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ISLAS JÓNICAS (KEFALONIA Y ZAKYNTHOS)

Y después de un año y medio sin viajes por esta maldita pandemia, desde aquella escapada a Boston por noviembre de 2019 de la que ya casi ni me acordaba, volvía a un aeropuerto para tomar un vuelo, no podía estar más feliz 👏👏😁, ¡¡volvía a hacer un viaje internacional!!

Dado que no quería irme muy lejos por temor a que el COVID me pudiera fastidiar el viaje, decidí volver a un país en el que la vez que fuí me encantó, y además me apetecía un destino de playa y no muy ajetreado después de casi un año nada menos sin vacaciones.

Ese país era GRECIA, del que ya conocía Atenas, Mykonos y Santorini en 2017. Esta vez quería visitar las llamadas islas Jónicas, al oeste de la península helénica y cuya isla más conocida era Zakynthos con su maravillosa playa Navagio, de la que cuando vi su foto por primera vez, me quedé boquiabierto y me dije, Luis, ahí tienes que ir.

Al final y después de investigar, decidí que valía la pena conocer otra, Kefalonia, que a la postre sería la estrella del viaje.

Compré los billetes con Iberia el trayecto Madrid – Atenas aprovechando un bono de viajes cancelados por el COVID y pagamos Claudia y yo unos 100€ cada uno, muy bien de precio. Luego para ir de la capital griega a la isla de Kefalonia, que sería la primera isla que visitaríamos, iríamos con las aerolínea Sky express, por unos 50€ cada uno por trayecto.

Unos seis días antes de partir nos cancelaron nuestro vuelo interno y buscamos incluso la posiblidad de ir en autobús, cuya opción salía por 52€ los dos, pero apenas 48 horas antes del viaje finalmente nos ubicaron en otro avión y pudimos volar.

Así, el jueves 10 de junio tomamos el vuelo a Atenas, y dado que el otro vuelo a Kefalonia no salía hasta el día siguiente, tuvimos que dormir la primera noche en un hotel en la capital. Elegí uno muy cerca del aeropuerto, ya que al llegar sobre las 19h, no teníamos tiempo prácticamente de visitar nada.

El hotel, de gracioso nombre, NN LUXURY ROOM NEAR ATHENS AIRPORT resultó de una calidad-precio fantástica, ya que nos costó con la página Booking.com 55€ la habitación doble con desayuno. Se trataba de una casa particular con únicamente dos habitaciones a disposición de los húespedes. Nos recogieron y nos llevaron al aeropuerto al día siguiente por 20€ más, con una atención exquisita.

Esa noche cenamos algo en el pueblo de Spata, donde estaba el hotel, en un restaurante llamado Haus Homey Lounge, y por dos pizzas, una cerveza y un mojito pagamos 29€.

Día 2. Vuelo a Kefalonia

Al día siguiente nos esperaba un buen desayuno para comenzar bien el día, y como no, el maravilloso yogur griego que tanto me apasiona.

Al mediodía tomamos el vuelo de Sky express que nos llevaría a Kefalonia con escala en Zakynthos. Kefalonia es conocida por su territorio montañoso, por los recuerdos históricos relacionados con la Segunda Guerra Mundial y por las numerosas playas que la convierten en un verdadero paraíso natural.

Llegamos sobre las 6 de la tarde al pequeño aeropuerto de la isla, donde nos estaba esperando nuestro medio de transporte🚗 , de la que puedo otorgar el título de mejor compañia de alquiler de coches que me he encontrado en todos mis viajes. Una entrañable empresa familiar cuyo trato fue más que impecable, llamada Simotas Car rental (https://simotascarrental.com). Allí nos esperaba Ifigenia para darnos nuestro coche y explicarnos un sinfín de cosas que nos podría ser útil. Además nos ofreció sin coste adicional uno descapotable que decidimos coger aunque fuera de gasolina. ¿El precio? increíble, 30€ al día con el seguro básico a terceros.

Desde allí condujimos con la ayuda como siempre de Google Maps a Sami, al este de la isla, a unos 35 kms del aeropuerto y donde teníamos nuestro alojamiento, que iba ser otra de las estrellas del viaje, unos maravillosos apartamentos llamados Alancia Suites (http://alancia-suites.ionianislandshotels.com/es/) que reservamos con la plataforma Airbnb, pero que podéis hacer a través de Booking o directamente en su web. El apartamento por las fotos y las opiniones ya intuíamos que iba a estar muy bien, pero superó ampliamente todas nuestras expectactivas. El alojamiento disponía de todos los detalles imaginables, todo super limpio y con una decoración espectacular. También la amabilidad de los anfitriones hizo que la estancia fuera más espectacular.

Ese día salimos a cenar por Sami y ya pudimos apreciar lo que sería un denominador común durante todo este viaje, la falta de turistas por las restricciones a los viajes derivadas del COVID, sobre todo por parte de los ingleses, que suponen aproximadamente las 3/4 partes de los visitantes extranjeros que acuden cada año a la isla.

Buscamos un restaurante haciendo caso a las críticas de Internet y finalmente nos decidimos por uno llamado TO PAXATI (RAHATI) que ofrecía comida local 100%. Nos dejamos llevar por las recomendaciones del camarero que nos ofreció varios platos, una especia de algas, una morcilla caliente y unas albóndigas. No estuvieron mal como primera toma de contacto con la gastronomía griega que tanto me gusta. Pagamos 23€ con agua y un postre que nos regaló el propietario, muy amable por cierto.

Día 3. PLAYA AGIA ELENI. ARGOSTOLI.

Desayunamos por nuestra cuenta en nuestro impresionante alojamiento en el que estábamos solos y nos preparamos para pasar el día. Si os gusta el yogur griego tanto como a mí, elegir esta marca, recomendada por ellos mismos.

La primera playa que queríamos visitar se trataba de una llamada Agia Eleni.

Vamos con unos pequeños datos sobre las Islas Jónicas. Tradicionalmente se han llamado las Siete islas, siendo estas las principales, entre las que están Kefalonia y Zakynthos pero también otras como Corfú, Itaca, Paxos, etc. No tan conocidas como las Cícladas, con Mykonos y Santorini al frente, os puedo asegurar que nada tienen que envidiar a estas.

Son islas son de relieve muy accidentado, como pudimos apreciar conduciendo por sus reviradas carreteras. El clima es mediterráneo, aunque con un microclima que hace sea más húmedo que el de otras costas mediterráneas y, pese a los vientos fríos, un clima cálido que hace que tenga características subtropicales. Esto se nota constantemente en la cantidad de arbolado y lo verde que son sus paisajes, nada que ver por ejemplo con los de Mykonos y Santorini.

Kefalonia es la más grande de las islas Jónicas y la sexta de todas las griegas y cuando ves las distancias en kilómetros parece que todo está cerca pero debido al relieve y las curvas, las distancias se alargan en el tiempo.

La primera playa que queríamos visitar se trataba de una llamada Agia Eleni. Tardamos en llegar un poco más de una hora, ya que se encuentra en la otra parte de la isla. Cruzamos paisajes de olivos, cipreses y mucho arbolado. La miel es otro de las especialidades más apreciadas de la isla.

Había leído que para acceder a nuestra playa destino había que descender por un pendiente muy pronunciada, así que decidimos dejar el coche al comienzo y bajar caminando. Desde arriba ya pudimos apreciar el color de sus aguas y la buena pinta que tenía la playa, ya estábamos emocionados por bañarnos!!, ¡¡Viva Grecia!! 👏👏

Bajando vimos a nuestra derecha otra playa más conocida y concurrida, la de Petani.

Llegamos y apenas había una pareja de mediana edad en la playa que al poco rato se fueron, con lo que la teníamos toda para nosotros, ¡¡qué gozada!!. Como la mayoría de las de la isla, su suelo estaba formado por piedras pequeñas, así que os recomiendo llevar calzado tipo escarpines, pienso que las disfrutaréis más.

Estuvimos un buen rato disfrutando de sus aguas y de su maravillosa tranquilidad, qué espectacular rincón para nuestro primer día, ¡¡que paraíso!!

Cuando ya nos cansamos de bañarnos y era la hora de comer, nos fuimos en busca de nuestro coche, haciendo frente al repecho que teníamos por delante que la verdad que subiéndolo sí que nos dimos cuenta de lo empinada que era la cuestecita.

Viendo los pocos turistas que había en la isla y que nos íbamos encontrando muchos restaurantes cerrados, decidimos no arriesgar e ir a Argostoli, capital de Kefalonia, allí seguramente habría más alternativas.

Aparcamos fácilmente junto al mercado local y decidimos comer en uno de los restaurantes que hay en esa zona. Ya eran como las 4 de la tarde, con lo que todavía había menos gente. Éramos los únicos sentados en las numerosas mesas que había colocadas en fila.

Teníamos antojo de carne con pan de pita así que pedimos dos gyros, uno de cordero y otro de pollo, por los que con la bebida pagamos 24.4€. El camarero nos hizo un poco el truco para que pidiéramos el plato grande sin decirnos que cambiaba el precio de la carta, así que no lo recomiendo, esas artimañas nunca me han gustado. El restaurante se llamaba Kalafati y la comida no estaba mal aunque como siempre y por la falta de clientela, parecía la carne un poco reseca.

Nuestra mesa estaba justo al lado del agua, con unas estupendas vistas al lago que llaman Koutavos, aunque en realidad es de agua salada. Nadando en ellas, se podían ver asomar a tortugas que acudían a la zona en busca de comida que le suelen tirar los restaurantes y comensales.

Después de comer dimos un paseo por el paseo marítimo, pequeño pero con buenas vistas.

Y luego nos adentramos en esta coqueta población que tiene unos 10,000 habitantes y que fue fundada por los venecianos en el siglo XVIII. Es lo más visitado de la isla y destacan como puntos de interés el puente Drapano, el museo Arquelógico o los Molinos de Mar.

Su centro nos gustó mucho, aunque a la hora que era, sobre las 5pm, no había apenas gente. Kefalonia, fue devastada por un terremoto de 1953, por lo que gran parte de la edificaciones de Argostoli responden a estilos arquitectónicos muy modernos.

Recorrimos la calle principal llena de bares, restaurantes y tiendas, destacando las de souvenirs y todo tipo de artículos dedicados sobre todo a los turistas, algunos de los cuales llegan en cruceros. Por una vez, habría deseado que llegara alguno para llenar de algo de ambiente sus calles 🙂

Después de un rato, decidimos seguir explorando la isla y volver a una hora más cerca de la cena para ver si había más ambiente.

Cogimos el coche y nos acercamos a un lugar que había leído que era interesante y muy visitado para ver el atardecer, el faro St. Theodore, en el que estuvimos un rato disfrutando de las vistas del mar y de la localidad de Lixouri al fondo. Este faro fue construido en 1829 bajo el mandado británico de la isla y restaurado tras el terremoto.

Retomamos el camino, compramos algo de comida en un supermercado para cenar y nos fuimos hacia Sami para cenar en nuestro apartamento, no sin antes pegarnos un bañito para refrescarnos.

Este había sido el recorrido realizado este primer día completo en la isla.

Día 4. PLAYA EMPLISI. FISKARDO. ALATHIES.

Nos levantamos y tras desayunar pusimos rumbo al norte. La carretera va bordeando la costa y es realmente bonita, con vistas de la vecina isla de Itaca. Atravesamos el pueblo de Agia Effimia y tras un rato giramos a la derecha para iniciar el ascenso hacia la parte norte de isla, mucho más abrupta que el resto y llena de paisajes espectaculares.

Lucía un sol radiante con lo que fuimos en buscar de otra nueva playa que había leído que recomendaban en diversos blogs, Dafnoudi. Tras unos 50 min de recorrido, Google Maps nos llevó perfectamente al comienzo del camino que tras unos 10 minutos de bajada por un frondoso bosque nos llevaría a la playa. Esta vez nos vimos un poco decepcionados, con lo que decidimos no quedarnos y continuar en busca de otras. Juzgar vosotros mismos viendo esta playa y a la que fuimos a continuación.

Que no fue otra que Emplisi, y esta sí que nos encantó, además mucho más accesible con un parking justo al lado de ella. En esta había más gente, todos locales supongo que animados por el clima y que era domingo.

Aquí estuvimos un buen rato disfrutando de esta fantástica playa de aguas cristalinas hasta que el estómago nos pidió ir a comer.

Nos acercamos a Fiskardo, otro de los platos fuertes de la isla, un pequeño pueblo de pescadores que escapó milagrosamente del terremoto que azotó el archipiélago jónico en 1953. Este hecho ha permitido a la ciudad conservar casi intactas sus características arquitectónicas que, con el tiempo, han demostrado ser una excelente atracción turística.

Nos acercamos en busca de los restaurantes para comer, todos a pie del puerto y de nuevo, prácticamente vacíos. Nos decidimos por uno llamado Roulas restaurant n’ grill house.

Donde decidimos “tirar” de clásicos y pedir una ensalada griega (me encanta el queso feta), una moussaka y una ensala de pulpo para terminar, lo mejor de todo fue esto último. Pagamos por todo 30.8€ con agua mineral para los dos.

Luego tomamos un helado y dimos una vuelta por el pueblo, cuya vida se encuentra en torno al puerto, ahora más deportivo que pescador. El pueblo es escantador, lleno de edificios bien cuidados y adornados con todo tipo de flores y plantas.

Tomamos un café al módico precio de 3.8€ (lo más caro y desorbitado que he encontrado en todo este viaje, en el bar el Greco) y decidimos buscar otra playa para seguir disfrutando del agua y del espléndido día que hacía.

Nos acercamos a otra nombrada en los blogs que había leído, la playa de Foki, pero tampoco nos convenció así que decidimos volver a Fiskardo.

Finalmente y dado que vimos que ibamos a estar sólos, decidimos quedarnos en una enclavada en pleno pueblo, llamada Zavalata. En ella estuvimos perfectamente aunque desde luego de todas las de alrededor nos quedamos con la de Emplisi como playa favorita.

De vuelta a nuestro alojamiento decidimos hacer una parada para tener una perspectiva de un sitio famoso para ver el atardecer, Alaties beach en el que hay un pequeño restaurante en el que podréis cenar viendo la puesta de sol.

Como no teníamos hambre decidimos seguir la ruta y pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares del atardecer desde la carretera.

Por casualidad paramos en un mirador y pudimos ALUCINAR con mayúsculas con la vista de la playa más famosa y bonita de la isla y declarada una de las 30 mejores del mundo, Myrtos beach.

Ya casi de noche llegamos a Sami, donde cenamos y nos fuimos a dormir bastante cansados, el día había sido largo. Este había sido el recorrido del día.

Día 5. PLAYA MYRTOS. ASSOS. PLAYA ANTISAMOS.

Se despertó este quinto día un poco nublado y con viento, y era una pena, porque tocaba conocer la playa más famosa de la isla y que ya habíamos visto desde las alturas el día anterior.

Llegamos pronto y fácilmente con el GPS, por un descenso desde la aldea de Divarata, empinado pero no excesivamente. Enseguida nos dimos cuenta de que no era el mejor día para visitar la playa. Había apenas 2 caravanas aparcadas, y hacía mucho viento y con algún nubarrón a lo lejos que no presagiaban nada bueno. Debido al gran oleaje, la playa tenía bandera roja y por tanto prohibido el baño. Desde luego el viento frío no invitaba al mismo, fue una pena porque habría sido estupendo haber disfrutado de esta maravillosa playa.

Aún así estuvimos un buen rato paseando por ella y disfrutando de la vista de sus aguas azules turquesa.

Desde aquí decidimos seguir subiendo al norte en busca de otro de los pueblos más pintorescos y visitados, Assos. No sin antes volver a disfrutar de la vista de esta maravillosa playa.

Assos se encuentra en una franja de territorio que se ve espectacular desde la carretera. Una península con un castillo veneciano, aguas azules, cipreses y pinos.

Assos es un pequeño pueblo típico de pescadores en el que reinan la mansiones italianas que se mantienen en pie ya que sufrió muy poco el terremoto de 1953. Tiene un par de calas de aguas cristalinas pero destaca más por su típica arquitectura local con casitas de colores. La verdad que es ideal para dar un pequeño paseo, tomar un café o comer y disfrutar de las vistas. La villa está custodiada por un castillo veneciano construido a fines del siglo XVI, al que recomiendo subir para disfrutar de las vistas desde allí.

Una vez visitado decidimos volver a nuestro apartamento a comer, para luego ir en busca de otras de las playas top de la isla y que está muy cerca de Sami, hablo de la maravillosa playa de Antisamos.

A mí como amante de la historia y más de la Segunda Guerra Mundial, cabe recordar que en Kefalonia fueron asesinados cinco mil soldados italianos en septiembre de 1943. A partir de un hecho tan triste se rodó una película que hizo famosa a esta isla en todo el mundo: La mandolina del Capitán Corelli, rodada precisamente en Sami y la playa de Antisamos.

Es la única playa que encontramos con más ambiente, con un espectacular bar lleno de tumbonas y sombrillas y que además no cobraban nada por ellas si consumías algo del bar. La playa tiene bandera azul con lo que tiene todos los servicios, amplio parking y nos resultó muy cómoda.

Es una playa super limpia, de guijarro fino y con un agua de distintas tonalidades que hacen de ella un auténtico paraíso.

Estuvimos un buen rato en la playa hasta que comenzó a levantarse un viento que acabó casi en huracán y nos obligó a nosotros y a todos a dejar la playa.

Volvimos al hotel y nos cambiamos para salir a cenar por Sami. Esta vez elegimos el restaurante Dolphins, que además se veía con más gente que en días anteriores.

Pedimos otra ensalada griega, moussaka y una chuleta, todo muy bien, la moussaka por ejemplo bastante mejor que la de Fiskardo. Con agua y un referesco, pagamos 28€, de nuevo el trato, fue muy bueno.

Este es el recorrido que habíamos hecho este día

Día 6. CUEVA DROGARATI. LAGO MELISSANI. ARGOSTOLI.

Amaneció otro día con un sol espléndido en el que teníamos pensado visitar la última perla de la isla, el Lago Melissani. Como había leído que la mejor hora para ir era al mediodía, con el sol en su cénit, y ya que por tanto teníamos tiempo y además se encontraba muy cerca de nuestro alojamiento decidimos visitar la cueva Drogarati. No había apenas gente, así que pagamos los 4€ que costaba la entrada y descendimos las pocas escaleras de acceso que tiene.

Esta cueva que se calcula tiene más de 10.000 años de antigüedad, se tiene constancia de ella desde hace unos 300, aunque fue tras el terremoto de 1953 cuando un derrumbe dejó al descubierto una entrada a la misma.

Alberga una gran zona central que pudimos leer que cuenta con una acústica excelente, es por este motivo que es un escenario en el que frecuentemente se puede disfrutar de conciertos y eventos musicales.

Si me preguntáis si recomiendo su visita, os diré que si estáis por la zona, tenéis tiempo y no os importa pagar la entrada, pues sí, pero la visita no os llevará más de 15 minutos y si ya habéis visto más cuevas, esta desde luego es prescindible.

Pero la que no me parece prescindible fue nuestro próximo destino, muy cerca de Drogarati, que es el Lago Melissani. De nuevo el terremoto adquiere protagonismo ya que fue el que dejó también al descubierto esta joya, abriendo un gran hueco ovalado a la superficie que deja proyectar los rayos del sol en un precioso lago de agua salada y de color verde, muy parecido a los cenotes característicos de México.

Pagamos 8€ por entrar y ojo porque suele ser un lugar donde se forman grandes colas en temporada alta y a veces decepciona porque la visita que te permiten hacer es muy breve, de apenas 10 – 15 minutos.

El pequeño lago natural tiene una profundidad de casi 30 metros, y se extiende por las dos cámaras de la cueva. La manera de visitarlas es en pequeños botes y en el que el barquero explica algunas cosas y también hace fotos y bromas esperando las “tips” de los turistas.

Una vez terminada la visita, con apenas 5 personas en la barca y librándonos por poco de una marea de gente desembarcados de un autobús, nos acercamos a un supermercado en Sami para comprar algo y comer en el apartamento.

Tenía apuntado visitar otra playa que por fotos y opiniones parecía espectacular, llamada Fteri beach, pero entre que había un tramo de la carretera que por un desprendimiento se hacía peligroso y provocaba dar un rodeo para llegar a la playa y dado que habíamos conocido ya playas preciosas los días anteriores, decidimos tomar la tarde más de relax y visitar de nuevo Argostoli. Así que repitiendo el camino de días anteriores hacia el oeste nos dirigimos de nuevo a la capital.

Acudimos a una gasolinera antes de entrar en la localidad (por cierto pagamos a nada menos que 1.70€ el litro de gasolina, qué dolor!) y aparcamos de nuevo y sin ningún problema al lado del mercado local.

Eran como las 19h y por tanto las calles estaban más animadas que la última vez, sobre todo en los bares y restaurantes.

Dimos una vuelta, compramos algunos recuerdos a precios nada caros y antes de que anocheciera, decidimos volver a nuestro alojamiento y cenar allí algo ligero.

Este es el recorrido que habíamos seguido ese día.

Día 7. POROS. SKALA. FERRY A ZAKYNTHOS

Este quinto día era el señalado para pasar en ferry a Zakynthos. Había dos diarios, a las 7.45 y a las 18h. Decidimos tomar el primero para aprovechar el día en aquella isla. El ferry partía desde el minúsculo puerto de Pesada, al sur, y teníamos casi una hora de camino desde Sami. Llegamos con tiempo y allí habíamos quedado con Ifigenia para devolverle el coche de alquiler. A la hora acordada, el ferry lo vimos acercarse… todo perfecto, parecía.

Pero cuál es nuestra sorpresa cuando nos dicen que sus trabajadores están en huelga y que este ferry no saldría a la hora acordada sino a las 18h. Resignados, empezamos a pensar qué hacer en el día y volvemos en a Sami, que muy amablemente y sin recargo alguno nos permite hacer la compañía en el coche alquilado, otro gran detalle. Llegamos a nuestro alojamiento sobre las 10 de la mañana y comentamos la situación a los propietarios, y de nuevo otro detallazo, nos dicen que nos quedemos todo el tiempo que necesitemos.

