GRECIA (ATENAS-MYKONOS-SANTORINI)

El viaje a esta parte del Mediterráneo surgió gracias a la combinación de diferentes intereses en ese momento que por cierto me encanta que es, la búsqueda del próximo destino. A mí me apetecía conocer un país en el que no hubiera estado y que pudiera tener algo de historia, y qué mejor lugar que una ciudad como Atenas. Luego también buscaba un lugar de sol y playa que le encanta a mi querida esposa, y por último que fuera además un destino adecuado para viajar con nuestra niña de 4 años, su segundo viaje al extranjero tras Praga, y GRECIA creo que reunía todos esos requisitos, combinando la capital con dos de sus destinos más atractivos, las islas de Mykonos y Santorini, las más conocidas de las llamadas islas Cícladas.

Grecia no es un país muy frecuentado por españoles, sobre todo porque no es un destino al que lleguen compañías de bajo coste, con lo que el billete de avión no suele ser muy barato, difícil de encontrar por debajo de los 150€. El medio principal por el que llegan allí habitantes de nuestro país es a través de los cruceros por el Mediterráneo.

El turismo ha sido siempre un elemento clave de la actividad económica en el país heleno, convirtiéndose en un destino importante y atractivo en Europa desde la antigüedad, por su rica cultura y su historia, lo que se refleja en gran parte por sus 18 monumentos declarados patrimonio de la humanidad, así como por su larga costa, y sus numerosas islas, más de 1400, de las cuales habitadas hay unas 220.

Grecia recibió un total de 24,8 millones de turistas en 2016 (la tercera parte que por ejemplo los que visitaron España) con incrementos de entre un 5 y un 8% en los últimos 3 años, beneficiada por los problemas de seguridad en países cercanos como Egipto o Turquía. Esto convirtió a Grecia en 2016 en el octavo país más visitado de Europa y el 15º del mundo, aportando el 18% del PIB a la nación. En 2018 aspiran al top 5 intentando desbancar de ese puesto nada menos que a Alemania.

Además de los lugares en los que íbamos a estar, no os perdáis otras islas como Creta, y en la parte continental sin duda Meteora con sus monasterios suspendidos en el cielo (a unos 350 kms de Atenas). También en el continente podéis visitar Delfos, Olimpia o a apenas 70 km de la capital helena ver el atardecer en el cabo Sunión, con el templo de Poseidón al borde del acantilado.

Grecia es un país de unos 10,8 millones (2016), población parecida a la de Bélgica, República Checa o Portugal. Se estima que el 98 % de los griegos se identifican como cristianos ortodoxos, confesión religiosa por la que yo sentía mucha curiosidad.

Para un amante de la historia como yo, como no podía apreciar este país, cuna de la civilización occidental. Para nosotros es el lugar de nacimiento de la democracia, la filosofía occidental, los Juegos Olímpicos, la literatura y el estudio de la historia, la política y los más importantes principios de las matemáticas y la ciencia. Además cuenta con el atractivo de la mitología griega.

Aquí os pongo por separado las partes de este viaje por si queréis ir directamente a alguno de los destinos.

ATENAS–> 2 NOCHES

MYKONOS–> 4 NOCHES

SANTORINI–> 3 NOCHES

Un 19 de mayo de 2017 cogíamos un vuelo hacia Atenas con la primera aerolínea en importancia del país, Aegean Airlines. Atenas nos esperaba, qué ganas!!!

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Los vuelos de Madrid a Atenas y la vuelta desde Santorini-Atenas y Atenas-Madrid, nos costaron 448€ los tres, facturando dos maletas, un buen precio sin duda.

Mucho había oído y me habían contado de lo decadente que parecía la ciudad ateniense, y como suele pasar cuando se va con unas expectativas tan bajas a un destino, que luego muchas te sorprende para bien, y este fue mi caso.

En unas 3 horas se recorren los 2400 kms que separan las dos ciudades, y en un viaje bastante agradable, con una buena atención y con espacio suficiente en los asientos llegamos por fin al país heleno. Una vez allí, hay tres opciones principales para ir a la ciudad: el metro, la opción más económica, el autobús, que por seis euros te deja en pleno centro o el taxi, la opción más rápida, cómoda pero también obviamente la más cara. Finalmente decidimos coger esta última, fuimos a la parada, y vimos que había una tarifa fija de 38€ hasta el centro, lo cual se agradece, detesto tener que empezar ya a negociar precios con los taxistas o correr el riesgo de no coger la ruta más rápida y ser engañados. Dimos con un taxista muy simpático que en un inglés más que aceptable nos hizo la ruta hasta el hotel muy amena. Por cierto, el aeropuerto no está cerca de la ciudad (unos 40 km), y entre eso y el tráfico ateniense, tardamos como unos 50 minutos en llegar.

Tuve claro desde el principio que para esta ocasión buscaría un hotel sobre todo céntrico, para que fuera más cómodo para la niña, y también para nosotros. Finalmente elegí el Plaka hotel (www.plakahotel.gr), que resultó una muy buena elección. El precio de la habitación no fue barato (unos 130€ con desayuno), pero sin duda pagábamos el estar a 5 minutos de la Plaza Síntagma. La llegada y acogida fue estupenda, el hotel desde luego no es nuevo ni grande, típico de los hoteles céntricos, pero poco a poco nos fue gustando un poco más cada día. Subimos a la habitación en la planta 6, era pequeñita pero lo que más destacaba de la misma era la gran cama de 2 x 1,5m que teníamos para los tres y las vistas desde la ventana del Partenón. Nos instalamos y ya sobre las 6 de la tarde nos preparamos para salir, no sin antes subir a la azotea, otro de los principales atractivos del hotel, y del que se tienen unas vistas magníficas.

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Salimos a la calle y ya comenzamos a ver el ambiente, el ritmo de vida, los precios de las tiendas, los restaurantes. Yo como fan de las cifras y la economía, sentía mucha curiosidad también por saber cómo estaría el país tras todo el período convulso que ha vivido desde el punto de vista económico desde 2008, que le llevó a la reducción de su PIB en el período 2008-2013 en un 25%!!.

Este turbulento período comienza cuando a principios de 2010, se descubre que el gobierno griego había cometido irregularidades en el cálculo del déficit público para cumplir con el límite impuesto por la Unión Europea, y se descubre que realmente es de nada menos un 13,6 % del PIB!!!. Como consecuencia, comenzó lógicamente una crisis de confianza internacional sobre la capacidad de Grecia para pagar su deuda pública. Para prevenir dicha situación, en mayo de 2010 otros países de la eurozona, junto al FMI, acordaron un paquete de rescate, esa palabra “maldita”. Para asegurar estos fondos, Grecia tuvo que adoptar una serie de medidas de austeridad extremas para mantener su déficit bajo control. En 2011 se vió que el rescate financiero sería insuficiente, por lo que se aprobó un segundo paquete para 2012, sujeto a condiciones estrictas, incluyendo reformas financieras y más medidas de austeridad, otro golpe mortal para la población. Hubo incluso un tercer rescate en 2015 y hasta se rumorea que pueda haber un cuarto. Todo esto ha “lastrado” el país como es lógico haciendo por ejemplo que el PIB global en 2016 se sitúe en valores de 2003, lo cual indica más de una década perdida.

Esa tarde la tomamos de relax y sin más pretensiones que dar una vuelta. Estuvimos por la animada calle Ermou, que se asemeja en Madrid a la calle Preciados o a la de Santa Clara en Zamora, jeje.

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En el medio de la misma hay una iglesia bizantina de planta cruciforme muy interesante llamada Kapnikarea, que está dedicada a la Presentación de la Virgen María. Terminada en el siglo XIII, la iglesia abovedada casi fue demolida en nombre del progreso. Actualmente, pertenece a la Universidad de Atenas. Fue una pena que estuviera cerrada y no pudiéramos entrar.

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Ese día por no investigar y sobre todo por la niña acabamos cenando en el McDonalds de la plaza Síntagma y volvimos pronto al hotel, al día siguiente había que madrugar, no sin antes pasar por una plaza donde está la magnífica Catedral de la Anunciación de Santa María, templo ortodoxo, terminado en 1862 y que sufrió en terremoto en 1999.

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Esta es la tranquila ruta que habíamos esa tarde-noche.

Ruta día 1 Atenas

Día 2. Acrópolis y barrio Monastiraki

Para este primer día completo en la capital helena, habíamos decidido desde España por supuesto visitar la Acrópolis pero hacerlo con una visita guiada ya que es fundamental hacerlo por toda la historia que tiene y creo que si no lo haces así, la visita no es lo mismo porque no dejan de ser monumentos que o conoces bien la historia de los mismos, o la visita puede ser algo decepcionante. La visita la contratamos y pagamos desde España con la agencia “Greciavacaciones”, aquí está el detalle de la visita (www.greciavacaciones.com/visita_Atenas) y tengo que decir que fue un gran acierto porque tanto la atención previa a la visita desde España como la visita en sí en Atenas fueron excelentes, la guía estupenda. Pagamos 70€ cada uno de nosotros y la niña gratis (en otras agencias nos hacían pagar la mitad por ella), pero está incluida la entrada a la Acrópolis (20€) y el Museo de la Acrópolis (5€). La visita era en español que busqué a propósito y comenzaba a las 8 de la mañana, así que a las 7 ya estábamos despiertos después de pasar una no muy buena noche durmiendo los tres en la cama y con la visita de unos indeseables mosquitos que marcaron la cara de nuestra hija. Nos arreglamos y bajamos al comedor, donde nos esperaba un buen desayuno, con bastante variedad y donde tuve mi primer contacto con el magnífico yogur griego, nada que ver con el que dan en España, este es muy espeso, riquísimo.

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Casi todas estas visitas tienen el mismo itinerario, te dan la opción de recogerte en unos cuantos hoteles y si no en otros lugares céntricos. Nuestro punto de recogida fue el hotel Electra Ermou, cerca de la plaza Síntagma, como decía a las 8 de la mañana. Llegamos y no había ni un español más en el grupo, todos eran sudamericanos, sobre todo argentinos, nos montaron en un minibús y comenzamos.

Lo primero que vimos fue el Arco de Adriano, impresionante con sus 18 metros de altura en honor al emperador romano, junto al que se encuentra el Templo de Zeus, aunque comenzado en el siglo VI a. C., no fue terminado hasta el reinado del emperador Adriano, en el siglo II. La verdad es que no queda mucho de él así que si no tenéis mucho tiempo yo priorizaría otros lugares. Desde allí continuamos e hicimos la única parada antes de la Acrópolis, en el Estadio Panathinaikó, también conocido como el Kallimármaro. La guía nos dice que se construyó en madera en el siglo V a.C. pero en la época de Adriano se reconstruyó de mármol blanco. En el XIX fue objeto de una nueva remodelación que le permitió acoger la primera edición de los Juegos Olímpicos Modernos en 1896. En él cabían nada menos que 50,000 espectadores. Si queréis entrar dentro hay que pagar una pequeña cantidad pero desde fuera se ve perfectamente.

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Por el camino nos iba contando la guía datos históricos muy interesantes y curiosos como por ejemplo que Hellas, es para ellos el nombre de su país, y ellos son helenos, lo de griegos es cosa de los europeos occidentales. También que los romanos cuando ocuparon Grecia cambiaron todos los nombres de los dioses. Los cristianos todo lo consideraban pagano y convirtieron los templos en iglesias y muchos los destruyeron. Desde el siglo XV y durante 400 años fueron invadidos por los otomanos, de los que finalmente se independizaron en 1821, de ahí la “difícil” relación que siempre han tenido y que continúa en la actualidad.

Continuamos la ruta y pasamos por los Jardines Nacionales, en el que destaca el llamado Zappeion, bonito edificio inaugurado en 1888 para los Juegos Olímpicos y que ahora es utilizado para reuniones y ceremonias.

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Luego pasamos por la famosa plaza de Síntagma donde está el Parlamento y que visitaremos otro día con más calma. Aquí nace la calle Panepistimiou (cuyo nombre oficial es ‘Eleftheriou Venizelou’), donde se concentra la ‘trilogía’ neoclásica del arquitecto danés Theophil Hansen, formada por la Universidad, la Academia y la Biblioteca. Primero pasamos por la Academia, un espectacular edificio de columnas jónicas fundado en 1926 y que es el centro de estudios e investigación mas importante del país.

