SANTORINI

Aquí cuento sólo nuestros días pasados en Santorini, así que vamos directamente al séptimo día de nuestro viaje:

Día 7. Santorini. Oia.

Nos levantamos a las 8 y desayunamos un poco rápido porque a las 9 nos esperaba el servicio de transporte del hotel para llevarnos al “Puerto Nuevo” de Chora. A las 9.50 h. salía nuestro ferry hacia Santorini. Para evitar problemas había comprado ya desde España los billetes por internet. Para que no se nos hiciera largo el trayecto reservé en el ferry más rápido de todos los que ofrece la compañía Seajets, de nombre Champion Jet1, y pagué 167€ por los tres. Una vez en el puerto simplemente nos acercamos a una especie de quiosco o caseta para recoger los billetes presentando la reserva impresa.

Habíamos llegado pronto, y fuimos viendo como venía más y más gente para coger el mismo ferry. Llegó la hora y por ahí no aparecía barco alguno. Yo que no tengo mucha paciencia con este tipo de cosas ya me empecé a cabrear. Finalmente llegó el ferry con 40 minutos de retraso. No me quiero imaginar si eso sucede en verano o en una hora donde haga calor, porque la espera es al aire libre y el sol cayendo a plomo puede ser tremendo.

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Dejamos las maletas en la parte de abajo donde también suben coches y otros vehículos y subimos a la parte superior. Por dentro el ferry parece un avión, es muy grande y cómodo, con un bar donde podéis comprar algo para comer y beber y una zona tipo primera clase.

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Por supuesto tienes la oportunidad de salir al exterior aunque corre un mucho viento porque el ferry obviamente va a toda velocidad.

Poco antes de mitad de camino, el barco hizo una parada para recoger y dejar viajeros en Naxos, la isla más grande y fértil de las Cycladas. Desde el barco pudimos ver el puerto y el castillo veneciano de su capital, Jora o Khora. Esta isla es otra buena opción de visita, sin duda lejos de la aglomeración que tienen Mykonos y Santorini y según me dijeron goza de bonitas y largas playas y unos restos arqueológicos bien conservados, como el templo dedicado a la diosa Dimitra, que data del 530 a.C. Quizás es una buena opción para otra ocasión…

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Sobre las 11:15 nos aproximamos ya a la isla de Santorini. Es impresionante verla desde el agua con sus acantilados, de un color entre marrón y rojizo, y las casas blancas en lo alto de la caldera volcánica, es como si en la isla hubiera dos plantas, una al nivel del mar y otra sobre el acantilado, asomada a la caldera. El terreno no es parte de la corteza terrestre, sino que está compuesto de roca lávica. La isla tiene unos 96 km2, algo más grande que Mykonos, pero al ser más alargada, las distancias son mayores, además tiene mayores desniveles que aquella. Tiene una población oficial de sólo unos 15000 habitantes (2016), pero la visitan al año más de dos millones de personas (casi el 10% del total del país), no en vano es una de las islas más visitadas del mundo y destino principal de los cruceros, que desembarcan aproximadamente a la mitad de esos visitantes.

En Santorini hay, para empezar, un malentendido lingüístico, ya que los griegos la llaman Thira o Thera, mientras que para el resto se ha conservado el nombre de Santorini que le pusieron los venecianos, dominadores de la isla entre 1204 y 1579 y que proviene de la santa protectora de la isla, Santa Irene de Salónica.

En el mismo puerto, y como había ya reservado desde España, teníamos una agencia de la compañía Spiridakos (www.spiridakos.gr) para coger nada más llevar el coche de alquiler, 123€ pagaríamos por los tres días con seguro a todo riesgo. Nos dieron un Toyota Yaris, este bastante más nuevo que el que nos dieron en Mykonos. Pusimos el GPS de Google Maps para ir al hotel y comenzamos a subir la larga y sinuosa cuesta que hay para llegar a la zona alta. Había muchísimo tráfico, como que tardamos más de 45 minutos en llegar. Esta es la ruta desde el puerto donde llegó el ferry y nuestro alojamiento.

Mapa puerto a hotel Santorini

El hotel que había reservado después de mucho dar vueltas y haber reservado y anulado otros dos antes en Booking.com fue el Aghios Artemios Traditional Houses. Nos costó 372€ las tres noches, con desayuno incluído.