Sobre las 12 decidimos ya dejar el alojamiento y recorrer una zona que no teníamos pensado, la zona sureste de la isla, así que partimos hacia allí siguiendo las sinuosas carreteras. Pasamos por Poros, otro pueblo del que parten ferries a islas cercanas, es tan pequeño que nada destacable, y por fin llegamos a la localidad de Skala, a unos 40 kms de Sami, que es famosa como un lugar de reproducción de las tortugas Caretta Caretta, las últimas tortugas marinas del mar Mediterráneo. Es un destino favorito del turismo británico y enseguida vemos una estampa que hasta deprime, muchos locales cerrados y apenas turistas.

Era la hora de comer y encontramos un chiringuito muy bien situado frente al mar llamado Metaxa beach. Pedimos de nuevo un gyros, que resultó enorme y nos supo a gloria. El lugar fue perfecto para comer tranquilamente. Pagamos 35€ por dos gyros, refresco, agua y un helado.

El sitio es espectacular y la playa, qué decir de ella, pero mirar la estampa, ¡¡estaba vacía!! a mí desde luego no me gustan las aglomeraciones, pero como se suele decir, ni tanto ni tan calvo…

La playa preciosa, y como siempre con un color de agua, no tan espectacular como las del norte al no ser las piedras del fondo de color blanco pero igualmente espectacular.

Toda esta zona se encuentra llena de playas interesantes, Kaminia, Loutraki, Potamakia, etc.

Dimos un paseo en coche por el pueblo, que estaba lleno de tiendas, bares y restaurantes, no en vano es uno de los destinos con mayores servicios turísticos de toda la isla, pero todo tan vacío que decidimos continuar hacia el oeste en búsqueda de Pesada, con la incertidumbre de si pudiera pasar otra vez lo de la huelga y quedarnos en tierra.

Este fue el recorrido que habíamos hecho ese día.

Finalmente llegamos con tiempo al puerto y del ferry salió una persona que nos cobró los 9€ de la entrada por persona. Dejamos el coche de alquiler a nuestra querida y simpática Ifigenia y entramos en el ferry.

Esta es la vista hacia el este desde habíamos venido desde Skala.

Estábamos tristes por dejar Kefalonia que NOS HABÍA ENCANTADO y que desde luego superó ampliamente nuestras expectativas pero también estábamos esperanzados y expectantes por llegar a Zakynthos y ver con nuestros propios ojos la maravillosa imagen que hizo que yo hace años quisiese a toda costa visitar estas islas Jónicas.

El trayecto del ferry duró como un par de horas y sobre las 20h llegamos al puerto de Agios Nikolaos, al norte de Zakynthos. Allí nos estaba esperando nuestro coche de alquiler de otra compañía local llamada Caretta Rentals y que nos recomendó mi amigo Vagelis. Como el precio no era alto, decidimos coger un descapotable, un Volkswagen Eos por el que pagamos 149€ los 3 días con un seguro a todo riesgo de franquicia máxima de 500€. El coche estaba muy bien, mejor que el de Kefalonia.

Fuimos directamente al hotel, al que llegamos tras unas carreteras muy sinuosas, mucho más que las de la otra isla. Nuestro alojamiento fue el Armonia Boutique Hotel, con una calidad precio espectacular.

Nuestra habitación que era un estudio con una pequeña cocina, estaba en un edificio al lado del principal, y aunque es verdad que veníamos de un alojamiento tan espectacular como el de los días anteriores, este no estaba nada mal viendo el magnífico precio que pagamos, 157€ las 3 noches (sin desayuno).

Ese día había sido largo y estábamos cansados así que decidimos cenar en el hotel. El propietario, Dionisis, muy simpático y servicial tuvo el detalle de sentarse con nosotros para resolver todas las dudas que teníamos, aunque como me suele pasar, se sorprendió de lo bien que tengo todo organizado previamente, aún así, se agradece esa disponibilidad.

En la cena cometimos un error, decidimos pedir pescado frito, que luego pensamos y viendo los pocos clientes que había, que muy fresco, no iba a ser, otro de los inconvenientes de la falta de turismo. Eso sí, el postre casero que nos ofrecieron estaba espectacular.

La atención fue muy buena en todo momento. Nos invitaron a las dos copas de vino que pedimos y pagamos 23€ dejando algo de propina.

Día 8. NAVAGIO BEACH – BLUE CAVES. PORTO LIMNIONAS.

Dado que al día siguiente a este teníamos a las ocho de la mañana la prueba PCR del COVID en la capital y viendo el buen tiempo que hacía, decidimos este primer día completo en la isla asegurar lo más esperado de esta visita y del viaje, conocer la maravillosa playa de Navagio. Para ello nos acercamos con el coche a Agios Nikolaos, donde había llegado el ferry el día anterior.

Allí tendríamos que hacer algo que no me gusta mucho, buscar una empresa y negociar precio para hacer la excursión. Nos pedían en principio 20€ por cada uno pero finalmente había leído que solían bajar a 15€ así que con poco esfuerzo conseguimos ese precio. Quería hacer la excursión con poca gente pero no me garantizaban una hora así que finalmente decidimos salir cuanto antes para no perder tiempo. Iríamos en esta embarcación con unas 20 personas, pero a pesar de esto la verdad viéndolo después, creo que acertamos.

El piloto de la embarcación resultó ser un griego simpatíquísimo que nos amenizó todo el viaje con comentarios interesantes y sobre todo bromas, muchas bromas.

Bordeamos la costa norte de la isla girando hacia el oeste en busca de la playa destino. Pasamos por delante de la zona llamada Blue Caves, y donde a la vuelta haríamos una pequeña parada.

Toda esa zona está llena de espectaculares acantilados, que van creciendo a medida que se va avanzando.

Continuamos hacia el oeste y el color azul del agua nos cautivaba. El patrón nos habla de la profundidad tan increíble que tiene esta zona y de que hay focas monje que habitan estos ajetreados acantilados. Es verdad que vemos unos cuantos barcos pero nada de masificación, no quiero pensar en cómo se pondrá esta ruta en julio y agosto.

Y despúes de un rato navegando por fin doblamos un pequeño cabo, y de repente apareció ante nuestros ojos la maravillosa playa del naufragio, ese lugar por el que habíamos recorrido tantos kilómetros para conocerlo y disfrutar al máximo.

Es verdad que no es la mejor hora para visitarla, cerca de las 12 de la mañana porque a esta hora empieza la hora punta de visitantes y embarcaciones. Yo no iría antes de esa hora porque el sol no está lo suficientemente alto y daría la sombra en alguna parte de la playa. La mejor es a partir de las 14h, cuando hay menos visitantes y todavía el sol ilumina la playa entera. A partir de las 18h aproximadamente en este mes (julio) empezaría el sol a ocultarse tras su pared norte, por lo que repito, entre aproximadamente las 15h y las 18h podría ser la mejor franja.

Cuando llegamos había bastante gente, nada de playa paradisíaca como ya no preveíamos. Y todo porque había dos embarcaciones grandes con muchas personas a bordo.

Pero aún y con la gente, yo la playa la disfruté mucho porque aluciné con las imponentes paredes que la circundan y sobre todo, por el espectacular color de sus aguas. Además la presencia del barco encallado lo hace de lo más singular, una embarcación herrumbrosa y hasta llena de pintadas, a la que afortunadamente ya no dejan subir ni acercarse por seguridad. Celebro que hubiera dos personas de seguridad que no dejaban a la gente tampoco acercarse a los extremos de la isla por peligro de derrumbes.

Y vamos con la famosa historia de esta Navagio Beach o también llamada Shipwreck Beach, historia que todo el mundo cree pero también hay sospechas de si fueron realmente las autoridades helenas las que dejaron encallado este barco aquí para sacarle réditos turísticos, pero bueno, no seamos mal pensados…

Pues resulta que este barco, construido en 1937 en astilleros escoceses y que pasó luego por varias navieras, acabó siendo utilizado por la mafia italiana para transportar tabaco y alcohol de contrabando desde Turquía. El 10 de enero de 1980 la marina griega que venía observando las actividades de este barco, lo persiguió para su abordaje justo cuando estaba atravesando el norte de la isla de Zakynthos y en medio de un fuete oleaje el buque fue arrastrado hasta la playa donde quedaría encallado para siempre. Desde entonces esta olvidada cala es conocida como la playa del naufragio y conocida en medio mundo.

Normalmente las excursiones te dejan allí más o menos una hora y entre fotos y disfrutar del entorno se pasa volando. Al final ya de nuestra visita se fueron varias embarcaciones y estuvimos mucho más a gusto disfrutando de sus frescas y azules aguas. La playa es de piedra blanca y fina, bastante incómoda para caminar descalzo por lo que de nuevo recomiendo escarpines.

A la vuelta haríamos parada en otro de los puntos fuertes de esta excursión, las Blue Caves, que son una sucesión de arcos de piedra caliza creadas naturalmente por la erosión. Paramos primero en una cueva donde el patrón griego nos casi obligó a tirarnos al agua, y fue increíble ver como si hubiera iluminación debajo del agua, puro efecto óptico provocado por el sol.

A continuación fuimos a otra zona todavía más impresionante.

Allí nos tiramos de nuevo al agua y pudimos disfrutar de esas aguas de color azul turquesa.

Cerca de este punto entramos de nuevo en otra cueva donde pudimos adentrarnos nadando una decena de metros.

Finalmente y ya después de como media hora de paradas, volvimos al puerto de donde habíamos salido, muy satisfechos con la experiencia y con la agencia con la que fuimos. Nuestra intención a continuación, ya que estábamos cerca y era una buena hora, fue ir al mirador para ver la playa desde arriba, atracción todavía más popular que incluso pisarla in situ.

Para llegar a él, si váis con Google Maps debéis poner Navagio Beach View, pero ojo porque el GPS os puede pasar una mala pasada para salir del puerto de Agios Nikolaos, ya que hay tantas carreteras y opciones, que nos metió dos veces en caminos de tierra y pendiente arriba que casi nos cuesta un disgusto dar la vuelta.

Después de unos 25 minutos siguiendo la carretera sinuosa, llegamos al mirador, en el que había apenas unas 20 personas esperando, menos mal que vinimos en esta época…Parece que hace tiempo esta zona no tenía ningún control y cada visitante se acercaba al borde del acantilado para observar la playa y por supuesto hacer fotos pero tras varios accidentes, las autoridades decidieron organizar las visitas y tener a gente vigilando para evitar desgracias. Sólo dejan asomarse ya desde el balcón artificial preparado para esta concurrida visita.

Y después de unos 20 minutos tuvimos la recompensa, y seguro la foto de este viaje, absolutamente espectacular y maravillosa.

A continuación y dado que eran ya como las 3 de la tarde, decidimos parar en el primer sitio que encontráramos para comer, y ese fué en uno llamado Margarita Tavern, en el pueblo de Anafonitria, muy cerca del mirador y lleno de restaurantes y tiendas de souvenirs. El sitio resultó un rotundo acierto, con unas vistas de los campos de olivos cercanos y sobre todo la atención de un establecimiento 100% familiar. Pedimos dos moussakas, que nos acompañaron de unos panes con aceite y de postre un yogur griego con miel, otra especialidad de la zona.

Pudimos charlar amistosamente con el propietario, que nos comentó que esta playa lógicamente hace 25 años no la conocía nadie y él acudía con su padre a cuidar colmenas que tenía allí sin dar más importancia al mirador. También nos comentó que en julio y sobre todo agosto, se forman colas de más de 2 horas para visitar el mirador, una auténtica locura.

Pagamos apenas 22€ por la comida y seguidamente teníamos pensado ir al oeste de la isla a conocer una playa muy recomendada en todos sitios, Porto Limnionas. Otra media hora en hacer los apenas 18 kms que nos separaban de la playa.

Zakynthos es más pequeña que Kefalonia, con 406 km2, por 781 km2 de esta última y se agradece a la hora de moverse por la isla, pero es verdad que posee una red de carreteras y caminos mucho más numerosa y además más sinuosos, lo que hacía que las medias para moverse por la isla fueran bajísimas.

Y por fin llegamos a la playa, que dispone de un parking gratuito y consiste en una pequeña y rocosa bahía con un bar al lado lleno de agradables tumbonas donde tomar o comer algo.

Nosotros decidimos bajar junto al agua para tumbarnos al sol y darnos un refrescante baño. De nuevo nos encontramos con un color de agua espectacular. La zona es ideal para el esnorquel incluso para el buceo, ya que encontramos un pequeño establecimiento para el que quisiera probarlo.

Aunque es verdad que no es una playa cómoda porque es pequeña, sin orillas y de accesos rocosos, es ideal si buscáis una alejada de las clásicas y de las aglomeraciones. A mí personalmente me gustó mucho.

Estuvimos hasta que dio la sombra en la playa, cuando ya decidimos coger el coche para dirigirnos al este de la isla y buscar un lugar para cenar.

Atravesamos la isla por multitud de pueblecitos y pequeñas aldeas de lo más rural y donde el GPS nos guió otra vez por caminos de tierra de difícil acceso. Si utilizáis Google Maps como hice yo, intentar circular por carreteras menos secundarias y no siempre las más rápidas que dice la aplicación, si no queréis veros encerrados en alguna carretera poco transitada.

Teníamos la intención de ir a cenar a Zante, la capital, pero terminamos un poco antes, en el pueblo de Tsilivi, porque vimos que estaba lleno de restaurantes y algo de ambiente. Es verdad que en esta isla pudimos ver más turismo que en Kefalonia, mucho más desangelada. Compramos algún souvenir en las enormes tiendas que había, por cierto a muy bien precio y cenamos en un restaurante llamado Aris.

De nuevo comimos un gyros y una ensalada, por los que pagamos 30.5€ con bebidas. Un muy buen precio y muy buena atención.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese primer día en Zakynthos.

Día 9. ZANTE. PORTO AZZURO BEACH. ALYDANAS BEACH.

Madrugamos porque teníamos a las 8 la prueba PCR del COVID para volver a España en Zante. La hicimos sin problemas y luego decidimos dar una vuelta por las calles peatonales del centro, que se encontraba llena de tiendas y restaurantes, muy dedicadas al turista y que nos recordó a Argostoli en Kefalonia. Compramos algo para comer en la playa.

Tras el terremoto de 1953, la ciudad quedó destruída con lo que se recontruyó practicamente en su totalidad. Posee preciosos edificios neoclásicos, una fortaleza, iglesias y diferentes museos, donde destaca el museo Bizantino. En las afueras, en el pueblo de Bójali, están los restos de un hermoso castillo con espléndidas vistas.

Este último día de vacaciones lo habíamos destinado a descansar, estar de relax y disfrutar de un auténtico día de playa. Había leído que había muchas en sus 120 kms de costa y salvo Porto Limnionas ninguna la recomendaban especialmente, Laganas, Argassi, Xigia, Marathia, Agios Nikolaos, Gerakas (donde anida la tortuga Careta careta) y Makris Gialos son algunas de ellas. Finalmente decidimos ir a una que se llama Porto Azzurro.

Si os decidís por esta, encontraréis una enteramente de arena y con todos los servicios. Hay un bar restaurante espectacular muy bien montado y que dispone de numerosas tumbonas y sombrillas tanto en la playa como en una zona de césped más atrás.

El agua estaba buenísima, comimos lo que habíamos comprado en Zante y ahí estuvimos hasta entrada la tarde, momento en el que decidimos movernos y cambiar de playa. Como nos daba pereza ir a alguna del oeste, decidimos ir a conocer una que teníamos ya muy cerca del hotel, la playa de Alykanas. Se trata de una larga playa de agua limpia pero ya supongo que como veníamos de ver playas de tanto nivel, la verdad que estas dos últimas no nos impresionaron precisamente.

Esta playa es una continuación de Alykes beach que también vimos al aparcar en medio de las dos.

Si hubiéramos tenido más tiempo sin duda habríamos ido a conocer el suroeste de la isla, en la zona de Keri, donde podéis ver el atardecer en Cabo Marathia. También más al este, ir a Agios Sostis y pasar a la pequeña isla Cameo. Para nosotros, tendrá que ser para una nueva ocasión.

Volvimos al hotel y salimos a cenar para acabar repitiendo en el establecimiento del día anterior, Aris restaurant, donde nos decidimos por platos 100% griegos, muy buenos por cierto.

Esta fue la ruta que hicimos este último día.

Al día siguiente tomamos el vuelo de vuelta rumbo a Atenas para dos horas después volar hacia Madrid.

Como ya he comentado, este destino ha sido una gran sorpresa y no cambiaría mucho de lo que hicimos, creo que acertamos dando más días a Kefalonia, isla más grande y con más sitios interesantes que ver, sobre todo playas, a años luz de Zakynthos y de otras islas que conozco como Mykonos y Santorini, eso sí, Zakynthos tiene la carta de Navagio Beach, que está a otro nivel.

Dejamos Grecia, un país fantástico en el que me siento como en casa, espero volver a visitarlo en otra ocasión. Espero que este relato os ayude si os decidís por visitar estas fantásticas islas bañadas por el mar Jónico, no os arrepenteréis.

chorrera de los litueros, la cascada más alta de madrid

Esta espectacular cascada compite con la de San Mamés por ser la más alta de Madrid. Se encuentra en este punto.

La añado a mi blog porque cuando la visité, ojo, quizás en el mejor momento en el que se puede visitar, mes de enero, en pleno deshielo de las nieves y tras días de lluvia, personalmente me encantó y sobre todo porque es muy sencilla de hacer y a la que se llega en no más de 20 minutos desde donde se deja el coche.

En sencillo llegar hasta la cascada. La manera más rápida y accesible es cruzar el pueblo de Somosierra, y una vez pasada una gasolinera que dejaréis a la derecha, tenéis que tomar a la derecha también la antigua carretera Nacional I. Ojo no os paséis el desvío y sigáis hacia la izquierda porque así cogeréis la A1 dirección Burgos.

Debéis descender unos 500 metros por esa carretera sin apenas tráfico y debéis estar atentos porque a vuestra derecha veréis esta entrada que os llevará a vuestro destino

Debéis dejar el coche en el archén con precaución y a unos 100 metros tras adentraros en el sendero hay que sobrepasar una puerta metálica, que atravesaremos por la derecha, donde hay un cierre automático para el paso de personas, recordar cerrar la puerta.

Continuar por el camino hasta que os encontréis con un riachuelo, el Arroyo de las Pedrizas. Aquí tendréisque girar hacia la derecha y paralelo al arroyo, buscar un lugar seguro para cruzarlo, que será más fácil o más dificultoso dependiendo de la época del año en que vayáis y por tanto del torrente de agua que lleve el arroyo.

Con un poco de precaución, sobre todo si váis con niños y ya siguiendo el ruido que hará el agua al caer, os encontraréis con esto, una preciosa cascada de 40 vertiginosos metros de altura.

Si queréis ver la cascada desde un punto más alejado, tenéis que volver hacia el Arroyo de las Pedrizas que cruzamos. Aquí tienes que seguir el camino ascendente por el lado derecho de las grandes rocas que dan a la Chorrera de los Litueros. Encontraréis diferentes miradores que os permitirán ver el salto de agua desde diferentes perspectivas.

Como siempre hay otras maneras de llegar a la cascada, que parten desde el pueblo de Somosierra, para eso hay muchas páginas webs y blogs en la que descubriréis cómo hacerlo, pero yo añado aquí este lugar porque primero es precioso y luego es más que accesible.

Para evitar decepciones y que luego no os encontréis la cascada con el cauce que os muestro, es FUNDAMENTAL elegir un buen momento del año, y ahí yo diría elegir, enero, febrero o marzo e intentar hacerlo tras una buena temporada de lluvias, o cuando hayan caído nevadas recientemente, si no os la podréis encontrar con mucho menos caudal.

BOSTON

¿Y por qué este viaje a Boston?

La respuesta es porque Estados Unidos, a pesar de sus defectos y a pesar de la imagen que a veces proyecta, tengo que decir que a mí me encanta visitarlo y que todas las experiencias que he tenido en él han sido de lo más satisfactorias, así que cuando surgió la posibilidad de un nuevo viaje al país norteamericano, con un vuelo a un precio que fue una auténtica oportunidad, no me lo pensé. A este viaje me acompañaría en un principio mi cuñado Víctor y mi compañero habitual de escapadas Manolo, pero después se fue añadiendo la tropa salmantina, Roberto, Eva (alias Rocío) y Dani, la cosa prometía.

Volamos en noviembre 2019 pero compramos los billetes en torno al mes de febrero ya que salieron vuelos baratos desde Barcelona con la compañía Level, aerolínea de bajo coste de Iberia, por los que pagamos tan sólo 240€, a los que habría que añadir el pequeño vuelo de Madrid a Barcelona (otros 50€).

Una de las motivaciones importantes del viaje era la oportunidad de volver a disfrutar de un partido de la NBA, y qué mejor equipo para ver que un mítico como los Boston Celtics, así que si a eso sumamos lo atractivo de poder visitar la capital de Massachusets, se convertía en un destino perfecto para esta escapada. Lamentablemente en el mes de agosto salió el calendario de la NBA y ¡oh! sorpresa, los Celtics no jugaban en casa los días que íbamos a estar en la ciudad, así que nuestro ‘gozo en un pozo’, pero bueno, encontraríamos otra alternativa…

Con una pequeña escala en Barcelona y tras un registro exhaustivo y aleatorio, cogíamos rumbo a Estados Unidos, sería mi quinto viaje a los EEUU ¡¡¡BOSTON nos esperaba!!!! ✈

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Recordar que en esta compañía la comida a bordo hay que pagarla al hacer la reserva o bien comprarla allí mismo, gratuito sólo hay si queréis un vaso de agua ;). Tengo que decir que los asientos no eran muy espaciosos pero el entretenimiento a bordo era bueno, con películas y series en español con la pantalla individual para cada uno (no olvidéis llevaros auriculares), así que mi opinión de esta compañía LEVEL, viendo el precio de sus billetes es más que satisfactoria.

Aterrizamos sobre las 20h. e hicimos los trámites de inmigración bastante rápido. Como no facturábamos maletas, salimos enseguida al hall central donde sacamos dinero en los cajeros, lo habitual en nuestros viajes. Fuera nos esperaba James, un amigo de mi compañero Roberto, que amablemente nos llevó al hotel en su coche de 7 plazas.

