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INDIA (DELHI, AGRA y JAIPUR)

Si había un lugar del planeta por el que sentía auténtica obsesión por visitar desde hacía años ese era el TAJ MAHAL. Había leído tanto sobre él y había visto tantas fotos que hasta me parecía raro que no me decepcionara, así que tras mis dos últimos grandes viajes que habían sido por América decidí ahora cambiar de rumbo e ir hacia Asia y tenía clara que la primera parada sería la India.

Si he de ser sincero, el país de Gandhi nunca me atrajo demasiado (obviamente sin contar el Taj Mahal) y no estaba en mis planes visitarlo muchos días. Preferí complementarlo con otro país que me atraía mucho más, lejano, fuera de los circuitos típicos del turismo hasta ahora y con un pasado relacionado con nuestro país, ese era Filipinas, el cual ocuparía la mayor parte del viaje. Como última etapa de esta gran escapada de más de dos semanas y a modo de broche final, lo terminaríamos en Singapur y en un sitio muy especial, pero ese es otro capítulo….

Este viaje lo organicé con mucho tiempo como suele ser habitual en mí y por ello conseguí muy buenos precios para los nada menos que 9 vuelos que cogeríamos mi compañero de “fatigas” Manolo y yo. Serían 17 días, el período más largo en un viaje internacional e íbamos a hacer algo impensable hace años, llevar una mochila de apenas 50l para no tener que facturar en los aviones, y la verdad que es fue la mejor decisión que pudimos tomar y que volveremos a repetir sin duda.

La primera etapa del viaje como digo sería India y nos ceñiríamos a lo que llaman el Triángulo de Oro, esto es Delhi y las cercanas ciudades más al sur de Agra y Jaipur.

Para llegar al país asiático encontramos un vuelo directo con la aerolínea Air India, pagamos 360€ yendo sentados en pasillo de emergencia. Al llegar al aeropuerto, primer contratiempo, por las tensiones del país con Pakistán, el espacio aéreo de este último se encontraba cerrado con lo que para llegar a India había que rodear el país vecino y como consecuencia de ello saldríamos con 3 horas de retraso por esperar al avión que venía de allí (por supuesto rellené una hoja de reclamaciones pero parece que si hay un conflicto político que es lo que alegan, no tenemos derecho a indemnización).

Este es el trayecto que tuvimos que hacer, sacado de la misma pantalla del avión…

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Además del retraso de la salida, el vuelo debía haber durado 9 horas pero debido al rodeo que tuvo que dar, tardó otras 3 más, así que en lugar de llegar a las 11am como tenía previsto, llegáramos a las 15:30h a Delhi.

Pero bueno, de nada sirve lamentarse pensamos así que nos entretuvimos viendo desde arriba, la que es la SEGUNDA ciudad del mundo más populosa con unos 25 millones de habitantes (2018), sólo superada por Tokyo y por delante de México DF. Hasta que aterrizamos estuvimos minutos y minutos viendo casas y casas, con su capa de contaminación por supuesto, no en vano Delhi está en el top 3 de ciudades del mundo con el aire más contaminado, y hay 22 ciudades indias entre las 30 primeras según Greenpeace, increíble.

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Como vengo ya sufriendo en este tipo de trayectos largos, hacía un frío tremendo, así que bien hice en ir vestido con el único pantalón largo y sudadera que llevaríamos a este viaje. Si tenemos en cuenta que a las 18:30h ya se hacía de noche, se nos reducía mucho el tiempo para visitar la ciudad, pero bueno, habíamos llegado, y teníamos todo un viajazo por delante!!!.

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Como no facturamos hicimos el control de inmigración bastante rápido y enseguida nos dirigimos a la salida (os recuerdo que para entrar en la India hay que sacar un visado, que podéis solicitar vía online en la página oficial de la embajada).

Como solemos hacer en nuestros últimos viajes, cuando llegamos al país de destino, enseguida buscamos un cajero en el aeropuerto para sacar dinero, pero ohhh, por primera vez desde que tengo memoria, y por más que lo intentamos en los 3 cajeros que había, no hubo manera de conseguir dinero, así que como llevábamos algo en euros (siempre procurar algo de cash) cambiamos 50€, esperando poder sacar más adelante.

El hotel que había reservado tenía servicio de recogida gratuito en el aeropuerto (detallazo), así que salimos fuera y ahí estaba el hombre que sabe dios el tiempo que llevaría esperándonos. Subimos al coche y salimos del aeropuerto, que hay que decir, que era bastante moderno, pero enseguida ya empezamos a ver lo que es India, tráfico infernal, gente tumbada en las cunetas durmiendo, vehículos de todo tipo y sobre todo mucho claxon, venga y venga a darle al claxon…sobre todo los famosos rickshaw.

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Decir que la República de la India, es el séptimo país más extenso del mundo, siendo su superficie seis veces mayor que la de España. Es de prever que su población, hoy de unos 1.340 millones de habitantes, en sólo tres años alcance a la de China, 1.379 millones, y se convierta en el país más poblado del mundo. Aunque sigue teniendo ante sí grandes retos, la economía india registra hoy una de las más altas tasas de crecimiento y es ya la 6ª mayor del mundo, quién lo diría viendo las enormes desigualdades y la pobreza que se palpa a cada paso.

La población musulmana de la India es la tercera más numerosa del planeta (tras Indonesia y Pakistán) con unos 180 millones en 2018, con apenas un 14% de la población total. Por supuesto hay una mayoría de casi un 80% de hindúes, y últimamente las relaciones entre ambos colectivos se están enrareciendo año tras año, más adelante os hablaré más de esta relación.

En unos 40 minutos llegamos a nuestro alojamiento, este era el hotel City Star, bastante céntrico, a apenas 3 kilómetros de la zona de Old Delhi. Se encontraba en una calle ancha y atestada de tráfico, caótica, como tantas y tantas otras en la ciudad. Una vez que entramos nos atendieron muy bien y nos recibieron con un vaso de zumo y una botella de agua y tras el checkin nos llevaron a la habitación.

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La habitación nos costó 3,599 rupias (unos 46€ al cambio en ese momento) e incluía el desayuno. Tenía bastantes buenas críticas y en las fotos se veía moderno y limpio. El hotel estaba bien, pero la limpieza no era del todo perfecta, el suelo por ejemplo de la habitación estaba bastante sucio y el baño muy sencillo, pero en general tanto el trato como la calidad de la cama fueron correctos. Si elegís este alojamiento, solicitar una habitación que dé a la parte de atrás, será más tranquila.

Picoteamos algo de galletas, snacks y fruta que llevábamos desde España y con el wifi del hotel pedimos un coche con la aplicación Uber. Enseguida llegó y nos acercó a la primera parada prevista, la mezquita Jama Masjid. Apenas pagamos 92 rupias (1,20€). Como desde España nos descargamos el mapa de Delhi de Google Maps pudimos saber donde estábamos sin la necesidad de tener datos (os recomiendo que hagáis lo mismo, qué gran invento esto de los mapas).

Nos dejó a una cierta distancia de nuestro destino y fue salir del vehículo y sufrir el “shock” que preveíamos. Dos europeos de piel blanca con cámara colgando, con cara de despistados y miles de indios alrededor. Nos sentíamos observados desde todos los sitios, vendedores ambulantes y sobre todo conductores de tuk tuk, hay uno que especialmente se pone muy muy pesado para que lo cojamos, me paro varias para mirarlo de mala leche pero no hay manera, insiste, finalmente desiste y avanzamos en busca de la mezquita, gente y más gente, entramos en un descampado lleno de indios muy pobres, mucha basura, nos vemos más sólos que la una, no estamos cómodos aunque no apreciamos peligro, después de un rato y gracias al GPS, llegamos a nuestro destino.

Una vez estás en el patio, la mezquita es imponente, no en vano es la más grande del país. Tiene unas dimensiones espectaculares, tanto es así, que se necesitaron 6 años y más de 500 artesanos y 5000 obreros para levantarla. Fue mandada construir por el emperador mogol Shah Jahan. Este mismo emperador, del que hablaremos mucho más adelante, ordenó también la construcción del Taj Mahal y las importantes mezquitas de Agra, Ajmer y Lahore.

Destacan sus dos minaretes de 40 metros de altura y las hileras alternas de mármol blanco y arenisca roja.

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Esperaba ver más turistas pero apenas vimos. Recomiendo NO entrar por la puerta principal, te pedirán pagar por la entrada 300 rupias (3.8€) por llevar la cámara de fotos y otras tantas por el móvil. Acceder a ella por una puerta lateral, si os hacen pagar, evitar hacerlo por las dos cosas, decir que no váis a hacer fotos con el móvil y pagar al menos sólo 300, todo tiene un “tufillo” de sablear al turista (en teoría la entrada es gratuita). Si finalmente os atrevéis a hacer fotos dentro con el teléfono por el que no habéis pagado, mucho cuidado porque hay gente vigilando.

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Os tendréis que cubrir las piernas (por ello recomiendo llevar un pantalón de los desmontables o largo directamente) y los hombros. También os tendréis que descalzaros y si disponéis de ello, yo llevaría unas calzas o calcetines. Las zapatillas yo no las dejaría en la puerta como hace la mayoría, atar los cordones y colgarlas por ejemplo del cinturón o en la mochila y evitáis el riesgo de que desaparezcan. Para subir al minarete hay que pagar cuando fuimos nosotros 100 rupias (1.29€) (nosotros no subimos). El viernes cierra de 12 a 14h, OJO!! Cierra una hora antes de anochecer.

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Entramos dentro y nos sentimos cada vez más observados, más y más miradas, en mi vida me sentí así, nos piden selfies, sobre todo a mí, debe ser por la altura, a veces desconfías, no sabes si te pedirán algo más, sensación extraña, no estábamos cómodos, eramos un recién llegados y hay que acostumbrarse, esto al tercer día de llegar seguro que hasta nos reiríamos.

Después de un rato decidimos salir al exterior. Estábamos inmersos plenamente en el famoso Old Delhi.

Hago mucho hincapié en hablar de los musulmanes porque la historia de la India está íntimamente relacionada con el Islam y la herencia que les dejó. El imperio musulmán más importante fue el imperio mogol, del que nos iban a hablar constantemente los guías a partir del día siguiente, para mí fue apasionante conocer su historia. El emperador Shah Jahan (1628-1658), fundaría la que sería su nueva capital: Shahjahanabad, una majestuosa ciudad amurallada, repleta de mansiones nobles, animados mercados, calles (Chandni Chowk), mezquitas (Jama Masjid), jardines y un hermoso fuerte-palacio (el Fuerte Rojo). Comenzó a llamarse “Old Delhi” a la ciudad antigua a lo que quedaba de aquel esplendoroso e impronunciable Shahjahanabad.

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Esta calle define lo que es esta zona y la India por extensión… por cierto, no me gustaría n-a-d-a ganarme la vida como electricista en esta ciudad ;).

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Estaba a punto de anochecer, y en nuestro planing previsto que como dije ya sería difícil cumplir por culpa del retraso en el vuelo, estaba el dar una vuelta por estas calles de Old Delhi e ir a visitar un templo que en todos los sitios recomendaban. Dada la situación teníamos que elegir, así que decidimos hacer lo segundo, con lo que hablamos con el conductor de un rickshaw o tuk tuk (que por cierto creí que iba a ser más complicado negociar) y por 200 pesos (2.4€) nos llevaría a nuestro segundo destino, el templo Gurdwara Bangla Sahib.

El trayecto por esas calles es un puro espectáculo. Os muestro un pequeño vídeo para que os hagáis una pequeña idea.

Desde ahí y conducidos como locos en un caos sin fin llegamos ya de noche al templo. Recomiendo visitarlo a última hora porque así podréis ver otros sitios que cierren antes, ya que permanece abierto prácticamente las 24 horas del día. Este precioso templo lo tenía marcado en mi agenda y fue un soplo de tranquilidad que nos vino en el mejor momento y también nos permitiría acercarnos a otro gran desconocido para nosotros hasta entonces, el sijismo.

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Esta es una religión india fundada por el conocido como gurú Nanak (1469-1539), que se desarrolló en el contexto del conflicto entre las doctrinas del hinduismo y del islam durante los siglos XVI y XVII, hecho fundamental para su nacimiento. Ocupa el quinto lugar entre las religiones organizadas con más fieles del mundo, con más de 30 millones de seguidores. Los hombres suelen cubrirse el cabello (que no se cortan nunca) con turbantes -que son considerados sagrados- y se abstienen también de afeitarse la barba. Sí, son esos típicos que véis con el turbante y tienen grandes barbas, y yo creyendo antes de venir que eran hindúes, qué ignorante…

Los templos sijs reciben el nombre de gurdwaras, y este concretamente fue un palacio habitado en el siglo XVII por el Gurú Har Krishan. Como hecho curioso, es que durante una epidemia, el gurú proporcionó agua de su pozo a algunos enfermos y por ello hoy en día este agua se considera curativa, lo que atrae a numerosos peregrinos a bañarse.

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El lugar está muy muy limpio y hay que no sólo quitarse el calzado, si no también los calcetines. Todo hay que dejarlo en unas consignas sin peligro de desapariciones y que luego te devuelven gratuitamente. Llevamos también cubierta la cabeza con un pañuelo. La entrada al palacio también es gratuita y tenemos la suerte de que asistimos a una ceremonia y que a mí personalmente siempre me encantan. Una pena que no hubiera nadie que nos pudiera explicar lo que significaba cada paso del ritual, los cánticos, etc…

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A mí personalmente la visita me encantó, la atmósfera que se respiraba, la ceremonia, todo, un sitio muy recomendable.. aunque tengáis que aguantar algo de frío en los pies 🙂

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Teníamos ya mucha hambre y como desde ahí no quedaba lejos la zona de Connaught Place decidimos acercanos caminando. En el trayecto encontramos varios bancos custodiados por vigilantes bien armados y decidimos probar si eramos capaces de sacar dinero, finalmente en el cuarto de ellos, y ya al borde de la desesperación conseguimos sacar 10,000 rupias cada uno (unos 128€). Fue lo máximo que nos dió el cajero, pero bueno, al menos ya teníamos cash.

Nos acercamos a la conocida plaza, donde vimos las primeras muestras de modernidad desde que habíamos llegado y hasta había alguna tienda de medio lujo, eso sí, delante te podías encontrar un grupo de perros o mendigos de todo tipo y condición.

El tema de la comida en los viajes como siempre he dicho, no es una de mis razones por conocer mundo, no me apasiona probar comidas nuevas porque no me suelen estusiasmar, así que entre eso y la precaución por no tener un problema estomacal que nos arruinara todos los días que teníamos por delante decidimos ir a lo seguro. Como yo llevaba apuntado un restaurante italiano por la zona con buenas críticas, lo buscamos con la ayuda del GPS de Google Maps, el Caffe Tonino. La entrada parecía elegante y había casi más camareros que mesas. Pedimos la carta y rápidamente unos refrescos sin hielo, que ellos prácticamente te lo ponen sin que le tengas que decir “no ice”.

Comimos muy bien, con un servicio exquisito y pagamos 1,720 rupias los dos (22€) por dos entrantes, dos pizzas y bebidas, así que desde luego que lo recomiendo.

Salimos a la calle, el tiempo estaba perfecto y rápidamente localizamos un rickshaw que por 150 rupias (unos 2€) nos llevó al hotel. Estábamos muertos de cansancio así que caímos redondos en la cama.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese día desde la llegada al hotel.

Ruta Delhi día 1

Día 2. Delhi – Agra

Al día siguiente teníamos ya previsto viajar a la segunda ciudad del Triángulo dorado, Agra, pero antes queríamos ver dos de los monumentos más importantes de la ciudad, obviamente hay muchos otros como el Fuerte Rojo, el Raj Ghat o la casa donde vivió Gandhi por poner algunos ejemplos, pero como había que elegir, nos decantamos por la tumba de Humayun y sobre todo el maravilloso palacio de Akshardham.

Nos levantamos sobre las 7 y bajamos a desayunar, que se encontraba en una pequeña sala sin ventanas y con lo que parecía bastante variedad para elegir.

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De lo que nos era más familiar había tostadas, algo de fruta y además si querías te podían hacer una tortilla con lo que tú quisieras o tortitas dulces. De lo menos habitual os pongo un ejemplo de lo que había, lo único que probé fueron las tortas redondas y no me gustaron mucho la verdad…

Desayunamos más o menos bien aunque añadiría algo más de fruta y sobre todo algún zumo natural, cosa que no nos encontramos en ningún hotel de la India.

Fuimos a recepción con las mochilas y a las 8 de la mañana ya estaba ahí la persona con la que habíamos quedado, Narendra. Tiene una pequeña empresa de organización de tours y me habían recomendado sus servicios dos personas de mi trabajo que habían quedado muy satisfechos con él. Además en Tripadvisor tenía también buenas opiniones. En muy buen castellano nos dió la bienvenida, nos hizo un par de regalos, nos dejó una tarjeta SIM que al final no usamos y hablamos de los tres días completos que teníamos por delante.

Yo lo había cerrado todo desde España vía mail y en todo momento había sido extremadamente amable y se había adaptado a todo lo que queríamos, por ejemplo choferes y guías que hablaran español. Nos comentó que el chófer que debía hablar nuestro idioma se había puesto enfermo así que venía uno que sólo hablaba inglés y otro que hablaba castellano. Nos subimos al coche que era un Honda bastante “cascado” por fuera pero confortable por dentro, y nos despedimos de Narendra.

Dado que la tumba de Humayun abría al amanecer elegimos ir a este ya que Akshardham lo hacía a las 9 de la mañana. Sobre las 8:30 ya estábamos allí. Era sábado y lo mejor de todo es que apenas había gente, entramos prácticamente sólos, increíble en este país, ¡¡qué tranquilidad!!

El recinto es un complejo de edificios de arquitectura mogol, comprende la tumba principal del emperador Humayun, así como otras tumbas, mezquitas y otras construcciones. Una de ellas es esta que vemos nada más entrar a nuestra derecha, es la llamada tumba de Isa Khan, uno de los subalternos del rey.

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Seguimos avanzando y llegamos a la joya del complejo, el edificio que alberga la tumba del segundo rey mogol, hijo del gran rey Babur. El edificio me encantó, la perspectiva desde este punto es espectacular, ¿no os recuerda a uno más famoso pero en otro color?

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En este mausoleo están enterrados, además de Humayun, su viuda principal y su esposa más joven así como otros dignatarios mogoles. El interior está un poco desangelado y hasta parece que poco cuidado, y es una pena porque el edificio es imponente.

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A diferencia de la joya de mármol de Agra, esta tumba fue encargada por la viuda principal del emperador Humayun en el siglo XVI, unos 75 años antes que aquella.

Por contar algo curioso que pudimos entender a un guía cercano es que en un período repleto de batallas, la muerte de Humayun fue de lo más surealista, ya que se cayó de una escalera cuando se disponía a coger un libro de su biblioteca.

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El sitio es un remanso de paz, los jardines son enormes y bastante bien cuidados. Sin tener el tiempo ajustado como era nuestro caso, pide pasar un buen rato lejos del caos y el estrés de la ciudad. Como nosotros no teníamos todo el tiempo del mundo, estuvimos en el complejo como una hora, el tiempo que habíamos acordado con nuestros acompañantes. Salimos y ahí estaba nuestro sij dispuesto a llevarnos al siguiente destino. Esta visita por supuesto la recomiendo 100%.

Al no haber mucho tráfico, llegamos a Akshardham bastante rápido. Este maravilloso lugar tiene una prohibición al entrar, y es que dentro no se permite sacar fotos así que pedirle al conductor que os pare en los alrededores para al menos tener alguna imagen del mismo.

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Este lugar he de decir que tanto a Manolo como a mí nos pareció maravilloso, desde luego en el top 3 de nuestro viaje entero, un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas. La entrada además es gratuita, lo cual es increíble por visitar este fantástico lugar.

A diferencia de otros templos, de carácter histórico, el complejo de Akshardham es de reciente construcción. Fue inaugurado en 2005, tras 40 años de obras y planificación y gracias a la aportación económica de miles de donantes y en su construcción participaron más de 7,000 artesanos venidos de toda la geografía india, más otros 4,000 voluntarios del ejército y centros espirituales.

En la puerta os harán un registro de lo más exhaustivo, tendréis que dejar las mochilas, bolsos, etc, en una consigna y el resto de pertenencias os las harán sacar para luego devolvéroslas antes de entrar y tras pasar los arcos de seguridad. Una vez dentro os encontraréis un absoluto oasis de limpieza, orden y pulcritud, y unos jardines perfectamente cuidados.

Tras pasar unas puertas llegaréis por fin al edificio. Antes de subir deberéis descalzaros y yo os recomiendo sí o sí llevar CALCETINES porque el suelo de mármol suele estar helado y puede ser bastante incómodo. Dejaréis todo en una consigna que luego os devolverán gratuitamente. Además, y como en cualquier templo hindú, es obligatorio cubrirse hombros y piernas.

El templo está construido enteramente de piedra arenisca de color rosa de la India y mármol de Carrara italiano, y carece de soporte alguno de acero o de hormigón. Ya cuando os acerquéis al edificio apreciaréis todo el trabajo que tienen los muros, más de 20,000 figuras talladas con un detalle increíble. Tras pasar sus maravillosas puertas (fijaos bien en ellas), bajo la cúpula central, se encuentra un murti o estatua de Swaminarayan de más de 3 metros de alto, impresionante, ya lo veréis. El interior nos dejó con la boca abierta, no es muy grande, pero cada rincón es maravilloso.

Para terminar y no aburriros, decir que al anochecer tiene un espectáculo de luces que por lo que dicen es impresionante, una pena que lo visitemos por la mañana y tengamos que irnos.

A la salida hay un espacio donde por 50 rupias (60 céntimos de euro) te puedes hacer una foto con el monumento al fondo y que te dan tras unos minutos. También un par de sitios muy bien acondicionados para comer y una tienda de souvenirs que aunque parezca increíble, no tenía imanes!!! :).

Dejamos el palacio todavía alucinando con lo que habíamos visto. Espero que no os decepcione con las expectativas que os estoy creando pero es que nos encantó. Nos vino a recoger nuestro coche y partimos ya sobre las 11 hacia Agra.

Esta es la ruta que habíamos hecho en Delhi esa mañana.