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Más que en un hotel como tradicionalmente lo conocemos, nos alojamos en pequeñas viviendas excavadas en la ladera de un monte, que además de esta singularidad, si le sumas que todo estaba encaladado de un blanco impoluto y todo decorado con plantas y flores, hacían del lugar un sitio fantástico. Además tenía una iglesia dentro, una auténtica preciosidad, y esto no es raro, ya que en toda la isla hay más de 600 iglesias y capillas!!!, la mayoría de religión ortodoxa y caracterizadas por la clásica construcción bizantina con la cúpula azul y las paredes blancas.

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Para el tema del alojamiento si os decidís por un hotel, tenéis dos opciones básicamente. Podéis coger uno con “vistas a la caldera”, es decir con las magníficas vistas al volcán y que puedes coger en Oia o Fira por ejemplo, sus pueblos más importantes, pero que tendrás que pagar sólo por esas vistas mínimo 250€ la noche, y como yo no estaba dispuesto, pues busqué otro hotel que no tuviera vistas pero que fuera cómodo, y creerme que el que cogimos sí que lo fue. Eso sí, es muy tranquilo y para el que se necesita un coche para ir a cualquier sitio ya que está en medio del campo y sin localidades cercanas. Las habitaciones son cuevas excavadas en la ladera y cuando nos enseñaron la nuestra nos quedamos con la boca abierta porque nos encantó, además tenía una pequeña cocina por si necesitábamos cocinar algo. Todo blanco y azul y con todo lujo de detalles, una cama grande de matrimonio y otra pequeña para Liria, que estaba encantada.

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Salimos fuera y fuimos a ver la zona de la piscina, magnífica y con vistas al mar. Además con wifi que funcionaba muy bien, cosa que no sucedía en las habitaciones, complicado en una cueva.

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Liria tenía tantas ganas de bañarse que nos dimos un baño nada más instalarnos.

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Sobre las 6 de la tarde decidimos ir a una de las dos principales poblaciones de la isla, la más famosa y fotografiada, Oia, situada al norte y a apenas diez kilómetros de nuestro alojamiento. Por la carretera a la que llegamos al pueblo parece que es el mejor sitio para aparcar el coche, vimos un descampado y ahí lo dejamos sin tener que pagar. Caminamos apenas unos cien metros pasando junto a la estación de autobuses y llegamos a la calle principal de Oia, Nikolaou Nomikou, aquella que recorre todo el acantilado y que parece que es la única calle de la localidad. Es inevitable intentar ya asomarse a ver la famosa vista, pero ohh, veréis que los miradores “gratuitos” son muy escasos, ya que está estratégicamente, bueno más bien, comercialmente hecho para que de las vistas disfruten sobre todos los hoteles y restaurantes, repartidos a lo largo del acantilado y ocupando las antiguas casas de marineros.

Comenzamos nuestro paseo hacia el oeste, dirigiéndonos hacia los lugares más famosos para ver el atardecer. Yo temía este camino y las aglomeraciones, y enseguida se cumplen mis temores, las calles se estrechan y empiezan a agobiar, esta zona no me gusta, no me quiero imaginar en temporada alta.

Afortunadamente llegamos en poco tiempo al fin de la calle, y la vista desde luego, nos quita el hipo, sobre todo porque es la primera. Ahí estábamos, delante de la imagen que tantas veces había visto, con los molinos y al fondo el horizonte donde cada día se dibuja una puesta de sol, dicen la más bonita del mundo, esto como siempre, para gustos, los colores, ya os diré mi opinión.

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Quedaba todavía algo más de una hora para la puesta de sol así que bajamos hacia un lugar mítico y famosísimo para ver el atardecer, pero sólo hay un problema, que el espacio es tan pequeño que se llena enseguida. Es el castillo en ruinas que fue la sede de la familia Argyri bajo los venecianos y que veréis en esta foto al fondo. Más al final está la isla Thirasia, una de las cinco del archipiélago.

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Desde el castillo veneciano hay un mirador con una vista completa de 360 ​​grados. El lugar es increíble, de esos que no se olvidan.

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Las vistas de este lado son preciosas y permite ver todas las edificaciones del acantilado, sobre todo hoteles y la población de Imerovigli, al fondo. Salimos de allí pitando, rodeados de gente haciendo fotos y más fotos, sobre todo asiáticos, diría que chinos que disparan sin parar sin ni siquiera dedicar un tiempo a contemplar el maravilloso paisaje.

Subimos la cuesta que nos ha llevado al castillo y retomamos la calle principal hacia el otro extremo. Pasamos de nuevo por la primera parte de esta calle, que es estrechísima, agobiante, llena de gente. Llegamos a un cruce con una calle que baja, cerca del restaurante Lotza del que hablaré después. Os recomiendo tomar esa calle y bajar unos metros, os encontraréis con una maravillosa iglesia de cúpulas azules y símbolo de la foto quizás más famosa de toda la isla (¿recordáis los yogures Danone?), ahí la vimos, qué maravilla!!!

