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EGIPTO

La verdad que Egipto nunca me atrajo especialmente pero no por el país en sí, que alberga tesoros impresionantes, sino por ser un clásico del turismo internacional y por tanto ser sinónimo de masificación de visitantes (algo que detesto especialmente) pero este año que lo ofrecían recurrentemente casi todas las agencias de viajes, pensé que esta época post COVID podía ser una buena oportunidad de visitarlo sin tantas aglomeraciones así que nos lanzamos mi compañero de viajes Manolo, con la pareja de aventureros Lourdes y Chuchi, a visitarlo.

La opción de viaje que nos ofrecía la agencia, que es lo que suelen ofrecer la mayoría, era vuelo charter hasta Luxor, en el medio del país, para luego ir bajando en un crucero por el Nilo hasta la zona de Asuán y finalmente tomar un avión para subir a El Cairo y regresar. Por el viaje pagamos unos 1,039€ (a lo que hubo que añadir otros 95€ de gestiones del visado y cuota de servicio que llaman ellos). Elegirmos la opción 3 de 4 que nos ofrecieron, siendo 4 la categoría más «alta» de hoteles, crucero y ojo, y aquí pongo mucho énfasis porque esto es importante, todo aquello que incluye y no incluye ese precio. Esto me fuí dando cuenta de que es fundamental en un viaje organizado (repito que yo nunca he ido con viajes programados al 100% con lo que soy bastante novato en este tipo de escapadas ya con planing hecho).

Por este motivo, esta entrada va a ser diferente a todas las que he completado hasta ahora en mi blog, va a ser mucho más breve, ya que como supongo que haréis si váis a Egipto, lo realizaréis con un viaje organizado, recordemos que años atrás este país tuvo varios atentados que hicieron de la seguridad un obstáculo catastrófico para la llegada de visitantes y el hundimiento del turismo en el país. Con no muchas opciones de elección yo os iré diciendo mi opinión sobre lo que visitamos y lo que hicimos y todo aquello en lo que os pueda ayudar a elegir a la hora de coger del viaje antes o elegir una vez allí las visitas extras que os ofrecerán recurrentemente, eso sí, siempre será una opinión 100% subjetiva.

Comenzaré dando, eso sí, un consejo muy importante a la hora de elegir la época del año en la que viajar a Egipto y os lo digo porque yo cometí un error que me hizo sudar más de lo previsto en el destino. Yo revisé las temperaturas en el Cairo a lo largo del año y ví que en mayo por ejemplo las previsiones arrojaban unos 32 – 33º de máxima y 18º de mínima y dije, bueno, soportable, ¡ERROR! Tenéis que tener en cuenta que más de la mitad de vuestro viaje se desarrollará en la mitad sur de Egipto, de Luxor hacia abajo, y el clima es mucho más árido y por supuesto, sofocante. Por poner un ejemplo, en Luxor nos encontramos casi 40 grados de máxima (incluso 3 días antes de llegar nosotros, daban máximas de 43), así que ya sabéis, fijaos en las temperaturas medias de ciudades como Luxor o Asuán, más al sur. Yo sin duda, trataría de no ir de mayo a septiembre, y más con el cambio climático en el que estamos desgraciadamente inmersos.

Llegamos un 7 de mayo a Luxor en un vuelo charter y tras los controles de pasaportes salimos fuera del aeropuerto donde empezó el caos de repartir a todo el mundo a los diferentes grupos, esto fue bastante tedioso y lento. Nosotros fuimos con la agencia mayorista MONTURISTA TRAVEL (no la conocía anteriormente, ni me sonaba, nos fiamos de la agencia de viajes local con la que contratamos el viaje).

Nos llevaron directamente a nuestro barco, llamado Concerto. No os esperéis un barco moderno, estos son como edificios enteros y que así a ojo me arriesgo a decir que no tienen menos de 40 años. Madre mía que contaminación generaban cuando se juntaban varios formando unas apestosan nubes negras de polución, pero bueno, poco a poco le fuimos cogiendo cariño.

La parte de arriba, con la piscina, las tumbonas y un pequeño bar para tomar algo, estaba muy bien y desde luego nos ayudó a pasar los momentos de navegación y calor sofocante.

El primer día y tras dejar nuestras pertenencias en los camarotes, que la verdad que estaban reformados y tenían tanto la habitación como el baño un tamaño adecuado, cenamos en el buffet del barco y salimos a hacer una excursión por Luxor que nos ofrecieron por 15€. El buffet pues bueno, siempre había algo que se podía comer pero la calidad no era «para tirar cohetes»

Al salir del barco para la excursión, nos estaban esperando unas calesas, medio de transporte que probaríamos varias veces en este viaje, para darnos una vuelta por Luxor y hacernos una idea ya nada más llegar del caos, suciedad y desorden de las ciudades egipcias. Después de unos minutos de paseo por la ciudad que la verdad que lo hicimos cómodamente y siempre recibíamos las sonrisas de los egipcios, terminamos en la famosa Avenida de las Esfinges, que en el año 2012 el Gobierno del país rehabilitó para poder unir de nuevo Luxor y Karnak a través de este paseo de 2,7 kilómetros de longitud y que tiene nada menos que 1.350 esfinges (650 recuperadas en las excavaciones). El paseo de noche iluminado estaba bien bonito. Allí nos invitaron a tomar sentados junto al paseo un té a todo el grupo y tras unos minutos de charla nos llevaron de vuelta a nuestro barco. La verdad que como toma de contacto con el país y por lo barata que fue esta excursión de un par de horas, yo sí que recomiendo hacerla.

Domingo 8 de mayo

El día siguiente fue el más agotador y sobre todo en el que más sufrimos el azote del dios «Ra» de todo el viaje. Madrugamos y comenzamos visitando el Valle de los Reyes, a unos 30 kms de Luxor, donde se encuentran las tumbas de la mayoría de faraones del llamado Imperio Nuevo. Son auténticas obras de arte, decoradas por los pintores y escultores más importantes de aquella época. Hay la opción de ver la famosa de Tutankamon, que hay que pagar aparte pero no la considero interesante ya que todo lo que había dentro, tanto las ofrendas como el sarcófago, y sobre todo la maravillosa máscara de oro macizo, se encuentran en el museo de El Cairo. Además este murió joven (con sólo 19 años), con lo que la ornamentación de la tumba es menor que la de otras, pero bueno, si no os importa gastaros el dinero, adelante. Las dos que visitamos, espectaculares (sólo pongo esta foto de los exteriores para no adelantaros nada).

Después visitamos los Colosos de Memnon, hicimos foto y poco más, para luego acercarnos después a un templo espectacular, el de Hatshepsut. En este lugar si me permitís os daré un consejo, que se repetirá en el resto del viaje. Atención a los gentilezas de los egipcios que están «vigilando» los monumentos, algunos se ofrecen a enseñarte algo «oculto», otros a hacerte fotos, a colocarte el pañuelo de la cabeza, pero ya sabes, al final, os pedirán dinero así que tenerlo en cuenta. Incluso el que os lleva en un cochecito eléctrico, aprovecha la mínima para extender la mano, pero bueno, si no queréis darle, con educación se les dice que no y ya está, hay que entenderlos también, no les prometáis lo que no váis a cumplir en plan, a la vuelta te doy, porque tienen muy buena memoria, os lo puedo asegurar.

Tras esquivar a los vendedores que os ofrecerán sus artículos con una insistencia que en pocos sitios he visto, nos acercamos al siguiente punto, el Templo de Luxor. Este recinto fue concebido como un complemento del otro gran templo de la ciudad, el de Karnak, y su construcción fue impulsada principalmente por los faraones Amenhothep III y Ramsés II. Es uno de los templos mejor conservados del antiguo Egipto.

A continuación nos acercarmos al próximo Templo de Karnak, otro templo imprescindible y espectacular, el más grande del país. Por supuesto es muy importante el guía que os toque para todo el viaje. Nosotros tuvimos la gran suerte de tener a Mustafá, un profesor de Egiptología de la Universidad de El Cairo metido a guía turístico, que tenía unos conocimientos increíbles, y su atención en general, fue muy muy buena.

Terminamos sobre las dos de la tarde este intenso día, y agotados y muertos de calor, rozando los 40 grados, volvimos a nuestro barco para comer y descansar toda la tarde. El barco comenzaba su navegación hacia el sur por el río Nilo. Ese mismo día nuestro guía nos ofreció tarjetas para tener internet en el móvil por las que pagamos 17€ y que nos funcionaron muy bien (en el aeropuerto estaban más caras).

Lunes 9 de mayo

Al día siguiente nos levantamos en la ciudad de Edfu, desayunamos y de nuevo en calesas y tras cruzar unas calles más que humildes y sucias llegamos al templo, sorprendiéndonos de nuevo para mal lo poco ciudado que tienen los accesos a esos espectaculares lugares, aunque es verdad que nos olvidamos enseguida cuando comenzamos a visitarlo. Este fue uno de mis favoritos del viaje, junto con Abu Simbel. Este templo de Horus o del dios Halcón, a diferencia de los del día anterior, es de la época helenística, cuando Alejandro Magno conquistó Egipto. Es el segundo más grande después de Karnak y se encuentra también en muy buen estado de conservación en general y no será porque haya vigilantes o seguridad controlando el patrimonio o alguna pantalla para cubrir sus maravillosos relieves.

A la salida y entrada de los templos, los vendedores nos ofrecían constantemente cambiarnos monedas de euro por billetes, esto les interesa a ellos porque les permite luego cambiarlas por libras egipcias ya que los bancos sólo aceptan papel. Es una buena opción coger sus monedas de vez en cuando porque os permitirá tener «suelto» para comprar cosas baratas, dar propinas, etc.

Volvimos a nuestro crucero para continuar navegando hacia el sur y realizar la siguiente parada para visitar otro templo importante, el de Kom Ombo, también de la época helenística como el de Edfu aunque mucho más pequeño.

Aunque su tamaño e importancia es menor, lo compensa la belleza del lugar en el que está enclavado, junto al río Nilo y cuya vista desde nuestro barco al atardecer, era espectacular.

Además de la visita al templo, la entrada incluía la entrada a un museo dedicado al cocodrilo del Nilo, un animal divinizado por los antiguos egipcios en la figura del dios Sobek. Encontraréis unas cuantas estatuas del animal e incluso unos cuantos disecados, bien, sin más.

Continuamos nuestro camino hacia el sur para llegar al final del trayecto con nuestro barco, la ciudad de Asuán, de unos 350,000 habitantes.

Martes 10 de mayo

Nos levantamos y tras desayunar en el buffet del barco, que como podéis ver en esta foto tenía bastante variedad aunque la calidad no fuera la mejor, mucho industrial y poco «casero».

La ciudad de Asuán es interesante y muy importante en Egipto, es célebre sobre todo porque además de todas las joyas arquitectónicas que alberga, también lo hace de la famosa presa del mismo nombre sobre el Nilo. Esta es una de las mega construcciones de ingeniería más importantes del siglo XX. Su construcción, que dio origen al lago Nasser, duró de 1960 a 1970. La presa se construyó para aliviar las inundaciones anuales y las sequías ocasionales que vivía el país pero a cambio tuvo algunos efectos colaterales como que sumergió algunos templos bajo sus aguas, algunos fueron rescatados, como Philae o Abu Simbel, y otros incluso volaron unos cuantos miles de kilómetros como el de Debod que acabó en la capital de España como agradecimiento a la ayuda prestada por nuestro país a su construcción.

Hay una excursión barata que te permite ir a la presa y que no hicimos pero una compañera que la hizo dijo, y es su opinión, que no merecía mucho la pena.

Madrugamos de verdad para salir a las 4 de la mañana en autobús y recorrer los aproximadamente 282 kms que hay hasta nuestro destino, el deseado y lleno de expectativas, Abu Simbel. El tiempo en autobús es de aproximadamente unas 3 horas de ida y lógicamente lo mismo de vuelta. Se llega casi hasta la frontera con Sudán y la carretera, cruzando puro desierto, es de esas dignas de ver. Lógicamente el viaje en el mismo día, es una paliza, pero sin duda merece la pena. Hay gente que organiza el viaje para ver el amanecer desde allí, sobre todo los que tienen la opción de un crucero por el lago Nasser.

Perdonarme que aquí me extienda un poco más pero es que todo de este templo es impresionante como nos contó nuestro guía. Realmente no es uno sólo, si no dos, el más famoso dedicado al faraón Ramsés II y el otro a su primera y favorita esposa Nefertari. Luego de la caída del Imperio Egipcio estos templos fueron enterrados por el tiempo bajo las arenas del desierto, hasta que en 1813 y 1817 un explorador egipcio y uno italiano respectivamente los descubrieron.

Con la construcción de la presa, este templo como el de Philae quedaría sumergido debajo del lago Nasser así que entre 1964 y 1968 se llevó a cabo una obra colosal. Durante estos 4 años los gigantescos templos fueron desarmados pieza a pieza y reubicados con ayuda de un grupo de ingenieros de varios países y una inversión de 36 millones de dólares. Los templos fueron desmantelados y armados de nuevo en una colina artificial 65 metros más alta y 200 metros más alejada, impresionante.

El templo dedicado a Ramsés, ofrece cuatro enormes estatuas del faraón de nada menos 20 metros de altura y que fueron esculpidas directamente sobre la roca. Pero el interior no le va a la zaga en cuanto a espectacularidad, las salas interiores de ambos templos están decorados con frescos enormes que han conservado su color pese al paso del tiempo y estatuas gigantescas que sostienen la estructura.

Cuando Ramses II construyó su templo en este terreno, al lado del mismo, ordenó construir uno similar pero más pequeño. Este templo sería en honor a su mujer Nefertari.

Una vez que regresamos a Asuán y comimos en el barco, hicimos una visita a una tienda de especias, es la típica visita de esas que a priori pueden resultar pesadas pero yo la verdad que en mis últimos viajes me gustan cada vez más. Está claro que son 100% comerciales pero nadie te obliga a comprar nada y si no tienes una mejor opción que te pueda quitar ese tiempo, no me parecen mal. Fuimos a una tienda que debe ser de las más conocidas de la ciudad y que por lo bien que estaba montada, debía ser un próspero negocio. La tienda se llama Al Attar Spices y es enorme. Sólo recomiendo una cosa si váis a comprar, aseguraos de lo que pagáis y que al cambio al euro, es lo acordado.

Más tarde tomamos una barca para acercarnos a visitar un templo imprescindible, el de Philae. Como comenté antes, fue rescatada y trasladada piedra a piedra de su localización original y se situó en una isla lo que le proporciona una belleza espectacular.

Este templo me encantó, pasamos un buen rato allí recorriéndolo, y si lo podéis ver al atardecer, mucho mejor.

Volvimos al hotel para ducharnos y cambiarnos, y ver qué figura hecha con toallas nos había dejado esta vez el servicio de habitaciones en nuestro camarote, y la verdad que este día, se merecía un premio 🏆, qué pasada ¿no? jeje.

A continuación, y ya de noche, nos ofrecieron otra excursión por 25€ para conocer Assuán que finalmente aceptamos. De nuevo nos vinieron a buscar en calesa y los cuatro, junto con el guía comenzamos nuestro tour. Visitamos primero la Iglesia copta del Arcángel Miguel que nos abrieron sólo para nosotros, interesante y más con las explicaciones de nuestro guía.

Luego sí que nos dieron un buen paseo por la ciudad, y me gustó mucho porque nos metieron por calles no sólo principales si no por barrios de lo más humildes que no nos habríamos metido de no ir con el guía. Me encantó esta parte, además en un medio de transporte tan cómodo. Tomamos un café en una plaza de la zona moderna de la ciudad y regresamos a nuestro alojamiento flotante. La verdad que sin ser nada del otro mundo, la excursión me gustó.

Miércoles 11 de mayo

Al día siguiente teníamos incluido en el precio, aunque supimos que su precio era de 40€, la excursión llamada visita al pueblo Nubio, y tengo que decir que sin ninguna duda, fue el mejor tour de todo el viaje, tenerlo en cuenta.

Comenzamos subiéndonos a una faluya, típica embarcación del país.

El clima estaba fantástico, era temprano, no hacía calor y corría una brisa muy agradable. Comenzamos con un poco de turisteo, baile, cánticos del país y abalorios para comprar pero todo sin agobios, la complicidad con el grupo y nuestro guía, permitió un más que agradable paseo por el Nilo hasta llegar al pueblo Nubio. Durante el trayecto podréis ver el mausoleo del sultán Aga Khan, con una más que interesante historia que espero os cuente vuestro guía, me recordó al Taj Majal, salvando las distancias obviamente. Tras unos minutos, sabréis que habéis llegado al pueblo nubio Gharb Soheil por lo colorido de sus casas.

Nos bajamos y recorrimos sus coloridas calles, llenas de tiendas para los turistas y que en todo momento nos recibieron con sonrisas, lejos de los agobios de otros vendedores. Los nubios son una cultura milenaria que se desarrolló entre el sur de Egipto y el norte de Sudán. Actualmente existen varios pueblos nubios, del que Gharb Soheil es la localidad más importante, pero el resto se extiende a lo largo del valle del Nilo.

Nos llevaron a una zona cubierta muy agradable llena de asientos donde nos ofrecieron un aperitivo de pan con miel y bebidas calientes, café o té. Una vez allí comenzamos con un par de turistadas como un cocodrilo pequeño para hacernos fotos, poder fumar un narguile o cachimba con la que nos echamos unas risas. También por cinco euros te hacían un pequeño tatuaje con henna. El ambiente era de lo más agradable y pudimos jugar con los niños que como siempre estaban muy entretenidos con la llegada de estos turistas blancos.

Poco después nos invitaron a conocer su escuela donde vino lo más divertido de todo.

Allí nos guió hasta una clase un maestro que parecía muy serio y nos hizo sentarnos en las sillas cual alumnos. No os desvelo la clase que nos dio pero nos reímos mucho y el profesor fue muy muy simpático, de los mejores momentos del viaje.

Tras la visita volvimos al barco y paramos no muy lejos de allí para darnos un chapuzón en las aguas del Nilo, que en esta zona, la verdad es que estaba muy limpio.

Después del tour, nos llevaron a otra visita 100% para turistas, esta para comprar esencias de perfume, gran tradición por supuesto en Egipto. El guía nos llevo a Gheve Perfumes (grupo Hispano Egipcio de Ventas de Esencias). Ya sabéis, charla, un poco de humor y luego una hoja donde aparecían las esencias que ofrecen y al lado un espacio para apuntar las marcas internacionales equivalentes que nos iban dictando.

Como siempre digo en este tipo de negocios, el que quiera comprar bien y el que no, pues no. La «pureza» de las esencias que venden… pues habrá opinión para todos los gustos, yo compré un par de esencias y la verdad que no me sentí engañado a mi vuelta una vez probados.

Desde ahí ya nos acercaron al aeropuerto para tomar nuestro vuelo a El Cairo al que llegamos ya de noche. Nos acercaron en autobús a nuestro hotel, el Ramses Hilton donde en la recepción hubo un caos monumental con tanta gente hasta que nos dieron las habitaciones.

El hotel, en teoría es de lujo, y seguro que así fue cuando se construyó, nada menos que hace 41 años y por fuera parece impresionante, pero enseguida se podía ver por dentro que seguía así desde ese año 1981. Sin duda necesita una renovación y adaptación a los nuevos tiempos. Algunas habitaciones las estaban renovando pero no nos tocaron esas, la nuestra, a pesar de su mobiliario de hace décadas, la verdad que el tamaño de las camas era lo mejor así como el de la habitación en general.

Las vistas desde la terraza, espectaculares, de todo el caos del tráfico y el río Nilo y sus espectaculares edificios cercanos. Complicado decir los habitantes que tiene esta caótica ciudad, la más poblada no sólo del país, si no de toda Africa, se dice que juntando toda la zona metropolitana, se va por encima de los 20 millones, qué locura.

Bajamos a cenar a su espectacular buffet, enorme, prometía, aunque de nuevo la calidad de la comida decepciona, de repente se termina una lasaña y la sustituyen… por unos spaguetti con tomate de autor, está claro que este macro hotel se ha quedado con un precio muy ajustado para las agencias de turismo masivo que amortizan los precios gracias a meter mucha gente aprovechando su enorme capacidad.

Ese día un pequeño grupo de nuestra excursión, que por cierto, tuvimos mucha suerte porque coincidimos con unos compañeros de viaje sensacionales, nos propusimos salir a dar una vuelta por el Cairo.

Por no alejarnos mucho del hotel, decidimos acercarnos a la isla Gezira, donde está su espectacular Torre, construida en 1961 y de 187 metros de altura.

La entrada costaba 150 libras egipcias para extranjeros (unos ocho euros al cambio) pero la mayoría del grupo no quiso subir así que seguimos caminando por los alrededores. Todo lo que os pueda decir del tráfico es poco, sobre todo para cruzar una calle porque directamente NO HAY semáforos ni pasos de cebra. He estado en otras ciudades caóticas como Delhi, Agra, Manila, Marrakech,… pero nada comparado con esto, cuántos atropellos y accidentes habrá cada día 🤦‍♂️.