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La Universidad, que fue fundada en 1837 y que tuvo su sede inicialmente en un edificio en el nordeste de la colina de la Acrópolis. En el año 1843, se transladó a este otro que vemos desde fuera.

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Y por último la Biblioteca Nacional, otro precioso edificio neoclásico diseñado también por T. Hansen entre los años 1.887 y 1.902. Se trata de la mayor biblioteca de Grecia y contiene la mayor colección de libros y no solo en lengua griega.

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También pasamos junto a la Catedral Católica de San Dionisio, uno de los pocos vestigios de la religión romana en Atenas, y como curiosidad, aquí se casaron los reyes Juan Carlos y Sofía en 1962 por el rito católico, mientras que la ceremonia ortodoxa se celebró en la Catedral de la Anunciación de Santa María, y que vimos por fuera el día anterior.

Sobre las 9:30 llegamos ya al parking bajo la Acrópolis. Puede parecer pronto pero ya había mucha gente dispuesta a visitar la joya ateniense. Desde luego que si hubiera ido por mi cuenta habría llegado allí a las 8, que es cuando abren. Según las estadísticas, cada año visitan la Acrópolis más de tres millones de personas, y yo todavía sin venir…:)

La guía ya nos empieza a explicar la historia de la Acrópolis, yo por no extenderme os contaré lo que considero más importante, el resto me gustaría que las oigáis una vez allí. Sólo deciros que la Acrópolis traducido literalmente del griego, significa “ciudad alta”, constituye un lugar característico de la mayoría de las ciudades griegas que poseía la función defensiva, además de funcionar como sede de los principales lugares de culto.

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El personaje clave y al que debemos todo este legado fue Pericles. Gracias a la fiebre constructora de este gran hombre de Estado, que gobernó Atenas entre el 461 y 429 a.C., este siglo V es considerado la Edad de Oro de la ciudad. Fue él quién, después de que los persas arrasaran la Acrópolis, hizo construir el Partenón, los Propileos y el Erecteión, bajo la supervisión del gran Fidias, autor de muchas esculturas que, por desgracia, sólo conocemos a trravés de copias.

Una vez atravesadas las taquillas donde se deben formar unas buenas colas en temporada alta, y pagada la entrada de 20€ que incluía la excursión, lo primero que fuimos a ver y que se encuentra a la derecha según se sube es el Odeón de Herodes Atico. Las obras para su construcción comenzaron en el año 161 gracias al mecenazgo de Herodes Ático, orador y político griego pro romano, en honor de su difunta esposa. De menores dimensiones que su vecino, el más antiguo Teatro de Dioniso, tenía una capacidad para albergar un aforo de unos cinco mil espectadores. Fue sin duda un primer regalo para la vista.

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Deciros que en la Acrópolis por supuesto hay baños y máquinas expendedoras de agua y por cierto sorprendentemente baratas, menos de un euro cada botella. Nosotros fuimos en mayo y no nos hizo excesivo calor pero tener en cuenta que apenas hay sombra durante el recorrido y que el sol cae “a plomo” así que tenerlo en cuenta porque en meses más hacia el verano el calor puede ser insoportable, llevar además algo para cubriros la cabeza.

La entrada a la Acrópolis propiamente dicha (recinto amurallado) se realiza por una gran puerta llamada Propileos, que fue erigido entre 437 y 432 a.C. Se trataba de un edificio central de forma rectangular compuesto por columnas dóricas que delimitaban cinco puertas de acceso con diferentes funciones, y dos alas laterales. Su reconstrucción comenzó en 1982 y parece que ya terminó, porque tenemos la suerte de verlos sin andamios.

A su lado derecho y frontal se encuentra el Templo de Atenea Niké, cuyo apodo de la diosa griega significa “victoriosa”. Como curiosidad decir que de aquí cogió el nombre la famosa marca deportiva y el símbolo basado en el ala de la diosa griega. Las vistas que tiene de la ciudad, son espectaculares.

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Una vez cruzada la entrada, a la derecha nos encontramos con el archiconocido e imponente Partenón, cuya reconstrucción más reciente comenzó en 1984 y que nadie sabe cuándo terminará. Fue concebido como el principal edificio de todo el conjunto y construido por los arquitectos Ictinus y Calícrates en apenas once años (447-438 a.C.). Se utilizaron 13,400 bloques de mármol y se hizo para reemplazar al dedicado a Atenea Parthenos (la Virgen), destruido por los persas poco antes de la batalla de Salamina (480 a.C.) y que a su vez fue construido para conmemorar la victoria antes estos en la batalla de Marathon del 490 a. C.

Si tenéis una buena guía como fue nuestro caso, sus explicaciones sobre cómo calcularon al milímetro la estructura del Partenón, cómo colocaron sus columnas de dos metros de diámetro, más de diez de altura y hasta 80 toneladas dándole un efecto visual de perspectiva, os dejará seguro tan boquiabiertos como me dejó a mí, ESPECTACULAR. A mi hija no tanto, la frase de “¿pero papá por qué estamos viendo esto si está todo roto?” me llegó al alma :):):)

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Dentro del Partenón había una gran sala donde se encontraba una colosal escultura de madera revestida de marfil y oro de 12 metros de altura de la diosa Atenea Parthenos, realizada por Fidias. Nos habla también nuestra guía del espectacular friso, del que hablaré más adelante. Aquí está la fachada este del edificio, la más deteriorada y que nada queda del tímpano y del frontón, una lástima.

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Para terminar nos habla de todas las visicitudes pasadas por el Partenón y que han ido deteriorando el edificio poco a poco. Entre los años 1208 y 1258, el interior del Partenón albergó una iglesia bizantina, en 1458 fue transformado en una mezquita, pero la fecha clave de su mayor destrucción fue en 1687, cuando las tropas venecianas lo bombardearon, ya que los turcos lo habían convertido en un polvorín. La explosión destruyó el techo, las paredes interiores y una parte de los muros exteriores.

Dejamos el Partenón, a la izquierda del cual, al norte de la Acrópolis, está el Erecteión, con su célebre tribuna sostenida por seis Cariátides, mujeres encarnadas en columnas y que son copias de las originales. Más adelante comentaré donde se encuentran estas.

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El Erecteion constituye una obra maestra del orden jónico. Fue construido entre los años 421 y 406 a. C. para reemplazar al antiguo templo de Atenea Polias que había sido destruido por los persas el 480 a. C. durante las Guerras Médicas.

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Una vez que dejamos este templo y tras haber saboreado todas las interesantes explicaciones de nuestra guía, tuvimos media hora libre en la que recorrimos todo el complejo tranquilamente. Vemos la zona del Agora y disfrutamos de las vistas.

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Y la fachada oeste con unas vistas no menos espectaculares.

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Y ya sobre las 12 de la mañana vamos bajando poco a poco y dejando atrás este magnífico lugar. He de decir que me encantó la Acrópolis, tiene una historia apasionante y ha superado todas mis expectativas, eso sí, como ya dije antes, en gran medida por la guía tan buena que llevamos.

Llegamos otra vez al parking donde nos subimos en el minibús que nos llevaría al otro “plato fuerte” de la visita, el Museo de la Acrópolis. Para aquellos que por ejemplo no llevéis niños y estáis dispuestos a ver uno de esos grandes museos de pasaros casi el día entero, sin duda recomiendo el Museo Arqueológico Nacional, uno de las referencias mundiales en el tema de la Arqueología. Nosotros decidimos ir al otro por ser mucho más pequeño, más moderno e interactivo con el objetivo de que no se le hiciera pesado a nuestra hija, es lo que tiene viajar con niños.

El Museo de la Acrópolis fue inaugurado hace relativamente poco tiempo, en 2009 y se nota, porque ya la entrada es de lo más moderno. Esperamos un poco de cola y accedemos a la recepción previo pago de sólamente 5 euros (un regalo creo yo con los precios que se ven por Europa). Dentro hay unas maquetas con la evolución de la Acrópolis y diversas pantallas donde nuestra hija se lo pasa pipa viéndolas. Dejamos la mochila en un servicio de consigna que permite dejarlas y luego recuperarlas (decir que váis en un grupo así no os cobrarán nada) y comenzamos la visita.

La planta a la que se accede primero muestra diferentes esculturas y piezas clásicas que pertenecieron a la Acrópolis, o bien diversos fragmentos de algunos edificios como los Propileos, el Templo de Atenea Niké y el Erecteion que nuestra guía nos va explicando y que las hace muy interesantes.

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Subimos a la última planta donde vemos, cual modelos de pasarela, unas de las estrellas del museo, las famosas Cariátides. Aquí se conservan cinco de las seis originales, la otra?… está en el British Museum de Londres ¿motivo?. Hago un inciso aquí para explicar uno de los hechos que más “ampollas” levanta entre los griegos, y es lo que consideran el expolio que protagonizó el inglés Lord Elgin a comienzos del siglo XIX cuando se apropió de diversas partes del Partenón y otros edificios. Comenzó llevándose pequeños trozos pero terminó animándose y se llevó nada menos que 17 barcos cargados. Todavía hoy este pillaje provoca indignación en los helenos y no dejan de pedir al país británico continuamente que devuelva todo aquello, a lo que estos, se niegan.

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La planta superior fue construida de un modo peculiar, ya que posee las mismas dimensiones que el Partenón y está desviada respecto al resto del edificio, de este modo, la planta está orientada directamente hacia la Acrópolis y los visitantes pueden contemplarla a través de los amplios ventanales del museo, un gran acierto a mi modo de ver.

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Aquí vemos a nuestra guía (que lamentablemente no recuerdo su nombre porque era muy raro, para nosotros claro) en medio de una de sus explicaciones, que hasta a nuestra hija le interesaba 🙂

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Quizás la parte más importante que se llevó el inglés Elgin, fue el magnífico friso del Partenón, que medía nada menos que 160 metros de largo y que rodeaba la parte superior de la cella del mismo. Es considerada, nos cuenta nuestra guía, una obra maestra de la escultura griega clásica y está realizado en bajorrelieve con mármol en estilo jónico, aunque en un edificio dórico. Representa probablemente la procesión de las Grandes Panateneas, que tenía lugar cada cuatro años en honor de la diosa Atenea. Fue esculpido aproximadamente entre los años 443 y 438 a. C. muy probablemente bajo la dirección de Fidias. Sobreviven unos 128 metros del friso original, alrededor del 94%. Sus fragmentos se encuentran dispersos en diversos museos, aproximadamente el 38% se encuentra en el Museo Británico, el 48% está en este y el último 14% se reparte entre otros museos.

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Se nota que este tema le duele especialmente a nuestro guía, como a tantos griegos, y nos cuenta, con algo de satisfacción, que este inglés que realmente se llamaba Thomas Bruce, tuvo que afrontar la maldición de Atenea, ya que este episodio de pillaje le conllevó diversas pérdidas, de su libertad (fue detenido por las tropas francesas de Napoleón), dinero, reputación, carrera, su mansión -confiscada por deudas-, incluso su mujer, puesto que al regresar de Francia encontró que estaba conviviendo con otro hombre y terminó sus días sólo y con problemas con el alcohol.

Y una vez terminada la visita a este interesante museo concluyó la excursión. Eran las 13:30h y nos ofrecieron dejarnos ahí o llevarnos a nuestro punto de recogida. Nosotros nos decantamos por esta última opción.

Bajamos la calle peatonal Ermou en busca de un lugar para comer (preferí improvisar que ir a un sitio fijo de los que podían recomendar en opiniones de internet). Junto a la iglesia bizantina Kapnikarea y nuestro hotel, decidimos entrar en uno que tenía buena pinta, con una buena terraza y el menú que venía fuera tenía un poco de todo, se llamaba Collage (www.collageathens.com). Comimos muy bien, no en grandes cantidades pero muy bien, mi mujer una ensalada, a la niña le hicieron un plato de spaghettis boloñesa y yo tuve mi primer contacto con el plato que más me apetecía comer, la moussaka. La atención fue exquisita y pagamos 44€, y ojo porque el IVA más alto en Grecia subió en 2016 hasta nada menos un 24%, sin duda consecuencias del rescate que había que pagar. Otro hecho curioso que no había visto nunca es que cuando pagas con tarjeta, y una vez metido el número secreto en el datáfono aparece una opción que te pregunta si quieres dejar propina y luego te da varias opciones de porcentajes del total de la cuenta, un sistema práctico a la par que ingenioso.