Hago un inciso sobre el alojamiento, porque buff, me costó mucho encontrarlo esta vez, ¿por qué? porque son carísimos en Boston. Me recorrí todos los del buscador Booking, y hasta tiré de Airb&b, pero todos los precios se disparaban y por supuesto ninguno estaba céntrico. Pero no sé en qué momento o cómo, di por casualidad con el que iba a ser nuestro alojamiento, The Verb Hotel y en su propia página ví que tenía precios interesantes y buenas críticas en otras, además no tenía que adelantar nada, así que reservé sin dudarlo. Reservé una habitación con dos camas de matrimonio en las que podíamos dormir 4 así que nos saldría todavía más económico. Fuimos 5 noches por las que pagamos en total 520€ con desayuno incluído, precio imbatible en esta ciudad.

Además el hotel estaba muy bien situado, junto al estadio de los Red Sox de baseball, cerca de la zona de grandes hoteles de Newbury y Boylston Street y no muy lejos del centro.

Situación hotel The Verb

Llegamos al alojamiento de noche y ya por fuera y como aparecía en las fotos tenía muy buena pinta, de lo más rockero y original.

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Entramos dentro y nos enamoró el precioso hall,  con un look de lo más popero y con un aire años 70 – 80 que lucía espectacular 🎸🎶.

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Vimos que en ese hall ofrecían fruta, agua y café gratis para poder disponer de ello gratuitamente en todo momento, gran detalle.

Nos pidieron la tarjeta para hacernos el cargo de la reserva (en USA siempre cobran por adelantado) y subimos a la habitación. Estaba genial, todo muy limpio y no faltaba detalle.

Además tenía una cosa muy original en cada habitación, y es que había un tocadiscos en el que podías poner música, para los amantes de los vinilos, este detalle os encantará🎵 .

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En la recepción del hotel disponías de un montón de discos que podías ir intercambiando a tu gusto. Espectacular idea, ¿no créeis?

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Además la habitación doble de Rocío y Dani estaba justo al lado de la nuestra y hasta tenía una puerta que las comunicaba.

Dejamos las maletas y a pesar del cansancio salimos fuera dispuestos a cenar algo.

A los pocos metros de ahí encontramos una hamburguesería, de la cadena Tasty Burger, había poca gente ya que era martes y las 10 de la noche 🍔🍟.

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El sitio era la típica hamburguesería tipo Mcdonalds y tenía lo de siempre, comimos casi todos hamburguesas y la cuenta total fue de 58$ propina aparte, muy buen precio, apenas 10 dólares por cabeza.

Tras eso volvimos al hotel buscando la cama desesperadamente, algunos no habíamos dormido nada en el avión y el despertador ya estaba puesto a las 7 de la mañana. Recordemos que en noviembre anochece aquí sobre las 16h, así que había que madrugar porque pronto se acababa la luz natural.

Día 2. Trinity Church, Boston Public Library, Cheers & Beacon Hill. Harvard University

Durmiendo 4 en una misma habitación, el jet lag y como suele pasar las ganas de ver la ciudad, no dormimos mucho y antes de las 7 ya estábamos duchándonos y preparándonos para “quemar” la ciudad. Nos arreglamos y bajamos a desayunar.

De nuevo un muy agradable lugar, con una novedad, música a un volumen bastante alto para que no olvidarámos, que ahí se respiraba música a todas horas.

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Fuera hasta tenía una piscina que se podía disfrutar en invierno porque estaba climatizada y que en verano tenía que ser espectacular disfrutarla, de verdad os recomiendo 100% este hotel, qué gran descubrimiento.

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Y ya estábamos preparados para ver la ciudad, de la que doy algunos datos, que como siempre, me gustan, lo siento para los que no :). Boston es la capital de Massachusetts y su ciudad más grande, su población es de unos 694,000 habitantes (2018) similar por ejemplo a la de la ciudad de Sevilla, y que la coloca en la posición 23 de todo el país.  El área metropolitana “Greater Boston” alberga a unos 4.7 de personas, haciendo que suba al décimo puesto como área metropolitana mayor de los Estados Unidos.

Si váis a esta ciudad, comprobaréis que también tiene un distrito financiero de edificios altos, de hecho es el tercero más importante tras Chicago y New York, pero por lo que destaca más es por sus maravillosos barrios de casas bajas, muchas de arquitectura victoriana fruto de la influencia inglesa y por supuesto que es una ciudad llena de historia, que yo creo que es su sello más característico. Es una ciudad bastante cara en general, no en vano ocupa el primer puesto en cuanto a ingreso medio de las familias de toda la costa este por encima por ejemplo de New York y Washington. Es considerada la capital intelectual por excelencia de EEUU, una ciudad elitista donde casi la cuarta parte de la población lo conforman estudiantes, no en vano en el estado hay más de 100 universidades y colleges!!!!

Fundada en 1630, es una de las ciudades más antiguas de los Estados Unidos y con mayor riqueza cultural. Cerca de Boston se instalaron los primeros colonos puritanos que llegaron de Reino Unido en el famoso barco Myflower y que fundaron Nueva Inglaterra. Más de un siglo después aquí comenzó la Guerra de Independencia de las 13 colonias y por tanto el nacimiento de los EEUU (1776). El papel fundamental que desempeñó en esa independencia se destaca en el Freedom Trail (Sendero de la Libertad), una ruta peatonal de 4 km de sitios históricos que cuenta la historia de la fundación de la nación y esto veréis en todas las guías que es lo que no hay perderse de Boston.

Como para esa ruta dedicaríamos el día siguiente entero decidimos destinar esta primera jornada a ver lo más interesante fuera de dicho “trail”. Así que como el hotel no estaba lejos decidimos ir caminando y acercarnos hasta la Trinity Church a pesar de que estaba lloviendo. Por el camino pudimos disfrutar de esta época del año que se veía reflejado en los parques y jardines que atravesábamos 🍁.

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Un pequeño inciso para hablar de una cosa importante, el clima de esta ciudad, que al estar tan al norte es de los más duros del país, pudiendo llegar en inviernos extremos a temperaturas por debajo de los 20 bajo cero. En noviembre debería rondar los 10 de máxima y los 3 de mínima pero hay un factor importante en estos lugares, la llamada sensación térmica, con un viento que suele soplar desde lo más profundo de Canadá. Nosotros íbamos preparados de verdad, con gorros, camisetas y mallas términas, buenos abrigos🧣🧤,  pero es verdad que tuvimos suerte y luego no fue para tanto, y digo suerte porque os mostraré al final qué pasó unos pocos días después de dejar la ciudad.

Llegamos a una de las plazas más emblemáticas de Boston, la Copley Square, donde nos dirigimos a la Trinity Church justo cuando abría, a las 10h. Esta es una iglesia episcopal de la diócesis de Boston construida en 1877 después de que la situada en su anterior emplazamiento se quemara en el Gran Incendio de Boston de 1872. Según pude leer la torre que se eleva hasta los 64 metros está inspirada en edificios medievales españoles, ya decía yo que me resultaba familiar…🤔 me recordaba al románico de nuestro país.

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Había leído que la entrada costaba 10 dólares nada menos, pero que si se decía que se iba a rezar la entrada era gratuita, así que nos dispersamos, pusimos cara de cristianos anglicanos, y cuando nos preguntaron dijimos “we come to pray” y para dentro 🙏.

El interior es un espectacular despliegue de murales y vidrieras de colores que nos sorprendieron para bien, así que recomiendo la visita sí o sí.

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Después de un rato salimos al exterior y como había leído que ese miércoles a las 11h había una visita guiada gratuita en la Biblioteca Pública de Boston, otro de los monumentos más importantes de la ciudad, decidimos entrar en otra imponente iglesia para hacer tiempo, la Old South Church. Cabe destacar que otra de las señas de identidad de Boston y de Massachusetts en general es la cantidad de congregaciones que hay con sus iglesias locales.

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Se trata de un templo gótico renacentista terminado en 1875 y cuya entrada es gratuita. Su interior es mucho más austero que el anterior pero interesante.

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A las 11h nos dirigimos al hall de entrada de la Boston Public Library donde nos esperaba a un pequeñísimo grupo (esto es lo bueno de ir en esta época y entre semana que apenas había turistas) y un hombre de avanzada edad dispuesto a hacernos de guía durante una hora por esta fabulosa biblioteca. Desde fuera es imponente el edificio McKim, que es célebre por su magnífica fachada (inspirada en los palacios del Renacimiento italiano).

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Se fundó en 1852 y contiene nada menos que 15 millones de libros. Es la biblioteca municipal más antigua de Estados Unidos y la tercera que dispone de más fondos. Recuerdo de nuevo que Boston se considera la capital intelectual de los EEUU, conocida como la “Atenas de América”.

Accedemos a las escaleras de entrada que son maravillosas, construidas en mármol, y al hall que está decorado con pinturas cuyo significado nos explica nuestro guía explica en inglés pero muy lentamente con lo que lo entendemos más o menos bien. Impresionante este lugar.

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A continuación entramos en silencio en la sala de lectura Bates Hall, considerada arquitectónicamente como una de las más importantes del mundo. Su forma es rectilínea, pero terminando en ábside en sus extremos, recordando a una basílica romana, preciosa esta sala.

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Entramos en otra sala donde continuamos escuchando las explicaciones sobre el significado de cada mural.

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Finalmente salimos al patio central, donde se encuentra un jardín de esculturas, rodeado de una galería de arcadas a la manera de un claustro renacentista.

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Y aquí termina nuestra visita. Nos despedimos de nuestro amable guía y nos dirigimos a tomar un café a la zona más moderna de la biblioteca.

Continuamos hacia el río Charles y recorremos toda esta zona conocida como Back Bay, una de las más exclusivas de la ciudad, llena de casas y mansiones muchas del siglo XIX. Una pena que lloviera tanto para no apreciar más esta zona, que a mí me encantó. En muchas de ellas todavía quedaban las calabazas de la reciente fiesta de Halloween 🎃 .

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Finalmente llegamos a como no, uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad y que a los de nuestra generación nos hizo mucha ilusión, quién no se acuerda de la serie de TV de los 80, Cheers. Decir que la foto que salía del exterior en la serie, era de este lugar. El interior del bar sin embargo se grabó íntegramente en un plató de televisión.

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Después de esto decidimos acercanos a la que es considerada la calle más fotografiada del país, la estrecha y adoquinada, Acorn Street. Los que viven parece que están hartos porque ponía bien claro que no se podía acceder salvo a fotógrafos profesionales pero nosotros aprovechando que estábamos sólos, la recorrimos, en silencio, eso sí.

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Toda esta zona llena de viviendas victorianas de ladrillo, conocida como Beacon Hill, es también una cita obligada al ser muy característica de Boston. Se trata de un barrio histórico y encantador donde la herencia del pasado y la tradición se conservan a rajatabla, dos ejemplos, no se permite hacer ningún cambio en las fachadas de los edificios si no pasa por un comisión arquitectónica y las lámparas todavía son de gas como hace más de cien años. Por supuesto también es un barrio muy elitista y caro, por un apartamento de una habitación preparar unos 1,800 – 2,000$ de alquiler al mes.

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Como ya se acercaba la hora de comer decidimos ir a Cheers a ver si teníamos sitio, y tuvimos suerte porque el bar es muy pequeño, con unas pocas mesas y una zona de venta de souvenirs donde sin duda “picamos” algo. Tenía buen ambiente y como siempre las camareras nos atendieron muy bien.

El precio nos sorprendió porque pensábamos que iba a ser más caro, platos de unos 15 dólares, Coca-cola 3,5$ y sidras y cervezas más grandes a 7$, precio caro para nosotros, pero muy normal en la ciudad. Al final la cuenta fue de 155$, unos 26$ por persona (propina aparte). Varios de nosotros nos pedimos este plato que eran patatas con queso y que nos gustó bastante, muy “light” como podéis apreciar.

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Como no hacernos la foto de rigor.

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Esta es la ruta que habíamos hecho esta mañana, para que la tengáis en cuenta, yo creo que es más que recomendable si tenéis tiempo ⌛.

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Tras la comida nos vino a buscar James para llevarnos a conocer, a un grupo de universitarios como nosotros, a posiblemente la más prestigiosa del mundo, la Universidad de Harvard.

Deciros que es la institución de educación superior privada más antigua de Estados Unidos. Surgió en 1636 con el nombre de New College y posteriormente modificó su denominación a Harvard College en reconocimiento a su principal benefactor (ojo, no su fundador), John Harvard de Charleston, que donó a la institución su biblioteca y todos sus ahorros.

Esta dicen que es una de las estatuas más fotografiadas de los EEUU y es curioso el hecho de que no representa al propio John Harvard si no a un guapo estudiante que tomaron como modelo, ya que no se tenía una imagen de este benefactor.

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El campus principal ocupa 85 hectáreas, y tiene su centro en la Harvard Yard, un área de jardines y edificios que constituye la parte más antigua y el centro del campus de la universidad y que recorrimos caminando. Toda esta zona está llena de bibliotecas, edificios de aulas, departamentos académicos y residencias para los estudiantes. Aquí tenéis el denominado University Hall.

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Como decía anteriormente es una de las universidades más selectas del mundo, ya que de cada 100 aplicaciones, sólo 5 estudiantes son admitidos y es curioso el dato de que alrededor del 60% de sus alumnos reciben becas de acuerdo a su necesidad y hasta el 20% de ellos incluso no tienen que desembolsar nada. Para que os hagáis una idea, el coste de la matrícula de un curso para un estudiante sin beca ronda los 46,000$, a lo que si sumamos el alojamiento, manutención y otras tasas sube hasta los 67,500$.

Daba escalofríos sólo pensar que en estas aulas han estudiado 158 galardonados con un premio Nobel, 8 presidentes norteamericanos, 108 medallistas olímpicos, 48 premios Pullitzer, etc, y personas tan importantes como Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy, Bill Gates, Barack Obama, Mark Zuckerberg, etc.

Su biblioteca, con una colección de 20,4 millones de volúmenes y 5,4 terabytes de archivos digitales, es la biblioteca académica más grande del mundo, cifras mareantes. Intentamos entrar pero lamentablemente se necesita una acreditación.

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Y un par de comparaciones que a mí me dejan boquiabierto, y es que en sus aulas estudian alrededor de 7,000 alumnos de grado y unos 13,200 de postgrado, bastantes menos que los 65,000 por ejemplo que cursan estudios este año en la Complutense de Madrid, pero es que la Universidad de Harvard contó en 2018 con un presupuesto de 5.200 millones de dólares (2018), que es, aproximadamente la mitad del de las 50 universidades públicas españolas juntas!!!!

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Entramos en la llamada Pusey Library, también en Harvard Yard, donde podréis ver expuestos diversos archivos, manuscritos, fotos y documentos digitales de la Universidad.

En esta foto tenéis la Memorial Church, construida en 1932 y donde se rinde homenaje a aquellos licenciados en Harvard que han muerto en las diferentes guerras mundiales.

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Con James entramos en la facultad de derecho, de reciente construcción. No podía pensar en otra cosa al observar a los afortunados estudiantes que tenían el privilegio de poder estudiar aquí, qué sensación de orgullo puede sentirse licenciarse en una universidad de tanto prestigio.

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Nosotros no fuimos porque no teníamos mucho tiempo pero una visita muy recomendable es al Museo de Historia Natural (Harvard Museum of Natural History), un museo de pago muy visitado y referencia a nivel mundial.

Salimos al exterior y finalizamos nuestra visita dando un pequeño paseo por la cercana localidad de Cambridge donde pudimos ver casas muy típicas americanas y seguro nada baratas, preciosas.

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Finalmente nos dirigimos en coche de regreso a Boston en medio de un intenso tráfico debido a la lluvia y que era la hora de volver a casa después del trabajo.

Estas son las bonitas vistas nocturnas de Boston desde Cambridge, del otro lado del río Charles.

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Como todavía no era la hora de cenar decidimos ir a tomar algo, y James nos llevó a un sitio con solera, la Warren Tavern, una de las tabernas más antiguas del estado de Massachusetts y de las más históricas de América, fundada en 1780. Se encuentra en el barrio costero de Charlestown, con grandes raíces irlandesas. Es un lugar de lo más agradable, con un montón de tipos de cerveza (recordar que en Boston la cerveza es más que famosa) y donde pasamos un muy buen rato 🍺🍺.

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Salimos del bar ya hacia las nueve de la noche dispuestos a ir a cenar, y el bueno de James nos llevó a cenar a un sitio llamado Trillium, un restaurante tipo cervecería que estaba hasta los topes de gente y donde pudimos comer platos de todo tipo, desde hamburguesas típicas hasta un surtido de chorizos y pulpo.

La cuenta fue de 166$, que sin propina tocamos a unos 24$, no estuvo mal siendo un local que parecía estar muy de moda.

Y de allí regresamos al hotel en coche, habíamos dormido poco y teníamos ganas de coger la cama.

Día 3. The Freedom Trail

Pusimos la alarma⏰ a las 7 pero de nuevo nos desperamos antes, desayunamos y pronto ya estábamos dipuestos para iniciar el recorrido más famoso de Boston y en el que se visita lo más característico de la ciudad, el Freedom Trail.

Para movernos por la ciudad teníamos las opciones de transporte público, taxis o Uber. Como ya había utilizado esta última opción en otros viajes a EEUU y me había ido bien, y dado que éramos 6 para compartir precios decidimos pedir un coche XL con capacidad para 6 personas, y en apenas unos minutos lo teníamos ahí. Nos cobraría 24$ por llevarnos hasta el punto donde comienza la famosa ruta, en el Parque Boston Common. Nos llevó un conductor dominicano con el que pudimos en castellano, y no es el único que habla nuestro idioma en la ciudad, ya que se estima que un 17% de la población es hispanohablante.

De nuevo vuelvo a recomendar utilizar para moverse Google Maps, descargaros los mapas en un sitio con wifi y luego los podréis utilizar sin conexión desde cualquier sitio.

El día amaneció soleado, a diferencia de la jornada anterior así que estupendo para explorar la ciudad. Como el primer punto que abría era el Granary Burying Ground, que lo hacía a las 9, nos dirigimos hacia allí para conocerlo. Este cementerio encajado en pleno distrito financiero, fue fundado en 1660 y es el tercero más antiguo de Boston.

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Toma su nombre del granero que estaba ubicado junto al camposanto donde hoy se levanta la iglesia de Park Street. En él se encuentran enterrados tres firmantes de la declaración de independencia de los Estados Unidos: Samuel Adams, John Hancock y Robert Treat Paine. Se estima que en el cementerio se encuentran enterradas unas 5,000 personas.

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Salimos y dimos un paseo por el agradable Boston Common, el parque público más antiguo de los Estados Unidos construido en 1634 y que ocupa un área de 20 hectáreas.

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Por todo el parque, y como ya recordábamos que nos pasó en Hyde Park, en Londres, las ardillas campaban a sus anchas, y no es que se acercaran a ti, es que poco más y se metían en tu bolsillo.

Dimos un paseo de nuevo por la fantástica zona de Beacon Hill que ahora con el día soleado, lucía mucho más.

Los cochazos americanos tipo pickup no dejan de sorprenderme… monstruos que se pueden ir por encima de los 400 CV y más de 60,000 dólares.

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Sobre las 10 ya fuimos a ver otro edificio de los primeros de la Freedom Trail, la Massachusetts State House.

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La entrada es gratuita y menos mal que decidimos esperar a que abriera porque el edificio nada más pasar la puerta, nos dejó boquiabiertos.

La Massachusetts State House es la sede de gobierno del estado. El edificio fue levantado entre 1795 y 1798 y la cubierta de su cúpula está realizada en cobre y recubierta por láminas de oro de 23 quilates. Este edificio sirvió de inspiración para el Capitolio de Washington y para muchos de los capitolios estatales de los Estados Unidos. Cada sala que visitábamos nos gustaba más y más, llena de recuerdos y homenajes de todo tipo, es envidiable como los norteamericanos destacan, protegen y respetan todos estos honores y reconocimientos.

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A medida que lo recorríamos e íbamos viendo salas alucinábamos con la majestuosidad de las salas, con mármol brillando por todas partes. Todo era visitable y campábamos a nuestras anchas.

Una de las más bonitas, la sala Nurses Hall o ‘Salón de las Enfermeras’, que recibe su nombre de la escultura que representa a las enfermeras que participaron en la Guerra de Secesión y cuenta con murales que narran los hechos que dieron lugar a la misma.

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También permiten la visita a la ‘House of Representatives‘ o ‘Cámara de los Representantes’. Una sala oval construida en la última década del siglo XIX y que fue testigo en 1798 de la primera reunión de la Cámara de Representantes.

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En una de las alas del edificio se encuentra la Biblioteca del Estado, establecida en 1826 para recopilar y albergar colecciones de mapas, libros de estatutos y documentos del gobierno de la Commonwealth.

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Vuelvo a decir que nos quedamos encantados con este edificio, para mí fue la visita que más me gustó de todo lo que ví en Boston, por supuesto una visita IMPRESCINDIBLE.

Salimos y seguimos la línea del Freedom Trail saltándonos el Granary Burying Ground que ya habíamos visitado y la Park Street Church, que estaba cerrada. Estábamos inmersos en pleno distrito financiero de la ciudad, uno de los más importantes del país.

Llegamos a la King’s Chapel, una iglesia anglicana construida en granito en 1754 sobre otra anterior de madera erigida en 1686 y que fue sustituida al quedarse pequeña para albergara a los que se iban incorporando a la congregación.

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Destaca su magnífico interior, considerado uno de los más elegantes ejemplos de arquitectura georgiana de los Estados Unidos.

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Justo al lado encontraréis el King’s Chapel Burying Ground (Cementerio de la Capilla del Rey) que es el más antiguo de Boston remontándose su origen a 1630 y fue utilizado solamente durante 30 años.

En este camposanto (qué diferentes son a los que podemos ver en nuestro país) se encuentran los restos de muchos de los primeros colonos, entre ellos la primera mujer que llegó a Nueva Inglaterra.

