volver, también porque eran ya casi las 7 de la tarde, no sin antes disfrutar del lugar y alucinar con la altura de las paredes que teníamos a ambos lados y que hacen de esta ruta sin duda muy recomendable. He visto fotos de tramos más adelante de donde nos quedamos nosotros y he decir que son espectaculares.
Nos cambiamos el calzado y volvimos a la parada de autobús a la que se llega en unos 25 minutos. Cogimos el primero que llegó para llegar al coche sobre las 7 y media. Iniciamos la marcha y nos dirigimos hacia el este para ir hacia Kanab, donde estaba nuestro hotel. Dejamos atrás el parque al que volveríamos dos días más tarde. En una hora aproximadamente por una carretera con muchas curvas pero muy interesante sobre todo la primera parte llegamos a Kanab, el lugar donde dormiríamos y que no elegí por casualidad.
Primero lo cogí porque era un estupendo punto medio entre el Bryce Canyon y Zion, luego porque era quizás de los pueblos más grandes y más recomendables para visitar en el área, y por último porque en este pueblo se celebra cada día un sorteo para poder visitar uno de los lugares de los que me enamoré nada más ver una foto, un lugar conocido como The Wave, en la zona denominada Coyote Buttes North. Se trata de una especie de duna de arena petrificada del período Jurásico que encontró un fotógrafo alemán a finales de los años 90 y cuyas fotografías impresionaron a todo el mundo, y no me extraña.
Para que os hagáis una idea, aquí una foto extraída de la web www.wallpapers13.com., impresionante, ¿no créeis?
En esta localidad el hotel mejor valorado en Tripadvisor era el que elegimos para pasar dos noches, el Comfort Suites Hotel y no nos equivocamos, eso sí, no es barato, pagamos 150$ por noche (unos 130€ en este momento) con el desayuno incluído y tanto la habitación, como el hotel, estaba genial, muy recomendable.
Como llegamos sobre las 8 y media y hacía buena temperatura todavía nos dio tiempo a bañarnos en el spa que había junto a la piscina, que aunque muy caliente, nos permitió relajarnos de todo el día.
Para cenar buscamos un sitio y sorprendentemente había más sitios abiertos de los que esperábamos, y eso que era domingo, el ser una localidad turística a veces tiene estas pequeñas ventajas.
Salimos a la calle y vimos uno casi enfrente del hotel que tenía mucha gente, eran sobre las 21:30h, se llamaba Rocking V Cafe. Había cola y nos apuntamos para la lista de espera. Miramos la carta pero al no gustarnos mucho, decidimos finalmente volver al hotel y montarnos el picnic con lo que teníamos en la nevera, y no resultó mala opción. Creo que fue clave estas comidas «caseras» para no saturarnos de siempre lo mismo, tenerlo en cuenta.
Día 4. Sorteo The Wave & Bryce Canyon
Al día siguiente nos levantamos sobre las 7 y media y bajamos a desayunar. Este estaba muy bien, con bastante variedad, con parte caliente, tostadora, como siempre máquina para hacer gofres, fruta y yogures. Eso sí, de los zumos naturales ni rastro.
Salimos en dirección al lugar del sorteo con la incertidumbre de si habría mucha o poca gente, qué intriga.
Decir que diariamente sólo hay 20 plazas para visitar The Wave, 10 se sortean unos meses antes vía online y por supuesto no me tocaron por las miles de peticiones que hay, y luego hay otros 10 permisos que se sortean en directo a las 9 de la mañana en el centro de visitantes de Grand Staircase Escalante National Monument (745 E – Highway 89). Estos 10 permisos expedidos a diario son siempre para el día siguiente.
Llegamos 10 minutos antes y ya vimos que no éramos los únicos, la cosa no iba ser fácil….
El sorteo fue bastante divertido. Rellenamos un formulario y el speaker nos asignó un número y fue diciendo uno por uno nuestro nombre y nuestro número. Fue divertido escuchar mi nombre y apellidos dicho por un americano, y ya no te cuento cuando pronunciaba nombres chinos, japoneses, etc.
Aquí tenéis el vídeo del sorteo, que aunque dura 3 minutos al menos podéis ver un poco y haceros una idea.
Como suponía no fuimos agraciados, había 82 solicitudes, y 160 personas. Preguntamos por curiosidad y nos dijeron que un día llegó a haber hasta 395!! A los que le tocaron ya le dijeron que la excursión no era fácil, de unas 5 horas y que tenía que llevar cada uno un galón de agua….
Salimos del sitio y antes de dirigirnos ya hacia Bryce Canyon decidimos ir a un supermercado a comprar provisiones. Entramos en el que siempre solíamos encontrar en estos pueblos, el Family Dollar, que no es excesivamente caro. Justo en la puerta pudimos ver los coches que manejan los sheriffs por allí, preciosas pickup.
Tras la compra cogimos rumbo hacia nuestro siguiente destino, el fantástico Bryce Canyon y que tantas ganas tenía de ver.
La carretera aunque no era mala, tenía bastante tráfico y es verdad que al final se nos hizo algo larga, seguíamos en Utah, así que no teníamos cambio horario. Por el camino el paisaje es bastante verde y pudimos ver las típicas granjas y casas de campo americanas.
Sobre las 11 y media llegamos a la entrada del parque, enseñamos el pase anual y entramos. Lo primero que hicimos fue ir al Centro de Visitantes a solicitar información de sobre todo si era posible ir con nuestro coche o era recomendable movernos en los autobuses, que como en Zion eran gratuitos y te llevaban a todos los sitios importantes. En el aparcamiento del Centro sólo se puede estacionar una hora así que nos dirigimos hacia otro que hay justo cruzando la calle principal y así nos olvidamos del coche.
El Bryce Canyon National Park a pesar de que no está entre los más visitados de Norteamérica (2,5 millones lo visitaron en 2017) y es uno de los más pequeños para mí fue el que más me sorprendió para bien de los que vimos. Fue constituído en 1928 y debe su nombre a uno de los primeros hombres blancos que se asentaron en la zona, Ebenezer Bryce. Es curioso pero este parque no fue formado por la acción de ningún río a pesar de que en su nombre aparezca la palabra cañón. Su característica principal son las formaciones geológicas llamadas hoodoos (cuya traducción podría ser chimeneas de hadas) y que están formados por la combinación de la erosión de su piedra caliza por parte del viento, el agua y el hielo.
Este un mapa de los puntos más importantes que como véis están muy concentrados. Recomiendo ir también a los indicados abajo porque son sus puntos de mayor altitud.
Decir que los autobuses que hay te mueven entre los principales miradores, si no tienes mucho tiempo puedes moverte con ellos y te harás una idea de lo que es el parque pero yo recomiendo al menos dedicarle no menos de 4 horas para sobre todo no quedarse sólo en la parte de arriba y bajar a hacer una de sus numerosas rutas.
Lo que hicimos nosotros y recomiendo es bajarse por ejemplo en el Inspiration o Bryce Point e ir caminando cuesta abajo sin dificultad por el borde en dirección norte hasta parar a Sunset Point. El paseo es sencillo y con unas increíbles vistas, a mí personalmente fue sin duda uno de las vistas mejores del viaje.
Aconsejo llevar algo de ropa de abrigo porque suele soplar viento, y hacer bastante frío, pensar que en ese punto se sobrepasan los 2,500 m. de altitud nada menos. ¿No es increíble el paisaje?
Seguir caminando y alucinando con las vistas, para mí de las mejores del viaje y tras un kilómetro más o menos llegaréis al Sunset Point.
Aquí teníamos pensando hacer la ruta que recomiendan todos los blogs que leí disponiendo de un tiempo similar al nuestro, el Navajo Loop Trail, conectándolocon el Queen’s Garden Trail. A la izquierda de los miradores del Sunset Point debéis tomar el camino señalizado y comenzar la bajada.
De nuevo todo el trayecto se encuentra lleno de asiáticos, me parecieron chinos, que yo creo que superan incluso en número de clicks con sus cámaras a los japoneses.
Al poco de comenzar la bajada hay una bifurcación, recomiendan bajar por el camino de la derecha, conocido como Wall Street pero cuando fuimos éste estaba cerrado por lo que lo tuvimos que hacer por el otro, llamado «Two Bridges», también sin duda espectacular. El cañón por el que bajas, sobran las palabras, para mí sin ninguna duda la que os muestro a continuación es una de las fotos del viaje y casi de toda mi vida viajera.
Una vez abajo se podría hacer el recorrido circular y volver a subir hasta el Sunrise Point pero yo recomiendo empalmar como decía con la ruta Queen’s Victoria Garden Trail. Seguiréis un camino que poco a poco empieza a inclinarse hacia arriba. Es una ruta que no está mal, rodeada de pinos y de rocas anaranjadas de piedra caliza que constituyen un bonito paseo pero lo más destacado llegaría más adelante. A mitad de camino hasta vimos un par de ciervos, y por supuesto como en Zion muchas ardillas acostumbradas a los humanos.
Cuando encontramos un buen sitio para sentarnos, decidimos comer un bocadillo que nos habíamos hecho y que llevábamos en la mochila. En poco rato llegamos a la figura de la que viene el nombre de la ruta, que con imaginación se parece a la Reina Victoria (primer pináculo de la foto empezando por la izquierda, en el centro de la foto).
Desde ese punto tomamos el camino que continua hasta Sunrise Point y que para mí es la parte más bonita de la ruta junto con el comienzo.
El camino va tendiendo hacia arriba así que es importante que llevéis agua, y la parte final sí que se hace dura, pero menos que si lo hacéis en el otro sentido. A cambio, llegaréis al Sunrise Point que también ofrece unas vistas espectaculares. El total de la ruta os puede llevar 2 / 3 horas depende de lo que os entretengáis y desde luego que la considero IMPRESCINDIBLE si tenéis el tiempo necesario.
Una vez en el Sunrise Point, podéis seguir caminando siguiendo el Rim Trail hasta el Sunset Point o como nosotros coger el autobús para ir ya hacia nuestro coche.
Antes de irnos, y dado que teníamos tiempo, decidimos ir hacia los miradores más al sur. Hay unos cuantos pero decidimos seguir sin parar hasta el más alejado de todos, los Rainbow & Yovimpa Points, y vaya si mereció la pena.
Este es el punto más alto del Parque Nacional y de todo el estado de Utah, nada menos que a 2,776 m. A pesar de que habíamos pasado ya tantos miradores, este sin duda nos encantó.
A la vuelta paramos en un par de miradores más, uno de ellos este que tiene la singularidad de que la erosión ha formado un puente casi perfecto, Natural Bridge se llama.
Volvimos al Centro de Visitantes para comprar algunos souvenirs y ya sobre las 18h tomamos el camino de regreso a Kanab. Es increíble lo bien cuidado que tienen las zonas comunes, baños por todos lados, todo super limpio y numerosas fuentes de agua potable.
En el trayecto repostamos por primera vez, echamos gasolina sin plomo (el diesel en USA es prácticamente testimonial). En todas las gasolineras del viaje tuve problemas para pagar con mi tarjeta, sobre todo en California, y en todos tuve que pedir ayuda que en ésta muy amablemente me dió el encargado. Sobre las 20h estábamos ya en nuestro hotel.
Salimos a cenar a un Pizza Hut ya que era de los que más tarde cerraba. Ojo porque en este pueblo no podréis pedir alcohol, cuando les preguntamos por qué a la camarera, su respuesta fue como con resignación, por la iglesia…, así que tenerlo en cuenta, esto es Utah amigos.
Cenamos bastante bien y pagamos por dos pizzas y bebidas unos 40$, nos supieron a gloria después de encadenar una comida y una cena «tipo picnic».
Día 5. Zion & Horseshoe Bend & Page
Nos levantamos muy pronto este día, sobre las 7, luego veréis por qué. Desayunamos rápidamente y nos reímos porque nos dimos cuenta de que en el hotel escondían los yogures y otros productos para evitar la «rapiña» de los chinos, curioso. Este día y dado que no teníamos una jornada con muchas cosas para visitar, se me ocurrió que podríamos volver al Zion para hacer una ruta de la que había oído hablar muy bien, pero tenía un inconveniente, el aparcamiento, así que había que llegar muy pronto. Había unos 60 kms y salimos sobre las 8 de la mañana.
Por el camino y en una larga recta, tuvimos la anécdota del viaje que os cuento porque fue un buen susto. Ví un coche parado en la cuneta y a pesar de que iba a la velocidad recomendada y por un gesto instintivo, pisé el freno, pues bien, me fijo que es un coche de la policía, y que cuando pasamos junto a él veo por el retrovisor que arranca detrás de nosotros con las luces y sirenas encendidas, me temo lo peor, que nos va a parar, y así fue. Detengo nuestro Nissan (como para no hacerlo) en la cuneta y se baja el policía detrás y se acerca como en las pelis, con la mano en la pistola y muy lentamente. Cuando llega hasta nosotros nos pregunta que por qué hemos frenado, que eso lo suelen hacer los borrachos (curiosa conducta) y que por eso nos había parado. Pero ya nos ve que somos turistas e inofensivos y nos pide el carnet de conducir. Muy amablemente le entregué el internacional que había sacado en España y tras volver a su coche y revisarlo, nos lo devolvió y nos deseó un buen viaje con una sonrisa. Fue un susto porque all con la policía, ya se sabe, pocas bromas.
Llegamos a las 8:50h exactamente a nuestro destino, justo nada más pasar el control de entrada de nuevo a Zion. Yo iba bastante nervioso por si no íbamos a tener sitio para aparcar (el tema este siempre me agobia muchísimo) ya que apenas hay un parking junto a la ruta de unos 8 coches y que encima no se puede entrar en el sentido en el que íbamos, pero habíamos visto que había junto a la carretera poco antes de llegar algunas plazas. En la primera que vimos aparcamos, uff! lo habíamos conseguido. Así que un consejo, si queréis hacer la ruta, no llegar más tarde de las 9 de la mañana.
La ruta que íbamos a hacer es la llamada Canyon Overlook Trail, y para hacerla hay que llegar en coche hasta la Zion_Mount Carmel Highway (zona Este). Si vienes desde el Oeste, por ejemplo desde Las Vegas nada más cruzar el túnel sí que podéis entrar en el pequeño aparcamiento, pero recordar, hay muy pocas plazas ahí, y algunas pocas más adelante, que es donde dejamos el coche nosotros. Este es el mapa de la ruta.
La ruta es muy sencilla y corta, y fue la alternativa a Angel’s Landing por el tema de mi rodilla, y fue un gran acierto. Apenas hay desnivel y el camino es interesante, pero la «traca» está al final.
Pasamos por una zona escarpada entre rocas, que me recordó por un momento a la ruta del Cares asturiana.
Y después de apenas 25 minutos, nos encontramos un mirador que nos dejó sin aliento, una preciosa vista de un «brazo» del cañón principal del Parque, el Zion Canyon, IMPRESIONANTE, otra de las imágenes del viaje para mí, ya iban 3.
Estuvimos unos cuantos minutos disfrutando de las vistas y la tranquilidad que se respiraba, era pronto y había poca gente, un momento sublime de contemplación y relajación.
Hicimos el camino de vuelta caminando y en coche deshicimos la ruta que habíamos hecho esa mañana desde Kanab para continuar hacia nuestro siguiente destino en el que dormiríamos ese día, Page, en el estado de Arizona. Desde Kanab hay dos caminos para ir a Page a una distancia parecida, una por el norte y otra por el sur, escogimos esta última. Esta es la ruta que íbamos a hacer.
Cruzamos de nuevo Kanab donde pudimos ver la cantidad de iglesias que tiene, bautista, católica, vimos al menos 7!!. Nada más salir de Kanab entrábamos en Arizona así que a atrasar los relojes una hora… El comienzo de la ruta no era muy interesante, bastante desértico el paisaje pero no de los que me gustan, mucho matorral bajo para luego entrar en un bosque de pinos. Pero de pronto llegamos a una bajada donde vemos al fondo una llanura impresionante, con el Marble Canyon como punto de destino, este paisaje sí que nos gustó tanto que hicimos una parada y todo.
Continuamos recorriendo la llanura hasta que llegamos al Marble Canyon y a su fantástico Navajo Bridge. Un puente de un sólo arco hecho de acero y que tiene una longitud de 254 metros y que fue inaugurado en 1929, sin duda interesante.
El Marble Canyon fue formado por el cauce del río Colorado, que más adelante ha creado otro algo más conocido, ¿imagináis cuál?
En el puente había unos puestos de artesanía de los indios navajos. Seguimos el camino y teníamos a 60 kms nuestro próximo y esperado destino, la famosa Curva de la Herradura.
Ya era casi la hora de comer y como no veíamos ningún restaurante, decidimos buscar un sitio para comer algo de nuestras provisiones junto a la carretera. Finalmente tuvimos suerte porque aprovechamos un puesto vacío de artesanía ambulante india y allí montamos el chiringuito para comer, una buena sombra porque por ahí el calor apretaba, estábamos a unos 30 grados.
Y ya sobre las 15h y a una hora que no es la mejor desde luego (menos mal que estábamos en mayo) llegamos al abarrotado parking del Horseshoe Bend, sin duda otro de los sitios más esperados del viaje. No esperaba tanta gente, había hasta un policía organizando el aparcamiento, autobuses de chinos, tremendo, como está el turismo. Desde el parking se inicia una pequeña subida desde la que se ve a lo lejos la esperada herradura.
El camino no es largo pero hay un enemigo claro, el calor, pero bueno, llevando agua y poco a poco tampoco le veo muchos problemas, eso sí, llevaría calzado cerrado porque hay tramos bastante arenosos.
Bajamos y al asomarnos nos dimos cuenta de las dimensiones del lugar, mucho más de lo que esperaba, vaya altura!!!
El sitio ni que decir tiene que es espectacular, estábamos a más de 1,300 metros de altura sobre el nivel del mar y el río Colorado se encuentra ahí a casi 400 metros por debajo de nuestros pies, la altura desde luego que impresiona.
El borde al que se asoma el precipicio no tiene ningún tipo de seguridad por lo que hay que tener cuidado porque hay mucha gente. A la izquierda vemos que están construyendo unas barandillas, no en vano luego leímos que unos días antes de nuestra visita, un norteamericano había perdido la vida al caer desde lo alto. Eso sí, con precaución, no se puede evitar hacer unas fotos espectaculares, pero mucha precaución, sobre todo huir de los sitios donde más gente hay.
Estuvimos un par de horas en total ahí para luego ya seguir en dirección a Page, todavía en Arizona, una localidad que gracias al hecho de estar tan cerca de Horseshoe Bend y Antelope Canyon vive prácticamente del turismo (unos 3 millones al año pasan por aquí), y lo aprovechan.
A la entrada de la localidad y para reponer provisiones, vimos un supermercado que por cierto, tenía ganas de visitar por las veces que había oído hablar de él, Walmart, la cadena de supermercados que más factura en el mundo, nada menos que casi 500.000 millones de dólares en 2017, cifras impresionantes. Yo que soy tan curioso con este tipo de cosas la verdad es que lo disfruté en este supermercado, que vende casi de todo, desde alimentación a relojes de pulsera e incluso ataúdes, increíble. Sobre todo alucinamos con el tamaño de los productos, los americanos, siempre todo a lo grande.
Llenamos la nevera de nuevo, compramos hielo y fuimos en busca de nuestro hotel. Este quizás fue el hotel que más me decepcionó del viaje y el que no repetiría. Es verdad que todos los hoteles en Page son muy caros, la mayoría con buenas críticas siempre por encima de los 130$ la noche. Había hecho la reserva desde España en el Lake Powell Motel, que también tenía buenas críticas y era de los menos caros. Pagamos finalmente 113$ y elegimos la opción de habitación sin cocina.
La habitación quedaba justo debajo de la recepción y aunque estaba muy limpia, no nos acabó de convencer, además la nevera hacía demasiado ruido, eso sí, la atención del propietario fue exquisita.
Llegamos sobre las 5 de la tarde a la habitación, y otra cosa que no tenía el hotel y que os sugiero que cojáis es un alojamiento con piscina, y lo habríamos disfrutado porque hacía mucho calor, sobre los 32 grados, lástima, por no quedar mal no nos fuimos a otro hotel aunque con ganas me quedé. Increíble que en Page nos dijo el propietario que sólo llueve de media ¡¡8 días al año!!
Teníamos tantas ganas de bañarnos que preguntamos al dueño al hacer el checkin si era posible bañarse en el Lago Powell y nos dijo que sí, aunque el agua estaría fría, así que nos indicó como llegar.
Nos acercamos primero a la impresionante Glen Canyon Dam, la presa que ha formado el Lago Powell. Esta mole de cemento mide 220 metros de altura y casi 100 en su punto más ancho, la base. La planta genera más de 1,3 millones de kilovatios de electricidad y con los ocho generadores funcionando a pleno rendimiento, más de 15 millones de galones (3.78 litros equivalen a un galón) de agua por minuto pasan a través de la central eléctrica, cifras astronómicas.
Es posible visitar la presa pero los zamoranos ya sabemos mucho de presas así que decidimos buscar el sitio que nos había dicho el del hotel para bañarnos. Es un pequeño camino de tierra que sale a la derecha antes de cruzar la presa, y que llega concretamente aquí.
Encontramos un aparcamiento y dejamos el coche, no teníamos muy claro por donde bajar pero finalmente vimos una familia de indios y los seguimos, y ahí encontramos una pequeña playa.
Efectivamente pudimos certificar que el agua estaba fría pero somos del norte, claro que nos bañamos. Pasamos una horita la mar de tranquilos y disfrutando del sol y la playa.
Es impresionante la historia de este embalse, que tardó nada menos que 11 años!!! en llenarse, anegando casi 5,000 kms cuadrados, sepultando para siempre desfiladeros, cañones y formando finalmente, el segundo lago artificial más grande de los EE.UU., el Powell Lake, con más de 3,000 kms de costa navegables.
Sobre las 8 ya volvimos al hotel y llegó el momento histórico del acontecimiento de lavar ropa por primera vez en un viaje, jeje.
Entramos una cerca del hotel, era de lo más humilde y estaba lleno de familias de indios haciendo la colada, preguntamos cómo hacerlo y la propietaria muy amablemente nos fue dando las instrucciones. Pagamos 1$ por el jabón y como no llevábamos mucha ropa ni muy sucia nos sugirió un ciclo corto de 25 minutos. Metimos 2.25$ en una máquina y fuimos a tomar algo. Volvimos y el siguiente paso era la secadora que sólo valía 0.25$ en sólo 10 minutos, vimos que no salió del todo seca así que le dimos un segundo ciclo. La ropa salió estupenda, un pelín húmeda todavía pero prácticamente planchada. Prueba superada 🙂
Tras dejar la ropa lavada en el hotel y ducharnos y acicalarnos fuimos a la calle principal, ubicada justo al lado del hotel, la N. Lake Powell Blvd, para cenar en alguno de sus numerosos restaurantes. Entramos a echar un vistazo en uno llamado Fiesta Mexicana pero no nos convenció la carta, y por darle una oportunidad a la comida típicamente americana y también por la mucha gente que tenía, incluso con música en directo elegimos el Big John’s Texas BBQ.
Impresionante las barbacoas donde hacían las costillas, tamaño industrial, parecían camiones más que parrillas.
Nos sentamos enseguida y yo finalmente me dejé llevar por lo autóctono (cosa que no hago muy habitualmente, experimentar con la comida) y me pedí unas costillas al estilo local. Pues bien, las costillas llegaron, 14$ costaban las 5 amigas, yo muerto de hambre, pero… las probé y buff, no me gustaron nada, pero nada, así que medio las mordisqueé por no quedar mal y mi gozo en un pozo… Pagamos en total 42$ y he de decir que el sitio tenía ambiente y estaba bien, eso sí, salimos con un olor a humo que echaba para atrás. Si buscáis un sitio 100% americano, seguramente este es el sitio y espero os guste la comida más que a mí.
Ya de ahí nos fuimos al hotel porque poco más se podía hacer.
Día 6. Antelope Canyon & Monument Valley
Dado que no teníamos el desayuno incluído y a nosotros que nos encanta desayunar bien cuando viajamos, le preguntamos al dueño del motel dónde podíamos hacerlo y nos dió una estupenda recomendación. Se llamaba Ranch House Grille y debía tener fama porque estaba a tope.
Había muchas opciones pero por no arriesgar con salsas y sabores sorpresa le pedimos lo que nos apetecía, tostadas y bacon y buff, como nos pusimos. Pagamos 20 dólares en total y nos fuimos más que satisfechos, así que el sitio tanto por el ambiente como por la comida, es MUY RECOMENDABLE.
Desde España y con una antelación de varios meses, ojo con esto porque os podéis quedar sin plazas, habíamos reservado la visita a otro de los platos fuertes del viaje, a Antelope Canyon. Pagamos en su día con la reserva 62$ cada uno con la compañía Antelope Canyon Tours. La visita a las 11:30 que es la que reservamos es la más cara porque es la mejor hora, cuando el sol está perpendicular al suelo y los rayos de sol se meten por el estrecho cañón. Sin duda recomiendo esa hora, porque las otras con sombra parece que es muy diferente.
Antelope Canyon está formado por dos cañones: el Upper Antelope Canyon, el más popular entre los turistas y al que fuimos nosotros, y el Lower Antelope Canyon, menos masificado y más barato pero que no tiene los típicos halos de luz que han hecho tan famoso este lugar. Ambos cañones se encuentran en tierras de la Nación Navajo, y son estos indios quienes se encargan de gestionar las visitas turísticas, y vaya si lo aprovechan, para mí demasiado como más tarde comentaré.
Debíamos estar a las 11h en la oficina, que está en la calle principal de Page, así que tras ir al supermercado de nuevo y comprar más provisiones dejamos el coche lo más a la sombra que pudimos en el parking de un Pizza Hut que hay cerca y nos acercamos a la oficina.
Tenían todo muy bien organizado, demasiado diría yo… nos separaron por grupos con un guía cada uno y nos subieron en una especie de camiones pequeños y descubiertos por los laterales y comenzó el trayecto. Por el camino vimos el Lower que tenía bastante gente y como a 15 minutos dejamos el asfalto y nos metimos en un camino de arena por lo que recomiendo que os llevéis un pañuelo de tela o algo así para el polvo, que también puede que necesitéis una vez dentro del cañón. Llegamos a las 11:30 al comienzo de la visita. Nos hicieron algunas recomendaciones como que no podíamos llevar palo selfie y que en todo momento siguiéramos las indicaciones del guía.
El sitio es absolutamente impresionante, y si no sólo hay que ver las fotos…
Pero aquí voy a decir una cosa, me voy a «mojar», y es que la visita no me gustó nada como la tienen planteada, fue un puro estrés, todo dedicado a hacer fotos y más fotos, todo lleno de gente en un espacio por el que apenas caben dos personas. Nada de tiempo a disfrutar del lugar, poneros aquí, seguirme, ahora parar, haz la foto rápido que viene el otro grupo, empujones, buff. El guía os dirá recomendaciones para los filtros de los móviles para hacer las mejores fotos, eso viene bien, pero mira, yo que soy de hacer muchas fotos, hubiera preferido que no las permitieran, así de claro, que sólo se dedicara uno a disfrutar de lo que se está viendo, que es absolutamente mágico, increíble pero que repito queda deslucido por cómo plantean las visitas y sobre todo la cantidad que gente que meten en un sitio tan estrecho, sin duda para hacer caja. Son los efectos perniciosos del «business» del turismo masivo.
Se cruza el cañón que no es muy largo y se llega al otro lado donde te dan una charla de cómo se formó el cañón que estuvo interesante. También nos dijeron que hace años era de entrada libre pero una riada inesperada acabó con la vida de 11 turistas, así que desde ese momento se regularon y limitaron las entradas. Volvimos sobre nuestros pasos para llegar al comienzo y en ese trayecto de vuelta como hice yo es cuando podéis aprovechar a admirar mejor todo, porque la ida son todo fotos y más fotos. La visita duró como unos 40 min calculo en total y yo ni saqué la cámara reflex, con el móvil quedaban mucho mejor, al menos con el mío, sobre todo esos tonos anaranjados que son únicos.
Cogimos el camión de vuelta que nos llevó a la oficina desde la que partimos. De nuevo expreso mis quejas sobre cómo plantean la visita y así lo he escrito en Tripadvisor y en la encuesta que me han enviado, pero no dejo de reconocer que el sitio es increíble y que os dejéis llevar por la maravilla que tenéis a vuestro alrededor, el lugar sin duda es un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas. La belleza de este espectáculo de la naturaleza es algo que vale la pena admirar y, sobretodo, respetar.
La visita en total nos había llevado una hora y media más o menos con lo que como ya eran las 13:30h y casi la hora de comer decidimos hacerlo en el Pizza Hut que había justo al lado. Esta vez nos salieron más baratas las pizzas que en Kanab, debía haber un 2×1 o algo así porque pagamos sólo 20$ por dos medianas y dos bebidas. Fuimos a por el coche y nos despedimos de Page para dirigirnos hacia Monument Valley, el lugar que me hizo a priori coger esta ruta al este de Las Vegas y no decantarme por Yosemite.
Después de dos horas por un carretera bastante aburrida y sin nada muy interesante nos fuimos aproximando a Monument Valley. Cuando comenzamos a ver sus características formaciones rocosas, yo ya me iba poniendo nervioso por las ganas que tenía de ver este lugar.
Aquí teníamos pensado visitar dos cosas, ir esa tarde hasta el llamado Forrest Gump Point para el día siguiente hacer una ruta en el coche por lo más representativo del lugar. Así que nos dirigimos al primer punto, que Google Maps te guiará sin problemas. Pensaba que iba a haber más gente pero la verdad es que apenas había 3 ó 4 coches.
El lugar es una pasada para amantes de las carreteras infinitas como a mí, no pude evitar hacernos las fotos de rigor. Aparte de que sea el lugar donde se grabó la famosa escena del film Forrest Gump donde éste decide dejar de correr (yo nunca he sido muy amigo de recorrer las escenas donde se grabaron películas) el sitio merece la pena, hasta tuvimos la suerte de coincidir con un autobús escolar, más americana la foto imposible.
Si tenéis más tiempo esta carretera pasa también por otros puntos interesantes como Mexican Hat o el Valley of the Goods. También hay un meandro por lo visto que está muy bien en Goosenecks State Park.
Después de esa parada ya nos dirigimos hacia el famoso hotel The View donde pasaríamos la noche. Justo antes de llegar a él y dado que Monument Valley no está dentro de la red de parques nacionales de Estados Unidos (y no vale el Annual Pass) tuvimos que pagar 20$ por vehículo. Como véis Monument Valley se encuentra entre el límite de Utah y Arizona así que cuidado con el dichoso cambio horario, para ello fiaros siempre del móvil, cuando tengáis wifi. En el hotel la hora «oficial» es la del estado de Utah.
Ahora un inciso para hablar del Hotel The View. Había leído que mucha gente no se alojaba allí porque lo consideraba muy caro y no estoy para nada de acuerdo, es verdad que la cabaña que cogimos nosotros nos costó la noche 236$ (207€ al cambio de entonces) pero hay que tener en cuenta, primero el lugar en el que están, justo delante de la foto más representativa del Parque Nacional, espectacular.
Luego la calidad de las cabañas, que nos sorprendieron para bien. Todo hasta el último detalle, con su microondas, cafetera con café gratis, nevera, aire acondicionado y todo lo necesario para pasar una noche estupenda. El wifi además iba perfecto.
Y por último decir que la cabaña disponía de una cama de matrimonio pero además de una litera con otras dos camas por lo que podríais ir incluso dos parejas compartiendo gastos o una familia con 4 miembros. Sinceramente con lo que pagamos más adelante en hoteles acercándose a este precio, no hay punto de comparación.
Llegamos sobre las 18h para hacer el checkin y para disfrutar del atardecer cenando y viendo el paisaje que teníamos ante nosotros. Decir que las cabañas son una parte del hotel donde os podréis alojar, también hay un camping con una situación privilegiada que obviamente es mucho más barato, zona para caravanas y luego el hotel en sí que tiene varias plantas con habitaciones con igualmente unas preciosas vistas. Esta es la info de internet de las cabañas.
Antes de cenar nos acercamos al hotel a verlo y justo delante del aparcamiento, tendréis este punto que para mí tiene la mejor vista de las más famosas formaciones rocosas del Parque. Otra sin duda de las imágenes del viaje, con la que había soñado muchas veces antes de ir.
Compramos algún souvenir y corrimos de vuelta a la cabaña para cenar tranquilamente contemplando el espectáculo, ¿o no es impresionante cenar con estas vistas?.
Decir que si optáis por las cabañas hay dos filas, intentar coger la que está delante del todo, nosotros así lo hicimos con lo que no teníamos nada que obstaculizara nuestra vista. Además nos dieron la que está a la derecha del todo, la mejor de todas creo yo.
En este vídeo os haréis una idea de todo el área en el momento de ponerse el sol, increíble los colores anaranjados de la tierra. La que está delante de los coches azul y gris era nuestra cabaña.