Ruta Akshardham

Tomamos una autopista de varios carriles en muy buen estado y nos pusimos rumbo a Agra a buen ritmo. Al poco tiempo entramos en la región de Uttar Pradesh, la más poblada del país y tras unos 230 kms llegamos a Agra sobre las 14:30h, sin duda antes de lo previsto, entrando por una calle en la que sufrimos un nuevo “shock”. Agra, ciudad muy importante durante el imperio mogol, ocupa la posición 19 en el ranking de ciudades más pobladas del país (2018). Yo la definiría como un pueblo de casi dos millones de habitantes de construcciones la mayoría bajas, y con suciedad, vacas y perros por todas partes, lo siento pero esta ciudad no hay por donde cogerla. Parece mentira que aquí se encuentre una de las maravillas del mundo.

Es la hora de comer y nuestros acompañantes nos llevan a un restaurante llamado Maya, en plena calle principal Fatehabad Rd, un restaurante para turistas con comida de todo tipo. Ahí probamos una carne a la brasa que nos gustó bastante, y un pan de ajo como acompañamiento que pediríamos siempre a partir de ahora.

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Pagamos 1,800 rupias (23€), propinas incluídas como siempre, un precio desde luego alto para la India pero lo dimos por bueno porque comimos y nos atendieron muy bien. Nuestros chóferes obviamente no comían con nosotros y al salir del restaurante ya aparece el que sería nuestro guía lo que quedaba del día, Vinot, un hindú muy simpático y con un excelente nivel de español. Le decimos que como quedamos con Narendra, queríamos visitar el Fuerte Rojo y al día siguiente el Taj Mahal al amanecer, para el que ya habíamos comprado las entradas por Internet previamente.

Vamos directos a visitar el segundo de los platos fuertes de Agra e incluso de la India, el Fuerte Rojo, que se eleva a la orilla derecha del Yamuna en el centro de la ciudad y que fue construido en arenisca roja, de ahí su nombre.

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Tras pagar la entrada y pasar el control de seguridad, tenemos las primeras explicaciones de un monumento desde que llegamos a la India, además en castellano, y esto ya es otro “cantar”, qué diferencia, las visitas guiadas siempre diré que cambian completamente para bien el hecho de conocer cualquier lugar.

El fuerte fue construido entre 1565 y 1573 por Akbar, recordemos que fue el tercer rey de la dinastía mogol e hijo de Humayun, y que hizo de él su ciudadela. Después fue ocupado por sus sucesores, Jahangir y Shah Jahan, que sobre todo este último aportaron contribuciones personales claves al complejo.

Primero nos detuvimos en el único edificio importante del reinado de Akbar que se conserva dentro de la ciudadela, que es el Jahangiri Mahal, construido hacia 1570.

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La mayor parte del complejo del palacio que sobrevive hoy día es obra de Shah Jahan, que derribó edificios construidos por Akbar para dejar espacio a sus propios palacios de mármol blanco, construidos en los primeros años de su reinado (entre 1627 y 1648).

Siguiendo hacia el norte, en el centro del palacio de este emperador se encuentra el  conocido como Anguri Bagh (Jardín de las Uvas) que cruza dos paseos de mármol dividiendo los jardines en cuatro partes iguales. A uno de los lados se encuentra el Khas Mahal (palacio privado), precioso, construido en mármol blanco en 1636, con tres pabellones y un estanque en medio.

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En una esquina del Anguri Bagh, junto al Khas Mahal, se halla el Shish Mahal (Palacio de Cristal), que se compone de una serie de habitaciones cuyas paredes están decoradas con espejos.

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El amigo Vinot nos muestra también dos mezquitas de mármol blanco, la Moti Masjid o Mezquita de la Perla, construida en 1646-1653 por el propio Shah Jahan y y la Nagina Masjid construida bajo el reinado de su hijo Aurangzeb (1658-1707).

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Ofreciendo también una hermosa vista del río, se encuentra el Diwan-i-Khas (Sala de Audiencia Privada), que albergaba las reuniones oficiales a puerta cerrada. Terminado en 1637, se trata de un salón abierto, bordeado por hermosos arcos. Este lugar es maravilloso, es mi favorito de todo el conjunto.

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Nuestro guía nos hace hincapié una y otra vez en que no hay nada pintado, sino que son todo incrustaciones de piedras semipreciosas en el mármol blanco.

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En Mussaman Burj, una torre con un hermoso balcón de mármol, el célebre rey Shah Jahan pasó los últimos ocho años de su vida hecho prisionero por su propio hijo Aurangzeb!!! y desde aquí contemplaba la maravilla que había creado, el Taj Mahal, lugar donde descansaría para siempre su amada esposa. Esta vista con el regalo de ver al fondo la joya de mármol, hizo que un escalofrío me recorriera el cuerpo, qué cerca lo teníamos ya, y qué ganas de tenerlo ante mis ojos…

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Cerca de este punto hay por último un gran patio en el que se encuentra, rodeado de verdes jardines, el Diwan-i-Am, donde tenían lugar las asambleas o ceremonias públicas.

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El lugar he de decir que está bastante cuidado y que desde luego se merece la fama que tiene, un IMPRESCINDIBLE también de este viaje a la India.

Estuvimos en el complejo una hora y media aproximadamente, y al salir todavía eran las 16:15h, mucho antes de lo que había previsto.

Esa tarde teníamos en nuestro planing si nos daba tiempo visitar algo rápido como la tumba del rey Akbar o ver el Taj Mahal al atardecer desde la otra orilla del río, en los jardines Mehtab Bag, pero como todavía quedaban aproximadamente dos horas de luz natural, y a pesar de que ya teníamos las entradas para el día siguiente, nuestro guía nos aconsejó ir a verlo en ese momento porque al día siguiente era domingo y habría mucha más gente, así que teníamos tantas ganas que para allí que fuimos.

Decir que para entrar al recinto hay 3 puertas,

  • La entrada sur (Sirhi Darwaza). Es la que se encuentra más alejada del recinto y atención porque abre más tarde que las puertas este y oeste. Yo evitaría esta.
  • La entrada este (Fatehabad Gate). Desde la taquilla donde se compran las entradas hay luego casi un kilómetro hasta la puerta de entrada.
  • La entrada oeste (Fatehpuri Gate). Se considera la entrada principal.

Atención que LOS VIERNES EL TAJ MAHAL ESTÁ CERRADO!!!

Accedimos al recinto por la oeste. Pagamos la entrada donde nos dieron una botella de agua y unas calzas para cubrir nuestro calzado y como íbamos con el guía, entramos rápidamente. Pasamos los controles de seguridad (por cierto olvidaros de meter un palo selfie) y caminamos hacia la entrada. Yo ya estaba nervioso, ¡¡¡se acercaba el gran momento!!!!.

Lo primero que os encontraréis será la Darwaza i Rauza o Fuerte de Acceso, un edificio monumental construido en arenisca roja.

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Aquí el guía hizo una cosa que no me gustó nada. Como es frecuente en el gremio en estos países, este tenía un “negociete” con un fotógrafo que se acerca y nos ofrece hacernos fotos dentro. Nos dice, y esto fue lo que menos nos gustó, que si no se accede con un fotógrafo “oficial” no podrás hacer fotos buenas. Yo digo, NO os lo creáis, es verdad que ellos tienen como un “permiso” para hacerlas, pero os puedo asegurar que podréis hacer buenas fotos, con más o menos paciencia, pero podréis, y además dudo mucho de la profesionalidad de la que ellos alardean.

Pero bueno, tras cruzar esa próxima puerta iba a llegar el gran momento, el instante que llevaba esperando tanto y tanto tiempo. He de decir que quería cruzar la última puerta y encontrarme con él de la manera más tranquila posible, y así lo hice, y tengo que decir que FUE GRANDIOSO, EL SITIO QUE MÁS ME HA IMPRESIONADO EN MI VIDA, lo esperaba, tenía las expectativas por las nubes….pero todas ellas se cumplieron.

Este vídeo, lógicamente, lo hice después del primer encuentro : )

Y ahí me encontraba ante una de las siete maravillas del mundo moderno, de un blanco impoluto, además sin andamios, que suelen ser bastante habituales. Lógicamente había “tortas” por hacerse fotos, todo el mundo buscando inmortalizarse con el monumento. Aconsejo tener paciencia, estar tranquilo, las buenas fotos llegarán, lo importante es disfrutar de esta maravilla. La primera vista es todavía lejana, pero ya pone la carne de gallina… me quedé embobado un buen rato contemplándolo.

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Y vamos con la historia, aunque seguramente ya la conozcáis, porque es bastante conocida. Esta maravilla es una ofrenda de amor del rey mogol Shah Jahan (del que tanto hemos hablado en el Fuerte Rojo) que fue erigida como monumento funerario de su esposa, la princesa persa Mumtaz Mahal, que falleció dando a luz a su decimocuarto hijo en el año 1631. Después de su fallecimiento, el dolor del emperador fue tan grande que se vistió de luto y se mantuvo apartado de la vida pública durante un año.

La emoción aumenta al irnos aproximando a él…, este paseo es un maravilloso disfrute. Las obras del Taj Mahal se iniciaron en 1632 y terminaron en 1648 aunque el resto de elementos de todo el complejo, como la mezquita, la casa de invitados, la puerta sur, patios, jardines etc, fueron siendo añadidos sucesivamente hasta completar las obras totalmente en 1653. Para dichos trabajos se necesitaron más de 20,000 hombres y para los trabajos de arrastre de materiales, hasta de 1,000 elefantes!!

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Para los maravillosos detalles de esa construcción, fueron requeridos todo tipo de arquitectos, artesanos, talladores de piedra, canteros, no sólo de todo el imperio de aquella época, si no también traídos de Asia Central e Irán.

Desde la plataforma que hay en el centro del recinto y con la ayuda del estanque, la vista ya no sé ni como definirla, absolutamente increíble, para mí es la mejor imagen de él. Perdón por poner tanta foto pero no lo puedo evitar, eso sí, os puedo asegurar, que el verlo en directo, no es comparable con ninguna instantánea.

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Para pasar a la zona donde comienza el mausoleo y por tanto el mármol blanco hay que ponerse las calzas en los pies para protegerlo, cosa que me pareció estupenda.

El lateral oeste (recordar que el edificio tiene sus 4 lados simétricos) con el sol iluminándole a medida que se va poniendo, le daba un tono anaranjado a la piedra que me pareció indescriptible, ¡¡qué belleza!!

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Entramos dentro del edificio del mausoleo donde por cierto no está permitido tomar fotografías. Aquí se encuentra el cuerpo de Mumtaz Mahal desde 1648 (17 años después de su muerte, en 1631). Una vez fallecido el rey Shah Jahan, fue el hijo de ambos, Aurangzeb, el que decidió incluir el cuerpo de su padre junto al de su madre, cuando falleció éste en 1666. En su interior, desgraciadamente, la verdadera cámara donde yacen ambos, no es visitable, y lo que podemos ver, es una réplica de las tumbas, pero es igualmente preciosa la estancia. Si os fijáis bien en sus paredes veréis los 28 tipos de gemas y piedras semipreciosas con las que se hicieron las incrustaciones en el mármol blanco.

Después de un rato salimos y rodeamos el edificio, divisamos el río Yamuna, situado al lado del complejo del Taj Mahal. Aquí nos cuenta nuestro guía la historia del Taj Mahal negro, que había oído y que todavía hoy no se sabe si fue verdad o no. Y es que una vez muerta su mujer, el rey Shah Jahan pensó en construir otro Taj Mahal para él en el otro lado del río pero en mármol negro y que se uniera al de su mujer con un puente de oro. Su propio hijo parece que fue el que se lo impidió con su reclusión en el Fuerte Rojo. De ser verdad, ¿os imagináis lo que podía haber sido hoy en día de conservarse dicha megalómana idea?.

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Estos son los edificios que acompañan al mauselo. El edificio occidental es una mezquita, que por cierto lucía preciosa en pleno atardecer.

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Del otro lado se encuentra el Mehman Kala, según nuestro guía construído como una casa de huéspedes.

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Y el monumento conocido como Darwaza o fuerte de acceso, que habíamos cruzado al entrar, pero que desde dentro y con la ayuda del estanque central, luce precioso, ¿no?

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Se acerca la hora de abandonar el recinto pero sin tristeza porque al día siguiente volveríamos ;). El guía durante el camino hacia el exterior nos habla de la difícil relación con los musulmanes. Paradójicamente, el legado monumental más conocido de las regiones del país que he visitado (Delhi y Uttar Pradesh) es herencia de los invasores seguidores del Islam. India, y por eso se les debe llamar indios y no hindúes es el tercer país con más musulmanes del mundo y según Vinot la población sigue aumentando día a día por su mayor natalidad. En la región de Uttar Pradesh el porcentaje de población musulmana es mayor (sobre un 20%) que la media del país (15%), y en la ciudad de Agra es incluso superior a ese 20%

Cogemos el coche y nos vamos al hotel despidiéndonos de nuestro guía, no sin antes llevarnos a otro business preparado, un establecimiento de joyas donde aguantamos la charla y nos fuimos sin comprar nada, todo muy “forzado”, así… no.

Llegamos enseguida a nuestro alojamiento, llamado The Coral Court Homestay, un hotelito muy cercano al Taj Mahal por el que pagamos 4,000 rupias (51€) la noche, desayuno incluído.

El hotel es sencillo por fuera pero por dentro, y como decían las críticas estaba muy bien. Era una vivienda pequeña con un pequeño jardín y todo muy limpio, habitación incluída. El wifi iba espectacular. Además tenía una terraza en el tejado muy agradable para pasar un rato tranquilo, lo cual es un plus importante.

Como no había mucho que hacer alrededor decidimos cenar ahí mismo y por apenas 375 rupias (5€) cada uno comimos estupendamente, todo comida casera, y aunque india cien por cien, nos gustó todo, postre incluído.

Nuestra intención antes de venir era madrugar mucho al día siguiente para llegar al Taj Mahal nada más que abriera, pero como ya lo habíamos visitado, pusimos el despertador un poco más tarde, pero sólo un poco, a las 5.45h.

Día 2. Agra – Jaipur

A esa hora sonó el reloj, nos vestimos, y tras coger mi cámara y poco más, caminamos los apenas 15 minutos que nos separaban del Taj Mahal. Apenas había luz pero ya la calle era un hervidero. Entramos esta vez por la puerta este, la llamada Fatehabad Gate, y ya sin guía. Aunque teníamos las entradas compradas ya previamente por Internet y ya impresas tuvimos que pasar por taquillas, en la que apenas había cola de gente, pero cuando llegamos a la puerta de entrada, aquí sí que había, y mucha, aunque hay diferentes filas en función de si eres hombre o mujer, extranjero o local. Esperamos nuestro turno unos 20 minutos, así que RECOMIENDO LLEGAR MUY PRONTO, diría mínimo a las 5:40h. a la puerta, nosotros llegamos sobre las 6:15h. También diría que tras nuestra experiencia creo que no es necesario sacar la entrada previamente por Internet, salvo quizás en temporada alta.

El mausoleo atrae entre 7 y 8 millones de visitantes cada año, y su visita se ha visto limitada para los turistas indios, que por cierto pagan 10 veces menos que el precio que pagamos los extranjeros.

El guía tenía razón, este domingo mucha gente iba a visitar el monumento al amanecer. Cruzamos la puerta, y aunque ya lo habíamos visto el día anterior, nos volvió a impresionar. Con el sol saliendo también es un buen momento para disfrutarlo, contemplar como se va iluminando el monumento poco a poco, es bellísimo, tengo vídeos maravillosos.

Esta mañana es de mayor disfrute si cabe, con pocas fotos, lo único que hacemos es sentarnos y disfrutar, quedarnos embobados disfrutando de esta maravilla por segunda vez.

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Recordamos algunos datos curiosos que nos contó el guía el día anterior como que los ingleses a principio del siglo XIX estuvieron a punto de demolerlo para vender su mármol y hacer frente a las deudas que tenían, ¿os imagináis que hubiera pasado?.

Y llegó la hora de irnos, no sin antes echar un último vistazo a la joya, que es preciosa desde cualquier perspectiva.

Espero volver a disfrutarte en otra ocasión, pensé mientras salía del recinto…

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Volvemos al hotel caminando no sin antes buscar alguna réplica para comprar como souvenir del monumento pero todo lo que encontramos era de bastante mala calidad.

Nada más llegar a nuestro alojamiento desayunamos, serían sobre las 8. Nos sirvieron fruta, tostadas y una especie de albóndigas fritas rellenas, todo muy rico y fresco.

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Después subimos a la habitación ya que nos permitían utilizarla antes de irnos para ducharnos y recoger todo, e hicimos el check-out. Es un hotel que recomiendo cien por cien, muy cerca del Taj Mahal y con una muy buena relación calidad-precio.

A las 9:30h habíamos quedado con nuestros chóferes y salimos hacia nuestro siguiente destino, Jaipur.

Volvimos otra vez al caos y seguimos alucinado con cómo está esta ciudad de sucia, con unos lados de las carreteras llenas de basura y de animales rebuscando en ella. En este vídeo os podréis hacer una pequeña idea de lo que es esta ciudad, y como todo contrasta con la maravilla que alberga en su interior.

Por cierto, averiguamos por qué a las vacas les encanta tumbarse en medio de las carreteras a pesar de que le pasan rozando el hocico vehículos y vehículos, pues porque ahí ¡¡¡no hay moscas!!! :), listas, ¿no?.

Avanzamos entre bocinas y coches cruzándose sin respetar en ningún momento lo de ceder el paso, ese verbo no existe en la India. Nuestro chófer ve tan normal adelantar una fila de camiones por la izquierda yendo literalmente por la tierra, una locura.

Hasta Jaipur hay unos 245 kms, sólo unos 30 más que de Delhi a Agra pero la carretera no tiene nada que ver, es verdad que hay tramos de doble carril por sentido, pero se tarda bastante más. Hasta nuestro destino haríamos dos paradas obligadas para ver dos sitios muy interesantes, el primero el palacio Fatehpur Sikri. Desde el hotel de Agra apenas había 50 kms, pero tardamos mucho, parecía que esta ciudad no se acababa nunca…

Por fin llegamos a nuestra primera parada. Dado que allí no tendríamos guía, la visita iba a ser muy diferente. Nuestro acompañante sij viene un tramo con nosotros y nos indica que cojamos un autobús que por 10 rupias nos llevará hasta la entrada, donde pagaremos 650 cada uno (8.3€). En la zona de las taquillas se nos ofrecen guías improvisados, pero pasamos de ellos, no me apetecía correr el riesgo de ser timados.

Fatehpur Sikri, que podría ser traducido como la ciudad de la victoria, fue la antigua capital del imperio durante 14 años y fue construida por el tercer emperador mogol Akbar entre 1571 y 1585. Se dice que fue abandonada sobre todo por la escasez de agua, qué curioso…

El complejo es enorme, con dos secciones muy diferenciadas: la zona con la mezquita mayor (con capacidad para albergar a unos 10,000 creyentes) y que veremos al final, y el palacio en sí, la parte más extensa, lleno de edificios construídos para las reinas del emperador. La impresión que nos da es de que la zona está bastante desangelada, una especie de museo al aire libre. El hecho de que tampoco hubiera mucha gente visitándolo, lo hacía todavía más inhóspito y hasta le daba un halo de misterio ;).

Paseamos por sus grandes esplanadas, entramos en las habitaciones, por cierto, en algunas con un olor a orina tremendo, no puedo entender que pueda pasar esto en un lugar tan famoso y simbólico como este.

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Por lo que pude leer, los sucesivos saqueos desvalijaron sus tesoros, pero quedó su estructura intacta, como un esqueleto fantasmagórico del esplendor imperial.

Vamos viendo la cantidad de edificios que componen la ciudad, como el Palacio de Jodhbai (la esposa hindú de Akbar).

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La Panch Mahal o “Pabellón de las Mujeres”, con sus 5 plantas en forma de pirámide escalonada, un oasis verde dentro del recinto. Aquí vivían las mujeres de la familia imperial.

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También nos encontraremos con dos de los edificios que más me gustaron, que resultaron ser salas de Audiencias, la pública: Diwan-i-Am,

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y la privada: Diwan-i-Khas, reservadas ambas a las reuniones del emperador Akbar. Este es famoso por su pilar central que aguanta una plataforma circular.

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Después de dar una vuelta, pasamos a la parte religiosa. Llegamos a la entrada de la mezquita Jama Masjid. Su puerta, Buland Darwaza, ordenada construir por Akbar tras una conquista en 1,573, tiene 54 metros de altura y es imponente.

En esta entrada se acumulaban vendedores de todo tipo, bastante insistentes, sobre todo niños. Tenemos que descalzarnos y dado que tenemos que cubrir nuestras piernas, se nos acercan unos “amigos” a ofrecernos pareos para cubrirlas, los cogemos rápidamente y entramos, sin hacerles mucho caso.

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Dentro del recinto vemos al fondo la mezquita, construida al estilo de las mezquitas indias y diseñada alrededor de un patio central, que es enorme, nos recuerda a la del mismo nombre que visitamos en Delhi.

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A la izquierda al entrar se encuentra Badshahi Darwaza, la puerta de entrada real y privada del rey Akbar, también imponente.

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En el centro del enorme patio podréis ver la tumba y mausoleo del santo Sheikh Salim Chisthi, el hombre santo de confianza de Akbar y que atrae a miles de peregrinos. Destaca porque fue construido en mármol blanco, en contraste con todo alrededor, levantado en arenisca roja.

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Entramos dentro de la mezquita, muy bonita por cierto, pero donde nos sentimos de nuevo muy observados.

Se nos acerca un muchacho “chapurreando” en español que le sigamos, insiste en que no quiere dinero, que trabaja allí. Nosotros por no ser maleducados y ante su insistencia, lo seguimos. Nos lleva fuera del recinto, por una puerta trasera, allí ya no hay turistas, nos lleva ante una especie de féretro cubierto, que dice que es un ave muerta, no entendemos nada, al final nos dice que nos va a llevar a un tallador de joyas amigo suyo, aquí es cuando ya nos damos la vuelta y nos vamos, nos sigue y nos pide una propina, aquí ya se agota nuestra paciencia y lo mandamos literalmente a paseo. Esto es lo que nos acaba de estropear la visita, yo lo siento pero sigo sin acostumbrarme a este tipo de intentos de engaño, y provoca que muchas veces estemos a la defensiva y lo paguemos con alguno que viene con buenas intenciones. ¿Lo mejor sin duda? venir con guía, o no hacer caso a ningún “amigo” que se acerque.

