NEW YORK – NIÁGARA – TORONTO

Este fue nuestro viaje de LUNA DE MIEL en septiembre de 2008. Obviamente quisimos que fuera un sitio especial y de verdad que lo fue. Teníamos claro que la ciudad protagonista del viaje sería New York, pero luego lo queríamos combinar con algún otro destino. En un primer momento pensamos en un lugar de playa, tipo México para descansar después de NY, pero lo descartamos porque la fecha no era la mejor. Luego sopesamos ir a San Francisco, pero suponía otro viaje de casi 7 horas y todo el lío de andar cambiando de ciudad y hotel. Finalmente decidimos visitar también las cataratas del Niágara que estaban más cerca. Cuando hablamos con la agencia, nos ofreció también en la misma excursión conocer Toronto así que nos pareció perfecto.

El hotel y la excursión adicional la contratamos con El Corte Inglés, y el vuelo por nuestra cuenta, con la aerolínea estadounidense Continental Airlines. Fue la mejor opción para el vuelo ya que no nos salió muy caro (como unos 600€ cada uno por aquel entonces), y el resto lo hicimos con la agencia porque queríamos seguridad, no hay muchas lunas de miel en la vida 😉

El día 10 de septiembre, miércoles, cuatro días después de nuestra boda, cogíamos el avión directo desde Barajas a las 11:35h.

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Por cierto, antes de subir al avión, nos encontramos con la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, con la que compartíamos vuelo. Nos cayó muy bien, y nos invitó a conocer su tienda del Soho, a la que finalmente iríamos.

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Después de un viaje de unas 8 horas y media, pero que gracias a que pudimos coger asientos en salida de emergencia y a un par de películas, no se nos hizo muy pesado. Llegamos al aeropuerto de Newark a las 14.10h hora local.

Dado que con la agencia no teníamos los traslados al hotel, y aprovechando que habíamos cogido una excursión con un dominicano que me habían recomendado en los foros sobre New  York, decidimos que él nos hiciera también el traslado desde el aeropuerto. Así que una vez recogidas las maletas, pasado el control de entrada en Estados Unidos, donde como no, dimos con un moreno con cara de mala leche, nos encontramos nada más salir de la terminal a un monovolumen pitando y sacando una bandera de España por la ventana. El momento fue muy gracioso, y más el conocer a don Ciro Fortunato, alias Lilo, un tipo muy peculiar y sobre todo muy divertido. En unos 40 minutos nos llevó al hotel, nos cobró 30€, algo caro, es verdad, pero por su trato durante toda nuestra estancia, lo pagamos encantados.

Ya en el coche, empezamos a ver todas las imágenes que nos parecían tan familiares, y alguna que otra, todavía más…

Nuestro hotel fue el The Park South Hotel, caro, como unos 200€ la noche, sin duda el hotel por el que más he pagado en mi vida, pero la ocasión lo requería y lo importante es que no nos lleváramos una desilusión. Además los hoteles en Manhattan no son nada baratos y rondan como mínimo ese precio si quieres algo que esté bien, así que no había mucha más opción. El hotel eso sí, incluía un fantástico desayuno, y después de “llorarle” vía mail al encargado del mismo, conseguí que nos dieran una habitación de las más altas, y además era adaptada a minusválidos, con lo que era muy grande, cosa no muy normal en los hoteles en Manhattan. Aquí tenéis la foto de la fachada del hotel y la vista desde la habitación.

El hotel estaba muy bien situado, muy cerca del imponente Empire State, al que ibamos a ver de vez en cuando aunque sólo fuera para contemplarlo 😉

hotel NY

Dejamos las maletas, y teníamos tantas ganas que enseguida estábamos ya dando vueltas por la ciudad, eran sobre las 18h, y a pesar de estar bastante cansados y con el famoso jet lag, se pone uno a caminar y a ver cosas y no para…

Una ciudad como New York me generó una sensación que ninguna ciudad lo había hecho antes, una sensación de que cualquier rincón me parecía interesante, todo me atraía, cualquier sitio me parecía familiar. Yo que además de fijarme en los monumentos y los edificios más destacados, me fijo en las detalles más cotidianos, me sorprendía ver cosas tan nimias como los taxis, las escaleras de incendios de los edificios, los buzones con los periódicos, las carteles de las calles, las ambulancias, etc.. es lo que tiene esto de ser invadidos por series y películas americanas. Esta sensación la tuve durante todo el viaje, y eso que si se te fijabas bien, la ciudad no destaca precisamente por su limpieza y sí por sus muchas deficiencias a nivel infraestructuras, un ejemplo, el metro, pero New York, a mí personalmente, he de decir que me encantó.

Esa tarde dimos una vuelta y ya empezamos a ver edificios emblemáticos, para empezar el Flatiron, con su famosa forma triangular. Uno de los edificios más altos de Nueva York cuando finalizó su construcción en el año 1902 y tercero más antiguo en forma de cuña tras uno en Toronto y otro en Atlanta.

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La NY Public Library, espectacular e IMPRESCINDIBLE, una de las más importantes del mundo con más de tres millones de libros y que fue inaugurado en 1911. Además en ella se han rodado multitud de películas como ‘El día de mañana’ o ‘los Cazafantasmas’. La entrada es gratuita y es una obra de arte, el hall todo de mármol y la Rose Main Reading Room, la sala principal, absolutamente grandiosa.

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Otro edificio que es de obligada visita es la Grand Central Terminal, considerada la estación de trenes más grande en el mundo en número de andenes: 44, con 67 vías a lo largo de la estación y por la que circulan al día unas 750.000 personas. También objetivo de numerosas películas como ‘Los intocables de Eliot Ness’, ‘Superman’, Armageddon’ y tantas otras. El Hall es espectacular, un IMPRESCINDIBLE sin lugar a dudas.

