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COMILLAS & SANTILLANA DEL MAR (CANTABRIA)

Si hay dos poblaciones que destacan del OCCIDENTE de la preciosa provincia de CANTABRIA y que considero imprescindible visitar, esas son COMILLAS y SANTILLANA DEL MAR, dos villas que si no las conocéis espero que esta entrada os anime a hacerlo. Sin duda son de mis favoritas del poniente cántabro junto con otros puntos destacables como Fuente Dé y Potes, pero de estos habrá otro capítulo.

A estos dos municipios que van a centrar esta entrada, y a pesar de que no me gustó tanto, voy a añadir otro que por cercanía a aquellos y porque además su visita no os supondrá mucho tiempo, también es interesante conocer, la villa marinera de San Vicente de la Barquera.

Empezamos por mi favorita, Comillas, una villa más bien pequeña, ya que tan sólo mantiene censados unos 2,195 habitantes (2017) pero en verano, que es cuando le hago mi última visita y que aquí os presento, su población se multiplica ya que es un destino vacacional cántabro muy famoso y hasta “real”, luego os diré por qué.

Alberga quizás el mayor patrimonio arquitectónico de la provincia, pero a menudo queda eclipsada por la cercana Santillana del Mar, que es la localidad más turística de Cantabria, también por la cercanía a ésta a las famosísimas Cuevas de Altamira.

En Comillas si hay un lugar que destaca por encima de todos y que va a tener un lugar destacado en este espacio es el magnífico edificio Villa Quijano, popularmente conocido como el Capricho, primera obra del genial arquitecto Antonio Gaudí fuera de Cataluña.

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A finales del siglo XIX, la historia de esta población da un giro importante debido a un ilustre personaje, Don Antonio López, absoluto protagonista del pasado contemporáneo de Comillas, que tras emigrar a América, y cuyo éxito en los negocios (llegó a poseer más de 200 compañías) le permitirán convertirse en uno de los hombres más influyentes de finales de ese siglo. A la vuelta de América se estableció en Barcelona pero empezó a acudir de forma periódica a Comillas, invitando en el año 1881 al mismísimo Alfonso XII a pasar sus vacaciones en esta villa. El rey aceptará, complacido por el apoyo que durante años había recibido de Antonio y este agradecimiento fue acompañado con el nombramiento de Don Antonio como Primer Marqués de Comillas y como Grande de España, no está mal, ¿no?

La visita real y el papel de Antonio López supuso una gran transformación para la Villa de Comillas, ya que para la ocasión se trasladaron a Comillas arquitectos y artistas catalanes, que pusieron el germen del modernismo catalán en la villa a través de la construcción de edificios monumentales como el Palacio de Sobrellano, la Capilla-Panteón o la Universidad Pontificia.

Dejamos el coche en una calle cercana a un supermercado junto al paseo de Estrada y fuimos en busca de nuestro primer edificio que queríamos visitar, el fantástico Palacio de Sobrellano.

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Este precioso palacio neogótico diseñado por el arquitecto barcelonés Joan Martorell y encargado construir por el Marqués de Comillas, fue ideado como residencia de verano de este y de nada menos que la Familia Real de Alfonso XII. Fue inaugurado años después de la muerte del Marqués, en 1888 y en él trabajó como ayudante Gaudí proyectando el mobiliario de la capilla de palacio.

El edificio es de planta rectangular y totalmente simétrico, espectacular por fuera.

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Si su exterior es precioso, su interior no lo es menos, presenta una mezcla de estilos en el que destaca su hall distribuidor, su espectacular escalera de mármol y el gran salón, que forman un conjunto impresionante con su preciosa fachada. No pongo fotos para que lo veáis con vuestros propios ojos. Nos encantó.

Después de pasar un buen rato visitando este palacio que sin duda es imprescindible, fuimos en busca del lugar que más ganas teníamos de conocer de Comillas, el famoso Capricho de Gaudí.

Pagamos la entrada de adulto de 5€ y ya tuvimos la primera vista del genial edificio, concretamente de la fachada este. La entrada al edificio se encuentra justo en el otro lado.

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Os recomiendo encarecidamente que conozcáis este insigne edificio mediante una visita guiada. Como todas las residencias proyectadas por Gaudí, esta también está llena de secretos que os irán desvelando en la visita guiada y que a nosotros, y hasta a nuestra niña, nos parecieron muy interesantes y divertidas, sobre todo si tenéis una guía tan competente y amena como la que tuvimos nosotros. Además como el interior del edificio esta prácticamente vacío, si no lo hacéis creo que la visita perderá mucho interés.

No os voy a contar todas las explicaciones de la visita, sólo algunas que pude anotar y otras en cambio os dejaré que conozcáis cuando vayáis, espero que así tengáis más ganas de ir y conocerlo 🙂

Decir que la obra se comenzó en 1883, en el mismo año que la Sagrada Familia y fue un encargo de Máximo Díaz Quijano, un ilustrado y rico indiano, abogado de profesión y concuñado del ya nombrado Antonio López, primer Marqués de Comillas. Además era músico amateur, detalle que como veréis será importante para la construcción de la vivienda.

Nos dirigimos a la fachada donde se encuentra la entrada principal, orientada hacia el oeste y ahí empezamos por una extensa explicación del exterior donde nuestra guía nos habló del modernismo, de la fusión y mezcla de estilos que presenta el edificio, tejados ingleses, torre mudéjar, elementos góticos, etc. Nos habló de los girasoles presentes por toda la fachada, que simula como Gaudí adaptó la casa a las condiciones climáticas, en función del recorrido del sol. También de las cuatro columnas que forman el pórtico de la entrada, simulando los puntos cardinales y otras curiosidades que seguro os intereserán, muchas de nuevo haciendo guiños al tema de la música.

La fachada exterior de la casa es muy colorida y original lo que hace que llame mucho la atención, exhibiendo la riqueza de su propietario, siempre pensando en él, eso sí que es una adaptación abnegada a los deseos de un cliente 😉

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La primera sala en la que nos detuvimos fue la que tenía que ser el dormitorio principal, incluso más grande que el salón y orientado hacia el este, es decir, por donde el sol debía de salir y de esta forma don Máximo pudiera verlo nada más levantarse. Junto a esta estancia entramos en el aseo, muy bonito, y con el espacio de la bañera por supuesto junto a la ventana.

Baño

En este cuarto están las que se consideran, según nuestro guía, las primeras vidrieras diseñadas por Gaudí, y que no se terminan por las prisas que tenía el dueño por vivir dentro.

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La residencia tiene unos 180 metros cuadrados, e incluso hay una sala con plantas traídas de Cuba donde el propietario pasó 10 años, ya que el dueño era un aficionado a las plantas exóticas. Esta sala hacía de invernadero, que entre otras funciones, regulaba la temperatura de la casa en los fríos inviernos cántabros, ¿una vivienda sostenible…? preguntar por qué la casa tenía forma de U…

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Pasamos al salón principal a la que nuestra “cicerone” llamó la de la música, que dispone de una bóveda ideal para la acústica. Aquí espero os cuente una de las curiosidades de la casa y que demuestra la genialidad del arquitecto de Reus, no os la voy a contar, sólo que está relacionada con el amplio ventanal, su sistema de poleas y la música otra vez… hasta le encantó la historia a nuestra hija de 5 años.

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Os daréis cuenta que la casa tan solo tiene un dormitorio principal, el resto de estancias estaban más dedicadas a compartirlas con más gente. Pasamos a una de ellas, orientada hacia poniente, es decir donde disfrutar de las tardes de nuevo acompañado del “astro rey”.

Una vez que terminaron las explicaciones subimos por una escalera de caracol a la planta de arriba, el desván, dividido en dos por el salón principal, con unas preciosas vigas de madera en el techo y que en el momento de nuestra visita mostraba algunos elementos de decoración provenientes de otros edificios, siempre trangresores para su época y que desde luego no deja indiferente.

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De ahí pasamos a una terraza donde es posible ver más de cerca su característica y preciosa torre-minarete, de inspiración mudéjar y que recuerda a los minaretes musulmanes.

Para terminar decir que el dueño vino a morir prácticamente a la casa, de ahí sus prisas, porque cogió una enfermedad, y murió, según nuestra guía ¡¡¡a los 7 días de haberse terminado!!!, ¿se puede tener más mala suerte?.

Después de morir el señor Díaz Quijano, el palacio fue pasando de manos. Tras la guerra civil el Capricho quedó abandonado y aunque en 1969 fue declarado Bien de Interés Cultural, no fue recuperado hasta 1977, año en el que dejó de ser propiedad de la familia del Marqués de Comillas y pasó a manos de un empresario cántabro cuyos hijos lo convirtieron en 1988 en un restaurante de lujo, adquirido incluso en 1992 por una compañía japonesa, pero que finalmente tuvo que cerrar con la crisis. En 2010 afortunadamente abrió como casa museo para que todos lo podamos disfrutar y espero que sea por muchos años.

Y aquí termina la visita a este noble edificio, que por encima de su belleza encierra tantas y tantas historias, curiosidades y detalles que en mi opinión lo hacen apasionante. Su construcción supuso toda una revolución al adelantarse a todas las vanguardias europeas del modernismo. Este palacio es uno de los tres únicos edificios que el arquitecto construyó fuera de Cataluña, con la Casa Botines en León y el Palacio Episcopal de Astorga, qué personaje tan genial, no me extraña que sea venerado en nuestros días.

Aquí tenéis una última perspectiva de la casa que me encantó.

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Adyacente al Palacio se encuentra la Capilla-Panteón de los Marqueses de Comillas, construida también por el catalán Martorell y con mobiliario de Antoni Gaudí, una de las primeras incursiones del arquitecto en la decoración de interiores. Para su construcción, Martorell siguió modelos del gótico inglés y centroeuropeo, dando lugar a una catedral en miniatura.

Es una iglesia de estilo neogótico, que el marqués de Comillas mandó construir en honor a su hijo mayor fallecido (murió muy joven de tuberculosis). El propio rey de España, Alfonso XII, fue a inaugurar en persona esta iglesia en el año 1881.

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Después de las visitas a los tres edificios más representativos decidimos perdernos por las calles del centro de la villa.

Los artistas catalanes que acudieron a Comillas desde finales del XIX, también han dejado su sello en el casco histórico de la villa. En una de las plazas principales, encontrarás La Fuente de los 3 Caños, obra de Doménech i Montaner. Desde este punto es muy recomendable pasear por su empedrado casco histórico, el cual ha sido designado Conjunto Histórico Artístico.

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Después de visitar la oficina de turismo podéis tomar la calle los Arzobispos para llegar a la Plazuela de los Cantos, centro neurálgico de la villa llena de agradables terrazas donde tomar algo o llenar el estómago con la fantástica gastronomía local.

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La imponente torre de 30 metros de la Iglesia de San Cristóbal domina toda esta zona, este es el principal templo religioso de Comillas que data del siglo XVII.

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Podemos seguir por la Plaza de la Constitución, el centro neurálgico de la localidad y donde encontramos algunos de los principales monumentos de Comillas. Entre ellos está el Ayuntamiento Antiguo, situado justo al lado de la Iglesia de San Cristóbal.

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Como ya era casi la hora de comer nos dirigimos al restaurante en el que habíamos reservado viendo sus buenas críticas. En el restaurante Gurea, comimos un menú del día por 15€ bastante bueno, por supuesto y a pesar de que era verano, me pedí el célebre cocido montañés, como dejar pasar esta oportunidad de un amante de la cuchara como yo…

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Dado que el restaurante está en la parte alta de la villa nos acercamos a un mirador desde la que se tiene una preciosa perspectiva de la zona del puerto y la playa, que siendo verano y con el día que hacía, estaba repleta de gente. Disfrutar pensaba yo que días como estos no hay muchos por esta zona…

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En Comillas también hay muchas “Casas de Indianos”, que son palacetes típicos del norte de nuestro país que construyeron los españoles que emigraron a América después de hacer una pequeña o gran fortuna, a mí me personalmente me cautivan estas construcciones.

El resto de los edificios notables y casas solariegas del municipio corresponden a finales del siglo XIX y principios del XX, época en la que Comillas gozó de su máximo esplendor económico y social. Muchos de estos edificios son dignos de admirar como este que alberga la famosa tienda Molucas.

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Me fijé en este edificio de madera, mucho más reciente, que también me encantó.

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Otro edificio ilustre se encuentra en el llamado alto de la Cardosa, y es la Universidad Pontificia, de estilo neogótico con influencia mudéjar. El II marqués de Comillas (uno de los hijos de Antonio López) crea esta Universidad, aunque el edificio fue levantado por los Jesuitas. En la actualidad, La Fundación Comillas es una organización privada sin ánimo de lucro, creada en 2005. Su objetivo principal es la puesta en marcha, desarrollo y gestión de un centro de excelencia dedicado a la promoción y enseñanza especializada de la lengua y la cultura hispánicas. Lo vimos a lo lejos ya que no teníamos tiempo para visitarlo antes de que cerrara, pero lo tenemos apuntado para la próxima.

Pontificia de Comillas

En el municipio también podéis visitar otros lugares como el cementerio gótico, situado en una colina muy próximo a la costa, lleno de esculturas como el famoso Ángel de Llimona u otros lugares como la Casa Ocejo o el Parque Güell y Martos, lo que demuestra que esta noble villa está llena de sitios interesantes que descubrir y que sin duda merece una visita a fondo y sin prisas.

Tras la estancia en Comillas que perfectamente os puede llevar un día completo, apenas a 20 kms por la carretera bordeando la costa llegamos a otra famosa población, Santillana del Mar, que esta sí se puede visitar perfectamente en media jornada. Popularmente se le conoce con el sobrenombre de villa de las tres mentiras, ya sabréis por qué.

Muy cerca de ella se encuentra la cueva de Altamira, calificada como la “capilla sixtina” del arte rupestre ya que contiene probablemente las pinturas prehistóricas más famosas del mundo. Esto hace que se llene de visitantes y por cercanía muchos de ellos se acerquen a Santillana.

Dejamos el coche en un aparcamiento por el que pagamos una pequeña cantidad y nos acercamos primeramente al centro de visitantes para interesarnos por lo que debíamos ver en dicha población. Nos dieron un mapa y nos mostraron la ruta más interesante, sorprendiéndome de que el camino marcado por la amable chica que nos atendió no parecía que nos iba a llevar excesivo tiempo porque era bastante corto.

Santillana del Mar es un municipio de 4.154 habitantes censados (2017) dedicados en su mayoría a la actividad agropecuaria y, sobre todo, como no, al turismo. Gozó de gran esplendor en el siglo XV, cuando don Íñigo López de Mendoza fue nombrado marqués de Santillana. Posteriormente volvió a gozar de brillantez a finales del siglo XVII y, sobre todo, durante el siglo XVIII con la vuelta de los indianos, aquellos emigrantes que como ya he comentado fueron a América y trajeron una gran fortuna con el que se construyeron magníficos palacios.

Su casco histórico se organiza en torno a dos calles principales que van a parar a dos plazas. La primera de las calles toma diversos nombres (CarreraCantón, y del Río) y va a dar a la plaza que da acceso a la colegiata de Santa Juliana, su principal monumento. Si acercáis el mapa veréis marcado a bolígrafo la ruta que nos marcaron en la oficina de Turismo.

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Con estas indicaciones iniciamos el paseo por sus calles empedradas y su trazado medieval.

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A lo largo de su calle principal pudimos apreciar multitud de regias casonas producto de los momentos de mayor esplendor de la villa, son muchas para enumerar aquí. Justo enfrente del magnífico hotel de 5 estrellas la Casa del Marqués decidimos hacer un break para tomar un café en la Terraza Restaurante Casa Miguel, el sitio espectacular, con una terraza en un sitio privilegiado, rodeado de árboles y con buen tiempo de lo más tranquilo y alejado del bullicio de las calles, aunque quizás el servicio no es el más profesional, otro efecto colateral del turismo masivo, pero el sitio es fantástico.

Desembocamos en la parte de la calle principal conocida como “del Rio”, que desciende hacia un curioso abrevadero, a cuya derecha encontraremos otras viviendas señoriales, las Casas de los Cossio y los Quevedo, de finales del XVII.

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En esta plaza entramos en el Museo del Barquillero, que lógicamente a nuestra niña le gustó mucho y pasamos un buen rato viendo los juguetes antiguos.

Al lado de este se encuentra sin duda el edificio más representativo del municipio, la Colegiata de Santa Juliana, que data del siglo XII, la joya más importante del románico en Cantabria. Y dada su importancia decidimos pagar la entrada para visitarla por dentro.

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Nos acercamos a su entrada por La Plaza de las Arenas, donde destaca el Palacio de los Velarde, de estilo renacentista y construido durante el siglo XVI para Alonso Velarde, un joven de una familia importante del municipio. Entramos en la colegiata por su puerta occidental, que nos lleva directamente al claustro, que es el elemento más destacable del conjunto. Adosado a la fachada norte de la iglesia, se trata de uno de los claustros románicos más bellos de España, donde sobresalen sus capiteles románicos esculpidos en la piedra, a nosotros sin duda fue lo que más nos gustó.

A continuación entramos en la iglesia, que consta de tres amplias naves en cuyo interior se observan sepulcros medievales y relieves románicos de los siglos XI y XII. El retablo mayor según leímos es una excelente obra de estilo hispano-flamenco de finales del XV.

Salimos del templo y recorrimos de nuevo la calle Río para enseguida girar a la derecha y tomar la calle Racial en busca de la Plaza Mayor, sin duda otro de las principales atracciones de la villa. En ella se encuentra el edificio del Ayuntamiento, construido en el siglo XVIII y que está construido sobre un triple soportal con un bonito balcón en el primer piso, que lleno de flores, lo hace lucir mucho más. También en la plaza se encuentran otros edificios ilustres como las Casas del Aguila y de la Parra, caseríos de la antigua nobleza, las Torres del Merino y Don Borja y el Palacio Barreda – Bracho que alberga el Parador Nacional Gil Blas. Este es otro de los lugares más visitados de Santillana y casi seguro lo encontraréis lleno de turistas.

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Dejamos la plaza para continuar por la calle de Juan Infante, otra de las principales y que teníamos marcada en nuestra ruta.

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Caminamos por las callejuelas adoquinadas y los edificios de piedra, datados entre los siglos XIV y XVIII donde nos topamos con uno de los museos más interesantes y visitados de Santillana ya que siempre generan algo de curiosidad la temática, es el Museo de la Tortura, que contienen buen número de instrumentos de tortura utilizados por la Inquisición para combatir la herejía. Decidimos no entrar por ir con la niña con lo que al final, la Colegiata fue el único sitio que visitamos por dentro.

Y aquí terminó nuestro paseo por Santillana, que no nos llevó más de 3 horas, con lo que como os decía se ve bastante rápido. La impresión que tuve de ella, y es muy personal es que me dió la impresión de que ha perdido un poco la “esencia” de su belleza por la cantidad de visitantes que tiene, por la acumulación en sus pocas calles principales y por la proliferación exagerada de tiendas típicas y restaurantes, pero es verdad que bien merece una visita por su valor arquitectónico.

Decir que a la salida os encontraréis con un jardín botánico y un sorprendente zoológico!!, sí, como lo oís, aunque no sé como puede subsistir teniendo a apenas a 30 kms el supervisitado Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Como teníamos todavía algo de tiempo esa tarde, dudamos en ir a un sitio que seguro le habría gustado mucho a nuestra niña y que recomiendo porque me han hablado muy bien de él, el laberinto de Villapresente, el más grande de nuestro país, pero finalmente decidimos hacer una breve visita a la villa costera de San Vicente de la Barquera.