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Aquí está como llegar a este lugar, espero que os quede claro, la flecha indica la calle por la que tenéis que descender unos pocos metros.

Mapa iglesia cúpulas azules

Hacía calor así que compramos unos helados en la calle principal, sorprendiéndome lo baratos que fueron, pagamos 7€ por los tres. Llegamos enseguida a una plaza (Plaza Caldera podría ser su traducción o simplemente Plaza Mayor) en la que se encuentra la preciosa Iglesia de Panagia Platsania.

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Esta plaza me encantó, amplia, sin agobios, y con unas magníficas vistas de la caldera. Desde aquí vemos las terrazas y piscinas al borde del acantilado que tienen los hoteles y que justifican sus altos precios, qué pasada.

Seguimos caminando hacia el este. Toda esta zona me gusta más, mucho más abierta, sin agobios, llena de tiendas de todo tipo, desde boutiques exclusivas hasta comercios de lo más sencillo.

Finalmente llegamos al fin de la calle Nikolaou Nomikou, al menos de la parte más transitada. Desde este punto es posible ver la otra perspectiva de Oia, con el castillo en el pináculo saliente al fondo. Ni que decir tiene que es imposible no quedarse embobado mirando el paisaje.

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Al lado está la bonita y fotogénica iglesia ortodoxa de San Jorge, una pena que se encuentre cerrada para visitarla por dentro.

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Pasamos un rato en esta zona tranquilamente y viendo como nuestra niña intenta jugar con dos niñas griegas, y riéndonos cuando nos dice, ¡¡no las entiendo papá!!.

Después y como parece que más adelante no hay nada interesante, decidimos dar la vuelta y recorrer el camino a la inversa. Vemos de nuevo la iglesia Panagia Platsania, que con la caída del sol presenta esta preciosa estampa.

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Llegamos de nuevo al extremo del otro lado justo para ver como se esconde el sol, con mucha gente alrededor en los miradores que hay. El paisaje es sin duda muy chulo, aunque tengo que decir sinceramente, que nada tienen que envidiar las que vimos en Mykonos los días anteriores, sobre todo más tranquilos lo que yo valoro mucho para estos momentos.

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Se hacía de noche y llegaba el momento de buscar un lugar para cenar. Una vez descartados muchos sitios que presupuestariamente se nos iban por el hecho sobre todo de sus vistas hacia la caldera, encontramos por pura casualidad uno que vimos sus precios bastante asequibles y además parecía que gozaba también de una muy buena situación. Entramos y efectivamente tenía una magnífica terraza, y dió la casualidad (la ventaja de no ir en temporada alta) que vimos una mesa vacía, así que nos avalanzamos hacia ella a la velocidad de Ussain Bolt. El lugar efectivamente resultó fantástico, con unas fantásticas vistas hacia la caldera y la iglesia famosa de cúpulas azules.

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El restaurante llamado Lotza, desde luego no tenía una estrella Michelin, pero tenía unos precios muy asequibles y una carta con un poco de todo.

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Pedimos pasta y un filete de pollo, platos abundantes y bastante ricos. La atención de nuevo fue muy buena. Pagamos por los dos platos, tres bebidas y un postre de nueve euros, un total de 48€.

Salimos y daba gusto ver las calles así de vacías, la muchedumbre se había evaporado!!

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Nos dirigimos al coche para volver al hotel. Esta es la ruta que habíamos hecho aproximadamente comenzando en el parking cerca de la terminal de autobuses.

Ruta Oia

Día 8. Playas Monolithos, Kamari. Fira.

Nos levantamos sobre las ocho y vamos a desayunar, aunque nos llevamos la desagradable sorpresa de que no lo tienen listo hasta las nueve, esto me parece una cosa a mejorar, deberían tenerlo listo antes. Lo primero que vemos es que no hace buen tiempo, está nublado, y es una pena porque ese día teníamos pensado ir a la playa. Sirven el desayuno en la zona de la entrada del complejo y es tipo buffet, comemos tostadas, algunos dulces, aunque echamos de menos algo caliente y más fruta. De nuevo me sirvo un gran vaso de yogur griego que de nuevo me parece fantástico, me encanta. Eso sí, las vistas desde el sitio donde desayuntamos, magníficas. Hablamos con el dueño del hotel que se sienta a desayunar con los clientes. Tengo que decir que a mí personalmente esto no me gusta, quizás es la hospitalidad griega pero creo que hay que dejar intimidad a los clientes, es mi opinión.

