PANAMÁ

Pues sí, Panamá, ¿y por qué Panamá? pues la verdad que porque ya conocía otros países de la zona como México y República Dominicana y me apetecía probar con este, mucho menos conocido como destino frecuente y la verdad que una vez vuelto, estoy contento de la decisión.

El precio del billete de avión es bastante asequible y se puede llegar allí con Iberia, una aerolínea con la que siempre he solido tener buenas experiencias y además disponéis de un vuelo sin escalas. Pagué unos 550€ por el pasaje, adquirido unos 6 meses antes de mi llegada al país centroamericano.

Las cifras dicen que Panamá no es un país muy visitado, no en vano en el ranking de turismo vemos que ocupa el ranking 100 del mundo. En 2019, llegaron allí 1.752.645 de turistas y creo sinceramente que lo que le falta al país es más publicidad porque tiene lugares fantásticos de naturaleza que nada tienen que envidiar a otros países cercanos como Costa Rica, una capital más que interesante y unas playas y fondos marinos equiparables a destinos como República Dominicana o Cuba por ejemplo. Que no se conozca Panamá sólo porque es un paraíso fiscal 🙏.

Tomamos nuestro vuelo de Iberia un miércoles 9 de marzo y en algo más de 10 horas aterrizamos en el aeropuerto internacional de Tocumen. Hicimos rápidamente los trámites de ingreso en el país y lo primero que teníamos claro mi compañero Manolo y yo era que íbamos a comprar una tarjeta para tener datos de Internet durante nuestra estancia. Hay varias opciones de compañías, Másmovil, Claro, etc pero nosotros la verdad que no teníamos claro cuál y finalmente elegimos la opción de 30€ por una semana con datos ilimitados con la compañía Tigo y una vez terminado el viaje, tanto por cobertura como por calidad quedamos bastante satisfechos.

Salimos al exterior del aeropuerto donde ya pudimos apreciar el calorcito de estas tierras y esperamos a que nos recogiera el transporte de la web ‘Booking.com’ que habíamos reservado desde España y que era la primera vez que lo hacía y la verdad que funcionó bastante bien. No os aconsejo coger taxis porque os cobrarán más, sin duda os diría que os moviérais con Uber, ese día no lo hicimos porque era tarde, estábamos cansados y preferíamos ir a lo seguro.

El aeropuerto donde aterrizamos es el de Tocumén, al norte, no confundir con el de Panamá Pacífico, más cerca de la ciudad.

En este punto del mapa estaba situado nuestro hotel, llamado el Ejecutivo, en plena zona urbana y en la que se encuentran la mayoría de los hoteles y oficinas, muy recomendable.

Hicimos el checkin rápidamente y nos dieron una estupenda habitación de dos camas grandes, hotel de clara influencia americana, enorme y con el aire acondicionado a tope, como no, ¡¡parecía Siberia cuando entramos!!

Cenamos un bocadillo que llevábamos desde España y nos fuimos a dormir pronto, sobre las diez ya estábamos roncando… unos más que otros 😉

Día 2. jueves 10 de marzo de 2022

Nos acostamos tan pronto que yo al día siguiente a las 6 ya estaba despierto como un búho, y es lo recomendable en Panamá porque tener en cuenta que anochece sobre las siete de la tarde así que esta mala noticia contra la que poco se puede hacer os marcará todo el viaje, así que ya sabéis, si queréis aprovechar el tiempo, MADRUGAR.

El desayuno era tipo buffet pero por las normas COVID todo te lo servían los camaremos muy amablemente.

El desayuno estaba bastante bien, con los días pudimos ver que variaban cada jornada y cogimos buenas fuerzas para afrontar los largos días.

Deciros que el hotel tenía una estupenda relación calidad – precio, pagamos a través de la web Booking.com 224€ por las 4 noches en la que estuvimos (56€ por noche con desayuno incluído), lo recomiendo 100%.

El hotel dispone de un diminuto gimnasio y una piscina, que aunque pequeña también, para darse un chapuzón y tomar el sol, estaba perfecta.

Ese día como suelo hacer en mis viajes iba a ser el de más caminata y aprochamiento del tiempo, recorreríamos la llamada Cinta Costera hasta el Casco Viejo de la ciudad.

Nos pusimos en camino aproximadamente sobre las 7 y media así que íbamos a tener muchas horas por delante. Bajamos por la calle Aquilino de la Guardia hasta llegar a la importante Avenida Balboa, y a la altura del hotel Hilton cruzamos por un puente sobre esta avenida que ya nos mostró una imagen espectacular de esta ciudad llena de edificios altos, no en vano es la capital de más rascacielos de toda América Latina. Aunque el edificio más alto esté en Santiago de Chile, 7 de los 10 primeros están en esta ciudad.

Esta vista es hacia el sur…

Esta hacia el norte, la zona conocida como Punta Paitilla, recuerda 100% a las ciudades norteamericanas,¿ verdad?

Hago un inciso para dar unos datos del país centroamericano, sobre todo económicos. Decir que entre las principales actividades que sustentan Panamá se encuentran los servicios financieros, turísticos y logísticos, los cuales representan el 75 % del PIB. La estabilidad política es seguramente una de las claves de la estabilidad económica de Panamá frente a lo contrario a lo que se han enfrentado sus vecinos, salvo Costa Rica. Por eso, aunque todavía hay un porcentaje importante de población por debajo del umbral de la pobreza, en general hay un aceptable nivel de vida, con un desempleo de apenas un 5% y que hace que también esto redunde en un nivel de seguridad bastante alto. Actualmente ocupa el puesto 54 de PIB per cápita (según el FMI en 2021) y el 67 en el IDH.

Recorrimos como decía la Cinta Costera hacia el suroeste, la verdad que este paseo es espectacular, por un lado la vista de los rascacielos, por otro el Océano Pacífico. Recordar que Panamá es el único país que tiene el Mar Caribe al norte y el Pacífico al sur, y no como el resto de países centroamericanos que los tienen al este y al oeste respectivamente.

Este paseo tan agradable mide casi 8 kilómetros y ocupa unas 25 hectáreas ganadas al mar y que se construyó en 2009 para proporcionar a sus habitantes una zona de esparcimiento y también un circuito estupendo para hacer deporte.

Pasamos junto al Club de Yates y Pesca para llegar a un punto emblemática, el mirador del Pacífico con sus letrás icónicas.

Seguimos paseando y a pesar de que eran apenas las 9 de la mañana, el sol ya empezaba a calentar.

El país entero tiene una población de 4,3 millones de habitantes, con una superficie similar a la de Castilla la Mancha, y su ciudad más importante lógicamente es la capital, que tiene unos 430,000 sin contar su municipio entero ni el área metropolitana, con los que se iría ya por encima de los 2 millones, es decir, que la mitad de la población del país se encuentra en torno a su capital.

Seguimos caminando y en seguida llegamos al mercado de mariscos donde se notaba el movimiento de pescado y el bullicio a esas horas tempranas de la mañana. Este es un buen sitio recomendado en todos los sitios para comer o cenar aunque nosotros, que no somos mucho de pescado, no lo probamos porque tampoco nos coincidió.

Continuamos y ya por fin vimos el entrante en el mar que ocupa el llamado Casco Viejo de la ciudad. En la entrada está la plaza del V Centenario que es un lugar de lo más agradable para sentarse y disfrutar de las vistas.

