MARRUECOS

 

Este viaje fue un regalo que mi generosa esposa me hizo para Reyes de este año 2017, ella sabe bien lo que me gusta por encima de otras cosas materiales. El destino lo elegiría yo así que dada la situación pensaba en uno no muy lejano, que no necesitara muchos días de estancia y con un precio razonable, y Marruecos cumplía con todos los requisitos. Además me apetecía por primera vez conocer Africa, ese continente que todavía no había visitado. Así que le propuse el viaje a un viejo amigo mío, un compañero de la Universidad Complutense, que hacía muchos años que no veía, Jesús, ¡¡qué mejor ocasión para reencontrarnos!!

Antes de empezar siempre me gusta dar unos datos estadísticos para conocer mejor el país, a mí personalmente siempre me parecen interesantes, si para alguno no lo son, lo siento.

Marruecos es un país situado en el Magreb, al norte de Africa, con una extensión sólo un 10% menos que España pero a la que le sacamos todavía una gran ventaja en número de habitantes, 34.5 millones (2016) de Marruecos por 46 millones de España, pero que no deja de crecer y en unos años nos adelantará, gracias al 2.12 de tasa de fertilidad de hijos por mujer, cuando nuestro país está en un pobre 1.2. Su población es de origen árabe-bereber en un 99% y de religión musulmana en el mismo porcentaje. Sus lenguas oficiales son el árabe y el tamazight (una lengua bereber) y luego otras no oficiales muy utilizadas como otros dialectos bereberes, el francés, como lengua administrativa y ampliamente conocida, y el español, más minoritario y que se habla sobre todo en ciudades como Tetuán y Nador o el Sáhara Occidental. Un dato curioso es que la población en el país de más de 65 años es de sólamente un 6.1%, cuando en nuestro país es de un 18%. El rey de Marruecos es Mohamed VI que ocupa el trono desde 1999, año de la muerte de su padre, Hassan II.

Marruecos recibió 10,3 millones de turistas internacionales en 2016, es el país más visitado de Africa, seguido de Egipto que en los últimos años ha perdido hasta un 50% de visitantes por sus problemas de seguridad. El país marroquí se ha visto beneficiado de no verse afectado por la famosa “primavera árabe” y el terrorismo, como otros de sus vecinos. Es el principal destino de los españoles después de los países de la Unión Europea, y somos los segundos visitantes del país tras los franceses. La población que más turistas recibe del país es sin duda Marrakech de ahí que no dudara que la ciudad que iba a conocer iba a ser esta, también porque es la más situada más al sur del país, objetivo principal de nuestro viaje. Es, junto a Mequinez, Fez y Rabat, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Fue fundada en 1062 por los almorávides y fue la capital del Imperio islámico. La población de Marrakech está cerca del millón y medio de habitantes (2016) siendo la tercera más populosa del país tras Casablanca y Rabat, la capital.

Decir que cogí el billete con Ryanair, y dadas mis experiencias con la compañía irlandesa, decidí reservar asiento en el pasillo de emergencia pagando un poco más y facturar una maleta, con lo que pagué finalmente unos 100€ por el billete, asequible creo yo. He de decir que la compañía ha mejorado bastante, yo que he sido muy crítico con la aerolínea, y ya no son los viajes como eran antes. Finalmente en poco menos de dos horas llegué a mi destino, Jesús iría desde Sevilla.

Y este es un momento histórico en mi vida, jeje, pisaba por primera vez territorio africano!!!

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He de decir que el aeropuerto me sorprendió por lo nuevo que era, unas instalaciones perfectas, y además pequeño, como a mí me gusta. Un primer consejo, llevar bolígrafo, porque hay que rellenar un impreso de entrada y yo por no llevarlo, me tuve que “comer” luego una cola para entrar en el país de 45 minutos, que por cierto podían poner más personal y emplear menos tiempo para hacer los controles. Ha sido la entrada a un país en el que más he tenido que esperar, ni siquiera en Estados Unidos y sus famosos controles de inmigración.

Una vez entrado ya oficialmente en suelo marroquí me reencontré con Jesús que como dije había venido de Sevilla. Qué satisfacción verlo de nuevo después de tantos años y que ganas de vivir esta aventura con él. Me alegré mucho de que su empresa familiar que comercializa la famosa FREGOLA, escurridor automático robotizado, vaya viento en popa –> http://www.sprimsol.com.

Una vez recogidas las mochilas, que habíamos precintado, llega el dilema del dinero. Yo de nuevo opté por sacar en un cajero en el aeropuerto. Jesús cambió euros que traía por dirhams, la moneda marroquí. Cualquier opción es buena en función de las comisiones que te cobre tu banco (informaros si podéis antes de viajar) y el tipo de cambio.

Una vez que salimos nos estaba esperando un chófer con el cartelito de nuestro alojamiento, el riad DAR NOUR EL HOUDA (www.dar-nour-el-houda.com) y cuyo desplazamiento estaba incluído en el precio de la habitación, buen detalle.

A velocidad de fórmula 1 como suele ser habitual en los taxistas y tocando el claxon cada tres segundos más o menos llegamos muy pronto a la Medina o recinto de la ciudad antigua. Esta está rodeada por una muralla, que delimita los históricos barrios de estilo musulmán y que se caracterizan por su gran entramado de callejuelas, en contraste con los barrios de estilo occidental, que poseen grandes avenidas y jardines, construidos estos últimos durante la época del protectorado francés.

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El origen de la muralla se remonta al siglo XII, cuando se consideró la necesidad de levantar una fortificación  que defendiera los mercados y el campamento militar que por entonces era Marrakech. En los siglos posteriores, la muralla se fue ampliando y redefiniendo su trazado. La Medina se extiende actualmente por unas 600 hectáreas, y en 1985 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Entramos en la Medina por una de sus 19 puertas, y aquí ya comenzamos a apreciar el caos absoluto que es, sobre todo en las horas centrales del día. El taxi nos dejó cerca del riad, al que no se puede acceder por estar en una de sus típicas callejuelas estrechas.

En ese momento apareció un porteador con un carro para llevar las mochilas y acercarnos al alojamiento. Cruzamos la puerta y lo que vimos nos encantó, pudimos apreciar enseguida la tranquilidad que se respiraba, con un patio central, una azotea y apenas 4 habitaciones, y con todo cuidado hasta el último detalle.

 

Decir de los riads que son pequeños edificios con unas pocas habitaciones, generalmente no más de 6, que son regentados por los dueños del establecimiento. En los últimos tiempos, gran cantidad de europeos se han establecido en Marruecos (sobre todo franceses) y dirigen su propio riad dándoles un toque europeo sobre todo al servicio. Para mí fue toda una experiencia. Nos alojamos en este por las buenas opiniones en Internet y la verdad es que fue todo un acierto. Conocimos de pasada al dueño, un francés, pero el que nos recibió y nos trató como si fuera nuestra casa fue Nourredine, un auténtico fenómeno, con su simpatía, su preocupación y su amabilidad. Sólo le faltó una cosa, hablar español, pero nos prometió que se pondría a ello ;), como no, nos invitó a un té nada más llegar, el primero de tantos que tomaríamos en este viaje.

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A continuación junto a una pareja danesa nos indicó con todo lujo de detalles como llegar a la famosa plaza Jamaa el Fna, y no sólo eso, si no que nos acompañó después para mostrarnos el camino!!.

El alojamiento nos costó unos 65€ la habitación doble con desayuno, y la verdad es que estaba muy bien, muy limpia, en este momento agradecía medir 1.94 para que la cama grande fuera para mí, jeje, lo siento Jesús.

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Dejamos las cosas en la habitación y nos pusimos ya en ruta en compañía de nuestro anfitrión, que nos fue indicando cómo llegar a la plaza con la ayuda de un mapa. Para nosotros no nos pareció complicado. Además llevaba la misma aplicación que llevé ya en Chicago y en Río, CityMaps2Go, descargándome previamente el mapa de Marrakech y los lugares más importantes. Como tantas otras que hay, esto nos permite saber donde estamos en cada momento sin necesidad de tener datos en el móvil.

Riad Marrakech

Eran sobre las 5 de la tarde y ni habíamos comido todavía así que decidimos quedarnos en la famosa Plaza de las Especias, donde nos encontramos ya, con uno de los símbolos de la ciudad y que da nombre a la plaza, qué pasada de colores!!! esto es Marrakech.

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Agradecimos que nos acompañara a Nourredine y subimos ya los dos al famoso Café des Epices a comer algo. Tiene dos pisos y recomiendo sobre todo subir a la azotea, desde allí hay unas vistas fantásticas de tan ajetreada plaza.

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Aquí ya tuvimos un primer contacto con los camareros, que la mayoría son muy simpáticos, los de este lugar especialmente, uno hablaba castellano y ya comenzamos a hablar de fútbol, y terminamos quedando para ver el clásico Real Madrid – Barça al día siguiente. Aquí tomamos un par de bebidas y unos bocadillos pequeños de carne con verduras que estaban exquisitos llamados “Sand Kefta”. Pagamos por dos de estos y dos bebidas, 170 dh (es muy fácil hacer la conversión a euros, dividir las cantidades aproximadamente entre 10, así que al cambio unos 17€). Un sitio muy recomendable.

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Desde allí y una vez que habíamos ya matado un poco el hambre, nos dirigimos a la plaza más famosa de Marrakech y seguramente su lugar más emblemático, la Plaza Jemaa el Fna, un símbolo de la ciudad desde su fundación en el siglo XI. Allí como no, nos tomamos el típico zumo, que por cierto nos atendió muy amablemente y nos dió casi otro de regalo el amigo tendero.

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Hago un inciso para decir, que todas las frutas que probamos en este viaje, estaban deliciosas, sobre todo las naranjas, así que habrá que pensarse dos veces criticarlas cuando las veamos en los supermercados españoles… ¿otro mito sin fundamento quizás?

Seguimos caminando observando el ambiente, esquivando a la cantidad de gente que había, los vendedores, los famosos encantadores de serpiente de los que tanto había oído y de los que huí rápidamente, los que están con los monos para hacerse fotos los turistas, y de los que me reservo mi opinión, y así continuamos y llegamos junto a la mezquita Koutoubia, y su famoso minarete, símbolo de la ciudad y  que fue una de las mayores del mundo islámico cuando finalizó su construcción en 1158.

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Destaca por su alto minarete (que sirvió de modelo en la construcción de la Giralda de Sevilla y que mide 69 metros de altura) y por su color, piedra de arenisca rosada, típico de la ciudad. Una pena que si no eres musulmán, no puedas visitarla.

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De entre las azoteas que hay alrededor, hay quizás tres que son las más famosas para tener una buena perspectiva de la plaza y que están muy cercanas entre sí, como son “Le Marrakchi”, el “Café de France” o el “Grand Balcon du Café Glacier” y por supuesto para ver el atardecer. Nosotros elegimos este último, subes y pagas nada más entrar, por ejemplo 2.5€ por un refresco. Subimos y es cierto que las vistas son estupendas, y sin que nadie te agobie.

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Encontramos sitio para sentarnos y aquí nos quedamos a esperar tranquilamente el atardecer, rodeado por cierto de chinos, no japoneses, con sus cámaras y sus enormes trípodes para capturar el momento.

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La verdad es que estuvimos muy cómodos, y aunque debido a una bruma en el horizonte que nos acompañaría todo el viaje no pudimos ver un atardecer limpio, el momento de caída del sol y las vistas hizo que mereciese la pena el lugar, sin duda un IMPRESCINDIBLE de Marrakech.

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En el hotel le habíamos pedido a Nourredine que nos llamara por teléfono para reservar una mesa en un restaurante que había buscado desde España y que tenía muy buenas opiniones tanto la calidad de la comida, como el ambiente, como el show que ofrecían, y como nos había reservado a las 9 y media, fuimos junto a la mezquita de nuevo y cogimos un taxi. De estos he de decir que en teoría están obligados a poner el taxímetro cuando te montas, pero eran tan baratos, que nosotros siempre negociábamos antes, así que esta vez por unos 8€ nos llevó uno al restaurante. Este se llama Comptoir Darna. Llegamos y ya desde fuera se veía bastante elegante, preguntamos por nuestra mesa y nos la dieron junto a otras dos, bastante cerca, de esas que no me gustan mucho, pero luego resultó una buena noticia. La carta no era barata, pero todo estaba muy bueno, a Jesús le trajeron un “couscous Royal” como para una familia, pero él poco a poco, se lo terminó, menudo “saque” tiene el gaditano. Yo pedí un “cordero a las hierbas” mucho más ligero pero igualmente muy sabroso.

