BUDAPEST – VIENA

Este viaje surgió en un momento en el que nos apetecía conocer una de las ciudades europeas más lejanas y más interesantes, y entre las que nos faltaba por visitar estaban sobre todo las de Europa del Este. Dudamos finalmente entre Atenas y Budapest, y finalmente nos decantamos por esta última porque nos parecía que iba a tener más cosas interesantes para ver, sobre todo del siglo XX, centuria que me apasiona. La visita a Atenas, llegaría unos años más tarde. Decidimos combinarla con Viena, que está bastante cerca, aunque yo ya la conocía.  Nuestra estancia fue de 6 días en total, y a Viena fuimos y vinimos en el mismo día desde la ciudad húngara.

Esta fue una escapada de las que con más compañía he ido, ya que suelo hacerlas con más bien poca gente. Fui con dos de los acompañantes habituales, salmantinos ellos, Eva (alias Rocío, la galga infatigable), y Manolo (el devorador de souvenirs), a los que se añadieron otros dos zamoranos como yo, Miguel, con el que ya había viajado antes a París, Estrasburgo o Turquía, y mi viejo compañero y amigo Jesús, con el que compartí la mayoría de mis primeras aventuras por el extranjero en los últimos años de Instituto y primeros de Universidad. Hicimos un quinteto fantástico y lo pasamos muy bien.

Ahora sólo unos pequeños datos de esta hermosa ciudad:

Budapest es la capital de Hungría desde el año 1873, momento en el que las ciudades de Buda y Pest, separadas por el río Danubio, se unificaron para dar lugar a la que conocemos hoy en día. Mientras la parte de Buda es una zona montañosa y más residencial, la parte de Pest es llana y es en donde se concentra mayormente la actividad comercial e industrial. La ciudad tiene unos 1,750.000 habitantes (2015) (el país tiene casi 9.7 millones) y ocupa en torno al 14º puesto entre las más grandes europeas a nivel de población, con cifras similares a Viena y Bucarest, y un poco más que Barcelona.

Su rico pasado la ha llenado de monumentos y edificios históricos, muchos de ellos espectaculares. Es verdad que algunas partes de la ciudad las encontramos bastante deterioradas y con mucho trabajo de reconstrucción y restauración a hacer, no en vano durante la Segunda Guerra Mundial, Budapest sufrió grandes bombardeos aéreos de los aliados que la destruyeron parcialmente. Al acabar la contienda como sabéis el país cayó en la órbita soviética, pero con la caída de la URSS en 1989, Hungría abandonó el comunismo y recuperó su libertad naciendo así la República Húngara.

Un 19 de junio de 2007 partimos de Madrid hacia nuestro destino. A las 17:30h. llegamos al aeropuerto Ferenc Liszt. Las caras denotaban energía y ganas de explorar la ciudad y de cachondeo también un poco, claro.

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Cogimos los equipajes y fuimos al hotel en taxi. El alojamiento fue el Golden Park, en la parte de Pest, reservado no con los medios que hay ahora ya de búsqueda por opiniones, pero que resultó bastante acertado.

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El hotel no estaba mal, sencillo pero correcto e incluía el desayuno (no recuerdo lo que pagamos por noche pero no fue caro, ahora lo puedes encontrar por unos 60€ la noche con desayuno con Booking, un buen precio).

Situación hotel

Lo mejor era que estaba situado justo al lado de la estación de Keleti Railway Terminal (Estación del Este) donde se hizo tristemente famosa porque a principios de septiembre de 2015 hasta ella llegó una oleada de inmigrantes provenientes de Siria y otros puntos de Oriente Próximo, dentro de la crisis migratoria en Europa de 2015. La policía húngara cerró la estación a los inmigrantes y éstos acamparon en la plaza de enfrente, a la espera de coger un tren hacia el destino que buscaban, Alemania y Austria. Fue un auténtico drama y apareció en todas las noticias.

Pocas veces tuvimos unas vistas tan buenas desde nuestras habitaciones hacia… un muro, como nos reímos. Esta es la vista sin embargo desde uno de los pasillos de las habitaciones.

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Aquí haciendo cuentas nada más llegar para un clásico, poner dinero de “bote” para compartir gastos, venga florines fuera!!.

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Tras darle el dinero al tesorero oficial, Manolo, enseguida salimos del hotel  y nos pusimos en marcha. Había muchas ganas de patear la ciudad!!!

Lo primero que recuerdo y que nos impactó muchísimo fue el increíble calor que hacía, un calor pegajoso que por supuesto no esperábamos. Luego supimos que estábamos ante una ola de calor como pocas en estos países. Hicimos el viaje por cierto en mi mes favorito para viajar sobre todo por Europa, JUNIO, ya que anochece tarde y es de los meses con mayores probabilidades de que haga buen tiempo.

Ese día salimos del hotel y nos acercamos caminando a la zona de Liszt Ferenc tér (Plaza Ferenc Liszt). Por cierto, dedicado al gran compositor Franz Liszt, que veneran en la ciudad pero que curiosamente nació en Austria aunque él se consideraba cien por cien húngaro.

Ruta primer día por la tarde

Esta plaza y alrededores ya había leído que estaba muy animada, con muchos restaurantes y un ambiente estupendo. Cenamos en uno de los sitios que al ser tan turística la zona, el menú era bastante internacional.