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Ya no hacía falta ni el GPS para seguir el “trail” porque viene marcado en el suelo el recorrido que hay que seguir. Llegamos al siguiente punto de interés, que vimos por fuera rápidamente, la Benjamin Franklin Statue & Boston Latin School (Estatua de Benjamin Franklin y Escuela Latina de Boston), considerada esta la primera escuela pública de los Estados Unidos. Su origen se remonta a 1635. La estatua de Benjamin Franklin rememora el lugar que ocupó aquella primera escuela pública de los Estados Unidos a la que asistieron Benjamin Franklin, Samuel Adams y John Hancock.

Siguiente parada, la Old Corner Bookstore, un típico ejemplo de los edificios de vivienda y comercios que flanqueaban las calles del Boston colonial. Pudo salvarse de su destrucción en la década de 1960 y ahora alberga un restaurante mexicano como véis en la foto, con lo que no es visitable. Fue construido como boticario para un farmacéutico en 1718, convirtiéndose en centro literario a mediados del siglo XIX.

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Continuamos y llegaréis a la Old South Meeting House. Construida en 1729 como lugar puritano de adoración, era el edificio más alto del Boston de tiempos de la colonia. Durante la revolución estadounidense, los ciudadanos se reunieron aquí para desafiar el dominio británico. Fué aquí donde en una reunión en 1773 el patriota Samuel Adams implantó el famoso Montín del Té (en protesta por los altos impuestos, unos 400 colonos abordaron tres barcos de la East India Company, arrojando el cargamento de té al puerto de Boston).

La entrada costaba 6$ y finalmente decidimos no entrar, lamentablemente no había mucha motivación.

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La siguiente parada fue otro edificio clave por su valir histórico, la Old State House, que fue la sede del Gobierno colonial británico entre 1713 y 1776. Apenas nos encontrábamos visitantes como nosotros, es lo bueno de venir en estas fechas y fuera de fin de semana, y yo que odio las aglomeraciones estaba encantado.

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Alcanzada la independencia, la ‘Old State House’ acogió la primera cámara legislativa de Massachusetts. Podéis entrar y encontraréis un museo y una tienda grande de souvenirs. La entrada al museo costaba nada menos que 12$, y ofrecía mucha información histórica, quizás más interesante si eres norteamericano.

La vista del mismo rodeado de rascacielos fue una de mis favoritos de la ciudad.

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Justo delante de la fachada del edificio, podréis ver un gran círculo de piedra llamado Site of Boston Massacre (Lugar de la Matanza de Boston), donde en 1770, soldados británicos abrieron fuego contra una multitud de bostonianos. El suceso provocó la muerte de cinco personas y dio gran publicidad a los independentistas.

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Dado que son tantos sitios, os enseño la ruta de la primera parte que habíamos hecho.

Freedom Trail 1

El siguiente punto del Trail es el Faneuil Hall, un antiguo edificio de estilo georgiano, inicialmente construido en 1742. El edificio, llamado ‘La Cuna de la Libertad’ por los discursos patrióticos que en él se dieron, ha tenido permanentemente utilidad de mercado y lugar de reuniones. En su interior alberga un punto de información histórico muy interesante y que os recomiendo visitar.

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Uno de los más famosos oradores del Faneuil Hall fue Samuel Adams, quién en 1763 ya sugirió la unión de las colonias británicas americanas para su lucha contra el gobierno británico. Frente a la fachada principal del edificio se encuentra una estatua de este personaje tan importante para los EEUU.

Justo al lado hay un mercado gastronómico en un singular edificio, es el Quincy Market, no forma parte del Freedom Trail pero os recomiendo visitar sobre todo si buscáis un lugar para comer. Este edificio de estilo renacentista griego construido en 1824-1826 está repleto de tiendas y restaurantes, además de puestos y carritos que venden de todo, desde café exótico hasta mariscos frescos y pan artesanal. En verano por lo visto tiene muchísima animación y está llena de artistas callejeros de todo tipo.

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Dentro podemos encontrar el Cheers Faneuil Hall, un establecimiento cuyo interior es una réplica del bar de la serie de Norm, Woody, Carla, Frasier y compañía.

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Como todavía era un poco pronto para comer decidimos seguir adelante, tomamos algo en una cervecería y seguimos el Freedom Trail. Nos dirigimos en dirección este hacia el barrio residencial de North End, el más antiguo de la ciudad. Recordemos que Boston tiene 21 barrios.

Desde esta zona hay una vista muy interesante de la zona financiera que acabábamos de atravesar.

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Este barrio, que también es conocido como Little Italy, es un laberinto de calles repletas de restaurantes italianos, delicatessen tradicionales, cafeterías y pastelerías.

La siguiente parada era Paul Revere House, la casa más antigua de Boston y donde vivió el héroe de la Guerra de Secesión Paul Revere entre 1770 y 1800. Este personaje es conocido por su legendaria cabagada en 1775 para avisar a los rebeldes de Lexington de la llegada de los británicos.

La construcción data de 1680 aproximadamente y fue levantada en el lugar que ocupó la segunda Iglesia Parroquial de Boston tras el incendio de la misma en 1676. Cobran 5$ por entrar y la visita es muy breve. Dentro te guía una persona por las diferentes estancias y no se permite tomar fotografías.

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Como ya sí se acercaba la hora de comer, habíamos previsto hacerlo en una pizzería muy popular en la ciudad, y que la veréis bastante frecuentemente, la Regina Pizzería 🍕. La encontramos con el GPS de Google Maps y entramos. Nuestra compañera Rocío es intolerante a varios alimentos, entre ellos el gluten y cuando ya sentados pedimos si había alguna opción sin gluten nos dijeron que no, así que nos disculpamos y nos fuimos en busca de algún otro que sí tuviera la opción.

Buscamos por los alrededores que estaba lleno de restaurantes, sobre todo italianos y finalmente entramos en uno que resultó ser uno de los mejores de todo el viaje y cuyas “historias” duraron varios días. Se llamaba La Famiglia Giorgio’s y estos sí que tenían opciones “gluten free”.

Nos fijamos cuando les llevaban los platos a otras mesas y vimos que las raciones eran enoooormes, pero no sabían a quién se enfrentaban, a unos “tragaldabas” como nosotros.

Pedimos sobre todo platos de pasta y ahí que nos pusieron unas raciones como para un regimiento… pero más de uno pudo con eso y con más…

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Y las Coca Colas de medio litro, para bañarse dentro… todo tamaño XXL.

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Los platos rondaban los 17$, con las bebidas no tan caras como en otros sitios. La cuenta final fué de 138$, unos 23 por cabeza, la verdad que calidad-precio estuvo muy bien.

Seguimos la ruta para acercarnos a la Old North Church que data de 1723 y fue levantada con ladrillo en el estilo georgiano dominante de la época. Es la iglesia más antigua de Boston todavía en pie. El campanario de la iglesia, de 58 metros de altura, ocupa un lugar importante en la historia de la revolución americana ya que fue donde en 1775 el sacristán Robert Newman, siguiendo instrucciones de Paul Revere, colocó dos lámparas para advertir el avance de los británicos que se dirigían hacia Lexington y Concord y cuyo episodio precedió a estas dos famosas batallas.

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La entrada costaba 8$ y decidimos entrar Roberto y yo, el resto prefirió irse a tomar un café. La iglesia por dentro conserva en la actualidad los típicos bancos cerrados de la época que alquilaban las familias por un año, a un precio nada barato por cierto. La gente con más dinero traía también a sus sirvientes o esclavos que se sentaban en los bancos de la planta superior.

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Al lado de la iglesia hay una zona de homenaje a los caídos, y un pequeño museo del chocolate totalmente prescindible.

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Salimos coincidiendo los dos de que los 8$ de entrada no estábamos muy convencidos de que hubiera valido la pena, salvo por el simbolismo que tiene y el papel que tuvo en la independencia de los EEUU.

Pasamos junto a otro cementerio histórico, y la parada nº 14 del Freedom Trail, Copp’s Hill Burying Ground, construido en 1659, fue el segundo cementerio de la ciudad. Durante la ocupación británica, el ejército coloco aquí su artillería, y durante la Guerra de Independencia desde aquí abrieron fuego los cañones contra el destacamento rebelde situado en Charlestown, al otro lado del río Charles.

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Como ya estábamos a menos de una hora de que anocheciera, decidimos darnos prisa para ver los dos últimos puntos de la Freedom Trail. Cruzamos el North Washington Street Bridge desde donde había unas buenas vistas de los barcos atracados.

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Y llegamos al muelle 1 de los astilleros de Charlestown Navy Yard donde se encuentra el buque insignia de la Armada americana, el USS Constitution, el barco de guerra más antiguo en activo de los Estados Unidos, botado en 1797.

La entrada es gratuita y hay un museo al lado que sí que es de pago. Para visitar esta preciosa fragata tendréis primero un control de seguridad y os pedirán el pasaporte.

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El buque tiene el apodo de Old Irdonsides, ganado en la guerra de 1812 tras soportar los cañones del buque de la corona británica ‘Guerriere’ y se salvó del desguace gracias al poema del mismo nombre. Compuesto en 1830, el autor del poema pidió ayuda pública para salvar el buque, dado que las reparaciones para su puesta de nuevo en servicio eran muy costosas, y tuvo éxito ya que finalmente el presupuesto fue aprobado y el barco salvado. En 1997 sería restaurado, siendo capaz de navegar por sus propios medios. Cada 4 de julio, Día de la Independencia de los los Estados Unidos, el USS Constitution zarpa para recorrer el puerto, cambiando además su posición de amarre.

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Podréis acceder al interior y bajar hasta dos niveles para ver casi todas sus dependencias, una visita muy interesante, que con un guía que nos hubiera explicado por ejemplo curiosidades habría sido excepcional. Todavía recuerdo la visita al submarino alemán en Chicago y como alucinamos Víctor y yo con las explicaciones.

Al lado de este podréis ver atracado un destructor, construido en California, y que ha terminado aquí sus días de gloria como barco de exhibición.

Y ya finalmente caminamos cuesta arriba hacia lo que es el último punto de la ‘ruta de la libertad’, el Bunker Hill Monument.

Dedicado en 1843, este obelisco de unos 67 metros de altura conmemora la primera batalla significativa de la revolución y donde los rebeldes se hicieron fuertes y consiguieron acabar con la vida de más de 1,000 británicos. Finalmente perdieron esta batalla pero marcó el comienzo de las victorias posteriores.

Se puede subir hasta lo más alto pero olvidaros de un ascensor, tendréis que escalar a pie los 294 escalones que hay hasta la cima. Nosotros, que estamos tan en forma 😓, por supuesto los subimos sin pensárselo. La entrada como en tantos sitios de esta ciudad, es gratuita.

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Las vistas desde lo más alto por supuesto merecen la pena el esfuerzo, unas vistas preciosas del skyline. Desde lo alto se ve bien lo grande que es la ciudad y como el río Charles divide a la ciudad en dos partes, en una estaría Cambridge, y al otro lado Boston.

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Y aquí más al este, la zona de la Bahía de Massachusets y la zona del puerto y Charlestown a la izquierda.

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Aquí nos hicimos la foto “oficial”📸👏 con el cartel que muestra toda la ruta.

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Esta es la segunda parte de la Freedom Trail que habíamos hecho.

Freedom Trail 2

Como casi no habíamos caminado y somos gente tan jovial y en forma, pues decidimos volver andando al centro de Boston. Cruzamos el puente de nuevo e hicimos una parada para tomar algo. Nuestras aplicaciones de móvil decían que habíamos caminado ese día más de 25 kms!!.

De repente empezamos a ver gente con camisetas de un equipo que no reconocíamos bien, gracias a Google averiguamos que eran los Boston Bruins, el equipo de hockey sobre hielo 🏒 de la ciudad y que jugaba esa noche en el cercano TD Garden, el mítico y famoso Boston Garden.

Hago un inciso para hablar del deporte en esta ciudad porque es increíble. Además de estos Bruins y los Celtics, ambos equipos top de cada deporte, están los New England Patriots, que aunque tienen sede en la localidad de Foxborough, son muy populares en Boston y en todo Massachusetts (quién no conoce al gran Tom Brady). Y por último el otro deporte nacional, el béisbol, tiene como no a un equipo mítico, los Red Sox, fundamos en 1901 y varias veces campeón de las series mundiales.

Nos acercamos a la tienda de los Celtics porque teníamos algún encargo pero finalmente no encontramos las tallas que necesitábamos. Las camisetas nada baratas, 120$, pero eso sí, preciosas.

Desde aquí ya decidimos coger un coche con la aplicación Uber que por poco más de 20 dólares nos dejó en otro sitio que no os debéis perder, el Prudential Tower, que con 52 plantas es la segunda torre más alta de Boston detrás de la John Hancock Tower. Tiene un centro comercial en sus plantas inferiores pero lo mejor lo tiene en lo más alto. La entrada al observatorio costaba 21$ así que me enviaron a mí de fotógrafo oficial y lo disfruté porque el sitio, por la noche, es ESPECTACULAR.

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El mirador es de 360º, lo que permite ver todos los alrededores de la ciudad. Es verdad que yo ya conozco Chicago y New York que superan a esta ciudad con su skyline pero creo que bien merece una visita.

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La visita a este Skywalk incluye un audioguía que por falta de tiempo no escuché. Además tiene alguna mini-exposición interesante a lo largo del paseo circular.

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Después de un rato ya decidimos volver andando al hotel que no estaba muy lejos para cenar en un restaurante que nos había recomendado James, el Yard House, que a pesar de ser jueves, estaba hasta los topes. No pedimos mucho porque más de uno estaba un poco lleno después de la comida tan “ligerita” que tuvimos 🤢. El restaurante era muy chulo y tenía una colección de grifos de cerveza que yo pocas veces había visto. La comida pues bueno, nada espectacular.

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En la cena nos pasó algo que podía haber terminado en un problema grave y es que cometieron un error ya que nos trajeron pan de hamburguesa normal a Rocío cuando se lo habíamos pedido sin gluten, un despiste muy peligroso. Menos mal que Rocío es intolerante y no alérgica y porque somos buenas personas porque si contratamos un abogado en esta ciudad que es famosa por ellos precisamente y denunciamos, igual la indemnización nos había dado para jubilarnos 🤑… al menos vino el cocinero a pedirnos disculpas. Pagamos 104$ y por supuesto no nos cobraron la famosa hamburguesa, e imaginaos lo que dejamos de propina, esos errores no se pueden cometer.

Después de ahí regresamos al hotel a dormir, que había ganas después de aquella maratoniana jornada. Además al día siguiente tocaba madrugar, de nuevo.

Día 4. New York

Como ya comenté, este viaje tenía una motivación importante, que era el baloncesto🏀, el poder disfrutar de un partido de la NBA. Los Celtics como ya os dije estaban de gira por el oeste así que buscamos alternativas. La ciudad más cercana era New York, sí, New York, a pesar de que todos menos Víctor ya la conocíamos, ¿¿quién se resiste a volver??. Una vez descartado ir a ver a los Knicks, cuyo equipo lleva 20 años dando pena, nos fijamos en un nuevo rico vecino de aquellos, los Brooklyn Nets. Este año habían fichado a la super estrella Kevin Durant aunque estaba lesionado para todo el año pero se habían traído también a Irving, así que decidimos ir a verlo. Compramos las entradas desde España por las que pagamos unos 107$, el rival serían los Sacramento Kings. Así que esa mañana cogimos un coche alquilado y partimos pronto hacia New York, para volver después del partido a nuestra ciudad.

Como esta entrada es de BOSTON y la intención de mi blog no es contar mi vida si no tratar de ayudaros en lo que pueda si váis a conocer, en este caso la ciudad de Boston, obviaré este día y os invito a si os interesa visitar mi entrada de New York, a la que he añadido algo de esta visita relámpago.

Día 5. Boston College. Comida de Acción de Gracias.

El viaje de ida y vuelta a New York fue duro pero increíble, de nuevo poder disfrutar de la ciudad de los rascacielos fue fantástico, también el partido de baloncesto. Salimos de NY sobre las 22h y llegamos a Boston a las 3 de la madrugada, más que hechos polvo, pero mereció la pena. Por el coche de alquiler de 7 plazas pagamos 130$, con conductor adicional y la tasa de peajes incluída. De gasolina apenas pagamos 45$ en total.

Al día siguiente, que sería el de nuestro último día en la ciudad lo tomaríamos de más relax. James, el amigo de Rober, estaría con nosotros este último día, y como era sábado nos propuso ir a ver un partido universitario de la NCAA, la liga universitaria, y enseguida nos encantó la idea 🏀🏀👏👏 .

Ese día no teníamos previsto madrugar previendo la hora a la que llegaríamos de NY, pero de nuevo sobre las 8 ya estábamos todos despiertos. Bajamos a desayunar tranquilamente, hicimos las maletas, el checkout, y todavía nos sobró como una media hora que aprovechamos para llamadas y navegar por internet. El wifi del hotel iba fantástico y por cierto, en Boston es verdad que lo hay en muchos sitios, y la mayoría sin necesidad de registro, aún así os recomiendo llevar una tarjeta SIM para tener internet en cualquier lugar, hay opciones muy baratas y puede ayudar mucho. En este viaje Víctor compró una que podéis hacerlo en esta página holafly con opciones muy económicas como por ejemplo 29€ por 5 días, 34€ por 7 y así sucesivamente. Elegir la opción que elijáis creo que es una buena opción, y no, no me llevo comisión, os transmito nuestra buena experiencia con ellos.

Llegó James a buscarnos a las 11am y fuimos a ver el partido, que sería en el Boston College, otra universidad muy conocida de Massachusetts, privada, católica. Es la institución de enseñanza superior más antigua de Boston, pues fue fundada en 1863. Cuenta con más de 13,000 estudiantes, de los cuales el 3% son extranjeros provenientes de más de 60 países.

Unos 15 minutos antes de comenzar el partido llegamos al pabellón de baloncesto Silvio O. Conte Forum, comúnmente conocido como Conte Forum, que tiene una capacidad para 8,600 espectadores y fue inaugurado en 1988. La entrada fue muy barata, 20€. Boston College compite en la División I de la NCAA, en la Conferencia Atlantic Coast.

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Antes del partido como siempre, el himno y mucho respeto, hasta salió un veterano de guerra, presentado como el héroe del día y la gente se puso en pie rompiéndose las manos a aplaudirle. A alguno le podrá parecer excesivo y hasta excéntrico, pero a mí sinceramente lo único que me despierta cosas como estas es envidia sana.

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El partido estuvo muy bien, si te gusta el basket lo gozarás, la intensidad con la que juegan, esto sí es defensa y no lo de la NBA  🤣🤣, además estuvo muy igualado, la banda de música tocando, olor a comida, muy buen ambiente…

Pudimos acercarnos muy cerca de la cancha para verlo mejor y no tuvimos ningún problema. Lamentablemente el equipo local perdió finalmente el partido 65-62, contra la universidad de Depaul, natural de Chicago. Repito, una experiencia muy recomendable.

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A pesar de la derrota, las animadoras de los Eagles no tuvieron problema para hacerse una foto con el fan número 1 de su equipo 😉.

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En el pabellón me sorprendió ver una forma de recaudación de fondos que parece que resulta muy eficaz. Se trata de fotos y objetos aportados por deportistas famosos y que luego los espectadores apuntan la suma que quieren donar para llevárselos y así se organiza una subasta.

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Del Boston College destaca también su equipo de fútbol americano, considerado uno de los dos mejores de universidades católicas norteamericanas, junto con los Notre Dame Fighting Irish. Pudimos entrar en el campo incluso pisar hasta el propio césped.

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Nuestro vuelo salía a las 23h, así que todavía teníamos la tarde por delante. James tuvo el detalle ese día de invitarnos a comer en su casa. Por el camino pudimos disfrutar viendo las viviendas típicas americanas, que no me cansaré de decir que me encantan.

En su bonita y coqueta casa pudimos gozar de nada menos una comida de ‘Acción de Gracias’ especial para nosotros🍽. Una tradición que tantas veces habíamos visto en la televisión y el cine y que quién nos iba a decir que la íbamos a poder disfrutar ahí todos juntos. ¡¡Muchas gracias James & family!! fue un día redondo.

Y lamentablemente llegó la hora de tener que irnos al aeropuerto para volver a Madrid, al que llegaríamos el domingo a las 17h tras 4 horas de escala en Barcelona.

Otros lugares para visitar…

Aquí os añado otros sitios a los que podéis ir si disponéis de más tiempo⌛⌛ , espero que os pueda servir, yo confío en poder verlo todo en una futura ocasión:

  • Instituto Tecnológico de Massachusets (MIT), cómo olvidarse de otra institución top mundial, esta fundada en 1861. Es célebre en la investigación científica y tecnológica, especialmente en ciencia e ingeniería, no en vano por ejemplo en esta universidad se crea una media de una patente al día. La institución, como Harvard, cuenta con numerosos premios Nobel entre sus profesores y antiguos alumnos.
  • Podéis hacer una visita a la ciudad de lo más original quizás si tenéis poco tiempo y no os importa pagar el precio. El Boston Ducks Tour se hace en unos vehículos anfibios cuyo origen están en la II Guerra Mundial. Combinaréis el paseo por las calles de Boston con navegar por el río Charles, todo en el mismo vehículo.
  • También podéis ir ver la casa donde vivió el presidente JF Kennedy, en el bonito barrio de Brookline, y cuya entrada además es gratuita.
  • Saliendo ya de la ciudad podéis acercaros a Plimoth Plantation, a unos 70 kms de Boston, donde se recrea el asentamiento original de la colonia de Plymouth establecida en el siglo XVII por los colonos ingleses. Ideal si por ejemplo váis con niños.
  • Otro día podéis acercaros a la localidad de Salem, famosa por los juicios que decenas de mujeres sufrieron a finales del siglo XVII bajo la acusación de brujería. Esta se encuentra a unos 25 km al norte.
  • Por último si tenéis más tiempo y como yo sois unos grandes amantes del baloncesto, podéis desplazaros a unos 150 km al oeste de Boston a la localidad de Springfield, a visitar el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame que reconoce y premia a jugadores, entrenadores y árbitros con una gran contribución al mundo de este deporte. Hay que recordar que en esa ciudad el profesor canadiense James Naismith allá por 1891 dió origen al baloncesto 🏀con sus famosas cestas de melocotones .

