CHICAGO

Este el diario de la escapada a esa sorprendente y fantástica ciudad que es CHICAGO.

Para todos aquellos que no os apetezca leer todo el diario y queráis la información de manera esquemática, os pongo aquí un resumen completo. Para los detalles y fotos, ya sabéis, tendréis que llegar hasta el final!!!

RESUMEN CHICAGO

Y vamos con el diario:

Este viaje a surgió como un regalo muy especial a mi cuñado Víctor de su hermana y mío. El regalo incluiría el vuelo, y entradas para ver un partido de la NBA, competición de la que es fan (aunque por debajo del fútbol y su Sporting, claro) y concretamente para ver a los Chicago Bulls (ya que los Lakers, de su gran ídolo Kobe Bryant, están en horas bajas, y éste, a punto de la retirada), así que por octubre de 2015 más o menos, y sin él saberlo compré las entradas y los vuelos, unos 565€ cada uno, y la entrada 85 dólares, en una zona de las más altas de la cancha, las de abajo, estaban alrededor de los 250. La sorpresa se la daríamos en Navidad y por supuesto no se lo imaginaba. Tendríamos la ocasión de poder ver al mejor deportista español de todos los tiempos (en mi opinión), PAU GASOL.

Antes de comenzar os daré unos pocos de datos de la ciudad, que siempre me gustan y espero no os aburran. Chicago, en el estado de Illinois, es la tercera ciudad con mayor número de habitantes de Estados Unidos, detrás de Nueva York y Los Ángeles. Siempre es difícil hablar de un número exacto en estas macro-urbes debido a la extensión que tienen, pero las estadísticas hablan de unos 2,7 millones, la zona urbana, 8,4 y con toda la aglomeración casi 10 millones (2013). Atrae unos 40 millones de visitantes al año, lo que le convierte en una de las cinco ciudades más visitadas de Estados Unidos. El estado de Illinois es el quinto con más población detrás de la enorme California, seguido de Texas, New York y Florida.

Si nos retrotraemos al pasado, según los relatos de los exploradores españoles del siglo XVII, los indígenas de Illinois fueron los primeros en reclamar el territorio llamándolo “Chicaugou” -que significa poderoso o grande- en referencia a los “grandes jefes” de las tribus de la región.

La ciudad comenzó a crecer en población y en importancia debido al desarrollo del ferrocarril y la construcción del canal Illinois/Michigan, gracias a lo cual Chicago se hizo líder en la industria ganadera (de ahí el nombre de los Bulls). También destacó en el área de la madera, la leña y el trigo. Todo esto hizo que para mediados de la década de 1850 llegaban cada año a la ciudad casi 100.000 inmigrantes buscando tierra y trabajo. Luego vendría el hecho más devastador de su historia, pero que la cambió por completo, el Gran Incendio de 1871, y que más tarde hablaré de él más en profundidad.

Chicago es la ciudad de Al Capone, de Obama, de Michael Jordan, la cuna del blues y del jazz, pero también de la música house, de la arquitectura moderna, de los Latin King, de los musicales y los museos…, una ciudad en fin, fascinante, y que seguramente ha vivido siempre bajo la sombra de New York, pero que espero que con mi humilde ayuda, la conozcáis un poco mejor, y sobre todo algún día podáis disfrutar de ella porque sin duda merece la pena.

Un 17 de marzo a las 11 de la mañana cogimos el avión que nos llevaría a la ciudad americana. Teníamos por delante el vuelo más largo de mi vida sin escalas, nada menos que 9 horas y media. Compré los billetes con la aerolínea finlandesa Finnair pero el vuelo lo operaba Iberia. Llegamos con más de dos horas de antelación al aeropuerto de Barajas, cosa que siempre hago con un objetivo, conseguir asientos en pasillo de emergencia, pero esta vez y al contrario que en los últimos, los pude conseguir, pero separados, y por eso creo que fue un error el no coger dos juntos antes y luego intentar cambiarlos por emergencias juntos. Bueno, una vez dentro intentaríamos juntarnos.

A la hora prevista salimos a nuestro destino!!! Chicago is coming!!!

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Una vez dentro del avión pedimos a las azafatas poder juntarnos pero finalmente y cuando ya parecía que lo habíamos conseguido, la que nos ayudaba cometió un error con uno de los asientos que creía vacíos y finalmente no fue posible así que tuvimos que ir separados. El viaje a pesar de lo largo que era entre leer prensa, y 3 películas, no se me hizo muy largo (suele pasarme en los de ida 😉

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Sobre las 15h. hora local del mismo día (en Chicago eran seis horas menos) aterrizamos en el aeropuerto de O’Hare, que es nada menos que el cuarto del mundo en número de pasajeros con casi 88 millones (2014) sólo superado por Pekín, Heathrow y Atlanta. Madrid por ejemplo fue el 16º con 58M.

Pasamos los controles de inmigración en un tiempo relativamente corto, con algún que otro documento diferente a cuando entré en NY o Miami y tras las huellas dactilares y las fotos de rigor, ya estábamos como legales en Chicago!!!!

Dado que la opción de taxi podía costar un ojo de la cara al estar bastante lejos de la ciudad, decidimos ir en modo low cost, en metro, así que tras preguntar cogimos un tren que nos llevó hasta la terminal 2 donde tenía el acceso al “subway”. Para el tema de los tickets, y como había ya estudiado antes, decidimos coger la llamada Ventra card, que permite coger autobús y metro de manera ilimitada durante los días que uno elija (1, 3 y 7). Nosotros cogimos la opción de 7 días, por la que pagamos 28$, a mí entender bastante barato.

El recorrido hasta el centro nos llevó como unos 40 minutos, donde cogimos el transbordo y nos bajamos en nuestra parada de Diversey (línea marrón o morada), y desde donde a unos 5-10 minutos caminando teníamos nuestro hotel, que fue el Days Inn Chicago (644 W Diversey Pkwy, Chicago, IL 60614).

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Dado que el alojamiento es muy caro en Chicago y después de buscar bastante, decidí reservar en uno cuyas opiniones eran bastantes buenas (siempre consulto los clásicos Tripadvisor y Booking) y no se equivocaron. Finalmente la opción más barata la encontré en el buscador “Hoteles.com” y nos salió la habitación doble por 563$ (112$ por cada noche), unos 511€, eso sí, incluyendo el desayuno (cosa que siempre intento buscar para no perder tiempo en buscar un sitio cercano). No estaba céntrico, pero como sabíamos que poco lo íbamos a pisar no me importó. En sólamente seis paradas de metro estábamos en el centro y además tenía muy cerca una zona de muchos restaurantes, en la North Clark Street.

Hotel

Sobre las seis de la tarde ya habíamos hecho el checkin y estábamos en la habitación, de la que nos llevamos una grata sorpresa, era super amplia con dos camas grandes, y aunque el baño era más pequeño se veía muy limpio. Tenía cuatro almohadas a elegir de diferentes alturas, un detalle muy bien pensado, y plancha por si nos daba. Eso sí el grifo de la ducha era fijo y para una persona de 1.94 como yo, era algo complicada el ducharse, pero me pude arreglar, en peores plazas hemos toreado…

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Además el hotel tenía wifi gratuito, otra cuestión importante dado que sólo tendríamos datos en nuestros móviles gracias al wifi.

Sobre las 6 y media de la tarde ya estábamos en la calle buscando un sitio para tomar algo por la zona, ese día no iríamos al centro todavía.

En cuanto pisamos la calle, y ya como habíamos visto en las predicciones, parecía que ibamos a tener suerte con el tiempo, dado que una de las cosas a las que le teníamos más miedito era al tema del frío. En Chicago el clima es muy extremo, en verano suele superar los 30 grados, pero es que en invierno se baja de los cero grados de manera considerable. Para no irse muy lejos en febrero de 2015, se alcanzaron los 22 bajo cero, batiendo el récord histórico, y es muy normal en enero y febrero rondar los 10 bajo cero de temperatura mínima. En marzo en teoría debían subir algo las temperaturas, que de media deberían rondar los -1 de mínima y 6 de máxima, pudiendo nevar fácilmente e incluso llegarse a congelar una parte del enorme lago Michigan. Afortunadamente, y esto fue la mayor suerte que tuvimos en todo el viaje, tuvimos un tiempo estupendo, eso sí con frío y un viento helado, pero casi siempre soleado y no nos cayó una gota de lluvia o nieve, aunque ibamos preparados para ello, con la mayoría de ropa que finalmente no pusimos.

Una vez que salimos del hotel y tras preguntar por sitios para tomar algo, enseguida en la calle N Clark encontramos un restaurante lleno de gente y que tenía buena pinta, se llamaba Cesars, y dado que aquí al amigo no le gusta la cerveza, y es difícil encontrar sidra natural por allí, pues nos pedimos unas margaritas al módico precio de 12$ cada una, con propina e impuestos en total, 30, toma ya, esto nos da una idea de cómo están las bebidas en esta ciudad, mucho más caras que las comidas, pero pasamos un rato agradable.

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Una vez que terminamos y dado que era jueves y por ahí cenan bastante pronto, decidimos ya sobre las ocho buscar un sitio para cenar. Yo tenía apuntado un sitio llamado Murphy’s y que encontramos, pero era muy pequeño y no nos convenció por fuera, así que decidimos improvisar y finalmente encontramos un restaurante quizás de la cadena más famosa de Chicago, Giordano’s (1040 West Belmont Avenue), y para allí fuimos. Nos atendió una chica muy maja y cuando nos trajo la carta, Víctor no se animó a comenzar ya probando la superfamosa “deep pizza” o pizza al estilo Chicago (más parece una tarta que una pizza) así que pedimos una tradicional más fina. Ya nos avisó la chica que tardaría unos 45 minutos (cosa que sigo sin entender una vez que he vuelto), pero esta vez la espera se alargó hasta nada menos la hora y cuarto. La camarera nos pidió disculpas y nos comentó que había tenido una baja en la cocina y que no daba abasto el que estaba. Al final llegó la enorme pizza, que del ansia Víctor se dejó medio labio de lo que quemaba. La verdad es que estaba buenísima, pero ni nos acercamos a terminarla, nos ofrecieron llevarnos las sobras, que por allí es muy normal, pero no lo hicimos.

La pizza nos costó 24 dólares, que con la bebida e impuestos, fueron 30, más la propina 35 en total. El tema de las propinas en los restaurantes merece un estudio aparte. Tiene su parte mala que es que obviamente encarece el precio de la cuenta, pero tiene su parte buena, que es siempre te suelen atender muy bien, para que les dejes una buena propina, claro. Lo que no me gusta tanto en los restaurantes, y también en las tiendas es que el precio nunca tenga los impuestos incluidos, que es de un aproximadamente un 11%. Nunca sabes el precio final, tienes que calcularlo. En los restaurantes siempre te suelen poner agua, y si no te la ponen y la pides, no te la cobran. Los camareros como digo en general nos atendieron muy bien, y curiosamente normalmente más simpáticos los americanos que los mexicanos que nos encontramos, y eso que hablábamos español como ellos.

Sobre las 10 y media ya salimos de allí y nos fuimos al hotel a dormir, que con el cambio horario, eran sobre las 4 de la madrugada reales, así que caímos como troncos.