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Nos gustó mucho este área de la ciudad y que sin duda aconsejo como de las mejores para cenar y tomar algo tranquilamente en sus múltiples bares y restaurantes.

Tras la cena y tomar un “digestivo” después, regresamos al hotel para descansar, el segundo día iba a ser duro.

Día 2. Bastión de los Pescadores – Castillo de Buda – Ciudadela y monte Gellert – Isla Margarita

Por la mañana bajamos a desayunar a un salón grande y un tipo de desayuno de todo menos ligerito, aunque lo agradecimos porque había que coger fuerzas para lo que íbamos a caminar el primer día y el calor que íbamos a pasar. Aquí Manolo y Jesús sin tiempo que perder…

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Eran otros tiempos en el que cometí un error que ahora intento no hacer y que es que salvo por el clima (que no fue el caso) siempre dejo lo más interesante de los viajes para el final, y en este lo hicimos todo al revés. En este primer día íbamos a ver la mayor parte de lo mejor de la ciudad.

El hotel tenía una parada de metro de la línea 2 (roja) nada más salir por la puerta, la de Keleti Pályaudvar, así que tras desayunar ya tuvimos nuestro primer contacto con el suburbano. Unos breves datos de un apasionado por este medio de transporte. El de Budapest es nada menos que el segundo sistema de metro subterráneo más antiguo del mundo, (tras el de Londres) ya que su histórica Línea 1 data de 1896. No es muy grande, con un total de 30.9 km y 42 estaciones. Lo encontré muy moderno, se nota que había algunas líneas que habían tenido una renovación hacía poco tiempo.

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Tomamos la línea 2 Roja hasta la parada de Széll Kálmán Tér. Luego caminando ya comenzamos a ver edificaciones interesantes, como el National Archives of Hungary.

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Continuamos por la Fortuna Utca (calle Fortuna). Decir que esta zona de casitas bajas y calles empedradas me gustó mucho.

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Lo primero que visitamos fue la imponente Catedral de San Matías, a la que entramos para admirar su grandioso interior. Fue construida entre los siglos XIII y XV y sufrió una importante reforma a finales del siglo XIX. Su estilo predominante actualmente es el neogótico. El interior, bien ornamentado, bien merece una visita aunque haya que pagar.

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Y justo al lado está el famoso Bastión de los Pescadores. Se trata de una construcción de estilo neogótico y neorrománico. Se diseñó y construyó entre 1895 y 1902 y se compone de siete torres que simbolizan las siete tribus Magiares que llegaron a Hungría en el año 896.

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Recibe el nombre del grupo de pescadores responsable de defender este enclave de las murallas de la ciudad en la Edad Media. Es un lugar privilegiado lleno de escaleras y paseos y donde se puede pasar un rato estupendo. Es sin duda un IMPRESCINDIBLE de la ciudad.

En él también se encuentra una estatua de bronce de 1906 del primer Rey de Hungría, Esteban I donde destaca sobre todo el impresionante pedestal que tiene, con escenas de la vida del propio rey. En la parte de abajo de la foto está el quinteto de jugadores de los Globetrotters ;). Lo de ponernos en orden de altura no fue a propósito…

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Pero sin duda que lo mejor del lugar son las espectaculares vistas que hay de la zona de Pest y del Danubio. Se tiene por ejemplo una magnífica instantánea del edificio del Parlamento, símbolo de la ciudad.

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Desde ahí seguimos caminando hacia el sur paralelos al río hacia otro de los platos fuertes sin duda de la ciudad, el Castillo de Buda, que fue construido en el siglo XIII, por orden del rey Béla IV, después de la invasión de los mongoles. La fortaleza original, de estilo gótico, se terminó de construir en 1424. Posteriormente se hicieron modificaciones y ampliaciones e incluso estuvo bajo dominio turco durante unos 150 años.

Actualmente, el Castillo de Buda alberga la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia de Budapest.

Cuando los turcos abandonaron Hungría, el palacio estaba casi en ruinas. Quedó abandonado, ya que los Habsburgo construyeron en las inmediaciones un palacio más pequeño, entre 1714 y 1723. Fue bajo el reinado de María Teresa, en 1749, cuando el palacio se amplió a 203 salas, dándole la majestuosidad actual.

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El castillo está rodeado de estrechas calles que nos sumergirán en una atmosfera única, y que nos servirá para conocer la colina donde se fundó Buda. Aconsejo pasear tranquilamente y disfrutar bien de todos los rincones.

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En el lado oeste del castillo no os perdáis la Fuente Matías.

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Cinco años de trabajo (de 1899 a 1904) fueron necesarios para erigir este espectacular monumento. La fuente representa una escultura, realizada en plomo, que muestra la imagen del Rey Matyas Corvinus (trigésimocuarto rey de Hungría), en una partida de caza con sus perros y sus siervos.

Esta es una foto desde el Monte Gellert en el que sea aprecia el tamaño del Castillo, espectacular.

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Como desde el Bastión de los Pescadores, uno de los mayores atractivos de este enclave también son las vistas. La siguiente foto hecha es del Parlamento, no os cansaréis de apreciarlo desde todas las perspectivas, y por la noche es increíble.