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Cogemos el coche dispuestos a ir a la playa, aunque el tiempo no acompañe. Paramos en un supermercado para comprar un flotador pero no había, aprovecho para preguntar a la dueña que qué podemos hacer con una niña de cuatro años si el tiempo no acompaña. Muy amablemente me explica en inglés con un mapa las posibilidades que hay, me indica un par de sitios para ir con zonas de juegos (Playland y Escape land) y otros sitios interesantes de la isla, me insiste mucho en visitar Akrotiri, una espinita que se me quedó.

Pasamos por Fira donde tenemos que ir a la oficina de la agencia de alquiler de coches para abonar el importe del alquiler. La compañía Spiridakos por lo que vemos, es una de las más importantes de la isla, y tiene también paseos en catamarán, una opción que pensábamos hacer quizás la última tarde. En la agencia, el hombre que nos atiende nos dice que con la niña vayamos a la playa Monolithos, junto al aeropuerto, de arena fina e ideal para ir con niños por su poca profundidad.

Decidimos hacerle caso, además hay una tienda grande enfrente donde compramos el flotador y hay multitud de artículos playeros. Una pena que el tiempo no acompañe, está nublado y hace viento. En la playa prácticamente no hay nadie y no me enamoró que digamos, me pareció de lo más normalita.

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Estuvimos aproximadamente una hora y decidimos seguir hacia las otras playas más al sur. Llegamos a Kamari, una de las emblemáticas de la isla. Con unos cinco kilómetros de playa de piedra oscura y volcánica, con algunas zonas de arena, es un centro de reunión para al ambiente tanto de día como de noche. Aparcamos y aquí sí encontramos pequeños hoteles muy parecidos a los de nuestra costa mediterránea, encalados en blanco y de no más de dos plantas. Nos acercamos a la playa y tenemos suerte, aparecen los primeros rayos de sol.

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Nos vamos animando y dado que gracias al sol comienza a hacer algo de calor, nos damos un baño Magaly y yo, el agua está estupenda, la peque, no se atreve. La verdad es que no me disgustó, a pesar de ser de piedra, pero me sigo quedando con las de arena y desde luego con las de Mykonos.

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Era ya casi la hora de comer y como para llegar a la playa de Perissa, otra de las más conocidas y situada más al sur, había que dar un rodeo y estaba a casi media hora según Google Maps, decidimos ir a Fira a comer. Fuimos sobre seguro y comimos en McDonalds, 21€ pagamos, y desde allí volvimos al hotel para disfrutar de la piscina, ahora que el tiempo ya estaba mucho mejor.

Estuvimos disfrutando de la piscina hasta aproximadamente las 6 de la tarde, que decidimos coger el coche para ir a conocer la otra localidad más importante de la isla, Fira. Habíamos oído que no merecía mucho la pena, pero nada más lejos, fue un gran acierto ir y desde luego que la recomiendo, no sé si más incluso que Oia.

Esta es la ruta que habíamos hecho este día:

Ruta día 2 Santorini

Aparcamos el coche de nuevo en un descampado que aparecía en el mapa como Agiou Athanasiou y subimos andando. Esta localidad es más grande que Oia, superando los 2000 habitantes, cifra a la que no llega Oia, ojo, hablo de cifras oficiales del censo de 2016, no obviamente de visitantes. Fira al menos no tiene sólo una calle, la que se asoma al acantilado, tiene otras con restaurantes y muy animadas, es viernes y se nota.

Nada más llegar a la calle principal tomamos dirección sur. La zona es parecida a Oia, llena de tiendas, aunque tengo la impresión de que hay más restaurantes, las calles son más abiertas, con lo que la aglomeración no se nota tanto, eso sí, de nuevo es difícil encontrar sitios para ver las vistas de la caldera, reservada a hoteles y restaurantes. Desde aquí se divisa perfectamente la isla de Nea Kameni, donde se halla el cráter del antiguo volcán.

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Vamos llegando al final de la calle, donde podemos ver hacia el norte, todo el pueblo de Fira asomado al acantilado, el siguiente saliente donde está Imerovigli, e incluso al fondo del todo estaría Oia en el final de la isla.

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Llegamos por fin a la zona del quizás el templo más emblemático de Fira. En los mapas puede aparecer como Metropolitan Cathedral, pero para los griegos es la catedral de Ipapandí (Purificación) o Panagía (la Virgen) de Belonia, construida en 1827. Es una enorme iglesia blanca que impresiona al ver sus dimensiones, son las 7 y media y lamentablemente está cerrado.