Esto es lo que habíamos hecho ese día:

Ruta día 0

DIA 2

Al día siguiente y como me suele pasar en los viajes, abrí el ojo bien pronto, a las 6 de la mañana!! y el pobre Víctor también se espabiló, así que nos preparamos para bajar a desayunar y comenzar a patear la ciudad, no sin antes hacer una visio con la familia por Messenger, mejor opción que Skype o Whatsapp. Por cierto, es la primera vez en mi vida que veo en el desayuno de un hotel a una persona en pijama, con los pelos de recién levantado, y en calcetines!!!, y tan pancho el tío…

Ese primer día teníamos pensado visitar el centro pero de la parte norte del río Chicago, y para ello fuimos a coger el metro. Decir que en algunas ciudades americanas el transporte público no permite moverse por la ciudad fácilmente (por ejemplo el de Miami), pero el de Chicago es excelente, el segundo con más cobertura si sumamos metro y autobús de los Estados Unidos tras New York. Si hablamos concretamente del suburbano, que por cierto siempre me interesa mucho, decir que el metro de Chicago tiene una longitud de 160 kms de vías, parece que no es mucho (Madrid lo dobla), pero es el tercero de EEUU, emparejado con Washington y detrás siempre del de siempre, New York. Desde luego no es el mejor que he visto, pero por ejemplo ese día que era viernes, y por tanto día laborable pudimos ver que la frecuencia por la mañana era increíble, venía cada minuto un tren. Tanto los vagones como las estaciones me recordaban a las de NY, no destacándose por la limpieza precisamente, pero este quizás más limpio que el de aquel. Lo que más diferencia pude apreciar es que el tren va a cielo abierto la mayoría del tiempo, lo que le hace más entretenido que el hecho de ir bajo tierra, eso sí, no me puedo imaginar en esas estaciones al aire libre en pleno invierno. Por suerte el día para nosotros amaneció estupendo y habría como unos dos grados a las 8 de la mañana. Eso sí, ibamos de ropa térmica (de Decathlon por supuesto) y guantes y gorro bien preparados.

Nos bajamos en la parada de Sedgwick, sólo a 3 paradas de la más cercana al hotel, Diversey, y comenzamos viendo una zona de casitas bajas típicas americanas (que me encantan) llamado Old Town Triangle (en la W Eugenie Street), y que formaban una zona residencial muy cerca ya del centro, así que no puedo imaginar lo que costarían. He aquí dos ejemplos de ladrillo-piedra y madera, estas últimas, mis favoritas.

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Continuamos entrando en uno de los numerosos parques que tiene la ciudad (unos 500), el Lincoln Park, para mí un IMPRESCINDIBLE de la ciudad, y no sólo esta parte sur, si no la parte norte de la que más adelante hablaré. Desde aquí ya se podían apreciar los rascacielos de la ciudad, y que tanto nos acompañarían!!!

Cruzamos un puente sobre la carretera Lake Shore y llegamos a la playa de North Avenue, que con el día que hacía lucía fantástica. El grandioso lago Michigan parece más bien el mar porque la vista no alcanzaba a ver la otra orilla. Luego supimos que en verano viene mucha gente a la playa con el buen tiempo y muchos se bañan.

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Una vez que avanzábamos por esa zona dimos con un pescador, con el que tuvimos nuestro primer contacto con la tan amable gente de esta ciudad y que ya había tenido ocasión de comprobar en mis anteriores viajes a Estados Unidos. Nos saludó y enseguida nos enseñó lo que acababa de pescar.

Desde ese lugar ya tuvimos una de las imagénes más espectaculares del viaje, y que como siempre al ser la primera, siempre impresiona más.

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Aquí ya empecé a darle uso de verdad al palo selfie, que aunque siempre me pareció una frikada, nos dio un juego espectacular en este viaje, para no depender de que alguien te haga o no una buena foto.

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En la parte izquierda de la foto se puede ver la Torre Hancock, la cuarta más alta de Chicago, y aprovecho este dato que hablar de una de las señas más importantes de la ciudad, los rascacielos. Actualmente es la sexta ciudad del mundo con más rascacielos, tras Hong Kong, NY, Dubai, Shanghai y Tokio, pero cabe destacar que el primer edificio considerado como rascacielos fue el Home Insurance Building, y se levantó en Chicago. Fue construido entre 1884 y 1885 y constaba de diez plantas.

Si hablamos sólo de los Estados Unidos, decir que siempre ha mantenido una “guerra” con la ciudad de New York por crecer lo más a lo alto posible, ya que 9 de las 10 torres más altas de Norteamérica se las reparten entre las dos ciudades.

Tras recuperarnos de esta primera vista de la ciudad, seguimos avanzando por la costa hasta la Oak Beach, pudiendo apreciar ya la mucha gente que hace deporte en esta ciudad tanto en bici como corriendo. El marathon de Chicago es bien conocido en todo el mundo.

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Una vez que dejamos la playa, nos internamos en la ciudad y seguimos nuestra ruta por la grandiosa Magnificient Mile, que realmente es la Michigan Avenue.

Esta calle, buff, qué decir de ella, me pareció increíble, para mí supera con creces a cualquier calle de New York, Quinta Avenida incluida, pero es mi opinión.

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La recorrimos de norte a sur. Casi lo primero que nos encontramos fue la Torre Hancock, como dije la cuarta más alta de la ciudad, y que tiene en su parte más alta un mirador muy famoso.

Este edificio es bastante antiguo, y cuando se terminó, en 1968, se convirtió en el segundo edificio más alto del mundo (después del Empire State). Mide 344 metros (para que os podáis hacer una idea, la más alta de las cuatro torres de Madrid mide 249m), aunque con la antena sube hasta los 457. Por lo que pude leer tanto este como el de la torre más alta de Chicago, la Willis Tower, son los miradores más famosos de la ciudad. Este se llama 360º porque permite tener la visión de todo alrededor, cosa que no sucede en la Willis. Pensábamos verla de noche, pero como teníamos tiempo intentamos subir, pero eran las diez y abría a las once.

Para hacer tiempo, entramos en una iglesia muy recomendable y que está justo enfrente, la Fourth Presbiterian Church. Esta iglesia con reminiscencias góticas fue construida en 1914 y es un rincón privilegiado para un poco de sosiego en medio de tanto edificio moderno. Su visita sin duda merece la pena.

Después de la visita y como quedaba tiempo, decidimos ir al centro comercial Water Tower, en cuya entrada principal está la que he leído es la tienda más rentable de todas, ¿os imaginarías cuál es?

Pues la tienda de la muñeca de lujo American Girl, un juguete de culto que todas las niñas americanas quieren tener. La tienda tiene tres plantas en la que se puede encontrar todo tipo de muñecas, personalizarlas a tu gusto, celebrar cumpleaños, etc.

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Me hizo muchísima gracia la tienda, como trabajan estos americanos el marketing y la atracción del cliente. Miré por curiosidad cuánto valía una, y nada, sólamente 120 dólares, y esta  era la más barata!!, y los modelitos de ropa no bajaban de los 30$, tremendo esto del consumismo. Seguro que mi niña se habría vuelto loca en ella, aunque ella es más de Frozen…

Luego entramos en el Water Tower, un centro comercial ciertamente espectacular.

En la última planta encontramos un restaurante llamado Harry Garay’s, en honor a un comentarista deportivo famoso, y donde pudimos ver algunos objetos originales del ídolo de mi juventud Michael Jordan.

Nos tomamos unos cafés en un Starbucks a cuatro dólares cada uno en el centro comercial, pero es verdad que aunque yo no soy mucho de esta cadena, en Chicago eran los que más nos gustaban sobre todo porque eran los más parecidos a los nuestros, siempre contando con que no llegábamos nunca a tomarnos más de la mitad del tanque que nos servían.

Como por fin eran ya las once, volvimos a la torre Hancock. Dado que había leído que había un “truco” para no pagar los 18$ de entrada al mirador y tener las mismas vistas, fue lo que hicimos. Subimos a la planta 95 (tuvimos que enseñar el pasaporte a los que estaban abajo), sólo dos por debajo del mirador donde hay un restaurante bastante caro y para el que hay que reservar (Signature Room), pero luego tiene otra planta más arriba, la 96 donde hay un bar en el que no hay que reservar (Signature Lounge) y donde se puede entrar y tomar algo o incluso hacer fotos y no consumir. Dado que sólo ibamos a estar un minuto y estaba casi vacío al acabar de abrir, decidimos hacer unas fotos y bajar de nuevo, por la noche volveríamos ya con la intención de tomar algo. Las vistas, eran espectaculares.

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Y no estaban nada mal las vistas de día desde el restaurante, esta parte hacia el lago Michigan.

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De esta manera parecía que podríamos lograr nuestro objetivo de subir a la Hancock de día y de noche y a la Willis de día.

Bajamos enseguida y seguimos recorriendo la Avenida Michigan, sin poder dejar de seguir alucinando con los imponentes edificios que nos íbamos encontrando a cada paso.

Nos encontramos con la Water Tower, que tiene un significado muy importante en la historia de Chicago.

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La torre se construyó en 1869 para albergar una gran bomba de agua, destinada a extraerla del Lago Michigan, pero por lo que es más conocida es por su gran protagonismo tras el Gran Incendio de Chicago de 1871, ya que fue el único edificio público de la zona incendiada que sobrevivió, y una de las pocas estructuras que no se quemó y que sigue en pie.

El 10 de octubre de 1871, el Gran Incendio de Chicago destruyó la mayor parte de la zona central de la ciudad. Comenzó en el distrito maderero de la zona oeste de la ciudad. Un reportero del Chicago Tribune, afirmó que la vaca de Mrs. O’Leary golpeó una lámpara de queroseno que inició el incendio. Más de veinte años después, en 1893, este reportero confesó haberse inventado la historia, pero aún hoy esa invención subsiste en el imaginario colectivo y muchos creen que esa fue la causa del incendio. En realidad, la causa es aún desconocida.

El fuego llegó a destruir casi 6,5 km de la ciudad, se llevó al menos 250 vidas y dejó a 100.000 residentes sin hogar. Más de 17.000 edificios fueron destruidos y las propiedades dañadas se estimaron en 200 millones de dólares de la época.

Después del incendio, arquitectos de fama internacional como Frank Lloyd Wright, Daniel Burnham, John Root o Mies van der Rohe llegaron a la ciudad para su reconstrucción y constituyeron lo que se llamó la corriente arquitectónica de la Escuela de Chicago. Esto explicó el por qué esta ciudad es famosa por sus espectaculares y vanguardistas edificios. Además destacaron por el uso de materiales resistentes al fuego, como el acero, el hierro fundido y la terracota.  En pocos años, Chicago resurgió y fue elegida para acoger la Exposición Universal de 1893, recibiendo unos dos millones y medio de visitantes, lo que supuso ya su espaldarazo definitivo.
Enseguida comenzamos a ver tiendas y más tiendas, a cada cuál más espectacular, el edificio Burberrys impresionante, la tienda Nike, Apple, Garmin.
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Por supuesto también tenía que estar el gran imperio de Amancio Ortega, con una tienda enorme y que por cierta estaba llena de gente con precios como los de España.
Pero la que más nos gustó, a nosotros que nos gusta tanto el deporte, fue la de la marca Under Armour, que no tiene mucho peso todavía en Europa y España pero que en EEUU le está quitando cuota de mercado a Nike, y ya ha superado a Adidas.