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Nos ibamos encontrando lugares con los que alucinábamos, como este salón de belleza.

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El precioso edificio Chrysler, de estilo Art Decó, y que con 319 metros de altura, fue el edificio más alto del mundo durante once meses, hasta que le superó el Empire State Building en 1931. Actualmente es el quinto más alto de la ciudad.

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Y finalmente terminamos en otro sitio IMPRESCINDIBLE y emblemático, como no, Times Square. El sitio no nos defraudó en absoluto aunque ya lo tuviéramos tan visto. Como curiosidades del lugar, deciros por ejemplo que el primer cartel luminoso se puso aquí nada menos que en 1917, que en el entorno de la plaza hay hasta 40 teatros y que una empresa puede llegar a pagar 4 millones de dólares por año sólo como alquiler del espacio para tener su cartel en Times Square (había uno de la marca española Tous por cierto). Cada día pasan por aquí unos dos millones de personas, así que no éramos los únicos…

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Estábamos muertos de hambre así que cenamos en el Bubba Gump, en el número 1501 de la calle Broadway, cadena de comida rápida típicamente americana y que no habíamos visto por España. Esa torre de la foto son aros de cebolla, aquí todo a lo grande.

Después de la cena y ya agotados, cogimos el famoso metro de New York para volver al hotel. Deciros que el subterráneo neoyorquino fue inaugurado en 1904 y es el cuarto más largo del mundo, por detrás de Shangai, Pekín y Londres. Tiene casi 500 paradas y unos 368 kilómetros de vías con 26 líneas (2015). Las estaciones al ser muy antiguas son agobiantes y la mayoría bastante deterioradas, desde luego esto no os impresionará. Otra cosa que nos chocó fue el frío glaciar que hace dentro de los vagones (como en todos los sitios cerrados en EEUU), cuando en los andenes podíamos estar en septiembre a 30 grados, dentro yo creo que no llegaríamos a 15, increíble. Luego hay trenes que pasan y no paran en algunas estaciones, ojo a esto, y también que si te equivocas de sentido y tienes que ir a la otra vía, tienes que salir fuera y pagar otro billete.

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DÍA 2. Zona CERO. Estatua de la Libertad. Puente de Brooklyn.

Al día siguiente era jueves, 11 de septiembre, ¿os suena la fecha? efectivamente era el séptimo aniversario del atentado de las Torres Gemelas (que tuvo lugar en 2001) así que pensamos acercarnos a esa zona para ver los homenajes que se iban a hacer.

Tomamos el metro hasta esa zona y primero visitamos la Trinity Church, construida en 1846 y de estilo neogótico.

Tiene un cementerio al lado que es curioso encontrártelo en medio de la ciudad.

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A continuación entramos en el célebre distrito de Wall Street, otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad y desde donde se maneja medio mundo. ¿Sabíais que un ejecutivo de Wall Street ha llegado a ganar 1400 millones de dólares en 2014?. Dice mucho de la “riqueza” que se mueve en la famosa Bolsa. No pudimos verla por dentro así que nos conformamos con hacer algunas fotos.

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Bajo la mirada de los numerosos policías que había por la zona, con estos, tonterías las justas.

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Al lado está el Federal Hall, que fue el primer capitolio de los Estados Unidos y el lugar de la investidura de George Washington en 1789, estatua del cual tenéis en la entrada.

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Después fuimos a ver la famosa estatua llamada ‘Wall Street Bull’ o ‘Charging Bull’, del autor italoamericano Arturo Di Modica, que se gastó nada menos que 360.000 dólares en hacerla y plantarla delante del edificio de la Bolsa como regalo a la ciudad. El ayuntamiento la retiró de inmediato, pero ante el clamor popular, la tuvo que volver a poner, esta vez en su sitio actual. La estatua pesa nada menos que 3.200kg, y la verdad es que impresiona.

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El homenaje a las víctimas del 11S comenzaba a las 11 de la mañana así que fuimos a la llamada zona CERO a verlo y la verdad es que fue conmovedor. Varias personas, después de un discurso, fueron diciendo los nombres de los casi 3.000 muertos que hubo en el atentado. La gente obviamente vivía todo con el máximo respeto.

Había mucha gente y muchos medios de comunicacion cubriendo el homenaje, aquí Magaly fue la siguiente entrevistada, que contestó en un inglés impecable…

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También en una iglesia cercana había un homenaje a las víctimas

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Y una exposición de fotos del momento. Esta me pareció impactante.

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También había gente que aprovechaba para protestar…

Una vez que terminó el homenaje nos acercamos a ver cómo estaban las obras de reconstrucción de la ZONA CERO. Como supongo sabréis, tras el atentado hubo multitud de litigios, disputas y juegos de poder entre políticos, residentes, y arquitectos que hicieron que no se tuviera claro qué hacer en el lugar de las Torres Gemelas siete años después. Esta es una foto que pude sacar a escondidas de los trabajos de reconstrucción.

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Luego nos dimos una vuelta por la zona

Sobre la una de la tarde fuimos a comer a un Mcdonalds que está por la zona que es famoso porque tiene un pianista tocando dentro….esto sólo puede pasar en NY.

Una vez que terminamos nos dirigimos al sur de Manhattan, a Battery Park, a coger el ferry para ir a ver una estatua algo famosa, la Estatua de la Libertad.

Cerca del puerto, también pudimos ver diversos recuerdos a las víctimas del atentado.