Nos acercamos a la zona del famoso restaurante Blue Nile para intentar dar un paseo por esa zona junto al Nilo que se veía muy animada, pero de nuevo encontramos los típicos pícaros que nos querían hacer pagar por entrar en la zona de las barcas iluminadas flotantes a estos ingenuos turistas, pero fue tan descarado que nos negamos rotundamente.

Así que finalmente decidimos volver al hotel que lo teníamos al lado (al fondo en esta última foto).

Al día siguiente, penúltimo en el país, teníamos la visita a un lugar que os sonará y protagonista del viaje, qué bien que estuviera casi al final.

Jueves 12 de mayo

Madrugamos para salir pronto y dirigirnos a la ciudad de Guiza atravesando calles y carreteras y contando cientos y cientos de coches en un día laborable. En una hora llegamos a nuestro destino, otra macro ciudad que ha crecido tanto que parece unida a El Cairo. Entramos en el complejo y nuestro guía, con muy buen criterio y con esos «trucos» que siempre considero cruciales nos llevó lo primero a un estupendo mirador de las pirámides, para que pudiéramos hacer las fotos tranquilamente y sin agobios de gente. Y así lo hicimos, con prácticamente el paisaje para nosotros sólos y disfrutando de las vistas, ¡¡¡qué maravilloso lugar!!!. No suelo poner fotos en el blog en las que salgo yo, pero la ocasión, junto a la única de las siete Maravillas de la Antigüedad que se mantienen en pie, lo merecía, ¿me lo permitís?

Desde este punto teníamos una ruta incluida en camello de unos minutos que me parecen una turistada y que no habría hecho pero bueno, nos echamos las típicas risas subiendo y bajando del animal, que por cierto, con una sóla joroba, es más bien un dromedario, ¿no?

Tras esos minutos de disfrutar del paisaje nos acercamos junto a las tres Pirámides, las de Keops, Micerinos y Kefrén. Yo y mis amigos teníamos incluída en el paquete del viaje la visita al interior de esta última pero yo entre que me dijeron que no había mucho para ver, lo estrecho del camino para entrar, y luego además el calor que hacía dentro, decidí no entrar y dejar mi entrada para otro compañero. Habrá opiniones para todos los gustos pero de mi grupo, ninguno salió muy impresionado de lo que vieron en su interior.

A continuación y tras el guía hablarnos de tantas y tantas curiosidades sobre estas maravillas de la antigüedad y de las diversas teorías sobre cómo se construyeron (no os las perdáis) descendimos un poco, para ver de cerca otro plato fuerte del complejo, como no, la Esfinge.

Entramos en el templo del valle de Kefren, punto de entrada para verla de cerca y que por cierto no es muy interesante, y allí pudimos ver de cerca a la famosísima Esfinge, como un león tumbado con cabeza humana, como se solían hacer las representaciones en aquella época. ¿El origen de su nariz rota? un misterio y de nuevo muchas teorías, desde luego no la de que fueron las tropas de Napoléon las que la destruyeron. ¿Un terremoto, la erosión, un fanático musulmán…? 🤷‍♀️

En este punto sí que hay poco espacio y mucha gente, y todos buscando la mejor foto, así que no tardé mucho en salir de ahí, además ya hacía bastante calor aunque nada que ver con el que nos hizo en el Alto Egipto (al sur desde Luxor hasta Asuán).

A continuación, en el programa del viaje estaba la visita a otro lugar que vendía otro clásico del país, los papiros, y para ello fuimos a uno llamado Egypt Papyrus Museum. De nuevo una interesante explicación de cómo se hacen los papiros utilizando una planta y de manera artesanal. Sorprende ver cómo brillan en la oscuridad algunos. Luego de la explicación nos dieron tiempo libre para el que quisiera comprar algo.

Era ya la hora de comer así que nos acercamos al establecido típico para los tours. Este no nos disgustó, tenía sobre todo un estupendo pan de pitta cocido en directo en un lado del restaurante. Nos pusieron una especie de mini barbacoa en cada mesa donde nos podíamos asar la carne que nos iban trayendo. Todo estaba bastante bien y no hubo queja.

Tras la comida había otra excursión (la enésima) que algunos del grupo teníamos incluída y otros no. Esta era la visita a las «ciudades» de Menfis y Saqqara, ya me anticipo a decir que os la recomiendo.

Comenzamos por Menfis, y aquí sorprende sobre todo la enorme estatua de Ramsés II. A pesar de faltarle parte de las piernas, la enorme figura mide nada menos que 13 metros de altura, tumbada en el suelo se apreciaba mejor esta obra colosal.

Luego en el exterior había más estatuas donde nos contaron su historia bajo un sol de mediodía que pedía más bien estar a la sombra tranquilamente. El cansancio se acumulaba y hacía más difícil prestar atención a las interesantes explicaciones.

A continuación se suele visitar otro lugar interesante, este me gustó más. En Saqqara se encuentra la Pirámide Escalonada de Zoser, considerada la primera pirámide del mundo y la gran estructura de piedra más antigua.

A esta también se puede entrar dentro y esta sí que merece más la pena que las tres más famosas. No pongo fotos para que la veáis por vosotros mismos.

Tras esta última visita que repito me gustó por el lugar en el que está enclavado y la belleza de la pirámide volvimos al bus para dirigirnos al hotel. Por el camino, y por desgracia, bastante pobreza y mucha suciedad, grandes contrastes…

Nos ofrecieron de nuevo otro plan para esa misma noche, a mí no me apetecía mucho, costaba unos 50€, pero mis compañeros que se apuntan a un bombardeo hicerion que al final aceptara (ellos no tuvieron la culpa, jeje). Nos duchamos rápidamente y nos llevaron esta vez con mucha prisa y pasando a milímetros de medio mundo, golpe en un bordillo incluído de nuevo, a la zona de las pirámides para su espectáculo nocturno de luces. Todo apuntaba a que podía estar muy bien, un escenario estupendo, auriculares para escuchar la explicación y apenas gente, estábamos expectantes, pero…. como suelen llamarlo los angloparlantes, la «performance» me decepcionó bastante. Una historia contada sin mucha atracción y bastante sosa, y luego una espectáculo de luces lento, sin ritmo y sin apenas momentos brillantes.

Es una exhibición que por lo visto lleva muchos años y que con el escenario que tiene, seguramente uno de los mejores del mundo, podía ser increíble, pero repito, y como siempre, es mi humilde opinión, no merece lo que vale, si no te importa gastarte el dinero, y si no tienes una mejor alternativa, pues ya sabes, vas y luego me cuentas tu opinión.

Pero lo que acabó ya de rematar para mal esta excursión, fue la cena, qué horror, el restaurante le tomé el nombre para ponerlo aquí y si os enteráis que os van a llevar a este, NI SE OS OCURRA ACEPTAR, el restaurante se llamaba CHERISTO. Y no es el que lugar en sí sea malo, todo lo contrario, podréis comer o cenar en su zona al aire libre con vista a las pirámides pero tanto la comida, horrorosa, como el trato, camareros rudos que te echan la comida como si lo hicieran al ganado hacen de este sitio una experiencia que no recuerdo haberla tenido tan malo en mis múltiples viajes. Esto es uno de los peligros de los viajes organizados, lugares que no puedes chequear antes en las típicas webs de opiniones y que no tienes más remedio que aceptar.

Viernes 13 de mayo

Madrugamos de nuevo y tras nuestro copioso desayuno, teníamos el día entero para visitar el Cairo.

Comenzamos el día yendo a la mezquita de Muhammad Alí, también llamada de Alabastro por el material utilizado en su construcción. Aquí es importante llegar pronto porque es una de las principales atracciones de El Cairo y se llena de autobuses rápidamente. Para acceder primero a la llamada Sala de Oración hay que descalzarse así que podría ser buena opción llevar en la maleta unas calzas para esta y otras mezquitas.

Fue construida entre los años 1830 y 1848 en memoria del difunto hijo del gobernador otomano Muhammad Alí y es una visita más que imprescindible. Su interior es maravilloso y me recordó a las enormes y preciosas mezquitas de Estambul.

Este punto tiene unas magníficas vistas ya que está situada en un punto elevado de la Ciudadela de Saladino, la residencia de los soberanos de Egipto durante 700 años. Desde allí podréis ver los colores ocre de esta megaurbe, siempre azotada por la arena del desierto. A menudo pensaba, si se propusieran en algún momento limpiar a fondo esta ciudad, ¿cuánta gente y sobre todo tiempo se necesitaría? yo creo que años…

Tras esta visita nos dirigimos al otro imprescindible de la ciudad, el Museo Egipcio. Lamentablemente y por apenas unos meses no pudimos disfrutar del nuevo museo, mucho más grande y moderno que abrirá sus puertas en teoría en este 2022. Reunirá más de 45,000 piezas procedentes de diferentes museos, de las cuales más de 20,000 no han sido todavía mostradas al público y su coste parece que alcanzará los 1,000 millones de dólares, ocupando una superficie de más de 50 hectáreas.

Aunque nos tuvimos que conformar con el actual, por los tesoros que alberga, no deja de ser un lugar espectacular.

Guiada por las explicaciones de nuestro amigo Mustafá fuimos haciendo paradas en lo que le parecía lo más importante. Por supuesto nos habló de todos los expolios de arte egipcio que han hecho que algunas obras, como por ejemplo la célebre Piedra de Rosetta se encuentre en el Museo Británico, el tema se ve que lo llevan ahí clavado los pobres egipcios.

Hay mucha historia que contar y dejo que os la cuente vuestro guía, que seguro lo hará mucho mejor. Encontraréis momias reales y objetos de todo tipo, la mayoría fascinantes.

Como no, la joya del museo es la tumba de Tutankamon, descubierta en 1922 por Howard Carteen, que trasladó a este museo lo que se encontró en aquella tumba del Valle de los Reyes de Luxor, más de 5,000 piezas entre la que destaca la maravillosa máscara funeraria de oro macizo y que alucinaréis al verla en su vitrina. ¡¡Carter tardó 10 años en catalogar todo lo que encontró!!

Nos llevaron a comer al restaurante Bonne Soirée, un buffet de unos 20 platos que este no estuvo mal para la media del viaje, este sí lo recomendaría.

Por la tarde dimos un paseo por el atractivo y singular barrio copto. Los coptos son los egipcios cristianos, la mayor comunidad cristiana de Oriente Medio. En origen, la palabra copto se refería a todos los habitantes de El Cairo, pero con la llegada de los árabes y la expansión del islam, el concepto pasó a referirse a todos los cristianos egipcios.

Visitamos la llamada Iglesia Colgante, aunque su nombre oficial es la Iglesia Ortodoxa Copta de la Santa Virgen María, aunque en árabe es simplemente Al-Muallaqa. Es el santuario copto más importante y antiguo de El Cairo y su nombre se debe a que su nave principal fue construida sobre la puerta sur de lo que un día fuera la fortaleza romana de Babilonia. Su construcción se remonta al siglo III o IV d. C.

Luego recorrimos las callejuelas estrechas de toda esta zona que a mí me encantan, tanto o más que las iglesias y templos, me apasionan estos lugares, con sus mercados y sus negocios de todo tipo.

A continuación nos dejaron tiempo libre para visitar el gran bazar de la ciudad, el llamado zoco de Khan el Khalili.

Ojo cuando os metáis en el zoco, no acabéis perdidos porque como os imaginaréis acabaréis absorbidos en esa maraña de calles estrechas y abarrotadas de gente.

El grupo en el que íbamos enseguida nos llevó a visitar la tienda del famoso «Jordi», un egipcio que se hizo llamar así y cuya tienda se ha hecho muy famoso entre nuestros turistas compatriotas. Aunque no compramos nada, pudimos saber por boca de nuestros compañeros de viaje que la tienda efectivamente tiene buenos precios y además la atención del egipcio «catalán» es bastante buena.

Tras una media hora de pasear por las calles decidimos volver a nuestro punto de encuentro, el cansancio pesaba ya. Por supuesto recomiendo visitar este mercado y con tanta competencia siempre es posible conseguir buenos precios, así que a los amantes del regateo, este es vuestro paraíso.

Después de aquella visita, y dado que ya era nuestro último día, nos despedimos de Mustafá, nuestro fantástico guía para continuar con otra excursión incluida en nuestro pack de viaje, denominado Cairo nocturno, así que con otro guía diferente comenzamos un paseo por la calle Moez, muy famosa y conocida, de un kilómetro de longitud y que además de puestos de artesanos, a lo largo de ella encontraréis mezquitas fabulosas como la deslumbrante Al Hakim.

La excursión en teoría incluída la visita al famoso Café de los Espejos pero ni rastro de él, en su lugar nos llevaron a tomar algo en la azotea de un café llamado Abo Alaraby, pero como cuesta encontrarlo en Internet, os paso la dirección: 100 Al Moez Ldin Allah Al Fatmi, El-Gamaleya. La verdad que el sitio estaba bien, al lado de la mezquita Al Aqmar y con buenas vistas de la calle Al Moez, además coincidimos con uno de los cinco momentos de oración al día y sentados ahí charlando, escuchando de fondo la llamada al rezo, fue de lo más auténtico, me encantó.

Continuamos hasta el final de esta calle que me encantó, nada de inseguridad y sí mucho ambiente y tiendas muy originales, para al final volver a subir al autobús que nos llevó cerca del río para cenar.

Entramos en el restaurante Al Saraya, muy cerca del hotel, que es un barco convertido en restaurante. Es antiguo, parece lujoso, de nuevo con esa decoración que lo defino como un poco «casposo», y no os esperéis mucho de la comida, servicio lento y poco profesional, ¿lo mejor? las vistas, sin más.

Esta excursión, a pesar de que la cena fue un poco decepcionante, también la recomiendo si no tenéis una mejor opción que hacer.

Tras este último tour volvimos al hotel, y aunque estábamos bastante cansados, subimos al bar que hay en la azotea para disfrutar de sus espectaculares vistas y que recomiendo visitar.

Tras tomar una copa a un módico precio, volvimos al hotel para al día siguiente ir al aeropuerto para tomar nuevo vuelo de vuelta a Madrid.

La nota general del viaje es buena, y aquí os pongo, para finalizar, pros y contras de este viaje organizado:

PROS:

  1. El hecho lógicamente de que todo está organizado es una ventaja en sí misma ya que no hay que preocuparse de nada y en general estuvo bien planeado todo y no hubo retrasos de consideración.
  2. Coste del viaje: buen precio que difícilmente habría salido más barato yendo por libre, todo muy ajustado.
  3. Visitas guiadas: el tener un guía tan bueno como el que teníamos, o al menos alguien que te explique todo es una grandísima ventaja, nada que ver si visitásemos todo esto sin ninguna explicación o con las frías audioguías. Además con un guía en otros momentos puedes preguntarle todo tipo de cosas y eso creo que le da un plus importante a cualquier visita.
  4. En este viaje en concreto, la verdad que el guía intentó en todo momento hacernos el viaje lo más cómodo posible, evitando aglomeraciones siempre que pudo y tiempos de espera, aplicando para ello los «trucos», la experiencia y la picardía lo mejor que pudo.
  5. Nos tocó, y eso sí que es suerte, un grupo de compañeros muy muy bueno, lo pasamos bien, con el paso de los días cada vez fuimos estrechando lazos y esto sí que, si tienes la suerte que tuvimos nosotros, es un plus más del viaje.

CONTRAS:

  1. Como todo viaje organizado ya de antemano, no tienes opción de modificar nada del programa del día, sólo coger excursiones extras que os ofrecerán.
  2. En ciertos momentos había mucha confusión en las diferentes excursiones que tenía incluída cada uno del grupo y perdimos bastante tiempo en organizar cuánto pagaba cada uno, qué hacía cada uno, con qué guía iba cada grupo (esto ya más en El Cairo), etc. Lo mejor sería que todos los del grupo fueran con el mismo mayorista o todos tuviéramos el mismo tipo de viaje con las mismas visitas.
  3. La comida podría mejorar, ya sé que el precio está ajustado pero también sabiendo los precios en estos países, a veces no disfrutamos del mejor servicio y calidad.
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PANAMÁ

Pues sí, Panamá, ¿y por qué Panamá? pues la verdad que porque ya conocía otros países de la zona como México y República Dominicana y me apetecía probar con este, mucho menos conocido como destino frecuente y la verdad que una vez vuelto, estoy contento de la decisión.

El precio del billete de avión es bastante asequible y se puede llegar allí con Iberia, una aerolínea con la que siempre he solido tener buenas experiencias y además disponéis de un vuelo sin escalas. Pagué unos 550€ por el pasaje, adquirido unos 6 meses antes de mi llegada al país centroamericano.

Las cifras dicen que Panamá no es un país muy visitado, no en vano en el ranking de turismo vemos que ocupa el ranking 100 del mundo. En 2019, llegaron allí 1.752.645 de turistas y creo sinceramente que lo que le falta al país es más publicidad porque tiene lugares fantásticos de naturaleza que nada tienen que envidiar a otros países cercanos como Costa Rica, una capital más que interesante y unas playas y fondos marinos equiparables a destinos como República Dominicana o Cuba por ejemplo. Que no se conozca Panamá sólo porque es un paraíso fiscal 🙏.

Tomamos nuestro vuelo de Iberia un miércoles 9 de marzo y en algo más de 10 horas aterrizamos en el aeropuerto internacional de Tocumen. Hicimos rápidamente los trámites de ingreso en el país y lo primero que teníamos claro mi compañero Manolo y yo era que íbamos a comprar una tarjeta para tener datos de Internet durante nuestra estancia. Hay varias opciones de compañías, Másmovil, Claro, etc pero nosotros la verdad que no teníamos claro cuál y finalmente elegimos la opción de 30€ por una semana con datos ilimitados con la compañía Tigo y una vez terminado el viaje, tanto por cobertura como por calidad quedamos bastante satisfechos.

Salimos al exterior del aeropuerto donde ya pudimos apreciar el calorcito de estas tierras y esperamos a que nos recogiera el transporte de la web ‘Booking.com’ que habíamos reservado desde España y que era la primera vez que lo hacía y la verdad que funcionó bastante bien. No os aconsejo coger taxis porque os cobrarán más, sin duda os diría que os moviérais con Uber, ese día no lo hicimos porque era tarde, estábamos cansados y preferíamos ir a lo seguro.

El aeropuerto donde aterrizamos es el de Tocumén, al norte, no confundir con el de Panamá Pacífico, más cerca de la ciudad.

En este punto del mapa estaba situado nuestro hotel, llamado el Ejecutivo, en plena zona urbana y en la que se encuentran la mayoría de los hoteles y oficinas, muy recomendable.

Hicimos el checkin rápidamente y nos dieron una estupenda habitación de dos camas grandes, hotel de clara influencia americana, enorme y con el aire acondicionado a tope, como no, ¡¡parecía Siberia cuando entramos!!

Cenamos un bocadillo que llevábamos desde España y nos fuimos a dormir pronto, sobre las diez ya estábamos roncando… unos más que otros 😉

Día 2. jueves 10 de marzo de 2022

Nos acostamos tan pronto que yo al día siguiente a las 6 ya estaba despierto como un búho, y es lo recomendable en Panamá porque tener en cuenta que anochece sobre las siete de la tarde así que esta mala noticia contra la que poco se puede hacer os marcará todo el viaje, así que ya sabéis, si queréis aprovechar el tiempo, MADRUGAR.

El desayuno era tipo buffet pero por las normas COVID todo te lo servían los camaremos muy amablemente.

El desayuno estaba bastante bien, con los días pudimos ver que variaban cada jornada y cogimos buenas fuerzas para afrontar los largos días.

Deciros que el hotel tenía una estupenda relación calidad – precio, pagamos a través de la web Booking.com 224€ por las 4 noches en la que estuvimos (56€ por noche con desayuno incluído), lo recomiendo 100%.

El hotel dispone de un diminuto gimnasio y una piscina, que aunque pequeña también, para darse un chapuzón y tomar el sol, estaba perfecta.

Ese día como suelo hacer en mis viajes iba a ser el de más caminata y aprochamiento del tiempo, recorreríamos la llamada Cinta Costera hasta el Casco Viejo de la ciudad.

Nos pusimos en camino aproximadamente sobre las 7 y media así que íbamos a tener muchas horas por delante. Bajamos por la calle Aquilino de la Guardia hasta llegar a la importante Avenida Balboa, y a la altura del hotel Hilton cruzamos por un puente sobre esta avenida que ya nos mostró una imagen espectacular de esta ciudad llena de edificios altos, no en vano es la capital de más rascacielos de toda América Latina. Aunque el edificio más alto esté en Santiago de Chile, 7 de los 10 primeros están en esta ciudad.

Esta vista es hacia el sur…

Esta hacia el norte, la zona conocida como Punta Paitilla, recuerda 100% a las ciudades norteamericanas,¿ verdad?