Nos desviamos de la calle para ver un par de edificios interesantes, aunque sólo pudiera ser por fuera, como la Saint James Cathedral y el Ransom R. Cable House, esta última, una casa de estilo románico construida en 1886 por Cobb y Frost para la sociedad Ransom R Cable.

 Por cierto en Illinois en 2013 se aprobó una ley que permite a los ciudadanos portar armas en público, pero en muchos restaurantes y edificios públicos, esta señal estaba por todas partes. En este caso también en una iglesia.

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Volvimos a la Magnificient Mile para seguir recorriéndola, y en el número 505, y junto al hotel Intercontinental nos encontramos el famoso restaurante de alguien que os sonará algo. Los precios no invitaban a entrar precisamente.

Un poco más adelante nos encontramos con uno de los edificios más emblemáticos, la Torre Tribune, el rascacielos de piedra que acoge la redacción del “Chicago Tribune”. El diseño recuerda a una catedral gótica y es el resultado del desafío lanzado en 1922 para su construcción: crear el edificio de oficinas más bello del mundo. En el exterior pueden verse trozos de piedra de cien lugares simbólicos del mundo… del muro de Berlín, Notre Dame, y hasta de la Luna. De España, no encontramos ni rastro…

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Si alguna vez lo véis, no dejéis de entrar en el hall, es precioso, y como curiosidad, el mapa que aparece, está hecho con billetes de dólar.

Un poco más adelante llegamos por fin a un absoluto IMPRESCINDIBLE de la ciudad, sin duda para mí en el top 3 de Chicago, la esplanada donde se encuentra el puente DuSable sobre el río Chicago y que separa la zona de la Magnificent Mile del Loop. El puente está rodeado por una mezcla de espectaculares edificios, algunos de hace un siglo, otros con sólo unos años, piedra, acero y cristal en una convivencia maravillosa. El estilo gótico de la mencionada Torre Tribune, el clasicismo del Edificio Wrigley y la mucho más reciente Trump Tower.

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La Trump Tower, a pesar de pertenecer al personaje cuyo apellido aparece en la fachada, hay que decir que el rascacielos impone. Con sus 423 metros de altura (incluyendo la antena) se alza hasta ser el segundo edificio más alto de Chicago tras la Willis Tower. Fue inaugurado en 2009 y en él hay tanto locales comerciales, como apartamentos y un hotel de cinco estrellas. Trump anunció en 2001 que sería el edificio más alto del mundo, pero tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, se redujo su altura y el diseño sufrió varias revisiones.

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Justo al lado está sin ninguna duda mi edificio favorito de la ciudad, el Wrigley Building. En realidad son dos unidos mediante una pasarela. Fueron inaugurados en 1922 y a pesar de tener sólo 154 metros de altura, son increíbles, hay que verlos en directo y de cerca para apreciarlos. La estructura formal del Edificio Wrigley fue modelada a partir de la Giralda de Sevilla, y el diseño ornamental del edificio está basado en una adaptación americana del estilo renacentista francés. El edificio está revestido con aproximadamente 250.000 azulejos individuales de terracota vitrificada, lo que supuso un récord mundial en el uso de este material durante su construcción. Cada azulejo está identificado en una base de datos computerizada que permite hacer el seguimiento y mantenimiento de todos y cada uno de los azulejos colocados en los edificios. Son la sede de la compañía Wrigley que posee algunas de las marcas de chicles y caramelos más conocidos del mundo, como Orbit, Solano, Boomer, Sugus o Skittles, casi nada el imperio que tiene. Curiosamente la historia de cómo empezó nos la contó la guía que tuvimos. El fundador de la compañía, William Wrigley Jr, empezó viendiendo jabón para fregar, y un día se le ocurrió regalar con cada producto dos paquetes de goma de mascar. Finalmente este chicle se hizo tan popular, que su negocio exitoso se desarrolló en el negocio de los chicles y más tarde los caramelos. Curiosa historia sin duda.

Aquí estuvimos un buen rato haciendo fotos y más fotos desde todos los ángulos, además con el día que hacía cómo resistirse a hacerlas.

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Habíamos madrugado tanto que habíamos visto ya muchísimo y todavía era la una de la tarde!!, y a pesar de que yo suelo decir que no es bueno ver lo mejor del viaje al principio, teníamos que aprovechar el tiempo el día tan espléndido que hacía, así que decidimos hacer una cosa que es otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad, hacer un crucero por el río Chicago y el lago Michigan. Había leído que estaban muy bien el de Wendella Boats (aunque hay unas cuantas compañías más) así que lo cogimos al lado del Wrigley. Hay varias opciones de trayectos pero cogimos el conocido como arquitectónico, donde te van explicando la arquitectura de los edificios y el que dura una hora y media por el río y el lago. Yo creo que era el más caro, pagamos cada uno 36 dólares, pero desde luego bien invertidos.

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El guía fue super simpático, sólo había un problema, que hablaba con un Wrigley en la boca :), y hablaba tan rápido que no había dios que le entendiera, sobre todo para dos españoles como nosotros con un nivel de inglés de Harvard, así que cogimos frases sueltas y sobre todo algunas cifras de alturas y millones de dólares que costó tal y tal edificio.

Antes del viaje comentar una anécdota para mi interesante del río. En 1900, Chicago completó con éxito un proyecto de ingeniería altamente innovador – invirtiendo el flujo del río para hacer que desembocabara en el río Mississippi en lugar de en el lago Michigan. Increíble acción cuyo motivo estaba en que las aguas contaminadas del río no llegaran al lago Michigan sino que se pudieran llevar al Mississipi y así preservar en lo posible la limpieza de las aguas del lago.

El río además lo tiñen de verde el día de San Patricio, que por cierto era el día que llegamos a Chicago, el 17 de marzo, pero que no vimos el río por ir directamente al hotel y no ir al centro.

El paseo fue espectacular con el día soleado, y nos hizo un recorrido hasta bien entrado el río, al lado de la torre Willis, para luego dar la vuelta y salir al lago Michigan.

Por el camino pudimos ver las torres gemelas de Marina City, singulares porque parecen dos mazorcas de maíz, con aparcamientos para coches en las primeras plantas y hasta un embarcadero en las más bajas!!

Hay 52 puntes sobre el río, 38 de los cuales son móviles.

Seguimos viendo edificios y más edificios, y el observarlos desde el barco es una experiencia única al verte tan pequeño en medio de esos mastodontes. Después de dar la vuelta nos dispusimos a salir hacia el lago Michigan, la vista desde el barco, increíble.

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Para salir al lago tuvimos que atravesar una esclusa y esperar a que se llenara ya que río y lago se encuentran a diferentes alturas. Lo mejor nos esperaba al alejarse el barco de la ciudad, qué vistas tan fantásticas!!!

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Decir del enorme Lago Michigan que con 57.750 km², una superficie similar a la de Croacia, es el mayor lago perteneciente a un único país y el quinto a escala mundial, tras el Caspio, Superior, Victor y Hurón y ocupa 4 estados. Es el único de los Grandes Lagos que se encuentra en su totalidad dentro de las fronteras de los Estados Unidos, los otros son compartidos con Canadá (Superior y Hurón).

Después del espectacular viaje en el barco, eran ya las dos y media así que fuimos en busca de un sitio para comer y no es difícil si contamos que en Chicago hay unos 7300 restaurantes!!! Me había comentado un compañero uno singular, el Rainforest Cafe, y como estaba cerca, para allí que fuimos.

El lugar nos pareció muy original, simulando una selva y muy bien montado, con muchos detalles, incluso con animales que se movían cada cierto tiempo.

Tras cenar pizza el día anterior, continuamos tirando de clásicos de la ciudad, esta vez, hamburguesa. Tiene narices la cosa que estos dos sean los protagonistas centrales de la gastronomía de Chicago, dice mucho de la del país en general. Sin duda para mí lo menos envidiable de la nación norteamericana.

Con la atención muy amable de un americano que incluso nos dijo que había estado en España hace unos años, la cuenta ascendió a 46 dólares, 54 pagamos con propinas. Lo recomendaría por el original lugar, sobre todo si se va con niños, pero no de forma destacable por la comida ni por el precio (la bebida otra vez sablazo, 3.79$ sin impuesto ni propina).

Esta era la ruta que habíamos hecho hasta ahora caminando.

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Tras salir del restaurante y después de la paliza de la mañana lo tomamos más de relax hasta la noche que ibamos a ver el atardecer desde la torre Hancock, así que volvimos a la Avenida Michigan. Tomamos un café tranquilamente en una cafetería llamada Argo Tea Cafe, junto a la Torre Tribune.

Dado que tenía que comprar otro adaptador de enchufe, fuimos a un supermercado bastante grande, que siempre me gusta si puedo en los viajes, aunque parezca algo friki el darme una vuelta, ver los productos que tiene, los precios, etc. Por más que busqué lo único español que encontré fue esto, increíble ni un sólo vino español, mucho francés, italiano, chileno, pero no español, en fin, igual fue casualidad.

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Sobre las seis de la tarde decidimos ya ir a la torre Hancock con la intención de ver el atardecer desde el bar Signature Lounge de la planta 96, pero claro, no éramos los únicos, ya que había una cola bastante grande. Unos para el restaurante pijo, y otros como nosotros, para el bar. En la cola de nuevo hablamos con una familia americana super simpática. Después de unos cuarenta minutos al fin subimos, y cuál fue la desagradable sorpresa que cuando llegamos al bar, vimos que había niebla y no se veía apenas nada, oh my God!!. Yo tuve el arrebato de irme, pero Víctor me convenció de tomar algo ya que habíamos subido, y que gran decisión!! nos buscaron mesa y finalmente nos sentaron en un sitio estupendo, en unas sillas altas que daban directamente a uno de los enormes ventanales. Dado que a Víctor no le gusta la cerveza ni refrescos, pues se vino arriba y pedimos un mojito, venga, que estamos de vacaciones joer!!!

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Pero como si fuera una premonición de la buena suerte que ibamos a tener en todo el viaje, la niebla empezó a irse, poco a poco…

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Y pudimos disfrutar de unas fantásticas vistas

Mientras terminábamos con el mojito conocimos a una pareja de colombianos con los que charlamos un rato. Ya de noche, las vistas hacia la parte sur eran increíbles.

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Sobre las ocho de la tarde y tras una hora aproximadamente allí, pedimos la cuenta y pagamos religiosamente los 17 dólares nada menos por el “classic mojito”, y en la espera del ascensor pudimos echar un vistazo al restaurante, qué buena pinta… quizás para la próxima visita a Chicago 😉

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 Desde abajo se veía bien chula la torre en la que habíamos estado.