Desde allí nos fuimos al hotel a descansar un poco y sobre las 18h salimos a dar un paseo por la zona de Monastiraki. Tenía curiosidad por ver el tema de los precios, según las estadísticas Grecia lleva con inflación negativa debido a la crisis desde 2013, y en 2017 es el primer año que los precios comienzan a subir. La verdad es que no sé si por la culpa del IVA tan alto, los precios no los encontré especialmente bajos, aunque bien es verdad que no dejamos de movernos por lugares turísticos, diría que eran más bien normales.

Salimos del hotel y cogemos la calle Pandrossou en dirección oeste, hacia la plaza Monastiraki. Todas estas calles estrechas están llenas de tiendas con todo tipo de souvenirs, típicas de cualquier ciudad turística, pero se respiraba buen ambiente.

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Enseguida llegamos a la plaza Monastiraki y la Biblioteca de Adriano construida en el año 132 d.C. bajo las órdenes del emperador romano Adriano. Era un impresionante edificio rectangular creado para albergar la extensa colección de libros que poseía el emperador, además de funcionar como sala de lectura y centro de convenciones. Se puede visitar con una entrada combinada con la Acrópolis, Agoras, templo de Zeus, etc, pero nosotros preferimos seguir paseando por los alrededores.

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Toda esta zona cercana a la plaza de Monastiraki es muy animada, con mucho ambiente, contando además con que era sábado.

Subimos desde allí para coger la calle Adrianou, una de las principales (al final del día os mostraré toda la ruta como siempre en Google Maps). Por esta parte desaparecen las tiendas y comienza una zona de restaurantes que nos pareció muy agradable, pasando al lado del Agora y el magnífico Templo de Hefestión, uno de los templos más bellos y mejor conservados de la ciudad.

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Continuamos y nos topamos con una iglesia ortodoxa. Tenía mucha curiosidad por saber un poco más de esta rama del cristianismo, separada de la iglesia católica en el siglo XI, así que como estaba abierta, decidimos entrar a visitarla y la verdad es que resultó ser una de las experiencias del viaje. Estas iglesias se caracterizan por su decoración interior, con multitud de pinturas sobre paredes y techos.

La iglesia en cuestión resultó ser la iglesia ortodoxa del Apóstol Felipe, y en ella pasamos un buen rato viendo tanto a las personas que entraban y hacían su ceremonia de rezo, como los “ritos” del sacerdote y que lamentablemente no sabíamos el significado. En este vídeo podéis ver ambos rituales, muy curiosos y tan diferentes a los de la iglesia católica que estamos acostumbrados.

Seguimos callejeando y pasamos por algunas con tiendas a ambos lados que a mí me recordaban a los zocos de los países musulmanes, como la calle Ifestou. Acabamos de nuevo en la plaza Monastiraki, donde el ambiente era de lo más variopinto, con multitud de griegos y turistas mezclados. Es una plaza cosmopolita lleno de vida y donde puedes pasar un buen rato observando. Aquí vemos la mezquita Tzistarakis (que lamentablemente estaba cerrada cuando fuimos y no pudimos visitarla) y la Acrópolis al fondo.

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Y aquí la iglesia bizantina de Pantanassa, en el otro lado de la plaza.

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Seguimos ruta por la calle Mitropoleos en dirección al hotel. Esta estrecha calle está llena de restaurantes, con la típica imagen de los camareros invitando al turista a entrar. Tomamos algo a mitad de camino y como ya es la hora casi de cenar, nos ponemos a buscar un sitio. Por cambiar un poco cenamos un par de pizzas con bebidas, y pagamos 23€, para que veáis que no es caro, en un restaurante llamado Styl Cafe, muy cerca de la calle Ermou, pero hay muchos más. Desde ahí volvimos caminando al hotel que lo teníamos al lado.

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Leeréis muchas recomendaciones de subir a las colinas de Licabetos o Filopappos para ver la puesta de sol o ver la ciudad de día o de noche.

El monte Licabeto (Lycabettus) se encuentra al noreste del centro. Podéis subir a pie si estáis bien de forma o más cómodos en funicular. La estación de este está entre las calles Aristippou y Ploutarchou.

También podéis subir a Filopappos, más cerca de la Acrópolis y más fácil llegar caminando desde esta. Se encuentra en el lado opuesto, al suroeste.

Para ayudaros aquí está la situación de los dos (a la derecha del mapa Licabeto, a la izquierda Filopappos), y en el centro la Acrópolis

Monte Licabetos y Filopappos

Nosotros no subimos a ninguna de los dos, estábamos algo cansados y teniendo esta vista desde la azotea de nuestro hotel, nos dió pereza, jeje. Además disponíamos de un bar donde tomar algo tranquilamente mientras disfrutábamos de las vistas de la Acrópolis iluminado, qué gran momento de tranquilidad!!

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Esta había sido la ruta aproximada de esa tarde, que nos llevó unas tres horas haciéndola tranquilamente comenzando y terminando en el Plaka hotel.

Ruta tarde día 2

Día 3. Barrio de Plaka. Plaza Síntagma.

Al día siguiente ya dejaríamos Atenas para ir a Mykonos, pero como el avión salía por la tarde, aprovechamos la mañana para pasear por el barrio de Plaka y ver el famoso cambio de guardia en la plaza Síntagma.

Tras desayunar y acordar con el hotel que nos guardarían las maletas hasta la hora de partir comenzamos a caminar hacia la calle Adrianou, eran sobre las 10 de la mañana. Avanzamos por esta calle principal hasta que llega un tramo en que se hace peatonal y que tiene una pequeña cuesta, aquí empiezan las tiendas de souvenirs. Esta zona está muy bien, y a medida que seguimos ascendiendo por la calle los comercios dejan de vender los típicos imanes, postales y figuritas, y se empiezan a ver cosas más interesantes de artesanía, joyería, etc, menos mal porque me cansé de ver esponjas y el mati (el ojo griego contra el mal de ojo). Magaly encuentra una tienda que le encanta y hace sus primeras compras.

Os aconsejo que os perdáis por estas callejuelas adoquinadas, las placitas que os iréis encontrando, son la esencia de este precioso barrio de Plaka, caminar hasta el monumento a Lisícrates. Nosotros llegamos a un cruce de calles y decidimos girar hacia la izquierda y coger la calle Kidathineon, otra de las principales del barrio y donde comenzamos a ver más restaurantes y tabernas con agradables terrazas en su exterior. La verdad es que esta zona me gustó más que el barrio Monastiraki, tanto por la atmósfera más agradable que se respiraba como por su arquitectura con multitud de casas neoclásicas del siglo XIX, qué pena no poderle dedicar más tiempo.

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Seguimos avanzando por esta calle y nos encontramos con una iglesia ortodoxa, el templo bizantino de la Metamorfosis Sotira, conocido como «Sotira tou Kottaki». Se construyó a principios del S.XI, posee una característica pared enladrillada y bóveda de tipo «ateniense». Estaban en plena oración, y hasta a Liria le gustó y se sentó para ver todos los rituales.

Desde aquí continuamos hasta encontrar la concurrida y llena de tráfico calle Filellinon que nos llevaría a la plaza Síntagma. Este es el recorrido que habíamos hecho esta mañana.

Ruta atenas día 3

Habíamos llevado el timing controlado porque queríamos llegar sobre las 11.45 a la plaza Síntagma para ver el famoso cambio de Guardia, y es que el domingo a esa hora celebran una versión extendida del que hacen cada hora en punto, amenizada por una banda musical. A pesar de que sabía que iba a estar lleno de gente y que para verlo habría que llegar antes para coger sitio, yo no estaba dispuesto así que llegamos ya con el desfile ya empezado. Lo vimos varias filas más atrás pero gracias a mis casi dos metros no lo ví mal, jeje. Primero desfila la banda de música, seguida de los llamados evzones, el cuerpo de élite de la Guardia Presidencial, que son los que custodian la tumba del Soldado Desconocido, un monumento dedicado a todos aquellos soldados que murieron en las numerosas guerras del pasado defendiendo a su país.

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De los evzones destaca sobre todo el traje tradicional griego que portan, con una falda blanca que según nos había contado nuestro guía el día anterior tiene hasta 400 pliegues que representan los años de presencia otomana en Grecia. Llevan también unos zapatos que pesan más de tres kilos y que son difíciles de definir, con grandes pompones negros y una placa metálica en la suela que hacen que suenen al andar. Toda la vestimenta se inspira en el uniforme que llevaban los rebeldes griegos en la Guerra de la Independencia contra la dominación de los turcos.

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El cambio de guardia en sí que realizan los evzones es como una especie de desfile en el que participan cinco soldados: dos que salen, dos que entran y uno que los dirige. Cuando termina el cambio, otros soldados sin esas vestimentas tradicionales se ocupan de atenderles si es necesario durante la hora entera en la que sólo pueden mover los párpados. Ojo si váis en verano porque el sol que cae es tremendo en la plaza, sin apenas sombra. Me puedo imaginar el calor que pasarán ellos con esas vestimentas.

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El día que vamos da la impresión de que hay alguna celebración extra, porque vemos que hay diversos homenajes con gente desfilando con banderas y haciendo ofrendas, no estoy seguro si eso también forma parte del propio desfile semanal. Nuestra hija, que se mete en todos los “saraos” , hasta se coló en alguna que otra foto…

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Después de esto tomamos algo en la plaza en un bar al lado de la fuente que hay (5€ el zumo natural) para calmar la sed del calor que hacía y sobre las 13.30 volvimos al hotel para recoger las maletas y que nos llamaran un taxi para ir al aeropuerto. Tengo que decir que el trato del hotel fue muy bueno, muy amables y simpáticos en todo momento.

Nuestro avión salía a las 16.40h así que fuimos un poco antes para comer allí, lo hicimos en el McDonald’s. Este vuelo por cierto nos había costado 168€ los tres, pudiendo facturar dos maletas (18€ vale cada una) con la compañía Olympic Air, filial de Aegean.

Llega el momento de embarcar y nos llevan en un autobús al avión en medio de la pista, pero una vez sentados nos dicen que hay un problema y nos llevan de vuelta a la terminal. Me olía a retraso de los “gordos” pero enseguida nos prepararon otro y además como compensación nos dieron un cupón con un vuelo interno gratis, buen detalle. Finalmente salimos sobre las 18h. El vuelo es muy breve, apenas de media hora, y es divertido porque permite ir viendo muchas de las islas que hay desde Atenas hasta la de Mykonos.

Llegamos al aeropuerto de destino, que como me gustan a mí, es de lo más pequeño y sencillo. Salen las maletas enseguida y salimos fuera donde nos está esperando el transporte del hotel, que por cierto es gratuito. Le pedimos perdón por el retraso pero dice que no hay problema, nos vino bien aquí la “pachorra” mediterránea.

Decir de la segunda isla más visita de Grecia tras Santorini que se encuentra en el centro del archipiélago de las Cícladas, es árida, está rodeada de apreciadas playas y destaca por la belleza de su capital, Chora. También es famosa por su vida nocturna, compitiendo con Ibiza por su hegemonía en el Mediterráneo.

Cuando decidí que iríamos a visitar las playas griegas sin duda pensé en Mykonos y si tengo que decir un consejo, sólo uno, es que si podéis, no vengáis en temporada alta.

Llegamos al lugar que nos acogería estos cuatros días, el Argo Hotel (argo-mykonos.gr), un precioso alojamiento de típica construcción blanca a pocos metros de la playa, muy tranquilo e ideal porque está bien situado, tiene una bonita playa cerca y es ideal para ir con niños con su piscina y un jacuzzi donde nuestra hija se lo pasó bomba. Esta es su situación con la distancia a la capital.

Argo hotel

Pagamos unos 100€ por cada una de las cuatro noches que estuvimos en Mykonos y quedamos más que satisfechos, sin duda lo recomiendo, como en su día me lo recomendó mi amiga Sheila, no sólo me gusta dar consejos sino también recibirlos, y les suelo hacer mucho caso.

Hicimos el checkin de nuevo con una simpática recepcionista y nos llevaron a la habitación con unas magníficas vistas, qué ganas de disfrutar de la isla pensábamos…

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Nos instalamos y bajamos a ver la playa antes de que anocheciera. El pequeño paseo marítimo estaba lleno de restaurantes muy bien montados, algunos tipos chill out y todos con el típico “gancho” en la puerta para invitarte a entrar. Nos sentamos junto a la playa y estuvimos ahí un buen rato viendo cómo se escondía el sol, un momento de tranquilidad de lo más agradable.