 

Cada cierto tiempo había un espectáculo, salían unas chicas a bailar junto a las mesas, sacaban a los comensales, todo divertido y para nada turistada me pareció. Había extranjeros pero también marroquíes, eso sí, gente de clase alta.

Poco a poco fuimos conociendo a los que se sentaban en las mesas a ambos lados de nosotros, resultaron ser una pareja mexicana muy simpática con la que charlamos durante la cena, y la otra una pareja de ingleses de Londres, en la que ella hablaba castellano. Estuvimos hablando con ellos en inglés y español un buen rato y pasamos un rato muy divertido. Una vez pasada la medianoche, subimos al piso de arriba que aunque era restaurante se convertía en pub, pedimos un par de mojitos a 12€ cada uno y estuvimos charlando y oyendo música. Sobre la 1 comenzó otro show, pero este no os diré cómo era, mejor que vayáis y lo veáis. Pasamos una muy buena noche por eso os lo recomiendo, sobre todo intentar ir el sábado que es cuando fuimos y cierra más tarde. Sobre la 1:40 salimos fuera, cogimos un taxi y volvimos al hotel. Pagamos 850 dh (85€) los dos por la cena, no es barato, pero bien invertido por darnos un capricho y haber conocido algo de la noche marrakechí.

Día 2. Marrakech

Este segundo día a pesar de acostarnos tarde, yo me desperté pronto, como me suele pasar en los viajes y no fue precisamente por oír ruidos porque en el riad no se escuchaba absolutamente nada. Nos duchamos y subimos a la azotea a desayunar sobre las 8. Otra agradable sorpresa fue el desayuno, que era estupendo, con un poco de todo y para mí más que suficiente, y además zumo de naranja natural!! el silencio, la tranquilidad y un desayuno estupendo, combinación perfecta para comenzar bien el día.

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Una vez terminado el desayuno hablamos con Nourredine para preguntar por algo que venía pensando en las últimas semanas previas al viaje, y era hacer una visita guiada por Marrakech. Finalmente nos consiguió un guía que vendría al riad sobre las dos de la tarde para visitar lo que le dijéramos, así que como con él no pensábamos ver el Museo de Marrakech, decidimos ir a visitarlo. Está muy cerca del hotel, con lo que llegamos enseguida. Pagamos 50dh (5€) por entrar y viendo la taquilla que tenían para cobrar decía bastante de lo que nos encontraríamos dentro.

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El Museo de Marrakech está ubicado en un antiguo palacio de finales del siglo XIX donde residió un ministro de defensa del sultán Moulay Abdelaziz. El hecho de que fuera un antiguo palacio es lo que le salva al museo de no ser un absoluto fiasco en mi opinión. La exposición de dentro diría que es cuanto menos poco interesante, todo sin vigilancia, con muy poca información de lo expuesto, carteles deteriorados, en fin, pero cuando llegamos al patio central cambió todo, todavía recuerdo como me quedé de embobado admirando la maravillosa lámpara.

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Esto lo que se puede salvar del resto de estancias.

 

Por tanto, si no os importa pagar 5€ por ver un palacio con un precioso patio, pues adelante.

Después de ver el museo decidimos ya dar un paseo por el zoco, una de las principales atracciones de la ciudad, que por cierto es enorme. Yo he de decir que ya conocía por ejemplo el Gran Bazar de Estambul, con lo que todo esto no me sorprendió, y la verdad, a mí me sigue sin entusiasmar, sé que a mucha gente le encanta y que es la esencia de algunas ciudades árabes pero entre el caos que hay con las dichosas motos o bicis que casi te atropellan, y algunos vendedores que son verdaderamente cansinos, me sigue sin enamorar, pero como siempre, todo va en gustos, a Jesús por ejemplo le gustó mucho, es un artista del regateo.

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Es cierto que hay callejuelas y comercios que son verdaderamente bonitos y con artículos a la venta, sobre todo de artesanía que me llevaría a mi casa.

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Aprovechando que era pronto y por tanto no había mucha gente, nos perdimos por las calles y eso sí que me gusta más que cuando está lleno de gente y no tienes un momento de tranquilidad evitando ser atropellado.

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Cuando nos cansamos de pasear y recorrer todas las callejuelas acabamos de nuevo en la Plaza de las Especias, eran sobre las 11:30 y por cambiar un poco, esta vez subimos a otra azotea, al café Rahba Kedima donde nos tomamos un par de tés y estuvimos en la gloria, tranquilamente charlando y tomando el sol que no calentaba demasiado.

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Sobre la una fuimos a comer y elegimos un restaruante cercano y bastante turístico, demasiado en mi opinión y no muy barato, eso sí la terraza para comer también era fantástica, el restaurante NOMAD (https://nomadmarrakech.com). Estos son algunos de los precios y el plato de chuletillas de cordero que nos pedimos, que por cierto estaba muy bueno aunque algo escaso pienso.

 

Pagamos 324 dh (32€) por los dos platos y las bebidas, nada más, para mí bastante caro.

Salimos del restaurante y fuimos rápidamente hacia el riad porque allí habíamos quedado a las 14h con el guía de Marrakech. Teníamos unas 3-4 horas para ver lo más importante porque más tarde, después de preguntar donde verlo, ibamos a ir a la zona nueva de la ciudad, concretamente a un centro comercial llamado “Menara Mall” para ver el Real Madrid – Barcelona y que allí se vive por lo visto tanto o más que en España.

Y allí conocimos al guía, Mohamed, según dijo un guía oficial, y resultó ser la única mala experiencia con alguien en este viaje, un jeta con todas las letras. Le dijimos que queríamos verlo todo un poco rápido porque luego queríamos ir a ver el fútbol, y que estábamos interesados en ver lo más importante salvo el museo de Marrakech. A toda prisa salió del riad para dirigirnos hacia el sur de la medina y visitar el grupo de atracciones más importante de Marrakech. Comenzamos entrando en el para mí el edificio más interesante de la ciudad junto con la Madraza de Ben Youssef, que es el Palacio Bahía, construido a finales del siglo XIX con el objetivo de ser el palacio más impresionante de todos los tiempos.

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Me recuerda mucho a la Alhambra de Granada y aquí sí que se ven muchos turistas. El guía nos sigue explicando todo a toda prisa (en español al menos), bajo un calor importante. Todo el complejo tiene 8 hectáreas de extensión, con nada menos que 150 habitaciones que dan a diversos patios y jardines. La parte más interesante del Palacio Bahía es el harén de las 4 esposas y las 24 concubinas de Abu Bou Ahmed. Os recomiendo contratar un guía (competente a ser posible) para ver esto, porque no hay carteles informativos y las habitaciones están vacías y no hay nada expuesto.

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La construcción fue llevada a cabo por el gran visir del sultán Abdelaziz Si Moussa. A finales del siglo XIX quedó en manos de Abu Bou Ahmed, un esclavo negro que llegó a ser visir. Éste ayudó a llevar al palacio a su máxima expresión. La verdad es que tiene habitaciones preciosas.

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Desde este palacio, el guía nos llevó por un atajo cruzando el antiguo barrio judío, que según él es de los más peligrosos de la Medina, y la verdad es que no tenía muy buena pinta, no.

En unos minutos nos topamos con unos muros altos, que nos indica que llegamos a otro palacio importante, el Palacio Badi (Palais El Badii).

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Fue construido a finales del siglo XVI por el sultán Ahmed al-Mansour y su propósito era levantar el palacio más grandioso y lujoso que nunca se había construido hasta entonces en Marruecos.

 

Lamentablemente se encuentra totalmente en ruinas pero viéndolo podernos hacernos una idea de lo que llegó a ser.

Todo el conjunto constaba de varios pabellones, que según las crónicas tenían hasta 360 habitaciones decoradas con los mejores materiales de la época: oro, turquesas y cristal. Estos pabellones estaban situados alrededor de un enorme patio central, en el que había un gran estanque y un conjunto de jardines.

Para poder apreciarlo es muy interesante subir a la torre de la muralla del antiguo palacio, desde donde se puede apreciar la magnitud del recinto, así como parte de la ciudad e incluso una visión preciosa al fondo de las montañas nevadas de la cordillera del Atlas como pudimos ver nosotros.

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Según nos cuenta el guía, fue una pena que en 1675, cuando llegó al poder la dinastía alauita, se dio la orden de destruir por completo el palacio para que no quedara muestra alguna del esplendor de los saadies.

Una vez que acabamos de visitar estos dos palacios, que sin duda son IMPRESCINDIBLES de la ciudad, el guía nos hace la primera encerrona, nos lleva sin prácticamente avisar a una “farmacia” donde un vendedor nos explica un montón de cosas de las especias que él vende, la verdad es que estuvo interesante, nos invita a un té, y claro, nos vimos obligados a comprar, y buen sablazo de 30€ nos pegó por tres bolsitas de especias.

Tras salir de la tienda, nos dice que las Tumbas Saadíes no merecen la pena verlas y nos ofrece visitar como trabajan los curtidores de cuero, una tradición milenaria en Marrakech y de otras ciudades marroquíes como por ejemplo Fez. Yo era una visita de la que había oído y sí que me apetecía, así que le dijimos que sí. Enseguida busca un taxi y por 2€ nos lleva a dicho barrio, al norte de la medina. Allí nos deja con otro “guía” que nos da una ramita de menta porque el olor es insoportable. Estamos en el barrio de los curtidoresLe souk des tanneurs. Atención si queréis llegar a pie por vuestra cuenta porque no es nada fácil y atención a los espontáneos que os ofrecen llevaros porque os pueden engañar.

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El apático guía y sólo tras nuestras preguntas nos cuenta que aquí realizan los trabajos para preparar las pieles, tintarlas y dejarlas listas para su uso en la fabricación de distintos objetos. El olor está provocado por los materiales que se utilizan para el curtido. El tratamiento que se les da es a través de una técnica en la que se las mantiene en cubos de piedras con cal durante un período de tiempo para que se les quite el pelo sin dañar su textura. Luego se los somete a otro tratamiento de un compuesto natural especial de orina con excremento de paloma donde pasan varias semanas, casi nada. Una vez allí, son los trabajadores los que con sus pies descalzos se dedican a pisotear y ablandar las pieles, que suelen ser de camello, oveja, cabra y vaca.

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Viendo a los trabajadores metidos en esas balsas con todos estos productos, la verdad es que se hace un trabajo bien duro, y por lo visto no muy bien pagado.

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Una vez terminada la breve visita, oh sorpresa, el desmotivado guía nos lleva a la tienda que hay al lado donde venden multitud de artículos de cuero. Yo no quería comprar nada, pero veo un puff de cuero naranja que me enamoro de él y finalmente lo consigo por 70€, menos de la mitad de lo que me pedía, que seguro que también es un buen precio para ellos, pero fue un flechazo, lo visualizaba en mi salón ;). La verdad es que esta visita la definiría como curiosa y sí que me pareció interesante conocer este duro oficio, y si es con un buen guía, mejor.

Después de salir de ahí y de nuevo cruzando otro barrio de los más peligrosos de Marrakech según el guía, llegamos a otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad, la preciosa Madrasa (o Medersa) de Ben Youssef. Pagamos la entrada y accedemos a este patio que me resultó maravilloso, hay que estar ahí para observar todo el trabajo artesanal que lleva.

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Decir que una madraza es un colegio o escuela musulmana de estudios superiores especializadas en estudios religiosos. Los edificios están hechos de madera de cedro con estuco y azulejos de colores.