Fuimos a por el coche y en una media hora estábamos ya en la villa marinera. San Vicente de la Barquera es un municipio de 4.154 habitantes censados (2017) y cuya ubicación geográfica ha favorecido sin duda su desarrollo como uno de los destinos turísticos preferidos en la región. Está enclavado dentro de la ría de San Vicente y se encuentra rodeado de bonitas playas, como las de la Maza y el Tostadero, en plena ría, y las de Oyambre y Merón, más hacia el este y de mayor extensión. Además forma parte de la denominada Ruta Lebaniega, que enlaza el Camino de Santiago de la costa con el Camino Francés.

Dejamos el coche en una calle junto a la Avenida Miramar que circula paralela al mar y fuimos en busca de su atracción principal, el Castillo del Rey, que se divisa desde cualquier lugar de la villa. Para alcanzarlo subimos la calle Padre Antonio donde ya íbamos viendo unas bonitas vistas de la localidad.

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Caminamos por la zona conocida como la Puebla Vieja, también llamada Puebla Alta, un conjunto monumental plagado de interesantes edificios. El monumento principal es sin duda el Castillo del Rey, construido en el año 1210 tras la concesión de fuero a la villa por Alfonso VIII. Su estructura alargada se adapta al espolón rocoso que domina la bahía de San Vicente. En el lado oriental tiene adosada una torre cuadrada y en la fachada occidental la Torre del Homenaje.

La fortaleza tiene en total una longitud de 54 metros y del castillo arrancaba la muralla que se extendía a lo largo de las diferentes laderas del peñasco sobre el que se asentaba la antigua villa. De esa muralla se conserva la mayor parte de la fachada norte, así como algunas de sus puertas como la del Preboste, junto al actual Ayuntamiento, y la situada detrás de la Iglesia de Santa Maria de los Ángeles, monumentos todos ellos que vimos por fuera y que si tenéis tiempo y os interesa podéis visitar su interior. También son de interés las ruinas del Convento de San Luis.

Donde sí entramos fue en el Castillo que tras acceder a su torre más oriental pudimos ver una proyección audiovisual hablando de su historia y que aguantamos hasta que se le acabó la pacienca a nuestra niña. El interior de la fortaleza después de una rehabilitación se ha acondicionado para acoger diferentes eventos culturales: exposiciones, conferencias, conciertos, esto lo hace ser un importante foro cultural de la región. Hoy cuenta con una exposición permanente sobre la historia de San Vicente con documentos y piezas históricas de la villa y con una fotográfica de lugares del pueblo.

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Pero para mí lo mejor del castillo son sin duda las fantásticas vistas que hay desde cualquier rincón del edificio…

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Sólo por la panorámica que hay de diferentes partes de la localidad desde este punto merece la pena la visita. Aquí tenéis una perspectiva de uno de los ríos que desemboca en la ría de San Vicente, el río Gandarilla.

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También hay una preciosa perspectiva del Puente del Parral, construído en el siglo XVIII y que cruza hacia el otro lado del pueblo. Para mí es quizás la foto más bonita de todas porque simboliza bien a las claras el estatus de villa marinera que ostenta San Vicente de la Barquera.

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En esta otra panorámica se puede apreciar otro de los puntos más célebres de la villa, el Puente de la Maza, que con sus 32 ojos cuando fue construido entre los siglos XV y XVI, era considerado uno de los más largos de España. El mirador es precioso, con la ría en primer término, la localidad rodeada del Parque Nacional de Oyambre y los Picos de Europa al fondo.

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Después de disfrutar de las vistas, descendimos de nuevo por la calle Padre Antonio para cruzar el Puente del Parral y dar un agradable paseo por el otro lado de la villa, a lo largo de la zona donde se encuentra la cofradía de pescadores.

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Llegamos hasta el Santuario de la Barquera para después ya volver en dirección a nuestro coche. Una pena no disfrutar de la gastronomía de la localidad, muy apreciada y siempre relacionada con el mar, tendrá que ser para otra ocasión.

Y aquí termina el periplo de dos jornadas por estas tres villas del oeste cántabro. Os recomiendo de nuevo que las visitéis porque seguro no os defraudarán, sobre todo como ya he dicho la primera de ellas, Comillas, y que a mí personalmente fue la que más me gustó pero las tres desde luego que tienen algo y bien merecen una visita que podéis hacer perfectamente en un fin de semana, si podéis añadir un día más, mucho mejor.

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SAN FRANCISCO

Día 13. San Francisco (Cable Car, Fisherman’s Wharf)

Durante el vuelo que venía de Las Vegas nos dijeron que por problemas meteorológicos aterrizaríamos en el aeropuerto de Oakland en lugar de en el de San Francisco y que nos llevarían en autobús hasta éste, pero menos mal que no teníamos las maletas en la consigna y lo que hicimos fue que no cogimos ese bus y pedimos otro coche con la aplicación Uber desde Oakland.

Por el camino del aeropuerto a San Francisco pasamos junto al Oracle Arena, ¿sede de qué equipo? sí, de los Golden State Warriors de Durant y Curry, el equipo top de la NBA de los últimos años. Tuve la mala suerte de que justo los partidos que jugaban en casa de final de Conferencia contra Houston Rockets lo hacían los días 22, osea el día del concierto de Celine Dion, y el 26 que ya nos íbamos de vuelta a España, qué pena porque me habría encantado ver esa serie, que fue la mejor de todo el año. Así que me quedé con las ganas de ver en directo el tercer partido de la NBA de mi vida, otra vez será.

Tardamos una media hora en llegar hasta el centro de la ciudad, que es donde le pedimos al conductor que nos dejara, justo en el inicio del famoso tranvía (entre Market y Powell Street). Nos costó el trayecto 43$ así que no quiero imaginar lo que nos habría costado un taxi.

Vamos con unos datos rápidos de población y economía de la ciudad de SAN FRANCISCO. Si nos referimos al llamado condado de SF se estima en unos 877,000 (2017), que haría el núcleo urbano número 14 de todo Estados Unidos. Si hablamos de datos económicos, aquí sí que destaca, ya que en este condado la media del salario es de nada menos 84,000$ (2017), entre los tres más altos de Estados Unidos y del mundo pero no os creáis que es mucho porque los que quieran comprar una vivienda en esta ciudad tendrán que pagar una media de 1,37 millones de dólares!!!!, y un alquiler que a veces les supone hasta el 50% de su sueldo, tremendo, ¿no?.

Al perder un día de visita teníamos que priorizar, y descarté visitar el downtown y la zona financiera toda vez que ya conozco ciudades como Chicago o New York. Queríamos comenzar haciendo uno de los trayectos más turísticos de la ciudad, en su famoso tranvía o Cable Car, así que nos pusimos en la cola que había para probarlo, 7$ cuesta un viaje y 22$ un bono para todo el día.

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Decir que el tranvía se mueve 100% de manera manual y es muy original su forma de dar la vuelta, tecnología punta 🙂

La historia de los tranvías en San Francisco se remonta a 1873 cuando se pusieron en marcha nada menos que 23 líneas. Tiempo después, en 1947, hubo una iniciativa municipal de cerrarlo, que fue frenada gracias a la fuerte oposición popular. En 1964, este tranvía fue nombrado Monumento Nacional, y actualmente hay tres líneas en circulación, me alegro que se hayan mantenido, ya podía haber pasado en alguna ciudad española.

Rutas Cable Car

Nosotros cogimos la línea Powell/Hyde, que se la que recomiendo porque es la más larga y la que pasa por los sitios más interesantes, además termina en la plaza Ghirardelli muy cerca de Fisherman Wharf. Después de una media hora de espera subimos y nos pudimos sentar, pero en la primera parada se nos subió una chica que estuvo delante de nosotros todo el resto del viaje, con lo que no sé si la media hora que esperamos fue absurda y es mejor cogerla en alguna parada más adelante del comienzo aunque se tenga que ir de pie.

El trayecto fue 100% turístico y con bastantes malas maneras de los conductores seguramente hartos de los turistas, aunque tenían que recordar que somos los que mantenemos sus trabajos. Aun así, me parece recomendable porque es una experiencia poder circular en vehículos que son historia viva de la ciudad y ocupan un lugar importante en ella.

El tranvía nos dejó cerca del Fisherman Wharf, la zona vieja del puerto de la ciudad, donde ya vimos algo del que habíamos oído hablar largo y tendido, y es que un capítulo aparte merecen el tema de los mendigos, o homeless. A pesar de que San Francisco es una de las ciudades más caras de Estados Unidos, no en vano, 4 de los condados de la llamada San Francisco Bay Area se encuentran dentro de los 10 más caros del país, el número de sin hogar es impresionante y lo peor es que su número no ha dejado de crecer en los últimos años a pesar de los esfuerzos de las autoridades por reducirlo. Según cifras oficiales había unos 7,500 en 2017, 3,000 viviendo permanentemente en las calles, cifras escalofriantes. Las principales causas de esta situación por importancia son las pérdidas del empleo, adicciones a alcohol o drogas, desahucios, abandono del hogar y divorcios. Todo esto hace que la mala imagen de la ciudad sea tremenda a mi modo de ver, y no es que sean especialmente peligrosos, nosotros no tuvimos ningún problema con ellos pero contribuyen por ejemplo a que la ciudad esté sucia, muy muy sucia. Es una lástima estas desigualdades y espero que se pueda ir revirtiendo esta situación.

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En esta zona del puerto hacía un viento bastante frío (lo del microclima de esta ciudad es célebre, hay una frase famosa que dice el invierno que más frío pasé fue aquel verano en San Francisco) así que nos compramos un gorro de lana cada uno, aquí las sudaderas de SF se venden “como churros” y no me extraña. Lo primero que vimos fueron los puestos de pescado, como los de cualquier puerto sin nada destacable. En 1853 se construyó en esta zona el primer puerto de San Francisco, rápidamente se convirtió en un importante centro marítimo de distribución de pescado fresco hasta que, en 1950 con la llegada de la tecnología moderna, la zona de la bahía entró en decadencia

Continuando el puerto hacia el este, en el muelle 45 vimos los dos barcos de guerra que se encuentran atracados ahí permantentemente y que es posible visitar. Uno es el Jeremiah O’Brian, un barco mercante que fue uno de los protagonistas de un hecho icónico en la historia como fue el Desembarco de Normandía y el otro un submarino, de nombre Pampanito que participó también en la II Guerra Mundial. La visita a ambos costaba 20$ y dado que yo ya había visto un submarino por dentro en Chicago decidimos no visitarlos. De todas maneras verlos por fuera, a mí que me encanta la historia de la II GM me gustó mucho.

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Justo al lado está el Musée Mécanique, un sorprendente y diría hasta friki museo donde se muestra una de las mayores colecciones privadas de máquinas recreativas de principios del siglo XX e ingeniosos artefactos mecánicos. La visita es gratuita y metimos alguna moneda para ver su funcionamiento porque increíblemente todos funcionan.

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Continuamos y llegamos por fin al muelle 39, el famoso pier 39, zona en la que hay tiendas, restaurantes, una galería de vídeo, actuaciones callejeras, un centro interpretativo para el Centro de Mamíferos Marinos y el Acuario de la Bahía entre otras atracciones.

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Esta zona sí que me gustó, buen ambiente, muy animado y además todo de madera lo que le da un ambiente muy auténtico. Se estima que lo visitan nada menos que 16 millones de personas cada año, la gran mayoría turistas.

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Una de las atracciones que atrae a más gente es la colonia de leones marinos que hicieron del muelle su casa desde 1990. Es divertido pasar un rato observándolos porque casi todos descansan plácidamente pero siempre hay algún revoltoso que se pelea o trata de arruinarle la siesta a otros, de forma que el concierto de gruñidos y alaridos es tremendo.

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Desde el muelle ya es posible ver, aunque a lo lejos, uno de los puntos para mí más interesantes de nuestra visita a la ciudad, la isla de Alcatraz, un par de días más adelante la veríamos mucho más de cerca, nos apetecía muchísimo.

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Y más al oeste podíamos ver el famosísimo Golden Gate, que por cierto, me lo imaginaba mucho más cerca de la ciudad, mucho más formando parte del paisaje de la misma, al estilo por ejemplo del de Brooklyn en NY o el de Lisboa y esto me supuso una pequeña decepción, no me preguntéis por qué. Incluso está más cerca de la ciudad el llamado Bay Bridge al otro lado y que une SF y Oakland.

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Una vez recorrido el muelle decidimos ya ir a nuestro hotel, eran sobre las 18h. Tenía descargado un mapa de los autobuses urbanos de la ciudad y ví que había uno que se cogía cerca del puerto y nos dejaba a 3 manzanas del hotel, el nº 47. Es una buena idea tener una imagen en vuestro móvil por ejemplo de este plano porque os permitirá moveros por la ciudad en transporte público. El billete sencillo es caro, pagamos 2,5$ aunque es posible cambiar de autobús durante 90 minutos sin tener que comprar otro.

Aquí os muestro un plano sencillo de la ciudad con la situación de nuestro hotel y los puntos más interesantes, así os haréis una idea de donde está emplazado cada uno.

Lo más interesante de San Francisco

Ni que decir tiene que los hoteles en San Francisco son caros no, carísimos, busqué y busqué, también en airbnb aunque sigo prefiriendo los hoteles sobre todo para viajar con Magaly y finalmente me quedé con el Queen Anne Hotel, que tenía buenas críticas. Este landmark boutique hotel es un edificio del siglo XIX ciertamente bonito y en un buen barrio, el llamado barrio japonés (esto es importante, cuidado con algunas zonas céntricas como por ejemplo Tenderloin). Pagaríamos 600$ por las tres noches que estuvimos, desayuno incluído, y aunque parezca caro, de verdad que no lo es viendo los precios medios del alojamiento. El hotel la verdad que era una joya, con un mobiliario victoriano bien cuidado, con un hall de entrada, unas zonas comunes y un aire clásico que te retrotraía a épocas pasadas.

Nuestra habitación estaba en el primer piso y estaba bien, la cama más pequeña de todo el viaje pero aceptable, estábamos en un hotel de época, ¿no?.

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Decidimos descansar un poco y esperar a casi las 20h. porque a esa hora habíamos quedado con mi compañero de trabajo y amigo Gonzalo para cenar.

Nos acercamos a su apartamento caminando ya que daba la casualidad de que estaba a apenas 5 minutos, en la misma calle Sutter Street y pasamos una cena estupenda cenando en un italiano y charlando de todo un poco, !gracias por todo Gonzalo!.

Tras la cena recogimos las maletas que habíamos dejado en su casa el día anterior y nos fuimos caminando al hotel.

Día 14. San Francisco (Alamo Square, barrios de Castro y Haight-Ashbury, Alcatraz )

Nos levantamos sin prisa sobre las 8 de la mañana y bajamos a desayunar. No estaba mal aunque echamos de menos algo más de caliente y más fruta, ¿zumos naturales? de nuevo ni rastro. Salimos a la calle y nuestro primer destino al no estar muy lejos, decidimos ir caminando. Cruzamos el Japantown, dentro del barrio de Western Addition en el que también se encontraba el hotel. Era curioso ver casi todo escrito en japonés a nuestro alrededor, y es que San Francisco es quizás la ciudad más cosmopolita de los Estados Unidos, y desde luego la “menos americana”.

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Sin salir del barrio pasamos a la zona de Álamo Square, toda ella salpicada de preciosas viviendas victorianas. Este área la verdad que me encantó, sin duda para mí un IMPRESCINDIBLE de la ciudad.

Entre 1849 y 1915 fueron construidas en San Francisco casi 50,000 casas de estilos victoriano y eduardiano. Muchas de ellas fueron pintadas con colores brillantes, que le dan un encanto todavía mayor. Desafortunadamente la mayoría de ellas se perdieron tras el terremoto de 1906, aunque aún hoy en día todavía se conservan unas 15,000 casas. Junto al parque de Alamo Square se encuentran las que se han hecho más famosas, las Painted Ladies.

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Las Painted Ladies como tantas cosas en Estados Unidos se han hecho famosas por aparecer en la televisión, concretamente en la serie Padres Forzosos, que hicieron famosas a las gemelas Olsen. Aquí vivían sus protagonistas y su imagen aparecía en la introducción. Pero como suelo decir las casas son bonitas de por sí y merecen una visita y no porque apareciesen en esta famosa serie.

El parque que tiene al lado tiene una preciosa vista de la ciudad donde podréis ver el contraste de las casas en primer plano con los rascacielos del downtown al fondo. Con buen tiempo me pareció ideal para hacer un pinnic por ejmplo.

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Nos dirigimos al autobús no sin antes volver a fijarnos en una tónica general de la ciudad, y es la suciedad en las calles. Vemos a algunos vecinos barriendo la calle delante de su vivienda, ¿pero aquí no hay servicio de limpieza municipal?. Cogimos el bus 12 para acercarnos a nuestro siguiente destino, el barrio de Castro.

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Este barrio alberga a la mayor comunidad homosexual de San Francisco y quizás del mundo, al menos la más conocida y saltó a la fama como centro gay tras el controvertido “Verano del amor” en el distrito vecino de Haight-Ashbury, en 1967. El encuentro reunió a más de 10,000 jóvenes de todo el territorio estadounidense y a partir de entonces se empezó a luchar por los derechos de los homosexuales y minorías raciales, conviertiendo San Francisco en una ciudad muy progresista.

En la derecha de esta foto está la Twin Peaks Tavern (401 Castro St), que fue el primer bar gay con ventanas hacia la calle.

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El barrio denota su influencia por el mundo homosexual por las numerosas banderas arco iris que hay por todos lados. Es una pena que fuera por la mañana porque por la tarde-noche o en fin de semana seguro que habría habido mucho más ambiente y la visita habría sido más interesante, así que procurar visitarlo en esos momentos.

En Castro tiene un lugar privilegiado Harvey Milk, dueño de una tienda de cámaras que fue asesinado poco después de convertirse en el primer funcionario gay de EEUU y que se convirtió en símbolo de los derechos civiles y el orgullo cívico, y sí, famoso también por la película Mi nombre es Harvey Milk, protagonizada por Sean Penn en 2008.

Nos paramos en varios puntos interesantes como la tienda Human Rights Campaign (575 Castro St) que era la tienda de fotografía de Harvey Milk, la LGBT History Museum (415 18th St) que es el primer museo de la historia gay en USA y por supuesto el Teatro Castro (429 Castro St), de estilo art déco y construído en 1922, uno de los símbolos sin duda de Castro.

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Muy famoso también es el cruce de Castro St y 18th St donde los pasos de peatones están marcados con rayas arco iris, conocida como “las cuatro esquinas más gays del mundo”.

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Bajamos la calle 18 hacia el este y paramos a tomar un café en una cafetería llamada Le Marais Bakery con como siempre una excelente atención. A continuación seguimos caminando hasta llegar al parque Mission Dolores Park, puerta de entrada al Mission District, el barrio latino de San Francisco.

Este parque es un lugar ideal para pasar un rato descansando y disfrutando del paisaje que se ve de la ciudad.

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Esta es la ruta que habíamos hecho por el Barrio de Castro.

ruta por Castro

Después de estar un rato tomamos el bus 33 en la calle 18 para que nos llevara hasta nuestro siguiente destino, Haight Ashbury, el barrio hippie y alternativo. Por el camino pasamos cerca de Twin Peaks, un famoso lugar en alto en el que se tiene una bonita perspectiva de la ciudad pero que decidimos dejar para otra ocasión. Nos bajamos en la calle Haight St, cerca del cruce con Ashbury St, uno de esos cruces míticos y que da nombre al barrio.