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En estas fotos podéis ver el famoso Puente de las Cadenas y la parte de Pest.

Y esta con el río, el Parlamento y al fondo la Isla Margarita, donde hay un parque muy interesante y al que iríamos por la tarde.

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Una vez que dejamos el castillo seguimos hacia el sur en busca de nuestro siguiente destino, para terminar de ver ese día el tercero de los cuatro lugares (con el Parlamento) más interesantes de la ciudad, según mi opinión. Este es el monte Géllert con su Ciudadela, un increíble mirador con la famosa estatua de la Liberación (construida durante el control soviético de Budapest para celebrar la victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial). Era casi la una del mediodía y ya apretaba el calor de verdad.

Para llegar a la Ciudadela del monte Géllert se puede subir caminando desde el puente de Elisabeth, desde la plaza Szent Gellert, o existe también la opción del autobús, que con el calor que hacía fue la mejor opción. La ciudadela fue construida entre 1848 y 1849 por los Habsburgo y su función, en un primer momento, era la de vigilar. Las vistas desde sus 235 metros son impresionantes.

Además, dado que soy un apasionado de la Segunda Guerra Mundial pude visitar un lugar que respiraba historia de esa época, bastante trágica es verdad, pero historia al fin y al cabo. Durante la ocupación de la ciudad en 1944 el ejército nazi tomó la ciudad y construyó un búnker de 3 plantas en el interior de la Ciudadela, utilizando esta fortaleza como punto estratégico de vigilancia del resto de la ciudad y ubicando allí gran parte de la defensa antiaérea.

El bunker estaba ambientado con figuras de cera un tanto “sui géneris”.

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Había fotos interesantes, por ejemplo un desfile de tropas por Budapest en 1940. No hay que olvidar que Hungría fue un aliado de la Alemania nazi. También una del puente de las Cadenas que destruyeron los nazis antes de ser derrotados.

A mí la verdad es que me gustó mucho y aprecié con mucho interés todo lo expuesto.

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Este bunker ocupó un lugar destacado en el llamado “Sitio o Batalla de Budapest”, en el que los nazis aguantaron el ataque del ejército Rojo un total de 102 días. El resultado final fue que el 80 % de los edificios de Budapest fueron destruidos o dañados, incluyendo el Castillo de Buda y el edificio del Parlamento húngaro, además de los cinco puentes sobre el Danubio. La batalla de Budapest ha sido considerada como una de las batallas más violentas del Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial, al nivel de la batalla de Stalingrado. Algunos autores la han considerado como un Segundo Stalingrado. Yo que soy de números deciros que las bajas en la parte de la URSS fueron de 80.000 y 240.000 heridos, mientras que del ejército nazi murieron 40.000 con 60.000 heridos, cifras escalofriantes.

Cuando terminamos la visita decidimos ya bajar caminando en dirección a la zona del río para buscar un sitio para comer. Pegaba un sol de justicia, hacía un calor de morirse, así que bajamos a toda prisa porque además nuestros estómagos pedían algo sólido también.

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Esta es la ruta que habíamos hecho esa mañana.

Ruta mañana primer día

No tardamos en encontrar un restaurante nada más descender la colina, donde tuvimos ahora sí una toma de contacto de verdad con la gastronomía húngara. Ojo con lo picante que es la comida porque les encanta poner pimienta roja a todo!!!. La verdad es que no somos mucho de sumergirnos en las cocina locales, pero esta vez sí que comimos con ganas, las raciones eran enormes. Lo que no probamos fue el famoso goulash, con el calor que hacía no estábamos para sopas…

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Tras comer decidimos hacer el paseo hacia el norte por la orilla del río, cosa que recomiendo. Pasamos junto al mítico hotel Géllert.

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Este hotel alberga el exclusivo Balneario Gellért, que fue construido en 1918 y ampliado en 1927. Lo más interesante es la piscina principal, donde incluso se han rodado películas y anuncios (el más conocido quizás es uno de Danone) pero por lo que pudimos leer antes del viaje las instalaciones estaban algo anticuadas y en parte descuidadas. Entre esto y que es uno de los baños más caros, decidimos ir a otro, el Balneario Széchenyi, que probaríamos otro día.

Aquí está el anuncio de Danone del que os hablaba.

Esta zona es de lo mejor de la ciudad, muy bien conservada, sin duda no os lo perdáis. Pasamos junto al Puente de la Libertad, el Puente Elisabeth, para llegar al más famoso y fotografiado, el Puente de las Cadenas, un puente colgante que cuando fue inaugurado en 1849 era uno de los más largos del mundo. Sobre todo no dejéis de visitarlo de noche, es espectacular.

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Seguimos para ver la joya de la ciudad, y su monumento más representativo, el Parlamento, y que más tarde hablaré de él.

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Continuamos por el río y llegamos a la llamada Isla Margarita, un bonito parque de unos 2.5 km. de largo y 1 kilómetro cuadrado y muy recomendable para descansar y pasar un buen rato rodeado de naturaleza. Allí pudimos descansar del paseo, y sobre todo librarnos del infernal sol que nos abrasaba.

