SAN JUAN DE GAZTELUGATXE (VIZCAYA)

Si había un sitio últimamente en el norte de España que tenía ganas de visitar ese era San Juan de Gaztelugatxe.

Ya recibe muchos visitantes, si no me equivoco es el segundo lugar más visitado de Vizcaya después del museo Guggenheim de Bilbao, pero todavía hay mucha gente que ni ha oído hablar de él, cosa que me parece increíble. Estoy seguro que si en lugar de donde está, estuviera en Escocia por ejemplo, aparecería en todas las guías como un sitio imprescindible, pero es que además está ahí, al lado, con lo que ¿a qué esperáis para ir y disfrutar de él?

Está muy cerca de Bilbao, apenas a 35 kilómetros, con lo que en unos 30-40 minutos estaréis allí si váis desde la capital vizcaíana. Podéis entrar o bien por Bermeo, el municipio grande más cercano, o bien tomar la ruta más corta, pasando por el bonito pueblo de Bakio.

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Este pueblo de Bakio por cierto merece una visita y es un buen lugar para hacer una parada antes o después de ir a San Juan aunque eso sí, fuera de lo que es el verano, tiene muy poco ambiente.

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Si por el contrario váis desde San Sebastián, está bastante más lejos, la ruta más rápida es también casi llegando a Bilbao, como a unos 120 kms y pagando peaje, pero si seguís la costa iréis recorriendo pueblos y lugares tan fantásticos como Zarauz, Guetaria, Zumaia o Elanchove. Es un punto final ideal para culminar un gran día, contando con que la ruta os llevará bastante más tiempo.

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He de decir que lo esperaba más aislado, pero muy cerca tiene un hotel y dos restaurantes, uno de los cuales es el famoso Eneperi, donde se celebran bodas ilustres (no voy a decir de quién…). Este lugar es espectacular, con unas vistas fantásticas desde el mismo.

Hay una carretera que llega justo hasta abajo del todo, donde comienza la subida hacia la ermita pero es de acceso restringido, así que tendréis que dejar los coches cerca de la carretera principal, justo donde los restaurantes, y bajar andando aproximadamente un kilómetro, un paseo de lo más agradable.

Como primer dato histórico del lugar, decir que la ermita que vemos hoy en día desgraciadamente no es la original. A lo largo de los siglos, ha sufrido incendios y batallas, teniendo que ser reconstruida en múltiples ocasiones. Se cree que la primera ermita fue erigida en el siglo IX. En el siglo XII, se convirtió en un convento, sin embargo, dos siglos más tarde los frailes abandonaron el lugar llevándose todos los objetos de valor consigo.

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Según vayáis bajando os iréis dando cuenta de lo que os tocará subir a la vuelta, y yo os recomiendo tomarla con calma y hacer paradas para ir disfrutando de las vistas. Al poco de empezar a descender, hay un pequeño mirador, estupendo para hacer las mejores fotos y disfrutar de las vistas tranquilamente.

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Volviendo un poco hacia atrás desde ese mirador, continua el descenso hacia la ermita, por un camino lleno de vegetación, que en otoño, que es cuando fuí yo, es muy agradable.

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Y enseguida se llega al último tramo de carretera, donde se sigue disfrutando de la perspectiva de la isla y la ermita, cada vez más cercana…

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Y también de la parte este, donde se puede ver el peñón de Aketxe y el cabo Matxitxako al fondo.

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Una vez que se llega abajo, yo calculo que tardé como 20 minutos a buen paso, hay un gran descubrimiento, grandioso diría yo, que hace más especial todavía la visita, ya que además de la vista del camino que sube a la ermita y que es increíble…

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La vista hacia el oeste es fantástica, y más al atardecer como pude ir yo, y que desde luego os animo a hacer lo mismo, alrededor de la caída del sol.

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Después de un rato embobado de mirar a un lado y al otro, nos encaminamos a hacer la subida a la iglesia, un estrecho camino que parte de tierra firme y cruza sobre las rocas por un puente de piedra y que permite llegar hasta la zona superior del islote después de ascender 241 escalones, ni uno más ni uno menos.

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Yo he de decir que esta parte apenas me costó, alucinando con las vistas, parando a hacer fotos, así que cuando menos lo pensé, ya estaba arriba. El esfuerzo desde luego que merece la pena, pero mucho.

Durante todo el camino de ascensión a la ermita nos encontraremos con las diferentes estaciones del Viacrucis, cuyas cruces lucen mucho más con tan increíble paisaje.

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Una vez arriba no olvidéis tocar la campana de la ermita tres veces y pedir un deseo. Antiguamente lo hacían para pedir fertilidad y ahuyentar malos espíritus. A su nombre se le pueden dar dos significados: Gaztelu-aitz (peña del castillo) y Gaztelu-gache (castillo áspero o difícil).

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Decir que San Juan de Gaztelugatxe también desempeñó un papel, aunque no fuera principal, durante la Inquisición española. Las brujas y sus reuniones nocturnas conocidas como “akelarres” en euskera, siempre han formado parte de la mitología vasca. Rumores afirman que muchos de los acusados de brujería eran encerrados en las cuevas de la isla.

Junto a la ermita, hay una pequeña zona protegida del viento con mesas y sillas donde se puede parar a descansar.

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El sitio es mágico, cuesta pensar que la iglesia continuó deteriorándose con los años hasta que fue finalmente demolida en 1886 para más adelante ser reconstruida. El islote ha sido escenario casi de todo en el pasado, batallas entre el rey de Castilla y el señor de Bizkaia, ataques corsarios –entre ellos el de Sir Francis Drake–, saqueos franceses, asaltos de las tropas británicas y combates durante la guerra civil española. Paraos un momento a pensar en todo ello, rodeado de estas vistas… es lo que yo llamo, el clímax del viajero 😉

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Una vez que hemos disfrutado del lugar, de contemplar como se esconde el sol, y antes de que se haga noche cerrada, comienzo la bajada, no sin antes fijarme en el faro del Cabo Matxitxako, que nos alumbra en su recorrido circular.

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Os recomiendo que tratéis de visitarlo en otoño o primavera, ya que en verano desde luego la tranquilidad brillará por su ausencia, pero bueno, si tiene que ser en verano, que lo sea, pero sobre todo, NO OS LO PERDÁIS!!

Y para rematar el lugar, y para amantes de los escenarios de cine, decir que me entero por un lugareño en una gasolinera de la zona, que un mes antes de mi visita, había estado grabando durante tres días unas cuantas escenas de la séptima temporada la archiconocida serie ‘Juego de Tronos’, y no me extraña, ¿¿cómo dejar pasar una localización como esta??

Bueno, y eso es todo, ahora sólo animaros a que lo visitéis y que disfrutéis de un breve pero intensísimo paseo, y… ya me contaréis.

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