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En este barrio nació a finales de los años 60 un movimiento bohemio, el de los idealistas hippies que practicaban una forma de vida en armonía con la naturaleza y fomentando los valores humanos, el haz el amor y no la guerra vamos…

Ya era sobre la una de la tarde y había movimiento en la calle, una de las principales atracciones es ver los personajes que por allí deambulan, bastantes mendigos entre ellos por cierto, es recomendable visitar este barrio de día que de noche.

Fuimos recorriendo la Haight St en dirección al Golden Gate Park. La calle está llena de tiendas de ropa, comercios de artesanía y locales para escuchar música. También hay muchos graffitis que me gustaron mucho junto a viviendas de colores muy chulas tipo victoriano también, personalmente me pareció más atractivo y singular este barrio que el de Castro.

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Como zonas a visitar y que tenía marcadas están por ejemplo las míticas piernas que salen de la fachada de la Piedmont Boutique cerca del cruce entre Haight St y Ashbury St. En el número 1524 de Haight St era una de las casas hippies donde tocaba y dormía Jimmy Hendrix.

Había muchas tiendas de ropa, muchas de ellas vintage, entramos en un par de ellos y vaya precios por cierto. También hay una bastante conocida, en el 1555 de Haight St, llamada Buffalo Exchange, de ropa de segunda mano. La verdad que en esta que estaba hasta arriba de ropa y calzado había cosas interesantes y hasta compramos algo.

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Continuamos bajando la calle y seguimos viendo tiendas de todo tipo: psicodélicas, alternativas, naturistas, de objetos relacionados con la marihuana, etc. y de nuevo muchos ejemplos de arte urbano, se respiraba la creatividad en el ambiente.

Al final de la calle llegamos al Golden Gate Park, un enorme parque al estilo del Central Park neoyorquino, incluso más grande que este. Vemos un puesto de alquiler de bicis y nos parece una buena opción recorrerlo en ese medio de transporte dadas sus dimensiones, pero buff, 14 dólares una hora de alquiler, nos parece un robo y preferimos coger algo de comida e irlo a comer al parque como hicimos en su día en New York, así que nos acercamos a un supermercado llamado Whole Foods Market, justo delante de la famosa tienda de discos Amoeba Music y compramos unas porciones de pizzas y bebidas y nos fuimos a la parte más cercana del parque.

Ahí estuvimos tranquilamente comiendo y descansando, junto a un parque infantil donde sin querer se nos iba la mente hacia nuestros pequeños.

El parque si se dispone de tiempo es casi para dedicarle un día dadas sus dimensiones y todo lo que tiene en su interior, por ejemplo museos como el California Academy of Sciences, pero quizás lo más conocido es su Jardín japonés y lo más curioso para los visitantes, es la parte en la que vive una manada de búfalos americanos. Aquí os dejo un mapa.

Golden Gate Park

Como esa tarde teníamos la visita a Alcatraz contratada a las 17:55h y ya eran sobre las 15h. decidimos ya tomar un autobús (esta vez el 43) para acercarnos ya lo más posible a la zona de los muelles. Nos bajamos en una zona llamada Presidio Real de San Francisco. Desde ahí cruzamos a Crissy Field, un gran espacio verde con una playa al lado donde tendríamos nuestra vista más cercana de esa maravilla que es el Golden Gate, guau!! qué pasada tenerlo ya tan cerca.

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Pero acercarnos más lo dejaríamos para el día siguiente así que comenzamos a caminar hacia el este hacia Fisherman’s Wharf. Toda esta zona está llena de gente en bicicleta, familias enteras de pinnic o disfrutando de un día al aire libre.

Caminamos y caminamos hasta el muelle 33, fueron casi 6 kms, cruzamos el club náutico, el Centro comercial Ghirardelli Square y la verdad que no pensamos realmente que había tanta distancia pero eso nos permitió saborear mejor toda esa zona.

caminata crissy field hasta muelle 33

Habíamos reservado la visita a Alcatraz justo 90 días antes de nuestra visita, atención a esto porque sólo hay una compañía que tiene el permiso para hacerlas y debéis hacerlo con antelación si no queréis quedaros sin poder ir. Sólo está disponible en su web 90 días antes de la fecha que queráis, y tienen varios horarios. Nosotros elegimos la última de todas, la que llaman nocturna, por un lado para poder ver la ciudad y la isla al anochecer y también por no “matar” un día con la visita en horas de luz dado que sólo estaríamos 3 noches en la ciudad. Además es un poco más larga que el resto de horarios y por lo visto el grupo es más reducido. También es un poco más cara, nosotros pagamos 45$ cada uno, pero bien empleados.

La compañía es Alcatraz Cruises (www.alcatrazcruises.com) y lo dicho, dada la demanda que tiene, hacerlo con antelación si no queréis tener que tentar a la suerte de hacer un tour más caro o madrugar muchísimo porque en el primer turno por lo visto sacan algunas entradas a la venta el mismo día.

Enseñamos nuestras entradas y nos pusimos a la cola para entrar. He de decir que yo que me fijo mucho en estas cosas y que soy muy exigente con este tipo de visitas, es una de las que me he encontrado más organizadas y más interesantes de todas las que he hecho en todos mis viajes, chapeau!!

El trayecto y las vistas, con el sol en el horizonte, el Golden Gate y la isla de Alcatraz, son de esas que te quitan el hipo.

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Os recomiendo que llevéis ropa de abrigo porque con el clima que tiene esta bahía corría un viento bastante fresco como suele ser habitual. El barco dió una vuelta alrededor de la isla antes de atracar lo que nos permitió ver todos los edificios anexos que tenía la prisión y la cantidad de aves que viven en la isla.

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Desembarcamos y nos fueron explicando diversas informaciones sobre la historia de la cárcel.

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No pretendo contaros toda la historia de la “Roca”, para eso ya hay muchísima información, sólo los que me parecen más interesantes, y que lo mejor como siempre suelo decir, es ir y visitarla, y de verdad que merece mucho la pena. Hablo de sus orígenes porque nos toca de lleno a los españoles, y es que fue Juan Manuel de Ayala en 1775 el que la descubrió y bautizó con el nombre de “La Isla de los Alcatraces”, rindiendo homenaje a las aves marinas que ocupaban y siguen ocupando la isla. Posteriormente pasó a ser una fortificación militar, más tarde una prisión militar y, por último, una prisión federal de máxima seguridad desde 1934 hasta 1963, período que sin duda la hizo más famosa, ayudada obviamente por la industria del cine.

Subimos hasta la entrada de la cárcel y aquí muy bien organizados nos fueron preguntando en qué idioma queríamos la audioguía y ya nos dejaron libremente para que continuáramos al ritmo que quisiera cada uno pudiendo parar la grabación en cualquier momento.

El edificio de celdas de tres pisos incluye los cuatros bloques principales de la cárcel, Bloques A, B, C y D, la oficina del alcaide, el área de visitas, la Biblioteca, y la barbería. En esta prisión pagaron sus condenas los peores presos del país y todos ellos fueron reprimidos por un régimen que no toleraba la más mínima rebeldía.

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Yo de verdad que no soy muy amigo de las audioguías, no me suelen gustar pero esta es la mejor que recuerdo, la narración fue muy dinámica, alternada con anécdotas divertidas e interesantes y simulando hasta conversaciones originales, para mí un 10. Aparte también había explicaciones programadas sobre diferentes temas a las que podías asistir si querías.

Otra cosa que en mi opinión hace de la visita muy auténtica es que todas las dependencias parecían que estaban como cuando cerraron en 1963, no había apenas recreaciones ni decorados para la ocasión. Por encima de todo, me gustaron las celdas.

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Uno de los temas que más atrae de la prisión son sin duda sus intentos de fuga (también obviamente por la película de Clint Eastwood). Hay que decir que no se consiguió escapar ningún recluso de Alcatraz. De los 36 presos que hicieron 14 intentos de fuga, 23 fueron capturados, 6 murieron tiroteados, 2 se ahogaron y 5 consiguieron lanzarse al mar pero se cree que murieron en sus frías aguas porque nunca se encontraron sus cuerpos.

Uno de los intentos de escape más famosos y desde luego más curiosos, fue el que protagonizaron tres reclusos que hicieron un agujero en la pared empleando cucharas y otros objetos, y por ese hueco que medía tan sólo 16,5 cm. lograron escaparse por el sistema de ventilación. La historia completa del intento de fuga es increíble, no os lo perdáis si tenéis la oportunidad.

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Por supuesto de sus prisioneros célebres destaca uno por encima de todos, Al Capone, que aunque sólo pasó 4 años y medio, es sin duda el más famoso, allí contrajo sífilis y tuvo indicios de demencia. Cuando abandonó la prisión salió en muy malas condiciones y moriría 8 años después. Hay anécdotas para todos los gustos de otros ilustres reos.

Vimos todas las dependencias de la cárcel, el patio, la cocina, las cárceles de castigo y hasta hacen una exhibición del sistema de apertura y cierre de las puertas que todavía funciona.

La prisión finalmente fue cerrada en 1963 sobre todo por su alto coste de mantenimiento.

La visitan 1,4 millones de personas cada año, y los americanos, que son los reyes del merchandising, tienen un espectacular lugar al final con souvenirs de todo tipo, reproducciones de bandejas de los reclusos, incluídas y a un módico precio ;).

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Regresamos cuando estaba a punto de anochecer y la vuelta, oscureciendo y viendo la ciudad iluminada también fue una maravilla, era el broche final a una visita que recomiendo sí o sí, un auténtico IMPRESCINDIBLE sin duda de la ciudad.

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Desembarcamos en el muelle 33 sobre las 20:40h. y buscamos un sitio para cenar algo. Era jueves y estaba casi todo ya cerrado o ya cerrando pero encontramos uno llamado Wipeout Bar & Grill que todavía estaba abierto, así que cenamos allí un par de pizzas muy buenas y que disfrutamos de verdad.

Salimos fuera y estábamos agotados, muertos, miré una aplicación en el móvil que me dice los pasos del día y había dado 28,000!!!! qué pasada. Como no nos apetecía autobús para volver al hotel, queríamos llegar cuanto antes, solicité un coche en la aplicación de UBER y enseguida llegó uno que nos llevó por 18$, muy bien.

Esta es la super ruta que habíamos hecho este día.

Ruta día Alcatraz

Día 15. San Francisco (Golden Gate, Sausalito)

Nos levantamos sobre las 8 y tras bajar a desayunar afrontábamos nuestro penúltimo día en la ciudad donde habíamos dejado un plato fuerte para ese día (siempre recomiendo dejar lo mejor para el final), el Golden Gate. Aunque estábamos cansados después de tantos días, faltaba un esfuerzo final porque íbamos a ver muy cerca uno de los lugares más especiales y que más ganas tenía de ver en el viaje.

Este día estaba planeado hacer la ruta que hace mucha gente en bicicleta en la que se cruza el famoso puente. Tenía apuntado alquilarlas con la compañía Blazing Saddles, que parecía la más extendida pero buceando por internet el día anterior encontré otra empresa que la cantidad pagabas por las bicis de alquiler luego te lo daban en un vale para gastar en una tienda de deportes, así que decidimos probar, y fue un gran acierto, el nombre de la compañía, más elocuente imposible, Basically Free Bike Rentals (2568 Jones St).

Salimos del hotel y probamos cuánto nos costaría con UBER el trayecto hasta la oficina de alquiler y vimos que 10$ así que viendo que el bus nos costaría 5, por otros 5 íbamos más cómodos así que pedimos el coche y en pocos minutos estábamos en la oficina. Tenía muy buena pinta y como decían las opiniones, las bicis también.

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Había de todos tipos, tándems, eléctricas, pero nosotros cogimos las más demandadas, de marca Cannondale. Nos atendió muy amablemente un chico que nos dio todas las instrucciones, nos cobró los 33$ que costaba cada una el día completo, y efectivamente nos dio el vale para canjearlo en la tienda Sports Basement. Salimos de la tienda y nos dirigimos hacia la zona del puerto para ir en dirección oeste hacia el Golden Gate. Hicimos el camino al contrario del que habíamos hecho el día anterior caminando, en bici mucho mejor, jeje.

Hicimos todo el trayecto paralelos al mar a través del Yach Harbor, Crissy Field y paramos donde había un pequeño embarcadero llamado Torpedo Wharf. Desde ahí ya teníamos una buena perspectiva del puente, ¡¡nos acercábamos!!

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Desde este punto ya empieza una cuesta no muy larga que termina en una zona bastante animada y donde se encuentra el Golden Gate Bridge Welcome Center con información sobre él. Aquí pudimos leer que la construcción del puente duró poco más de cuatro años ya que comenzó el 5 de enero de 1933 y el puente fue abierto al tráfico el 28 de mayo de 1937. Tiene una longitud aproximada de 1.280 metros en su parte colgante sobre las aguas, se encuentra suspendido por dos torres de 227 metros de altura, que soportan dos cables principales de 11.000 toneladas cada uno!!.

Tomamos un café con un par de croissants (12$) como pausa previa a un momento especial, cruzar el puente. Entre semana, peatones y ciclistas comparten la acera este, y los fines de semana, los ciclistas utilizan la acera oeste, como era viernes íbamos todos por la este y ojo porque suele haber bastante aglomeración de bicis y peatones, precaución. Para los coches hay 3 carriles para cada sentido y lo cruzan nada menos que 42 millones de vehículos al año. Si lo hacéis en este medio de transporte informaros bien antes porque hay que pagar un peaje.

Este punto es uno de los miradores que más me gustó del puente, quizás el que ocupe la segunda posición. Se ve en primer lugar el edificio conocido como Fort Point.

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Al comienzo del puente hay una cosa muy muy curiosa y que ya había leído antes de ir, y es una especie de teléfonos de la esperanza para tratar de convencer a los posibles suicidas de que no lo hagan, y no son pocos porque según las estadísticas se suicidan unas 60 personas al año. Leer también lo que pone en el cartel blanco, no se permite lanzar objetos o misiles!! parece que esto último se refiere a los recipientes con las cenizas de personas  fallecidas.

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El arquitecto y su equipo decidieron pintar el puente de color naranja ya que por un lado determinaron que combinaba con el entorno natural, dado que es un color cálido en contraste con los colores fríos del cielo y el mar. También proporciona una mejor visibilidad para los buques dado el mal tiempo y las nieblas frecuentes.

La verdad es que tenerlo tan cerca y las vistas que hay de la ciudad son impresionantes. El día estaba gris pero al menos no había niebla, que habría deslucido mucho la visita.

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El puente se encuentra salvando el Estrecho que le da nombre, permitiendo la comunicación entre esta ciudad y el Condado de Marin. Fue el puente colgante más largo del mundo durante el período entre 1937 y 1964. Hoy en día no está ni en el top 10, superado ampliamente por los construídos sobre todo en China.

Cruzamos el puente tranquilamente, haciendo varias paradas y disfrutando al máximo del momento.

Cuando llegamos al otro lado giramos a la derecha para ir a otro de sus ilustres miradores, Vista Point pero que a mí sinceramente quizás fue el que menos me gustó ya que está muy en línea con el puente.

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En este lado había leído que estaba el que para muchos era el mejor mirador de todos, llamado Battery Spencer, y por nada del mundo me lo iba a perder. Para llegar a él si vais caminando o en bicicleta deberéis bajar por una puerta que sale nada más cruzar el puente e ir hacia Vista Point. Aquí os pongo una foto para que os sea más fácil. Si váis en coche podéis poner el GPS.

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Bajé las escaleras que hay al comienzo del camino cargando con la bicicleta y luego os espera una empinada cuesta arriba hasta el mirador, pero la recompensa es increíble, una de esas imágenes que nunca se olvida. Todas las opiniones estaban en lo cierto, sin duda el mejor mirador del puente, NO OS LO PERDÁIS porque es increíble. Ni la foto hace justicia a la perspectiva del famoso Golden Gate con San Francisco al fondo.

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Después de estar un buen rato disfrutando de las vistas, cogí la bici para volver a Vista Point, no sin antes ver las también muy bonitas que hay del otro lado, de la Península de Marin y de la ciudad de Belvedere al fondo.

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Bajé la cuesta alegrándome ahora de haber subido en bicicleta y seguimos la ruta que normalmente hace todo el mundo hacia la localidad de Sausalito. En este momento supe el por qué era tan popular este trayecto a dos ruedas hasta el pueblo californiano para luego volver en ferry hasta San Francisco y es que todo es cuesta abajo, con lo que regresar hacia el puente sería un poco duro, sobre todo si no eres Alberto Contador.

Llegamos en poco tiempo y sin apenas dar pedales a Sausalito, localidad muy turística, de unos 7,000 habitantes y escogida como lugar de residencia por famosos y gente de clase social alta que huyen de la gran ciudad. Se caracteriza por su puerto pesquero pero sobre todo por sus casas flotantes, que tienen su origen en la comuna hippie que se estableció allí en los años 60 y que ahora ocupan más bien artistas. Estas viviendas no suelen bajar del millón de dólares.

Dejamos las bicis en un aparcamiento por 3$ ya que había carteles que decían que no se permitía aparcarlas en cualquier lugar (otra buena forma de hacer business) y dimos un paseo.

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Si digo la verdad lo que vimos del pueblo no nos pareció nada del otro mundo, típico pueblito turístico lleno de tiendas y restaurantes pero no vimos mucho “encanto” como vimos como por ejemplo en Carmel by the Sea, o quizás como suele pasar, ya estábamos al final del viaje y costaba más impresionarnos 🙂

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Llegaba la hora de reponer fuerzas y tenía apuntado que era muy popular comer una hamburguesa en un sitio llamado sin complicarse, Hamburgers (737 Bridgeway). Lo vimos enseguida ya que está junto al aparcamiento de bicicletas pero entre que es pequeño y no te podías sentar y además había bastante cola de gente esperando decidimos buscar otro sitio, así que muy cerca decidimos entrar en uno llamado Napa Valley Burger Company.

Atendida de nuevo por hispanohablantes pedimos la carta donde como siempre vienen las calorías de cada plato (es una obligación del gobierno para tratar de detener la obesidad que afecta a ¡¡¡2 de cada 5 norteamericanos!!!) y como desde las Vegas no habíamos engullido la comida más rara en USA, decidimos pedirnos una cada uno, pero pasando de la carta, con los ingredientes que nos gusta a nosotros y sin experimentar, y la verdad es que resultó muy buena, toda muy light.

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Pedimos la cuenta y os la pongo como ejemplo no sólo por los precios, que sabíamos que no serían bajos sino por el tema de la propina en el propio ticket, bien subrayado por cierto y de curioso nombre “gratuity”. No está mal la sugerencia de dejar nada menos que 11$ si has quedado muy satisfecho, pero es verdad que aunque nos choque, aquí es la costumbre.

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Salimos del restaurante y dudamos en ir a ver las casas flotantes que se encuentran siguiendo la costa hacia el noroeste, pero al final preferimos quedarnos tomando un helado tranquilamente en el Parque Viña del Mar y coger a las 16h. el ferry para volver a San Francisco, no queríamos que se nos hiciese tarde el último día.

Como siempre muy bien organizados fuimos subiendo y pagamos los 12.5$ que nos costó a cada uno. De nuevo buenas vistas de la ciudad de SF y además el día acompañaba. En apenas 25 minutos llegamos al muelle 41.

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Desde el muelle ya teníamos pensado ir hacia la tienda de deporte Sports Basement (610 Mason St) a canjear nuestro vale de 66$ y a dejar las bicicletas de alquiler. Hicimos los 5 kilómetros que más o menos les separaban y llegamos a la tienda. Devolvimos las bicis y echamos un vistazo a ver qué me compraba, esta vez me tocaba a mí. La tienda, un poco caótica, no como Decathlon :), no era fácil encontrar las cosas.