Hay que decir que la mayoría de los países latinoamericanos destacan por tener un casco antiguo de la época colonial y Panamá tiene uno que vale mucho la pena conocer. Cuando en 1671 Panamá Viejo, el primer asentamiento construido, fue saqueado por piratas, la población se trasladó a otra zona a unos 8 kilómetros, en la que se fundó la segunda ciudad importante de Panamá en 1673 y que hoy en día esta zona es conocida como San Felipe o Casco Viejo de Panamá.

Yo, que cada vez en mis viajes son más aficionado a las visitas guiadas, había contratado un Free Tour para esa misma tarde, así que visitamos la zona del Casco tranquilamente.

Nada más entrar ya pudimos apreciar lo que habíamos leído, que una gran mayoría de las casas están reconstruidas o en proceso, y he de decir que algunas de ellas me parecieron preciosas.

Hace unos años toda esta zona era un área deprimida, pero afortunadamente en 1997 el Gobierno promulgó una ley que promovía incentivos para la restauración de los edificios. La norma fue muy importante desde el punto de vista económico y patrimonial, porque reconocía la importancia histórica del barrio, pues el primer asentamiento, llamado Panamá La Vieja, fue reducido a cenizas por el pirata inglés Henry Morgan en 1671 como ya os dije anteriormente, y la construcción del Casco Viejo “segunda Ciudad de Panamá‚” comenzó en 1673.

También decir que la zona me pareció muy segura, llena de policías, quizás porque justo al lado hay un barrio llamado el Chorrillo, más pobre por lo que vimos al pasar en coche otro día y quizás por eso puede ser que encontráramos tanta seguridad.

Llegamos a la preciosa Plaza de la Independencia.

En esta plaza se encuentra la Catedral Metropolitana de Panamá. Fue construida en 1674, siendo una de las primeras edificaciones en la nueva ciudad. Después de sucesivos incendios en 1688 y 1737, finalmente se consagró en 1796. Esto quiere decir que su construcción demoró 108 años, desde 1688 a 1796. En 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Entramos dentro y la verdad que se agradecía, porque además de ser gratuita, el aire acondicionado como en el resto de iglesias, con el calor húmedo que hacía fuera, sí que daban ganas de no salir al exterior y quedarse ahí rezando… o lo que fuera.

Como era todavía pronto, decidimos tomar un café, comer algo ligero a precios nada baratos y hacer tiempo hasta que abriera el Museo del Canal, oficialmente llamado Museo del Canal Interoceánico.

A las 10 ya estábamos en la puerta dispuestos a entrar los primeros. Pagamos 15$ cada uno y nos sumergimos en la historia de esta obra colosal.

En el museo podréis descubrir toda la historia del canal, desde el intento de construcción por los franceses hasta la inauguración en 1914 por parte de los americanos. No os contaré más de la historia que tendréis que descubrir en el museo porque es super interesante y espero que os guste tanto como a nosotros.

Después de una visita donde hay mucho que leer y que repito para mí es un imprescindible, salimos tras estar como una hora y media disfrutando de todo lo relacionado con esta extraordinaria obra.

A continuación, y por proximidad nos acercamos a la Iglesia de San José, contruida entre 1671 y 1677. Es famosa por su altar mayor cubierto de pan de oro (aunque en realidad es de caoba labrada cubierta con pan de oro) que data de los primeros años del siglo XVIII y que tiene una cuanto menos curiosa historia. Cuenta la leyenda, que cuando los monjes supieron que el pirata Morgan se acercaba, cubrieron de barro el altar de oro para protegerlo, y así éste pudo librarse de ser expoliado, realidad o ficción, ¿quién lo sabe?

Otra historia cuenta que el monje desmontó el altar y sumergió las piezas en el mar, diciendo al pirata que estaba en obras y pidiéndole incluso dinero para terminarlas.

En la misma avenida están las ruinas de la Compañía de Jesús, la iglesia más antigua del Casco. Estas son de un antiguo templo jesuita que en 1741 albergó un colegio y 8 años más tarde se convertiría en la primera universidad de Panamá: la Real y Pontificia Universidad de San Javier, que funcionó hasta 1767, fecha en la que los jesuitas fueron expulsados de Panamá por Carlos III.

Cerca se encuentra también el Convento de Santo Domingo, construido en 1678.

Pero estas ruinas son conocidas más por su famoso Arco Chato, un arco construido para soportar el coro de madera de la iglesia y que durante dos incendios en siglo XVIII se mantuvo intacto.

A continuación nos dirigimos hacia el saliente más al sureste del casco, la plaza de Francia y el conjunto monumental de las Bóvedas, una zona más que recomendable, abierta, y con unas vistas espectaculares. Este conjunto monumental consta de siete espacios abovedados que conformaban el sistema defensivo de la ciudad y el nombre de Francia de la plaza, viene del presidente Porras que ordenó la construcción de la misma para honrar a aquellos franceses que intentaron construir el canal sin éxito entre los años 1880 y 1890.

Justo en este punto tuvimos la suerte de asistir a una sesión de fotos de una mujer vestida con el traje más popular panameño, de pollera, realmente bonito y el que destaca la gran cantidad de adornos y complementos.

Continuamos el paseo que hay, llamado Esteban Huertas, desde el que se puede apreciar la costa hacia el sur donde se ven al fondo los barcos esperando a cruzar el canal, y hacia el otro lado unas espectaculares vistas del skyline de la ciudad. Aquí suele haber unos cuantos puestos de vendedores de artesanía y souvenirs, y al final se encuentra el llamado Centro de Artesanías Donarua.

Era ya la hora de comer así que buscamos un lugar para hacerlo y terminamos en un mexicano llamado Mezcalito, tenía una terraza muy agradable y aunque un poco caro, la atención y la comida nos gustó bastante. Pagamos 64$ por un entrante, un plato cada uno y bebidas.

Teníamos a las 16h el Free Tour así que nos tomamos un café para hacer tiempo hasta entonces y visitamos otro nuevo templo antes, Nuestra Señora de la Merced, otra más de las siete iglesias del Casco Antiguo. Esta es la única que mantiene su fachada original de estilo barroco, cuyas piedras labradas se trajeron desde Panamá Viejo tras el saqueo de los piratas.

Y ya a las 4 nos acercamos a la plaza V Centenario donde comenzaba nuestro Free Tour. Como ya había hecho el año pasado en Nápoles, decidí contratar el tour con la web http://www.guruwalk.com ya que ofrecen tours sin un precio determinado y que cada uno paga al guía al final según considere que se merece, de esta manera el guía se ve obligado a «currárselo». Nuestro guía que se llamaba Jorge nos esperaba a la hora convenida y afortunadamente sólo estábamos nosotros dos y una chica italiana. El tour se llama Panamá Patrimonio Colonial y elegí este porque nos llevaría no sólo por los lugares típicos, si no que también se introduciría en zonas menos turísticas pero igualmente interesantes.

Comenzamos nuestra ruta subiendo la célebre calle 13 Este, más conocida como Salsipuedes, llena de comercios y cuyo movimiento y bullicio dificulta el paso y de ahí viene su nombre. Al final de ella llegamos a la Plaza Santa Ana mientras Jorge comenzaba contándonos la historia de Panamá en general y de la capital en particular.

Recorrimos la conocida y antes famosa avenida Central con apenas turistas a nuestro alrededor y viendo la Panamá más auténtica. La característica principal de esta arteria comercial es la diversidad de estilos arquitectónicos y, en algunos casos, la mezcla de uso residencial y comercial en buena parte de los edificios.