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Una vez que bajamos decidimos irnos ya hacia la zona del hotel para cenar, así que cogimos el metro en la parada de Chicago hasta Diversey, y comenzamos la operación búsqueda de restaurante por la Avenida Belmont. Dado que no queríamos repetir en Giordano’s, finalmente terminamos entrando en uno llamado Cooper’s (1232 W Belmont Ave) con la intención también de desmarcarnos de los clásicos. Yo no tenía mucha hambre así que me tomé una ensalada, pero Víctor tenía antojo de costillas, y se pidió unas Ribs que dijo que estaban estupendas. Además y momento histórico, había sidra en la carta!!! así que el cuñado obviamente la pidió, venía de Florida, nada menos. El bar estaba bien, quizás la música ambiente un poco alta, cosa que se repitió en más de un sitio, y que yo detesto por cierto. Al final pagamos la cuenta (35 dólares sin contar propina), y sobre las diez y media llegamos al hotel.

DIA 3

Al día siguiente volvimos a despertarnos a las 6 de la mañana!! así que después de conversar con la familia bajamos a desayunar. Del desayuno decir que nos gustó bastante, es verdad que quizás se echaba de menos algo caliente como bacon, tortillas, huevos revueltos, o algo de embutido, queso, etc pero por lo que parece el hotel no tenía cocina, dado que tampoco daba comidas ni cenas. Tampoco había zumo de naranja natural, cosa que yo siempre destaco de los hoteles, pero había bastante variedad de pan para hacer tostadas, algunos dulces, yogures, frutas, gofres y los famosos bagels. Nosotros comenzamos con tostadas pero los días siguientes días nos aficionamos a los bagels calientes con mermelada y mantequilla.

Desde España había encontrado una muy buena oportunidad de conocer la ciudad, y fue solicitando una visita gratuita por internet con una asociación de voluntarios llamada chicagogreeter.com. Fueron muy amables y nos concedieron una visita ese sábado y además en español con una mujer llamada Pamela Para. Podíamos elegir incluso diferentes zonas y temáticas. Elegí el Loop y como tema la historia y la arquitectura. Teníamos la cita a las diez de la mañana, y como madrugamos tanto llegamos antes de las nueve al destino indicado. Para llegar, pasamos con el metro por el famoso Loop.

¿Y qué es el Loop?  es un barrio del distrito financiero de la ciudad y es, después de Manhattan, la segunda zona comercial y de negocios en importancia de los Estados Unidos. El nombre “The Loop” surgió más específicamente para describir una pequeña sección del centro de Chicago recorrida por el tren elevado, y que lleva su nombre debido a que circula en una forma rectangular. Los residentes de hecho llaman al metro directamente the ‘L’. Incluye 9 estaciones y cinco de las ocho líneas de la ciudad la atraviesan. Se estiman que circulan por él unas 65.000 personas diariamente y ha sido objeto de escenas sobre todo de persecuciones de coches en múltiples películas. Es muy interesante y entretenido recorrer toda esa zona desde esa altura.

Nos dimos una pequeña vuelta por el Millenium Park para hacer tiempo y a las diezfuimos al lugar de nuestra cita, el Centro Cultural de Chicago, que está justo al lado del parque.

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Allí nos esperaba nuestra guía, una muy simpática señora y que sabía un español bastante correcto a pesar de ser americana cien por cien. Nos hizo mucha gracia que llevaba “chuletas” con la información que tenía que explicarnos, y su acento tan divertido. Lo primero que nos enseñó fue el fantástico edificio en el que habíamos quedado. Este edificio de notable arquitectura fue construido en 1897 para ser la biblioteca de la ciudad de Chicago. Alberga ocho salas de exposición, dos salones para conciertos, dos teatros, un centro de informaciones y es el primer centro cultural municipal gratuito en los EE.UU. y el hogar de la cúpula de cristal Tiffany más grande del mundo, en la Preston Bradley Hall. Esta sala es increíble.

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Seguimos paseando por las salas, con el fantástico mármol de Carrara por todos lados mientras la guía nos seguía dando datos del edificio. Esta cúpula de vidrieras de Healy and Millet, también deja a uno la boca abierta.

Después de salir del edificio entramos en lo que ahora ocupan los famosos supermercados Macy’s (111 N State St). Cuando abrieron, en 1907, eran los mayores grandes almacenes del mundo, con 124.400 m2 de espacio comercial, 35.000 focos eléctricos, 50 ascensores y 12 entradas. Lo más peculiar, la cúpula de mosaico de la tienda de Tiffany, considerado como el mosaico acristalado más grande del mundo. Recomiendo especialmente visitar este edificio a pesar de que ahora esté ocupado por “el Corte Inglés americano”.

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Desde los bajos de este fantástico edificio pudimos recorrer un pequeño tramo de la red de túneles que comunican todavía varios del Loop y que son muy útiles para combatir el frío en pleno invierno, la longitud según nos dijo Pam es de unas cinco millas en total.

Pasamos junto al edificio donde trabajó Michelle Obama, en el despacho de abogados Sidley Austin. Corría el año 1989 y allí conoció a Barack Obama, un estudiante de derecho a quien curiosamente pusieron bajo sus órdenes, y ya se sabe cómo acabó la historia.

Continuamos nuestro recorrido hasta la Daley Civic Center Plaza, donde se encuentra la escultura conocida como El Picasso, obra de Pablo Ruiz Picasso en 1967 y a la que el artista malagueño no le dió ningún título, fue la gente de Chicago quien la denominó posteriormente con ese nombre. Fue la primera obra de Picasso regalada a una ciudad y se le ofrecieron 100.000$ por la misma, cantidad que rechazó. Realizada en acero, mide 15.2 m de altura. Por su diseño abstracto y el uso de materiales poco convencionales, fue en sus inicios objeto de controversia, incluso se planteó su sustitución, pero con el tiempo se ha convertido en una de las obras más valoradas y queridas de la ciudad.

En uno de los lados del Chicago Civic Center, al lado del City Hall (edificio del ayuntamiento) nos encontramos con otra espectacular escultura, la del artista español Joan Miró. Instalada el 21 de abril de 1981, mide doce metros de altura y está realizada en acero, malla de alambre, cemento, bronce y cerámica. Originalmente titulada “El Sol, la Luna y una Estrella”, se la conoce como Miss Chicago o el Miró de Chicago.

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Seguimos paseando y viendo edificios y plazas espectaculares, eso sí todo muy tranquilo al ser sábado.

Otra estatua, esta del francés Jean Dubuffet, llamada Monument with Standing Beast.

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A continuación fuimos hacia la zona de los teatros, entrando antes en una tienda Garret Popcorn donde hacen unas famosas palomitas en Chicago bañadas en múltiples sabores como chocolate, queso, mantequilla y que se venden desde 1949. Este tipo de alimentos, siempre tan populares en Estados Unidos, y que por cierto engordan muy poco, como las pizzas, hot dogs, hamburguesas y que yo siempre pongo en duda. Estas al menos he de decir que me gustaron las que probé.

Vimos primero el teatro Palace, cerca del cual encontramos esta curiosa iglesia, la Chicago Temple Building, un rascacielos de 173 metros de altura que alberga la congregación de la Primera Iglesia Metodista de la ciudad. Se completó en 1924 y tiene 23 plantas dedicadas a oficinas y usos religiosos. Es la iglesia más alta del mundo por distancia desde la entrada de la iglesia a la cima de su aguja, aunque si se exige que el uso del edificio sea total o casi totalmente religioso, entonces la iglesia más alta del mundo es la iglesia mayor de Ulm, Alemania, y que por cierto, visité con 20 años en mi primer viaje Interrail.

Seguimos paseando por el Theater District, nada que envidiar a los de Broadway de New York. Vimos el Teatro Goodman y el Oriental. En este último entramos al hall central que es fantástico. Las fotos del teatro por dentro que vimos eran espectaculares.

Nuestra siguiente parada, fue  el mítico Teatro Chicago, uno de los más conocidos del mundo. Inaugurado en 1921, en estilo barroco francés y con una fachada que imita en miniatura el Arco de Trinfo de París en terracota blanca. Con una capacidad para 3.600 espectadores, estuvo a punto de ser demolido, tras ser cerrado en 1985, pero tras un cambio de propiedad y una reforma que duró nueve meses abrió de nuevo sus puertas al año siguiente con la actuación de Frank Sinatra.

En un sitio tan emblemático e IMPRESCINDIBLE como este, nos hicimos una foto con nuestra fantástica guía. Thanks a lot Pam!!

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Miré desde España la posibilidad de comprar entradas para el teatro, pero no ví nada interesante para esos días.

Seguimos caminando por las calles por donde no daba el sol y pegaba un viento tremendo, y aquí Pam aprovechando la ocasión nos dió su opinión sobre la controversia de cuál es el origen del apodo de Chicago como The Windy City (ciudad del viento). Hay diversas opiniones sobre este sobrenombre, desde el viento que normalmente hay en la ciudad, hasta una rivalidad deportiva entre Chicago y Cincinnati en 1876. Ella nos habló de un artículo en el New York Sun de un periodista que hablaba de Chicago como The Windy City por los políticos “llenos de aire caliente”, una metáfora que me recuerda a los españoles, hablar mucho y discutir mucho. En la época de ese artículo, Chicago y New York estaban en plena rivalidad porque competían por la celebración de la Exposición Mundial de 1893, que se llevó finalmente la primera. En cualquier caso, y opiniones aparte, el nombre le viene que ni pintado por el viento helado que pudimos sufrir más de un día, no me lo puedo imaginar en pleno infierno, digo, invierno.

Una vez que dejamos la zona de los Teatros, salimos del Loop y nos dirigimos a mi zona favorita de la ciudad, que a pesar de que estaba nublado y perdía mucha luz, no me cansé de apreciarla.

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Pasamos junto a la Trump Tower donde como se puede ver en este tótem conmemorativo de su inauguración en 2009, aparece el segundo del listado de los edificios más altos de Estados Unidos, y a destacar que ocho de los diez primeros se reparten entre Chicago y NY. Sólo faltaría aquí el  One World Trade Center de Nueva York inaugurado a mediados de 2013 con 541 m y que se ha convertido en el primero de la lista y séptimo del mundo a fecha de marzo 2016. Se nota que me gusta el tema de los rascacielos, no?

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Y ya después de más de tres horas de visita guiada volvimos al lugar del que salimos, para despedirnos de Pamela y agradecerle de verdad toda la información y las explicaciones que nos dió. Como pequeño detalle ya que la asociación no permite dar propinas, le dimos un par de regalos que trajimos desde España y que ella agradeció mucho. Hablabámos luego mi cuñado y yo que es de apreciar pasar un sábado por la mañana acompañando a unos turistas a enseñar una ciudad de forma totalmente desinteresada.