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Eran ya más de las 9 de la noche así que decidimos ir a cenar y lo hicimos en el que más gente vimos, en uno llamado Avlitouthodori, que además tenía descuento alojándonos en nuestro hotel. Disponía de una extensa carta, claramente dedicada al turista, lo que nos hizo no arriesgar e inclinarnos esta vez por platos bien conocidos.

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Pagamos 40€ con el descuento por tres platos y bebidas y la atención fue muy buena. Volvimos al hotel, hacía viento y algo de fresco, vimos que se avecinaba una tormenta.

Día 4. Playa Platis Gialos. Chora.

La mañana de nuestro primer día en Mykonos nos regaló una vista tan fantástica como esta desde la cama, y eso que había caído una espectacular tormenta de madrugada. Decir que el tiempo en el mes de mayo como luego nos dirían es muy cambiante en esta isla, y sobre todo es una zona muy azotada por el viento. A nosotros afortunadamente no nos molestó apenas.

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Nos preparamos y bajamos dispuestos a disfrutar de otro a priori atractivo del hotel, su magnífico desayuno incluído, y he de decir que las opiniones no se quedaban cortas. Tanto el lugar como toda la variedad que había hicieron que esta comida, ya de por sí una de los momentos que más disfrutamos en los viajes, sobre todo mi mujer, fuera fantástica.

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Y aquí hago mi particular y soberano homenaje a algo que me encantó, que me maravilló y que tantas ganas tenía de probar, el YOGUR GRIEGO, madre mía, qué rico, nada que ver con los que venden en España pretendiendo imitarlos. Lo de la mermelada ya fue invento mío, y uno como este de la foto me comí todos los días que duró el viaje.

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El lugar y las vistas desde las mesas en las que teníamos el desayuno tampoco estaban nada mal, así que en resumen, un diez.

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Liria se moría ya por meterse en la piscina y como ya era difícil decirle que no, dejamos que se bañara y yo bajé a la playa para ver cómo estaba en cuanto a viento y también si le había afectado la tormenta de la noche anterior.

Lo que ví, me dejó boquiabierto, y fueron esas aguas cristalinas que no recordaba haber visto antes. Quizás se podrían parecer a las del Caribe, pero estas con la arena más blanca que la que tenía ante mis ojos.

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Todavía soy impresionable y eso me gusta, en este momento dije, guau!! qué alegría haber venido y encontrarme con esto. Eran sobre las 12 de la mañana y apenas había gente. Me subí a una colina para intentar cogerla entera con la cámara.

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Madre mía! pensaba yo, y esta es una playa que apenas aparece en las guías, ¿cómo serán las demás?? Como véis, el entorno de la playa no dice mucho, montes “pelados” de vegetación y con bastantes construcciones, lo verdaderamente bonito y característico de estas playas para mí estaba en el agua.

Corrí subiendo a avisar a Magaly para ir cuanto antes a la playa y disfrutar de ella, no hacía apenas viento, y allí estuvimos disfrutando con nuestra hija que lo pasó en grande con la arena. Nos hizo una mañana espectacular. Cogimos hamaca y sombrilla por las que pagamos trece euros.

Sobre las dos y media nuestros estómagos ya rugían así que decidimos cambiar de lugar para comer y elegimos otro a pie de playa sobre todo porque tenía un chaval super simpático en la puerta ya que todos tienen parecidos menús, comida griega pero también mucha italiana. La verdad es fue una elección fantástica y nos atendieron fenomenal, eso es tener trato al cliente. Se llamaba Yialo Yialo (www.yialo-yialo.com). Yo de nuevo me decidí por el plato griego que me encanta, la moussaka, Magaly una ensalada y Liria un plato de pasta (nos movimos entre pollo y pasta casi todos los días para ella). La moussaka estaba absolutamente espectacular, mirar qué pinta.

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Por los tres platos, bebidas y postres pagamos 57€ con propina, con el mismo método de marcarla en el datáfono al pagar.

A continuación subimos al hotel un poco a la piscina, donde Liria lo seguía pasando bomba, lástima que no podía hablar en español con casi nadie y es que la ausencia de españoles nos seguía sorprendiendo. Uno de los camaremos del restaurante nos dijo que venían bastantes en los cruceros pero así como nosotros, muy pocos, y también que habíamos ido en buenas fechas, porque desde junio hasta octubre, no habrá una tumbona libre en la playa.

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Desde España y para no complicarme ya que las diferencias de precio no eran muchas pedí al hotel que contactara con una agencia para reservarnos un coche de alquiler para tres días. La empresa fue MOTOTRUST, pero hay mil agencias en la isla. Como suele pasar en estos sitios turísticos hay mucho alquiler de coches pero más todavía de motos y quads, que a veces da miedo cómo los llevan algunos turistas que seguro no han cogido uno de los dos transportes en su vida. Si no queréis alquilar, también hay un servicio de autobuses que llega a casi todos los lugares.

A las cinco de la tarde llegó una persona de la empresa que me llevó a la oficina que estaba muy cerca para coger el coche. Era un Fiat Punto bastante viejo, que con silla para la niña y un seguro adicional de daños al coche nos costó 40€ al día. Si el coche hubiera sido más nuevo, la recomendaría porque el trato fue de nuevo muy bueno.

Volví al hotel, nos duchamos y bajamos dispuestos a ir la que para mí es la gran atracción de la isla, la fantástica capital llamada por los griegos Chora u Hora. Llegamos muy rápido, en Mykonos las distancias son bastante cortas y se llega rápido a cualquier lado, eso sí, hay mucho tráfico, no me quiero imaginar en temporada alta. El tamaño de la isla es de unos 90 kilómetros cuadrados, una sexta parte aproximadamente que la isla de Ibiza. Por el camino destacan las coquetas y bonitas iglesias y ermitas que están repartidas por toda la isla.

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Aparcamos en un parking grande que hay al norte de la ciudad y que os lo recomiendo porque si no os resultará complicado dejar el coche. Luego ya comenzamos a bajar hacia el sur para sumergirnos en el centro de la ciudad. Esta es la ruta aproximada que haríamos pero lo mejor es que os perdáis por sus maravillosas calles encaladas.

Ruta día 1 Mykonos town

En el puerto ya vimos algún que otro yate interesante…

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Cruzamos una pequeña playa y enseguida comenzamos a callejear. De nuevo os animo a que una vez que entréis en el casco urbano vayáis sin un rumbo fijo, no es tan grande para perderos, tranquilos. Deberéis tener en cuenta que tenéis que ir dirigiendoos hacia el sur y hacia el oeste, es decir, hacia la costa. Podréis enseguida daros cuenta de la belleza y magia del laberinto que forman sus estrechas callejuelas de pintorescas casitas de dos plantas, de blancura deslumbrante, con balcones adornados por flores multicolores y puertas, ventanas y escaleras pintadas de distintos colores, predominando el azul y sus pequeñas iglesias de cúpulas azules y rojas. Es una auténtica pasada, de verdad que es lo que más me gustó de la isla, por encima incluso de las playas.

Regresamos al norte al llamado “Viejo Puerto”, caminando junto a la bonita iglesia cristiana de cúpula azul Agios Nikolaos. Desde este puerto parten continuamente barcos que llevan a todos los rincones de la costa de la isla, así como a la isla sagrada de Delos y a otras islas. La de Delos es una excursión muy popular entre los visitantes pero nosotros sobre todo por la niña preferimos quedarnos y dedicarle todo el tiempo a Mykonos.

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Empezamos a bordear la costa y comenzamos a disfrutar de unas magníficas vistas. Coincidió que ese día, como tantos otros supongo, había un enorme crucero que destacaba sobre el horizonte y hacía más original y diferente la caída del sol.

Pasamos al lado de una de las iglesias más fotografiadas de la isla, Paraportiani, y no es para menos, porque tanto su originalidad como sobre todo el lugar en el que está emplazada, con el mar al fondo, hace que te enganche desde el primer momento.

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Enseguida y bordeando la costa llegamos a lo que llaman la «pequeña Venecia o Little Venice». Es el barrio más pintoresco del pueblo, con coloridas casas de dos y tres pisos asomadas sobre el mar y bonitos balcones de madera. La mayoría de estas casas alojan tabernas, terrazas y bares de copas, y os podéis imaginar cómo se ponen cuando se acerca la puesta de sol.

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En esta zona destacan en una situación elevada los famosos molinos, cuya figura recortada en el horizonte representa una de las imágenes inconfundibles de Mykonos. Antiguamente había quince molinos pero ya sólo quedan cinco y uno vimos que se podía visitar incluso por dentro. El apodo de Mykonos de la “isla de los vientos” no fue desaprovechado siglos atrás para utilizar la energía eólica para moler maíz y otros cereales.

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Si no os queréis “dejaros un riñón” cenando o tomando algo en la zona de la “pequeña Venecia” para ver el atardecer, podéis seguir caminando y justo donde acaban las mesas y enfrente de una pequeña playa de piedras, podéis verlo perfectamente. Eso es lo que hicimos nosotros y disfrutamos de él muy bien, con gente alrededor, pero no estuvimos incómodos ya que el lugar no es pequeño y está abierto. Las vistas, con el barco en medio que le daba un toque diferente, a mí me parecieron grandiosas.

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Durante toda la tarde hacía algo de viento, pero a medida que se iba yendo el sol y en esta zona, el aire comenzó a hacerse algo incómodo y hasta hacía un poco de frío, así que ya que también la niña estaba bastante cansada decidimos regresar al hotel.

Día 5. Playa Panormos. Ano Mera. Chora.

Nos levantamos sobre las ocho después de dormir estupendamente y bajamos a disfrutar de nuevo del fantástico desayuno. Para esta mañana habíamos pensado descubrir los rincones y playas de la isla. Había leído que las más “salvajes” y menos visitadas estaban en el norte pero que también tenían un visitante a veces incómodo, el viento. Dado que vimos que ese día amaneció muy bueno y poco ventoso, decidimos probar y visitar dos de las menos visitadas, las de Panormos y Agios Sostis, en la parte septentrional de la isla.

Este mapa que cogí en el hotel me ayudó mucho, ya que tiene las playas y lugares más importantes de la isla y además muy clarito.

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Dado que Mykonos es relativamente pequeña y llana, en apenas 20 minutos estábamos en la primera de ellas, Panormos. Aquí hago un inciso para deciros que para guiarnos por la isla utilizamos una solución fácil y sencilla, Google Maps. Hacía tiempo que no alquilaba un coche en mis viajes, y no la había utilizado antes pero es fantástica. Te descargas el mapa de la isla cuando tengas acceso a wifi o en tu lugar de origen y lo guardas. Luego cuando estés en el lugar elegido, vas a la opción de “mapas sin conexión” de la página y lo abres, y él te guiará, con la ventaja importante, de que no necesitas conexión a Internet y por tanto no os consumirá datos. Si no lo conocíais, espero que os pueda servir, a nosotros nos fue de maravilla.

Como decía, Panormos una de las playas más solitarias, por lo que, si buscáis tranquilidad y reposo, esta es una de las mejores opciones.

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Ojo porque tiene un aparcamiento grande pero es de un restaurante que está junto a la playa así que deberéis buscar otro lugar para aparcar si no váis a consumir algo en el mismo, y la verdad que sitio, no hay mucho más.

La playa al comienzo la vimos y no nos pareció nada del otro mundo, pero a medida que pasaba el tiempo nos fuimos encontrando más y más cómodos y nos fue gustando más. Nos quedamos en esta primera parte según se accede a la misma y aquí estuvimos disfrutando de un día estupendo de sol, sin apenas viento y bañándonos en su agua cristalina, que aunque un poco fresca, la probamos, sobre todo Magaly que siempre es más valiente que yo.

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Dimos un paseo hasta el otro extremo, que también tenía unas aguas magníficas aunque esta parte es más ventosa. Vino algo de gente pero apenas estaríamos unas veinte personas, tranquilidad absoluta y momentos de disfrute máximo. Nos gustó tanto que decidimos pasar toda la mañana aquí y no ir a ver más.

