RUTA 66

Era el día 8 de nuestro viaje y saliendo de haber visitado el Gran Cañón tomamos la carretera hacia el sur y sobre las 12 ya estábamos en Williams, primer punto donde haríamos los primeros kilómetros por la famosa ruta 66.

Williams es una pequeña población de algo más de 3,000 habitantes con típicas casas de madera del oeste y cierto aire cowboy, y he de decir que me emocioné cuando ví la primera señal con el logo de la ruta 66 en un poste en la entrada. La verdad es que tenía ganas de conocerla y recorrer sus lugares emblemáticos esperando que no fueran demasiado turísticos.

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Ciertamente esta localidad aún siendo siendo turística tiene algo que nos gustó mucho. Aparcamos y dimos una vuelta por el pueblo viendo los negocios y restaurantes que sobreviven gracias al turismo. También como no empezamos a ver vehículos de todo tipo a cada cual más original y otros 100% americanos.

Tomamos la calle más concurrida, justo por donde discurre la ruta que atraviesa el pueblo y vimos una tienda de souvenirs enorme que hacía esquina, si queréis comprar recuerdos, sin duda esta es vuestra tienda.

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Su interior albergaba una espectacular tienda con todo lo inimaginable relacionado con la ruta y con EEUU. La verdad es que el merchandaising y la estética de esta ruta me gusta mucho y no pude resistirme a comprar unas cuantas cosas. Fue el lugar donde compramos más cosas de todo el viaje, y estaba lleno de chinos haciendo lo mismo, el de delante de nosotros, se dejó 300$ nada menos.

Era ya casi la hora de comer así que decidimos parar en el restaurante que vimos más animado y ese fue el Cruiser’s Cafe 66. Dispone de una gran terraza, tiene una decoración muy americana y tenía hasta música en vivo en ese momento. Aunque sirven toda clase de comida, su especialidad son los ahumados y barbacoas. Pedimos unas salchichas y cuando le preguntamos si venían con pan, resultó ser un bizcocho dulce… cosas de la gastronomía de este país.

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Por dentro, aunque vacío porque todo el mundo estaba en la terraza mostraba una decoración 100% americana, quizás un poco demasiado recargada para mi gusto. Me hizo gracia el baño y su puerta, aquí todo huele a motor.

El plato no nos entusiasmó pero se dejó comer como se suele decir. Pagamos la cuenta de 36$ más la propina aparte y esperando que el resto de pueblos tuvieran el ambiente y la atmósfera de Williams decidimos ponernos en ruta para proseguir nuestro camino, más adelante veríamos que no iba a ser así.

Un poco de historia para empezar de “The Mother Road”. Decir que tiene su origen en los años 20 y comenzaba en la ciudad de Chicago (Illinois), para transcurrir después por Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, y finalizar en Los Ángeles con un recorrido total 3.939 km. Creció enormemente en popularidad gracias sobre todo a los emigrantes que viajaban hacia el Oeste (durante la época de las tormentas de polvo y arena de los años 30), y numerosos negocios y particulares comenzaron a prosperar económicamente gracias a ella. Con el fin de la Gran Depresión, la Ruta 66 pasó a ser una de las carreteras principales para los viajeros con destino a Los Ángeles, que realizaban paradas turísticas en el impresionante Gran Cañón.

Al salir de Williams y según el mapa, iban paralelas la carretera 66 y la interestatal 40, pero decidimos coger esta última para más adelante desviarnos y entrar en otro pueblo con mucha historia y punto clave de la famosa ruta, Seligman. En este punto sí comienza un tramo en el que se separan ambas vías y que es recomendable que sigáis por la histórica ruta.

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Este pueblo es mucho más pequeño de lo que yo pensaba, ¡¡tiene apenas 500 habitantes!! pero en él hay sin duda un lugar clave en la supervivencia de la ruta y ese es la barbería Angel & Vilma’s del famoso Angel Delgadillo.

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La barbería es de todo ya menos eso, es una recargadísima tienda de souvenirs y recuerdos.

