LIVERPOOL

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More than football & Beatles…

La motivación original de este viaje a Liverpool hay que decir que fue futbolera. Hace 5 años mi cuñado y yo habíamos ido a Londres a ver un partido de liga del Arsenal y durante los últimos años hablábamos que estaría bien ir a Liverpool y a Anfield, quizás el estadio con el ambiente más especial de todos los de la Premier League. Como además Liverpool había leído que también es una ciudad con bastantes sitios interesantes para ver, decidimos buscar un buen partido y organizar un fin de semana largo para visitarla.

Para que nos acompañara en este viaje, se lo comentamos a mi compañero de escapadas por excelencia y que además coincide que también es futbolero, Manolo, el salmantino errante, y él que es facilón, aceptó.

Lo primero que hay que decir y que facilita mucho el ir a Liverpool es el precio del vuelo, muy asequible, ya que con la compañía Easyjet, por unos 70€ por persona como  pagamos nosotros, reserva de asiento incluída, te plantas allí.

La compra de las entradas para ver un partido de fútbol, es otra historia. Cuando compramos los vuelos pensamos que conseguir tickets para Anfield no sería tan difícil, pronto nos dimos cuenta de que es muy muy complicado, y más a distancia. Sus 54,000 asientos se quedan escasos para las solicitudes de pases que hay en cada partido por lo que lamentablemente no nos quedó más remedio que recurrir a páginas web que lo que hacen básicamente es o bien utilizar la reventa o bien “cederte” los pases de algún socio a un módico precio, lo de módico es obviamente irónico.

De los partidos que quedaban de la temporada pusimos el foco en una contra el Tottenham, equipo de Londres y que en los últimos años está ocupando normalmente los puestos más altos de la tabla así que decidimos intentar ver ese partido ya que a priori se presentaba interesante. Mi amiga Carmen incluso estuvo en Liverpool en diciembre de 2017 pero no pudo comprar entradas con esa antelación así que no nos quedaba más remedio que comprarlas por Internet. Más adelante y por no extenderme ahora, os contaré la historia.

El primer jueves de febrero de este 2018 allí estábamos preparados para coger nuestro vuelo a la ciudad del noroeste de Inglaterra, había ganas de pasarlo bien.

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Tras el vuelo que tardó como dos horas y media aproximadamente, llegamos al aeropuerto que como no se llama John Lennon, y que no es muy grande, como me gustan a mí, con unos 4.8 millones de pasajeros no es desde luego de los más concurridos de Europa, y comparable por ejemplo en tráfico al de Tenerife Sur en cifras de 2016. Según me había informado ya antes, la mejor opción para ir al centro es en autobús. El metro, o más bien, el tren de cercanías, no llega al aeropuerto, si no que se queda a 3 kilómetros del mismo, en una estación a la que hay que llegar en varias líneas de autobuses como el 86A, 82A, etc.

Dado que el hotel que había reservado estaba un poco lejos del aeropuerto y no céntrico, decidí estrenarme y utilizar la aplicación Uber por primera vez. Me descargué la aplicación en España y una vez en el aeropuerto y tras sacar dinero en los cajeros que hay por ejemplo en la zona donde se recogen las maletas solicité un vehículo en la aplicación. Enseguida apareció uno que según la aplicación nos llevaría por un precio en la franja entre 28-36 libras, lo acepté y nos esperó en el parking junto a la estatua de un Submarino amarillo que hay nada más salir de la terminal de llegadas. Allí nos recogió un conductor bastante amable que nos llevó hasta el hotel. Hizo aproximadamente este recorrido.

Foto Orrell Park

Por el camino estuvo bastante hablador, hablamos de fútbol por supuesto, y del Brexit, con el que no estaba de acuerdo (os doy el dato de que en Liverpool triunfó el NO al Brexit con un 58%) y en unos 50 minutos más o menos llegamos a nuestro alojamiento. Finalmente el cargo fueron 34 libras por el trayecto de unos 30 kms por una carretera como de circunvalación con bastante tráfico. Fue una muy buena experiencia con Uber así que os la recomiendo.

Y por fin llegamos a nuestro alojamiento, el Orrell Park Hotel, que había reservado por Booking.com. Tenía buenas críticas y un precio asequible, 114 libras nos costó la habitación triple con desayuno, y 70 una doble con dos camas, una de matrimonio y otra individual (más tarde veréis por qué estuvimos en dos habitaciones diferentes). Nos atendió un indio, al comienzo un poco serio pero a medida que pasaban los días resultó más amable. El hotel era una casa típica inglesa de muchas habitaciones y grandes ventanas que a mí personalmente me gustó mucho.

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Las habitaciones estaban bastante bien, reformadas, sencillas pero muy limpias, moqueta muy limpia también, el baño enorme y reformado. El wifi gratis funcionaba muy bien.

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Una vez hecho el chekin, eran las 6 de la tarde y preguntamos al recepcionista cómo llegar al tren. Salimos y en apenas 8 minutos estábamos en la estación más cercana, Orrell Park. Ya era de noche, cuestión a tener en cuenta porque hay pocas horas de sol en esta época del año (comienzos de febrero).

Foto METRO

Del alojamiento una reseña, me recomendaron un hotel por Internet muy bien situado, junto a Albert Dock y muy bien de precio, este era el Dolby Hotel, ideal por ejemplo si váis un grupo de amigos, lamentablemente no había habitaciones libres, probar si tenéis la opción.

Pagamos un billete de ida y vuelta para el tren para utilizar en el día por 3.5£ y bajamos por la línea azul hasta la parada Central.

Como restaurantes donde podíamos probar la gastronomía local, había leído que de las mejores opciones estaban Maggie May, Thomas Rigby o The Baltic Fleet. Esa primera noche iba con la intención de probar el primero de ellos, situado en la concurridísima Bold Street, pero oh, sorpresa, cerraba a las 6 de la tarde, y fue una pena porque tenía muy buenas opiniones.

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Como la calle estaba bastante animada y llena de restaurantes decidimos dar una vuelta para buscar otro, no fue fácil decidirse, así que fuimos sobre seguro y finalmente entramos en un mexicano, llamado Lucha Libre, comimos unas quesadillas, un par de burritos, chile con carne y bebidas y pagamos 48£, bien, sin más.

Después nos dirigimos al club por excelencia de Liverpool, ¿cuál es? Como habréis observado, no he pronunciado todavía la palabra que más se relaciona con la ciudad inglesa, los Beatles, pero lo siento pero nunca me atrajo mucho este grupo, lejos también obviamente de mi generación y desde luego que el viaje no iba con la más mínima intención de ver cosas relacionadas con el famosísimo grupo británico. Liverpool es mucho más que los Beatles, suelen decir en la ciudad. Pero sin quitar eso, no podíamos dejar la posibilidad de conocer y sobre todo disfrutar de buena música en The Cavern Club, por ello nos dirigimos a la famosa Mathew Street, lleno de pubs con muuucha música en directo, eso sí que nos encantó, sobre todo a mi cuñado Víctor, el rey de la pista “by night”.