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Ya sobre la una y media decidimos recoger para ir pensando en comer pero antes de volver por donde vinimos, y en una de estas casualidades que nos dan los viajes, pensé en seguir la carretera para ver al menos desde lejos, la otra playa que tenía apuntada, Agios Sostis, y cuál es mi sorpresa, que justo cuando subo la colina que me llevaría a esa playa, nos encontramos ante nuestros ojos una imagen maravillosa. Una preciosa iglesia de blanco impoluto y azul, que con el fondo de la playa, el mar y el cielo, hacía una estampa que fue para mí la IMAGEN de todo el viaje, por eso lo elegí como portada de esta entrada. Aquí está, ¿no créeis que es maravillosa??

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Aquí está de cerca, preciosa, parece recién encalada y todo. Leí que en la isla hay más de mil iglesias!! pero para mí esta… es la top 1.

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Volvimos al coche para ya ir a comer. Había leído que una muy buena opción es ir al pueblo de Ano Mera, en el centro de la isla. Es la segunda población más grande después obviamente de la capital y por cierto la única sin costa y a la que llegamos otra vez enseguida. Esta es la ruta que habíamos hecho esa mañana.

Ruta a Panormos

Había leído también (es lo que tiene informarse) que debía ir a la plaza del pueblo y probar en una de las tabernas que hay, que además de buena comida estaba muy bien de precio, y de nuevo, qué gran recomendación!!. Nos decidimos por una llamada Giorgios & Marina. Nos atendieron de maravilla y comimos, buff, qué decir, había una extensa carta, con mucha comida local y no tanto turística. Ya para empezar pedimos pan y nos trajeron unas fantásticas tostadas con aceite de oliva, qué gran idea. Yo pedí de nuevo moussaka, que estaba buena aunque no superó la del día anterior, la niña un escalope de pollo y Magaly unas albóndigas que cuando llegaron nos hicieron pensar lo peor, porque eran negras!!!, pero nada que ver, estaban buenísimas. Nos atendieron de maravilla, hablamos de todo, de fútbol, de la vida en la isla, etc.

Pagamos 35€ sólamente por los tres platos, postres, bebidas y una infusión, fantástica calidad-precio. Es el lugar que más recomiendo para comer de todos los que estuve en la isla, así que, no os lo perdáis!!

Había leído también que en el pueblo estaba el monasterio de Panagia Tourliani así que después de comer y ya que lo teníamos al lado decidimos visitarlo (abría a las 15.30h.).

Entramos pagando un euro y una mujer mayor nos explicó en un inglés que a duras penas pude entender un poco de su historia. Fue fundado en el año 1542 por dos monjes y restaurado a mediados del siglo XVIII. En el patio hay una gran torre de mármol y en el interior del edificio destaca un impresionante retablo de madera del año 1775 que fue realizado por artistas italianos según nos contó la señora. Pensaba que sería más grande por dentro y por eso como que me decepcionó un poco, pero es verdad que por dentro está bien y la visita apenas os llevará tiempo.

Por el camino seguimos viendo más y más pequeñas iglesias, muchas de ellas privadas claro, porque están cercadas. Los griegos por lo que nos contaron son muy religiosos, muy espirituales y estas iglesias han sido muy importantes para ellos a lo largo de los años.

Regresamos al hotel a bañarnos un poco en la piscina y descansar y ya sobre las seis cogimos el coche de nuevo para ir a la capital, para mí no hay un plan mejor, salvo irte de fiesta a las playas Paradise y Superparadise… Aparcamos donde el día anterior y caminamos hacia el centro de la ciudad. Este día habíamos pensado ver el atardecer en otro de los lugares donde se suele poner la gente, y a mí fue el que más me gustó, y es junto a los molinos de viento.

Nos adentramos en la ciudad y de nuevo nos perdimos por sus callejuelas, yendo sin rumbo fijo, descubriendo nuevos rincones, de tiendas espectaculares en el que el blanco predomina por encima de todo.

Hay tiendas de todo tipo, incluidas las de las marcas más exclusivas.

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Cuando ya se acercó la hora de la puesta de sol nos dirigimos hacia los molinos.

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Su imagen con el atardecer al fondo, me pareció de las mejores estampas del viaje.

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Un buen lugar para ver el atardecer si coincide que no esté ocupado es justo debajo del primer molino, el más alejado del mar, en un banco de esos camuflados con la pared de la fachada de una tienda de souvenirs llamada Mytho. Desde aquí se tiene una preciosa vista de toda la zona de Little Venice.

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Pero sobre todo de un GRANDIOSO ATARDECER!!!

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Deciros que si no encontráis ese sitio, lo podéis ver en cualquier otro lugar de la explanada que hay junto a los molinos. Para mí fue el mejor lugar para disfrutar de él, el más tranquilo y más amplio.

Antes de que anocheciera del todo y sorprendidos por la cantidad de norteamericanos que veíamos por todos lados buscamos un restaurante italiano con buenas críticas y fuimos a uno llamado D’Angelo, bastante cerca de los molinos. Comimos pizza y pasta, y pagamos 45€ con propina. Lo que más sube el precio suelen ser las bebidas y en esta ocasión el increíble precio del café, 3.2€, ¿lo habrían traído desde Colombia en lancha?.

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Una vez que terminamos regresamos al puerto disfrutando también de las calles por la noche, que desde luego también tienen su encanto. De nuevo soplaba el viento así que si váis en mayo no olvidéis llevar una chaqueta. En Mykonos el viento, el llamado meltemi, sopla sin cesar durante 200 ó 300 días al año, y menos mal porque si no se haría difícil soportar el calor en los meses que más aprieta.

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Pasamos por el puerto donde nuestra niña se quedaba boquiabierta viendo tanta luz en los yates.

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Día 6. Playas de Mykonos. Chora.

Nos levantamos sobre las 8 y después de desayunar Magaly y Liria se quedan en la piscina y yo decido coger el coche y recorrer la isla para descubrir otras playas que no había tenido oportunidad de ver. Dado que habíamos estado en el norte el día anterior, decidí visitar las del sur, las más concurridas. por ello puse de nuevo el navegador del Google Maps del móvil a tope de batería.

Mi primer destino, la playa Paradise, una de las dos donde se concentra la marcha nocturna de la isla, lo pongo en el GPS y me lleva por el camino más corto, pero madre mía, que carretera, peor que la de cualquier pueblo de nuestro país, además con unas cuestas, que en algunos momentos temé por la integridad del embrague si llega a venir uno de frente.

Es mejor seguir la ruta que pongo más abajo en el mapa para llegar a esta playa, accediendo a ella desde el sur del aeropuerto. La carretera que llega hasta la misma es malísima, estrecha, empinada, no me quiero imaginar lo que puede ser de noche, bajando y subiendo motos, coches y quads y seguro que alguno con una copita de más, super peligroso.

Llego a un parking donde dejo el coche. Al ser tan pronto obviamente no hay casi nadie. Recorro el complejo Paradise Beach Club y el Tropicana, justo al lado. Al fondo veo el también famoso Club Cavo Paradiso. Aquí se concentra buena parte de la fiesta de Mykonos, junto a su vecina Super Paradise y la capital. Me acerco a la playa que a estas horas no está llena de tumbonas. Es pequeña pero muy bonita, el agua como siempre cristalina y la arena fina y blanca. Me gustó mucho aunque como siempre tendrá el hándicap de la masificación a ciertas horas.

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Continúo hacia el oeste en búsqueda de la otra playa de la “movida” de la isla, Super Paradise, esta por lo que dicen donde predomina más el ambiente gay. A esta no bajo hasta abajo del todo, la veo desde arriba, parece más pequeña que su antecesora pero tiene también buena pinta. En estas playas la fiesta está presente durante casi todo el día y me imagino como se debe poner esto de junio a septiembre con lo pequeña que la veo desde la distancia.

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Para ir hasta la siguiente playa más importante del sur, tuve que dar un gran rodeo desde la anterior, me ví obligado a subir al norte y bordear el aeropuerto por arriba. Decir a su favor, que la carretera es ancha y correcta. La que baja hasta mi siguiente parada es muy buena, amplia, nada que ver con las anteriores. Después de una bajada tendida llego a mi destino Elia beach. Esta me encanta nada más verla, tiene un parking enorme y la playa es magnífica, larga. Esta sin duda será la MEJOR en mi opinión de todas las que visité en la isla, que fueron diez.

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Casi al final de la parte oeste de la playa hay una pequeña franja rocosa que deja un bonito trozo de arenal aunque lleno de hamacas. La playa me parece magnífica repito, la más amplia y cómoda que me encontré en la isla.

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Vuelvo al coche y voy a visitar mi última playa en el sur, Kalo Livadi. Esta también tiene un buen acceso, buen parking, aunque a diferencia de la anterior tiene muy pocas tumbonas, es más corta que Elia pero ancha, no está mal, de arena fina y con un buen tamaño.

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Esta toma es desde el otro lado que la verdad que la hace lucir más. Una buena playa, la segunda mejor del día quizás.

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Hay más playas como Kalafati, Agrari, pero decido que ya está bien por las playas del Sur. Finalmente decido ir a visitar la más aislada, Fokos, al norte de la isla. Tardo unos veinte minutos en llegar. La última parte del camino hasta la playa discurre junto a una pequeña presa de agua y los últimos dos o tres kilómetros dejan de ser asfaltados y se llega por una pista de tierra.

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Hay un pequeño bar al lado de donde hay que dejar el coche. La playa efectivamente es salvaje, muy pequeña y con los montes a los lados sin apenas vegetación. La playa tiene arena pero es más de piedra. Sinceramente no me pareció nada del otro mundo, le salva algo quizás la claridad del agua pero no es una playa que creo merezca la pena llegar hasta aquí, es mi opinión.

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Desde aquí ya regresé al hotel, que aunque está casi en el otro extremo de la isla, tardé sólo una media hora, esto da una idea del tamaño tan accesible de la isla. Por el camino pude ver el paisaje típico de Mykonos, siempre muy árido, salpicado con el blanco de las viviendas y las numerosas iglesias.

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Si me preguntan si vi alguna casa espectacular o una zona de viviendas más de lujo, la verdad es que no lo ví por ningún lado. Las casas más grandes que pude ver son como esta, ¿donde se meterán los adinerados? quizás sólo se acerquen con sus yates y estén de paso.

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Esta es la ruta completa que había hecho esta mañana, de oeste a este, para regresar después.

Ruta visitando playas

Dejé el coche en el parking del hotel que es gratuito y nos acercamos a la playa de al lado. El día era estupendo, hacía calor y pasamos un par de horas fantásticas. Comimos por segunda vez en el restaurante Yialo Yialo junto a la playa. Los camareros son atentísimos, sobre todo un chaval con el que charlamos un poco y que tenía una labia espectacular.

Tras la comida la niña y Magaly se fueron a dar un chapuzón a la piscina y yo sobre las 5 de la tarde tenía que entregar el coche donde lo recogí. Como tenía que entregarlo con el depósito lleno, busqué una gasolinera cercana y por apenas 15€ lo llené, aunque atención porque el precio de la misma en la isla estaba altísimo, ví hasta a 1.68€ la gasolina y 1.36€ el diesel!!!. Hay que recordar que debido a los continuos rescates del país, los impuestos que soportan los carburantes son un medio muy eficaz para recaudar dinero por parte del estado, de ahí que sus precios están entre los más altos de Europa junto con otros tradicionales países como Dinamarca, Países Bajos o Italia.

Tras dejar el coche, un empleado de la agencia me bajó hasta el hotel y me sumé a la diversión de las chicas en la piscina.

Otra de las ventajas del Argo hotel es que tiene justo a él, una parada de un autobús que te lleva a Chora, así que esa tarde ya sin el coche, iríamos y vendríamos en ese medio de transporte. Aunque tener en cuenta que mucha gente hace lo mismo y la parada estaba llena, tanto es así que hubo mucha gente que tuvo que ir de pie.

El autobús te deja en la zona sur de Mykonos, llamada la Fabrika, pero que se encuentra sólo a apenas 5 minutos caminando de la zona de los molinos.

Estación buses Mykonos

Esta última tarde-noche que pasaríamos en la isla estuvimos callejeando por la parte sur de la capital, la que menos conocíamos, le compramos un vestido de griega a nuestra hija que junto a su diadema de laurel, se iba quedando con todos los empleados de las tiendas, de nuevo demostrando el carácter afable y cariñoso de los griegos.