Después de un rato cruzamos uno de los puentes y fuimos al centro a las calles más transitadas, dimos un paseo por la calle Ráday, una de las más animadas y con más restaurantes, donde finalmente cenamos en uno de ellos. A la hora de pagar la cuenta tuvimos la primera mala experiencia con los camareros húngaros, ya que les dimos una cantidad superior y cuando esperábamos que nos trajesen la vuelta, parece que decidieron quedárselo sin previo aviso, así que nos cabreamos y se la pedimos, y podéis imaginar la propina que dejamos.

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Después de cenar y ya sobre las 11 de la noche fuimos a conocer un bar que me había recomendado un amigo antes de irme, el “bar de los cacahuetes” lo llaman, y sabréis por qué. También conocido como “el de los post-its” también lo sabréis ;). For Sale Pub se llama realmente y es uno de los llamados ruin pub que hay por la ciudad. En él pasamos un muy buen rato tomando unas cervezas. Por supuesto escribimos en un papelito que luego colgamos (sería la leche si siguiera todavía ahí), ah, y no os cortéis en tirar las cáscaras de los cacahuetes al suelo, todo el mundo lo hace. Supongo que la simpatía de los camareros se debería a que luego les tocaría barrerlo todo.

No sé si tuvimos mala suerte o qué fue pero no tuvimos muy buena experiencia con los habitantes de la ciudad en general, no encontramos mucha simpatía precisamente. Por supuesto no generalizo, supongo que tendríamos mala suerte.

Después de eso nos fuimos al hotel, estábamos muertos, la pateada había sido antológica, y además con un calor todavía a esa hora tremendo.

Después de comer habíamos hecho la siguiente ruta.

Ruta 1 día por la tarde

Día 3. Parlamento – Basílica San Esteban – Baños Széchenyi – Plaza de los Héroes

Nos levantamos pronto, desayunamos, y fuimos a ver sin duda el cuarto lugar más interesante de la ciudad con los tres del día anterior, el Parlamento. Nos habíamos informado de cómo hacer la visita por dentro, cosa que no era fácil ya que estaban contadas por aquel entonces las personas que podían acceder, pero pudimos conseguirla tras esperar algo de cola. Fue un gran acierto.

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Y por fin entramos en el Parlamento. Construido entre 1884 y 1902, fue la obra más grande de su época. Sus cifras son espectaculares, consta de 691 habitaciones y tiene unas dimensiones de 268 metros de longitud y 118 metros de anchura.

La visita empieza en la escalera principal, en la que ya te quedas con la boca abierta con la grandiosidad y el lujo.

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Luego accedes al Salón de la Cúpula, la Santa Corona y las joyas de coronación de Hungría (la corona, el cetro, el orbe y la espada de estilo renacentista).

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Y que tienen un protocolo de custodia que es cuanto menos curioso.

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Decir que este enorme edificio es el tercer parlamento más grande del mundo después del de Rumanía y el de Argentina.

Posteriormente se accede a la Antigua Cámara Alta, utilizada desde hacía ya unos años sólo con fines turísticos. En el ala sur se encuentra su gemela: la sala del Consejo de los Diputados.

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Terminamos la visita muy satisfechos e impresionados por el edificio. Al salir vimos el majestuoso Museo Etnográfico que está justo enfrente, pero que después de la visita del Parlamento no nos apetecía más visitas “maratonianas”, así que decidimos dejarlo para otra ocasión.

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A continuación nos acercamos al río donde puedes ver una estampa tan espectacular como esta, del Puente de las Cadenas con el Castillo de Buda al fondo.

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Un monumento que nos encontramos en esa orilla del río fue el llamado “Zapatos en el Paseo del Danubio“. Estos sesenta pares de zapatos de hierro, son un homenaje a lo que sucedió entre diciembre de 1944 y finales de enero de 1945, cuando la Cruz Flechada  (una organización fascista, pro-alemana y antisemita) capturó a 20.000 judíos del gueto de Budapest y los fusiló a lo largo de las orillas del Danubio, arrojando los cuerpos al río, pero antes obligándoles a quitarse los zapatos.

Los integrantes de esta organización, que gobernó Hungría durante los meses finales de la II GM, además enviaron a nada menos que 430.000 judíos húngaros de las provincias y alrededores de Budapest a Auschwitz, donde más de la mitad de ellos fueron gaseados en cuanto entraron en el campo. Un auténtico drama difícil de imaginar, el monumento es sobrecogedor.

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Continuamos nuestro camino pasando por la llamada Plaza de la Libertad donde se encuentra el Monumento Conmemorativo de Guerra Soviético. Un monolito que recuerda a las víctimas de la URSS durante la liberación de la ciudad. Es curioso que muy cerca de él, instalaron con evidente intención, una estatua de uno de los grandes enemigos de la Unión Soviética, Ronald Reagan, Guerra Fría en estado puro.

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Tras caminar un poco más llegamos finalmente a visitar otro monumento “top” de la ciudad, la Basílica de San Esteban, que ostenta el récord de ser el edificio religioso más grande de Hungría. Las dimensiones de la basílica hablan por sí solas: su base mide 55 metros de ancho por 87 metros de largo y la altura de la cúpula 96 metros, convirtiéndose en el punto más alto de Budapest junto al edificio del Parlamento. La construcción de la Basílica de San Esteban finalizó en 1905 después de más medio siglo de obras!!!, ya que la cúpula tuvo que ser demolida en 1868 y reconstruida de nuevo.