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La Madraza de Ben Youssef, además de ser la más importante, es también la medersa más grande de Marruecos. Encargada por el sultán Abdallah al-Ghalib, su construcción finalizó en 1565. Tiene 130 celdas que permitieron alojar hasta 900 estudiantes. Se construyó para dar servicio a los estudiantes de la mezquita cercana con el mismo nombre. Nos recuerda una y otra vez a la Alhambra.

 

Al acceder a la planta superior podrás recorrer los largos pasillos y los patios interiores donde se distribuyen las celdas donde se alojaban los alumnos de la escuela coránica.

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Lo que me gustaría decir y que lo percibí en todos estos lugares que visité pero sobre todo en este, es que en este tipo de edificios que son auténticos tesoros históricos, no hay ningún tipo de seguridad, el visitante “campa a sus anchas” por todos los lugares, lo puede tocar todo, pisar todo, etc, en este por ejemplo nos encontrábamos los suelos de los pasillos llenos de tierra, las baldosas originales levantadas, la madera tallada sin proteger y hasta rayada de los desalmados que son capaces de hacer cosas así, en fin, es una auténtica pena que el Gobierno o la institución competente que sea no vele por proteger lugares como estos porque son joyas de la ciudad y del país, únicos vestigios de su pasado.

Después de visitar esto, el guía nos dijo que fuéramos a la “casa del nómada”, que no sabíamos muy bien que era, y cuando llegamos era otra nueva tienda para que el turista afloje la pasta. Era una tienda enorme y casi oculta que presumía de tener los mejores precios, dimos una vuelta rápida y por supuesto no compramos nada. Habían pasado sólamente dos horas y media cuando le pedíamos una visita de no más de 4 horas para luego ir a ver al partido, eso es eficiencia ;), eso sí le dijimos que la visita había sido muy rápida y bastante deficiente, pero él hizo como que no lo oía. Realmente porque somos personas educadas que si no, alguna cosa más le habríamos dicho. Finalmente le pagamos lo acordado que fueron 300 dh (unos 30€) que no sabéis como nos costó soltarlo, pero bueno, son cosas que pasan, y además tampoco fue un dineral.

Esta es la ruta que habíamos hecho durante el día:

Ruta guía Marrakech

Eran sobre las 4 y media, nos sobraba tiempo, así que descansamos un poco en el hotel y ya sobre las 6 y media nos dirigimos a buscar un taxi una vez que salimos de las callejuelas. Nos costó un poco, regateamos más y exigimos ya un menor precio por el viaje, y finalmente nos llevó por 5€ al centro comercial Menara Mall, que está cerca de la medina, al oeste de la ciudad.

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Aquí ya tenemos el primer contacto con la zona más moderna de la ciudad, que al final es muy parecido a lo que estamos acostumbrados de España. Fue inaugurado en 2015 y tiene 50,000 metros cuadrados. Subimos a la azotea buscando el restaurante del camarero del Café des Epices, pero no lo encontramos por ningún lado. Quedaba más de una hora para comenzar el partido y estaba ya prácticamente todo ocupado.

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Decidimos bajar a las terrazas a pie de calle a ver si encontramos el restaurante y además si veíamos a la pareja de ingleses del día anterior y que también nos dijeron que vendrían a ver el partido, una pena que no nos diéramos los teléfonos.

No damos con ellos así que finalmente y dado que todo se está llenando a pesar de que hay muchos restaurantes, buscamos un buen sitio y nos preparamos para ver el partido. Esta zona la verdad es que está llena de televisiones y nos damos cuenta de la grandísima afición que hay tanto al Real Madrid como al Barcelona en este país. En otras zonas más humildes de la ciudad por lo visto la afición es mucho mayor incluso.

Habíamos comido tan pronto que teníamos un hambre tremenda, así que nos pedimos unas pizzas que nos comimos en un santiamén.

 

El partido estuvo muy emocionante, muchos goles, con mucha alternancia en el marcador, empató el Madrid a poco del final pero finalmente Messi marcó el 2-3 en el descuento. Los gritos fueron tremendos, lo que nos dio a entender que había más aficionados del Barça, cosa que pudimos confirmar en el resto del país.

Al final del partido comienza a levantarse un viento tremendo de tormenta que revoluciona todas las terrazas. Pedimos dos postres y pagamos la cuenta, unos 40€ y a continuación comenzamos a pasear por la cuidada avenida de Mohamed VI para buscar si hay algún lugar para tomar algo. Después de un rato no encontramos ninguno que nos gustara, así que decidimos volver a la Medina, eran sobre las 10 de la noche. Nos cuesta un poco encontrar un taxi y damos con uno cuyo conductor define como”big taxi” y por menos de 10€ se niega a llevarnos, así que no nos queda más remedio que pagarlos.

Llegamos al hotel y damos una vuelta por las calles, pero la verdad es que yo no me encuentro cómodo, nos ofrecen varias veces tabaco y hachís, y finalmente decidimos volver al hotel para descansar y preparar la maleta para el día siguiente, que empezaba nuestro viaje hacia el desierto!!!!!

He de decir que Marrakech no mantiene indiferente, o te gusta mucho y te cautiva o no tanto, y yo lo siento pero he decir que soy más de la segunda opción, no puedo decir que me apasionara, no ví nada que me pareciera imprescindible y si busco un lugar de esos que se te quedan para siempre como suele pasar en los viajes, no lo encuentro. Como todo hay gustos para todo pero sinceramente si este viaje no lo complemento con la excursión al desierto (objetivo principal de este viaje) no lo consideraría imprescindible, habría muchos más sitios prioritarios antes que este, pero es verdad que es un destino cercano, asequible y es verdad que diferente.

Día 3. Marrakech – Ouarzazate

Después de buscar por Internet y consultar opiniones sobre las más de mil agencias (sin exagerar) que hay para hacer la excursión al desierto, me decidí por contratarla con la agencia VIAJES MARRUECOS4X4 (www.viajes-marruecos4x4.com) y dedicarle 5 días para ir a Merzouga, y puedo decir que fue un acierto. Todas las gestiones previas al viaje fueron atendidas de manera impecable por Hassan. Pagamos 390€ cada uno por los 5 días de excursión que incluyó hoteles, desayunos, cenas, paseo en camello, etc, sólo no incluía las comidas y las bebidas de las cenas, pero en cuanto a las comidas decir que siempre nos llevaron a sitios baratos y muy buenos. Hay agencias más baratas, eso seguro, sobre todo si lo contratas allí, pero preferimos también que fuera una excursión exclusiva, sólo para nosotros dos. Es verdad que el recorrido de todas las agencias es prácticamente el mismo dependiendo de los días que se tenga, pero es verdad que ellos están dispuestos a adaptarse a lo que tú les digas, si no les dices nada, ellos hacen el que suelen hacer a todo el mundo que saben que gusta. Tú eres el que tendrías que tener lo suficientemente claro lo qué hacer para poderle cambiar el itinerario, sobre todo antes de comenzarlo, para que puedan gestionar el tema de hoteles, comidas, etc. Yo cambiaría cosas, que luego iré diciendo, pero en general estuvo bien y acabamos contentos. Para mí este viaje sin esto, no habría valido la pena.

Antes de comenzar y para tratar de ayudaros en lo posible y tras lo que pude sondear de opiniones de unos y otros, diré que para ir al desierto, lo mejor es dedicarle al menos cuatro días y tratar de ir a Merzouga, a unos 560 kms de Marrakech. Las agencias ofrecen ir a Zagora (un destino más al oeste) cuando no se tiene mucho tiempo (dos días por ejemplo) que está a unos 360 kilómetros, pero ambos desiertos son diferentes, el de Zagora es mucho más árido y rocoso, y con dunas menos espectaculares que lo que hay en Erg Chebbi, junto a Merzouga, un campo de dunas móviles casi en la frontera con Argelia. Tiene una longitud de 22 km y 5 km de anchura, y con dunas de hasta 150 metros de altura. Además por el camino a Merzouga, hay otros lugares más interesantes para visitar.

Bueno, vamos al tema, nos levantamos este lunes 24 de abril y dejamos algo de equipaje en el riad ya que volveríamos a dormir la última noche del viernes 28, Nourredine por supuesto no nos puso ningún problema. Después de disfurtar de nuevo de otro estupendo desayuno….

IMG_20170424_075746 (FILEminimizer)Poco antes de las 8:30 vino un porteador a por nuestras maletas para llevarlas al punto de encuentro con el que sería nuestro chófer, Hami. La primera impresión fue buena, el coche era un Toyota Land Cruiser Paseo que estaba tan nuevo, como que lo habían comprado hacía tan sólo dos meses. Jesús se sentó en el asiento delantero por si se mareaba, así que yo fuí detrás como un marqués con todos los asientos para mí. Fue sentarnos en el coche y empezar a freír a preguntas a Hami, menudos somos los dos de preguntones, primera atracción, cruzar el famoso Atlas.

Paramos en un sitio a 1400m a en teoría ver las vistas, pero no valen mucho. Es un bar-restaurante donde la gente aprovecha para desayunar.

Seguimos subiendo, el paisaje se hace más montañoso, más agreste. Seguimos el curso de un río que ya por este mes lleva muy poca agua, y junto a él vemos unos cuantos pueblos. Comienzan las curvas aunque la carretera no es para nada mala y el paisaje comienza a mejorar poco a poco.

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Un poco más adelante paramos en una cooperativa donde se hace el famoso aceite de Argán, el llamado “oro del desierto”, un  producto cosmético y comestible que se obtiene tras un proceso de secado de los frutos del árbol de Argán expuestos al sol. Posee múltiples propiedades y es un producto muy codiciado. Compramos yo un par de botes de cremas para regalar y Jesús un buen bote de aceite, no es barato, pero al menos sabemos que no está mezclado como dicen suele estar el que se vende por ejemplo en Marrakech, es importante que sea puro para beneficiarse de sus múltiples propiedades.

El lugar está claro que está hecho para el turista con estas mujeres ahí en la entrada pero puedo asegurar que es un muy buen negocio por la cantidad de gente que para, espero que ellas puedan beneficiarse también.

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Más adelante la carretera se hace más ancha, la están arreglando y la verdad es que está muy bien. Paramos en un sitio típico a hacer fotos y donde se ve como la carretera serpentea, el paisaje es impresionante. Al fondo de esta foto, si la vista lo permitiera, se vislumbraría Marrakech.

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Esta zona es una chulada, ya estamos alucinando con los paisajes, aunque al que no le gusten las curvas, lo pasará mal. Llegamos al punto más alto que se atraviesa por la carretera, el alto de Tichka, de 2260 metros.

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A partir de ahí comienza una bajada, que no deja de ser igualmente impresionante. Decir que atravesamos el denominado Alto Atlas, también está el Atlas Medio más al noreste, y el Anti-Atlas o Pequeño Atlas, más al sur, que juntas hacen un total de 2400 kms que ocupa toda la cordillera. El pico más alto es el Toubkal, con nada menos que 4165 m., y que se encuentra al suroeste del sistema montañoso.

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Sobre las 12:30 nos desvíamos en Tabourahte hacia otra de las atracciones IMPRESCINDIBLES de este primer día, Ait Ben Haddou. Paramos un poco antes de llegar para tener una buena perspectiva del poblado amurallado.

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La zona desértica de los alrededores me impresionó por lo árido, y por lo aparentemente inhóspito. Desde luego que recomiendo esta parada previa.

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Ya sobre las 13h nos adentramos en Ait Ben Haddou, y Hami nos recomienda (como no) un guía para ver la ciudad, es impresionante como se dan trabajo unos a otros. Es verdad que podíamos decir que no a la visita guiada pero finalmente aceptamos y nos presenta a un joven del pueblo que habla un español bastante correcto.

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Resultó ser bastante simpático y nos contó un poco de todo, bombardeado por unos preguntones como nosotros. Nos habló un poco de la historia de este Ksar, cuya parte superior se piensa que data del siglo XI y la parte inferior sobre el XV, aunque no hay datos muy concretos al respecto. También que no debemos confundir un Ksar con una kasbah. Las kasbahs podían estar incluidas dentro de un ksar o lo que es lo mismo, una ciudad fortificada.