Salimos del recinto sobre las 12:15h, dejamos de mala manera el faldón que nos han dejado y nos vamos en busca del autobús de vuelta. Hace ya bastante calor, pero se soporta. Decir que el mes de MARZO es un excelente mes para venir a la India, después el calor se hace insoportable hasta el comienzo de la época de lluvias.

Continuamos el camino, tengo que decir que no nos vamos con buen sabor de boca de este lugar, aún así, obviamente que recomiendo la visita. Es una obra descomunal y aunque sólo fuera utilizada 17 años, tiene un hueco importante en la historia del país.

Dejamos el estado de Uttar Pradesh y pasamos al de Rajastán por el que el coche se detiene en una taquilla a pagar lo que los choferes denominan como impuestos, deben abonar 100 rupias (1,3€) al día por permanecer en el estado, curioso.

El camino es muy entretenido, si sois un poco curiosos no os aburriréis con lo que vais a ver, todo tan diferente a lo que estamos acostumbrados.

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A las 14:30h paramos a comer en un restaurante de carretera muy orientado a los turistas, se llama Motel Gangaur. Pagamos 900 rupias cada uno (11€), por dos platos, pan y bebida, muy caro. La tienda de souvenirs que tiene al lado también es carísima, NO recomiendo parar aquí.

A 40 kms del restaurante tenemos la otra parada antes de llegar a Jaipur, este es el precioso aljibe escalonado Chand Baori junto a la localidad de Abhaneri. La entrada es gratuita y tengo que decir que es un lugar donde su simetría os hipnotizará.

Situado enfrente del templo de Harshat Mata, fue construido, según se cree, alrededor del año 800 d. C., y es considerado uno de los mayores y más profundos de la India y del mundo. Tiene nada menos que 3,500 escalones en 13 niveles y alcanza una profundidad de más de 20 metros, ¡¡¡equivalente a un edificio de 9 pisos!!.

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Al construirse con escalones, la población india podía llegar hasta las aguas subterráneas y de esta manera, se garantizaba el abastecimiento de agua en épocas de necesidad, una práctica solución que acabó siendo una gran obra arquitectónica.

En la parte central se encuentra una balconada y varios santuarios y templos.

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La visita es breve y dentro nos encontramos una pareja española con un guía, era de los pocos de nuestro país que habíamos visto en el viaje hasta ahora.

Fuera del recinto encontramos una escena curiosa, parece un vendedor ambulante con una máquina que exprime caña de azúcar.

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Ponemos rumbo de nuevo a Jaipur. Como llegamos todavía de día y hay tiempo, nuestro acompañante nos sugiere visitar el Templo de Galta o Galtaji, conocido popularmente como el Templo de los Monos. No estaba entre mis planes pero al sobrar ese tiempo accedimos.

Nos llevaron hasta allí por una carretera bastante sinuosa, el templo se encuentra a unos 10 kms de la ciudad rosa en la falda de una pequeña colina. Llegamos y ya la entrada prometía… para mal, un auténtico estercolero de basura y vacas comiendo no sé qué. Entramos en el recinto donde abonamos una pequeña cantidad de dinero (50 rupias), según decían para el mantenimiento del palacio (millones de euros necesitarían pensé…).

Nada más cruzar la puerta de entrada nos encontramos a los animales que dan nombre al templo, y no había uno no, había decenas…a mí personalmente me dieron bastante “repelús”…

Todo el área de Galwar Bagh se compone de algunos templos y tanques de agua (kunds). Seguramente todo bien conservado se trataría de un lugar espectacular pero la verdad es que está todo muy deteriorado y sobre todo sucio, sin duda por la acción de los primates, que están por todas partes.

Llegamos a un estanque donde vemos el famoso y fotografiado templo de Galwar Bagh o Galtaji, enclavado en un pequeño desfiladero. El templo cuenta con una serie de pabellones con techos redondeados, columnas esculpidas y paredes pintadas. Subimos las escaleras que hay a su derecha prácticamente esquivando monos, mucho cuidado con ellos. Arriba del todo es verdad que había una bonita vista de todo el complejo.

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Personalmente la visita no me gustó, no me aportó mucho el sitio pero bueno, si tenéis tiempo ir y juzgarlo por vosotros mismos.

Desde allí nos dirigimos a Jaipur, que ya es verdad que era otra cosa si la comparamos con Agra. Una ciudad mucho más como tal, de edificios altos, de calles con aceras…, no en vano ya alcanza los 3,6 millones de habitantes (2018) con un ritmo de crecimiento de un 3% anual.

Nos pusimos a buscar el hotel, y aunque nos costó porque no estaba céntrico, al fin lo encontramos. Había reservado por Booking.com en uno llamado Villa 243. En esta ciudad los hoteles eran bastante baratos pero escogimos este porque tenía buenas críticas y en la azotea además disponía de una pequeña piscina donde muy amablemente el dueño nos dijo que podríamos utilizarla sin problemas incluso una vez hecho el check out.

Estábamos cansados tras el madrugón, así que decidimos cenar allí mismo. Por la noche preparamos nuestra primera colada, y le dimos la ropa al de la recepción del hotel que tendríamos lista al día siguiente.

Cenamos muy bien y enseguida nos fuimos a dormir, no había mucho más que hacer.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese día.

Ruta Agra a Jaipur

Para terminar, y para los amantes de la historia y si váis a ir a India creo que os ayudará, os añado un resumen de la dinastía mogol para entender mejor el pasado del llamado Triángulo dorado que íbamos a visitar (Delhi, Agra y Jaipur). Gracias al imperio musulmán existen los monumentos más importantes sobre todo de Delhi y Agra. Aquí lo tenéis, y si no os apetece o interesa, pues podéis pasar al siguiente día…;)

El imperio mogol (no confundir con el imperio mongol) reinó en la India del siglo XVI al XIX y estos fueron su saga de emperadores, concretamente seis. BABUR, que fue el primer rey mogol (que reinó de 1526 a 1530), le sucedió su hijo HUMAYUN (1530-1556), nacido en Kabul, y que fue derrotado y tuvo que refugiarse en Persia 10 años, pero gracias a la ayuda del Shah, pudo recuperar su trono. Murió en un accidente en 1556 y le sucedió su hijo Akbar. El reinado de AKBAR (1562-1605) constituyó una etapa de extraordinaria brillantez, militar y culturalmente. A Akbar le sucedió JAHANGIR. A su muerte le sucedió su hijo, el famoso SHAH JAHAN (1628-1658), el cual alcanzó en el terreno artístico, cotas esplendorosas. Muestra de ellos son sus tres grandes obras arquitectónicas: el Fuerte Rojo y la mezquita de Jama Mashid, en Delhi, y el Taj Mahal, en Agra. El último de los grandes emperadores mogoles fue AURANGZEB. Durante los 50 años que duró su reinado el imperio alcanzó su máxima extensión territorial, aunque destacó por su fundamentalismo islámico. A la muerte de Aurangzeb en 1707, el imperio inició un lento pero imparable declive, aunque mantuvo el poder en el subcontinente indio durante 150 años más. Finalmente el Imperio británico terminó con el mogol alrededor de 1857.

Día 3. Jaipur

Nos levantamos como siempre pronto, y a las 8 ya estamos cogiendo fuerzas para el día. El desayuno se servía como la cena el día anterior en la azotea, y aunque no era de buffet tenía una buena variedad y con lo básico que más me gusta.

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Como nuestro vuelo para continuar el viaje hacia Filipinas no lo teníamos hasta las 23:15h, teníamos prácticamente todo el día, al menos las horas de luz natural, para visitar la ciudad. No hicimos el checkout del hotel porque volveríamos antes de ir al aeropuerto para cambiarnos y coger la ropa ya lavada.

A las 8:30h ya teníamos a nuestros conductores fuera con la mejor de sus sonrisas para llevarnos. A destacar el que llevaba el volante, que aunque no hablaba castellano y era muy tímido incluso con el inglés, fue muy amable y servicial en todo momento.

El primer sitio que visitaríamos sería el de la imagen más representativa de la ciudad, la fachada del Palacio de los Vientos o Hawa Mahal, y como habíamos acordado con Narendra, para enseñarnos lo más representativo de Jaipur tendríamos a nuestro segundo guía en castellano, y allí se presentó, el que hacía llamarse Kumar. Elegantemente vestido y con un castellano algo inferior al de su homónimo de Agra, comenzó estando bastante serio pero se iría “soltando” poco a poco, y vaya si lo haría :):)

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La verdad que esta fachada, que simula una colmena de abejas, tiene un magnetismo especial, y más al verlo por la mañana, cuando el sol la ilumina directamente y le da una tonalidad entre naranja y rosa, que la vuelve mágica.

Esta maravillosa fachada fue contruida como una extensión del Palacio Real, mandado levantar por el Maharajá Sawai Pratap Singh en 1799. Las 953 ventanas que alberga, fueron diseñadas para permitir que las damas de la corte real, pudieran ver la vida cotidiana de las calles sin ser observadas detrás, ya que no les estaba permitido aparecer en público. El edificio debe su nombre al viento que circulaba a través de ellas, una forma de refrigeración que permitía que el recinto se mantuviera fresco incluso en verano.

Es una pena que hoy en día el palacio conserve poco más que la fachada, así que tras disfrutar de ella un buen rato desde el edificio de enfrente al que subimos con nuestro guía, nos dirigimos a nuestro siguiente destino, que este sí, nos llevaría media mañana, el maravilloso Fuerte Amber.

Nos subimos en el coche y tras unos 10 kilómetros llegamos al destino. Desde la carretera por la que se llega, la vista ya es espectacular.

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Se puede subir a la fortaleza en coche, tuk tuk, caminando y la manera más “original”, en elefante, esta última es la que teníamos claro que no haríamos así que le pedimos a nuestros chóferes que nos subieran y nos dejaran justo en la entrada. Nos quedamos sólos con Kumar que nos empezaría ya a contar mil y una historias de la fortaleza y los alrededores.

Construído en mármol blanco y arenisca rosa y beige (lo que le da su peculiar color) por orden del maharajá Man Singh, comenzó a levantarse en 1592 sobre las antiguas ruinas de un templo al sol del siglo X y fue sufriendo remodelaciones a lo largo de 150 años. Es un ejemplo de cómo se pudieron fundir históricamente los estilos arquitectónicos hindú y musulmán.

Las vistas desde arriba son fantásticas, se divisa tanto la ciudad de Jaipur como la muralla original de la ciudad.

También en la parte superior, podemos ver el Fuerte Jaigarh, construído para proteger el Fuerte Amber.

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Para entrar al recinto cruzamos la puerta principal Suraj Pol (Puerta del Sol) por donde se accede al Jaleb Chowk o patio principal.

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A continuación nos encontramos el llamado Diwan-i-Am, un palacio que ejercía de funciones de pabellón de reuniones o audiencias y que está coronado por un capitel en forma de elefante. Desde luego es muy bonito y donde sin gente, es posible hacer unas maravillosas fotos entre las columnas.

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Desde él nos acercamos a una de las joyas del Palacio, la Ganesh Pol, una maravillosa puerta decorada magistralmente con esculturas, grabados y mosaicos, preciosa y muy bien conservada.

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La cruzamos y accedimos ya a las antiguas estancias reales del Marajá donde destaca en el centro un bonito jardín o Charbagh, basado en el estilo mogol, es decir, musulmán.

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Y junto a él una joya, lo que sin duda más me gustó de todo el complejo, el Sheesh Mahal o Palacio de los espejos, completado en 1727. El sitio es maravilloso, nos quedamos un buen rato, con Kumar haciéndonos efectos ópticos con el móvil en los múltiples espejos que hay. Según nos cuenta con una simple vela alguien podía cruzarlo de noche sin necesidad de más iluminación gracias a la colocación estratégica de los mismos.

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Y por último accedemos a los Zenana o aposentos de las mujeres. Kumar nos sigue contando historias, algunas de ellas muy divertidas, nos habla también del famoso Kamasutra, de origen hindú, y nos muestra alguna imagen labrada en la piedra bastante “picante” donde no podemos no soltar más de una carcajada con sus historias.

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Y dejamos el fuerte, que es sin duda lo más visitado de Jaipur, de Rajastán y uno de los principales destinos de la India, y no me extraña porque lo considero un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas. A esta hora podría hacer un calor tremendo, pero no lo hace, de nuevo refrenda el buen mes que es marzo para visitar la India. Nuestro guía nos dice que en abril, mayo y junio apenas tiene trabajo, salvo si coincide la Semana Santa.

Salimos esquivando a los múltiples vendedores que se nos acercan y nos montamos en el coche para bajar hacia Jaipur donde me fijo en los puestos callejeros que venden cosas tan curiosas…

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Nos dirigimos de nuevo a Jaipur, no sin antes hacer una parada donde casi todo el mundo, para divisar a lo lejos el curioso y mágico, Jal Mahal o Palacio del Agua. Nuestro guía nos dice que el lago en el que se encuentra está contaminado y el palacio deshabitado, y lamentablemente no es visitable. Cuando el lago se llena en época de lluvias la única manera de acceder es con barca. También nos dice que el estar rodeado de agua hace que la temperatura en el mismo siempre se mantenga fresca. Fue construido en el siglo XVIII por orden de otro maharajá.

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Decir que la ciudad rosa de Jaipur brilla por su joyería fina, las gemas y piedras preciosas de esta gran urbe son famosas en todo el mundo. Por ello y aprovechando esta oportunidad quería comprar un par de regalos, así que le preguntamos a Kumar que nos llevara a un sitio de confianza. Lógicamente él conocía una tienda y para allí que nos llevó. Me gustó que tuviera el taller justo al lado, lo que significaba que todo lo fabricaban ellos mismos y por tanto no había intermediarios, se llamaba Rajasthan Gems and Jewellery Jaipur. Eché un vistazo a la tienda donde había mucha variedad y finalmente me decanté por un par de anillos con piedras preciosas a un precio muchísimo menor de lo que costaría en Europa. Además me dieron un certificado por escrito de autenticidad. Ya le dije a Kumar y se lo repito desde aquí que como se pongan “feos” los anillos, me voy a buscarlo…:)

Tras esa parada, accedimos a ir a una tienda de otro producto típico de Jaipur y de la India en general, ¿quién no aprecia las telas del país hindú?. Era una bonita tienda con miles de tipos de telas y calidades pero no teníamos tantas intenciones de comprar así que nos llevamos un par de cosas menores y nos fuimos.

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Como eran todavía sobre las 12 de la mañana le pedimos a Kumar ir a conocer otro de los sitios top de la ciudad, el traducido como Palacio de la Ciudad, en realidad un conjunto palaciego que incluye los llamados Chandra Mahal y Mubarak Mahal.

La familia real de Jaipur, una de las más ricas de la India, todavía vive en el Palacio de la Luna (Chandra Mahal). La parte donde están sus dependencias privadas no está abierta al público, pero hay otra zona que sí lo está y que contribuye a seguramente poder mantener los gastos que generarán todas sus propiedades. El precio de la entrada nos dice Kumar que es alto, pero que merece la pena, hacerme caso, nos dice, así que accedimos a pagar los 45 euros aprox al cambio que costaba la entrada, un desembolso importante sin duda.

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Nos pide el móvil y prepara este espontáneo vídeo para que nos sentamos como “reyes” entrando en nuestro palacio… apertura de puerta incluída, qué tío.

Pasamos junto a un vehículo Jaguar último modelo y entramos en las dependencias abiertas al público.

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En estas concretas según nos cuenta nuestro hindú es donde se alojan las visitas, algunas ilustres, como por ejemplo Carlos de Inglaterra, que se hospedó aquí en su día con Lady Di.

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Esta es una foto de la familia real, el patriarca de la familia y antiguo rey falleció hacía un tiempo…

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Pasando el título a su hijo, que aquí aparece como portada de una revista británica.

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Accedemos a la habitación de invitados con muebles según nos dice Kumar muy antiguos y por tanto muy valiosos, por eso las estancias parecen menos lujosas de lo que podría imaginarse. Vemos fotos de la presentadora norteamericana Oprah Winfrey, que se alojó también en esta habitación de invitados.

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Desde aquí pasamos a una dependencia más ostentosa, sala de reuniones y también de conversaciones…. ojo a nuestro glamour con los calcetines puestos 😉

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Pasamos a otra también de las más llamativas, mi favorita de todas las que vimos, por sus original colorido, su nombre es Sukh Niwas Blue Room, también conocida como la “Casa del Placer”.

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Aprovechamos para hacernos una foto con nuestro amigo Kumar, ¿no da el pego como actor de Bollywood? 😉

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Entre estancia y estancia, el que dice llamarse pintor de la familia real nos hace una exhibición de pintura rápida en una sala repleta de cuadros. El objetivo, lógicamente es que le compremos alguno, pero lo dejamos para otra ocasión…

En un piso superior está la sala conocida como Rang Mandir, o sala de los espejos, también muy bonita, donde Kumar nos prepara una exhibición con la ayuda de un vigilante y dos velas, para que viéramos como es posible iluminar toda la habitación con las puertas cerradas.

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Por supuesto durante la visita apenas hay turistas, ya que el precio echará muchos para atrás, así que la exclusividad la tenéis prácticamente asegurada.

Para terminar subimos hasta arriba del todo del palacio, a la séptima planta, donde hay un pequeño pabellón llamado Mokut Mahal, o corona del Palacio, pero que lo mejor son las estupendas vistas de todo el complejo palaciego y de Jaipur, que se ve enorme.

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Bajamos de nuevo y para terminar el tour, visitamos un comedor grande y en el exterior nos sentamos donde un camarero nos trae la consumición que quisiéramos acompañada de unas pastas. Allí pasamos un momento de relax muy agradable y con múltiples conversaciones con nuestro guía, con el que vamos cogiendo más y más confianza.

Dado que habíamos invertido más de una hora en visitar el palacio de la Luna, pasamos a ver más rápidamente el resto de edificaciones del complejo.

Pasamos por el Diwan-I-Khas, la sala de audiencias privadas, un espacio amplio y abierto típicamente mogol, cubierto de columnas.

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En su interior alberga unas piezas curiosas, dos enormes urnas de plata de 310 kgs que fueron utilizados por Madho Singh II para llevar el agua del río Ganges en sus viajes a Inglaterra. Están inscritas en el libro de Guinness de los récords como los objetos de plata más grandes del mundo.

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Llegamos por fin al Mubarak Mahal, el segundo de los del conjunto palaciego. Este fue mandado construir por el Maharajá Singh II en el siglo XIX para recibir a dignatarios extranjeros del maharajá (no en vano su traducción es el Palacio de Bienvenida). En la actualidad es un museo de trajes tradicionales e instrumentos musicales.

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Una de las puertas del palacio está flanqueada por dos elefantes, cada uno de ellos tallados de un solo bloque del mármol. Kumar nos dice con orgullo que son los más grandes del mundo con estas características.

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Dentro del complejo del palacio también podrás encontrar otros museos, galerías de arte y exhibiciones interesantes de trajes reales y armas indias antiguas, pero ya es hora de comer y no da tiempo a visitarlo todo, así que salimos y le decimos a Kumar que nos busque un restaurante.

Nos acompaña a uno claramente orientado al turismo, cuya decisión aplaudimos porque estamos muertos de hambre. Come con nosotros, cosa que la mayoría de los guías no hacen, detalle que agradecemos y agradeceremos SIEMPRE. Hay un buffet más barato pero no nos convence así que comemos a la carta. Él es vegetariano y sólo come dos veces al día, ah, y sin cubiertos, como manda la tradición hindú. Comemos bastante bien por unas 1,500 rupias (19€ los dos). Nos cuenta múltiples historias, sobre todo de sus tradiciones, muy divertidas, esta parte es de mis favoritas en los viajes, hablar con la gente y conocer su modo de vida.

Decir que la ciudad está llena de bazares como el de Johari Bazaar, de piedras preciosas, Chhoti Chaupar, de flores, Tripolia Bazaar con multitud de tiendas de telas y otros como Chandpole Bazaar, Bapu Bazaar, pero como ya habíamos hecho las compras que queríamos, decidimos seguir visitando otros lugares. Teníamos apuntado el observatorio de Jantar Mantar pero Kumar nos aconseja que vayamos mejor al cementerio sólo para hombres llamado Gaitor.

En la entrada como en tantos otros lugares turísticos hay niños intentando vendernos algo o mendigando, nosotros siempre aplicamos una máxima, no les damos dinero ni le compramos nada, de esta manera no fomentamos el que sigan con eso toda su vida o incluso a los grupos o mafias que puedan haber detrás de ellos, no sé si es lo más correcto, pero para nosotros lo es. Lo que sí les dimos fueron unas chuches que llevamos desde España y que trataron y repartieron como un tesoro. A otros les dimos pinturas y cosas para el colegio que también llevamos con nosotros.

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Este complejo funerario amurallado corresponde al lugar donde fueron incinerados algunos de los gobernantes más importantes de Jaipur.

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Los mauseoleos, conocidos como cenotafios, son espectaculares. Kumar nos cuenta la historia de varios de ellos. Aquí está enterrado Jai Singh II, fallecido en 1743 y que como fundador de Jaipur, su cenotafio es muy admirado por sus habitantes. La visita es breve pero con un buen guía que te ayude a conocer y apreciar todos los detalles, me pareció muy recomendable.

Todavía teníamos algo de tiempo pero le dijimos a Kumar que ya estaba bien de monumentos y que fuéramos a tomar algo para tener un tiempo de relax. Cuando estábamos pensando donde ir, le llama por teléfono nuestro chófer el sij y le dice que quiere pasar las últimas horas con nosotros antes de llevarnos al aeropuerto, qué raro pensamos, luego sospechamos la razón… Kumar, a pesar de nuestras reticencias accede a obedecer y lamentablemente nos tenemos que despedir de él.

Le damos un gran abrazo y nos damos las direcciones típicas de estos tiempos para seguir en contacto, pocas veces nos atendieron tan bien, nos sentimos tan agusto con un guía como con él, aprendimos mucho, nos reímos más, por tanto no puedo más que recomendar sus servicios, para el que lo quiera ahí va su dirección de mail touristguiderajindia@gmail.com, y yo no suelo recomendar sin estar seguro de lo que recomiendo… realmente se llama Bajrang Lal Kumawat, lo de Kumar es el nombre más sencillo para los no hindúes ;).