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El nombre de la basílica hace honor al primer rey de Hungría, Esteban I (975–1038) y en el interior se encuentra una de las reliquias sagradas más importantes del país: su mano derecha momificada, así, como suena, digna de ver, aunque no apto para los más escrupulosos o aprehensivos…

Aunque haya que pagar os aconsejo subir a la torre porque las vistas de la ciudad desde luego que merecen la pena.

Desde ahí volvimos al hotel para prepararnos para una experiencia que si se tiene tiempo suficiente es recomendable hacer, disfrutar de uno de los baños típicos de la ciudad. Una vez en la habitación comimos a la “española”, como tantas veces he hecho en mis viajes, y que tantos buenos ratos me ha hecho pasar. La verdad es que ahora cada vez menos, me estaré haciendo mayor? 🙂

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Cuando terminamos cogimos la ropa de baño y fuimos al Balneario Széchenyi, que como ya dije era má barato y en muchas guías lo recomendaban más que el famoso Géllert. Fue el primer balneario terapéutico de Pest y fue construido entre 1909 y 1913 en estilo renacentista moderno. Su agua termal brota a la superficie desde el segundo pozo más profundo de Budapest, con una profundidad de unos increíbles 1246 metros. Con el calor que hacía y aunque la piscina al aire libre estuviera a 38 grados!!! estaba lleno de lugareños tan agusto incluso jugando al ajedrez dentro. Es verdad que algunas de las instalaciones necesitaban una renovación, pero pasamos un buen rato. Además es posible hacer multitud de tratamientos y masajes, que nosotros no hicimos.

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De ahí y dado que está bastante cerca de los baños, fuimos a ver la Plaza de los Héroes. Esta es una de las plazas más importantes de Budapest y merece la pena visitar. Sus estatuas conmemoran a los líderes de las siete tribus fundadoras de Hungría. Además tiene un parque al lado muy agradable para pasear.

Finalmente volvimos a las calles más céntricas y acabamos cenando en un restaurante italiano.

Y ya por fin sobre la medianoche nos fuimos a descansar al hotel, al día siguiente teníamos el tren a Viena, nuestro próximo e interesante destino.

Decir una cosa importante, que con estos días, sumándole quizás el paseo nocturno en un barco por el Danubio y que haríamos el último día, yo creo que puede ser suficiente para ver lo más interesante de Budapest, sobre todo si no se dispone de mucho tiempo.

Esta fue la ruta completa realizada ese segundo día:

Ruta tercer día

Día 4. VIENA

Nos levantamos pronto para tomar el tren a Viena que cogimos a las 7 de la mañana. Teníamos la ventaja de que el hotel estaba junto a la estación así que no tardamos nada en llegar.

El trayecto es de unos 260 kilómetros y no recuerdo bien lo que tardamos pero supongo que alrededor de unas 3 horas. Manolo para variar, no se perdió nada del paisaje durante todo el viajezzzzzzzz.

Sobre las 10 llegamos, y sobre las 10 y media ya estábamos en el centro disfrutando de sus monumentos.

Y qué decir de VIENA, que en cuanto a tamaño tiene una población algo superior a la de Budapest, siendo la décima más grande de la UE actualmente. La ciudad tiene una larga historia, ya que es una de las más antiguas capitales de Europa, por lo que cuenta con un importante patrimonio artístico, además bastante mejor conservado que su vecina. En 1867, tras el Compromiso con Hungría, Viena se convirtió en la capital del Imperio austrohúngaro y en un centro cultural, artístico, político, industrial y financiero de primer orden mundial.

Viena alcanza su máximo demográfico en 1916 con 2.239.000 habitantes, siendo por entonces la tercera ciudad más grande de Europa. Éste es el período cultural más glorioso de la monarquía de los Habsburgo, muy presentes en toda la ciudad.

En octubre de 1918, derrotada Austria-Hungría y sus aliados en la Primera Guerra Mundial, estalla la revolución en Viena que pide la disolución de la monarquía y la independencia austríaca, sería el fin de la monarquía de los Habsburgo que gobernaba el país desde 1278.

Viena es cultura (cuenta con más de 100 museos) y desde luego la capital de la música, con su pasado de compositores tan importantes como Mozart o Strauss, y morada de la afamada Opera, quizás su edificio más representativo y que no nos perderíamos. Si algo destaco de esta ciudad y de sus habitantes, es el silencio, la tranquilidad y la educación que se respira, esa es parte de su encanto. Además goza de un río importante al igual que Budapest, el Danubio, y eso para mí es muy importante para una ciudad, que se lo digan a París y su Sena o a Londres y su Támesis…Madrid lamentablemente no puede decir lo mismo.

Comenzamos nuestra visita por el Parlamento, uno de los edificios más famosos y céntricos de la ciudad, una construcción renacentista con estilo griego cuya construcción comenzó en 1874 y finalizó diez años después.

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Muy cerca está el imponente Ayuntamiento de la ciudad, de estilo neogótico, construido entre 1872 y 1883 y que tiene una altura en su punto más alto que nada menos que 105 m.