Cenamos de maravilla tipo picnic contemplando el paisaje y nos quedamos hasta que se hizo totalmente de noche. Dado que el sol se escondía por el lado opuesto las mejores vistas serían al amanecer, eso sí el espectáculo del cielo estrellado fue increíble, incluso mejor que en el desierto de Marruecos.
Día 7. Monument Valley & Gran Cañón
A las 6 de la mañana que es cuando saldría el sol puse el despertador, por nada del mundo me quería perder ese amanecer. Fue increíble, ahí estuve en la pequeña terraza con manta en mano y un café contemplando el espectáculo…
Es de esas EXPERIENCIAS que yo creo que hay vivir alguna vez, y que siempre se recuerdan.
Aguanté hasta que el sol ya empezó a calentar demasiado y desayunamos dentro. Sólo los colores de la tierra alumbrados por el sol, me pareció un escenario grandioso.
Si finalmente os decidís por alojaros en este hotel deberéis reservar con muuuuchas semanas de antelación, yo lo hice con varios meses. Nos contaron que Johnny Deep cuando vino a rodar el Llanero Solitario quiso alojarse en el hotel pero estaba completo y no pudo, a veces el dinero no lo puede todo…
Tras desayunar, nos duchamos, recogimos todo e hicimos el checkout. Esta mañana la íbamos a dedicar a hacer una ruta circular muy popular de unos 22 kms y que va recorriendo las formaciones rocosas de esa zona y que para mí es muy recomendable. Aquí os dejo el mapa del circuito que se suele hacer.
Hay una opción de hacer la ruta con los Navajos, según informan en Internet te llevan a sitios que no puedes ir particularmente pero cuando ví que cobraban 75$ por persona como que no, así que lo hicimos con nuestro propio coche. Hay debate sobre si la ruta al ser de tierra y tener bastantes zonas de baches y sobre todo arena se puede hacer con un turismo normal, esta fue una de las razones por las que cogimos un vehículo tipo SUV para hacer esta ruta sin problemas. Una vez hecha, yo diría que también se podría hacer con un turismo, es verdad que hay zonas de muchos baches pero yo no quise arriesgar sobre todo a quedarme atascado en algún banco de arena, Islandia me viene enseguida a la memoria.
Iniciamos la ruta y podéis parando en los puntos del mapa, este es Three Sisters, parada rápida.
Después de este hay uno de los más interesantes e imprescindible, el conocido como John Ford’s Point, en honor al director que grabó tantas películas aquí, del famoso género del western. Hasta un indio con un caballo se coloca estratégicamente para cobrar unas propinillas, y la verdad es que la foto queda espectacular (hice la foto «robada» ;).
Esta desde otra perspectiva. Este es el lugar también del icónico anuncio de los cigarrillos Marlboro, me faltó el caballo.
El sitio está bien y como es de los más concurridos había varios puestos de artesanía de los indios. La verdad que había cosas chulas y a precios que nunca considero caros cuando se trata de cosas hechas a mano, pero ya habíamos comprado algo en los puestos junto al Navajo Bridge.
Continuamos recorriendo los lugares escenario de otras películas como Thelma y Louise y Regreso al Futuro. La verdad es que el paseo se hace bien, era pronto y por tanto había pocos coches. Seguimos el circuito parando en algunos de los puntos hasta que llegamos al nº 9, Artist’s Point, este nos gustó mucho, tenía unas buenas vistas aunque muy bacheado el camino para llegar.
Luego otro que recomiendo parar es el 10, North Window Overlook, os aconsejo que caminéis de frente por un camino unos 50 metros y detrás de una de las formaciones rocosas hay otras vistas que a mí personalmente me gustaron mucho.
De aquí y después de una hora más o menos ya fuimos hacia la salida del circuito que tiene una subida final con la que hay que tener cuidado con el coche.
Cogimos la carretera y nos dirigimos hacia el último parque nacional que visitaríamos, y qué parque, nada menos que el Gran Cañón. Creo que fue buena idea dejar este para el final y no al revés, seguramente los que habíamos visto antes no nos habrían impresionado tanto. Volvíamos a Arizona, así que ganábamos una hora de viaje con respecto a Utah.
La carretera hasta allí es de nuevo bastante aburrida, no muy interesante y con bastante tráfico, ah, y recuperamos la cobertura en el móvil.
La única parada que hicimos fue a echar gasolina, de los moteles típicos de las pelis, ni rastro. En el pueblo de Cameron decidimos parar sobre las 13h para comer ya que vimos un Burger King y no quisimos arriesgar, ¡¡¡era la primera hamburguesa del viaje!!!. Ahí vimos a los primeros españoles desde que llegamos, y habían pasado ya 7 días, unos madrileños muy majos que estaban haciendo la ruta 66 completa desde Chicago en unas Harley-Davidson. Cuando le preguntamos que qué tal, su respuesta fue que había sido bastante aburrida pero que tenía el aliciente de hacerlo en Harley. Pagamos 25$ por los dos menús y nos dirigimos ya al Gran Cañón. Cruzamos la entrada enseñando nuestro Annual Pass y paramos en el primer punto interesante que está más al este, Desert View.
Este mirador tiene la particularidad de la torre de 21 metros de altura (Watch Tower) que hay junto al mirador. La estructura tiene cuatro pisos y fue terminada en 1932. Os recomiendo que subáis a lo alto y veáis su interior lleno de pinturas indias.
Esta fue nuestra primera toma de contacto con el Gran Cañón y lógicamente nos quedamos embobados, aunque en otros miradores más adelante nos impresionó más la altura.
El Gran Cañón fue creado por el río Colorado, cuyo cauce socavó el terreno durante millones de años. Fue «descubierto» por un español, García López de Cárdenas en 1540.
El Gran Cañón tiene dos partes, la menos visitada y aislada que es el llamado North Rim, y que tiene puntos con altura superior a los 2,700m sobre el nivel del mar, y el South Rim, la más popular sobre todo porque está más cerca de las grandes ciudades, como Las Vegas y Los Angeles y con una altura promedio de 2,300m. Ambas áreas se encuentran a una distancia por carretera de 350 km ( unas 5 horas).
El Gran Cañón por supuesto es uno de los más visitados de Norteamérica, nada menos que 6,2 millones lo visitaron en 2017.
Desde Desert View continuamos hacia el oeste y por no parar en todos los miradores, decidimos hacerlo en el Moran Point, otro con muy bonitas vistas.
Aquí vimos un vehículo de estos que no pasan desaparcibidos, un deportivo biplaza Polaris de 3 ruedas que a mí me encantó, me lo pido para cuando me jubile como estos…
Desde aquí ya fuimos directamente a la recepción de nuestro hotel, el Yavapai Lodge y que habíamos contratado también con mucha antelación para evitar problemas. Habíamos hecho casi 300 kms desde nuestro punto de partida.
Aquí dudé de nuevo entre contratar un hotel dentro del parque o en una de las localidades cercanas, siempre más económicas. Me decanté por uno dentro sobre todo por un tema de comodidad, pero el elegido no fue la mejor opción, nada que ver con el de la noche anterior. Muy sencillo, mobiliario muy antiguo y la limpieza el peor de todo el viaje, eso sí, dos camas para dormir 4 personas y una televisión enorme. Las habitaciones están en cabañas repartidas alrededor del lobby, algunas incluso algo lejos. No había wifi en las cabañas, en teoría sólo en el lobby, pero ahí iba fatal. Pagamos nada menos que 175$ (al cambio 148€) y sin desayuno, este sí que nos hizo «pupa» pagarlo, pero bueno, es verdad que es muy cómodo alojarse dentro del parque y desde luego que es lo que incrementa el precio.
La zona donde está el famoso Skywalk, que es un mirador con suelo de cristal situado sobre un acantilado a 1,300 metros de altura sobre el Cañón, está muy al oeste de toda esta zona (West Rim), como a unas 3 – 4 horas y recomendable para mí solamente si vas o vienes desde Las Vegas.
Por supuesto son populares los vuelos en helicóptero sobre el cañón y suelen estar a partir de los 200$, cantidad importante y que nos hizo desistir, ya íbamos a gastar bastante en este viaje, a pesar de los recuerdos tan buenos que tenía del que hice sobre las Cataratas de Iguazú.
Al igual que en otros parques, aquí también hay líneas de autobuses para moverse por él, y que al ser mucho más grande tiene hasta 3 líneas nada menos.
Habíamos pensado dejar el coche estratégicamente en la intersección de las líneas rojas y azul, en la zona de Village Route Transfer y así lo hicimos. Había mucha gente pero tuvimos suerte al encontrar un sitio. Tener en cuenta que en la parte roja no es posible entrar con el coche particular. Toda esa zona tiene la mayor concentración de hoteles, tiendas y restaurantes del parque y por tanto está muy concurrida. Por supuesto y como en todos los miradores, había también unas muy buenas vistas, éstas desde un lateral del río Colorado.
Desde aquí cogimos el bus de la línea roja y decidimos bajarnos en Hopi Point.
La zona es mucho más tranquila, me gustó mucho, y se veía claramente el río Colorado, más de 1,500 m allí abajo, impresionante. Decir que hay rutas que bajan hasta él pero lleva más de 5 horas el bajar y más el subir (en total podrían superar las 12) así que desaconsejan totalmente hacerlo en una jornada a no ser que seas lo más parecido a un sherpa tibetano.
Cogimos otro bus (la frecuencia es bastante alta, como cada unos 15 minutos) y nos acercamos al próximo punto, Mohave Point. El Gran Cañón tiene nada menos que 446 km de longitud, una anchura que llega a ser hasta de 29 km y que alcanza profundidades de más de 1,600m!!! no es el más largo, ni el más profundo del mundo pero son cifras impresionantes.
Y desde allí decidimos ir caminando tranquilamente hacia el siguiente punto The Abyss. Os recomiendo hacer un paseo como este porque es de lo más placentero y tranquilo, sin agobios, sin aglomeraciones y siempre con unas vistas impresionantes de la parte más al norte de esta zona del parque.
Este es un buen punto para ver el atardecer por lo que había leído antes de ir, pero eran todavía las 6 de la tarde así que decidimos coger un bus y volver.
En la zona otra vez de intersección de las líneas roja y azul decidimos tomar algo y entramos en un hotel clásico, El Tovar Hotel, construido nada menos que en 1905.
Teníamos algo de hambre por lo que decidimos picar algo y decidimos probar lo que venía en la carta como «Nachos Navajos», y la verdad que estos nos gustaron mucho. Pagamos por este plato y las dos bebidas 21$ (propinas incluídas).
Luego compramos algunos souvenirs en las tiendas de por ahí y en nuestro coche volvimos al hotel. En la habitación al menos había dos canales mexicanos así que pudimos entender algo al 100%. Nos acostamos pronto, por un momento me planteé levantarme para ver el amanecer pero las 5 de la mañana se me hacía duro así que decidí quedarme zzzzzzz.
Día 8. Gran Cañón & Ruta 66
Nos levantamos sobre las 7 de la mañana, desayunamos en la habitación y salimos a las 8:20 de la habitación, era impresionante ver lo que madruga la gente. Esta mañana teníamos pensado visitar los miradores de la zona que nos faltaba, a la que llega la línea naranja de autobuses (Kaibab Trail Route). Dejamos el coche frente a la recepción del hotel (en la zona de Market Plaza), compramos algo de comida y hielo y cogimos el bus para ir a conocer esos miradores. Aquí he de reconocer que cometí un error, y fue no ir en nuestro coche y dejarlo en uno de los miradores para luego ya desde allí salir del parque y continuar nuestra ruta, vosotros no lo cometáis si pensáis hacer lo mismo.
Nos bajamos primero en el Centro de Visitantes y luego fuimos hasta el Yavapai Point donde además de las maravillosas vistas hay un museo Geológico donde aprenderéis algo más de cómo se formó esta maravilla de la naturaleza.
Dimos una vuelta alrededor de este mirador que tiene unas vistas fantásticas, quizás de las mejores. Es impresionante como está literalmente resquebrajada la tierra y los millones de años que ha costado formar este espectáculo.
Seguimos disfrutando de esta parte y si tenéis tiempo podéis ir caminando hasta por ejemplo Mather Point siguiendo el llamado Rim Trail.
Aquí llegó el momento en el que me plantée una de las discusiones de en cuánto tiempo visitar el Gran Cañón. Mi opinión es que si realmente no váis a bajar al cañón o hacer algo diferente que visitar los miradores, para mí no necesitáis mucho tiempo, porque aunque TODOS los miradores son maravillosos, es verdad que a medida que vas viendo más, las vistas son cada vez más similares así que os diría que si tenéis que pasar sólo un día o sólo un medio día puede ser suficiente y no debéis frustraros ;), eso nunca.
A pesar de que teníamos pensado pasar toda la mañana visitando esta parte y partir después de comer hacia Kingman, decidimos coger el bus e ir hacia el coche para irnos ya y tener más tiempo para ir haciendo paradas, la RUTA 66 nos esperaba!!!
Tomamos la carretera hacia el sur y sobre las 12 ya estábamos en Williams, primer punto donde haríamos los primeros kilómetros por la famosa ruta 66.
Williams es una pequeña población de algo más de 3,000 habitantes con típicas casas de madera del oeste y cierto aire cowboy, y he de decir que me emocioné cuando ví la primera señal con el logo de la ruta 66 en un poste en la entrada. La verdad es que tenía ganas de conocerla y recorrer sus lugares emblemáticos esperando que no fueran demasiado turísticos.
Ciertamente esta localidad aún siendo siendo turística tiene algo que nos gustó mucho. Aparcamos y dimos una vuelta por el pueblo viendo los negocios y restaurantes que sobreviven gracias al turismo. También como no empezamos a ver vehículos de todo tipo a cada cual más original y otros 100% americanos.
Tomamos la calle más concurrida, justo por donde discurre la ruta que atraviesa el pueblo y vimos una tienda de souvenirs enorme que hacía esquina, si queréis comprar recuerdos, sin duda esta es vuestra tienda.
Su interior albergaba una espectacular tienda con todo lo inimaginable relacionado con la ruta y con EEUU. La verdad es que el merchandaising y la estética de esta ruta me gusta mucho y no pude resistirme a comprar unas cuantas cosas. Fue el lugar donde compramos más cosas de todo el viaje, y estaba lleno de chinos haciendo lo mismo, el de delante de nosotros, se dejó 300$ nada menos.
Era ya casi la hora de comer así que decidimos parar en el restaurante que vimos más animado y ese fue el Cruiser’s Cafe 66. Dispone de una gran terraza, tiene una decoración muy americana y tenía hasta música en vivo en ese momento. Aunque sirven toda clase de comida, su especialidad son los ahumados y barbacoas. Pedimos unas salchichas y cuando le preguntamos si venían con pan, resultó ser un bizcocho dulce… cosas de la gastronomía de este país.
Por dentro, aunque vacío porque todo el mundo estaba en la terraza mostraba una decoración 100% americana, quizás un poco demasiado recargada para mi gusto. Me hizo gracia el baño y su puerta, aquí todo huele a motor.
El plato no nos entusiasmó pero se dejó comer como se suele decir. Pagamos la cuenta de 36$ más la propina aparte y esperando que el resto de pueblos tuvieran el ambiente y la atmósfera de Williams decidimos ponernos en ruta para proseguir nuestro camino, más adelante veríamos que no iba a ser así.
Un poco de historia para empezar de «The Mother Road». Decir que tiene su origen en los años 20 y comenzaba en la ciudad de Chicago (Illinois), para transcurrir después por Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, y finalizar en Los Ángeles con un recorrido total 3.939 km. Creció enormemente en popularidadgracias sobre todo a los emigrantes que viajaban hacia el Oeste (durante la época de las tormentas de polvo y arena de los años 30), y numerosos negocios y particulares comenzaron a prosperar económicamentegracias a ella. Con el fin de la Gran Depresión, la Ruta 66 pasó a ser una de las carreteras principales para los viajeros con destino a Los Ángeles, que realizaban paradas turísticas en el impresionante Gran Cañón.
Al salir de Williams y según el mapa, iban paralelas la carretera 66 y la interestatal 40, pero decidimos coger esta última para más adelante desviarnos y entrar en otro pueblo con mucha historia y punto clave de la famosa ruta, Seligman. En este punto sí comienza un tramo en el que se separan ambas vías y que es recomendable que sigáis por la histórica ruta.
Este pueblo es mucho más pequeño de lo que yo pensaba, ¡¡tiene apenas 500 habitantes!! pero en él hay sin duda un lugar clave en la supervivencia de la ruta y ese es la barbería Angel & Vilma’s del famoso Angel Delgadillo.
La barbería es de todo ya menos eso, es una recargadísima tienda de souvenirs y recuerdos.
Pero tiene una parte donde estaba la antigua barbería que mantiene hasta el asiento tradicional y me pareció muy interesante por la historia que tiene detrás y que nos explicó muy amablemente una empleada mexicana que había en la tienda. El propietario, Angel Delgadillo, de origen mexicano, tiene ya 91 años y justo el día de antes estuvo en la barbería concediendo una entrevista, una pena no haber coincidido con él, nos tuvimos que conformar con su holograma casero, jeje.
Los alrededores tienen algunos vehículos y piezas antiguas que más allá de estar puestas para el turismo, me parecen al menos curiosas de ver.
Los dueños de esta barbería, Angel y Vilma fueron unos de los impulsores de mantener viva la ruta 66 ya que ésta fue descatalogada en 1985 del circuito oficial de carreteras con el fin del éxodo rural hacia el oeste y se construyeron carreteras interestatales (las autovías de nuestro país) que hicieron que el tráfico se fuera desplazando a las otras vías más rápidas. Angel Delgadillo decidió organizarse con otros negocios de la zona y comenzaron a hacer actividades para promocionarla (fue el fundador de la Historic Route 66 Association of Arizona.) a la que se fueron sumando otros estados por los que pasaba la ruta y finalmente se llegó a la situación de hoy en día, declarada como ruta histórica y con miles de visitantes cada año.
El pueblo tiene apenas unas casas y negocios en los lados de la carretera que lo cruza y bastante artificiales para el turisteo así que no hicimos más paradas, seguimos adelante. Al partir vimos una buena manera de hacer la ruta, en Ferrari y Porsche, no está mal, ¿no?
Tras pasar un tramo de rectas largas sin mucho interés y en el que apenas nos cruzamos con coche alguno llegamos a otra de las paradas obligadas, otro santuario de la ruta, una antigua gasolinera, la llamada ahora Hackberry General Store. Cerrada en 1978, un artista decidió reabrirla en 1992 y convertirla en una tienda de souvenirs y una especie de museo de la ruta. El lugar parece un desguace de coches antiguos pero desde luego que merece una parada.
También está llena de piezas antiguas y dado que está a un lado de la carretera ella sóla sin nada alrededor, le da un aire de «en medio de la nada» que la hace más interesante en mi opinión que la barbería de Seligman, aunque desde luego con menos historia. Me gustó mucho la colección que tenía de dispensadores de gasolina antiguos.
Continuamos siguiendo la ruta acompañados por nuestra derecha por los interminables trenes de mercancías que recorren esta parte del país y que mantienen vivo este corredor entre el centro y la franja del Pacífico. En media hora llegamos por fin a nuestra localidad de destino para ese día, Kingman, que con ya unos 28,000 habitantes se considera a sí mismo como el «corazón de la ruta 66». Este es el trayecto que habíamos recorrido desde el Gran Cañón.
Aquí habíamos reservado en un hotel que sabíamos que iba a estar muy bien de calidad – precio, a la postre el mejor de todo el viaje siguiendo ese criterio, ¡¡gracias por la recomendación Romina!!. Fue el Best Western Plus Wayfarer’s Inn & Suites y pagamos por una noche con desayuno 110$ (unos 93€). Hicimos el checkin y como sabía que tenía piscina y eran las 16h nos pusimos el bañador y allí que nos fuimos, fue una pasada el baño que nos pegamos.
Como había leído que esta era una ciudad importante en la ruta y que tenía sitios interesantes le metí un poco de prisa para ir al centro a verlos y la verdad es que lo que nos encontramos nos dejó atónitos, una ciudad fantasma, ¡¡¡no había nadie por la calle!!!
Vimos el famoso depósito de agua con el símbolo de la ruta y el Museo de la ruta 66 al lado pero ya había cerrado a las 5pm, una pena.
Eran sobre las 19h y como no veíamos mucho más que hacer decidimos meternos en un pub que parecía lo más animado de la zona, House of Hops – Rickety Cricket se llamaba. Era enorme, con buena música y estaba genial, así que bebimos para olvidar, lo recomiendo sin duda. Le preguntamos a una camarera que cómo estaba tan muerto todo siendo además viernes y me dijo que era cierto, que ella también se extrañaba pero que el turismo no había llegado de verdad, este se concentra más en los siguientes 4 meses al mes de mayo.
Al salir no olvidamos visitar la mastodóntica locomotora Santa Fe Locomotive 3759, que fue donada a la ciudad de Kingman en 1953, después de haber hecho un recorrido total de más de 2 millones de millas desde 1928. La ciudad de Kingman fue un nudo ferroviario muy importante en el siglo XX.
Para cenar aquí lo teníamos claro, y es que mucho habíamos oído hablar de Mr. D’z Route 66 Diner, un restaurante ambientado en los años 50 con su suelo a cuadros, sus asientos de colores y sus referencias cinematográficas. Está justo al lado de la locomotora así que fuimos para allí y viendo como estaba la ciudad ya no esperaba las aglomeraciones que esperaba encontrar antes de venir, y así fue.
El interior estaba bastante tranquilo, lo que yo siempre agradezco, detesto las aglomeraciones, pero no sé, «ni tanto ni tan calvo» como se suele decir. Quién diría que este sitio aparecía en todas las recomendaciones de visitar de la ruta 66. Por dentro de nuevo, un santuario viviente, sin un espacio en las paredes para más cuadros y una estética 100% americana, muy de la película Grease.
Nos trajeron la carta y pedimos lo típico, como no, una hamburguesa, pero nos olvidamos de la carta y nos ceñimos a pedir dos hamburguesas cono carne, lechuga, tomate y queso, ok? yes, sure.
He de decir que disfrutamos de ellas y estaban muy buenas. La cuenta fue de 25,80$, un muy buen precio por las dos burgers, dos bebidas y un helado de postre, siendo además el lugar tan turístico como es.
Eran las 9 de la noche cuando terminamos de cenar, y con un ambiente de lo más decadente, con una pinta de querer cerrar el chiringuito que se veía a la legua, decidimos pagar la cuenta y nos fuimos, algo decepcionados por el ambiente pero no por la comida, que estuvo genial, quizás tuvimos mala suerte, de todas maneras lo recomiendo sin duda.
Volvimos al estupendo hotel y disfrutamos pronto de la enoooorme cama. Había que acostarse pronto, al día siguiente tocaba la jornada más maratoniana de kilómetros de todo el viaje, ¡nada menos que unos 530 kms hasta Santa Mónica!
Día 9. Ruta 66 & Santa Mónica
Nos levantamos muy pronto, a las 6.45, disfrutamos del estupendo desayuno del hotel (ya no tendríamos uno tan bueno en el resto del viaje) y a las 8 ya estábamos en carretera.
Un consejo aquí por el tema del precio de la gasolina, si como nosotros váis de Arizona a California, llenar el depósito antes de cruzar de estado, en California es mucho más cara la gasolina, aquí echamos a 2.99$ el galón y en California echaríamos la siguiente vez a 3.59$, una diferencia importante.
Desde Kingman muchos deciden ya abandonar la Ruta 66 e ir hacia Las Vegas, de la que sólo distan unos 170 kms pero nosotros continuamos nuestro camino hacia el Oeste. Saliendo de esta ciudad de nuevo también hay dos opciones, seguir por la ruta 66 o por la interestatal 40, nosotros elegimos la 66 porque había un par de sitios que no nos queríamos perder. Los primeros kilómetros fueron entretenidos, carreteras desérticas (y más a esas horas de la mañana) y en la que no pudimos evitar hacernos fotos que lo corroboraba.
Antes de entrar en terreno montañoso nos encontramos con el primer sitio que teníamos anotado como de interés, Cool Springs, otra gasolinera como Hackberry, que se resiste a cerrar y que está todavía más aislada que la anterior. Por fuera de nuevo alguna pieza antigua y pintoresco el sitio, aunque por dentro me pareció una tienda de souvenirs un poco destartalada, aún así compré una soda de la ruta 66 que por supuesto conservaré como recuerdo. Fuera estaba su propietario, Ned Leuchtner, que en 1996 pasó por aquí y le encantó el lugar y no cejó en su empeño de reconstruirla e intentar reabrirla, lo que consiguió en 2004, más de 40 años después de ser cerrada, sólo por eso tiene mi admiración.
A partir de aquí hay un tramo de curvas ya que se sube un pequeño puerto, territorio de las Black Mountains a lo lejos.
De repente vemos un burro por medio de la carretera, ¿casualidad? noooooo.
Es que estábamos llegando al pueblo de Oatman, otro punto interesante de la ruta, lugar que en el pasado fue un pueblo de buscadores de oro, y que hoy en día se asemeja a un pueblo «fantasma» (135 habitantes).
Y que destaca porque hay un montón de burros paseándose libres por sus calles.
Asnos puede que descendientes de los animales que los buscadores de oro utilizaban para cargar sus herramientas. El pueblo tiene una estética 100% western americano y dispone de unos cuantos comercios para nada cutres y que recomiendo que visitéis, así como algún que otro museo como el de la minería.
Continuamos la ruta para ya conectar con la interestatal 40 a la altura de Topock, con un tramo de nuevo no muy interesante en cuanto a paisaje. Aquí entramos del estado de Arizona a California sin cambio horario. Una vez en la autopista, sobre las 10:30h., pisamos el acelerador para ahora sí, comer kilómetros lo más rápidamente posible para todo lo que teníamos por delante y con el desierto de Mojave acompañándonos un buen rato a nuestra derecha. Si tenéis tiempo y queréis seguir la ruta 66 deciros que al sur de esta autovía podéis seguir un tramo que pasa por pueblos como Bagdad, Siberia, etc.
De repente y unos kilómetros más adelante nos encontramos una retención, pero parecía de las buenas, la gente comienza a salir de sus coches y a preguntarse que qué pasa. Nosotros comenzamos a conversar con un matrimonio de lo más simpático y acabamos hablando de Trump (al que ellos votaron y muy orgullosos) y de todo un poco, para ya después de unos 40 minutos parados reemprender la marcha, el motivo había sido un accidente.
Cuando llegó la hora de comer tenía un par de sitios apuntados. Peggy Sue’s 50’s Diner poco antes de llegar a la localidad de Barstow, o más adelante en Emma Jeans Route 66 diner. Tras el retraso decidimos ir al primero de ellos y menudo acierto!!!! Nos desviamos un poco de la interestatal y junto al pueblo de Yermo nos encontramos con este típico «Diner» de carretera, abierto en los años 50, y que se encuentra en medio de la nada, al lado de unas gasolineras, con una base militar en frente y poco más a su alrededor.
Nada más entrar vemos que a la izquierda hay una tienda de souvenirs y a la derecha el famoso restaurante, y he de decir que es enooooorme, y que estaba a reventar. El local es entre auténtico y extravagante, no sabría como definirlo, eso sí, de nuevo como en Mr. D’z atestado de fotos y signos americanos. Nos sentamos y nos atiende una simpática camarera de avanzada edad.
Nos traen la carta y pedimos un par de sandwiches, uno de atún y otro de jamón y queso. Estaban buenísimos, frescos, jugosos, nos supieron a gloria, acostumbrados en el viaje a comer siempre más de lo mismo, esto fue un soplo de aire fresco y os puedo asegurar que fue lo más rico que comimos en los 15 días que duró nuestro viaje, ¡¡impresionante!!
Pedimos la cuenta y el total fue de tan sólo 28$, guau!!! fue la guinda final a un sitio que recomiendo sí o sí.
Salimos del lugar y nos dirigimos ya hacia Santa Mónica, nos quedaban todavía más de 200 kms. A medida que nos acercábamos a la zona de Los Angeles el tráfico aumentaba y aumentaba, y también el número de carriles, estábamos casi ya a punto de estar atascados y eso que era sábado. Así estuvimos más de 150 kms y es que si el área metropolitana de Los Ángeles fuera un estado, sería el más poblado de USA sólo por detrás de California, Nueva York, Texas y Florida!!.
Paramos a echar gasolina, como ya dije al precio más alto de todos los estados que visitamos, y tuve la sensación de echar de menos la tranquilidad que habíamos tenido días atrás, aquí caos, atención la justa en la gasolineras y gente por todos lados… Después de alguna que otra retención y de pasar muy cerca del downtown de Los Angeles y hasta ver de cerca del Staples Center (sede de los Los Angeles Lakers) llegamos a nuestro hotel a las 17:20h.
Esta es la ruta completa que habíamos hecho desde Kingman.
Al alojamiento en Santa Mónica o alrededores le dí muchas vueltas, y había un denominador común, TODOS SON CARÍSIMOS, cuando intentas coger algún hotel con buenas críticas los precios se te iban por encima de los 170$ por noche, y como pasaríamos dos noches aquí me resigné y cogí uno en Santa Mónica y no muy lejos de su playa para no tener que usar el coche para movernos. Después de mirar y mirar me decanté por el Comfort Inn Santa Mónica, que tenía buenas críticas en general y estaba relativamente cerca de la mítica playa. Pagamos con booking unos 414$ por dos noches, desayuno incluído. Eso sí, tiene la ventaja de que tiene parking gratuito.
Dejamos el coche y subimos a la habitación, estaba bastante bien, de nuevo una buena cama y como no con su nevera, de verdad que que gran idea esta del frigorífico en todas las habitaciones, además había una máquina de hielo en el pasillo.
En Los Angeles hay una ventaja para los españoles con el idioma y es que la colonia hispana es grandísima así que hay muchas posibilidades de no tener que utilizar el inglés en todo el día. Como curiosidad decir que en esta enorme ciudad vive gente de más de 140 países y se hablan más de 200 lenguas, y se calcula que el 60% de sus habitantes hablan otra lengua diferente al inglés.
Bajamos a la calle y tenía apuntado coger el bus 704 pero delante justo del hotel había una parada y paró un autobús, el conductor pinta de hispano, preguntamos en español si iba a la playa y nos dijo que sí, así que nos subimos, era el nº 1. También nos avisó que por la noche en Santa Mónica no, pero que en Venice Beach tuviéramos cuidado con la seguridad. Pagamos 1.25$ cada uno por el trayecto pero ojo que los conductores no dan cambio así que procurar llevarlo justo.
Si me preguntáis por qué no paramos más tiempo para visitar Los Angeles, la respuesta es sencilla, por falta de días y como había que priorizar, preferí dar más días a otros lugares que a L.A. que me gustaría visitar en otra ocasión y con más tiempo por ejemplo combinándolo con algún parque temático con mis hijos. En esta ocasión decidí dedicar la mayoría del tiempo a visitar Santa Mónica y Venice Beach, con la esperanza también (iluso de mí) de haber tenido una jornada de playa.
Bajamos con el autobús urbano todo Santa Mónica Blvd y nos dejó junto a un centro comercial llamado Santa Monica Place, en la calle 4th.
El mall se veía con algunas tiendas de lujo y muy chulo, pero no íbamos hasta Santa Mónica para ver un centro comercial, de esos estamos hartos de visitar en Madrid así que seguimos caminando hacia la costa, y en apenas 10 minutos llegamos a Ocean Avenue, frente a la famosa playa. En el parque de la entrada unos cuantos mendigos y bajamos hacia el famosísimo Santa Monica Pier. Hacía un viento frío que me hacía arrepentirme de ir en pantalón y manga corta, y pensar que nos queríamos bañar…
No podíamos dejar de hacernos la foto en el cartel que marca el final de la ruta 66 que habíamos recorrido, aunque oficialmente, el punto de llegada estaba en el cruce entre Lincoln y Olimpic Boulevard de la ciudad californiana, la famosa ruta nunca llegó al océano.
Por supuesto bajamos hacia la playa para verla de cerca, era la primera vez en nuestra vida que veíamos el Océano Pacífico y qué mejor lugar que este. También por supuesto no podíamos olvidar las famosas casetas de vigilancia que tan famosas se hicieron en la serie Los Vigilantes de la playa de los míticos Pamela Anderson (C.J.) y David Hasselhoff (Mitch Buchannon) entre otros. Esta serie se comenzó a emitir en 1989 en la NBC y curiosamente fue cancelada tras la primera temporada porque el coste de su producción era muy elevado y su índice de audiencia era bastante bajo, para luego ser un boom nacional e internacional y completarse nada menos que 11 temporadas. Recuerdo como si fuera hoy la sintonía que siendo chavales nos dejaba con la boca abierta. Sin duda fue un momento especial tocar esta playa.
El sol caía y permitía ver el famoso atardecer en el Pacífico y en el famoso muelle, muy fotogénico para alguien que le encantan las puestas de sol como a mí.