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Finalmente encontré unas zapatillas marca New Balance rebajadas por 55$ y para llegar al importe añadí unos calcetines. En caja ningún problema con los vales con lo que me salió todo gratis, así que un 10!!!. Por cierto he visto esas zapatillas en Madrid al volver y costaban nada menos que 130€.

Desde allí ya con la ayuda de mi mapa de autobuses busqué la mejor combinación para volver al hotel, no era posible ir directamente y el primero de ellos nos dejó al lado de un lugar por el que no tenía mucho interés pero que ya que estábamos nos acercaríamos, Lombard Street.

Estuvo bien porque para llegar tuvimos que subir por una de las muchas calles empinadas de la ciudad y que son símbolo de las mismas (quién no recuerda las persecuciones de coches de las pelis pegando botes cuesta abajo por esas calles). Esta es también Lombard Street, justo debajo del famoso tramo en zigzag.

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Y llegamos al famoso tramo, lleno de turistas para hacerse la foto en esta calle hecha en los años 20 para salvar en zigzag los 40 grados nada menos de inclinación de la misma. No deja de ser curiosa pero quizás deslucida con tanto turista, para mí prescindible pero para gustos, los colores.

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Cogimos un nuevo autobús y llegamos al hotel sobre las 20h para preparar tranquilamente la maleta e irnos a dormir pronto ya que nuestro vuelo de regreso a Madrid salía a las 8 de la mañana al día siguiente.

Esta es la ruta que os recuerdo habíamos hecho ese día y que con los cambios que consideréis, espero os pueda servir de guía.

ruta día Golden Gate

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COSTA de CALIFORNIA (BIG SUR)

Día 11

Madrugamos mucho este día, desayunamos y a las 7:50h ya estábamos en ruta, por delante muchos kilómetros, íbamos a recorrer el famoso Big Sur, que se localiza a lo largo de la carretera escénica californiana Highway 1. Esta carretera recorre la rocosa costa del Pacífico a lo largo de casi 800 kms, pero es más o menos desde la localidad de Carmel-by-the-Sea al norte hasta San Simeón (aunque algunos la alargan hasta Morro Bay) al recorrido que se conoce como el Big Sur. En este trayecto la carretera zigzaguea, baja, sube asomándose una y otra vez al Pacífico.

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Pero tuvimos la mala suerte de que partes de la costa icónica del Big Sur habían estado cerradas temporalmente debido a las tormentas invernales de 2017. Esas fuertes lluvias provocaron deslizamientos de tierra y cuando fuimos nosotros todavía permanecía cortado un tramo en Mud Creek cerca de la pequeña comunidad de Gorda así que eso hizo que tuviéramos que desviarnos, nos hizo perder algo de tiempo y además no nos permitió ver el tramo desde ese punto hasta Morro Bay. El corte estaba más o menos donde tengo la señal de prohibido en este mapa con la ruta completa que hicimos ese día.

Ruta Big Sur

El tramo se reabrió en el mes de julio, nada menos que 547 días después de la fecha del derrumbe (20 mayo 2017) y cuando estoy escribiendo este post.

Aquí os dejo una imagen aérea de ese día para que os hagáis una idea de lo que fue ese enorme deslizamiento de tierra. Se desplomó más de un millón de toneladas de roca y tierra!!!! (fuente de la foto: https://www.mercurynews.com)

deslizam tierra

Pero ojo porque esto de los derrumbes es más frecuente de lo que parece ya que según he podido leer más de 60 veces en su historia la Big Sur ha tenido que ser cortada al tráfico por desprendimientos de tierra, así que informaros bien antes de recorrerla.

Dado que necesitábamos avanzar lo más rápido posible, desde Santa Mónica cogimos la carretera 101 y más adelante la 154 para entre un paisaje de viñedos (como sabréis los “caldos” californianos son muy famosos tanto en USA como fuera del país) llegar a la localidad de San Luis Obispo en unas 3 horas y media. Echamos gasolina y al poco de pasar esta localidad nos desviamos de la 101 hacia la izquierda por tomar la G18, el obligado “atajo” por la montaña para evitar el tramo cortado. Ese tramos nos llevó 1 hora y media aproximadamente con un tramo final horrible de curvas hasta que desembocamos en la famosa carretera, una pena que hubiera niebla porque el paisaje según vas bajando sin ella habría sido precioso.

Nada más llegar a la Highway 1 nos detuvimos en miradores para apreciar los acantilados que tanta fama le han dado a esta carretera.

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Es verdad que es aconsejable hacer la ruta de norte a sur, para tener la costa a mano derecha según bajas pero por nuestro planing de ruta no teníamos otra opción que hacerlo al revés.

Eran ya las 13:30h y necesitábamos ya un break que podríamos aprovechar para comer algo así que en el primer sitio que vimos, paramos, y ese fue el restaurante Pacific Edge.

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El sitio está situado frente a la costa, con unas preciosas vistas.

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Entramos y cogimos una mesa frente a la ventana, pedimos la carta, había lo típico, así que pedimos una hamburguesa.

En la mesa de al lado ví una tarta que me apeteció y decidí pedírmela, por lo visto era casera. Pedimos la cuenta y llegó el sablazo, total 64$, nada menos que 11$ costó la tartita y 4.75$ cada uno de los dos cafés y 17 cada hamburguesa. Quitando eso la comida estuvo muy bien en un estupendo lugar.

Al salir vimos lo que debían ser dos amiguetes recorriendo la Big Sur, así también viajo  yo 😉

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Desde este punto hasta el inicio de la Big Sur sólo hay 60 kms, y eran las 14:30 de la tarde así que teníamos tiempo para ir parando y viendo los lugares más interesantes. Continuamos hacia el norte y a unos 20 kms teníamos uno de los parques más populares, el Julia Pfeiffer Burns State Park, donde encontramos la McWay Falls, una caída de agua de 23 metros de altura que desemboca directamente en una bonita playa. Está muy cerca de la carretera, a apenas un par de minutos caminando con lo que estaba muy concurrida de gente con sus cámaras para fotografiarla desde arriba porque no vimos un camino para bajar a ella. En este parque hay rutas muy interesantes de senderismo, algunas de las cuales permite ver secuoyas.

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Volvimos al coche y paramos en algún mirador más que nos permitiera ver una perspectiva de la carretera, esta hacia el norte. Una lástima que el día no estuviera soleado, aunque parece que no es inusual encontrarnos este clima en esta zona.

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Como a unos 30 kms después llegamos a otro punto que teníamos marcado como interesante, Pfeffer State Beach. Esta se encuentra un poco más apartada y sobre todo más escondida, el desvío no está indicado. Si ponéis esta carretera en Google Maps la encontraréis sin problemas: Sycamore Canyon Rd Big Sur.

Pfeiffer Beach

Por una carretera sinuosa y muy estrecha y donde deberéis tener cuidado ya que apenas caben dos coches en algunos tramos llegaréis a un puesto donde deberéis pagar 10$ por entrar para ver la playa. Allí hay un pequeño aparcamiento y baños públicos. El camino hasta la playa son apenas 3 ó 4 minutos por un paisaje de grandes árboles.

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Y por fin llegarás a la playa. Nosotros tuvimos la suerte de que de repente apareció el sol y pudimos verla mucho más lucida, eso sí, hacía mucho viento.

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Lo más característico de esta playa es la gran roca que tiene un hueco en su parte posterior y por donde en el atardecer se cuelan los rayos del sol a punto de esconderse e iluminan la playa de unos destellos maravillos, esta es. Una lástima que no nos pillara cerca de la puesta de sol porque he visto fotos preciosas en Instagram.

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Como no fue el caso he de decir que la playa me gustó pero no me entusiasmó tanto como a otros que he leído, bajo mi humilde opinión hay playas mucho más bonitas en el norte de nuestro país, pero bueno, esto es USA y todo se magnifica, aún así la recomiendo si no os importa pagar los 10$ por entrar (por vehículo).

Volvimos a la Hwy 1 y tras otros 30 kms llegamos al punto que más me gustó de la ruta que vimos, el célebre Bixby Bridge. A pesar de que de nuevo aparecieron las nubes bajas y se nubló bastante, sí que me gustó mucho la vista junto al impresionante puente de piedra que se eleva unos 80 metros sobre el mar y que data de 1932.

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A mí que me gusta “mojarme” en mis impresiones, si me preguntan mi opinión no diría que fuera una ruta que me entusiasmara, he visto lugares y carreteras en otros países y por supuesto en España que superan a esta en paisajes. Unos estaréis de acuerdo y otros no pero es mi humilde opinión, supongo que cerca del atardecer y con un día más soleado podría mejorar mi opinión.

Todo esto lo digo porque en esta zona sí que quizás habría empleado un día más en recorrerla porque lo que hicimos fue una paliza pero si tengo que elegir no cambiaría nada de lo que ví antes en el viaje por dedicar más a esta zona. Con ese día extra y entre los lugares interesantes que tenía apuntados estaban Santa Bárbara, San Luis Obispo, Solvang (un pueblo que parece danés 100%), el Hearst Castle (un castillo en un enorme rancho que fue propiedad del magnate de la comunicación William Randolph Hearst) y alguno más.

Desde el puente teníamos otros 24 kilómetros hasta el pueblo de Carmel-by-the-Sea. Por el camino otro lugar de nombre curioso, Garrapata Beach, y es que por esta zona estaba todo lleno de nombres de origen español, algunos muy divertidos.

El pueblo de Carmel es un lugar donde las grandes fortunas americanas han sabido encontrar su espacio, un rincón idílico si no fuera por los turistas que vagamos por sus calles.

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Aparcamos el coche y preguntamos si tendríamos que pagar, pero al ser ya las 18:30h nos dijeron que no hacía falta. Fuimos a su calle principal donde se concentraban la mayoría de restaurantes y tiendas.

El paseo junto a estas casas, algunas preciosas, lleno todo de naturaleza y con unos jardines llenos de flores fue de lo más placentero y esto sí que nos gustó mucho. Como seguro leeréis en cuanto busquéis algo de información de este pueblo “vip”, Clint Eastwood fue su alcalde por un tiempo, y a ver quién le llevaba la contraria a Harry el Sucio :):)

Bajamos a conocer su espectacular playa, también muy recomendable para ver su atardecer. Lástima de esos nubarrones.

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Tras un par de horas de paseo, de entrar en alguna tienda y como nos dió la impresión de haber visto lo más interesante y también que estábamos cansados del largo viaje decidimos ya ir en busca de nuestro hotel.

En la zona de Monterey podéis encontrar alguno bastante económico, y como iba a ser muy de paso ya que sabía que llegaríamos bastante tarde cogí uno no muy caro así que elegí el Howard Johnson Marina at Monterey Bay, a unos 16 kms al norte de la ciudad californiana y menos mal que llevábamos GPS porque estaba bastante perdido.

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Pagaríamos 95$ con desayuno y la verdad es que la habitación estaba muy bien, curiosamente sin moqueta y con la cama más grande de todas en las que habíamos estado, más de 2 metros de ancho!!! qué placer!!!

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Estábamos muertos después de casi 600 kms recorridos así que decidimos comprar algo en un supermercado de la gasolinera que está al lado y terminar las provisiones que nos faltaban. Ese día también dejaríamos ya nuestra nevera de corcho abandonada en el hotel, no sin antes dedicarle una oración de despedida por el servicio que nos había prestado ;). Pronto nos fuimos a dormir, al día siguiente teníamos un vuelo por delante, otra vez a las Vegas!!!!

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SANTA MÓNICA & LOS ANGELES & VENICE BEACH

Era nuestro noveno día de viaje y veníamos desde el pueblo de Kingman, después de una jornada maratoniana de coche, con alguna retención a la entrada de Los Angeles. Pasamos muy cerca del downtown de la ciudad californiana (y del Staples Center, sede del equipo de la NBA de los Los Angeles Lakers) y por fin llegamos a nuestro hotel a las 17:20h.

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Esta es la ruta completa que habíamos hecho el día anterior desde Kingman.

Mapa kingman hasta Santa Mónica

Al alojamiento en Santa Mónica o alrededores le dí muchas vueltas, y había un denominador común, TODOS SON CARÍSIMOS, cuando intentas coger algún hotel con buenas críticas los precios se te iban por encima de los 170$ por noche, y como pasaríamos dos noches aquí me resigné y cogí uno en Santa Mónica y no muy lejos de su playa para no tener que usar el coche para movernos. Después de mirar y mirar me decanté por el Comfort Inn Santa Mónica, que tenía buenas críticas en general y estaba relativamente cerca de la mítica playa. Pagamos con booking unos 414$ por dos noches, desayuno incluído. Eso sí, tiene la ventaja de que tiene parking gratuito.

Dejamos el coche y subimos a la habitación, estaba bastante bien, de nuevo una buena cama y como no con su nevera, de verdad que que gran idea esta del frigorífico en todas las habitaciones, además había una máquina de hielo en el pasillo.

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En Los Angeles hay una ventaja para los españoles con el idioma y es que la colonia hispana es grandísima así que hay muchas posibilidades de no tener que utilizar el inglés en todo el día. Como curiosidad decir que en esta enorme ciudad vive gente de más de 140 países y se hablan más de 200 lenguas, y se calcula que el 60% de sus habitantes hablan otra lengua diferente al inglés.

Bajamos a la calle y tenía apuntado coger el bus 704 pero delante justo del hotel había una parada y paró un autobús, el conductor pinta de hispano, preguntamos en español si iba a la playa y nos dijo que sí, así que nos subimos, era el nº 1. También nos avisó que por la noche en Santa Mónica no, pero que en Venice Beach tuviéramos cuidado con la seguridad. Pagamos 1.25$ cada uno por el trayecto pero ojo que los conductores no dan cambio así que procurar llevarlo justo.

Si me preguntáis por qué no paramos más tiempo para visitar Los Angeles, la respuesta es sencilla, por falta de días y como había que priorizar, preferí dar más días a otros lugares que a L.A. que me gustaría visitar en otra ocasión y con más tiempo por ejemplo combinándolo con algún parque temático con Magaly y nuestros niños. En esta ocasión decidí dedicar la mayoría del tiempo a visitar Santa Mónica y Venice Beach, con la esperanza también (iluso de mí) de haber tenido una jornada de playa.

Bajamos con el autobús urbano todo Santa Mónica Blvd y nos dejó junto a un centro comercial llamado Santa Monica Place, en la calle 4th.

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El mall se veía con algunas tiendas de lujo y muy chulo, pero no íbamos hasta Santa Mónica para ver un centro comercial, de esos estamos hartos de visitar en Madrid así que seguimos caminando hacia la costa, y en apenas 10 minutos llegamos a Ocean Avenue, frente a la famosa playa. En el parque de la entrada unos cuantos mendigos y bajamos hacia el famosísimo Santa Monica Pier. Hacía un viento frío que me hacía arrepentirme de ir en pantalón y manga corta, y pensar que nos queríamos bañar…

No podíamos dejar de hacernos la foto en el cartel que marca el final de la ruta 66 que habíamos recorrido, aunque oficialmente, el punto de llegada estaba en el cruce entre Lincoln y Olimpic Boulevard de la ciudad californiana, la famosa ruta nunca llegó al océano.

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Por supuesto bajamos hacia la playa para verla de cerca, era la primera vez en nuestra vida que veíamos el Océano Pacífico y qué mejor lugar que este. También por supuesto no podíamos olvidar las famosas casetas de vigilancia que tan famosas se hicieron en la serie Los Vigilantes de la playa de los míticos Pamela Anderson (C.J.) y David Hasselhoff (Mitch Buchannon) entre otros. Esta serie se comenzó a emitir en 1989 en la NBC y curiosamente fue cancelada tras la primera temporada porque el coste de su producción era muy elevado y su índice de audiencia era bastante bajo, para luego ser un boom nacional e internacional y completarse nada menos que 11 temporadas. Recuerdo como si fuera hoy la sintonía que siendo chavales nos dejaba con la boca abierta. Sin duda fue un momento especial tocar esta playa.

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El sol caía y permitía ver el famoso atardecer en el Pacífico y en el famoso muelle, muy fotogénico para alguien que le encantan las puestas de sol como a mí.

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Dimos un paseo por el parque de atracciones viendo “personajes” de lo más variopinto y predominando el ambiente sobre todo mexicano. Sobre las 9 ya teníamos hambre y mucho frío así que nos dirigimos al centro comercial para buscar un lugar para cenar, no sin antes no poder evitar apreciar este increíble Lamborghini, qué pasada.

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Era sábado y casi todos los restaurantes del mall estaban a tope, pero recordé uno de mi estancia en Chicago y decidimos hacer la cola para entrar, era The Cheesecake Factory. Nos resultó curioso la manera de avisarnos cuando llegó nuestro turno de sentarnos, con una especie de “busca” que vibraba y se iluminaba y que te podías llevar. La verdad que acertamos con el sitio, muy chulo, quizás algo escaso de iluminación y en el que predominaba el rojo como podéis comprobar.

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Comimos pasta y una pizza, que con bebida y un postre pagamos 51$ (propinas aparte), no está mal para ser Santa Monica, así que lo recomiendo.

Esperamos el bus 1 de vuelta al hotel y a la 1 de la madrugada llegamos y a dormir, que estábamos agotados.

Día 10

Este día nos levantamos sin prisas, no teníamos horarios muy estrictos y queríamos que fuera un día bastante de relax. Como ya vimos que el día de nuevo estaba nublado y viendo las temperaturas del día anterior teníamos claro que lo de tener una mañana de playa no iba a ser posible así que decidimos aplicar un plan B que era visitar dos lugares de los que nos hacía más ilusión, Beverly Hills y Hollywood, por delante de otros en el downtown como el Paseo de la Fama, el Teatro Chino, etc,

Bajamos a desayunar sobre las 8:30, no había mucho espacio y además no era muy completo pero lo disfrutamos tranquilamente. Magaly bajó hasta con la chaqueta, ¿pero en Los Angeles no luce siempre el sol? pensábamos…

Bajamos al parking a por el coche y pusimos en el GPS la famosa calle de Rodeo Drive, estaba a unos 8 kilómetros así que llegamos enseguida. Condujimos sin apenas tráfico hasta un parque cercano, el Beverly Gardens Park. Vimos que había mucho sitio para aparcar y preguntamos a uno que estaba en un coche que nos dijo muy amablemente que podíamos aparcar gratis al ser domingo, ¡¡¡bingo!!! qué golpe de suerte habíamos tenido. Dejamos el coche y comenzamos a dar una vuelta, alucinando con las casas y los coches aparecados, ¡estábamos en Beverly Hills! qué tendrá el cine y la televisión americana que a casi todos nos hace ser mitómanos de lugares como estos.

Comenzamos a ver mansiones y más mansiones en un entorno de vegetación bien cuidada y palmeras altas, eso sí, nos chocaba mucho ver que a pesar de los carteles de vigilancia que había en las casas, éstas apenas tenían vallas y muchas estaban abiertas de par en par.

Desde el parque decidimos bajar y recorrer Rodeo Drive, ¿os suena? sí, es una calle de dos millas de longitud que une Sunset Boulevard con Beverwil Drive, y el Triángulo de Oro son tres esquinas que se encuentran entre Wildshire Boulevard y Santa Monica Boulevard. En ese espacio se concentran más de 150 tiendas de super lujo, ¿aunque quizás os suene también por la película Pretty Woman :)?