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Pero tiene una parte donde estaba la antigua barbería que mantiene hasta el asiento tradicional y me pareció muy interesante por la historia que tiene detrás y que nos explicó muy amablemente una empleada mexicana que había en la tienda. El propietario, Angel Delgadillo, de origen mexicano, tiene ya 91 años y justo el día de antes estuvo en la barbería concediendo una entrevista, una pena no haber coincidido con él, nos tuvimos que conformar con su holograma casero, jeje.

Los alrededores tienen algunos vehículos y piezas antiguas que más allá de estar puestas para el turismo, me parecen al menos curiosas de ver.

Los dueños de esta barbería, Angel y Vilma fueron unos de los impulsores de mantener viva la ruta 66 ya que ésta fue descatalogada en 1985 del circuito oficial de carreteras con el fin del éxodo rural hacia el oeste y se construyeron carreteras interestatales (las autovías de nuestro país) que hicieron que el tráfico se fuera desplazando a las otras vías más rápidas. Angel Delgadillo decidió organizarse con otros negocios de la zona y comenzaron a hacer actividades para promocionarla (fue el fundador de la Historic Route 66 Association of Arizona.) a la que se fueron sumando otros estados por los que pasaba la ruta y finalmente se llegó a la situación de hoy en día, declarada como ruta histórica y con miles de visitantes cada año.

El pueblo tiene apenas unas casas y negocios en los lados de la carretera que lo cruza y bastante artificiales para el turisteo así que no hicimos más paradas, seguimos adelante. Al partir vimos una buena manera de hacer la ruta, en Ferrari y Porsche, no está mal, ¿no?

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Tras pasar un tramo de rectas largas sin mucho interés y en el que apenas nos cruzamos con coche alguno llegamos a otra de las paradas obligadas, otro santuario de la ruta, una antigua gasolinera, la llamada ahora Hackberry General Store. Cerrada en 1978, un artista decidió reabrirla en 1992 y convertirla en una tienda de souvenirs y una especie de museo de la ruta. El lugar parece un desguace de coches antiguos pero desde luego que merece una parada.

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También está llena de piezas antiguas y dado que está a un lado de la carretera ella sóla sin nada alrededor, le da un aire de “en medio de la nada” que la hace más interesante en mi opinión que la barbería de Seligman, aunque desde luego con menos historia. Me gustó mucho la colección que tenía de dispensadores de gasolina antiguos.

Continuamos siguiendo la ruta acompañados por nuestra derecha por los interminables trenes de mercancías que recorren esta parte del país y que mantienen vivo este corredor entre el centro y la franja del Pacífico. En media hora llegamos por fin a nuestra localidad de destino para ese día, Kingman, que con ya unos 28,000 habitantes se considera a sí mismo como el “corazón de la ruta 66”. Este es el trayecto que habíamos recorrido desde el Gran Cañón.

De Gran Cañón a Kingman

Aquí habíamos reservado en un hotel que sabíamos que iba a estar muy bien de calidad – precio, a la postre el mejor de todo el viaje siguiendo ese criterio, ¡¡gracias por la recomendación Romina!!. Fue el Best Western Plus Wayfarer’s Inn & Suites y pagamos por una noche con desayuno 110$ (unos 93€). Hicimos el checkin y como sabía que tenía piscina y eran las 16h nos pusimos el bañador y allí que nos fuimos, fue una pasada el baño que nos pegamos, Magaly se hubiera quedado ahí el resto del día…

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Como había leído que esta era una ciudad importante en la ruta y que tenía sitios interesantes le metí un poco de prisa para ir al centro a verlos y la verdad es que lo que nos encontramos nos dejó atónitos, una ciudad fantasma, ¡¡¡no había nadie por la calle!!!

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Vimos el famoso depósito de agua con el símbolo de la ruta y el Museo de la ruta 66 al lado pero ya había cerrado a las 5pm, una pena.