Rigurosamente hablando, y para que no os confundáis, siguiendo la calle un poco más abajo del sitio actual se encuentra el lugar donde originalmente se encontraba el Club donde tantas veces actuaron los Beatles, abierto en 1957 y que terminó siendo cerrado en 1973 debido a las obras del Metro Merseyrail. Fue reconstruido con muchos de los ladrillos que habían sido utilizados en la construcción original para ajustarse lo más posible, y reabrió en 1984. El nuevo club ocupa las 3/4 partes del lugar original.

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El club sólo sobrevivió hasta 1989, cuando atravesó una dura situación financiera y cerró sus puertas durante 18 meses. En 1991, dos amigos, el profesor de escuela Bill Heckle y el taxista de Liverpool Dave Jones, decidieron reabrir el club que a pesar de ser un punto turístico mundialmente famoso, continúa funcionando principalmente como un centro de música en vivo.

El lugar donde se encuentra la famosa estatua de John Lennon, no es el actual The Cavern Club, si no The Cavern Pub, que está justo enfrente y que fue abierto en 1994 por The Cavern City Tours, dueños de The Cavern Club, pero que nosotros ni entramos. La fachada está llena de ladrillos con los nombres de grupos famosos que han actuado en The Cavern y el interior está lleno de referencias al cuarteto.

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Pagamos las cinco libras de la entrada (antes de las 20h el precio es de 2.5 libras y ojo porque a partir de las 20h no pueden entrar menores) y bajamos los famosos escalones con las paredes llenas de carteles y fotos y que seguro que a los fans del grupo, les emocionarán.

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Y por fin llegamos abajo del todo donde nos encontramos la famosa cueva, la reproducción del club más emblemático del siglo XX y por tanto de la historia de la música moderna mundial. Los Beatles tocaron en The Cavern nada menos que 292 veces!!.

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No estaba demasiado llena de gente, se podía estar sin agobios. La atmósfera del local, legendaria también por tener en ocasiones una mezcla no muy agradable de olores a humedad, tabaco (cuando se podía fumar) y mucho calor, la verdad es que no resultó nada de eso, en verano supongo que la cosa cambiará. Pedimos unas jarras de sidra y escuchamos al grupo que actuaba en directo. Destacar que no me parecieron caras las 4 libras que pagamos por cada pinta, viendo la historia del lugar podían aprovecharse muchísimo más, buen detalle.

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Nos gustó mucho todo, el ambiente y sobre todo la música. En The Cavern Club actualmente actúan a la semana alrededor de 40 grupos y es una genial manera de dar oportunidades a tantos y tantos grupos que aquí tienen un escaparate espectacular. El lugar también tiene un rincón con souvenirs y hasta una zona privada para la que había que pagar entrada y que decidimos no entrar.

Estuvimos en el local alrededor de unos 50 minutos y la verdad es que mereció la pena la visita, seas o no un fan del grupo, desde luego que tienes que visitar este lugar, un IMPRESCINDIBLE de Liverpool. Ahí va un pequeño vídeo que grabé del grupo que actuaba esa noche.

Como el último metro del día pasaba a las 23:40 y nos quedaba una horita, decidimos conocer algún otro local de la calle, y entramos en el que está justo al lado, y resultó genial, se llamaba Sgt Peppers. De nuevo música en directo, cómo cambia el tema de los pubs con música en vivo, qué gran costumbre y qué poco se ve en España. Gente de todas las edades, más bien entrados en años, y sobre todo, y eso lo vimos a lo largo de todo el fin de semana y no precisamente a última hora, bastante perjudicados por el alcohol, eso sí, muy buen rollo y nada que decir de la gente, siempre muy amable, ¿verdad chicos?

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Cuando ya quedaban unos minutos para el último metro que pasaba nos dirigimos de nuevo a la estación Central y volvimos en apenas 5 paradas a nuestro hotel. Destacar una cosa que sorprende de las calles de la ciudad, y es la cantidad ingente de mendigos que hay por todas partes, en las principales calles es una auténtica barbaridad, una verdadera pena verlos ahí acurrucados en cualquier esquina expuestos al frío y a la frecuente lluvia.

Día 2. Free Tour. Catedral Anglicana…

Nos despertamos a las 8, algo más tarde que lo que suele ser para mí normal en mis viajes pero fue debido al “error” para mí más importante del hotel, y es que el desayuno comenzaba el fin de semana a las 9 de la mañana!!!, personalmente inconcebible que un hotel ofrezca el desayuno a partir de esa hora, deberían replanteárselo.

Bajamos a las 9 en punto y nos llevamos una agradable sorpresa, gente super amable sirviéndonoslo y pudiendo elegir entre varias opciones. Nosotros elegimos el famoso “english breakfast”, y estuvo muy bien porque estaba hecho al momento. Buen café y tostadas, quizás faltó el zumo de naranja natural que siempre reclamo, pero en general tengo que decir que para mí fue más que suficiente.

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El día amaneció típicamente británico, nublado, frío, pero al menos no llovía de momento. Eran sobre las 9:40 cuando llegamos caminando del hotel a la estación Orrell Park a coger el tren. Estos rincones, a veces tan simples, tan cotidianos y que pasan tan desaparcibidos, a mí me interesan, me suelo fijar mucho en ellos.

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Esa mañana y como vengo haciendo en mis últimos viajes, habíamos contratado un Free Tour en castellano. Me recomendaron la empresa Sandemans así que reservé uno unas semanas antes por Internet. Hay varias opciones de tours, entre ellos el de los Beatles que va recorriendo los sitios emblemáticos donde nacieron los integrantes, las referencias de sus canciones (como por ejemplo Penny Lane o Strawberry Fields), etc y otro que hace referencia a lo bombardeado de la ciudad en la II Guerra Mundial (recordar que esta Liverpool fue la segunda ciudad inglesa más bombardeada y más de un 70% quedó destruida). Nosotros elegimos el digamos más general, el llamado “Tour gratis de Liverpool”. Este comenzaba a las 11 de la mañana junto al edificio St George’s Hall así que nos bajamos en la parada de Moorfields a la que llegamos sobre las 10. Al salir, ya pudimos apreciar las calles típicas de la ciudad y que a mí tanto me gustan.

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Como quedaba algo de tiempo antes del tour, decidimos entrar en uno de los museos más importantes de la ciudad. He de decir que lo de que sean gratuitos me parece espectacular. Visitamos el llamado “World Museum”.