La «Peatonal», como según nuestro guía se llamaba coloquialmente a esta avenida, ha sido una de las calles comerciales más importantes de la ciudad durante la mayor parte del siglo XX. Allí se establecían tiendas internacionales como el Bazar Francés, Casa Motta, Sears y hasta El Corte Inglés, cuyo cartel, aunque deteriorado, nos lo mostró Jorge ante nuestra cara de asombro.

Los edificios en su mayoría eran caserones de madera que luego se fueron reemplazando por edificaciones de estilo ecléctico, moderno y Art Decó. Nos mostró lugares curiosos como por ejemplo este, que habla del esplendor del que gozó esta calle.

Llegamos caminando hasta la calle 17, donde se encuentra el Banco Nacional (1938) y la antigua sede de la Kodak (1946), a la derecha en esta foto, que con sus formas redondeadas marcaron la arquitectura de la ciudad de las décadas de 1930 y 1940, con su estilo Art Déco y streamline.

Dimos la vuelta deshaciendo el camino que habíamos hecho para ya integrarnos en el Casco Viejo. En esa zona recorrimos varios de los lugares que ya habíamos visto esa misma mañana, con Jorge siguiendo contándonos cosas interesantes y nosotros friéndole a preguntas.

Ya estábamos terminando cuando llegamos de nuevo a la zona de la Plaza Francia y el Paseo Esteban Huertas, cuyo skyline de la ciudad no tiene nada que envidiar a New York, Chicago, Hong Kong, etc.

Continuamos y pasamos junto al Teatro Nacional y la iglesia San Francisco de Asís.

Y tras aproximadamente 2 horas y media terminamos nuestro tour en el mismo punto desde el que partimos. Este es el recorrido que habíamos hecho.

Nos despedimos de Jorge, del que quedamos muy satisfechos por sus conocimientos y su profesionalidad y estábamos tan agotados del día que habíamos tenido (habíamos caminado en total unos 20 kms) que compramos algo de comida en un supermercado y pedimos nuestro primer UBER del viaje, la experiencia resultó perfecta, y desde la Plaza V Centenario hasta nuestro hotel pagamos sólo 3,41$.

Esta es la ruta que habíamos hecho ese día, que da fé de la distancia recorrida y del «tute» que nos metimos ese primer día, no está mal.

Día 3. viernes 11 de marzo de 2022

Dado que íbamos a estar 3 días en Ciudad de Panamá y aunque hay cosas para ver, antes del viaje ya se me antojaba demasiado tiempo para dedicarle sólo a la ciudad, así que pensé en incluir un día en medio haciendo algo diferente o conociendo algún lugar cercano. Sopesé el ir a la Isla de San Blas, que es un espectacular lugar pero dado que íbamos a ir después a Bocas del Toro, lo descarté. También ir a sitios como el Valle de Antón o Portobelo pero finalmente me decanté por contratar un tour para visitar un poblado indígena, algo diferente y que suponía podía ser interesante. Leí en Intenet que había experiencias no muy buenas con los Embera Druá, rozando lo que yo denomino como «turistadas» con lo que intenté contactar con una agencia pequeña con el objetivo de poder visitar una comunidad lo más aislada posible. Finalmente lo conseguí dando con la agencia Travelling Souls que me ofreció visitar la aldea Emberá Querá, una que no recibía mucho turistas y estaba río arriba más alejada que otras comunidades similares. El precio acordado serían 120€ cada uno pero sólo para los dos, que iría bajando si se apuntaran más personas, que no sería el caso finalmente.

Nos vinieron a recoger a las 6 y media de la mañana al hotel, llegaron en una furgoneta Josías y su pareja Isabel, dos personas fantásticas y que fueron lo mejor del tour, pocas veces nos habían tratado tan bien y sobre todo con un trato tan personalizado.

Nos dirigimos en búsqueda del río Chagres al que llegamos con algo de tráfico en aproximadamente una hora. Este es el mapa y el camino que recorrimos desde Ciudad de Panamá por carretera y luego marcado en rojo el que hicimos a continuación remontando el río.

Llegamos a un embarcadero llamado Puerto Corotú donde ya dos simpáticas peronas Emberá nos estaban esperando para en una canoa artesanal llevarnos a nuestro destino.

El día era estupendo y el paseo por supuesto, también, navegar por esas aguas limpias y con la selva a ambos lados del río no puede ser más placentero.

Aquí os muestro un pequeño vídeo de cómo a veces el cauce era tan bajo que tenían que hacer verdaderos esfuerzos para poder remontar el río.

En las orillas de ambos lados ya íbamos viendo algún poblado Emberá pero el nuestro iba a ser uno de los últimos, aunque antes visitaríamos una cascada.

Finalmente y tras una media hora llegamos al afluente del río de donde vendría el salto de agua. Nos bajamos y caminamos un rato por medio de la selva, cosa que también me vuelve loco, el poder disfrutar de tan frondosa vegetación y el ruido de animales a los que no estamos acostumbrados.

Siempre caminamos pararelos al riachuelo y regalándonos la luz vespertina que había,unos rincones espectaculares.

Por fin llegamos a nuestra primera parada, la cascada Quebrada Bonita que la verdad que nos gustó mucho y sobre todo porque estábamos sólos. No hacía calor, era temprano y como que no me apetecía bañarme pero lo pensé dos veces y me dije, un día es un día, oportunidades como estas no se pueden dejar pasar, así que me animé y me pegué un baño que me sentó espectacular.

Volvimos a la embarcación y ya seguimos remontando el río hasta llegar a la última aldea de la zona, la de los Emberá Druá.

Allí nos estaban esperando una representación de la comunidad, sobre todo niños, todos con una sonrisa.

Decir que los Emberá son un pueblo amerindio que habita algunas zonas del litoral pacífico y zonas adyacentes de Colombia, este de Panamá y el noroeste de Ecuador. Son originales de la selva de Darién, en la frontera entre Panamá y Colombia y son varias las comunidades que en los últimos 40 años han emigrado hacia zonas más próximas a la capital panameña. Diversos han sido los motivos de este éxodo, siendo uno de ellos el de escapar del clima de tremenda inseguridad que vive la provincia del Darién, tomada a menudo por los narcotraficantes colombianos.

Ya enseguida nos dimos cuenta de que éramos bienvenidos, sentimos en todo momento la simpatía y la sonrisa permantente de todos los componentes, y cuando digo todos, son todos, y no es un tópico, os lo puedo asegurar.

El poblado era muy auténtico, todas las viviendas como podíamos imaginar y habíamos visto en la televisión, de madera y todo 100% natural. A ver, no somos tontos y sabemos perfectamente que estas comunidades están lejos de vivir aisladas del mundo, disponen de teléfono móvil, algunos tienen televisión pero no por ello no puedo evitar decir que me pareció de lo más auténtico.

Nos sentamos tranquilamente en la casa más grande que hacía como de centro de reuniones donde pudimos charlar tanto con los niños como con el resto de los habitantes, estábamos super agusto, y ellos también, qué maravilla que hablen castellano y poder comunicarnos con todos, esto no tiene precio.

Nos contaron sus historias, que al estar en un parque natural el gobierno no les deja cultivar apenas nada y no tener animales, sólo gallinas, con lo que los ingresos procedentes del turismo se habían convertido en su principal sustento.

Hicieron unos bailes que siempre me parecieron algo forzados para el turismo cuando los he visto en otros países (los viví en México, en Marruecos, en Filipinas) pero que en esta ocasión no me pareció así, de verdad que el ambiente era espectacular. Aquí tenéis una pequeña muestra, como siempre digo, si tenéis pensado ir, mejor no verlo y poder vivirlo con vuestros propios ojos.