Ibamos por una calle cuando de repente apareció este pelícano acompañado de una chica, supongo que para protegerlo. Luego nos contaron la historia de Petros, que fue un símbolo de Mykonos durante 29 años. En 1954 apareció por la isla y misteriosamente se estableció aquí, renunciando a sus hábitos migratorios. Era fácil encontrarlo en cualquiera de las calles o plazuelas porque circulaba por el pueblo libremente. Su muerte fue tan sentida en la isla que fue reemplazado por otro pelícano, este.

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De nuevo fuimos a la zona de los molinos a ver el atardecer, de nuevo fantástico.

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Cenamos en el restaurante Fato a Mano, este el más caro de todos (sobre todo las bebidas, una cerveza Coronita 6€) pero de nuevo el trato fue exquisito. Yo esta vez me decidí por un plato de varias carnes que me gustó mucho. Pagamos finalmente con propina 61€.

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Ya sobre las 11 de la noche cogimos el bus de vuelta que nos dejaría en el hotel, al día siguiente lamentablemente teníamos que dejar la isla.

Si tuviera que dar una impresión general y siempre muy personal de Mykonos diría que no se caracteriza por su belleza en sí, ya que es bastante árida, seca y sin apenas vegetación. Sus playas, yo que conozco bastantes, no diría que me enamoraran, por culpa del entorno que tienen, pero lo que destaca son sin duda sus aguas cristalinas y la limpieza de su arena blanca, libre de algas por ejemplo. Luego lo que sí me encantó de verdad fue su capital, Chora, así como las pequeñas iglesias de color blanco y cúpulas azules y rojas que había por todos lados y a veces en los lugares más imprevistos. Desde luego que recomiendo una visita a la isla como parte de la visita a este fantástico país que nos encontramos.

Día 7. Santorini. Oia.

Nos levantamos a las 8 y desayunamos un poco rápido porque a las 9 nos esperaba el servicio de transporte del hotel para llevarnos al “Puerto Nuevo” de Chora. A las 9.50 h. salía nuestro ferry hacia Santorini. Para evitar problemas había comprado ya desde España los billetes por internet. Para que no se nos hiciera largo el trayecto reservé en el ferry más rápido de todos los que ofrece la compañía Seajets, de nombre Champion Jet1, y pagué 167€ por los tres. Una vez en el puerto simplemente nos acercamos a una especie de quiosco o caseta para recoger los billetes presentando la reserva impresa.

Habíamos llegado pronto, y fuimos viendo como venía más y más gente para coger el mismo ferry. Llegó la hora y por ahí no aparecía barco alguno. Yo que no tengo mucha paciencia con este tipo de cosas ya me empecé a cabrear. Finalmente llegó el ferry con 40 minutos de retraso. No me quiero imaginar si eso sucede en verano o en una hora donde haga calor, porque la espera es al aire libre y el sol cayendo a plomo puede ser tremendo.

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Dejamos las maletas en la parte de abajo donde también suben coches y otros vehículos y subimos a la parte superior. Por dentro el ferry parece un avión, es muy grande y cómodo, con un bar donde podéis comprar algo para comer y beber y una zona tipo primera clase.

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Por supuesto tienes la oportunidad de salir al exterior aunque corre un mucho viento porque el ferry obviamente va a toda velocidad.

Poco antes de mitad de camino, el barco hizo una parada para recoger y dejar viajeros en Naxos, la isla más grande y fértil de las Cycladas. Desde el barco pudimos ver el puerto y el castillo veneciano de su capital, Jora o Khora. Esta isla es otra buena opción de visita, sin duda lejos de la aglomeración que tienen Mykonos y Santorini y según me dijeron goza de bonitas y largas playas y unos restos arqueológicos bien conservados, como el templo dedicado a la diosa Dimitra, que data del 530 a.C. Quizás es una buena opción para otra ocasión…

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Sobre las 11:15 nos aproximamos ya a la isla de Santorini. Es impresionante verla desde el agua con sus acantilados, de un color entre marrón y rojizo, y las casas blancas en lo alto de la caldera volcánica, es como si en la isla hubiera dos plantas, una al nivel del mar y otra sobre el acantilado, asomada a la caldera. El terreno no es parte de la corteza terrestre, sino que está compuesto de roca lávica. La isla tiene unos 96 km2, algo más grande que Mykonos, pero al ser más alargada, las distancias son mayores, además tiene mayores desniveles que aquella. Tiene una población oficial de sólo unos 15000 habitantes (2016), pero la visitan al año más de dos millones de personas (casi el 10% del total del país), no en vano es una de las islas más visitadas del mundo y destino principal de los cruceros, que desembarcan aproximadamente a la mitad de esos visitantes.

En Santorini hay, para empezar, un malentendido lingüístico, ya que los griegos la llaman Thira o Thera, mientras que para el resto se ha conservado el nombre de Santorini que le pusieron los venecianos, dominadores de la isla entre 1204 y 1579 y que proviene de la santa protectora de la isla, Santa Irene de Salónica.

En el mismo puerto, y como había ya reservado desde España, teníamos una agencia de la compañía Spiridakos (www.spiridakos.gr) para coger nada más llevar el coche de alquiler, 123€ pagaríamos por los tres días con seguro a todo riesgo. Nos dieron un Toyota Yaris, este bastante más nuevo que el que nos dieron en Mykonos. Pusimos el GPS de Google Maps para ir al hotel y comenzamos a subir la larga y sinuosa cuesta que hay para llegar a la zona alta. Había muchísimo tráfico, como que tardamos más de 45 minutos en llegar. Esta es la ruta desde el puerto donde llegó el ferry y nuestro alojamiento.

Mapa puerto a hotel Santorini

El hotel que había reservado después de mucho dar vueltas y haber reservado y anulado otros dos antes en Booking.com fue el Aghios Artemios Traditional Houses. Nos costó 372€ las tres noches, con desayuno incluído.

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Más que en un hotel como tradicionalmente lo conocemos, nos alojamos en pequeñas viviendas excavadas en la ladera de un monte, que además de esta singularidad, si le sumas que todo estaba encaladado de un blanco impoluto y todo decorado con plantas y flores, hacían del lugar un sitio fantástico. Además tenía una iglesia dentro, una auténtica preciosidad, y esto no es raro, ya que en toda la isla hay más de 600 iglesias y capillas!!!, la mayoría de religión ortodoxa y caracterizadas por la clásica construcción bizantina con la cúpula azul y las paredes blancas.

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Para el tema del alojamiento si os decidís por un hotel, tenéis dos opciones básicamente. Podéis coger uno con “vistas a la caldera”, es decir con las magníficas vistas al volcán y que puedes coger en Oia o Fira por ejemplo, sus pueblos más importantes, pero que tendrás que pagar sólo por esas vistas mínimo 250€ la noche, y como yo no estaba dispuesto, pues busqué otro hotel que no tuviera vistas pero que fuera cómodo, y creerme que el que cogimos sí que lo fue. Eso sí, es muy tranquilo y para el que se necesita un coche para ir a cualquier sitio ya que está en medio del campo y sin localidades cercanas. Las habitaciones son cuevas excavadas en la ladera y cuando nos enseñaron la nuestra nos quedamos con la boca abierta porque nos encantó, además tenía una pequeña cocina por si necesitábamos cocinar algo. Todo blanco y azul y con todo lujo de detalles, una cama grande de matrimonio y otra pequeña para Liria, que estaba encantada.

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Salimos fuera y fuimos a ver la zona de la piscina, magnífica y con vistas al mar. Además con wifi que funcionaba muy bien, cosa que no sucedía en las habitaciones, complicado en una cueva.

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Liria tenía tantas ganas de bañarse que nos dimos un baño nada más instalarnos.

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Sobre las 6 de la tarde decidimos ir a una de las dos principales poblaciones de la isla, la más famosa y fotografiada, Oia, situada al norte y a apenas diez kilómetros de nuestro alojamiento. Por la carretera a la que llegamos al pueblo parece que es el mejor sitio para aparcar el coche, vimos un descampado y ahí lo dejamos sin tener que pagar. Caminamos apenas unos cien metros pasando junto a la estación de autobuses y llegamos a la calle principal de Oia, Nikolaou Nomikou, aquella que recorre todo el acantilado y que parece que es la única calle de la localidad. Es inevitable intentar ya asomarse a ver la famosa vista, pero ohh, veréis que los miradores “gratuitos” son muy escasos, ya que está estratégicamente, bueno más bien, comercialmente hecho para que de las vistas disfruten sobre todos los hoteles y restaurantes, repartidos a lo largo del acantilado y ocupando las antiguas casas de marineros.

Comenzamos nuestro paseo hacia el oeste, dirigiéndonos hacia los lugares más famosos para ver el atardecer. Yo temía este camino y las aglomeraciones, y enseguida se cumplen mis temores, las calles se estrechan y empiezan a agobiar, esta zona no me gusta, no me quiero imaginar en temporada alta.

Afortunadamente llegamos en poco tiempo al fin de la calle, y la vista desde luego, nos quita el hipo, sobre todo porque es la primera. Ahí estábamos, delante de la imagen que tantas veces había visto, con los molinos y al fondo el horizonte donde cada día se dibuja una puesta de sol, dicen la más bonita del mundo, esto como siempre, para gustos, los colores, ya os diré mi opinión.

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Quedaba todavía algo más de una hora para la puesta de sol así que bajamos hacia un lugar mítico y famosísimo para ver el atardecer, pero sólo hay un problema, que el espacio es tan pequeño que se llena enseguida. Es el castillo en ruinas que fue la sede de la familia Argyri bajo los venecianos y que veréis en esta foto al fondo. Más al final está la isla Thirasia, una de las cinco del archipiélago.

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Desde el castillo veneciano hay un mirador con una vista completa de 360 ​​grados. El lugar es increíble, de esos que no se olvidan.

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Las vistas de este lado son preciosas y permite ver todas las edificaciones del acantilado, sobre todo hoteles y la población de Imerovigli, al fondo. Salimos de allí pitando, rodeados de gente haciendo fotos y más fotos, sobre todo asiáticos, diría que chinos que disparan sin parar sin ni siquiera dedicar un tiempo a contemplar el maravilloso paisaje.

Subimos la cuesta que nos ha llevado al castillo y retomamos la calle principal hacia el otro extremo. Pasamos de nuevo por la primera parte de esta calle, que es estrechísima, agobiante, llena de gente. Llegamos a un cruce con una calle que baja, cerca del restaurante Lotza del que hablaré después. Os recomiendo tomar esa calle y bajar unos metros, os encontraréis con una maravillosa iglesia de cúpulas azules y símbolo de la foto quizás más famosa de toda la isla (¿recordáis los yogures Danone?), ahí la vimos, qué maravilla!!!

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Aquí está como llegar a este lugar, espero que os quede claro, la flecha indica la calle por la que tenéis que descender unos pocos metros.

Mapa iglesia cúpulas azules

Hacía calor así que compramos unos helados en la calle principal, sorprendiéndome lo baratos que fueron, pagamos 7€ por los tres. Llegamos enseguida a una plaza (Plaza Caldera podría ser su traducción o simplemente Plaza Mayor) en la que se encuentra la preciosa Iglesia de Panagia Platsania.

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Esta plaza me encantó, amplia, sin agobios, y con unas magníficas vistas de la caldera. Desde aquí vemos las terrazas y piscinas al borde del acantilado que tienen los hoteles y que justifican sus altos precios, qué pasada.

Seguimos caminando hacia el este. Toda esta zona me gusta más, mucho más abierta, sin agobios, llena de tiendas de todo tipo, desde boutiques exclusivas hasta comercios de lo más sencillo.

Finalmente llegamos al fin de la calle Nikolaou Nomikou, al menos de la parte más transitada. Desde este punto es posible ver la otra perspectiva de Oia, con el castillo en el pináculo saliente al fondo. Ni que decir tiene que es imposible no quedarse embobado mirando el paisaje.

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Al lado está la bonita y fotogénica iglesia ortodoxa de San Jorge, una pena que se encuentre cerrada para visitarla por dentro.

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Pasamos un rato en esta zona tranquilamente y viendo como nuestra niña intenta jugar con dos niñas griegas, y riéndonos cuando nos dice, ¡¡no las entiendo papá!!.

Después y como parece que más adelante no hay nada interesante, decidimos dar la vuelta y recorrer el camino a la inversa. Vemos de nuevo la iglesia Panagia Platsania, que con la caída del sol presenta esta preciosa estampa.