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Es el museo de historia natural desde 1851 que muestra múltiples objetos relacionados con los dinosaurios, la historia antigua y el espacio exterior. Es de esos museos enormes para dedicarles casi una jornada entera de mañana o tarde, aunque debéis tener en cuenta que cierra a las 17h. una hora poco acostumbrada a nuestras costumbres. Nosotros le dedicamos poco tiempo, visitando la planta de los dinosaurios y el antiguo Egipto. Como siempre digo, los museos no es lo que más me gusta, me cansan muchísimo pero es una buena opción si eres fan, hace mal tiempo o por ejemplo váis con niños. Me pareció interesante lo que ví, todo muy cuidado al detalle y muy interactivo.

A las 11h nos acercamos ya al punto de partida de nuestro tour gratuito, el precioso St’s George Hall. Junto a la estatua del Príncipe Alberto pudimos ver a un gran grupo de gente con los paraguas rojos característicos de la compañía Sandemans. Nos preguntaron cuántos eramos de habla hispana y nos separaron en dos grupos, yendo cada una con una guía. Eramos como unos 20, casi todos españoles, sólamente un par de argentinos y un chileno. La guía que nos tocó fue Katherin, colombiana, muy sonriente aunque nada más llegar nos “suelta” que que pena que no haya más latinoamericanos, que los españoles somos muy serios… en fin, sería lo último que diría yo siendo guía de un grupo con un 80% de españoles.

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Comenzó muy bien la visita, hablando de la historia de la ciudad, que nada tiene que ver según ella con su nombre de traducción literal de “piscina de hígado” Liver-pool. No me voy a extender porque no tiene mucho de especial, es la historia de un pueblo que comienza al lado de un río y que por circunstancias casi accidentales, termina siendo una gran ciudad como es en la actualidad. Únicamente haré referencia a dos fechas, que fue fundada en 1,207 por el Rey Juan sin Tierra como puerto base para conquistar Irlanda y 1,599, cuando la ciudad cobró importancia en la zona ya que los barcos no podían llegar a la cercana localidad de Chester por el río Mersey.

En términos de cifras, que siempre me gustan, y aunque nuestra guía sorprendentemente no sabía los habitantes que tenía la ciudad, decir que están en torno a 470,000 el núcleo urbano en sí, y 864.000 si contamos todo el área metropolitana, encabezando las ciudades de Reino Unido sólo por debajo de Londres, Birmingham, Leeds y parecido a otras como Manchester y la escocesa Glasgow, aunque esto del número de habitantes exactos siempre se complicado.

Pasando a los monumentos, del primero que nos habló fue del propio St George’s Hall, un impresionante edificio considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura neoclásica del Reino Unido. Fue inaugurado en 1854, y lo interesante y curioso es que ha sido utilizado para actos tan diferentes como bailes y celebraciones públicas de la alta sociedad, como juicios ya que ha sido sede del tribunal de la ciudad. Se puede visitar por dentro pero el Tour no lo incluía.

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Desde ese mismo lugar se puede apreciar otro edificio imponente, el Empire Theatre. Aunque los orígenes del Empire se remontan a 1866, el teatro actual se construyó en 1925. Tiene el auditorio de doble nivel más grande de Gran Bretaña y puede acoger a más de 2.300 personas. Es famoso porque en 1965 albergó el último concierto de los Beatles en su ciudad natal. También puede visitarse por dentro y la visita es gratuita.

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Decir que en esta zona se concentra una gran parte de los edificios más importantes de Liverpool, junto con los del puerto. Además de los dos ya explicados, están la Walker Art Gallery (los amantes del arte no os la perdáis), el World Museum, en el que habíamos estado esa mañana antes del tour y la magnífica Central Library. De esta última haré una dedicación especial porque es muy famosa y apreciada en la ciudad. La biblioteca se inauguró originalmente en 1860, pero tras la destrucción de su interior durante la Segunda Guerra Mundial se inició una lenta restauración. Volvió a abrir sus puertas en 2013 como un impresionante ejemplo de la arquitectura de interiores del siglo XXI.

Las fotos son de la visita que hicimos después de comer, en el tour no entramos, para mí un error poque apenas se emplearían unos pocos minutos. Esta es del impresionante atrio, zigzagueado por multitud de escaleras mecánicas para conectar las diferentes salas de lectura.

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Pero para ver lo que alberga en su interior debéis entrar en la Biblioteca digamos moderna, subir las escaleras mecánicas y atravesar hacia la parte este del edificio. Allí os encontraréis con la magnífica Picton Reading Room ( 1.879) una preciosa sala de lectura redonda y que fue la primera biblioteca de UK con luz eléctrica y que es famosa también por tener allí custodiado el pergamino gracias al cual se fundó esta ciudad. Como ya dije fue en 1207 cuando King John (Juan Sin Tierra) decidió fundar una nueva ciudad a orillas del Mersey para evitar tener que pagar los enormes tributos que exigían en Chester.

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Sin buscar mucho, pude encontrar alguna que otra obra en castellano que hasta me hizo ilusión y todo…

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Después de continuar bajando por la William Brown Street, entramos en los Jardines St. John’s Gardens, detrás de St George’s Hall, donde la guía nos contó una interesante historia de que esos jardines habían sido en el pasado un cementerio.

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En la parte inferior de estos jardines hay un monumento en memoria de las víctimas de la tragedia de Hillsborough, una terrible historia. Un total de 96 personas murieron aplastadas en una avalancha humana el 15 de abril de 1989, durante la semifinal de la Copa de Inglaterra (FA Cup) que enfrentaba al Liverpool y al Nottingham Forest en el estadio Hillsborough, en Sheffield (norte de Inglaterra). En abril de 2016, por fin hubo un veredicto y un jurado determinó que la muerte de los hinchas fue consecuencia de un “homicidio involuntario” y culpó a la policía al tiempo que consideró que el comportamiento de los aficionados no provocó la tragedia. Esta decisión fue sin duda un triunfo para muchos de los fans del equipo culpados hasta ese momento de la catástrofe.

Además hay otra curiosa historia relacionada y es que el periódico sensacionalista The Sun durante esos días acusó a la afición del Liverpool de hechos tan humillantes como por ejemplo orinar sobre los cadáveres de los aficionados del equipo rival. La ciudad se indignó tanto que hicieron y siguen haciendo un boicot al periódico para que no se venda en esta ciudad. En algunos comercios vimos carteles como estos.