Dimos un paseo por el parque de atracciones viendo “personajes” de lo más variopinto y predominando el ambiente sobre todo mexicano. Sobre las 9 ya teníamos hambre y mucho frío así que nos dirigimos al centro comercial para buscar un lugar para cenar, no sin antes no poder evitar apreciar este increíble Lamborghini, qué pasada.
Era sábado y casi todos los restaurantes del mall estaban a tope, pero recordé uno de mi estancia en Chicago y decidimos hacer la cola para entrar, era The Cheesecake Factory. Nos resultó curioso la manera de avisarnos cuando llegó nuestro turno de sentarnos, con una especie de «busca» que vibraba y se iluminaba y que te podías llevar. La verdad que acertamos con el sitio, muy chulo, quizás algo escaso de iluminación y en el que predominaba el rojo como podéis comprobar.
Comimos pasta y una pizza, que con bebida y un postre pagamos 51$ (propinas aparte), no está mal para ser Santa Monica, así que lo recomiendo.
Esperamos el bus 1 de vuelta al hotel y a la 1 de la madrugada llegamos y a dormir, que estábamos agotados.
Día 10. Los Angeles & Venice Beach & Santa Mónica
Este día nos levantamos sin prisas, no teníamos horarios muy estrictos y queríamos que fuera un día bastante de relax. Como ya vimos que el día de nuevo estaba nublado y viendo las temperaturas del día anterior teníamos claro que lo de tener una mañana de playa no iba a ser posible así que decidimos aplicar un plan B que era visitar dos lugares de los que nos hacía más ilusión, Beverly Hills y Hollywood, por delante de otros en el downtown como el Paseo de la Fama, el Teatro Chino, etc,
Bajamos a desayunar sobre las 8:30, no había mucho espacio y además no era muy completo pero lo disfrutamos tranquilamente.
Bajamos al parking a por el coche y pusimos en el GPS la famosa calle de Rodeo Drive, estaba a unos 8 kilómetros así que llegamos enseguida. Condujimos sin apenas tráfico hasta un parque cercano, el Beverly Gardens Park. Vimos que había mucho sitio para aparcar y preguntamos a uno que estaba en un coche que nos dijo muy amablemente que podíamos aparcar gratis al ser domingo, ¡¡¡bingo!!! qué golpe de suerte habíamos tenido. Dejamos el coche y comenzamos a dar una vuelta, alucinando con las casas y los coches aparecados, ¡estábamos en Beverly Hills! qué tendrá el cine y la televisión americana que a casi todos nos hace ser mitómanos de lugares como estos.
Comenzamos a ver mansiones y más mansiones en un entorno de vegetación bien cuidada y palmeras altas, eso sí, nos chocaba mucho ver que a pesar de los carteles de vigilancia que había en las casas, éstas apenas tenían vallas y muchas estaban abiertas de par en par.
Desde el parque decidimos bajar y recorrer Rodeo Drive, ¿os suena? sí, es una calle de dos millas de longitud que une Sunset Boulevard con Beverwil Drive, y el Triángulo de Oro son tres esquinas que se encuentran entre Wildshire Boulevard y Santa Monica Boulevard. En ese espacio se concentran más de 150 tiendas de super lujo, ¿aunque quizás os suene también por la película Pretty Woman :)?
Decir que sólo la Quinta Avenida de New York es una calle comercial más cara que esta en todo el continente americano. Una lástima que fuera domingo porque todas las tiendas estaban cerradas, de no serlo, quizás habríamos comprado algo… o no.
Sobre todas las tiendas destaca una que por fuera nos pareció preciosa, resultó ser la que habíamos leído que es considerada la tienda de caballero más cara del mundo, House of Bijan, donde por ejemplo una corbata no baja de los 800$. Las visitas son siempre bajo estricta cita previa,y su propietario fue originalmente un iraní que falleció en 2011.
Bajamos toda la calle como si catetos del pueblo se tratase, deteniéndonos en cada tienda y viendo sus precios (los pocos que aparecían). También el desfile de coches era considerable, hasta vimos como le ponían una multa dos policías a un Bentley por acelerar ruidosamente como si de un rally se tratase y una señora aplaudiendo desde la otra acera, qué momentazo.
Un poco más adelante, en el cruce con Dayton Way nace una calle más estrecha y con más y más glamour, Versace, Dolce & Gabbana, y como no Tiffany’s.
En esta calle fue muy surrealista ver un caballero perfectamente vestido de la marca Porsche justo delante de la tienda, un domingo, ¿casualidad o marketing?.
Decidimos volver al parque donde habíamos dejado el coche y vimos una especie de feria de artesanía, seguramente a módicos precios.
Y hasta aquí llegó nuestro periplo por Beverly Hills y sus emblemáticas palmeras gigantes.
Desde aquí y antes de la hora de comer decidimos ir en busca de nuestro siguiente destino, Hollywood. También podríamos haber ido al barrio de Bel-Air, buscar donde se rodó la serie Sensación de Vivir o Melrose Place, pero no había tiempo para tanto, así que estoy seguro que volveremos y visitaremos todos esos lugares.
Suena bastante mitómano o friki pero a los dos nos apetecía ver las letras de Hollywood con nuestros propios ojos después de verlas tantas y tantas veces por la televisión y el cine. Me había informado bien antes del viaje de encontrar un buen sitio para apreciarlas y finalmente me quedé con la de verlas desde un parque llamado Lake Hollywood Park. Junto a él tenéis la sinuosa Lake Canyon Drive para aparcar. Dado que no hay mucho sitio para dejar el coche, tratar de buscar un buen momento, o por la mañana bien pronto o por ejemplo al mediodía, que es cuando fuimos nosotros.
Si os decidís por ir a este lugar debéis poner en el GPS la siguiente dirección:
Lake Hollywood Park, 3160 Canyon Lake Dr, Los Angeles, CA 90068, EE. UU.
Os he hecho este esquema que espero os quede claro. Los dos puntos en rojo son los miradores en los que estuve yo y desde los que se ven muy bien las letras.
Subimos desde Beverly Hills y en unos 15 kms estaríamos allí. Por el camino fuimos recorriendo el barrio de Hollywood y disfrutando de cada rincón que veíamos. Pasamos junto a los estudios de Universal, imponente todo el complejo. Yo la verdad es que estaba nervioso, no me podía creer que iba a ser tan sencillo llegar tan cerca del famoso símbolo. Y después de bastantes subidas, al doblar una curva pudimos ver ya las letras a nuestra izquierda, la verdad es que fue un momento emocionante no lo voy a negar. Encontramos sitio para aparcar sin dificultad (otra cosa que me tenía muy nervioso) y seguimos subiendo a pie un pequeño tramo hasta los dos miradores del mapa y allí pudimos disfrutar muy cerca de las famosas letras, que aunque parecen pequeñas miden 13 metros de alto.
La historia de este cartel es muy curiosa: corona la ladera desde 1923 pero originalmente fue concebido para promocionar un proyecto urbanístico y no ponía Hollywood, sino Hollywoodland. En 1949 perdió sus últimas cuatro letras y poco a poco fue teniendo cada más éxito entre los turistas, que llegaban hasta allí en peregrinación…Finalmente en 1978, y en el 75 aniversario de Hollywood fueron objeto de una gran restauración que las dejó como las conocemos hoy.
Si quieres llegar hasta arriba del todo, justo al lado de las letras, parece que hasta Google ha eliminado las rutas de cómo llegar por las presiones de los adinerados vecinos de la zona que están hartos de los turistas. Según pude leer hay una ruta que lleva por la carretera N Beachwood Drive que hay que seguir hasta el final a pesar de ver carteles que ponga que por ahí no se va. Deberéis pasar el Sunset Ranch Hollywood que ofrece hasta paseos a caballo junto a las letras y luego continuar subiendo la colina. Eso sí, el aparcamiento parece que es muy complicado. Yo esta ruta no la hice con lo que sólo puedo asegurar al 100% la que hicimos nosotros y que se ven las letras y permite hacer fotos perfectamente cerca de ellas.
Era ya casi nuestra hora de comer así que volvimos al hotel a dejar el coche y como tenía que cargar el móvil que había olvidado cargar esa noche decidimos comer de las provisiones que nos quedaban y así hacer tiempo.
Salimos del hotel y tomamos de nuevo el bus nº1 que nos dejaría en nuestro próximo destino, Venice Beach, que pertenece al distrito de Venice, enclavado entre Santa Monica Boulevard y el puerto deportivo de Marina del Rey.
CONSEJO: es una buena opción y que utilicé mucho en San Francisco, poner el GPS de Google Maps en el móvil (con los mapas descargados sin necesidad de datos) mientras váis en el autobús, así sabréis en todo momento por dónde váis y donde os tenéis que bajar.
Nos dejó cerca de la playa así que nos acercamos a ver el famoso ambiente, era domingo así que la afluencia estaba asegurada.
En la playa ahí estaban los espectáculos callejeros, los artistas en la calle, gente jugando al baloncesto (bastante bien por cierto), había canchas de volley, skate y mucho mucho ambiente, sin duda lo más característico de Venice.
Obviamente la playa es muy parecida a la de Santa Mónica, ya que de hecho es la pura continuación de esta.
Estuvimos en la zona de la llamada Muscle Beach donde por ejemplo Arnold Schwarzenegger levantaba pesas a comienzos de los años 70. Desde entonces siempre hay grupos de musculosos riendiendo culto a sus cuerpos, sobre todo para ser observados por la muchedumbre, se nota a la legua ;).
Continuamos nuestro paseo para dirigirnos a otra de las señas de identidad del distrito, y del que reciben el nombre de Venice, los canales. Estos tienen su origen en 1905 con el sueño de un excéntrico millonario tabacalero Abbot Kinney, que tras visitar Venecia, se quedó prendado de sus canales y decidió construir su propia versión aquí aprovechando la zona pantanosa junto a la costa. Sin embargo en la década de 1920, perdieron interés y varios canales volvieron a llenarse para convertirlos en calles.
Dimos un paseo de lo más agradable junto a ellos por un pequeño camino que hay.
Lo que más nos sorprendió fue la absoluta falta de privacidad y por supuesto de seguridad que nos encontramos en las casonas que había junto a los canales. Apenas una pequeña valla y si dirigías tu mirada hacia las casas podías ver a los habitantes dentro o tumbados en la terraza a apenas un par de metros de ti (por supuesto fuimos lo más discretos posible).
Pero volvieron a tomar auge a comienzos de los 90 y los canales volvieron a ser dragados y saneados, para poco a poco ganarse (ahora sí) el favor de las clases más pudientes.
Había casas ciertamente bonitas, con su pequeña embarcación para entrar y salir en ella, y nos preguntábamos, ¿cuánto valdrán? pues un poco más adelante lo descubrimos, esta casa de madera ponía que se vendía y cuando nos quedamos mirando pasó una persona que nos gritó, four million dollars!!! señalando el precio de la casa, buff, ¡¡qué pasada!!
Llegamos al final de los canales y nos dirigimos de nuevo a la playa, allí encontramos gran cantidad de otra característica de Venice, los graffitis.
Como también de repente un extravagante coche con el volumen a toda pastilla, vamos, lo normal en esta zona, casi ni se le veía al conductor…
Volvimos a Ocean Front Walk, el famoso «paseo» de Venice que es donde se reúne una variopinta fauna de artistas callejeros, tarotistas, vendedores ambulantes, turistas, skaters, hippies de antaño o tatuadores. Las casas que daban a la playa sorprendían por estar algunas restauradas hasta el mínimo detalle (en esta zona tuvieron casa por ejemplo Julia Roberts, Lindsey Lohan o Robert Downey Jr.) y otras bastante descuidadas, como pidiendo un nuevo propietario.
Dejamos ya el famoso paseo para finalmente visitar otra de las zonas marcadas como importantes, el Abbot Kinney Boulevard con boutiques vanguardistas centradas en muebles y moda, así como de bares y restaurantes.
Entramos en un par de tiendas y vimos que los precios no eran precisamente bajos, pero quizás por el cansancio que llevábamos encima y que era domingo por la tarde y no vimos mucho ambiente decidimos no pararnos mucho y buscamos un autobús para volver a Santa Mónica.
Esta es la ruta que más o menos habíamos hecho y en las flechas azules están los puntos con los murales urbanos más importantes.
Nos bajamos del bus junto al muelle de Santa Mónica y decidimos visitarlo de nuevo, el día anterior habíamos dicho de subir a la noria del Pacific Park a modo de despedida para contemplar las vistas desde lo alto.
El ambiente del muelle si he de ser sincero no nos entusiasmó, se parecía más a una feria de cualquier ciudad española que a un sitio verdaderamente con encanto, esa fue nuestra percepción, que por supuesto es muy personal.
Tras unos 10 minutos de hacer «cola» subimos a la noria que como imaginábamos nos dio una bonita perspectiva de la playa de Santa Mónica y de la de Venice. Fue una experiencia recomendable si no os importa pagar los 10$ que pagamos cada uno.
De regreso nos dimos una vuelta por la zona comercial llamada 3rd Street Promenade y volvimos al centro comercial de la noche anterior. Habíamos visto una tienda de Disney y no nos pudimos reprimir de comprar un par de regalos para nuestra Liria, como la echábamos de menos.
Para cenar fuimos de nuevo al CheeseCake Factory para después volver al hotel en el bus nº1 lo antes posible, al día siguiente teníamos la segunda jornada maratoniana de coche de todo el viaje, casi 600 kilómetros!! y por carreteras bastante peores que la ruta de dos días antes.
Día 11. Costa Californiana (Big Sur)
Madrugamos mucho este día, desayunamos y a las 7:50h ya estábamos en ruta, por delante muchos kilómetros, íbamos a recorrer el famoso Big Sur, que se localiza a lo largo de la carretera escénica californiana Highway 1. Esta carretera recorre la rocosa costa del Pacífico a lo largo de casi 800 kms, pero es más o menos desde la localidad de Carmel-by-the-Sea al norte hasta San Simeón (aunque algunos la alargan hasta Morro Bay) al recorrido que se conoce como el Big Sur. En este trayecto la carretera zigzaguea, baja, sube asomándose una y otra vez al Pacífico.
Pero tuvimos la mala suerte de que partes de la costa icónica del Big Sur habían estado cerradas temporalmente debido a las tormentas invernales de 2017. Esas fuertes lluvias provocaron deslizamientos de tierra y cuando fuimos nosotros todavía permanecía cortado un tramo en Mud Creek cerca de la pequeña comunidad de Gorda así que eso hizo que tuviéramos que desviarnos, nos hizo perder algo de tiempo y además no nos permitió ver el tramo desde ese punto hasta Morro Bay. El corte estaba más o menos donde tengo la señal de prohibido en este mapa con la ruta completa que hicimos ese día.
El tramo se reabrió en el mes de julio, nada menos que 547 días después de la fecha del derrumbe (20 mayo 2017) y cuando estoy escribiendo este post.
Aquí os dejo una imagen aérea de ese día para que os hagáis una idea de lo que fue ese enorme deslizamiento de tierra. Se desplomó más de un millón de toneladas de roca y tierra!!!! (fuente de la foto: https://www.mercurynews.com)
Pero ojo porque esto de los derrumbes es más frecuente de lo que parece ya que según he podido leer más de 60 veces en su historia la Big Sur ha tenido que ser cortada al tráfico por desprendimientos de tierra, así que informaros bien antes de recorrerla.
Dado que necesitábamos avanzar lo más rápido posible, desde Santa Mónica cogimos la carretera 101 y más adelante la 154 para entre un paisaje de viñedos (como sabréis los «caldos» californianos son muy famosos tanto en USA como fuera del país) llegar a la localidad de San Luis Obispo en unas 3 horas y media. Echamos gasolina y al poco de pasar esta localidad nos desviamos de la 101 hacia la izquierda por tomar la G18, el obligado «atajo» por la montaña para evitar el tramo cortado. Ese tramos nos llevó 1 hora y media aproximadamente con un tramo final horrible de curvas hasta que desembocamos en la famosa carretera, una pena que hubiera niebla porque el paisaje según vas bajando sin ella habría sido precioso.
Nada más llegar a la Highway 1 nos detuvimos en miradores para apreciar los acantilados que tanta fama le han dado a esta carretera.
Es verdad que es aconsejable hacer la ruta de norte a sur, para tener la costa a mano derecha según bajas pero por nuestro planing de ruta no teníamos otra opción que hacerlo al revés.
Eran ya las 13:30h y necesitábamos ya un break que podríamos aprovechar para comer algo así que en el primer sitio que vimos, paramos, y ese fue el restaurante Pacific Edge.
El sitio está situado frente a la costa, con unas preciosas vistas.
Entramos y cogimos una mesa frente a la ventana, pedimos la carta, había lo típico, así que pedimos una hamburguesa.
En la mesa de al lado ví una tarta que me apeteció y decidí pedírmela, por lo visto era casera. Pedimos la cuenta y llegó el sablazo, total 64$, nada menos que 11$ costó la tartita y 4.75$ cada uno de los dos cafés y 17 cada hamburguesa. Quitando eso la comida estuvo muy bien en un estupendo lugar.
Al salir vimos lo que debían ser dos amiguetes recorriendo la Big Sur, así también viajo yo 😉
Desde este punto hasta el inicio de la Big Sur sólo hay 60 kms, y eran las 14:30 de la tarde así que teníamos tiempo para ir parando y viendo los lugares más interesantes. Continuamos hacia el norte y a unos 20 kms teníamos uno de los parques más populares, el Julia Pfeiffer Burns State Park, donde encontramos la McWay Falls, una caída de agua de 23 metros de altura que desemboca directamente en una bonita playa. Está muy cerca de la carretera, a apenas un par de minutos caminando con lo que estaba muy concurrida de gente con sus cámaras para fotografiarla desde arriba porque no vimos un camino para bajar a ella. En este parque hay rutas muy interesantes de senderismo, algunas de las cuales permite ver secuoyas.
Volvimos al coche y paramos en algún mirador más que nos permitiera ver una perspectiva de la carretera, esta hacia el norte. Una lástima que el día no estuviera soleado, aunque parece que no es inusual encontrarnos este clima en esta zona.
Como a unos 30 kms después llegamos a otro punto que teníamos marcado como interesante, Pfeffer State Beach. Esta se encuentra un poco más apartada y sobre todo más escondida, el desvío no está indicado. Si ponéis esta carretera en Google Maps la encontraréis sin problemas: Sycamore Canyon Rd Big Sur.
Por una carretera sinuosa y muy estrecha y donde deberéis tener cuidado ya que apenas caben dos coches en algunos tramos llegaréis a un puesto donde deberéis pagar 10$ por entrar para ver la playa. Allí hay un pequeño aparcamiento y baños públicos. El camino hasta la playa son apenas 3 ó 4 minutos por un paisaje de grandes árboles.
Y por fin llegarás a la playa. Nosotros tuvimos la suerte de que de repente apareció el sol y pudimos verla mucho más lucida, eso sí, hacía mucho viento.
Lo más característico de esta playa es la gran roca que tiene un hueco en su parte posterior y por donde en el atardecer se cuelan los rayos del sol a punto de esconderse e iluminan la playa de unos destellos maravillos, esta es. Una lástima que no nos pillara cerca de la puesta de sol porque he visto fotos preciosas en Instagram.
Como no fue el caso he de decir que la playa me gustó pero no me entusiasmó tanto como a otros que he leído, bajo mi humilde opinión hay playas mucho más bonitas en el norte de nuestro país, pero bueno, esto es USA y todo se magnifica, aún así la recomiendo si no os importa pagar los 10$ por entrar (por vehículo).
Volvimos a la Hwy 1 y tras otros 30 kms llegamos al punto que más me gustó de la ruta que vimos, el célebre Bixby Bridge. A pesar de que de nuevo aparecieron las nubes bajas y se nubló bastante, sí que me gustó mucho la vista junto al impresionante puente de piedra que se eleva unos 80 metros sobre el mar y que data de 1932.
A mí que me gusta «mojarme» en mis impresiones, si me preguntan mi opinión no diría que fuera una ruta que me entusiasmara, he visto lugares y carreteras en otros países y por supuesto en España que superan a esta en paisajes. Unos estaréis de acuerdo y otros no pero es mi humilde opinión, supongo que cerca del atardecer y con un día más soleado podría mejorar mi opinión.
Todo esto lo digo porque en esta zona sí que quizás habría empleado un día más en recorrerla porque lo que hicimos fue una paliza pero si tengo que elegir no cambiaría nada de lo que ví antes en el viaje por dedicar más a esta zona. Con ese día extra y entre los lugares interesantes que tenía apuntados estaban Santa Bárbara, San Luis Obispo, Solvang (un pueblo que parece danés 100%), el Hearst Castle (un castillo en un enorme rancho que fue propiedad del magnate de la comunicación William Randolph Hearst) y alguno más.
Desde el puente teníamos otros 24 kilómetros hasta el pueblo de Carmel-by-the-Sea. Por el camino otro lugar de nombre curioso, Garrapata Beach, y es que por esta zona estaba todo lleno de nombres de origen español, algunos muy divertidos.
El pueblo de Carmel es un lugar donde las grandes fortunas americanas han sabido encontrar su espacio, un rincón idílico si no fuera por los turistas que vagamos por sus calles.
Aparcamos el coche y preguntamos si tendríamos que pagar, pero al ser ya las 18:30h nos dijeron que no hacía falta. Fuimos a su calle principal donde se concentraban la mayoría de restaurantes y tiendas.
El paseo junto a estas casas, algunas preciosas, lleno todo de naturaleza y con unos jardines llenos de flores fue de lo más placentero y esto sí que nos gustó mucho. Como seguro leeréis en cuanto busquéis algo de información de este pueblo «vip», Clint Eastwood fue su alcalde por un tiempo, y a ver quién le llevaba la contraria a Harry el Sucio :):)
Bajamos a conocer su espectacular playa, también muy recomendable para ver su atardecer. Lástima de esos nubarrones.
Tras un par de horas de paseo, de entrar en alguna tienda y como nos dió la impresión de haber visto lo más interesante y también que estábamos cansados del largo viaje decidimos ya ir en busca de nuestro hotel.
En la zona de Monterey podéis encontrar alguno bastante económico, y como iba a ser muy de paso ya que sabía que llegaríamos bastante tarde cogí uno no muy caro así que elegí el Howard Johnson Marina at Monterey Bay, a unos 16 kms al norte de la ciudad californiana y menos mal que llevábamos GPS porque estaba bastante perdido.
Pagaríamos 95$ con desayuno y la verdad es que la habitación estaba muy bien, curiosamente sin moqueta y con la cama más grande de todas en las que habíamos estado, más de 2 metros de ancho!!! qué placer!!!
Estábamos muertos después de casi 600 kms recorridos así que decidimos comprar algo en un supermercado de la gasolinera que está al lado y terminar las provisiones que nos faltaban. Ese día también dejaríamos ya nuestra nevera de corcho abandonada en el hotel, no sin antes dedicarle una oración de despedida por el servicio que nos había prestado ;). Pronto nos fuimos a dormir, al día siguiente teníamos un vuelo por delante, otra vez a las Vegas!!!!
Día 12. Las Vegas
Y os preguntaréis, ¿otra vez a las Vegas? ¿por qué? pues por culpa de una canadiense que canta como los ángeles, Celine Dion.
Nos levantamos sobre las 7 y media, tomaos el desayuno, bastante pobre por cierto en una sala minúscula y salimos hacia el aeropuerto de San Francisco sobre las 9h. Es verdad que el vuelo no salía hasta las 13:40, y teníamos por delante según el mapa unos 160 kms pero teníamos miedo a los posibles atascos que pudieran haber, no en vano antes de llegar se encuentra un área que os sonará, Silicon Valley en el que trabajan más de 250,000 personas en empresas como Google, Hewlett Packard, Apple, Oracle, Yahoo o Facebook. Además queríamos dejar las maletas en una consigna y llevar sólo mochilas de mano.
El GPS de Google Maps nos fue informando de la situación del tráfico y finalmente nos fue bien, apenas perdimos tiempo atascados, con lo que llamé primero al hotel para ver si era posible dejar las maletas allí un día, no fue posible así que llamé a mi compañero Gonzalo que trabaja en la tienda Decathlon de la ciudad y fue tan amable de permitir dejarlas en su casa hasta el día siguiente. Las dejamos y fuimos hacia el aeropuerto, llenamos el depósito justo antes en una gasolinera al precio más caro de todo el viaje, 4.20, y dejamos el coche de alquiler siguiendo los carteles muy bien indicado y donde también nos decía Google Maps. Le preguntamos al que nos recepcionó el coche que cuantas millas habíamos hecho en los 10 días de alquiler, nada menos que 2,000 (3,218 kms).
El vuelo que compramos fue con la compañía Alaska Airlines por los que pagamos 120$ cada uno. Comimos algo en el aeropuerto y aterrizamos en Las Vegas por segunda vez en nuestro viaje. En esta ocasión decidí reservar no en el hotel de la primera vez si no en el otro con el que había dudado, The Carriage House, ya que esta vez apenas estaríamos en el hotel, nos salía más barato que otros y tenía buenas críticas.
De nuevo cogimos un taxi al salir del aeropuerto y nos llevó un maleducado que nos cobró 20$ y de muy malas maneras nos pedía propina, por supuesto le dijimos que no. Tras esta mala experiencia decidí que era el último taxi que cogeríamos, a partir de entonces todos los desplazamientos los haríamos con la aplicación Uber.
Las habitaciones eran tipo apartamento con cocina incluida, muy grandes y la verdad que estaba genial. Esa noche al ser entre semana (era martes) nos costó sólo 84$ (sin desayuno). Este hotel tiene la ventaja de que no se paga la famosa tarifa «resort» de unos 30$ que se paga en los grandes hoteles y además está muy bien situado, junto al Strip al lado del Planet Hollywood.
No sé si ya comenté que como otros artistas, Celine Dion tiene un espectáculo permanente en Las Vegas, en el hotel Caesars Palace, pero las fechas de sus conciertos para el mes de mayo no nos coincidía con los días que íbamos a estar en la ciudad y ya teníamos todo cogido. Así que tras darle vueltas, tuve que rehacer el planing del viaje para que volviéramos a la ciudad de Nevada y poder verla, quitándole un día de estancia a San Francisco. Compramos las entradas unos 4 meses antes, nada más que salieron a la venta y como supondréis no son nada baratas, pagamos por ellas 160$ cada uno, pero bueno, era una vez en la vida.
El concierto empezaba a las 19:30, y eran sobre las 16h así que teníamos tiempo para ver antes un hotel al que no habíamos entrado en nuestra primera etapa y que nos apetecía mucho visitar, el Bellagio, uno de los hoteles top de la ciudad. En unos 15 minutos caminando ya estábamos en él. Como nos alegramos de estar de vuelta en Las Vegas!!.
El Bellagio es un enorme hotel de 3,933 habitaciones incluyendo 512 suites, repartidas en dos edificios de 36 y 33 plantas. Uno de sus atracciones más notables es el lago artificial justo delante de 32,375 m², y que contiene una inmensa fuente bailarina sincronizada por música.
Entramos por la puerta, estaba lleno de gente y turistas y vimos que aquello era otro nivel, ya el hall de entrada y sobre todo el jardín denotaba mucho lujo como el del Wynn.
Salimos a la parte de las piscinas, y hablo en plural, ya que tiene 5. Eso sí el ambiente nos dió la impresión de que era más tranquilo y la clientela más veterana que en otros hoteles, por ejemplo The Treasure Island.
Seguimos dando vueltas por el hotel, era enorme, 20 restaurantes, 11,000 metros cuadrados de casino, más de 2,300 máquinas «tragaperras»… Un momento gracioso, decidí ir al baño público y esto fue lo que me encontré, ¿como serán los baños de las suites? impresionado me quedé.
Vimos una cafetería así que decidimos merendar algo, pedimos dos cafés y dos croissants, 19$ pagamos y botella de agua 5,4$ y nos sentamos a descansar un poco.
Salimos ya a la calle porque la hora del concierto se acercaba y fuimos ya al Coliseo del Caesars Palace, un auditorio donde han actuado muchas de las estrellas más importantes del mundo.
A pesar de haber tenido que hacer este viaje extra a Las Vegas por el tema de las fechas la verdad es que tuvimos suerte porque un par de meses antes de nuestro viaje, la artista canadiense tuvo que ser operada por una afección en uno de sus oídos por lo que tuvo que suspender todos sus conciertos, y ¿cuándo era la fecha de su reaparición? pues el 22 de mayo, el día que teníamos nosotros las entradas, así que uff! por poco.
Había mucha gente ya entrando, unos vestidos con las mejores galas y otros en bermudas. Yo sólo para este día cargué con unos vaqueros todo el viaje pero vamos, que podía haber entrado en pantalones cortos y sandalias, jeje.
Entramos y el Colosseum por dentro nos impresionó, tiene capacidad para 4,300 espectadores y costó nada menos que 95 millones de dólares.
No estábamos mal situados para el precio que pagamos, hay que tener en cuenta que los de la parte más cercana al escenario habían pagado por encima de los 500$.
El comienzo fue muy emotivo porque cuando apareció en el escenario la gente se puso en pie y ella se emocionó, seguramente por su reciente problema de salud. Luego comenzó con la primera canción con una puesta escena impresionante. No soy yo fan 100% de la canadiense pero tengo que decir que el espectáculo fue una pasada. Su voz y la puesta en escena fueron increíbles. Aquí un trozo de la fantástica Because you loved me.
Es verdad que ya había oído que tenía bastantes conversaciones con el público y que a nosotros, que había muchas cosas que no entendíamos bien, se nos hizo un poco largo a veces, porque vaya como le gusta hablar y la de chistes que soltaba.
Fue alternando canciones antiguas con más modernas, más conocidas con menos, salió con más cantantes en el escenario y terminó con la inolvidable canción de Titanic My Heart Will Go On de nuevo con una escenografía impresionante, ¿sabíais que esta canción al comienzo no le gustaba nada y que se negaba a cantarla?. El concierto duró una hora y media y la verdad que se hizo corto.
Salimos fuera y justo nos coincidió para ver el espectáculo de las fuentes del Bellagio, que de noche, lucen mucho más, un imprescindible aunque sea muy turístico y muy breve.
No nos apetecía complicarnos para buscar un restaurante ni gastar mucho así que fuimos a un McDonald’s y comimos un par de menús por 20$. Ya de ahí volvimos al hotel sobre las 11 de la noche ya que debíamos madrugar al día siguiente para tomar nuestro avión de regreso a San Francisco.
Día 13. San Francisco (Cable Car, Fisherman’s Wharf)
Teníamos el vuelo a las 10:30h pero nos levantamos muy pronto, a las 6:45h., ya que queríamos llegar con tiempo para desayunar tranquilamente en el aeropuerto y pasar el control, que en la ida estuvimos casi una hora. Pedimos un UBER por la aplicación del móvil desde el hotel y nos llevó un conductor cubano de lo más simpático y amable. Además pagamos sólo 11$. Desayunamos y partimos hacia San Francisco.
Bien situados en el avión pude grabar este bonito vídeo en el despegue donde se ve bien la zona donde se concentran los principales hoteles de la ciudad, The Strip.
Durante el vuelo nos dijeron que por problemas meteorológicos aterrizaríamos en el aeropuerto de Oakland en lugar de en el de San Francisco y que nos llevarían en autobús hasta éste, pero menos mal que no teníamos las maletas en la consigna y lo que hicimos fue que no cogimos ese bus y pedimos otro Uber desde Oakland.
Por el camino del aeropuerto a San Francisco pasamos junto al Oracle Arena, ¿sede de qué equipo? sí, de los Golden State Warriors de Durant y Curry, el equipo top de la NBA de los últimos años. Tuve la mala suerte de que justo los partidos que jugaban en casa de final de Conferencia contra Houston Rockets lo hacían los días 22, osea el día del concierto de Celine Dion, y el 26 que ya nos íbamos de vuelta a España, qué pena porque me habría encantado ver esa serie, que fue la mejor de todo el año. Así que me quedé con las ganas de ver en directo el tercer partido de la NBA de mi vida, otra vez será.
Tardamos una media hora en llegar hasta el centro de la ciudad, que es donde le pedimos al conductor que nos dejara, justo en el inicio del famoso tranvía (entre Market y Powell Street). Nos costó el trayecto 43$ así que no quiero imaginar lo que nos habría costado un taxi.
Vamos con unos datos rápidos de población y economía de la ciudad de SAN FRANCISCO. Si nos referimos al llamado condado de SF se estima en unos 877,000 (2017), que haría el núcleo urbano número 14 de todo Estados Unidos. Si hablamos de datos económicos, aquí sí que destaca, ya que en este condado la media del salario es de nada menos 84,000$ (2017), entre los tres más altos de Estados Unidos y del mundo pero no os creáis que es mucho porque los que quieran comprar una vivienda en esta ciudad tendrán que pagar una media de 1,37 millones de dólares!!!!, y un alquiler que a veces les supone hasta el 50% de su sueldo, tremendo, ¿no?.