Sin duda uno de los grandes descubrimientos de este viaje y que me han enamorado han sido las Kasbahs, conjuntos arquitectónicos construidos de adobe y barro, coronados por torres que sirven de defensa. Son lo más parecido a nuestros castillos medievales y creerme que son fantásticos. Estas kasbahs fueron diseñados con el objetivo de defender las viviendas y las cosechas.

Cruzamos este puente y nos adentramos en el poblado, el cual era zona de paso de la caravana procedente de Malí y Africa Central y que tras 52 días llegaba hasta Marrakech para intercambiar mercancías mediante el trueque.

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El guía nos dice que este pueblo se instaló en la cima de una colina junto al río para estar cerca de las rutas nómadas, disponer de agua y poder defenderse de los potenciales enemigos.

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Le preguntamos por el material de las construcciones y nos cuenta las ventajas del adobe, amalgama de barro y paja secada al sol y que es un excelente aislante térmico tanto para el frío como para el calor, por cierto también usado bastante en España en el pasado en muchos pueblos españoles de las zonas más cálidas, como en Castilla y León, Aragón, etc.

Callejeamos un poco por las calles que por cierto se recorren rápido y vamos poco a poco subiendo hacia la parte más alta. Es casi mediodía, el calor aprieta y hay bastantes turistas.

 

Uno de los grandes atractivos de este Ksar y que atrae a tanto visitante es que ha sido escenario de multitud de películas, quizás la más conocida Gladiator (2000), aquí es donde Russell Crowe es vendido como esclavo. Encontramos una foto del escenario que montaron para el rodaje.

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Y también la increíble lista de películas grabadas aquí, qué pasada!!!!

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Después de un rato llegamos arriba, al lugar que corona el pueblo, a una altura de unos cien metros y en el que hay restos de una antigua edificación y desde donde se tiene una magnífica perspectiva.

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Allí disfrutamos de las vistas un buen rato y ya en la bajada nos contó otras cosas interesantes y curiosas, como que en verano han llegado a los 50 grados o que debido parece al cambio climático, llueve cada vez más en verano en forma de tormentas pero el agua de la lluvia es tan salada que no es nada buena para los cultivos.

Terminamos la visita guiada dándole 50dh (5€) de propina y dado que ya es la hora de comer, Hami nos lleva a un restaurante junto al río. El establecimiento resultó ser fantástico, comimos al aire libre en una gran terraza y en una mesa super tranquila con vistas al río. El menú era el básico, comimos una ensalada y un tajín de kefta, con carne picada y huevo, estaba exquisito. De postre un clásico que nos acompañaría todo el viaje, naranjas peladas servidas en rodajas con canela.

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Este era el menú de 100 dh (10€), que nos gustó mucho.

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El restaurante se llama como aparece en la foto Ksar Ait Ben Haddou, y desde luego que lo recomiendo. Además la atención, como en todos los del viaje, fue exquisita.

Eran ya las 3 de la tarde y decidimos seguir nuestro camino hasta Ouarzazate, el tiempo se nubla y hasta caen algunas gotas de lluvia. En una media hora llegamos a la capital, en cuya entrada encontramos una de las atracciones más importantes de la zona, los Atlas Studios. Construidos en 1962 para grabar el famoso film Lawrence de Arabia, luego como ya dijimos han venido muchas otras detrás. Llaman a Ouarzazate el Hollywood de Marruecos, pues su geografía y clima hace su entorno perfecto para grabar películas cuyo argumento transcurra en el desierto o en tierras áridas. Hay muchísimos de sus habitantes que viven gracias a trabajos en los estudios o haciendo de extra en las películas.

Dudamos si entrar o no, la entrada cuesta 50dh y ha de ser visita guiada, y entre el tiempo que pensábamos que nos iba a emplear (luego nos sobraría) y la recomendación del guía de Ait Ben Haddou, que nos recomendaba más el museo del cine, desistimos. Este fue uno de los mayores errores del viaje.

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Hami nos lleva a lo más representativo de la ciudad, que además está uno junto a otro. La Kasbah de Taourirt y el museo del Cine.

Entramos primero en el museo. Pagamos 30dh cada uno, y aunque el comienzo promete, a mí personalmente me resultó un verdadero fiasco.

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Entramos en los edificios y vemos que no son muy interesantes y que el mayor de todos fue decorado de unas 5 ó 6 películas pero que curiosamente no me suena ninguna.

 

Nos hacemos algunas fotos haciendo el payaso con los decorados para animarnos un poco 😉

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Recorremos las estancias, con el abandono como la tónica predominante, y llegamos a una que resume el museo, víctima de una dejadez personalmente casi insultante, que muestra una colección de aparatos de cine colocados sin ningún criterio, sin apenas carteles informativos y cogiendo polvo.

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En otra habitación anexa hay una muestra de algunas prendas utilizadas en alguna película, pero con un dedo de polvo y de nuevo sin ningún tipo de vigilancia.

Salimos bastante decepcionados y empleando el menor tiempo posible. Desde luego que no lo recomiendo si no es para auténticos cinéfilos, que pena no haber entrado en los Atlas Studios.

Una vez que salimos cruzamos apenas una calle para llegar a la segunda atracción de Ouarzazate y a la que íbamos con más ganas de ver, la Kasbah de Taourirt, declarada Patrimonio de la Humanidad y que tengo que decir, que por fuera lucía preciosa.

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Esta Kasbah, considerada unas de las hermosas de Marruecos fue la residencia del pachá Glaui, uno de los gobernantes más poderosos de la zona y que por dentro estaba decorada con los mayores lujos.

Para la entrada unas recomendaciones, os cobrarán 20dh por entrar, ok, pero se os ofrecerán también varios guías para enseñaros todo. Dudamos en contratarlos porque ellos decían que era muy grande, pero finalmente dijimos que no, y fue la mejor decisión ya que apenas se ven unas pocas estancias, creo que tuvimos mala suerte. Además había una zona de las habitaciones más altas pero que estaban en obras y no se podían visitar así que la visita fue un poco decepcionante pero tengo que de decir que la Kasbah en sí nos encantó.

 

Una vez que salimos nos dirigimos a ver la antigua Medina. Lo mismo que antes, aparecerán de debajo de las piedras presuntos guías para enseñárosla, os hablarán de una sinagoga (que ahora es una tienda-galería de arte así que no queda nada de lo que fue), pero la verdad es que yo creo que no se necesita. Nos bastó recorrer sus estrechas calles y perderse por ellas, para mí lo mejor. Hay alguna tienda y muchos ojos que te miran, porque turistas había pocos.

En apenas 10 ó 20 minutos lo recorreréis y quitando la insistencia de algún guía espontáneo, me gustó bastante.

 

Al terminar, nos reencontramos con nuestro amigo Hami. Eran las 5 y media, y nos ofrece ya irnos al hotel, pero pensamos que es muy pronto, encima el hotel está a las afueras y poco hay que hacer cerca, así que le decimos que nos deje una hora en la plaza Al Mouahidine, que parece lo más céntrico de la ciudad. Hay un pequeño zoco que recorremos y que no nos parece especialmente interesante. Finalmente tomamos un par de zumos en un tranquilo café junto a la plaza charlando hasta que se hace la hora. Es verdad que ahora pensándolo podíamos haber ido a ver los Estudios Atlas, pero después del museo, no nos quedaron ganas de más escenarios de cine ;).

Ouarzazate, con una población de unos 70,000 habitantes, aproximadamente los mismos que mi ciudad natal, Zamora, me da la impresión de es una ciudad maltratada a nivel turístico, como si viviera a la sombra de su vecina del norte, Marrakech y que no ha permitido hasta la fecha que Ouarzazate pueda desarrollarse como la ciudad “puerta del desierto” que todo el mundo dice que es, pero que no es. Estoy seguro que es una ciudad por descubrir y que quizás por un par de malas experiencias, no apreciamos como seguro se merece, espero que vosotros si váis en alguna ocasión, sí que podáis.

Sobre las 7 y en medio de lo que parecía unos suburbios de la ciudad llegamos al hotel riad Bouchedor (www.riadbouchedor.com), un remanso de paz. La primera impresión nos gusta, la recepción, la acogida y la piscina que invita al baño si no fuera porque la temperatura no hace que apetezca mucho. Nos invitan a un té en una sala muy agradable de esas típicas de reunión para charlar o ver la televisión.

 

Subimos a la habitación, que también está bastante bien, aunque no hay wifi en ellas, cosa que en estos viajes se agradece sobre todo para intercambiar con la familia y no estar desconectado del mundo. Poco de redes sociales como acostumbro a hacer en mis viajes.

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Bajamos a recepción y preguntamos a Hami qué podemos hacer antes de cenar, si podemos ver la puesta del sol y nos indica que podemos subir a una colina cercana para verlo, así que para allí nos fuimos. La colina está justo delante del hotel que marca el final de la ciudad por esa parte, y tardamos en subir unos 10 minutos.

Una vez arriba aunque corre mucho viento es un magnífico mirador para ver los límites de la ciudad. En este punto marcado en el mapa estaba nuestro hotel.

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Y aquí nos quedamos un rato esperando la puesta de sol, que como suele pasar por aquí hay una especie de bruma en el horizonte que no deja apreciarlo bien, aunque de todas maneras, nos encantó.

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Después de un rato vemos que sube un niño a vernos, se sienta y con el poco francés que habla charlamos un rato, es muy majo y nos cuenta cosas de su familia, de su colegio y pasamos un muy buen rato, conoce casi todos los jugadores del Real Madrid y del FC Barcelona. Se llama Mohamed, como no, aquí el 50% de la población se llaman Hassan o Mohamed.

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Tiene 4 hermanos y a la bajada voy al hotel y le regalo algunas cosas que había traído para dar a los niños del país. Una caja de pinturas, unos bolígrafos, un cuaderno y un buen puñado de caramelos para compartir con los hermanos. Nos da las gracias efusivamente y le decimos adiós. Fue una de esas experiencias que gustan de los viajes.

Ya sobre las 9 nos sentamos para cenar. Comimos de nuevo un tajín, este de ternera, que estaba espectacular, y de postre? naranja con canela. De nuevo la persona que nos sirve es muy simpática y charlamos animosamente con él, es de origen de Malí y pasamos un buen rato, los viajes sobre todo son esto, conversaciones con las gentes del lugar. Ya sobre las 11 de la noche y sin posibilidad de tomar una cerveza o algún cocktail “digestivo” (es lo que tienen los países musulmanes) nos vamos a dormir, por cierto Jesús en una cama no muy confortable 😉

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Esta es la ruta que habíamos hecho en este día desde Marrakech.

Camino Marrakech - Ouarzazate

Y ya en Ouarzazate habíamos hecho esta ruta, comenzando en los Studios Atlas, o CLA Studios, luego el museo del cine, la Kasbah, la plaza Al Mouahidine y finalmente el hotel.

Ruta en Ouarzazate

Día 4. Ouarzazate – Merzouga

Por la mañana como siempre me despierto temprano, me ducho y me bajo a dar una vuelta. Recordé lo que me había dicho el niño del día anterior de que se estaba grabando una película en los alrededores, y los veo junto al hotel, primero un par de jaimas donde parecen dormir algunas personas del rodaje. Luego veo todo preparado para los decorados de la película. Me parece muy interesante. En el hotel me dicen que es una película bélica del actor Jackie Chan titulada Desert Storm.

 

Aquí se pueden ver a los actores que hacen de soldados, aburridos esperando el inicio del rodaje.

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Aviso a Jesús y acudimos los dos a verlo, pero al poco nos desalojan a nosotros y a unos cuantos curiosos marroquíes porque van a empezar a rodar.

Volvemos al hotel para desayunar que por cierto, estaba bastante bien, con buen café y buenos dulces.

 

Y ya a la hora acordada, las 8:30, nos encontramos con un Hami que ya venía vestido con una chilaba y un turbante, hecho un auténtico bereber del desierto!!!!. Comenzaba nuestra ruta, el desierto nos esperaba!!!

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Decir que hacia Merzouga hay dos maneras de ir, por una carretera hacia al este rodeando por el norte el embalse que hay junto a la ciudad (la carretera N10), y otra que lo salva por el sur (N9), camino de Zagora. Tomamos esta última para regresar del desierto unos días más tarde por la otra, es buena idea para no hacer la ida y vuelta por el mismo camino.