Tuvimos suerte con el tiempo y mucho, y si no mirar lo que pasó una semana después de irnos, cayó una nevada en Boston impresionante, uff, por qué poco no nos pilló…❄❄❄

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Y aquí termina este post sobre BOSTON, que sin tener nada espectacular y que destaque especialmente como otras, merece mucho la pena. Descubriréis quizás la capital con mayor influencia europea del país y cuna de su independencia, una ciudad avanzada y elitista que basa su economía en la tecnología, los estudios superiores, la salud y las finanzas, con un deporte top a nivel nacional y llena de riqueza cultural. Os invito a conocerla y espero que mi aportación os pueda suponer una ayuda para sacarle toda la esencia a la misma y que la disfrutéis tanto como lo hicimos nosotros. Hasta la próxima!!! 👋👋

SINGAPUR

 

El hacer una parada para conocer Singapur siempre la tuve clara cuando comencé a preparar el gran viaje de 2019. Sería un guinda estupenda a la aventura que nos llevaría a Manolo y a mí antes por India y Filipinas, dos países que se caracterizan por ser de los más económicos hoy en día a los que se puede viajar y por tanto, nos permitiría darnos además el “capricho” de alojarnos en un auténtico icono mundial, el hotel Marina Bay.

Este país, que es el más pequeño del sudeste asiático, tiene actualmente unos 5,6 millones de habitantes (la mitad de ellos extranjeros), y se encuentra en el top 5 de países más ricos del mundo y también de los más caros.

Ocupada por los japoneses durante la II Guerra Mundial, Singapur declaró su independencia del Reino Unido en 1963, como parte de Malasia, de la que se separó dos años después convirtiéndose en un estado autónomo. Tiene una gran ventaja, su ubicación, que le ha permitido integrarse en una ruta clave de comercialización entre gigantes como China, India y todo el sudeste asiático.

Llegamos a este singular país un viernes 22 de marzo de 2019 a las 14:30h. procedentes de Manila en vuelo directo con la compañía Jetstar, por el que pagamos solamente unos 55€ al cambio. Aterrizamos en el fantástico aeropuerto Changi, y ya nada más llegar pudimos apreciar algo que me encanta de estos países … el silencio…🤐

En la parte de inmigración de entrada nos hicieron un control de seguridad super estricto, de los más exhaustivos que recuerdo y a continuación fuimos en búsqueda del metro para ir a nuestro alojamiento.

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Para acceder al suburbano hay que bajar varias plantas, siguiendo los carteles indicativos de Train to city o MRT. Se pueden sacar tarjetas para varios días o tickets sencillos. Para comprar estos no se podían pagar con tarjeta de crédito (increíble en un lugar tan avanzado como este), así que tuvimos que sacar dinero en los cajeros que había al lado. Ya en las máquinas con el efectivo hay que indicar la estación a la que se quiere ir y elegir ida o ida y vuelta.

Por fin accedemos al metro y alucinamos con como está de limpio, cosa que ya sabíamos. Es legendaria la limpieza de Singapur a semejanza de otros países asiáticos como Hong Kong, o Japón, ¡¡¡en ese suelo se podía comer!!!

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Una vez dentro vemos los célebres carteles de prohibición, que en este país están por todos lados… los durians por cierto es un fruto que huele por lo visto muy muy mal.

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En Singapur puedes ser multado por comer chicle, escupir o tirar cigarrillos al suelo, en el metro no se puede comer ni una triste patata frita, así que a pesar de ir muertos de hambre, no nos quedaba otra que aguantarnos.

Si váis como nosotros al hotel Marina Bay debéis bajaros en la parada de Bayfront, no en la que se llama Marina Bay. Aquí os dejo un plano donde podéis ver abajo a la derecha las dos estaciones para que os ayude a encontrar la ruta.

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Cuando salimos al exterior y miramos hacia arriba, buff, alucinamos…😳😳

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Este famoso hotel goza de fama mundial por su arquitectura innovadora, su plataforma (Skypark) en forma de barco y la “Infinity Pool” más famosa del mundo. Desde luego es el hotel por el que más he pagado en toda mi vida, al cambio la reserva nos costó unos 360€ que hicimos en su propia página web (por la que no hay que adelantar nada de dinero).

Decir de este macro-hotel que tuvimos suerte de que estaba a media ocupación, por lo que no estuvimos muy agobiados. He leído a gente que en temporada alta hay “codazos” por hacerse fotos en la piscina, se forman colas continuas en el checkin, checkout, los ascensores, etc, así que tenerlo en cuenta.

El Marina Bay Sands fue abierto en junio de 2010, y he leído que fue el hotel cuyo coste de construcción ha sido el mayor de la historia, con unas cifras desorbitantes, nada menos que 5.400 millones de dólares. Es propiedad del grupo Las Vegas Sands (que posee otros hoteles famosos como el Venetian de Las Vegas y el de Macao, que por cierto he tenido la oportunidad de conocer ambos).

El conjunto cuenta con tres espectaculares torres que hacen un total de nada menos 2.560 habitaciones!!!. El exterior como dije impresiona, pero más el increíble hall, que da idea de las dimensiones del hotel.

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Tiene 18 tipos de habitaciones de diferentes precios, nosotros tras hacer el checkin que por cierto fue bastante rápido y fueron muy amables en la atención, por supuesto nos alojamos en las más económicas, bueno más bien, en las menos caras, que son las que están en las plantas inferiores (la nuestra estaba en el octavo piso), con dos camas de matrimonio en las que dormiríamos como marqueses. En esas dos camas, pensando yo en abaratar la habitación, podrían dormir hasta 4 personas, no? tenerlo en cuenta 😉

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La estancia tenía un buen tamaño, con moqueta en el suelo, disponía de un armario enorme, caja fuerte, mini bar y lo típico de los hoteles de 4 y 5 estrellas. Las amenities las básicas, sin nada especial. El baño era de mármol, con plato de ducha muy grande y sin bañera, buenas toallas.

 

Desde luego lo más extravagante y por lo que es mundialmente famoso el hotel es por la plataforma que corona las tres torres y que nos moríamos por visitar. Comimos lo que habíamos comprado en el aeropuerto de Manila, cogimos el albornoz, las zapatillas y subimos a probar la que es la piscina elevada más larga del mundo, situada en la planta 57, a 200 m sobre el suelo y que tiene una capacidad para nada menos que 3.900 personas. Es el mayor reclamo del hotel y la verdad que es una pasada, sobre todo si no está hasta arriba de gente como fue cuando la disfrutamos. Para pasar a ella cada uno tiene que llevar una tarjeta, cómo la disfrutamos ¿¿eh Manolo??

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La piscina es sólo para los húespedes del hotel, pero vimos que era posible subir a esta plataforma si no estás alojado (tras esperar una larga cola por cierto) y asomarte a la terraza donde se ven las espectaculares vistas, tanto de la parte delantera…

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…como de la parte de detrás, no menos espectacular, donde se ven los maravillosos jardines Gardens by the bay con sus enormes árboles que debéis visitar sí o sí. También veréis a la izquierda la noria más grande del mundo así como algún pequeño tramo del circuito de automovilismo de Fórmula 1 donde se corre el GP de Singapur.

Al fondo se pueden apreciar multitud de buques, no en vano, el puerto de esta ciudad-estado, inaugurado en 1819, ha sido el más importante del mundo durante muchos años aunque en la actualidad se ha visto superado por el de Shanghai, en China. En él se mueve nada menos que una quinta parte de los contenedores del mundo y la mitad de la demanda de petróleo mundial!!!. Sus conexiones abarcan más de 600 puertos de más de 120 países. Es impresionante también esta parte, ¿no?

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Pasamos un buen rato como no podía ser de otra forma, ya que había que amortizar el precio😜, disfrutando de los 150 metros de longitud de la ‘Infinity Pool’, y que ofrece las mejores vistas de Singapur tanto de día como de noche, ya que su horario de apertura es de 6:00 a 23:00 horas. Es un punto espectacular para ver la puesta de sol y contemplar tranquilamente cómo se va iluminando la ciudad.

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Anocheció sobre las 18:30h. y ahí nos quedamos contemplando como caía la noche. Además y para rematar el momento, el propio hotel tiene un espectáculo de luces que tres veces por la noche ilumina la bahía haciendo si cabe más bonito el skyline desde lo alto.

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Después de un rato bajamos para dar una vuelta. El conjunto de este mega-hotel lo componen también un museo de Arte y Ciencia, dos teatros, restaurantes de lujo, un enorme casino, una sala de convenciones, así como un espectacular centro comercial donde por supuesto estaban las mejores marcas de moda de fama mundial.

 

Os recomiendo bajar y ver el espectáculo de las luces frente al hotel, donde se agolpa la mayor cantidad de gente. Os dejo un pequeño vídeo para que os hagáis una idea y si os interesa verlo. La música es digna de escucharla, muy propia de esta parte del mundo.

Continuamos rodeando la pequeña bahía, admirando los hoteles y restaurantes que hay alrededor de la misma, y que son dignos de ver, y que da idea del dinero que se mueve por esta zona. Un sitio que me impresionó, el hall y esta maravillosa lámpara del Fullerton Bay Hotel, ufff 🤑

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Por supuesto las vistas del hotel desde el lado opuesto de la bahía, son maravillosas. Además la suerte nos regaló una noche de luna llena que todavía hacía todo más fotogénico.

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Al final llegamos hasta el punto que os indico en el mapa, que era un pequeño entrante en la bahía y que coincidía más o menos enfrente del hotel.

Ver espectáculo Marina Bay

No os perdáis ver el espectáculo (cuando fuimos nosotros lo había ese viernes a las 20, 21 y 22h.) desde este punto, de verdad que merece la pena, el juego de luces de diferentes colores es espectacular.

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Una vez terminado el último del día, regresamos sobre las 22:30h. hacia el complejo pero aquí yo os recomiendo otra cosa, y es que busquéis un lugar para cenar por ejemplo en un centro comercial que hay cerca de aquí y que lo veríamos al día siguiente, ya que si no las opciones que os quedarán serán muy caras (salvo que os dé igual claro). El centro comercial que os digo se llama Clarke Quay Central junto a la parada de metro del mismo nombre y apenas tardaréis caminando unos 15-20 minutos desde ese punto. Nosotros no lo hicimos y volvimos hacia el hotel, luego nos arrepentiríamos. También podéis ir  a otros cercanos como el Marina Square o Suntec City, pero a estos dos no fuimos.

Junto al hotel tenéis un pequeño espacio a modo de feria y en el que no entramos porque estamos cansados de verlos similares en España.

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Una vez dentro, nos asustamos con los restaurantes con los que se veían, por supuesto nada de comida rápida y todo de lujo… ay nuestra cartera pensábamos…😖

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Pero finalmente encontramos un italiano llamado la Nostra Cucina, que aunque no fuera barato, no nos hizo quedarnos fregando platos, por dos platos de pasta, un postre y bebidas pagamos 101 dólares de Singapur (unos 66€ en total). Tras ello subimos a la habitación y hasta el día siguiente 😴

Día 2.

Nos levantamos sobre las 8, y lo primero que hicimos fue ponernos el albornoz y subir a la piscina para disfrutar de las vistas con los primeros rayos del día.

Había poca gente, los que había por supuesto la gran mayoría chinos, y ahí nos quedamos un buen rato disfrutando del baño en la piscina, qué vistas!! la verdad que sinceramente y aunque fuera caro, para mí la experiencia mereció la pena.

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Tras una media hora nos despedimos de la piscina y volvimos a la habitación ya para ducharnos y hacer la maleta para bajar ya con todo.

Dado que desayunar en alguno de los restaurantes se nos iba de presupuesto decidimos buscar un sitio más económico pero que no tuviéramos que salir del hotel. Finalmente en la planta baja encontramos un establecimiento tipo confitería con mesas llamado SweetSpot donde por dos cafés y bollería pagamos 31 dólares (20€), tampoco algo descabellado y un amante de lo dulce como yo, quedé más que satisfecho.

 

Con los estómagos llenos nos dirigimos a hacer el checkout, que por cierto termina un poco más pronto de lo que estamos acostumbrados, a las 11h. Como ya nos habían cobrado el día anterior no había muchos trámites que hacer pero aprovechamos para preguntar si nos permitían dejar las maletas en alguna consigna y aquí nos llevamos una gratísima sorpresa porque no sólo nos permitían dejarlas si no que al recogerlas podíamos utilizar el gimnasio para ducharnos y arreglarnos, grandísimo detalle.

Nos quedamos con una mochila pequeña cada uno y nos pusimos en ruta para conocer la ciudad dado que no teníamos el vuelo hasta la 1:10 del día siguiente (cogido a propósito para poder aprovechar lo más posible).

Había estudiado previamente bien todo lo que se podía visitar y aparte de la zona del Marina Bay, queríamos conocer la cara también más tradicional de la ciudad y enseguida tenía clara que la primera opción sería Chinatown. Otra zona muy visitada es Little India, con el templo de impronunciable nombre Sri Veeramakaliamman pero dado que en ese viaje veníamos de la India preferimos dar prioridad a Chinatown.

Tomamos de nuevo el metro, compramos otro billete sencillo y siguiendo la línea azul tras apenas 3 paradas nos bajamos en la llamada precisamente Chinatown. Salimos por la calle South Bridge Road, que por cierto, tiene unas edificaciones de lo más singulares. El estilo arquitectónico predominante en Chinatown es la típica casa-tienda, un edificio pequeño que suele albergar un negocio en los bajos y las estancias en el primer piso, casitas de 2-3 pisos pintadas de colores pastel y ornamentadas al puro estilo victoriano.

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Lo primero que queríamos visitar era curiosamente una mezquita, la Masjid Jamae, cuya entrada destaca por estar flanqueada por dos minaretes octagonales. También conocida como la Gran Mezquita, fue fundada en 1826 por el musulmán tamil que llegó a Singapur junto con otros mercaderes. Pudimos entrar dentro una vez descalzados, es pequeña y se encontraba prácticamente vacía, apenas un par de personas rezando.

 

Seguimos la calle y llegamos a otro templo más famoso, este sin embargo hindú, el Sri Mariamman Temple, que destaca por su altísima fachada llena de estatuas y escenas. Es el templo hindú más antiguo y visitado. El templo está dedicado a la diosa Mariamman, con el poder de curar enfermedades.

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La entrada es gratuita y nos tuvimos que quitar las zapatillas también para entrar. Encontramos todo muy limpio (como no, estamos en Singapur😁). El interior es pequeño y no es muy espectacular, me quedo con su imponente torre. Al menos había gente tocando instrumentos dentro con lo que la visita se hacía más amena.

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Como ya habíamos visto en algunos templos en la India, ofrecían comida y bebida gratis.

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Uno de las cosas que más atrae de Singapur es poder vivir esta mezcla de culturas, religiones, tan cerca unas de otros y en perfecta sintonía. Chinatown por ejemplo fue creada para la comunidad china por Sir Stamford Raffles, estadista británico que fundó Singapur, quien en junio de 1819 decidió que las comunidades étnicas debían vivir separadas. Actualmente la comunidad china representa más del 75% de la población del país.

Después de un templo musulmán y otro hindú, ahora venía otro completamente diferente, el Buddha Tooth Relic Temple, budista, impresionante, cuya entrada por cierto también es gratuita. Se trata de un centro cultural y religioso de 5 plantas, construído según el diseño de los tradicionales templos budistas chinos.

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Este templo se construyó no hace mucho, concretamente en 2007, y lo que motivó la construcción del templo fue el obsequio de la reliquia del diente de Buda a la ciudad de Singapur, curioso, ¿no?. Había que buscar un sitio adecuado para la veneración pública de la reliquia, y no contaban con ningún edificio que cumpliera con los requisitos, así que decidieron construir uno. A pesar de su reciente construcción que se nota nada más entrar, no por ello pierde encanto, al menos para mí, por dentro me pareció impresionante.

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Está todo lleno de figuras de Buda, grandes y pequeñas, destacando sobre todo una reliquia hecha con 320 kilos de oro donados por devotos.

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Tras visitar los 3 templos teníamos ya ganas de callejear un poco. Sorprende encontrar un barrio excelentemente conservado, ordenado y limpio, y que dista mucho de los clásicos barrios chinos de otras ciudades que he visitado como New York, San Francisco o Liverpool.

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Pasamos un rato muy bueno conociendo las tiendas de antigüedades, medicina tradicional china, souvenirs y productos artesanales. Nos encantaron, compramos unas cuantas cosas y más que nos habríamos llevado, aunque es verdad que los precios no eran gangas precisamente.

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Hacía mucho calor combinado con una altísima humedad, combinación que detesto, además íbamos con pantalones largos por nuestra alergia al sol, así que lo que nos vino bien para entrar en los templos, nos mataba debido al calor que hacía.

Paramos a tomar algo en una terraza para recoger fuerzas. Teníamos hambre pero como que no nos apetecía probar lo que vendían en los puestos callejeros… ¿a alguno le apetece un pinchito?

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Así que decidimos movernos hacia la zona de Clarke Quay, caminando junto al río hacia la zona más moderna, un paseo de lo más placentero para la vista.

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Debido al calor nos refugiamos en cuanto pudimos y como un cerdo que encuentra una charca🤣🤣en el centro comercial Clarke Quay Central, donde estuvimos dando una vuelta..

Buscamos sitios para comer dentro pero finalmente lo hicimos en uno en el exterior con una terraza refrigerada junto al río, de nombre Sque Rotisserie, donde comimos dos hamburguesas, patatas y 2 bebidas cada uno, y pagamos 53 dólares (unos 35€), no estuvo nada mal.

Después de esto y ya cansados sobre todo por el calor decidimos tomarnos el resto del día de más relax, así que decidimos ya dirigirnos a visitar el otro plato fuerte de Singapur, the Gardens by the Bay.

De la ciudad y la parte más tradicional podéis seguir visitando Little India o el barrio árabe (Kampong Glam), con la famosa Arab Street. También las tiendas de Haji Lane. Si os decantáis por la zona más lujosa de shopping podéis acercaros a Orchard Road, el núcleo comercial de Singapur.

Tomamos el metro en Clarke Quay y nos bajamos de nuevo en la parada del hotel Marina Bay Sands (Bay Front) para tras cruzarlo acceder a otro sitio de esos que dices, a quién se le ocurriría tamaña ingeniosa obra, y sobre todo disponer del dinero para llevarlo a cabo,  ¡¡¡qué lugar tan increíble!!!!

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Según llegábamos nos parecía cambiar de planeta, estar en el jardín botánico del futuro, un lugar de fantasía con superárboles de última generación que parecían sacados de la película Avatar. Este espacio llamado Gardens by the Bay, fue inaugurados en junio de 2012 y costó 1,000 millones de SGD (656 millones de euros). Es un enorme pulmón en el que además hay dos invernáculos con especies de clima mediterráneo y tropical. ¡¡¡En todo el complejo hay nada menos que unas 500,000 especies de plantas, flores y árboles!!!. Sin duda estos jardines se caracterizan por aunar la naturaleza más salvaje con la modernidad omnipresente de esta ciudad.

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La entrada al parque es gratuita aunque no el paseo por el Skywalk OCBC, una pasarela situada a más de 20 metros de altura uniendo varios de los superárboles y que es sin duda uno de los atractivos más importantes de todo el complejo.

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Por supuesto no dejamos pasar la oportunidad de subir a esta pasarela, por la que pagamos 8 dólares (5,2€). Con 128 metros de recorrido, en esta pasarela sentiréis que estáis flotando, y tendréis unas bonitas vistas panorámicas de los jardines, un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas.

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El lugar es de esos que se te quedan en la retina para siempre y que no quieres dejar de disfrutarlos, qué pasada…

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Además desde aquí también se tiene una espectacular vista del hotel Marina Bay.

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Tras bajar decidimos tumbarnos a descansar, nuestras piernas, sobre todo las mías arrastraban una alergia de Filipinas y estaban muy hinchadas y rojas, y no daban para más 🥵

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Esta es la ruta que habíamos hecho ese día aunque a pie sólo la parte de la izquierda del mapa, los trayectos desde el hotel Marina Bay y hacia los Jardines fueron en metro.

ruta día 2 singapur

Eran sobre las 18:30h y pretendíamos quedarnos ahí hasta las 19:45 que comienza cada día (también a las 20:45h.) un espectáculo de luz y sonido gratuito en el que al ritmo de la música las copas y ramas de los árboles van cambiando de color y haciendo un juego de luces por lo visto impresionante, pero el destino no nos iba a permitir disfrutarlo, porque el cielo se empezó a poner negro y finalmente cayó un aguacero tremendo, así que tuvimos que quedarnos con las ganas. Bueno, así hay excusa para volver, pensé…

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Nos pusimos a cubierto y vimos algo que nos sorprendió gratamente, los trabajadores de los jardines acompañando con paraguas a los que bajaban de la pasarela hasta ponerlos a cubierto, ejemplo de civismo…

Dado el panorama decidimos volver al hotel y merendar en el lugar en el que habíamos desayunado. Luego ya decidimos ir a por nuestro equipaje al servicio de “storage” del hotel donde nos dieron un acceso para el gimnasio. Allí nos pudimos duchar y cambiarnos de ropa, esto nos dió la vida para afrontar lo que teníamos por delante, que no era poco…

Desde el hotel tomamos el metro, línea azul y luego verde. Llegamos con unas 4 horas de adelanto al aeropuerto, vanguardista y puntero, tanto es así que cuenta en su haber con numerosos premios y galardones en relación a su diseño, arquitectura y servicios. De hecho, en los World Airport Awards 2019 fue elegido el mejor aeropuerto del mundo por séptimo año consecutivo.

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Tras la última ampliación, se ha añadido por ejemplo nada menos que una cascada de 40 metros de altura, excéntrico, pero impresionante.

El vuelo lo teníamos a la 1:10h con la compañía Scoot, una aerolínea low cost con sede en la misma Singapur y que encontramos gracias a la página Skyscanner. Pagamos por el billete 311€ cada uno, con 82€ de suplemento por asientos en pasillo de emergencia, 13 horas de vuelo hasta Berlín que teníamos por delante podían si no ser muy duras… Desde Berlín luego volaríamos con Iberia hasta Madrid en pasillo de emergencia también, pero gratis…

Y aquí terminó nuestro breve paso por esta ciudad-estado tan singular, es verdad que en un día no da para visitarlo bien, por lo que estoy seguro que en otro viaje por el continente asiático, haré otra nueva parada.