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Decir que sólo la Quinta Avenida de New York es una calle comercial más cara que esta en todo el continente americano. Una lástima que fuera domingo porque todas las tiendas estaban cerradas, de no serlo, quizás habríamos comprado algo… o no.

Sobre todas las tiendas destaca una que por fuera nos pareció preciosa, resultó ser la que habíamos leído que es considerada la tienda de caballero más cara del mundo, House of Bijan, donde por ejemplo una corbata no baja de los 800$. Las visitas son siempre bajo estricta cita previa, y su propietario fue originalmente un iraní que falleció en 2011.

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Bajamos toda la calle como si catetos del pueblo se tratase, deteniéndonos en cada tienda y viendo sus precios (los pocos que aparecían). También el desfile de coches era considerable, hasta vimos como le ponían una multa dos policías a un Bentley por acelerar ruidosamente como si de un rally se tratase y una señora aplaudiendo desde la otra acera, qué momentazo.

Un poco más adelante, en el cruce con Dayton Way nace una calle más estrecha y con más y más glamour, Versace, Dolce & Gabbana, y como no Tiffany’s.

En esta calle fue muy surrealista ver un caballero perfectamente vestido de la marca Porsche justo delante de la tienda, un domingo, ¿casualidad o marketing?.

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Decidimos volver al parque donde habíamos dejado el coche y vimos una especie de feria de artesanía, seguramente a módicos precios. Eran casi las 12 del mediodía y como no, Magaly tenía hambre así que aprovechó a tomarse un perrito caliente, de esos que luego siempre recuerda, como el de Toronto de hace 10 años…

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Y hasta aquí llegó nuestro periplo por Beverly Hills y sus emblemáticas palmeras gigantes.

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Desde aquí y antes de la hora de comer decidimos ir en busca de nuestro siguiente destino, Hollywood. También podríamos haber ido al barrio de Bel-Air, buscar donde se rodó la serie Sensación de Vivir o Melrose Place, pero no había tiempo para tanto, así que estoy seguro que volveremos y visitaremos todos esos lugares.

Suena bastante mitómano o friki pero a los dos nos apetecía ver las letras de Hollywood con nuestros propios ojos después de verlas tantas y tantas veces por la televisión y el cine. Me había informado bien antes del viaje de encontrar un buen sitio para apreciarlas y finalmente me quedé con la de verlas desde un parque llamado Lake Hollywood Park. Junto a él tenéis la sinuosa Lake Canyon Drive para aparcar. Dado que no hay mucho sitio para dejar el coche, tratar de buscar un buen momento, o por la mañana bien pronto o por ejemplo al mediodía, que es cuando fuimos nosotros.

Si os decidís por ir a este lugar debéis poner en el GPS la siguiente dirección:

Lake Hollywood Park, 3160 Canyon Lake Dr, Los Angeles, CA 90068, EE. UU.

Os he hecho este esquema que espero os quede claro. Los dos puntos en rojo son los miradores en los que estuve yo y desde los que se ven muy bien las letras.

letras Hollywood

 

Subimos desde Beverly Hills y en unos 15 kms estaríamos allí. Por el camino fuimos recorriendo el barrio de Hollywood y disfrutando de cada rincón que veíamos. Pasamos junto a los estudios de Universal, imponente todo el complejo. Yo la verdad es que estaba nervioso, no me podía creer que iba a ser tan sencillo llegar tan cerca del famoso símbolo. Y después de bastantes subidas, al doblar una curva pudimos ver ya las letras a nuestra izquierda, la verdad es que fue un momento emocionante no lo voy a negar. Encontramos sitio para aparcar sin dificultad (otra cosa que me tenía muy nervioso) y seguimos subiendo a pie un pequeño tramo hasta los dos miradores del mapa y allí pudimos disfrutar muy cerca de las famosas letras, que aunque parecen pequeñas miden 13 metros de alto.

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La historia de este cartel es muy curiosa: corona la ladera desde 1923 pero originalmente fue concebido para promocionar un proyecto urbanístico y no ponía Hollywood, sino Hollywoodland. En 1949 perdió sus últimas cuatro letras y poco a poco fue teniendo cada más éxito entre los turistas, que llegaban hasta allí en peregrinación…Finalmente en 1978, y en el 75 aniversario de Hollywood fueron objeto de una gran restauración que las dejó como las conocemos hoy.

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Si quieres llegar hasta arriba del todo, justo al lado de las letras, parece que hasta Google ha eliminado las rutas de cómo llegar por las presiones de los adinerados vecinos de la zona que están hartos de los turistas. Según pude leer hay una ruta que lleva por la carretera N Beachwood Drive que hay que seguir hasta el final a pesar de ver carteles que ponga que por ahí no se va. Deberéis pasar el Sunset Ranch Hollywood que ofrece hasta paseos a caballo junto a las letras y luego continuar subiendo la colina. Eso sí, el aparcamiento parece que es muy complicado. Yo esta ruta no la hice con lo que sólo puedo asegurar al 100% la que hicimos nosotros y que se ven las letras y permite hacer fotos perfectamente cerca de ellas.

Era ya casi nuestra hora de comer así que volvimos al hotel a dejar el coche y como tenía que cargar el móvil que había olvidado cargar esa noche decidimos comer de las provisiones que nos quedaban y así hacer tiempo.

Salimos del hotel y tomamos de nuevo el bus nº1 que nos dejaría en nuestro próximo destino, Venice Beach, que pertenece al distrito de Venice, enclavado entre Santa Monica Boulevard y el puerto deportivo de Marina del Rey.

Mapa delimita VENICE BEACH

CONSEJO: es una buena opción y que utilicé mucho en San Francisco, poner el GPS de Google Maps en el móvil (con los mapas descargados sin necesidad de datos) mientras váis en el autobús, así sabréis en todo momento por dónde váis y donde os tenéis que bajar.

Nos dejó cerca de la playa así que nos acercamos a ver el famoso ambiente, era domingo así que la afluencia estaba asegurada.

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En la playa ahí estaban los espectáculos callejeros, los artistas en la calle, gente jugando al baloncesto (bastante bien por cierto), había canchas de volley, skate y mucho mucho ambiente, sin duda lo más característico de Venice.

Obviamente la playa es muy parecida a la de Santa Mónica, ya que de hecho es la pura continuación de esta.

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Estuvimos en la zona de la llamada Muscle Beach donde por ejemplo Arnold Schwarzenegger levantaba pesas a comienzos de los años 70. Desde entonces siempre hay grupos de musculosos riendiendo culto a sus cuerpos, sobre todo para ser observados por la muchedumbre, se nota a la legua ;).

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Continuamos nuestro paseo para dirigirnos a otra de las señas de identidad del distrito, y del que reciben el nombre de Venice, los canales. Estos tienen su origen en 1905 con el sueño de un excéntrico millonario tabacalero Abbot Kinney, que tras visitar Venecia, se quedó prendado de sus canales y decidió construir su propia versión aquí aprovechando la zona pantanosa junto a la costa. Sin embargo en la década de 1920, perdieron interés y varios canales volvieron a llenarse para convertirlos en calles.

Dimos un paseo de lo más agradable junto a ellos por un pequeño camino que hay.

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Lo que más nos sorprendió fue la absoluta falta de privacidad y por supuesto de seguridad que nos encontramos en las casonas que había junto a los canales. Apenas una pequeña valla y si dirigías tu mirada hacia las casas podías ver a los habitantes dentro o tumbados en la terraza a apenas un par de metros de ti (por supuesto fuimos lo más discretos posible).

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Pero volvieron a tomar auge a comienzos de los 90 y los canales volvieron a ser dragados y saneados, para poco a poco ganarse (ahora sí) el favor de las clases más pudientes.

Había casas ciertamente bonitas, con su pequeña embarcación para entrar y salir en ella, y nos preguntábamos, ¿cuánto valdrán? pues un poco más adelante lo descubrimos, esta casa de madera ponía que se vendía y cuando nos quedamos mirando pasó una persona que nos gritó, four million dollars!!! señalando el precio de la casa, buff, ¡¡qué pasada!!

Llegamos al final de los canales y nos dirigimos de nuevo a la playa, allí encontramos gran cantidad de otra característica de Venice, los graffitis.

Como también de repente un extravagante coche con el volumen a toda pastilla, vamos, lo normal en esta zona, casi ni se le veía al conductor…

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Volvimos a Ocean Front Walk, el famoso “paseo” de Venice que es donde se reúne una variopinta fauna de artistas callejeros, tarotistas, vendedores ambulantes, turistas, skaters, hippies de antaño o tatuadores. Las casas que daban a la playa sorprendían por estar algunas restauradas hasta el mínimo detalle (en esta zona tuvieron casa por ejemplo Julia Roberts, Lindsey Lohan o Robert Downey Jr.) y otras bastante descuidadas, como pidiendo un nuevo propietario.

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Dejamos ya el famoso paseo para finalmente visitar otra de las zonas marcadas como importantes, el Abbot Kinney Boulevard con boutiques vanguardistas centradas en muebles y moda, así como de bares y restaurantes.

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Entramos en un par de tiendas y vimos que los precios no eran precisamente bajos, pero quizás por el cansancio que llevábamos encima y que era domingo por la tarde y no vimos mucho ambiente decidimos no pararnos mucho y buscamos un autobús para volver a Santa Mónica.

Esta es la ruta que más o menos habíamos hecho y en las flechas azules están los puntos con los murales urbanos más importantes.

mapa Venice

Nos bajamos del bus junto al muelle de Santa Mónica y decidimos visitarlo de nuevo, el día anterior habíamos dicho de subir a la noria del Pacific Park a modo de despedida para contemplar las vistas desde lo alto.

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El ambiente del muelle si he de ser sincero no nos entusiasmó, se parecía más a una feria de cualquier ciudad española que a un sitio verdaderamente con encanto, esa fue nuestra percepción, que por supuesto es muy personal.

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Tras unos 10 minutos de hacer “cola” subimos a la noria que como imaginábamos nos dio una bonita perspectiva de la playa de Santa Mónica y de la de Venice. Fue una experiencia recomendable si no os importa pagar los 10$ que pagamos cada uno.

IMG_20180520_194538 (FILEminimizer)IMG_20180520_194601 (FILEminimizer)IMG_20180520_194740 (FILEminimizer)

De regreso nos dimos una vuelta por la zona comercial llamada 3rd Street Promenade y volvimos al centro comercial de la noche anterior. Habíamos visto una tienda de Disney y no nos pudimos reprimir de comprar un par de regalos para nuestra Liria, como la echábamos de menos.

Para cenar fuimos de nuevo al CheeseCake Factory para después volver al hotel en el bus nº1 lo antes posible, al día siguiente teníamos la segunda jornada maratoniana de coche de todo el viaje, casi 600 kilómetros!! y por carreteras bastante peores que la ruta de dos días antes, ¡¡la carretera por la costa BIG SUR nos esperaba!!

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RUTA 66

Era el día 8 de nuestro viaje y saliendo de haber visitado el Gran Cañón tomamos la carretera hacia el sur y sobre las 12 ya estábamos en Williams, primer punto donde haríamos los primeros kilómetros por la famosa ruta 66.

Williams es una pequeña población de algo más de 3,000 habitantes con típicas casas de madera del oeste y cierto aire cowboy, y he de decir que me emocioné cuando ví la primera señal con el logo de la ruta 66 en un poste en la entrada. La verdad es que tenía ganas de conocerla y recorrer sus lugares emblemáticos esperando que no fueran demasiado turísticos.

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Ciertamente esta localidad aún siendo siendo turística tiene algo que nos gustó mucho. Aparcamos y dimos una vuelta por el pueblo viendo los negocios y restaurantes que sobreviven gracias al turismo. También como no empezamos a ver vehículos de todo tipo a cada cual más original y otros 100% americanos.

Tomamos la calle más concurrida, justo por donde discurre la ruta que atraviesa el pueblo y vimos una tienda de souvenirs enorme que hacía esquina, si queréis comprar recuerdos, sin duda esta es vuestra tienda.

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Su interior albergaba una espectacular tienda con todo lo inimaginable relacionado con la ruta y con EEUU. La verdad es que el merchandaising y la estética de esta ruta me gusta mucho y no pude resistirme a comprar unas cuantas cosas. Fue el lugar donde compramos más cosas de todo el viaje, y estaba lleno de chinos haciendo lo mismo, el de delante de nosotros, se dejó 300$ nada menos.

Era ya casi la hora de comer así que decidimos parar en el restaurante que vimos más animado y ese fue el Cruiser’s Cafe 66. Dispone de una gran terraza, tiene una decoración muy americana y tenía hasta música en vivo en ese momento. Aunque sirven toda clase de comida, su especialidad son los ahumados y barbacoas. Pedimos unas salchichas y cuando le preguntamos si venían con pan, resultó ser un bizcocho dulce… cosas de la gastronomía de este país.

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Por dentro, aunque vacío porque todo el mundo estaba en la terraza mostraba una decoración 100% americana, quizás un poco demasiado recargada para mi gusto. Me hizo gracia el baño y su puerta, aquí todo huele a motor.

El plato no nos entusiasmó pero se dejó comer como se suele decir. Pagamos la cuenta de 36$ más la propina aparte y esperando que el resto de pueblos tuvieran el ambiente y la atmósfera de Williams decidimos ponernos en ruta para proseguir nuestro camino, más adelante veríamos que no iba a ser así.

Un poco de historia para empezar de “The Mother Road”. Decir que tiene su origen en los años 20 y comenzaba en la ciudad de Chicago (Illinois), para transcurrir después por Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, y finalizar en Los Ángeles con un recorrido total 3.939 km. Creció enormemente en popularidad gracias sobre todo a los emigrantes que viajaban hacia el Oeste (durante la época de las tormentas de polvo y arena de los años 30), y numerosos negocios y particulares comenzaron a prosperar económicamente gracias a ella. Con el fin de la Gran Depresión, la Ruta 66 pasó a ser una de las carreteras principales para los viajeros con destino a Los Ángeles, que realizaban paradas turísticas en el impresionante Gran Cañón.

Al salir de Williams y según el mapa, iban paralelas la carretera 66 y la interestatal 40, pero decidimos coger esta última para más adelante desviarnos y entrar en otro pueblo con mucha historia y punto clave de la famosa ruta, Seligman. En este punto sí comienza un tramo en el que se separan ambas vías y que es recomendable que sigáis por la histórica ruta.

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Este pueblo es mucho más pequeño de lo que yo pensaba, ¡¡tiene apenas 500 habitantes!! pero en él hay sin duda un lugar clave en la supervivencia de la ruta y ese es la barbería Angel & Vilma’s del famoso Angel Delgadillo.

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La barbería es de todo ya menos eso, es una recargadísima tienda de souvenirs y recuerdos.

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Pero tiene una parte donde estaba la antigua barbería que mantiene hasta el asiento tradicional y me pareció muy interesante por la historia que tiene detrás y que nos explicó muy amablemente una empleada mexicana que había en la tienda. El propietario, Angel Delgadillo, de origen mexicano, tiene ya 91 años y justo el día de antes estuvo en la barbería concediendo una entrevista, una pena no haber coincidido con él, nos tuvimos que conformar con su holograma casero, jeje.

Los alrededores tienen algunos vehículos y piezas antiguas que más allá de estar puestas para el turismo, me parecen al menos curiosas de ver.

Los dueños de esta barbería, Angel y Vilma fueron unos de los impulsores de mantener viva la ruta 66 ya que ésta fue descatalogada en 1985 del circuito oficial de carreteras con el fin del éxodo rural hacia el oeste y se construyeron carreteras interestatales (las autovías de nuestro país) que hicieron que el tráfico se fuera desplazando a las otras vías más rápidas. Angel Delgadillo decidió organizarse con otros negocios de la zona y comenzaron a hacer actividades para promocionarla (fue el fundador de la Historic Route 66 Association of Arizona.) a la que se fueron sumando otros estados por los que pasaba la ruta y finalmente se llegó a la situación de hoy en día, declarada como ruta histórica y con miles de visitantes cada año.

El pueblo tiene apenas unas casas y negocios en los lados de la carretera que lo cruza y bastante artificiales para el turisteo así que no hicimos más paradas, seguimos adelante. Al partir vimos una buena manera de hacer la ruta, en Ferrari y Porsche, no está mal, ¿no?

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Tras pasar un tramo de rectas largas sin mucho interés y en el que apenas nos cruzamos con coche alguno llegamos a otra de las paradas obligadas, otro santuario de la ruta, una antigua gasolinera, la llamada ahora Hackberry General Store. Cerrada en 1978, un artista decidió reabrirla en 1992 y convertirla en una tienda de souvenirs y una especie de museo de la ruta. El lugar parece un desguace de coches antiguos pero desde luego que merece una parada.

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También está llena de piezas antiguas y dado que está a un lado de la carretera ella sóla sin nada alrededor, le da un aire de “en medio de la nada” que la hace más interesante en mi opinión que la barbería de Seligman, aunque desde luego con menos historia. Me gustó mucho la colección que tenía de dispensadores de gasolina antiguos.

Continuamos siguiendo la ruta acompañados por nuestra derecha por los interminables trenes de mercancías que recorren esta parte del país y que mantienen vivo este corredor entre el centro y la franja del Pacífico. En media hora llegamos por fin a nuestra localidad de destino para ese día, Kingman, que con ya unos 28,000 habitantes se considera a sí mismo como el “corazón de la ruta 66”. Este es el trayecto que habíamos recorrido desde el Gran Cañón.

De Gran Cañón a Kingman

Aquí habíamos reservado en un hotel que sabíamos que iba a estar muy bien de calidad – precio, a la postre el mejor de todo el viaje siguiendo ese criterio, ¡¡gracias por la recomendación Romina!!. Fue el Best Western Plus Wayfarer’s Inn & Suites y pagamos por una noche con desayuno 110$ (unos 93€). Hicimos el checkin y como sabía que tenía piscina y eran las 16h nos pusimos el bañador y allí que nos fuimos, fue una pasada el baño que nos pegamos, Magaly se hubiera quedado ahí el resto del día…

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Como había leído que esta era una ciudad importante en la ruta y que tenía sitios interesantes le metí un poco de prisa para ir al centro a verlos y la verdad es que lo que nos encontramos nos dejó atónitos, una ciudad fantasma, ¡¡¡no había nadie por la calle!!!

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Vimos el famoso depósito de agua con el símbolo de la ruta y el Museo de la ruta 66 al lado pero ya había cerrado a las 5pm, una pena.

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Eran sobre las 19h y como no veíamos mucho más que hacer decidimos meternos en un pub que parecía lo más animado de la zona, House of Hops – Rickety Cricket se llamaba. Era enorme, con buena música y estaba genial, así que bebimos para olvidar, lo recomiendo sin duda. Le preguntamos a una camarera que cómo estaba tan muerto todo siendo además viernes y me dijo que era cierto, que ella también se extrañaba pero que el turismo no había llegado de verdad, este se concentra más en los siguientes 4 meses al mes de mayo, cheers!!

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Al salir no olvidamos visitar la mastodóntica locomotora Santa Fe Locomotive 3759, que fue donada a la ciudad de Kingman en 1953, después de haber hecho un recorrido total de más de 2 millones de millas desde 1928. La ciudad de Kingman fue un nudo ferroviario muy importante en el siglo XX.

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Para cenar aquí lo teníamos claro, y es que mucho habíamos oído hablar de Mr. D’z Route 66 Diner, un restaurante ambientado en los años 50 con su suelo a cuadros, sus asientos de colores y sus referencias cinematográficas. Está justo al lado de la locomotora así que fuimos para allí y viendo como estaba la ciudad ya no esperaba las aglomeraciones que esperaba encontrar antes de venir, y así fue.