Aquí me permito hacer un inciso sobre un tema que genera bastantes dudas y opiniones encontradas con respecto a si coger o no el ferry que va a la estatua de la Libertad, por el que obviamente hay que pagar, o coger otro ferry que va a Staten Island y que es gratuito. Yo soy totalmente de la opinión (si tienes tiempo suficiente) de coger el ferry hasta la estatua y eso que en ese tiempo no se podía subir a la corona, cosa que desde 2009 ya se volvió a permitir subir. El ferry que va a Staten Island no pasa muy cerca de la estatua y la ves desde muy lejos. Nosotros por supuesto que cogimos el que va al monumento, y aunque pagamos como unos 18$ (intentar cogerla con antelación por internet), nos mereció la pena, no sólo por verla de cerca, sino también por las vistas que hay de Manhattan desde la isla. El tour también incluye una visita a un museo que hay en otra isla, Ellis Island, pero nosotros no nos bajamos. Por supuesto la visita es un IMPRESCINDIBLE.

Las vistas según llegas a la Estatua son increíbles.

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Desde la base de la misma

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Y como os decía, de las vistas de Manhattan.

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Esta última es desde el ferry de vuelta, tras el cual continuamos con nuestra caminata en busca de otro de los IMPRESCINDIBLES de New York, el Puente de Brooklyn.

Esta fue la ruta del día:

Ruta estatua de la libertad

Por el camino, dos imágenes típicas de New York, la policía, y las escaleras de incendios de los edificios.

A mí personalmente el Puente de Brooklyn fue de lo que más me gustó del viaje, el puente en sí y las vistas que hay desde el mismo. Fue construido entre 1870 y 1883 y, en el momento de su inauguración, era el puente colgante más grande del mundo. Mide 1825 metros de largo y el cruzarlo es toda una experiencia.

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Las vistas como digo desde allí son impresionantes, por un lado los edificios de la parte sur de la isla, por otro el puente Manhattan y al fondo el Empire State.

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Lo cruzan cada día 100 000 coches y 4 000 peatones, así que no eramos los únicos 😉

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Pero lo mejor estaba por llegar. Empeza a ponerse el sol, y no era casualidad que nos pillara ahí porque llevábamos el timing muy estudiado. Cruzamos hacia el lado de Brooklyn y buscamos un parque llamado Main Street Park, desde donde todos los foros hablaban de un atardecer grandioso, y así fue.

Nos sentamos tranquilamente a ver las vistas y ver cómo el sol iba cayendo y se iba iluminando la ciudad, yo creo que batí el récord mundial de fotos, pero no era el único, había muchísima gente para lo mismo con cámaras espectacular con trípode.

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Y una vista del puente de Manhattan antes de anochecer

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Y cuando se empezó a poner el sol pudimos apreciar el atardecer, absolutamente GRANDIOSO, para mí lo MEJOR DE TODO EL VIAJE.

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Estos dos haces luminosos que suben en la última foto, simulan donde estaban las Torres Gemelas.

En el anochecer además, y de esas cosas que sólo pueden suceder en NY, hubo un espectáculo de ballet allí mismo de una escuela de la ciudad que nos gustó mucho y que hizo del momento mucho más inolvidable.

Después de disfrutar y disfrutar intentamos cenar en un restaurante italiano archifamoso como es Grimaldi’s pizza, que apenas estaba a unas manzanas del parque, pero la cola que había y lo hambrientos que estábamos, nos echó para atrás, así que buscamos otro sitio cercano.

Volvimos hacia el hotel, no sin antes pararnos a admirar el Empire State iluminado que teníamos de camino. Caímos muertos en la cama, por cierto, qué gran invento la cama  tamaño ‘King Size’ americana…

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DÍA 3. Moma. Quinta Avenida.

Nos levantamos temprano y Magaly a lo suyo, a disfrutar del fantástico desayuno del hotel, y yo mientras tanto, a leer el periódico 😉

Ese día teníamos pensado visitar uno de los museos más importantes del mundo, el MOMA, o Museo de Arte Moderno de New York. Inaugurado en 1929 y que se ha convertido por méritos propios en el museo de arte moderno más importante del mundo.

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Aunque los museos no sean lo que más me gusta del mundo, la verdad es que entre que había muchos cuadros que conocíamos sobre todo de Picasso, la parte de Andy Wharhol que nos encanta y alguno de Van Gogh que le gusta mucho a Magaly, disfrutamos mucho de la visita.

Además coincidió que había una exposición de Salvador Dalí, así que pudimos disfrutar de cuadros al menos conocidos.

Después de un par de horas y comprar una lámina de Picasso que luego enmarcaríamos, y Magaly un bolso muy curioso hecho con papeles de caramelos, nos tomamos un café en la parte de atrás del museo, un sitio muy agradable.

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Ahora que he hablado de compras hago un inciso para hablar de una casualidad digamos económica de la que nos vimos muy beneficiados en este viaje, y fue que en la semana en la que fuimos, el cambio euro dólar era muy favorable, ya que un euro equivalía a aproximadamente 1.41 dólares, cerca del récord histórico que fue en abril y julio de ese año rozando los 1.60$. Nada que ver con la situación actual, en 2016 cuando escribo este diario, en el que la cotización roza la paridad (1.09$). Por cierto el petróleo en julio de ese año llegó a los 147$!!!, cuando ahora está en torno a los 33$, 4.5 veces menos!!!.

Ese cambio favorable hizo que el bolso que costó 90$, al cambio se convertía en unos 64$, diferencia importante.

Después de la visita del Moma, nos dirigimos a recorrer la calle más emblemática de la ciudad, la Quinta Avenida, y tengo que decir, que fue una experiencia fantástica. Cada rincón es una pasada, cada tienda, todo. Si váis, disfrutarla, recorrerla sin prisas, pararos en cada rincón, es maravillosa, sobre todo si es vuestra primera vez en Estados Unidos.