Desde luego os recomiendo visitarlo, es un lugar único donde es posible encontrar lo mejor que Occidente y Oriente ofrecen en un ambiente acogedor, seguro y ordenado. Ofrece una curiosa mezcla entre antigüedad y modernidad, todo en un ambiente multicultural y con una población de lo más educada y cívica, ¿a qué esperas para vivirlo y verlo con tus propios ojos?

Qué llevar a Filipinas

No yo soy mucho de añadir esta sección en las entradas del blog de mis viajes, pero este ha sido el primero de todos en el que me propuse de verdad optimizar bien el espacio y el peso de mi equipaje, con lo que este tema tomó una importancia que pocas había tenido.

Esto es lo que llevé yo y que espero os pueda ayudar, a mí me resultó todo muy útil, luego cada uno que elija en base a sus preferencias y experiencias:

  • Bolsa estanca para el móvil.
  • Calzado. Sólo llevé unos escarpines, que me resultaron muy útiles y unas botas bajas de montaña.
  • Crema solar, obviamente de protección alta.
  • Tapones para los oídos.
  • Repelente para los mosquitos (Relec o Goibi, con DEET superior al 40%).
  • Cámara acuática si la tenéis o si os la pueden dejar. Por la visibilidad de las aguas y los fondos marinos del país asiático de verdad que merece la pena.
  • Adaptador de enchufes tipo A (mismo que para Estados Unidos).
  • Pasaporte y fotocopias. Lo de llevar fotocopias me parece una muy buena idea, os evita en ciertos lugares, sobre todo de playa, llevar el original encima.
  • Llevar descargados en Google Maps los mapas de todos los sitios a los que vayáis, así podréis utilizar el navegador SIN necesidad de tener datos.
  • Medicinas. MUY IMPORTANTE (mi compañero Manolo llevó medio hospital pero considero básico llevar paracetamol, ibuprofeno, antibiótico, antihistamínico, antidiarreico y además nosotros llevamos también suero).
  • Poncho para la lluvia, sobre todo si váis fuera de la temporada seca.
  • Pañuelo para el cuello, que también os puede servir para cubriros la cabeza del sol.
  • Llevar algo de abrigo, los aires acondicionados de los lugares cerrados y los transportes os pueden congelar literalmente si no váis preparados.
  • De nuevo os recomiendo llevar un equipaje para NO FACTURAR, llevar una mochila de máximo 50l, lavar ropa pero no llevéis de más, de verdad que no lo necesitaréis.
  • Yo llevaría como nosotros hicimos, cualquier tipo de material escolar como pinturas, rotuladores, cuadernillos y todo lo que vuestro equipaje os permita para entregar en el país, los niños seguro os lo agradecerán.

Y por supuesto llevar contratado un buen SEGURO!!! no cometáis el error o la temeridad de ir sin seguro, os supondrá un pequeño desembolso comparado con lo que os váis a gastar en el viaje y es IMPRESCINDIBLE. Si váis a montar en moto, aseguraos que el seguro cubre accidentes en este medio de transporte y que el seguro tiene una importante cobertura económica para gastos médicos.

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VOLCÁN PINATUBO

Dado que lo que habíamos programado para el primer día era ir directamente cerca del volcán Pinatubo para hacer un trekking hasta él al día siguiente, pedimos al chófer del Grab que nos llevara desde el aeropuerto a la estación de autobuses VICTORY LINER BUS TERMINAL en PASAY. Eran aproximadamente las 16h, incluso antes de lo que habíamos previsto. Ya había leído del tráfico infernal de la ciudad y ya tuvimos nuestra primera toma de contacto con él, cogimos un buen atasco y tardamos unos 40 minutos en hacer los apenas 6 kilómetros que la separan del aeropuerto, pagamos 200 pesos por el trayecto (3.4€).

Entramos en la estación y fuimos a comprar los billetes con destino la localidad de Capas. Pagamos 205 pesos cada uno (3.5€) por un viaje de 115 kms. Compramos dos perritos, patatas y bebidas por las que pagamos 260 pesos (4,4€) y esperamos hasta las 17h que saldría nuestro autocar. La gente que nos atiende y que nos encontramos es muy amable, tenemos una muy buena primera impresión del país. El calor es pegajoso y sofocante, y eso que está nublado.

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A la hora acordada subimos al autobús, que la verdad estaba muy bien, con el aire acondicionado a tope y bastante cómodo, tenía incluso wifi, todo pintaba muy bien, pero al salir al exterior todo lo bueno se esfumó, en plena hora punta de salida del trabajo, cogimos un monumental atasco, en una hora habíamos avanzado 5kms, y 17 en 2 horas!!! Una vez salimos de Manila fuimos cogiendo velocidad y finalmente llegamos a Capas a las 21:30h nada menos. Estábamos agotados, tras 2 vuelos y 4 horas y media de autobús. Cenamos en un Mcdonalds (350 pesos — 6€) y todavía nos quedaba media hora para llegar a lo que sería nuestro alojamiento. Por indicación del hotel lo mejor era coger un triciclo que nos llevara, y así hicimos, negociamos precio y nos metimos como pudimos los dos con las maletas y nos pegamos otra media hora como sardinas enlatadas. Por fin llegamos a las 22:35h al sitio donde pasaríamos la noche, pagamos el trayecto de 300 php (5€) y ya para rematar el día aparece por ahí un empleado, nos da dos sábanas pequeñas y dos toallas roñosas y nos lleva hasta nuestra “lujosa” habitación y nos dice que hasta el día siguiente a las 6 de la mañana, así, sin más explicaciones. Ya no había ganas ni de discutir…

El tamaño de la habitación, con un espacio entre litera y pared que no cabía yo de perfil, e intentando hacer de “tripas corazón”, nos dimos una ducha y nos fuimos a dormir.

Había sido un día duro, como los que hay a veces en los viajes, y lo sabíamos, pero preferíamos esto de dormir junto al volcán que otra opción elegida por otros viajeros de hacer la visita y el trekking en el mismo día saliendo de Manila bien de madrugada.

Esta es la ruta que habíamos hecho en Filipinas en este agotador día, y ese el tiempo estimado… sin atascos, claro.

Hacia Pinatubo

Día 2. Volcán Pinatubo – Manila

Nos levantamos a las 6 de la mañana después de dormir bien por supuesto con el aire acondicionado encendido toda la noche.

La decisión de visitar el volcán Pinatubo fue lo que más dudé de todo el viaje dado que no disponíamos de mucho tiempo. Aprovechando la tierra de volcanes que es Filipinas me parecía una buena oportunidad para visitar uno, no en vano hay hasta 53 activos en todo el país. Sopesamos la opción de ver algunos como el Monte Mayón (a 500 kms de Manila), el Taal (a unos 90), dos de los más activos y más costosos en cuanto a víctimas y como no el volcán Pinatubo cuya erupción en 1991 es considerada una de las más violentas del siglo XX. Además conocer uno de estos volcanes nos permitiría ver un poco más el interior del país, alejado de las zonas más turísticas.

Salimos al comedor al aire libre donde ya conocimos al simpático dueño del alojamiento, Alvin, y que es verdad que me había atendido de manera exquisita vía mail. Tomamos un desayuno muy justito e ibamos a comenzar el tour que habíamos contratado con él. Nos llevaron junto a las otras 3 personas que completaría nuestro grupo de 5 hacia la zona de los jeeps para iniciar el tour. Eché de menos algo de explicaciones de lo que íbamos a hacer, menos mal que más o menos lo sabía porque me había informado. Nuestros 3 compañeros eran franceses, por lo visto muy aficionados a visitar el país, y más si hay algo de trekking, actividad que les encanta a nuestros vecinos.

Nos dirigimos a un lugar donde firmamos un papel de consentimiento y nos tomaron la tensión, cosa curiosa. Enseguida se acerca nuestro jeep amarillo, que poco menos que lo usaron los conquistadores españoles, a veces me preguntaba como podía seguir andando…

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Salimos a las 7, avanzamos un rato por la carretera y enseguida entramos en lo que fue el cauce de todo el torrente de lava y ceniza del volcán que llegó a bajar hasta a 100 km/h, impactante este paisaje más propio de la Luna.

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En este tramo íbamos relativamente cómodos, pero ay cuando el cañón se estrechó y comenzaron los baches y el vadeo del río… ahí a Manolo y a mí nos vino a la cabeza, como no… Islandia y la aventura que sufrimos allí vadeando también un río… al menos esta vez no conducíamos con lo que el miedo era infiniiiiitamente menor. Nos dio hasta para echarnos unas buenas risas.

Seguimos el curso de este río que gracias a que lleva poco cauce se puede remontar. Pegamos botes sin cesar durante aproximadamente una media hora en aquel trasto que parecía que iba a decir basta en cualquier momento. El camino a su vez se iba estrechando, y resultaba hasta fácil imaginar las avalanchas de ceniza caliente, lava y lahar bajando por este cañón que lo llenó de sedimentos llamados llamados depósitos piroclásticos.

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La proximidad del volcán ya se notaba en señales como esta, un río amarillo!!!

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Dejamos el jeep cuando el camino ya se volvió inaccesible con 4 ruedas y seguimos la ruta a pie, una caminata de menos de media hora por un entorno de naturaleza, ya más al que podemos estar acostumbrados.

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Y por fin llegamos al punto fuerte del tour, la preciosa vista del enorme cráter del volcán, un paisaje más típico de los Alpes por ejemplo que del otro lado del mundo. El tamaño da una idea de las dimensiones de la erupción, que afectó a nada menos que alrededor de un millón de personas y que soltó cenizas que llegaron hasta Singapur, a 2,400 kms de aquí. Soltó tanto dióxido de azufre que provocó un enfriamiento en el clima mundial de medio grado en los siguientes tres años, datos increíbles, ¿no?

El cráter tras esa erupción de 1991, redujo la altura de la montaña 300 metros (descendió de 1,745 a 1,486 m) y con el tiempo se llenó de agua creando este lago, en el cual nos dijeron que hace unos años incluso se permitía el baño pero falleció un turista y las autoridades finalmente lo prohibieron.

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Si estáis muy interesados aquí os dejo un documental extraordinario sobre aquella catástrofe natural que afortunadamente y gracias a las labores de detección, se pudieron salvar miles de vidas.

Comimos allí un plato de pollo con arroz que nos trajo uno de nuestros acompañantes y tras una hora hicimos el camino de vuelta.

Había leído que en esta zona había unos pocos habitantes del grupo étnico conocido como los aeta, considerados como africanos por sus rasgos y que tienen un origen incierto. Le pedí al que venía con nosotros si podíamos ir a su poblado, me parecía interesante, y la verdad que fue casi lo que más me gustó de la excursión. Subimos una pequeña colina y ahí estaba la pequeña aldea. Con una iglesia católica construida con la ayuda del gobierno coreano, pudimos ver sus humildes viviendas y su forma de vida más que sencilla, pero eso sí, nos recibieron con una sonrisa en la cara.

 

Entramos en la escuela donde repartimos un montón de pinturas, rotuladores y bolígrafos que llevábamos en la mochila desde España y que los niños apreciaron, tanto como también hacerse selfies con nosotros.

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Fue una visita que personalmente me gustó mucho, yo diría que tanto como la del volcán y que por supuesto os recomiendo si tenéis la oportunidad.

Si me preguntáis por esta visita al volcán y yo que siempre trato de “mojarme”, lo recomendaría si tenéis muchos días o por ejemplo como etapa si subís al norte de la isla a visitar las terrazas de arroz de Banaue y Batad, si no, venir sólo para esto, no estoy seguro de recomendarla.

Regresamos al alojamiento sobre las 13h, con prisas ya por volver cuanto antes para evitar la hora punta en el tráfico de entrada en Manila. Pagamos los 1,200 pesos (20€) por la lujosa habitación, al menos era barata, y los 2,050 (35€) cada uno por la excursión y fuimos de nuevo en otro triciclo hasta Tarlac para tomar el bus de vuelta. Nos fijamos en los vistosos bus urbanos, los llamados jeepneys, normalmente decorados de manera bastante extravagante.

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Después de esperar un rato y ayudarnos más de un viandante para saber cuál teníamos que coger, pagamos 400 pesos (unos 7€) y reemprendimos el camino de vuelta a la capital. Esta vez no cogimos mucho tráfico con lo que apenas en dos horas y media llegamos a Manila.

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MANILA

El miércoles 13 de marzo tenemos nuestro segundo contacto con la capital filipina, la anterior había sido de paso hacia el volcán Pinatubo. Esta vez ya dormiríamos en la ciudad.

De regreso en autobús tras visitar el volcán, nos bajamos y cogimos un coche para ir en búsqueda de nuestro alojamiento para esa noche. Desde España y con mucha antelación había reservado un apartamento en el centro con Booking.com, llamado Seven Doors Aparthotels en uno de los rascacielos más altos de la ciudad, concretamente el que nos dieron estaba en el piso 57 de un total de 71.

Esperamos que nos dieran las llaves y alucinamos con lo bien que estaba el apartamento, por los que pagamos 3,250 pesos (55€). Fijaos las vistas.

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Sabíamos que había una espectacular piscina en la planta 35, así que nos pusimos el bañador y para allí que nos fuimos, y la verdad que alucinamos, qué vista del Skyline para ver el atardecer desde una tumbona!!

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Como estábamos muertos de hambre bajamos a buscar un sitio para cenar. La zona donde estaba nuestro alojamiento llamado Makati es de las más aconsejables para dormir, junto quizás con Malate. Es la zona financiera de la ciudad y está llena de edificios gigantescos y desde luego con un skyline que por ejemplo en toda Europa no encontraréis. Cenamos en un Pizza Hut, 2 pizzas grandes con bebidas (1,290 pesos (22€)), tomamos algo en un bar cercano y subimos a la habitación a dormir, estábamos agotados tras el madrugón y el día tan movidito…al día siguiente dejábamos la isla de Luzón para ir a la de Bohol.

Y nos fuimos a dormir con estas vistas junto a la cama, no están mal ¿no? 🙂

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El jueves 21 y tras pasar unos días en Bohol y Palawan, aterrizaríamos de nuevo en MANILA a las 10:15h, en la terminal doméstica del aeropuerto Ninoy Aquino.

Este día sí que dedicaríamos más tiempo a visitar la ciudad, que aunque todo el mundo dice que no merece la pena, nosotros le dimos una oportunidad, toda vez que era un día que teníamos que pasar por la capital filipina sí o sí para continuar nuestro viaje a Singapur.

Quizás de las cosas por las que se ha hecho más famosa en los últimos años ha sido por sus cementerios, sí parece raro, pero apareció en un reportaje del New York Times del que se hicieron eco otros medios occidentales y la noticia corrió como la espuma. ¿Y por qué fue tan curiosa la noticia? pues por la cantidad de familias que vivían en ellos. Como era una cosa tan diferente y hasta extravagante para nosotros decidimos ir y verlos, pero no lo haríamos sólos, contactamos con un español que vivía y allí y que nos acompañaría.

El hotel de esa noche decidí cogerlo muy cerca del aeropuerto para llegar, poder dejar las cosas y no perder tiempo para visitar lo más posible de la capital filipina. Fue el hotel Achievers Airport, y al que se podía llegar caminando una vez que se aterriza en la T4.

A pesar de que era pronto nos permitieron dejar las cosas en la habitación y pagamos 1,000 pesos de señal. Finalmente yo decidí dejar la cámara reflex por si acaso y sólo hacer fotos con el móvil.

Bajamos a recepción y pedimos un coche con Grab para ir al llamado Cementerio del Norte, uno de los múltiples camposantos de la ciudad. Pagamos 432 pesos (7.5€) y llegamos en unos 40 minutos, felizmente no era hora punta, llegamos sobre las 12 de la mañana. Allí nos esperaba Juan, nuestro acompañante. El Cementerio del Norte es uno de los más antiguos (1904) y el más grande del área metropolitana de Manila, con unas 54 hectáreas.

En la entrada nos dicen que tenemos que pagar si queremos hacer fotos, otro “business” pensamos, le decimos que no haremos fotos y pasamos.

Enseguida vemos grandes mauselos e interminables filas de tumbas humildes y apiladas que albergan a más de un millón de personas según nos dicen. Caminamos por sus calles siendo objeto de miradas de los habitantes. Aquello parece una ciudad, es enorme.

Aquí están enterrados presidentes, estrellas cinematográficas y todo tipo de personas importantes, pero el cementerio también es habitado por algunas de las personas más pobres de Manila. Muchos viven en las criptas y mausoleos de las familias ricas, quienes les pagan una cuota fija por limpiarlos y cuidarlos. Nos impactan imágenes como estas.

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La verdad que como cosa sorprendente y curiosa es digno de ver. Este turismo que llaman “negro” a alguno le parecerá tétrico pero yo no lo veo más que descubrir una manera diferente de vivir de la población y entiendo que hasta más seguro que hacerlo en los peligrosos barrios pobres de la ciudad.

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No hay mucha gente ese día, es un día entre semana, pero en este lugar puede haber en un día hasta 70 funerales, con lo que el trajín está asegurado. La mayoría de las tumbas tienen electricidad pero no agua corriente.

Después de un gran paseo por el lugar y tratando de no resultar ofensivos ni demasiado curiosos salimos ya para dirigirnos al lugar con más historia de la ciudad, Intramuros.

Cruzamos un mercadillo y vamos en dirección al metro para desplazarnos. Este, de reciente construcción (apenas tiene 20 años) sólo dispone de una línea y es más bien un tren ligero que un metro subterráneo.

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Pagamos el billete de apenas 20 pesos (0.35€) y nos subimos en el convoy, que estaba bastante bien.

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Llegamos al Parque Rizal, en la zona donde hay una reproducción del mapa de Filipinas y está la estatua del Centinela de la Libertad. Este pulmón verde no sólo es un relajante lugar para pasear sino que en sus 58 hectáreas veréis un recorrido por cientos de años de historia filipina, desde el período español hasta la actualidad. Es un área muy abierta y llena de museos como el Nacional de Historia Natural, o de Antropología.

Desde aquí tomamos dirección a lo más representativo de la historia de Manila, la zona amurallada colonial española de Intramuros.

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Las iglesias y escuelas construidas con completa influencia española hacen difícil creer que todavía estás en una isla asiática, no en vano Filipinas es el tercer país con más católicos del mundo, tras Brasil y México.

Manila fue cristianizada ya en el siglo XVI, cuando los conquistadores españoles llegaron por primera vez. Fue incorporada en 1571 por el español Miguel López de Legazpi.

Aunque Manila es bastante “despreciada” en la actualidad, fue conocida a finales del siglo XIX como “La Perla de Oriente” como resultado de su ubicación central en las vitales rutas del comercio marítimo por el Pacífico.

Tras la guerra hispano-estadounidense de 1898 a España no le quedó más remedio que ceder Filipinas a Estados Unidos lo cual transformó la capital, dejando atrás la tradición y convirtiéndola en una ciudad más grande y modernizada, una ciudad sin alma, que es lo que al menos sentí yo caminando por Intramuros, con pocos edificios antiguos, la mayoría reconstruídos.

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Pero ¿por qué han llegado tan pocos edificios antiguos a la actualidad? la razón está en que durante la Segunda Guerra Mundial, Manila fue ocupada por los japoneses y la ciudad fue arrasada por el ejército estadounidene que no dudó en bombardear también la ciudadela colonial de Intramuros. La capital filipina fue la segunda ciudad más devastada durante la II GM únicamente superada por Varsovia y lo que es peor, no se puso mucho interés en la reconstrucción.

Comimos algo rápido en un lugar que nos llevó Juan llamado Café Sofía, donde por 99 pesos (menos de 2€) comimos un plato y bebida, para luego ir hacia la Iglesia de San Agustín. Finalizada en 1607​ se trata de la iglesia más antigua existente en Filipinas.

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Tras esta fuimos a visitar la Catedral de Manila, quizás el edificio antiguo más representativo de la ciudad junto con el Fuerte Santiago.

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Construído y destruído varias veces a lo largo de los siglos por diversas razones, incendios, terremotos, bombardeos, se reconstruyó por última vez en 1958.

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Seguimos avanzando para llegar al Fuerte Santiago, donde pagamos una entrada de 75 pesos (1.3€) y accedemos a su interior.

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En el mismo lugar donde se encuentra actualmente el Fuerte estuvo el palacio del reino de Rajah Suleiman, destruido por los conquistadores españoles en 1570 después de duros enfrentamientos. Aquí construyeron el fuerte un año más tarde, ordenado de nuevo por el famoso conquistador Miguel López de Legazpi.

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José Rizal, el héroe nacional filipino, fue encarcelado aquí por los españoles antes de su ejecución en 1896. El museo santuario de Rizal exhibe objetos en recuerdo del héroe y cuenta la historia no dejando en muy buen lugar a los conquistadores. Incluso hay unos cuantos carteles explicativos en castellano.

Al igual que la catedral, el Fuerte fue destruído varias veces por terremotos e invasiones, para después ser reconstruído. Una vez terminada la guerra de 1898 se convirtió en cuartel del ejército americano hasta que fue ocupado por los japoneses en 1942, donde encarcelaron, torturaron y asesinaron a miles de filipinos. En 1945 fue destruído de nuevo por la aviación estadounidense.

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Tras la II GM fue utilizado por los norteamericanos hasta la dependencia de Filipinas en 1946.

Dejamos ya Intramuros para ir de nuevo al Parque Rizal, en la parte de la Bahía, ahí se encuentra uno de los puntos más representativos de la ciudad, el monumento a José Rizal.

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Caminamos hacia el sur por Roxas Boulevard, pasando junto a la Embajada de Estados Unidos, que por cierto tiene un sitio más que privilegiado frente a la bahía, como no. Esta zona tiene muy poco ambiente y nada interesante.

El sol va cayendo y había leído que el atardecer desde esta zona era digna de ver, y la verdad es que no se equivocaban, y si no mirar esta fotografía, nada que envidar a los de otros lugares.