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El interior estaba bastante tranquilo, lo que yo siempre agradezco, detesto las aglomeraciones, pero no sé, “ni tanto ni tan calvo” como se suele decir. Quién diría que este sitio aparecía en todas las recomendaciones de visitar de la ruta 66. Por dentro de nuevo, un santuario viviente, sin un espacio en las paredes para más cuadros y una estética 100% americana, muy de la película Grease.

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Nos trajeron la carta y pedimos lo típico, como no, una hamburguesa, pero nos olvidamos de la carta y nos ceñimos a pedir dos hamburguesas cono carne, lechuga, tomate y queso, ok? yes, sure.

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He de decir que disfrutamos de ellas y estaban muy buenas. La cuenta fue de 25,80$, un muy buen precio por las dos burgers, dos bebidas y un helado de postre, siendo además el lugar tan turístico como es.

Eran las 9 de la noche cuando terminamos de cenar, y con un ambiente de lo más decadente, con una pinta de querer cerrar el chiringuito que se veía a la legua, decidimos pagar la cuenta y nos fuimos, algo decepcionados por el ambiente pero no por la comida, que estuvo genial, quizás tuvimos mala suerte, de todas maneras lo recomiendo sin duda.

Volvimos al estupendo hotel y disfrutamos pronto de la enoooorme cama. Había que acostarse pronto, al día siguiente tocaba una de las dos jornadas más largas de distancia de todo el viaje, ¡nada menos que unos 530 kms hasta Santa Mónica!

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Día 9

Nos levantamos muy pronto, a las 6.45, disfrutamos del estupendo desayuno del hotel (ya no tendríamos uno tan bueno en el resto del viaje) y a las 8 ya estábamos en carretera. Esta es la ruta completa que nos esperaba hoy.

Mapa kingman hasta Santa Mónica

Un consejo aquí por el tema del precio de la gasolina, si como nosotros váis de Arizona a California, llenar el depósito antes de cruzar de estado, en California es mucho más cara la gasolina, aquí echamos a 2.99$ el galón y en California echaríamos la siguiente vez a 3.59$, una diferencia importante.

Desde Kingman muchos deciden ya abandonar la Ruta 66 e ir hacia Las Vegas, de la que sólo distan unos 170 kms pero nosotros continuamos nuestro camino hacia el Oeste. Saliendo de esta ciudad de nuevo también hay dos opciones, seguir por la ruta 66 o por la interestatal 40, nosotros elegimos la 66 porque había un par de sitios que no nos queríamos perder. Los primeros kilómetros fueron entretenidos, carreteras desérticas (y más a esas horas de la mañana) y en la que no pudimos evitar hacernos fotos que lo corroboraba.

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Antes de entrar en terreno montañoso nos encontramos con el primer sitio que teníamos anotado como de interés, Cool Springs, otra gasolinera como Hackberry, que se resiste a cerrar y que está todavía más aislada que la anterior. Por fuera de nuevo alguna pieza antigua y pintoresco el sitio, aunque por dentro me pareció una tienda de souvenirs un poco destartalada, aún así compré una soda de la ruta 66 que por supuesto conservaré como recuerdo. Fuera estaba su propietario, Ned Leuchtner, que en 1996 pasó por aquí y le encantó el lugar y no cejó en su empeño de reconstruirla e intentar reabrirla, lo que consiguió en 2004, más de 40 años después de ser cerrada, sólo por eso tiene mi admiración.

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A partir de aquí hay un tramo de curvas ya que se sube un pequeño puerto, territorio de las Black Mountains a lo lejos.

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De repente vemos un burro por medio de la carretera, ¿casualidad? noooooo.

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Es que estábamos llegando al pueblo de Oatman, otro punto interesante de la ruta, lugar que en el pasado fue un pueblo de buscadores de oro, y que hoy en día se asemeja a un pueblo “fantasma” (135 habitantes).

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Y que destaca porque hay un montón de burros paseándose libres por sus calles.

Asnos puede que descendientes de los animales que los buscadores de oro utilizaban para cargar sus herramientas. El pueblo tiene una estética 100% western americano y dispone de unos cuantos comercios para nada cutres y que recomiendo que visitéis, así como algún que otro museo como el de la minería.

Continuamos la ruta, tramo que hizo Magaly a lomos de nuestro Nissan Rogue para ya conectar con la interestatal 40 a la altura de Topock, con un tramo de nuevo no muy interesante en cuanto a paisaje. Aquí entramos del estado de Arizona a California sin cambio horario. Una vez en la autopista, sobre las 10:30h., pisamos el acelerador para ahora sí, comer kilómetros lo más rápidamente posible para todo lo que teníamos por delante y con el desierto de Mojave acompañándonos un buen rato a nuestra derecha. Si tenéis tiempo y queréis seguir la ruta 66 deciros que al sur de esta autovía podéis seguir un tramo que pasa por pueblos como Bagdad, Siberia, etc.

De repente y unos kilómetros más adelante nos encontramos una retención, pero parecía de las buenas, la gente comienza a salir de sus coches y a preguntarse que qué pasa. Nosotros comenzamos a conversar con un matrimonio de lo más simpático y acabamos hablando de Trump (al que ellos votaron y muy orgullosos) y de todo un poco, para ya después de unos 40 minutos parados reemprender la marcha, el motivo había sido un accidente.

Cuando llegó la hora de comer tenía un par de sitios apuntados. Peggy Sue’s 50’s Diner poco antes de llegar a la localidad de Barstow, o más adelante en Emma Jeans Route 66 diner. Tras el retraso decidimos ir al primero de ellos y menudo acierto!!!! Nos desviamos un poco de la interestatal y junto al pueblo de Yermo nos encontramos con este típico “Diner” de carretera, abierto en los años 50, y que se encuentra en medio de la nada, al lado de unas gasolineras, con una base militar en frente y poco más a su alrededor. Ya no volveríamos a coger más tramos de la histórica ruta 66.

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Nada más entrar vemos que a la izquierda hay una tienda de souvenirs y a la derecha el famoso restaurante, y he de decir que es enooooorme, y que estaba a reventar. El local es entre auténtico y extravagante, no sabría como definirlo, eso sí, de nuevo como en Mr. D’z atestado de fotos y signos americanos. Nos sentamos y nos atiende una simpática camarera de avanzada edad.

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Nos traen la carta y pedimos un par de sandwiches, uno de atún y otro de jamón y queso. Estaban buenísimos, frescos, jugosos, nos supieron a gloria, acostumbrados en el viaje a comer siempre más de lo mismo, esto fue un soplo de aire fresco y os puedo asegurar que fue lo más rico que comimos en los 15 días que duró nuestro viaje, ¡¡impresionante!!

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Pedimos la cuenta y el total fue de tan sólo 28$, guau!!! fue la guinda final a un sitio que recomiendo sí o sí.

Salimos del lugar y nos dirigimos ya hacia Santa Mónica, nos quedaban todavía más de 200 kms.

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GRAN CAÑÓN

Era el séptimo día del viaje y veníamos de Monument Valley por una carretera bastante poco interesante. La única parada que hicimos fue a echar gasolina, de los moteles típicos de las pelis, ni rastro. En el pueblo de Cameron decidimos parar sobre las 13h para comer ya que vimos un Burger King y no quisimos arriesgar, ¡¡¡era la primera hamburguesa del viaje!!!. Ahí vimos a los primeros españoles desde que llegamos, y habían pasado ya 7 días, unos madrileños muy majos que estaban haciendo la ruta 66 completa desde Chicago en unas Harley-Davidson. Cuando le preguntamos que qué tal, su respuesta fue que había sido bastante aburrida pero que tenía el aliciente de hacerlo en Harley. Pagamos 25$ por los dos menús y nos dirigimos ya al Gran Cañón. Cruzamos la entrada enseñando nuestro Annual Pass y paramos en el primer punto interesante que está más al este, Desert View.

Mapa Gran Cañón

Este mirador tiene la particularidad de la torre de 21 metros de altura (Watch Tower) que hay junto al mirador. La estructura tiene cuatro pisos y fue terminada en 1932. Os recomiendo que subáis a lo alto y veáis su interior lleno de pinturas indias.

Esta fue nuestra primera toma de contacto con el Gran Cañón y lógicamente nos quedamos embobados, aunque en otros miradores más adelante nos impresionó más la altura.

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El Gran Cañón fue creado por el río Colorado, cuyo cauce socavó el terreno durante millones de años. Fue “descubierto” por un español, García López de Cárdenas en 1540.

El Gran Cañón tiene dos partes, la menos visitada y aislada que es el llamado North Rim, y que tiene puntos con altura superior a los 2,700m sobre el nivel del mar, y el South Rim, la más popular sobre todo porque está más cerca de las grandes ciudades, como Las Vegas y Los Angeles y con una altura promedio de 2,300m. Ambas áreas se encuentran a una distancia por carretera de 350 km ( unas 5 horas).

El Gran Cañón por supuesto es uno de los más visitados de Norteamérica, nada menos que 6,2 millones lo visitaron en 2017.

Desde Desert View continuamos hacia el oeste y por no parar en todos los miradores, decidimos hacerlo en el Moran Point, otro con muy bonitas vistas.

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Aquí vimos un vehículo de estos que no pasan desaparcibidos, un deportivo biplaza Polaris de 3 ruedas que a mí me encantó, me lo pido para cuando me jubile como estos…

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Desde aquí ya fuimos directamente a la recepción de nuestro hotel, el Yavapai Lodge y que habíamos contratado también con mucha antelación para evitar problemas. Habíamos hecho casi 300 kms desde nuestro punto de partida.

Ruta monument valley a Gran Cañón

Aquí dudé de nuevo entre contratar un hotel dentro del parque o en una de las localidades cercanas, siempre más económicas. Me decanté por uno dentro sobre todo por un tema de comodidad, pero el elegido no fue la mejor opción, nada que ver con el de la noche anterior. Muy sencillo, mobiliario muy antiguo y la limpieza el peor de todo el viaje, eso sí, dos camas para dormir 4 personas y una televisión enorme. Las habitaciones están en cabañas repartidas alrededor del lobby, algunas incluso algo lejos. No había wifi en las cabañas, en teoría sólo en el lobby, pero ahí iba fatal. Pagamos nada menos que 175$ (al cambio 148€) y sin desayuno, este sí que nos hizo “pupa” pagarlo, pero bueno, es verdad que es muy cómodo alojarse dentro del parque y desde luego que es lo que incrementa el precio.

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La zona donde está el famoso Skywalk, que es un mirador con suelo de cristal situado sobre un acantilado a 1,300 metros de altura sobre el Cañón, está muy al oeste de toda esta zona (West Rim), como a unas 3 – 4 horas y recomendable para mí solamente si vas o vienes desde Las Vegas.

Por supuesto son populares los vuelos en helicóptero sobre el cañón y suelen estar a partir de los 200$, cantidad importante y que nos hizo desistir, ya íbamos a gastar bastante en este viaje, a pesar de los recuerdos tan buenos que tenía del que hice sobre las Cataratas de Iguazú.

Al igual que en otros parques, aquí también hay líneas de autobuses para moverse por él, y que al ser mucho más grande tiene hasta 3 líneas nada menos.

Mapa buses Gran Cañón2

Habíamos pensado dejar el coche estratégicamente en la intersección de las líneas rojas y azul, en la zona de Village Route Transfer y así lo hicimos. Había mucha gente pero tuvimos suerte al encontrar un sitio. Tener en cuenta que en la parte roja no es posible entrar con el coche particular. Toda esa zona tiene la mayor concentración de hoteles, tiendas y restaurantes del parque y por tanto está muy concurrida. Por supuesto y como en todos los miradores, había también unas muy buenas vistas, éstas desde un lateral del río Colorado.

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Desde aquí cogimos el bus de la línea roja y decidimos bajarnos en Hopi Point.

línea roja

La zona es mucho más tranquila, me gustó mucho, y se veía claramente el río Colorado, más de 1,500 m allí abajo, impresionante. Decir que hay rutas que bajan hasta él pero lleva más de 5 horas el bajar y más el subir (en total podrían superar las 12) así que desaconsejan totalmente hacerlo en una jornada a no ser que seas lo más parecido a un sherpa tibetano.

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Cogimos otro bus (la frecuencia es bastante alta, como cada unos 15 minutos) y nos acercamos al próximo punto, Mohave Point. El Gran Cañón tiene nada menos que 446 km de longitud, una anchura que llega a ser hasta de 29 km y que alcanza profundidades de más de 1,600m!!! no es el más largo, ni el más profundo del mundo pero son cifras impresionantes.

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Y desde allí decidimos ir caminando tranquilamente hacia el siguiente punto The Abyss. Os recomiendo hacer un paseo como este porque es de lo más placentero y tranquilo, sin agobios, sin aglomeraciones y siempre con unas vistas impresionantes de la parte más al norte de esta zona del parque.

Este es un buen punto para ver el atardecer por lo que había leído antes de ir, pero eran todavía las 6 de la tarde así que decidimos coger un bus y volver.

En la zona otra vez de intersección de las líneas roja y azul decidimos tomar algo y entramos en un hotel clásico, El Tovar Hotel, construido nada menos que en 1905.

Teníamos algo de hambre por lo que decidimos picar algo y decidimos probar lo que venía en la carta como “Nachos Navajos”, y la verdad que estos nos gustaron mucho. Pagamos por este plato y las dos bebidas 21$ (propinas incluídas).

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Luego compramos algunos souvenirs en las tiendas de por ahí y en nuestro coche volvimos al hotel. En la habitación al menos había dos canales mexicanos así que pudimos entender algo al 100%. Nos acostamos pronto, por un momento me planteé levantarme para ver el amanecer pero las 5 de la mañana se me hacía duro así que decidí quedarme zzzzzzz.

Día 8

Nos levantamos sobre las 7 de la mañana, desayunamos en la habitación y salimos a las 8:20 de la habitación, era impresionante ver lo que madruga la gente. Esta mañana teníamos pensado visitar los miradores de la zona que nos faltaba, a la que llega la línea naranja de autobuses (Kaibab Trail Route). Dejamos el coche frente a la recepción del hotel (en la zona de Market Plaza), compramos algo de comida y hielo y cogimos el bus para ir a conocer esos miradores. Aquí he de reconocer que cometí un error, y fue no ir en nuestro coche y dejarlo en uno de los miradores para luego ya desde allí salir del parque y continuar nuestra ruta, vosotros no lo cometáis si pensáis hacer lo mismo.

Nos bajamos primero en el Centro de Visitantes y luego fuimos hasta el Yavapai Point donde además de las maravillosas vistas hay un museo Geológico donde aprenderéis algo más de cómo se formó esta maravilla de la naturaleza.

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Dimos una vuelta alrededor de este mirador que tiene unas vistas fantásticas, quizás de las mejores. Es impresionante como está literalmente resquebrajada la tierra y los millones de años que ha costado formar este espectáculo.

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Seguimos disfrutando de esta parte y si tenéis tiempo podéis ir caminando hasta por ejemplo Mather Point siguiendo el llamado Rim Trail.

Aquí llegó el momento en el que me plantée una de las discusiones de en cuánto tiempo visitar el Gran Cañón. Mi opinión es que si realmente no váis a bajar al cañón o hacer algo diferente que visitar los miradores, para mí no necesitáis mucho tiempo, porque aunque TODOS los miradores son maravillosos, es verdad que a medida que vas viendo más, las vistas son cada vez más similares así que os diría que si tenéis que pasar sólo un día o sólo un medio día puede ser suficiente y no debéis frustraros ;), eso nunca.

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A pesar de que teníamos pensado pasar toda la mañana visitando esta parte y partir después de comer hacia Kingman, decidimos coger el bus e ir hacia el coche para irnos ya y tener más tiempo para ir haciendo paradas, la RUTA 66 nos esperaba!!!

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MONUMENT VALLEY

Después de dos horas procedentes de la ciudad de Page por un carretera bastante aburrida y sin nada muy interesante nos fuimos aproximando a Monument Valley. Cuando comenzamos a ver sus características formaciones rocosas, yo ya me iba poniendo nervioso por las ganas que tenía de ver este lugar.

Aquí teníamos pensado visitar dos cosas, ir esa tarde hasta el llamado Forrest Gump Point para el día siguiente hacer una ruta en el coche por lo más representativo del lugar. Así que nos dirigimos al primer punto, que Google Maps te guiará sin problemas. Pensaba que iba a haber más gente pero la verdad es que apenas había 3 ó 4 coches.

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El lugar es una pasada para amantes de las carreteras infinitas como a mí, no pude evitar hacernos las fotos de rigor. Aparte de que sea el lugar donde se grabó la famosa escena del film Forrest Gump donde éste decide dejar de correr (yo nunca he sido muy amigo de recorrer las escenas donde se grabaron películas) el sitio merece la pena, hasta tuvimos la suerte de coincidir con un autobús escolar, más americana la foto imposible.

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Si tenéis más tiempo esta carretera pasa también por otros puntos interesantes como Mexican Hat o el Valley of the Goods. También hay un meandro por lo visto que está muy bien en Goosenecks State Park.

Después de esa parada ya nos dirigimos hacia el famoso hotel The View donde pasaríamos la noche. Justo antes de llegar a él y dado que Monument Valley no está dentro de la red de parques nacionales de Estados Unidos (y no vale el Annual Pass) tuvimos que pagar 20$ por vehículo. Como véis Monument Valley se encuentra entre el límite de Utah y Arizona así que cuidado con el dichoso cambio horario, para ello fiaros siempre del móvil, cuando tengáis wifi. En el hotel la hora “oficial” es la del estado de Utah.

Mapa Monument valley

Ahora un inciso para hablar del Hotel The View. Había leído que mucha gente no se alojaba allí porque lo consideraba muy caro y no estoy para nada de acuerdo, es verdad que la cabaña que cogimos nosotros nos costó la noche 236$ (207€ al cambio de entonces) pero hay que tener en cuenta, primero el lugar en el que están, justo delante de la foto más representativa del Parque Nacional, espectacular.

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Luego la calidad de las cabañas, que nos sorprendieron para bien. Todo hasta el último detalle, con su microondas, cafetera con café gratis, nevera, aire acondicionado y todo lo necesario para pasar una noche estupenda. El wifi además iba perfecto.

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Y por último decir que la cabaña disponía de una cama de matrimonio pero además de una litera con otras dos camas por lo que podríais ir incluso dos parejas compartiendo gastos o una familia con 4 miembros. Sinceramente con lo que pagamos más adelante en hoteles acercándose a este precio, no hay punto de comparación.

Llegamos sobre las 18h para hacer el checkin y para disfrutar del atardecer cenando y viendo el paisaje que teníamos ante nosotros. Decir que las cabañas son una parte del hotel donde os podréis alojar, también hay un camping con una situación privilegiada que obviamente es mucho más barato, zona para caravanas y luego el hotel en sí que tiene varias plantas con habitaciones con igualmente unas preciosas vistas. Esta es la info de internet de las cabañas.

Info cabañas

Antes de cenar nos acercamos al hotel a verlo y justo delante del aparcamiento, tendréis este punto que para mí tiene la mejor vista de las más famosas formaciones rocosas del Parque. Otra sin duda de las imágenes del viaje, con la que había soñado muchas veces antes de ir.

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Compramos algún souvenir y corrimos de vuelta a la cabaña para cenar tranquilamente contemplando el espectáculo, ¿o no es impresionante cenar con estas vistas?.

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Decir que si optáis por las cabañas hay dos filas, intentar coger la que está delante del todo, nosotros así lo hicimos con lo que no teníamos nada que obstaculizara nuestra vista. Además nos dieron la que está a la derecha del todo, la mejor de todas creo yo.