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A continuación nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, con nosotros tres bombardeando a preguntas a nuestra guía. Pasamos junto a la estatua de Eleanor Rigby, relacionada con los Beatles y con una curiosa historia, para acercamos a The Cavern Club donde nos contó todo lo relacionado con el famoso Club así como de la estatua dedicada a Cilla Black (estas historias os las dejo para cuando visitéis la ciudad).

Habían pasado ya casi dos horas así que la guía decidió hacer una pausa, buena idea porque hacía bastante frío y nos mojaba una lluvia intermitente. Tomamos un café caliente en la cafetería de una “escuela de beneficiencia” llamada Bluecoat Chambers School, en un bonito edificio de comienzos del siglo XVIII. Por lo visto una parte de lo recaudado en dicho establecimiento se destina a fines sociales.

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Qué bien me sentó el café bien caliente, como me gusta a mí, es de esos momentos en que me gusta el frío y el invierno. Siempre prefiero el frío aunque sea intenso para visitar una ciudad, que el calor asfixiante.

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Salimos ya con las pilas cargadas y nos acercamos a Derby Square, a ver otra estatua (qué fijación con las esculturas…), esta la verdad es que tenía una divertida historia. Es la dedicada a la reina Victoria y cuyo origen descubriréis cuando miréis a la monarca desde alguna perspectiva 🙂

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Desde aquí ya fuimos descendiendo hacia la zona del río, cruzamos las calles más comerciales hasta llegar a Liverpool ONE, que con unas dimensiones de más de 170.000 m2, fue terminado en 2008 y está lleno de multicines, oficinas y comercios de todo tipo, sin duda un lugar que con buen tiempo se llenará hasta la bandera.

Y por fin llegamos a la zona de Albert Dock, el corazón de la ciudad y uno de los puntos más emblemáticos de Inglaterra. Sus más de 116.000 m2 fueron inaugurados por el mismísimo Príncipe Alberto en 1846 nada menos.

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No es solo un antiguo puerto, Liverpool era la puerta de entrada al Imperio Británico y en él desembarcaron todo tipo de objetos exóticos procedentes de todo el mundo, como el algodón, el té, el tabaco, la seda y el brandy. También fue uno de los centros de la Revolución Industrial, lo cual permitió las creaciones más vibrantes de transporte comercial de Inglaterra.

Hoy el muelle atrae a unos cinco millones de personas cada año y es la atracción gratuita más visitada del Reino Unido, con el permiso de Londres.

En la zona soplaba un viento helado y comenzó a llover con más intensidad, por lo que la guía se fue dando prisa en explicar el repertorio que le quedaba porque todos teníamos ganas de terminar. Fuimos hasta la orilla del río junto al Museo de Liverpool para terminar en los edificios quizás más imponentes de la ciudad, las Tres Gracias, que veríamos al día siguiente más tranquilamente y con mejor tiempo.

Y en este punto se encontraba el fin de la excursión, eran casi las dos de la tarde, con lo que había durado casi tres horas y también llegó el momento que ella se encargó de recordar que teníamos que darle la voluntad. La verdad es que la visita no fue todo lo bien que yo esperaba, nada que ver por ejemplo con la guía que tuve en Atenas (Viaje a Atenas), yo habría cambiado bastantes cosas. Reconozco que siempre soy exigente con los guías y siempre espero de ellos que pongan el 100% en sus explicaciones, que estén preparados y motivados, y Katherin, aunque muy risueña, creo que podría dar un paso más en sus explicaciones, además tuvo un par de lapsus que para mí no son aceptables. De todas maneras no es mi intención criticar por criticar sino hacerlo de manera constructiva para mejorar.

Esta es la ruta completa que habíamos hecho.

De ahí nos fuimos corriendo a comer a un restaurante italiano llamado Amalia que nos habían recomendado. Por medio de mi amiga Carmen nos habían reservado para las 2 y media, así que no quería llegar tarde. Tenía una amplia carta y pedimos de primero un antipasto misto para compartir y luego un plato de macarrones carbonara para cada uno que nos gustó bastante. Con una botella de agua y dos Coca Cola pagamos 51£, un precio que no está mal. El trato fue exquisito y aunque tardaron un poco en traernos la comida, podemos decir que quedamos bastante satisfechos, lo recomendaría.

Sobre las 15:50h salimos del restaurante y sin tiempo que perder fuimos a ver los lugares que pudimos y que no visitamos en el tour de la mañana ya que todos cierran entre las 17 y las 18h. Ni que decir tiene que al no haber roaming ya en países de la UE, la posibilidad de tener internet en cualquier momento y lugar es una ventaja increíble para viajar. Por supuesto para movernos por la ciudad e ir de un sitio a otro no soy muy original pero utilizamos el GPS de Google Maps, para mí el mejor invento de la historia para viajar, o al menos que yo conozco.

Comenzamos visitando la Biblioteca Central y de ahí nos fuimos a conocer la Catedral Anglicana. Por el camino vimos la St. Luke´s Church o como mejor se la conoce la iglesia bombardeada, Una iglesia que fue construida en el año 1811 y que fue gravemente dañada el 5 de mayo de 1941 cuando fue bombardeada por la Luftwaffe durante la II Guerra Mundial. Una de las bombas destruyó su interior pero sus muros se mantuvieron en pie.

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Llegamos ya casi anocheciendo a un destino que me encantó, la majestuosa Catedral Anglicana. Está considerada como la octava iglesia más grande del mundo (con sus 9690 m²) y la segunda más larga (190m.), solo superada en esto último por la Basílica de San Pedro en el Vaticano. La Catedral fue construida en arenisca roja, con un estilo gótico y no es muy antigua. Curiosamente su diseñador, un joven Giles Gilbert Scott moriría 18 años antes de que la obra terminara. Las obras se iniciaron en 1904, pero fue culminada en 1942, pero debido a la Segunda Guerra Mundial y luego al aumento de la inflación el trabajo se retrasó por varios años hasta 1978 cuando se inauguró oficialmente, habían pasado 74 años!!.

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Su interior impresiona, hacía tiempo que no recordaba un templo de esas dimensiones y que me impresionara tanto. Puede subirse a la torre de 110 metros de altura, pero no teníamos ya tiempo. En su interior además hay una tienda de souvenirs y hasta una cafetería!!!

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Además tuvimos el privilegio de escuchar un miniconcierto del órgano de la iglesia que ponía los pelos de punta. Es un lugar para visitar tranquilamente y dedicarle un par de horas al menos, con subida a la torre incluída.

Había leído que tenía un cementerio al lado bastante tenebroso y para allí que fuimos y la verdad es que anocheciendo como estaba, sí que lo era un poco. Se trata de los jardines de St. James. Para entrar en él o bien accedes por un estrecho camino a la izquierda según entras en la catedral o bien por la parte de atrás de esta.