Hago un inciso para dar unos datos del país centroamericano, sobre todo económicos. Decir que entre las principales actividades que sustentan Panamá se encuentran los servicios financieros, turísticos y logísticos, los cuales representan el 75 % del PIB. La estabilidad política es seguramente una de las claves de la estabilidad económica de Panamá frente a lo contrario a lo que se han enfrentado sus vecinos, salvo Costa Rica. Por eso, aunque todavía hay un porcentaje importante de población por debajo del umbral de la pobreza, en general hay un aceptable nivel de vida, con un desempleo de apenas un 5% y que hace que también esto redunde en un nivel de seguridad bastante alto. Actualmente ocupa el puesto 54 de PIB per cápita (según el FMI en 2021) y el 67 en el IDH.

Recorrimos como decía la Cinta Costera hacia el suroeste, la verdad que este paseo es espectacular, por un lado la vista de los rascacielos, por otro el Océano Pacífico. Recordar que Panamá es el único país que tiene el Mar Caribe al norte y el Pacífico al sur, y no como el resto de países centroamericanos que los tienen al este y al oeste respectivamente.

Este paseo tan agradable mide casi 8 kilómetros y ocupa unas 25 hectáreas ganadas al mar y que se construyó en 2009 para proporcionar a sus habitantes una zona de esparcimiento y también un circuito estupendo para hacer deporte.

Pasamos junto al Club de Yates y Pesca para llegar a un punto emblemática, el mirador del Pacífico con sus letrás icónicas.

Seguimos paseando y a pesar de que eran apenas las 9 de la mañana, el sol ya empezaba a calentar.

El país entero tiene una población de 4,3 millones de habitantes, con una superficie similar a la de Castilla la Mancha, y su ciudad más importante lógicamente es la capital, que tiene unos 430,000 sin contar su municipio entero ni el área metropolitana, con los que se iría ya por encima de los 2 millones, es decir, que la mitad de la población del país se encuentra en torno a su capital.

Seguimos caminando y en seguida llegamos al mercado de mariscos donde se notaba el movimiento de pescado y el bullicio a esas horas tempranas de la mañana. Este es un buen sitio recomendado en todos los sitios para comer o cenar aunque nosotros, que no somos mucho de pescado, no lo probamos porque tampoco nos coincidió.

Continuamos y ya por fin vimos el entrante en el mar que ocupa el llamado Casco Viejo de la ciudad. En la entrada está la plaza del V Centenario que es un lugar de lo más agradable para sentarse y disfrutar de las vistas.

Hay que decir que la mayoría de los países latinoamericanos destacan por tener un casco antiguo de la época colonial y Panamá tiene uno que vale mucho la pena conocer. Cuando en 1671 Panamá Viejo, el primer asentamiento construido, fue saqueado por piratas, la población se trasladó a otra zona a unos 8 kilómetros, en la que se fundó la segunda ciudad importante de Panamá en 1673 y que hoy en día esta zona es conocida como San Felipe o Casco Viejo de Panamá.

Yo, que cada vez en mis viajes son más aficionado a las visitas guiadas, había contratado un Free Tour para esa misma tarde, así que visitamos la zona del Casco tranquilamente.

Nada más entrar ya pudimos apreciar lo que habíamos leído, que una gran mayoría de las casas están reconstruidas o en proceso, y he de decir que algunas de ellas me parecieron preciosas.

Hace unos años toda esta zona era un área deprimida, pero afortunadamente en 1997 el Gobierno promulgó una ley que promovía incentivos para la restauración de los edificios. La norma fue muy importante desde el punto de vista económico y patrimonial, porque reconocía la importancia histórica del barrio, pues el primer asentamiento, llamado Panamá La Vieja, fue reducido a cenizas por el pirata inglés Henry Morgan en 1671 como ya os dije anteriormente, y la construcción del Casco Viejo “segunda Ciudad de Panamá‚” comenzó en 1673.

También decir que la zona me pareció muy segura, llena de policías, quizás porque justo al lado hay un barrio llamado el Chorrillo, más pobre por lo que vimos al pasar en coche otro día y quizás por eso puede ser que encontráramos tanta seguridad.

Llegamos a la preciosa Plaza de la Independencia.

En esta plaza se encuentra la Catedral Metropolitana de Panamá. Fue construida en 1674, siendo una de las primeras edificaciones en la nueva ciudad. Después de sucesivos incendios en 1688 y 1737, finalmente se consagró en 1796. Esto quiere decir que su construcción demoró 108 años, desde 1688 a 1796. En 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Entramos dentro y la verdad que se agradecía, porque además de ser gratuita, el aire acondicionado como en el resto de iglesias, con el calor húmedo que hacía fuera, sí que daban ganas de no salir al exterior y quedarse ahí rezando… o lo que fuera.

Como era todavía pronto, decidimos tomar un café, comer algo ligero a precios nada baratos y hacer tiempo hasta que abriera el Museo del Canal, oficialmente llamado Museo del Canal Interoceánico.

A las 10 ya estábamos en la puerta dispuestos a entrar los primeros. Pagamos 15$ cada uno y nos sumergimos en la historia de esta obra colosal.

En el museo podréis descubrir toda la historia del canal, desde el intento de construcción por los franceses hasta la inauguración en 1914 por parte de los americanos. No os contaré más de la historia que tendréis que descubrir en el museo porque es super interesante y espero que os guste tanto como a nosotros.

Después de una visita donde hay mucho que leer y que repito para mí es un imprescindible, salimos tras estar como una hora y media disfrutando de todo lo relacionado con esta extraordinaria obra.

A continuación, y por proximidad nos acercamos a la Iglesia de San José, contruida entre 1671 y 1677. Es famosa por su altar mayor cubierto de pan de oro (aunque en realidad es de caoba labrada cubierta con pan de oro) que data de los primeros años del siglo XVIII y que tiene una cuanto menos curiosa historia. Cuenta la leyenda, que cuando los monjes supieron que el pirata Morgan se acercaba, cubrieron de barro el altar de oro para protegerlo, y así éste pudo librarse de ser expoliado, realidad o ficción, ¿quién lo sabe?

Otra historia cuenta que el monje desmontó el altar y sumergió las piezas en el mar, diciendo al pirata que estaba en obras y pidiéndole incluso dinero para terminarlas.

En la misma avenida están las ruinas de la Compañía de Jesús, la iglesia más antigua del Casco. Estas son de un antiguo templo jesuita que en 1741 albergó un colegio y 8 años más tarde se convertiría en la primera universidad de Panamá: la Real y Pontificia Universidad de San Javier, que funcionó hasta 1767, fecha en la que los jesuitas fueron expulsados de Panamá por Carlos III.

Cerca se encuentra también el Convento de Santo Domingo, construido en 1678.

Pero estas ruinas son conocidas más por su famoso Arco Chato, un arco construido para soportar el coro de madera de la iglesia y que durante dos incendios en siglo XVIII se mantuvo intacto.

A continuación nos dirigimos hacia el saliente más al sureste del casco, la plaza de Francia y el conjunto monumental de las Bóvedas, una zona más que recomendable, abierta, y con unas vistas espectaculares. Este conjunto monumental consta de siete espacios abovedados que conformaban el sistema defensivo de la ciudad y el nombre de Francia de la plaza, viene del presidente Porras que ordenó la construcción de la misma para honrar a aquellos franceses que intentaron construir el canal sin éxito entre los años 1880 y 1890.

Justo en este punto tuvimos la suerte de asistir a una sesión de fotos de una mujer vestida con el traje más popular panameño, de pollera, realmente bonito y el que destaca la gran cantidad de adornos y complementos.

Continuamos el paseo que hay, llamado Esteban Huertas, desde el que se puede apreciar la costa hacia el sur donde se ven al fondo los barcos esperando a cruzar el canal, y hacia el otro lado unas espectaculares vistas del skyline de la ciudad. Aquí suele haber unos cuantos puestos de vendedores de artesanía y souvenirs, y al final se encuentra el llamado Centro de Artesanías Donarua.

Era ya la hora de comer así que buscamos un lugar para hacerlo y terminamos en un mexicano llamado Mezcalito, tenía una terraza muy agradable y aunque un poco caro, la atención y la comida nos gustó bastante. Pagamos 64$ por un entrante, un plato cada uno y bebidas.

Teníamos a las 16h el Free Tour así que nos tomamos un café para hacer tiempo hasta entonces y visitamos otro nuevo templo antes, Nuestra Señora de la Merced, otra más de las siete iglesias del Casco Antiguo. Esta es la única que mantiene su fachada original de estilo barroco, cuyas piedras labradas se trajeron desde Panamá Viejo tras el saqueo de los piratas.

Y ya a las 4 nos acercamos a la plaza V Centenario donde comenzaba nuestro Free Tour. Como ya había hecho el año pasado en Nápoles, decidí contratar el tour con la web http://www.guruwalk.com ya que ofrecen tours sin un precio determinado y que cada uno paga al guía al final según considere que se merece, de esta manera el guía se ve obligado a «currárselo». Nuestro guía que se llamaba Jorge nos esperaba a la hora convenida y afortunadamente sólo estábamos nosotros dos y una chica italiana. El tour se llama Panamá Patrimonio Colonial y elegí este porque nos llevaría no sólo por los lugares típicos, si no que también se introduciría en zonas menos turísticas pero igualmente interesantes.

Comenzamos nuestra ruta subiendo la célebre calle 13 Este, más conocida como Salsipuedes, llena de comercios y cuyo movimiento y bullicio dificulta el paso y de ahí viene su nombre. Al final de ella llegamos a la Plaza Santa Ana mientras Jorge comenzaba contándonos la historia de Panamá en general y de la capital en particular.

Recorrimos la conocida y antes famosa avenida Central con apenas turistas a nuestro alrededor y viendo la Panamá más auténtica. La característica principal de esta arteria comercial es la diversidad de estilos arquitectónicos y, en algunos casos, la mezcla de uso residencial y comercial en buena parte de los edificios.

La «Peatonal», como según nuestro guía se llamaba coloquialmente a esta avenida, ha sido una de las calles comerciales más importantes de la ciudad durante la mayor parte del siglo XX. Allí se establecían tiendas internacionales como el Bazar Francés, Casa Motta, Sears y hasta El Corte Inglés, cuyo cartel, aunque deteriorado, nos lo mostró Jorge ante nuestra cara de asombro.

Los edificios en su mayoría eran caserones de madera que luego se fueron reemplazando por edificaciones de estilo ecléctico, moderno y Art Decó. Nos mostró lugares curiosos como por ejemplo este, que habla del esplendor del que gozó esta calle.

Llegamos caminando hasta la calle 17, donde se encuentra el Banco Nacional (1938) y la antigua sede de la Kodak (1946), a la derecha en esta foto, que con sus formas redondeadas marcaron la arquitectura de la ciudad de las décadas de 1930 y 1940, con su estilo Art Déco y streamline.

Dimos la vuelta deshaciendo el camino que habíamos hecho para ya integrarnos en el Casco Viejo. En esa zona recorrimos varios de los lugares que ya habíamos visto esa misma mañana, con Jorge siguiendo contándonos cosas interesantes y nosotros friéndole a preguntas.

Ya estábamos terminando cuando llegamos de nuevo a la zona de la Plaza Francia y el Paseo Esteban Huertas, cuyo skyline de la ciudad no tiene nada que envidiar a New York, Chicago, Hong Kong, etc.

Continuamos y pasamos junto al Teatro Nacional y la iglesia San Francisco de Asís.

Y tras aproximadamente 2 horas y media terminamos nuestro tour en el mismo punto desde el que partimos. Este es el recorrido que habíamos hecho.

Nos despedimos de Jorge, del que quedamos muy satisfechos por sus conocimientos y su profesionalidad y estábamos tan agotados del día que habíamos tenido (habíamos caminado en total unos 20 kms) que compramos algo de comida en un supermercado y pedimos nuestro primer UBER del viaje, la experiencia resultó perfecta, y desde la Plaza V Centenario hasta nuestro hotel pagamos sólo 3,41$.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese día, que da fé de la distancia recorrida y del «tute» que nos metimos ese primer día, no está mal.

Día 3. viernes 11 de marzo de 2022

Dado que íbamos a estar 3 días en Ciudad de Panamá y aunque hay cosas para ver, antes del viaje ya se me antojaba demasiado tiempo para dedicarle sólo a la ciudad, así que pensé en incluir un día en medio haciendo algo diferente o conociendo algún lugar cercano. Sopesé el ir a la Isla de San Blas, que es un espectacular lugar pero dado que íbamos a ir después a Bocas del Toro, lo descarté. También ir a sitios como el Valle de Antón o Portobelo pero finalmente me decanté por contratar un tour para visitar un poblado indígena, algo diferente y que suponía podía ser interesante. Leí en Intenet que había experiencias no muy buenas con los Embera Druá, rozando lo que yo denomino como «turistadas» con lo que intenté contactar con una agencia pequeña con el objetivo de poder visitar una comunidad lo más aislada posible. Finalmente lo conseguí dando con la agencia Travelling Souls que me ofreció visitar la aldea Emberá Querá, una que no recibía mucho turistas y estaba río arriba más alejada que otras comunidades similares. El precio acordado serían 120€ cada uno pero sólo para los dos, que iría bajando si se apuntaran más personas, que no sería el caso finalmente.

Nos vinieron a recoger a las 6 y media de la mañana al hotel, llegaron en una furgoneta Josías y su pareja Isabel, dos personas fantásticas y que fueron lo mejor del tour, pocas veces nos habían tratado tan bien y sobre todo con un trato tan personalizado.

Nos dirigimos en búsqueda del río Chagres al que llegamos con algo de tráfico en aproximadamente una hora. Este es el mapa y el camino que recorrimos desde Ciudad de Panamá por carretera y luego marcado en rojo el que hicimos a continuación remontando el río.

Llegamos a un embarcadero llamado Puerto Corotú donde ya dos simpáticas peronas Emberá nos estaban esperando para en una canoa artesanal llevarnos a nuestro destino.

El día era estupendo y el paseo por supuesto, también, navegar por esas aguas limpias y con la selva a ambos lados del río no puede ser más placentero.

Aquí os muestro un pequeño vídeo de cómo a veces el cauce era tan bajo que tenían que hacer verdaderos esfuerzos para poder remontar el río.

En las orillas de ambos lados ya íbamos viendo algún poblado Emberá pero el nuestro iba a ser uno de los últimos, aunque antes visitaríamos una cascada.

Finalmente y tras una media hora llegamos al afluente del río de donde vendría el salto de agua. Nos bajamos y caminamos un rato por medio de la selva, cosa que también me vuelve loco, el poder disfrutar de tan frondosa vegetación y el ruido de animales a los que no estamos acostumbrados.

Siempre caminamos pararelos al riachuelo y regalándonos la luz vespertina que había,unos rincones espectaculares.

Por fin llegamos a nuestra primera parada, la cascada Quebrada Bonita que la verdad que nos gustó mucho y sobre todo porque estábamos sólos. No hacía calor, era temprano y como que no me apetecía bañarme pero lo pensé dos veces y me dije, un día es un día, oportunidades como estas no se pueden dejar pasar, así que me animé y me pegué un baño que me sentó espectacular.

Volvimos a la embarcación y ya seguimos remontando el río hasta llegar a la última aldea de la zona, la de los Emberá Druá.

Allí nos estaban esperando una representación de la comunidad, sobre todo niños, todos con una sonrisa.

Decir que los Emberá son un pueblo amerindio que habita algunas zonas del litoral pacífico y zonas adyacentes de Colombia, este de Panamá y el noroeste de Ecuador. Son originales de la selva de Darién, en la frontera entre Panamá y Colombia y son varias las comunidades que en los últimos 40 años han emigrado hacia zonas más próximas a la capital panameña. Diversos han sido los motivos de este éxodo, siendo uno de ellos el de escapar del clima de tremenda inseguridad que vive la provincia del Darién, tomada a menudo por los narcotraficantes colombianos.

Ya enseguida nos dimos cuenta de que éramos bienvenidos, sentimos en todo momento la simpatía y la sonrisa permantente de todos los componentes, y cuando digo todos, son todos, y no es un tópico, os lo puedo asegurar.

El poblado era muy auténtico, todas las viviendas como podíamos imaginar y habíamos visto en la televisión, de madera y todo 100% natural. A ver, no somos tontos y sabemos perfectamente que estas comunidades están lejos de vivir aisladas del mundo, disponen de teléfono móvil, algunos tienen televisión pero no por ello no puedo evitar decir que me pareció de lo más auténtico.

Nos sentamos tranquilamente en la casa más grande que hacía como de centro de reuniones donde pudimos charlar tanto con los niños como con el resto de los habitantes, estábamos super agusto, y ellos también, qué maravilla que hablen castellano y poder comunicarnos con todos, esto no tiene precio.

Nos contaron sus historias, que al estar en un parque natural el gobierno no les deja cultivar apenas nada y no tener animales, sólo gallinas, con lo que los ingresos procedentes del turismo se habían convertido en su principal sustento.

Hicieron unos bailes que siempre me parecieron algo forzados para el turismo cuando los he visto en otros países (los viví en México, en Marruecos, en Filipinas) pero que en esta ocasión no me pareció así, de verdad que el ambiente era espectacular. Aquí tenéis una pequeña muestra, como siempre digo, si tenéis pensado ir, mejor no verlo y poder vivirlo con vuestros propios ojos.

La visita incluía un almuerzo compuesto de pescado frito (tilapia) y patacones, que consiste en plátano frito, y servido en un recipiente de lo más ecológico, ¿no?, la verdad que estaba rico y tanto a Manolo como a mí nos gustó mucho.

A continuación vino una de las mujeres que muy amablemente nos explicó diferentes cuestiones sobre la historia de la comunidad, sus costumbres y un montón de cosas interesantes. Al terminar tuvimos tiempo libre que aprovechamos para visitar la zona que tienen con artesanía y que les ayuda a mantenerse. Por supuesto compramos varias cosas.

Luego se ofrecieron a hacernos un tatuaje con tinta natural que se va en 10 días, por 5$ no nos pudimos negar, aunque la mía no se esmeró tanto como el tuyo verdad Manolo?

Más tarde dimos un paseo por la aldea acompañados y viendo las construcciones y su forma de vida.

Por aquí nos acompañó mi amigo Deivid, que nos enseñó su casa, eran 11 hermanos nada menos, aunque ya no es lo habitual en el poblado. ¿Os imagináis viviendo 11 niños en esta casa? no pude evitar pensar en mis hijos y como habrían flipado si hubieran estado aquí, habrían visto lo que es una vida fuera de las comodidades que tenemos en el mundo occidental.

También con Josías e Isabel hicimos una pequeña excursión de media horita donde el chamán de la comunidad nos enseño diferentes plantas medicinales. De nuevo el hombre era estupendo, sonriente, amable y que todo nos lo contó de la manera más amena.

Fue curioso morder una hoja que te duerme literalmente la zona sobre la que está en contacto con la planta y que ellos han utilizado desde siempre a modo de anestesia natural. Vaya si se dormían los labios y la boca, la cosa funciona 🙂

Terminando nuestra estancia vimos la escuela. La profesora vive en el poblado aunque no pertenece a la comunidad y el fin de semana vuelve a su vivienda familiar.

Y ya despés de estar allí como unas 4 ó 5 horas, sobre las 3 de la tarde tocó regresar, no sin antes despedirnos de todos y estar super agradecidos por la experiencia.

En ese momento llegaba un grupo de españoles que iban incluso a pasar una noche en el poblado, otra manera de conseguir ingresos para la comunidad.

Fue un día espectacular y para la agencia Travelling Souls sólo tengo palabras buenas, Josías e Isabel nos dieron todas las comodidades y nos sentimos como pocas veces atendido, esto sí es un servicio personalizado y así se trata a los visitantes, mucha suerte chicos!!

Nos dejaron en el hotel sobre las 17h en medio de una de las habituales tormentas que se generaban por las tardes. Ese día queríamos ver el atardecer en una de las torres más altas de la ciudad. Leímos que el hotel Hard Rock era una buena opción pero estaba cerrado por la pandemia, así que tomamos un UBER (5.14$) para ir al hotel JW Marriot en Punta Paitilla donde se encontraba el bar Panaviera, ubicado en el piso 66, pero al llegar nos dimos cuenta de que estaba nublado por la parte por donde se esconde el sol así que para pagar un precio nada módico por una consumición y no poder ver nada, decidimos no subir, así que dimos un paseo por esa zona que no me pareció muy interesante porque no tiene una salida al mar, la Cinta Costera comienza más al sur.

Finalmente, y dado que habíamos comido tan pronto y teníamos tanta hambre, buscamos un restaurante y «tiramos» de un clásico y de lo que nos más nos gusta, cenamos en un italiano llamado la Vespa, cerca de nuestro hotel. La comida nos gustó, el servicio de nuevo fue muy bueno con un camarero con el que hablamos de fútbol bastante tiempo, no sabía yo que seguían tanto el fútbol español en un país de no tanta tradición futbolera como Panamá. El precio como siempre no fue barato, por un plato cada uno, postre y bebidas pagamos 64$

Hacía mal tiempo, ya era de noche y estábamos cansados así que tomamos algo y regresamos al hotel.