La visita incluía un almuerzo compuesto de pescado frito (tilapia) y patacones, que consiste en plátano frito, y servido en un recipiente de lo más ecológico, ¿no?, la verdad que estaba rico y tanto a Manolo como a mí nos gustó mucho.

A continuación vino una de las mujeres que muy amablemente nos explicó diferentes cuestiones sobre la historia de la comunidad, sus costumbres y un montón de cosas interesantes. Al terminar tuvimos tiempo libre que aprovechamos para visitar la zona que tienen con artesanía y que les ayuda a mantenerse. Por supuesto compramos varias cosas.

Luego se ofrecieron a hacernos un tatuaje con tinta natural que se va en 10 días, por 5$ no nos pudimos negar, aunque la mía no se esmeró tanto como el tuyo verdad Manolo?

Más tarde dimos un paseo por la aldea acompañados y viendo las construcciones y su forma de vida.

Por aquí nos acompañó mi amigo Deivid, que nos enseñó su casa, eran 11 hermanos nada menos, aunque ya no es lo habitual en el poblado. ¿Os imagináis viviendo 11 niños en esta casa? no pude evitar pensar en mis hijos y como habrían flipado si hubieran estado aquí, habrían visto lo que es una vida fuera de las comodidades que tenemos en el mundo occidental.

También con Josías e Isabel hicimos una pequeña excursión de media horita donde el chamán de la comunidad nos enseño diferentes plantas medicinales. De nuevo el hombre era estupendo, sonriente, amable y que todo nos lo contó de la manera más amena.

Fue curioso morder una hoja que te duerme literalmente la zona sobre la que está en contacto con la planta y que ellos han utilizado desde siempre a modo de anestesia natural. Vaya si se dormían los labios y la boca, la cosa funciona 🙂

Terminando nuestra estancia vimos la escuela. La profesora vive en el poblado aunque no pertenece a la comunidad y el fin de semana vuelve a su vivienda familiar.

Y ya despés de estar allí como unas 4 ó 5 horas, sobre las 3 de la tarde tocó regresar, no sin antes despedirnos de todos y estar super agradecidos por la experiencia.

En ese momento llegaba un grupo de españoles que iban incluso a pasar una noche en el poblado, otra manera de conseguir ingresos para la comunidad.

Fue un día espectacular y para la agencia Travelling Souls sólo tengo palabras buenas, Josías e Isabel nos dieron todas las comodidades y nos sentimos como pocas veces atendido, esto sí es un servicio personalizado y así se trata a los visitantes, mucha suerte chicos!!

Nos dejaron en el hotel sobre las 17h en medio de una de las habituales tormentas que se generaban por las tardes. Ese día queríamos ver el atardecer en una de las torres más altas de la ciudad. Leímos que el hotel Hard Rock era una buena opción pero estaba cerrado por la pandemia, así que tomamos un UBER (5.14$) para ir al hotel JW Marriot en Punta Paitilla donde se encontraba el bar Panaviera, ubicado en el piso 66, pero al llegar nos dimos cuenta de que estaba nublado por la parte por donde se esconde el sol así que para pagar un precio nada módico por una consumición y no poder ver nada, decidimos no subir, así que dimos un paseo por esa zona que no me pareció muy interesante porque no tiene una salida al mar, la Cinta Costera comienza más al sur.

Finalmente, y dado que habíamos comido tan pronto y teníamos tanta hambre, buscamos un restaurante y «tiramos» de un clásico y de lo que nos más nos gusta, cenamos en un italiano llamado la Vespa, cerca de nuestro hotel. La comida nos gustó, el servicio de nuevo fue muy bueno con un camarero con el que hablamos de fútbol bastante tiempo, no sabía yo que seguían tanto el fútbol español en un país de no tanta tradición futbolera como Panamá. El precio como siempre no fue barato, por un plato cada uno, postre y bebidas pagamos 64$

Hacía mal tiempo, ya era de noche y estábamos cansados así que tomamos algo y regresamos al hotel.

Día 4. Sábado 12 de marzo de 2022

Ese día, penúltimo que pasaríamos en la capital, teníamos reservada la entrada para visitar, como no, el Canal de Panamá. Debido a las restricciones de aforo por el COVID había que reservar el ticket en la página web del Canal, cosa que habíamos hecho unos días antes.

Desayunamos y de nuevo con un UBER (5.17$) llegamos rápidamente al Centro de Visitantes de Miraflores. No recomiendo hacer un tour para esto, se puede visitar perfectamente por vuestra cuenta.

Decir que hay 5 conjuntos de esclusas en el canal: Pedro Miguel, Agua Clara, Miraflores, Gatún y Cocolí, alguna es gratuita como la de Pedro Miguel. Nosotros pagamos 10$ aunque creo que antes de la pandemia el precio era más alto.

Al entrar accederéis a varias plantas donde encontraréis diferentes informaciones sobre el canal, más enfocadas a datos estadísticos actuales, más que a su historia, yo desde luego me quedo con el Museo del Casco Viejo. Había zonas cerradas o en mantenimiento, por eso quizás el precio no fuera más alto. Atención que cierra los lunes.

Finalmente y la verdad que se agradecía porque el frío del A/A en los pasillos era insoportable, salimos al exterior para ver la atracción principal, los barcos pasando por el canal.

Inaugurado en 1914, por estas esclusas de Miraflores pasan los barcos de oeste a este (procedentes del Pacífico) por la mañana y por la tarde pasan de este a oeste (procedentes del Atlántico) así que procurar llegar por la mañana pronto o por la tarde, si no no veréis nada. Los barcos que acceden a las esclusas de Miraflores desde el Pacífico suben 2 escalones al ingresar a ellas, salvando un desnivel de 16 metros, similar a un edificio de 8 pisos.

Estaréis en una terraza grande donde deberéis coger un buen sitio para observar los enormes barcos que cruzan el canal. Por la megafonía van dando datos en inglés y castellano muy interesantes. Veréis dos canales muy cerca y un poco más arriba veréis el tercer y último, construido en por la empresa española Sacyr entre 2007 y 2016 y que fue célebre porque tuvo un sobrecoste enorme.

Durante la hora y media que estuvimos, pudimos ver pasar hasta 3 barcos y es curioso como puedes ver todo tipo de datos en Internet sobre cada uno de ellos, este por ejemplo iba en dirección a Houston (USA).

El sistema de relleno de las esclusas es muy curioso, no se llena simplemente abriendo y cerrando las compuertas y aprovechando el agua de cada lado, si no que se hace con agua dulce almacenada en unas enormes piscinas y que proceden de agua de lluvia, ¡¡¡son necesarios 100 millones de litros de agua para para llenarlas!!!. Hay 40 pares de compuertas y toda son las originales, fabricadas en Estados Unidos y pesan de media cada par nada menos que 730 toneladas.

El canal mide 80 kms de largo y los barcos tardan unas 8- 10 horas en recorrerlo. Si no estuviera el canal y tuvieran que rodear América del Sur tardarían mínimo 2 semanas.

En cuanto a lo que pagan los barcos por cruzarlo, la media son 200,000$ y el récord fue de un enorme carguero que pagó hasta unos increíbles ¡¡1,4 millones!!. La media de la recaudación diaria es de 9 / 10 millones, no está mal, ¿no?