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Desde esta parte hay una zona abierta frente a la catedral que permite ver el precioso paisaje, con la isla Nea Kameni a la izquierda, y enfrente Thirasia. Además el sol va bajando poco a poco, con lo que la magia del lugar va en aumento. Este me pareció ya un sitio fantástico para ver la puesta de sol.

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Sin embargo como quedaba todavía tiempo decidimos hacer lo mismo que en Oia, volver por donde vinimos tomando dirección norte para ir hasta el otro extremo, lo mejor estaba por llegar.

Por el camino si queréis tomar algo en un lugar con magníficas vistas podéis optar por el Iriana Café, os encantará aunque asumir que no es baratito.

Entramos en una de las numerosas tiendas para ver si comprábamos algunos imanes (no soy muy original pero los colecciono, no tengo ya casi nevera para tantos) y lo que surgiera. Nos enamoramos de una lámina con un paisaje precioso de Santorini, y también vimos un reloj azul, que en nuestra cocina donde predomina ese color, pensamos que quedaría genial. La tienda era de un simpático artesano de la zona y nos cuenta que lo hace él, nada de “made in China” dice, así que eso fue un aliciente más para comprarlo. No nos pareció caro, pagamos unos 50€ por todo.

Seguimos caminando y alucinando con los hoteles que hay y las vistas que deben tener, un privilegio para los que no les importe dejarse 200-300 euros por noche, y más.

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Llegamos hacia la zona del conocido como “Cable Car”, el teleférico que baja hasta el Puerto Antiguo de Fira. Esta zona que está llena de tiendas y tiene una pequeña plaza, alberga el conocido teleférico que como curiosidad decir que se vendieron en 2016 nada menos que un millón de tickets!!!. También es posible descender por un camino sinuoso con unas 600 escaleras o ascenderlo en burro, una turistada básicamente. Nosotros no bajamos y encontramos un camino peatonal bordeando el acantilado, que no me extraña que estuviera lleno de gente porque las vistas eran alucinantes. Esta imagen de Fira con los tonos rojizos del sol a punto de esconderse, es para mí otra de las estampas del viaje, qué preciosidad!!!!.

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Desde aquí decidimos dar la vuelta y volver hacia el sur, y alejándonos un poco de la zona del teleférico pudimos contemplar una de las puestas de sol más magníficas que he visto nunca, me atrevo a decir que me gustó más que la que ví desde Oia, con mucha más tranquilidad a mi alrededor, y pudiendo saborear cada momento y cada cambio de luz. Fue increíble!! no os la perdáis!!!

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Después de que se escondiera el sol y comenzara a oscurecer, nos dispusimos a buscar un sitio para cenar. Todos los de esta zona eran muy caros, así que se nos ocurrió alejarnos de esta zona para buscar otros sitios. Finalmente llegamos a la animada calle “25 de marzo” donde decidimos, ya que no lo habíamos hecho en todo el viaje, cenar en un puesto callejero y comer el típico Gyros. Paramos en uno llamado Nick the Grill, donde dos simpáticos dependientes servían gyros, kebabs, pizzas y hot dogs sin parar. Comimos dos gyros y un perrito para Liria que comimos muy agusto.

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Esta es la ruta que habíamos hecho esa tarde en Fira:

ruta Fira

Un poco más adelante encontramos un negocio de yogures helados llamado “Chillbox Frozen yogurt” con todo tipo de sabores de yogurt y todos los topping inimaginables. De nuevo dimos con una simpática chica que le regaló un vaso a Liria llena de chocolates. Nuestra peque tuve que aprender la palabra ‘efjaristó’ para darle las gracias a la chica.

Tras tomarnos el postre, ya sobre las 10 y media de la noche fuimos a por el coche para regresar al hotel. Habíamos pasado una muy agradable tarde.

Día 9. Hotel y crucero en catamarán

Este penúltimo día en Santorini y de nuestro viaje por el país heleno, lo pensábamos dedicar a seguir recorriendo la isla, visitar pueblos como Pyrgos, Megalochori o Emporio, o playas más al sur como Perissa, Perivolos o Eros, que nos habían recomendado. Una opción que no barajábamos por ir con la niña pero que es una de los lugares más importantes de la isla es Akrotiri, un yacimiento arqueológico conocido como la “Pompeya minoica”. La ciudad está perfectamente conservada tras haber permanecido sepultada unos 3.500 años bajo toneladas de ceniza volcánica!!!. No os lo perdáis si os gusta la historia y tenéis tiempo suficiente.