Día 4. Sábado 12 de marzo de 2022

Ese día, penúltimo que pasaríamos en la capital, teníamos reservada la entrada para visitar, como no, el Canal de Panamá. Debido a las restricciones de aforo por el COVID había que reservar el ticket en la página web del Canal, cosa que habíamos hecho unos días antes.

Desayunamos y de nuevo con un UBER (5.17$) llegamos rápidamente al Centro de Visitantes de Miraflores. No recomiendo hacer un tour para esto, se puede visitar perfectamente por vuestra cuenta.

Decir que hay 5 conjuntos de esclusas en el canal: Pedro Miguel, Agua Clara, Miraflores, Gatún y Cocolí, alguna es gratuita como la de Pedro Miguel. Nosotros pagamos 10$ aunque creo que antes de la pandemia el precio era más alto.

Al entrar accederéis a varias plantas donde encontraréis diferentes informaciones sobre el canal, más enfocadas a datos estadísticos actuales, más que a su historia, yo desde luego me quedo con el Museo del Casco Viejo. Había zonas cerradas o en mantenimiento, por eso quizás el precio no fuera más alto. Atención que cierra los lunes.

Finalmente y la verdad que se agradecía porque el frío del A/A en los pasillos era insoportable, salimos al exterior para ver la atracción principal, los barcos pasando por el canal.

Inaugurado en 1914, por estas esclusas de Miraflores pasan los barcos de oeste a este (procedentes del Pacífico) por la mañana y por la tarde pasan de este a oeste (procedentes del Atlántico) así que procurar llegar por la mañana pronto o por la tarde, si no no veréis nada. Los barcos que acceden a las esclusas de Miraflores desde el Pacífico suben 2 escalones al ingresar a ellas, salvando un desnivel de 16 metros, similar a un edificio de 8 pisos.

Estaréis en una terraza grande donde deberéis coger un buen sitio para observar los enormes barcos que cruzan el canal. Por la megafonía van dando datos en inglés y castellano muy interesantes. Veréis dos canales muy cerca y un poco más arriba veréis el tercer y último, construido en por la empresa española Sacyr entre 2007 y 2016 y que fue célebre porque tuvo un sobrecoste enorme.

Durante la hora y media que estuvimos, pudimos ver pasar hasta 3 barcos y es curioso como puedes ver todo tipo de datos en Internet sobre cada uno de ellos, este por ejemplo iba en dirección a Houston (USA).

El sistema de relleno de las esclusas es muy curioso, no se llena simplemente abriendo y cerrando las compuertas y aprovechando el agua de cada lado, si no que se hace con agua dulce almacenada en unas enormes piscinas y que proceden de agua de lluvia, ¡¡¡son necesarios 100 millones de litros de agua para para llenarlas!!!. Hay 40 pares de compuertas y toda son las originales, fabricadas en Estados Unidos y pesan de media cada par nada menos que 730 toneladas.

El canal mide 80 kms de largo y los barcos tardan unas 8- 10 horas en recorrerlo. Si no estuviera el canal y tuvieran que rodear América del Sur tardarían mínimo 2 semanas.

En cuanto a lo que pagan los barcos por cruzarlo, la media son 200,000$ y el récord fue de un enorme carguero que pagó hasta unos increíbles ¡¡1,4 millones!!. La media de la recaudación diaria es de 9 / 10 millones, no está mal, ¿no?

Tras la visita, decidimos ir al Museo de la Biodiversidad, diseñado por el conocido arquitecto Frank Gehry pero lo encontramos cerrado, así que le dijimos al simpático conductor de Uber que nos acercara a la zona conocida como la Calzada de Amador, una vía que conecta la parte continental con tres islas (Naos, Perico, y Flamenco) y que fue construida en 1913 con tierra excavada procedente de los trabajos del Canal.

Es verdad que era por la mañana y que por tanto no había casi ambiente, pero la zona no nos pareció gran cosa así que decidimos volver al hotel a relajarnos un poco en la piscina.

Tras descansar y estar tranquilos un rato comimos en un restaurante cerca del hotel llamado la Scarpetta. Comimos un par de pizzas y bebidas y pagamos 36$, para luego tomar de nuevo otro UBER e ir de nuevo al Casco Viejo (3.24$).

Nos apetecía un café así que decidimos tomarlo en uno que tenía apuntado, de nombre Tántalo (5.2$) donde se veía un buen ambiente.

A las 4 habíamos reservado vía mail una visita en el Museo de la Mola, que era guiada y gratuita. Lo alberga un edificio restaurado e impecable que cuenta todo lo relacionado con las molas.

Un simpático guía nos contó la historia de estas preciosas telas hechas a mano y que forman parte de la cultura indígena guna. Son elaboradas y tejidas por las mujeres como parte tradicional de su vestimenta. Se trata de textiles cosidos en paneles con diseños complejos y múltiples capas usando una exquisita técnica.

La visita es breve y gratuita así que si tenéis tiempo, no está mal que vayáis.

Después nos acercamos a un bar que desde fuera vimos muy chulo llamado Marzola Parrilla Argentina donde tomamos un par de cocktails (6$ cada uno) y cuya decoración nos pareció super original.

A continuación volvimos a la plaza Francia, un lugar bastante bonito para ver el atardecer.

Y el paseo Esteban Huertas donde de nuevo disfrutamos de la vista de los rascacielos.

Seguimos caminando hacia la Cinta Costera pasando por el mercado donde había ya mucha gente cenando y llegamos al paseo donde al ser sábado estaba lleno de vendedores ambulantes, puestos de comidas diferentes (el famoso «raspado» panameño) y gente también haciendo deporte.

Seguimos caminando hasta que nos sentamos un poco a ver el skyline.

Y ya cuando nos cansamos pedimos un UBER que nos dejó en el hotel.

Día 4. Domingo 13 de marzo de 2022

Madrugamos y tomamos un UBER al aeropuerto para coger nuestro vuelo a Bocas del Toro, ¡¡la playa y el mar Caribe nos esperaban!! Ojo porque los aviones a ese destino salen del aeropuerto Marcos A. Gelabert con categoría también internacional porque hay trayectos a Costa Rica, pero no es el de Tocumen, que recordemos es del que vinimos de España.

Llegamos enseguida a nuestro aeropuerto porque está bastante más cerca que el otro, que se encuentra mucho más al norte.

Atención porque estos vuelos internos no son nada baratos, nosotros pagamos por él 215$ cada uno (unos 192€ al cambio de ese momento).

Tomamos el vuelo a las 10h y en apenas una hora estábamos aterrizando en el aeropuerto de BOCAS DEL TORO.

Visitada por Cristóbal Colón en su cuarto y útimo viaje, esta es una provincia al oeste de Panamá de unos 170,000 habitantes que contiene muchas islas siendo 7 las principales. Las más conocidas y turísticas son las de Colón, Bastimentos, Carenero y Solarte.

El aeropuerto se encuentra en la isla de Colón, donde aterrizamos en el tipo de aeródromo que me encanta, pequeñito, minúsculo. Tuvimos que esperar un poco por nuestras maletas porque todas pasaron por un detector de drogas de lo más sofisticado, un perro y su hocico, y un taxi que nos había gestionado el hotel nos llevó a nuestro alojamiento.

Este era el fantástico y esperado Oasis Bluff Beach, un alojamiento frente a la salvaje pero maravillosa Playa Bluff, paraíso de los surfistas por sus continuas y grandes olas.

En este mapa de la isla os marco la situación del hotel, encontrándose al sur el aeropuerto y el pueblo de Bocas.

Este hotel no es barato, pagamos unos 150$ por noche con desayuno incluído y si queréis alojaros en un sitio en medio de la selva, tranquilo, 100% sostenible y con unas instalaciones espectaculares, este es vuestro hotel. Si por el contrario queréis algo en el pueblo de Bocas para no tener que desplazaros mucho podéis buscar otra opción.

Habíamos reservado la habitación con vistas al mar y la verdad que por un poco más no habíamos podido tener mejor idea porque tanto la habitación como las vistas desde la puerta, eran espectaculares, como para quedarse ahí a vivir un mes.

Los propietarios son dos británicos mayores que vivían en Estados Unidos y que apenas hablaban castellano, sobre todo el hombre pero que fueron muy amables. Eso sí, el personal local fue siempre super simpático y nos ayudó en todo lo que necesitamos, sobre todo uno llamado Elías.

Dejamos las maletas y nos acercamos a la playa Bluff y he de decir que nos sorprendió para bien, es absolutamente MARAVILLOSA, con una arena limpia, sin apenas gente, aunque eso sí, muy peligrosa, llena de corrientes y de resaca que no permitía el baño con normalidad pero que por suerte la temperatura del agua era perfecta.

Estuvimos paseando y disfrutando de la playa hasta que llegó la hora de la comida, y este es un fuerte del hotel, cuyo restaurante The View es una maravilla y nos hizo disfrutar ese día y muchos más de una estupenda gastronomía.

Pagamos una media de 50$ por comida y lo pagamos bien agusto porque todo estaba riquísimo, tenía una carta no muy amplia, con el domingo barbacoa y unos postres espectaculares. Además los cocktails valían 5$ y más de uno pudimos disfrutar durante nuestra estancia de 5 días.

Para ir del hotel al pueblo de Bocas hay dos opciones, un taxi que os cobrará 15$ pero por lo que vimos, siempre que sea por el día, porque por la noche se aprovechan y por volver siempre os pedirán más. La otra opción es un minibus o «van» como la llaman ellos (3,5$) que pasan cada dos horas desde las 10 hasta las 18h pero que resultó ser muy irregular en el horario y un día que fuimos a cogerlo iba lleno y ni paró, así que siempre optamos por el taxi, compartiéndolo algunas veces.

Llegamos a Bocas en un taxi al que le pedimos el número de teléfono porque nos cayó muy bien y nos dispusimos a conocer el pueblo.

Este es el típico poblado destinado casi al 100% al turismo, lleno de casas bajas y por supuesto de pequeños hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos.

Sus calles son rectilíneas, anchas y si digo la verdad, no me atrajo mucho el ambiente, las tiendas de souvenirs o para hacer compras las encontré bastante cutres y no llamaban mucho a comprar, pero es mi opinión, nada que ver con otros pueblos parecidos que me he encontrado en otros viajes en Filipinas, Thailandia o México por ejemplo.

Los restaurantes y bares sí que tenían una mejor pinta, sobre todo porque la mayoría tenían un embarcadero que hacían de ellos muy agradables al estar al lado del mar, algunos incluso tenían un hueco a modo de piscina para darse un chapuzón.

Como en ciudad de Panamá, el sol se escondió sobre las siete, unas de las cosas que más fastidia porque luego las horas que hay hasta que te vas a dormir son muchas, demasiadas.

Cenamos pronto, sobre las 8 y media después de tomar algo. Nos fiamos lo que nos dijo el del hotel y fuimos a un restaurante llamado la Buga Gastro Market. Tenía una carta un poco extraña, como más veces pudimos apreciar en más restaurantes, mezclando diferentes tipos y orígenes y sin un estilo definido. Pedimos un par de platos pero la verdad que no nos convenció. Con postre y bebidas pagamos 44$

Ese día y como nos pasó casi todos, cayó una tormenta que nos pilló saliendo del restaurante. Hago un inciso para hablar del tema del tiempo. Como en todos los países cercanos al ecuador, Panamá tiene un clima tropical y no hay diferencias significativas entre las estaciones. La duración del día apenas fluctúa y las diferencias de temperatura entre el verano y el invierno son igual de pequeñas. Dependiendo de la estación, las temperaturas máximas diarias medias oscilan entre 29 y 32 grados. En los meses más fríos, la temperatura baja por la noche, dependiendo de la región, hasta 22°C en promedio mensual.

Salimos y como veíamos tan poco ambiente, decidimos volver al hotel, y en ese momento descubrimos una realidad, no hay suficientes taxis. Llamamos al teléfono del que nos trajo, pero no contestó y pasó de nuestros mensajes, paramos alguno pero nos pedían 25€, finalmente, y tras unos 25 minutos conseguimos uno por 20$. Este tema no me gustó mucho porque de noche y lloviendo, se aprovechan de la mucha demanda y si no tienes el hotel en Bocas, la cena puede tener un sobrecoste importante, ojo a esto.

Día 5. Lunes 14 de marzo de 2022

Como nos acostamos pronto yo me levanté muy temprano, tanto que decidí acercarme a la playa a ver el amanecer en la playa Bluff, y la verdad que qué maravillosa experiencia, fue espectacular.

Luego, como no, un desayuno fantástico, ¿no?

Ese día teníamos en la agenda visitar una de los lugares imprescindibles de Bocas del Toro, la playa Estrella, con lo que pedimos un taxi de nuevo para ir al Pueblo de Bocas antes de las 10 de la mañana que pasaba la van. Nos dejó en el Parque Simón Bolívar, quizás epicentro del pueblo y desde donde además sale la van 🚐 hacia Boca del Drago. Este bus sí me pareció más fiable y a su hora convenida (sale cada hora) partimos hacia el norte de la isla.

El viaje es interesante porque te permite ver prácticamente toda la isla y te acerca a la playa por apenas 2,5$ que cuesta el billete. Podéis hacer el trayecto también en bici alquilada, son 17 kms y la van tardó como unos 30 minutos.

Una vez en Bocas del Drago os ofrecerán llevaros en barca por poco dinero a la playa pero yo os recomiendo hacer el camino que hay hasta llegar allí por un sendero junto al mar y que es de lo más agradable.

Tras unos 15 minutos caminando ya comenzamos a ver restaurantes y chiringuitos a pie de playa y enseguida nos metimos en las cálidas aguas para buscar esos seres submarinos que dan nombre a esta bonita playa. Dicen que hay que llegar pronto para verlas y así lo hicimos, antes de las 11 de la mañana habíamos llegado. Y ahí estaban repartidas por toda la costa, qué bonito espectáculo, nunca había visto nada igual.

La playa es maravillosa, muy tranquila aunque con poca arena para poner la toalla. Había muy poca gente, cosa que celebramos, y por supuesto una recomendación, NO tocar NI sacar del agua las estrellas para haceros una foto y colgarla en las redes sociales, eso les costaría la vida, seamos responsables.

Allí estuvimos un buen rato disfrutando de esas tranquilas aguas, nada que ver con las de la playa Bluff, al otro lado de la isla.

Otra de las atracciones de esta zona y que ofrecen en todos los tours, es acercarse a la isla Pájaros. Preguntamos a un barquero cuántos nos costaría que nos llevara y nos dijo 10$ por persona, pero que si encontrábamos otros 2 que nos acompañaran, nos cobraría la mitad. Así que pregunté a dos españolas que casualmente estaban a mi alrededor y que finalmente accedieron a acompañarnos.

Tuvimos la mala suerte de que de repente el cielo se nubló, y el día tan estupendo que hacía se estropeó justo cuando iniciábamos la marcha. La tranquilidad del agua dejó su lugar a un oleaje cada vez más fuerte y que hacía saltar a nuestra embarcación hasta llegar a un límite que los 4 pensábamos que podía resultar hasta peligroso. El que llevaba el bote enseguida nos tranquilizó asegurándonos que este oleaje era normal en esta parte de la isla, pero vamos, que el mal rato no nos lo quitó nadie.

Aquí tenéis en un mapa la situación de la isla, la playa, y el recorrido de la van para llegar a ella desde Bocas.

A pesar del comentario del barquero, la verdad que el camino se nos hizo largo y por supuesto se nos fueron las ganas de hacer snorquel junto a la isla, una de las atracciones de la misma por los corales que hay en el fondo de sus aguas.

La isla ciertamente impresiona, por esa vegetación y la altura de la misma pero sobre todo por la gran cantidad de aves que la habitan. Os puedo asegurar que esta isla con un sol radiante es espectacular, vimos fotos de una chica que había ido una hora antes que nosotros con el día soleado y nos parecieron increíbles. Podréis ver aves tales como charranes, fragatas, pelícanos, golondrinas y alcatraces, pero la más famosa de todas es el llamado rabijunco piquirrojo, famoso por las plumas largas de su cola y que distinguimos enseguida.

A la vuelta le pedimos al barquero que nos dejara en Boca del Drago donde decidimos comer. Como no había muchas opciones, lo hicimos en este restaurante.

El lugar era de lo más sencillo y comimos un plato también sencillo, con pollo, arroz y patacones, y ahora sí resultó muy barato, pagamos 22€ en total los dos.

La verdad que este rincón de la playa de Boca del Drago lo encontramos muy agradable, con una playa de aguas muy limpias y que tenía un par de sitios con muy buena pinta por ejemplo para ver el atardecer, por ejemplo este.

A las cinco tomamos el van otra vez de vuelta a la capital de la isla donde tomamos algo en un par de bares y volvimos al hotel a disfrutar de la cena. No nos apetecía que nos pasara lo del día anterior porque de nuevo amenazaba tormenta.

Día 6. Martes 15 de marzo de 2022

Nos levantamos con otra tormenta nocturna que dejó el terreno embarrado pero que afortunadamente cuando el sol vuelve a salir y empieza a apretar, todo se seca enseguida como por arte de magia.

Y menos mal porque ese día íbamos a hacer una ruta a pie hacia el norte de la isla. Nos apetecía hacer algo tranquilo y no habíamos cruzado el Atlántico para estar tumbados bajo el sol, ¿no?

Disfrutábamos del desayuno viendo colibríes que aleteaban cerca del hotel, a los surfistas madrugadores que llegaban por todos los medios a disfrutar de las olas de la playa que teníamos delante cuando de repente observamos que había un perezoso en lo alto de un árbol que según nos cuenta los trabajadores de nuestro alojamiento, solía estar muy próximo al mismo y lo veían con bastante frecuencia. La verdad que nos hizo mucha ilusión poder ver a un animal tan raro y misterioso como este mamífero arborícola, pero más adelante el destino nos tendría preparada una sorpresa con este animal.

El sol ya era radiante y comenzaba a apretar el calor así que debíamos salir cuanto antes.

La ruta que íbamos a hacer nos la muestra al detalle nuestro anfitrión del hotel, Simon. Esta hoja, aunque sencilla y no sacada de Google Maps precisamente nos iba a ayudar mucho a ir a alcanzar nuestro destino, una laguna conocida como la Piscina y que por el camino nos encontraríamos lugares interesantes.

Comenzamos la ruta desde nuestro hotel hacia el norte, por un camino paralelo a la playa Bluff, cuyo estruendo de las olas nos acompañaba sin descanso. Vemos diferentes propiedades, algunas en venta, algún que otro alojamiento y algún restaurante que tengo mis dudas de que pueda funcionar en esta zona que considero bastante aislada.

Tras un buen rato llegamos al final de la playa y cruzamos un riachuelo, en ese momento recomiendo, si váis caminando, tomar el camino de la derecha. Os encontraréis un sendero más estrecho y de verdad váis a disfrutar el caminar entre tan frondosa vegetación.

Más adelante os encontraréis con un lugar curioso (marcado como «ruins» en el plano anterior), y no es más que un antiguo laboratorio de droga en medio de la selva.

En el siguiente cruce sí que os recomiendo tomar el camino de vuestra izquierda, el camino más ancho, el de la derecha que cogimos nosotros se complica bastante y se hace difícil continuar en algunas partes.

Y finalmente llegaréis a la famosa Piscina, que sinceramente, no sé si es porque el agua estaba turbia por estar el mar muy agitado pero no me pareció gran cosa, eso sí, nos dimos un baño de lo más agradable porque habíamos aguantado bastante calor.

Encontramos un panameño en esta playa y nos recomendó que fueramos, ya que estábamos cerca, a una laguna pequeña marcada en el mapa como Blue Lagoon a unos pocos metros. La verdad que, o estaba de nuevo el agua turbia y le hacía perder su encanto, o yo soy muy exigente, pero de nuevo no me pareció gran cosa.

Una vez visto esto y tras el agradable baño decidimos volver ya hacia el hotel. Por este camino ancho sí que asistimos a una de las cosas más interesantes y divertidas del viaje, y fue que, haciendo honor a su nombre, empezamos a oír unos sonidos fortísimos que más parecían rebuznos que los propios de un mono, pero venían de los árboles, buscamos, buscamos y al final los encontramos. Os paso este vídeo para que juzguéis…🤣🐒

Llegamos al hotel, comimos y descansamos un poco, para por la tarde tomar un taxi y volver a ir al pueblo de Bocas. Compartimos coche con unos surfistas franceses y el conductor, Julio, nos cayó muy bien, un panameño superdivertido y le cogimos también el número de teléfono para intentar evitar lo que nos había pasado hacía dos noches.

Desde allí decidimos ir a un bar que había oído que tenía un ambiente muy agradable pero que está en la cercana isla de Carenero, en su parte suroriental. Nos acercamos a un embarcadero y enseguida nos subimos en una de las múltiples barcas que transportan a gente entre islas y tras pagar 2$ llegamos enseguida a nuestro destino. En la barca iban colegiales con los que hablamos y nos enseñaron orgullosos sus cuadernos.