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Llegamos de nuevo al extremo del otro lado justo para ver como se esconde el sol, con mucha gente alrededor en los miradores que hay. El paisaje es sin duda muy chulo, aunque tengo que decir sinceramente, que nada tienen que envidiar las que vimos en Mykonos los días anteriores, sobre todo más tranquilos lo que yo valoro mucho para estos momentos.

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Se hacía de noche y llegaba el momento de buscar un lugar para cenar. Una vez descartados muchos sitios que presupuestariamente se nos iban por el hecho sobre todo de sus vistas hacia la caldera, encontramos por pura casualidad uno que vimos sus precios bastante asequibles y además parecía que gozaba también de una muy buena situación. Entramos y efectivamente tenía una magnífica terraza, y dió la casualidad (la ventaja de no ir en temporada alta) que vimos una mesa vacía, así que nos avalanzamos hacia ella a la velocidad de Ussain Bolt. El lugar efectivamente resultó fantástico, con unas fantásticas vistas hacia la caldera y la iglesia famosa de cúpulas azules.

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El restaurante llamado Lotza, desde luego no tenía una estrella Michelin, pero tenía unos precios muy asequibles y una carta con un poco de todo.

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Pedimos pasta y un filete de pollo, platos abundantes y bastante ricos. La atención de nuevo fue muy buena. Pagamos por los dos platos, tres bebidas y un postre de nueve euros, un total de 48€.

Salimos y daba gusto ver las calles así de vacías, la muchedumbre se había evaporado!!

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Nos dirigimos al coche para volver al hotel. Esta es la ruta que habíamos hecho aproximadamente comenzando en el parking cerca de la terminal de autobuses.

Ruta Oia

Día 8. Playas Monolithos, Kamari. Fira.

Nos levantamos sobre las ocho y vamos a desayunar, aunque nos llevamos la desagradable sorpresa de que no lo tienen listo hasta las nueve, esto me parece una cosa a mejorar, deberían tenerlo listo antes. Lo primero que vemos es que no hace buen tiempo, está nublado, y es una pena porque ese día teníamos pensado ir a la playa. Sirven el desayuno en la zona de la entrada del complejo y es tipo buffet, comemos tostadas, algunos dulces, aunque echamos de menos algo caliente y más fruta. De nuevo me sirvo un gran vaso de yogur griego que de nuevo me parece fantástico, me encanta. Eso sí, las vistas desde el sitio donde desayuntamos, magníficas. Hablamos con el dueño del hotel que se sienta a desayunar con los clientes. Tengo que decir que a mí personalmente esto no me gusta, quizás es la hospitalidad griega pero creo que hay que dejar intimidad a los clientes, es mi opinión.

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Cogemos el coche dispuestos a ir a la playa, aunque el tiempo no acompañe. Paramos en un supermercado para comprar un flotador pero no había, aprovecho para preguntar a la dueña que qué podemos hacer con una niña de cuatro años si el tiempo no acompaña. Muy amablemente me explica en inglés con un mapa las posibilidades que hay, me indica un par de sitios para ir con zonas de juegos (Playland y Escape land) y otros sitios interesantes de la isla, me insiste mucho en visitar Akrotiri, una espinita que se me quedó.

Pasamos por Fira donde tenemos que ir a la oficina de la agencia de alquiler de coches para abonar el importe del alquiler. La compañía Spiridakos por lo que vemos, es una de las más importantes de la isla, y tiene también paseos en catamarán, una opción que pensábamos hacer quizás la última tarde. En la agencia, el hombre que nos atiende nos dice que con la niña vayamos a la playa Monolithos, junto al aeropuerto, de arena fina e ideal para ir con niños por su poca profundidad.

Decidimos hacerle caso, además hay una tienda grande enfrente donde compramos el flotador y hay multitud de artículos playeros. Una pena que el tiempo no acompañe, está nublado y hace viento. En la playa prácticamente no hay nadie y no me enamoró que digamos, me pareció de lo más normalita.

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Estuvimos aproximadamente una hora y decidimos seguir hacia las otras playas más al sur. Llegamos a Kamari, una de las emblemáticas de la isla. Con unos cinco kilómetros de playa de piedra oscura y volcánica, con algunas zonas de arena, es un centro de reunión para al ambiente tanto de día como de noche. Aparcamos y aquí sí encontramos pequeños hoteles muy parecidos a los de nuestra costa mediterránea, encalados en blanco y de no más de dos plantas. Nos acercamos a la playa y tenemos suerte, aparecen los primeros rayos de sol.

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Nos vamos animando y dado que gracias al sol comienza a hacer algo de calor, nos damos un baño Magaly y yo, el agua está estupenda, la peque, no se atreve. La verdad es que no me disgustó, a pesar de ser de piedra, pero me sigo quedando con las de arena y desde luego con las de Mykonos.

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Era ya casi la hora de comer y como para llegar a la playa de Perissa, otra de las más conocidas y situada más al sur, había que dar un rodeo y estaba a casi media hora según Google Maps, decidimos ir a Fira a comer. Fuimos sobre seguro y comimos en McDonalds, 21€ pagamos, y desde allí volvimos al hotel para disfrutar de la piscina, ahora que el tiempo ya estaba mucho mejor.

Estuvimos disfrutando de la piscina hasta aproximadamente las 6 de la tarde, que decidimos coger el coche para ir a conocer la otra localidad más importante de la isla, Fira. Habíamos oído que no merecía mucho la pena, pero nada más lejos, fue un gran acierto ir y desde luego que la recomiendo, no sé si más incluso que Oia.

Esta es la ruta que habíamos hecho este día:

Ruta día 2 Santorini

Aparcamos el coche de nuevo en un descampado que aparecía en el mapa como Agiou Athanasiou y subimos andando. Esta localidad es más grande que Oia, superando los 2000 habitantes, cifra a la que no llega Oia, ojo, hablo de cifras oficiales del censo de 2016, no obviamente de visitantes. Fira al menos no tiene sólo una calle, la que se asoma al acantilado, tiene otras con restaurantes y muy animadas, es viernes y se nota.

Nada más llegar a la calle principal tomamos dirección sur. La zona es parecida a Oia, llena de tiendas, aunque tengo la impresión de que hay más restaurantes, las calles son más abiertas, con lo que la aglomeración no se nota tanto, eso sí, de nuevo es difícil encontrar sitios para ver las vistas de la caldera, reservada a hoteles y restaurantes. Desde aquí se divisa perfectamente la isla de Nea Kameni, donde se halla el cráter del antiguo volcán.

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Vamos llegando al final de la calle, donde podemos ver hacia el norte, todo el pueblo de Fira asomado al acantilado, el siguiente saliente donde está Imerovigli, e incluso al fondo del todo estaría Oia en el final de la isla.

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Llegamos por fin a la zona del quizás el templo más emblemático de Fira. En los mapas puede aparecer como Metropolitan Cathedral, pero para los griegos es la catedral de Ipapandí (Purificación) o Panagía (la Virgen) de Belonia, construida en 1827. Es una enorme iglesia blanca que impresiona al ver sus dimensiones, son las 7 y media y lamentablemente está cerrado.

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Desde esta parte hay una zona abierta frente a la catedral que permite ver el precioso paisaje, con la isla Nea Kameni a la izquierda, y enfrente Thirasia. Además el sol va bajando poco a poco, con lo que la magia del lugar va en aumento. Este me pareció ya un sitio fantástico para ver la puesta de sol.

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Sin embargo como quedaba todavía tiempo decidimos hacer lo mismo que en Oia, volver por donde vinimos tomando dirección norte para ir hasta el otro extremo, lo mejor estaba por llegar.

Por el camino si queréis tomar algo en un lugar con magníficas vistas podéis optar por el Iriana Café, os encantará aunque asumir que no es baratito.

Entramos en una de las numerosas tiendas para ver si comprábamos algunos imanes (no soy muy original pero los colecciono, no tengo ya casi nevera para tantos) y lo que surgiera. Nos enamoramos de una lámina con un paisaje precioso de Santorini, y también vimos un reloj azul, que en nuestra cocina donde predomina ese color, pensamos que quedaría genial. La tienda era de un simpático artesano de la zona y nos cuenta que lo hace él, nada de “made in China” dice, así que eso fue un aliciente más para comprarlo. No nos pareció caro, pagamos unos 50€ por todo.

Seguimos caminando y alucinando con los hoteles que hay y las vistas que deben tener, un privilegio para los que no les importe dejarse 200-300 euros por noche, y más.

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Llegamos hacia la zona del conocido como “Cable Car”, el teleférico que baja hasta el Puerto Antiguo de Fira. Esta zona que está llena de tiendas y tiene una pequeña plaza, alberga el conocido teleférico que como curiosidad decir que se vendieron en 2016 nada menos que un millón de tickets!!!. También es posible descender por un camino sinuoso con unas 600 escaleras o ascenderlo en burro, una turistada básicamente. Nosotros no bajamos y encontramos un camino peatonal bordeando el acantilado, que no me extraña que estuviera lleno de gente porque las vistas eran alucinantes. Esta imagen de Fira con los tonos rojizos del sol a punto de esconderse, es para mí otra de las estampas del viaje, qué preciosidad!!!!.

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Desde aquí decidimos dar la vuelta y volver hacia el sur, y alejándonos un poco de la zona del teleférico pudimos contemplar una de las puestas de sol más magníficas que he visto nunca, me atrevo a decir que me gustó más que la que ví desde Oia, con mucha más tranquilidad a mi alrededor, y pudiendo saborear cada momento y cada cambio de luz. Fue increíble!! no os la perdáis!!!

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Después de que se escondiera el sol y comenzara a oscurecer, nos dispusimos a buscar un sitio para cenar. Todos los de esta zona eran muy caros, así que se nos ocurrió alejarnos de esta zona para buscar otros sitios. Finalmente llegamos a la animada calle “25 de marzo” donde decidimos, ya que no lo habíamos hecho en todo el viaje, cenar en un puesto callejero y comer el típico Gyros. Paramos en uno llamado Nick the Grill, donde dos simpáticos dependientes servían gyros, kebabs, pizzas y hot dogs sin parar. Comimos dos gyros y un perrito para Liria que comimos muy agusto.

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Esta es la ruta que habíamos hecho esa tarde en Fira:

ruta Fira

Un poco más adelante encontramos un negocio de yogures helados llamado “Chillbox Frozen yogurt” con todo tipo de sabores de yogurt y todos los topping inimaginables. De nuevo dimos con una simpática chica que le regaló un vaso a Liria llena de chocolates. Nuestra peque tuve que aprender la palabra ‘efjaristó’ para darle las gracias a la chica.

Tras tomarnos el postre, ya sobre las 10 y media de la noche fuimos a por el coche para regresar al hotel. Habíamos pasado una muy agradable tarde.

Día 9. Hotel y crucero en catamarán

Este penúltimo día en Santorini y de nuestro viaje por el país heleno, lo pensábamos dedicar a seguir recorriendo la isla, visitar pueblos como Pyrgos, Megalochori o Emporio, o playas más al sur como Perissa, Perivolos o Eros, que nos habían recomendado. Una opción que no barajábamos por ir con la niña pero que es una de los lugares más importantes de la isla es Akrotiri, un yacimiento arqueológico conocido como la “Pompeya minoica”. La ciudad está perfectamente conservada tras haber permanecido sepultada unos 3.500 años bajo toneladas de ceniza volcánica!!!. No os lo perdáis si os gusta la historia y tenéis tiempo suficiente.

Pero todo esto se vió truncado por la climatología, amaneció muy nublado e incluso caían algunas gotas. Una de las opciones que barajaba desde España para este último día era hacer un paseo en catamarán por el archipiélago y que también nos lo habían ofrecido en el hotel. Miramos las aplicaciones de móvil que hay sobre el tiempo, parecía que a partir del mediodía pasaba la tormenta así que decidimos contratarlo. El hotel se encargó de avisar a la agencia Caldera Yachting, que vendrían a recogernos sobre las 2 de la tarde. El tour duraba hasta la puesta de sol e incluía cena a bordo, el precio era de 90€ por persona (la niña gratis), y creerme que mereció la pena.

Fuí a echar gasolina al coche, e hice esta foto desde un punto alto que muestra el tipo de paisaje que hay en la zona opuesta a la caldera, parecido a Mykonos, pueblos de lo más normales, ambiente rural y cero casas de lujo, supongo que de haberlas, tendrán vistas desde luego hacia el otro lado.