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A un kilómetro más o menos caminando llegamos a la Plaza de los Héroes o Heldenplatz. En sí, la plaza es un espacio en el exterior del Palacio Imperial de Hofburg y se diseñó y construyó durante el reinado del emperador Francisco José.

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El Palacio Imperial de Hofburg es el palacio más grande de la ciudad de Viena. Fue la residencia de la mayor parte de la realeza austríaca, especialmente de la dinastía de los Habsburgo (durante más de 600 años), y de los emperadores de Austria y de Austria-Hungría. Es actualmente la residencia del presidente de la República austríaca. El Hofburg es conocido asimismo como residencia de invierno, dado que el lugar de veraneo preferido por la familia imperial fue el Palacio de Schönbrunn, y que más tarde visitaremos. El nombre de la plaza proviene de las dos estatuas del Príncipe de Saboya-Carignan y del archiduque Carlos de Austria. En este palacio se puede visitar el Museo Sisí, para recordar a la famosa Elisabeth de Baviera, emperatriz de Austria (1854-1898) y reina consorte de Hungría (1867-1898) entre otros títulos.

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Justo al lado se encuentra la Plaza María Teresa donde se encuentran dos enormes edificios gemelos, el Museo de Historia del Arte de Viena y el Museo de Historia Natural.

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Detrás del Palacio de Hofburg, pudimos ver la famosa estatua de Mozart, en los jardines Burggarten.

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A continuación caminamos un poco más hacia otro edificio digno de ver, la Karlskirche, una iglesia barroca mandada construir por el Emperador Carlos VI, que prometió al pueblo que cuando la ciudad fuera liberada de la enfermedad, construiría un templo dedicado a San Carlos Borromeo, patrono de la lucha contra la peste. La construcción de la iglesia fue un lento proceso que se vio finalizado en 1737.

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De ahí ya fuimos a la famosa Catedral de San Esteban, que fue levantada sustituyendo a una anterior iglesia románica del s.XII-XIII, y de la cual solamente se conserva la fachada principal. El estilo gótico actual se debe a la ampliación de la iglesia en los s.XIV y XV. La iglesia se terminó en 1469.

Es una catedral que por dentro bien merece una visita. Como curiosidad decir que está prohibido construir en la ciudad un edificio más alto que los 137 metros de su torre.

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Toda esa zona donde está la catedral es el centro de la ciudad, por lo que está muy animada, además era viernes. Dado que ibamos con el tiempo “pegado”, decidimos comer rápidamente así que tiramos de un clásico, los perritos de la ciudad, que para mí están mucho mejor que los clásicos “hot dog”, ya que son con la salchicha típica alemana. Estaban buenísimos!!!! Por supuesto luego tomamos un café en uno de los numerosos cafés vieneses, no dejéis de hacerlo, es de lo más típico de la ciudad!!

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Cuando terminamos fuimos a ver otro plato fuerte, quizás el monumento más famoso de la ciudad, la Ópera. Sin duda en el top 5 de Operas del mundo en importancia y en calidad de sus espectáculos.

Con una superficie de más de 9.000 cuadrados, se necesitan nada menos que alrededor de mil empleados para que este lugar funcione adecuadamente. Como curiosidad decir que al finalizar su construcción en 1869, fue muy criticado al considerar que su estructura era la de una caja sumergida, a consecuencia de lo cual, Eduard van der Null, uno de los arquitectos que diseñó la obra, decidió suicidarse al no poder sorportar las críticas.

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La visita a la Ópera de Viena se realiza necesariamente formando parte de las visitas guiadas organizadas en grupos de diferentes idiomas, y desde luego que es muy interesante. Ya la entrada a la Escalera Central, es imponente.

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Su escenario es de 1.500 metros cuadrados e incorpora las más modernas tecnologías. Tras ser parcialmente destruida tras la II GM, enseguida comenzaron los trabajos de reconstrucción que terminaron en 1955 y que finalmente dejaron el teatro en 2284 plazas. Ni qué decir tiene que es impresionante.

Es normal creer que las entradas para escuchar alguna ópera son muy caras, pero esto no es así, ya que, aunque las mejores butacas suelen costar a partir de 150€, se pueden comprar entradas para verla de pie por 3 y 4€.

Cabe recordar por último que la famosa Marcha Radetzky de Strauss del concierto de Año Nuevo y que tantas veces hemos visto, no tiene lugar en la Opera, sino en otro edificio no muy lejos de este, el Musikverein. Algún día espero disfrutar de él en directo.

Una vez terminamos la visita a la Opera, nos acercamos a pie al segundo de los tres palacios más representativos de la ciudad (el primero había sido el Hofburg) y que por supuesto son IMPRESCINDIBLES, el Palacio Belvedere.

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El Palacio Belvedere es un palacio de estilo barroco construido entre 1714 y 1723 como residencia de verano del Príncipe Eugenio de Saboya. El conjunto lo forman dos palacios unidos mediante un enorme jardín francés. Aunque por fuera es digno de ver y de visitar, por dentro diría que no merece mucho lo pena, salvo que seas un apasionado de las colecciones de arte. Yo aconsejo visitar el de Schönbrunn, mucho más interesante históricamente, que fue al que nos dirigimos después como último destino de la ciudad.