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Decidimos ya dejar de andar, despedirnos de Juan y coger un coche para acercarnos a la zona de los centros comerciales. Caminamos tanto esa tarde bajo un sol de justicia que cogimos una especie de alergia al sol en las piernas que se nos hincharon y llenaron de rojeces. Os recomiendo no hacer este camino y desde Intramuros coger un transporte para ir a vuestro siguiente destino.

Tomamos un Grab que nos deja junto al centro comercial Mall of Asia, uno de esos mega centros comerciales de la ciudad, en los que se nota claramente la influencia estadounidense. Con 400,000 metros cuadrados es el cuarto más grande del país y el 14 del mundo y se estima un tránsito medio de 200,000 personas al día. También podéis ir al SM City North EDSA, el más grande del país, y octavo del mundo!!!. Entre los 20 malls más grandes del Planeta hay 5 filipinos, que demuestra la afición por este tipo de establecimientos de los 106 millones de habitantes del país.

Esta zona sí que está mucho más animada, con multitud de restaurantes y atracciones.

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Entramos en el centro comercial y vemos enseguida las dimensiones del edificio.

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Compro unos regalos para mis hijos a prácticamente la mitad de precio que en España y buscamos un sitio para cenar. Finalmente lo hacemos en uno llamado Adriático, con platos en una sección llamada nuestra herencia española que nos hacen reír…

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Pagamos 1,300 pesos (22€) por la cena y estamos tan agotados después de hacer mil kilómetros caminando que decidimos volver al hotel. Desde aquí tomamos otro Grab que por 192 pesos (3.3€) nos lleva a nuestro alojamiento. Por el camino vemos el Okada, un megacasino de 993 habitaciones con una fuente multicolor tipo grandes casinos de las Vegas que es espectacular.

Esta es la ruta que habíamos hecho este día.

Ruta Manila

Este sería nuestro último día en Manila y el país, al día siguiente partiríamos a nuestro siguiente destino… SINGAPUR.

EL NIDO

Día 6. Bohol – El Nido

En nuestro sexto día en Filipinas tocaba dejar Bohol e ir a Palawan para visitar lo más turístico de todo el país, el maravilloso norte de esa isla junto con el archipiélago de Bacuit, cerca del famoso pueblo de El Nido. Debido al tiempo que se emplea en los traslados (por ello no os recomiendo muchos cambios de isla) íbamos a utilizar prácticamente todo el día para el desplazamiento.

Cuando fuimos nosotros no había la posibilidad de ir de manera directa desde Bohol a Palawan, había que cambiar de isla y partir desde Cebú en avión. Hay gente que vuela a Puerto Princesa, más al sur, y luego sube en van a El Nido, por ser más económico, pero nosotros preferimos volar con la compañía Airswift de Cebú directamente al aeropuerto de El Nido, es verdad que sale más caro, pagamos 12,368 pesos (unos 100€), para mí merece la pena pero cada uno que elija la opción que más le convenga.

Hicimos el checkout en el hotel, en el que pagamos por las 3 noches 10,080 pesos (173€), 1,100 (19€) por los desayunos y 100 (menos de 2€!!) por la lavandería. Qué pena nos dio dejar este lugar sin duda en el que más agusto habíamos estado de todo el viaje.

Teníamos el vuelo a las 15h desde Cebú, y para ir con tiempo, ya que puede haber retrasos y Cebú suele tener un tráfico bastante complicado, decidimos coger el ferry desde Tagbilarán a Cebú a las 9:20h. Por el ferry pagamos 1,380 pesos (24€) cada uno, con la compañía 12go Asia, así que tras salir del hotel y que nos llevara de nuevo Terrence, en apenas 20 minutos llegamos al muelle.

Deciros que poco más tarde de nuestro viaje pusieron un vuelo directo desde Panglao a El Nido, así que yo sin duda no me lo pensaría si volviera, ganaréis prácticamente medio día.

A las 8:30h llegamos al Puerto y salimos a las 9:20. Los asientos del ferry tenían muy poco espacio entre los asientos así que el viaje se hacía algo incómodo pero al menos con la tarjeta de Globe pude tener internet, por el tema del peso en la mochila como para llevar un libro 😉 En 2 horas llegamos a Cebú. Intenté coger un coche con la aplicación Grab cuando estábamos atracando, pero estaban todos ocupados, así que os aconsejo que lo hagáis un poco antes de llegar.

Salimos de la estación y no quedaba más remedio que coger taxi, los primeros nos piden 500, finalmente conseguimos que nos lleven por 300 pesos (5€), la aplicación Grab me había dado 263, así que no estuvo mal el precio. Como es domingo hay poco tráfico, en 20 minutos llegamos al aeropuerto de Cebú (si es un día laborable nos dice el taxista que se tarda más de una hora), así que nos sobra tiempo para comer tranquilamente y esperar el vuelo. Nos pesan las maletas y como no son más de 8 kg no pagamos suplemento.

La atención de la compañía fue muy buena, muy amables y el avión aunque pequeño, muy cómodo. Desde arriba teníamos unas espectaculares vistas de multitud de islas que íbamos sobrevolando.

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Este es el recorrido que habíamos hecho ese día, vuelo incluído.

Vuelo a El Nido

Llegamos a las 16:30h y nos estaba esperando allí el transporte gratuito de nuestro hotel, al que apenas se tardaba 5 minutos en llegar.

Lo del alojamiento en El Nido tengo que decir que es complicado, no porque no haya opciones, que hay muchas, sino porque la calidad-precio de ellos es la peor, me atrevo a decir, de todo Filipinas. Olvídense de precios baratos, por cualquier lugar por sencillo que sea os pedirán un precio alto, así que tras buscar y buscar, en el propio pueblo de El Nido, en la parte conocida como las Cabañas, Corong Corong… finalmente me decidí por no dormir en ninguna de estas y reservar en un complejo que está a 20 minutos de la zona más turística, junto a la playa llamada Lío Beach. Es un complejo de 3 hoteles con precios europeos, pero que nos pareció una buena opción dadas las tarifas y las críticas de otros alojamientos. Desde luego, por menos de 50€ podréis dormir en El Nido, pero lo que os encontréis eso ya cada uno a su elección.

El complejo tiene como he dicho 3 hoteles, uno llamado Covo, el de menor precio, luego está el Adlao, que tiene una tarifa un poco más alta y finalmente Casa Kalaw, el más caro y que tenía una amplia piscina. Nosotros optamos por el primero y pagamos 5,500 pesos por noche (95€) con desayuno.

Llegamos enseguida al complejo al que se accede por un camino de tierra cuyo último kilómetro es más digno de un hotel perdido en el monte que de esa categoría, qué baches!!!.

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En el check in como siempre mucha amabilidad y siempre sonrisas, da gusto con esta gente, todos saludan al pasar, los de seguridad, cocineros, etc..

Subimos a la habitación y comprobamos que era tal y como aparecía en las fotos, muy comfortable. Enseguida pusimos el aire acondicionado porque el calor era sofocante. Truco: supongo que muchos lo hacéis… cuando dejéis la habitación, llevaros la tarjeta de entrada del hotel, pero meter un carnet u otra tarjeta que llevéis para que quede conectado el aire mientras no estéis.

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Era casi el atardecer y como queríamos llegar a verlo, nos dimos prisa, dejamos todo y nos fuimos en busca de la van que nos llevaría gratis a El Nido, salen cada hora.

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En apenas 15 minutos estábamos en El Nido. Desde allí tomamos un triciclo a toda prisa por 150 pesos (2,5€) para dirigirnos a uno de los mejores sitios para ver la puesta de sol, la zona conocida como las Cabañas. Llegamos justo cuando el sol se escondía y las prisas merecieron la pena, qué belleza…

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Obviamente no éramos los únicos que no queríamos perdernos el espectáculo…

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Después de un rato y por la playa, fuimos caminando a las Cabañas Beach Resort donde tomamos algo tranquilamente. ¿Precios? una piña colada 180 pesos (3€). El sitio está muy bien y por supuesto lleno de turistas. Nos sorprende ver muchos perros sin dueño por todos sitios.

La playa está llena de bares tipo chill-out para cenar o tomar algo a pie de mar.

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Volvemos a tomar un triciclo para volver a El Nido y cenar. ¿El pueblo? pues la típica aldea que ha “explotado” con el reciente boom del turismo y se ha llenado de tiendas, restaurantes y agencias de tours por las islas, me recordaba mucho a Ao Nang en Tailandia, cerca de Krabi.

En El Nido estaríamos 4 noches, y para los dos días siguientes había reservado 2 tours con la agencia Kraken, una compañía que había encontrado por internet tiempo atrás, propiedad de un español. ¿Por qué me decanté por esta? porque anunciaban que salían un poco más tarde que todo el mogollón de tours que salen a conocer el Archipiélago de Bacuit, un maravilloso conjunto de islas de formaciones kársticas y fondos marinos de color turquesa y que es el punto fuerte de esta zona. Como en Tailandia ya sufrí esas aglomeraciones que tanto detesto, dije que intentaría no repetir. El tour es verdad que es más caro que el resto, pero daban muy buen servicio y las críticas así lo atestiguaban.

Aprovechando que pasaríamos frente a su oficina, nos pasamos por allí. Os enseño el folleto del tour en inglés y lo que incluye.

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Eché un vistazo también a los pasajeros y pintaba bien, además de nosotros había otros 6 españoles más, dos argentinos y un ruso, que resultaría medio español ;).

Como teníamos mucha hambre, buscamos una pizzería que había leído muy recomendable y para allí que nos fuimos. Se llama Altrove y son ciertas los “reviews” que hablan de que hay que hacer cola para acceder. Decidimos esperarla y en apenas 20 minutos teníamos mesa, por cierto, el primer restaurante de mi vida en que hay que cenar sin calzado.

Comimos dos pizzas espectaculares, postre y con bebida pagamos 1,545 pesos (26€), desde luego un precio alto para el país pero lo pagamos muy agusto porque lo disfrutamos, ¡qué ricas las pizzas!.

Para volver al hotel esperamos de nuevo el transporte y tras llegar damos una vuelta por el complejo, hay poca gente. Finalmente nos vamos a la habitación.

Día 7. El Nido. Tour el Kraken k1.

Nos levantamos sin madrugar, preparamos todo y nos bajamos a desayunar. El lugar habilitado para tomarlo es de lo más agradable, al aire libre, me encantan. El desayuno es tipo buffet y aunque le falte algo de variedad, está bien para comenzar bien el día, hacen tortillas al gusto si os gustan. Cuando le preguntamos a una chica que por qué no hay mango, la fruta del país, ella nos dice que… es muy caro… sinceridad ante todo 🙂

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Tomamos el transporte de nuevo de las 10 para ir al pueblo. Procurar ir pronto porque a veces se llenan las plazas y si no entráis tendréis que contratar un triciclo, que no obstante es bastante barato.

Llegamos a El Nido y damos un paseo, las tiendas de souvenirs las encontramos bastante lamentables, es que ni los imanes valen para nada, nos costó muchísimo encontrar alguno decente para nuestra colección y para regalar.

Algo que seguramente le daréis muchas vueltas (que yo resolví por lo sano, haciéndolo más o menos todo :)) es qué opción elegir de los llamados Island Hopping Tour, que recorren el Archipiélago de Bacuit, y que repito, es el plato fuerte de El Nido y por el que la gente cruza medio planeta. Hay 4 tours y hay opiniones para todos los gustos. Aquí está más o menos lo que cubre cada uno, sacado de un cartel de la calle.

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La compañía Kraken lo que hace es mezclar lo mejor de cada uno en dos tours, que ellos llaman K1 y K2. Este es el resumen:

– TOUR K1

Tour combinado con destinos del tour A y el B (El Nido Beach – PINAGBUYUTAN – SNAKE ISLAND – ENTALULA BEACH – SECRET LAGOON – SMALL LAGOON – Las Cabañas Beach)

TOUR K2

Tour combinado con destinos del tour C y el D (El Nido Beach – PASANDIGAN BEACH – CADLAO LAGOON – HIDDEN BEACH – SECRET BEACH – Corong Corong Beach)

Ruta 1 y 2 El Kraken

Nos acercamos a la playa del pueblo, que no es de las mejores y no se baña nadie, también porque suele estar atestada de barcas preparadas para salir de tour.

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A las 10:30h que era la hora establecida nos acercamos a la oficina y fuimos conociendo a los compañeros, bastante majos a primera vista, así como los locales que vendrían con nosotros, no nos iba a pasar lo de Balicasag.

Pagamos el tour en metálico (descontando la señal que había adelantado ya desde España) y tras coger gafas, tubo y unos escarpines nos dirigimos al barco.

La embarcación era de estilo tradicional filipino, fabricada en fibra de vidrio y con más de 50 metros de cubierta. Puede llevar hasta 22 personas pero no permiten más de 18. En nuestro caso iríamos sólo 14. Enseguida hacemos amistad con Juan y Mikhail y los del barco ya nos ofrecen algo para picar y bebidas (no alcohólicas).

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Salimos del puerto rumbo al sur, nos quitamos los chalecos salvavidas y comienza el maravilloso tour!!! todavía recuerdo la emoción de todo lo que teníamos por delante para ver. Primer destino, la isla del fondo, Pinagbuyutan.

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Empezamos fuerte, puedo decir que este lugar, está en el top de los más que me gustaron. Una paradisíaca isla con un peñasco impresionante pero que en el otro lado tiene una playa de esas de ensueño.

IMG_20190318_122746 (FILEminimizer)Bajamos a la isla y estábamos prácticamente solos!!!, qué gozada de lugar. Todos coincidíamos en que era un comienzo espectacular.

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Estuvimos como unos 30 minutos para a continuación seguir avanzando hasta la siguiente parada, otra espectacular, Snake Island.

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La tripulación, con la que tenemos muy buen rollo, nos anima a subir a lo alto de la isla. Desde allí se ve el pequeño brazo de mar que une la isla con tierra firme y que da nombre a la isla.

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El lugar es absolutamente maravilloso, de un agua clara que pocas veces he visto en mi vida, nada que denote la acción humana, tranquilidad absoluta, qué lugar tan fantástico.

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La próxima parada la hicimos frente a la Entalula Beach, sobre las 14h. Una playa que no estaba mal pero nada que ver con las anteriores.

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Aquí nos dieron tiempo libre para hacer snorkel, que por ser el primero en El Nido lo cogimos con muchas ganas y lo disfrutamos.

Mientras nos bañábamos, la tripulación preparó la comida, que como véis en esta foto fue de lo más apetitosa.

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Después de comer y pasar un muy buen rato, continuamos el tour. Quizás la parada de la comida que fueron casi dos horas yo la habría hecho más breve y aprovechar a ver más cosas, dado que el sol se pone sobre las 18:30h.

Llegamos enseguida a la Miniloc Island, para por un lado ver la Secret Lagoon. Aguas cristalinas y un paraje espectacular.

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Para entrar en la llamada laguna secreta había que hacerlo por un hueco en la roca muy estrecho. Aquí encontramos a un grupo de gente que tardó un buen rato en salir. Luego la laguna, pues bueno, un agua blanca que como dijo de broma uno de los tripulantes, parecía que todo el mundo había hecho pipi allí, y la verdad que todos pensamos lo mismo, no me aportó mucho. Me gustó más el paraje de alrededor que la laguna en sí.

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Rodeamos la isla y nos acercarmos a la famosa Small Lagoon, donde lo típico es coger kayak y recorrerla remando. Lo malo de llegar a esta hora es que ya da la sombra y se pierde mucho encanto que si fuera con el sol en todo lo alto, pero el sitio igualmente prometía.

Dejé el móvil en el barco, agarré la cámara acuática y estuvimos como media hora remando entre cuevas y formaciones kársticas, característica de estas islas. Esta zona, junto con la cercana Big Lagoon es una de las visitas obligadas y más representativas del archipiélago de Bacuit, y quizás la más divertida.

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Después de esta última visita, regresamos hacia Palawan con el viento en contra y mojándonos bastante por la batida de las olas, pero a cambio tuvimos una puesta de sol maravillosa.

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Además de los 8 españoles, el ruso y los dos argentinos, había un italiano, una india y un francés, y la verdad que lo pasamos genial, con música española a tope todo el trayecto y super buen rollo con la tripulación, que aunque hacen lo mismo todos los días, no se cansan de agradar y hacer bromas.

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Esta es la ruta que habíamos hecho.

Ruta 1 El Kraken

El tour terminó entre Corong Corong y la zona de las Cabañas y decidimos ir a tomar algo a un bar regentado por unos españoles ideal para ver la puesta de sol, el Republica Sunset Bar. Allí estuvimos Juan, Mikhael, Manolo y yo pasando un rato agradable y luego decidimos ir al pueblo de El Nido a cenar. Ellos habían estado en un restaurante el día anterior y les había gustado así que decidimos probar, se llamaba Jarace Grill. Lo que pedimos, casi todo comida local no nos convenció mucho, por lo visto el día anterior habían comido mejor. Pagamos unos 1,000 pesos por pareja (17€). Pasamos una cena estupenda hablando de todo un poco y riéndonos mucho, son otra pareja a los que como a nosotros les han inoculado el veneno de conocer mundo. Un abrazo chicos, ¡¡una pena que ya no nos viéramos más!! ¿quizás en otro viaje en el futuro?.

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Día 8. El Nido. Tour el Kraken k2.

Este día tendríamos el segundo tour del Kraken, el que combina los tours C y D. Hicimos parecido al día anterior y a las 10:30h estábamos en la oficina. Esta vez se veían menos españoles, sólo 4 más además de nosotros, y otros 4 ingleses, 5 franceses y una canadiense. Hicimos amistad con Irene y Eloy, dos leridanos muy simpáticos.

En este tour tocarían las islas del norte y comenzamos fuerte, todavía más que el día anterior incluso, una MARAVILLOSA playa con unas aguas cristalinas que alucinamos al llegar, Pasandigan Beach.

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Bajamos del barco y nos acercamos primero a una pequeña cueva a la que tuvimos ir con mucho cuidado de no clavarnos alguna piedra, aquí los escarpines son super útiles.

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Y luego pasamos un buen rato en la playa, que es fantástica, una de mis favoritas sin duda, no os la perdáis.

A continuación siguimos hacia el norte paralelos a la isla de Cadlao para acercarnos a la llamada Cadlao Lagoon, quizás la encontraréis en los mapas más como Ubugon Island. Allí nos dieron un rato de tiempo libre para hacer snorkel, en mi opinión fue el peor de todos lo que hicimos, de aguas profundas y no mucha visibilidad, aunque el sitio es verdad que era muy bonito.

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Encontramos medusas flotando por ahí pero cuando se lo decimos a la tripulación dicen que no hay peligro y ellas las cogen sin problema y nos ofrecen cogerlas cosa que hacemos.

A continuación nos aproximamos a uno de los platos fuertes de este tour, según nuestro mejor amigo de la tripulación, su playa favorita. El barco nos dejó en esta preciosa bahía de aguas cristalinas y avanzamos con el agua por la cintura.

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Entramos caminando entre unas formaciones kársticas de gran altura y que hacía del camino todavía más emocionante.

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Para encontrarnos a nuestra izquierda con la preciosa Secret Beach, una playa casi circular y que si tenéis la suerte de ver sin gente, es más maravillosa todavía.

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Eran ya las 14h, así que volvimos al barco que atracó en un sitio con un fondo marino fantástico, en el que hicimos el MEJOR SNORKEL de todo nuestro viaje.

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Os dejo un vídeo de apenas 30 segundos con una pequeña muestra. Yo desde luego no soy experto ni mucho menos en esto, pero a mí la verdad que me encantó.

El sitio creo recordar que fue algo así como Coral Garden, pero luego este lugar no lo he encontrado en los mapas, así que bueno, tendréis que hacer el tour para descubrirlo 😉

Comimos en este lugar un menú parecido al del día anterior aunque había alguna modificación que agradecimos, de nuevo estuvo todo muy bueno. Es verdad que el ambiente no era el del barco del día anterior pero lo disfrutamos mucho también, sin estar ya por ejemplo tan pendiente de hacer fotos.

Después de más de una hora fuimos en busca de nuestra última parada antes de volver, la Hidden Beach. Hay que lanzarse al agua y avanzar nadando para entrar por una estrecha entrada, en el camino está todo lleno de pequeñas medusas, y aunque dicen que no hacen nada, la verdad que es bastante desagradable, casi mejor no mirar por las gafas de buceo.

Entramos en la playa y entre que ya daba la sombra, todas las que habíamos antes y que nos juntamos con un grupo de gente gritando y bastante maleducados la verdad que fue de las que menos disfrutamos.

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Regresamos ya donde nos sacaron un cocktail y una hamburguesa y nos despedimos de los compañeros, principalmente de este filipino, un chaval espectacular, super divertido y que hizo de todo porque tuviéramos un tour estupendo.

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El barco nos dejaría en la playa de Corong Corong, disfrutando de otro MARAVILLOSO atardecer.

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Os vuelvo a poner el recorrido que habíamos seguido por las islas más al norte del archipiélago.

Ruta 2 El Kraken

Nos acompañan a la carretera para coger un triciclo e ir al pueblo de El Nido. Nos lleva uno que nos genera confianza y le ofrecemos llevarnos el día siguiente por el norte de Palawan, finalmente accede y negociamos el precio, para nada caro, algo así como 35€. Quedamos con él a las 9 de la mañana del día siguiente.

Vemos en El Nido claramente los efectos del turismo masivo, ningún criterio de construcción, casa unas encima de las otras… Luego nos contarían que el gobierno, y como ya hizo con la isla de Boracay, está sopesando la idea de cerrar esta zona para reorganizarla y tratar de limpiarla y hacerla más sostenible, menos mal que no nos pilló, espero que a vosotros tampoco…

Esa noche de nuevo cenamos en el restaurante Altrove, tomamos algo y volvimos en una van al hotel.

Día 9. El Nido

Nos levantamos tranquilamente, desayunamos y a las 9 ahí estaba esperándonos nuestro chófer con la mejor de sus sonrisas, qué gente estos filipinos, cada día estábamos más agusto.

Para este día libre había leído mucho sobre lo qué hacer, como ya habíamos hecho dos tours por las islas seguidos, nos apetecía algo sobre tierra firme, había opciones como ver alguna cascada pero ya habíamos visitado dos en Bohol y tampoco las ponían muy interesantes, así que vimos la opción de visitar el norte de Palawan.