La carretera destaca porque es muy buena, ancha y con muy buen asfalto, nuestro chófer va a una velocidad de 60 – 80 km/h. cosa que se repitiría casi durante todo el viaje. El motivo siempre era por seguridad y los radares, bueno, mejor eso que conducir como un kamikaze y que habíamos oído hablar.

Enseguida el paisaje se hace más montañoso, atravesamos el Pequeño Atlas o anti-Atlas, la hermana pequeña de su homónima del norte. Los paisajes son curiosos, diferentes a lo que estamos acostumbrados a ver, para mí muy interesantes y a la altura de los del día anterior en el Alto Atlas.

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Llegamos hasta los 1,300 m de altitud aproximadamente. Aquí nos dice Hami que no suele nevar, sólo lluvia. Seguimos viendo unos paisajes espectaculares.

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Una hora y media después de salir, llegamos a Agdz, un pueblo bastante grande que supone el inicio del valle formado por el río Draa que nace cerca de Ouarzazate. Paramos en un pequeño mirador donde se puede apreciar la fantástica vista del imponente palmeral que discurre a lo largo del valle, con nada menos que 100 kms y que termina en el desierto del Sáhara. Vemos humaredas y Hami nos dice que algunas palmeras están enfermando debido a un hongo y que hay que quemarlas para que no contagie a otras. El paisaje es espectacular, en medio de tanta aridez.

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Seguimos disfrutando del valle del río Draa, estamos también en plena ruta de las mil Kasbahs, muchas de las cuales vemos desde el coche según cruzamos los pueblos. De repente vemos una enorme, nuestro amigo nos dice que es Tamnougalt. Nosotros no lo hicimos pero yo diría que con más tiempo sería muy buena opción visitarla como luego nos recomendarían. Su situación, en un alto y con las montañas al fondo es espectacular.

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Desde la carretera pasamos unos cuantos pueblos que nos permiten hacernos una idea de la vida rural marroquí como Timiderte por ejemplo. Me parece muy interesante ver su modo de vida, por ejemplo utilizando todavía con mucha frecuencia los burros para los trabajos en el campo, también vemos cortar la hierba o el cereal con hoces, propias de la España de hace bastantes años. Nos damos cuenta de que las fotos, sobre todo a las mujeres, no son bien recibidas, así que procuro no molestarles.

 

Poco después nos desviamos hacia la izquierda, cruzando el río para tomar la carretera R108 y donde damos un pequeño paseo para darnos cuenta de la importancia del río para todos los habitantes de los alrededores.

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La zona por la que continuamos se hace todavía más árida, semidesértica, también más llana y no podemos evitar bajarnos del coche para hacernos unas fotos divertidas que muestran lo inhóspito del lugar, me encantaron. Además Hami nos pone música marroquí durante todo el viaje marroquí y alguna incluso subshariana, lo que hizo de la ruta mucho más auténtica!!!

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Aquí vemos una vivienda característica bastante nueva por cierto, que suelen tener más de una sola planta y siempre con un porche en la entrada, supongo que para poder refugiarse del sol abrasador. El paisaje es fantástico, con el contraste entre la aridez y el verdor de las palmeras que configuran la imagen de un oasis que parece infinito.

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Sobre las 11:30 hacemos otra pequeña parada a la salida de un pueblo llamado Nkob, para tomar algo en un restaurante de nombre Ennakhile. Un estupendo lugar para tomar un té tranquilamente. Nos encontramos una pareja española con la que estamos un rato charlando y también con los empleados del local, que de nuevo son super simpáticos y agradables. Las vistas desde la terraza son espectaculares, por lo que el sitio es muy recomendable.

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Seguimos la ruta, la carretera sigue siendo muy buena, y el paisaje se hace todavía más árido con lo que este último tramo se nos hace más largo, además a la velocidad que íbamos, propia de si estuviésemos corriendo el rally Dakar 😉

Ya sobre las 13h. Hami hace una parada para comer en un restaurante llamado Aubergue Kasbah Meteorites, como siempre nuestro compañero de viaje no come con nosotros, supongo que también por dejarnos a nuestro aire, pero que alguna vez lo habríamos agradecido. El restaurante es muy grande, especial para grupos, pero muy tranquilo y cómodo.

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La comida que ofrecen es del tipo menú del día a un precio muy bueno, al cambio 10€ cada uno, más bebidas. Pedimos y pedimos y nos traen comida como para una boda, ensalada, tortilla bereber, tajín de kefta (carne picada), buff, nos sobró casi la mitad. Todo buenísimo, el tajín seguía siendo lo que más me gustaba de todo. En todos los platos se nota la gran presencia de especias, que proporcionan a los platos unos sabores a los que no estamos acostumbrados pero que nos gustan mucho.

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Nos acercamos a la barra y el camarero se pone a charlar con nosotros. Nos cuenta en un casi perfecto castellano que él ha vivido en Cataluña unos cuantos años y que le gustan los españoles, aunque en nuestro país había tenido alguna mala experiencia. Como turistas dice que nos prefiere a los de otras nacionalidades porque somos más abiertos y simpáticos. Al final otro gran detalle, se niega en rotundo a que le paguemos los cafés y la botella de agua que habíamos pedido. Otra muestra, una más, de la fantástica gente que nos íbamos encontrando.

Esta es la ruta que habíamos hecho desde Ouarzazate, 229 kms nada menos pero que tanto Jesús como yo coincidimos en que se nos habían pasado volando.

Ruta Ouarzazate hasta comida

Sobre las dos de la tarde proseguimos nuestro viaje.Al comienzo el paisaje se llena de acacias e incluso de grupos de dromedarios que vemos con un pastor que los cuida (recordar, dos jorobas los camellos, una, los dromedarios). Era nuestro primer encuentro con ese exótico animal fuera de los zoos españoles.

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Este tramo se hace más monótono y en la siguiente hora y media incluso damos alguna cabezada obligado por el flujo de sangre hacia nuestros estómagos.

Ya sobre las 3 y media llegamos a la localidad de Rissani (21.000 habitantes (2016)), este sí a las puertas del desierto y que posee uno de los mercados más antiguos de Marruecos como antigua capital comercial que fue. Además fue una de las bases de las antiguas caravanas que atravesaban el Sáhara hacia Tombuctú, de la que todavía se pueden apreciar sus ruinas.

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Pasamos de largo para dirigirnos ya a casi nuestro destino, el pueblo de Merzouga, donde le habíamos pedido a Hami un lugar para comprarnos un par de turbantes y convertirnos en improvisados bereberes. Vamos al puesto de un conocido suyo y compramos casi sin regatear un par de ellos por 18€ al cambio. Nos damos cuenta de que son larguísimos, y no nos pedimos resistir la tentación y nos ataviamos ya con ellos para prepararnos para nuestra excursión por el desierto. Me doy miedo a mí mismo y todo la pinta de talibán que tengo :):)

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A las 16:30h. ya comenzábamos a ver desde la carretera las dunas del desierto de Erg Chebbi, qué emoción!!!

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Llegamos al hotel donde nos alojaríamos al día siguiente. Nos preparamos para la excursión por el desierto y dejamos las mochilas grandes en una sala sin vigilancia, Hami repite una y otra vez que no pasa nada que dejemos todo ahí. En ese momento conocemos a Hassan, el dueño de la compañía con la que hacemos el viaje y con el que traté todo antes de llegar a Marruecos, me saluda y me pregunta qué tal todo, fue muy simpático. Cogemos una mochila cada uno con lo que pensamos que hay que llevar (luego haré un punto sobre esto) y una hora después salimos listos para adentrarnos entre las dunas!!!!.

Esta es la ruta completa que habíamos hecho ese día en coche desde Ouarzazate, casi 400 kms!!

Ruta completa hasta Merzouga

Eran las 5 y media ya estábamos preparados para comenzar nuestra ruta. Viajaríamos una pareja de italianos, una pareja de Bilbao, nosotros dos y el marroquí “conductor” de la caravana.

Voy a dar varios consejos siempre bajo mi punto de vista de lo que llevar para esta excursión. Mucho habíamos oído del sol que nos iba a dar, ese enemigo implacable que nos derretiría, nada de eso, es verdad que era abril y yo calculo que no estaríamos a más de 30 grados así que fue menos de lo esperado. Dudé en ir en pantalón corto o largo, al final llevé corto, habiéndome echado antes bien de crema de sol y no tuve ningún problema. Yo llevaría una mochila sí o sí, la podréis colgar en el animal así que sin problema. Por supuesto llevar agua, en las jaimas a veces os darán una botella para comer pero apenas hay agua para beber durante la noche o por ejemplo lavarse los dientes, hay un grifo pero del que cae un hilo de agua. El turbante veréis lo útil que es, mucho mejor que por ejemplo una gorra, empapa el sudor y si hace viento permite taparos la cara. Llevar ropa de abrigo aunque yo pensé que iba a pasar más frío, estuve en manga corta hasta la hora de dormir. Importante si váis a hacer fotos, llevaros baterías extras de móvil y cámara, porque en el campamento no ví enchufes.

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Decir que el desierto en el que nos encontrábamos, Erg Chebbi, tiene una longitud de 22 km y 5 km de anchura, y sus dunas tienen una altura máxima de 150 m. Su emplazamiento viene marcado por la depresión existente entre la Hamada y el macizo de Taouz, lugar perfecto para que los vientos del Sáhara depositen sus últimos granos de arena que llevan en suspensión antes de toparse con el Atlas.

Nos montamos en el dromedario y para levantarse el pobre animal pegó un grito supongo que acordándose de mis antepasados y mis 92 kilos. Agarraos bien porque os dará un buen meneo. Venía con respeto sobre la comodidad que iba a tener durante la ruta de una hora y media que duró el paseo, pero la verdad es que fuí más cómodo de lo que pensaba. Comenzamos durante un rato bordeando las dunas, y en unos 15 minutos ya nos adentramos en ellas. Es una pena pero me fijo en que hay algunos restos de basura por el camino, sobre todo botellas de agua, sin duda efectos indeseados del turismo y de los pocos medios, y poca costumbre también de recoger la basura, también del frecuente viento que todo lo arrastra.

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Después de un rato comienza el sube y baja, la verdad es que el paisaje era precioso, desierto en estado puro, no dejo de hacer fotos y también disfrutar de las vistas, hay tiempo para todo. El sol todavía está alto. De repente empezamos a ver otras caravanas, esto nos quita la sensación de soledad que teníamos hacía unos minutos. No me quiero imaginar esto en temporada alta, por ejemplo en Semana Santa, creo que casi hay que poner semáforos, así que tratar de evitarlo a toda costa.

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Sobre las 7 de la tarde y tras una hora y media de camino que a mí no se me había hecho largo, llegamos junto al campamento de jaimas en el que íbamos a dormir. Bajamos de los dromedarios y esperamos para la puesta de sol.

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Aprovechamos para hacer un montón de fotos del sol ocultándose.

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Y aquí estamos los dos tuaregs dando el pego completamente. Si me permitís un consejo atípico, os diría que si os gusta la fotografía, mejor elegir un turbante de colores como el azul de mi amigo Jesús, destacará más que el mío por ejemplo 😉

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Lamentablemente tenemos mala suerte para el atardecer porque en el horizonte hay de nuevo esa maldita mezcla de bruma y arena en suspensión que no permite ver la puesta de sol en todo su esplendor, una pena, pero bueno, todo el resto había merecido mucho la pena, y además, nos quedaba el amanecer!!!

Antes de que se haga de noche los guías nos indican que bajemos ya al campamento. Este nos dicen que es el más grande de todos, con capacidad para 250 personas pero que por suerte apenas somos unos 30.

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Nos llevan a las jaimas, y elegimos una casi al azar porque la mayoría están vacías. Son sencillas, con la sensación de haber algo de arena en las camas, jeje, pero desde luego que más que suficientes para pasar la noche.