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Esta por ejemplo la tienda de la NBA

Visitamos la catedral de San Patricio, terminada en 1879, y que es la catedral católica de estilo neogótico más grande de América del Norte. Muy curiosa verla en medio de todos los rascacielos de la Quinta Avenida, por dentro estaba bien, pero quién nos va a decir a los españoles algo de catedrales teniendo Burgos, León, Toledo…

Enfrente del mismo está el edificio Trump, que visitamos por dentro y que impresiona el hall que tiene con cascada incluída. Seguimos visitando tiendas y tiendas, como Tiffany, un clásico, ¿recordáis la película ‘Desayuno con diamantes’?. A la tienda entramos, pero cuando intenté hacer una foto, un seguridad amablemente me dijo que no lo hiciera. Me sentí como Paco Martínez Soria en la gran ciudad…

Eran casi las 4 de la tarde así que buscamos un sitio para comer, y encontramos uno de la cadena Jackson Hole Burger. Y la verdad es que nos gustó mucho, Magaly todavía me recuerda los nachos tan ricos que comió allí.

Salimos a la calle y el día se había estropeado mucho, estaba lloviendo, así que tuvimos que pensar en un plan B que siempre hay que tener, y por tanto fuimos a los famosos grandes almacenes Macys, tipo Harrods de Londres, o El Corte Inglés en España. Sinceramente me esperaba más de ellos y no me pareció nada del otro mundo. Otro día visitamos Bloomingdales y eso ya es otro nivel…

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Salimos del centro comercial y dado que seguía lloviendo decidimos irnos al hotel a descansar, teniendo antes una visión diferente de nuestro amigo Empire State.

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DÍA 4. Rockefeller Center. Harlem, Bronx y Brooklyn

Este día nos levantamos con un sol radiante, y aquí está la diferencia con el día anterior.

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Este día teníamos un plato fuerte si amanecía con buen tiempo, y como era el caso, comenzaban nuestras vistas de la ciudad desde las alturas.

Nos dirigimos hacia el Rockefeller Center para subir al observatorio que hay en uno de los 19 edificios del complejo, el mirador llamado Top of The Rock. La entrada la habíamos comprado con antelación y con la entrada del Moma pagamos 30$ por los dos, es una buena opción. En cuanto a ver las vistas de NY desde lo alto yo recomiendo hacer lo que hicimos, subir al Rockefeller de día y al Empire State de noche. Primero porque si se sube al Rockefeller podrás apreciar todo Central Park que si subes al ES no lo podrás apreciar igual, y luego que desde el Rockefeller tendrás la vista del propio ES que es impresionante, pero esto obviamente va en gustos.

El observatorio de la torre está ubicado a unos 259 m, entre los pisos 67 y 70, y tienes, con un día claro, una perspectiva de la ciudad alucinante. Grandioso ver el enorme Central Park, y el Empire State al otro lado.

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Como en todos los edificios o comercios de NY y lo cual me resultó una sorpresa muy agradable fue la amabilidad y la educación de los norteamericanos, ya podían aprender otros de cómo se trata al cliente en esta ciudad.

La foto de la plaza Rockefeller, donde se coloca el famoso árbol de Navidad y la pista para patinar sorprende, pero por lo pequeña que nos pareció. Seguro que en Navidad luce de otra manera.

Luego visitamos por la zona de alrededor el Edificio Lipstick, la sede de la cadena NBC, el Radio City Music Hall, el considerado mejor teatro del país…

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Acabamos llegando de nuevo a Times Square, donde seguimos visitando tiendas, un Toys Rus que tiene una noria dentro, la macro tienda de M&M’s, la Disney Stores, etc. y en cuyo centro de la plaza nos encontramos a un curioso personaje.

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Era la hora de comer, y ya cansados de tanta hamburguesa y comida rápida, decidimos probar en una idea de restaurante que no habíamos visto antes, un sitio de ensaladas con un montón de ingredientes donde te hacían la ensalada como querías. Nos pareció una estupenda idea de negocio y nos sentó de maravilla.

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Una vez que comimos teníamos organizada la visita con Lilo para que nos mostrara los barrios de Harlem, Bronx y Brooklyn . Los dos primeros en teoría peligrosos sobre todo de noche, y cuya excursión nos apetecía más hacerla así, aunque nos costara más cara, que hacerla en plan autobús en modo rebaño…

Esta es la ruta que seguimos con Lilo:

Excursión bronx

Comenzamos en Harlem, y la primera parada fue el mítico Cotton Club, que fue un club nocturno de Nueva York fundado en 1920.

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Seguimos circulando viendo escenas curiosas como la de este chico que me pilló fotografiándolo…

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Harlem siempre ha sido un distrito que ha acogido a la mayoría de la comunidad afroamericana, y con fama de peligroso, pero en los últimos años comienza a despertar en todos los sentidos y está llenándose de buenas viviendas, en algunas ocasiones con precios parecidos a los de más al sur de Manhattan. Los contrastes son muy evidentes.

Sin salir de Harlem, y mientras Lilo nos iba explicando curiosidades o la historia del barrio, hizo una parada en la cancha de baloncesto más famosa del barrio y de NY, Holcombe, en el Rucker Park, en la que han jugado muchos jugadores de la NBA, como Kobe Bryant, Allan Iverson o Kevin Durant. A un apasionado del basket como a mí, me encantó hacer un mate en la misma canasta que todos estos, es broma 😉

También estuvimos en uno de beisbol, deporte más practicado todavía que el baloncesto.