Llegamos a Bibi’s y nos sentamos en su agradable terraza sobre el mar y es verdad que el sitio estaba muy bien. No probamos su comida porque eran sobre las 7 de la tarde y por tanto un poco pronto para cenar.

Debéis tener en cuenta que desde allí, aunque la vista es bonita no es el lugar ideal para ver el atardecer ya que el sol se pone detrás de la isla y no se aprecia bien.

Otro día más se empezó a formar una tormenta hacia el este y temimos que los nubarrones descargaran sobre nosotros así que decidimos ya pedir un barco (lo hacen los camareros) para volver a Bocas.

Eran ya las ocho así que en nuestra línea de cenar pronto fuimos en búsqueda de un lugar que nos habían recomendado en el hotel y también yo lo tenía apuntado desde España. Este lugar es el restaurante el Último Refugio.

Pedimos un plato cada uno, con bebida y un postre y pagamos al final 41$. Este restaurante sí que nos gustó, tanto el lugar, con un embarcadero sobre el agua, como la atención, como la comida. Yo me pedí un risoto que la verdad que estaba muy bueno. Este fue el mejor de calidad-precio quizás de todo el viaje. Como siempre no esperéis precios bajos, son precios de turista que llamo yo.

Al salir ya sabíamos lo que nos tocaba, que nos fastidiaba bastante la verdad, y que no era otra que la de buscar un medio para volver al hotel, además esa noche, de nuevo se complicaba porque había llovido con lo que sabíamos que la demanda de taxis iba a aumentar. Le pedimos a la camarera que nos pidiera uno a lo que ella respondió que no aseguraba que nadie llegara, y así fue, así que finalmente decidimos llamar a Julio, el taxista que nos había traído ese día, y la verdad que se portó muy bien, vino enseguida a buscarnos y nos llevó al hotel, aunque tengo la impresión de que no todos los días tendríamos la misma suerte. Os dejo aquí su teléfono que seguro le interesa para aumentar su clientela +507 61767587.

Día 6. Miércoles 16 de marzo de 2022

Este día teníamos el plato fuerte de nuestra estancia en Bocas del Toro, la excursión más típica que ofrecen todas las agencias. Nosotros la reservamos con una llamada Total Adventures, había leído buenas críticas de Google así que nos decidimos por ella. El tour que tomamos nosotros lo llaman ‘Exuberancias’ y pagamos 35$ cada uno. Supongo que habrá agencias algo más baratas porque lo vimos pero por poco más preferíamos esta de la que teníamos referencias y resultó a la postre que no nos habíamos equivocado.

Salimos en una barca sobre las diez y media, eramos diez personas en la barca, con dos de tripulación y nosotros los únicos hispanohablantes junto con Marcela, una simpática argentina.

Tomamos dirección sur para en unos 20 minutos llegar a la Isla Cristóbal, en la que se encuentra la llamada Bahía de los Delfines (localmente conocida también como laguna Porras) y que lógicamente se llama así porque es lugar en el que frecuentemente se suelen ver a estos cetáceos, concretamente la especie llamada de nariz de botella. La verdad que no había masificación de barcas como nos hemos encontrado en otros tours similares, por ejemplo en Filipinas. Vimos algún delfín en la distancia dando saltos y la experiencia, pues bueno, no estuvo mal aunque todo a bastante distancia.

Después de unos 20 minutos y las explicaciones en castellano e inglés del de la agencia que pilotaba la embarcación, tomamos rumbo a una zona de manglares de aguas cristalinas que atravesamos muy despacio.

Esta zona estaba muy bien, vimos algún pez interesante y también estrellas de mar en sus transparentes aguas.

Desde allí ya nos acercamos a hacer snorkel al lado del restaurante Cayo Coral. Nos dejaron gafas y tubo y nos tiramos al mar, la verdad que no me pareció nada del otro mundo, el sitio es espectacular pero de snorkel, ya estuve en sitios muchos mejores.

Despúés de unos 30 minutos, nos sentamos para comer. El restaurante lógicamente de barato no tenía nada, 100% dedicado a turistas hambrientos y sin mirar mucho los precios dadas las pocas opciones que había. Nos decantamos por un mixto de marisco al ajillo (que es el que pongo en la foto (18€) y luego unos «deditos de pollo».

Pagamos finalmente 51€ por los tres platos y dos bebidas, caro pero es verdad que la comida estaba muy rica y el sitio qué decir, inmejorable. Según nos dijo el guía, otras agencias suelen parar en otros restaurantes pero es verdad que mejor que este no sé yo si es posible.

Pasamos una comida y una sobremesa muy agradable de conversación con Yader, también con su pareja, una costaricense muy simpática y Marcela. Después de un par de horas partimos hacia nuestra última parada, los llamados Cayos Zapatillas.

Los cayos son unas pequeñas islas situadas junto a la isla Bastimentos y separadas entre sí por arrecifes de coral. La menor más al norte, tiene una extensión de 14 hectáreas mientras que la mayor posee 34, que es donde tocaremos tierra.

En esta apartadas islas se decidió grabar la primera edición del célebre programa Supervivientes en el año 2000. Obviamente le preguntamos al capitán de nuestro barco sobre aquel acontencimiento, a lo que nos respondió que fue una auténtica revolución y que montaron un despliegue espectacular.

Atracamos en un pequeño embarcadero en la zona noroeste de la isla y una vez en tierra nos dejaron dos horas de tiempo libre para dar una vuelta y conocer el entorno. Decidimos cruzar la isla por un camino bien preparado para el turismo. El interior es frondoso y espectacular, y apenas se percibe la mano del hombre porque aquí no vive nadie, sólo se puede ir y volver en el día, afortunadamente es un espacio protegido.

Caminamos y nos encontramos solos en una isla digna del mismísimo Robinson Crusoe.

En la parte del otro lado de la isla, hacia el sur, a pesar de que había bastantes palmeras tumbadas supongo que fruto de algún temporal, vimos la que sería nuestra playa favorita, con una arena y unos colores del mar espectaculares, por supuesto la temperatura del agua estaba perfecta para mí.

Ya sobre las cinco de la tarde iniciamos el viaje de retorno, directamente hacia nuestro punto de salida.

Esta es la ruta que habíamos hecho aproximadamente, con nuestras 3 paradas y el inicio y final en la isla de Colón.

Tomamos un taxi que a esa hora no era difícil y nos quedamos en el hotel disfrutando de una buena cena y algún que otro cocktail.

Día 6. Jueves 17 de marzo de 2022

Me desperté prónto y pude disfrutar de otro espectacular amanecer.

Este día, penúltimo de nuestra estancia en Bocas del Toro antes de regresar a España, dudábamos en lo que hacer para ese día. Pensamos en hacer una excursión a una granja orgánica de cacao entre otras cosas (Up in the hill en la Isla Bastimentos) pero finalmente nos decantamos por una que nos ofreció el hotel y que a nosotros, que nos gustan los animales y la selva, nos convenció. Y fue una ruta con una bióloga a través de la selva alrededor del hotel donde nos daría dando diversas explicaciones sobre la fauna y la flora de la isla. La chica resultó ser una alemana muy simpática que hablaba muy bien castellano llamada Corina y aquí pongo su teléfono (por supuesto con el consentimiento de ella) por si alguno le interesa +491797280004.

LLegó la que sería nuestra guía a las 10 de la mañana al hotel y comenzamos a caminar en dirección norte paralelos a la playa Bluff, cuando de repente, y de la manera más inesperada, nos topamos con el animal que más nos apetecía ver y seguramente una de las atracciones de Bocas del Toro, ¿adivináis cuál puede ser? pues efectivamente, tuvimos la inmensa suerte de ver un perezoso en unas ramas bajas prácticamente a nuestro lado, fue una suerte porque no es nada fácil poder tenerlo tan cerca ya que que sepáis que sólo bajan una mes a la semana al suelo para hacer sus necesidades o beber agua. Aquí os muestro un pequeño vídeo para que lo podáis apreciar bien cerca.

La visita comenzaba bien con esta sorpresa así que continuamos el camino bien animados. Avanzamos como ya decía paralelos al mar hacia el norte mientras Corina nos iba contando cosas de todo tipo, no sólo relacionadas con la biología si no de todo un poco, cosa que me encanta hacer en los viajes. En un determinado momento nos integramos en la selva y ahí ya comenzó nuestra visita de verdad.

Nuestra guía resultó que realmente en lo que es una experta y en lo que se ha especializado es en el anfibio seguramente más famoso del archipiélago, la que llaman red frog en inglés y en castellano tiene diversos nombres como la rana flecha roja y azul, rana flecha venenosa, rana venenosa de la fresa,… (Oophaga pumilio, designada anteriormente como Dendrobates pumilio). Se puso a buscar alguna para enseñárnosla y enseguida cogió alguna en un bote de plás tico para que la viéramos sin causarles ningún daño. Nos habla de un hecho muy llamativo, y es que esta rana que en la isla Bastimentos es roja, en la isla de Colón sin embargo es verde y amarilla. Nos cuenta un montón de curiosidades de la ranita que la verdad que nos parecieron muy interesantes y amenas.

Continuamos atravesando el paisaje selvático por lugares de vegetación frondosa y Corina contándonos diversas informaciones sobre animales y plantas, algunas tan curiosas como la del arbusto que camina sólo (Socratea Exorrhiza) o la planta cuyas hojas se cierran al pasarle el dedo (Mimosa Pudica).

Finalmente y tras una continuada pendiente en la que sudamos la gota gorda ya que el calor y sobre todo la humedad era muy alta, ascendimos a uno de los puntos más altos de la isla en la que además había una plataforma de madera, que tras subir a ella pudimos disfrutar de esta vista extraordinaria.

Volvimos al hotel tras la visita que la verdad que como cosa un poco alejado de las visitas tradicionales de la zona de playas, snorkel, buceo y surf, la verdad que a mí personalmente me mereció la pena. La excursión duró como unas 4 horas y pagamos 25$ cada uno. Personalmente sí que repetiría.

LLegábamos hambrientos y sedientos y nos pegamos otro homenaje en el hotel, como no…

Y esa última tarde ya de estancia en Bocas del Toro nos la pasamos de relax en el hotel disfrutando y despidiéndonos de nuestra maravillosa playa. Una pena que nuestro alojamiento no dispusiera de piscina, de haber sido así la estancia habría sido de matrícula de honor. Si os apetece un hotel en esta misma zona que sí tiene piscina, justo al lado había uno llamado Playa Bluff Lodge pero ya no sé luego cómo estará el resto de instalaciones y la atención.

Día 7. Viernes 18 de marzo de 2022

Al día siguiente teníamos nuestro vuelo a las 11:30 a ciudad de Panamá, a la que llegamos apenas una hora después. Dado que nuestro vuelo a Madrid no salía hasta las 22h, decidimos tomar un Uber (3.91$) e ir al Casco Viejo a comer y esperar por ahí tranquilamente. Comimos en el restaurante Madre cucina italiana, nada barato, pagamos 59$ por dos pizzas, bebidas y un café, y nos quedamos ahí un buen rato sin salir a la calle porque el calor y la humedad no daban tregua, además cargando con las mochilas. El sitio la verdad que estaba muy chulo.

Finalmente sobre las 19h ya cogimos otro Uber (17$) para ir al aeropuerto y tomar nuestro vuelo directo de vuelta.

Y aquí terminó nuestro viaje al país centroamericano, un lugar que tiene mucho que ofrecer, con un vuelo no muy caro desde España y que tiene tanto playa, como naturaleza como una capital interesante con una obra majestuosa como es el Canal.

Como siempre me suele pasar, el número de días es corto para todo lo que hay que ver pero es verdad que venimos muy satisfechos del país y de las experiencias vividas.

IRLANDA

Las ganas de visitar Irlanda las resumo en que es uno de esos países que seguramente no tienen algo espectacular para ver pero que siempre me atrajo visitar. Lo asemejo al norte de España que tanto me gusta, con sus verdes paisajes y con sus casi 1,500 kms de costa. También lo comparo con otro país cercano, Escocia, que me encantó recorrerlo en 2008 (https://apasionadosporviajar.com/escocia/). Con la visita a Irlanda, cerrábamos el círculo de las islas británicas y podíamos tener ya una visión bastante amplia de las mismas.

Teníamos además tantas ganas de viajar y dejar atrás este maldito COVID19, que no me resultó muy difícil hacer que también me acompañaran mis amigos viajeros Rocío y Manolo (y qué gran pena que no pudiera venir Roberto finalmente con nosotros).

Hace unos meses compramos los billetes con Ryanair, como no, aerolínea irlandesa y que no es santo de mi devoción pero que por precio, no suele tener rival. Por los pasajes pagamos unos 95€ cada uno ida y vuelta, un buen precio.

25 de septiembre de 2021

En un vuelo directo a Dublín desde Madrid llegamos a la capital irlandesa sobre las 19h que nos regaló este maravilloso atardecer a punto de aterrizar.

Y sorprendentemente nos encontramos un tiempo estupendo a pie de pista, ¿no hay lluvia? qué afortunados, ¡¡estábamos por fin en Irlanda!!

Una vez que aterrizamos y entramos en el moderno aeropuerto de Dublín nos dirigimos rápidamente a por nuestro coche de alquiler, la oficina nos cerraba a las 20h así que llegamos justo a tiempo. La verdad es que me costó bastante encontrar un buen precio, las compañías de siempre eran muy caras, Avis, Europcar.. y tampoco encontré ninguna local con buena tarifa, así que finalmente encontré la mejor en la página Rentalcars, que no sé si sabéis que es del mismo grupo que Booking.com. Habíamos pagado al hacer la reserva unos 40€ por día, pero una vez allí nos ofrecieron el todo riesgo por 30€ más y decidimos cogerlo, sí, somos así de precavidos, aquel viaje a Islandia, nos dejó secuelas psicológicas :). El coche que nos dieron fue un fantástico Hyunday Tucson con sólo 700 kms, osea, prácticamente a estrenar.

Desde allí fuimos rápidamente al que sería nuestro alojamiento esa noche, el Egans House, un bed & breadfast clásico con buenas críticas y por el que pagaríamos 114€ sin desayuno, un buen precio para 3 personas (aunque podríamos haber dormido 4) sabiendo que los alojamientos en Dublín no son muy baratos. Es una antigua gran casa victoriana con más de cien años que dispone de nada menos que 32 habitaciones, con parking propio de pago y desayuno a 12€ (caro para mi gusto).

Esta es la ruta hacia el sur para llegar desde el aeropuerto. Como podéis comprobar, está muy cerca del centro.

La habitación que nos encontramos, con una decoración muy clásica y por tanto muy diferente a lo que estamos acostumbrados, yo creo que por esto no me disgustó.

Dejamos las maletas y nos fuimos al centro en coche (cosa que he hecho bastantes pocas veces en mis viajes pero no teníamos mucho tiempo) guiándonos con Google Maps, que gran noticia siempre es tener datos en cualquier sitio fuera de España. Buscamos un parking en el barrio céntrico y animado de Temple Bar, el más antiguo de la ciudad, que encontramos cerca de la calle William Street y salimos en búsqueda de un sitio para cenar. Las calles estrechas estaban abarrotadas de gente cenando y tomando algo, esto es algo que caracteriza a la capital irlandesa y es uno de sus atractivos, más que monumentos y edificios para visitar.

Tenía varios pubs apuntados para cenar así que buscamos uno de ellos cercano, el Pub O’Neill’s, pero ya tenían cerrada la cocina, y lo mismo en un par de ellos alrededor. Eran las 9 de la noche y nosotros muertos de hambre. Junto a la iglesia St. Andrew’s Church, finalmente encontramos uno que parecía italiano llamado Pacinos que todavía seguía dando cenas así que allí nos quedamos. Pagamos los 3 una cuenta de 74.50€, con un plato para cada uno, pizzas, un salmón para Rocío y cervezas, que como nos imaginábamos no son baratas, la pinta 5,5€. Teníamos ya nuestro primer encuentro con uno de los mitos de Irlanda, y eso que no somos muy cerveceros. La verdad es que no estuvo mal la comida, buena atención y sitio agradable.

Salimos del restaurante, y aunque estábamos cansados por el viaje, no perdimos la oportunidad de dar una vuelta por esas animadas calles y por supuesto fuimos en búsqueda del pub más famoso de Dublín y de Irlanda entera, ya sabéis cuál es, ¿no?

Efectivamente, hablo del Temple Bar, con su llamativa y bonita fachada roja, que data del siglo XIX y que goza de fama me atrevería mundial por su animado ambiente los 365 días del año y su música en directo.

Tras dar una vuelta volvimos al parking para recoger nuestro coche e ir al hotel, estábamos muertos. Descansamos muy bien, a pesar de una falsa alarma de incencio que nos levantó prácticamente de la cama y nos dejó en la calle unos 15 minutos hasta que llegaron los bomberos y comprobaron que todo estaba bien.

Domingo 26 de septiembre de 2021

Comenzamos el día a las 7 de la mañana, había que madrugar ya que no había mucho tiempo para visitar Dublín. Por la ventana entraba un sol espléndido que dejaba ver las edificaciones de ladrillo rojo tan típicas del Reino Unido y que me recordaban muchísimo a la zona del hotel en el que me alojé en Liverpool.

Ya con luz natural pudimos ver bien el hotel por dentro, que siempre me resultan curiosos estos edificios tan antiguos y llenos de historia. Parecía todo sacado de una peli británica del siglo pasado.

Lo de aparcar en la calle había sido otra aventura por la noche porque no sabíamos si había que pagar, parecía que sí leyendo una señal justo delante del B&B, pero preguntamos a un simpático viandante que nos dijo que en una calle cercana era gratis, así que ahí lo habíamos dejado. Nos despedimos de nuestro hotel aunque no por mucho tiempo porque volveríamos en 4 días.

El barrio residencial, lleno de casas de estilo victoriano y de enormes árboles, me encantó.

Dado que como decía el desayuno del hotel nos parecía bastante caro (12€) decidimos salir con el coche y buscar alguna cafetería.

Como había pensado ya antes de llegar, nos dirigimos cerca del museo de la cerveza Guinness para intentar aparcar cerca, ya que sería ésta nuestra última visita de la ciudad y desde allí ya partiríamos a última hora del día hacia Galway. La verdad que tuvimos la suerte de que era domingo y el aparcamiento en la calle donde pensábamos dejar el coche, apenas a una manzana del museo, era gratis, así que estacionamos y desde ahí buscamos una cafetería. Eran las 9 de la mañana y ninguna abierta, pensamos ¿no madruga nadie aquí a pesar de ser domingo?

Decir de Dublín que es por supuesto la ciudad más grande de Irlanda con alrededor de 1 millón de habitantes (a los que hay sumar 250,000 si le añadimos el área metropolitana), recordemos que el país tiene unos 5 millones. Es una ciudad joven, con una de las poblaciones de menor edad de Europa y en la que la música está muy presente (¿os suenan U2, Sinead O’Connor, Van Morrison?), y estas dos características hacen cada vez más atractiva esta ciudad a los visitantes, que se encontrarán una animada vida nocturna, pubs con muy buen ambiente y música en directo tanto en estos como en las propias calles.

Tras dejar el coche avanzamos por la Thomas Street y entramos en la imponente John’s Lane Church, fundada en 1874 y en la que destaca del exterior su torre de casi 80 metros de altura.

Y ya enseguida nos fuimos acercando a nuestra primera parada, al lado de la cual por fin encontramos una cafetería llamada Bite of Life donde tomamos unos cafés con croissants por los que pagamos 18.9 € y desde cuya terraza en el exterior permitía disfrutar de la vista de la espectacular Catedral de San Patrick, el templo más grande de toda Irlanda. Construída en el siglo XIII en honor al patrón del país y de estilo gótico, destaca por su arquitectura de piedra y su imponente aguja en la torre.

Decidimos entrar pagando los ocho euros de entrada y enseguida pudimos apreciar que tenían todo bien orientado a las visitas, tienda de recuerdos nada más entrar y un recorrido con audioguía para conocer todo lo que se expone en el templo, que no es poco, ya que está lleno de una gran cantidad de bustos, monumentos sepulcrales y lápidas en conmemoración de los ciudadanos irlandeses más célebres, como por ejemplo Jonathan Swift, famoso por ser el autor de la obra -los viajes de Gulliver-. Me gustó especialmente el coro de madera, del siglo XV y la pila bautismal, mantenida intacta desde su construcción en la Edad Media.

Salimos al exterior para dar un paseo por el agradable y pequeño jardín que tiene para dirigirnos a continuación a la otra catedral que junto a esta son los emblemas de la ciudad y del país, la también espectacular Christ Church, la más antigua de Irlanda. En 1172 comenzó la construcción de la actual iglesia de piedra, un proceso que se alargó hasta el siglo XIII.

Se puede visitar por dentro también donde destaca su impactante cripta construida en el siglo XII, pero llegamos demasiado pronto y se encontraba cerrada así que no nos quedó más remedio que seguir avanzando para aprovechar el tiempo.