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Resulta que desde el siglo XVIII la piedra rojiza de la mayoría de los edificios de la ciudad se obtenía de una cantera situada junto a la Catedral. Posteriormente, en el año 1825, este lugar se convirtió en el cementerio St. James.

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Este espacio siguió siendo el Cementerio de Liverpool hasta 1936, en el que se agotó el espacio disponible y comenzó a caer en desuso, hasta que en 1972, la ciudad decidió transformarlo en lo que es ahora, un parque público protegido en el que se exhumaron los cadáveres, dejándose algunas lápidas como parte de la decoración, quizás algo macabra, pero todo es acostumbrarse, supongo… el paseo entre tanta lápida, como si de un parque se tratara es cuanto menos, curioso.

Cuando salimos de los jardines ya eran más de las 18h así que no pudimos ver la otra catedral famosa de la ciudad, católica, llamada Metropolitana, y que no tiene nada que ver con la anglicana y que por lo que nos dijo la guía, su exterior siempre ha estado envuelta en la polémica. Fue construida en apenas cinco años en la década de los 60. Con su planta circular y edificada en forma cónica sostenida por 16 pilares, sin duda no es la iglesia típica que estamos acostumbrados a ver. Me recuerda la historia a la Catedral Metropolitana de Sao Sebastiao de Río de Janeiro (Viaje a Brasil).

Ya que estábamos cerca, nos dimos una vuelta por Chinatown. Si bien es un barrio muy pequeño, es especialmente importante ya que Liverpool puede presumir de tener la comunidad china más antigua de Europa. El comercio del té, la seda y el algodón llevaron a este lado del mundo a multitud de marineros que se terminaron estableciendo en estas tierras, especialmente durante el siglo XIX.

A la entrada se encuentra el imponente arco que tiene el honor de ser el más grande fuera de China, mide 13,5 metros y fue un regalo de la ciudad de Shangai, ciudad con la que está hermanada.

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Necesitábamos un break para relajarnos un poco así que buscamos un pub para tomar algo. Además coincidía que jugaba el otro equipo de la ciudad además del Liverpool FC, este es el Everton, se enfrentaba al Arsenal en Londres. Dado que por la parte de Mathew Street estaban todos los bares llenos, buscamos por los alrededores y encontramos uno que por suerte había un hueco en una mesa, The William Gladstone, en la cercana John Street. Allí nos pedimos unas Strongbow (siempre pedíamos sidra porque no somos muy amantes de la cerveza y recordábamos los buenos momentos pasados junto a ella en nuestro viaje por Escocia (Viaje por Escocia)). Pagamos 3,2£ por cada una y vimos como le metían un 5-1 al Everton ante la decepción de los asistentes, aunque bien es verdad, que con una pinta en la mano, las desgracias son menos.

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Salimos y justo delante teníamos una tienda de souvenirs (Cool Britannia) donde compramos, bueno sobre todo Manolo, el rey de los recuerdos. Por cierto, las dos chicas que nos atendieron, de Canarias.

Eran ya las 20h así que buscamos un lugar para cenar, esta vez sí que iríamos a uno de los que tenía apuntados y donde probaríamos la gastronomía local, el Thomas Rigby’s, uno de los más antiguos del centro de Liverpool.

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Allí Manolo se pidió el famoso scouse, un guiso de cordero o ternera con vegetales como patatas, zanahorias, etc.

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Yo me pedí unas salchichas con puré de verduras y guisantes, también muy bueno, y parece que también muy british…

Además del plato de Víctor que se pidió una hamburguesa, bebidas y dos cafés, pagamos 43£, bastante bien de precio. En todo momento la atención en todos los restaurantes, muy buena.

Salimos y ya era hora de bajar la comida y tomar unas pintas. Volvimos a la calle de The Cavern y esta vez entramos en Rubber Soul, de nuevo música en directo donde pasamos un buen rato. Yo no seré fan de los Beattles pero sí de la música británica, que para mí no tiene parangón en el mundo, Depeche Mode, Pet Shop Boys, U2, Oasis, siempre fuí fan de estos grupos, la música de las islas, para mí, está a otro nivel.

Ya sobre las 23:10 cogimos el penúltimo tren que nos llevaría al hotel.

Día 3. Albert Dock, paseo por el río Mersey y… Anfield!!

Ese día nos levantamos a la misma hora, pero por casualidad bajé a las 8:30 y ya había gente desayunando así que bajamos pitando.

Y vamos con la historia de las entradas para el fútbol, más bien lo definiría como la trama que tienen montada para hacer negocio con las entradas. Desde España las compramos en la página -footballticketnet.com- pero éstas no creáis que os las envían al mail o te las puedes descargar, nos dijeron desde el principio que nos las podían enviar al hotel o a donde quisiéramos pero una vez que estuviéramos en la ciudad, raro, ¿no?. El truco es que no te envían entradas exactamente si no que te mandan carnets de socios, y luego con esos son con los que tú tienes que entrar en el estadio para una vez terminado, dejarlos en el hotel para que estos los envíen de vuelta. Un lucrativo business que no lo veo muy correcto e incluso hasta legal, porque las órdenes que te dan es que en caso de algún problema no debes hablar con los empleados del campo cuando accedas al estadio. Aquí están los carnets…

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Este domingo por la mañana ya teníamos los pases en el hotel (un negocio que a estos les interesa también) y ya supimos en ese momento, y no antes, donde estaban situadas nuestra localidades en el estadio. No sé si de haberlo salido las habría comprado así, pero es verdad que no sé si se tienen muchas más opciones. Además como hecho sorprendente en una liga tan “seria” como la inglesa, nos retrasaron el día del partido del sábado al domingo unos días antes del mismo, por lo que tuvimos que retrasar el vuelo de vuelta del domingo al lunes y coger una noche más en el hotel, pero la habitación triple no estaba disponible, con lo que ese domingo teníamos que mudarnos a una doble con cama de matrimonio y cama pequeña, que fue más barata y también estaba bien.

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Salimos del hotel y ese día teníamos pensado pasar el día en el Albert Dock y coger el ferry a lo largo del río Meyrerside. El día era soleado y había caído una helada tremenda durante la noche. La calle del hotel es de esas llenas de casas típicamente british, y que a mí me encantan, nos sorprendió que apenas hay verjas o vallas frente a las viviendas, no como sucede en nuestro país.

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Nos bajamos en la parada de Moorfields y fuimos caminando hacia el Muelle. Lo primero que hicimos y para aprovechar el buen día que hacía era acercarnos a ver de nuevo las llamadas Tres Gracias, impresionantes edificios y que el día anterior no habíamos podido disfrutar por el mal tiempo. Son, de izquierda a derecha en la foto inferior, el Royal Liver Building, el Cunard Building (1914-1917) y el Port Of Liverpool Building (1903-1907).