Tras la visita, decidimos ir al Museo de la Biodiversidad, diseñado por el conocido arquitecto Frank Gehry pero lo encontramos cerrado, así que le dijimos al simpático conductor de Uber que nos acercara a la zona conocida como la Calzada de Amador, una vía que conecta la parte continental con tres islas (Naos, Perico, y Flamenco) y que fue construida en 1913 con tierra excavada procedente de los trabajos del Canal.

Es verdad que era por la mañana y que por tanto no había casi ambiente, pero la zona no nos pareció gran cosa así que decidimos volver al hotel a relajarnos un poco en la piscina.

Tras descansar y estar tranquilos un rato comimos en un restaurante cerca del hotel llamado la Scarpetta. Comimos un par de pizzas y bebidas y pagamos 36$, para luego tomar de nuevo otro UBER e ir de nuevo al Casco Viejo (3.24$).

Nos apetecía un café así que decidimos tomarlo en uno que tenía apuntado, de nombre Tántalo (5.2$) donde se veía un buen ambiente.

A las 4 habíamos reservado vía mail una visita en el Museo de la Mola, que era guiada y gratuita. Lo alberga un edificio restaurado e impecable que cuenta todo lo relacionado con las molas.

Un simpático guía nos contó la historia de estas preciosas telas hechas a mano y que forman parte de la cultura indígena guna. Son elaboradas y tejidas por las mujeres como parte tradicional de su vestimenta. Se trata de textiles cosidos en paneles con diseños complejos y múltiples capas usando una exquisita técnica.

La visita es breve y gratuita así que si tenéis tiempo, no está mal que vayáis.

Después nos acercamos a un bar que desde fuera vimos muy chulo llamado Marzola Parrilla Argentina donde tomamos un par de cocktails (6$ cada uno) y cuya decoración nos pareció super original.

A continuación volvimos a la plaza Francia, un lugar bastante bonito para ver el atardecer.

Y el paseo Esteban Huertas donde de nuevo disfrutamos de la vista de los rascacielos.

Seguimos caminando hacia la Cinta Costera pasando por el mercado donde había ya mucha gente cenando y llegamos al paseo donde al ser sábado estaba lleno de vendedores ambulantes, puestos de comidas diferentes (el famoso «raspado» panameño) y gente también haciendo deporte.

Seguimos caminando hasta que nos sentamos un poco a ver el skyline.

Y ya cuando nos cansamos pedimos un UBER que nos dejó en el hotel.

Día 4. Domingo 13 de marzo de 2022

Madrugamos y tomamos un UBER al aeropuerto para coger nuestro vuelo a Bocas del Toro, ¡¡la playa y el mar Caribe nos esperaban!! Ojo porque los aviones a ese destino salen del aeropuerto Marcos A. Gelabert con categoría también internacional porque hay trayectos a Costa Rica, pero no es el de Tocumen, que recordemos es del que vinimos de España.

Llegamos enseguida a nuestro aeropuerto porque está bastante más cerca que el otro, que se encuentra mucho más al norte.

Atención porque estos vuelos internos no son nada baratos, nosotros pagamos por él 215$ cada uno (unos 192€ al cambio de ese momento).

Tomamos el vuelo a las 10h y en apenas una hora estábamos aterrizando en el aeropuerto de BOCAS DEL TORO.

Visitada por Cristóbal Colón en su cuarto y útimo viaje, esta es una provincia al oeste de Panamá de unos 170,000 habitantes que contiene muchas islas siendo 7 las principales. Las más conocidas y turísticas son las de Colón, Bastimentos, Carenero y Solarte.

El aeropuerto se encuentra en la isla de Colón, donde aterrizamos en el tipo de aeródromo que me encanta, pequeñito, minúsculo. Tuvimos que esperar un poco por nuestras maletas porque todas pasaron por un detector de drogas de lo más sofisticado, un perro y su hocico, y un taxi que nos había gestionado el hotel nos llevó a nuestro alojamiento.

Este era el fantástico y esperado Oasis Bluff Beach, un alojamiento frente a la salvaje pero maravillosa Playa Bluff, paraíso de los surfistas por sus continuas y grandes olas.

En este mapa de la isla os marco la situación del hotel, encontrándose al sur el aeropuerto y el pueblo de Bocas.

Este hotel no es barato, pagamos unos 150$ por noche con desayuno incluído y si queréis alojaros en un sitio en medio de la selva, tranquilo, 100% sostenible y con unas instalaciones espectaculares, este es vuestro hotel. Si por el contrario queréis algo en el pueblo de Bocas para no tener que desplazaros mucho podéis buscar otra opción.

Habíamos reservado la habitación con vistas al mar y la verdad que por un poco más no habíamos podido tener mejor idea porque tanto la habitación como las vistas desde la puerta, eran espectaculares, como para quedarse ahí a vivir un mes.

Los propietarios son dos británicos mayores que vivían en Estados Unidos y que apenas hablaban castellano, sobre todo el hombre pero que fueron muy amables. Eso sí, el personal local fue siempre super simpático y nos ayudó en todo lo que necesitamos, sobre todo uno llamado Elías.

Dejamos las maletas y nos acercamos a la playa Bluff y he de decir que nos sorprendió para bien, es absolutamente MARAVILLOSA, con una arena limpia, sin apenas gente, aunque eso sí, muy peligrosa, llena de corrientes y de resaca que no permitía el baño con normalidad pero que por suerte la temperatura del agua era perfecta.

Estuvimos paseando y disfrutando de la playa hasta que llegó la hora de la comida, y este es un fuerte del hotel, cuyo restaurante The View es una maravilla y nos hizo disfrutar ese día y muchos más de una estupenda gastronomía.

Pagamos una media de 50$ por comida y lo pagamos bien agusto porque todo estaba riquísimo, tenía una carta no muy amplia, con el domingo barbacoa y unos postres espectaculares. Además los cocktails valían 5$ y más de uno pudimos disfrutar durante nuestra estancia de 5 días.

Para ir del hotel al pueblo de Bocas hay dos opciones, un taxi que os cobrará 15$ pero por lo que vimos, siempre que sea por el día, porque por la noche se aprovechan y por volver siempre os pedirán más. La otra opción es un minibus o «van» como la llaman ellos (3,5$) que pasan cada dos horas desde las 10 hasta las 18h pero que resultó ser muy irregular en el horario y un día que fuimos a cogerlo iba lleno y ni paró, así que siempre optamos por el taxi, compartiéndolo algunas veces.

Llegamos a Bocas en un taxi al que le pedimos el número de teléfono porque nos cayó muy bien y nos dispusimos a conocer el pueblo.

Este es el típico poblado destinado casi al 100% al turismo, lleno de casas bajas y por supuesto de pequeños hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos.

Sus calles son rectilíneas, anchas y si digo la verdad, no me atrajo mucho el ambiente, las tiendas de souvenirs o para hacer compras las encontré bastante cutres y no llamaban mucho a comprar, pero es mi opinión, nada que ver con otros pueblos parecidos que me he encontrado en otros viajes en Filipinas, Thailandia o México por ejemplo.

Los restaurantes y bares sí que tenían una mejor pinta, sobre todo porque la mayoría tenían un embarcadero que hacían de ellos muy agradables al estar al lado del mar, algunos incluso tenían un hueco a modo de piscina para darse un chapuzón.

Como en ciudad de Panamá, el sol se escondió sobre las siete, unas de las cosas que más fastidia porque luego las horas que hay hasta que te vas a dormir son muchas, demasiadas.