Nos montamos en el coche con nuestros chóferes y antes de llevarnos al hotel nos recomiendan una parada para visitar un templo hindú, el de Birla Mandir.

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No hay que pagar por visitarlo y antes de entrar debemos descalzarnos. El templo es de muy reciente construcción, concretamente en el año 1988 por el grupo industrial Birla, uno de los negocios familiares más exitosos del país. Está dedicado al dios Vishnu (Narayan) y a su consorte Laxmi, la diosa de la riqueza y dentro nose permite hacer fotos. Nuestro acompañante nos intenta explicar algo, pero entre el castellano pobre que tiene y que sabe lo básico del lugar, se queda en una visita “guiada” bastante cómica.

Es verdad que el templo construído en mármol blanco es bonito, con su cúpula más alta que luce espectacular, sus vidrieras con escenas de mitología hindú y varias esculturas y figuras talladas. Se encuentra en la base de la pequeña colina llamada Moti Dungari, así que las vistas son bonitas, y más cuando el sol se está poniendo. Habría estado bien haber coincidido con alguna ceremonia.

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Salimos del templo y ya nos llevan al hotel, donde recogemos las maletas y pagamos la noche, la cena del día anterior y la lavandería, todo por 7,000 rupias (87€ al cambio). Tengo buena opinión de ese alojamiento, el trato sobre todo fue espectacular, nos dejaron una habitación para ducharnos y cambiarnos en ese momento, sólo creo que las tarifas son un poco elevadas para el precio medio del alojamiento en Jaipur, pero si no te importa pagar un poco más por tener un buen servicio, es una buena opción.

Teníamos la salida de nuestro vuelo a las 23:15, y con la distancia que había y sobre todo el tráfico caótico que inunda la ciudad decidimos ir con tiempo de sobra, así también podríamos cenar tranquilamente. Llegamos finalmente a las 20:30h al aeropuerto, con nuestro amigo sij preguntando durante el trayecto un par de veces si el servicio había sido bueno, ¿por qué preguntaba tanto? por lo que nos imaginábamos… esa bonita palabra que es la “tip”. Quizás no le dimos lo que esperaba pero honestamente fue lo que consideramos justo acorde a lo que dió él de más al servicio que teníamos estipulado y pagado por el tour, por supuesto, lo que le dimos fue para repartirlo con su compañero, espero que a partes iguales.

Y hasta ahí llegaron los servicios de Narendra, he de decir que terminamos muy satisfechos, siempre a nuestra disposición y lo acordado fue siempre lo cumplido, el guía Kumar espectacular, el de Agra no nos convenció tanto a nivel personal aunque es verdad que su castellano fue muy bueno y las explicaciones fueron correctas y nuestros chóferes fueron también correctos, así que os recomiendo esta agencia para hacer este tour por el llamado Triángulo dorado de la India, la inmersión quizás más “fast” por el país hindú.

El mail de Narendra es narendra_newdelhi@yahoo.com y su empresa se llama India Package Tour. Pagamos 14,000 rupias (173€) en total por los 3 días, accedió tan fácilmente a lo que le pedimos y nos atendió tan bien previamente que ni regateamos el precio.

Entramos en el aeropuerto y nos fuimos a pasar el protocolo del equipaje. La compañía de nuestro próximo vuelo era Air Asia y siempre corríamos el riesgo de que nos hicieran pagar por no facturar, porque nuestras mochilas pesaban más de 7 kg, pero afortunadamente no nos ponen pegas.

Cenamos algo en el aeropuerto con las 1,000 rupias que nos quedaban y pasamos el control de inmigración de salida que casi perdemos por confiarnos (ojo con esto). A la hora prevista dejamos el país con rumbo a Kuala Lumpur, escala previa a nuestra siguiente parada de este viaje por el Sudeste asiático, Filipinas.. pero ese, es otro capítulo que espero no os perdáis porque nos enamoramos del país y sus gentes, suena tópico, pero fue así.

De la India, pues como se suele decir, o la amas o la odias. Sin duda hay momentos en los que tienes los dos sentimientos y salvo que seas un viajero de los “profesionales”, creo que sobre todo es conveniente tratar de ir mentalizados de lo que te puedes encontrar porque el shock puede ser importante sobre todo los primeros días. Es un país con un pasado que ha dejado un maravilloso legado de monumentos y palacios increíbles y lugares que os sorprenderán, pero que también se os mezclarán con pobreza, caos y suciedad, lo importante es intentar sacar la esencia y el lado bueno de cada lugar y de cada experiencia como tratamos de hacer nosotros, por todo ello, desde luego que recomiendo la visita a este país, más o menos tiempo eso ya que lo decida cada uno, luego espero me contéis vuestra experiencia.

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COMILLAS & SANTILLANA DEL MAR (CANTABRIA)

Si hay dos poblaciones que destacan del OCCIDENTE de la preciosa provincia de CANTABRIA y que considero imprescindible visitar, esas son COMILLAS y SANTILLANA DEL MAR, dos villas que si no las conocéis espero que esta entrada os anime a hacerlo. Sin duda son de mis favoritas del poniente cántabro junto con otros puntos destacables como Fuente Dé y Potes, pero de estos habrá otro capítulo.

A estos dos municipios que van a centrar esta entrada, y a pesar de que no me gustó tanto, voy a añadir otro que por cercanía a aquellos y porque además su visita no os supondrá mucho tiempo, también es interesante conocer, la villa marinera de San Vicente de la Barquera.

Empezamos por mi favorita, Comillas, una villa más bien pequeña, ya que tan sólo mantiene censados unos 2,195 habitantes (2017) pero en verano, que es cuando le hago mi última visita y que aquí os presento, su población se multiplica ya que es un destino vacacional cántabro muy famoso y hasta “real”, luego os diré por qué.

Alberga quizás el mayor patrimonio arquitectónico de la provincia, pero a menudo queda eclipsada por la cercana Santillana del Mar, que es la localidad más turística de Cantabria, también por la cercanía a ésta a las famosísimas Cuevas de Altamira.

En Comillas si hay un lugar que destaca por encima de todos y que va a tener un lugar destacado en este espacio es el magnífico edificio Villa Quijano, popularmente conocido como el Capricho, primera obra del genial arquitecto Antonio Gaudí fuera de Cataluña.

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A finales del siglo XIX, la historia de esta población da un giro importante debido a un ilustre personaje, Don Antonio López, absoluto protagonista del pasado contemporáneo de Comillas, que tras emigrar a América, y cuyo éxito en los negocios (llegó a poseer más de 200 compañías) le permitirán convertirse en uno de los hombres más influyentes de finales de ese siglo. A la vuelta de América se estableció en Barcelona pero empezó a acudir de forma periódica a Comillas, invitando en el año 1881 al mismísimo Alfonso XII a pasar sus vacaciones en esta villa. El rey aceptará, complacido por el apoyo que durante años había recibido de Antonio y este agradecimiento fue acompañado con el nombramiento de Don Antonio como Primer Marqués de Comillas y como Grande de España, no está mal, ¿no?

La visita real y el papel de Antonio López supuso una gran transformación para la Villa de Comillas, ya que para la ocasión se trasladaron a Comillas arquitectos y artistas catalanes, que pusieron el germen del modernismo catalán en la villa a través de la construcción de edificios monumentales como el Palacio de Sobrellano, la Capilla-Panteón o la Universidad Pontificia.

Dejamos el coche en una calle cercana a un supermercado junto al paseo de Estrada y fuimos en busca de nuestro primer edificio que queríamos visitar, el fantástico Palacio de Sobrellano.

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Este precioso palacio neogótico diseñado por el arquitecto barcelonés Joan Martorell y encargado construir por el Marqués de Comillas, fue ideado como residencia de verano de este y de nada menos que la Familia Real de Alfonso XII. Fue inaugurado años después de la muerte del Marqués, en 1888 y en él trabajó como ayudante Gaudí proyectando el mobiliario de la capilla de palacio.

El edificio es de planta rectangular y totalmente simétrico, espectacular por fuera.

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Si su exterior es precioso, su interior no lo es menos, presenta una mezcla de estilos en el que destaca su hall distribuidor, su espectacular escalera de mármol y el gran salón, que forman un conjunto impresionante con su preciosa fachada. No pongo fotos para que lo veáis con vuestros propios ojos. Nos encantó.

Después de pasar un buen rato visitando este palacio que sin duda es imprescindible, fuimos en busca del lugar que más ganas teníamos de conocer de Comillas, el famoso Capricho de Gaudí.

Pagamos la entrada de adulto de 5€ y ya tuvimos la primera vista del genial edificio, concretamente de la fachada este. La entrada al edificio se encuentra justo en el otro lado.

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Os recomiendo encarecidamente que conozcáis este insigne edificio mediante una visita guiada. Como todas las residencias proyectadas por Gaudí, esta también está llena de secretos que os irán desvelando en la visita guiada y que a nosotros, y hasta a nuestra niña, nos parecieron muy interesantes y divertidas, sobre todo si tenéis una guía tan competente y amena como la que tuvimos nosotros. Además como el interior del edificio esta prácticamente vacío, si no lo hacéis creo que la visita perderá mucho interés.

No os voy a contar todas las explicaciones de la visita, sólo algunas que pude anotar y otras en cambio os dejaré que conozcáis cuando vayáis, espero que así tengáis más ganas de ir y conocerlo 🙂

Decir que la obra se comenzó en 1883, en el mismo año que la Sagrada Familia y fue un encargo de Máximo Díaz Quijano, un ilustrado y rico indiano, abogado de profesión y concuñado del ya nombrado Antonio López, primer Marqués de Comillas. Además era músico amateur, detalle que como veréis será importante para la construcción de la vivienda.

Nos dirigimos a la fachada donde se encuentra la entrada principal, orientada hacia el oeste y ahí empezamos por una extensa explicación del exterior donde nuestra guía nos habló del modernismo, de la fusión y mezcla de estilos que presenta el edificio, tejados ingleses, torre mudéjar, elementos góticos, etc. Nos habló de los girasoles presentes por toda la fachada, que simula como Gaudí adaptó la casa a las condiciones climáticas, en función del recorrido del sol. También de las cuatro columnas que forman el pórtico de la entrada, simulando los puntos cardinales y otras curiosidades que seguro os intereserán, muchas de nuevo haciendo guiños al tema de la música.

La fachada exterior de la casa es muy colorida y original lo que hace que llame mucho la atención, exhibiendo la riqueza de su propietario, siempre pensando en él, eso sí que es una adaptación abnegada a los deseos de un cliente 😉

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La primera sala en la que nos detuvimos fue la que tenía que ser el dormitorio principal, incluso más grande que el salón y orientado hacia el este, es decir, por donde el sol debía de salir y de esta forma don Máximo pudiera verlo nada más levantarse. Junto a esta estancia entramos en el aseo, muy bonito, y con el espacio de la bañera por supuesto junto a la ventana.

Baño

En este cuarto están las que se consideran, según nuestro guía, las primeras vidrieras diseñadas por Gaudí, y que no se terminan por las prisas que tenía el dueño por vivir dentro.

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La residencia tiene unos 180 metros cuadrados, e incluso hay una sala con plantas traídas de Cuba donde el propietario pasó 10 años, ya que el dueño era un aficionado a las plantas exóticas. Esta sala hacía de invernadero, que entre otras funciones, regulaba la temperatura de la casa en los fríos inviernos cántabros, ¿una vivienda sostenible…? preguntar por qué la casa tenía forma de U…

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Pasamos al salón principal a la que nuestra “cicerone” llamó la de la música, que dispone de una bóveda ideal para la acústica. Aquí espero os cuente una de las curiosidades de la casa y que demuestra la genialidad del arquitecto de Reus, no os la voy a contar, sólo que está relacionada con el amplio ventanal, su sistema de poleas y la música otra vez… hasta le encantó la historia a nuestra hija de 5 años.

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Os daréis cuenta que la casa tan solo tiene un dormitorio principal, el resto de estancias estaban más dedicadas a compartirlas con más gente. Pasamos a una de ellas, orientada hacia poniente, es decir donde disfrutar de las tardes de nuevo acompañado del “astro rey”.

Una vez que terminaron las explicaciones subimos por una escalera de caracol a la planta de arriba, el desván, dividido en dos por el salón principal, con unas preciosas vigas de madera en el techo y que en el momento de nuestra visita mostraba algunos elementos de decoración provenientes de otros edificios, siempre trangresores para su época y que desde luego no deja indiferente.

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De ahí pasamos a una terraza donde es posible ver más de cerca su característica y preciosa torre-minarete, de inspiración mudéjar y que recuerda a los minaretes musulmanes.

Para terminar decir que el dueño vino a morir prácticamente a la casa, de ahí sus prisas, porque cogió una enfermedad, y murió, según nuestra guía ¡¡¡a los 7 días de haberse terminado!!!, ¿se puede tener más mala suerte?.

Después de morir el señor Díaz Quijano, el palacio fue pasando de manos. Tras la guerra civil el Capricho quedó abandonado y aunque en 1969 fue declarado Bien de Interés Cultural, no fue recuperado hasta 1977, año en el que dejó de ser propiedad de la familia del Marqués de Comillas y pasó a manos de un empresario cántabro cuyos hijos lo convirtieron en 1988 en un restaurante de lujo, adquirido incluso en 1992 por una compañía japonesa, pero que finalmente tuvo que cerrar con la crisis. En 2010 afortunadamente abrió como casa museo para que todos lo podamos disfrutar y espero que sea por muchos años.

Y aquí termina la visita a este noble edificio, que por encima de su belleza encierra tantas y tantas historias, curiosidades y detalles que en mi opinión lo hacen apasionante. Su construcción supuso toda una revolución al adelantarse a todas las vanguardias europeas del modernismo. Este palacio es uno de los tres únicos edificios que el arquitecto construyó fuera de Cataluña, con la Casa Botines en León y el Palacio Episcopal de Astorga, qué personaje tan genial, no me extraña que sea venerado en nuestros días.

Aquí tenéis una última perspectiva de la casa que me encantó.

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Adyacente al Palacio se encuentra la Capilla-Panteón de los Marqueses de Comillas, construida también por el catalán Martorell y con mobiliario de Antoni Gaudí, una de las primeras incursiones del arquitecto en la decoración de interiores. Para su construcción, Martorell siguió modelos del gótico inglés y centroeuropeo, dando lugar a una catedral en miniatura.

Es una iglesia de estilo neogótico, que el marqués de Comillas mandó construir en honor a su hijo mayor fallecido (murió muy joven de tuberculosis). El propio rey de España, Alfonso XII, fue a inaugurar en persona esta iglesia en el año 1881.

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Después de las visitas a los tres edificios más representativos decidimos perdernos por las calles del centro de la villa.

Los artistas catalanes que acudieron a Comillas desde finales del XIX, también han dejado su sello en el casco histórico de la villa. En una de las plazas principales, encontrarás La Fuente de los 3 Caños, obra de Doménech i Montaner. Desde este punto es muy recomendable pasear por su empedrado casco histórico, el cual ha sido designado Conjunto Histórico Artístico.

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Después de visitar la oficina de turismo podéis tomar la calle los Arzobispos para llegar a la Plazuela de los Cantos, centro neurálgico de la villa llena de agradables terrazas donde tomar algo o llenar el estómago con la fantástica gastronomía local.

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La imponente torre de 30 metros de la Iglesia de San Cristóbal domina toda esta zona, este es el principal templo religioso de Comillas que data del siglo XVII.

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Podemos seguir por la Plaza de la Constitución, el centro neurálgico de la localidad y donde encontramos algunos de los principales monumentos de Comillas. Entre ellos está el Ayuntamiento Antiguo, situado justo al lado de la Iglesia de San Cristóbal.

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Como ya era casi la hora de comer nos dirigimos al restaurante en el que habíamos reservado viendo sus buenas críticas. En el restaurante Gurea, comimos un menú del día por 15€ bastante bueno, por supuesto y a pesar de que era verano, me pedí el célebre cocido montañés, como dejar pasar esta oportunidad de un amante de la cuchara como yo…

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Dado que el restaurante está en la parte alta de la villa nos acercamos a un mirador desde la que se tiene una preciosa perspectiva de la zona del puerto y la playa, que siendo verano y con el día que hacía, estaba repleta de gente. Disfrutar pensaba yo que días como estos no hay muchos por esta zona…

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En Comillas también hay muchas “Casas de Indianos”, que son palacetes típicos del norte de nuestro país que construyeron los españoles que emigraron a América después de hacer una pequeña o gran fortuna, a mí me personalmente me cautivan estas construcciones.

El resto de los edificios notables y casas solariegas del municipio corresponden a finales del siglo XIX y principios del XX, época en la que Comillas gozó de su máximo esplendor económico y social. Muchos de estos edificios son dignos de admirar como este que alberga la famosa tienda Molucas.

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Me fijé en este edificio de madera, mucho más reciente, que también me encantó.

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Otro edificio ilustre se encuentra en el llamado alto de la Cardosa, y es la Universidad Pontificia, de estilo neogótico con influencia mudéjar. El II marqués de Comillas (uno de los hijos de Antonio López) crea esta Universidad, aunque el edificio fue levantado por los Jesuitas. En la actualidad, La Fundación Comillas es una organización privada sin ánimo de lucro, creada en 2005. Su objetivo principal es la puesta en marcha, desarrollo y gestión de un centro de excelencia dedicado a la promoción y enseñanza especializada de la lengua y la cultura hispánicas. Lo vimos a lo lejos ya que no teníamos tiempo para visitarlo antes de que cerrara, pero lo tenemos apuntado para la próxima.

Pontificia de Comillas

En el municipio también podéis visitar otros lugares como el cementerio gótico, situado en una colina muy próximo a la costa, lleno de esculturas como el famoso Ángel de Llimona u otros lugares como la Casa Ocejo o el Parque Güell y Martos, lo que demuestra que esta noble villa está llena de sitios interesantes que descubrir y que sin duda merece una visita a fondo y sin prisas.

Tras la estancia en Comillas que perfectamente os puede llevar un día completo, apenas a 20 kms por la carretera bordeando la costa llegamos a otra famosa población, Santillana del Mar, que esta sí se puede visitar perfectamente en media jornada. Popularmente se le conoce con el sobrenombre de villa de las tres mentiras, ya sabréis por qué.

Muy cerca de ella se encuentra la cueva de Altamira, calificada como la “capilla sixtina” del arte rupestre ya que contiene probablemente las pinturas prehistóricas más famosas del mundo. Esto hace que se llene de visitantes y por cercanía muchos de ellos se acerquen a Santillana.

Dejamos el coche en un aparcamiento por el que pagamos una pequeña cantidad y nos acercamos primeramente al centro de visitantes para interesarnos por lo que debíamos ver en dicha población. Nos dieron un mapa y nos mostraron la ruta más interesante, sorprendiéndome de que el camino marcado por la amable chica que nos atendió no parecía que nos iba a llevar excesivo tiempo porque era bastante corto.

Santillana del Mar es un municipio de 4.154 habitantes censados (2017) dedicados en su mayoría a la actividad agropecuaria y, sobre todo, como no, al turismo. Gozó de gran esplendor en el siglo XV, cuando don Íñigo López de Mendoza fue nombrado marqués de Santillana. Posteriormente volvió a gozar de brillantez a finales del siglo XVII y, sobre todo, durante el siglo XVIII con la vuelta de los indianos, aquellos emigrantes que como ya he comentado fueron a América y trajeron una gran fortuna con el que se construyeron magníficos palacios.

Su casco histórico se organiza en torno a dos calles principales que van a parar a dos plazas. La primera de las calles toma diversos nombres (CarreraCantón, y del Río) y va a dar a la plaza que da acceso a la colegiata de Santa Juliana, su principal monumento. Si acercáis el mapa veréis marcado a bolígrafo la ruta que nos marcaron en la oficina de Turismo.

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Con estas indicaciones iniciamos el paseo por sus calles empedradas y su trazado medieval.

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A lo largo de su calle principal pudimos apreciar multitud de regias casonas producto de los momentos de mayor esplendor de la villa, son muchas para enumerar aquí. Justo enfrente del magnífico hotel de 5 estrellas la Casa del Marqués decidimos hacer un break para tomar un café en la Terraza Restaurante Casa Miguel, el sitio espectacular, con una terraza en un sitio privilegiado, rodeado de árboles y con buen tiempo de lo más tranquilo y alejado del bullicio de las calles, aunque quizás el servicio no es el más profesional, otro efecto colateral del turismo masivo, pero el sitio es fantástico.

Desembocamos en la parte de la calle principal conocida como “del Rio”, que desciende hacia un curioso abrevadero, a cuya derecha encontraremos otras viviendas señoriales, las Casas de los Cossio y los Quevedo, de finales del XVII.

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En esta plaza entramos en el Museo del Barquillero, que lógicamente a nuestra niña le gustó mucho y pasamos un buen rato viendo los juguetes antiguos.

Al lado de este se encuentra sin duda el edificio más representativo del municipio, la Colegiata de Santa Juliana, que data del siglo XII, la joya más importante del románico en Cantabria. Y dada su importancia decidimos pagar la entrada para visitarla por dentro.

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Nos acercamos a su entrada por La Plaza de las Arenas, donde destaca el Palacio de los Velarde, de estilo renacentista y construido durante el siglo XVI para Alonso Velarde, un joven de una familia importante del municipio. Entramos en la colegiata por su puerta occidental, que nos lleva directamente al claustro, que es el elemento más destacable del conjunto. Adosado a la fachada norte de la iglesia, se trata de uno de los claustros románicos más bellos de España, donde sobresalen sus capiteles románicos esculpidos en la piedra, a nosotros sin duda fue lo que más nos gustó.

A continuación entramos en la iglesia, que consta de tres amplias naves en cuyo interior se observan sepulcros medievales y relieves románicos de los siglos XI y XII. El retablo mayor según leímos es una excelente obra de estilo hispano-flamenco de finales del XV.

Salimos del templo y recorrimos de nuevo la calle Río para enseguida girar a la derecha y tomar la calle Racial en busca de la Plaza Mayor, sin duda otro de las principales atracciones de la villa. En ella se encuentra el edificio del Ayuntamiento, construido en el siglo XVIII y que está construido sobre un triple soportal con un bonito balcón en el primer piso, que lleno de flores, lo hace lucir mucho más. También en la plaza se encuentran otros edificios ilustres como las Casas del Aguila y de la Parra, caseríos de la antigua nobleza, las Torres del Merino y Don Borja y el Palacio Barreda – Bracho que alberga el Parador Nacional Gil Blas. Este es otro de los lugares más visitados de Santillana y casi seguro lo encontraréis lleno de turistas.