Pero todo esto se vió truncado por la climatología, amaneció muy nublado e incluso caían algunas gotas. Una de las opciones que barajaba desde España para este último día era hacer un paseo en catamarán por el archipiélago y que también nos lo habían ofrecido en el hotel. Miramos las aplicaciones de móvil que hay sobre el tiempo, parecía que a partir del mediodía pasaba la tormenta así que decidimos contratarlo. El hotel se encargó de avisar a la agencia Caldera Yachting, que vendrían a recogernos sobre las 2 de la tarde. El tour duraba hasta la puesta de sol e incluía cena a bordo, el precio era de 90€ por persona (la niña gratis), y creerme que mereció la pena.

Fuí a echar gasolina al coche, e hice esta foto desde un punto alto que muestra el tipo de paisaje que hay en la zona opuesta a la caldera, parecido a Mykonos, pueblos de lo más normales, ambiente rural y cero casas de lujo, supongo que de haberlas, tendrán vistas desde luego hacia el otro lado.

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El tiempo mejoraba poco a poco, nos bañamos en la piscina, fuimos haciendo las maletas y comimos pronto en el propio hotel.

A las 2 nos vinieron a recoger en un mini bus muy cómodo aunque nos dijeron que saldríamos con algo de retraso. Cogimos el camino hacia Fira y allí paramos para recoger a los que serían nuestros acompañantes, una familia de la India de nueve miembros, dos niñas incluídas, se veían bastante adinerados y si no multiplicar 7 por 90€.

Cruzamos casi toda la isla para salir desde la parte sur. La hora de la salida oficial eran las tres y media pero saldríamos casi a las cuatro. La compañía como os dije fue Caldera Yachting (www.calderayachting.gr), quizás la más importante además de Spiridakos, aunque nos dijeron que hay hasta ocho que ofrecen esta actividad. Esta empresa ofrece varios tipos de mini cruceros, con diferentes circuitos y diferentes precios como podéis ver en su página web, nosotros cogimos el llamado Classic de tarde, ya que hay uno que sale por la mañana 10:30 y termina a las 15h. Aquí hay una foto del folleto con la opción que elegimos.

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Llegamos al puerto conocido como Vlychada y que estaba lleno de catamaranes, yates y veleros. Nos bajamos del mini bus los doce que iríamos en la excursión y nos subimos al catamarán ayudados por la tripulación, tres chicos jóvenes y una chica. Era la primera vez que subía en uno así que estaba emocionado, como Magaly y la niña, que estaba entre también emocionada y con algo de miedo también.  Cuando nos sentamos en la mesa para explicarnos la excursión, el patriarca de la familia india dice que ellos habían cogido la opción Gold, no la Classic, todavía más cara y que hace un circuito más largo, entre que se ponían de acuerdo, más retraso. Menos mal que tras un par de llamadas, aceptan hacer este circuito y que quizás otro día harán el otro, madre mía como manejaban $$$.

Durante la ruta la compañía ofrece servicio de gratuito de refrescos y agua, y de bebidas con alcohol, sólo vino, supongo que para evitar desmadres a bordo. Además nos dan toalla, cosa que desconocíamos y nosotros cargando con las nuestras, así que si váis, no hace falta que las llevéis.

Aquí está la ruta que íbamos a hacer, con las paradas incluídas:

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Nada más comenzar nos dirigimos todos a la zona de proa donde tiene una especie de redes muy divertidas y donde te puedes tumbar y ves como avanza el barco. Ahí lo pasamos en grande haciendo fotos y disfrutando del paseo, además, se había quedado un día estupendo.

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Enseguida llegamos a la “Red Beach” una de las más famosas y visitadas de la isla. La razón por la que atrae a tanta gente es por las losas de roca volcánica de color rojo y negro que hay justo detrás de ella y que le dan ese color tan atractivo. Está junto a la antigua ciudad de Akrotiri.

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Al lado de la playa roja se encuentra la playa blanca, otra bastante visitada en la isla y que se accede desde la anterior. Un poco más adelante y en una zona de acantilados, nos dan la opción de darnos un baño. Me lanzo yo y el patriarca de la familia india, al final también se anima Magaly. El agua está genial y nos ofrecen gafas y tubo para hacer snorkel, pasamos un buen rato viendo los peces. Esta zona como véis es una parada frecuente de todos los barcos.

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Continuamos la ruta por el sur de la isla pasando junto a imponentes acantilados hasta llegar al faro donde comenzamos a ir hacia el noreste, todo muy muy chulo.