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El que más me gustó fue el ROYAL LIVER BUILDING (1908-1911), sede inicial de la compañia Royal Liver Group y que destaca por dos visibles razones según nos había contado la guía el día anterior. La primera de ella es por poseer dos relojes de mayor tamaño que el famoso Big Ben de Londres. La segunda por tener dos esculturas en lo alto de sus torres representando lo que sería el Liver, ave mitológica que da nombre a esta ciudad. Muchas son las historias y leyendas surgidas acerca de estas aves, un macho y una hembra, de las cuales cabe destacar la que indica que el macho está mirando si los pubs de Liverpool están ya abiertos mientras que la hembra mira al mar a la espera de la llegada de algún guapo y atractivo marinero.

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Toda esta zona es la llamada Pier Head, un gran orgullo para los habitantes de Liverpool, no en vano a principios del siglo XX este puerto era el más importante del mundo, su puerto era ejemplo de modernidad y vivía en un cambio constante.

Luego no podía faltar una foto con la emblemática estatua de los cuatro de Liverpool, que se encuentra justo enfrente de las Tres Gracias. Inaugurada en 2015, la escultura fue diseñada por Andy Edwards y le costó 200.000 libras a los dueños del famoso club The Cavern que la mandaron hacer para celebrar el 50 aniversario del último concierto de The Beatles en 1965. Vaya siete magníficos…

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Después y para hacer algo diferente y dado que hacía muy buen tiempo, habíamos pensado coger el ferry que cruza el río Mersey y por el que pagamos 10 libras por persona(www.merseyferries.co.uk)

Este es el recorrido que hace, parte de Pier Head para subir a Seacombe, un distrito de la localidad de Wallasey donde es posible bajarse si lo deseáis y podréis coger luego otro, y luego continúa río arriba hasta Woodside, cercano a la localidad de Birkenhead.

Recorrido ferry

En esta época del año había un ferry cada hora, siendo el último a las 15h. y el primero al as 11h, que fue el que cogimos (consultar horarios en su web)

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Nada más salir pudimos ver el famoso Stanley Dock, el almacén construido de ladrillo más grande del mundo, donde se utilizaron nada menos que 27 millones en su construcción!! Ahora está en plena renovación para lo que parece una zona de apartamentos, así que si queréis alojaros en un edificio histórico, preguntar precios…;)

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El día se empezaba a nublar y con el viento que venía del norte, la cosa se ponía fría fría, tenerlo en cuenta para abrigaros bien si lo cogéis.

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Hicimos las paradas en Seacombe y Woodside pero no nos bajamos al no tener mucho tiempo. En Woodside podían verse barcos de guerra atracados.

Dicen que las mejores vistas de Liverpool se tienen desde este ferry y posiblemente sea así, sobre todo de las Tres Gracias, considerados los más bonitos, en contraste con los dos edificios del Museo de Liverpool y el Pier Head considerados por lo visto por los habitantes en una encuesta reciente, los más feos de la ciudad.

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Llegamos a nuestro destino de origen empleando unos 50 minutos en hacer todo el trayecto. Es una buena opción si tenéis tiempo y no os importa pagar las 10£ que cuesta, yo lo recomiendo, pero ojo si hace frío porque os congelaréis.

Desde Pier Head caminamos por un paseo muy agradable hacia la zona de Albert Dock, antiguo muelle de 1846 que hoy alberga un complejo entramado de museos, galerias, tiendas, restaurantes, bares, hoteles, apartamentos de lujo y oficinas. Entre los museos, está alguno de los mejores de la ciudad como la Tate Liverpool, el Museo Marítimo de Merseyside, el Museo Internacional de la Esclavitud y el The Beatles Story, todos gratuitos como todos los de la ciudad menos este último.

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Albert Dock abrió sus puertas como ya dije en 1846 y fue construído para albergar los barcos que en aquella época eran importantísimos en el comercio exterior y estuvo operativo funcionando como muelle hasta 1972. Como curiosidad decir que fue la primera construcción británica fabricada en hierro, ladrillo y piedra, sin utilizar madera en sus vigas. Más tarde se sometió a un programa de restauración a gran escala y abrió sus puertas de nuevo, pero esta vez como una atracción turística en 1988.

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Teníamos algo de tiempo hasta la hora de la comida para luego ir al fútbol así que decidimos ver algún museo, como el arte no es lo nuestro decidimos visitar el Museo Marítimo y el de la Esclavitud, que se encuentran en el mismo edificio.

De nuevo una grata sorpresa, el Museo Marítimo a mí me gustó mucho, aunque necesitarías bastante tiempo para apreciarlo y leer toda la información que muestra. Para un amante de la historia como yo es un regalo conocer de cerca por ejemplo el caso del transatlántico Lusitania, cuyo hundimiento por un torpedo alemán en 1915 y que provocó la muerte de 1,191 personas es uno de los hechos más importantes de la Primera Guerra Mundial, contribuyendo a la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra.

El museo también habla del Titanic que aunque se construyó en los astilleros de Belfast y su maldito viaje inaugural con destino a New York salió de Southampton tenía muchos lazos con Liverpool, además de llevar el nombre de la ciudad en el casco. La compañía de gestión ( White Star Line) tenía su domicilio en Liverpool y más de 90 miembros de la tripulación eran de aquí, incluido el vigía que avistó el iceberg junto a la isla de Terranova.

Después de este subimos al Museo internacional de la Esclavitud, dedicado a la historia de la trata transatlántica de esclavos y su legado, y que muestra las crueldades de una práctica que causó la muerte a gran escala, la enfermedad, el desplazamiento y la devastación cultural, pero también se esfuerza en presentar a los esclavos no sólo como víctimas sino también como luchadores que se resistieron a una fuerza claramente superior. Su tono general es sencillo y visual (vídeos, pantallas interactivas, testimonios, modelos de buques,…), a veces más dirigido a escolares para que se hagan una idea del fenómeno, pero aun así trata temas espinosos como el papel de comerciantes africanos, y cómo los mercaderes de Liverpool estimulaban las disputas tribales con la venta de armas y municiones.

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Desde el siglo XVI y sobre todo en el XVIII los ingleses se convirtieron en los líderes del tráfico transatlántico de esclavos. Al final de este último, Liverpool controlaba más del 40% del comercio europeo de africanos y el 80% de todo el Reino Unido. Los barcos partían hacia la costa africana, donde intercambiaban las manufacturas inglesas por esclavos, luego cruzaban el Atlántico para vender los esclavos a cambio de las materias primas americanas, con las que regresaban a los puertos de origen. Un negocio lucrativo y ciertamente, otra de las injusticias históricas de la Antigüedad.