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Luego pasamos al famoso distrito del Bronx, el único de los cinco distritos de NY (con Queens, Brooklyn, Staten Island y Manhattan) que está ya en tierra firme. En él viven casi 1.5 millones de personas (2º más poblado tras Brooklyn) y en torno a la mitad de su población está compuesta por latinos e hispanos. Es la cuna del rap y el hip hop y también está experimentado un renacer en los últimos años, dejando atrás la fama de peligrosa. Aquí podemos ver el nuevo estadio de los Yankees de beisbol.

En el Bronx hicimos una parada a tomar un café. Aquí podéis ver al gran Lilo, qué personaje!! y cuánto nos reímos con él, ese airbag cerrado con bridas 😉

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Por último acabamos en Brooklyn, que con más de 2.600.000 habitantes, es el distrito o “borough” más poblado de Nueva York y que ha sido el lugar de nacimiento de personajes como Woody Allen o Mike Tyson, pero sobre todo de mi mayor ídolo en mi adolescencia, el gran Michael Jordan.

Aquí lo que vimos más curioso y que nos chocó muchísimo fue entrar en la zona de la comunidad judía ultraortodoxa Satmar que vive en una zona del distrito llamada Williamsburg. Los Satmar pretenden desafiar el paso del tiempo con unas ropas y unas tradiciones férreas hasta la extenuación. Siguen estrictamente la ley Judía (Torah) y depositan su fuerza en el inmovilismo y odian el cambio. Lo que vimos pero sobre todo lo que nos contó Lilo de los habitantes nos dejó boquiabiertos, dado que rechazan el cambio por supuesto repudian la televisión, radio y no os digo Internet. La mujer en cuanto tiene la menstruación está preparada para casarse, y en cuanto lo hacen se deben rapar el pelo y ponerse una peluca que no se la quitarán nunca. Lilo nos contó muchas historias más de estas que no te parecen reales en el siglo XXI. Todos los transeúntes que veíamos sinceramente parecían sacados de una película, incluidos los niños con esos tirabuzones y el sombrero. Digno de ver, sobre todo si no has estado en Israel.

Nuestra excursión de unas 4 horas terminó bajo el puente de Manhattan. Allí nos despedimos de Lilo, pero sólo hasta el día de nuestra vuelta a España.

Ahí dio la casualidad de que vimos lo que parecía una boda, pero nos dijo Lilo, que es dominicano, que es la fiesta de los 16 años de la chica, una fecha que se celebra por todo lo alto, buff, pues como será la boda si algún día se casa.

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Una vez que nos despedimos, cogimos el metro para dirigimos a otras zonas famosas de Manhattan como son Chinatown y Little Italy. Del primero deciros que fue lo que menos me gustó de New York, y que no vimos nada interesante salvo tiendas y tiendas, muchas muy cutres y gente ofreciéndote constantemente copias de bolsos, ropa, etc.,. En una tienda me compré unas zapatillas Puma como a 40€ al cambio cuando en España podrían rondar los 80.

Luego pasamos al barrio de Little Italy, llamado así por haber estado poblada en sus orígenes por gran cantidad de inmigrantes italianos (italoamericanos) pero que se está viendo engullido por los barrios colindantes, sobre todo por Chinatown, como no. Recorrimos la calle más importante, la Mulberry Street. En esta animada vía, casi la única que actualmente conforma el barrio, se encuentran en teoría los mejores restaurantes italianos y cafeterías. Cenamos en uno, y la verdad es que no fue nada del otro mundo, caro, y el servicio el peor de nuestra estancia…

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DÍA 5. Misa Gospel. Central Park. Empire State.

Este día, que era 14 de septiembre, domingo, lo habíamos dejado para asistir a otra de las recomendaciones de NY, que era vivir lo que se siente en una misa Gospel. En la red recomendaban muchas pero sobre todo una, así que yo decidí desde el principio no ir a esa, y buscar una que tuviera menos turistas, así que elegí la Antioch Baptist Church en el barrio de Harlem. Llegamos y fuimos entrando, y lo que ya pude ver es que había más turistas de lo que me esperaba, nos sentaron en las últimas filas ahí todos juntos y comenzaron la misa. No cobraban entrada, sólo la voluntad. La misa me gustó, todos cantando y disfrutando de la fiesta, no tiene nada que ver con las católicas a las que estamos acostumbrados. Estuvimos un rato pero dado que esas misas pueden durar más de dos horas, a la media hora más o menos nos fuimos. Sinceramente y lamento decirlo que no me pareció un imprescindible, creo que la atmósfera no era la idónea con la presencia de los turistas que a veces me sentí como en un parque temático. Si lo hacéis, un consejo, intentar buscar la más escondida posible y que así la podréis vivir de una manera más “natural”. Por supuesto, no nos dejaron hacer fotos.

Después de la ceremonia, nos acercamos en metro hacia otro sitio que teníamos muchísimas ganas de ver, Central Park. Antes de entrar fuimos a ver el hall del Museo de Arte Natural, no entramos dentro del museo porque podíamos echar allí un día entero y preferíamos ver otras cosas (tiene más de 35 millones de objetos!!!) pero no nos perdimos los esqueletos de dinosaurios de la entrada y recordamos escenas de la saga de películas como ‘una noche en el museo’ de Ben Stiller.

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Después seguimos paseando, vimos el edificio Dakota, famoso porque en sus puertas fue asesinado John Lennon en 1980. Pasamos al lado del Lincoln Center, y finalmente y dado que era ya casi la hora de comer decidimos probar uno de los considerados mejores hot dog de New York, en el Gray’s Papaya, que estaba muy cerca de esa zona. Después de esperar un rato y de atendernos de bastante mala manera, cogimos el perrito y nos fuimos al Central Park a comernóslo. La verdad, esto de los mitos, sinceramente no recuerdo que fuera un perrito espectacular, nada que ver con por ejemplo el que nos comimos en Toronto unos días después.