Según nos cuenta uno de la tripulación que hace el papel de guía, el faro es un lugar fantástico para ver el atardecer y al que no mucha gente va. Por cierto, gran detalle que haya una persona que te vaya contando cosas de lo que vamos viendo.

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En los siguientes minutos nos contó la historia de la isla, que yo ya había leído previamente y que me parece muy interesante. Santorini se formó debido a un volcán cuya erupción hace alrededor de 3,500 años fue de tal magnitud que el interior de la montaña se hundió y sólo quedó el exterior con una enorme roca en el centro (Nea Kameni, el cráter del volcán actual), otra más pequeña (Palea Kameni), la de Santorni y dos islas adicionales llamadas Thirasia y Aspronisi (esta muy pequeña). Si os fijáis en el mapa veréis que las isla de Santorini tiene forma de media luna, haciendo la forma redondeada del volcán. La laguna que circunda el interior es lo que se conoce como la “caldera“, nombre según nos dice el guía que es de origen español, ellos no lo traducen.

Muchos especialistas creen que esta erupción fue responsable de las enormes olas del tsunami que azotó las costas del norte de Creta y destruyó la llamada civilización minoica que florecía en ese momento. Además si os gusta la mitología, se dice también que la destrucción de Santorini podría estar relacionada con la mítica Atlántida, hay mucha literatura al respecto.

Por el camino y de repente, tenemos una de esas grandes experiencias que aparecen por casualidad en los viajes, y es que nos encontramos con unos visitantes que nos acompañan unos metros en nuestro viaje, fue fantástico!!!! menudos gritos daban la familia india y Liria.

Llegamos a una zona donde van la mayoría de las excursiones que parten de Fira (junto con la subida al volcán de Nea Kameni) y donde se nota todavía la actividad del volcán, se le conoce como Hot Springs y está en la pequeña isla de Palea Kameni. Es una pequeña bahía llamada de Agios Nikolaos por la pequeña ermita que hay y que hace del contraste entre el negro de la roca, el blanco de la iglesia y el marrón del agua, una mezcla muy curiosa. Aquí la temperatura del agua varía de 30 a 35 grados, ya que se mezcla contínuamente con las corrientes marinas. Nos ofrecen bañarnos, atracción turística por excelencia pero decidimos que no, además dicen que el bañador queda manchado de naranja y prácticamente para tirarlo, no lo probé la verdad.

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Nos separamos de la isla y hacemos una aproximación hacia Fira, que la vemos desde abajo, que con un crucero al lado, luce impresionante.

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De vez en cuando nos cruzamos con otros barcos de lo más variopintos.

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El catamarán en el que vamos, de nombre Moonlight me parece precioso, yo que nunca había subido a uno de estos. En un momento que voy al baño lo veo por dentro, tiene dos habitaciones con camas que son una pasada, con todo el espacio aprovechado al milímetro. Sólo estar sentado en la cubierta y disfrutando del paisaje, es una EXPERIENCIA magnífica!!!

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Sobre las 6 y media hacemos una parada junto a un acantilado en una de las islas centrales, y se disponen a preparar la cena los cuatro. Tienen una barbacoa en la cubierta para hacer algo de carne, en ese momento y por casualidades del destino, cae un chaparrón. La tripulación es muy maja, incluso uno habla español ya que su mujer era chilena. Este nos dice que de junio a octubre se pasan todos los días salvo algún finde que les da su jefe desde las 8 de la mañana hasta que se pone el sol con estas excursiones, así que el trabajo es tranquilo, pero de muchísimas horas. ¿Y en invierno qué hacéis le pregunto? pues gastarnos en Atenas el dinero que hemos ganado, buena respuesta 🙂

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Como somos dos grupos, a la familia más grande la sientan en la mesa que hay saliendo a la cubierta y que es más grande, y a nosotros nos ponen en la mesa dentro del barco. Estuvimos super cómodos y la cena fue fantástica.

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La comida como véis constaba de una ensalada griega riquísima, con su queso feta como no, un arroz frío y otro caliente y luego carne y una especie de chorizo criollo que fue lo que más nos gustó. La verdad que la cena estuvo de diez, el lugar, la tranquilidad, la comida, fue todo fantástico.