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Dejamos la plaza para continuar por la calle de Juan Infante, otra de las principales y que teníamos marcada en nuestra ruta.

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Caminamos por las callejuelas adoquinadas y los edificios de piedra, datados entre los siglos XIV y XVIII donde nos topamos con uno de los museos más interesantes y visitados de Santillana ya que siempre generan algo de curiosidad la temática, es el Museo de la Tortura, que contienen buen número de instrumentos de tortura utilizados por la Inquisición para combatir la herejía. Decidimos no entrar por ir con la niña con lo que al final, la Colegiata fue el único sitio que visitamos por dentro.

Y aquí terminó nuestro paseo por Santillana, que no nos llevó más de 3 horas, con lo que como os decía se ve bastante rápido. La impresión que tuve de ella, y es muy personal es que me dió la impresión de que ha perdido un poco la “esencia” de su belleza por la cantidad de visitantes que tiene, por la acumulación en sus pocas calles principales y por la proliferación exagerada de tiendas típicas y restaurantes, pero es verdad que bien merece una visita por su valor arquitectónico.

Decir que a la salida os encontraréis con un jardín botánico y un sorprendente zoológico!!, sí, como lo oís, aunque no sé como puede subsistir teniendo a apenas a 30 kms el supervisitado Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Como teníamos todavía algo de tiempo esa tarde, dudamos en ir a un sitio que seguro le habría gustado mucho a nuestra niña y que recomiendo porque me han hablado muy bien de él, el laberinto de Villapresente, el más grande de nuestro país, pero finalmente decidimos hacer una breve visita a la villa costera de San Vicente de la Barquera.

Fuimos a por el coche y en una media hora estábamos ya en la villa marinera. San Vicente de la Barquera es un municipio de 4.154 habitantes censados (2017) y cuya ubicación geográfica ha favorecido sin duda su desarrollo como uno de los destinos turísticos preferidos en la región. Está enclavado dentro de la ría de San Vicente y se encuentra rodeado de bonitas playas, como las de la Maza y el Tostadero, en plena ría, y las de Oyambre y Merón, más hacia el este y de mayor extensión. Además forma parte de la denominada Ruta Lebaniega, que enlaza el Camino de Santiago de la costa con el Camino Francés.

Dejamos el coche en una calle junto a la Avenida Miramar que circula paralela al mar y fuimos en busca de su atracción principal, el Castillo del Rey, que se divisa desde cualquier lugar de la villa. Para alcanzarlo subimos la calle Padre Antonio donde ya íbamos viendo unas bonitas vistas de la localidad.

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Caminamos por la zona conocida como la Puebla Vieja, también llamada Puebla Alta, un conjunto monumental plagado de interesantes edificios. El monumento principal es sin duda el Castillo del Rey, construido en el año 1210 tras la concesión de fuero a la villa por Alfonso VIII. Su estructura alargada se adapta al espolón rocoso que domina la bahía de San Vicente. En el lado oriental tiene adosada una torre cuadrada y en la fachada occidental la Torre del Homenaje.

La fortaleza tiene en total una longitud de 54 metros y del castillo arrancaba la muralla que se extendía a lo largo de las diferentes laderas del peñasco sobre el que se asentaba la antigua villa. De esa muralla se conserva la mayor parte de la fachada norte, así como algunas de sus puertas como la del Preboste, junto al actual Ayuntamiento, y la situada detrás de la Iglesia de Santa Maria de los Ángeles, monumentos todos ellos que vimos por fuera y que si tenéis tiempo y os interesa podéis visitar su interior. También son de interés las ruinas del Convento de San Luis.

Donde sí entramos fue en el Castillo que tras acceder a su torre más oriental pudimos ver una proyección audiovisual hablando de su historia y que aguantamos hasta que se le acabó la pacienca a nuestra niña. El interior de la fortaleza después de una rehabilitación se ha acondicionado para acoger diferentes eventos culturales: exposiciones, conferencias, conciertos, esto lo hace ser un importante foro cultural de la región. Hoy cuenta con una exposición permanente sobre la historia de San Vicente con documentos y piezas históricas de la villa y con una fotográfica de lugares del pueblo.

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Pero para mí lo mejor del castillo son sin duda las fantásticas vistas que hay desde cualquier rincón del edificio…

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Sólo por la panorámica que hay de diferentes partes de la localidad desde este punto merece la pena la visita. Aquí tenéis una perspectiva de uno de los ríos que desemboca en la ría de San Vicente, el río Gandarilla.

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También hay una preciosa perspectiva del Puente del Parral, construído en el siglo XVIII y que cruza hacia el otro lado del pueblo. Para mí es quizás la foto más bonita de todas porque simboliza bien a las claras el estatus de villa marinera que ostenta San Vicente de la Barquera.

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En esta otra panorámica se puede apreciar otro de los puntos más célebres de la villa, el Puente de la Maza, que con sus 32 ojos cuando fue construido entre los siglos XV y XVI, era considerado uno de los más largos de España. El mirador es precioso, con la ría en primer término, la localidad rodeada del Parque Nacional de Oyambre y los Picos de Europa al fondo.

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Después de disfrutar de las vistas, descendimos de nuevo por la calle Padre Antonio para cruzar el Puente del Parral y dar un agradable paseo por el otro lado de la villa, a lo largo de la zona donde se encuentra la cofradía de pescadores.

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Llegamos hasta el Santuario de la Barquera para después ya volver en dirección a nuestro coche. Una pena no disfrutar de la gastronomía de la localidad, muy apreciada y siempre relacionada con el mar, tendrá que ser para otra ocasión.

Y aquí termina el periplo de dos jornadas por estas tres villas del oeste cántabro. Os recomiendo de nuevo que las visitéis porque seguro no os defraudarán, sobre todo como ya he dicho la primera de ellas, Comillas, y que a mí personalmente fue la que más me gustó pero las tres desde luego que tienen algo y bien merecen una visita que podéis hacer perfectamente en un fin de semana, si podéis añadir un día más, mucho mejor.

Por último si te ha gustado el post sólo te pido un favorcito, ¡ayúdame a difundirlo!, puedes compartirlo con tus amig@s usando los botones de facebook, y si quieres puedes seguir mi blog. Por supuesto también puedes añadir cualquier comentario que será muy muy bien recibido. ¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!

SAN FRANCISCO

Día 13. San Francisco (Cable Car, Fisherman’s Wharf)

Durante el vuelo que venía de Las Vegas nos dijeron que por problemas meteorológicos aterrizaríamos en el aeropuerto de Oakland en lugar de en el de San Francisco y que nos llevarían en autobús hasta éste, pero menos mal que no teníamos las maletas en la consigna y lo que hicimos fue que no cogimos ese bus y pedimos otro coche con la aplicación Uber desde Oakland.

Por el camino del aeropuerto a San Francisco pasamos junto al Oracle Arena, ¿sede de qué equipo? sí, de los Golden State Warriors de Durant y Curry, el equipo top de la NBA de los últimos años. Tuve la mala suerte de que justo los partidos que jugaban en casa de final de Conferencia contra Houston Rockets lo hacían los días 22, osea el día del concierto de Celine Dion, y el 26 que ya nos íbamos de vuelta a España, qué pena porque me habría encantado ver esa serie, que fue la mejor de todo el año. Así que me quedé con las ganas de ver en directo el tercer partido de la NBA de mi vida, otra vez será.

Tardamos una media hora en llegar hasta el centro de la ciudad, que es donde le pedimos al conductor que nos dejara, justo en el inicio del famoso tranvía (entre Market y Powell Street). Nos costó el trayecto 43$ así que no quiero imaginar lo que nos habría costado un taxi.

Vamos con unos datos rápidos de población y economía de la ciudad de SAN FRANCISCO. Si nos referimos al llamado condado de SF se estima en unos 877,000 (2017), que haría el núcleo urbano número 14 de todo Estados Unidos. Si hablamos de datos económicos, aquí sí que destaca, ya que en este condado la media del salario es de nada menos 84,000$ (2017), entre los tres más altos de Estados Unidos y del mundo pero no os creáis que es mucho porque los que quieran comprar una vivienda en esta ciudad tendrán que pagar una media de 1,37 millones de dólares!!!!, y un alquiler que a veces les supone hasta el 50% de su sueldo, tremendo, ¿no?.

Al perder un día de visita teníamos que priorizar, y descarté visitar el downtown y la zona financiera toda vez que ya conozco ciudades como Chicago o New York. Queríamos comenzar haciendo uno de los trayectos más turísticos de la ciudad, en su famoso tranvía o Cable Car, así que nos pusimos en la cola que había para probarlo, 7$ cuesta un viaje y 22$ un bono para todo el día.

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Decir que el tranvía se mueve 100% de manera manual y es muy original su forma de dar la vuelta, tecnología punta 🙂

La historia de los tranvías en San Francisco se remonta a 1873 cuando se pusieron en marcha nada menos que 23 líneas. Tiempo después, en 1947, hubo una iniciativa municipal de cerrarlo, que fue frenada gracias a la fuerte oposición popular. En 1964, este tranvía fue nombrado Monumento Nacional, y actualmente hay tres líneas en circulación, me alegro que se hayan mantenido, ya podía haber pasado en alguna ciudad española.

Rutas Cable Car

Nosotros cogimos la línea Powell/Hyde, que se la que recomiendo porque es la más larga y la que pasa por los sitios más interesantes, además termina en la plaza Ghirardelli muy cerca de Fisherman Wharf. Después de una media hora de espera subimos y nos pudimos sentar, pero en la primera parada se nos subió una chica que estuvo delante de nosotros todo el resto del viaje, con lo que no sé si la media hora que esperamos fue absurda y es mejor cogerla en alguna parada más adelante del comienzo aunque se tenga que ir de pie.

El trayecto fue 100% turístico y con bastantes malas maneras de los conductores seguramente hartos de los turistas, aunque tenían que recordar que somos los que mantenemos sus trabajos. Aun así, me parece recomendable porque es una experiencia poder circular en vehículos que son historia viva de la ciudad y ocupan un lugar importante en ella.

El tranvía nos dejó cerca del Fisherman Wharf, la zona vieja del puerto de la ciudad, donde ya vimos algo del que habíamos oído hablar largo y tendido, y es que un capítulo aparte merecen el tema de los mendigos, o homeless. A pesar de que San Francisco es una de las ciudades más caras de Estados Unidos, no en vano, 4 de los condados de la llamada San Francisco Bay Area se encuentran dentro de los 10 más caros del país, el número de sin hogar es impresionante y lo peor es que su número no ha dejado de crecer en los últimos años a pesar de los esfuerzos de las autoridades por reducirlo. Según cifras oficiales había unos 7,500 en 2017, 3,000 viviendo permanentemente en las calles, cifras escalofriantes. Las principales causas de esta situación por importancia son las pérdidas del empleo, adicciones a alcohol o drogas, desahucios, abandono del hogar y divorcios. Todo esto hace que la mala imagen de la ciudad sea tremenda a mi modo de ver, y no es que sean especialmente peligrosos, nosotros no tuvimos ningún problema con ellos pero contribuyen por ejemplo a que la ciudad esté sucia, muy muy sucia. Es una lástima estas desigualdades y espero que se pueda ir revirtiendo esta situación.

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En esta zona del puerto hacía un viento bastante frío (lo del microclima de esta ciudad es célebre, hay una frase famosa que dice el invierno que más frío pasé fue aquel verano en San Francisco) así que nos compramos un gorro de lana cada uno, aquí las sudaderas de SF se venden “como churros” y no me extraña. Lo primero que vimos fueron los puestos de pescado, como los de cualquier puerto sin nada destacable. En 1853 se construyó en esta zona el primer puerto de San Francisco, rápidamente se convirtió en un importante centro marítimo de distribución de pescado fresco hasta que, en 1950 con la llegada de la tecnología moderna, la zona de la bahía entró en decadencia

Continuando el puerto hacia el este, en el muelle 45 vimos los dos barcos de guerra que se encuentran atracados ahí permantentemente y que es posible visitar. Uno es el Jeremiah O’Brian, un barco mercante que fue uno de los protagonistas de un hecho icónico en la historia como fue el Desembarco de Normandía y el otro un submarino, de nombre Pampanito que participó también en la II Guerra Mundial. La visita a ambos costaba 20$ y dado que yo ya había visto un submarino por dentro en Chicago decidimos no visitarlos. De todas maneras verlos por fuera, a mí que me encanta la historia de la II GM me gustó mucho.

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Justo al lado está el Musée Mécanique, un sorprendente y diría hasta friki museo donde se muestra una de las mayores colecciones privadas de máquinas recreativas de principios del siglo XX e ingeniosos artefactos mecánicos. La visita es gratuita y metimos alguna moneda para ver su funcionamiento porque increíblemente todos funcionan.

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Continuamos y llegamos por fin al muelle 39, el famoso pier 39, zona en la que hay tiendas, restaurantes, una galería de vídeo, actuaciones callejeras, un centro interpretativo para el Centro de Mamíferos Marinos y el Acuario de la Bahía entre otras atracciones.

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Esta zona sí que me gustó, buen ambiente, muy animado y además todo de madera lo que le da un ambiente muy auténtico. Se estima que lo visitan nada menos que 16 millones de personas cada año, la gran mayoría turistas.

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Una de las atracciones que atrae a más gente es la colonia de leones marinos que hicieron del muelle su casa desde 1990. Es divertido pasar un rato observándolos porque casi todos descansan plácidamente pero siempre hay algún revoltoso que se pelea o trata de arruinarle la siesta a otros, de forma que el concierto de gruñidos y alaridos es tremendo.

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Desde el muelle ya es posible ver, aunque a lo lejos, uno de los puntos para mí más interesantes de nuestra visita a la ciudad, la isla de Alcatraz, un par de días más adelante la veríamos mucho más de cerca, nos apetecía muchísimo.

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Y más al oeste podíamos ver el famosísimo Golden Gate, que por cierto, me lo imaginaba mucho más cerca de la ciudad, mucho más formando parte del paisaje de la misma, al estilo por ejemplo del de Brooklyn en NY o el de Lisboa y esto me supuso una pequeña decepción, no me preguntéis por qué. Incluso está más cerca de la ciudad el llamado Bay Bridge al otro lado y que une SF y Oakland.

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Una vez recorrido el muelle decidimos ya ir a nuestro hotel, eran sobre las 18h. Tenía descargado un mapa de los autobuses urbanos de la ciudad y ví que había uno que se cogía cerca del puerto y nos dejaba a 3 manzanas del hotel, el nº 47. Es una buena idea tener una imagen en vuestro móvil por ejemplo de este plano porque os permitirá moveros por la ciudad en transporte público. El billete sencillo es caro, pagamos 2,5$ aunque es posible cambiar de autobús durante 90 minutos sin tener que comprar otro.

Aquí os muestro un plano sencillo de la ciudad con la situación de nuestro hotel y los puntos más interesantes, así os haréis una idea de donde está emplazado cada uno.

Lo más interesante de San Francisco

Ni que decir tiene que los hoteles en San Francisco son caros no, carísimos, busqué y busqué, también en airbnb aunque sigo prefiriendo los hoteles sobre todo para viajar con Magaly y finalmente me quedé con el Queen Anne Hotel, que tenía buenas críticas. Este landmark boutique hotel es un edificio del siglo XIX ciertamente bonito y en un buen barrio, el llamado barrio japonés (esto es importante, cuidado con algunas zonas céntricas como por ejemplo Tenderloin). Pagaríamos 600$ por las tres noches que estuvimos, desayuno incluído, y aunque parezca caro, de verdad que no lo es viendo los precios medios del alojamiento. El hotel la verdad que era una joya, con un mobiliario victoriano bien cuidado, con un hall de entrada, unas zonas comunes y un aire clásico que te retrotraía a épocas pasadas.

Nuestra habitación estaba en el primer piso y estaba bien, la cama más pequeña de todo el viaje pero aceptable, estábamos en un hotel de época, ¿no?.

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Decidimos descansar un poco y esperar a casi las 20h. porque a esa hora habíamos quedado con mi compañero de trabajo y amigo Gonzalo para cenar.

Nos acercamos a su apartamento caminando ya que daba la casualidad de que estaba a apenas 5 minutos, en la misma calle Sutter Street y pasamos una cena estupenda cenando en un italiano y charlando de todo un poco, !gracias por todo Gonzalo!.

Tras la cena recogimos las maletas que habíamos dejado en su casa el día anterior y nos fuimos caminando al hotel.

Día 14. San Francisco (Alamo Square, barrios de Castro y Haight-Ashbury, Alcatraz )

Nos levantamos sin prisa sobre las 8 de la mañana y bajamos a desayunar. No estaba mal aunque echamos de menos algo más de caliente y más fruta, ¿zumos naturales? de nuevo ni rastro. Salimos a la calle y nuestro primer destino al no estar muy lejos, decidimos ir caminando. Cruzamos el Japantown, dentro del barrio de Western Addition en el que también se encontraba el hotel. Era curioso ver casi todo escrito en japonés a nuestro alrededor, y es que San Francisco es quizás la ciudad más cosmopolita de los Estados Unidos, y desde luego la “menos americana”.

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Sin salir del barrio pasamos a la zona de Álamo Square, toda ella salpicada de preciosas viviendas victorianas. Este área la verdad que me encantó, sin duda para mí un IMPRESCINDIBLE de la ciudad.

Entre 1849 y 1915 fueron construidas en San Francisco casi 50,000 casas de estilos victoriano y eduardiano. Muchas de ellas fueron pintadas con colores brillantes, que le dan un encanto todavía mayor. Desafortunadamente la mayoría de ellas se perdieron tras el terremoto de 1906, aunque aún hoy en día todavía se conservan unas 15,000 casas. Junto al parque de Alamo Square se encuentran las que se han hecho más famosas, las Painted Ladies.

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Las Painted Ladies como tantas cosas en Estados Unidos se han hecho famosas por aparecer en la televisión, concretamente en la serie Padres Forzosos, que hicieron famosas a las gemelas Olsen. Aquí vivían sus protagonistas y su imagen aparecía en la introducción. Pero como suelo decir las casas son bonitas de por sí y merecen una visita y no porque apareciesen en esta famosa serie.

El parque que tiene al lado tiene una preciosa vista de la ciudad donde podréis ver el contraste de las casas en primer plano con los rascacielos del downtown al fondo. Con buen tiempo me pareció ideal para hacer un pinnic por ejmplo.

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Nos dirigimos al autobús no sin antes volver a fijarnos en una tónica general de la ciudad, y es la suciedad en las calles. Vemos a algunos vecinos barriendo la calle delante de su vivienda, ¿pero aquí no hay servicio de limpieza municipal?. Cogimos el bus 12 para acercarnos a nuestro siguiente destino, el barrio de Castro.

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Este barrio alberga a la mayor comunidad homosexual de San Francisco y quizás del mundo, al menos la más conocida y saltó a la fama como centro gay tras el controvertido “Verano del amor” en el distrito vecino de Haight-Ashbury, en 1967. El encuentro reunió a más de 10,000 jóvenes de todo el territorio estadounidense y a partir de entonces se empezó a luchar por los derechos de los homosexuales y minorías raciales, conviertiendo San Francisco en una ciudad muy progresista.

En la derecha de esta foto está la Twin Peaks Tavern (401 Castro St), que fue el primer bar gay con ventanas hacia la calle.

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El barrio denota su influencia por el mundo homosexual por las numerosas banderas arco iris que hay por todos lados. Es una pena que fuera por la mañana porque por la tarde-noche o en fin de semana seguro que habría habido mucho más ambiente y la visita habría sido más interesante, así que procurar visitarlo en esos momentos.

En Castro tiene un lugar privilegiado Harvey Milk, dueño de una tienda de cámaras que fue asesinado poco después de convertirse en el primer funcionario gay de EEUU y que se convirtió en símbolo de los derechos civiles y el orgullo cívico, y sí, famoso también por la película Mi nombre es Harvey Milk, protagonizada por Sean Penn en 2008.

Nos paramos en varios puntos interesantes como la tienda Human Rights Campaign (575 Castro St) que era la tienda de fotografía de Harvey Milk, la LGBT History Museum (415 18th St) que es el primer museo de la historia gay en USA y por supuesto el Teatro Castro (429 Castro St), de estilo art déco y construído en 1922, uno de los símbolos sin duda de Castro.

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Muy famoso también es el cruce de Castro St y 18th St donde los pasos de peatones están marcados con rayas arco iris, conocida como “las cuatro esquinas más gays del mundo”.

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Bajamos la calle 18 hacia el este y paramos a tomar un café en una cafetería llamada Le Marais Bakery con como siempre una excelente atención. A continuación seguimos caminando hasta llegar al parque Mission Dolores Park, puerta de entrada al Mission District, el barrio latino de San Francisco.

Este parque es un lugar ideal para pasar un rato descansando y disfrutando del paisaje que se ve de la ciudad.

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Esta es la ruta que habíamos hecho por el Barrio de Castro.

ruta por Castro

Después de estar un rato tomamos el bus 33 en la calle 18 para que nos llevara hasta nuestro siguiente destino, Haight Ashbury, el barrio hippie y alternativo. Por el camino pasamos cerca de Twin Peaks, un famoso lugar en alto en el que se tiene una bonita perspectiva de la ciudad pero que decidimos dejar para otra ocasión. Nos bajamos en la calle Haight St, cerca del cruce con Ashbury St, uno de esos cruces míticos y que da nombre al barrio.

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En este barrio nació a finales de los años 60 un movimiento bohemio, el de los idealistas hippies que practicaban una forma de vida en armonía con la naturaleza y fomentando los valores humanos, el haz el amor y no la guerra vamos…

Ya era sobre la una de la tarde y había movimiento en la calle, una de las principales atracciones es ver los personajes que por allí deambulan, bastantes mendigos entre ellos por cierto, es recomendable visitar este barrio de día que de noche.

Fuimos recorriendo la Haight St en dirección al Golden Gate Park. La calle está llena de tiendas de ropa, comercios de artesanía y locales para escuchar música. También hay muchos graffitis que me gustaron mucho junto a viviendas de colores muy chulas tipo victoriano también, personalmente me pareció más atractivo y singular este barrio que el de Castro.

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Como zonas a visitar y que tenía marcadas están por ejemplo las míticas piernas que salen de la fachada de la Piedmont Boutique cerca del cruce entre Haight St y Ashbury St. En el número 1524 de Haight St era una de las casas hippies donde tocaba y dormía Jimmy Hendrix.