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En este vídeo os haréis una idea de todo el área en el momento de ponerse el sol, increíble los colores anaranjados de la tierra. La que está delante de los coches azul y gris era nuestra cabaña.

Cenamos de maravilla tipo picnic contemplando el paisaje y nos quedamos hasta que se hizo totalmente de noche. Dado que el sol se escondía por el lado opuesto las mejores vistas serían al amanecer, eso sí el espectáculo del cielo estrellado fue increíble, incluso mejor que en el desierto de Marruecos.

Día 7

A las 6 de la mañana que es cuando saldría el sol puse el despertador, por nada del mundo me quería perder ese amanecer. Fue increíble, ahí estuve en la pequeña terraza con manta en mano y un café contemplando el espectáculo… Magaly directamente desde la cama, jeje.

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Es de esas EXPERIENCIAS que yo creo que hay vivir alguna vez, y que siempre se recuerdan.

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Aguanté hasta que el sol ya empezó a calentar demasiado y desayunamos dentro. Sólo los colores de la tierra alumbrados por el sol, me pareció un escenario grandioso.

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Si finalmente os decidís por alojaros en este hotel deberéis reservar con muuuuchas semanas de antelación, yo lo hice con varios meses. Nos contaron que Johnny Deep cuando vino a rodar el Llanero Solitario quiso alojarse en el hotel pero estaba completo y no pudo, a veces el dinero no lo puede todo…

Tras desayunar, nos duchamos, recogimos todo e hicimos el checkout. Esta mañana la íbamos a dedicar a hacer una ruta circular muy popular de unos 22 kms y que va recorriendo las formaciones rocosas de esa zona y que para mí es muy recomendable. Aquí os dejo el mapa del circuito que se suele hacer.

Mapa ruta entre rocas monum Valley

Hay una opción de hacer la ruta con los Navajos, según informan en Internet te llevan a sitios que no puedes ir particularmente pero cuando ví que cobraban 75$ por persona como que no, así que lo hicimos con nuestro propio coche. Hay debate sobre si la ruta al ser de tierra y tener bastantes zonas de baches y sobre todo arena se puede hacer con un turismo normal, esta fue una de las razones por las que cogimos un vehículo tipo SUV para hacer esta ruta sin problemas. Una vez hecha, yo diría que también se podría hacer con un turismo, es verdad que hay zonas de muchos baches pero yo no quise arriesgar sobre todo a quedarme atascado en algún banco de arena, Islandia me viene enseguida a la memoria.

Iniciamos la ruta y podéis parando en los puntos del mapa, este es Three Sisters, parada rápida.

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Después de este hay uno de los más interesantes e imprescindible, el conocido como John Ford’s Point, en honor al director que grabó tantas películas aquí, del famoso género del western. Hasta un indio con un caballo se coloca estratégicamente para cobrar unas propinillas, y la verdad es que la foto queda espectacular (hice la foto “robada” ;).

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Esta desde otra perspectiva. Este es el lugar también del icónico anuncio de los cigarrillos Marlboro, me faltó el caballo.

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El sitio está bien y como es de los más concurridos había varios puestos de artesanía de los indios. La verdad que había cosas chulas y a precios que nunca considero caros cuando se trata de cosas hechas a mano, pero ya habíamos comprado algo en los puestos junto al Navajo Bridge.

Continuamos recorriendo los lugares escenario de otras películas como Thelma y Louise y Regreso al Futuro. La verdad es que el paseo se hace bien, era pronto y por tanto había pocos coches. Seguimos el circuito parando en algunos de los puntos hasta que llegamos al nº 9, Artist’s Point, este nos gustó mucho, tenía unas buenas vistas aunque muy bacheado el camino para llegar.

Luego otro que recomiendo parar es el 10, North Window Overlook, os aconsejo que caminéis de frente por un camino unos 50 metros y detrás de una de las formaciones rocosas hay otras vistas que a mí personalmente me gustaron mucho.

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De aquí y después de una hora más o menos ya fuimos hacia la salida del circuito que tiene una subida final con la que hay que tener cuidado con el coche.

Cogimos la carretera y nos dirigimos hacia el último parque nacional que visitaríamos, y qué parque, nada menos que el Gran Cañón. Creo que fue buena idea dejar este para el final y no al revés, seguramente los que habíamos visto antes no nos habrían impresionado tanto. Volvíamos a Arizona, así que ganábamos una hora de viaje con respecto a Utah.

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HORSESHOE BEND & ANTELOPE CANYON

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En este quinto día del viaje y tras volver del Zion National Park pusimos rumbo hacia la localidad de Page, en el estado de Arizona. Desde Kanab hay dos caminos para ir a Page a una distancia parecida, una por el norte y otra por el sur, escogimos esta última. Esta es la ruta que íbamos a hacer.

Kanab a Page

Cruzamos de nuevo Kanab donde pudimos ver la cantidad de iglesias que tiene, bautista, católica, vimos al menos 7!!. Nada más salir de Kanab entrábamos en Arizona así que a atrasar los relojes una hora… El comienzo de la ruta no era muy interesante, bastante desértico el paisaje pero no de los que me gustan, mucho matorral bajo para luego entrar en un bosque de pinos. Pero de pronto llegamos a una bajada donde vemos al fondo una llanura impresionante, con el Marble Canyon como punto de destino, este paisaje sí que nos gustó tanto que hicimos una parada y todo.

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Continuamos recorriendo la llanura hasta que llegamos al Marble Canyon y a su fantástico Navajo Bridge. Un puente de un sólo arco hecho de acero y que tiene una longitud de 254 metros y que fue inaugurado en 1929, sin duda interesante.

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El Marble Canyon fue formado por el cauce del río Colorado, que más adelante ha creado otro algo más conocido, ¿imagináis cuál?

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En el puente había unos puestos de artesanía de los indios navajos en los que Magaly “picó” alguna cosa. Seguimos el camino y teníamos a 60 kms nuestro próximo y esperado destino, la famosa Curva de la Herradura.

Ya era casi la hora de comer y como no veíamos ningún restaurante, decidimos buscar un sitio para comer algo de nuestras provisiones junto a la carretera. Finalmente tuvimos suerte porque aprovechamos un puesto vacío de artesanía ambulante india y allí montamos el chiringuito para comer, una buena sombra porque por ahí el calor apretaba, estábamos a unos 30 grados.

Y ya sobre las 15h y a una hora que no es la mejor desde luego (menos mal que estábamos en mayo) llegamos al abarrotado parking del Horseshoe Bend, sin duda otro de los sitios más esperados del viaje. No esperaba tanta gente, había hasta un policía organizando el aparcamiento, autobuses de chinos, tremendo, como está el turismo. Desde el parking se inicia una pequeña subida desde la que se ve a lo lejos la esperada herradura.

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El camino no es largo pero hay un enemigo claro, el calor, pero bueno, llevando agua y poco a poco tampoco le veo muchos problemas, eso sí, llevaría calzado cerrado porque hay tramos bastante arenosos.

Bajamos y al asomarnos nos dimos cuenta de las dimensiones del lugar, mucho más de lo que esperaba, vaya altura!!!

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El sitio ni que decir tiene que es espectacular, estábamos a más de 1,300 metros de altura sobre el nivel del mar y el río Colorado se encuentra ahí a casi 400 metros por debajo de nuestros pies, la altura desde luego que impresiona.

El borde al que se asoma el precipicio no tiene ningún tipo de seguridad por lo que hay que tener cuidado porque hay mucha gente. A la izquierda vemos que están construyendo unas barandillas, no en vano luego leímos que unos días antes de nuestra visita, un norteamericano había perdido la vida al caer desde lo alto. Eso sí, con precaución, no se puede evitar hacer unas fotos espectaculares, pero mucha precaución, sobre todo huir de los sitios donde más gente hay.

Estuvimos un par de horas en total ahí para luego ya seguir en dirección a Page, todavía en Arizona, una localidad que gracias al hecho de estar tan cerca de Horseshoe Bend y Antelope Canyon vive prácticamente del turismo (unos 3 millones al año pasan por aquí), y lo aprovechan.

A la entrada de la localidad y para reponer provisiones, vimos un supermercado que por cierto, tenía ganas de visitar por las veces que había oído hablar de él, Walmart, la cadena de supermercados que más factura en el mundo, nada menos que casi 500.000 millones de dólares en 2017, cifras impresionantes. Yo que soy tan curioso con este tipo de cosas la verdad es que lo disfruté en este supermercado, que vende casi de todo, desde alimentación a relojes de pulsera e incluso ataúdes, increíble. Sobre todo alucinamos con el tamaño de los productos, los americanos, siempre todo a lo grande.

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Llenamos la nevera de nuevo, compramos hielo y fuimos en busca de nuestro hotel. Este quizás fue el hotel que más me decepcionó del viaje y el que no repetiría. Es verdad que todos los hoteles en Page son muy caros, la mayoría con buenas críticas siempre por encima de los 130$ la noche. Había hecho la reserva desde España en el Lake Powell Motel, que también tenía buenas críticas y era de los menos caros. Pagamos finalmente 113$ y elegimos la opción de habitación sin cocina.

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La habitación quedaba justo debajo de la recepción y aunque estaba muy limpia, no nos acabó de convencer, además la nevera hacía demasiado ruido, eso sí, la atención del propietario fue exquisita.

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Llegamos sobre las 5 de la tarde a la habitación, y otra cosa que no tenía el hotel y que os sugiero que cojáis es un alojamiento con piscina, y lo habríamos disfrutado porque hacía mucho calor, sobre los 32 grados, lástima, por no quedar mal no nos fuimos a otro hotel aunque con ganas me quedé. Increíble que en Page nos dijo el propietario que sólo llueve de media ¡¡8 días al año!!

Teníamos tantas ganas de bañarnos que preguntamos al dueño al hacer el checkin si era posible bañarse en el Lago Powell y nos dijo que sí, aunque el agua estaría fría, así que nos indicó como llegar.

Nos acercamos primero a la impresionante Glen Canyon Dam, la presa que ha formado el Lago Powell. Esta mole de cemento mide 220 metros de altura y casi 100 en su punto más ancho, la base. La planta genera más de 1,3 millones de kilovatios de electricidad y con los ocho generadores funcionando a pleno rendimiento, más de 15 millones de galones (3.78 litros equivalen a un galón) de agua por minuto pasan a través de la central eléctrica, cifras astronómicas.

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Es posible visitar la presa pero los zamoranos ya sabemos mucho de presas así que decidimos buscar el sitio que nos había dicho el del hotel para bañarnos. Es un pequeño camino de tierra que sale a la derecha antes de cruzar la presa, y que llega concretamente aquí.

ruta a bañarse

Encontramos un aparcamiento y dejamos el coche, no teníamos muy claro por donde bajar pero finalmente vimos una familia de indios y los seguimos, y ahí encontramos una pequeña playa.

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Efectivamente pudimos certificar que el agua estaba fría pero somos del norte, claro que nos bañamos. Pasamos una horita la mar de tranquilos y disfrutando del sol y la playa.

Es impresionante la historia de este embalse, que tardó nada menos que 11 años!!! en llenarse, anegando casi 5,000 kms cuadrados, sepultando para siempre desfiladeros, cañones y formando finalmente, el segundo lago artificial más grande de los EE.UU., el Powell Lake, con más de 3,000 kms de costa navegables.

Sobre las 8 ya volvimos al hotel y llegó el momento histórico del acontecimiento de lavar ropa por primera vez en un viaje, jeje.

Entramos una cerca del hotel, era de lo más humilde y estaba lleno de familias de indios haciendo la colada, preguntamos cómo hacerlo y la propietaria muy amablemente nos fue dando las instrucciones. Pagamos 1$ por el jabón y como no llevábamos mucha ropa ni muy sucia nos sugirió un ciclo corto de 25 minutos. Metimos 2.25$ en una máquina y fuimos a tomar algo. Volvimos y el siguiente paso era la secadora que sólo valía 0.25$ en sólo 10 minutos, vimos que no salió del todo seca así que le dimos un segundo ciclo. La ropa salió estupenda, un pelín húmeda todavía pero prácticamente planchada. Prueba superada 🙂

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Tras dejar la ropa lavada en el hotel y ducharnos y acicalarnos fuimos a la calle principal, ubicada justo al lado del hotel, la N. Lake Powell Blvd, para cenar en alguno de sus numerosos restaurantes. Entramos a echar un vistazo en uno llamado Fiesta Mexicana pero no nos convenció la carta, y por darle una oportunidad a la comida típicamente americana y también por la mucha gente que tenía, incluso con música en directo elegimos el Big John’s Texas BBQ.

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Impresionante las barbacoas donde hacían las costillas, tamaño industrial, parecían camiones más que parrillas.

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Nos sentamos enseguida y Magaly pidió una salchicha, tipo chorizo criollo, una ensalada César para compartir y yo finalmente me dejé llevar por lo autóctono (cosa que no hago muy habitualmente, experimentar con la comida) y me pedí unas costillas al estilo local. Pues bien, las costillas llegaron, 14$ costaban las 5 amigas, yo muerto de hambre, pero… las probé y buff, no me gustaron nada, pero nada, así que medio las mordisqueé por no quedar mal y mi gozo en un pozo… Pagamos en total 42$ y he de decir que el sitio tenía ambiente y estaba bien, eso sí, salimos con un olor a humo que echaba para atrás. Si buscáis un sitio 100% americano, seguramente este es el sitio y espero os guste la comida más que a mí.

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Ya de ahí nos fuimos al hotel porque poco más se podía hacer.

Día 6

Dado que no teníamos el desayuno incluído y a nosotros que nos encanta desayunar bien cuando viajamos sobre todo a Magaly, le preguntamos al dueño del motel dónde podíamos hacerlo y nos dió una estupenda recomendación. Se llamaba Ranch House Grille y debía tener fama porque estaba a tope.

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Había muchas opciones pero por no arriesgar con salsas y sabores sorpresa le pedimos lo que nos apetecía, tostadas y bacon y buff, como nos pusimos. Pagamos 20 dólares en total y nos fuimos más que satisfechos, así que el sitio tanto por el ambiente como por la comida, es MUY RECOMENDABLE.

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Desde España y con una antelación de varios meses, ojo con esto porque os podéis quedar sin plazas, habíamos reservado la visita a otro de los platos fuertes del viaje, a Antelope Canyon. Pagamos en su día con la reserva 62$ cada uno con la compañía Antelope Canyon Tours. La visita a las 11:30 que es la que reservamos es la más cara porque es la mejor hora, cuando el sol está perpendicular al suelo y los rayos de sol se meten por el estrecho cañón. Sin duda recomiendo esa hora, porque las otras con sombra parece que es muy diferente.

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Antelope Canyon está formado por dos cañones: el Upper Antelope Canyon, el más popular entre los turistas y al que fuimos nosotros, y el Lower Antelope Canyon, menos masificado y más barato pero que no tiene los típicos halos de luz que han hecho tan famoso este lugar. Ambos cañones se encuentran en tierras de la Nación Navajo, y son estos indios quienes se encargan de gestionar las visitas turísticas, y vaya si lo aprovechan, para mí demasiado como más tarde comentaré.

Debíamos estar a las 11h en la oficina, que está en la calle principal de Page, así que tras ir al supermercado de nuevo y comprar más provisiones dejamos el coche lo más a la sombra que pudimos en el parking de un Pizza Hut que hay cerca y nos acercamos a la oficina.

Tenían todo muy bien organizado, demasiado diría yo… nos separaron por grupos con un guía cada uno y nos subieron en una especie de camiones pequeños y descubiertos por los laterales y comenzó el trayecto. Por el camino vimos el Lower que tenía bastante gente y como a 15 minutos dejamos el asfalto y nos metimos en un camino de arena por lo que recomiendo que os llevéis un pañuelo de tela o algo así para el polvo, que también puede que necesitéis una vez dentro del cañón. Llegamos a las 11:30 al comienzo de la visita. Nos hicieron algunas recomendaciones como que no podíamos llevar palo selfie y que en todo momento siguiéramos las indicaciones del guía.

El sitio es absolutamente impresionante, y si no sólo hay que ver las fotos…

Pero aquí voy a decir una cosa, me voy a “mojar”, y es que la visita no me gustó nada como la tienen planteada, fue un puro estrés, todo dedicado a hacer fotos y más fotos, todo lleno de gente en un espacio por el que apenas caben dos personas. Nada de tiempo a disfrutar del lugar, poneros aquí, seguirme, ahora parar, haz la foto rápido que viene el otro grupo, empujones, buff. El guía os dirá recomendaciones para los filtros de los móviles para hacer las mejores fotos, eso viene bien, pero mira, yo que soy de hacer muchas fotos, hubiera preferido que no las permitieran, así de claro, que sólo se dedicara uno a disfrutar de lo que se está viendo, que es absolutamente mágico, increíble pero que repito queda deslucido por cómo plantean las visitas y sobre todo la cantidad que gente que meten en un sitio tan estrecho, sin duda para hacer caja. Son los efectos perniciosos del “business” del turismo masivo.

Se cruza el cañón que no es muy largo y se llega al otro lado donde te dan una charla de cómo se formó el cañón que estuvo interesante. También nos dijeron que hace años era de entrada libre pero una riada inesperada acabó con la vida de 11 turistas, así que desde ese momento se regularon y limitaron las entradas. Volvimos sobre nuestros pasos para llegar al comienzo y en ese trayecto de vuelta como hice yo es cuando podéis aprovechar a admirar mejor todo, porque la ida son todo fotos y más fotos. La visita duró como unos 40 min calculo en total y yo ni saqué la cámara reflex, con el móvil quedaban mucho mejor, al menos con el mío, sobre todo esos tonos anaranjados que son únicos.

Cogimos el camión de vuelta que nos llevó a la oficina desde la que partimos. De nuevo expreso mis quejas sobre cómo plantean la visita y así lo he escrito en Tripadvisor y en la encuesta que me han enviado, pero no dejo de reconocer que el sitio es increíble y que os dejéis llevar por la maravilla que tenéis a vuestro alrededor, el lugar sin duda es un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas. La belleza de este espectáculo de la naturaleza es algo que vale la pena admirar y, sobretodo, respetar.

La visita en total nos había llevado una hora y media más o menos con lo que como ya eran las 13:30h y casi la hora de comer decidimos hacerlo en el Pizza Hut que había justo al lado. Tras esta comida salimos hacia nuestro siguiente destino, Monument Valley.

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BRYCE CANYON

Día 4. Sorteo para visitar The Wave & Bryce Canyon

En este cuarto día del viaje nos levantamos sobre las 7 y media y bajamos a desayunar. Este estaba muy bien, con bastante variedad, con parte caliente, tostadora, como siempre máquina para hacer gofres, fruta y yogures. Eso sí, de los zumos naturales ni rastro, ¿verdad Magaly?

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Salimos en dirección al lugar donde se celebraría el sorteo para visitar The Wave y del que ya hablé en la entrada de Zion. Ibamos con la incertidumbre de si habría mucha o poca gente, qué intriga.

Decir que diariamente sólo hay 20 plazas para visitar The Wave, 10 se sortean unos meses antes vía online y por supuesto no me tocaron por las miles de peticiones que hay, y luego hay otros 10 permisos que se sortean en directo a las 9 de la mañana en el centro de visitantes de Grand Staircase Escalante National Monument (745 E – Highway 89). Estos 10 permisos expedidos a diario son siempre para el día siguiente.

Llegamos 10 minutos antes y ya vimos que no éramos los únicos, la cosa no iba ser fácil….