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Tras dejar las mochilas vamos a una grande donde nos darán la cena, qué habrá??adivinar, una ensalada y un tajín, este de pollo, sí!!! pero he de decir que estaba exquisito todo. Nos sentamos con la pareja de bilbaínos, Laura y Zelai, con los que hicimos una buena amistad y que nos permitieron hacer la estancia mucho más amena. Son dos grandes viajeros también y pasamos un momento de charla muy divertido.

Después y frente a una hoguera se ponen los “camelleros” a tocar el yembé, empiezan muy animados y nosotros les seguimos, hasta danzamos un poco en torno a la hoguera, pero el resto de parejas, sobre todo italianos, son más que sosos o estaban cansados.

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Y que conste que yo y Laura nos animamos a llevar el ritmo con los bongos, cosa que descubrimos que no es nada fácil por cierto.

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Como la gente no daba mucho para más, nos quedamos hablando con un marroquí con el que nos reímos muchísimo, de los tíos más cachondos que nos hemos encontrado. Nos dijo que en la pasada Semana Santa fue una locura de turistas, sobre todo de españoles, que todo estaba lleno y que el campamento y el desierto estaba repleto de gente, buff sólo pensarlo, qué pereza me da. También cuando le preguntamos por la basura que hemos visto, nos dice que de vez en cuando se organizan para hacer una jornada de limpieza los del pueblo, pero que todavía no habían ni podido de la cantidad de trabajo que estaban teniendo.

Después de un rato se fueron a dormir todos, así que decidimos ir a ver otra de las mejores experiencias del desierto, ver el cielo estrellado. Nos alejamos un poco, yo por cierto, todavía en manga corta, sería casi ya la medianoche y estuvimos un rato disfrutando del cielo y de las estrellas. Aunque aquí tengo que decir que imaginé que se verían mejor, había más luminosidad de la que esperaba. Después de una media hora, nos fuimos a dormir a las jaimas.

Día 5. Merzouga y alrededores

Al día siguiente en teoría nos avisarían para ver el amanecer, pero por la jaima no pasó nadie, menos mal que yo como siempre abrí el ojo con los primeros rayos de luz y enseguida me vestí, avisé a Jesús y salimos de la jaima. Eran las 6 de la mañana, y subimos a una colina cercana. Al poco tiempo nos subimos en los dromedarios para hacer el camino de regreso.

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Aquí estamos con nuestros amigos Laura y Zelai, un abrazo!!! fue un placer pasar este día con vosotros!!

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Comenzamos la ruta y este camino al amanecer sí que me gustó más que el del día anterior. El sol saliendo por el horizonte, nos dejó unas imágenes increíbles.

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Los colores anaranjados de las primeras luces del alba sobre la arena del desierto, es un espectáculo que nunca olvidaré. En este viaje de vuelta no nos encontramos a nadie, teníamos la sensación de estar completamente aislados en este mar de arena. Algunos definirán este paseo como turistada, pero si tienes la suerte de que no hay mucha gente, a mí me pareció fantástico.

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En el último tramo Jesús se cansó de ir sobre el animal y cogió las riendas de la caravana, yo hice lo mismo un poco más tarde. La verdad es que las bajadas se hacen duras con el dromedario y hay que hacer fuerza para no irse por delante del manillar.

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Llegamos junto al hotel y nos despedimos de Mohamed, nuestro acompañante y que aunque al comienzo estaba un poco serio, resultó ser muy majo.

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Eran sobre las ocho cuando terminamos el paseo y fuimos a desayunar a nuestro hotel, el Nomad Palace (www.hotelnomadpalace.com) que se encuentra justo a los pies del desierto de Erg Chebbi. El hotel por fuera está bastante bien pero cuando lo miras al detalle tiene mucho por mejorar, por lo visto ha ido empeorando en los últimos años porque se ha convertido en un hotel más bien de los que me gusta llamar de “batalla” en el que los turistas entran y salen en manadas. El desayuno así lo corrobora, que fue sin duda el peor de todos con diferencia, de los peores que he tomado en mis viajes, todo puesto en bandejas más para un rebaño de ovejas que para personas, café y zumo horrible, pero bueno, como teníamos hambre, pues comimos lo que había y ya está.

Esta es la situación del hotel, un lugar privilegiado.

Mapa hotel NOMAD PALACE

Después y dado que las habitaciones no estaban todavía preparadas nos propuso Hami una actividad que tiene bastante aceptación, que es recorrer el desierto en quad. Como el día estaba muy desahogado en cuanto a tiempo y además comenzaba a hacer algo de viento que lo podía arruinar del todo, decidimos hacerlo.

Fuimos a una agencia cercana que nos prepararon para la aventura. Nos explicaron un poco antes de comenzar y salimos con un guía delante de nosotros que luego resultó de los más amables y simpáticos de todo el viaje, de los pocos que no hablaba español, sólo francés.

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La experiencia tengo que decir que fue absolutamente fantástica. Es verdad que no es más lo ecológico del mundo pero al menos lo hicimos en una zona con la que no nos cruzamos con nadie ni vimos a nadie, lejos de las rutas de los dromedarios. El paisaje subido en el quad es increíble, dimos un buen paseo y es verdad que hay que tener precaución y no confiarse. Varios consejos si la hacéis, lo primero es que llevéis gafas de sol, sobre todo para evitar problemas con el viento, Jesús no las llevaba y el guía fue tan amable de dejarle las suyas. Echaros abundante crema solar obviamente y siempre tratar de hacer contrapeso en las curvas para que no se os vaya el quad, y sobre todo disfrutarlo a tope!!!! Qué pena no haber llevado una cámara tipo GoPro…

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El guía estuvo en todo momento pendiente de nosotros, preguntándonos qué tal y no le importó hacernos fotos. La ruta que nos llevó fue poco a poco haciéndose más emocionante y hasta bajamos varias dunas por la parte más vertical, uff…

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El guía nos hizo hasta este vídeo que se nos ve bajar con bastante respeto, porque aunque la perspectiva no lo muestra del todo, lo que estábamos bajando era una pared totalmente vertical…, eso sólo lo había visto en el rally Dakar por televisión, y ahora estar haciéndolo yo, me dejaba sin palabras.

Ya casi al final de la ruta hicimos una parada en el punto más alto del Erg, en la Gran Duna, y fue absolutamente apeteósico, me atrevo a decir que de lo mejor del viaje entero. Desde allí tendréis una vista de todo el desierto y al fondo las montañas donde se encuentra ya la frontera con Argelia. De verdad que debéis subir a esta duna, ya sea en quad o a pie, no os arrepentiréis.

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Por cierto por esta dunas de Merzouga discurre el famoso Marathon des Sables (maratón de las Arenas) original marroquí, prueba de ultra maratón de unos 250 kms dividido en 6 etapas, ¿alguno se anima?

Ya después de más o menos una horita regresamos a la agencia, pagamos los 45€ que nos costó a cada uno y ahora sí fuimos al hotel para ducharnos tranquilamente. La zona de la piscina del hotel estaba bastante bien, aunque la arena se mete por todos lados…

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Y la habitación era enorme, de las tipo suite.

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En una hora y media estábamos preparados y nos montamos de nuevo en el coche, cogiendo dirección oeste desde el hotel para dirigirnos a ver algunos de los lugares interesantes de esta zona.

Lo primero, un pueblo llamado Mfis, antigua población minera. Aunque en la actualidad está abandonada, existe un pequeño destacamento militar. Hago unas fotos y de repente viene un coche del ejército agitando los brazos y nos dice que no se pueden hacer fotos, cuando les digo que no he hecho, me dice adiós educadamente, uff, nos llevamos un buen susto… con la autoridad por aquí, pocas bromas.

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En otros tiempos, los franceses explotaban estas minas que producían el mineral de la baritina. El pueblo que recorremos fue construido entonces próximo a las minas, donde tuvo lugar el sedentarismo de una parte de la población nómada para trabajar.

En los años cincuenta, la producción se fue reduciendo y los habitantes fueron abandonando el pueblo de M’Fis para vivir en aldeas cercanas. Hoy en día, algunas explotaciones en las minas de baritina están todavía activas, así como la extracción de plomo. Nos acercamos a la que está activa y nos impresiona ver a un trabajador completamente manchado de negro y sacando cubos de un pozo, qué trabajo tan duro.

 

Alcanzamos la cima más alta de la montaña donde se halla el depósito de la antigua explotación minera y desde este punto tendremos la oportunidad de disfrutar de una panorámica excepcional de todo el área.

_DSC1552 (FILEminimizer)A continuación bajamos la colina y vamos a visitar a una mujer de los pocos nómadas que quedan en la zona. Vive en una sencilla cabaña en medio del semidesierto, expuesto al viento y sobre todo al implacable sol que hará durante gran parte del año. Hami nos cuenta un poco de su vida, tiene un niño pequeño con el que jugamos un poco y le damos unos caramelos que devora con felicidad.

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Toda esta zona es una enorme pista semidesértica que fue zona de paso del rally Dakar y que adoran los apasionados al motor.

Son casi las dos y tenemos ya hambre así que decidimos dejarnos llevar por Hami a probar la famosa pizza bereber, y qué mejor sitio que el famoso Restaurante NORA que está en el pueblo de Khamlia. El sitio está muy bien, bastante lleno de gente. Comemos la famosa pizza bereber que es verdad que está muy buena.

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Pagamos sólo 180dh los dos (18€). Cuando salimos del restaurante comprobamos que se había levantado ya muchísimo viento, lo que hacía muy difícil incluso caminar por la calle, así que nos vamos al hotel a descansar un poco.

Este para mí es una de las cosas que cambiaría del viaje que hice, puesto que normalmente nos cuenta Hassan que la gente suele dejar esa tarde para descansar en el hotel, pero creo que a gente que no le apeteciera como a nosotros, deberían tener un plan alternativo para hacer, y más si hace viento, ya que lo que se suele hacer es dar un paseo por las dunas y ver desde allí el atardecer. Quizás una buena opción podría haber sido el partir ya de ahí  y avanzar hacia Erfoud o las gargantas del Todra y dedicar más tiempo a este sitio como contaré más adelante.

Descansamos un poco y a las 4 y media ya quedamos con Hami para ir de nuevo al pueblo de Khamlia donde se encuentra la comunidad de los Gnawas, descendientes de los esclavos del África negra. Esta comunidad utiliza la música y la danza para trasmitir su cultura. Es un grupo famoso y hay que entrar en una sala donde los ves tocando música y danzando, para luego pedir la voluntad. Es verdad que me pareció un poco turistada, pero bueno, ellos así se ganan bien la vida, de lo que me alegro.

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Una vez que salimos sí que no había muchos más planes para ese día. Nuestro amigo Zelai nos habló el día anterior de un museo de coches, sobre todo de 4×4, propiedad de un jeque llamado Sheikh Hamad Bin Hamdan, miembro de una de las familias más poderosas de los Emiratos Arabes, y que tiene una de las colecciones de coches más exclusivas del mundo. El museo no está abierto al público, tiene que coincidir que se encuentre en la casa anexa en ese momento (una de las 21 que posee en todo el mundo) pero no tuvimos esa suerte, ya que estaba cerrado.

Finalmente decidimos ir al pueblo de Merzouga a tomar algo. A Hami no le queda más remedio esta vez que quedarse con nosotros y ser bombardeado por nuestras preguntas, que la verdad es que aguantó como un campeón ;), y puedo decir que fue una de las conversaciones más interesantes que tuvimos en todo el viaje. Nos habló tanto de su cultura bereber, como de sus tradiciones, del islam, de cómo viven el Ramadán, etc, un regalo para dos con tantas ganas de conocer culturas y escuchas historias como nosotros.

Ya sobre las 8 volvimos al hotel para prepararnos para cenar. Jugaba el Real Madrid contra el Deportivo, y la cafetería estaba llena de marroquíes viendo el partido, qué afición hay a nuestra liga por todos sitios. Por cierto el wifi del hotel es escandalosamente malo, sólo se coge en la recepción del mismo pero va y viene como el viento que azota en el exterior.

Cenamos en el hotel por primera vez una sopa, a mí que me encantan las sopas, y la verdad es que estaba bastante buena, hasta me dejaron repetir.