Después de la caminata, yo estaba básicamente reventado así que tomamos un café en un Starbucks por la zona y empezamos a pensar en ir a comer. Dado que Pam no nos arrojó mucha luz sobre un sitio recomendable para ir, al final improvisamos y nos acercamos a un italiano que nos indicaba la aplicación que llevábamos en el móvil. Por cierto, aprovecho para hablar de dicha APP que llevamos, por si os puede ayudar en vuestros viajes. Seguro que hay mil como esta, pero nosotros usamos la “CityMaps2Go” con la que tras descargarse el mapa de la ciudad que sea antes del viaje, puedes ir marcando todos los sitios interesantes que quieres, y luego activando el GPS una vez allí te va diciendo por dónde vas en el mapa, y te permite buscar restaurantes, hoteles, etc, y los más cercanos. Por supuesto y esto es lo mejor, no se necesitan tener datos para trabajar con él. Espero que os pueda servir, ah, y no llevo comisión, eh? 😉

El restaurante elegido fue el Pizanos’s Pizza y Pasta (61 East Madison Street). Pedimos mesa y nos dijeron que tendríamos que esperar como unos 25 minutos, pero a los cinco de llevar sentados en la barra, ya nos llevaron a nuestra mesa. El sitio estaba a reventar, era sábado a las dos de la tarde y el sitio estaba bastante bien con mucha referencia a los deportes rey de la ciudad y del país, beisbol, fútbol americano, baloncesto y hockey hielo. Dado que ya habíamos pasado por la pizza y hamburguesa decidimos tirarnos a la pasta, así que nos pedimos un platazo de fettuccini que nos gustó bastante aunque confirmamos la afición de este país por inundar (es la palabra) de queso todo.

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El de atrás también quería salir en la foto…Nos pusimos morados pero no pudimos acabarnos el plato, y la frase del camarero, otro americano muy majo y que se esforzó por hablar castellano, que nos dijo al final en con un acento americano muy gracioso “¿preguntaros por el postre puede ser una pregunta ridícula?” nos hizo reír durante un buen rato. Pedimos la cuenta, 32 dólares, 38 con propina, bastante bien.

Una vez que salimos teníamos un planazo, ir a subir a la torre Willis, la más alta de Chicago así que iniciamos la marcha andando hasta allí. Por el camino vimos una de las zonas que más ganas teníamos también, la fantástica South LaSalle Street, donde está el magnífico Edificio Rookery, terminado en 1888 y diseñado por Burnham & Root. Es considerado el edificio histórico de más altura de Chicago y tiene un estilo único con muros de carga exteriores y una estructura de acero interior. Puede verse como una transición entre los antiguos métodos constructivos y los nuevos de la modernidad.

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En 1905, un joven arquitecto, el afamado Frank Lloyd Wright, recibió el encargo de rediseñar el vestíbulo del edificio, y lo que hizo fue una obra de arte, es lo más famoso del mismo. Fue una pena que al ser sábado, no pudimos entrar para visitarlo.

Como decía antes, la South LaSalle Street, con el Rookery y el Continental Illinois Building a la izquierda, el Banco de la Reserva Federal de Chicago al otro y el Chicago Board of Trade al fondo, es sin duda en mi opinión un IMPRESCINDIBLE de la ciudad. Esta calle, además de su belleza arquitectónica, es famosa porque se han rodado varias películas, entre las más famosas, “los Intocables de Eliot Ness” de 1987, pero sobre todo, y más cerca de nuestra época, “Batman Begins”, y su fantástica secuela “The Dark Knight” (el caballero oscuro) y donde se desarrolla entre otras escenas la del funeral de la policía y sobre todo la trepidante persecución entre Batman y Joker, el malogrado Heath Ledger (lo podéis ver en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=81LeooTiKI0). Además el sábado, con tan poco tráfico, parecía que estaba uno en un decorado real de una escena de cine. En toda esta zona se inspiró la ciudad de Gotham.

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El magnífico Chicago Board of Trade al final de la calle, fue construido en 1930 y es conocido por su magnífica arquitectura estilo Art Decó, sus esculturas y grandes tallas en piedra así como grandes salas de contratación o mercados de corros. Una estatua de tres pisos de altura representando a Ceres, diosa de la agricultura, corona el edificio. En este rascacielos, se negocia el precio por ejemplo del trigo, el maíz o la soja (los llamados commodities agrarios) a nivel mundial, y especulan con ellos los grandes fondos de inversión de igual manera que con las acciones que cotizan en Bolsa. Son las cosas de la globalización que repercuten negativamente por ejemplo en los países del tercer mundo, directamente afectados por las fluctuaciones de los precios de estos productos, pero esto es para hacer otro blog….

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Una vez que nos terminamos de recrear la vista en esta zona, anduvimos apenas tres manzanas para llegar por fin a la imponente Torre Willis. Sinceramente tengo que decir que no es un rascacielos cuyo diseño me apasione, hay otros como el Empire State mismo  o el edificio Chrysler de New York que me gustan más, pero verlo de cerca y sobre todo ver las vistas desde arriba me hacían estar impaciente. Si os fijáis en los pequeños salientes que hay casi en la parte más alta, pronto estaríamos en ellos y sabréis que son.

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He de decir que no era el mejor momento para visitarla, un sábado a las cuatro de la tarde, pero hacía tan buen tiempo, que mejor no arriesgarse a que nos pasara como el día de la Torre Hancock con la niebla. Obviamente vimos que había cola, pero había que resignarse. Estuvimos en la cola de abajo como unos 25 minutos, iba rápida, con lo que pensamos que pronto estaríamos disfrutando de las vistas. Cogimos el ascensor y subimos a una planta no muy alta, donde tuvimos que sufrir otra espera, esta más larga, de unos 40 minutos. Pasamos un control de metales y como no, nos hicieron una foto para meter un fondo del edifificio, turistada para sacar los cuartos, la tuvimos que hacer pero por supuesto ni la fuimos a ver luego. Pagamos los 22 dólares de la entrada, y luego otra pequeña espera de unos 15 minutos, yo ya estaba muerto. Oh my God, what a line!!

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Y nos metieron a ver un pequeño documental de la historia de la torre, que al estar subtitulado en inglés y no sólo hablado, me pude enterar bastante y me pareció muy interesante.

La Willis Tower es un rascacielos de 442 metros (cabe recordar que la más alta de las cuatro torres de Madrid mide 249, casi la mitad!!!) y que en el momento de su inauguración, en 1973, fue el edificio más alto del mundo, sobrepasando al World Trade Center de Nueva York, y continuó siéndolo durante 25 años hasta que le superaron las Torres Petronas de Kuala Lumpur (Malasia) en 1998. Acualmente es el 15º más alto del mundo, pero si le sumamos las antenas, estaría entre los diez primeros. Costó 150 millones de dólares de esa época, que serían el equivalente a 1100 millones de dólares en 2015.

El reportaje que vimos además hablaba de que en 1969, la empresa Sears era la cadena minorista más grande del mundo, con aproximadamente 350.000 empleados. Los ejecutivos de la compañía decidieron juntar a los miles de empleados en un edificio en la zona oeste de Chicago. Con demandas de espacio de 280.000 de metros cuadrados, y con predicciones de una futura expansión necesitando espacio, Sears contrató a Skidmore, Owings and Merrill (SOM) para construir una estructura que se convertiría en uno de los edificios de oficinas más altos del mundo. Pero la fortuna de la compañía empezó a resentirse en los años 70, y hasta una mitad de la torre estuvo desocupada durante más de una década. Finalmente en 1994 Sears vendió el edificio, y tras pasar por diversas manos en los años siguientes, en marzo de 2009, Willis Group Holdings, acordó un contrato de arrendamiento de una parte del edificio y obtuvo los derechos del nombre de la torre. En julio de ese mismo año, fue oficialmente renombrado “Willis Tower”.

Una vez que terminó la mini proyección, subimos por fin en uno de los ascensores más rápidos del mundo a la planta 103, donde ya pudimos empezar a apreciar las fantásticas vistas, qué pasada!!! Era el sitio más alto en el que había estado en mi vida en una ciudad. Estas vistas son de la parte Noreste de la ciudad.

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En esta vista hacia el sur, se puede ver a la izquierda el Grant Park, el Acuario o el Planetario.

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Esta de la parte de la Magnificent Mile, con el Millenium Park a la derecha.

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En un día despejado totalmente, es posible ver hasta cuatro estados desde lo alto, Indiana, Illinois, Michigan y Wisconsin.

Pero la mayor atracción y para la que tuvimos que hacer cola, otra vez!! fue para salir a los balcones de cristal llamados The Edge. La sensación era fantástica y mirar hacia abajo, en el suelo transparente a casi 500 metros de altura, increíble. Cómo resistirse a hacer unas cuántas fotos…

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Y este es el making-of, :):):)

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Después de bajar de la Torre, cruzamos el río y fuimos a ver otra de las joyas arquitectónicas de la ciudad, la Union Station, que abrió sus puertas en 1925 y que es la tercera estación de tren con mayor tráfico de Estados Unidos, moviendo unos 120.000 pasajeros cada fin de semana. Su parte más interesante es la enorme sala de espera, una joya del estilo Bellas Artes conocida como el Great Hall, que cuenta con paredes de más de 33 metros de altura, un tragaluz abovedado, estatuas y 18 columnas corintias. El Great Hall ha aparecido en una gran cantidad de películas y programas de TV, entre ellos Los intocables, La boda de mi mejor amiga, Reacción en cadena y Early Edition.

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En esta escalera tuvo lugar la escena famosa del carrito de la mítica “los Intocables”, que podéis ver en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=3iH2zicdPdA

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A continuación ya decidimos tomarnos lo que quedaba del día con un poco más de relax, así que caminamos hacia el centro, pasando de nuevo por las calles del distrito financiero que estaban vacías y con todos los negocios cerrados. El primero que encontramos, nos tomamos un café.

Una vez que salimos, pudimos ver “The L” en el el Loop de noche, una pasada.

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Y qué decir de la fantástica LaSalle Street.

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El Teatro Chicago, que de noche es cuando más espectacular luce.

Finalmente llegamos a la zona del edificio Trump, para buscar un sitio para tomar algo, y encontramos un bar donde además estaban poniendo la televisión un partido de los Chicago Bulls. Resultó que era el bar Hoyts del hotel Wyndham Grand Chicago. Dada la afición que estaba cogiendo mi cuñado a los cocktails, pues venga, vamos con otro. Elegimos este. Curioso que en la carta haya dos vinos españoles, al fin…

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El cocktail “Peartini” nos lo recomendó el camarero, que era mexicano, muy majo, pero el cocktail, pues bueno, 11 dólares por un dedo de bebida, ejem… pero como estábamos tan bien y tan agusto y vimos que al lado de nosotros había gente cenando unas hamburguesas, pues nos entraron las ganas y pedimos otras para nosotros. Y he de decir que fueron las mejores de todo el viaje.

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Pagamos con el sablazo de los cocktails y las hamburguesas a 14 dólares, 63 con propinas (a la Diet Coke, nos invitaron, 😉

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Esta es la ruta que habíamos hecho este día:

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Cuando salimos del bar, serían ya sobre las diez, así que fuimos a la parada de metro Chicago, no sin antes ver esta tarta en una cadena famosa de estas… son la leche estos americanos.

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Llegamos a la parada de Diversey y de ahí al hotel, no sin antes parar a comerme un Banana Split en un Dunkin Donuts que vimos de camino, tenía antojo…En el hotel, fue poner la cabeza en la almohada y bye bye.

Día 4

El domingo 20 de marzo nos levantamos de nuevo muy pronto, sobre las seis y media, bajamos a desayunar y comenzamos nuestra ruta sobre las ocho.

Este día teníamos pensado hacer la ruta de los museos, pero de manera diferente en función del tiempo. Chicago tiene muy buenos museos, pero nuestros planes variaban mucho en función del clima, si llovía o hacía malo, la opción museos ganaba fuerza, pero al hacer tan buen tiempo, decidimos que preferíamos caminar y caminar. Yo había leído que desde el Planetario había unas vistas preciosas de la ciudad, así que fuimos para allí.