Había muchas tiendas de ropa, muchas de ellas vintage, entramos en un par de ellos y vaya precios por cierto. También hay una bastante conocida, en el 1555 de Haight St, llamada Buffalo Exchange, de ropa de segunda mano. La verdad que en esta que estaba hasta arriba de ropa y calzado había cosas interesantes y hasta compramos algo.

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Continuamos bajando la calle y seguimos viendo tiendas de todo tipo: psicodélicas, alternativas, naturistas, de objetos relacionados con la marihuana, etc. y de nuevo muchos ejemplos de arte urbano, se respiraba la creatividad en el ambiente.

Al final de la calle llegamos al Golden Gate Park, un enorme parque al estilo del Central Park neoyorquino, incluso más grande que este. Vemos un puesto de alquiler de bicis y nos parece una buena opción recorrerlo en ese medio de transporte dadas sus dimensiones, pero buff, 14 dólares una hora de alquiler, nos parece un robo y preferimos coger algo de comida e irlo a comer al parque como hicimos en su día en New York, así que nos acercamos a un supermercado llamado Whole Foods Market, justo delante de la famosa tienda de discos Amoeba Music y compramos unas porciones de pizzas y bebidas y nos fuimos a la parte más cercana del parque.

Ahí estuvimos tranquilamente comiendo y descansando, junto a un parque infantil donde sin querer se nos iba la mente hacia nuestros pequeños.

El parque si se dispone de tiempo es casi para dedicarle un día dadas sus dimensiones y todo lo que tiene en su interior, por ejemplo museos como el California Academy of Sciences, pero quizás lo más conocido es su Jardín japonés y lo más curioso para los visitantes, es la parte en la que vive una manada de búfalos americanos. Aquí os dejo un mapa.

Golden Gate Park

Como esa tarde teníamos la visita a Alcatraz contratada a las 17:55h y ya eran sobre las 15h. decidimos ya tomar un autobús (esta vez el 43) para acercarnos ya lo más posible a la zona de los muelles. Nos bajamos en una zona llamada Presidio Real de San Francisco. Desde ahí cruzamos a Crissy Field, un gran espacio verde con una playa al lado donde tendríamos nuestra vista más cercana de esa maravilla que es el Golden Gate, guau!! qué pasada tenerlo ya tan cerca.

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Pero acercarnos más lo dejaríamos para el día siguiente así que comenzamos a caminar hacia el este hacia Fisherman’s Wharf. Toda esta zona está llena de gente en bicicleta, familias enteras de pinnic o disfrutando de un día al aire libre.

Caminamos y caminamos hasta el muelle 33, fueron casi 6 kms, cruzamos el club náutico, el Centro comercial Ghirardelli Square y la verdad que no pensamos realmente que había tanta distancia pero eso nos permitió saborear mejor toda esa zona.

caminata crissy field hasta muelle 33

Habíamos reservado la visita a Alcatraz justo 90 días antes de nuestra visita, atención a esto porque sólo hay una compañía que tiene el permiso para hacerlas y debéis hacerlo con antelación si no queréis quedaros sin poder ir. Sólo está disponible en su web 90 días antes de la fecha que queráis, y tienen varios horarios. Nosotros elegimos la última de todas, la que llaman nocturna, por un lado para poder ver la ciudad y la isla al anochecer y también por no “matar” un día con la visita en horas de luz dado que sólo estaríamos 3 noches en la ciudad. Además es un poco más larga que el resto de horarios y por lo visto el grupo es más reducido. También es un poco más cara, nosotros pagamos 45$ cada uno, pero bien empleados.

La compañía es Alcatraz Cruises (www.alcatrazcruises.com) y lo dicho, dada la demanda que tiene, hacerlo con antelación si no queréis tener que tentar a la suerte de hacer un tour más caro o madrugar muchísimo porque en el primer turno por lo visto sacan algunas entradas a la venta el mismo día.

Enseñamos nuestras entradas y nos pusimos a la cola para entrar. He de decir que yo que me fijo mucho en estas cosas y que soy muy exigente con este tipo de visitas, es una de las que me he encontrado más organizadas y más interesantes de todas las que he hecho en todos mis viajes, chapeau!!

El trayecto y las vistas, con el sol en el horizonte, el Golden Gate y la isla de Alcatraz, son de esas que te quitan el hipo.

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Os recomiendo que llevéis ropa de abrigo porque con el clima que tiene esta bahía corría un viento bastante fresco como suele ser habitual. El barco dió una vuelta alrededor de la isla antes de atracar lo que nos permitió ver todos los edificios anexos que tenía la prisión y la cantidad de aves que viven en la isla.

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Desembarcamos y nos fueron explicando diversas informaciones sobre la historia de la cárcel.

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No pretendo contaros toda la historia de la “Roca”, para eso ya hay muchísima información, sólo los que me parecen más interesantes, y que lo mejor como siempre suelo decir, es ir y visitarla, y de verdad que merece mucho la pena. Hablo de sus orígenes porque nos toca de lleno a los españoles, y es que fue Juan Manuel de Ayala en 1775 el que la descubrió y bautizó con el nombre de “La Isla de los Alcatraces”, rindiendo homenaje a las aves marinas que ocupaban y siguen ocupando la isla. Posteriormente pasó a ser una fortificación militar, más tarde una prisión militar y, por último, una prisión federal de máxima seguridad desde 1934 hasta 1963, período que sin duda la hizo más famosa, ayudada obviamente por la industria del cine.

Subimos hasta la entrada de la cárcel y aquí muy bien organizados nos fueron preguntando en qué idioma queríamos la audioguía y ya nos dejaron libremente para que continuáramos al ritmo que quisiera cada uno pudiendo parar la grabación en cualquier momento.

El edificio de celdas de tres pisos incluye los cuatros bloques principales de la cárcel, Bloques A, B, C y D, la oficina del alcaide, el área de visitas, la Biblioteca, y la barbería. En esta prisión pagaron sus condenas los peores presos del país y todos ellos fueron reprimidos por un régimen que no toleraba la más mínima rebeldía.

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Yo de verdad que no soy muy amigo de las audioguías, no me suelen gustar pero esta es la mejor que recuerdo, la narración fue muy dinámica, alternada con anécdotas divertidas e interesantes y simulando hasta conversaciones originales, para mí un 10. Aparte también había explicaciones programadas sobre diferentes temas a las que podías asistir si querías.

Otra cosa que en mi opinión hace de la visita muy auténtica es que todas las dependencias parecían que estaban como cuando cerraron en 1963, no había apenas recreaciones ni decorados para la ocasión. Por encima de todo, me gustaron las celdas.

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Uno de los temas que más atrae de la prisión son sin duda sus intentos de fuga (también obviamente por la película de Clint Eastwood). Hay que decir que no se consiguió escapar ningún recluso de Alcatraz. De los 36 presos que hicieron 14 intentos de fuga, 23 fueron capturados, 6 murieron tiroteados, 2 se ahogaron y 5 consiguieron lanzarse al mar pero se cree que murieron en sus frías aguas porque nunca se encontraron sus cuerpos.

Uno de los intentos de escape más famosos y desde luego más curiosos, fue el que protagonizaron tres reclusos que hicieron un agujero en la pared empleando cucharas y otros objetos, y por ese hueco que medía tan sólo 16,5 cm. lograron escaparse por el sistema de ventilación. La historia completa del intento de fuga es increíble, no os lo perdáis si tenéis la oportunidad.

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Por supuesto de sus prisioneros célebres destaca uno por encima de todos, Al Capone, que aunque sólo pasó 4 años y medio, es sin duda el más famoso, allí contrajo sífilis y tuvo indicios de demencia. Cuando abandonó la prisión salió en muy malas condiciones y moriría 8 años después. Hay anécdotas para todos los gustos de otros ilustres reos.

Vimos todas las dependencias de la cárcel, el patio, la cocina, las cárceles de castigo y hasta hacen una exhibición del sistema de apertura y cierre de las puertas que todavía funciona.

La prisión finalmente fue cerrada en 1963 sobre todo por su alto coste de mantenimiento.

La visitan 1,4 millones de personas cada año, y los americanos, que son los reyes del merchandising, tienen un espectacular lugar al final con souvenirs de todo tipo, reproducciones de bandejas de los reclusos, incluídas y a un módico precio ;).

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Regresamos cuando estaba a punto de anochecer y la vuelta, oscureciendo y viendo la ciudad iluminada también fue una maravilla, era el broche final a una visita que recomiendo sí o sí, un auténtico IMPRESCINDIBLE sin duda de la ciudad.

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Desembarcamos en el muelle 33 sobre las 20:40h. y buscamos un sitio para cenar algo. Era jueves y estaba casi todo ya cerrado o ya cerrando pero encontramos uno llamado Wipeout Bar & Grill que todavía estaba abierto, así que cenamos allí un par de pizzas muy buenas y que disfrutamos de verdad.

Salimos fuera y estábamos agotados, muertos, miré una aplicación en el móvil que me dice los pasos del día y había dado 28,000!!!! qué pasada. Como no nos apetecía autobús para volver al hotel, queríamos llegar cuanto antes, solicité un coche en la aplicación de UBER y enseguida llegó uno que nos llevó por 18$, muy bien.

Esta es la super ruta que habíamos hecho este día.

Ruta día Alcatraz

Día 15. San Francisco (Golden Gate, Sausalito)

Nos levantamos sobre las 8 y tras bajar a desayunar afrontábamos nuestro penúltimo día en la ciudad donde habíamos dejado un plato fuerte para ese día (siempre recomiendo dejar lo mejor para el final), el Golden Gate. Aunque estábamos cansados después de tantos días, faltaba un esfuerzo final porque íbamos a ver muy cerca uno de los lugares más especiales y que más ganas tenía de ver en el viaje.

Este día estaba planeado hacer la ruta que hace mucha gente en bicicleta en la que se cruza el famoso puente. Tenía apuntado alquilarlas con la compañía Blazing Saddles, que parecía la más extendida pero buceando por internet el día anterior encontré otra empresa que la cantidad pagabas por las bicis de alquiler luego te lo daban en un vale para gastar en una tienda de deportes, así que decidimos probar, y fue un gran acierto, el nombre de la compañía, más elocuente imposible, Basically Free Bike Rentals (2568 Jones St).

Salimos del hotel y probamos cuánto nos costaría con UBER el trayecto hasta la oficina de alquiler y vimos que 10$ así que viendo que el bus nos costaría 5, por otros 5 íbamos más cómodos así que pedimos el coche y en pocos minutos estábamos en la oficina. Tenía muy buena pinta y como decían las opiniones, las bicis también.

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Había de todos tipos, tándems, eléctricas, pero nosotros cogimos las más demandadas, de marca Cannondale. Nos atendió muy amablemente un chico que nos dio todas las instrucciones, nos cobró los 33$ que costaba cada una el día completo, y efectivamente nos dio el vale para canjearlo en la tienda Sports Basement. Salimos de la tienda y nos dirigimos hacia la zona del puerto para ir en dirección oeste hacia el Golden Gate. Hicimos el camino al contrario del que habíamos hecho el día anterior caminando, en bici mucho mejor, jeje.

Hicimos todo el trayecto paralelos al mar a través del Yach Harbor, Crissy Field y paramos donde había un pequeño embarcadero llamado Torpedo Wharf. Desde ahí ya teníamos una buena perspectiva del puente, ¡¡nos acercábamos!!

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Desde este punto ya empieza una cuesta no muy larga que termina en una zona bastante animada y donde se encuentra el Golden Gate Bridge Welcome Center con información sobre él. Aquí pudimos leer que la construcción del puente duró poco más de cuatro años ya que comenzó el 5 de enero de 1933 y el puente fue abierto al tráfico el 28 de mayo de 1937. Tiene una longitud aproximada de 1.280 metros en su parte colgante sobre las aguas, se encuentra suspendido por dos torres de 227 metros de altura, que soportan dos cables principales de 11.000 toneladas cada uno!!.

Tomamos un café con un par de croissants (12$) como pausa previa a un momento especial, cruzar el puente. Entre semana, peatones y ciclistas comparten la acera este, y los fines de semana, los ciclistas utilizan la acera oeste, como era viernes íbamos todos por la este y ojo porque suele haber bastante aglomeración de bicis y peatones, precaución. Para los coches hay 3 carriles para cada sentido y lo cruzan nada menos que 42 millones de vehículos al año. Si lo hacéis en este medio de transporte informaros bien antes porque hay que pagar un peaje.

Este punto es uno de los miradores que más me gustó del puente, quizás el que ocupe la segunda posición. Se ve en primer lugar el edificio conocido como Fort Point.

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Al comienzo del puente hay una cosa muy muy curiosa y que ya había leído antes de ir, y es una especie de teléfonos de la esperanza para tratar de convencer a los posibles suicidas de que no lo hagan, y no son pocos porque según las estadísticas se suicidan unas 60 personas al año. Leer también lo que pone en el cartel blanco, no se permite lanzar objetos o misiles!! parece que esto último se refiere a los recipientes con las cenizas de personas  fallecidas.

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El arquitecto y su equipo decidieron pintar el puente de color naranja ya que por un lado determinaron que combinaba con el entorno natural, dado que es un color cálido en contraste con los colores fríos del cielo y el mar. También proporciona una mejor visibilidad para los buques dado el mal tiempo y las nieblas frecuentes.

La verdad es que tenerlo tan cerca y las vistas que hay de la ciudad son impresionantes. El día estaba gris pero al menos no había niebla, que habría deslucido mucho la visita.

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El puente se encuentra salvando el Estrecho que le da nombre, permitiendo la comunicación entre esta ciudad y el Condado de Marin. Fue el puente colgante más largo del mundo durante el período entre 1937 y 1964. Hoy en día no está ni en el top 10, superado ampliamente por los construídos sobre todo en China.

Cruzamos el puente tranquilamente, haciendo varias paradas y disfrutando al máximo del momento.

Cuando llegamos al otro lado giramos a la derecha para ir a otro de sus ilustres miradores, Vista Point pero que a mí sinceramente quizás fue el que menos me gustó ya que está muy en línea con el puente.

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En este lado había leído que estaba el que para muchos era el mejor mirador de todos, llamado Battery Spencer, y por nada del mundo me lo iba a perder. Para llegar a él si vais caminando o en bicicleta deberéis bajar por una puerta que sale nada más cruzar el puente e ir hacia Vista Point. Aquí os pongo una foto para que os sea más fácil. Si váis en coche podéis poner el GPS.

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Bajé las escaleras que hay al comienzo del camino cargando con la bicicleta y luego os espera una empinada cuesta arriba hasta el mirador, pero la recompensa es increíble, una de esas imágenes que nunca se olvida. Todas las opiniones estaban en lo cierto, sin duda el mejor mirador del puente, NO OS LO PERDÁIS porque es increíble. Ni la foto hace justicia a la perspectiva del famoso Golden Gate con San Francisco al fondo.

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Después de estar un buen rato disfrutando de las vistas, cogí la bici para volver a Vista Point, no sin antes ver las también muy bonitas que hay del otro lado, de la Península de Marin y de la ciudad de Belvedere al fondo.

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Bajé la cuesta alegrándome ahora de haber subido en bicicleta y seguimos la ruta que normalmente hace todo el mundo hacia la localidad de Sausalito. En este momento supe el por qué era tan popular este trayecto a dos ruedas hasta el pueblo californiano para luego volver en ferry hasta San Francisco y es que todo es cuesta abajo, con lo que regresar hacia el puente sería un poco duro, sobre todo si no eres Alberto Contador.

Llegamos en poco tiempo y sin apenas dar pedales a Sausalito, localidad muy turística, de unos 7,000 habitantes y escogida como lugar de residencia por famosos y gente de clase social alta que huyen de la gran ciudad. Se caracteriza por su puerto pesquero pero sobre todo por sus casas flotantes, que tienen su origen en la comuna hippie que se estableció allí en los años 60 y que ahora ocupan más bien artistas. Estas viviendas no suelen bajar del millón de dólares.

Dejamos las bicis en un aparcamiento por 3$ ya que había carteles que decían que no se permitía aparcarlas en cualquier lugar (otra buena forma de hacer business) y dimos un paseo.

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Si digo la verdad lo que vimos del pueblo no nos pareció nada del otro mundo, típico pueblito turístico lleno de tiendas y restaurantes pero no vimos mucho “encanto” como vimos como por ejemplo en Carmel by the Sea, o quizás como suele pasar, ya estábamos al final del viaje y costaba más impresionarnos 🙂

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Llegaba la hora de reponer fuerzas y tenía apuntado que era muy popular comer una hamburguesa en un sitio llamado sin complicarse, Hamburgers (737 Bridgeway). Lo vimos enseguida ya que está junto al aparcamiento de bicicletas pero entre que es pequeño y no te podías sentar y además había bastante cola de gente esperando decidimos buscar otro sitio, así que muy cerca decidimos entrar en uno llamado Napa Valley Burger Company.

Atendida de nuevo por hispanohablantes pedimos la carta donde como siempre vienen las calorías de cada plato (es una obligación del gobierno para tratar de detener la obesidad que afecta a ¡¡¡2 de cada 5 norteamericanos!!!) y como desde las Vegas no habíamos engullido la comida más rara en USA, decidimos pedirnos una cada uno, pero pasando de la carta, con los ingredientes que nos gusta a nosotros y sin experimentar, y la verdad es que resultó muy buena, toda muy light.

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Pedimos la cuenta y os la pongo como ejemplo no sólo por los precios, que sabíamos que no serían bajos sino por el tema de la propina en el propio ticket, bien subrayado por cierto y de curioso nombre “gratuity”. No está mal la sugerencia de dejar nada menos que 11$ si has quedado muy satisfecho, pero es verdad que aunque nos choque, aquí es la costumbre.

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Salimos del restaurante y dudamos en ir a ver las casas flotantes que se encuentran siguiendo la costa hacia el noroeste, pero al final preferimos quedarnos tomando un helado tranquilamente en el Parque Viña del Mar y coger a las 16h. el ferry para volver a San Francisco, no queríamos que se nos hiciese tarde el último día.

Como siempre muy bien organizados fuimos subiendo y pagamos los 12.5$ que nos costó a cada uno. De nuevo buenas vistas de la ciudad de SF y además el día acompañaba. En apenas 25 minutos llegamos al muelle 41.

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Desde el muelle ya teníamos pensado ir hacia la tienda de deporte Sports Basement (610 Mason St) a canjear nuestro vale de 66$ y a dejar las bicicletas de alquiler. Hicimos los 5 kilómetros que más o menos les separaban y llegamos a la tienda. Devolvimos las bicis y echamos un vistazo a ver qué me compraba, esta vez me tocaba a mí. La tienda, un poco caótica, no como Decathlon :), no era fácil encontrar las cosas.

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Finalmente encontré unas zapatillas marca New Balance rebajadas por 55$ y para llegar al importe añadí unos calcetines. En caja ningún problema con los vales con lo que me salió todo gratis, así que un 10!!!. Por cierto he visto esas zapatillas en Madrid al volver y costaban nada menos que 130€.

Desde allí ya con la ayuda de mi mapa de autobuses busqué la mejor combinación para volver al hotel, no era posible ir directamente y el primero de ellos nos dejó al lado de un lugar por el que no tenía mucho interés pero que ya que estábamos nos acercaríamos, Lombard Street.

Estuvo bien porque para llegar tuvimos que subir por una de las muchas calles empinadas de la ciudad y que son símbolo de las mismas (quién no recuerda las persecuciones de coches de las pelis pegando botes cuesta abajo por esas calles). Esta es también Lombard Street, justo debajo del famoso tramo en zigzag.

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Y llegamos al famoso tramo, lleno de turistas para hacerse la foto en esta calle hecha en los años 20 para salvar en zigzag los 40 grados nada menos de inclinación de la misma. No deja de ser curiosa pero quizás deslucida con tanto turista, para mí prescindible pero para gustos, los colores.

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Cogimos un nuevo autobús y llegamos al hotel sobre las 20h para preparar tranquilamente la maleta e irnos a dormir pronto ya que nuestro vuelo de regreso a Madrid salía a las 8 de la mañana al día siguiente.

Esta es la ruta que os recuerdo habíamos hecho ese día y que con los cambios que consideréis, espero os pueda servir de guía.

ruta día Golden Gate

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COSTA de CALIFORNIA (BIG SUR)

Día 11

Madrugamos mucho este día, desayunamos y a las 7:50h ya estábamos en ruta, por delante muchos kilómetros, íbamos a recorrer el famoso Big Sur, que se localiza a lo largo de la carretera escénica californiana Highway 1. Esta carretera recorre la rocosa costa del Pacífico a lo largo de casi 800 kms, pero es más o menos desde la localidad de Carmel-by-the-Sea al norte hasta San Simeón (aunque algunos la alargan hasta Morro Bay) al recorrido que se conoce como el Big Sur. En este trayecto la carretera zigzaguea, baja, sube asomándose una y otra vez al Pacífico.

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Pero tuvimos la mala suerte de que partes de la costa icónica del Big Sur habían estado cerradas temporalmente debido a las tormentas invernales de 2017. Esas fuertes lluvias provocaron deslizamientos de tierra y cuando fuimos nosotros todavía permanecía cortado un tramo en Mud Creek cerca de la pequeña comunidad de Gorda así que eso hizo que tuviéramos que desviarnos, nos hizo perder algo de tiempo y además no nos permitió ver el tramo desde ese punto hasta Morro Bay. El corte estaba más o menos donde tengo la señal de prohibido en este mapa con la ruta completa que hicimos ese día.

Ruta Big Sur

El tramo se reabrió en el mes de julio, nada menos que 547 días después de la fecha del derrumbe (20 mayo 2017) y cuando estoy escribiendo este post.

Aquí os dejo una imagen aérea de ese día para que os hagáis una idea de lo que fue ese enorme deslizamiento de tierra. Se desplomó más de un millón de toneladas de roca y tierra!!!! (fuente de la foto: https://www.mercurynews.com)

deslizam tierra

Pero ojo porque esto de los derrumbes es más frecuente de lo que parece ya que según he podido leer más de 60 veces en su historia la Big Sur ha tenido que ser cortada al tráfico por desprendimientos de tierra, así que informaros bien antes de recorrerla.