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Luego un plato variado que también resultó muy sabroso.

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El día no da para más así que damos un pequeño paseo junto al hotel y nos vamos a dormir, al día siguiente comenzaba nuestro viaje de vuelta.

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Día 6. Merzouga – Boumalne Dades

Nos levantamos sobre las 7 y media para ducharnos, desayunar y salir sobre las 8 y media donde puntualmente nos estaba esperando Hami. Comenzamos la ruta hacia el norte y llegamos a Erfoud, que con 23.000 habitantes (2016) es la localidad más grande de esta zona.

 

En esta ciudad, que es el epicentro de la industria de los fósiles de esta zona, vamos a visitar un taller de artesanía. El que nos lleva Hami se llama MACRON. Un trabajador nos explica todo el proceso, allí llevan bloques de piedra sacados de los yacimientos de pocos kilómetros al sur, y los tallan, esculpen, pulen, etc.

 

Y lo convierten en cosas tan fantásticas como esta mesa, que me la habría llevado a mi casa enseguida, ¿precio? más de 1000 euros.

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Luego entramos en la tienda y la verdad es que nos sorprendieron todo los objetos que hacían, la mayoría muy interesantes. También limpian fósiles de trilobites y de crinoides.

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No íbamos con la intención de comprar nada, es más, yo normalmente huyo de este tipo de visitas “comerciales”, pero la verdad es que nos sorprendió para bien lo que vimos, tanto la explicación, como las cosas que hacían. Finalmente compramos un par de cosas pequeñas y la verdad es que la visita mereció la pena.

A continuación Hami nos invitó a su casa, tiene mujer y dos hijos y conocimos a su niña pequeña Fátima y a su mujer. Me encanta esta foto con la cara de Hami que lo dice todo, amor de padre. Un abrazo fuerte amigo!

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Seguimos nuestra ruta, eran sobre las 11 de la mañana. Cruzamos un pueblo curioso, Jorf, un pueblo árabe muy tradicional, con todas las mujeres de negro y tapadas de arriba a abajo.

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Esta ruta es menos interesante que la del viaje de ida en cuanto a paisaje, pero se pasa por muchos pueblos que permiten ver el estilo de vida de sus habitantes.

Después llegamos a una jaima donde tomamos un té y nos enseñan un sistema de túneles muy curioso.

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Se trata de un sistema de riego utilizado desde el siglo XV, que se aprovechaba del agua que llegaba de las montañas cercanas y que mediante un sistema de túneles de 30 kms!! y aprovechando la pendiente, permitía regar toda esta zona. Lamentablemente nos dicen que hace como unos 30 años que ya no se utilizan.

 

Seguimos camino pasando por los palmerales de Touroug y Tinejdad y ya sobre las 13h y a una media de velocidad de camello, llegamos por una carretera de esas que me gustan a mí, por fin al precioso pueblo de Tinerhir, en la falda de las montañas. Otra de las grandes expectativas del viaje nos esperaba, las Gargantas del Todra.

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Paramos en un mirador antes de llegar a este pueblo que íbamos a rodear. La panóramica es fantástica con las montañas al fondo y un oasis de palmeras que llega desde las Gargantas y discurre 30 kms abajo.

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Aquí vemos algún niño pidiendo monedas que por supuesto no le damos, le ofrecemos caramelos que cogen no muy ilusionados. Es importante que no se les dé dinero porque si no dejarían la escuela como nos dice Hami con toda la razón.

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Desde Tinerhir seguimos el palmeral adentrándonos en las montañas y llegamos a la hora de comer al pueblo de Tizgui. Hami nos lleva al restaurante Dar Ayour, con vistas al río, y un gran acierto, os lo recomiendo si váis por vuestra cuenta.

El menú era económico, 12€

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Y comimos de nuevo muy bien, el sitio muy tranquilo y el camarero super simpático, en un aceptable castellano nos echamos unas risas con él.

 

Terminamos de comer sobre las 3, y de nuevo Hami nos ofrece un guía para conocer las famosas gargantas. Ahí apareció otro Mohamed, que hablaba castellano, y otra de esas personas que recuerdas siempre, super simpático y que durante las tres horas que estuvimos con él nos contaría de todo.

En un rato comienza nuestra entrada en este desfiladero conocido mundialmente por ser uno de los cañones rocosos más espectaculares y que se llenan de visitantes tanto marroquíes para huir del calor de zonas más al sur, como de turistas sobre todo franceses y españoles, amantes de la escalada mayoritariamente. De hecho Mohamed nos dice que durante muchos años acompañó a multitud de grupos a hacer todo tipo de rutas y escaladas.

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Este desfiladero es todo obra del río Todra que ha ido modelando y erosionando las rocas hasta formar estos cañones impresionantes de 300 metros de alto, y de tan solo 10 metros de ancho en algunos tramos. Nos quedamos boquiabiertos viendo la altura de las paredes que nos rodean, bueno, Jesús más bien está de charleta con el amigo Mohamed.

luis en todra2

En la mitad más o menos del tramo que se suele visitar encontramos varias viviendas, una de las cuales es un hotel que hace unos años y debido a unas lluvias torrenciales cayó una enorme roca encima y quedó así. Desde entonces y lógicamente ya no dejan edificar en el desfiladero como nunca debió permitirse.

Hotel destruido

Por el desfiladero discurre el río con bastante poco agua dada la época del año que es. La garganta está lleno de puestos de souvenirs y se recorre en poco más de 20 minutos. La salida por el final ofrece un paisaje espectacular. Ahí están Jesús y Mohamed hablando de negocios :):)

paisaje rocas Todra

Caminamos un poco siguiendo la carretera R703 que llegaría hacia Agoudal. El lecho del río apenas lleva agua pero tiene una anchura que muestra el caudal de agua que debe llevar en invierno. Mohamed nos dice que de aquí surgen muchas rutas de senderismo, algunas de las cuales suben a lo alto de estas montañas y ofrecen paisajes fantásticos. Aquí es cuando me doy cuenta que esta zona necesita más tiempo de lo que le dedicaríamos. Por tanto creo firmemente que si hiciera el viaje otra vez, volvería de Merzouga al mediodía del día anterior para dormir cerca de aquí y haría desde bien temprano una ruta por esta zona. Os lo digo por si alguna vez tenéis la ocasión de hacerlo.

Carretera gargantas del Todra

Aquí estamos con el gran Mohamed, quién diría que tiene 46 años… cuanta vida tiene encima…

IMG_20170428_002218 (FILEminimizer)Volvemos hacia atrás cruzando la garganta de nuevo y siguiendo el curso del río regresamos al pueblo de Tizgui en un paseo de lo más agradable. Por el camino hablamos de todo con Mohamed, es muy sincero y más abierto que por ejemplo Hami, nos habla con espíritu crítico de cosas como la religión, la monarquía, las tradiciones, etc y nos regala conversaciones muy divertidas que nunca olvidaremos.

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Entramos en el pueblo y recorremos una antigua kasbah por sus túneles, sus callejuelas estrechas. A mí esto me encantó, sin duda no os lo perdáis.

 

Finalmente subimos a un alto que tiene esta preciosa vista, donde se puede apreciar en un paisaje tan árido, el verde que discurre junto al río, con el pueblo y la antigua aldea en primer plano.

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Después de esto Mohamed nos dice que si queremos podemos visitar un taller artesanal de alfombras del pueblo, accedemos, puede ser curioso.

Es un edificio de varias plantas y como suele suceder en este tipo de fábricas, nos enseñan cómo es el proceso de fabricación, desde la obtención de la lana que nos muestran las mujeres hasta cómo hacen los ovillos que luego utilizarán en el entrelazado para hacer las alfombras.

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Las mujeres tejedoras suelen trabajar una media jornada que complementan luego con sus tareas domésticas. Nos invitan a un té y luego empiezan a sacar un muestrario de alfombras para ver si compramos alguna. Yo tenía claro que no iba a comprar nada, pero Jesús se va animando y finalmente compra esta, que coincidimos en que era la que más nos gustaba por unos 100€. La verdad es que es difícil regatear a veces en estas situaciones, parece como que no estás apreciando el trabajo artesanal que hacen.

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Abandonamos el taller y llega la hora de despedirnos de Mohamed, habían sido unas tres horas las que nos había acompañado, le preguntamos cuánto le debemos pagar, él dice que lo que nos saliera el corazón, es una pena valorar esto con dinero, finalmente le damos 200 dh (20€) que parece que le deja satisfecho. Un abrazo fuerte de tus amigos Jesús y Ali Babá!!

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Eran sobre las 18:30h. y volvemos con Hami que nos está esperando para continuar la ruta e ir ya hacia el hotel donde nos alojaríamos esa noche, aproximadamente a una hora de camino de donde estábamos. El paisaje vuelve a ser árido e inhóspito, y las carreteras como me gustan a mí, de esas que parecen que van hacia el infinito…

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Sobre las ocho llegamos al hotel, en el pueblo de Boulmanes Dades. En un principio íbamos a alojarnos en otro hotel, el Xaluca, de unos españoles, pero estaba lleno, con lo que al final dormimos en uno cercano y que tiene apenas unos meses de vida, el Ksar Sultan Dades. Un hotel pequeño y en la parte más alta del pueblo, con unas estupendas vistas del mismo, eso sí, nada alrededor para hacer….

 

Así que para empezar, nos tomamos el té gratis número 200 del viaje.

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Por cierto, Jesús con el turbante, baja del coche y el del hotel le habla en árabe, qué risa, pasaba completamente desapercibido como oriundo del lugar.

Hacía mucho aire, frío, pero no nos evitó de ver el atardecer que se podía contemplar.

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Cenamos en el hotel en el restaurante con estas vistas, obviamente sin Hami que ya se había ido a su “bola”. Pasamos un buen rato charlando con unos italianos y con su guía, que era de lo más cachondo. Es increíble lo que los guías, me gusta llamarlos así y no chóferes, aportan a la gente que visita, que visitamos, este fantástico país.

Antes de acostarnos hicimos cuentas con Hassan que se alojaba esa noche también en el hotel con otra clienta, española también. Hablamos de todo un poco, le enseñé mi blog, y le dije mi opinión sobre el viaje, las cosas que mejoraría y las que me habían gustado (la mayoría). Gracias por todo amigo!!

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Esta es la ruta que habíamos hecho este cuarto, y penúltimo día de ruta hacia el desierto. Mañana lamentablemente, terminaría.

Ruta vuelta

Día 7. Boumalne Dades – Marrakech

Dormimos como bebés esa noche en unas camas de lo más confortables, y volvimos a los buenos desayunos después de dos días que prefiero no recordar, y con zumo de naranja natural y todo.

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Salimos como siempre a las 8 y media, a por nuestra última etapa que nos llevaría de nuevo a Marrakech. He de decir que este fue el día más flojo de todos, excepto por la Kasbah Amridil.

Las vistas desde el hotel ya de día no estaban nada mal.

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Comenzamos la ruta y las vistas siguen siendo fantásticas, en mi opinión… Siempre con la cordillera del Atlas a nuestra derecha.

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Esta zona que recorremos se encuentra ya en plena ruta de las mil Kasbah, cuyo extremo oeste llega hasta la kasbah de Taourirt en Ouarzazate, Ait Benhadou, y que sigue hacia el sur por la carretera hacia Zagora, ruta que hicimos el segundo día de nuestro viaje hacia el desierto.

Atravesamos pueblos como Kelaat M’Gouna, una población fortificada de unos 15.000 habitantes y que es famoso como todo este valle por el cultivo de las rosas, la destilación de esencias y la producción de perfumes. El Valle de las Rosas está situado a los pies del Alto Atlas, en la confluencia con el Valle del Dades y está formado por hectáreas de rosales. La floración se extiende desde mediados de abril hasta mediados de mayo, así que estando a finales de abril llegamos a mitad de las dos fechas aunque pasamos de largo.

Tras un rato cruzando pueblos que ralentizan bastante el camino, sobre las diez llegamos al plato fuerte del día, la Kasbah Amridil junto al palmeral de Skoura y que nos recomiendan tanto Hami como Hassan, y la verdad es que no estaban equivocados. Por fuera ya impresiona.