Al perder un día de visita teníamos que priorizar, y descarté visitar el downtown y la zona financiera toda vez que ya conozco ciudades como Chicago o New York. Queríamos comenzar haciendo uno de los trayectos más turísticos de la ciudad, en su famoso tranvía o Cable Car, así que nos pusimos en la cola que había para probarlo, 7$ cuesta un viaje y 22$ un bono para todo el día.
Decir que el tranvía se mueve 100% de manera manual y es muy original su forma de dar la vuelta, tecnología punta 🙂
La historia de los tranvías en San Francisco se remonta a 1873 cuando se pusieron en marcha nada menos que 23 líneas. Tiempo después, en 1947, hubo una iniciativa municipal de cerrarlo, que fue frenada gracias a la fuerte oposición popular. En 1964, este tranvía fue nombrado Monumento Nacional, y actualmente hay tres líneas en circulación, me alegro que se hayan mantenido, ya podía haber pasado en alguna ciudad española.
Nosotros cogimos la línea Powell/Hyde, que se la que recomiendo porque es la más larga y la que pasa por los sitios más interesantes, además termina en la plaza Ghirardelli muy cerca de Fisherman Wharf. Después de una media hora de espera subimos y nos pudimos sentar, pero en la primera parada se nos subió una chica que estuvo delante de nosotros todo el resto del viaje, con lo que no sé si la media hora que esperamos fue absurda y es mejor cogerla en alguna parada más adelante del comienzo aunque se tenga que ir de pie.
El trayecto fue 100% turístico y con bastantes malas maneras de los conductores seguramente hartos de los turistas, aunque tenían que recordar que somos los que mantenemos sus trabajos. Aun así, me parece recomendable porque es una experiencia poder circular en vehículos que son historia viva de la ciudad y ocupan un lugar importante en ella.
El tranvía nos dejó cerca del Fisherman Wharf, la zona vieja del puerto de la ciudad, donde ya vimos algo del que habíamos oído hablar largo y tendido, y es que un capítulo aparte merecen el tema de los mendigos, o homeless. A pesar de que San Francisco es una de las ciudades más caras de Estados Unidos, no en vano, 4 de los condados de la llamada San Francisco Bay Area se encuentran dentro de los 10 más caros del país, el número de sin hogar es impresionante y lo peor es que su número no ha dejado de crecer en los últimos años a pesar de los esfuerzos de las autoridades por reducirlo. Según cifras oficiales había unos 7,500 en 2017, 3,000 viviendo permanentemente en las calles, cifras escalofriantes. Las principales causas de esta situación por importancia son las pérdidas del empleo, adicciones a alcohol o drogas, desahucios, abandono del hogar y divorcios. Todo esto hace que la mala imagen de la ciudad sea tremenda a mi modo de ver, y no es que sean especialmente peligrosos, nosotros no tuvimos ningún problema con ellos pero contribuyen por ejemplo a que la ciudad esté sucia, muy muy sucia. Es una lástima estas desigualdades y espero que se pueda ir revirtiendo esta situación.
En esta zona del puerto hacía un viento bastante frío (lo del microclima de esta ciudad es célebre, hay una frase famosa que dice el invierno que más frío pasé fue aquel verano en San Francisco) así que nos compramos un gorro de lana cada uno, aquí las sudaderas de SF se venden «como churros» y no me extraña. Lo primero que vimos fueron los puestos de pescado, como los de cualquier puerto sin nada destacable. En 1853 se construyó en esta zona el primer puerto de San Francisco, rápidamente se convirtió en un importante centro marítimo de distribución de pescado fresco hasta que, en 1950 con la llegada de la tecnología moderna, la zona de la bahía entró en decadencia
Continuando el puerto hacia el este, en el muelle 45 vimos los dos barcos de guerra que se encuentran atracados ahí permantentemente y que es posible visitar. Uno es el Jeremiah O’Brian, un barco mercante que fue uno de los protagonistas de un hecho icónico en la historia como fue el Desembarco de Normandía y el otro un submarino, de nombre Pampanito que participó también en la II Guerra Mundial. La visita a ambos costaba 20$ y dado que yo ya había visto un submarino por dentro en Chicago decidimos no visitarlos. De todas maneras verlos por fuera, a mí que me encanta la historia de la II GM me gustó mucho.
Justo al lado está el Musée Mécanique, un sorprendente y diría hasta friki museo donde se muestra una de las mayores colecciones privadas de máquinas recreativas de principios del siglo XX e ingeniosos artefactos mecánicos. La visita es gratuita y metimos alguna moneda para ver su funcionamiento porque increíblemente todos funcionan.
Continuamos y llegamos por fin al muelle 39, el famoso pier 39, zona en la que hay tiendas, restaurantes, una galería de vídeo, actuaciones callejeras, un centro interpretativo para el Centro de Mamíferos Marinos y el Acuario de la Bahía entre otras atracciones.
Esta zona sí que me gustó, buen ambiente, muy animado y además todo de madera lo que le da un ambiente muy auténtico. Se estima que lo visitan nada menos que 16 millones de personas cada año, la gran mayoría turistas.
Una de las atracciones que atrae a más gente es la colonia de leones marinos que hicieron del muelle su casa desde 1990. Es divertido pasar un rato observándolos porque casi todos descansan plácidamente pero siempre hay algún revoltoso que se pelea o trata de arruinarle la siesta a otros, de forma que el concierto de gruñidos y alaridos es tremendo.
Desde el muelle ya es posible ver, aunque a lo lejos, uno de los puntos para mí más interesantes de nuestra visita a la ciudad, la isla de Alcatraz, un par de días más adelante la veríamos mucho más de cerca, nos apetecía muchísimo.
Y más al oeste podíamos ver el famosísimo Golden Gate, que por cierto, me lo imaginaba mucho más cerca de la ciudad, mucho más formando parte del paisaje de la misma, al estilo por ejemplo del de Brooklyn en NY o el de Lisboa y esto me supuso una pequeña decepción, no me preguntéis por qué. Incluso está más cerca de la ciudad el llamado Bay Bridge al otro lado y que une SF y Oakland.
Una vez recorrido el muelle decidimos ya ir a nuestro hotel, eran sobre las 18h. Tenía descargado un mapa de los autobuses urbanos de la ciudad y ví que había uno que se cogía cerca del puerto y nos dejaba a 3 manzanas del hotel, el nº 47. Es una buena idea tener una imagen en vuestro móvil por ejemplo de este plano porque os permitirá moveros por la ciudad en transporte público. El billete sencillo es caro, pagamos 2,5$ aunque es posible cambiar de autobús durante 90 minutos sin tener que comprar otro.
Aquí os muestro un plano sencillo de la ciudad con la situación de nuestro hotel y los puntos más interesantes, así os haréis una idea de donde está emplazado cada uno.
Ni que decir tiene que los hoteles en San Francisco son caros no, carísimos, busqué y busqué, también en airbnb, pero finalmente me quedé con el Queen Anne Hotel, que tenía buenas críticas. Este landmark boutique hotel es un edificio del siglo XIX ciertamente bonito y en un buen barrio, el llamado barrio japonés (esto es importante, cuidado con algunas zonas céntricas como por ejemplo Tenderloin). Pagaríamos 600$ por las tres noches que estuvimos, desayuno incluído, y aunque parezca caro, de verdad que no lo es viendo los precios medios del alojamiento. El hotel la verdad que era una joya, con un mobiliario victoriano bien cuidado, con un hall de entrada, unas zonas comunes y un aire clásico que te retrotraía a épocas pasadas.
Nuestra habitación estaba en el primer piso y estaba bien, la cama más pequeña de todo el viaje pero aceptable, estábamos en un hotel de época, ¿no?.
Decidimos descansar un poco y esperar a casi las 20h. porque a esa hora habíamos quedado con mi compañero de trabajo y amigo Gonzalo para cenar.
Nos acercamos a su apartamento caminando ya que daba la casualidad de que estaba a apenas 5 minutos, en la misma calle Sutter Street y pasamos una cena estupenda cenando en un italiano y charlando de todo un poco, !gracias por todo Gonzalo!.
Tras la cena recogimos las maletas que habíamos dejado en su casa el día anterior y nos fuimos caminando al hotel.
Día 14. San Francisco (Alamo Square, barrios de Castro y Haight-Ashbury, Alcatraz )
Nos levantamos sin prisa sobre las 8 de la mañana y bajamos a desayunar. No estaba mal aunque echamos de menos algo más de caliente y más fruta, ¿zumos naturales? de nuevo ni rastro. Salimos a la calle y nuestro primer destino al no estar muy lejos, decidimos ir caminando. Cruzamos el Japantown, dentro del barrio de Western Addition en el que también se encontraba el hotel. Era curioso ver casi todo escrito en japonés a nuestro alrededor, y es que San Francisco es quizás la ciudad más cosmopolita de los Estados Unidos, y desde luego la «menos americana».
Sin salir del barrio pasamos a la zona de Álamo Square, toda ella salpicada de preciosas viviendas victorianas. Este área la verdad que me encantó, sin duda para mí un IMPRESCINDIBLE de la ciudad.
Entre 1849 y 1915 fueron construidas en San Francisco casi 50,000 casas de estilos victoriano y eduardiano. Muchas de ellas fueron pintadas con colores brillantes, que le dan un encanto todavía mayor. Desafortunadamente la mayoría de ellas se perdieron tras el terremoto de 1906, aunque aún hoy en día todavía se conservan unas 15,000 casas. Junto al parque de Alamo Square se encuentran las que se han hecho más famosas, las Painted Ladies.
Las Painted Ladies como tantas cosas en Estados Unidos se han hecho famosas por aparecer en la televisión, concretamente en la serie Padres Forzosos, que hicieron famosas a las gemelas Olsen. Aquí vivían sus protagonistas y su imagen aparecía en la introducción. Pero como suelo decir las casas son bonitas de por sí y merecen una visita y no porque apareciesen en esta famosa serie.
El parque que tiene al lado tiene una preciosa vista de la ciudad donde podréis ver el contraste de las casas en primer plano con los rascacielos del downtown al fondo. Con buen tiempo me pareció ideal para hacer un picnic por ejmplo.
Nos dirigimos al autobús no sin antes volver a fijarnos en una tónica general de la ciudad, y es la suciedad en las calles. Vemos a algunos vecinos barriendo la calle delante de su vivienda, ¿pero aquí no hay servicio de limpieza municipal?. Cogimos el bus 12 para acercarnos a nuestro siguiente destino, el barrio de Castro.
Este barrio alberga a la mayor comunidad homosexual de San Francisco y quizás del mundo, al menos la más conocida y saltó a la fama como centro gay tras el controvertido «Verano del amor» en el distrito vecino de Haight-Ashbury, en 1967. El encuentro reunió a más de 10,000 jóvenes de todo el territorio estadounidense y a partir de entonces se empezó a luchar por los derechos de los homosexuales y minorías raciales, conviertiendo San Francisco en una ciudad muy progresista.
En la derecha de esta foto está la Twin Peaks Tavern (401 Castro St), que fue el primer bar gay con ventanas hacia la calle.
El barrio denota su influencia por el mundo homosexual por las numerosas banderas arco iris que hay por todos lados. Es una pena que fuera por la mañana porque por la tarde-noche o en fin de semana seguro que habría habido mucho más ambiente y la visita habría sido más interesante, así que procurar visitarlo en esos momentos.
En Castro tiene un lugar privilegiado Harvey Milk, dueño de una tienda de cámaras que fue asesinado poco después de convertirse en el primer funcionario gay de EEUU y que se convirtió en símbolo de los derechos civiles y el orgullo cívico, y sí, famoso también por la película Mi nombre es Harvey Milk, protagonizada por Sean Penn en 2008.
Nos paramos en varios puntos interesantes como la tienda Human Rights Campaign (575 Castro St) que era la tienda de fotografía de Harvey Milk, la LGBT History Museum (415 18th St) que es el primer museo de la historia gay en USA y por supuesto el Teatro Castro (429 Castro St), de estilo art déco y construído en 1922, uno de los símbolos sin duda de Castro.
Muy famoso también es el cruce de Castro St y 18th St donde los pasos de peatones están marcados con rayas arco iris, conocida como «las cuatro esquinas más gays del mundo».
Bajamos la calle 18 hacia el este y paramos a tomar un café en una cafetería llamada Le Marais Bakery con como siempre una excelente atención. A continuación seguimos caminando hasta llegar al parque Mission Dolores Park, puerta de entrada al Mission District, el barrio latino de San Francisco.
Este parque es un lugar ideal para pasar un rato descansando y disfrutando del paisaje que se ve de la ciudad.
Esta es la ruta que habíamos hecho por el Barrio de Castro.
Después de estar un rato tomamos el bus 33 en la calle 18 para que nos llevara hasta nuestro siguiente destino, Haight Ashbury, el barrio hippie y alternativo. Por el camino pasamos cerca de Twin Peaks, un famoso lugar en alto en el que se tiene una bonita perspectiva de la ciudad pero que decidimos dejar para otra ocasión. Nos bajamos en la calle Haight St, cerca del cruce con Ashbury St, uno de esos cruces míticos y que da nombre al barrio.
En este barrio nació a finales de los años 60 un movimiento bohemio, el de los idealistas hippies que practicaban una forma de vida en armonía con la naturaleza y fomentando los valores humanos, el haz el amor y no la guerra vamos…
Ya era sobre la una de la tarde y había movimiento en la calle, una de las principales atracciones es ver los personajes que por allí deambulan, bastantes mendigos entre ellos por cierto, es recomendable visitar este barrio de día que de noche.
Fuimos recorriendo la Haight St en dirección al Golden Gate Park. La calle está llena de tiendas de ropa, comercios de artesanía y locales para escuchar música. También hay muchos graffitis que me gustaron mucho junto a viviendas de colores muy chulas tipo victoriano también, personalmente me pareció más atractivo y singular este barrio que el de Castro.
Como zonas a visitar y que tenía marcadas están por ejemplo las míticas piernas que salen de la fachada de la Piedmont Boutique cerca del cruce entre Haight St y Ashbury St. En el número 1524 de Haight St era una de las casas hippies donde tocaba y dormía Jimmy Hendrix.
Había muchas tiendas de ropa, muchas de ellas vintage, entramos en un par de ellos y vaya precios por cierto. También hay una bastante conocida, en el 1555 de Haight St, llamada Buffalo Exchange, de ropa de segunda mano. La verdad que en esta que estaba hasta arriba de ropa y calzado había cosas interesantes y hasta compramos algo.
Continuamos bajando la calle y seguimos viendo tiendas de todo tipo: psicodélicas, alternativas, naturistas, de objetos relacionados con la marihuana, etc. y de nuevo muchos ejemplos de arte urbano, se respiraba la creatividad en el ambiente.
Al final de la calle llegamos al Golden Gate Park, un enorme parque al estilo del Central Park neoyorquino, incluso más grande que este. Vemos un puesto de alquiler de bicis y nos parece una buena opción recorrerlo en ese medio de transporte dadas sus dimensiones, pero buff, 14 dólares una hora de alquiler, nos parece un robo y preferimos coger algo de comida e irlo a comer al parque como hicimos en su día en New York, así que nos acercamos a un supermercado llamado Whole Foods Market, justo delante de la famosa tienda de discos Amoeba Music y compramos unas porciones de pizzas y bebidas y nos fuimos a la parte más cercana del parque.
Ahí estuvimos tranquilamente comiendo y descansando, junto a un parque infantil donde sin querer se nos iba la mente hacia nuestros pequeños.
El parque si se dispone de tiempo es casi para dedicarle un día dadas sus dimensiones y todo lo que tiene en su interior, por ejemplo museos como el California Academy of Sciences, pero quizás lo más conocido es su Jardín japonés y lo más curioso para los visitantes, es la parte en la que vive una manada de búfalos americanos. Aquí os dejo un mapa.
Como esa tarde teníamos la visita a Alcatraz contratada a las 17:55h y ya eran sobre las 15h. decidimos ya tomar un autobús (esta vez el 43) para acercarnos ya lo más posible a la zona de los muelles. Nos bajamos en una zona llamada Presidio Real de San Francisco. Desde ahí cruzamos a Crissy Field, un gran espacio verde con una playa al lado donde tendríamos nuestra vista más cercana de esa maravilla que es el Golden Gate, guau!! qué pasada tenerlo ya tan cerca.
Pero acercarnos más lo dejaríamos para el día siguiente así que comenzamos a caminar hacia el este hacia Fisherman’s Wharf. Toda esta zona está llena de gente en bicicleta, familias enteras de picnic o disfrutando de un día al aire libre.
Caminamos y caminamos hasta el muelle 33, fueron casi 6 kms, cruzamos el club náutico, el Centro comercial Ghirardelli Square y la verdad que no pensamos realmente que había tanta distancia pero eso nos permitió saborear mejor toda esa zona.
Habíamos reservado la visita a Alcatraz justo 90 días antes de nuestra visita, atención a esto porque sólo hay una compañía que tiene el permiso para hacerlas y debéis hacerlo con antelación si no queréis quedaros sin poder ir. Sólo está disponible en su web 90 días antes de la fecha que queráis, y tienen varios horarios. Nosotros elegimos la última de todas, la que llaman nocturna, por un lado para poder ver la ciudad y la isla al anochecer y también por no «matar» un día con la visita en horas de luz dado que sólo estaríamos 3 noches en la ciudad. Además es un poco más larga que el resto de horarios y por lo visto el grupo es más reducido. También es un poco más cara, nosotros pagamos 45$ cada uno, pero bien empleados.
La compañía es Alcatraz Cruises (www.alcatrazcruises.com) y lo dicho, dada la demanda que tiene, hacerlo con antelación si no queréis tener que tentar a la suerte de hacer un tour más caro o madrugar muchísimo porque en el primer turno por lo visto sacan algunas entradas a la venta el mismo día.
Enseñamos nuestras entradas y nos pusimos a la cola para entrar. He de decir que yo que me fijo mucho en estas cosas y que soy muy exigente con este tipo de visitas, es una de las que me he encontrado más organizadas y más interesantes de todas las que he hecho en todos mis viajes, chapeau!!
El trayecto y las vistas, con el sol en el horizonte, el Golden Gate y la isla de Alcatraz, son de esas que te quitan el hipo.
Os recomiendo que llevéis ropa de abrigo porque con el clima que tiene esta bahía corría un viento bastante fresco como suele ser habitual. El barco dió una vuelta alrededor de la isla antes de atracar lo que nos permitió ver todos los edificios anexos que tenía la prisión y la cantidad de aves que viven en la isla.
Desembarcamos y nos fueron explicando diversas informaciones sobre la historia de la cárcel.
No pretendo contaros toda la historia de la «Roca», para eso ya hay muchísima información, sólo los que me parecen más interesantes, y que lo mejor como siempre suelo decir, es ir y visitarla, y de verdad que merece mucho la pena. Hablo de sus orígenes porque nos toca de lleno a los españoles, y es que fue Juan Manuel de Ayala en 1775 el que la descubrió y bautizó con el nombre de «La Isla de los Alcatraces», rindiendo homenaje a las aves marinas que ocupaban y siguen ocupando la isla. Posteriormente pasó a ser una fortificación militar, más tarde una prisión militar y, por último, una prisión federal de máxima seguridad desde 1934 hasta 1963, período que sin duda la hizo más famosa, ayudada obviamente por la industria del cine.
Subimos hasta la entrada de la cárcel y aquí muy bien organizados nos fueron preguntando en qué idioma queríamos la audioguía y ya nos dejaron libremente para que continuáramos al ritmo que quisiera cada uno pudiendo parar la grabación en cualquier momento.
El edificio de celdas de tres pisos incluye los cuatros bloques principales de la cárcel, Bloques A, B, C y D, la oficina del alcaide, el área de visitas, la Biblioteca, y la barbería. En esta prisión pagaron sus condenas los peores presos del país y todos ellos fueron reprimidos por un régimen que no toleraba la más mínima rebeldía.
Yo de verdad que no soy muy amigo de las audioguías, no me suelen gustar pero esta es la mejor que recuerdo, la narración fue muy dinámica, alternada con anécdotas divertidas e interesantes y simulando hasta conversaciones originales, para mí un 10. Aparte también había explicaciones programadas sobre diferentes temas a las que podías asistir si querías.
Otra cosa que en mi opinión hace de la visita muy auténtica es que todas las dependencias parecían que estaban como cuando cerraron en 1963, no había apenas recreaciones ni decorados para la ocasión. Por encima de todo, me gustaron las celdas.
Uno de los temas que más atrae de la prisión son sin duda sus intentos de fuga (también obviamente por la película de Clint Eastwood). Hay que decir que no se consiguió escapar ningún recluso de Alcatraz. De los 36 presos que hicieron 14 intentos de fuga, 23 fueron capturados, 6 murieron tiroteados, 2 se ahogaron y 5 consiguieron lanzarse al mar pero se cree que murieron en sus frías aguas porque nunca se encontraron sus cuerpos.
Uno de los intentos de escape más famosos y desde luego más curiosos, fue el que protagonizaron tres reclusos que hicieron un agujero en la pared empleando cucharas y otros objetos, y por ese hueco que medía tan sólo 16,5 cm. lograron escaparse por el sistema de ventilación. La historia completa del intento de fuga es increíble, no os lo perdáis si tenéis la oportunidad.
Por supuesto de sus prisioneros célebres destaca uno por encima de todos, Al Capone, que aunque sólo pasó 4 años y medio, es sin duda el más famoso, allí contrajo sífilis y tuvo indicios de demencia. Cuando abandonó la prisión salió en muy malas condiciones y moriría 8 años después. Hay anécdotas para todos los gustos de otros ilustres reos.
Vimos todas las dependencias de la cárcel, el patio, la cocina, las cárceles de castigo y hasta hacen una exhibición del sistema de apertura y cierre de las puertas que todavía funciona.
La prisión finalmente fue cerrada en 1963 sobre todo por su alto coste de mantenimiento.
La visitan 1,4 millones de personas cada año, y los americanos, que son los reyes del merchandising, tienen un espectacular lugar al final con souvenirs de todo tipo, reproducciones de bandejas de los reclusos, incluídas y a un módico precio ;).
Regresamos cuando estaba a punto de anochecer y la vuelta, oscureciendo y viendo la ciudad iluminada también fue una maravilla, era el broche final a una visita que recomiendo sí o sí, un auténtico IMPRESCINDIBLE sin duda de la ciudad.
Desembarcamos en el muelle 33 sobre las 20:40h. y buscamos un sitio para cenar algo. Era jueves y estaba casi todo ya cerrado o ya cerrando pero encontramos uno llamado Wipeout Bar & Grill que todavía estaba abierto, así que cenamos allí un par de pizzas muy buenas y que disfrutamos de verdad.
Salimos fuera y estábamos agotados, muertos, miré una aplicación en el móvil que me dice los pasos del día y había dado 28,000!!!! qué pasada. Como no nos apetecía autobús para volver al hotel, queríamos llegar cuanto antes, solicité un coche en la aplicación de UBER y enseguida llegó uno que nos llevó por 18$, muy bien.
Esta es la super ruta que habíamos hecho este día.
Día 15. San Francisco (Golden Gate, Sausalito)
Nos levantamos sobre las 8 y tras bajar a desayunar afrontábamos nuestro penúltimo día en la ciudad donde habíamos dejado un plato fuerte para ese día (siempre recomiendo dejar lo mejor para el final), el Golden Gate. Aunque estábamos cansados después de tantos días, faltaba un esfuerzo final porque íbamos a ver muy cerca uno de los lugares más especiales y que más ganas tenía de ver en el viaje.
Este día estaba planeado hacer la ruta que hace mucha gente en bicicleta en la que se cruza el famoso puente. Tenía apuntado alquilarlas con la compañía Blazing Saddles, que parecía la más extendida pero buceando por internet el día anterior encontré otra empresa que la cantidad pagabas por las bicis de alquiler luego te lo daban en un vale para gastar en una tienda de deportes, así que decidimos probar, y fue un gran acierto, el nombre de la compañía, más elocuente imposible, Basically Free Bike Rentals (2568 Jones St).
Salimos del hotel y probamos cuánto nos costaría con UBER el trayecto hasta la oficina de alquiler y vimos que 10$ así que viendo que el bus nos costaría 5, por otros 5 íbamos más cómodos así que pedimos el coche y en pocos minutos estábamos en la oficina. Tenía muy buena pinta y como decían las opiniones, las bicis también.
Había de todos tipos, tándems, eléctricas, pero nosotros cogimos las más demandadas, de marca Cannondale. Nos atendió muy amablemente un chico que nos dio todas las instrucciones, nos cobró los 33$ que costaba cada una el día completo, y efectivamente nos dio el vale para canjearlo en la tienda Sports Basement. Salimos de la tienda y nos dirigimos hacia la zona del puerto para ir en dirección oeste hacia el Golden Gate. Hicimos el camino al contrario del que habíamos hecho el día anterior caminando, en bici mucho mejor, jeje.
Hicimos todo el trayecto paralelos al mar a través del Yach Harbor, Crissy Field y paramos donde había un pequeño embarcadero llamado Torpedo Wharf. Desde ahí ya teníamos una buena perspectiva del puente, ¡¡nos acercábamos!!
Desde este punto ya empieza una cuesta no muy larga que termina en una zona bastante animada y donde se encuentra el Golden Gate Bridge Welcome Center con información sobre él. Aquí pudimos leer que la construcción del puente duró poco más de cuatro años ya que comenzó el 5 de enero de 1933 y el puente fue abierto al tráfico el 28 de mayo de 1937. Tiene una longitud aproximada de 1.280 metros en su parte colgante sobre las aguas, se encuentra suspendido por dos torres de 227 metros de altura, que soportan dos cables principales de 11.000 toneladas cada uno!!.
Tomamos un café con un par de croissants (12$) como pausa previa a un momento especial, cruzar el puente. Entre semana, peatones y ciclistas comparten la acera este, y los fines de semana, los ciclistas utilizan la acera oeste, como era viernes íbamos todos por la este y ojo porque suele haber bastante aglomeración de bicis y peatones, precaución. Para los coches hay 3 carriles para cada sentido y lo cruzan nada menos que 42 millones de vehículos al año. Si lo hacéis en este medio de transporte informaros bien antes porque hay que pagar un peaje.
Este punto es uno de los miradores que más me gustó del puente, quizás el que ocupe la segunda posición. Se ve en primer lugar el edificio conocido como Fort Point.
Al comienzo del puente hay una cosa muy muy curiosa y que ya había leído antes de ir, y es una especie de teléfonos de la esperanza para tratar de convencer a los posibles suicidas de que no lo hagan, y no son pocos porque según las estadísticas se suicidan unas 60 personas al año. Leer también lo que pone en el cartel blanco, no se permite lanzar objetos o misiles!! parece que esto último se refiere a los recipientes con las cenizas de personas fallecidas.
El arquitecto y su equipo decidieron pintar el puente de color naranja ya que por un lado determinaron que combinaba con el entorno natural, dado que es un color cálido en contraste con los colores fríos del cielo y el mar. También proporciona una mejor visibilidad para los buques dado el mal tiempo y las nieblas frecuentes.
La verdad es que tenerlo tan cerca y las vistas que hay de la ciudad son impresionantes. El día estaba gris pero al menos no había niebla, que habría deslucido mucho la visita.
El puente se encuentra salvando el Estrecho que le da nombre, permitiendo la comunicación entre esta ciudad y el Condado de Marin. Fue el puente colgante más largo del mundo durante el período entre 1937 y 1964. Hoy en día no está ni en el top 10, superado ampliamente por los construídos sobre todo en China.
Cruzamos el puente tranquilamente, haciendo varias paradas y disfrutando al máximo del momento.
Cuando llegamos al otro lado giramos a la derecha para ir a otro de sus ilustres miradores, Vista Point pero que a mí sinceramente quizás fue el que menos me gustó ya que está muy en línea con el puente.
En este lado había leído que estaba el que para muchos era el mejor mirador de todos, llamado Battery Spencer, y por nada del mundo me lo iba a perder. Para llegar a él si vais caminando o en bicicleta deberéis bajar por una puerta que sale nada más cruzar el puente e ir hacia Vista Point. Aquí os pongo una foto para que os sea más fácil. Si váis en coche podéis poner el GPS.
Bajé las escaleras que hay al comienzo del camino cargando con la bicicleta y luego os espera una empinada cuesta arriba hasta el mirador, pero la recompensa es increíble, una de esas imágenes que nunca se olvida. Todas las opiniones estaban en lo cierto, sin duda el mejor mirador del puente, NO OS LO PERDÁIS porque es increíble. Ni la foto hace justicia a la perspectiva del famoso Golden Gate con San Francisco al fondo.
Después de estar un buen rato disfrutando de las vistas, cogí la bici para volver a Vista Point, no sin antes ver las también muy bonitas que hay del otro lado, de la Península de Marin y de la ciudad de Belvedere al fondo.
Bajé la cuesta alegrándome ahora de haber subido en bicicleta y seguimos la ruta que normalmente hace todo el mundo hacia la localidad de Sausalito. En este momento supe el por qué era tan popular este trayecto a dos ruedas hasta el pueblo californiano para luego volver en ferry hasta San Francisco y es que todo es cuesta abajo, con lo que regresar hacia el puente sería un poco duro, sobre todo si no eres Alberto Contador.
Llegamos en poco tiempo y sin apenas dar pedales a Sausalito, localidad muy turística, de unos 7,000 habitantes y escogida como lugar de residencia por famosos y gente de clase social alta que huyen de la gran ciudad. Se caracteriza por su puerto pesquero pero sobre todo por sus casas flotantes, que tienen su origen en la comuna hippie que se estableció allí en los años 60 y que ahora ocupan más bien artistas. Estas viviendas no suelen bajar del millón de dólares.
Dejamos las bicis en un aparcamiento por 3$ ya que había carteles que decían que no se permitía aparcarlas en cualquier lugar (otra buena forma de hacer business) y dimos un paseo.
Si digo la verdad lo que vimos del pueblo no nos pareció nada del otro mundo, típico pueblito turístico lleno de tiendas y restaurantes pero no vimos mucho «encanto» como vimos como por ejemplo en Carmel by the Sea, o quizás como suele pasar, ya estábamos al final del viaje y costaba más impresionarnos 🙂
Llegaba la hora de reponer fuerzas y tenía apuntado que era muy popular comer una hamburguesa en un sitio llamado sin complicarse, Hamburgers (737 Bridgeway). Lo vimos enseguida ya que está junto al aparcamiento de bicicletas pero entre que es pequeño y no te podías sentar y además había bastante cola de gente esperando decidimos buscar otro sitio, así que muy cerca decidimos entrar en uno llamado Napa Valley Burger Company.
Atendida de nuevo por hispanohablantes pedimos la carta donde como siempre vienen las calorías de cada plato (es una obligación del gobierno para tratar de detener la obesidad que afecta a ¡¡¡2 de cada 5 norteamericanos!!!) y como desde las Vegas no habíamos engullido la comida más rara en USA, decidimos pedirnos una cada uno, pero pasando de la carta, con los ingredientes que nos gusta a nosotros y sin experimentar, y la verdad es que resultó muy buena, toda muy light.
Pedimos la cuenta y os la pongo como ejemplo no sólo por los precios, que sabíamos que no serían bajos sino por el tema de la propina en el propio ticket, bien subrayado por cierto y de curioso nombre «gratuity». No está mal la sugerencia de dejar nada menos que 11$ si has quedado muy satisfecho, pero es verdad que aunque nos choque, aquí es la costumbre.
Salimos del restaurante y dudamos en ir a ver las casas flotantes que se encuentran siguiendo la costa hacia el noroeste, pero al final preferimos quedarnos tomando un helado tranquilamente en el Parque Viña del Mar y coger a las 16h. el ferry para volver a San Francisco, no queríamos que se nos hiciese tarde el último día.
Como siempre muy bien organizados fuimos subiendo y pagamos los 12.5$ que nos costó a cada uno. De nuevo buenas vistas de la ciudad de SF y además el día acompañaba. En apenas 25 minutos llegamos al muelle 41.
Desde el muelle ya teníamos pensado ir hacia la tienda de deporte Sports Basement (610 Mason St) a canjear nuestro vale de 66$ y a dejar las bicicletas de alquiler. Hicimos los 5 kilómetros que más o menos les separaban y llegamos a la tienda. Devolvimos las bicis y echamos un vistazo a ver qué me compraba, esta vez me tocaba a mí. La tienda, un poco caótica, no como Decathlon :), no era fácil encontrar las cosas.
Finalmente encontré unas zapatillas marca New Balance rebajadas por 55$ y para llegar al importe añadí unos calcetines. En caja ningún problema con los vales con lo que me salió todo gratis, así que un 10!!!. Por cierto he visto esas zapatillas en Madrid al volver y costaban nada menos que 130€.
Desde allí ya con la ayuda de mi mapa de autobuses busqué la mejor combinación para volver al hotel, no era posible ir directamente y el primero de ellos nos dejó al lado de un lugar por el que no tenía mucho interés pero que ya que estábamos nos acercaríamos, Lombard Street.