Este museo lo vimos más rápidamente y quizás por eso no me interesó tanto como el anterior, aunque es verdad que era mucho más incómodo lo expuesto.

Ya era la una de la tarde y habíamos pensado comer algo rápido en el restaurante del museo. Se encuentra en la última planta y de verdad que fue una muy buena decisión, super tranquilo, con buenas vistas hacia el Albert Dock y además lo que comimos nos gustó mucho, una hamburguesa de ternera (8.5£) y dos roast beef (9.8£), con bebidas pagamos 32.8£.

Terminamos sobre las dos y media de la tarde ya que teníamos la intención de ir a Anfield con el suficiente tiempo de disfrutar del pre-partido, que comenzaba a las 4 y media. Fuimos a la entrada de Albert Dock y cuando iba a solicitar un Uber y pensando que quizás iban a estar muy solicitados ví que justo un taxi acababa de parar y dejar clientes delante de nosotros así que le preguntamos si nos podía llevar y lo cogimos. Nos llevó en poco tiempo y sólo pagamos 9 libras por la carrera.

La aproximación al campo ya era emocionante, quedaban poco menos de dos horas y ya había mucha gente en los alrededores.

Fuimos primero a la tienda, y qué tienda, y cómo estaba de gente. Me recordaba a las tiendas de merchandising de los equipos de la NBA. Artículos de todo tipo, una zona como de souvenirs VIP con artículos de más lujo y más de 20 planchas poniendo nombres a camisetas sin parar.

Decir que dos meses atrás el equipo había perdido uno de sus jugadores más carismáticos, el brasileño Coutinho, fichado precisamente por el Barcelona por nada menos que 160 millones de euros, el fichaje más caro de la historia del club catalán, y que había dejado como máxima estrella del equipo al egipcio Mohamed Salah.

Salimos fuera y decidimos dar una vuelta al estadio. Enseguida vimos que el campo parecía nuevo, a estrenar, luego leí que había sido remodelado recientemente.

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Se pensó incluso construir un estadio nuevo pero finalmente se decidió remodelar este. Se amplió la llamada grada Main Stand, que ha ganado 8.500 asientos y elevado la capacidad a unas 54.000 personas aunque parece que se sigue pensando en ampliarlo todavía más, una manera más de acercarse a los ingresos de Arsenal y Manchester United, muy lejos todavía de los reds.

Vimos llegar el autobús del equipo, sorprendentemente recibido con apenas aplausos, curiosa costumbre.

Seguimos avanzando y dimos una vuelta entera al estadio fijándonos en los numerosos carteles dedicados a los jugadores más importantes de este club, fundado en 1892. Dalglish, Keegan, Rush y más recientes John Barnes, Fowler o Gerrard. El único español que vimos fue Rafa Benítez, que ganó la última Champions del equipo, en 2005, pero, sin rastro de por ejemplo Fernando Torres… También pudimos ver como no algún que otro sencillo coche, nada menos que un Bentley seguro que ni siquiera de los jugadores que supongo estarán en algún parking dentro del estadio.

Llegamos a la otra parte del estadio, donde hay otra estatua dedicada a otro de los mitos del equipo, ex entrenador del equipo Bill Shankly, junto a la famosa grada The Kop.

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Faltaban unos 40 minutos cuando ya buscamos la zona para entrar y ocupar nuestros asientos, estaban en un fondo así que tras pasar el control y algo nerviosos, y esto es lo innecesario de la historia de las entradas, accedimos sin problemas.

El estadio por dentro es impresionante, todo nuevo, hasta los baños tenían agua caliente, curioso detalle. Y por fin pudimos ver el estadio, que aunque vacío, impresiona, “this is Anfield!!”.

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Ocupamos los sitios que teníamos, dos juntos y el otro situado dos filas más abajo, otro fastidio. Nos hicimos las fotos de rigor y fuimos viendo a los jugadores entrar, el Liverpool con sus famosos Salah y Firmino al frente. Comenzaríamos tras la portería del Tottenham donde vimos al español Toni, ex-jugador del Español y Atl. Madrid entrenando a los porteros del equipo londinense. Entre sus jugadores destacaba por encima de todos el cotizadísimo Harry Kane, en el centro de la imagen.

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Se acercaba el comienzo del partido y la grada se iba llenando, ¡¡el ambiente se caldeaba!! Llegaba el Liverpool al partido en tercera posición de la Premier, y el Tottenham quinto, separados únicamente por dos puntos.

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Con la salida de los jugadores llegó el momento quizás más esperado, el entonar 54,000 personas el himno You’ll Never Walk Alone (“Nunca caminarás solo”), inspiradas en la canción de Gerry & The Pacemakers que los aficionados de Liverpool Football Club han adoptado como himno del equipo. En este vídeo veréis un fragmento, pero lo mejor, ya sabéis, es poder estar ahí para vivirlo, qué pasada!!!

Y por fin comenzó el partido, entre los gritos de los fans que no dejaban de animar. Los asientos están tan cerca unos de otros que parece que van a sacar un córner y tú estás ahí en el área peleándote con otros para rematar.

Las emociones comenzaron pronto, apenas empezado, en el minuto 3, el egipcio Mohamed Salah recibe un balón en ventaja y marca. Se cae el estadio, gooooooooooool!!!

El resto de minutos, es verdad que pasaron sin grandes emociones, el Tottenham llevando la batuta del juego y el Liverpool replegado atrás. Una cosa curiosa para ver el partido es que haces bastante deporte porque en cada acercamiento y sobre todo para ver bien si la jugada se concentra en la parte de la banda o en el otro lado en el que tú estás, la gente tiene la costumbre de levantarse de sus asientos así que tú tienes que hacer lo mismo, con lo que te tiras casi todo el partido arriba y abajo.

Pasó el descanso y no habría muchas emociones hasta los últimos minutos, que ahí sí que se acumularon pero bien. Empata un jugador reserva recién entrado en el campo, el totalmente desconocido para mí Víctor Wanyama en el 81. 4 minutos más tarde, penalti a favor de los Spurs, lo lanza la gran estrella y máximo goleador en ese momento de la Premier Harry Kane, pero lo falla, otra vez se cae el estadio!!!

Y más se va a caer cuando en el 92 se marcha de nuevo Salah y marca el 2-1. Como véis en este vídeo, los 54,000 espectadores generan un ruido ensordecedor.

Lamentablemente el partido no terminaría 2-1, porque en el 95 el árbitro pitaría otro penalti a favor del Tottenham que esta vez sí Harry Kane anotaría y enmudecería el estado salvo el grupo de fans visitantes que se volvían locos y dedicaban todo tipo de gestos no muy agradables a la afición red.