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Eran sobre las 19h y como no veíamos mucho más que hacer decidimos meternos en un pub que parecía lo más animado de la zona, House of Hops – Rickety Cricket se llamaba. Era enorme, con buena música y estaba genial, así que bebimos para olvidar, lo recomiendo sin duda. Le preguntamos a una camarera que cómo estaba tan muerto todo siendo además viernes y me dijo que era cierto, que ella también se extrañaba pero que el turismo no había llegado de verdad, este se concentra más en los siguientes 4 meses al mes de mayo, cheers!!

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Al salir no olvidamos visitar la mastodóntica locomotora Santa Fe Locomotive 3759, que fue donada a la ciudad de Kingman en 1953, después de haber hecho un recorrido total de más de 2 millones de millas desde 1928. La ciudad de Kingman fue un nudo ferroviario muy importante en el siglo XX.

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Para cenar aquí lo teníamos claro, y es que mucho habíamos oído hablar de Mr. D’z Route 66 Diner, un restaurante ambientado en los años 50 con su suelo a cuadros, sus asientos de colores y sus referencias cinematográficas. Está justo al lado de la locomotora así que fuimos para allí y viendo como estaba la ciudad ya no esperaba las aglomeraciones que esperaba encontrar antes de venir, y así fue.

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El interior estaba bastante tranquilo, lo que yo siempre agradezco, detesto las aglomeraciones, pero no sé, “ni tanto ni tan calvo” como se suele decir. Quién diría que este sitio aparecía en todas las recomendaciones de visitar de la ruta 66. Por dentro de nuevo, un santuario viviente, sin un espacio en las paredes para más cuadros y una estética 100% americana, muy de la película Grease.

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Nos trajeron la carta y pedimos lo típico, como no, una hamburguesa, pero nos olvidamos de la carta y nos ceñimos a pedir dos hamburguesas cono carne, lechuga, tomate y queso, ok? yes, sure.

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He de decir que disfrutamos de ellas y estaban muy buenas. La cuenta fue de 25,80$, un muy buen precio por las dos burgers, dos bebidas y un helado de postre, siendo además el lugar tan turístico como es.

Eran las 9 de la noche cuando terminamos de cenar, y con un ambiente de lo más decadente, con una pinta de querer cerrar el chiringuito que se veía a la legua, decidimos pagar la cuenta y nos fuimos, algo decepcionados por el ambiente pero no por la comida, que estuvo genial, quizás tuvimos mala suerte, de todas maneras lo recomiendo sin duda.

Volvimos al estupendo hotel y disfrutamos pronto de la enoooorme cama. Había que acostarse pronto, al día siguiente tocaba una de las dos jornadas más largas de distancia de todo el viaje, ¡nada menos que unos 530 kms hasta Santa Mónica!

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Día 9

Nos levantamos muy pronto, a las 6.45, disfrutamos del estupendo desayuno del hotel (ya no tendríamos uno tan bueno en el resto del viaje) y a las 8 ya estábamos en carretera. Esta es la ruta completa que nos esperaba hoy.

Mapa kingman hasta Santa Mónica

Un consejo aquí por el tema del precio de la gasolina, si como nosotros váis de Arizona a California, llenar el depósito antes de cruzar de estado, en California es mucho más cara la gasolina, aquí echamos a 2.99$ el galón y en California echaríamos la siguiente vez a 3.59$, una diferencia importante.

Desde Kingman muchos deciden ya abandonar la Ruta 66 e ir hacia Las Vegas, de la que sólo distan unos 170 kms pero nosotros continuamos nuestro camino hacia el Oeste. Saliendo de esta ciudad de nuevo también hay dos opciones, seguir por la ruta 66 o por la interestatal 40, nosotros elegimos la 66 porque había un par de sitios que no nos queríamos perder. Los primeros kilómetros fueron entretenidos, carreteras desérticas (y más a esas horas de la mañana) y en la que no pudimos evitar hacernos fotos que lo corroboraba.