Estuvo bien porque para llegar tuvimos que subir por una de las muchas calles empinadas de la ciudad y que son símbolo de las mismas (quién no recuerda las persecuciones de coches de las pelis pegando botes cuesta abajo por esas calles). Esta es también Lombard Street, justo debajo del famoso tramo en zigzag.
Y llegamos al famoso tramo, lleno de turistas para hacerse la foto en esta calle hecha en los años 20 para salvar en zigzag los 40 grados nada menos de inclinación de la misma. No deja de ser curiosa pero quizás deslucida con tanto turista, para mí prescindible pero para gustos, los colores.
Cogimos un nuevo autobús y llegamos al hotel sobre las 20h para preparar tranquilamente la maleta e irnos a dormir pronto ya que nuestro vuelo salía a las 8 de la mañana al día siguiente.
Esta es la ruta que os recuerdo habíamos hecho ese día y que con los cambios que consideréis, espero os pueda servir de guía.
Día 16. Vuelta a casa.
Madrugamos a las 5 de la mañana para coger un UBER unos 45 minutos después. De nuevo un conductor indio como todos los que nos habían llevado, nos acercó al aeropuerto sin tráfico y en apenas 20 minutos. Nos costó 32$, servicio en general de UBER 100% recomendable.
Desayunamos en el hotel y cogimos nuestro vuelo de unas 4 horas de duración con la compañía American Airlines hasta Chicago, que sería nuestra escala antes de llegar a Madrid. El vuelo fue bueno y llegamos a las 14:30h hora local. En ese momento y por pura casualidad se estaba jugando la final de Champions entre el Real Madrid y el Liverpool, busqué wifi como un loco pero no había manera y ya cuando nos acercábamos a nuestra puerta de embarque en una televisión estaba el partido y no beisbol u otro deporte como en el resto. Ahí vimos el final del partido.
Cogimos el vuelo a las 16:40 con destino Madrid y volamos con Iberia, y esta vez sí fue un fantástico viaje, con cantidad de películas y series y un confort de vuelo excelente. Llegamos a Madrid el domingo 27 de mayo a las 7:45h más que cansados.
Os muestro de nuevo el recorrido completo de nuestro periplo por tierras americanas. Ha sido un estupendo viaje en el que hemos disfrutado muchísimo y que espero os anime a hacerlo.
Y un recordatorio final, mi intención con este y todos los post que publico no es mostrar mi vida sino que mi experiencia os pueda servir a vosotros si algún día decidís hacer una escapada similar.
Por último si te ha gustado el post sólo te pido un favorcito, ¡ayúdame a difundirlo!, puedes compartirlo con tus amig@s usando los botones de facebook, y si quieres puedes seguir mi blog. Por supuesto también puedes añadir cualquier comentario que será muy muy bien recibida. ¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!
La motivación original de este viaje a Liverpool hay que decir que fue futbolera. Hace 5 años mi cuñado y yo habíamos ido a Londres a ver un partido de liga del Arsenal y durante los últimos años hablábamos que estaría bien ir a Liverpool y a Anfield, quizás el estadio con el ambiente más especial de todos los de la Premier League. Como además Liverpool había leído que también es una ciudad con bastantes sitios interesantes para ver, decidimos buscar un buen partido y organizar un fin de semana largo para visitarla.
Para que nos acompañara en este viaje, se lo comentamos a mi compañero de escapadas por excelencia y que además coincide que también es futbolero, Manolo, el salmantino errante, y él que es facilón, aceptó.
Lo primero que hay que decir y que facilita mucho el ir a Liverpool es el precio del vuelo, muy asequible, ya que con la compañía Easyjet, por unos 70€ por persona como pagamos nosotros, reserva de asiento incluída, te plantas allí.
La compra de las entradas para ver un partido de fútbol, es otra historia. Cuando compramos los vuelos pensamos que conseguir tickets para Anfield no sería tan difícil, pronto nos dimos cuenta de que es muy muy complicado, y más a distancia. Sus 54,000 asientos se quedan escasos para las solicitudes de pases que hay en cada partido por lo que lamentablemente no nos quedó más remedio que recurrir a páginas web que lo que hacen básicamente es o bien utilizar la reventa o bien «cederte» los pases de algún socio a un módico precio, lo de módico es obviamente irónico.
De los partidos que quedaban de la temporada pusimos el foco en una contra el Tottenham, equipo de Londres y que en los últimos años está ocupando normalmente los puestos más altos de la tabla así que decidimos intentar ver ese partido ya que a priori se presentaba interesante. Mi amiga Carmen incluso estuvo en Liverpool en diciembre de 2017 pero no pudo comprar entradas con esa antelación así que no nos quedaba más remedio que comprarlas por Internet. Más adelante y por no extenderme ahora, os contaré la historia.
El primer jueves de febrero de este 2018 allí estábamos preparados para coger nuestro vuelo a la ciudad del noroeste de Inglaterra, había ganas de pasarlo bien.
Tras el vuelo que tardó como dos horas y media aproximadamente, llegamos al aeropuerto que como no se llama John Lennon, y que no es muy grande, como me gustan a mí, con unos 4.8 millones de pasajeros no es desde luego de los más concurridos de Europa, y comparable por ejemplo en tráfico al de Tenerife Sur en cifras de 2016. Según me había informado ya antes, la mejor opción para ir al centro es en autobús. El metro, o más bien, el tren de cercanías, no llega al aeropuerto, si no que se queda a 3 kilómetros del mismo, en una estación a la que hay que llegar en varias líneas de autobuses como el 86A, 82A, etc.
Dado que el hotel que había reservado estaba un poco lejos del aeropuerto y no céntrico, decidí estrenarme y utilizar la aplicación Uber por primera vez. Me descargué la aplicación en España y una vez en el aeropuerto y tras sacar dinero en los cajeros que hay por ejemplo en la zona donde se recogen las maletas solicité un vehículo en la aplicación. Enseguida apareció uno que según la aplicación nos llevaría por un precio en la franja entre 28-36 libras, lo acepté y nos esperó en el parking junto a la estatua de un Submarino amarillo que hay nada más salir de la terminal de llegadas. Allí nos recogió un conductor bastante amable que nos llevó hasta el hotel. Hizo aproximadamente este recorrido.
Por el camino estuvo bastante hablador, hablamos de fútbol por supuesto, y del Brexit, con el que no estaba de acuerdo (os doy el dato de que en Liverpool triunfó el NO al Brexit con un 58%) y en unos 50 minutos más o menos llegamos a nuestro alojamiento. Finalmente el cargo fueron 34 libras por el trayecto de unos 30 kms por una carretera como de circunvalación con bastante tráfico. Fue una muy buena experiencia con Uber así que os la recomiendo.
Y por fin llegamos a nuestro alojamiento, el Orrell Park Hotel, que había reservado por Booking.com. Tenía buenas críticas y un precio asequible, 114 libras nos costó la habitación triple con desayuno, y 70 una doble con dos camas, una de matrimonio y otra individual (más tarde veréis por qué estuvimos en dos habitaciones diferentes). Nos atendió un indio, al comienzo un poco serio pero a medida que pasaban los días resultó más amable. El hotel era una casa típica inglesa de muchas habitaciones y grandes ventanas que a mí personalmente me gustó mucho.
Las habitaciones estaban bastante bien, reformadas, sencillas pero muy limpias, moqueta muy limpia también, el baño enorme y reformado. El wifi gratis funcionaba muy bien.
Una vez hecho el chekin, eran las 6 de la tarde y preguntamos al recepcionista cómo llegar al tren. Salimos y en apenas 8 minutos estábamos en la estación más cercana, Orrell Park. Ya era de noche, cuestión a tener en cuenta porque hay pocas horas de sol en esta época del año (comienzos de febrero).
Del alojamiento una reseña, me recomendaron un hotel por Internet muy bien situado, junto a Albert Dock y muy bien de precio, este era el Dolby Hotel, ideal por ejemplo si váis un grupo de amigos, lamentablemente no había habitaciones libres, probar si tenéis la opción.
Pagamos un billete de ida y vuelta para el tren para utilizar en el día por 3.5£ y bajamos por la línea azul hasta la parada Central.
Como restaurantes donde podíamos probar la gastronomía local, había leído que de las mejores opciones estaban Maggie May,Thomas Rigby o The Baltic Fleet. Esa primera noche iba con la intención de probar el primero de ellos, situado en la concurridísima Bold Street, pero oh, sorpresa, cerraba a las 6 de la tarde, y fue una pena porque tenía muy buenas opiniones.
Como la calle estaba bastante animada y llena de restaurantes decidimos dar una vuelta para buscar otro, no fue fácil decidirse, así que fuimos sobre seguro y finalmente entramos en un mexicano, llamado Lucha Libre, comimos unas quesadillas, un par de burritos, chile con carne y bebidas y pagamos 48£, bien, sin más.
Después nos dirigimos al club por excelencia de Liverpool, ¿cuál es? Como habréis observado, no he pronunciado todavía la palabra que más se relaciona con la ciudad inglesa, los Beatles, pero lo siento pero nunca me atrajo mucho este grupo, lejos también obviamente de mi generación y desde luego que el viaje no iba con la más mínima intención de ver cosas relacionadas con el famosísimo grupo británico. Liverpool es mucho más que los Beatles, suelen decir en la ciudad. Pero sin quitar eso, no podíamos dejar la posibilidad de conocer y sobre todo disfrutar de buena música en The Cavern Club, por ello nos dirigimos a la famosa Mathew Street, lleno de pubs con muuucha música en directo, eso sí que nos encantó, sobre todo a mi cuñado Víctor, el rey de la pista «by night».
Rigurosamente hablando, y para que no os confundáis, siguiendo la calle un poco más abajo del sitio actual se encuentra el lugar donde originalmente se encontraba el Club donde tantas veces actuaron los Beatles, abierto en 1957 y que terminó siendo cerrado en 1973 debido a las obras del Metro Merseyrail. Fue reconstruido con muchos de los ladrillos que habían sido utilizados en la construcción original para ajustarse lo más posible, y reabrió en 1984. El nuevo club ocupa las 3/4 partes del lugar original.
El club sólo sobrevivió hasta 1989, cuando atravesó una dura situación financiera y cerró sus puertas durante 18 meses. En 1991, dos amigos, el profesor de escuela Bill Heckle y el taxista de Liverpool Dave Jones, decidieron reabrir el club que a pesar de ser un punto turístico mundialmente famoso, continúa funcionando principalmente como un centro de música en vivo.
El lugar donde se encuentra la famosa estatua de John Lennon, no es el actual The Cavern Club, si no The Cavern Pub, que está justo enfrente y que fue abierto en 1994 por The Cavern City Tours, dueños de The Cavern Club, pero que nosotros ni entramos. La fachada está llena de ladrillos con los nombres de grupos famosos que han actuado en The Cavern y el interior está lleno de referencias al cuarteto.
Pagamos las cinco libras de la entrada (antes de las 20h el precio es de 2.5 libras y ojo porque a partir de las 20h no pueden entrar menores) y bajamos los famosos escalones con las paredes llenas de carteles y fotos y que seguro que a los fans del grupo, les emocionarán.
Y por fin llegamos abajo del todo donde nos encontramos la famosa cueva, la reproducción del club más emblemático del siglo XX y por tanto de la historia de la música moderna mundial. Los Beatles tocaron en The Cavern nada menos que 292 veces!!.
No estaba demasiado llena de gente, se podía estar sin agobios. La atmósfera del local, legendaria también por tener en ocasiones una mezcla no muy agradable de olores a humedad, tabaco (cuando se podía fumar) y mucho calor, la verdad es que no resultó nada de eso, en verano supongo que la cosa cambiará. Pedimos unas jarras de sidra y escuchamos al grupo que actuaba en directo. Destacar que no me parecieron caras las 4 libras que pagamos por cada pinta, viendo la historia del lugar podían aprovecharse muchísimo más, buen detalle.
Nos gustó mucho todo, el ambiente y sobre todo la música. En The Cavern Club actualmente actúan a la semana alrededor de 40 grupos y es una genial manera de dar oportunidades a tantos y tantos grupos que aquí tienen un escaparate espectacular. El lugar también tiene un rincón con souvenirs y hasta una zona privada para la que había que pagar entrada y que decidimos no entrar.
Estuvimos en el local alrededor de unos 50 minutos y la verdad es que mereció la pena la visita, seas o no un fan del grupo, desde luego que tienes que visitar este lugar, un IMPRESCINDIBLE de Liverpool. Ahí va un pequeño vídeo que grabé del grupo que actuaba esa noche.
Como el último metro del día pasaba a las 23:40 y nos quedaba una horita, decidimos conocer algún otro local de la calle, y entramos en el que está justo al lado, y resultó genial, se llamaba Sgt Peppers. De nuevo música en directo, cómo cambia el tema de los pubs con música en vivo, qué gran costumbre y qué poco se ve en España. Gente de todas las edades, más bien entrados en años, y sobre todo, y eso lo vimos a lo largo de todo el fin de semana y no precisamente a última hora, bastante perjudicados por el alcohol, eso sí, muy buen rollo y nada que decir de la gente, siempre muy amable, ¿verdad chicos?
Cuando ya quedaban unos minutos para el último metro que pasaba nos dirigimos de nuevo a la estación Central y volvimos en apenas 5 paradas a nuestro hotel. Destacar una cosa que sorprende de las calles de la ciudad, y es la cantidad ingente de mendigos que hay por todas partes, en las principales calles es una auténtica barbaridad, una verdadera pena verlos ahí acurrucados en cualquier esquina expuestos al frío y a la frecuente lluvia.
Día 2. Free Tour. Catedral Anglicana…
Nos despertamos a las 8, algo más tarde que lo que suele ser para mí normal en mis viajes pero fue debido al «error» para mí más importante del hotel, y es que el desayuno comenzaba el fin de semana a las 9 de la mañana!!!, personalmente inconcebible que un hotel ofrezca el desayuno a partir de esa hora, deberían replanteárselo.
Bajamos a las 9 en punto y nos llevamos una agradable sorpresa, gente super amable sirviéndonoslo y pudiendo elegir entre varias opciones. Nosotros elegimos el famoso «english breakfast», y estuvo muy bien porque estaba hecho al momento. Buen café y tostadas, quizás faltó el zumo de naranja natural que siempre reclamo, pero en general tengo que decir que para mí fue más que suficiente.
El día amaneció típicamente británico, nublado, frío, pero al menos no llovía de momento. Eran sobre las 9:40 cuando llegamos caminando del hotel a la estación Orrell Park a coger el tren. Estos rincones, a veces tan simples, tan cotidianos y que pasan tan desaparcibidos, a mí me interesan, me suelo fijar mucho en ellos.
Esa mañana y como vengo haciendo en mis últimos viajes, habíamos contratado un Free Tour en castellano. Me recomendaron la empresa Sandemans así que reservé uno unas semanas antes por Internet. Hay varias opciones de tours, entre ellos el de los Beatles que va recorriendo los sitios emblemáticos donde nacieron los integrantes, las referencias de sus canciones (como por ejemplo Penny Lane o Strawberry Fields), etc y otro que hace referencia a lo bombardeado de la ciudad en la II Guerra Mundial (recordar que esta Liverpool fue la segunda ciudad inglesa más bombardeada y más de un 70% quedó destruida). Nosotros elegimos el digamos más general, el llamado «Tour gratis de Liverpool». Este comenzaba a las 11 de la mañana junto al edificio St George’s Hall así que nos bajamos en la parada de Moorfields a la que llegamos sobre las 10. Al salir, ya pudimos apreciar las calles típicas de la ciudad y que a mí tanto me gustan.
Como quedaba algo de tiempo antes del tour, decidimos entrar en uno de los museos más importantes de la ciudad. He de decir que lo de que sean gratuitos me parece espectacular. Visitamos el llamado «World Museum».
Es el museo de historia natural desde 1851 que muestra múltiples objetos relacionados con los dinosaurios, la historia antigua y el espacio exterior. Es de esos museos enormes para dedicarles casi una jornada entera de mañana o tarde, aunque debéis tener en cuenta que cierra a las 17h. una hora poco acostumbrada a nuestras costumbres. Nosotros le dedicamos poco tiempo, visitando la planta de los dinosaurios y el antiguo Egipto. Como siempre digo, los museos no es lo que más me gusta, me cansan muchísimo pero es una buena opción si eres fan, hace mal tiempo o por ejemplo váis con niños. Me pareció interesante lo que ví, todo muy cuidado al detalle y muy interactivo.
A las 11h nos acercamos ya al punto de partida de nuestro tour gratuito, el precioso St’s George Hall. Junto a la estatua del Príncipe Alberto pudimos ver a un gran grupo de gente con los paraguas rojos característicos de la compañía Sandemans. Nos preguntaron cuántos eramos de habla hispana y nos separaron en dos grupos, yendo cada una con una guía. Eramos como unos 20, casi todos españoles, sólamente un par de argentinos y un chileno. La guía que nos tocó fue Katherin, colombiana, muy sonriente aunque nada más llegar nos «suelta» que que pena que no haya más latinoamericanos, que los españoles somos muy serios… en fin, sería lo último que diría yo siendo guía de un grupo con un 80% de españoles.
Comenzó muy bien la visita, hablando de la historia de la ciudad, que nada tiene que ver según ella con su nombre de traducción literal de «piscina de hígado» Liver-pool. No me voy a extender porque no tiene mucho de especial, es la historia de un pueblo que comienza al lado de un río y que por circunstancias casi accidentales, termina siendo una gran ciudad como es en la actualidad. Únicamente haré referencia a dos fechas, que fue fundada en 1,207 por el Rey Juan sin Tierra como puerto base para conquistar Irlanda y 1,599, cuando la ciudad cobró importancia en la zona ya que los barcos no podían llegar a la cercana localidad de Chester por el río Mersey.
En términos de cifras, que siempre me gustan, y aunque nuestra guía sorprendentemente no sabía los habitantes que tenía la ciudad, decir que están en torno a 470,000 el núcleo urbano en sí, y 864.000 si contamos todo el área metropolitana, encabezando las ciudades de Reino Unido sólo por debajo de Londres, Birmingham, Leeds y parecido a otras como Manchester y la escocesa Glasgow, aunque esto del número de habitantes exactos siempre se complicado.
Pasando a los monumentos, del primero que nos habló fue del propio St George’s Hall, un impresionante edificio considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura neoclásica del Reino Unido. Fue inaugurado en 1854, y lo interesante y curioso es que ha sido utilizado para actos tan diferentes como bailes y celebraciones públicas de la alta sociedad, como juicios ya que ha sido sede del tribunal de la ciudad. Se puede visitar por dentro pero el Tour no lo incluía.
Desde ese mismo lugar se puede apreciar otro edificio imponente, el Empire Theatre. Aunque los orígenes del Empire se remontan a 1866, el teatro actual se construyó en 1925. Tiene el auditorio de doble nivel más grande de Gran Bretaña y puede acoger a más de 2.300 personas. Es famoso porque en 1965 albergó el último concierto de los Beatles en su ciudad natal. También puede visitarse por dentro y la visita es gratuita.
Decir que en esta zona se concentra una gran parte de los edificios más importantes de Liverpool, junto con los del puerto. Además de los dos ya explicados, están la Walker Art Gallery (los amantes del arte no os la perdáis), el World Museum, en el que habíamos estado esa mañana antes del tour y la magnífica Central Library. De esta última haré una dedicación especial porque es muy famosa y apreciada en la ciudad. La biblioteca se inauguró originalmente en 1860, pero tras la destrucción de su interior durante la Segunda Guerra Mundial se inició una lenta restauración. Volvió a abrir sus puertas en 2013 como un impresionante ejemplo de la arquitectura de interiores del siglo XXI.
Las fotos son de la visita que hicimos después de comer, en el tour no entramos, para mí un error poque apenas se emplearían unos pocos minutos. Esta es del impresionante atrio, zigzagueado por multitud de escaleras mecánicas para conectar las diferentes salas de lectura.
Pero para ver lo que alberga en su interior debéis entrar en la Biblioteca digamos moderna, subir las escaleras mecánicas y atravesar hacia la parte este del edificio. Allí os encontraréis con la magnífica Picton Reading Room ( 1.879) una preciosa sala de lectura redonda y que fue la primera biblioteca de UK con luz eléctrica y que es famosa también por tener allí custodiado el pergamino gracias al cual se fundó esta ciudad. Como ya dije fue en 1207 cuando King John (Juan Sin Tierra) decidió fundar una nueva ciudad a orillas del Mersey para evitar tener que pagar los enormes tributos que exigían en Chester.
Sin buscar mucho, pude encontrar alguna que otra obra en castellano que hasta me hizo ilusión y todo…
Después de continuar bajando por la William Brown Street, entramos en los Jardines St. John’s Gardens, detrás de St George’s Hall, donde la guía nos contó una interesante historia de que esos jardines habían sido en el pasado un cementerio.
En la parte inferior de estos jardines hay un monumento en memoria de las víctimas de la tragedia de Hillsborough, una terrible historia. Un total de 96 personas murieron aplastadas en una avalancha humana el 15 de abril de 1989, durante la semifinal de la Copa de Inglaterra (FA Cup) que enfrentaba al Liverpool y al Nottingham Forest en el estadio Hillsborough, en Sheffield (norte de Inglaterra). En abril de 2016, por fin hubo un veredicto y un jurado determinó que la muerte de los hinchas fue consecuencia de un «homicidio involuntario» y culpó a la policía al tiempo que consideró que el comportamiento de los aficionados no provocó la tragedia. Esta decisión fue sin duda un triunfo para muchos de los fans del equipo culpados hasta ese momento de la catástrofe.
Además hay otra curiosa historia relacionada y es que el periódico sensacionalista The Sun durante esos días acusó a la afición del Liverpool de hechos tan humillantes como por ejemplo orinar sobre los cadáveres de los aficionados del equipo rival. La ciudad se indignó tanto que hicieron y siguen haciendo un boicot al periódico para que no se venda en esta ciudad. En algunos comercios vimos carteles como estos.
A continuación nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, con nosotros tres bombardeando a preguntas a nuestra guía. Pasamos junto a la estatua de Eleanor Rigby, relacionada con los Beatles y con una curiosa historia, para acercamos a The Cavern Club donde nos contó todo lo relacionado con el famoso Club así como de la estatua dedicada a Cilla Black (estas historias os las dejo para cuando visitéis la ciudad).
Habían pasado ya casi dos horas así que la guía decidió hacer una pausa, buena idea porque hacía bastante frío y nos mojaba una lluvia intermitente. Tomamos un café caliente en la cafetería de una «escuela de beneficiencia» llamada Bluecoat Chambers School, en un bonito edificio de comienzos del siglo XVIII. Por lo visto una parte de lo recaudado en dicho establecimiento se destina a fines sociales.
Qué bien me sentó el café bien caliente, como me gusta a mí, es de esos momentos en que me gusta el frío y el invierno. Siempre prefiero el frío aunque sea intenso para visitar una ciudad, que el calor asfixiante.
Salimos ya con las pilas cargadas y nos acercamos a Derby Square, a ver otra estatua (qué fijación con las esculturas…), esta la verdad es que tenía una divertida historia. Es la dedicada a la reina Victoria y cuyo origen descubriréis cuando miréis a la monarca desde alguna perspectiva 🙂
Desde aquí ya fuimos descendiendo hacia la zona del río, cruzamos las calles más comerciales hasta llegar a Liverpool ONE, que con unas dimensiones de más de 170.000 m2, fue terminado en 2008 y está lleno de multicines, oficinas y comercios de todo tipo, sin duda un lugar que con buen tiempo se llenará hasta la bandera.
Y por fin llegamos a la zona de Albert Dock, el corazón de la ciudad y uno de los puntos más emblemáticos de Inglaterra. Sus más de 116.000 m2 fueron inaugurados por el mismísimo Príncipe Alberto en 1846 nada menos.
No es solo un antiguo puerto, Liverpool era la puerta de entrada al Imperio Británico y en él desembarcaron todo tipo de objetos exóticos procedentes de todo el mundo, como el algodón, el té, el tabaco, la seda y el brandy. También fue uno de los centros de la Revolución Industrial, lo cual permitió las creaciones más vibrantes de transporte comercial de Inglaterra.
Hoy el muelle atrae a unos cinco millones de personas cada año y es la atracción gratuita más visitada del Reino Unido, con el permiso de Londres.
En la zona soplaba un viento helado y comenzó a llover con más intensidad, por lo que la guía se fue dando prisa en explicar el repertorio que le quedaba porque todos teníamos ganas de terminar. Fuimos hasta la orilla del río junto al Museo de Liverpool para terminar en los edificios quizás más imponentes de la ciudad, las Tres Gracias, que veríamos al día siguiente más tranquilamente y con mejor tiempo.
Y en este punto se encontraba el fin de la excursión, eran casi las dos de la tarde, con lo que había durado casi tres horas y también llegó el momento que ella se encargó de recordar que teníamos que darle la voluntad. La verdad es que la visita no fue todo lo bien que yo esperaba, nada que ver por ejemplo con la guía que tuve en Atenas (Viaje a Atenas), yo habría cambiado bastantes cosas. Reconozco que siempre soy exigente con los guías y siempre espero de ellos que pongan el 100% en sus explicaciones, que estén preparados y motivados, y Katherin, aunque muy risueña, creo que podría dar un paso más en sus explicaciones, además tuvo un par de lapsus que para mí no son aceptables. De todas maneras no es mi intención criticar por criticar sino hacerlo de manera constructiva para mejorar.
Esta es la ruta completa que habíamos hecho.
De ahí nos fuimos corriendo a comer a un restaurante italiano llamado Amalia que nos habían recomendado. Por medio de mi amiga Carmen nos habían reservado para las 2 y media, así que no quería llegar tarde. Tenía una amplia carta y pedimos de primero un antipasto misto para compartir y luego un plato de macarrones carbonara para cada uno que nos gustó bastante. Con una botella de agua y dos Coca Cola pagamos 51£, un precio que no está mal. El trato fue exquisito y aunque tardaron un poco en traernos la comida, podemos decir que quedamos bastante satisfechos, lo recomendaría.
Sobre las 15:50h salimos del restaurante y sin tiempo que perder fuimos a ver los lugares que pudimos y que no visitamos en el tour de la mañana ya que todos cierran entre las 17 y las 18h. Ni que decir tiene que al no haber roaming ya en países de la UE, la posibilidad de tener internet en cualquier momento y lugar es una ventaja increíble para viajar. Por supuesto para movernos por la ciudad e ir de un sitio a otro no soy muy original pero utilizamos el GPS de Google Maps, para mí el mejor invento de la historia para viajar, o al menos que yo conozco.
Comenzamos visitando la Biblioteca Central y de ahí nos fuimos a conocer la Catedral Anglicana. Por el camino vimos la St.Luke´s Church o como mejor se la conoce la iglesia bombardeada, Una iglesia que fue construida en el año 1811 y que fue gravemente dañada el 5 de mayo de 1941 cuando fue bombardeada por la Luftwaffe durante la II Guerra Mundial. Una de las bombas destruyó su interior pero sus muros se mantuvieron en pie.
Llegamos ya casi anocheciendo a un destino que me encantó, la majestuosa Catedral Anglicana. Está considerada como la octava iglesia más grande del mundo (con sus 9690 m²) y la segunda más larga (190m.), solo superada en esto último por la Basílica de San Pedro en el Vaticano. La Catedral fue construida en arenisca roja, con un estilo gótico y no es muy antigua. Curiosamente su diseñador, un joven Giles Gilbert Scott moriría 18 años antes de que la obra terminara. Las obras se iniciaron en 1904, pero fue culminada en 1942, pero debido a la Segunda Guerra Mundial y luego al aumento de la inflación el trabajo se retrasó por varios años hasta 1978 cuando se inauguró oficialmente, habían pasado 74 años!!.
Su interior impresiona, hacía tiempo que no recordaba un templo de esas dimensiones y que me impresionara tanto. Puede subirse a la torre de 110 metros de altura, pero no teníamos ya tiempo. En su interior además hay una tienda de souvenirs y hasta una cafetería!!!
Además tuvimos el privilegio de escuchar un miniconcierto del órgano de la iglesia que ponía los pelos de punta. Es un lugar para visitar tranquilamente y dedicarle un par de horas al menos, con subida a la torre incluída.
Había leído que tenía un cementerio al lado bastante tenebroso y para allí que fuimos y la verdad es que anocheciendo como estaba, sí que lo era un poco. Se trata de los jardines de St. James. Para entrar en él o bien accedes por un estrecho camino a la izquierda según entras en la catedral o bien por la parte de atrás de esta.
Resulta que desde el siglo XVIII la piedra rojiza de la mayoría de los edificios de la ciudad se obtenía de una cantera situada junto a la Catedral. Posteriormente, en el año 1825, este lugar se convirtió en el cementerio St. James.
Este espacio siguió siendo el Cementerio de Liverpool hasta 1936, en el que se agotó el espacio disponible y comenzó a caer en desuso, hasta que en 1972, la ciudad decidió transformarlo en lo que es ahora, un parque público protegido en el que se exhumaron los cadáveres, dejándose algunas lápidas como parte de la decoración, quizás algo macabra, pero todo es acostumbrarse, supongo… el paseo entre tanta lápida, como si de un parque se tratara es cuanto menos, curioso.
Cuando salimos de los jardines ya eran más de las 18h así que no pudimos ver la otra catedral famosa de la ciudad, católica, llamada Metropolitana, y que no tiene nada que ver con la anglicana y que por lo que nos dijo la guía, su exterior siempre ha estado envuelta en la polémica. Fue construida en apenas cinco años en la década de los 60. Con su planta circular y edificada en forma cónica sostenida por 16 pilares, sin duda no es la iglesia típica que estamos acostumbrados a ver. Me recuerda la historia a la Catedral Metropolitana de Sao Sebastiao de Río de Janeiro (Viaje a Brasil).
Ya que estábamos cerca, nos dimos una vuelta por Chinatown. Si bien es un barrio muy pequeño, es especialmente importante ya que Liverpool puede presumir de tener la comunidad china más antigua de Europa. El comercio del té, la seda y el algodón llevaron a este lado del mundo a multitud de marineros que se terminaron estableciendo en estas tierras, especialmente durante el siglo XIX.
A la entrada se encuentra el imponente arco que tiene el honor de ser el más grande fuera de China, mide 13,5 metros y fue un regalo de la ciudad de Shangai, ciudad con la que está hermanada.
Necesitábamos un break para relajarnos un poco así que buscamos un pub para tomar algo. Además coincidía que jugaba el otro equipo de la ciudad además del Liverpool FC, este es el Everton, se enfrentaba al Arsenal en Londres. Dado que por la parte de Mathew Street estaban todos los bares llenos, buscamos por los alrededores y encontramos uno que por suerte había un hueco en una mesa, The William Gladstone, en la cercana John Street. Allí nos pedimos unas Strongbow (siempre pedíamos sidra porque no somos muy amantes de la cerveza y recordábamos los buenos momentos pasados junto a ella en nuestro viaje por Escocia (Viaje por Escocia)). Pagamos 3,2£ por cada una y vimos como le metían un 5-1 al Everton ante la decepción de los asistentes, aunque bien es verdad, que con una pinta en la mano, las desgracias son menos.
Salimos y justo delante teníamos una tienda de souvenirs (Cool Britannia) donde compramos, bueno sobre todo Manolo, el rey de los recuerdos. Por cierto, las dos chicas que nos atendieron, de Canarias.
Eran ya las 20h así que buscamos un lugar para cenar, esta vez sí que iríamos a uno de los que tenía apuntados y donde probaríamos la gastronomía local, el Thomas Rigby’s, uno de los más antiguos del centro de Liverpool.
Allí Manolo se pidió el famoso scouse, un guiso de cordero o ternera con vegetales como patatas, zanahorias, etc.
Yo me pedí unas salchichas con puré de verduras y guisantes, también muy bueno, y parece que también muy british…
Además del plato de Víctor que se pidió una hamburguesa, bebidas y dos cafés, pagamos 43£, bastante bien de precio. En todo momento la atención en todos los restaurantes, muy buena.
Salimos y ya era hora de bajar la comida y tomar unas pintas. Volvimos a la calle de The Cavern y esta vez entramos en Rubber Soul, de nuevo música en directo donde pasamos un buen rato. Yo no seré fan de los Beattles pero sí de la música británica, que para mí no tiene parangón en el mundo, Depeche Mode, Pet Shop Boys, U2, Oasis, siempre fuí fan de estos grupos, la música de las islas, para mí, está a otro nivel.
Ya sobre las 23:10 cogimos el penúltimo tren que nos llevaría al hotel.
Día 3. Albert Dock, paseo por el río Mersey y… Anfield!!
Ese día nos levantamos a la misma hora, pero por casualidad bajé a las 8:30 y ya había gente desayunando así que bajamos pitando.