Cenamos pronto, sobre las 8 y media después de tomar algo. Nos fiamos lo que nos dijo el del hotel y fuimos a un restaurante llamado la Buga Gastro Market. Tenía una carta un poco extraña, como más veces pudimos apreciar en más restaurantes, mezclando diferentes tipos y orígenes y sin un estilo definido. Pedimos un par de platos pero la verdad que no nos convenció. Con postre y bebidas pagamos 44$

Ese día y como nos pasó casi todos, cayó una tormenta que nos pilló saliendo del restaurante. Hago un inciso para hablar del tema del tiempo. Como en todos los países cercanos al ecuador, Panamá tiene un clima tropical y no hay diferencias significativas entre las estaciones. La duración del día apenas fluctúa y las diferencias de temperatura entre el verano y el invierno son igual de pequeñas. Dependiendo de la estación, las temperaturas máximas diarias medias oscilan entre 29 y 32 grados. En los meses más fríos, la temperatura baja por la noche, dependiendo de la región, hasta 22°C en promedio mensual.

Salimos y como veíamos tan poco ambiente, decidimos volver al hotel, y en ese momento descubrimos una realidad, no hay suficientes taxis. Llamamos al teléfono del que nos trajo, pero no contestó y pasó de nuestros mensajes, paramos alguno pero nos pedían 25€, finalmente, y tras unos 25 minutos conseguimos uno por 20$. Este tema no me gustó mucho porque de noche y lloviendo, se aprovechan de la mucha demanda y si no tienes el hotel en Bocas, la cena puede tener un sobrecoste importante, ojo a esto.

Día 5. Lunes 14 de marzo de 2022

Como nos acostamos pronto yo me levanté muy temprano, tanto que decidí acercarme a la playa a ver el amanecer en la playa Bluff, y la verdad que qué maravillosa experiencia, fue espectacular.

Luego, como no, un desayuno fantástico, ¿no?

Ese día teníamos en la agenda visitar una de los lugares imprescindibles de Bocas del Toro, la playa Estrella, con lo que pedimos un taxi de nuevo para ir al Pueblo de Bocas antes de las 10 de la mañana que pasaba la van. Nos dejó en el Parque Simón Bolívar, quizás epicentro del pueblo y desde donde además sale la van 🚐 hacia Boca del Drago. Este bus sí me pareció más fiable y a su hora convenida (sale cada hora) partimos hacia el norte de la isla.

El viaje es interesante porque te permite ver prácticamente toda la isla y te acerca a la playa por apenas 2,5$ que cuesta el billete. Podéis hacer el trayecto también en bici alquilada, son 17 kms y la van tardó como unos 30 minutos.

Una vez en Bocas del Drago os ofrecerán llevaros en barca por poco dinero a la playa pero yo os recomiendo hacer el camino que hay hasta llegar allí por un sendero junto al mar y que es de lo más agradable.

Tras unos 15 minutos caminando ya comenzamos a ver restaurantes y chiringuitos a pie de playa y enseguida nos metimos en las cálidas aguas para buscar esos seres submarinos que dan nombre a esta bonita playa. Dicen que hay que llegar pronto para verlas y así lo hicimos, antes de las 11 de la mañana habíamos llegado. Y ahí estaban repartidas por toda la costa, qué bonito espectáculo, nunca había visto nada igual.

La playa es maravillosa, muy tranquila aunque con poca arena para poner la toalla. Había muy poca gente, cosa que celebramos, y por supuesto una recomendación, NO tocar NI sacar del agua las estrellas para haceros una foto y colgarla en las redes sociales, eso les costaría la vida, seamos responsables.

Allí estuvimos un buen rato disfrutando de esas tranquilas aguas, nada que ver con las de la playa Bluff, al otro lado de la isla.

Otra de las atracciones de esta zona y que ofrecen en todos los tours, es acercarse a la isla Pájaros. Preguntamos a un barquero cuántos nos costaría que nos llevara y nos dijo 10$ por persona, pero que si encontrábamos otros 2 que nos acompañaran, nos cobraría la mitad. Así que pregunté a dos españolas que casualmente estaban a mi alrededor y que finalmente accedieron a acompañarnos.

Tuvimos la mala suerte de que de repente el cielo se nubló, y el día tan estupendo que hacía se estropeó justo cuando iniciábamos la marcha. La tranquilidad del agua dejó su lugar a un oleaje cada vez más fuerte y que hacía saltar a nuestra embarcación hasta llegar a un límite que los 4 pensábamos que podía resultar hasta peligroso. El que llevaba el bote enseguida nos tranquilizó asegurándonos que este oleaje era normal en esta parte de la isla, pero vamos, que el mal rato no nos lo quitó nadie.

Aquí tenéis en un mapa la situación de la isla, la playa, y el recorrido de la van para llegar a ella desde Bocas.

A pesar del comentario del barquero, la verdad que el camino se nos hizo largo y por supuesto se nos fueron las ganas de hacer snorquel junto a la isla, una de las atracciones de la misma por los corales que hay en el fondo de sus aguas.

La isla ciertamente impresiona, por esa vegetación y la altura de la misma pero sobre todo por la gran cantidad de aves que la habitan. Os puedo asegurar que esta isla con un sol radiante es espectacular, vimos fotos de una chica que había ido una hora antes que nosotros con el día soleado y nos parecieron increíbles. Podréis ver aves tales como charranes, fragatas, pelícanos, golondrinas y alcatraces, pero la más famosa de todas es el llamado rabijunco piquirrojo, famoso por las plumas largas de su cola y que distinguimos enseguida.

A la vuelta le pedimos al barquero que nos dejara en Boca del Drago donde decidimos comer. Como no había muchas opciones, lo hicimos en este restaurante.

El lugar era de lo más sencillo y comimos un plato también sencillo, con pollo, arroz y patacones, y ahora sí resultó muy barato, pagamos 22€ en total los dos.

La verdad que este rincón de la playa de Boca del Drago lo encontramos muy agradable, con una playa de aguas muy limpias y que tenía un par de sitios con muy buena pinta por ejemplo para ver el atardecer, por ejemplo este.

A las cinco tomamos el van otra vez de vuelta a la capital de la isla donde tomamos algo en un par de bares y volvimos al hotel a disfrutar de la cena. No nos apetecía que nos pasara lo del día anterior porque de nuevo amenazaba tormenta.

Día 6. Martes 15 de marzo de 2022

Nos levantamos con otra tormenta nocturna que dejó el terreno embarrado pero que afortunadamente cuando el sol vuelve a salir y empieza a apretar, todo se seca enseguida como por arte de magia.

Y menos mal porque ese día íbamos a hacer una ruta a pie hacia el norte de la isla. Nos apetecía hacer algo tranquilo y no habíamos cruzado el Atlántico para estar tumbados bajo el sol, ¿no?

Disfrutábamos del desayuno viendo colibríes que aleteaban cerca del hotel, a los surfistas madrugadores que llegaban por todos los medios a disfrutar de las olas de la playa que teníamos delante cuando de repente observamos que había un perezoso en lo alto de un árbol que según nos cuenta los trabajadores de nuestro alojamiento, solía estar muy próximo al mismo y lo veían con bastante frecuencia. La verdad que nos hizo mucha ilusión poder ver a un animal tan raro y misterioso como este mamífero arborícola, pero más adelante el destino nos tendría preparada una sorpresa con este animal.

El sol ya era radiante y comenzaba a apretar el calor así que debíamos salir cuanto antes.