A continuación nos introdujimos ya en las calles más comerciales de la ciudad y la primera tienda de souvenirs que vimos, allá que entramos, concretamente una muy cerca de la catedral, en la calle Lord Edward. Es increíble el merchandising que hay del país que inunda de verde las estanterías, y qué decir de la archifamosa marca Guinness, auténtico emblema del país que va más allá del punto de vista comercial.

Continuamos por esa calle y pasamos junto al ayuntamiento (City Hall), que por ser domingo estaba cerrado. Si tenéis la oportunidad podéis acceder a la parte visitable, que además es gratis.

Seguimos avanzando y hacía tan buen día que aunque no teníamos pensado entrar en el castillo que ostenta el nombre de la ciudad, nos acercamos a verlo aunque fueran los exteriores, con la buena fortuna de que debido al COVID la entrada era gratuita, así que no podíamos perder esta oportunidad. Hay que decir que es más bien un palacio que una fortaleza y que fue construido en los primeros años del siglo XII donde antes había existido un asentamiento vikingo. Sirvió de fuerte militar, prisión, tesorería, tribunal y actualmente se utiliza para celebrar reuniones y acontecimientos del estado como la toma de poder de los presidentes. Tiene habitaciones interesantes y si no has visitado muchos castillos, seguramente te guste, si ya has visto muchos, pues uno más, no me pareció nada imprescindible.

Continuamos el camino hacia el centro y ya sin monumentos a la vista hasta la visita que teníamos reservada en el Trinity Collegue a las 13h, decidimos dar una vuelta por las calles sin un destino determinado. No tardamos en toparnos con los ya modernos autobuses de dos pisos.

Pasamos junto a la famosa estatua de Molly Malone, personaje legendario irlandés que representa a una pescadera que por lo visto ejercía de vendedora por el día y de prostituta por la noche, ¿realidad o ficción? si os fijáis en la estatua y su desgaste en una zona de su cuerpo, os podéis imaginar donde es tradición echar mano…

Continuamos y pasamos junto a la St Ann’s Church, iglesia anglicana del siglo XVIII.

Al final de esa calle vimos un parque y yo que soy un amante de los parques y jardines de estos países en el que el verde parece pintado con pincel, no podíamos dejar de visitarlo, además con el día tan espectacular que hacía. Este se llama St Stephen’s Green, y ocupa unas nueve hectáreas. Por cierto, si os gustan las zonas verdes como a mí y disponéis de más tiempo, en Dublín tenéis el Phoenix Park, que abarca nada menos que 700 hectáreas, y ostenta el título de parque urbano más grande de Europa.

Desde aquí y ya con la proximidad de la hora de la visita al Trinity College, recorrimos las calles del centro más comerciales para dirigirnos hacia la famosa Universidad. Como souvenir más destacado además de los típicos, en Irlanda destacan todas aquellas prendas fabricadas en lana, como gorros, bufandas, calcetines, etc, no dejéis de comprar alguna si sois muy frioleros.

Y finalmente entramos en la universidad más famosa y antigua de Dublín, fundada en 1592 por la Reina Isabel I.

Nos dirigimos en primer lugar al enorme edificio que alberga la biblioteca, que fue fundada en el mismo año que la propia universidad y que curiosamente posee el derecho de recibir cada libro publicado en Irlanda. La biblioteca entera contine nada menos que tres millones de libros que están ordenados en ocho edificios.

Es sobre todo famosa por albergar el Book of Kells, cuya exposición es lo primero que se visita al entrar. Se trata de un manuscrito ilustrado por monjes celtas en el siglo IX en una isla escocesa y que luego fue llevado a Kells, un pueblo de Irlanda, donde se cree que fue terminado. Para mantener seguro el libro, fue enviado al Trinity College en 1653. Está considerado una joya del arte religioso por sus ilustraciones de gran belleza y técnica. Lo que se exhibe aquí son dos de los cuatro volúmenes existentes y la exposición cuenta con detalle la historia e incluso, con muchas medidas de seguridad, se puede ver de cerca el manuscrito, del que se exhibe una página cada día.

Y tras ver el insigne texto, accedimos por fin a la maravillosa Long Room donde nos quedamos con la boca abierta, qué preciosidad. Esta sala de unos 65 metros de largo fue construida a partir del año 1712 y allí se guardan 200.000 libros (casi todos los más antiguos). Como curiosidad y para hacerse una idea de lo actractivo del lugar, en el año 2018 llegaron a visitarla un millón de personas nada menos.

Además de los pasillos y estanterías llenos de libros antiguos es interesante apreciar ver la colección de bustos de mármol que representan a grandes filósofos, escritores y personas distinguidas.

Además en una vitrina se expone el arpa más antiguo que se conserva, el llamado Brian Boru, realizado en roble y sauce con cuerdas de bronce. Recordemos que el arpa es el símbolo del país, y por supuesto de la famosa cerveza Guinness, aunque al respecto hay una curiosidad que más tarde comentaré.

Tras disfrutar de la sala, bajamos a la inferior donde hay una tienda espectacular de souvenirs y objetos para los turistas, tras la cual salimos al exterior.

A continuación paseamos por los jardines y vimos todos los edificios de esta universidad, por la que han pasado alumnos tan importantes como Oscar Wilde, Samuel Beckett, Jonathan Swift o Bram Stoker. Es la única universidad de Irlanda entre las 100 mejores del mundo según QS World University Ranking y de su alrededor de 17,000 estudiantes, más del 50 % son extranjeros.

Enfrente de la entrada, os encontraréis al fondo de una plaza adoquinada (Parliament Square), la torre del campanario, de 30 metros de altura y que fue erigida en 1853 en el lugar donde se cree que estuvo el centro de un antiguo monasterio.

El campus es enorme, ocupa un total de 16 hectáreas y fue una pena que fuera domingo y no hubiera ambiente estudiantil, la visita hubiera sido diferente. Por lo que pudimos leer, existe la posibilidad de hacer visitas incluso guiadas de mayo a septiembre, pero no los domingos. Aquí os muestro el precioso Graduates Memorial Building (GMB) terminado en el año 1902.

Dejamos ya la universidad y dado que era casi la hora de comer nos acercamos a un pub mítico, el O’Neill’s, tomamos algo pero decidimos no comer allí porque sólo disponían de sandwiches y cosas más para picar que para comer «en serio». Eso sí, nos tomamos nuestras primeras sidras, nosotros, que somos más sidreros que cerveceros.

Continuamos ya directos a buscar un sitio, ahora sí o sí, para comer. Tenía apuntado otro pub, el The Oliver st John Gogarty, curioso por fuera, pero lamentablemente se encontraba cerrado.

Con lo que ya buscamos un sitio sin más miramientos. Finalmente nos paramos en un menú fuera de un pub, y una chica muy simpática que resultó ser española nos animó a entrar y finalmente entramos ya que la carta no parecía que estuviera mal. El restaurante se llama Quays y está en la animada calle Temple Bar. Pedimos, como no, el rey de la gastronomía británica, el célebre Fish & Chips.

La verdad que comimos bastante bien, y regados con sidras y agua, pagamos una cuenta de 70.45€.

Como teníamos la visita al museo Guinness a las 16h, y quedaba menos de una hora, nos fuimos acercando hacia allí, no sin antes disfrutar de un heladito, con un buen fondo, ¿no?

Y a la hora prevista entramos en la atracción número uno de la ciudad. Realmente el nombre del edificio, Guinness Storehouse, que significa en realidad más bien almacén que fábrica, fue construido en 1904 para ser utilizado como lugar de fermentación de la célebre cerveza y se encuentra en uno de los edificios de la destilería de la Guinness, conocida como St. James’s Gate Brewery. El edificio cumplió con su cometido hasta 1988 y en el año 2000 abrió sus puertas al público para mostrar sus exposiciones. Yo ya había leído que realmente no se visita la fábrica lo que para mí pierde un poco de interés, es más un mega bloque de siete plantas orientado 100% al turismo de masas.

Habíamos comprado las entradas por Internet desde la web del museo, pagamos 22€ cada uno y desde la página misma, no sé si debido al COVID, estás obligado a elegir la hora concreta en la que quieres llegar o la franja que está disponible, lo cual permite controlar el aforo.

Vayamos con un poco de historia, pero poca ¿eh?. La Guinness es una cerveza negra que se empezó a fabricar en el año 1759 en Dublín y tiene una particularidad que la hace muy especial: solo se elabora con 4 ingredientes, que son el agua, lúpulo, cebada y levadura. El color negro viene de la cebada, que está tostada a 232 grados, ni uno más ni uno menos.

Nada más entrar, accederéis a una planta llena de souvenirs, otro medio millón más de artículos de merchandising si no has tenido suficiente con todos los que hay repartidos por las tiendas de la ciudad. Todo el edificio tiene la estética de un antiguo edificio pero lleno de luces LED y pantallas de televisión que le da a todo una mezcla cuanto menos extraña.

La visita está organizada de abajo a arriba y en la planta primera comienza la explicación sobre su elaboración, donde el agua, como no, tiene un papel protagonista.

Otra planta contiene la antigua maquinaria que se utilizaba en la fábrica: un molino, un tostadero, un alambique y barriles gigantes de madera. Aquí te explican el oficio de tonelero, muy bien pagado para la época.

Todo muy interactivo y lleno de paneles audovisuales, a mí a veces me daba más la impresión de estar en un museo de la ciencia o algo así que en uno de la cerveza.

Otra planta invita a un recorrido por las campañas publicitarias de Guinness a lo largo de la historia.

Había leído que incluso en el museo podías hasta «tirar» una cerveza, osea servírtela tú mismo por la que te daban hasta un diploma pero esa parte estaba cerrada, supongo que como consecuencia del Covid.

En la séptima planta se encuentra el Gravity Bar, un bar acristalado donde puedes disfrutar de una pinta de Guinness (gratis, menos mal) con unas muy buenas vistas de Dublín.

Un par de curiosidades creo interesantes de esta célebre cerveza:

  • El arpa, actual símbolo de Irlanda, es una marca registrada de Guinness. Cuando el gobierno quiso utilizarla como símbolo nacional tuvo que ponerla invertida para poderlo utilizar.
  • El conocidísimo Libro Guinness de los Récords también tiene relación con la compañía cervecera, tuvo sus inicios en una pequeña disputa sobre qué ave volaba más rápido en un día de caza del director de la compañía en la la década de 1950 y sus compañeros de cacería.

Y aproximadamente sobre las 18h decidimos abandonar el edificio y dirigirnos al coche para dejar ya la ciudad.

Esta es la ruta que habíamos hecho en esta jornada comenzando y terminando el día en el museo de la cerveza Guinness, todo caminando, lo que demuestra que para ver lo principal de la ciudad, realmente no se necesita otro medio de transporte.

Un inciso si me lo permitís para recordar que otra de las atracciones más recomendables de Dublín es la cárcel de Kilmainham Gaol. Se trata de una antigua prisión en la que estuvieron presos muchos de los que lucharon por la independencia de Irlanda pero no pudimos visitarla porque ya no había plazas disponibles incluso desde tres semanas antes de nuestro viaje.

Y desde allí pusimos rumbo a Galway, al oeste de la isla y cuarta ciudad más populosa del país (tras Dublín, Cork y Limerick) con unos 83,000 habitantes (equivalente a por ejemplo Toledo o Pontevedra en nuestro país) y que le separan 200 kms de la capital.

Aquí comenzamos nuestro viaje por el resto del país. La verdad que no teníamos muchos días, sólo 3 más, con lo que tuvimos que priorizar el qué ver. Después de mirar bastante información, me decanté por el oeste y suroeste de la isla. Para ello descarté lugares como Irlanda del Norte, con su pasado lleno de historia, también otros atractivos lugares como la Calzada de los Gigantes o el puente colgante conocido como Carrick-a-rede, ambos al norte de la isla, pero había que elegir y desde luego que con 2 ó 3 días habría ido mejor para verlo bien, pero como siempre, el tiempo que se tiene es el que hay. Por cierto, la superficie de Irlanda es de 70,000 km2, un poco más pequeña que Castilla La Mancha.

Sobre las 20h y con bastante lluvia por el camino llegamos por una carretera de doble carril y pagando 4.5€ en peajes hasta prácticamente el pueblo de Kinvara donde teníamos nuestro alojamiento, y la verdad es que nos vimos muy gratamente sorprendidos. A la postre coincidiríamos en que este iba a resultar el mejor de todo el viaje.

Dejamos las cosas sin perder tiempo y nos acercamos a Galway, que aunque sólo estaba a 30 kms, tardamos una media hora, y es que ya empezamos a «sufrir» las carreteras comarcales irlandesas y sus estrecheces por las que a veces difícilmente caben dos coches. Los juramientos en hebreo de Manolo al volante se oían desde Dublín 🤣🤣.

Para este viaje decidimos llevar embutido desde España, y qué buena idea fue porque en este momento por ejemplo nos vino muy bien ya que llegábamos demasiado tarde a Galway para plantearnos que nos dieran de cenar. Aparcamos junto a los muelles y nos acercamos para comer de picnic, como no, junto a un monumento llamado Spanish Arch, construido en 1584 como extensión de la muralla para proteger la ciudad también desde el mar. Por lo que pude leer, su nombre viene de que durante una época allí desembarcaban muchos barcos mercantes españoles. Allí comimos nuestros bocadillos junto a la orilla del río Corrib.

Cuando terminamos, recorrimos la arteria comercial principal de la ciudad, la Quay Street, con multitud de pubs y comercios a ambos lados de la calle. Galway como decía es la cuarta ciudad más poblada de Irlanda y, debido a sus dos universidades, es también una de las más animadas, sobre todo en la zona que visitamos, el llamado Latin Quarter. Lógicamente no fue el caso cuando la visitamos, sobre las 9 de la noche, un domingo, víspera de un día laborable.

Pero un poco más adelante pudimos disfrutar de uno de los atractivos más famosos de la ciudad, la música en directo, con una banda tocando buena música en la calle y alrededor de ellos sí que se había organizado un grupo bailando y disfrutando de lo bien que tocaban.

Esta ciudad es una de las más visitadas de la isla esmeralda y suele ser un buen punto de partida para visitar el oeste de la isla y sobre todo los acantilados de Moher. Podéis visitar su catedral, la iglesia de San Nicolás, disfrutar de un día si el tiempo lo permite en los Docks (muelles) o la Eyre Square o dar un paseo por los canales del río Corrib pero lo principal como digo, y por lo que es conocido, es su ambiente, con sus animados pubs con música en directo.

Nosotros ya dimos por finalizado este intenso y largo día, cogimos de nuevo el coche y volvimos al hotel.

Lunes 27 de septiembre de 2021

Amanecimos el lunes pronto, sobre las 7 de la mañana y bajamos a desayunar. Nos esperaba una agradable y amplia sala, y una amable señora, propietaria del establecimiento.

Nos ofreció un menú con varias opciones a elegir para desayunar y unos elegimos tostadas y algo más ligero, y otros…el irish breakfast, como para ir a trabajar a la mina después 🙂

Salimos fuera y nos esperaba un espléndido día, seguíamos teniendo suerte con el tiempo. Pagamos los 90€ que costó nuestra habitación, un precio estupendo y nos despedimos de los simpáticos propietarios. Como ya he comentado este sería el mejor alojamiento de toda nuestra escapada.

El día anterior de camino a Galway habíamos visto un castillo en ruinas bastante chulo, y como estábamos cerca decidimos acercarnos. Aquí está con nuestro flamante coche en primer término.

El castillo se llama Dunguaire, construido en el siglo XVI y su posición, junto al agua, le hace de lo más fotogénico. Esta casa-torre de 23 metros de altura fue reconstruido recientemente y es visitable por dentro.

Y ya tomamos dirección hacia el sur para acercarnos a disfrutar del seguramente el plato fuerte del viaje, los acantilados de Moher. Fijaos en la estrechez de algunas carreteras, literalmente invadidas por la frondosa vegetación.

Y después de unos 45 kms en los que emplearéis casi una hora, llegaréis a los famosos «cliffs».

Para ver los acantilados hay un parking oficial en el que hay que pagar entre 7 y 10€ por persona dependiendo la hora del día en la que llegues (actualizado sept 21) pero si quieres ahorrarte unos euros, puedes seguir un poco más al sur y desviarte por un camino de tierra y aparcar en una finca de un particular, esto es lo que hicimos nosotros y pagamos 5 euros por persona. Poner en Google Maps Guerin’s Path Moher si queréis hacer lo mismo.

Desde mi opinión la situación de este parking es incluso mejor porque permite comenzar viendo la parte más al sur de la que va todo el mundo, desde donde hay una perspectiva espectacular. Este es el punto y su distancia con respecto al parking oficial.

Los acantilados se extienden a lo largo de 8 kilómetros hasta alcanzar una altura de 214 metros. No son ni mucho menos los más altos de Europa ni incluso de Irlanda, pero son famosos por su espectacularidad y por su disposición tan fotogénica.

Dejamos el coche y a nuestro alrededor pudimos disfrutar de un paisaje espectacular, verde y más verde y afortunadamente veíamos el sol asomarse entre las nubes.

Si tenéis mucho tiempo podéis recorrer todo el litoral, ya que hay un sendero que recorre los acantilados en toda su longitud. Por supuesto hay oferta para visitarlos en autobús desde Dublín o desde Calway, con excursiones de un día, y también se pueden apreciar desde el mar, que sin duda serán más espectaculares si cabe.

Lo primero que observaréis es que todo el litoral de la zona más visitada por los turistas está acotada con piedras a modo de barandilla para que no se acerque uno al borde y pueda existir el peligro de caer al vacío.

Como ya os indiqué antes, el parking te deja más al sur de la zona del centro de visitantes, es un área menos transitada y se tiene una perspectiva diferente de la típica y más fotografiada. Además, y desde luego no lo recomiendo si váis con niños o sopla mucho viento, pero podéis acceder a alguna parte en la que no tenéis el borde y podéis apreciar la altura en su totalidad, absolutamente ESPECTACULAR.

Brillaba un sol estupendo aunque poco a poco la cosa iba a cambiar y teníamos la impresión de que en cualquier momento caería algún chaparrón, porque lo veíamos a lo lejos.

Continuamos hacia el norte para acercarnos al centro de visitantes.

Y en pocos minutos llegamos a la zona del centro de visitantes desde donde podréis apreciar la perspectiva más célebre de los acantilados. Tengo que decir que la que habíamos visto antes no desmerecía a esta, sobre todo también porque en este punto y debido a las protecciones que no permitían acercarse al borde, no se aprecia tanto la espectacularidad de la altura y la fuerza del océano.

El tiempo se complicaba y de repente se puso a llover a mares con lo que nos refugiamos en el centro de visitantes, que no hay que pagar por entrar. Tomamos un café con algo dulce (17.45€) en su espectacular restaurante enclavado en una pequeña colina. En el centro hay una tienda de souvenirs y una exposición donde te dice cómo se formaron los acantilados y diversas informaciones interesantes.

Cuando de nuevo apareció el sol nos acercamos a la zona más al norte, visitando primero la Torre O’Brien, una torre circular de piedra que fue construida por Sir Cornellius O’Brien en 1835 como mirador para los cientos de turistas que acudían al lugar ya en aquel tiempo. Teníamos la suerte de que no había muchos visitantes ese día con lo que pudimos subir sin apenas esperar y la verdad que la vista no es la mejor porque primer suele soplar mucho viento y luego la forma de la torre con las almenas no deja mucho espacio para ver el paisaje. Desde abajo la vista tengo que decir que es parecida.

Y tras pasar aproximadamente un par de horas, decidimos volver al coche para continuar nuestra ruta. Íbamos bien de tiempo así que decidimos parar a comer en la tercera ciudad más populosa de Irlanda, (unos 94,000 habitantes) Limerick, a la que llegamos tras unos 80 kms y por carreteras ya bastante mejores.

Nos metimos en la ciudad y buscamos un sitio para aparcar, decidimos entrar en un centro comercial, en el Arthur’s Quay Shopping Centre donde en su última planta encontramos un buffet e improvisamos un menú para saciar nuestra hambre (39.45€ pagamos los tres con un plato cada uno, bebida y café).

Una vez comidos, decidimos salir a dar una vuelta y nos acercamos a ver un par de iglesias, primero la St. John’s Church, iglesia católica contruida en 1852 y con un cementerio al lado.

Y luego la más espectacular St John’s Cathedral, católica y fundada en 1856 y con la aguja más alta del país con nada menos que 94 metros de altura, también la encontramos cerrada pero por fotos del interior, parecía bastante sobria.

Desde allí volvimos pasando por delante del Milk Market para coger el coche y acercarnos a la espectacular Saint Mary’s Cathedral, que entre el día que hacía, muy nublado, y el cementerio anexo, parecía de lo más siniestro. Su construcción data del siglo XII, lo que la convierte en la más antigua de la ciudad. Destaca por encima de todo sus vidrieras, la sillería del coro y el altar.