Dado que necesitábamos avanzar lo más rápido posible, desde Santa Mónica cogimos la carretera 101 y más adelante la 154 para entre un paisaje de viñedos (como sabréis los “caldos” californianos son muy famosos tanto en USA como fuera del país) llegar a la localidad de San Luis Obispo en unas 3 horas y media. Echamos gasolina y al poco de pasar esta localidad nos desviamos de la 101 hacia la izquierda por tomar la G18, el obligado “atajo” por la montaña para evitar el tramo cortado. Ese tramos nos llevó 1 hora y media aproximadamente con un tramo final horrible de curvas hasta que desembocamos en la famosa carretera, una pena que hubiera niebla porque el paisaje según vas bajando sin ella habría sido precioso.

Nada más llegar a la Highway 1 nos detuvimos en miradores para apreciar los acantilados que tanta fama le han dado a esta carretera.

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Es verdad que es aconsejable hacer la ruta de norte a sur, para tener la costa a mano derecha según bajas pero por nuestro planing de ruta no teníamos otra opción que hacerlo al revés.

Eran ya las 13:30h y necesitábamos ya un break que podríamos aprovechar para comer algo así que en el primer sitio que vimos, paramos, y ese fue el restaurante Pacific Edge.

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El sitio está situado frente a la costa, con unas preciosas vistas.

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Entramos y cogimos una mesa frente a la ventana, pedimos la carta, había lo típico, así que pedimos una hamburguesa.

En la mesa de al lado ví una tarta que me apeteció y decidí pedírmela, por lo visto era casera. Pedimos la cuenta y llegó el sablazo, total 64$, nada menos que 11$ costó la tartita y 4.75$ cada uno de los dos cafés y 17 cada hamburguesa. Quitando eso la comida estuvo muy bien en un estupendo lugar.

Al salir vimos lo que debían ser dos amiguetes recorriendo la Big Sur, así también viajo  yo 😉

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Desde este punto hasta el inicio de la Big Sur sólo hay 60 kms, y eran las 14:30 de la tarde así que teníamos tiempo para ir parando y viendo los lugares más interesantes. Continuamos hacia el norte y a unos 20 kms teníamos uno de los parques más populares, el Julia Pfeiffer Burns State Park, donde encontramos la McWay Falls, una caída de agua de 23 metros de altura que desemboca directamente en una bonita playa. Está muy cerca de la carretera, a apenas un par de minutos caminando con lo que estaba muy concurrida de gente con sus cámaras para fotografiarla desde arriba porque no vimos un camino para bajar a ella. En este parque hay rutas muy interesantes de senderismo, algunas de las cuales permite ver secuoyas.

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Volvimos al coche y paramos en algún mirador más que nos permitiera ver una perspectiva de la carretera, esta hacia el norte. Una lástima que el día no estuviera soleado, aunque parece que no es inusual encontrarnos este clima en esta zona.

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Como a unos 30 kms después llegamos a otro punto que teníamos marcado como interesante, Pfeffer State Beach. Esta se encuentra un poco más apartada y sobre todo más escondida, el desvío no está indicado. Si ponéis esta carretera en Google Maps la encontraréis sin problemas: Sycamore Canyon Rd Big Sur.

Pfeiffer Beach

Por una carretera sinuosa y muy estrecha y donde deberéis tener cuidado ya que apenas caben dos coches en algunos tramos llegaréis a un puesto donde deberéis pagar 10$ por entrar para ver la playa. Allí hay un pequeño aparcamiento y baños públicos. El camino hasta la playa son apenas 3 ó 4 minutos por un paisaje de grandes árboles.

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Y por fin llegarás a la playa. Nosotros tuvimos la suerte de que de repente apareció el sol y pudimos verla mucho más lucida, eso sí, hacía mucho viento.

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Lo más característico de esta playa es la gran roca que tiene un hueco en su parte posterior y por donde en el atardecer se cuelan los rayos del sol a punto de esconderse e iluminan la playa de unos destellos maravillos, esta es. Una lástima que no nos pillara cerca de la puesta de sol porque he visto fotos preciosas en Instagram.

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Como no fue el caso he de decir que la playa me gustó pero no me entusiasmó tanto como a otros que he leído, bajo mi humilde opinión hay playas mucho más bonitas en el norte de nuestro país, pero bueno, esto es USA y todo se magnifica, aún así la recomiendo si no os importa pagar los 10$ por entrar (por vehículo).

Volvimos a la Hwy 1 y tras otros 30 kms llegamos al punto que más me gustó de la ruta que vimos, el célebre Bixby Bridge. A pesar de que de nuevo aparecieron las nubes bajas y se nubló bastante, sí que me gustó mucho la vista junto al impresionante puente de piedra que se eleva unos 80 metros sobre el mar y que data de 1932.

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A mí que me gusta “mojarme” en mis impresiones, si me preguntan mi opinión no diría que fuera una ruta que me entusiasmara, he visto lugares y carreteras en otros países y por supuesto en España que superan a esta en paisajes. Unos estaréis de acuerdo y otros no pero es mi humilde opinión, supongo que cerca del atardecer y con un día más soleado podría mejorar mi opinión.

Todo esto lo digo porque en esta zona sí que quizás habría empleado un día más en recorrerla porque lo que hicimos fue una paliza pero si tengo que elegir no cambiaría nada de lo que ví antes en el viaje por dedicar más a esta zona. Con ese día extra y entre los lugares interesantes que tenía apuntados estaban Santa Bárbara, San Luis Obispo, Solvang (un pueblo que parece danés 100%), el Hearst Castle (un castillo en un enorme rancho que fue propiedad del magnate de la comunicación William Randolph Hearst) y alguno más.

Desde el puente teníamos otros 24 kilómetros hasta el pueblo de Carmel-by-the-Sea. Por el camino otro lugar de nombre curioso, Garrapata Beach, y es que por esta zona estaba todo lleno de nombres de origen español, algunos muy divertidos.

El pueblo de Carmel es un lugar donde las grandes fortunas americanas han sabido encontrar su espacio, un rincón idílico si no fuera por los turistas que vagamos por sus calles.

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Aparcamos el coche y preguntamos si tendríamos que pagar, pero al ser ya las 18:30h nos dijeron que no hacía falta. Fuimos a su calle principal donde se concentraban la mayoría de restaurantes y tiendas.

El paseo junto a estas casas, algunas preciosas, lleno todo de naturaleza y con unos jardines llenos de flores fue de lo más placentero y esto sí que nos gustó mucho. Como seguro leeréis en cuanto busquéis algo de información de este pueblo “vip”, Clint Eastwood fue su alcalde por un tiempo, y a ver quién le llevaba la contraria a Harry el Sucio :):)

Bajamos a conocer su espectacular playa, también muy recomendable para ver su atardecer. Lástima de esos nubarrones.

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Tras un par de horas de paseo, de entrar en alguna tienda y como nos dió la impresión de haber visto lo más interesante y también que estábamos cansados del largo viaje decidimos ya ir en busca de nuestro hotel.

En la zona de Monterey podéis encontrar alguno bastante económico, y como iba a ser muy de paso ya que sabía que llegaríamos bastante tarde cogí uno no muy caro así que elegí el Howard Johnson Marina at Monterey Bay, a unos 16 kms al norte de la ciudad californiana y menos mal que llevábamos GPS porque estaba bastante perdido.

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Pagaríamos 95$ con desayuno y la verdad es que la habitación estaba muy bien, curiosamente sin moqueta y con la cama más grande de todas en las que habíamos estado, más de 2 metros de ancho!!! qué placer!!!

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Estábamos muertos después de casi 600 kms recorridos así que decidimos comprar algo en un supermercado de la gasolinera que está al lado y terminar las provisiones que nos faltaban. Ese día también dejaríamos ya nuestra nevera de corcho abandonada en el hotel, no sin antes dedicarle una oración de despedida por el servicio que nos había prestado ;). Pronto nos fuimos a dormir, al día siguiente teníamos un vuelo por delante, otra vez a las Vegas!!!!

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SANTA MÓNICA & LOS ANGELES & VENICE BEACH

Era nuestro noveno día de viaje y veníamos desde el pueblo de Kingman, después de una jornada maratoniana de coche, con alguna retención a la entrada de Los Angeles. Pasamos muy cerca del downtown de la ciudad californiana (y del Staples Center, sede del equipo de la NBA de los Los Angeles Lakers) y por fin llegamos a nuestro hotel a las 17:20h.

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Esta es la ruta completa que habíamos hecho el día anterior desde Kingman.

Mapa kingman hasta Santa Mónica

Al alojamiento en Santa Mónica o alrededores le dí muchas vueltas, y había un denominador común, TODOS SON CARÍSIMOS, cuando intentas coger algún hotel con buenas críticas los precios se te iban por encima de los 170$ por noche, y como pasaríamos dos noches aquí me resigné y cogí uno en Santa Mónica y no muy lejos de su playa para no tener que usar el coche para movernos. Después de mirar y mirar me decanté por el Comfort Inn Santa Mónica, que tenía buenas críticas en general y estaba relativamente cerca de la mítica playa. Pagamos con booking unos 414$ por dos noches, desayuno incluído. Eso sí, tiene la ventaja de que tiene parking gratuito.

Dejamos el coche y subimos a la habitación, estaba bastante bien, de nuevo una buena cama y como no con su nevera, de verdad que que gran idea esta del frigorífico en todas las habitaciones, además había una máquina de hielo en el pasillo.

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En Los Angeles hay una ventaja para los españoles con el idioma y es que la colonia hispana es grandísima así que hay muchas posibilidades de no tener que utilizar el inglés en todo el día. Como curiosidad decir que en esta enorme ciudad vive gente de más de 140 países y se hablan más de 200 lenguas, y se calcula que el 60% de sus habitantes hablan otra lengua diferente al inglés.

Bajamos a la calle y tenía apuntado coger el bus 704 pero delante justo del hotel había una parada y paró un autobús, el conductor pinta de hispano, preguntamos en español si iba a la playa y nos dijo que sí, así que nos subimos, era el nº 1. También nos avisó que por la noche en Santa Mónica no, pero que en Venice Beach tuviéramos cuidado con la seguridad. Pagamos 1.25$ cada uno por el trayecto pero ojo que los conductores no dan cambio así que procurar llevarlo justo.

Si me preguntáis por qué no paramos más tiempo para visitar Los Angeles, la respuesta es sencilla, por falta de días y como había que priorizar, preferí dar más días a otros lugares que a L.A. que me gustaría visitar en otra ocasión y con más tiempo por ejemplo combinándolo con algún parque temático con Magaly y nuestros niños. En esta ocasión decidí dedicar la mayoría del tiempo a visitar Santa Mónica y Venice Beach, con la esperanza también (iluso de mí) de haber tenido una jornada de playa.

Bajamos con el autobús urbano todo Santa Mónica Blvd y nos dejó junto a un centro comercial llamado Santa Monica Place, en la calle 4th.

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El mall se veía con algunas tiendas de lujo y muy chulo, pero no íbamos hasta Santa Mónica para ver un centro comercial, de esos estamos hartos de visitar en Madrid así que seguimos caminando hacia la costa, y en apenas 10 minutos llegamos a Ocean Avenue, frente a la famosa playa. En el parque de la entrada unos cuantos mendigos y bajamos hacia el famosísimo Santa Monica Pier. Hacía un viento frío que me hacía arrepentirme de ir en pantalón y manga corta, y pensar que nos queríamos bañar…

No podíamos dejar de hacernos la foto en el cartel que marca el final de la ruta 66 que habíamos recorrido, aunque oficialmente, el punto de llegada estaba en el cruce entre Lincoln y Olimpic Boulevard de la ciudad californiana, la famosa ruta nunca llegó al océano.

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Por supuesto bajamos hacia la playa para verla de cerca, era la primera vez en nuestra vida que veíamos el Océano Pacífico y qué mejor lugar que este. También por supuesto no podíamos olvidar las famosas casetas de vigilancia que tan famosas se hicieron en la serie Los Vigilantes de la playa de los míticos Pamela Anderson (C.J.) y David Hasselhoff (Mitch Buchannon) entre otros. Esta serie se comenzó a emitir en 1989 en la NBC y curiosamente fue cancelada tras la primera temporada porque el coste de su producción era muy elevado y su índice de audiencia era bastante bajo, para luego ser un boom nacional e internacional y completarse nada menos que 11 temporadas. Recuerdo como si fuera hoy la sintonía que siendo chavales nos dejaba con la boca abierta. Sin duda fue un momento especial tocar esta playa.

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El sol caía y permitía ver el famoso atardecer en el Pacífico y en el famoso muelle, muy fotogénico para alguien que le encantan las puestas de sol como a mí.

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Dimos un paseo por el parque de atracciones viendo “personajes” de lo más variopinto y predominando el ambiente sobre todo mexicano. Sobre las 9 ya teníamos hambre y mucho frío así que nos dirigimos al centro comercial para buscar un lugar para cenar, no sin antes no poder evitar apreciar este increíble Lamborghini, qué pasada.

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Era sábado y casi todos los restaurantes del mall estaban a tope, pero recordé uno de mi estancia en Chicago y decidimos hacer la cola para entrar, era The Cheesecake Factory. Nos resultó curioso la manera de avisarnos cuando llegó nuestro turno de sentarnos, con una especie de “busca” que vibraba y se iluminaba y que te podías llevar. La verdad que acertamos con el sitio, muy chulo, quizás algo escaso de iluminación y en el que predominaba el rojo como podéis comprobar.

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Comimos pasta y una pizza, que con bebida y un postre pagamos 51$ (propinas aparte), no está mal para ser Santa Monica, así que lo recomiendo.

Esperamos el bus 1 de vuelta al hotel y a la 1 de la madrugada llegamos y a dormir, que estábamos agotados.

Día 10

Este día nos levantamos sin prisas, no teníamos horarios muy estrictos y queríamos que fuera un día bastante de relax. Como ya vimos que el día de nuevo estaba nublado y viendo las temperaturas del día anterior teníamos claro que lo de tener una mañana de playa no iba a ser posible así que decidimos aplicar un plan B que era visitar dos lugares de los que nos hacía más ilusión, Beverly Hills y Hollywood, por delante de otros en el downtown como el Paseo de la Fama, el Teatro Chino, etc,

Bajamos a desayunar sobre las 8:30, no había mucho espacio y además no era muy completo pero lo disfrutamos tranquilamente. Magaly bajó hasta con la chaqueta, ¿pero en Los Angeles no luce siempre el sol? pensábamos…

Bajamos al parking a por el coche y pusimos en el GPS la famosa calle de Rodeo Drive, estaba a unos 8 kilómetros así que llegamos enseguida. Condujimos sin apenas tráfico hasta un parque cercano, el Beverly Gardens Park. Vimos que había mucho sitio para aparcar y preguntamos a uno que estaba en un coche que nos dijo muy amablemente que podíamos aparcar gratis al ser domingo, ¡¡¡bingo!!! qué golpe de suerte habíamos tenido. Dejamos el coche y comenzamos a dar una vuelta, alucinando con las casas y los coches aparecados, ¡estábamos en Beverly Hills! qué tendrá el cine y la televisión americana que a casi todos nos hace ser mitómanos de lugares como estos.

Comenzamos a ver mansiones y más mansiones en un entorno de vegetación bien cuidada y palmeras altas, eso sí, nos chocaba mucho ver que a pesar de los carteles de vigilancia que había en las casas, éstas apenas tenían vallas y muchas estaban abiertas de par en par.

Desde el parque decidimos bajar y recorrer Rodeo Drive, ¿os suena? sí, es una calle de dos millas de longitud que une Sunset Boulevard con Beverwil Drive, y el Triángulo de Oro son tres esquinas que se encuentran entre Wildshire Boulevard y Santa Monica Boulevard. En ese espacio se concentran más de 150 tiendas de super lujo, ¿aunque quizás os suene también por la película Pretty Woman :)?

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Decir que sólo la Quinta Avenida de New York es una calle comercial más cara que esta en todo el continente americano. Una lástima que fuera domingo porque todas las tiendas estaban cerradas, de no serlo, quizás habríamos comprado algo… o no.

Sobre todas las tiendas destaca una que por fuera nos pareció preciosa, resultó ser la que habíamos leído que es considerada la tienda de caballero más cara del mundo, House of Bijan, donde por ejemplo una corbata no baja de los 800$. Las visitas son siempre bajo estricta cita previa, y su propietario fue originalmente un iraní que falleció en 2011.

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Bajamos toda la calle como si catetos del pueblo se tratase, deteniéndonos en cada tienda y viendo sus precios (los pocos que aparecían). También el desfile de coches era considerable, hasta vimos como le ponían una multa dos policías a un Bentley por acelerar ruidosamente como si de un rally se tratase y una señora aplaudiendo desde la otra acera, qué momentazo.

Un poco más adelante, en el cruce con Dayton Way nace una calle más estrecha y con más y más glamour, Versace, Dolce & Gabbana, y como no Tiffany’s.

En esta calle fue muy surrealista ver un caballero perfectamente vestido de la marca Porsche justo delante de la tienda, un domingo, ¿casualidad o marketing?.

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Decidimos volver al parque donde habíamos dejado el coche y vimos una especie de feria de artesanía, seguramente a módicos precios. Eran casi las 12 del mediodía y como no, Magaly tenía hambre así que aprovechó a tomarse un perrito caliente, de esos que luego siempre recuerda, como el de Toronto de hace 10 años…

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Y hasta aquí llegó nuestro periplo por Beverly Hills y sus emblemáticas palmeras gigantes.

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Desde aquí y antes de la hora de comer decidimos ir en busca de nuestro siguiente destino, Hollywood. También podríamos haber ido al barrio de Bel-Air, buscar donde se rodó la serie Sensación de Vivir o Melrose Place, pero no había tiempo para tanto, así que estoy seguro que volveremos y visitaremos todos esos lugares.

Suena bastante mitómano o friki pero a los dos nos apetecía ver las letras de Hollywood con nuestros propios ojos después de verlas tantas y tantas veces por la televisión y el cine. Me había informado bien antes del viaje de encontrar un buen sitio para apreciarlas y finalmente me quedé con la de verlas desde un parque llamado Lake Hollywood Park. Junto a él tenéis la sinuosa Lake Canyon Drive para aparcar. Dado que no hay mucho sitio para dejar el coche, tratar de buscar un buen momento, o por la mañana bien pronto o por ejemplo al mediodía, que es cuando fuimos nosotros.

Si os decidís por ir a este lugar debéis poner en el GPS la siguiente dirección:

Lake Hollywood Park, 3160 Canyon Lake Dr, Los Angeles, CA 90068, EE. UU.

Os he hecho este esquema que espero os quede claro. Los dos puntos en rojo son los miradores en los que estuve yo y desde los que se ven muy bien las letras.

letras Hollywood

 

Subimos desde Beverly Hills y en unos 15 kms estaríamos allí. Por el camino fuimos recorriendo el barrio de Hollywood y disfrutando de cada rincón que veíamos. Pasamos junto a los estudios de Universal, imponente todo el complejo. Yo la verdad es que estaba nervioso, no me podía creer que iba a ser tan sencillo llegar tan cerca del famoso símbolo. Y después de bastantes subidas, al doblar una curva pudimos ver ya las letras a nuestra izquierda, la verdad es que fue un momento emocionante no lo voy a negar. Encontramos sitio para aparcar sin dificultad (otra cosa que me tenía muy nervioso) y seguimos subiendo a pie un pequeño tramo hasta los dos miradores del mapa y allí pudimos disfrutar muy cerca de las famosas letras, que aunque parecen pequeñas miden 13 metros de alto.

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La historia de este cartel es muy curiosa: corona la ladera desde 1923 pero originalmente fue concebido para promocionar un proyecto urbanístico y no ponía Hollywood, sino Hollywoodland. En 1949 perdió sus últimas cuatro letras y poco a poco fue teniendo cada más éxito entre los turistas, que llegaban hasta allí en peregrinación…Finalmente en 1978, y en el 75 aniversario de Hollywood fueron objeto de una gran restauración que las dejó como las conocemos hoy.

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Si quieres llegar hasta arriba del todo, justo al lado de las letras, parece que hasta Google ha eliminado las rutas de cómo llegar por las presiones de los adinerados vecinos de la zona que están hartos de los turistas. Según pude leer hay una ruta que lleva por la carretera N Beachwood Drive que hay que seguir hasta el final a pesar de ver carteles que ponga que por ahí no se va. Deberéis pasar el Sunset Ranch Hollywood que ofrece hasta paseos a caballo junto a las letras y luego continuar subiendo la colina. Eso sí, el aparcamiento parece que es muy complicado. Yo esta ruta no la hice con lo que sólo puedo asegurar al 100% la que hicimos nosotros y que se ven las letras y permite hacer fotos perfectamente cerca de ellas.

Era ya casi nuestra hora de comer así que volvimos al hotel a dejar el coche y como tenía que cargar el móvil que había olvidado cargar esa noche decidimos comer de las provisiones que nos quedaban y así hacer tiempo.

Salimos del hotel y tomamos de nuevo el bus nº1 que nos dejaría en nuestro próximo destino, Venice Beach, que pertenece al distrito de Venice, enclavado entre Santa Monica Boulevard y el puerto deportivo de Marina del Rey.

Mapa delimita VENICE BEACH

CONSEJO: es una buena opción y que utilicé mucho en San Francisco, poner el GPS de Google Maps en el móvil (con los mapas descargados sin necesidad de datos) mientras váis en el autobús, así sabréis en todo momento por dónde váis y donde os tenéis que bajar.

Nos dejó cerca de la playa así que nos acercamos a ver el famoso ambiente, era domingo así que la afluencia estaba asegurada.

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En la playa ahí estaban los espectáculos callejeros, los artistas en la calle, gente jugando al baloncesto (bastante bien por cierto), había canchas de volley, skate y mucho mucho ambiente, sin duda lo más característico de Venice.

Obviamente la playa es muy parecida a la de Santa Mónica, ya que de hecho es la pura continuación de esta.

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Estuvimos en la zona de la llamada Muscle Beach donde por ejemplo Arnold Schwarzenegger levantaba pesas a comienzos de los años 70. Desde entonces siempre hay grupos de musculosos riendiendo culto a sus cuerpos, sobre todo para ser observados por la muchedumbre, se nota a la legua ;).