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Antes de entrar en terreno montañoso nos encontramos con el primer sitio que teníamos anotado como de interés, Cool Springs, otra gasolinera como Hackberry, que se resiste a cerrar y que está todavía más aislada que la anterior. Por fuera de nuevo alguna pieza antigua y pintoresco el sitio, aunque por dentro me pareció una tienda de souvenirs un poco destartalada, aún así compré una soda de la ruta 66 que por supuesto conservaré como recuerdo. Fuera estaba su propietario, Ned Leuchtner, que en 1996 pasó por aquí y le encantó el lugar y no cejó en su empeño de reconstruirla e intentar reabrirla, lo que consiguió en 2004, más de 40 años después de ser cerrada, sólo por eso tiene mi admiración.

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A partir de aquí hay un tramo de curvas ya que se sube un pequeño puerto, territorio de las Black Mountains a lo lejos.

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De repente vemos un burro por medio de la carretera, ¿casualidad? noooooo.

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Es que estábamos llegando al pueblo de Oatman, otro punto interesante de la ruta, lugar que en el pasado fue un pueblo de buscadores de oro, y que hoy en día se asemeja a un pueblo “fantasma” (135 habitantes).

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Y que destaca porque hay un montón de burros paseándose libres por sus calles.

Asnos puede que descendientes de los animales que los buscadores de oro utilizaban para cargar sus herramientas. El pueblo tiene una estética 100% western americano y dispone de unos cuantos comercios para nada cutres y que recomiendo que visitéis, así como algún que otro museo como el de la minería.

Continuamos la ruta, tramo que hizo Magaly a lomos de nuestro Nissan Rogue para ya conectar con la interestatal 40 a la altura de Topock, con un tramo de nuevo no muy interesante en cuanto a paisaje. Aquí entramos del estado de Arizona a California sin cambio horario. Una vez en la autopista, sobre las 10:30h., pisamos el acelerador para ahora sí, comer kilómetros lo más rápidamente posible para todo lo que teníamos por delante y con el desierto de Mojave acompañándonos un buen rato a nuestra derecha. Si tenéis tiempo y queréis seguir la ruta 66 deciros que al sur de esta autovía podéis seguir un tramo que pasa por pueblos como Bagdad, Siberia, etc.

De repente y unos kilómetros más adelante nos encontramos una retención, pero parecía de las buenas, la gente comienza a salir de sus coches y a preguntarse que qué pasa. Nosotros comenzamos a conversar con un matrimonio de lo más simpático y acabamos hablando de Trump (al que ellos votaron y muy orgullosos) y de todo un poco, para ya después de unos 40 minutos parados reemprender la marcha, el motivo había sido un accidente.

Cuando llegó la hora de comer tenía un par de sitios apuntados. Peggy Sue’s 50’s Diner poco antes de llegar a la localidad de Barstow, o más adelante en Emma Jeans Route 66 diner. Tras el retraso decidimos ir al primero de ellos y menudo acierto!!!! Nos desviamos un poco de la interestatal y junto al pueblo de Yermo nos encontramos con este típico “Diner” de carretera, abierto en los años 50, y que se encuentra en medio de la nada, al lado de unas gasolineras, con una base militar en frente y poco más a su alrededor. Ya no volveríamos a coger más tramos de la histórica ruta 66.

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Nada más entrar vemos que a la izquierda hay una tienda de souvenirs y a la derecha el famoso restaurante, y he de decir que es enooooorme, y que estaba a reventar. El local es entre auténtico y extravagante, no sabría como definirlo, eso sí, de nuevo como en Mr. D’z atestado de fotos y signos americanos. Nos sentamos y nos atiende una simpática camarera de avanzada edad.

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Nos traen la carta y pedimos un par de sandwiches, uno de atún y otro de jamón y queso. Estaban buenísimos, frescos, jugosos, nos supieron a gloria, acostumbrados en el viaje a comer siempre más de lo mismo, esto fue un soplo de aire fresco y os puedo asegurar que fue lo más rico que comimos en los 15 días que duró nuestro viaje, ¡¡impresionante!!

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Pedimos la cuenta y el total fue de tan sólo 28$, guau!!! fue la guinda final a un sitio que recomiendo sí o sí.

Salimos del lugar y nos dirigimos ya hacia Santa Mónica, nos quedaban todavía más de 200 kms.

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