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Luego nos dejaron tiempo libre esperando para que se pusiera el sol y aquí sufrí el único percance del viaje, menos mal que sólo quedó en un susto. No voy a extenderme porque es mera anécdota.  Yo me sentía un poco mareado, y eso que nunca me suele pasar, así que entré dentro del barco a que me dieran una pastilla. Iba de la mano con Liria y al salir de nuevo a cubierta, en lugar de hacer por las escaleras lo hice por el espacio entre los asientos que hay fuera y el techo que lo cubre, con la mala suerte de que en el impulso medí mal la distancia del techo y me dí un golpe. Enseguida ví que el trompazo había sido fuerte y empecé a sangrar abundantemente. La tripulación se acercó asustada tratando de pararme la herida y me hizo los básicos primeros auxilios después de preguntarme si me sentía mareado para volver pitando al puerto o no. Como me dolía pero nada más, decidieron subirme a la parte más alta y central del barco donde se encuentra el timón y ahí me quedé el resto del viaje. No os pongo la foto de la brecha para no herir sensibilidades pero puedo decir que tenía un tamaño considerable.

Se interesaron en todo momento por mí y me atendieron fenomenal los cuatro de la tripulación, a los que le agradecí el trato recibido. A pesar de esto aunque no con mi familia como me habría gustado, pude disfrutar de las puestas de sol que mi mujer fotografió y que como véis, es fantástica, seguro que vosotros, sin accidentes, pasaréis un momento de lo más romántico y tranquilo.

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Una vez que llegamos al puerto, me estaba esperando un transporte de la empresa que había llamado la tripulación para llevarme al hospital y verme la herida. El chico que nos llevó de nuevo fue super amable. El hospital estaba en Fira (www.santorini-hospital.gr),  en la dirección: <Καρτεραδος, Thira 847 00>. Es privado porque nada más entrar en la recepción me dijeron que sólo por verme en urgencias eran 20€, aparte de la consulta. Yo obviamente como en todas mis escapadas llevo un seguro de viaje, que me habría cubierto estos costes si lo hubiera necesitado, pero pregunté al chico de la empresa suponiendo que el crucero tendría un seguro. Él no estaba muy convencido así que hizo una llamada tras la cual nos dijo que sin problemas, todo cubierto (finalmente fueron unos 55€). Eran ya sobre las 11 de la noche, y al día siguiente nos teníamos que levantar a las 4 para coger el vuelo!!! esto era lo que más me preocupaba, más que el propio golpe. Me llevaron a una sala y me dijeron en un inglés muy correcto que había que coserme, cosa que me hizo una simpática doctora. Me pusieron cuatro puntos y me dijeron que fuera a la farmacia a comprarme la vacuna del tétanos por si acaso. Así hice, volví y me la pusieron y nos llevaron al hotel, al que llegamos casi a la medianoche, yo con un apósito en la cabeza.

Había sido un percance de los que puede pasar, pero no por eso desde luego que empañó el paseo en el barco, que fue fantástico y que recomiendo al 100%.

Día 10. Regreso a España

El avión salía a las 6:40 así que tocó madrugar de verdad. Nos levantamos sobre las 4 de la mañana, con lo que poco pudimos dormir. Cogimos el coche y conduje hasta el aeropuerto, en apenas 25 minutos llegamos. Dejé el coche donde acordé con la agenda y ya vimos la cola que había. El aeropuerto no es que tuviera poco glamour, es que era de lo más cutre que me he encontrado en mis viajes, eso sí, los precios de los cafés y la bollería, de aeropuerto de Dubai ;). Después de más de media hora haciendo cola en una sala que se queda pequeña para facturar las maletas y un control extra de las maletas bastante absurdo, pudimos ir a la puerta de embarque y tomar el vuelo que nos llevaría a Atenas y luego a Madrid.

Por la ventana del avión nos despedimos ya de Santorini del país, qué pena tener que marcharnos!!! qué grandes momentos habíamos pasado.

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Y este ha sido el viaje a este fantástico país que ha resultado ser Grecia, en el que tanto su historia, como sus rincones, su gastronomía pero sobre todo su gente ha resultado ser todo un descubrimiento y una sorpresa muy positiva. De nuevo dejo atrás ciertos prejuicios y habría que tomar nota de cómo las personas de este país tratan al turista. Supongo que cuentan con que es un medio idóneo de poder pasar el bache en el que están metidos y que la situación económica mejore para todos, o simplemente es el carácter griego, temperamental pero también muy afable. De verdad espero que pronto salgan de este pozo.

Para terminar, espero que este diario, que aunque sé que es extenso, me parece la mejor manera, no de conocer mi vida, si no de serviros de ayuda si tenéis la oportunidad de visitar este bonito país, o si no, conocer algo más de su historia y sus rincones. Por supuesto aquí me tenéis si os queda alguna duda que dentro de lo que pueda, intentaré ayudaros.

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