Tomamos el metro y nos bajamos en la parada de Roosevelt.

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Enseguida llegamos al Grant Park. Las vistas del Dowtown desde el parque desde luego que ya merecen la pena.

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Pasamos primero por el Field Museum, que habría sido el que más me habría apetecido visitar de los tres que íbamos a ver por fuera.

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El Field Museum fue fundado en 1893, siendo uno de los mayores y más importantes museos de historia natural en el mundo. Cuenta con más de 20 millones de objetos!!. Desde el año 2000, una de las principales atracciones con la que cuenta el museo es Sue, el esqueleto de Tyrannosaurus más grande y completo que se ha encontrado, además de uno de los mejor conservados. Fue adquirido en el año 1997 en una subasta celebrada en la casa Sotheby’s, en lo que supuso el desembolso más elevado realizado hasta ese momento por un fósil, ya se sabe, con $$$$$ se consigue todo…

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Nosotros sólo entramos al vestíbulo, que por cierto impresiona, pero visitar un museo como estos te supone estar casi un día entero, y con el tiempo que hacía como que nos apetecía más estar al aire libre, y es una pena porque el museo lo visitan más de dos millones de personas al año colocándolo como el octavo museo más visitado de Estados Unidos en 2014. Otra vez será.

Enfrente del museo está el Soldier Field, donde juega el equipo de Fútbol Americano de la ciudad, los Chicago Bears. Seguimos caminando hacia la costa y llegamos por fin al Planetario, desde donde hay unas vistas del lago Michigan, con el día despejado y el sol al fondo, realmente impresionantes. Aquí estoy señalando mi casa 😉

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El Planetario Adler es otra de las joyas de la ciudad, lleva el nombre de su creador, el empresario Max Adler, quien lo fundó en 1930, lo que le convierte en el primer planetario de Estados Unidos.

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Lo rodeamos por detrás, y las vistas que aparecieron al norte frente a nuestros ojos y como había leído, eran impresionantes, espectacular el sitio, un absoluto IMPRESCINDIBLE.

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Hacía muchísimo viento, un aire helado que nos congelaba vivos, nos acordamos de The Windy City y del lago Michigan, así que para hacer un break, qué mejor sitio que hacerlo en una cafetería con estas vistas.

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De verdad que fue un relax impresionante, tomar un café caliente en un sitio tan bonito como la cafetería del Planetario. Es de esos sitios que siempre se recuerdan y que llegan en el mejor momento. Recomendado 100%!!

Salimos de nuevo para ya volver hacia el Grant Park, no sin antes seguir disfrutando de las vistas.

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Pasamos por el Shedd Acuario, otro de esos macro-museos que también podíamos haber visitado en caso de mal tiempo. Decir de él que abrió sus puertas en 1930. No es el más grande del mundo, título que ostenta su cercano Acuario de Georgia, pero fue pionero por ejemplo en traer el agua del mar, en ferrocarril!!. Tiene un tanque de 19 millones de litros (el Oceanográfico de Valencia tiene unos siete), así que es uno de los más importantes del planeta.

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Después de pasar por los tres museos, imaginaros el tiempo necesario para visitarlos por dentro, nos dirigimos ya de nuevo al Grant Park.

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En este parque, en noviembre de 2008, Barack Obama celebró su victoria en las elecciones presidenciales, ante más de 200.000 personas.

Estas son las vistas de los tres museos desde el Parque, a la derecha el Fiel Museum, luego el Acuario y al fondo a la izquierda el Planetario.

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Es cierto que tras el invierno el parque no lucía con ese verdor que podría tener en primavera, pero el paseo por él fue muy agradable a pesar del viento que hacía.

Llegamos a la grandiosa Buckingham Fountain, una fuente enorme cuya historia pudimos leer en castellano en un cartel y que desafortunadamente no comienza a funcionar hasta el 1 de mayo, sin duda por las posibles bajas temperaturas de la ciudad. Fue inaugurada en 1927, y fue en su día la fuente decorativa más grande del mundo. Está inspirada en la Fuente Latona del Jardín de Versalles y una vez encendida mantiene 5.6 millones de litros de agua en circulación!!!. Verla en funcionamiento tiene que ser realmente impresionante.

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Nos ibamos acercando a la ciudad y por tanto dejando atrás el Grant Park, y yendo hacia el Millenium Park.

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Esta es la puerta sur del Parque del Milenio.

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El parque ocupa una extensión de diez hectáreas, y una de las obras más importante que tiene es el Pabellón de Conciertos Jay Pritzker, diseñado por el famoso arquitecto canadiense Frank Gehry (el del Guggenheim de Bilbao), y que tiene capacidad para siete mil personas, distribuidas entre las gradas y el césped frente al escenario.

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Y a su izquierda, está uno de los emblemas de la ciudad, y por supuesto un IMPRESCINDIBLE de Chicago, la escultura “Cloud Gate”, del británico Anish Kapoor, apodada The Bean por su semejanza con un haba o una alubia.

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Sus cien toneladas de acero brillan en el centro de Chicago y reflejan de forma deformada los edificios que rodean el Millennium Park. La plaza estaba llenísima de gente, y aquí sí que vimos unos cuantos españoles haciéndose fotos y disfrutando de la escultura, que con el buen tiempo que hacía lucía muchísimo más.

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Fue construida entre 2004 y 2006, y está compuesta por 168 placas de acero inoxidable soldadas entre sí, que al estar completamente pulida no presenta aparentemente costuras visibles. La escultura, lógicamente daba para mil y una fotos….

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Una vez que nos cansamos de contemplarla y dado que ya era la hora de comer, nos acercamos a probar por fin, la famosa Deep Pizza de Chicago, y qué mejor sitio que un Giordano’s que está junto al parque (130 E Randolph St).

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Como nos imaginamos había bastante espera, así que decidimos hacerla en unas mesas hasta que nos llamaran. Por suerte, nos atendió un mexicano muy majo, que enseguida nos colocó en una mesa alta. He de decir que lo de encontrar hispanos en la ciudad es bastante habitual. En Chicago hay aproximadamente un 55 % blancos, un 5% asiáticos y nada menos que un 18% hispanos o latinoamericanos, con la colonia mexicana como la más numerosa. Esto se podía apreciar a cada momento porque pudimos hablar bastante en castellano, y había muchos carteles en nuestro idioma, por ejemplo en el metro, al lado del inglés.

Pedimos la famosa pizza, y como siempre a esperar, unos cuarenta minutos esta vez. Cuando llegó, estábamos caninos…

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Cogimos el tamaño pequeño, porque la pizza se las trae, bueno, más que pizza parece una especie de tarta rellena con los ingredientes y tomate por encima. En estas fotos se aprecia en todo su esplendor, y el grado de elasticidad del queso, yo creo que se podría saltar a la comba con él 😉

He de decir que no dejamos nada y la pizza me gustó, pero no me entusiasmó, me quedo sinceramente con la versión más fina y a la que estamos más acostumbrados.

La pizza valió 23 dólares, y la cuenta finalmente con las bebidas 33, no está mal de precio habida cuenta de que nos fuimos bien “fartucos”.

Tras la comida y para bajar tamaña ingesta de calorías, y dado que seguía haciendo un tiempo magnífico, decidimos bajar hasta el puerto, o Navy Pier, así que fuimos hasta la avenida Michigan, y bajamos la E Illinois Street hacia el puerto, no sin antes no poder dejar de fotografiar mi edificio favorito, el Wrigley Building, qué preciosidad por dios!!.

En unos treinta minutos llegamos a nuestro destino.

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El Navy Pier es un muelle terminado en 1916, y que durante mucho tiempo fue uno de los muelles más grandes del mundo, aunque, con motivo de la Exposición Universal de Chicago, decidieron transformarlo en una gran zona de ocio. Tiene centros comerciales, restaurantes, un museo, un teatro y múltiples entretenimientos, que la visitan nada menos que casi nueve millones de personas al año. Por cierto también una tienda de los Chicago Bulls bastante interesante.

Tiene además la primera noria que se construyó en todo el mundo, con motivo precisamente de esa exposición Universal de 1893.

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Supongo que porque era marzo y por tanto muchas de las atracciones estaban cerradas, no me pareció nada del otro mundo. Pasamos un rato agradable rodeando el muelle, disfrutando de las vistas y de un sol espléndido. Seguramente en verano esto tendrá mucho más ambiente y lo hará sin duda más interesante.

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Sobre las seis de la tarde, y una vez recorrido todo el muelle, cogimos uno de los muchos autobuses que salían del mismo y volvimos a la Avenida Michigan, donde dimos una vuelta y llegamos hasta el Centro Comercial del Water Tower, y que tanto nos había gustado. Allí tomamos algo y dimos una vuelta de lo más relajada del todo viaje. Luego bajamos la calle y tomamos una sidras en un lugar muy agradable llamado “Rock Bottom”.

Hicimos tiempo porque a las ocho y media teníamos mesa reservada para cenar y disfrutar de música en directo en un sitio emblemático para escuchar blues, The House of Blues!!. Este junto con “The Green Mill” son quizás los dos sitios más famosos para disfrutar de una buena velada de música.

Es una muy buena opción reservar para cenar en la página web del local, para no tener problemas de sitio, os lo aconsejo. Nosotros al ir un domingo, la verdad es que en el local había gente pero no estaba lleno ni mucho menos. Si se dispone de la posibilidad de reservar mesa, aconsejo mejor ir viernes o sábado. Menos mal que había un grupo de chicas celebrando un cumpleaños que dieron mucho ambiente y lo hicieron muy divertido. Además, conseguimos una mesa genial al lado del escenario.

Yo sinceramente no me esperaba que me gustara tanto porque la música en directo no me apasiona pero puedo decir que me gustó mucho, y lo pasé muy bien. El cantante, además de cantar y tocar espectacular era muy muy divertido. Tocó su repertorio y algunas versiones muy buenas de canciones míticas como “Purple Rain” de Prince.

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Además en un descanso se nos acercó, nos dio una tarjeta y se hizo una foto con nosotros. Se llamaba Keithen Banks, un fenómeno.

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Hizo la actuación muy divertida, sobre todo con la mesa que celebraba el cumpleaños, salieron varias veces las chicas a bailar, y como no, también Víctor, que se marcó un baile con dos de ellas, el rey de la pista, a ver si un día se atreve a subirlo a Youtube, jeje.

Cenamos tirando de clásicos, una hamburguesa cada uno (14$) y por primera vez pedí un postre, un bread pudding de ocho dólares, y que no es de mis favoritos pero no estaba malo. Para beber mi cuñado se pidió una “sangría rioja”, tal cual venía en la carta, a nueve dólares y yo una coca (3$).

Pasamos unas dos horas y media de lo más agradable, Víctor al que le encanta la música en directo lo pasó genial y yo también, fue una sorpresa para bien la experiencia y sin duda lo recomiendo al 100%. Sobre las once y ya cuando se había ido bastante gente y en uno de los últimos descansos, pagamos la cuenta de 63 dólares, sumándole una buena propina porque la camarera también nos había atendido muy bien y de allí al metro para volver al hotel. Para mí un IMPRESCINDIBLE.