Bueno, y hablemos de Central Park, decir para empezar que hacía un calor horroroso, con lo mal que llevo yo el calor, y además húmedo, yo estaba que me moría, pero no evitó que no disfrutara de un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas de la ciudad. Una recomendación cuando vayáis, intentar tener claro donde váis y yo buscaría en todo momento las explanadas que hay, porque el parque es enoooorme. Es rectangular y unas dimensiones aproximadas de 4000 x 800m. En él encontraréis praderas, lagos artificiales, cascadas y zonas que parecen un auténtico bosque. Como aparece en tantos reportajes, películas, etc, está lleno de gente haciendo deporte, tomando el sol, etc, un sitio fantástico.

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Era muy curioso ver el contraste entre lo verde del parque y todos los edificios rodeándolo.

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Como me encanta el baloncesto, me acerqué a una de las canchas que había, y madre mía, que mates, cómo jugaban, les iba a decir de echar una pachanga, pero hacía mucho calor 😉

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Salimos del parque ya cuando empezaba a caer el sol y nos dirigimos de nuevo al centro para ver lo que nos habíamos dejado de la Quinta Avenida. Deciros que el centro es para dar vueltas durante días y no verás todo lo que hay, qué cantidad de sitios interesantes (no pongo todas las fotos por no saturar ;).

Un detalle que no olvidaré, y que dice mucho de lo sorprendentemente barato que encontramos todo, fue que nos tomamos un café en un Starbucks en plena Quinta Avenida y pagamos al cambio unos 2€ por cada uno, eso en Madrid no lo pagas ni en uno del extraradio… imaginaos en los Campos Elíseos de París.

Entramos en una tienda enorme de ropa deportiva NIKE (que me encanta desde pequeño) que era la más grande del mundo en ese momento, y ahí no pude reprimirme comprarme unas zapatillas. Eran como casi las estrella de la tienda, y valía unos 100$, 67€ al cambio, baratas, no?

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Finalmente cenamos en el Planet Hollywood de Central Park, el sitio muy chulo, no faltaba detalle, con un montón de accesorios, trajes y artilugios de películas famosas y un sitio muy agradable. Cenamos lo típico de una hamburguesería y recuerdo que no fue para nada caro, además los camareros super amables. Siempre te ofrecen llevarte la comida que dejas en el plato.

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Fue una cena divertida como culminación a un día estupendo, y de ahí nos fuimos al hotel ya que al día siguiente nos esperaba un largo día de viaje…

DÍA 6. Cataratas de Niágara

Tras cinco días en New York y como ya dije que queríamos complementar el viaje con alguna otra visita, habíamos contratado desde España también con El Corte Inglés una excursión guiada en autobús hasta las cataratas del Niágara, dormir allí, al día siguiente ir a Toronto, dormir de nuevo en Niágara y regresar. Había la opción de ir en avión pero preferimos ir en autobús para también poder ver algo del interior del país.

Salimos temprano en un autobús en el que por cierto había más parejas de españoles y fue llevar poco tiempo para comprobar que la guía mexicana era una auténtica impresentable, no me quiero alargar mucho en mis calificaciones por no pasarme. Sólo diré que estaba poco preocupada en explicar cosas por el camino que debía ser su función y más en que comiéramos en los restaurantes o compráramos mucho en las tiendas donde ella se podía llevar una buena comisión. Era un claro ejemplo de lo que NO debe ser una guía y me quejé enérgicamente a la agencia. Al final de la excursión como no, pidió propina y le dejé un dólar, para medio café :).

El camino a pesar de que era largo (tardamos hasta Niágara como unas 8-9 horas), se hizo bastante ameno porque íbamos viendo diferentes paisajes y alguna que otra explicación que nos “regalaba” la guía, como por ejemplo el pueblo natal del gran Frank Sinatra, Hoboken, muy cercano a NY. Paramos a comer en un restaurante de carretera, un buffet horrible y que gracias a la comisión de la guía pagamos más que lo que pagaría un cliente normal, lamentable.

Ruta Niágara

Sobre las 17h llegamos a las cataratas y ya empezamos a pasar del tema de la guía y a disfrutar del viaje. El verlas por primera vez nos dejó boquiabiertos.

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El tema de las cascadas es un tema que me apasiona, por tanto os daré un poco de información, sólo un poco. Las cataratas del Niágara son un grupo de cascadas situadas en el río Niágara en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Su caída no es muy importante, unos 52 metros, pero su caudal medio, que es de unos 2.000 m³/s, hacen que se encuentre en el TOP 3 MUNDIAL (por ejemplo las de Iguazú están en unos 1.800 y las cataratas Victoria unos 1.000). Tiene una anchura también considerable, unos 1.100 metros y su agua proviene de los cinco grandes lagos norteamericanos. En invierno se llegan a congelar totalmente lo que según nos dijo una empleada de una tienda es una imagen increíble.

Es verdad que cuando llegas a las cataratas y algo que choca mucho es lo explotada turísticamente que está, ojo y todo desde el lado canadiense. Como véis en las fotos hay unos cuantos hoteles y restaurantes en ese lado que desluce un poco el paisaje que si estuviera virgen, sería fantástico.

Lo primero que hicimos tras ver el salto desde el lado estadounidense, fue prepararnos para lo que es la principal atracción, montar en un pequeño barco para verla desde cerca, experiencia que fue una auténtica pasada. Era la primera vez que veíamos una cascada tan grande, y además tan cerca, nos empapamos y nos pareció muy divertido. Un auténtico IMPRESCINDIBLE.

Después de visitarlas, fuimos al hotel, que fue el Holiday Inn Niagara Falls, bastante normalito por cierto, no lo recomiendo. Tras ducharnos y cambiarnos fuimos a verlas en pleno atardecer e iluminadas.