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Continuamos nuestro paseo para dirigirnos a otra de las señas de identidad del distrito, y del que reciben el nombre de Venice, los canales. Estos tienen su origen en 1905 con el sueño de un excéntrico millonario tabacalero Abbot Kinney, que tras visitar Venecia, se quedó prendado de sus canales y decidió construir su propia versión aquí aprovechando la zona pantanosa junto a la costa. Sin embargo en la década de 1920, perdieron interés y varios canales volvieron a llenarse para convertirlos en calles.

Dimos un paseo de lo más agradable junto a ellos por un pequeño camino que hay.

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Lo que más nos sorprendió fue la absoluta falta de privacidad y por supuesto de seguridad que nos encontramos en las casonas que había junto a los canales. Apenas una pequeña valla y si dirigías tu mirada hacia las casas podías ver a los habitantes dentro o tumbados en la terraza a apenas un par de metros de ti (por supuesto fuimos lo más discretos posible).

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Pero volvieron a tomar auge a comienzos de los 90 y los canales volvieron a ser dragados y saneados, para poco a poco ganarse (ahora sí) el favor de las clases más pudientes.

Había casas ciertamente bonitas, con su pequeña embarcación para entrar y salir en ella, y nos preguntábamos, ¿cuánto valdrán? pues un poco más adelante lo descubrimos, esta casa de madera ponía que se vendía y cuando nos quedamos mirando pasó una persona que nos gritó, four million dollars!!! señalando el precio de la casa, buff, ¡¡qué pasada!!

Llegamos al final de los canales y nos dirigimos de nuevo a la playa, allí encontramos gran cantidad de otra característica de Venice, los graffitis.

Como también de repente un extravagante coche con el volumen a toda pastilla, vamos, lo normal en esta zona, casi ni se le veía al conductor…

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Volvimos a Ocean Front Walk, el famoso “paseo” de Venice que es donde se reúne una variopinta fauna de artistas callejeros, tarotistas, vendedores ambulantes, turistas, skaters, hippies de antaño o tatuadores. Las casas que daban a la playa sorprendían por estar algunas restauradas hasta el mínimo detalle (en esta zona tuvieron casa por ejemplo Julia Roberts, Lindsey Lohan o Robert Downey Jr.) y otras bastante descuidadas, como pidiendo un nuevo propietario.

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Dejamos ya el famoso paseo para finalmente visitar otra de las zonas marcadas como importantes, el Abbot Kinney Boulevard con boutiques vanguardistas centradas en muebles y moda, así como de bares y restaurantes.

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Entramos en un par de tiendas y vimos que los precios no eran precisamente bajos, pero quizás por el cansancio que llevábamos encima y que era domingo por la tarde y no vimos mucho ambiente decidimos no pararnos mucho y buscamos un autobús para volver a Santa Mónica.

Esta es la ruta que más o menos habíamos hecho y en las flechas azules están los puntos con los murales urbanos más importantes.

mapa Venice

Nos bajamos del bus junto al muelle de Santa Mónica y decidimos visitarlo de nuevo, el día anterior habíamos dicho de subir a la noria del Pacific Park a modo de despedida para contemplar las vistas desde lo alto.

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El ambiente del muelle si he de ser sincero no nos entusiasmó, se parecía más a una feria de cualquier ciudad española que a un sitio verdaderamente con encanto, esa fue nuestra percepción, que por supuesto es muy personal.

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Tras unos 10 minutos de hacer “cola” subimos a la noria que como imaginábamos nos dio una bonita perspectiva de la playa de Santa Mónica y de la de Venice. Fue una experiencia recomendable si no os importa pagar los 10$ que pagamos cada uno.

IMG_20180520_194538 (FILEminimizer)IMG_20180520_194601 (FILEminimizer)IMG_20180520_194740 (FILEminimizer)

De regreso nos dimos una vuelta por la zona comercial llamada 3rd Street Promenade y volvimos al centro comercial de la noche anterior. Habíamos visto una tienda de Disney y no nos pudimos reprimir de comprar un par de regalos para nuestra Liria, como la echábamos de menos.

Para cenar fuimos de nuevo al CheeseCake Factory para después volver al hotel en el bus nº1 lo antes posible, al día siguiente teníamos la segunda jornada maratoniana de coche de todo el viaje, casi 600 kilómetros!! y por carreteras bastante peores que la ruta de dos días antes, ¡¡la carretera por la costa BIG SUR nos esperaba!!

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RUTA 66

Era el día 8 de nuestro viaje y saliendo de haber visitado el Gran Cañón tomamos la carretera hacia el sur y sobre las 12 ya estábamos en Williams, primer punto donde haríamos los primeros kilómetros por la famosa ruta 66.

Williams es una pequeña población de algo más de 3,000 habitantes con típicas casas de madera del oeste y cierto aire cowboy, y he de decir que me emocioné cuando ví la primera señal con el logo de la ruta 66 en un poste en la entrada. La verdad es que tenía ganas de conocerla y recorrer sus lugares emblemáticos esperando que no fueran demasiado turísticos.

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Ciertamente esta localidad aún siendo siendo turística tiene algo que nos gustó mucho. Aparcamos y dimos una vuelta por el pueblo viendo los negocios y restaurantes que sobreviven gracias al turismo. También como no empezamos a ver vehículos de todo tipo a cada cual más original y otros 100% americanos.

Tomamos la calle más concurrida, justo por donde discurre la ruta que atraviesa el pueblo y vimos una tienda de souvenirs enorme que hacía esquina, si queréis comprar recuerdos, sin duda esta es vuestra tienda.

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Su interior albergaba una espectacular tienda con todo lo inimaginable relacionado con la ruta y con EEUU. La verdad es que el merchandaising y la estética de esta ruta me gusta mucho y no pude resistirme a comprar unas cuantas cosas. Fue el lugar donde compramos más cosas de todo el viaje, y estaba lleno de chinos haciendo lo mismo, el de delante de nosotros, se dejó 300$ nada menos.

Era ya casi la hora de comer así que decidimos parar en el restaurante que vimos más animado y ese fue el Cruiser’s Cafe 66. Dispone de una gran terraza, tiene una decoración muy americana y tenía hasta música en vivo en ese momento. Aunque sirven toda clase de comida, su especialidad son los ahumados y barbacoas. Pedimos unas salchichas y cuando le preguntamos si venían con pan, resultó ser un bizcocho dulce… cosas de la gastronomía de este país.

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Por dentro, aunque vacío porque todo el mundo estaba en la terraza mostraba una decoración 100% americana, quizás un poco demasiado recargada para mi gusto. Me hizo gracia el baño y su puerta, aquí todo huele a motor.

El plato no nos entusiasmó pero se dejó comer como se suele decir. Pagamos la cuenta de 36$ más la propina aparte y esperando que el resto de pueblos tuvieran el ambiente y la atmósfera de Williams decidimos ponernos en ruta para proseguir nuestro camino, más adelante veríamos que no iba a ser así.

Un poco de historia para empezar de “The Mother Road”. Decir que tiene su origen en los años 20 y comenzaba en la ciudad de Chicago (Illinois), para transcurrir después por Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, y finalizar en Los Ángeles con un recorrido total 3.939 km. Creció enormemente en popularidad gracias sobre todo a los emigrantes que viajaban hacia el Oeste (durante la época de las tormentas de polvo y arena de los años 30), y numerosos negocios y particulares comenzaron a prosperar económicamente gracias a ella. Con el fin de la Gran Depresión, la Ruta 66 pasó a ser una de las carreteras principales para los viajeros con destino a Los Ángeles, que realizaban paradas turísticas en el impresionante Gran Cañón.

Al salir de Williams y según el mapa, iban paralelas la carretera 66 y la interestatal 40, pero decidimos coger esta última para más adelante desviarnos y entrar en otro pueblo con mucha historia y punto clave de la famosa ruta, Seligman. En este punto sí comienza un tramo en el que se separan ambas vías y que es recomendable que sigáis por la histórica ruta.

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Este pueblo es mucho más pequeño de lo que yo pensaba, ¡¡tiene apenas 500 habitantes!! pero en él hay sin duda un lugar clave en la supervivencia de la ruta y ese es la barbería Angel & Vilma’s del famoso Angel Delgadillo.

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La barbería es de todo ya menos eso, es una recargadísima tienda de souvenirs y recuerdos.

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Pero tiene una parte donde estaba la antigua barbería que mantiene hasta el asiento tradicional y me pareció muy interesante por la historia que tiene detrás y que nos explicó muy amablemente una empleada mexicana que había en la tienda. El propietario, Angel Delgadillo, de origen mexicano, tiene ya 91 años y justo el día de antes estuvo en la barbería concediendo una entrevista, una pena no haber coincidido con él, nos tuvimos que conformar con su holograma casero, jeje.

Los alrededores tienen algunos vehículos y piezas antiguas que más allá de estar puestas para el turismo, me parecen al menos curiosas de ver.

Los dueños de esta barbería, Angel y Vilma fueron unos de los impulsores de mantener viva la ruta 66 ya que ésta fue descatalogada en 1985 del circuito oficial de carreteras con el fin del éxodo rural hacia el oeste y se construyeron carreteras interestatales (las autovías de nuestro país) que hicieron que el tráfico se fuera desplazando a las otras vías más rápidas. Angel Delgadillo decidió organizarse con otros negocios de la zona y comenzaron a hacer actividades para promocionarla (fue el fundador de la Historic Route 66 Association of Arizona.) a la que se fueron sumando otros estados por los que pasaba la ruta y finalmente se llegó a la situación de hoy en día, declarada como ruta histórica y con miles de visitantes cada año.

El pueblo tiene apenas unas casas y negocios en los lados de la carretera que lo cruza y bastante artificiales para el turisteo así que no hicimos más paradas, seguimos adelante. Al partir vimos una buena manera de hacer la ruta, en Ferrari y Porsche, no está mal, ¿no?

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Tras pasar un tramo de rectas largas sin mucho interés y en el que apenas nos cruzamos con coche alguno llegamos a otra de las paradas obligadas, otro santuario de la ruta, una antigua gasolinera, la llamada ahora Hackberry General Store. Cerrada en 1978, un artista decidió reabrirla en 1992 y convertirla en una tienda de souvenirs y una especie de museo de la ruta. El lugar parece un desguace de coches antiguos pero desde luego que merece una parada.

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También está llena de piezas antiguas y dado que está a un lado de la carretera ella sóla sin nada alrededor, le da un aire de “en medio de la nada” que la hace más interesante en mi opinión que la barbería de Seligman, aunque desde luego con menos historia. Me gustó mucho la colección que tenía de dispensadores de gasolina antiguos.

Continuamos siguiendo la ruta acompañados por nuestra derecha por los interminables trenes de mercancías que recorren esta parte del país y que mantienen vivo este corredor entre el centro y la franja del Pacífico. En media hora llegamos por fin a nuestra localidad de destino para ese día, Kingman, que con ya unos 28,000 habitantes se considera a sí mismo como el “corazón de la ruta 66”. Este es el trayecto que habíamos recorrido desde el Gran Cañón.

De Gran Cañón a Kingman

Aquí habíamos reservado en un hotel que sabíamos que iba a estar muy bien de calidad – precio, a la postre el mejor de todo el viaje siguiendo ese criterio, ¡¡gracias por la recomendación Romina!!. Fue el Best Western Plus Wayfarer’s Inn & Suites y pagamos por una noche con desayuno 110$ (unos 93€). Hicimos el checkin y como sabía que tenía piscina y eran las 16h nos pusimos el bañador y allí que nos fuimos, fue una pasada el baño que nos pegamos, Magaly se hubiera quedado ahí el resto del día…

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Como había leído que esta era una ciudad importante en la ruta y que tenía sitios interesantes le metí un poco de prisa para ir al centro a verlos y la verdad es que lo que nos encontramos nos dejó atónitos, una ciudad fantasma, ¡¡¡no había nadie por la calle!!!

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Vimos el famoso depósito de agua con el símbolo de la ruta y el Museo de la ruta 66 al lado pero ya había cerrado a las 5pm, una pena.

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Eran sobre las 19h y como no veíamos mucho más que hacer decidimos meternos en un pub que parecía lo más animado de la zona, House of Hops – Rickety Cricket se llamaba. Era enorme, con buena música y estaba genial, así que bebimos para olvidar, lo recomiendo sin duda. Le preguntamos a una camarera que cómo estaba tan muerto todo siendo además viernes y me dijo que era cierto, que ella también se extrañaba pero que el turismo no había llegado de verdad, este se concentra más en los siguientes 4 meses al mes de mayo, cheers!!

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Al salir no olvidamos visitar la mastodóntica locomotora Santa Fe Locomotive 3759, que fue donada a la ciudad de Kingman en 1953, después de haber hecho un recorrido total de más de 2 millones de millas desde 1928. La ciudad de Kingman fue un nudo ferroviario muy importante en el siglo XX.

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Para cenar aquí lo teníamos claro, y es que mucho habíamos oído hablar de Mr. D’z Route 66 Diner, un restaurante ambientado en los años 50 con su suelo a cuadros, sus asientos de colores y sus referencias cinematográficas. Está justo al lado de la locomotora así que fuimos para allí y viendo como estaba la ciudad ya no esperaba las aglomeraciones que esperaba encontrar antes de venir, y así fue.

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El interior estaba bastante tranquilo, lo que yo siempre agradezco, detesto las aglomeraciones, pero no sé, “ni tanto ni tan calvo” como se suele decir. Quién diría que este sitio aparecía en todas las recomendaciones de visitar de la ruta 66. Por dentro de nuevo, un santuario viviente, sin un espacio en las paredes para más cuadros y una estética 100% americana, muy de la película Grease.

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Nos trajeron la carta y pedimos lo típico, como no, una hamburguesa, pero nos olvidamos de la carta y nos ceñimos a pedir dos hamburguesas cono carne, lechuga, tomate y queso, ok? yes, sure.

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He de decir que disfrutamos de ellas y estaban muy buenas. La cuenta fue de 25,80$, un muy buen precio por las dos burgers, dos bebidas y un helado de postre, siendo además el lugar tan turístico como es.

Eran las 9 de la noche cuando terminamos de cenar, y con un ambiente de lo más decadente, con una pinta de querer cerrar el chiringuito que se veía a la legua, decidimos pagar la cuenta y nos fuimos, algo decepcionados por el ambiente pero no por la comida, que estuvo genial, quizás tuvimos mala suerte, de todas maneras lo recomiendo sin duda.

Volvimos al estupendo hotel y disfrutamos pronto de la enoooorme cama. Había que acostarse pronto, al día siguiente tocaba una de las dos jornadas más largas de distancia de todo el viaje, ¡nada menos que unos 530 kms hasta Santa Mónica!

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Día 9

Nos levantamos muy pronto, a las 6.45, disfrutamos del estupendo desayuno del hotel (ya no tendríamos uno tan bueno en el resto del viaje) y a las 8 ya estábamos en carretera. Esta es la ruta completa que nos esperaba hoy.

Mapa kingman hasta Santa Mónica

Un consejo aquí por el tema del precio de la gasolina, si como nosotros váis de Arizona a California, llenar el depósito antes de cruzar de estado, en California es mucho más cara la gasolina, aquí echamos a 2.99$ el galón y en California echaríamos la siguiente vez a 3.59$, una diferencia importante.

Desde Kingman muchos deciden ya abandonar la Ruta 66 e ir hacia Las Vegas, de la que sólo distan unos 170 kms pero nosotros continuamos nuestro camino hacia el Oeste. Saliendo de esta ciudad de nuevo también hay dos opciones, seguir por la ruta 66 o por la interestatal 40, nosotros elegimos la 66 porque había un par de sitios que no nos queríamos perder. Los primeros kilómetros fueron entretenidos, carreteras desérticas (y más a esas horas de la mañana) y en la que no pudimos evitar hacernos fotos que lo corroboraba.

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Antes de entrar en terreno montañoso nos encontramos con el primer sitio que teníamos anotado como de interés, Cool Springs, otra gasolinera como Hackberry, que se resiste a cerrar y que está todavía más aislada que la anterior. Por fuera de nuevo alguna pieza antigua y pintoresco el sitio, aunque por dentro me pareció una tienda de souvenirs un poco destartalada, aún así compré una soda de la ruta 66 que por supuesto conservaré como recuerdo. Fuera estaba su propietario, Ned Leuchtner, que en 1996 pasó por aquí y le encantó el lugar y no cejó en su empeño de reconstruirla e intentar reabrirla, lo que consiguió en 2004, más de 40 años después de ser cerrada, sólo por eso tiene mi admiración.

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A partir de aquí hay un tramo de curvas ya que se sube un pequeño puerto, territorio de las Black Mountains a lo lejos.

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De repente vemos un burro por medio de la carretera, ¿casualidad? noooooo.

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Es que estábamos llegando al pueblo de Oatman, otro punto interesante de la ruta, lugar que en el pasado fue un pueblo de buscadores de oro, y que hoy en día se asemeja a un pueblo “fantasma” (135 habitantes).

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Y que destaca porque hay un montón de burros paseándose libres por sus calles.

Asnos puede que descendientes de los animales que los buscadores de oro utilizaban para cargar sus herramientas. El pueblo tiene una estética 100% western americano y dispone de unos cuantos comercios para nada cutres y que recomiendo que visitéis, así como algún que otro museo como el de la minería.

Continuamos la ruta, tramo que hizo Magaly a lomos de nuestro Nissan Rogue para ya conectar con la interestatal 40 a la altura de Topock, con un tramo de nuevo no muy interesante en cuanto a paisaje. Aquí entramos del estado de Arizona a California sin cambio horario. Una vez en la autopista, sobre las 10:30h., pisamos el acelerador para ahora sí, comer kilómetros lo más rápidamente posible para todo lo que teníamos por delante y con el desierto de Mojave acompañándonos un buen rato a nuestra derecha. Si tenéis tiempo y queréis seguir la ruta 66 deciros que al sur de esta autovía podéis seguir un tramo que pasa por pueblos como Bagdad, Siberia, etc.

De repente y unos kilómetros más adelante nos encontramos una retención, pero parecía de las buenas, la gente comienza a salir de sus coches y a preguntarse que qué pasa. Nosotros comenzamos a conversar con un matrimonio de lo más simpático y acabamos hablando de Trump (al que ellos votaron y muy orgullosos) y de todo un poco, para ya después de unos 40 minutos parados reemprender la marcha, el motivo había sido un accidente.

Cuando llegó la hora de comer tenía un par de sitios apuntados. Peggy Sue’s 50’s Diner poco antes de llegar a la localidad de Barstow, o más adelante en Emma Jeans Route 66 diner. Tras el retraso decidimos ir al primero de ellos y menudo acierto!!!! Nos desviamos un poco de la interestatal y junto al pueblo de Yermo nos encontramos con este típico “Diner” de carretera, abierto en los años 50, y que se encuentra en medio de la nada, al lado de unas gasolineras, con una base militar en frente y poco más a su alrededor. Ya no volveríamos a coger más tramos de la histórica ruta 66.

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Nada más entrar vemos que a la izquierda hay una tienda de souvenirs y a la derecha el famoso restaurante, y he de decir que es enooooorme, y que estaba a reventar. El local es entre auténtico y extravagante, no sabría como definirlo, eso sí, de nuevo como en Mr. D’z atestado de fotos y signos americanos. Nos sentamos y nos atiende una simpática camarera de avanzada edad.

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Nos traen la carta y pedimos un par de sandwiches, uno de atún y otro de jamón y queso. Estaban buenísimos, frescos, jugosos, nos supieron a gloria, acostumbrados en el viaje a comer siempre más de lo mismo, esto fue un soplo de aire fresco y os puedo asegurar que fue lo más rico que comimos en los 15 días que duró nuestro viaje, ¡¡impresionante!!

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Pedimos la cuenta y el total fue de tan sólo 28$, guau!!! fue la guinda final a un sitio que recomiendo sí o sí.

Salimos del lugar y nos dirigimos ya hacia Santa Mónica, nos quedaban todavía más de 200 kms.

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GRAN CAÑÓN

Era el séptimo día del viaje y veníamos de Monument Valley por una carretera bastante poco interesante. La única parada que hicimos fue a echar gasolina, de los moteles típicos de las pelis, ni rastro. En el pueblo de Cameron decidimos parar sobre las 13h para comer ya que vimos un Burger King y no quisimos arriesgar, ¡¡¡era la primera hamburguesa del viaje!!!. Ahí vimos a los primeros españoles desde que llegamos, y habían pasado ya 7 días, unos madrileños muy majos que estaban haciendo la ruta 66 completa desde Chicago en unas Harley-Davidson. Cuando le preguntamos que qué tal, su respuesta fue que había sido bastante aburrida pero que tenía el aliciente de hacerlo en Harley. Pagamos 25$ por los dos menús y nos dirigimos ya al Gran Cañón. Cruzamos la entrada enseñando nuestro Annual Pass y paramos en el primer punto interesante que está más al este, Desert View.

Mapa Gran Cañón

Este mirador tiene la particularidad de la torre de 21 metros de altura (Watch Tower) que hay junto al mirador. La estructura tiene cuatro pisos y fue terminada en 1932. Os recomiendo que subáis a lo alto y veáis su interior lleno de pinturas indias.

Esta fue nuestra primera toma de contacto con el Gran Cañón y lógicamente nos quedamos embobados, aunque en otros miradores más adelante nos impresionó más la altura.

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El Gran Cañón fue creado por el río Colorado, cuyo cauce socavó el terreno durante millones de años. Fue “descubierto” por un español, García López de Cárdenas en 1540.

El Gran Cañón tiene dos partes, la menos visitada y aislada que es el llamado North Rim, y que tiene puntos con altura superior a los 2,700m sobre el nivel del mar, y el South Rim, la más popular sobre todo porque está más cerca de las grandes ciudades, como Las Vegas y Los Angeles y con una altura promedio de 2,300m. Ambas áreas se encuentran a una distancia por carretera de 350 km ( unas 5 horas).

El Gran Cañón por supuesto es uno de los más visitados de Norteamérica, nada menos que 6,2 millones lo visitaron en 2017.

Desde Desert View continuamos hacia el oeste y por no parar en todos los miradores, decidimos hacerlo en el Moran Point, otro con muy bonitas vistas.

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Aquí vimos un vehículo de estos que no pasan desaparcibidos, un deportivo biplaza Polaris de 3 ruedas que a mí me encantó, me lo pido para cuando me jubile como estos…

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Desde aquí ya fuimos directamente a la recepción de nuestro hotel, el Yavapai Lodge y que habíamos contratado también con mucha antelación para evitar problemas. Habíamos hecho casi 300 kms desde nuestro punto de partida.