Esta fue la ruta completa que hicimos este día empezando en la Roosevelt Station:

Ruta día 3

DÍA 5

Este penúltimo día en Chicago también madrugamos bastante porque teníamos una mañana bien completita. En nuestra agenda teníamos visitar el único museo que veríamos por dentro, y de paso ver la Universidad que está al lado. Para por la tarde ir ya al United Center para el plato fuerte de nuestra escapada, el partido de los Bulls!!.

Sobre las ocho de la mañana ya estábamos cogiendo el metro, que al ser lunes, sí que venía casi lleno. Pongo esta foto de un mendigo porque algo que nos chocó bastante de la ciudad fue la grandísima cantidad de “homeless” que vimos todos los días, están por todos lados, y generalmente todos de color y también gente joven. Son las desigualdades que hay y siempre habrá en este país.

Cogimos la línea marrón desde Diversey hasta Harold Washington Library-State, y saliendo del metro y caminado apenas un minuto, tomamos el autobús 6 desde State & Van Buren.

En unos 50 minutos desde que salimos del hotel, llegamos a nuestro primer destino, el fantástico Museo de la Ciencia e Industria de Chicago.

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El museo me atraía sobre todo porque a un amante de la historia como yo, pero de sobre todo la de un hito como la Segunda Guerra Mundial, poder ver un submarino alemán original de la época dentro del museo!!!, era una ocasión que no podía dejar pasar. Se inauguró en 1933 y recibe alrededor de un millón de visitantes al año. Se presenta como el museo de ciencia más grande del hemisferio occidental. Allí, se encuentran más de 35.000 artefactos y cientos de exhibiciones. Como llegamos pronto, pudimos enterarnos bien de las diferentes opciones para visitarlo, que incluía la entrada y hasta tres exposiciones. Finalmente cogimos dos, que nos permitía ver una película en cine tipo OMNIMAX sobre los parques naturales de Norteamérica, y luego la esperada visita guiada al interior del submarino. La entrada nos costó 36$ cada uno.

Mientras hacíamos tiempo pudimos ver fuera el famoso tren de pasajeros automotor diesel-eléctrico Pioneer Zephyr,  construido en 1934 y que llegó a alcanzar los 181km/h nada menos. El tren destacaba sobre todo por su aspecto exterior con el uso de acero inoxidable, bastante de moda en esa época.

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El museo abrió sus puertas a las 9:30h. y ya veíamos que había bastante gente esperando, sobre todo niños. Al comienzo había una serie de juegos para ellos relacionado con el circo, y una sala grande con la historia de la exploración del espacio, que los americanos lógicamente, tienen mucha historia que contar. Destacaba sobre todo el módulo de comando de la nave Apolo 8.

Una vez visitada esa parte, a las diez vimos la proyección en pantalla Omnimax sobre los parques nacionales norteamericanos. La verdad es que estuvo bien, ver paisajes de Yellowstone, Yosemite, Alaska, Colorado, etc, siempre impresionan, y en una pantalla enorme, más.

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Después de unos treinta minutos salimos y nos dirigimos a ver lo que más me interesaba, el submarino. Entramos en la enorme sala donde se encuentra y la visión del mismo, nos dejó boquiabiertos, qué pasada!!!

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Bajamos al lado del submarino alemán U505, donde pudimos leer el cómo se hizo la captura del mismo por parte de los americanos. El uso de los “U-Boats” como se sabe fue sin duda una arma muy eficaz para los nazis en los primeros años de la II GM, y llegó a destruir en toda la guerra nada menos que 2.828 buques aliados. Tras la entrada en la Guerra de Estados Unidos en 1941 se comenzó a analizar la idea de poder capturar alguno. Finalmente se consiguió el 4 de junio de 1944 por una flota de buques americanos, y muy cerca de las islas Canarias. Este es el recorrido que siguieron hasta el día concreto.

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Esta captura fue la primera realizada por la Armada estadounidense desde 1812 y facilitó el desciframiento de códigos secretos nazis y los lugares donde operaban los submarinos. En el rescate se hicieron 58 prisioneros y sólamente uno murió en el abordaje. Una vez capturado, fue remolcado 2740 kms hasta la isla de Bermuda.

Tras la guerra, la Armada Norteamericana no encontraba utilidad al U 505, pero en 1954 fue donado a Chicago por el Gobierno Norteamericano y transportado hasta allí.

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Una suscripción pública consiguió recaudar 250.000$ para transportar e instalar el submarino en el museo, una obra increíble. Ahora ubicado allí, el restaurado U 505 reabrió al público en 2005.

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La visita guiada por el submarino tenía el hándicap (para nosotros 😉 de que era en inglés, y lamentablemente, aunque le dije a la guía si podía hablar despacio, el resto del grupo era americano, así que no me hizo mucho caso y no pude entender todo lo que me habría gustado. Entre lo que pude coger y más interesante fueron curiosidades como que en el buque no había duchas y que el calor que hacía dentro llegó a alcanzar los 110 grados Farenheit (unos 44 grados centígrados!!!!) y que no pocas veces había suicidios en los mismos por las condiciones y el aislamiento.

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La visita estuvo muy bien, y nos pudimos dar cuenta de las condiciones en que vivían nada menos que 59 personas durante períodos de hasta varios meses.

Tras la visita ya habían pasado unas tres horas así que poco tiempo nos quedaba para recorrer el resto del museo. Es verdad que para ver bien uno de estos necesitas prácticamente una jornada pero con el día tan completo que teníamos no podía ser, así que echamos un vistazo a lo más importante de lo que quedaba. En el hall y colgados del techo había varios aviones, incluido un Boeing 727, espectacular.

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Luego una zona de maquetas muy grande de la ciudad y de partes del estado de Illinois.

Y por último una zona de ciencia donde se podía ver diferentes experimentos, todos muy interactivos, y donde destacaba por encima de todo un enorme cilindro que simulaba los efectos de un tornado, impresionante.

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Ya sobre las doce y media, decidimos dejar el museo e ir en dirección a nuestro siguiente destino, la Universidad de Chicago. Para ello cogimos el autobús 55, que casualmente estaba en la misma puerta, y que nos dejó cerca de la Universidad. Lo primero que nos sorprendió según llegábamos era la poca gente que había siendo lunes, luego nos dijo un mexicano al que preguntamos que no había clase porque estaban en el “Spring Break”, algo así como las “vacaciones de primavera”, una pena por no poder ver el ambiente de haber habido clases.

La Universidad de Chicago es una universidad privada que fue fundada por la American Baptist Education Society gracias a una donación del famoso magnate petrolero John D. Rockefeller, y fue constituida en 1890. Tiene escuelas de prestigio mundial como la University of Chicago Booth School of Business y la Escuela de Economía de Chicago (la más importante del planeta), además de siete estudios de postgrado. Aquí tuvo lugar la famosa corriente económica partidaria del libre mercado conocida como “Escuela de Chicago” que los que hayáis estudiado economía recordaréis como “cabeza” más visible al famoso economista Milton Friedman. Entre sus alumnos figuran nada menos que 89 premios Nobel.

Entramos primero en lo que llaman los Main Quadrangles, donde están los primeros edificios construidos del Campus de la Universidad. En todo este complejo estudian unos 5.000 alumnos, y sumándole las escuelas y resto de dependencias unos 15.000 en total.

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En el edificio que se ve al fondo, el Harper Memorial Library, pudimos entrar en una de sus aulas, lástima que vacía.

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Seguimos viendo los edificios, que parecían sacados de los típicos campus universitarios británicos.

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Stuart Hall

Algunas curiosidades de la Universidad, sólo un 16% de las solicitudes presentadas son aceptadas, lo que dice mucho del prestigio que tiene y lo difícil que es entrar. Un curso académico cuesta de media nada menos que 45.000 dólares!!! y Barack Obama, fue profesor y catedrático de la Universidad durante 12 años. Se ha mantenido en los últimos años siempre en el top ten de mejores universidades del mundo en los diferentes rankings que se elaboran año a año.

Saliendo del Campus, pudimos ver una zona donde se ponen los llamados “Foods Trucks”, muy populares entre los estudiantes para comer, y que estaban cerrados por las vacaciones.

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Esta foto no se me olvidará nunca porque a punto estuve de perder mi móvil que dejé olvidado en una barandilla al lado de este cartel, y a los 20 minutos de darme cuenta de que no lo tenía volí a por él y ahí estaba, faltó poco para otro de mis habituales episodios de cosas perdidas por el mundo, qué cabeza.

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Buscamos un edificio donde pudiéramos encontrar algo de la historia de la Universidad, pero aunque preguntamos, nos quedamos con la duda sobre si lo había.

Tras no dar con él, y dado que ya eran casi las dos, comenzamos a buscar un sitio para comer. Después de preguntar varias veces y con la ayuda de la aplicación del móvil, encontramos un sitio que la verdad fue un acierto. Fue en un restaurante llamado Medici (1327 E 57th St), aparentemente italiano, pero que tenía de todo un poco. Yo comí un plato de pasta muy bueno, y Víctor, que tenía antojo de carne, un steak chicagüense. Nos atendió de nuevo un mexicano, muy majo, que como anécdota nos preguntó que donde estaba la central de Zara en España, si estaba en el País Vasco, que le encantaban y que todo lo que llevaba era de sus tiendas.

Comimos muy bien, y no fue excesivamente caro, 35 dólares los dos platos y una bebida. Tomamos un café en el bar de al lado, una especie de cafetería multicultural y en el que encontramos latas de atún marca Ortiz (a 5$ la lata) y de pulpo gallego y que a consecuencia del olor a comida y el calor que hacía nos hizo tomarnos el tanque de café a toda prisa.

Salimos y caminamos en busca del autobús 55 de nuevo, pasando por una zona de viviendas típicamente americanas y que a mí personalmente me encantan. Sin duda muy buen barrio se veía.

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Sobre las tres, cogimos de nuevo el autobús 55, para dirigirnos a la parada de Metro Garfield Green Line Station, desde la que tras un montón de paradas por la línea verde, llegamos hasta la de Ashland, a escasos diez minutos del United Center, el hogar de los Chicago Bulls, faltaba poco para el partido!!

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Hay que decir que los Bulls no están en su mejor momento, después de la época de Michael Jordan, que ganó nada menos que seis campeonatos en los años noventa, el listón está muy alto. Además en la ciudad hay unos cuantos equipos más, como los Chicago Cubs y los White Sox de Baseball, los Chicago Bears de Fútbol Americano y los Blackhawks de Hockey sobre hielo que por cierto comparten estadio con los Bulls, y que están en un buen momento ya que ganaron el campeonato en 2015, así que complicada competencia.

El United Center, inaugurado en 1994 tiene una capacidad de 21.711 espectadores, el más grande de toda la NBA.

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Llegamos al estadio con mucho tiempo de antelación, sobre las 4 y media y el partido era 3 horas más tarde. Nos hicimos como no, unas cuantas fotos con la famosa estatua dedicada al gran Michael Jordan.

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Cuando pensamos que ya podríamos entrar en el estadio, resultó que no, que abrían las puertas sólo una hora y media antes del partido, así q ahí estuvimos esperando fuera una hora sin nada que hacer porque no había nada ni para tomar algo cerca.