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Llegamos a la entrada, pagamos los 20dh (2€) y la visitamos por dentro. Vamos por nuestra cuenta ya que los guías estaban ocupados. Es bastante grande, entramos a todas las habitaciones y subimos todas las escaleras posibles. Por dentro es como si fuera un museo etnográfico, con multitud de herramientas antiguas. Cada rincón es un descubrimiento, definitivamente me encantan, un verdadero IMPRESCINDIBLE las kasbah en general y esta en particular.

 

La facha de esta foto apareció en los antiguos billetes de cincuenta dirhams detrás de la imagen del rey Hassan II y parece un castillo de arena de esos enormes que se hacen en la playa y que se mantienen para sacarse unos euros los creadores, ¿no os parece?

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Cuando estamos terminando, vemos un guía que habla castellano con un grupo, tiene muy buena pinta, parece que es el famoso guía llamado Reda, le escuchamos algo de la historia de Amridil como que es del siglo XVII, que es árabe musulmana y que en ella se han grabado películas como Lawrence de Arabia. Le preguntamos si nos haría una visita guiada a los dos, pero de repente aparece un grupo de italianos, y se le van los ojos para allí, así que educadamente nos da largas y se echa en brazos de los otros, los euros son los euros. En su lugar se nos acerca uno que comienza hablando de los cultivos de la kasbah en lugar de comenzar con la historia y le paramos y le decimos que no estamos interesados en su visita guiada, este ni es guía ni nada, así que decidimos marcharnos, no por ello dejar de apreciar el lugar y recomendarlo, aunque con un mal sabor de boca. Así que ojo con lo que llamo yo los “guías espontáneos o arrimados”.

Continuamos el camino viendo más kasbahs que gracias a que como Amridil los han convertido en hoteles, siguen en pie, porque hay otros que están lamentablemente derrumbándose.

Estábamos llegando al final del viaje y yo todavía conservaba muchos caramelos de los que había traído, además de dos cajas de pinturas y rotuladores, así que decidimos parar en algún pueblo para dárselas a los niños. En uno de ellos vemos un grupo de pequeños saliendo de la escuela y Hami los llama pero les da miedo y no se acercan. En el siguiente pueblo encontramos un grupo con una señora y nos bajamos del coche, estos sí que nos miran como si fuéramos extraterrestres y se ponen contentos al recibir los regalos, aunque tienen la timidez lógica de su edad, son preciosos.

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Por el camino y antes de llegar a Ouarzazate seguíamos viendo más kasbahs, algunas impresionantes, y si no juzgar.

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Pasamos la ciudad de Ouarzazate, subimos el Atlas y a las 13:30 paramos como a la ida en la cooperativa de aceite de argán, esta vez para comer en el restaurante que está justo al lado. Se encuentra lleno de gente, y no me extraña, porque es muy barato y comimos de lujo, un riquísimo tajín de kefta y una tortilla tipo francesa con queso. Muy bueno todo y gracias a Hassan a un precio de “amigo” de 14€ los dos.

 

Continuamos la ruta, la bajada del Atlas, Hami es cuando más prisa tiene, además está lloviendo, hay mucho tráfico y la carretera llena de curvas. Este tramo se hace largo, aunque los paisajes del Atlas me siguen cautivando.

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y por fin llegamos a Marrakech. Esta es la ruta completa que habíamos hecho este día, el tramo más largo del viaje hacia el desierto.

Viaje vuelta a Marrakech

Jesús desde el comienzo del viaje le apetecía probar un Hamman, una modalidad de baño de vapor que incluye normalmente limpiar el cuerpo y relajación. Nos vendría bien después del viaje, así que preguntamos a Hami si conoce alguno. “Tira” de contactos y un amigo le recomienda uno. Llegamos a Marrakech sobre las 4 y media y nos vamos directamente al hammam. Nos paramos en una calle de la medina y viene un empleado a buscarnos para acompañarnos. Le decimos a Hami que le invitamos a acompañarnos pero no quiere.

El hammam se llama Assal (http://assalhammam.com) y está en una callejuela, en lo que parece una antigua vivienda de varias plantas. La decoración está muy bien, muy limpio y nuevo todo. Cogemos el llamado Pack Assal, de una hora y media de duración y unos 45€. Hay otros hammam sin duda más baratos, los públicos, pero son más para gente local y las condiciones no son las que estamos acostumbrados, así que para no tener sorpresas que me pudieran dejar mal sabor de boca (como me pasó hace años en Estambul por ejemplo) decidimos coger uno más dedicado al turista, con unas instalaciones y un trato y exclusividad exquisitas.

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El hammam para los marroquíes es mucho más que un sitio para relajarse, es un lugar de reunión social y política. Su origen se remonta a las aguas termales romanas,  logrando más tarde expandirse a lo largo y ancho de todo el imperio Otomano.

Nos reciben dos chicas que nos invitan a quitarnos la ropa, nos quedamos sólo con unos calzones desechables y nos llevan al hammam donde una de ellas nos dará lo que ellos llaman en francés un gommage (un tipo de exfoliación). No es el típico recorrido de un hammam tradicional, este más hecho para el turista sin duda pero también es una experiencia. Nos extraña que para su cultura estemos los dos en una bonita sala de piedra con la chica echándonos agua y dándonos pequeños masajes alternativos con jabón e incluso miel. Después de unos 20 minutos, pasamos a una sala donde recibimos un masaje grandioso de una hora de duración y que abarca desde la punta de los pies hasta la cabeza. Fue una magnífica experiencia que desde luego recomiendo.

Después del tratamiento volvemos al coche donde Hami nos está esperando con las maletas. Nos lleva cerca del hotel y ahí nos despedimos, dudamos en darle propina, pero consideramos que no todo se paga con dinero, le damos un abrazo y por supuesto le invitamos a visitarnos en España. Gracias por todo Hami!!!

Vamos al hotel acompañado de un marroquí que nos lleva las mochilas en un carrito, esta última noche dormiríamos cada uno en una habitación. Jesús tiene ganas de jaleo, como no, y como nos gustó tanto la experiencia del sábado anterior en el restaurante Comptoir Darna, decidimos ir a otro parecido llamado Azar. Vamos en taxi con un señor muy simpático, con el que quedaríamos después para que nos dejara de vuelta en el hotel. El restaurante tiene buena pinta, muy “chic”. Nos sientan en una mesa en una parte alta y pedimos un menú degustación con tantos platos como estos. Probamos muchos sabores, unos mejores que otros.

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Luego otro plato de carne muy rica y un postre estupendo.

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Sobre las 11 comienza un espectáculo de mujeres bailando, la verdad que muy guapas, bailan junto a nosotros, nos invitan a sacar, por cierto, ¿quién fue el único que se atrevió Jesús??. Estuvo muy bien.

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Dado que esa planta estaba poco animada preguntamos a los camareros si podríamos bajar a alguna mesa que estuviera vacía en la planta baja, y finalmente nos encuentran una. Desde aquí vemos que está más animada y pedimos un par de cocktails, aquí no hay problema para que sirvan alcohol. Hay música en directo que ameniza mucho la velada.

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Pero poco a poco vemos que no tiene la animación del Comptoir que habíamos ido el sábado pasado, no sé si fue porque ese día era viernes y no había los mismos espectáculos. Finalmente terminó todo sobre la medianoche y abandonamos el local abonando unos 50€ al cambio más o menos cada uno. Llamamos al taxista que vino puntualmente a recogernos y nos dejó en el hotel por 7€, se llamaba Abkrim, quedamos con él para el día siguiente para llevarnos al aeropuerto ya que nos cobraba bastante menos (8€) que el transporte que nos conseguía el riad (este incluía el transporte a la llegada, pero no la vuelta al aeropuerto).

Día 8. Marrakech

Nos levantamos el último día, con mucha pena porque el viaje había sido fantástico, aunque es verdad que el desayuno, otra vez magnífico, nos animó por un momento…

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A Jesús le salía el avión a las 12 del mediodía, dos horas antes que a mí, así que tras despedirnos efusivamente de Nourredine y agradecerle la atención, fuimos hasta el taxi que nos estaba esperando y yo decidí ocupar esas dos horas yendo a visitar uno de los atractivos principales de Marrakech, los jardines de Majorelle, así que primero el taxi me paró en los jardines, me despedí de Jesús y él continuó hasta el aeropuerto. Si estáis interesado en coger un taxista de confianza podéis llamarlo, se llama Abkrim y habla francés y un poco inglés, español no (teléfono: 0662094333).

Los jardines de Majorelle son un espacio botánico creado en 1924 bajo el diseño del artista francés Jacques Majorelle. En un primer momento funcionaron como propiedad privada del pintor para abrirse al público en 1947, pero el pintor galo falleció en 1962 lo que supuso casi el abandono de los mismos. Finalmente en 1980 decidieron adquirirlo el diseñador de moda y empresario francés Yves Saint Laurent y Pierre Bergé.

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Llegué a los jardines sobre las 9 y ya había algo de gente, pero más tarde aquello se llenó, así que recomiendo ir lo antes posible (abre a las 8h). Uno de sus atractivos es ser un lugar de tranquilidad para descansar y relajarse pero lo veo difícil si se llena de visitantes, sobre todo de asiáticos disparando a todo lo que se mueve. El jardín no es muy grande (unas tres hectáreas) pero es cierto que es un oasis dentro del caos de la ciudad, si lo recomiendo o no, lo dejo a la elección de cada uno, si tenéis tiempo y no os importa pagar los 70dh que cuesta la entrada (+30dh si queréis visitar el museo), yo lo visitaría sin duda.

Lo primero que destaca al entrar además de la frondosidad, es lo cuidado y limpio que está todo.Al fin algo convenientemente conservado en esta ciudad. Cerca de la entrada hay una variedad de cactus traídas de todo el mundo, todos con su cartel de origen y características, interesante, hay algunos de las islas Canarias por ejemplo.

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Más adelante ya hay plantas de todo tipo, palmeras, cocoteros, bananeros, bambús, jazmines, buganvillas y plantas acuáticas, así como de más de quince especies de aves, cuyo canto hacen del lugar más relajante.

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Esta zona de bambús a mí me gustó mucho.

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Hay varios estanques a lo largo de los jardines y la casa de Jacques Majorelle, con ese azul intenso, muy fotogénico. Los colores por todo el jardín es algo que también destaca y lo hacen más atractivo si cabe.

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Yves Saint Laurent, fallecido en 2008 y Pierre Bergé decidieron cederlo a la ciudad y alberga en su interior entre otras cosas el Museo de Arte Islámico, que visité y que contiene la colección personal de arte bereber de los últimos propietarios del jardín, piezas de magnífica joyería, tejidos, alfombras y trabajos artesanales en madera. También aloja una boutique, una librería, una galería de arte y una cafetería.

Estuve allí una hora más o menos también porque no tenía mucho más tiempo. Compré un par de regalos en una tienda cercana muy chula de artesanía y en el lugar acordado me recogió nuestro amigo Abkrim que me llevaría al hotel y me esperaría hasta que saliera la maleta.

Antes de irme no me puse resistir a comprar un par de panes que ví en un horno en una calle cerca del hotel. Me encantó el pan marroquí.

 

Y a las dos salió puntualmente mi vuelo que en poco menos de dos horas me llevaría a Madrid de vuelta.

Y aquí terminó el viaje de una semana en este fantástico país que me sorprendió para bien, sus gentes sobre todo me cautivaron, sus paisajes, su gastronomía, hicieron que me encontrara muy cómodo en todo momento. Creo que es un destino muy asequible y altamente recomendable si queréis visitar un país muy diferente al nuestro pero a la vez muy cercano.

Me gustaría decirte a ti Jesús que fue un placer hacer este viaje juntos después de tanto tiempo sin vernos, todo lo que nos reímos y lo que aprendimos creo que fue lo mejor del viaje, espero poder hacer muchos más contigo en el futuro.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo y que esta entrada del blog os ayude a tener una buena EXPERIENCIA y por supuesto aquí me tenéis por si os queda alguna duda o consejo, que dentro de mis posibilidades, intentaré ayudaros.

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