La ruta que íbamos a hacer nos la muestra al detalle nuestro anfitrión del hotel, Simon. Esta hoja, aunque sencilla y no sacada de Google Maps precisamente nos iba a ayudar mucho a ir a alcanzar nuestro destino, una laguna conocida como la Piscina y que por el camino nos encontraríamos lugares interesantes.

Comenzamos la ruta desde nuestro hotel hacia el norte, por un camino paralelo a la playa Bluff, cuyo estruendo de las olas nos acompañaba sin descanso. Vemos diferentes propiedades, algunas en venta, algún que otro alojamiento y algún restaurante que tengo mis dudas de que pueda funcionar en esta zona que considero bastante aislada.

Tras un buen rato llegamos al final de la playa y cruzamos un riachuelo, en ese momento recomiendo, si váis caminando, tomar el camino de la derecha. Os encontraréis un sendero más estrecho y de verdad váis a disfrutar el caminar entre tan frondosa vegetación.

Más adelante os encontraréis con un lugar curioso (marcado como «ruins» en el plano anterior), y no es más que un antiguo laboratorio de droga en medio de la selva.

En el siguiente cruce sí que os recomiendo tomar el camino de vuestra izquierda, el camino más ancho, el de la derecha que cogimos nosotros se complica bastante y se hace difícil continuar en algunas partes.

Y finalmente llegaréis a la famosa Piscina, que sinceramente, no sé si es porque el agua estaba turbia por estar el mar muy agitado pero no me pareció gran cosa, eso sí, nos dimos un baño de lo más agradable porque habíamos aguantado bastante calor.

Encontramos un panameño en esta playa y nos recomendó que fueramos, ya que estábamos cerca, a una laguna pequeña marcada en el mapa como Blue Lagoon a unos pocos metros. La verdad que, o estaba de nuevo el agua turbia y le hacía perder su encanto, o yo soy muy exigente, pero de nuevo no me pareció gran cosa.

Una vez visto esto y tras el agradable baño decidimos volver ya hacia el hotel. Por este camino ancho sí que asistimos a una de las cosas más interesantes y divertidas del viaje, y fue que, haciendo honor a su nombre, empezamos a oír unos sonidos fortísimos que más parecían rebuznos que los propios de un mono, pero venían de los árboles, buscamos, buscamos y al final los encontramos. Os paso este vídeo para que juzguéis…🤣🐒

Llegamos al hotel, comimos y descansamos un poco, para por la tarde tomar un taxi y volver a ir al pueblo de Bocas. Compartimos coche con unos surfistas franceses y el conductor, Julio, nos cayó muy bien, un panameño superdivertido y le cogimos también el número de teléfono para intentar evitar lo que nos había pasado hacía dos noches.

Desde allí decidimos ir a un bar que había oído que tenía un ambiente muy agradable pero que está en la cercana isla de Carenero, en su parte suroriental. Nos acercamos a un embarcadero y enseguida nos subimos en una de las múltiples barcas que transportan a gente entre islas y tras pagar 2$ llegamos enseguida a nuestro destino. En la barca iban colegiales con los que hablamos y nos enseñaron orgullosos sus cuadernos.

Llegamos a Bibi’s y nos sentamos en su agradable terraza sobre el mar y es verdad que el sitio estaba muy bien. No probamos su comida porque eran sobre las 7 de la tarde y por tanto un poco pronto para cenar.

Debéis tener en cuenta que desde allí, aunque la vista es bonita no es el lugar ideal para ver el atardecer ya que el sol se pone detrás de la isla y no se aprecia bien.

Otro día más se empezó a formar una tormenta hacia el este y temimos que los nubarrones descargaran sobre nosotros así que decidimos ya pedir un barco (lo hacen los camareros) para volver a Bocas.

Eran ya las ocho así que en nuestra línea de cenar pronto fuimos en búsqueda de un lugar que nos habían recomendado en el hotel y también yo lo tenía apuntado desde España. Este lugar es el restaurante el Último Refugio.

Pedimos un plato cada uno, con bebida y un postre y pagamos al final 41$. Este restaurante sí que nos gustó, tanto el lugar, con un embarcadero sobre el agua, como la atención, como la comida. Yo me pedí un risoto que la verdad que estaba muy bueno. Este fue el mejor de calidad-precio quizás de todo el viaje. Como siempre no esperéis precios bajos, son precios de turista que llamo yo.

Al salir ya sabíamos lo que nos tocaba, que nos fastidiaba bastante la verdad, y que no era otra que la de buscar un medio para volver al hotel, además esa noche, de nuevo se complicaba porque había llovido con lo que sabíamos que la demanda de taxis iba a aumentar. Le pedimos a la camarera que nos pidiera uno a lo que ella respondió que no aseguraba que nadie llegara, y así fue, así que finalmente decidimos llamar a Julio, el taxista que nos había traído ese día, y la verdad que se portó muy bien, vino enseguida a buscarnos y nos llevó al hotel, aunque tengo la impresión de que no todos los días tendríamos la misma suerte. Os dejo aquí su teléfono que seguro le interesa para aumentar su clientela +507 61767587.

Día 6. Miércoles 16 de marzo de 2022

Este día teníamos el plato fuerte de nuestra estancia en Bocas del Toro, la excursión más típica que ofrecen todas las agencias. Nosotros la reservamos con una llamada Total Adventures, había leído buenas críticas de Google así que nos decidimos por ella. El tour que tomamos nosotros lo llaman ‘Exuberancias’ y pagamos 35$ cada uno. Supongo que habrá agencias algo más baratas porque lo vimos pero por poco más preferíamos esta de la que teníamos referencias y resultó a la postre que no nos habíamos equivocado.

Salimos en una barca sobre las diez y media, eramos diez personas en la barca, con dos de tripulación y nosotros los únicos hispanohablantes junto con Marcela, una simpática argentina.

Tomamos dirección sur para en unos 20 minutos llegar a la Isla Cristóbal, en la que se encuentra la llamada Bahía de los Delfines (localmente conocida también como laguna Porras) y que lógicamente se llama así porque es lugar en el que frecuentemente se suelen ver a estos cetáceos, concretamente la especie llamada de nariz de botella. La verdad que no había masificación de barcas como nos hemos encontrado en otros tours similares, por ejemplo en Filipinas. Vimos algún delfín en la distancia dando saltos y la experiencia, pues bueno, no estuvo mal aunque todo a bastante distancia.

Después de unos 20 minutos y las explicaciones en castellano e inglés del de la agencia que pilotaba la embarcación, tomamos rumbo a una zona de manglares de aguas cristalinas que atravesamos muy despacio.

Esta zona estaba muy bien, vimos algún pez interesante y también estrellas de mar en sus transparentes aguas.

Desde allí ya nos acercamos a hacer snorkel al lado del restaurante Cayo Coral. Nos dejaron gafas y tubo y nos tiramos al mar, la verdad que no me pareció nada del otro mundo, el sitio es espectacular pero de snorkel, ya estuve en sitios muchos mejores.

Despúés de unos 30 minutos, nos sentamos para comer. El restaurante lógicamente de barato no tenía nada, 100% dedicado a turistas hambrientos y sin mirar mucho los precios dadas las pocas opciones que había. Nos decantamos por un mixto de marisco al ajillo (que es el que pongo en la foto (18€) y luego unos «deditos de pollo».