Por fin cuando abrieron primera sorpresa, no me dejan pasar con el palo selfie, dicen que puede ser usado como un arma. Le digo que de acuerdo pero que si me lo puede guardar hasta que salga, pero la de seguridad, una hispana muy antipática me dice que no, así que no me queda más remedio que darlo por perdido. Pero una vez dentro me dice otra de seguridad muy amable que salga y lo esconda en algún sitio, así que eso fui lo que hice, en unos andamios que había fuera.

Una vez que entramos nos dispusimos a ir a la tienda porque Víctor quería comprar una camiseta, vimos una pero muy pequeña así que seguimos buscando, en esto que me dio por ir a una de las puertas de entrada a pie de pista y contarle un rollo al de seguridad que estaba para ver si me dejaba pasar, aunque nuestra entrada estaba arriba del todo. Al primero no le convenció mi discurso, pero al segundo que intenté y tras suplicarle que venía de España par ver a Pau y que sólo serían cinco minutos, me dejó pasar!! Luego entró Víctor, así q ya estábamos dentro, a pie de pista!!!. Rápidamente nos fuimos a la zona donde estaban los jugadores de los Chicago. De repente salió Mirotic a hacer ejercicios de tiro, estábamos flipando, lo teníamos a apenas diez metros de distancia!!!! Y comenzamos a hacer fotos.

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Vimos también a Toni Kukoc, ex jugador croata y q ahora pertenece al staff del equipo. Siempre lo recordaré por las Copas de Europa que le ganó al Barça con la mítica Jugoplastika. Con lo delgado que estaba cuando jugaba, ahora tenía unos kilitos más, las hamburguesas no perdonan 😉

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Mirotic con Kukoc firmando un autógrafo

Cuando Mirotic terminó de entrenar, se dirigió al túnel de vestuarios, no sin antes pararse con todos para hacerse fotos, con nosotros incluido. Estuvo muy simpático y atento con todos los fans, un gran tipo el español de adopción.

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De repente otra sorpresa aún mayor, mucho mayor, vemos salir del vestuario al gran Pau Gasol en chandal hacia la pista!!!! Nos llevamos una gran alegría porque llevaba cuatro partidos sin jugar por una lesión y era seria duda para este partido, de hecho pensábamos que no jugaría. Nada más verlo le grité “Pau, que venimos desde España a verteee”, a lo que él respondió, “ya pero dejarme que entrene un poco, no?” y nos echó una sonrisa… Q crack. Hice mil fotos y un vídeo que también os dejo.

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Cuando terminó y cuando pensábamos que se pararía al entrar de nuevo en los vestuarios, no lo hizo y se fue a toda prisa, fue una decepción, pero habría más ocasiones. Seguimos viendo a jugadores y el estadio comenzaba a llenarse. En esta foto podéis ver a Derrick Rose a la derecha, Jimmy Butler a la izquierda de la foto y a Pau en el suelo, las estrellas sin duda del equipo.

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De repente, vemos aparecer por el túnel otra vez a Pau y a Mirotic juntos, comenzaba la caza de la foto!!. Vemos que no se para mucho, lo hace con una familia española q traía un bebé y cuando pasa por nuestro lado le agarro el brazo como si no hubiera un mañana y consigo que mire el móvil para el selfie, rogándole al mismo tiempo que se parara, de ahí la cara de panoli que tengo en la foto, pero la tenía, lo había conseguido!!!!!!!!

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Luego seguimos disfrutando del ambiente, del calentamiento de los jugadores, de todo absolutamente. Yo ya saqué la bandera y Pau me vió un par de veces desde la pista y me saludó.

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Por supuesto ya habíamos decidido que no iríamos a ocupar nuestros asientos asignados, de ahí no nos movía ni el FBI!!!. Nos tuvimos que cambiar un par de veces haciéndonos los tontos cuando nos preguntaban por los números de nuestros asientos :).

Empezaban los previos del partido. Primero como siempre al comienzo de cada uno, el himno americano, interpretado “a capela” por una chica desde el palco. De verdad que pone los pelos de punta, que respeto! que envidia me daba!!! A continuación la presentación de los jugadores, como imaginábamos, espectacular. Son únicos los americanos para esto, de nuevo mucha envidia, ¿por qué no lo haremos nosotros parecido? Tampoco es tan difícil.

También pasaron a nuestro lado varias veces las famosas animadoras o “cheerleaders”, alguna que otra era guapa ;).

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Y empezó el partido, jugando Pau de titular. El partido fue bastante igualado y como siempre con la impresión de lo fácil que parece, eso sí las defensas no tienen lo que se dice mucha tensión.

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Así el partido llegó al descanso, con el resultado de 59-51 para los Bulls. Nosotros obviamente de allí no nos movíamos, ni para hacer pipi. En la pausa todo el mundo a por su comida, toda muy sana por supuesto. En la pista entretenimientos con espectadores que tienen que meter canastas o pruebas varias. Curiosamente uno se cabreó en una prueba y vaya si le cayeron bromas de la mascota, Benny, que por cierto tuvimos justo al lado pero aunque lo intentó, Víctor no pudo hacerse una foto.

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Al poco de comenzar el tercer cuarto, una pequeña mala noticia, y es que vinieron los que tenían los asientos en los que estábamos sentados y ya no quedaban muchos libres, así que tuvimos que irnos unas cuantas filas más arriba y desde allí vimos terminar el partido. Por cierto, ese cuarto fue más aburrido por no estar los titulares, y además los Kings se pusieron por delante, 81-82 al final del mismo, la victoria peligraba.

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En el último hasta se pusieron cinco arriba los visitantes, pero finalmente entraron todos los titulares y con un parcial final para los Bulls, con actuación destacada de Pau, los Bulls se llevaron el partido, ante la algarabía del público que no lo vió claro hasta al final.

El partido acabó 109-102, anotaron por los Bulls, Rose 18 puntos, Butler 11, Mirotic 6, McDermott 16 y Gibson 18. Pau terminó con 14 puntos, 14 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones, y con una actuación destacada en el último cuarto. Por los Kings, sus tres mejores jugadores terminaron, Rondo con 14 ptos, Rudy Gay 18 y la estrella Demarcus Cousins con 19 puntos y 18 rebotes.

Al final acabaron haciéndole una entrevista a Pau supongo por su vuelta a las pistas después de la lesión y también por el buen último cuarto que hizo. Grande Pau!!!

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Tras el partido, volví al túnel de vestuarios para ver si se paraban con los aficionados, pero nada, entraron directos, así que ya salimos de la pista para buscar la tienda y comprar las camisetas, ya que antes del partido no habíamos podido.

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Finalmente nos compramos una camiseta cada uno, aunque sinceramente no había muchas ya, y sobre todo quedaban tallas grandes. La mía tuve suerte y encontré una no muy cara, 59 dólares, no estaba a dispuesto a pagar más, la de Víctor, 115, no había otra…

A la salida encontramos un lugar mítico e inesperado, en el que no podía dejar de hacerme la foto con los seis anillos de campeón del equipo. Como no recordar esos campeonatos en los que me pasé noches sin dormir e incluso en época de exámenes en el instituto por tragarme las cuatro horas de esos partidos.

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Y ya por fin salimos del estadio, recuperé mi palo selfie que había escondido, y decidimos coger un taxi que nos dejara en el centro. Tardó muy poco, le pagamos los 14 dólares con una buena propina, eh Víctor? y finalmente dado que ya eran casi las diez, le dijimos que nos dejara en la famosa Pizzería Uno (29 E Ohio St) para cenar.

De nuevo pedimos una “Deep pizza”, esta vez una pequeña para cada uno y tuvimos que esperar los cuarenta minutos de rigor. Este restaurante junto con su gemela Pizzería Due y que está justo enfrente, se reconocen como los primeros sitios de Chicago que ofrecieron la famosa pizza. Pagamos la cuenta de 22.94$ sin contar propina, por las dos pizzas y una bebida (Víctor normalmente pedía agua que no la cobran) y nos fuimos en dirección al metro para volver al hotel.

Esta es la ruta que habíamos hecho este día, la mayoría en tren y autobús.

Ruta día 4

Día 6

Este era nuestro último día en la ciudad, martes 22 de marzo y dado que teníamos el avión por la tarde y no teníamos prisa, nos despertamos sobre las ocho de la mañana. Desayunamos tranquilamente e hicimos el “check out”. Fueron muy majos en el hotel porque nos guardaron las maletas sin problemas y nos fuimos a dar una vuelta, esta vez cerca del hotel para tomarnos la mañana de relax. Dado que teníamos cerca el Lincoln Park, decidimos darnos una vuelta tranquilamente por él, además había leído que tenía un zoológico gratuito.

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Este parque es uno de los tres principales parques zoológicos libres en el país, es además el más antiguo de Estados Unidos y tiene una una asistencia anual estimada de nada menos que tres millones de visitantes!!. Sinceramente no me extraña, porque el zoo estaba genial, y además GRATUITO, increíble.

Las instalaciones, espectaculares. Me gustó sobre todo la parte de los primates. Este gorila está como diciendo, qué miras??

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Y así estuvimos dando vueltas como un par de horas, tomamos un café sobre las doce, cuando todo el mundo ya estaba comiendo. Tuvimos que dejar zonas sin ver porque preferíamos comer tranquilamente, pero repito que el zoo estaba genial, encima estaban construyendo una zona para osos polares y pingüinos, cuánto me acordé de Liria aquí…

Ya sobre la una de la tarde, volvimos de nuevo en dirección al hotel y buscamos un restaurante por la zona para comer. Finalmente encontramos un italiano llamado The Pasta Bowl (2434 N. Clark Street) donde comimos un plato de pasta cada uno, que estaban buenísimos y pagamos 22.29 dólares, muy buen precio. Buena elección para el último restaurante que pisaríamos en la ciudad.

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Esta es la ruta que hicimos por la mañana:

Ruta día 5

Llegamos al hotel para coger las maletas y dirigirnos ya al metro.

En más o menos una hora llegamos al aeropuerto con más o menos dos horas y media de antelación. Gastamos los dólares que nos quedaban, por cierto, creo que fue una buena idea llevar el dinero siempre en efectivo, y siempre procurar llevar mucho cambio para sobre todo el tema de las propinas. Compramos los últimos souvenirs, cenamos algo rápido, y cogimos el vuelo a las 17:50, esta vez sí juntos, aunque con tan poco espacio para los asientos, que madre mía, que vuelo de vuelta, dormí algo pero llegué hecho polvo a Madrid, y eran las siete de la mañana.

Pues este fue el fin de un viaje para el recuerdo, en el que desde el minuto uno tuvimos la suerte de nuestro lado, sobre todo en cuanto al clima y que rematamos con el partido de los Bulls. La ciudad fue un gran descubrimiento, en muchos aspectos diría que a la altura de New York e incluso mejor. Además la amabilidad de sus habitantes y el ambiente tan tranquilo que se respira hacen de esta ciudad un lugar ideal para visitar. Sin duda un gran viaje con un acompañante de lujo. Espero que le lo podáis visitar algún día y opinéis sobre si estoy en lo cierto.

Por supuesto aquí me tenéis disponible por si os queda alguna duda y yo puedo ayudaros dentro de mis posibilidades.

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