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Cuando ya se puso el sol, fuimos a cenar, siempre del lado de EEUU, al Hard Rock Café Niagara Falls USA. Decir que esa zona estaba bastante muerta, muy diferente a lo que veríamos al día siguiente en el lado canadiense.

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DÍA 7. Toronto

Este día nos levantamos pronto para ir a otro destino importante de nuestro viaje, y al que tardamos unas 2 horas en llegar. Toronto es la ciudad más grande de Canadá, considerada como la New York canadiense con una población de unos 2.600.000 habitantes (que se duplica con su área metropolitana), y la quinta más grande de Norteamérica, además de ser el centro financiero del país, y uno de los más importantes del mundo.

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El edificio más famoso y visitado de la ciudad es por supuesto la Torre CN, a la que subimos y desde la que se pueden ver unas vistas espectaculares de la ciudad.

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Esta impresionante torre, con 553 metros de altura, la convierten en la TERCERA más alta del mundo y primera del continente americano. Se construyó en 1976 y cada año la visitan más de 2 millones de personas. Ha sido el lugar más alto al que he subido nunca ya que el observatorio se encuentra a 447m.

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Desde ahí arriba pudimos apreciar toda la extensión de la ciudad (Torontontero ;)) y el impresionante tamaño del lago Ontario. También pudimos ver cerca el estadio de baloncesto del equipo de la NBA de los Torontos Raptors, donde por aquel entonces jugaba el jugador español José Manuel Calderón.

Al bajar, tuvimos un par de horas de tiempo libre por la zona financiera, sin duda de lo más interesante de la ciudad, lleno de rascacielos y zonas comerciales. Aquí estoy con una camiseta de hockey sobre hielo, sin duda el deporte nacional.

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Era mediodía, y nos dió por comer un perrito caliente en un puesto callejero, y estuvo espectacular, mil veces mejor que el de New York. Aquí vemos a Magaly disfrutándolo, y justo detrás el Toronto City Hall, los edificios donde se ubica la sede del ayuntamiento de Toronto y de los más emblemáticos de la ciudad. Todavía me recuerda mi mujer el famoso perrito de vez en cuanto, más que la torre CN…

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A continuación fuimos a visitar la Universidad de Toronto, otra interesante punto de interés de la ciudad. Es la más grande Canadá y fue fundada en 1827. Tiene 75 programas de doctorado, y 14 facultades profesionales. Aparece en el puesto 20 del ranking de las mejores universidades del mundo (2014-2015), por detrás de las estadounidenses, Oxford y Cambridge.

Cuando dejamos la ciudad, nos dió la impresión de ser una ciudad muy cosmopolita, muy cara y donde se debía vivir muy bien, y efectivamente las tres cosas se pueden refrendar con hechos. Toronto es la mayor ciudad del mundo en porcentaje de residentes no nacidos en el propio país, sobre un 49% de los habitantes de la ciudad no ha nacido en Canadá. Debido al bajo índice de criminalidad, el cuidado medio ambiente y el alto nivel de vida, Toronto, ha sido considerada varios años la mejor ciudad para vivir del mundo, aunque poder llegar a -15º en invierno, no parece muy agradable.

Sobre las 18h ya cogimos el autobús de vuelta a Niágara, y antes de llegar a las cataratas de nuevo, tuvimos una agradable sorpresa. Paramos en una especie de teleférico, que no entendíamos muy bien por qué pero cuando vimos la placa nos llevamos una grata sorpresa. Es el llamado “Spanish Aerocar”, y hablando un poco de su historia decir que fue concebido por J. Enoc Thompson, y construido en 1913 por la compañía española The Niagara Spanish Aerocar Co. Limited, de acuerdo con el diseño del ingeniero e inventor cántabro Leonardo Torres y Quevedo. El artilugio abrió sus puertas en agosto de 1916, y desde entonces ha sido reformado en 1961, 1967 y 1984. En la actualidad continúa en funcionamiento como atracción turística y por lo visto por muchos años porque según decían funciona perfectamente.

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En la placa pone la historia del teleférico, que se entiende bastante bien.

Después de esta agradable parada, el autobús nos iba a dejar en las cataratas, pero en el lado canadiense, y que por supuesto tenían una mejor panorámica de las mismas, de ahí que también aquí hubieran más edificaciones. Las vistas eran absolutamente espectaculares.

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Después de disfrutar del paisaje, nos dejaron en esa zona donde hay una especie de mini parque de atracciones, un “querer y no poder” diría yo y que lógicamente era para aprovechar el “tirón” del turismo. Nos dimos una vuelta con una pareja de chicas madrileñas que habían ido a la excursión super majas y con las que hicimos una muy buena amistad. Recorrimos el parque y compramos unos cuantos souvenirs. Era martes, con lo que no había mucha gente así que pudimos estar muy tranquilos viéndolo todo.

Finalmente cenamos en un Planet Hollywood donde nos echamos una risas recordando sobre todo la gran guía que nos tocó en suerte 😉

Después de cenar, ya no había mucho más que hacer, así que tuvimos una pequeña aventura para volver al hotel de la parte estadounidense. Pensábamos que con cruzar el puente que hay entre los dos países llegaríamos sin problemas, pero no, porque el problema era que estaba cerrado a esa hora, así que la única forma de pasar al otro lado era en taxi!!!, imaginaos nuestra cara cuando fuimos a coger uno y el simpático nos pedía 30$ por pasar el puente!!, buen negocio sí señor, así que no nos quedó más remedio que hacerlo. El taxista, más serio que Eugenio, le preguntamos de dónde era, y nos dijo que era de origen serbio. Bueno pues cuando fuimos a cruzar la frontera, a las dos chicas y a Magaly que iban en el asiento de atrás les dio un ataque de risa, y eso parece que no le hizo ninguna gracia a la policía de frontera de EEUU, así que nos dijo que paráramos el coche y les acompañáramos todos a la oficina. Aquí ya se nos cambió la cara y se acabaron las risas, con esta gente como siempre digo, tonterías las justas. Nos llevaron a una sala y nos pidieron los pasaportes, 4 españoles con un taxista serbio, buen acompañante. Estuvimos ahí un rato y cuando yo ya tenía en mi cabeza el sonido del guante de látex ;), nos dijeron que todo estaba bien y nos podíamos marchar, glub!, pensamos, menos mal.