Para los que tengáis más días os recomiendo más posibilidades como visitar Corón, el principal municipio de las islas Calamianes, un pequeño archipiélago al norte de Palawan, que se caracteriza por el buceo con pecios, barcos hundidos.

El Palawan, más al sur encontraréis Port Barton, una zona muy tranquila y con menos aglomeraciones y todavía más abajo tenéis Puerto Princesa con su famoso río subterráneo.

Nuestra primera visita sería una playa que os ofrecerán visitar en todas las agencias, la bonita Nacpan beach. Se encuentra a 15 kilómetros al norte del municipio de El Nido, aunque desde nuestro hotel queda un poco más cerca. Nos lleva nuestro acompañante en su triciclo por una buena carretera, pero ay ay ay cuando dejamos la carretera principal y tenemos que coger un camino de tierra. Esos kilómetros son horribles, como tantos caminos por aquí. Si váis en moto mucha precaución y más si ha llovido y pudiera estar embarrado.

Llegamos al aparcamiento que tiene bastantes motos estacionadas. Vemos un par de chiringuitos y puestos para hacer deportes de agua. La playa tiene una extensión de cuatro kilómetros de arena fina y tengo que decir que como decían las opiciones, es MARAVILLOSA, super limpia.

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Colocamos la toalla y nos damos un baño, el agua estaba estupenda. Si camináis un poco estaréis sólos y si váis hacia el sur tendréis una preciosa estampa de la playa, además podréis ver al lado un pequeño poblado de pescadores de lo más humilde, son los contrastes de Filipinas.

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Después de más o menos una hora volvimos a retomar el camino para ir más al norte, a conocer otra playa llamada Duli Beach. Salimos a la carretera principal y de nuevo un poco más adelante hay que desviarse por un camino de tierra para alcanzar nuestra siguiente parada. Otra vez el camino para llegar es horrible y hasta con unas cuestas que decidimos bajarnos y subirlas andando, hay mucho polvo. Finalmente llegamos, tardamos más de media hora para apenas 13 kilómetros que las separan. La playa está muy bien, aunque es muy parecida a Nacpan, muy larga también pero muy ventosa y de intenso oleaje, ideal para surfistas.

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Volvemos al camino y continuamos más hacia el norte. A partir de aquí dejamos de ver turistas, con lo que me gusta esta situación, sólamente pueblos humildes. Este es el medio de transporte en el que íbamos, el conductor es el que nos hizo la foto 😁

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Paramos un par de veces porque hay vistas tan bonitas como esta.

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Eran ya las 2 de la tarde y habíamos leído que había un sitio escondido donde se podía comer estupendamente y para allí que nos fuimos.

De nuevo el camino para llegar al hotel estaba lleno de baches y sinceramente es increíble que no lo arreglen, tanto que decido bajarme del sidecar y llegar andando.

Nos reciben en la puerta y nos dicen que tenemos que pagar 700 pesos (12€), y que luego nos lo descontarían de la cuenta final. El Qi Palawan hotel es un sitio exclusivo con sólamente 8 habitaciones y con una playa delante casi privada.

Llegamos acalorados y nos encontramos un remanso de paz. El restaurante del hotel está en una palapa abierta y con vistas al mar de lo más agradable. Pedimos la carta y nos sorprende ver platos de clara influencia española, pedimos unos calamares, chicken adobo (plato filipino que me encantó) y un risoto de setas, todo increíblemente bueno. De postre crema catalana, pagamos 2,300 pesos (40€) por los 3 platos, bebidas y postres, una calidad-precio espectacular, no habíamos comido así en todo el viaje, lo recomiendo 100%.

Después de comer nos acercamos a la playa que está muy bien. Vemos gente practicando kitesurf, parece que en el hotel dan clases.

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Dejamos el lugar después de una comida y un rato estupendo y yo de nuevo decido hacer el camino andando hasta la carretera principal, de pronto al girar en el camino aparece un cocodrilo que se va corriendoa asustado al verme, menos mal que no tomó otra decisión, qué susto! 😲

Hacemos el camino de vuelta en nuestro transporte a velocidad de moto GP cruzando pueblos donde no deja de sorprender a un amante de ese deporte como a mí ver siempre una cancha del deporte nacional, el baloncesto, y eso en un país donde la estatura media es 1.60m, influencia norteamericana sin duda.

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Tardamos como una hora en llegar desde el restaurante a nuestro hotel, por supuesto mucho menos si váis en otro medio de transporte.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese día y yo lo volvería a hacer, mejor que quedarme todo el día descansando en una tumbona, pero cada uno… que decida según sus gustos.

Excursión día libre

Eran las 5 de la tarde y por fin nos dimos un baño en la playa Lío que estaba junto al hotel y que todavía no habíamos tenido tiempo para ver y disfrutar. La verdad es que como habíamos leído está muy muy bien, y además se está super tranquilo.

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Nos quedamos hasta el atardecer, que siempre ofrece una preciosa imagen.

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Volvimos al hotel y decidimos reservar un masaje para despedirnos ya de El Nido. Pagamos cada uno 900 pesos (15€) (en Bohol recordemos 500) y nos lo dieron en nuestra habitación directamente. De nuevo estuvo muy bien, qué pena no tener más días para seguir disfrutándolos!!

Bajamos a El Nido donde buscamos un restaurante llamado Mezzanine, pero estaba cerrado por obras. Justo al lado nos encontramos por sorpresa a Irene y Eloy, compañeros del último tour de el Kraken así que nos quedamos tomando algo y luego fuimos a cenar, tocaba pronto regresar porque ese día lamentablemente sería nuestro último día en la isla y había que madrugar al día siguiente para ir a Manila, y ahora sí, conocerla de verdad.

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MANILA

BOHOL

VOLCÁN PINATUBO

BOHOL

 

Día 3. Bohol

A pesar de que nuestro vuelo salía a las 11:25h y dado el tráfico que tiene esta ciudad, preferimos ser previsores y levantarnos con tiempo. Pedimos un coche con la aplicación Grab y afortunadamente en unos 30 min estábamos en el aeropuerto (unos 10kms de distancia). Pagamos 360 pesos (6€) por el trayecto y nos dejó en la T4, la terminal doméstica. En todos sitios recomiendan un mínimo de 3 horas de escala en este aeropuerto, que es enorme, para llegar tranquilo a la salida del siguiente avión, tenerlo en cuenta.

Volamos de nuevo con Air Asia, que reservándolo con tiempo nos había salido muy barato, pagamos sólo 37€ cada uno. En el checkin no nos pesaron tampoco la mochila así que pasamos con ella sin problemas, desayunamos algo y a esperar en una abarrotada sala desde donde salían todos los vuelos internos.

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La decisión de ir a Bohol fue bastante meditada. Como ya dije no es fácil decidirse a la hora de elegir destino en el país.

Una de las cosas al empezar a informarme que más nos apeteció hacer fue la posibilidad que ofrecía el país de poder nadar junto al tiburón ballena, ya que cerca de sus costas es uno de los mejores sitios del mundo para hacerlo. La opción más famosa y accesible es en Oslob, en la provincia de Cebú, aunque cuando leí a fondo y descubrí que alimentaban a los mismos con pescado para que se acerquen a los turistas, (estos mamíferos de hasta 12 metros se alimentan de plancton), que hace también que ya no emigren lo que afecta a su reproducción y todo el estres que les provoca, decidimos ser ante todo respetuosos con el medio ambiente, y desechamos de raíz esta opción.

Hay otros lugares donde se hace de manera más sostenible, como Donsol, Padre Burgos/Pintuyan o Puerto Princesa, pero no nos cuadraba porque sólo teníamos 11 días para conocer el país así que lamentablemente tuvimos que dejarlo para otra ocasión.

Aterrizamos a las 12:55h en el nuevo aeropuerto de Panglao, que habían inaugurado afortunadamente unos pocos meses antes de ir, y digo afortunadamente porque antes se aterrizaba en Tagbilarán, que se encuentra más lejos de la pequeña isla que es Panglao, situada al suroeste de la isla de Bohol y donde se concentran la mayoría de los hoteles.

Nuestro alojamiento se encontraba justo al lado del aeropuerto así que llegamos enseguida con un transporte del hotel. Decidimos cogerlo cerca de la zona más turística de Panglao, Alona Beach, para así poder tener algo de animación una vez que anochecía, recordemos sobre las 18:30h.

El hotel se llamaba Island World Panglao y si me enamoré de las fotos en la web de Booking, la realidad lo corroboró. Se compone de una serie de bungalows alrededor de una piscina, que si bien como suele pasar en Filipinas el interior de los mismos era bastante austero, he de decir que estuvimos en la gloria y lo recomiendo 100%.

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Dejamos el equipaje, y como era la hora de comer, caminamos bajo un sol de justicia el pequeño trayecto de unos 5 minutos que había hasta la carretera principal para llegar a un restaurante italiano que había leído que estaba cerca, llamado Giuseppe, donde pedimos un plato de pasta y con bebidas pagamos 1,070 pesos en total (18€) pero que tampoco nos pareció espectacular el sitio, no repetiríamos.

Volvimos al hotel y teníamos pensado tomar esa tarde de relax, así que hablamos con la recepción para darnos un baño en la playa cercana de Dumaluan, mucho mejor que la famosa Alona. El hotel disponía de un transporte gratuito tanto a esa playa como a Alona con lo que lo tomamos y en unos 10 minutos un simpático chaval nos acercó a la playa. Para la vuelta nos dió su número de teléfono para que le enviáramos un wasap y pasar a recogernos… espectacular el servicio, ¿no?

Pagamos una pequeña tasa por entrar y os recomiendo que caminéis hacia el oeste, donde para mí está la mejor zona de la extensa playa. Toda esta costa está llena de hoteles que conservan sus playas privadas y que en teoría no puedes tumbarte frente a ellos, hay incluso personal de seguridad vigilando. Finalmente encontramos un tramo más tranquilo y ese fue el lugar que elegimos. En algunos tramos había algas en los bordes, pero en general la playa estaba bonita.

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Caminé hacia el este porque había oído que la playa conocida como White Beach está muy bien también, pero no me lo pareció, así que recomiendo mucho más que permanezcáis en Dumaluan.

Estuvimos un par de horas para volver en el transporte al hotel, nos dimos un baño en la estupenda piscina y nos arreglamos para ir a la zona de Alona para cenar.

De nuevo utilizamos el transporte del hotel para llevarnos en una mini van a Alona, que se encuentra a apenas un kilómetro y medio. Enseguida vimos que la zona es la típica hecha para turistas, con una calle principal que baja hasta la playa llena de restaurantes, salas de masaje, alguna de souvenirs y agencias de tours.

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Ya en la playa hay más restaurantes, muchos de los cuales ofrecen su “género” en la puerta, lo cual resulta bastante curioso.

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Tenía apuntado uno que además contaba con música en directo, así que nos acercamos a ver si nos gustaba, este era el Coco Bar. Estaba lleno de gente y hasta nos costó encontrar mesa. Pedimos entre otros platos algo de carne al estilo filipino, la primera comida local que íbamos a probar. 

Estuvimos agusto porque la verdad es que el grupo que cantaba en directo lo hacía bastante bien. Pagamos por 4 platos en total y bebidas 1,150 pesos (unos 20€).

En toda esta zona nos sorprendió ver a europeos más bien maduros acompañados de jovencitas locales, práctica que parecía bastante extendida y que ya había leído antes de ir. Por lo que pudimos saber las contratan en la cercana Cebú y luego pasan el tiempo en esta isla. En El Nido por ejemplo no veríamos nada de esto.

Tras la cena seguimos caminando y llegamos a un hotel de 5 estrellas llamado Henann Resort con música y bastante ambiente donde tomamos algo, lo recomiendo también.

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Finalmente regresamos en el transporte del hotel y nos fuimos a dormir, al día siguiente de nuevo tocaba madrugar mucho.

Esta es la situación del hotel y los dos pequeños trayectos que habíamos hecho ese día por la isla de Panglao.

ISLAND WORLD PANGLAO

Día 4. Balicasag

Una de las excursiones más típicas de hacer en Bohol y que ofrecen en todas las agencias es un tour a la cercana isla de Balicasag, así que ya desde Madrid contacté con un español que tiene una agencia y organicé con él la excursión, lo siento, soy muy previsor.

Encargamos el desayuno, que no está incluído en el precio de la habitación, a las 5.40h, por el que pagaríamos 200 pesos (4,2€) y a las 6 teníamos el transporte preparado de la agencia que nos llevaría hasta la playa.

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Llegamos a la playa de Alona y por supuesto como siempre en estos casos, no éramos los únicos, aquello era un bullir de gente, cosa que como siempre detesto, pero el bonito amanecer sobre la playa hace que me olvide 🙂

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Nos atiende una chica muy simpática y nos “busca” a dos barqueros para hacer la excursión, y ahí nos tocó la lotería.. pero para mal… saludamos y de mala gana nos contestan, comenzamos el viaje, para empezar todas las barcas (llamadas bangkas) hacen un ruido horrible, por eso os recomiendo tapones para los oídos, no es coña, allí me lo agradeceréis, después de varias horas oyendo ese ruido uno se puede volver loco. La excursión la cogimos solo para nosotros dos, así que sabíamos que pagaríamos un poco más, concretamente 4,000 pesos en total (unos 65€) por 6 horas de tour.

La primera etapa del viaje, y por eso cogimos la opción que sale tan temprano (hay otra versión más barata que sale un par de horas de después) es avistar un grupo de delfines que siempre se mueven alrededor de la isla de Balicasag, a la que por cierto llegamos en unos 40 minutos, y eso a pesar de que nuestra barca era la más lenta de todas. En esta imagen podéis ver la aglomeración de barcas, y aunque vemos la banda de delfines aparecer un par de veces, supongo que estresados ante tantos visitantes no se hacen ver mucho, sinceramente, una de esas experiencias que yo llamo “turistada” masiva.

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Como no daba el tema para más el barquero nos aconseja acercanos a la isla de Balicasag para el plato fuerte del tour, hacer snorkel alrededor de ella. Esta minúscula isla es famosa por la visibilidad de sus aguas y por sus fondos marinos, sobre todo para hacer buceo. La verdad que comenzamos a disfrutar con el paisaje, el color de sus aguas y que sobre todo ya no había tanta gente, repartida por un amplio espacio.

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Dejamos la bangka atracada en la isla y se aproxima un lugareño, este un poco más simpático que nos dice que cojamos el equipo de snorkel que hay en la barca y nos metamos en un pequeño bote que nos llevaría a otra zona cercana. Le pedimos que se aleje lo más posible.

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Nos encanta la zona y estamos expectantes por zambullirnos.

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La primera parada es una zona de fondo arenoso donde estaba previsto ver tortugas. Nuestro compañero, dada su experiencia, enseguida nos avisa de que nos sumerjamos, que ya ve alguna, lo hace varias veces y efectivamente sin apenas dificultad, las vemos ahí al lado, tranquilos, sin gente alrededor, lo más importante. Me sumerjo con mi cámara acuática y puedo acercarme, no fue parecida a la maravillosa experiencia que tuve en Riviera Maya, con una prima hermana de estas, pero estuvo bien y disfrutamos del momento. Aquí os dejo un pequeño vídeo.

Luego nos movemos un poco para ir a la zona de los corales, estamos también bastante sólos y tenemos suerte porque leí que muchas veces suele haber mucha aglomeración en esta zona, sobre todo de chinos pisando y arrancando muchos de ellos el coral al que pueden llegar sin sumergirse. Vemos sobre todo estrellas de mar de color azul que son las más vistosas. El snorkel no está mal aunque quizás esperaba algo más, sobre todo más variedad de peces.

Lo mejor es el buceo y buscar si podéis arrecifes más alejados y poco frecuentados que conocen las mejores agencias de “diving”. Nosotros íbamos con los que íbamos y poco más podíamos hacer, aún así tengo que decir que lo pasamos bien, aunque el que haríamos en El Nido unos días más tarde, estaría mucho mejor.

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Después de unos 30 minutos el bote nos devolvió a la isla donde nos dejaron algo de tiempo libre para explorarla.

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Nos bajamos y la verdad que no hay mucho que ver, hacía mucho calor, dimos una vuelta para ver el poblado de gente que vive allí de la forma más humilde. Por supuesto los niños los más divertidos, bien acostumbrados a ver a gente.

Nos alojamos un poco y vimos playas, que aunque no eran de las que enamorarse, estaban desiertas y son de las que me gustan, salvajes y poco transitadas.

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Cuando nos cansamos volvimos y ya fuimos a nuestra última etapa, la Virgin Island. Para esta iba con poca expectativa porque aunque el sitio es idílico, de nuevo la aglomeración le hace perder todo su encanto a priori, pero tuvimos suerte y debido a estas bajas expectativas, la sorpresa fue muy grata.

Ya donde “aparcamos” nuestra barca prometía, qué aguas, cero rastro de algas, de contaminación, impresionante!!!

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Nos bajamos de un salto para disfrutar de la playa, ansiosos. Es verdad que había gente en la playa, como no, pero no tanto como esperaba. Pudimos avanzar hasta el final de la manga del mar, que aunque con la marea algo alta, todavía se veía algo de arena, y guau!! esta era la imagen de playas idílicas de Filipinas, fue nuestro primer lugar de dejarnos con la boca abierta de par en par.

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Aquí no pudimos evitar estar un buen rato, hasta que nos cansamos. Por supuesto el agua estaba buenísima, a una temperatura ideal y parecía más una piscina infinita que el propio mar.

Cuando nos cansamos de estar ahí volvimos ya hacia nuestra bangka para ya regresar al punto de salida al que llegamos antes de las 13h.

El final nos dejó tan buen sabor de boca que dejamos de pensar en el mal servicio que nos habían dado nuestros “barqueros”, aunque no evité decírselo a mi contacto en Filipinas. Me dijo que como suele pasar, ellos no controlan el eslabón final, es decir las personas que van con los clientes en el barco, que digamos que lo subcantratan, pero no creo que sea una excusa porque eso lo tendrían que cuidar mucho más. Por ello no voy a dar publicidad a esta agencia, ni tampoco negativa porque el trato en todo momento de esta persona vía wasap fue exquisita.

Teníamos hambre así que buscamos un lugar para comer en Alona. Nos detuvimos en uno que tenía buena pinta y estaba bastante lleno, y este fue nuestro lugar favorito, el Oasis Resort, junto al Bugsay Bar. Tiene una amplísima carta con comida de todo tipo. Nos pedimos unos rollitos que nos enamoramos de ellos, y comimos fenomenal con estas vistas al mar. Lo RECOMIENDO AL 100%. De cervezas os encontraréis por todos sitios la San Miguel, ¿sabías que la célebre marca española nació en Manila en 1890?

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Pagamos 1,180 pesos (20€) por 4 platos, postre y bebidas, y eso que estábamos en el lugar más turístico de la isla, esto dice todo de los precios de este país.

Regresamos al hotel en un triciclo y dado que nos quedaban unas dos horas para que anocheciera y por no quedarnos tumbados sin hacer nada decidimos buscarnos la vida para ir a visitar alguna cascada. Hablamos con un chavalito del hotel, Leonil, con el que hicimos una buena amistad y nos consiguió un transporte para ir a las cascadas de Camugao.

Llegamos en unos 50 minutos, que aproveché para charlar con Leonil y el chófer, ambos majísimos. Pagamos una pequeña cantidad por entrar y la primera vista que se tiene de ella es desde arriba, así que descendimos para verla más de cerca. La verdad que me gustó mucho el entorno, lo único malo era que al ir en principio de temporada seca y tras unos 15 días sin llover según nos decían, había poco cauce.

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Me dí un chapuzón y me coloqué incluso debajo de la cascada y fue un momento grandioso, me encantó el baño. Apenas había unas 5 ó 6 personas así que estuvimos muy tranquilos.

Nos sigue sorprendiendo el buen carácter de los filipinos, enseguida que les dices ¿cómo estás? que sé que equivale a la frase en tagalo ‘Kumusta?’ esbozan una sonrisa y se muestren de los más afables.

Después de un rato ya regresamos al coche para volver al hotel, no sin antes parar en la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción, conocida también como Iglesia de Baclayon. Construida en el año 1596 se la considera el mayor ejemplo del pasado colonial español en la isla. Sufrió graves daños en un terremoto en 2013 pero fue restaurada y abierta de nuevo en 2017. Una lástima que llegáramos cuando ya estaba cerrada.

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Muy cerca hicimos otra parada para ver una estatua emblemática, la conocida como Blood Compact Shrine, que simboliza la firma entre el explorador español Miguel López de Legazpi y Datu Sikatuna, jefe de Bohol, para sellar su amistad en 1565.

Lo pasamos muy bien con el gran Leonil, que chaval más majo.

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Esta es la ruta que habíamos hecho esa tarde.

Camugao falls

Nos dejaron en el hotel donde preguntamos por los masajes y contratamos uno para las 23h, por sólo 500 pesos (9€!!!!). Fuimos a cenar a Alona donde de nuevo cenamos en el Oasis Resort, otra vez estupendamente.

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Y tras tomar algo regresamos para el señor masaje, y buff, fue estupendo, cómo lo disfrutamos, y no perdimos la opotunidad de reservar otro para el día siguiente.

Día 5. Bohol

Este día habíamos reservado un tour por la isla, lo hicimos con un conductor que nos buscó el de la agencia con la que fuimos a Balicasag casi como favor porque no se dedicaba a ello, pagamos 3,500 pesos (60€) por el tour para nosotros solos, desde las 7h hasta las 19h y haríamos unos 250 kms, de ahí que el precio fuera un poco más alto de lo normal. Queríamos aprovechar tanto el día y llegar incluso hasta la zona de Anda, la menos turística, que le pedimos madrugar mucho, así que a las 7 nos vino a buscar y comenzamos la ruta. Como era tan pronto y no había nada abierto, el conductor, que se llamaba Terrence, nos recomendó empezar visitando lo más lejano que le habíamos pedido, la cascada Can-Umantad, cerca de la localidad de Candijay, que había leído y visto fotos que me habían gustado mucho.

Os adelanto la ruta que haríamos este día.