Y vamos con la historia de las entradas para el fútbol, más bien lo definiría como la trama que tienen montada para hacer negocio con las entradas. Desde España las compramos en la página -footballticketnet.com- pero éstas no creáis que os las envían al mail o te las puedes descargar, nos dijeron desde el principio que nos las podían enviar al hotel o a donde quisiéramos pero una vez que estuviéramos en la ciudad, raro, ¿no?. El truco es que no te envían entradas exactamente si no que te mandan carnets de socios, y luego con esos son con los que tú tienes que entrar en el estadio para una vez terminado, dejarlos en el hotel para que estos los envíen de vuelta. Un lucrativo business que no lo veo muy correcto e incluso hasta legal, porque las órdenes que te dan es que en caso de algún problema no debes hablar con los empleados del campo cuando accedas al estadio. Aquí están los carnets…
Este domingo por la mañana ya teníamos los pases en el hotel (un negocio que a estos les interesa también) y ya supimos en ese momento, y no antes, donde estaban situadas nuestra localidades en el estadio. No sé si de haberlo salido las habría comprado así, pero es verdad que no sé si se tienen muchas más opciones. Además como hecho sorprendente en una liga tan «seria» como la inglesa, nos retrasaron el día del partido del sábado al domingo unos días antes del mismo, por lo que tuvimos que retrasar el vuelo de vuelta del domingo al lunes y coger una noche más en el hotel, pero la habitación triple no estaba disponible, con lo que ese domingo teníamos que mudarnos a una doble con cama de matrimonio y cama pequeña, que fue más barata y también estaba bien.
Salimos del hotel y ese día teníamos pensado pasar el día en el Albert Dock y coger el ferry a lo largo del río Meyrerside. El día era soleado y había caído una helada tremenda durante la noche. La calle del hotel es de esas llenas de casas típicamente british, y que a mí me encantan, nos sorprendió que apenas hay verjas o vallas frente a las viviendas, no como sucede en nuestro país.
Nos bajamos en la parada de Moorfields y fuimos caminando hacia el Muelle. Lo primero que hicimos y para aprovechar el buen día que hacía era acercarnos a ver de nuevo las llamadas Tres Gracias, impresionantes edificios y que el día anterior no habíamos podido disfrutar por el mal tiempo. Son, de izquierda a derecha en la foto inferior, el Royal Liver Building, el Cunard Building (1914-1917) y el Port Of Liverpool Building (1903-1907).
El que más me gustó fue el ROYAL LIVER BUILDING (1908-1911), sede inicial de la compañia Royal Liver Group y que destaca por dos visibles razones según nos había contado la guía el día anterior. La primera de ella es por poseer dos relojes de mayor tamaño que el famoso Big Ben de Londres. La segunda por tener dos esculturas en lo alto de sus torres representando lo que sería el Liver, ave mitológica que da nombre a esta ciudad. Muchas son las historias y leyendas surgidas acerca de estas aves, un macho y una hembra, de las cuales cabe destacar la que indica que el macho está mirando si los pubs de Liverpool están ya abiertos mientras que la hembra mira al mar a la espera de la llegada de algún guapo y atractivo marinero.
Toda esta zona es la llamada Pier Head, un gran orgullo para los habitantes de Liverpool, no en vano a principios del siglo XX este puerto era el más importante del mundo, su puerto era ejemplo de modernidad y vivía en un cambio constante.
Luego no podía faltar una foto con la emblemática estatua de los cuatro de Liverpool, que se encuentra justo enfrente de las Tres Gracias. Inaugurada en 2015, la escultura fue diseñada por Andy Edwards y le costó 200.000 libras a los dueños del famoso club The Cavern que la mandaron hacer para celebrar el 50 aniversario del último concierto de The Beatles en 1965. Vaya siete magníficos…
Después y para hacer algo diferente y dado que hacía muy buen tiempo, habíamos pensado coger el ferry que cruza el río Mersey y por el que pagamos 10 libras por persona. (www.merseyferries.co.uk)
Este es el recorrido que hace, parte de Pier Head para subir a Seacombe, un distrito de la localidad de Wallasey donde es posible bajarse si lo deseáis y podréis coger luego otro, y luego continúa río arriba hasta Woodside, cercano a la localidad de Birkenhead.
En esta época del año había un ferry cada hora, siendo el último a las 15h. y el primero al as 11h, que fue el que cogimos (consultar horarios en su web)
Nada más salir pudimos ver el famoso Stanley Dock, el almacén construido de ladrillo más grande del mundo, donde se utilizaron nada menos que 27 millones en su construcción!! Ahora está en plena renovación para lo que parece una zona de apartamentos, así que si queréis alojaros en un edificio histórico, preguntar precios…;)
El día se empezaba a nublar y con el viento que venía del norte, la cosa se ponía fría fría, tenerlo en cuenta para abrigaros bien si lo cogéis.
Hicimos las paradas en Seacombe y Woodside pero no nos bajamos al no tener mucho tiempo. En Woodside podían verse barcos de guerra atracados.
Dicen que las mejores vistas de Liverpool se tienen desde este ferry y posiblemente sea así, sobre todo de las Tres Gracias, considerados los más bonitos, en contraste con los dos edificios del Museo de Liverpool y el Pier Head considerados por lo visto por los habitantes en una encuesta reciente, los más feos de la ciudad.
Llegamos a nuestro destino de origen empleando unos 50 minutos en hacer todo el trayecto. Es una buena opción si tenéis tiempo y no os importa pagar las 10£ que cuesta, yo lo recomiendo, pero ojo si hace frío porque os congelaréis.
Desde Pier Head caminamos por un paseo muy agradable hacia la zona de Albert Dock, antiguo muelle de 1846que hoy alberga un complejo entramado de museos, galerias, tiendas, restaurantes, bares, hoteles, apartamentos de lujo y oficinas. Entre los museos, está alguno de los mejores de la ciudad como la Tate Liverpool, el Museo Marítimo de Merseyside, el Museo Internacional de la Esclavitud y el The Beatles Story, todos gratuitos como todos los de la ciudad menos este último.
Albert Dock abrió sus puertas como ya dije en 1846 y fue construído para albergar los barcos que en aquella época eran importantísimos en el comercio exterior y estuvo operativo funcionando como muelle hasta 1972. Como curiosidad decir que fue la primera construcción británica fabricada en hierro, ladrillo y piedra, sin utilizar madera en sus vigas. Más tarde se sometió a un programa de restauración a gran escala y abrió sus puertas de nuevo, pero esta vez como una atracción turística en 1988.
Teníamos algo de tiempo hasta la hora de la comida para luego ir al fútbol así que decidimos ver algún museo, como el arte no es lo nuestro decidimos visitar el Museo Marítimo y el de la Esclavitud, que se encuentran en el mismo edificio.
De nuevo una grata sorpresa, el Museo Marítimo a mí me gustó mucho, aunque necesitarías bastante tiempo para apreciarlo y leer toda la información que muestra. Para un amante de la historia como yo es un regalo conocer de cerca por ejemplo el caso del transatlántico Lusitania, cuyo hundimiento por un torpedo alemán en 1915 y que provocó la muerte de 1,191 personas es uno de los hechos más importantes de la Primera Guerra Mundial, contribuyendo a la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra.
El museo también habla del Titanic que aunque se construyó en los astilleros de Belfast y su maldito viaje inaugural con destino a New York salió de Southampton tenía muchos lazos con Liverpool, además de llevar el nombre de la ciudad en el casco. La compañía de gestión ( White Star Line) tenía su domicilio en Liverpool y más de 90 miembros de la tripulación eran de aquí, incluido el vigía que avistó el iceberg junto a la isla de Terranova.
Después de este subimos al Museo internacional de la Esclavitud, dedicado a la historia de la trata transatlántica de esclavos y su legado, y que muestra las crueldades de una práctica que causó la muerte a gran escala, la enfermedad, el desplazamiento y la devastación cultural, pero también se esfuerza en presentar a los esclavos no sólo como víctimas sino también como luchadores que se resistieron a una fuerza claramente superior. Su tono general es sencillo y visual (vídeos, pantallas interactivas, testimonios, modelos de buques,…), a veces más dirigido a escolares para que se hagan una idea del fenómeno, pero aun así trata temas espinosos como el papel de comerciantes africanos, y cómo los mercaderes de Liverpool estimulaban las disputas tribales con la venta de armas y municiones.
Desde el siglo XVI y sobre todo en el XVIII los ingleses se convirtieron en los líderes del tráfico transatlántico de esclavos. Al final de este último, Liverpool controlaba más del 40% del comercio europeo de africanos y el 80% de todo el Reino Unido. Los barcos partían hacia la costa africana, donde intercambiaban las manufacturas inglesas por esclavos, luego cruzaban el Atlántico para vender los esclavos a cambio de las materias primas americanas, con las que regresaban a los puertos de origen. Un negocio lucrativo y ciertamente, otra de las injusticias históricas de la Antigüedad.
Este museo lo vimos más rápidamente y quizás por eso no me interesó tanto como el anterior, aunque es verdad que era mucho más incómodo lo expuesto.
Ya era la una de la tarde y habíamos pensado comer algo rápido en el restaurante del museo. Se encuentra en la última planta y de verdad que fue una muy buena decisión, super tranquilo, con buenas vistas hacia el Albert Dock y además lo que comimos nos gustó mucho, una hamburguesa de ternera (8.5£) y dos roast beef (9.8£), con bebidas pagamos 32.8£.
Terminamos sobre las dos y media de la tarde ya que teníamos la intención de ir a Anfield con el suficiente tiempo de disfrutar del pre-partido, que comenzaba a las 4 y media. Fuimos a la entrada de Albert Dock y cuando iba a solicitar un Uber y pensando que quizás iban a estar muy solicitados ví que justo un taxi acababa de parar y dejar clientes delante de nosotros así que le preguntamos si nos podía llevar y lo cogimos. Nos llevó en poco tiempo y sólo pagamos 9 libras por la carrera.
La aproximación al campo ya era emocionante, quedaban poco menos de dos horas y ya había mucha gente en los alrededores.
Fuimos primero a la tienda, y qué tienda, y cómo estaba de gente. Me recordaba a las tiendas de merchandising de los equipos de la NBA. Artículos de todo tipo, una zona como de souvenirs VIP con artículos de más lujo y más de 20 planchas poniendo nombres a camisetas sin parar.
Decir que dos meses atrás el equipo había perdido uno de sus jugadores más carismáticos, el brasileño Coutinho, fichado precisamente por el Barcelona por nada menos que 160 millones de euros, el fichaje más caro de la historia del club catalán, y que había dejado como máxima estrella del equipo al egipcio Mohamed Salah.
Salimos fuera y decidimos dar una vuelta al estadio. Enseguida vimos que el campo parecía nuevo, a estrenar, luego leí que había sido remodelado recientemente.
Se pensó incluso construir un estadio nuevo pero finalmente se decidió remodelar este. Se amplió la llamada grada Main Stand, que ha ganado 8.500 asientos y elevado la capacidad a unas 54.000 personas aunque parece que se sigue pensando en ampliarlo todavía más, una manera más de acercarse a los ingresos de Arsenal y Manchester United, muy lejos todavía de los reds.
Vimos llegar el autobús del equipo, sorprendentemente recibido con apenas aplausos, curiosa costumbre.
Seguimos avanzando y dimos una vuelta entera al estadio fijándonos en los numerosos carteles dedicados a los jugadores más importantes de este club, fundado en 1892. Dalglish, Keegan, Rush y más recientes John Barnes, Fowler o Gerrard. El único español que vimos fue Rafa Benítez, que ganó la última Champions del equipo, en 2005, pero, sin rastro de por ejemplo Fernando Torres… También pudimos ver como no algún que otro sencillo coche, nada menos que un Bentley seguro que ni siquiera de los jugadores que supongo estarán en algún parking dentro del estadio.
Llegamos a la otra parte del estadio, donde hay otra estatua dedicada a otro de los mitos del equipo, ex entrenador del equipo Bill Shankly, junto a la famosa grada The Kop.
Faltaban unos 40 minutos cuando ya buscamos la zona para entrar y ocupar nuestros asientos, estaban en un fondo así que tras pasar el control y algo nerviosos, y esto es lo innecesario de la historia de las entradas, accedimos sin problemas.
El estadio por dentro es impresionante, todo nuevo, hasta los baños tenían agua caliente, curioso detalle. Y por fin pudimos ver el estadio, que aunque vacío, impresiona, «this is Anfield!!».
Ocupamos los sitios que teníamos, dos juntos y el otro situado dos filas más abajo, otro fastidio. Nos hicimos las fotos de rigor y fuimos viendo a los jugadores entrar, el Liverpool con sus famosos Salah y Firmino al frente. Comenzaríamos tras la portería del Tottenham donde vimos al español Toni, ex-jugador del Español y Atl. Madrid entrenando a los porteros del equipo londinense. Entre sus jugadores destacaba por encima de todos el cotizadísimo Harry Kane, en el centro de la imagen.
Se acercaba el comienzo del partido y la grada se iba llenando, ¡¡el ambiente se caldeaba!! Llegaba el Liverpool al partido en tercera posición de la Premier, y el Tottenham quinto, separados únicamente por dos puntos.
Con la salida de los jugadores llegó el momento quizás más esperado, el entonar 54,000 personas el himno You’ll Never Walk Alone («Nunca caminarás solo»), inspiradas en la canción de Gerry & The Pacemakers que los aficionados de Liverpool Football Club han adoptado como himno del equipo. En este vídeo veréis un fragmento, pero lo mejor, ya sabéis, es poder estar ahí para vivirlo, qué pasada!!!
Y por fin comenzó el partido, entre los gritos de los fans que no dejaban de animar. Los asientos están tan cerca unos de otros que parece que van a sacar un córner y tú estás ahí en el área peleándote con otros para rematar.
Las emociones comenzaron pronto, apenas empezado, en el minuto 3, el egipcio Mohamed Salah recibe un balón en ventaja y marca. Se cae el estadio, gooooooooooool!!!
El resto de minutos, es verdad que pasaron sin grandes emociones, el Tottenham llevando la batuta del juego y el Liverpool replegado atrás. Una cosa curiosa para ver el partido es que haces bastante deporte porque en cada acercamiento y sobre todo para ver bien si la jugada se concentra en la parte de la banda o en el otro lado en el que tú estás, la gente tiene la costumbre de levantarse de sus asientos así que tú tienes que hacer lo mismo, con lo que te tiras casi todo el partido arriba y abajo.
Pasó el descanso y no habría muchas emociones hasta los últimos minutos, que ahí sí que se acumularon pero bien. Empata un jugador reserva recién entrado en el campo, el totalmente desconocido para mí Víctor Wanyama en el 81. 4 minutos más tarde, penalti a favor de los Spurs, lo lanza la gran estrella y máximo goleador en ese momento de la Premier Harry Kane, pero lo falla, otra vez se cae el estadio!!!
Y más se va a caer cuando en el 92 se marcha de nuevo Salah y marca el 2-1. Como véis en este vídeo, los 54,000 espectadores generan un ruido ensordecedor.
Lamentablemente el partido no terminaría 2-1, porque en el 95 el árbitro pitaría otro penalti a favor del Tottenham que esta vez sí Harry Kane anotaría y enmudecería el estado salvo el grupo de fans visitantes que se volvían locos y dedicaban todo tipo de gestos no muy agradables a la afición red.
Y así terminaría el encuentro, un empate a 2 que aunque no hizo que la gente se fuera contenta, había tenido una emoción y había redondeado un partido y sobre todo una experiencia fantástica. Y con tanta emoción a alguno le había pasado factura porque vimos como las asistencias atendían a un espectador muy cerca de nosotros de lo que parecía un ataque cardíaco, espero que se recuperara finalmente.
Salimos del estadio y llegaba la odisea de cómo volver a la ciudad, los autobuses llenos, sin metro cerca, así que nos pusimos a caminar. Como a 15 minutos decidimos cambiar de carril y ver la posibilidad de poder conseguir un taxi que fuera en la dirección opuesta. Finalmente y bastante rápido paró uno que nos preguntó que a dónde íbamos, le dijimos que al centro y nos ofreció llevarnos por 20£, es verdad que un precio mayor al que sería el normal, pero que accedimos porque no era tanto y tampoco teníamos muchas mejores opciones.
El taxi nos dejó junto a la estación Liverpool Central. Teníamos intención de ir a ver uno de los pubs más famosos y que recomiendan en todas las guías, The Philharmonic Dining Rooms, en el que habíamos reservado para cenar a las 21h a través de la opción de Google, pero cuando caminábamos buscando un lugar para tomar algo antes se nos cruzó en el camino un restaurante, que recordábamos Víctor y yo haber comido de maravilla un par de veces hacía 5 años en Londres. El restaurante se llama Bella Italia. A pesar de que era pronto, sobre las 7 y media, dado que habíamos comido temprano y no muy abundamente decidimos entrar y cenar, anulando antes la que habíamos reservado vía Google en el otro sitio.
Perdona Manolo por la foto pero es que ese pedazo de pizza carbonara que te «apretaste» lo merecía. Como nos pusimos, la de Manolo valía 12.99£ y la mía a la que por supuesto le quité toda esa rúcula que un insensato pondría encima 10.99£ y estaban espectaculares, tenían un toque que pocas veces las he comido tan buenas. Luego no nos quedamos ahí y todavía nos comimos un tiramisú de postre. Pagamos en total 52.33£ con tres platos, bebidas, dos postres y un café y de nuevo, y como nos pasó en Londres, terminamos más que satisfechos. Muy recomendable el restaurante que se encuentra en Ranelagh Street y una pena que esta cadena no esté en España.
Tras salir y como no estaba lejos decidimos ir a tomar algo al menos al pub The Philharmonic Dining Rooms que recibe este nombre por estar ubicado enfrente de la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. La historia cuenta que este era uno de los lugares favoritos de John Lennon y de Paul McCartney en su juventud, quienes pasaban muchas horas en este lugar jugando al billar y seguro que tomando alguna que otra pinta. La verdad es que el edificio ya por fuera es precioso, construído entre 1898 y 1900.
Había leído que no tenía muy buenas críticas en cuanto al servicio, que estaba descuidado y no atendían muy bien, cosa que no nos había pasado todavía en la ciudad. Entramos y todo lo que por fuera prometía, por dentro no decepcionaba, el pub tiene un interior espectacular, pero no sé si porque era domingo y estaba casi vacío, o porque efectivamente no nos antendieron en uno de los salones y tuvimos que ir a la barra a pedir, la verdad es que no fué que nos enamorara precisamente.
Tomamos tres sidras, yo una con sabor a cereza que me gustó mucho y pagamos 12 libras por ellas. He de remarcar que los precios de todo lo que tomamos en general en Liverpool me los esperaba más altos, muy diferente por ejemplo a la sensación que tuve en Londres, que fuimos sablazo tras sablazo.
Cuando salimos pasamos junto a otro pub también famoso en la ciudad The Fly in the Loaf, pero en este ya no entramos, a Víctor se le iban las piernas y tenía ganas de música en directo.
Para terminar nuestra estancia en la ciudad disfrutando de nuevo de buena música, volvimos a la calle Mathew Street para estar en un par de pubs. Ya con menos cantidad de gente pero todavía con animación estuvimos hasta las 23h, hora en la que ya regresamos en el tren a nuestro hotel.
Día 4. Vuelta a casa.
Al día siguiente teníamos el vuelo a las 11 de la mañana así con apenas tiempo para ver nada más decidimos tomarlo más relajado e ir al aeropuerto en transporte público, primero por el camino de siempre desde Orrell Park hasta Liverpool Central, para luego coger otro tren que nos llevaría hasta la parada más cercana al aeropuerto, Liverpool South Parkway. Allí esperamos a que llegara un autobús, que por cierto tardó unos 15 minutos, que nos llevó finalmente al aeropuerto. Había sido un trayecto por el que habíamos pagado 9.6£ por el trayecto en tren y 6.3£ por el autobús, en total 15,9£. Os recuerdo que el UBER nos costó 34 hasta el hotel, que está al norte de la ciudad y supongo que en taxi será algo más, vosotros elegís, pero es verdad que el trayecto se nos hizo un poco largo.
Y aquí terminó nuestro fin de semana largo en esta ciudad que como pongo en el título tiene mucho más que fútbol y Beatles. He leído por ahí que es suficiente dos días para ver Liverpool y yo no estoy muy de acuerdo, nosotros estuvimos prácticamente esos 2 días completos y creo que vimos la mayoría de lo más interesante pero no todo, y sobre todo sin dedicarle el tiempo suficiente. Creo que Liverpool bien merece sus 3 ó 4 días para verlo bien, sin agobios, sin correr de un lado a otro y disfrutando de sus rincones. Si ya tenéis más días os recomiendo ir al cercano pueblo de Chester, a apenas 40 minutos en tren, que todo el mundo nos recomendó en la ciudad, más que a Manchester por ejemplo.
De Liverpool pudimos apreciar su pasado, cuya expansión giró en torno sobre todo a su condición de ciudad portuaria importante, luego su papel en la Revolución Industrial junto a Manchester para luego entrar en declive en los años 70 y volver a renacer a finales de siglo con un plan de regeneración que continúa ahora y que se muestra en la renovación de la ciudad, un poco parecido a lo que le ha pasado a Bilbao por ejemplo. Trata de dejar su atmósfera industrial y gris atrás para convertirse en una ciudad mucho más abierta y animada, así la pude apreciar, y eso que fuimos en pleno invierno.
Espero que os hayan entrado ganas de visitar la ciudad, ya sea con partido de fútbol o sin él, ya sea con Beatles o sin ellos pero estoy seguro que pasaréis un buen rato y descubriréis lugares interesantes, en eso consiste viajar ¿no?
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Esta ruta de senderismo, aunque poco a poco se está convirtiendo en una de las más conocidas de nuestro país batiendo récords de asistencia año a año, todavía hay mucha gente que no la conoce, y para mí es un imprescindible del norte de España y de todo el país. Yo la he hecho en cuatro ocasiones, la última en 2022 y he de decir que me sigue pareciendo espectacular. Se sitúa en el Parque Nacional de los Picos de Europa, el más visitado de toda la Península Ibérica.
El trayecto que yo os propongo es de algo más de 11 kilómetros de distancia entre el pueblo de Caín (León) y Poncebos (Asturias). La Ruta del Cares originalmente empezaba en el municipio leonés de Posada de Valdeón, que añadía unos diez kilómetros más a la ruta, pero aunque el recorrido parece que es muy interesante también, ya hace que haya que ir pensando en otras opciones de transporte y alojamiento a si se hace sólo el trayecto de ida y vuelta Poncebos – Caín. Este se puede hacer en un día sin problema, y por su espectacularidad y duración, es el que hace la mayoría de la gente.
Si viniéramos desde la zona de León, habría que llegar al pueblo de Riaño y luego coger la carretera hasta Posada de Valdeón. Desde este pueblo que como he dicho comienza la ruta original, aunque por esta vertiente leonesa es posible ir en coche hasta el mismo Caín.
Si váis por Asturias que es por donde la he hecho yo, tendréis que llegar a la localidad de Arenas de Cabrales y desde ahí tomar el desvío señalizado hacia Poncebos, al que llegaréis tras unos seis kilómetros de sinuosa carretera.
Hay empresas e incluso taxis que para no hacer la ruta Poncebos – Caín de ida y luego vuelta, ofrecen llevarte hasta Caín en autobús y hacer sólo Caín – Poncebos, pero ojo porque el trayecto por ejemplo desde Arenas de Cabrales hasta Caín por carretera os llevará más de dos horas!!
Consejo importante, quizás el que más de todos si decidís ir con vuestro vehículo hasta los pies de la ruta, y es que dado que el espacio para aparcar no es mucho, si sobre todo váis en fin de semana o temporada alta recomiendo de nuevo madrugar, esa gran palabra que sé que en vacaciones cuesta. Intentar llegar no más tarde de las 10.30 – 11h (en agosto os diría las 10 como hora límite) y así podréis aparcar en la zona más cercana al comienzo de la ruta, en la zona donde se coge el funicular que sube a Bulnes. Si no lo hacéis, tendréis que hacerlo en el mejor de los casos en el llamado parking de Ovar, a unos dos kilómetros de Poncebos, y si está lleno, pues arriesgarse a dejarlos en sitios imposibles o directamente, no encontraréis sitio, así que recordar, el aparcamiento, es para mí el mayor de los problemas para hacer la ruta si decidís acercaros en vuestro propio coche.
Antes de comenzar con la senda en sí vayamos brevemente con un poco de historia que siempre creo que es interesante. Esta ruta tiene su origen nada menos que en 1916, cuando se comenzó a delimitar un sinuoso y precario sendero para que los operarios de la compañía Electra de Viesgo pudieran vigilar y mantener un canal de agua, canal que transportaba parte del caudal del río Cares para su aprovechamiento hidroeléctrico en la Central de Camarmeña y que veréis continuamente a lo largo de la ruta. Ya posteriormente entre 1945 y 1950 se amplió y se construyó la senda actual para disponer de un mejor acceso al mantenimiento del canal.
Os paso este interesante mapa de la página http://rutadelcares.com donde podréis apreciar bien un esquema de la ruta. El trayecto sería de arriba a abajo del mapa hasta Caín para luego volver.
Para el tema de la comida, podéis por ejemplo llevar bocadillos que traigáis de casa o los podéis comprar en los bares que hay al comienzo de la ruta, pero a mí personalmente me parece muy cómodo llegar a Caín, comer un menú del día que son bastante baratos, y volver. Recomiendo también llevar agua, un buen calzado y algo para cubrirse la cabeza si el día está despejado.
En lo que al respecto al tiempo que os podrá llevar la ruta dependerá obviamente de vuestro ritmo, lo normal a un ritmo tranquilo y con alguna parada para hacer fotos yo calculo que podrían ser unas 3.5 – 4 horas sólo ida, si váis más deprisa y sin paradas, lo podéis hacer en menos de 3 horas sin problemas como la he hecho yo. Si hacéis ida y vuelta, la ruta os podrá llevar fácilmente un día completo.
Lo más duro si comenzáis desde el pueblo asturiano de Poncebos son los dos primeros kilómetros nada más empezar la ruta, son cuesta arriba por una empinada pendiente, pero no os asustéis, porque después de este comienzo, es todo llano, así que tranquilos, la dificultad de la ruta es baja, sólo tener en cuenta si váis con niños que son 22 kilómetros en total. Si os gusta el mountain bike, deciros que lamentablemente no es posible hacerlo en bici – BTT, en su día se podía y yo recuerdo ver a gente haciéndola pero se prohibió, supongo que por seguridad.
Una vez pasada la primera subida que os hará preguntaros que quién dijo que no era muy dura, comenzaréis seguro a disfrutar del paisaje y a tener unas fantásticas vistas como esta.
Por el camino es bastante habitual encontraros cabras sueltas, que estas sí están aclimatadas al terreno y le dan un toque divertido al paseo.
Seguro que como a mí os dejarán boquiabiertos esas impresionantes paredes de piedra con el río Cares en el fondo del precipicio. Podréis apreciar que hay tramos en que el camino está literalmente esculpido en la roca, una auténtica pasada.
Llegará un momento en el que dejaréis atrás el Principado de Asturias y entraréis en la provincia de León. A partir de aquí la ruta se empieza a estrechar y se hace incluso más bonita, discurriendo a través de grutas, puentes y senderos esculpidos en la roca.
Las paredes del desfiladero se encuentran casi pegadas, la senda aumenta la altura respecto al río, y lo cruzamos por primera vez por el precioso puente de hierro conocido como Bolín. Poco después se vuelve a cruzar hacia el otro lado por otro no menos espectacular, el puente de Los Rebecos.
No pongo muchas fotos de todas las que tengo para que podáis descubrir las imágenes por vosotros mismos.
Ya al final de la ruta, justo antes de llegar al pueblo leonés de Caín, recorremos un tramo en forma de túnel con grandes huecos en forma de ventanales excavados en la roca. Tener cuidado en esta zona porque suele filtrarse agua y a veces hay grandes charcos. Si es mediodía los rayos de luz se filtran por el desfiladero y hace de esta zona un lugar mágico en mi opinión. Es un remate final magnífico a una preciosa ruta que seguro no os dejará indiferentes.
Un rato después llegaréis a la Presa de Caín, donde empieza a abrirse de nuevo el valle y os encontraréis ya el pueblo leonés que da nombre a la presa.
Una vez que habéis llegado a este bonito pueblo encajado entre montañas y que vive básicamente del turismo, encontraréis varias opciones de restaurantes con menús de precios bastante asequibles, rondando los 15€, por eso os decía que para mí no merece la pena ni cargar con bocadillos. Tenéis varios restaurantes como Casa Cuevas (en el que comí yo bastante bien) y luego otros como La Senda, Hostal la Ruta o La Posada del Montañero.
Después de llenar los estómagos y haber descansado el tiempo que estiméis oportuno, podéis retomar el camino de vuelta, el cual ya con el sol seguramente más escondido puede que no luzca tanto el paisaje pero seguro que seguiréis apreciando la ruta y los lugares que quizás os pasaron desapercibidos a la ida.
La parte final, con sus dos kilómetros de bajada, quizás se os haga durilla y os duelan las rodillas pero tras todo lo visto y vivido seguro que os habrá merecido la pena.
Como a mí siempre me gusta añadir alguna opción y a ser posible cercana a la protagonista de esta entrada que es la ruta del Cares, si tenéis oportunidad, os diré un sitio muy cercano que recomiendo, y es el mirador del Naranjo de Bulnes (o comúnmente llamado en la región como Picu Urriellu). Se trata de un pico emblemático de los Picos de Europa, que aunque no es el más alto de la región con sus 2.519 metros, destaca además de por su belleza, por su famosa cara oeste, una pared vertical de 550 metros de altura, referente mundial para los amantes de la escalada.
Para llegar a este mirador, en la zona conocida como de los Collados, donde comienza (o termina según se mire) la ruta del Cares, se puede tomar la carretera, yo recomiendo mejor con coche porque la subida sí que es larga y sobre todo pronunciada, y que os conducirá a la aldea de Camarmeña.
La subida de apenas un kilómetro, tiene una pendiente importante y tras unas cuantas curvas de herradura llegaréis al pequeño conjunto de casas que componen Camarmeña y donde no hay mucho espacio para aparcar en los márgenes de la carretera. Aquí os recomiendo tomar algo o si tenéis la oportunidad como hice yo comer o cenar en el Bar la Fuentina, un lugar con magníficas vistas, con una comida excelente, 100% asturiana y donde el servicio es exquisito. No os lo perdáis!!
Desde la curva de la carretera más cercana a este bar, tenéis indicado el camino hasta el mirador, y en unos cinco minutos estaréis disfrutando de las vistas con el singular Picu Urriellu al fondo, eso si no hay nubes claro, cosa bastante habitual.
El mirador de Camarmeña se encuentra alineado con la llamada Canal del Tejo por donde discurre la senda que sube a Bulnes y que han utilizado los vecinos de este pueblo para comunicarse con el exterior hasta la apertura del funicular.
SOTRES
Si todavía os sobra algo de tiempo o mejor si os lo podéis permitir por tiempo otro día, además de coger el nombrado funicular que os llevará al pueblo de Bulnes (y cuyo precio del ticket no es barato precisamente) podéis ir por carretera a conocer un pueblo que yo visité recientemente y que me encantó, Sotres.
Desde el puente de Poncebos hay unos 11 kilómetros hasta el pueblo más alto de Asturias, situado a más de 1,000 metros sobre el nivel del mar. El paisaje por el camino, es como no, impresionante, eso sí, prepararos para una buena sesión de curvas.
Sotres es un pequeño pueblo casi ya en la provincia de Cantabria que vive cada vez más del turismo, sobre todo de montaña, y está salpicado de tiendas de souvenirs y artesanía, y por supuesto de restaurantes.
También tiene otra atracción muy interesante y muy muy recomendable, poder visitar una quesería donde os explicarán el proceso de elaboración y maduración en cuevas del famoso queso Cabrales. Yo en 2020 decidí hacer la visita a la Quesería Maín y me pareció que merece la pena.
El precio de la visita con degustación final es de 9.5€ por persona (menores de 6 años gratis) (precios de 2022) y comenzaréis por una breve explicación en la fábrica.
A continuación vendrá lo mejor, que es la visita a una de las cuevas donde «maduran» los quesos. Pero es que el camino que os lleva os va a dejar de piedra como me deja a mí cada vez que voy, porque os acercará a ver unos de los paisajes más fantásticos no sólo de toda Asturias sino que me atrevo a decir de España, y no sé si más, yo que conozco unos cuantos sitios de este planeta, si no juzgar viendo esta maravillosa muestra. ¿Os lo váis a perder?
Llegaréis en unos 15 – 20 minutos caminando a la cueva (procurar llevar calzado adecuado), en la que al entrar notaréis cierto olorcillo característico…
Y ya por fin os encontraréis con los quesos y una breve, pero para mí muy interesante explicación de cómo se consigue ese sabor tan característico.
Regresaréis a la quesería y en este espacio tan bonito os ofrecerán a probar varios quesos regados como no, con una botella de sidra fresquita, por supuesto podréis comprar el auténtico queso de cabrales de 4 o 12 meses de maduración. Aquí tenéis la página con toda la información de la visita y cómo reservarla.