Con el sustillo en el cuerpo nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba un largo viaje de regreso.

DÍA 7. Empire State

Este día comenzó pronto para coger el autobús y hacer el viaje de vuelta hasta NY. Al menos en el viaje, en un determinado momento la guía tuvo la feliz idea (porque estaría en el guión lógicamente) de sacarnos de la autovía principal, y así pudimos ver cómo era un pueblo del interior americano, y decir que nos gustó mucho porque era revivir lo que tantas veces habíamos visto en películas y series, casas de madera, con su porche delante. Nos gustó mucho la visita, lástima que no paráramos, pero es lo que no me gusta de las visitas organizadas,  que tú no decides qué hacer…

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Sobre las 18 horas llegamos a Manhattan y cogimos un taxi hasta el hotel, cuyos conductores por cierto eran de diversas nacionalidades excepto estadounidenses y tenían una extraña manía que es ir pitando constantemente, cosa que hacía que las calles fueran molestamente ruidosas. Dejamos la media maleta que habíamos hecho y fuimos a disfrutar todavía de un gran plato fuerte, y que esperábamos con muchas ganas. Subir al Empire State para ver la vista de noche. Sólo un par de datos,  fue el edificio más alto del mundo durante más de cuarenta años, desde su finalización en 1931 hasta 1972, año en que se completó la construcción de la torre norte del World Trade Center. Tiene una altura de 443m, aunque la altura a la que subimos a la azotea era de 381m así que seguíamos con nuestro récord particular de la torre CN de Toronto (447m.).

Lógicamente no éramos los únicos que pensábamos subir a la torre, así que aquí sí que acertamos de pleno con lo que habíamos hecho, ya que habíamos comprado con antelación un tipo de ticket llamada express, en el que no esperas cola, así que fue curioso como nos llevaron en plan VIP hasta los ascensores de subida.

La azotea como no, estaba llena de gente, y era increíble la cantidad de españoles que vimos porque sólo se oían gritos en castellano, tan silenciosos como siempre. Ahí nos tiramos un buen rato disfrutando de las vistas, que eran increíbles, y que fue un acierto subir para verlas de noche.

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La parte más iluminada que se ve en esta foto, es Times Square.

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Después de disfrutar de las vistas y pasar un rato estupendo dando vueltas a la azotea, ya bajamos y fuimos a cenar de nuevo a un restaurante de la cadena Jackson Hole, para luego volver al hotel a descansar.

DÍA 8

Este día era 18 de septiembre y lamentablemente ya era nuestro último día, pero dado que teníamos el vuelo por la tarde, decidimos tomarnos la mañana para pasear por la zona del Soho

En esa zona pudimos ver una imagen vista en tantos lugares del mundo, las zapatillas colgadas de los cables de la luz. Del significado hay teorías y motivos varios, que si para marcar territorio las pandillas callejeras, que si un lugar donde se vende droga, que si recuerdo donde ha muerto nadie, quizás cada una tenga su parte de razón.

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Como le dijimos a Agatha Ruiz de la Prada, fuimos a su tienda cerca del Soho, lo prometido es deuda, al menos compramos algo, una crema de labios, jeje, todo muy baratito como podéis imaginar.

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Recorrimos todo el Soho, estuvimos en la famosa tienda Bloomingdale’s donde Magaly compró un pañuelo para el cuello, en otra tienda me compré un clásico, unos Levi’s, por los que pagué unos 30$, al cambio 20€, literalmente. Por algo en esos años los españoles iban con maletas vacías para volver con ellas llenas…

Al mediodía estábamos muertos, cosa que también buscábamos para poder dormir en el viaje de vuelta a España. Comimos y volvimos al hotel, donde nos fue a buscar de nuevo el gran Lilo para llevarnos al hotel, que nos sorprendió con un regalo que nos hizo mucha ilusión, nos entregó un CD de música neoyorquina con una foto nuestra de carátula. Fue un detalle que apreciamos mucho y que le agradecimos.

Decir que el viaje de vuelta desde luego no fue como esperábamos, no pudimos coger pasillo de emergencia y fuimos en medio de la fila de cuatro asientos, así que yo se puede decir que no dormí nada, a pesar de que estaba muerto.

Fue el final de un viaje memorable en una ciudad memorable, un IMPRESCINDIBLE para mí de los de verdad. Está claro que hay gustos para todo pero a mí, y hasta la fecha, no ha habido una ciudad que me haya, se puede decir, entusiasmado como NEW YORK. Algún día volveremos seguro, y ya con los niños.

Bueno, ahora es el momento de escucharte a ti ya que has llegado hasta el final del diario ;), qué te ha parecido? vamos, no seas tímid@!!

 

 

 

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4 comentarios en “NEW YORK – NIÁGARA – TORONTO”

  1. Ni que decir tiene que New York es impresionante…..yo que he estado me he dejado seguro muchas cosas en el tinterooo!! 😳, tendré que repetir!! Jeje 😆. Me voy a dormir….pero seguiré leyendo el resto de viajes de tu blog! Me encanta Luisiño!! 😜

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