Esta fue la ruta que habíamos hecho hasta entonces, una buena caminata de norte a sur:

Ruta mañana en Viena

Para terminar nuestra visita a Viena, cogimos el metro para ir a una joya del barroco europeo, el Palacio Schönbrunn, el llamado “Versalles austríaco”.

tarde Viena

Fue construido en el siglo XVII, y sirvió durante años como residencia de verano de la familia imperial vienesa, los Habsburgo. Nada más verlo lo que más destaca es su tamaño, tiene más de 1300 habitaciones!!!

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El jardín que tiene es enorme, con 1,2 km. de largo y 1 km. de ancho, y está formado por laberintos de complicado recorrido, obeliscos, lagos y glorietas. Aconsejo subir hasta la colina que hay detrás de la fuente de Neptuno, porque las vistas son impresionantes, tanto del Palacio como de la ciudad. Al lado se encuentra el zoo de la ciudad, que aunque no visitamos es interesante porque es el más antiguo del mundo, fundado en 1752.

Pero lo que destaca de verdad es su interior de estilo rococó. Hacemos la visita con audioguía y desde luego que merece la pena. Se visitan varias salas, unas 40, a cada cual más impresionante.

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Pero la que os dejará con la boca abierta es la llamada Gran Galería, utilizada para celebrar los banquetes imperiales. Para mí nada tiene que envidiar al Salón de los Espejos de Versalles.

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Allí estuvimos más de dos horas entre recorrer el interior y los preciosos exteriores, pero de repente nos pilló una tormenta así que nos tuvimos que ir corriendo. El tren lo teníamos a las 8 de la tarde así que cogimos el metro y nos dirigimos a la estación de tren para regresar a Budapest, a la que llegamos sobre las 23:30h., cenamos cerca del hotel y nos fuimos a dormir, que había sido un día agotador.

Como véis aprovechando el tiempo se puede hacer una buena visita de Viena, ya que los monumentos principales están muy cercanos unos a otros salvo el Palacio de Schönbrunn, pero como siempre digo, y eso que no me suelo aplicar el cuento, cuanto más tiempo se tenga para disfrutar de una ciudad, mejor.

DÍA 5. Budapest: Avenida Andrássy. Mercado Central. Crucero por el Danubio

Este día teníamos por delante una jornada ya mucho más tranquila, ya habíamos visto lo más importante de la ciudad así que este día lo tomamos más de relax.

Tras salir del hotel de buena mañana nos dirigimos en metro a la Plaza de los Héroes, con el imponente Museo de Bellas Artes justo al lado.

Ya habíamos estado en este punto, pero lo que queríamos era recorrer una de las calles más interesantes de Budapest, la Avenida Andrássy, para terminar en Erzsébet Ter. Esta avenida construida en 1872, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002, en gran parte gracias a las bellas fachadas de las casas y palacios renacentistas que se conservan. Sin duda es un paseo obligado en la ciudad si se dispone de tiempo tras visitar los imprescindibles de días pasados.

Aquí tuvimos la ocasión de ver un ejemplo del contraste entre pasado y presente, entre ricos y pobres, en una ciudad donde las desigualdades, como en todas las ciudades de influencia soviética, siguen acrecentándose.

Tras recorrer la avenida, fuimos a recorrer otra de las calles más importantes junto con Andrássy. La Váci Utca (Calle Váci), una calle peatonal que forma parte del corazón turístico y comercial de Budapest.

La recorremos tranquilamente y acabamos en el Mercado Central de Budapest, un precioso y enorme mercado, no en vano, es el mercado bajo techo más grande de Hungría. Fue inaugurado en 1897 y en la Segunda Guerra Mundial su estructura quedó gravemente dañada, lo que hizo que en los años venideros comenzara a perder su status. En 1991, incluso se declaró en ruinas y fue cerrado al público. Tres años más tarde afortunadamente el edificio fue restaurado y hoy es uno de los más significativos de Budapest.

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El mercado obviamente tenía multitud de puestos, muchos para los turistas, pero eso sí, dado que se terminaba el viaje, no habíamos comprado nada de recuerdos de la ciudad, Manolo sobre todo estaba ansioso, nervioso, tenía sudores fríos… y es verdad que fue el único viaje que recuerdo que de verdad no encontrábamos nada que mereciera la pena comprar como souvenir. Finalmente compré una lámina para enmarcar con una imagen del Parlamento, con eso lo digo todo, y que nunca enmarqué por cierto.

El Mercado tiene una visita, pero no me pareció nada del otro mundo, salvo el edificio en sí y algunas cosas curiosas que se vendían.

Volvimos a la Calle Utca y allí comimos, dada la cantidad de oferta de restaurantes que hay en esa calle. Esta es la ruta que habíamos hecho esa mañana:

Mañana último día

Tras comer recorrimos la calle en sentido inverso, y nos acercamos al Puente de las Cadenas para volver a disfrutar de sus vistas.

Enfrente de él, en la orilla de Pest, está el Palacio Gresham, un edificio de estilo art nouveau. Completado en 1906 como un edificio de oficinas y apartamentos, actualmente contiene el Four Seasons Hotel Budapest Gresham Palace, un hotel de lujo.