Cuando estábamos visitándola, nos cayó un tormentón del que tuvimos que refugiarnos como pudimos. El cementerio, como otros de este viaje, típicamente irlandés, oscuro, húmedo y lleno de cruces celtas, ejercieron sobre mí una atracción especial que no sabría explicar.

El clima ya no daba para más, no tenía visos de que despejara, así que nos despedimos de la ciudad viendo por fuera otra de las atracciones principales de Limerick, el castillo del Rey Juan (King John’s Castle) del siglo XIII y situado junto al río Shannon.

Avanzamos hacia el sur y nos desviamos para conocer un pueblecito que había leído que tenía unas construcciones de lo más curiosas y es considerado uno de los más bonitos de Irlanda, Adare. Llegamos por una carretera rodeada de campos de un verde que enamora, son espectaculares, incluso vimos un hombre a caballo con su americana roja y sus perros de caza que automáticamente me llevaron a esas imágenes tan típicamente británicas de la caza del zorro.

Llegamos al pueblo y aunque había bastante tráfico aparcamos enseguida. A un lado de la carretera vimos la Trinitarian Abbey, que la verdad que parecía muy interesante y la visitamos por dentro. Por lo que pudimos leer de su historia, el edificio fue construido para la Orden en el siglo XIII convirtiéndose en el único monasterio trinitario del país. Actualmente es utilizado como iglesia local.

Y enseguida ya vimos las construcciones características que hacen famoso a este pueblo, con esos tejados de paja que asemejan ser las viviendas de algún personaje tipo duendes, elfos, etc. Algunas son tiendas, otras pequeños hoteles y otras particulares.

Como luego preguntamos en un pub donde tomamos algo, había cero turismo sobre todo porque era lunes y por lo visto la localidad no se anima hasta el fin de semana en este mes de septiembre. Dimos un mini paseo apreciando de las curiosas edificaciones.

De repente cayó otra tormenta tremenda que nos hizo refugiarnos en un pub donde dimos buena cuenta de otra sidra Bulmers.

Enseguida nos dimos cuenta de que el pueblecito en realidad no tiene más que una calle, así que decidimos continuar nuestra ruta. Estoy seguro que con más animación nos habría gustado más. Eso sí, cuando nos íbamos vimos otro parque de esos que enamoran, el Adare Town Park.

Continuamos hacia el sur hacia el que sería nuestro B&B para esa noche pero como todavía no era muy tarde, decidimos ir antes a otra localidad interesante y cercana, Killarney.

Esta sí es la estrella del turismo de esta zona suroeste del país y una de las localidades más visitadas de la isla.

Dejamos el coche en un parking grande cerca del centro y nos dispusimos a dar una vuelta por él. Eran sobre las 8 pm así que de nuevo nos lo encontramos bastante desangelado y las tiendas o cerradas o a punto de cerrar.

La ciudad es muy agradable y además de sus edificios más importantes atrae mucho el centro con sus coloridas casas y por la tarde sus animados pubs (esto lo imaginamos porque un lunes….). Muy cerca de la calle principal nos acercamos a la St Mary’s Church, construida a finales del siglo XIX y cuyos colores de su iluminación verde, como no, la hacían cuanto menos diferente. A pesar de lo tarde que era pudimos visitarla por dentro.

Entramos en un par de tiendas de recuerdos y volvimos al coche, ya era bastante por ese día.

Desde allí nos dirigimos a la localidad de Tralee, a unos 30 kms, donde teníamos el B&B de ese día, llamado Manorlodge, que la verdad, no fue sinceramente el mejor de todos, la habitación necesitaba una renovación y era bastante ruidosa.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese día, la verdad que sin agobios y sin prisas, se puede hacer perfectamente.

Martes 28 de septiembre de 2021

Al día siguiente madrugamos de nuevo y nos encontramos con la propietaria que resultó ser muy simpática y agradable y nos ofreció un buen desayuno. Dejamos atrás ya los almuerzos copiosos y nos decantamos ya por el tradicional café y tostadas. Por este alojamiento pagaríamos 94€, desayuno incluido.

Y ese día pusimos rumbo al oeste dispuestos a hacer seguramente la ruta más turística de la isla esmeralda, el conocido Ring of Kerry, que recorre la península de Iveragh en el condado de Kerry. Había leído que viajeros recomendaban también la Península de Dingle, pero no teníamos tiempo suficiente, y había que elegir.

Había leído opiniones de mucha gente que afirmaban que se necesitan dos días al menos para recorrer la península, yo no les quitaré la razón, pero tengo que decir que si no tienes todo el tiempo del mundo como era nuestro caso, la puedes hacer en un día perfectamente, sólo que obviamente tienes que priorizar los lugares en los que queréis pararos.

Comenzamos el trayecto en sentido contrario a las agujas del reloj, de este a oeste. Por el norte circulamos junto a la costa, viendo a lo lejos la península de Dingle y con las nubes amenazando lluvia, hay que saber que en el oeste de Irlanda, llueve mucho más estadísticamente que en el este.

Tenía apuntado ir a ver un castillo en ruinas, el Ballycarberry Castle, construido donde ya había una residencia en el siglo XIV, pero cuyas ruinas actuales fueron construidas en el siglo XVI. La verdad que no parecía nada del otro mundo y además no se puede uno ni acercar por peligro de derrumbe pero la vista aún desde unos metros la verdad que me gustó, eso sí, el camino para llegar es estrecho, no, lo siguiente.

Por esta zona podéis visitar algunas fortificaciones circulares de piedra con más de 1000 años de antigüedad como el Fuerte de Cahergal y el de Leacanabuile pero la verdad es que preferimos dedicar nuestro limitado tiempo a ver otros lugares. Coo siempre digo, para gustos, los colores.

Continuamos hacia el oeste y nos salimos de la ruta marcada para ir todavía más al oeste, algo que RECOMIENDO HACER SÍ O SÍ. Llegamos a Portmagee, desde donde salen ferrys hacia la cercana isla de Valentia. Llovía bastante en este momento así que decidimos no bajar, tampoco vimos nada especialmente interesante aparte de las casas de colores, que bajo la lluvia no destacaban precisamente.

Tras esto nos acercamos a un punto que tenía marcado como importante, los Kerry Cliffs. Pagamos 4€ cada uno y subimos a una pequeña colina, al fondo de la cual estaban los acantilados. Coincidí con mis compañeros en que este punto fue de lo mejor del viaje. El sitio es espectacular

Los acantilados tienen 300 metros de altura y 400 millones de años de antigüedad. Nos llovió y luego nos salió el sol, y con la luz del sol los acantilados lucían maravillosos. No os los perdáis, la verdad que a nosotros nos encantó, muy recomendables.

Dejamos los acantilados y rodeados de paisajes espectaculares tomamos el llamado Anillo de Skellig.

Este trazado, de unos 35 kilómetros entre estrechas carreteras secundarias, llega a algunas de las zonas con más encanto de la Península Iveragh, paisajes muy muy bonitos.

No dejaréis de ver viviendas muy chulas y siempre renovadas, no vimos ninguna que no estuviera en casi perfecto estado de conservación y con su maravillosos céspedes alrededor.

Desde aquí se ven bien las curiosas islas Skellig, a las que incluso se puede llegar en una excursión bastante exclusiva desde Portmagee. Estas islas son famosas por su forma tan original, pero sobre todo por un tema cinematográfico. Aquí se rodó prácticamente en secreto en 2014 escenas de la película Star Wars: El despertar de la fuerza. Además otro hecho curioso de estas islas es que en la principal hay un monasterio construido en el siglo VI, y que estuvo habitado hasta el siglo XIII.

Toda esta zona sí que es muy muy bonita y para mí fue lo mejor del recorrido por la península.

Llegamos finalmente a Ballinskelligs, con su monasterio y su castillo en ruinas al borde del mar. De nuevo apareció la lluvia así que la visita fue vista y no vista pero el lugar tenía muy buena pinta.

Regresamos a la carretera del recorrido «oficial» del Ring of Kerry para continuar hacia el este. Alcanzamos Waterville, donde hicimos una parada para tomar algo en un pub. A ratos llovía pero en un momento apareció un sol espléndido, y no sé si fue por eso o por el pueblo en sí, que personalmente este sí me encantó. La zona de la costa frente al mar, lo verde de la inmensa pradera, me atrajo mucho. Este pueblo, de apenas 500 habitantes leeréis por todos lados que es famoso por sin embargo una persona muy muy grande, y no por su tamaño precisamente.

No sé si por la estatua lo habréis reconocido, se trata de Charles Chaplin, que parece que se enamoró de este rincón y pasó sus vacaciones en Waterville durante más de diez años. Él y su familia solían alojarse en el hotel Butler Arms (situado frente al mar y que todavía está abierto). Supongo que lo que Charlot buscaba aquí era tranquilidad…

Además de por este personaje, también es famosa esta diminuta localidad porque aunque el primer cable de telégrafos transatlántico entre Europa y Norteamérica llegó a la cercana isla de Valentia, más al norte, fue en Waterville donde se estableció la primera estación. Esto la convirtió a finales del siglo XIX, en el principal núcleo para la Commercial Cable Company en Europa.

Continuamos nuestro camino disfrutando de estos preciosos paisajes costeros y buscando ya un sitio para comer.

Finalmente paramos en el O’Carroll’s Cove Restaurant, una vez pasado el pueblo de Caherdaniel.

Comimos Manolo y yo un fish@chips y Rocío un plato llamado en la carta «Supreme of chiken» y la verdad es que pasamos una comida muy agradable sentados en una terraza cubierta frente a unas cristaleras y viendo el mar.

Pagamos 62.6€ por un plato y bebida cada uno y la verdad es que nos gustó bastante, lo recomiendo sin duda. También por el entorno porque tiene una playa delante (Brackaharagh Beach) con muy buena pinta y que debe ser bastante visitada porque incluso en esa época había bastantes caravanas, ¡¡hasta vimos a una chica valiente darse un baño!! oh my God!!

Estuvimos un rato disfrutando de la arena de la playa y del sol que hacía para luego continuar ruta. Cruzamos más adelante Sneem, más casas de colores y un río que divide el pueblo en dos, dejando una plaza a cada lado y una bonita cascada en medio bajo un antiguo puente de piedra…. no paramos porque lo haríamos en el cercano Kenmare.

De vez en cuando encontrábamos paisajes y regalos que nos proporciona la naturaleza, que espectacular🌈

Por esta carretera os adentraréis en un bosque, y eso aunque no parezca raro en un país tan verde, sí que lo es por lo que os voy a contar que espero os interese.

Hay una cosa que sorprende rápidamente del paisaje de Irlanda, la ausencia de árboles y de bosques. Hay que saber el país fue una vez una tierra de bosques, llegó a estar cubierta por un 80 por ciento, pero actualmente, con tan sólo un 11, tiene una de las tasas más bajas de Europa. A principios del siglo XX, incluso el área forestal de la isla se había reducido a menos de un ¡¡¡uno por ciento!!! de su masa terrestre total y fue la actividad humana la que causó la mayor parte de los daños a lo largo de los siglos. En los últimos años parece que el gobierno no ha dejado de fomentar la reforestación, y se ha puesto como objetivo plantar nada menos que 440 millones de árboles en los próximos 20 años, increíble ¿no?

En una media hora y por la carretera más cercana a la costa llegamos a Kenmare, pueblo más importante y uno de los más grandes del anillo de Kerry. Una de las cosas más llamativas es la forma en que están distribuidas las calles, que forman una X muy original y que parece que fue hecho expresamente. Aquí bajamos a dar un paseo por esta agradable localidad también porque de nuevo volvió a salir el ansiado sol.

Aquí es de obligada visita la bonita iglesia Holy Cross, consagrada en 1864 y que podréis visitar gratuitamente su interior.

Y tras la parada reanudamos la marcha para circular hacia el norte, en busca del pueblo de Killarney por la carretera N71 a la que enseguida comenzaréis a ascender hacia el desfiladero de Moll’s Gap. Este puerto de montaña atraviesa las Macgillycuddy’s Reeks, el macizo montañoso en el que se localizan los picos más altos de Irlanda, liderándolo Carrantuohill, con unos 1,000 metros de altura.

En el punto más alto del desfiladero de Moll’s Gap se encuentra el Avoca Cafe, una de las tiendas y cafeterías más pintorescas de esta cadena irlandesa. Es un buen lugar para tomar un café con dulces y comprar alguna cosa, eso sí, todo a «módicos» precios. Casi desde la puerta de nuevo pudimos disfrutar de otro precioso arco iris 🌈

Aquí, como no, teníamos que aprovechar para hacernos la foto de rigor…

¿Próxima parada? otro lugar muy popular y con un panorámica espectacular, el mirador llamado Ladies View. El nombre al parecer proviene de la admiración de las damas de honor de la reina Victoria durante su visita en 1861.

Nosotros nos detuvimos en el primer mirador que encontramos, un poco más abajo hay otro con un restaurante.

Toda esta zona ya pertenece al Killarney National Park, el primer parque nacional creado en Irlanda en 1932. A partir de esa fecha, el parque se ha ido ampliando hasta alcanzar las 10,000 hectáreas que ocupa hoy en día. Una cuarta parte de esta extensión está ocupada por los tres lagos de Killarney: Lough Leane, Muckross Lake y el Upper Lake. Este fantástico parque nacional es el paraíso de los montañeros, aquí sí que os gusta la montaña y tenéis tiempo, podéis pasar más de una jornada haciendo treking y descubriendo lugares como por ejemplo la cascada de Torc que suele ser muy visitada.

Eran ya sobre las 18h así que bajamos hacia Killarney rápidamente con el objetivo de visitar las últimas joyas de este Ring Of Kerry. Por un lado la Muckross House (una mansión victoriana del siglo XIX con visita de pago) y la Muckross Abbey (una abadía fundada en 1440 como un convento franciscano y que actualmente se encuentra medio en ruinas) pero lamentablemente cuando llegamos ambos lugares ya estaban cerrados, eso sí, el bosque por el que se accede es espectacular.

Pero lo que no nos íbamos a perder por nada del mundo era el precioso y fotogénico Castillo de Ross, a orillas del lago Leane. Fue construido en el siglo XV por el clan local de los O’Donoghue y se trata del último castillo que resistió las embestidas del militar y líder político Oliver Cromwell.

Hoy en día se puede visitar su interior por libre o mediante visita guiada de pago, pero el acceso exterior está siempre disponible. El lago Leane que casi lo circunda es bastante grande y en él se realizan cruceros fluviales. La verdad es que la vista del castillo junto al lago, es una de las más bonitas que nos dejaría el país y con un atardecer espectacular.

Del que no pudimos disfrutar porque cogimos el coche rápidamente para llegar antes de que se cerrara otro lugar imponente, este ya en Killarney, la Catedral de Santa María. Una de las iglesias neogóticas más importantes de Irlanda y que por lo que leímos sólo tardaron 13 años en construirla (1842-1855), pero es que las obras estuvieron paradas durante cinco de esos trece años. Este parón fue consecuencia de la Gran Hambruna, también llamada Hambruna de la patata, un período que supuso que Irlanda perdiera nada menos que entre un 20 y un 25% de su población, ¿os imagináis algo semejante hoy en día?.

Si la catedral es espectacular por fuera, por dentro es maravillosa y recomiendo sí o sí visitarla (es gratuita). Con un interior de dimensiones mayores a todas las que habíamos visto desde que salimos de Dublín, fue contruida en piedra y destaca por encima de todo su espectacular órgano.

Y con esta última visita dimos por finalizado el recorrido por el Anillo de Kerry. Esta fue la ruta completa que hicimos ese día y la verdad que tengo que decir que aunque larga, no se nos hizo pesada, también porque a nosotros, como se suele decir, nos va la marcha.

Teníamos nuestro alojamiento ese día en Cork, a unos 90 kms, así que llegamos ya allí por una buena carretera ya bien entrada la noche. El B&B en esta ocasión se llamaba Belvedere Lodge, por el que pagaríamos 107€ con desayuno. Otra vez una habitación con muebles y decoración de la época de nuestras abuelas pero que poco nos importó al coger la cama para descansar después del día largo que habíamos tenido.

Miércoles 29 de septiembre de 2021

Nos levantamos este último día ya sin madrugar tanto porque teníamos el día más holgado que las jornadas anteriores. Desayunamos tranquilamente en un salón casi al aire libre y en el que hacía más bien frío y dejamos nuestro alojamiento. Lucía un día espléndido sin una sóla nube que auguraba una buena jornada.

Nos apetecía mucho visitar Cobh, una ciudad portuaria de unos 13,000 habitantes ubicada en la ría de Cork y que forma parte del complejo portuario de esta ciudad. Una foto de ella nos había enamorado antes de venir y teníamos que verla con nuestros propios ojos así que pusimos rumbo a ella a la que llegamos en apenas 20 minutos. Aparcamos el coche sin tener que pagar en una de las calles anexas a la catedral y nos acercamos a verla. Era pronto y sus puertas estaban cerradas, pero la visitaríamos más tarde. Las vistas desde los alrededores del templo eran imponentes.

Decidimos bajar hacia esta zona e hicimos bien porque nos gustó mucho toda esa parte.

Dimos un paseo junto al mar, donde vimos el museo conmemorativo (Titanic Experience Cobh) que recuerda la efeméride por la que es más famosa esta ciudad portuaria, el Titanic. Y es que Cobh fue el último puerto donde paró el famoso buque antes de naufragar en aguas de Terranova. Recordemos que zarpó de Southampton con destino a New York pero antes hizo paradas en Cherburgo (Francia) y por último en Cobh.

No había prácticamente gente por esa zona, por supuesto cero turistas así que decidimos ir en búsqueda de las casa de colores y su panorámica con la catedral al fondo. Las casitas, todas iguales, puestas en fila en una empinada calle, la verdad que eran de lo más fotogénicas. Enseguida me vinieron a la mente las famosas Painted Ladies de San Francisco que pude visitar en uno de mis viajes (https://apasionadosporviajar.com/2018/06/02/15-dias-por-el-oeste-americano/)

Para la panorámica, el sol que tanto nos hacía sentir bien no nos ayudó esta vez 🤣 porque estaba tan bajo que no se apreciaba la espectacularidad de la panorámica, pero bueno, lo importante era poder verlo con nuestros propios ojos y nos encantó.

Por supuesto no nos fuimos de la ciudad sin visitar el interior de la espectacular y grandiosa Catedral Saint Colman’s, iniciada en 1868 y terminada ya a comienzos del siglo XX y que como curiosidad os diré que posee nada menos que 49 campanas que la hacen inigualable tanto en Irlanda como en el Reino Unido.

Después de esta visita, en un principio tenía apuntada la posibilidad de acercarnos a ver el castillo de Blarney, pero finalmente leí muchas opiniones que hablaban de que no merecía pagar la cara entrada para lo que se veía del castillo y menos por ver la llamada «Piedra de Elocuencia», además tanto en este día como en los previos ya habíamos visto bastantes castillos y fortalezas, con lo que decidimos visitar Cork, la segunda ciudad más populosa del país.

Dejamos el coche en un parking subterráneo y dimos una vuelta por la zona comercial, recorriendo la pequeña isla que crea el río Lee al bifurcarse. Cruzamos la St. Patrick’s Street, llena de comercios, bares y restaurantes y vimos el English Market. Continuamos hasta que nos encontramos con el río Lee al sur y nos acercamos a ver aquella inglesia de imponentes agujas que se veía al fondo.

Era la Fin Barre’s Cathedral, terminada en 1879 y levantada sobre el espacio que ocupaba un antiguo monasterio del siglo VII, la verdad que muy bonita.

Tras esto y dado que era por la mañana y un día laborable, había un ambiente lógicamente más de día laborable que de puro turismo. En fin de semana habríamos podido ver el Mother Jones Flea Market pero todavía teníamos un largo camino hasta Dublín lleno de paradas interesantes así que decidimos emprender la marcha.

A unos 80 kms teníamos un castillo interesante y que merecía una visita, el castillo de Cahir, había visto que era muy bonito, y además era gratis este año por el COVID así que no podíamos perder esta oportunidad.

Construido en 1142 es uno de los castillos más grandes y a la vez mejor conservados del país y tiene un emplazamiento espectacular, junto a un río y situado en lo alto de un peñón.

Entramos dentro y la verdad que había poco para visitar, los patios interiores y poco más, las estancias o estaban cerradas o tenían poco que ofrecer pero es verdad que el castillo es muy muy bonito.

Ya era hora de comer así que buscamos un sitio donde saciar nuestra hambre. Preguntamos a un lugareño y finalmente fuimos al Cahir House Hotel, y aquí te das cuenta de nuevo de la gastronomía tan extraña que tiene Irlanda y el Reino Unido en general. Platos en la carta como alitas de pollo, hamburguesas, mezcladas con ensaladas raras, sopa de tomate, etc. Pagamos 42.35€ por un plato cada uno y bebida, y la verdad, ni fu ni fa…

Continuamos nuestro camino para llegar a un plato fuerte de la ruta y del país en general, la fortaleza medieval conocida como Rock of Cashel. Este lugar, además de por su importancia histórica es espectacular porque al encontrarse en un promontorio elevado, lo vas viendo desde lejos y creerme, impresiona.