Y así terminaría el encuentro, un empate a 2 que aunque no hizo que la gente se fuera contenta, había tenido una emoción y había redondeado un partido y sobre todo una experiencia fantástica. Y con tanta emoción a alguno le había pasado factura porque vimos como las asistencias atendían a un espectador muy cerca de nosotros de lo que parecía un ataque cardíaco, espero que se recuperara finalmente.

Salimos del estadio y llegaba la odisea de cómo volver a la ciudad, los autobuses llenos, sin metro cerca, así que nos pusimos a caminar. Como a 15 minutos decidimos cambiar de carril y ver la posibilidad de poder conseguir un taxi que fuera en la dirección opuesta. Finalmente y bastante rápido paró uno que nos preguntó que a dónde íbamos, le dijimos que al centro y nos ofreció llevarnos por 20£, es verdad que un precio mayor al que sería el normal, pero que accedimos porque no era tanto y tampoco teníamos muchas mejores opciones.

El taxi nos dejó junto a la estación Liverpool Central. Teníamos intención de ir a ver uno de los pubs más famosos y que recomiendan en todas las guías, The Philharmonic Dining Rooms, en el que habíamos reservado para cenar a las 21h a través de la opción de Google, pero cuando caminábamos buscando un lugar para tomar algo antes se nos cruzó en el camino un restaurante, que recordábamos Víctor y yo haber comido de maravilla un par de veces hacía 5 años en Londres. El restaurante se llama Bella Italia. A pesar de que era pronto, sobre las 7 y media, dado que habíamos comido temprano y no muy abundamente decidimos entrar y cenar, anulando antes la que habíamos reservado vía Google en el otro sitio.

Perdona Manolo por la foto pero es que ese pedazo de pizza carbonara que te “apretaste” lo merecía. Como nos pusimos, la de Manolo valía 12.99£ y la mía a la que por supuesto le quité toda esa rúcula que un insensato pondría encima 10.99£ y estaban espectaculares, tenían un toque que pocas veces las he comido tan buenas. Luego no nos quedamos ahí y todavía nos comimos un tiramisú de postre. Pagamos en total 52.33£ con tres platos, bebidas, dos postres y un café y de nuevo, y como nos pasó en Londres, terminamos más que satisfechos. Muy recomendable el restaurante que se encuentra en Ranelagh Street y una pena que esta cadena no esté en España.

Tras salir y como no estaba lejos decidimos ir a tomar algo al menos al pub The Philharmonic Dining Rooms que recibe este nombre por estar ubicado enfrente de la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. La historia cuenta que este era uno de los lugares favoritos de John Lennon y de Paul McCartney en su juventud, quienes pasaban muchas horas en este lugar jugando al billar y seguro que tomando alguna que otra pinta. La verdad es que el edificio ya por fuera es precioso, construído entre 1898 y 1900.

Había leído que no tenía muy buenas críticas en cuanto al servicio, que estaba descuidado y no atendían muy bien, cosa que no nos había pasado todavía en la ciudad. Entramos y todo lo que por fuera prometía, por dentro no decepcionaba, el pub tiene un interior espectacular, pero no sé si porque era domingo y estaba casi vacío, o porque efectivamente no nos antendieron en uno de los salones y tuvimos que ir a la barra a pedir, la verdad es que no fué que nos enamorara precisamente.

Tomamos tres sidras, yo una con sabor a cereza que me gustó mucho y pagamos 12 libras por ellas. He de remarcar que los precios de todo lo que tomamos en general en Liverpool me los esperaba más altos, muy diferente por ejemplo a la sensación que tuve en Londres, que fuimos sablazo tras sablazo.

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Cuando salimos pasamos junto a otro pub también famoso en la ciudad The Fly in the Loaf, pero en este ya no entramos, a Víctor se le iban las piernas y tenía ganas de música en directo.

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Para terminar nuestra estancia en la ciudad disfrutando de nuevo de buena música, volvimos a la calle Mathew Street para estar en un par de pubs. Ya con menos cantidad de gente pero todavía con animación estuvimos hasta las 23h, hora en la que ya regresamos en el tren a nuestro hotel.

Día 4. Vuelta a casa.

Al día siguiente teníamos el vuelo a las 11 de la mañana así con apenas tiempo para ver nada más decidimos tomarlo más relajado e ir al aeropuerto en transporte público, primero por el camino de siempre desde Orrell Park hasta Liverpool Central, para luego coger otro tren que nos llevaría hasta la parada más cercana al aeropuerto, Liverpool South Parkway. Allí esperamos a que llegara un autobús, que por cierto tardó unos 15 minutos, que nos llevó finalmente al aeropuerto. Había sido un trayecto por el que habíamos pagado 9.6£ por el trayecto en tren y 6.3£ por el autobús, en total 15,9£. Os recuerdo que el UBER nos costó 34 hasta el hotel, que está al norte de la ciudad y supongo que en taxi será algo más, vosotros elegís, pero es verdad que el trayecto se nos hizo un poco largo.

Ruta hasta el aeropuerto

Y aquí terminó nuestro fin de semana largo en esta ciudad que como pongo en el título tiene mucho más que fútbol y Beatles. He leído por ahí que es suficiente dos días para ver Liverpool y yo no estoy muy de acuerdo, nosotros estuvimos prácticamente esos 2 días completos y creo que vimos la mayoría de lo más interesante pero no todo, y sobre todo sin dedicarle el tiempo suficiente. Creo que Liverpool bien merece sus 3 ó 4 días para verlo bien, sin agobios, sin correr de un lado a otro y disfrutando de sus rincones. Si ya tenéis más días os recomiendo ir al cercano pueblo de Chester, a apenas 40 minutos en tren, que todo el mundo nos recomendó en la ciudad, más que a Manchester por ejemplo.

De Liverpool pudimos apreciar su pasado, cuya expansión giró en torno sobre todo a su condición de ciudad portuaria importante, luego su papel en la Revolución Industrial junto a Manchester para luego entrar en declive en los años 70 y volver a renacer a finales de siglo con un plan de regeneración que continúa ahora y que se muestra en la renovación de la ciudad, un poco parecido a lo que le ha pasado a Bilbao por ejemplo. Trata de dejar su atmósfera industrial y gris atrás para convertirse en una ciudad mucho más abierta y animada, así la pude apreciar, y eso que fuimos en pleno invierno.

Espero que os hayan entrado ganas de visitar la ciudad, ya sea con partido de fútbol o sin él, ya sea con Beatles o sin ellos pero estoy seguro que pasaréis un buen rato y descubriréis lugares interesantes, en eso consiste viajar ¿no?

Ahora espero vuestros comentarios…

 

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