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A continuación llegamos a la Gran Sinagoga, en pleno barrio judío. Hay que recordar que antes de la Segunda Guerra Mundial los 825.000 judíos húngaros, constituían la segunda más grande de Europa después de la polaca. La Gran Sinagoga de Budapest, la Sinagoga Dohány, es la segunda más grande del mundo después de la de Jerusalén. Yo, dada mi mala experiencia siempre con las sinagogas, decidí no pagar el precio de la entrada (que no era barata precisamente) para visitarla por dentro, y mis compañeros hicieron lo mismo.

El barrio judío es interesante, al menos para mí. La vida de estos antes de la II GM no fue un camino de rosas, pues se encontraban sometidos ya a una fuerte y violenta tradición antisemita, sobre todo a partir de 1938, cuando se promulgó una legislación discriminatoria que reducía en un 80% sus derechos laborales y económicos. Esta comunidad sufrió grandes calamidades durante los últimos años, que hizo que finalmente murieran nada menos que más de 600.000 durante el denominado Holocausto y la ocupación alemana del país. Sólo en Auschwitz murieron 430.000!!! Impresionante es el testimonio que recuerdo cuando visité este campo de concentración hace unos cuantos años que decía que la llegada en masa de los 430.000 judíos húngaros obligó al comandante de Ausch­witz, Rudolf Höss, a incrementar el ritmo de los asesinatos, se llegó a matar en un solo día a 24.000 personas, incluso muchas fueron quemadas al aire libre debido a la reducida capacidad de los crematorios.

No lejos de la Sinagoga, pasamos junto al Museo Nacional Húngaro, otro de esos macro-museos a los que habría que dedicar cuando menos una mañana para visitarlos.

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Seguimos caminando un poco más y para descansar un poco y tomarnos unas cervezas fuimos a otro bar que tenía apuntado recomendado por mi amigo llamado Champs Sport Pub.

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Este es un bar bastante popular y que está dedicado 100% al deporte. Pudimos ver hasta medallas originales de grandes deportistas húngaros, que por cierto tienen una gran tradición deportiva con multitud de éxitos y medallas en juegos olímpicos, como por ejemplo en natación, remo, esgrima o gimnasia, y como no, el waterpolo!!.

Esta foto es un pequeño homenaje a la cerveza del país, Dreher. Si os gusta el deporte es un bar muy recomendable.

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Eran ya las 8 de la tarde y teníamos pensado tomar un barco para hacer un crucero por el Danubio, así que salimos en dirección al río. Pero en ese momento tuve otro episodio de mis despistes por el mundo, ya que al tiempo de salir, y cuando ya habíamos llegado casi al río, me dí cuenta de que me había dejado la cámara de fotos en el bar, así que volví corriendo como alma que lleva el diablo. Nunca pensé que me daría tiempo porque tenía muy poco hasta que saliera el barco, que además era el último del día, pero después de darlo todo, pude llegar con mi cámara y sudando como un pollo cuando ya se iba, y gracias a que mis compañeros consiguieron retrasar la salida, uff! por qué poco.

Sólo por esto, la alegría por coger el barco junto con las vistas de las que pudimos disfrutar, fue doble.

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Decir que el paseo desde luego es un IMPRESCINDIBLE, y sobre todo por la noche.

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Pudimos ir apreciando durante la hora que duró el trayecto diferentes edificios que habíamos visto de día, como el balneario Gellert, el Parlamento, el castillo de Buda, el Puente de las Cadenas, etc. Son preciosos verlos iluminados, era sábado, que es un buen día para hacerlo porque están todas las luces funcionando.

Después del crucero y como fin de fiesta fuimos al último bar recomendado por mi amigo, y según él su favorito. Este es el Szimpla Kert, escogido por cierto por por los usuarios de Lonely Planet como el tercer mejor bar del mundo ese año. El bar es cuanto menos diferente, tiene un ambiente único y además es bastante grande. Está ubicado en el centro de la ciudad, cerca de Astoria, en la calle Kazinczy en pleno barrio judío.

El Szimpla Kert se encuentra dividido en tres pisos y es el ruin pub por excelencia de Budapest, no sólo por su atrayente look psicodélico, sino también por su amplio programa de actividades culturales. El tipo de música que puedes escuchar aquí va desde el electro, pasando por el pop, el jazz y terminando por la alternativa. Es difícil describirlo, lo mejor es visitarlo, a nosotros la verdad es que ya nos pilló un poco cansados, pero pudimos disfrutar de unas consumiciones flipando con el ambiente y todo lo que había de “decoración”.

Sobre la una de la madrugada nos fuimos al hotel, era nuestra última noche.

Esto es lo que habíamos hecho ese día, una buena ruta…

tarde último día

Día 6

El domingo 24 a las 9.50 teníamos el vuelo de vuelta, todo termina… bye bye Budapest…aunque no nos íbamos con tristeza, habíamos disfrutado de un estupendo viaje.

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Y esta es la historia de una escapada a quizás, junto con Praga, las tres ciudades más interesantes de los países del Este y que se pueden combinar sin problemas al estar muy próximas. Aconsejo por supuesto visitarlas apreciando cada detalle, sumergiéndoos en su riquísima historia y disfrutando de cada rincón de ellas, os aseguro que no os decepcionarán.

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