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El sorteo fue bastante divertido. Rellenamos un formulario y el speaker nos asignó un número y fue diciendo uno por uno nuestro nombre y nuestro número. Fue divertido escuchar mi nombre y apellidos dicho por un americano, y ya no te cuento cuando pronunciaba nombres chinos, japoneses, etc.

Aquí tenéis el vídeo del sorteo, que aunque dura 3 minutos al menos podéis ver un poco y haceros una idea.

Como suponía no fuimos agraciados, había 82 solicitudes, y 160 personas. Preguntamos por curiosidad y nos dijeron que un día llegó a haber hasta 395!! A los que le tocaron ya le dijeron que la excursión no era fácil, de unas 5 horas y que tenía que llevar cada uno un galón de agua….

Salimos del sitio y antes de dirigirnos ya hacia Bryce Canyon decidimos ir a un supermercado a comprar provisiones. Entramos en el que siempre solíamos encontrar en estos pueblos, el Family Dollar, que no es excesivamente caro. Justo en la puerta pudimos ver los coches que manejan los sheriffs por allí, preciosas pickup.

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Tras la compra cogimos rumbo hacia nuestro siguiente destino, el fantástico Bryce Canyon y que tantas ganas tenía de ver.

La carretera aunque no era mala, tenía bastante tráfico y es verdad que al final se nos hizo algo larga, seguíamos en Utah, así que no teníamos cambio horario. Por el camino el paisaje es bastante verde y pudimos ver las típicas granjas y casas de campo americanas.

Kanab- Bryce canyon

Sobre las 11 y media llegamos a la entrada del parque, enseñamos el pase anual y entramos. Lo primero que hicimos fue ir al Centro de Visitantes a solicitar información de sobre todo si era posible ir con nuestro coche o era recomendable movernos en los autobuses, que como en Zion eran gratuitos y te llevaban a todos los sitios importantes. En el aparcamiento del Centro sólo se puede estacionar una hora así que nos dirigimos hacia otro que hay justo cruzando la calle principal y así nos olvidamos del coche.

El Bryce Canyon National Park a pesar de que no está entre los más visitados de Norteamérica (2,5 millones lo visitaron en 2017) y es uno de los más pequeños para mí fue el que más me sorprendió para bien de los que vimos. Fue constituído en 1928 y debe su nombre a uno de los primeros hombres blancos que se asentaron en la zona, Ebenezer Bryce. Es curioso pero este parque no fue formado por la acción de ningún río a pesar de que en su nombre aparezca la palabra cañón. Su característica principal son las formaciones geológicas llamadas hoodoos (cuya traducción podría ser chimeneas de hadas) y que están formados por la combinación de la erosión de su piedra caliza por parte del viento, el agua y el hielo.

Este un mapa de los puntos más importantes que como véis están muy concentrados. Recomiendo ir también a los indicados abajo porque son sus puntos de mayor altitud.

Mapa ruta BryceMapa Bryce

Decir que los autobuses que hay te mueven entre los principales miradores, si no tienes mucho tiempo puedes moverte con ellos y te harás una idea de lo que es el parque pero yo recomiendo al menos dedicarle no menos de 4 horas para sobre todo no quedarse sólo en la parte de arriba y bajar a hacer una de sus numerosas rutas.

Lo que hicimos nosotros y recomiendo es bajarse por ejemplo en el Inspiration o Bryce Point e ir caminando cuesta abajo sin dificultad por el borde en dirección norte hasta parar a Sunset Point. El paseo es sencillo y con unas increíbles vistas, a mí personalmente fue sin duda uno de las vistas mejores del viaje.

Aconsejo llevar algo de ropa de abrigo porque suele soplar viento, y hacer bastante frío, pensar que en ese punto se sobrepasan los 2,500 m. de altitud nada menos. ¿No es increíble el paisaje?

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Seguir caminando y alucinando con las vistas, para mí de las mejores del viaje y tras un kilómetro más o menos llegaréis al Sunset Point.

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Aquí teníamos pensando hacer la ruta que recomiendan todos los blogs que leí disponiendo de un tiempo similar al nuestro, el Navajo Loop Trail, conectándolo con el Queen’s Garden Trail. A la izquierda de los miradores del Sunset Point debéis tomar el camino señalizado y comenzar la bajada.

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De nuevo todo el trayecto se encuentra lleno de asiáticos, me parecieron chinos, que yo creo que superan incluso en número de clicks con sus cámaras a los japoneses.

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Al poco de comenzar la bajada hay una bifurcación, recomiendan bajar por el camino de la derecha, conocido como Wall Street pero cuando fuimos éste estaba cerrado por lo que lo tuvimos que hacer por el otro, llamado “Two Bridges”, también sin duda espectacular. El cañón por el que bajas, sobran las palabras, para mí una de las fotos del viaje.

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Una vez abajo se podría hacer el recorrido circular y volver a subir hasta el Sunrise Point pero yo recomiendo empalmar como decía con la ruta Queen’s Victoria Garden Trail. Seguiréis un camino que poco a poco empieza a inclinarse hacia arriba. Es una ruta que no está mal, rodeada de pinos y de rocas anaranjadas de piedra caliza que constituyen un bonito paseo pero lo más destacado llegaría más adelante. A mitad de camino hasta vimos un par de ciervos, y por supuesto como en Zion muchas ardillas acostumbradas a los humanos.

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Cuando encontramos un buen sitio para sentarnos, decidimos comer un bocadillo que nos habíamos hecho y que llevábamos en la mochila. En poco rato llegamos a la figura de la que viene el nombre de la ruta, que con imaginación se parece a la Reina Victoria (primer pináculo de la foto empezando por la izquierda, en el centro de la foto).

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Desde ese punto tomamos el camino que continua hasta Sunrise Point y que para mí es la parte más bonita de la ruta junto con el comienzo.

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El camino va tendiendo hacia arriba así que es importante que llevéis agua, y la parte final sí que se hace dura, pero menos que si lo hacéis en el otro sentido. A cambio, llegaréis al Sunrise Point que también ofrece unas vistas espectaculares. El total de la ruta os puede llevar 2 / 3 horas depende de lo que os entretengáis y desde luego que la considero IMPRESCINDIBLE si tenéis el tiempo necesario.

Una vez en el Sunrise Point, podéis seguir caminando siguiendo el Rim Trail hasta el Sunset Point o como nosotros coger el autobús para ir ya hacia nuestro coche.

Antes de irnos, y dado que teníamos tiempo, decidimos ir hacia los miradores más al sur. Hay unos cuantos pero decidimos seguir sin parar hasta el más alejado de todos, los Rainbow & Yovimpa Points, y vaya si mereció la pena.

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Este es el punto más alto del Parque Nacional y de todo el estado de Utah, nada menos que a 2,776 m. A pesar de que habíamos pasado ya tantos miradores, este sin duda nos encantó.

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A la vuelta paramos en un par de miradores más, uno de ellos este que tiene la singularidad de que la erosión ha formado un puente casi perfecto, Natural Bridge se llama.

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Volvimos al Centro de Visitantes para comprar algunos souvenirs y ya sobre las 18h tomamos el camino de regreso a Kanab. Es increíble lo bien cuidado que tienen las zonas comunes, baños por todos lados, todo super limpio y numerosas fuentes de agua potable.

En el trayecto repostamos por primera vez, echamos gasolina sin plomo (el diesel en USA es prácticamente testimonial). En todas las gasolineras del viaje tuve problemas para pagar con mi tarjeta, sobre todo en California, y en todos tuve que pedir ayuda que en ésta muy amablemente me dió el encargado. Sobre las 20h estábamos ya en nuestro hotel.

Salimos a cenar a un Pizza Hut ya que era de los que más tarde cerraba. Ojo porque en este pueblo no podréis pedir alcohol, cuando les preguntamos por qué a la camarera, su respuesta fue como con resignación, por la iglesia…, así que tenerlo en cuenta, esto es Utah amigos.

Cenamos bastante bien y pagamos por dos pizzas y bebidas unos 40$, nos supieron a gloria después de encadenar una comida y una cena “tipo picnic”.

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Al día siguiente volveríamos a Zion a hacer una ruta muy interesante para luego ya coger rumbo a Page para visitar Horseshoe Bend y Antelope Canyon.

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ZION NATIONAL PARK

Veníamos de Las Vegas del que habíamos salido por la mañana y dado que no llegaríamos pronto a Zion, ya que lo haríamos alrededor de las dos de la tarde, había leído que iba a ser complicado aparcar en el aparcamiento del Centro de Visitantes del parque así que pensábamos hacerlo en Springdale, el pueblo más cercano ya que hay autobuses gratuitos que te llevaban al parque. Finalmente dado que era domingo y veíamos muchos coches que venían en dirección contraria, decidimos arriesgarnos y nos fue bien porque encontramos sitio en ese parking.

Para entrar hay que pagar 25$ por vehículo y la entrada es válida para 7 días, pero dado que íbamos a estar en otros dos parques más incluídos en el National Park Service, teníamos la posibilidad de coger el llamado Annual Pass que permite entrar en todos ellos por 80$ y tiene una validez de 1 año. Además si sólo lo utiliza un vehículo como fue nuestro caso, y al tener espacio la tarjeta que te dan para 2 firmas, le puede servir para acceder a un coche distinto, así que a la vuelta a tu país lo puedes vender en alguna página de segunda mano a mitad de precio por ejemplo (yo cuando estoy escribiendo estas líneas, unas semanas tras volver, ya la he vendido), así que compensa, ¿no?

Aprovechamos para comer algo que teníamos en la nevera y nos pasamos por la recepción. Decir que este parque sobre todo para los no norteamericanos no es de lo más visitados, eclipsado por el Bryce Canyon y desde luego el Gran Cañón, pero según las cifras oficiales es el tercero más visitado (4,5 millones de visitantes en 2017) de los importantes, por delante de algunos más conocidos como Yellowstone o Yosemite, así que decidí darle una oportunidad y no me arrepiento en absoluto.

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De las múltiples rutas que tiene, la más famosa es la llamada Angel’s Landing, de unas 4 horas sólo ida, dura pero que tiene un final espectacular, considerado también de los más peligrosos porque esa parte final para llegar a un espectacular mirador se hace muy cerca de una pendiente por un camino estrecho con la única sujeción de una cadena, así que cualquier descuido o tropezón puede tener un final trágico. Lamentablemente y dado que dos meses antes del viaje me operaron del menisco de la rodilla decidí no arriesgar y elegir otras opciones más fáciles.

Como en otros de la Red de Parques Nacionales, disponen de autobuses gratuitos no contaminantes que suponen una estupenda y ecológica manera de visitarlos.

Zion cuenta con más de 240 km de senderos para los amantes del trekking y a diferencia del Gran Cañón o del Bryce, donde se visitan desde su parte superior, en este se empieza desde abajo, con rutas que la mayoría suben por las paredes del espectacular desfiladero que el río Virgin ha tallado durante millones de años. Este es el plano de la ruta que hacen los autobuses.

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Tras visitar brevemente el Centro de Visitantes, subimos en un autobús sobre las 16h alucinando con las imponentes paredes de arenisca roja que teníamos a ambos lados. Durante el trayecto una grabación va explicando diferentes informaciones sobre el Parque mientras recorres una parte del cañón de Zion, una hendidura de 24 kilómetros de longitud y 800 metros de profundidad.

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Avanzamos hasta el final, a la parada de Temple of Sinawava, a la que llegamos en unos 20 minutos y tras 6 paradas previas. Teníamos previsto hacer un pequeño tramo de la ruta más visitada incluso por delante de Angel’s Landings y que es más popular sobre todo porque es muy sencilla.

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Allí comienza el Riverside Walk, un camino pavimentado de una milla de longitud, que transcurre junto al río Virgin a lo largo de un estrecho cañón. Vemos un ciervo y sobre todo ardillas, que más bien salvajes están más que acostumbradas a ver gente y se acercan mucho a ver si consiguen algo de comida, por supuesto no les dimos nada.

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Cuando el pavimento acaba, empieza el desfiladero llamado The Narrows que se hace literalmente remontando el río. Como ya lo sabíamos fuimos con calzado para caminar por el agua y luego otro par para cambiarnos, el agua estaba fría pero se soportaba. Si tenéis pensado avanzar mucho o no tenéis el equipo necesario podéis alquilar en una tienda a la entrada del parque tanto las botas como un bastón por unos 25 dólares. Había bastante gente en la parte inicial y algunos muy preparados para avanzar un buen tramo río arriba, no era nuestro caso, jeje.

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Obviamente hay que tener cuidado con la cantidad de agua que lleve el río así que es importante que os informéis en el centro de visitantes del caudal del mismo y también si puede haber riesgo de riada por posibles tormentas repentinas. Si el cauce es normal como el que nos encontramos nosotros, os recomiendo que os adentréis lo más posible, donde el río se incrusta literalmente entre paredes de roca de metros de altura, espectacular.

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Avanzamos un trozo hasta que el agua ya nos llegaba por los muslos, momento en el que decidimos volver, también porque eran ya casi las 7 de la tarde, no sin antes disfrutar del lugar y alucinar con la altura de las paredes que teníamos a ambos lados y que hacen de esta ruta sin duda muy recomendable. He visto fotos de tramos más adelante de donde nos quedamos nosotros y he decir que son espectaculares.

Nos cambiamos el calzado y volvimos a la parada de autobús a la que se llega en unos 25 minutos. Cogimos el primero que llegó para llegar al coche sobre las 7 y media. Iniciamos la marcha y nos dirigimos hacia el este para ir hacia Kanab, donde estaba nuestro hotel. Dejamos atrás el parque al que volveríamos dos días más tarde. En una hora aproximadamente por una carretera con muchas curvas pero muy interesante sobre todo la primera parte llegamos a Kanab, el lugar donde dormiríamos y que no elegí por casualidad.

ruta a Kanab

Primero lo cogí porque era un estupendo punto medio entre el Bryce Canyon y Zion, luego porque era quizás de los pueblos más grandes y más recomendables para visitar en el área, y por último porque en este pueblo se celebra cada día un sorteo para poder visitar uno de los lugares de los que me enamoré nada más ver una foto, un lugar conocido como The Wave, en la zona denominada Coyote Buttes North. Se trata de una especie de duna de arena petrificada del período Jurásico que encontró un fotógrafo alemán a finales de los años 90 y cuyas fotografías impresionaron a todo el mundo, y no me extraña.

Para que os hagáis una idea, aquí una foto extraída de la web www.wallpapers13.com., impresionante, ¿no créeis?.

Todo lo referente al sorteo lo tenéis en la siguiente publicación, la de Bryce Canyon.

The Wave

En esta localidad el hotel mejor valorado en Tripadvisor era el que elegimos para pasar dos noches, el Comfort Suites Hotel y no nos equivocamos, eso sí, no es barato, pagamos 150$ por noche (unos 130€ en este momento) con el desayuno incluído y tanto la habitación, como el hotel, estaba genial, muy recomendable.

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Como llegamos sobre las 20:30 y hacía buena temperatura todavía nos dio tiempo a bañarnos en el spa que había junto a la piscina, que aunque muy caliente, nos permitió relajarnos de todo el día.

Para cenar buscamos un sitio y sorprendentemente había más sitios abiertos de los que esperábamos, y eso que era domingo, el ser una localidad turística a veces tiene estas pequeñas ventajas.

Salimos a la calle y vimos uno casi enfrente del hotel que tenía mucha gente, eran sobre las 21:30h, se llamaba Rocking V Cafe. Había cola y nos apuntamos para la lista de espera. Miramos la carta pero al no gustarnos mucho, decidimos finalmente volver al hotel y montarnos el picnic con lo que teníamos en la nevera, y no resultó mala opción. Creo que fue clave estas comidas “caseras” para no saturarnos de siempre lo mismo, tenerlo en cuenta.

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El día siguiente lo dedicaríamos a visitar Bryce Canyon, pero el siguiente a ese volvimos a Zion. Aquí tenéis el motivo y veréis como merecía la pena.

Día 5

Este quinto día de viaje nos levantamos muy pronto, sobre las 7, luego comprobaréis por qué. Desayunamos rápidamente y nos reímos porque nos dimos cuenta de que en el hotel escondían los yogures y otros productos para evitar la “rapiña” de los chinos, curioso. Este día y dado que no teníamos una jornada con muchas cosas para visitar, se me ocurrió que podríamos volver al Zion para hacer una ruta de la que había oído hablar muy bien, pero tenía un inconveniente, el aparcamiento, así que había que llegar muy pronto. Había unos 60 kms y salimos sobre las 8 de la mañana.

KANAB a ZION

Por el camino y en una larga recta, tuvimos la anécdota del viaje que os cuento porque fue un buen susto. Ví un coche parado en la cuneta y a pesar de que iba a la velocidad recomendada y por un gesto instintivo, pisé el freno, pues bien, me fijo que es un coche de la policía, y que cuando pasamos junto a él veo por el retrovisor que arranca detrás de nosotros con las luces y sirenas encendidas, me temo lo peor, que nos va a parar, y así fue. Detengo nuestro Nissan (como para no hacerlo) en la cuneta y se baja el policía detrás y se acerca como en las pelis, con la mano en la pistola y muy lentamente. Cuando llega hasta nosotros nos pregunta que por qué hemos frenado, que eso lo suelen hacer los borrachos (curiosa conducta) y que por eso nos había parado. Pero ya nos ve que somos turistas e inofensivos y nos pide el carnet de conducir. Muy amablemente le entregué el internacional que había sacado en España y tras volver a su coche y revisarlo, nos lo devolvió y nos deseó un buen viaje con una sonrisa. Fue un susto porque all con la policía, ya se sabe, pocas bromas.

Llegamos a las 8:50h exactamente a nuestro destino, justo nada más pasar el control de entrada de nuevo a Zion. Yo iba bastante nervioso por si no íbamos a tener sitio para aparcar (el tema este siempre me agobia muchísimo) ya que apenas hay un parking junto a la ruta de unos 8 coches y que encima no se puede entrar en el sentido en el que íbamos, pero habíamos visto que había junto a la carretera poco antes de llegar algunas plazas. En la primera que vimos aparcamos, uff! lo habíamos conseguido. Así que un consejo, si queréis hacer la ruta, no llegar más tarde de las 9 de la mañana.

La ruta que íbamos a hacer es la llamada Canyon Overlook Trail, y para hacerla hay que llegar en coche hasta la Zion_Mount Carmel Highway (zona Este). Si vienes desde el Oeste, por ejemplo desde Las Vegas nada más cruzar el túnel sí que podéis entrar en el pequeño aparcamiento, pero recordar, hay muy pocas plazas ahí, y algunas pocas más adelante, que es donde dejamos el coche nosotros. Este es el mapa de la ruta.

overlook

La ruta es muy sencilla y corta, y fue la alternativa a Angel’s Landing por el tema de mi rodilla, y fue un gran acierto. Apenas hay desnivel y el camino es interesante, pero la “traca” está al final.

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Pasamos por una zona escarpada entre rocas, que me recordó por un momento a la ruta del Cares asturiana.

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Y después de apenas 25 minutos, nos encontramos un mirador que nos dejó sin aliento, una preciosa vista de un “brazo” del cañón principal del Parque, el Zion Canyon, IMPRESIONANTE, otra de las imágenes del viaje para mí, ya iban 3.

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Estuvimos unos cuantos minutos disfrutando de las vistas y la tranquilidad que se respiraba, era pronto y había poca gente, un momento sublime de contemplación y relajación.

Después de esta preciosa ruta ya dejamos, ahora sí definitivamente el parque y seguimos en dirección a Page, para ver otros sitios muy esperados HORSESHOE BEND y ANTELOPE CANYON.

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