Aparcamos en el parking que hay, y ojo porque media hora es gratis, pero si superas esos 30 minutos te cobran ya tarifa plana, 4,5€. Accedimos al recinto pagando la entrada, que no es barata precisamente pero el lugar lo merecía.

Desde sus modestos comienzos, se fueron sucediendo edificaciones encima de la Roca hasta convertirse en el complejo de estructuras que podemos ver hoy en día. Encontrarás una torre redonda, una capilla románica, una catedral gótica, una abadía, el llamado Salón de los Vicarios Corales y una casa torre del siglo XV. La mayoría de ruinas pertenecen a edificios religiosos construidos a posteriori en los siglos XII y XIII.

Rock of Cashel fue desde el siglo V el centro de poder de los reyes de Munster. Este reino ocupaba toda la zona suroeste de la isla y permaneció más de 1,000 años llegando a ser el más próspero del país. Aquí fue donde San Patricio, patrón de Irlanda, convirtió al rey de Munster al catolicismo.

Lo primero que encontraréis en el recorrido por la derecha del complejo será la catedral gótica, construída a mediados del siglo XIII.

Encontaréis enseguida la llamada Hall of the Vicars Coral, en la que en su cripta se puede contemplar la auténtica Cruz de San Patricio. Desafortunadamente se encontraba cerrada, como no por la maldita pandemia, así como la capilla de Cormac, quizás la joya de Cashel, que contiene los únicos frescos románicos que se conservan en Irlanda y que no pudimos ver tampoco.

Capilla de Cormac

Continuando el recorrido rodeando la catedral, veréis la torre redonda, construida probablemente en el primer tercio del siglo XII. Es este el edificio más antiguo de toda la estructura.

Rock of Cashel siguió usándose para el culto durante siglos, hasta que se abandonó definitivamente a mediados del XVIII.

Desde la Roca, que como decía se encuentra en una colina elevada, hay unas fantásticas vistas del pueblo de Cashel y de la campiña irlandesa, paisajes verdes sin fin que merecen la pena ya sólo poder sentarse un rato y disfrutar del paisaje.

También si tenéis suficiente tiempo podéis visitar las ruinas de la Abadía de Hore que se encuentra a apenas 2 kms de distancia. En nuestro caso ya eran las 17h y todavía nos quedaba por visitar Kilkenny así que decidimos emprender la marcha.

Llegamos a la visitada e interesante localidad de Kilkenny tras recorrer unos 50 minutos (normalmente si en Irlanda no tomáis alguna autopista, los kilómetros suelen ser equivalentes a los minutos para alcanzar vuestro destino).

Dejamos el coche en un amplio parking (en el Market Yard Car Park) y nos dirigimos rápidamente a visitar la joya de la ciudad antes de que cerrara, el castillo, otra nueva fortaleza pero esta muy bien conservada y con un interior con bastante más cosas para ver que todos los anteriores visitados hasta ahora.

Entramos sin pagar entrada porque así parece que lo han decidido tras su apertura cuando lo ha permitido el COVID, supongo que para de nuevo atraer a los visitantes.

Castillo de Kilkenny

El edificio fue levantado a principios del siglo XIII por orden de un noble normando aprovechando la torre ya existente. En 1360 la poderosa familia Butler de Ormond, de origen también normando, se hizo con la propiedad del castillo, del que disfrutarían los siguientes 600 años.

Pero por lo que pudimos leer, en 1967 la familia Butler decidió ya deshacerse del castillo que se encontraba casi en estado ruinoso, adquiriéndolo el estado irlandés por 50£. A partir de ese momento empezó una remodelación costosísima que le ha dado el fantástico aspecto que ahora tiene, con unos jardines impresionantes junto al río Nore.

El interior nos gustó mucho, con algunas salas con mobiliario original cuidadosamente restaurado. Nos encantó este salón y por supuesto la biblioteca.

Curiosa esta sala a modo de guardería con juguetes de la época, que los que tenemos hijos podemos comparar con los que tienen en la actualidad.

Pero la sala que me dejó boquiabierto fue el maravilloso Salón de los Retratos.

Visitamos la cocina, que a mí siempre me parece interesante, esta de estilo victoriano y hasta casi nos perdemos, pero finalmente a la hora de cierre salimos ya del recinto y nos dirigimos a recorrir las calles principales de la ciudad.

Tomamos la Hight Street de esta localidad de unos 22,000 habitantes y que destaca por su actividad cultural, con diversos festivales a lo lago del año. También es conocida como la ciudad del mármol y de la cerveza tostada.

High Street

Recorrimos esta calle y es verdad que siendo un miércoles y la hora que era, ya no había mucha animación.

Aquí a la derecha en la foto inferior podéis ver los arcos que pertenecen al ayuntamiento, un antiguo edificio aduanero construido en 1761 conocido como Tholsel.

Por lo visto Kilkenny se llena de ambiente los fines de semana, no sólo de turismo extranjero si no del propio país, que llegan desde sus 3 ciudades más importantes, Dublín, Cork y Killarney, que se encuentran más o menos a la misma distancia de aquí.

A pesar de todo decidimos tomar algo en un pub y degustar la que sería la última sidra y cerveza de este viaje. El dueño del local nos ratifica que ese día no, pero que a partir del jueves las calles y pubs se llenan de ambiente con mucha música en directo, lástima no poder disfrutar de ello.

Muy cerca de las calles principales se encuentra la Catedral de Santa Maria, un templo neogótico del siglo XIX que domina el skyline de la ciudad con los 56 metros de altura de su torre.

Y como ya estaba oscureciendo y teníamos que volver a Dublín, decidimos volver al parking donde habíamos dejado nuestro coche para hacer nuestra última etapa del viaje.

En Kilkenny si disponéis de más tiempo también podéis visitar la fábrica de la cerveza Smithwick’s. También la abadía llamada Black Abbey o la imponente catedral de St. Canice, edificios de gran importancia arquitectónica e histórica. Desde este templo parte la denominada Medieval Mile o milla medieval, que recorre los monumentos más importantes de la ciudad y que termina en el castillo.

Y ya pasadas las 21h llegamos a nuestro alojamiento en Dublín, que fue el mismo que cuando llegamos a la ciudad, el Egans House, por la que pagamos algo menos que la del sábado pasado, 94€ esta vez, recordemos sin desayuno

Esta había sido la ruta de este último día en la isla Esmeralda.

Y ya al día siguiente tomamos el vuelo muy temprano con Ryanair que nos devolvería a Madrid.

Volviendo la vista atrás, este viaje o más bien escapada de unos días a Irlanda, es verdad que a pesar de que no dispusimos de mucho tiempo nos permitió ver bastante del país y disfrutar de sus paisajes y sobre todo sus castillos e iglesias. Seguramente echamos de menos más animación y más turismo que nos habría permitido disfrutar más del ambiente de los pubs del país, pero en septiembre y viajando de domingo a jueves no es fácil. Esto no empaña el haber disfrutado recorriendo intensamente este verde país lleno de naturaleza y pensar ya en algún día poder recorrer también el norte de la isla.

Espero que mi relato os pueda ayudar a elegir lo más interesante del país y que por supuesto os anime a visitarlo, como suelo decir, cualquier rincón del mundo tiene siempre algo interesante que merece la pena una visita.

ISLAS JÓNICAS (KEFALONIA Y ZAKYNTHOS)

Y después de un año y medio sin viajes por esta maldita pandemia, desde aquella escapada a Boston por noviembre de 2019 de la que ya casi ni me acordaba, volvía a un aeropuerto para tomar un vuelo, no podía estar más feliz 👏👏😁, ¡¡volvía a hacer un viaje internacional!!

Dado que no quería irme muy lejos por temor a que el COVID me pudiera fastidiar el viaje, decidí volver a un país en el que la vez que fuí me encantó, y además me apetecía un destino de playa y no muy ajetreado después de casi un año nada menos sin vacaciones.

Ese país era GRECIA, del que ya conocía Atenas, Mykonos y Santorini en 2017. Esta vez quería visitar las llamadas islas Jónicas, al oeste de la península helénica y cuya isla más conocida era Zakynthos con su maravillosa playa Navagio, de la que cuando vi su foto por primera vez, me quedé boquiabierto y me dije, Luis, ahí tienes que ir.

Al final y después de investigar, decidí que valía la pena conocer otra, Kefalonia, que a la postre sería la estrella del viaje.

Compré los billetes con Iberia el trayecto Madrid – Atenas aprovechando un bono de viajes cancelados por el COVID y pagamos Claudia y yo unos 100€ cada uno, muy bien de precio. Luego para ir de la capital griega a la isla de Kefalonia, que sería la primera isla que visitaríamos, iríamos con las aerolínea Sky express, por unos 50€ cada uno por trayecto.

Unos seis días antes de partir nos cancelaron nuestro vuelo interno y buscamos incluso la posiblidad de ir en autobús, cuya opción salía por 52€ los dos, pero apenas 48 horas antes del viaje finalmente nos ubicaron en otro avión y pudimos volar.

Así, el jueves 10 de junio tomamos el vuelo a Atenas, y dado que el otro vuelo a Kefalonia no salía hasta el día siguiente, tuvimos que dormir la primera noche en un hotel en la capital. Elegí uno muy cerca del aeropuerto, ya que al llegar sobre las 19h, no teníamos tiempo prácticamente de visitar nada.

El hotel, de gracioso nombre, NN LUXURY ROOM NEAR ATHENS AIRPORT resultó de una calidad-precio fantástica, ya que nos costó con la página Booking.com 55€ la habitación doble con desayuno. Se trataba de una casa particular con únicamente dos habitaciones a disposición de los húespedes. Nos recogieron y nos llevaron al aeropuerto al día siguiente por 20€ más, con una atención exquisita.

Esa noche cenamos algo en el pueblo de Spata, donde estaba el hotel, en un restaurante llamado Haus Homey Lounge, y por dos pizzas, una cerveza y un mojito pagamos 29€.

Día 2. Vuelo a Kefalonia

Al día siguiente nos esperaba un buen desayuno para comenzar bien el día, y como no, el maravilloso yogur griego que tanto me apasiona.

Al mediodía tomamos el vuelo de Sky express que nos llevaría a Kefalonia con escala en Zakynthos. Kefalonia es conocida por su territorio montañoso, por los recuerdos históricos relacionados con la Segunda Guerra Mundial y por las numerosas playas que la convierten en un verdadero paraíso natural.

Llegamos sobre las 6 de la tarde al pequeño aeropuerto de la isla, donde nos estaba esperando nuestro medio de transporte🚗 , de la que puedo otorgar el título de mejor compañia de alquiler de coches que me he encontrado en todos mis viajes. Una entrañable empresa familiar cuyo trato fue más que impecable, llamada Simotas Car rental (https://simotascarrental.com). Allí nos esperaba Ifigenia para darnos nuestro coche y explicarnos un sinfín de cosas que nos podría ser útil. Además nos ofreció sin coste adicional uno descapotable que decidimos coger aunque fuera de gasolina. ¿El precio? increíble, 30€ al día con el seguro básico a terceros.

Desde allí condujimos con la ayuda como siempre de Google Maps a Sami, al este de la isla, a unos 35 kms del aeropuerto y donde teníamos nuestro alojamiento, que iba ser otra de las estrellas del viaje, unos maravillosos apartamentos llamados Alancia Suites (http://alancia-suites.ionianislandshotels.com/es/) que reservamos con la plataforma Airbnb, pero que podéis hacer a través de Booking o directamente en su web. El apartamento por las fotos y las opiniones ya intuíamos que iba a estar muy bien, pero superó ampliamente todas nuestras expectactivas. El alojamiento disponía de todos los detalles imaginables, todo super limpio y con una decoración espectacular. También la amabilidad de los anfitriones hizo que la estancia fuera más espectacular.

Ese día salimos a cenar por Sami y ya pudimos apreciar lo que sería un denominador común durante todo este viaje, la falta de turistas por las restricciones a los viajes derivadas del COVID, sobre todo por parte de los ingleses, que suponen aproximadamente las 3/4 partes de los visitantes extranjeros que acuden cada año a la isla.

Buscamos un restaurante haciendo caso a las críticas de Internet y finalmente nos decidimos por uno llamado TO PAXATI (RAHATI) que ofrecía comida local 100%. Nos dejamos llevar por las recomendaciones del camarero que nos ofreció varios platos, una especia de algas, una morcilla caliente y unas albóndigas. No estuvieron mal como primera toma de contacto con la gastronomía griega que tanto me gusta. Pagamos 23€ con agua y un postre que nos regaló el propietario, muy amable por cierto.

Día 3. PLAYA AGIA ELENI. ARGOSTOLI.

Desayunamos por nuestra cuenta en nuestro impresionante alojamiento en el que estábamos solos y nos preparamos para pasar el día. Si os gusta el yogur griego tanto como a mí, elegir esta marca, recomendada por ellos mismos.

La primera playa que queríamos visitar se trataba de una llamada Agia Eleni.

Vamos con unos pequeños datos sobre las Islas Jónicas. Tradicionalmente se han llamado las Siete islas, siendo estas las principales, entre las que están Kefalonia y Zakynthos pero también otras como Corfú, Itaca, Paxos, etc. No tan conocidas como las Cícladas, con Mykonos y Santorini al frente, os puedo asegurar que nada tienen que envidiar a estas.

Son islas son de relieve muy accidentado, como pudimos apreciar conduciendo por sus reviradas carreteras. El clima es mediterráneo, aunque con un microclima que hace sea más húmedo que el de otras costas mediterráneas y, pese a los vientos fríos, un clima cálido que hace que tenga características subtropicales. Esto se nota constantemente en la cantidad de arbolado y lo verde que son sus paisajes, nada que ver por ejemplo con los de Mykonos y Santorini.

Kefalonia es la más grande de las islas Jónicas y la sexta de todas las griegas y cuando ves las distancias en kilómetros parece que todo está cerca pero debido al relieve y las curvas, las distancias se alargan en el tiempo.

La primera playa que queríamos visitar se trataba de una llamada Agia Eleni. Tardamos en llegar un poco más de una hora, ya que se encuentra en la otra parte de la isla. Cruzamos paisajes de olivos, cipreses y mucho arbolado. La miel es otro de las especialidades más apreciadas de la isla.

Había leído que para acceder a nuestra playa destino había que descender por un pendiente muy pronunciada, así que decidimos dejar el coche al comienzo y bajar caminando. Desde arriba ya pudimos apreciar el color de sus aguas y la buena pinta que tenía la playa, ya estábamos emocionados por bañarnos!!, ¡¡Viva Grecia!! 👏👏

Bajando vimos a nuestra derecha otra playa más conocida y concurrida, la de Petani.

Llegamos y apenas había una pareja de mediana edad en la playa que al poco rato se fueron, con lo que la teníamos toda para nosotros, ¡¡qué gozada!!. Como la mayoría de las de la isla, su suelo estaba formado por piedras pequeñas, así que os recomiendo llevar calzado tipo escarpines, pienso que las disfrutaréis más.

Estuvimos un buen rato disfrutando de sus aguas y de su maravillosa tranquilidad, qué espectacular rincón para nuestro primer día, ¡¡que paraíso!!

Cuando ya nos cansamos de bañarnos y era la hora de comer, nos fuimos en busca de nuestro coche, haciendo frente al repecho que teníamos por delante que la verdad que subiéndolo sí que nos dimos cuenta de lo empinada que era la cuestecita.

Viendo los pocos turistas que había en la isla y que nos íbamos encontrando muchos restaurantes cerrados, decidimos no arriesgar e ir a Argostoli, capital de Kefalonia, allí seguramente habría más alternativas.

Aparcamos fácilmente junto al mercado local y decidimos comer en uno de los restaurantes que hay en esa zona. Ya eran como las 4 de la tarde, con lo que todavía había menos gente. Éramos los únicos sentados en las numerosas mesas que había colocadas en fila.

Teníamos antojo de carne con pan de pita así que pedimos dos gyros, uno de cordero y otro de pollo, por los que con la bebida pagamos 24.4€. El camarero nos hizo un poco el truco para que pidiéramos el plato grande sin decirnos que cambiaba el precio de la carta, así que no lo recomiendo, esas artimañas nunca me han gustado. El restaurante se llamaba Kalafati y la comida no estaba mal aunque como siempre y por la falta de clientela, parecía la carne un poco reseca.

Nuestra mesa estaba justo al lado del agua, con unas estupendas vistas al lago que llaman Koutavos, aunque en realidad es de agua salada. Nadando en ellas, se podían ver asomar a tortugas que acudían a la zona en busca de comida que le suelen tirar los restaurantes y comensales.

Después de comer dimos un paseo por el paseo marítimo, pequeño pero con buenas vistas.

Y luego nos adentramos en esta coqueta población que tiene unos 10,000 habitantes y que fue fundada por los venecianos en el siglo XVIII. Es lo más visitado de la isla y destacan como puntos de interés el puente Drapano, el museo Arquelógico o los Molinos de Mar.

Su centro nos gustó mucho, aunque a la hora que era, sobre las 5pm, no había apenas gente. Kefalonia, fue devastada por un terremoto de 1953, por lo que gran parte de la edificaciones de Argostoli responden a estilos arquitectónicos muy modernos.

Recorrimos la calle principal llena de bares, restaurantes y tiendas, destacando las de souvenirs y todo tipo de artículos dedicados sobre todo a los turistas, algunos de los cuales llegan en cruceros. Por una vez, habría deseado que llegara alguno para llenar de algo de ambiente sus calles 🙂

Después de un rato, decidimos seguir explorando la isla y volver a una hora más cerca de la cena para ver si había más ambiente.

Cogimos el coche y nos acercamos a un lugar que había leído que era interesante y muy visitado para ver el atardecer, el faro St. Theodore, en el que estuvimos un rato disfrutando de las vistas del mar y de la localidad de Lixouri al fondo. Este faro fue construido en 1829 bajo el mandado británico de la isla y restaurado tras el terremoto.

Retomamos el camino, compramos algo de comida en un supermercado para cenar y nos fuimos hacia Sami para cenar en nuestro apartamento, no sin antes pegarnos un bañito para refrescarnos.

Este había sido el recorrido realizado este primer día completo en la isla.

Día 4. PLAYA EMPLISI. FISKARDO. ALATHIES.

Nos levantamos y tras desayunar pusimos rumbo al norte. La carretera va bordeando la costa y es realmente bonita, con vistas de la vecina isla de Itaca. Atravesamos el pueblo de Agia Effimia y tras un rato giramos a la derecha para iniciar el ascenso hacia la parte norte de isla, mucho más abrupta que el resto y llena de paisajes espectaculares.

Lucía un sol radiante con lo que fuimos en buscar de otra nueva playa que había leído que recomendaban en diversos blogs, Dafnoudi. Tras unos 50 min de recorrido, Google Maps nos llevó perfectamente al comienzo del camino que tras unos 10 minutos de bajada por un frondoso bosque nos llevaría a la playa. Esta vez nos vimos un poco decepcionados, con lo que decidimos no quedarnos y continuar en busca de otras. Juzgar vosotros mismos viendo esta playa y a la que fuimos a continuación.

Que no fue otra que Emplisi, y esta sí que nos encantó, además mucho más accesible con un parking justo al lado de ella. En esta había más gente, todos locales supongo que animados por el clima y que era domingo.

Aquí estuvimos un buen rato disfrutando de esta fantástica playa de aguas cristalinas hasta que el estómago nos pidió ir a comer.

Nos acercamos a Fiskardo, otro de los platos fuertes de la isla, un pequeño pueblo de pescadores que escapó milagrosamente del terremoto que azotó el archipiélago jónico en 1953. Este hecho ha permitido a la ciudad conservar casi intactas sus características arquitectónicas que, con el tiempo, han demostrado ser una excelente atracción turística.

Nos acercamos en busca de los restaurantes para comer, todos a pie del puerto y de nuevo, prácticamente vacíos. Nos decidimos por uno llamado Roulas restaurant n’ grill house.

Donde decidimos «tirar» de clásicos y pedir una ensalada griega (me encanta el queso feta), una moussaka y una ensala de pulpo para terminar, lo mejor de todo fue esto último. Pagamos por todo 30.8€ con agua mineral para los dos.

Luego tomamos un helado y dimos una vuelta por el pueblo, cuya vida se encuentra en torno al puerto, ahora más deportivo que pescador. El pueblo es escantador, lleno de edificios bien cuidados y adornados con todo tipo de flores y plantas.

Tomamos un café al módico precio de 3.8€ (lo más caro y desorbitado que he encontrado en todo este viaje, en el bar el Greco) y decidimos buscar otra playa para seguir disfrutando del agua y del espléndido día que hacía.

Nos acercamos a otra nombrada en los blogs que había leído, la playa de Foki, pero tampoco nos convenció así que decidimos volver a Fiskardo.