Pagamos finalmente 51€ por los tres platos y dos bebidas, caro pero es verdad que la comida estaba muy rica y el sitio qué decir, inmejorable. Según nos dijo el guía, otras agencias suelen parar en otros restaurantes pero es verdad que mejor que este no sé yo si es posible.

Pasamos una comida y una sobremesa muy agradable de conversación con Yader, también con su pareja, una costaricense muy simpática y Marcela. Después de un par de horas partimos hacia nuestra última parada, los llamados Cayos Zapatillas.

Los cayos son unas pequeñas islas situadas junto a la isla Bastimentos y separadas entre sí por arrecifes de coral. La menor más al norte, tiene una extensión de 14 hectáreas mientras que la mayor posee 34, que es donde tocaremos tierra.

En esta apartadas islas se decidió grabar la primera edición del célebre programa Supervivientes en el año 2000. Obviamente le preguntamos al capitán de nuestro barco sobre aquel acontencimiento, a lo que nos respondió que fue una auténtica revolución y que montaron un despliegue espectacular.

Atracamos en un pequeño embarcadero en la zona noroeste de la isla y una vez en tierra nos dejaron dos horas de tiempo libre para dar una vuelta y conocer el entorno. Decidimos cruzar la isla por un camino bien preparado para el turismo. El interior es frondoso y espectacular, y apenas se percibe la mano del hombre porque aquí no vive nadie, sólo se puede ir y volver en el día, afortunadamente es un espacio protegido.

Caminamos y nos encontramos solos en una isla digna del mismísimo Robinson Crusoe.

En la parte del otro lado de la isla, hacia el sur, a pesar de que había bastantes palmeras tumbadas supongo que fruto de algún temporal, vimos la que sería nuestra playa favorita, con una arena y unos colores del mar espectaculares, por supuesto la temperatura del agua estaba perfecta para mí.

Ya sobre las cinco de la tarde iniciamos el viaje de retorno, directamente hacia nuestro punto de salida.

Esta es la ruta que habíamos hecho aproximadamente, con nuestras 3 paradas y el inicio y final en la isla de Colón.

Tomamos un taxi que a esa hora no era difícil y nos quedamos en el hotel disfrutando de una buena cena y algún que otro cocktail.

Día 6. Jueves 17 de marzo de 2022

Me desperté prónto y pude disfrutar de otro espectacular amanecer.

Este día, penúltimo de nuestra estancia en Bocas del Toro antes de regresar a España, dudábamos en lo que hacer para ese día. Pensamos en hacer una excursión a una granja orgánica de cacao entre otras cosas (Up in the hill en la Isla Bastimentos) pero finalmente nos decantamos por una que nos ofreció el hotel y que a nosotros, que nos gustan los animales y la selva, nos convenció. Y fue una ruta con una bióloga a través de la selva alrededor del hotel donde nos daría dando diversas explicaciones sobre la fauna y la flora de la isla. La chica resultó ser una alemana muy simpática que hablaba muy bien castellano llamada Corina y aquí pongo su teléfono (por supuesto con el consentimiento de ella) por si alguno le interesa +491797280004.

LLegó la que sería nuestra guía a las 10 de la mañana al hotel y comenzamos a caminar en dirección norte paralelos a la playa Bluff, cuando de repente, y de la manera más inesperada, nos topamos con el animal que más nos apetecía ver y seguramente una de las atracciones de Bocas del Toro, ¿adivináis cuál puede ser? pues efectivamente, tuvimos la inmensa suerte de ver un perezoso en unas ramas bajas prácticamente a nuestro lado, fue una suerte porque no es nada fácil poder tenerlo tan cerca ya que que sepáis que sólo bajan una mes a la semana al suelo para hacer sus necesidades o beber agua. Aquí os muestro un pequeño vídeo para que lo podáis apreciar bien cerca.

La visita comenzaba bien con esta sorpresa así que continuamos el camino bien animados. Avanzamos como ya decía paralelos al mar hacia el norte mientras Corina nos iba contando cosas de todo tipo, no sólo relacionadas con la biología si no de todo un poco, cosa que me encanta hacer en los viajes. En un determinado momento nos integramos en la selva y ahí ya comenzó nuestra visita de verdad.

Nuestra guía resultó que realmente en lo que es una experta y en lo que se ha especializado es en el anfibio seguramente más famoso del archipiélago, la que llaman red frog en inglés y en castellano tiene diversos nombres como la rana flecha roja y azul, rana flecha venenosa, rana venenosa de la fresa,… (Oophaga pumilio, designada anteriormente como Dendrobates pumilio). Se puso a buscar alguna para enseñárnosla y enseguida cogió alguna en un bote de plás tico para que la viéramos sin causarles ningún daño. Nos habla de un hecho muy llamativo, y es que esta rana que en la isla Bastimentos es roja, en la isla de Colón sin embargo es verde y amarilla. Nos cuenta un montón de curiosidades de la ranita que la verdad que nos parecieron muy interesantes y amenas.

Continuamos atravesando el paisaje selvático por lugares de vegetación frondosa y Corina contándonos diversas informaciones sobre animales y plantas, algunas tan curiosas como la del arbusto que camina sólo (Socratea Exorrhiza) o la planta cuyas hojas se cierran al pasarle el dedo (Mimosa Pudica).

Finalmente y tras una continuada pendiente en la que sudamos la gota gorda ya que el calor y sobre todo la humedad era muy alta, ascendimos a uno de los puntos más altos de la isla en la que además había una plataforma de madera, que tras subir a ella pudimos disfrutar de esta vista extraordinaria.

Volvimos al hotel tras la visita que la verdad que como cosa un poco alejado de las visitas tradicionales de la zona de playas, snorkel, buceo y surf, la verdad que a mí personalmente me mereció la pena. La excursión duró como unas 4 horas y pagamos 25$ cada uno. Personalmente sí que repetiría.

LLegábamos hambrientos y sedientos y nos pegamos otro homenaje en el hotel, como no…

Y esa última tarde ya de estancia en Bocas del Toro nos la pasamos de relax en el hotel disfrutando y despidiéndonos de nuestra maravillosa playa. Una pena que nuestro alojamiento no dispusiera de piscina, de haber sido así la estancia habría sido de matrícula de honor. Si os apetece un hotel en esta misma zona que sí tiene piscina, justo al lado había uno llamado Playa Bluff Lodge pero ya no sé luego cómo estará el resto de instalaciones y la atención.

Día 7. Viernes 18 de marzo de 2022

Al día siguiente teníamos nuestro vuelo a las 11:30 a ciudad de Panamá, a la que llegamos apenas una hora después. Dado que nuestro vuelo a Madrid no salía hasta las 22h, decidimos tomar un Uber (3.91$) e ir al Casco Viejo a comer y esperar por ahí tranquilamente. Comimos en el restaurante Madre cucina italiana, nada barato, pagamos 59$ por dos pizzas, bebidas y un café, y nos quedamos ahí un buen rato sin salir a la calle porque el calor y la humedad no daban tregua, además cargando con las mochilas. El sitio la verdad que estaba muy chulo.

Finalmente sobre las 19h ya cogimos otro Uber (17$) para ir al aeropuerto y tomar nuestro vuelo directo de vuelta.

Y aquí terminó nuestro viaje al país centroamericano, un lugar que tiene mucho que ofrecer, con un vuelo no muy caro desde España y que tiene tanto playa, como naturaleza como una capital interesante con una obra majestuosa como es el Canal.

Como siempre me suele pasar, el número de días es corto para todo lo que hay que ver pero es verdad que venimos muy satisfechos del país y de las experiencias vividas.

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