Si no queréis hacer la visita y sólo disfrutar del pueblo y de sobre todo el paisaje que os mostré antes, deberéis subir a la parte más alta y desde donde por ejemplo comienza una ruta de senderismo hasta el vecino pueblo de Tielve. Ahí encontraréis la maravillosa área recreativa de Sotres donde podréis contemplar el espectáculo.
Bueno, pues esta es mi aportación para que sigáis conociendo rincones fantásticos de nuestra tierra y os animo para que en una escapada que no os llevará más de un par de días podáis visitar esta maravilla que es la ruta del Cares, Sotres y por supuesto los Picos de Europa en general.
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Un 19 de mayo de 2017 cogíamos un vuelo hacia Atenas con la primera aerolínea en importancia del país, Aegean Airlines. Atenas nos esperaba, qué ganas!!!
Los vuelos de Madrid a Atenas y la vuelta desde Santorini-Atenas y Atenas-Madrid, nos costaron 448€ los tres, facturando dos maletas, un buen precio sin duda.
Mucho había oído y me habían contado de lo decadente que parecía la ciudad ateniense, y como suele pasar cuando se va con unas expectativas tan bajas a un destino, que luego muchas te sorprende para bien, y este fue mi caso.
En unas 3 horas se recorren los 2400 kms que separan las dos ciudades, y en un viaje bastante agradable, con una buena atención y con espacio suficiente en los asientos llegamos por fin al país heleno. Una vez allí, hay tres opciones principales para ir a la ciudad: el metro, la opción más económica, el autobús, que por seis euros te deja en pleno centro o el taxi, la opción más rápida, cómoda pero también obviamente la más cara. Finalmente decidimos coger esta última, fuimos a la parada, y vimos que había una tarifa fija de 38€ hasta el centro, lo cual se agradece, detesto tener que empezar ya a negociar precios con los taxistas o correr el riesgo de no coger la ruta más rápida y ser engañados. Dimos con un taxista muy simpático que en un inglés más que aceptable nos hizo la ruta hasta el hotel muy amena. Por cierto, el aeropuerto no está cerca de la ciudad (unos 40 km), y entre eso y el tráfico ateniense, tardamos como unos 50 minutos en llegar.
Tuve claro desde el principio que para esta ocasión buscaría un hotel sobre todo céntrico, para que fuera más cómodo para la niña, y también para nosotros. Finalmente elegí el Plaka hotel (www.plakahotel.gr), que resultó una muy buena elección. El precio de la habitación no fue barato (unos 130€ con desayuno), pero sin duda pagábamos el estar a 5 minutos de la Plaza Síntagma. La llegada y acogida fue estupenda, el hotel desde luego no es nuevo ni grande, típico de los hoteles céntricos, pero poco a poco nos fue gustando un poco más cada día. Subimos a la habitación en la planta 6, era pequeñita pero lo que más destacaba de la misma era la gran cama de 2 x 1,5m que teníamos para los tres y las vistas desde la ventana del Partenón. Nos instalamos y ya sobre las 6 de la tarde nos preparamos para salir, no sin antes subir a la azotea, otro de los principales atractivos del hotel, y del que se tienen unas vistas magníficas.
Salimos a la calle y ya comenzamos a ver el ambiente, el ritmo de vida, los precios de las tiendas, los restaurantes. Yo como fan de las cifras y la economía, sentía mucha curiosidad también por saber cómo estaría el país tras todo el período convulso que ha vivido desde el punto de vista económico desde 2008, que le llevó a la reducción de su PIB en el período 2008-2013 en un 25%!!.
Este turbulento período comienza cuando a principios de 2010, se descubre que el gobierno griego había cometido irregularidades en el cálculo del déficit público para cumplir con el límite impuesto por la Unión Europea, y se descubre que realmente es de nada menos un 13,6 % del PIB!!!. Como consecuencia, comenzó lógicamente una crisis de confianza internacional sobre la capacidad de Grecia para pagar su deuda pública. Para prevenir dicha situación, en mayo de 2010 otros países de la eurozona, junto al FMI, acordaron un paquete de rescate, esa palabra «maldita». Para asegurar estos fondos, Grecia tuvo que adoptar una serie de medidas de austeridad extremas para mantener su déficit bajo control. En 2011 se vió que el rescate financiero sería insuficiente, por lo que se aprobó un segundo paquete para 2012, sujeto a condiciones estrictas, incluyendo reformas financieras y más medidas de austeridad, otro golpe mortal para la población. Hubo incluso un tercer rescate en 2015 y hasta se rumorea que pueda haber un cuarto. Todo esto ha «lastrado» el país como es lógico haciendo por ejemplo que el PIB global en 2016 se sitúe en valores de 2003, lo cual indica más de una década perdida.
Esa tarde la tomamos de relax y sin más pretensiones que dar una vuelta. Estuvimos por la animada calle Ermou, que se asemeja en Madrid a la calle Preciados o a la de Santa Clara en Zamora, jeje.
En el medio de la misma hay una iglesia bizantina de planta cruciforme muy interesante llamada Kapnikarea, que está dedicada a la Presentación de la Virgen María. Terminada en el siglo XIII, la iglesia abovedada casi fue demolida en nombre del progreso. Actualmente, pertenece a la Universidad de Atenas. Fue una pena que estuviera cerrada y no pudiéramos entrar.
Ese día por no investigar y sobre todo por la niña acabamos cenando en el McDonalds de la plaza Síntagma y volvimos pronto al hotel, al día siguiente había que madrugar, no sin antes pasar por una plaza donde está la magnífica Catedral de la Anunciación de Santa María, templo ortodoxo, terminado en 1862 y que sufrió en terremoto en 1999.
Esta es la tranquila ruta que habíamos esa tarde-noche.
Día 2. Acrópolis y barrio Monastiraki
Para este primer día completo en la capital helena, habíamos decidido desde España por supuesto visitar la Acrópolis pero hacerlo con una visita guiada ya que es fundamental hacerlo por toda la historia que tiene y creo que si no lo haces así, la visita no es lo mismo porque no dejan de ser monumentos que o conoces bien la historia de los mismos, o la visita puede ser algo decepcionante. La visita la contratamos y pagamos desde España con la agencia «Greciavacaciones», aquí está el detalle de la visita (www.greciavacaciones.com/visita_Atenas) y tengo que decir que fue un gran acierto porque tanto la atención previa a la visita desde España como la visita en sí en Atenas fueron excelentes, la guía estupenda. Pagamos 70€ cada uno de nosotros y la niña gratis (en otras agencias nos hacían pagar la mitad por ella), pero está incluida la entrada a la Acrópolis (20€) y el Museo de la Acrópolis (5€). La visita era en español que busqué a propósito y comenzaba a las 8 de la mañana, así que a las 7 ya estábamos despiertos después de pasar una no muy buena noche durmiendo los tres en la cama y con la visita de unos indeseables mosquitos que marcaron la cara de nuestra hija. Nos arreglamos y bajamos al comedor, donde nos esperaba un buen desayuno, con bastante variedad y donde tuve mi primer contacto con el magnífico yogur griego, nada que ver con el que dan en España, este es muy espeso, riquísimo.
Casi todas estas visitas tienen el mismo itinerario, te dan la opción de recogerte en unos cuantos hoteles y si no en otros lugares céntricos. Nuestro punto de recogida fue el hotel Electra Ermou, cerca de la plaza Síntagma, como decía a las 8 de la mañana. Llegamos y no había ni un español más en el grupo, todos eran sudamericanos, sobre todo argentinos, nos montaron en un minibús y comenzamos.
Lo primero que vimos fue el Arco de Adriano, impresionante con sus 18 metros de altura en honor al emperador romano, junto al que se encuentra el Templo de Zeus, aunque comenzado en el siglo VI a. C., no fue terminado hasta el reinado del emperador Adriano, en el siglo II. La verdad es que no queda mucho de él así que si no tenéis mucho tiempo yo priorizaría otros lugares. Desde allí continuamos e hicimos la única parada antes de la Acrópolis, en el Estadio Panathinaikó, también conocido como el Kallimármaro. La guía nos dice que se construyó en madera en el siglo V a.C. pero en la época de Adriano se reconstruyó de mármol blanco. En el XIX fue objeto de una nueva remodelación que le permitió acoger la primera edición de los Juegos Olímpicos Modernos en 1896. En él cabían nada menos que 50,000 espectadores. Si queréis entrar dentro hay que pagar una pequeña cantidad pero desde fuera se ve perfectamente.
Por el camino nos iba contando la guía datos históricos muy interesantes y curiosos como por ejemplo que Hellas, es para ellos el nombre de su país, y ellos son helenos, lo de griegos es cosa de los europeos occidentales. También que los romanos cuando ocuparon Grecia cambiaron todos los nombres de los dioses. Los cristianos todo lo consideraban pagano y convirtieron los templos en iglesias y muchos los destruyeron. Desde el siglo XV y durante 400 años fueron invadidos por los otomanos, de los que finalmente se independizaron en 1821, de ahí la «difícil» relación que siempre han tenido y que continúa en la actualidad.
Continuamos la ruta y pasamos por los Jardines Nacionales, en el que destaca el llamado Zappeion, bonito edificio inaugurado en 1888 para los Juegos Olímpicos y que ahora es utilizado para reuniones y ceremonias.
Luego pasamos por la famosa plaza de Síntagma donde está el Parlamento y que visitaremos otro día con más calma. Aquí nace la calle Panepistimiou (cuyo nombre oficial es ‘Eleftheriou Venizelou’), donde se concentra la ‘trilogía’ neoclásica del arquitecto danés Theophil Hansen, formada por la Universidad, la Academia y la Biblioteca. Primero pasamos por la Academia, un espectacular edificio de columnas jónicas fundado en 1926 y que es el centro de estudios e investigación mas importante del país.
La Universidad, que fue fundada en 1837 y que tuvo su sede inicialmente en un edificio en el nordeste de la colina de la Acrópolis. En el año 1843, se transladó a este otro que vemos desde fuera.
Y por último la Biblioteca Nacional, otro precioso edificio neoclásico diseñado también por T. Hansen entre los años 1.887 y 1.902. Se trata de la mayor biblioteca de Grecia y contiene la mayor colección de libros y no solo en lengua griega.
También pasamos junto a la Catedral Católica de San Dionisio, uno de los pocos vestigios de la religión romana en Atenas, y como curiosidad, aquí se casaron los reyes Juan Carlos y Sofía en 1962 por el rito católico, mientras que la ceremonia ortodoxa se celebró en la Catedral de la Anunciación de Santa María, y que vimos por fuera el día anterior.
Sobre las 9:30 llegamos ya al parking bajo la Acrópolis. Puede parecer pronto pero ya había mucha gente dispuesta a visitar la joya ateniense. Desde luego que si hubiera ido por mi cuenta habría llegado allí a las 8, que es cuando abren. Según las estadísticas, cada año visitan la Acrópolis más de tres millones de personas, y yo todavía sin venir…:)
La guía ya nos empieza a explicar la historia de la Acrópolis, yo por no extenderme os contaré lo que considero más importante, el resto me gustaría que las oigáis una vez allí. Sólo deciros que la Acrópolis traducido literalmente del griego, significa «ciudad alta», constituye un lugar característico de la mayoría de las ciudades griegas que poseía la función defensiva, además de funcionar como sede de los principales lugares de culto.
El personaje clave y al que debemos todo este legado fue Pericles. Gracias a la fiebre constructora de este gran hombre de Estado, que gobernó Atenas entre el 461 y 429 a.C., este siglo V es considerado la Edad de Oro de la ciudad. Fue él quién, después de que los persas arrasaran la Acrópolis, hizo construir el Partenón, los Propileos y el Erecteión, bajo la supervisión del gran Fidias, autor de muchas esculturas que, por desgracia, sólo conocemos a trravés de copias.
Una vez atravesadas las taquillas donde se deben formar unas buenas colas en temporada alta, y pagada la entrada de 20€ que incluía la excursión, lo primero que fuimos a ver y que se encuentra a la derecha según se sube es el Odeón de Herodes Atico. Las obras para su construcción comenzaron en el año 161 gracias al mecenazgo de Herodes Ático, orador y político griego pro romano, en honor de su difunta esposa. De menores dimensiones que su vecino, el más antiguo Teatro de Dioniso, tenía una capacidad para albergar un aforo de unos cinco mil espectadores. Fue sin duda un primer regalo para la vista.
Deciros que en la Acrópolis por supuesto hay baños y máquinas expendedoras de agua y por cierto sorprendentemente baratas, menos de un euro cada botella. Nosotros fuimos en mayo y no nos hizo excesivo calor pero tener en cuenta que apenas hay sombra durante el recorrido y que el sol cae «a plomo» así que tenerlo en cuenta porque en meses más hacia el verano el calor puede ser insoportable, llevar además algo para cubriros la cabeza.
La entrada a la Acrópolis propiamente dicha (recinto amurallado) se realiza por una gran puerta llamada Propileos, que fue erigido entre 437 y 432 a.C. Se trataba de un edificio central de forma rectangular compuesto por columnas dóricas que delimitaban cinco puertas de acceso con diferentes funciones, y dos alas laterales. Su reconstrucción comenzó en 1982 y parece que ya terminó, porque tenemos la suerte de verlos sin andamios.
A su lado derecho y frontal se encuentra el Templo de Atenea Niké, cuyo apodo de la diosa griega significa «victoriosa». Como curiosidad decir que de aquí cogió el nombre la famosa marca deportiva y el símbolo basado en el ala de la diosa griega. Las vistas que tiene de la ciudad, son espectaculares.
Una vez cruzada la entrada, a la derecha nos encontramos con el archiconocido e imponente Partenón, cuya reconstrucción más reciente comenzó en 1984 y que nadie sabe cuándo terminará. Fue concebido como el principal edificio de todo el conjunto y construido por los arquitectos Ictinus y Calícrates en apenas once años (447-438 a.C.). Se utilizaron 13,400 bloques de mármol y se hizo para reemplazar al dedicado a Atenea Parthenos (la Virgen), destruido por los persas poco antes de la batalla de Salamina (480 a.C.) y que a su vez fue construido para conmemorar la victoria antes estos en la batalla de Marathon del 490 a. C.
Si tenéis una buena guía como fue nuestro caso, sus explicaciones sobre cómo calcularon al milímetro la estructura del Partenón, cómo colocaron sus columnas de dos metros de diámetro, más de diez de altura y hasta 80 toneladas dándole un efecto visual de perspectiva, os dejará seguro tan boquiabiertos como me dejó a mí, ESPECTACULAR. A mi hija no tanto, la frase de «¿pero papá por qué estamos viendo esto si está todo roto?» me llegó al alma :):):)
Dentro del Partenón había una gran sala donde se encontraba una colosal escultura de madera revestida de marfil y oro de 12 metros de altura de la diosa Atenea Parthenos, realizada por Fidias. Nos habla también nuestra guía del espectacular friso, del que hablaré más adelante. Aquí está la fachada este del edificio, la más deteriorada y que nada queda del tímpano y del frontón, una lástima.
Para terminar nos habla de todas las visicitudes pasadas por el Partenón y que han ido deteriorando el edificio poco a poco. Entre los años 1208 y 1258, el interior del Partenón albergó una iglesia bizantina, en 1458 fue transformado en una mezquita, pero la fecha clave de su mayor destrucción fue en 1687, cuando las tropas venecianas lo bombardearon, ya que los turcos lo habían convertido en un polvorín. La explosión destruyó el techo, las paredes interiores y una parte de los muros exteriores.
Dejamos el Partenón, a la izquierda del cual, al norte de la Acrópolis, está el Erecteión, con su célebre tribuna sostenida por seis Cariátides, mujeres encarnadas en columnas y que son copias de las originales. Más adelante comentaré donde se encuentran estas.
El Erecteion constituye una obra maestra del orden jónico. Fue construido entre los años 421 y 406 a. C. para reemplazar al antiguo templo de Atenea Polias que había sido destruido por los persas el 480 a. C. durante las Guerras Médicas.
Una vez que dejamos este templo y tras haber saboreado todas las interesantes explicaciones de nuestra guía, tuvimos media hora libre en la que recorrimos todo el complejo tranquilamente. Vemos la zona del Agora y disfrutamos de las vistas.
Y la fachada oeste con unas vistas no menos espectaculares.
Y ya sobre las 12 de la mañana vamos bajando poco a poco y dejando atrás este magnífico lugar. He de decir que me encantó la Acrópolis, tiene una historia apasionante y ha superado todas mis expectativas, eso sí, como ya dije antes, en gran medida por la guía tan buena que llevamos.
Llegamos otra vez al parking donde nos subimos en el minibús que nos llevaría al otro «plato fuerte» de la visita, el Museo de la Acrópolis. Para aquellos que por ejemplo no llevéis niños y estáis dispuestos a ver uno de esos grandes museos de pasaros casi el día entero, sin duda recomiendo el Museo Arqueológico Nacional, uno de las referencias mundiales en el tema de la Arqueología. Nosotros decidimos ir al otro por ser mucho más pequeño, más moderno e interactivo con el objetivo de que no se le hiciera pesado a nuestra hija, es lo que tiene viajar con niños.
El Museo de la Acrópolis fue inaugurado hace relativamente poco tiempo, en 2009 y se nota, porque ya la entrada es de lo más moderno. Esperamos un poco de cola y accedemos a la recepción previo pago de sólamente 5 euros (un regalo creo yo con los precios que se ven por Europa). Dentro hay unas maquetas con la evolución de la Acrópolis y diversas pantallas donde nuestra hija se lo pasa pipa viéndolas. Dejamos la mochila en un servicio de consigna que permite dejarlas y luego recuperarlas (decir que váis en un grupo así no os cobrarán nada) y comenzamos la visita.
La planta a la que se accede primero muestra diferentes esculturas y piezas clásicas que pertenecieron a la Acrópolis, o bien diversos fragmentos de algunos edificios como los Propileos, el Templo de Atenea Niké y el Erecteion que nuestra guía nos va explicando y que las hace muy interesantes.
Subimos a la última planta donde vemos, cual modelos de pasarela, unas de las estrellas del museo, las famosas Cariátides. Aquí se conservancinco de las seis originales, la otra?… está en el British Museum de Londres ¿motivo?. Hago un inciso aquí para explicar uno de los hechos que más «ampollas» levanta entre los griegos, y es lo que consideran el expolio que protagonizó el inglés Lord Elgin a comienzos del siglo XIX cuando se apropió de diversas partes del Partenón y otros edificios. Comenzó llevándose pequeños trozos pero terminó animándose y se llevó nada menos que 17 barcos cargados. Todavía hoy este pillaje provoca indignación en los helenos y no dejan de pedir al país británico continuamente que devuelva todo aquello, a lo que estos, se niegan.
La planta superior fue construida de un modo peculiar, ya que posee las mismas dimensiones que el Partenón y está desviada respecto al resto del edificio, de este modo, la planta está orientada directamente hacia la Acrópolis y los visitantes pueden contemplarla a través de los amplios ventanales del museo, un gran acierto a mi modo de ver.
Aquí vemos a nuestra guía (que lamentablemente no recuerdo su nombre porque era muy raro, para nosotros claro) en medio de una de sus explicaciones, que hasta a nuestra hija le interesaba 🙂
Quizás la parte más importante que se llevó el inglés Elgin, fue el magnífico friso del Partenón, que medía nada menos que 160 metros de largo y que rodeaba la parte superior de la cella del mismo. Es considerada, nos cuenta nuestra guía, una obra maestra de la escultura griega clásica y está realizado en bajorrelieve con mármol en estilo jónico, aunque en un edificio dórico. Representa probablemente la procesión de las Grandes Panateneas, que tenía lugar cada cuatro años en honor de la diosa Atenea. Fue esculpido aproximadamente entre los años 443 y 438 a. C. muy probablemente bajo la dirección de Fidias. Sobreviven unos 128 metros del friso original, alrededor del 94%. Sus fragmentos se encuentran dispersos en diversos museos, aproximadamente el 38% se encuentra en el Museo Británico, el 48% está en este y el último 14% se reparte entre otros museos.
Se nota que este tema le duele especialmente a nuestro guía, como a tantos griegos, y nos cuenta, con algo de satisfacción, que este inglés que realmente se llamaba Thomas Bruce, tuvo que afrontar la maldición de Atenea, ya que este episodio de pillaje le conllevó diversas pérdidas, de su libertad (fue detenido por las tropas francesas de Napoleón), dinero, reputación, carrera, su mansión -confiscada por deudas-, incluso su mujer, puesto que al regresar de Francia encontró que estaba conviviendo con otro hombre y terminó sus días sólo y con problemas con el alcohol.
Y una vez terminada la visita a este interesante museo concluyó la excursión. Eran las 13:30h y nos ofrecieron dejarnos ahí o llevarnos a nuestro punto de recogida. Nosotros nos decantamos por esta última opción.
Bajamos la calle peatonal Ermou en busca de un lugar para comer (preferí improvisar que ir a un sitio fijo de los que podían recomendar en opiniones de internet). Junto a la iglesia bizantina Kapnikareay nuestro hotel, decidimos entrar en uno que tenía buena pinta, con una buena terraza y el menú que venía fuera tenía un poco de todo, se llamaba Collage (www.collageathens.com). Comimos muy bien, no en grandes cantidades pero muy bien, mi mujer una ensalada, a la niña le hicieron un plato de spaghettis boloñesa y yo tuve mi primer contacto con el plato que más me apetecía comer, la moussaka. La atención fue exquisita y pagamos 44€, y ojo porque el IVA más alto en Grecia subió en 2016 hasta nada menos un 24%, sin duda consecuencias del rescate que había que pagar. Otro hecho curioso que no había visto nunca es que cuando pagas con tarjeta, y una vez metido el número secreto en el datáfono aparece una opción que te pregunta si quieres dejar propina y luego te da varias opciones de porcentajes del total de la cuenta, un sistema práctico a la par que ingenioso.
Desde allí nos fuimos al hotel a descansar un poco y sobre las 18h salimos a dar un paseo por la zona de Monastiraki. Tenía curiosidad por ver el tema de los precios, según las estadísticas Grecia lleva con inflación negativa debido a la crisis desde 2013, y en 2017 es el primer año que los precios comienzan a subir. La verdad es que no sé si por la culpa del IVA tan alto, los precios no los encontré especialmente bajos, aunque bien es verdad que no dejamos de movernos por lugares turísticos, diría que eran más bien normales.
Salimos del hotel y cogemos la calle Pandrossou en dirección oeste, hacia la plaza Monastiraki. Todas estas calles estrechas están llenas de tiendas con todo tipo de souvenirs, típicas de cualquier ciudad turística, pero se respiraba buen ambiente.
Enseguida llegamos a la plaza Monastiraki y la Biblioteca de Adriano construida en el año 132 d.C. bajo las órdenes del emperador romano Adriano. Era un impresionante edificio rectangular creado para albergar la extensa colección de libros que poseía el emperador, además de funcionar como sala de lectura y centro de convenciones. Se puede visitar con una entrada combinada con la Acrópolis, Agoras, templo de Zeus, etc, pero nosotros preferimos seguir paseando por los alrededores.
Toda esta zona cercana a la plaza de Monastiraki es muy animada, con mucho ambiente, contando además con que era sábado.
Subimos desde allí para coger la calle Adrianou, una de las principales (al final del día os mostraré toda la ruta como siempre en Google Maps). Por esta parte desaparecen las tiendas y comienza una zona de restaurantes que nos pareció muy agradable, pasando al lado del Agora y el magnífico Templo de Hefestión, uno de los templos más bellos y mejor conservados de la ciudad.
Continuamos y nos topamos con una iglesia ortodoxa. Tenía mucha curiosidad por saber un poco más de esta rama del cristianismo, separada de la iglesia católica en el siglo XI, así que como estaba abierta, decidimos entrar a visitarla y la verdad es que resultó ser una de las experiencias del viaje. Estas iglesias se caracterizan por su decoración interior, con multitud de pinturas sobre paredes y techos.
La iglesia en cuestión resultó ser la iglesia ortodoxa del Apóstol Felipe, y en ella pasamos un buen rato viendo tanto a las personas que entraban y hacían su ceremonia de rezo, como los “ritos” del sacerdote y que lamentablemente no sabíamos el significado. En este vídeo podéis ver ambos rituales, muy curiosos y tan diferentes a los de la iglesia católica que estamos acostumbrados.
Seguimos callejeando y pasamos por algunas con tiendas a ambos lados que a mí me recordaban a los zocos de los países musulmanes, como la calle Ifestou. Acabamos de nuevo en la plaza Monastiraki, donde el ambiente era de lo más variopinto, con multitud de griegos y turistas mezclados. Es una plaza cosmopolita lleno de vida y donde puedes pasar un buen rato observando. Aquí vemos la mezquita Tzistarakis (que lamentablemente estaba cerrada cuando fuimos y no pudimos visitarla) y la Acrópolis al fondo.
Y aquí la iglesia bizantina de Pantanassa, en el otro lado de la plaza.
Seguimos ruta por la calle Mitropoleos en dirección al hotel. Esta estrecha calle está llena de restaurantes, con la típica imagen de los camareros invitando al turista a entrar. Tomamos algo a mitad de camino y como ya es la hora casi de cenar, nos ponemos a buscar un sitio. Por cambiar un poco cenamos un par de pizzas con bebidas, y pagamos 23€, para que veáis que no es caro, en un restaurante llamado Styl Cafe, muy cerca de la calle Ermou, pero hay muchos más. Desde ahí volvimos caminando al hotel que lo teníamos al lado.
Leeréis muchas recomendaciones de subir a las colinas de Licabetos o Filopappos para ver la puesta de sol o ver la ciudad de día o de noche.
El monte Licabeto (Lycabettus) se encuentra al noreste del centro. Podéis subir a pie si estáis bien de forma o más cómodos en funicular. La estación de este está entre las calles Aristippou y Ploutarchou.
También podéis subir a Filopappos, más cerca de la Acrópolis y más fácil llegar caminando desde esta. Se encuentra en el lado opuesto, al suroeste.
Para ayudaros aquí está la situación de los dos (a la derecha del mapa Licabeto, a la izquierda Filopappos), y en el centro la Acrópolis
Nosotros no subimos a ninguna de los dos, estábamos algo cansados y teniendo esta vista desde la azotea de nuestro hotel, nos dió pereza, jeje. Además disponíamos de un bar donde tomar algo tranquilamente mientras disfrutábamos de las vistas de la Acrópolis iluminado, qué gran momento de tranquilidad!!
Esta había sido la ruta aproximada de esa tarde, que nos llevó unas tres horas haciéndola tranquilamente comenzando y terminando en el Plaka hotel.
Día 3. Barrio de Plaka. Plaza Síntagma.
Al día siguiente ya dejaríamos Atenas para ir a Mykonos, pero como el avión salía por la tarde, aprovechamos la mañana para pasear por el barrio de Plaka y ver el famoso cambio de guardia en la plaza Síntagma.
Tras desayunar y acordar con el hotel que nos guardarían las maletas hasta la hora de partir comenzamos a caminar hacia la calle Adrianou, eran sobre las 10 de la mañana. Avanzamos por esta calle principal hasta que llega un tramo en que se hace peatonal y que tiene una pequeña cuesta, aquí empiezan las tiendas de souvenirs. Esta zona está muy bien, y a medida que seguimos ascendiendo por la calle los comercios dejan de vender los típicos imanes, postales y figuritas, y se empiezan a ver cosas más interesantes de artesanía, joyería, etc, menos mal porque me cansé de ver esponjas y el mati (el ojo griego contra el mal de ojo). Magaly encuentra una tienda que le encanta y hace sus primeras compras.
Os aconsejo que os perdáis por estas callejuelas adoquinadas, las placitas que os iréis encontrando, son la esencia de este precioso barrio de Plaka, caminar hasta el monumento a Lisícrates. Nosotros llegamos a un cruce de calles y decidimos girar hacia la izquierda y coger la calle Kidathineon, otra de las principales del barrio y donde comenzamos a ver más restaurantes y tabernas con agradables terrazas en su exterior. La verdad es que esta zona me gustó más que el barrio Monastiraki, tanto por la atmósfera más agradable que se respiraba como por su arquitectura con multitud de casas neoclásicas del siglo XIX, qué pena no poderle dedicar más tiempo.
Seguimos avanzando por esta calle y nos encontramos con una iglesia ortodoxa, el templo bizantino de la Metamorfosis Sotira, conocido como «Sotira tou Kottaki». Se construyó a principios del S.XI, posee una característica pared enladrillada y bóveda de tipo «ateniense». Estaban en plena oración, y hasta a Liria le gustó y se sentó para ver todos los rituales.
Desde aquí continuamos hasta encontrar la concurrida y llena de tráfico calle Filellinon que nos llevaría a la plaza Síntagma. Este es el recorrido que habíamos hecho esta mañana.
Habíamos llevado el timing controlado porque queríamos llegar sobre las 11.45 a la plaza Síntagma para ver el famoso cambio de Guardia, y es que el domingo a esa hora celebran una versión extendida del que hacen cada hora en punto, amenizada por una banda musical. A pesar de que sabía que iba a estar lleno de gente y que para verlo habría que llegar antes para coger sitio, yo no estaba dispuesto así que llegamos ya con el desfile ya empezado. Lo vimos varias filas más atrás pero gracias a mis casi dos metros no lo ví mal, jeje. Primero desfila la banda de música, seguida de los llamados evzones, el cuerpo de élite de la Guardia Presidencial, que son los que custodian la tumba del Soldado Desconocido, un monumento dedicado a todos aquellos soldados que murieron en las numerosas guerras del pasado defendiendo a su país.
De los evzones destaca sobre todo el traje tradicional griego que portan, con una falda blanca que según nos había contado nuestro guía el día anterior tiene hasta 400 pliegues que representan los años de presencia otomana en Grecia. Llevan también unos zapatos que pesan más de tres kilos y que son difíciles de definir, con grandes pompones negros y una placa metálica en la suela que hacen que suenen al andar. Toda la vestimenta se inspira en el uniforme que llevaban los rebeldes griegos en la Guerra de la Independencia contra la dominación de los turcos.
El cambio de guardia en sí que realizan los evzones es como una especie de desfile en el que participan cinco soldados: dos que salen, dos que entran y uno que los dirige. Cuando termina el cambio, otros soldados sin esas vestimentas tradicionales se ocupan de atenderles si es necesario durante la hora entera en la que sólo pueden mover los párpados. Ojo si váis en verano porque el sol que cae es tremendo en la plaza, sin apenas sombra. Me puedo imaginar el calor que pasarán ellos con esas vestimentas.
El día que vamos da la impresión de que hay alguna celebración extra, porque vemos que hay diversos homenajes con gente desfilando con banderas y haciendo ofrendas, no estoy seguro si eso también forma parte del propio desfile semanal. Nuestra hija, que se mete en todos los «saraos» , hasta se coló en alguna que otra foto…
Después de esto tomamos algo en la plaza en un bar al lado de la fuente que hay (5€ el zumo natural) para calmar la sed del calor que hacía y sobre las 13.30 volvimos al hotel para recoger las maletas y que nos llamaran un taxi para ir al aeropuerto. Tengo que decir que el trato del hotel fue muy bueno, muy amables y simpáticos en todo momento. Nuestra próxima etapa nos esperaba, Mykonos!!!
Aquí cuento sólo nuestros días pasados en Santorini, así que vamos directamente al séptimo día de nuestro viaje:
Día 7. Santorini. Oia.
Nos levantamos a las 8 y desayunamos un poco rápido porque a las 9 nos esperaba el servicio de transporte del hotel para llevarnos al «Puerto Nuevo» de Chora. A las 9.50 h. salía nuestro ferry hacia Santorini. Para evitar problemas había comprado ya desde España los billetes por internet. Para que no se nos hiciera largo el trayecto reservé en el ferry más rápido de todos los que ofrece la compañía Seajets, de nombre Champion Jet1, y pagué 167€ por los tres. Una vez en el puerto simplemente nos acercamos a una especie de quiosco o caseta para recoger los billetes presentando la reserva impresa.
Habíamos llegado pronto, y fuimos viendo como venía más y más gente para coger el mismo ferry. Llegó la hora y por ahí no aparecía barco alguno. Yo que no tengo mucha paciencia con este tipo de cosas ya me empecé a cabrear. Finalmente llegó el ferry con 40 minutos de retraso. No me quiero imaginar si eso sucede en verano o en una hora donde haga calor, porque la espera es al aire libre y el sol cayendo a plomo puede ser tremendo.
Dejamos las maletas en la parte de abajo donde también suben coches y otros vehículos y subimos a la parte superior. Por dentro el ferry parece un avión, es muy grande y cómodo, con un bar donde podéis comprar algo para comer y beber y una zona tipo primera clase.
Por supuesto tienes la oportunidad de salir al exterior aunque corre un mucho viento porque el ferry obviamente va a toda velocidad.