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El tiempo mejoraba poco a poco, nos bañamos en la piscina, fuimos haciendo las maletas y comimos pronto en el propio hotel.

A las 2 nos vinieron a recoger en un mini bus muy cómodo aunque nos dijeron que saldríamos con algo de retraso. Cogimos el camino hacia Fira y allí paramos para recoger a los que serían nuestros acompañantes, una familia de la India de nueve miembros, dos niñas incluídas, se veían bastante adinerados y si no multiplicar 7 por 90€.

Cruzamos casi toda la isla para salir desde la parte sur. La hora de la salida oficial eran las tres y media pero saldríamos casi a las cuatro. La compañía como os dije fue Caldera Yachting (www.calderayachting.gr), quizás la más importante además de Spiridakos, aunque nos dijeron que hay hasta ocho que ofrecen esta actividad. Esta empresa ofrece varios tipos de mini cruceros, con diferentes circuitos y diferentes precios como podéis ver en su página web, nosotros cogimos el llamado Classic de tarde, ya que hay uno que sale por la mañana 10:30 y termina a las 15h. Aquí hay una foto del folleto con la opción que elegimos.

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Llegamos al puerto conocido como Vlychada y que estaba lleno de catamaranes, yates y veleros. Nos bajamos del mini bus los doce que iríamos en la excursión y nos subimos al catamarán ayudados por la tripulación, tres chicos jóvenes y una chica. Era la primera vez que subía en uno así que estaba emocionado, como Magaly y la niña, que estaba entre también emocionada y con algo de miedo también.  Cuando nos sentamos en la mesa para explicarnos la excursión, el patriarca de la familia india dice que ellos habían cogido la opción Gold, no la Classic, todavía más cara y que hace un circuito más largo, entre que se ponían de acuerdo, más retraso. Menos mal que tras un par de llamadas, aceptan hacer este circuito y que quizás otro día harán el otro, madre mía como manejaban $$$.

Durante la ruta la compañía ofrece servicio de gratuito de refrescos y agua, y de bebidas con alcohol, sólo vino, supongo que para evitar desmadres a bordo. Además nos dan toalla, cosa que desconocíamos y nosotros cargando con las nuestras, así que si váis, no hace falta que las llevéis.

Aquí está la ruta que íbamos a hacer, con las paradas incluídas:

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Nada más comenzar nos dirigimos todos a la zona de proa donde tiene una especie de redes muy divertidas y donde te puedes tumbar y ves como avanza el barco. Ahí lo pasamos en grande haciendo fotos y disfrutando del paseo, además, se había quedado un día estupendo.

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Enseguida llegamos a la “Red Beach” una de las más famosas y visitadas de la isla. La razón por la que atrae a tanta gente es por las losas de roca volcánica de color rojo y negro que hay justo detrás de ella y que le dan ese color tan atractivo. Está junto a la antigua ciudad de Akrotiri.

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Al lado de la playa roja se encuentra la playa blanca, otra bastante visitada en la isla y que se accede desde la anterior. Un poco más adelante y en una zona de acantilados, nos dan la opción de darnos un baño. Me lanzo yo y el patriarca de la familia india, al final también se anima Magaly. El agua está genial y nos ofrecen gafas y tubo para hacer snorkel, pasamos un buen rato viendo los peces. Esta zona como véis es una parada frecuente de todos los barcos.

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Continuamos la ruta por el sur de la isla pasando junto a imponentes acantilados hasta llegar al faro donde comenzamos a ir hacia el noreste, todo muy muy chulo.

Según nos cuenta uno de la tripulación que hace el papel de guía, el faro es un lugar fantástico para ver el atardecer y al que no mucha gente va. Por cierto, gran detalle que haya una persona que te vaya contando cosas de lo que vamos viendo.

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En los siguientes minutos nos contó la historia de la isla, que yo ya había leído previamente y que me parece muy interesante. Santorini se formó debido a un volcán cuya erupción hace alrededor de 3,500 años fue de tal magnitud que el interior de la montaña se hundió y sólo quedó el exterior con una enorme roca en el centro (Nea Kameni, el cráter del volcán actual), otra más pequeña (Palea Kameni), la de Santorni y dos islas adicionales llamadas Thirasia y Aspronisi (esta muy pequeña). Si os fijáis en el mapa veréis que las isla de Santorini tiene forma de media luna, haciendo la forma redondeada del volcán. La laguna que circunda el interior es lo que se conoce como la “caldera“, nombre según nos dice el guía que es de origen español, ellos no lo traducen.

Muchos especialistas creen que esta erupción fue responsable de las enormes olas del tsunami que azotó las costas del norte de Creta y destruyó la llamada civilización minoica que florecía en ese momento. Además si os gusta la mitología, se dice también que la destrucción de Santorini podría estar relacionada con la mítica Atlántida, hay mucha literatura al respecto.

Por el camino y de repente, tenemos una de esas grandes experiencias que aparecen por casualidad en los viajes, y es que nos encontramos con unos visitantes que nos acompañan unos metros en nuestro viaje, fue fantástico!!!! menudos gritos daban la familia india y Liria.

Llegamos a una zona donde van la mayoría de las excursiones que parten de Fira (junto con la subida al volcán de Nea Kameni) y donde se nota todavía la actividad del volcán, se le conoce como Hot Springs y está en la pequeña isla de Palea Kameni. Es una pequeña bahía llamada de Agios Nikolaos por la pequeña ermita que hay y que hace del contraste entre el negro de la roca, el blanco de la iglesia y el marrón del agua, una mezcla muy curiosa. Aquí la temperatura del agua varía de 30 a 35 grados, ya que se mezcla contínuamente con las corrientes marinas. Nos ofrecen bañarnos, atracción turística por excelencia pero decidimos que no, además dicen que el bañador queda manchado de naranja y prácticamente para tirarlo, no lo probé la verdad.

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Nos separamos de la isla y hacemos una aproximación hacia Fira, que la vemos desde abajo, que con un crucero al lado, luce impresionante.

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De vez en cuando nos cruzamos con otros barcos de lo más variopintos.

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El catamarán en el que vamos, de nombre Moonlight me parece precioso, yo que nunca había subido a uno de estos. En un momento que voy al baño lo veo por dentro, tiene dos habitaciones con camas que son una pasada, con todo el espacio aprovechado al milímetro. Sólo estar sentado en la cubierta y disfrutando del paisaje, es una EXPERIENCIA magnífica!!!

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Sobre las 6 y media hacemos una parada junto a un acantilado en una de las islas centrales, y se disponen a preparar la cena los cuatro. Tienen una barbacoa en la cubierta para hacer algo de carne, en ese momento y por casualidades del destino, cae un chaparrón. La tripulación es muy maja, incluso uno habla español ya que su mujer era chilena. Este nos dice que de junio a octubre se pasan todos los días salvo algún finde que les da su jefe desde las 8 de la mañana hasta que se pone el sol con estas excursiones, así que el trabajo es tranquilo, pero de muchísimas horas. ¿Y en invierno qué hacéis le pregunto? pues gastarnos en Atenas el dinero que hemos ganado, buena respuesta 🙂

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Como somos dos grupos, a la familia más grande la sientan en la mesa que hay saliendo a la cubierta y que es más grande, y a nosotros nos ponen en la mesa dentro del barco. Estuvimos super cómodos y la cena fue fantástica.

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La comida como véis constaba de una ensalada griega riquísima, con su queso feta como no, un arroz frío y otro caliente y luego carne y una especie de chorizo criollo que fue lo que más nos gustó. La verdad que la cena estuvo de diez, el lugar, la tranquilidad, la comida, fue todo fantástico.

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Luego nos dejaron tiempo libre esperando para que se pusiera el sol y aquí sufrí el único percance del viaje, menos mal que sólo quedó en un susto. No voy a extenderme porque es mera anécdota.  Yo me sentía un poco mareado, y eso que nunca me suele pasar, así que entré dentro del barco a que me dieran una pastilla. Iba de la mano con Liria y al salir de nuevo a cubierta, en lugar de hacer por las escaleras lo hice por el espacio entre los asientos que hay fuera y el techo que lo cubre, con la mala suerte de que en el impulso medí mal la distancia del techo y me dí un golpe. Enseguida ví que el trompazo había sido fuerte y empecé a sangrar abundantemente. La tripulación se acercó asustada tratando de pararme la herida y me hizo los básicos primeros auxilios después de preguntarme si me sentía mareado para volver pitando al puerto o no. Como me dolía pero nada más, decidieron subirme a la parte más alta y central del barco donde se encuentra el timón y ahí me quedé el resto del viaje. No os pongo la foto de la brecha para no herir sensibilidades pero puedo decir que tenía un tamaño considerable.

Se interesaron en todo momento por mí y me atendieron fenomenal los cuatro de la tripulación, a los que le agradecí el trato recibido. A pesar de esto aunque no con mi familia como me habría gustado, pude disfrutar de las puestas de sol que mi mujer fotografió y que como véis, es fantástica, seguro que vosotros, sin accidentes, pasaréis un momento de lo más romántico y tranquilo.

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Una vez que llegamos al puerto, me estaba esperando un transporte de la empresa que había llamado la tripulación para llevarme al hospital y verme la herida. El chico que nos llevó de nuevo fue super amable. El hospital estaba en Fira (www.santorini-hospital.gr),  en la dirección: <Καρτεραδος, Thira 847 00>. Es privado porque nada más entrar en la recepción me dijeron que sólo por verme en urgencias eran 20€, aparte de la consulta. Yo obviamente como en todas mis escapadas llevo un seguro de viaje, que me habría cubierto estos costes si lo hubiera necesitado, pero pregunté al chico de la empresa suponiendo que el crucero tendría un seguro. Él no estaba muy convencido así que hizo una llamada tras la cual nos dijo que sin problemas, todo cubierto (finalmente fueron unos 55€). Eran ya sobre las 11 de la noche, y al día siguiente nos teníamos que levantar a las 4 para coger el vuelo!!! esto era lo que más me preocupaba, más que el propio golpe. Me llevaron a una sala y me dijeron en un inglés muy correcto que había que coserme, cosa que me hizo una simpática doctora. Me pusieron cuatro puntos y me dijeron que fuera a la farmacia a comprarme la vacuna del tétanos por si acaso. Así hice, volví y me la pusieron y nos llevaron al hotel, al que llegamos casi a la medianoche, yo con un apósito en la cabeza.

Había sido un percance de los que puede pasar, pero no por eso desde luego que empañó el paseo en el barco, que fue fantástico y que recomiendo al 100%.

Día 10. Regreso a España

El avión salía a las 6:40 así que tocó madrugar de verdad. Nos levantamos sobre las 4 de la mañana, con lo que poco pudimos dormir. Cogimos el coche y conduje hasta el aeropuerto, en apenas 25 minutos llegamos. Dejé el coche donde acordé con la agenda y ya vimos la cola que había. El aeropuerto no es que tuviera poco glamour, es que era de lo más cutre que me he encontrado en mis viajes, eso sí, los precios de los cafés y la bollería, de aeropuerto de Dubai ;). Después de más de media hora haciendo cola en una sala que se queda pequeña para facturar las maletas y un control extra de las maletas bastante absurdo, pudimos ir a la puerta de embarque y tomar el vuelo que nos llevaría a Atenas y luego a Madrid.

Por la ventana del avión nos despedimos ya de Santorini del país, qué pena tener que marcharnos!!! qué grandes momentos habíamos pasado.

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Y este ha sido el viaje a este fantástico país que ha resultado ser Grecia, en el que tanto su historia, como sus rincones, su gastronomía pero sobre todo su gente ha resultado ser todo un descubrimiento y una sorpresa muy positiva. De nuevo dejo atrás ciertos prejuicios y habría que tomar nota de cómo las personas de este país tratan al turista. Supongo que cuentan con que es un medio idóneo de poder pasar el bache en el que están metidos y que la situación económica mejore para todos, o simplemente es el carácter griego, temperamental pero también muy afable. De verdad espero que pronto salgan de este pozo.

Para terminar, espero que este diario, que aunque sé que es extenso, me parece la mejor manera, no de conocer mi vida, si no de serviros de ayuda si tenéis la oportunidad de visitar este bonito país, o si no, conocer algo más de su historia y sus rincones. Por supuesto aquí me tenéis si os queda alguna duda que dentro de lo que pueda, intentaré ayudaros.

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