Poco antes de mitad de camino, el barco hizo una parada para recoger y dejar viajeros en Naxos, la isla más grande y fértil de las Cycladas. Desde el barco pudimos ver el puerto y el castillo veneciano de su capital, Jora o Khora. Esta isla es otra buena opción de visita, sin duda lejos de la aglomeración que tienen Mykonos y Santorini y según me dijeron goza de bonitas y largas playas y unos restos arqueológicos bien conservados, como el templo dedicado a la diosa Dimitra, que data del 530 a.C. Quizás es una buena opción para otra ocasión…
Sobre las 11:15 nos aproximamos ya a la isla de Santorini. Es impresionante verla desde el agua con sus acantilados, de un color entre marrón y rojizo, y las casas blancas en lo alto de la caldera volcánica, es como si en la isla hubiera dos plantas, una al nivel del mar y otra sobre el acantilado, asomada a la caldera. El terreno no es parte de la corteza terrestre, sino que está compuesto de roca lávica. La isla tiene unos 96 km2, algo más grande que Mykonos, pero al ser más alargada, las distancias son mayores, además tiene mayores desniveles que aquella. Tiene una población oficial de sólo unos 15000 habitantes (2016), pero la visitan al año más de dos millones de personas (casi el 10% del total del país), no en vano es una de las islas más visitadas del mundo y destino principal de los cruceros, que desembarcan aproximadamente a la mitad de esos visitantes.
En Santorini hay, para empezar, un malentendido lingüístico, ya que los griegos la llaman Thira o Thera, mientras que para el resto se ha conservado el nombre de Santorini que le pusieron los venecianos, dominadores de la isla entre 1204 y 1579 y que proviene de la santa protectora de la isla, Santa Irene de Salónica.
En el mismo puerto, y como había ya reservado desde España, teníamos una agencia de la compañía Spiridakos (www.spiridakos.gr) para coger nada más llevar el coche de alquiler, 123€ pagaríamos por los tres días con seguro a todo riesgo. Nos dieron un Toyota Yaris, este bastante más nuevo que el que nos dieron en Mykonos. Pusimos el GPS de Google Maps para ir al hotel y comenzamos a subir la larga y sinuosa cuesta que hay para llegar a la zona alta. Había muchísimo tráfico, como que tardamos más de 45 minutos en llegar. Esta es la ruta desde el puerto donde llegó el ferry y nuestro alojamiento.
El hotel que había reservado después de mucho dar vueltas y haber reservado y anulado otros dos antes en Booking.com fue el Aghios Artemios Traditional Houses. Nos costó 372€ las tres noches, con desayuno incluído.
Más que en un hotel como tradicionalmente lo conocemos, nos alojamos en pequeñas viviendas excavadas en la ladera de un monte, que además de esta singularidad, si le sumas que todo estaba encaladado de un blanco impoluto y todo decorado con plantas y flores, hacían del lugar un sitio fantástico. Además tenía una iglesia dentro, una auténtica preciosidad, y esto no es raro, ya que en toda la isla hay más de 600 iglesias y capillas!!!, la mayoría de religión ortodoxa y caracterizadas por la clásica construcción bizantina con la cúpula azul y las paredes blancas.
Para el tema del alojamiento si os decidís por un hotel, tenéis dos opciones básicamente. Podéis coger uno con «vistas a la caldera», es decir con las magníficas vistas al volcán y que puedes coger en Oia o Fira por ejemplo, sus pueblos más importantes, pero que tendrás que pagar sólo por esas vistas mínimo 250€ la noche, y como yo no estaba dispuesto, pues busqué otro hotel que no tuviera vistas pero que fuera cómodo, y creerme que el que cogimos sí que lo fue. Eso sí, es muy tranquilo y para el que se necesita un coche para ir a cualquier sitio ya que está en medio del campo y sin localidades cercanas. Las habitaciones son cuevas excavadas en la ladera y cuando nos enseñaron la nuestra nos quedamos con la boca abierta porque nos encantó, además tenía una pequeña cocina por si necesitábamos cocinar algo. Todo blanco y azul y con todo lujo de detalles, una cama grande de matrimonio y otra pequeña para Liria, que estaba encantada.
Salimos fuera y fuimos a ver la zona de la piscina, magnífica y con vistas al mar. Además con wifi que funcionaba muy bien, cosa que no sucedía en las habitaciones, complicado en una cueva.
Liria tenía tantas ganas de bañarse que nos dimos un baño nada más instalarnos.
Sobre las 6 de la tarde decidimos ir a una de las dos principales poblaciones de la isla, la más famosa y fotografiada, Oia, situada al norte y a apenas diez kilómetros de nuestro alojamiento. Por la carretera a la que llegamos al pueblo parece que es el mejor sitio para aparcar el coche, vimos un descampado y ahí lo dejamos sin tener que pagar. Caminamos apenas unos cien metros pasando junto a la estación de autobuses y llegamos a la calle principal de Oia, Nikolaou Nomikou, aquella que recorre todo el acantilado y que parece que es la única calle de la localidad. Es inevitable intentar ya asomarse a ver la famosa vista, pero ohh, veréis que los miradores «gratuitos» son muy escasos, ya que está estratégicamente, bueno más bien, comercialmente hecho para que de las vistas disfruten sobre todos los hoteles y restaurantes, repartidos a lo largo del acantilado y ocupando las antiguas casas de marineros.
Comenzamos nuestro paseo hacia el oeste, dirigiéndonos hacia los lugares más famosos para ver el atardecer. Yo temía este camino y las aglomeraciones, y enseguida se cumplen mis temores, las calles se estrechan y empiezan a agobiar, esta zona no me gusta, no me quiero imaginar en temporada alta.
Afortunadamente llegamos en poco tiempo al fin de la calle, y la vista desde luego, nos quita el hipo, sobre todo porque es la primera. Ahí estábamos, delante de la imagen que tantas veces había visto, con los molinos y al fondo el horizonte donde cada día se dibuja una puesta de sol, dicen la más bonita del mundo, esto como siempre, para gustos, los colores, ya os diré mi opinión.
Quedaba todavía algo más de una hora para la puesta de sol así que bajamos hacia un lugar mítico y famosísimo para ver el atardecer, pero sólo hay un problema, que el espacio es tan pequeño que se llena enseguida. Es el castillo en ruinas que fue la sede de la familia Argyri bajo los venecianos y que veréis en esta foto al fondo. Más al final está la isla Thirasia, una de las cinco del archipiélago.
Desde el castillo veneciano hay un mirador con una vista completa de 360 grados. El lugar es increíble, de esos que no se olvidan.
Las vistas de este lado son preciosas y permite ver todas las edificaciones del acantilado, sobre todo hoteles y la población de Imerovigli, al fondo. Salimos de allí pitando, rodeados de gente haciendo fotos y más fotos, sobre todo asiáticos, diría que chinos que disparan sin parar sin ni siquiera dedicar un tiempo a contemplar el maravilloso paisaje.
Subimos la cuesta que nos ha llevado al castillo y retomamos la calle principal hacia el otro extremo. Pasamos de nuevo por la primera parte de esta calle, que es estrechísima, agobiante, llena de gente. Llegamos a un cruce con una calle que baja, cerca del restaurante Lotza del que hablaré después. Os recomiendo tomar esa calle y bajar unos metros, os encontraréis con una maravillosa iglesia de cúpulas azules y símbolo de la foto quizás más famosa de toda la isla (¿recordáis los yogures Danone?), ahí la vimos, qué maravilla!!!
Aquí está como llegar a este lugar, espero que os quede claro, la flecha indica la calle por la que tenéis que descender unos pocos metros.
Hacía calor así que compramos unos helados en la calle principal, sorprendiéndome lo baratos que fueron, pagamos 7€ por los tres. Llegamos enseguida a una plaza (Plaza Caldera podría ser su traducción o simplemente Plaza Mayor) en la que se encuentra la preciosa Iglesia de Panagia Platsania.
Esta plaza me encantó, amplia, sin agobios, y con unas magníficas vistas de la caldera. Desde aquí vemos las terrazas y piscinas al borde del acantilado que tienen los hoteles y que justifican sus altos precios, qué pasada.
Seguimos caminando hacia el este. Toda esta zona me gusta más, mucho más abierta, sin agobios, llena de tiendas de todo tipo, desde boutiques exclusivas hasta comercios de lo más sencillo.
Finalmente llegamos al fin de la calle Nikolaou Nomikou, al menos de la parte más transitada. Desde este punto es posible ver la otra perspectiva de Oia, con el castillo en el pináculo saliente al fondo. Ni que decir tiene que es imposible no quedarse embobado mirando el paisaje.
Al lado está la bonita y fotogénica iglesia ortodoxa de San Jorge, una pena que se encuentre cerrada para visitarla por dentro.
Pasamos un rato en esta zona tranquilamente y viendo como nuestra niña intenta jugar con dos niñas griegas, y riéndonos cuando nos dice, ¡¡no las entiendo papá!!.
Después y como parece que más adelante no hay nada interesante, decidimos dar la vuelta y recorrer el camino a la inversa. Vemos de nuevo la iglesia Panagia Platsania, que con la caída del sol presenta esta preciosa estampa.
Llegamos de nuevo al extremo del otro lado justo para ver como se esconde el sol, con mucha gente alrededor en los miradores que hay. El paisaje es sin duda muy chulo, aunque tengo que decir sinceramente, que nada tienen que envidiar las que vimos en Mykonos los días anteriores, sobre todo más tranquilos lo que yo valoro mucho para estos momentos.
Se hacía de noche y llegaba el momento de buscar un lugar para cenar. Una vez descartados muchos sitios que presupuestariamente se nos iban por el hecho sobre todo de sus vistas hacia la caldera, encontramos por pura casualidad uno que vimos sus precios bastante asequibles y además parecía que gozaba también de una muy buena situación. Entramos y efectivamente tenía una magnífica terraza, y dió la casualidad (la ventaja de no ir en temporada alta) que vimos una mesa vacía, así que nos avalanzamos hacia ella a la velocidad de Ussain Bolt. El lugar efectivamente resultó fantástico, con unas fantásticas vistas hacia la caldera y la iglesia famosa de cúpulas azules.
El restaurante llamado Lotza, desde luego no tenía una estrella Michelin, pero tenía unos precios muy asequibles y una carta con un poco de todo.
Pedimos pasta y un filete de pollo, platos abundantes y bastante ricos. La atención de nuevo fue muy buena. Pagamos por los dos platos, tres bebidas y un postre de nueve euros, un total de 48€.
Salimos y daba gusto ver las calles así de vacías, la muchedumbre se había evaporado!!
Nos dirigimos al coche para volver al hotel. Esta es la ruta que habíamos hecho aproximadamente comenzando en el parking cerca de la terminal de autobuses.
Día 8. Playas Monolithos, Kamari. Fira.
Nos levantamos sobre las ocho y vamos a desayunar, aunque nos llevamos la desagradable sorpresa de que no lo tienen listo hasta las nueve, esto me parece una cosa a mejorar, deberían tenerlo listo antes. Lo primero que vemos es que no hace buen tiempo, está nublado, y es una pena porque ese día teníamos pensado ir a la playa. Sirven el desayuno en la zona de la entrada del complejo y es tipo buffet, comemos tostadas, algunos dulces, aunque echamos de menos algo caliente y más fruta. De nuevo me sirvo un gran vaso de yogur griego que de nuevo me parece fantástico, me encanta. Eso sí, las vistas desde el sitio donde desayuntamos, magníficas. Hablamos con el dueño del hotel que se sienta a desayunar con los clientes. Tengo que decir que a mí personalmente esto no me gusta, quizás es la hospitalidad griega pero creo que hay que dejar intimidad a los clientes, es mi opinión.
Cogemos el coche dispuestos a ir a la playa, aunque el tiempo no acompañe. Paramos en un supermercado para comprar un flotador pero no había, aprovecho para preguntar a la dueña que qué podemos hacer con una niña de cuatro años si el tiempo no acompaña. Muy amablemente me explica en inglés con un mapa las posibilidades que hay, me indica un par de sitios para ir con zonas de juegos (Playland y Escape land) y otros sitios interesantes de la isla, me insiste mucho en visitar Akrotiri, una espinita que se me quedó.
Pasamos por Fira donde tenemos que ir a la oficina de la agencia de alquiler de coches para abonar el importe del alquiler. La compañía Spiridakos por lo que vemos, es una de las más importantes de la isla, y tiene también paseos en catamarán, una opción que pensábamos hacer quizás la última tarde. En la agencia, el hombre que nos atiende nos dice que con la niña vayamos a la playa Monolithos, junto al aeropuerto, de arena fina e ideal para ir con niños por su poca profundidad.
Decidimos hacerle caso, además hay una tienda grande enfrente donde compramos el flotador y hay multitud de artículos playeros. Una pena que el tiempo no acompañe, está nublado y hace viento. En la playa prácticamente no hay nadie y no me enamoró que digamos, me pareció de lo más normalita.
Estuvimos aproximadamente una hora y decidimos seguir hacia las otras playas más al sur. Llegamos a Kamari, una de las emblemáticas de la isla. Con unos cinco kilómetros de playa de piedra oscura y volcánica, con algunas zonas de arena, es un centro de reunión para al ambiente tanto de día como de noche. Aparcamos y aquí sí encontramos pequeños hoteles muy parecidos a los de nuestra costa mediterránea, encalados en blanco y de no más de dos plantas. Nos acercamos a la playa y tenemos suerte, aparecen los primeros rayos de sol.
Nos vamos animando y dado que gracias al sol comienza a hacer algo de calor, nos damos un baño Magaly y yo, el agua está estupenda, la peque, no se atreve. La verdad es que no me disgustó, a pesar de ser de piedra, pero me sigo quedando con las de arena y desde luego con las de Mykonos.
Era ya casi la hora de comer y como para llegar a la playa de Perissa, otra de las más conocidas y situada más al sur, había que dar un rodeo y estaba a casi media hora según Google Maps, decidimos ir a Fira a comer. Fuimos sobre seguro y comimos en McDonalds, 21€ pagamos, y desde allí volvimos al hotel para disfrutar de la piscina, ahora que el tiempo ya estaba mucho mejor.
Estuvimos disfrutando de la piscina hasta aproximadamente las 6 de la tarde, que decidimos coger el coche para ir a conocer la otra localidad más importante de la isla, Fira. Habíamos oído que no merecía mucho la pena, pero nada más lejos, fue un gran acierto ir y desde luego que la recomiendo, no sé si más incluso que Oia.
Esta es la ruta que habíamos hecho este día:
Aparcamos el coche de nuevo en un descampado que aparecía en el mapa como Agiou Athanasiou y subimos andando. Esta localidad es más grande que Oia, superando los 2000 habitantes, cifra a la que no llega Oia, ojo, hablo de cifras oficiales del censo de 2016, no obviamente de visitantes. Fira al menos no tiene sólo una calle, la que se asoma al acantilado, tiene otras con restaurantes y muy animadas, es viernes y se nota.
Nada más llegar a la calle principal tomamos dirección sur. La zona es parecida a Oia, llena de tiendas, aunque tengo la impresión de que hay más restaurantes, las calles son más abiertas, con lo que la aglomeración no se nota tanto, eso sí, de nuevo es difícil encontrar sitios para ver las vistas de la caldera, reservada a hoteles y restaurantes. Desde aquí se divisa perfectamente la isla de Nea Kameni, donde se halla el cráter del antiguo volcán.
Vamos llegando al final de la calle, donde podemos ver hacia el norte, todo el pueblo de Fira asomado al acantilado, el siguiente saliente donde está Imerovigli, e incluso al fondo del todo estaría Oia en el final de la isla.
Llegamos por fin a la zona del quizás el templo más emblemático de Fira. En los mapas puede aparecer como Metropolitan Cathedral, pero para los griegos es la catedral de Ipapandí (Purificación) o Panagía (la Virgen) de Belonia, construida en 1827. Es una enorme iglesia blanca que impresiona al ver sus dimensiones, son las 7 y media y lamentablemente está cerrado.
Desde esta parte hay una zona abierta frente a la catedral que permite ver el precioso paisaje, con la isla Nea Kameni a la izquierda, y enfrente Thirasia. Además el sol va bajando poco a poco, con lo que la magia del lugar va en aumento. Este me pareció ya un sitio fantástico para ver la puesta de sol.
Sin embargo como quedaba todavía tiempo decidimos hacer lo mismo que en Oia, volver por donde vinimos tomando dirección norte para ir hasta el otro extremo, lo mejor estaba por llegar.
Por el camino si queréis tomar algo en un lugar con magníficas vistas podéis optar por el Iriana Café, os encantará aunque asumir que no es baratito.
Entramos en una de las numerosas tiendas para ver si comprábamos algunos imanes (no soy muy original pero los colecciono, no tengo ya casi nevera para tantos) y lo que surgiera. Nos enamoramos de una lámina con un paisaje precioso de Santorini, y también vimos un reloj azul, que en nuestra cocina donde predomina ese color, pensamos que quedaría genial. La tienda era de un simpático artesano de la zona y nos cuenta que lo hace él, nada de «made in China» dice, así que eso fue un aliciente más para comprarlo. No nos pareció caro, pagamos unos 50€ por todo.
Seguimos caminando y alucinando con los hoteles que hay y las vistas que deben tener, un privilegio para los que no les importe dejarse 200-300 euros por noche, y más.
Llegamos hacia la zona del conocido como «Cable Car», el teleférico que baja hasta el Puerto Antiguo de Fira. Esta zona que está llena de tiendas y tiene una pequeña plaza, alberga el conocido teleférico que como curiosidad decir que se vendieron en 2016 nada menos que un millón de tickets!!!. También es posible descender por un camino sinuoso con unas 600 escaleras o ascenderlo en burro, una turistada básicamente. Nosotros no bajamos y encontramos un camino peatonal bordeando el acantilado, que no me extraña que estuviera lleno de gente porque las vistas eran alucinantes. Esta imagen de Fira con los tonos rojizos del sol a punto de esconderse, es para mí otra de las estampas del viaje, qué preciosidad!!!!.
Desde aquí decidimos dar la vuelta y volver hacia el sur, y alejándonos un poco de la zona del teleférico pudimos contemplar una de las puestas de sol más magníficas que he visto nunca, me atrevo a decir que me gustó más que la que ví desde Oia, con mucha más tranquilidad a mi alrededor, y pudiendo saborear cada momento y cada cambio de luz. Fue increíble!! no os la perdáis!!!
Después de que se escondiera el sol y comenzara a oscurecer, nos dispusimos a buscar un sitio para cenar. Todos los de esta zona eran muy caros, así que se nos ocurrió alejarnos de esta zona para buscar otros sitios. Finalmente llegamos a la animada calle «25 de marzo» donde decidimos, ya que no lo habíamos hecho en todo el viaje, cenar en un puesto callejero y comer el típico Gyros. Paramos en uno llamado Nick the Grill, donde dos simpáticos dependientes servían gyros, kebabs, pizzas y hot dogs sin parar. Comimos dos gyros y un perrito para Liria que comimos muy agusto.
Esta es la ruta que habíamos hecho esa tarde en Fira:
Un poco más adelante encontramos un negocio de yogures helados llamado «Chillbox Frozen yogurt» con todo tipo de sabores de yogurt y todos los topping inimaginables. De nuevo dimos con una simpática chica que le regaló un vaso a Liria llena de chocolates. Nuestra peque tuve que aprender la palabra ‘efjaristó’ para darle las gracias a la chica.
Tras tomarnos el postre, ya sobre las 10 y media de la noche fuimos a por el coche para regresar al hotel. Habíamos pasado una muy agradable tarde.
Día 9. Hotel y crucero en catamarán
Este penúltimo día en Santorini y de nuestro viaje por el país heleno, lo pensábamos dedicar a seguir recorriendo la isla, visitar pueblos como Pyrgos, Megalochori o Emporio, o playas más al sur como Perissa, Perivolos o Eros, que nos habían recomendado. Una opción que no barajábamos por ir con la niña pero que es una de los lugares más importantes de la isla es Akrotiri, un yacimiento arqueológico conocido como la «Pompeya minoica». La ciudad está perfectamente conservada tras haber permanecido sepultada unos 3.500 años bajo toneladas de ceniza volcánica!!!. No os lo perdáis si os gusta la historia y tenéis tiempo suficiente.
Pero todo esto se vió truncado por la climatología, amaneció muy nublado e incluso caían algunas gotas. Una de las opciones que barajaba desde España para este último día era hacer un paseo en catamarán por el archipiélago y que también nos lo habían ofrecido en el hotel. Miramos las aplicaciones de móvil que hay sobre el tiempo, parecía que a partir del mediodía pasaba la tormenta así que decidimos contratarlo. El hotel se encargó de avisar a la agencia Caldera Yachting, que vendrían a recogernos sobre las 2 de la tarde. El tour duraba hasta la puesta de sol e incluía cena a bordo, el precio era de 90€ por persona (la niña gratis), y creerme que mereció la pena.
Fuí a echar gasolina al coche, e hice esta foto desde un punto alto que muestra el tipo de paisaje que hay en la zona opuesta a la caldera, parecido a Mykonos, pueblos de lo más normales, ambiente rural y cero casas de lujo, supongo que de haberlas, tendrán vistas desde luego hacia el otro lado.
El tiempo mejoraba poco a poco, nos bañamos en la piscina, fuimos haciendo las maletas y comimos pronto en el propio hotel.
A las 2 nos vinieron a recoger en un mini bus muy cómodo aunque nos dijeron que saldríamos con algo de retraso. Cogimos el camino hacia Fira y allí paramos para recoger a los que serían nuestros acompañantes, una familia de la India de nueve miembros, dos niñas incluídas, se veían bastante adinerados y si no multiplicar 7 por 90€.
Cruzamos casi toda la isla para salir desde la parte sur. La hora de la salida oficial eran las tres y media pero saldríamos casi a las cuatro. La compañía como os dije fue Caldera Yachting (www.calderayachting.gr), quizás la más importante además de Spiridakos, aunque nos dijeron que hay hasta ocho que ofrecen esta actividad. Esta empresa ofrece varios tipos de mini cruceros, con diferentes circuitos y diferentes precios como podéis ver en su página web, nosotros cogimos el llamado Classic de tarde, ya que hay uno que sale por la mañana 10:30 y termina a las 15h. Aquí hay una foto del folleto con la opción que elegimos.
Llegamos al puerto conocido como Vlychada y que estaba lleno de catamaranes, yates y veleros. Nos bajamos del mini bus los doce que iríamos en la excursión y nos subimos al catamarán ayudados por la tripulación, tres chicos jóvenes y una chica. Era la primera vez que subía en uno así que estaba emocionado, como Magaly y la niña, que estaba entre también emocionada y con algo de miedo también. Cuando nos sentamos en la mesa para explicarnos la excursión, el patriarca de la familia india dice que ellos habían cogido la opción Gold, no la Classic, todavía más cara y que hace un circuito más largo, entre que se ponían de acuerdo, más retraso. Menos mal que tras un par de llamadas, aceptan hacer este circuito y que quizás otro día harán el otro, madre mía como manejaban $$$.
Durante la ruta la compañía ofrece servicio de gratuito de refrescos y agua, y de bebidas con alcohol, sólo vino, supongo que para evitar desmadres a bordo. Además nos dan toalla, cosa que desconocíamos y nosotros cargando con las nuestras, así que si váis, no hace falta que las llevéis.
Aquí está la ruta que íbamos a hacer, con las paradas incluídas:
Nada más comenzar nos dirigimos todos a la zona de proa donde tiene una especie de redes muy divertidas y donde te puedes tumbar y ves como avanza el barco. Ahí lo pasamos en grande haciendo fotos y disfrutando del paseo, además, se había quedado un día estupendo.
Enseguida llegamos a la «Red Beach» una de las más famosas y visitadas de la isla. La razón por la que atrae a tanta gente es por las losas de roca volcánica de color rojo y negro que hay justo detrás de ella y que le dan ese color tan atractivo. Está junto a la antigua ciudad de Akrotiri.
Al lado de la playa roja se encuentra la playa blanca, otra bastante visitada en la isla y que se accede desde la anterior. Un poco más adelante y en una zona de acantilados, nos dan la opción de darnos un baño. Me lanzo yo y el patriarca de la familia india, al final también se anima Magaly. El agua está genial y nos ofrecen gafas y tubo para hacer snorkel, pasamos un buen rato viendo los peces. Esta zona como véis es una parada frecuente de todos los barcos.
Continuamos la ruta por el sur de la isla pasando junto a imponentes acantilados hasta llegar al faro donde comenzamos a ir hacia el noreste, todo muy muy chulo.
Según nos cuenta uno de la tripulación que hace el papel de guía, el faro es un lugar fantástico para ver el atardecer y al que no mucha gente va. Por cierto, gran detalle que haya una persona que te vaya contando cosas de lo que vamos viendo.
En los siguientes minutos nos contó la historia de la isla, que yo ya había leído previamente y que me parece muy interesante. Santorini se formó debido a un volcán cuya erupción hace alrededor de 3,500 años fue de tal magnitud que el interior de la montaña se hundió y sólo quedó el exterior con una enorme roca en el centro (Nea Kameni, el cráter del volcán actual), otra más pequeña (Palea Kameni), la de Santorni y dos islas adicionales llamadas Thirasia y Aspronisi (esta muy pequeña). Si os fijáis en el mapa veréis que las isla de Santorini tiene forma de media luna, haciendo la forma redondeada del volcán. La laguna que circunda el interior es lo que se conoce como la «caldera«, nombre según nos dice el guía que es de origen español, ellos no lo traducen.
Muchos especialistas creen que esta erupción fue responsable de las enormes olas del tsunami que azotó las costas del norte de Creta y destruyó la llamada civilización minoica que florecía en ese momento. Además si os gusta la mitología, se dice también que la destrucción de Santorini podría estar relacionada con la mítica Atlántida, hay mucha literatura al respecto.
Por el camino y de repente, tenemos una de esas grandes experiencias que aparecen por casualidad en los viajes, y es que nos encontramos con unos visitantes que nos acompañan unos metros en nuestro viaje, fue fantástico!!!! menudos gritos daban la familia india y Liria.
Llegamos a una zona donde van la mayoría de las excursiones que parten de Fira (junto con la subida al volcán de Nea Kameni) y donde se nota todavía la actividad del volcán, se le conoce como Hot Springs y está en la pequeña isla de Palea Kameni. Es una pequeña bahía llamada de Agios Nikolaos por la pequeña ermita que hay y que hace del contraste entre el negro de la roca, el blanco de la iglesia y el marrón del agua, una mezcla muy curiosa. Aquí la temperatura del agua varía de 30 a 35 grados, ya que se mezcla contínuamente con las corrientes marinas. Nos ofrecen bañarnos, atracción turística por excelencia pero decidimos que no, además dicen que el bañador queda manchado de naranja y prácticamente para tirarlo, no lo probé la verdad.
Nos separamos de la isla y hacemos una aproximación hacia Fira, que la vemos desde abajo, que con un crucero al lado, luce impresionante.
De vez en cuando nos cruzamos con otros barcos de lo más variopintos.
El catamarán en el que vamos, de nombre Moonlight me parece precioso, yo que nunca había subido a uno de estos. En un momento que voy al baño lo veo por dentro, tiene dos habitaciones con camas que son una pasada, con todo el espacio aprovechado al milímetro. Sólo estar sentado en la cubierta y disfrutando del paisaje, es una EXPERIENCIA magnífica!!!
Sobre las 6 y media hacemos una parada junto a un acantilado en una de las islas centrales, y se disponen a preparar la cena los cuatro. Tienen una barbacoa en la cubierta para hacer algo de carne, en ese momento y por casualidades del destino, cae un chaparrón. La tripulación es muy maja, incluso uno habla español ya que su mujer era chilena. Este nos dice que de junio a octubre se pasan todos los días salvo algún finde que les da su jefe desde las 8 de la mañana hasta que se pone el sol con estas excursiones, así que el trabajo es tranquilo, pero de muchísimas horas. ¿Y en invierno qué hacéis le pregunto? pues gastarnos en Atenas el dinero que hemos ganado, buena respuesta 🙂
Como somos dos grupos, a la familia más grande la sientan en la mesa que hay saliendo a la cubierta y que es más grande, y a nosotros nos ponen en la mesa dentro del barco. Estuvimos super cómodos y la cena fue fantástica.
La comida como véis constaba de una ensalada griega riquísima, con su queso feta como no, un arroz frío y otro caliente y luego carne y una especie de chorizo criollo que fue lo que más nos gustó. La verdad que la cena estuvo de diez, el lugar, la tranquilidad, la comida, fue todo fantástico.
Luego nos dejaron tiempo libre esperando para que se pusiera el sol y aquí sufrí el único percance del viaje, menos mal que sólo quedó en un susto. No voy a extenderme porque es mera anécdota. Yo me sentía un poco mareado, y eso que nunca me suele pasar, así que entré dentro del barco a que me dieran una pastilla. Iba de la mano con Liria y al salir de nuevo a cubierta, en lugar de hacer por las escaleras lo hice por el espacio entre los asientos que hay fuera y el techo que lo cubre, con la mala suerte de que en el impulso medí mal la distancia del techo y me dí un golpe. Enseguida ví que el trompazo había sido fuerte y empecé a sangrar abundantemente. La tripulación se acercó asustada tratando de pararme la herida y me hizo los básicos primeros auxilios después de preguntarme si me sentía mareado para volver pitando al puerto o no. Como me dolía pero nada más, decidieron subirme a la parte más alta y central del barco donde se encuentra el timón y ahí me quedé el resto del viaje. No os pongo la foto de la brecha para no herir sensibilidades pero puedo decir que tenía un tamaño considerable.
Se interesaron en todo momento por mí y me atendieron fenomenal los cuatro de la tripulación, a los que le agradecí el trato recibido. A pesar de esto aunque no con mi familia como me habría gustado, pude disfrutar de las puestas de sol que mi mujer fotografió y que como véis, es fantástica, seguro que vosotros, sin accidentes, pasaréis un momento de lo más romántico y tranquilo.
Una vez que llegamos al puerto, me estaba esperando un transporte de la empresa que había llamado la tripulación para llevarme al hospital y verme la herida. El chico que nos llevó de nuevo fue super amable. El hospital estaba en Fira (www.santorini-hospital.gr), en la dirección: <Καρτεραδος, Thira 847 00>. Es privado porque nada más entrar en la recepción me dijeron que sólo por verme en urgencias eran 20€, aparte de la consulta. Yo obviamente como en todas mis escapadas llevo un seguro de viaje, que me habría cubierto estos costes si lo hubiera necesitado, pero pregunté al chico de la empresa suponiendo que el crucero tendría un seguro. Él no estaba muy convencido así que hizo una llamada tras la cual nos dijo que sin problemas, todo cubierto (finalmente fueron unos 55€). Eran ya sobre las 11 de la noche, y al día siguiente nos teníamos que levantar a las 4 para coger el vuelo!!! esto era lo que más me preocupaba, más que el propio golpe. Me llevaron a una sala y me dijeron en un inglés muy correcto que había que coserme, cosa que me hizo una simpática doctora. Me pusieron cuatro puntos y me dijeron que fuera a la farmacia a comprarme la vacuna del tétanos por si acaso. Así hice, volví y me la pusieron y nos llevaron al hotel, al que llegamos casi a la medianoche, yo con un apósito en la cabeza.
Había sido un percance de los que puede pasar, pero no por eso desde luego que empañó el paseo en el barco, que fue fantástico y que recomiendo al 100%.
Día 10. Regreso a España
El avión salía a las 6:40 así que tocó madrugar de verdad. Nos levantamos sobre las 4 de la mañana, con lo que poco pudimos dormir. Cogimos el coche y conduje hasta el aeropuerto, en apenas 25 minutos llegamos. Dejé el coche donde acordé con la agenda y ya vimos la cola que había. El aeropuerto no es que tuviera poco glamour, es que era de lo más cutre que me he encontrado en mis viajes, eso sí, los precios de los cafés y la bollería, de aeropuerto de Dubai ;). Después de más de media hora haciendo cola en una sala que se queda pequeña para facturar las maletas y un control extra de las maletas bastante absurdo, pudimos ir a la puerta de embarque y tomar el vuelo que nos llevaría a Atenas y luego a Madrid.
Por la ventana del avión nos despedimos ya de Santorini del país, qué pena tener que marcharnos!!! qué grandes momentos habíamos pasado.
Y este ha sido el viaje a este fantástico país que ha resultado ser Grecia, en el que tanto su historia, como sus rincones, su gastronomía pero sobre todo su gente ha resultado ser todo un descubrimiento y una sorpresa muy positiva. De nuevo dejo atrás ciertos prejuicios y habría que tomar nota de cómo las personas de este país tratan al turista. Supongo que cuentan con que es un medio idóneo de poder pasar el bache en el que están metidos y que la situación económica mejore para todos, o simplemente es el carácter griego, temperamental pero también muy afable. De verdad espero que pronto salgan de este pozo.
Para terminar, espero que este diario, que aunque sé que es extenso, me parece la mejor manera, no de conocer mi vida, si no de serviros de ayuda si tenéis la oportunidad de visitar este bonito país, o si no, conocer algo más de su historia y sus rincones. Por supuesto aquí me tenéis si os queda alguna duda que dentro de lo que pueda, intentaré ayudaros.