Este viaje surgió en un momento en el que nos apetecía conocer una de las ciudades europeas más lejanas y más interesantes, y entre las que nos faltaba por visitar estaban sobre todo las de Europa del Este. Dudamos finalmente entre Atenas y Budapest, y finalmente nos decantamos por esta última porque nos parecía que iba a tener más cosas interesantes para ver, sobre todo del siglo XX, centuria que me apasiona. La visita a Atenas, llegaría unos años más tarde. Decidimos combinarla con Viena, que está bastante cerca, aunque yo ya la conocía. Nuestra estancia fue de 6 días en total, y a Viena fuimos y vinimos en el mismo día desde la ciudad húngara.
Esta fue una escapada de las que con más compañía he ido, ya que suelo hacerlas con más bien poca gente. Fui con dos de los acompañantes habituales, salmantinos ellos, Eva (alias Rocío, la galga infatigable), y Manolo (el devorador de souvenirs), a los que se añadieron otros dos zamoranos como yo, Miguel, con el que ya había viajado antes a París, Estrasburgo o Turquía, y mi viejo compañero y amigo Jesús, con el que compartí la mayoría de mis primeras aventuras por el extranjero en los últimos años de Instituto y primeros de Universidad. Hicimos un quinteto fantástico y lo pasamos muy bien.
Ahora sólo unos pequeños datos de esta hermosa ciudad:
Budapest es la capital de Hungría desde el año 1873, momento en el que las ciudades de Buda y Pest, separadas por el río Danubio, se unificaron para dar lugar a la que conocemos hoy en día. Mientras la parte de Buda es una zona montañosa y más residencial, la parte de Pest es llana y es en donde se concentra mayormente la actividad comercial e industrial. La ciudad tiene unos 1,750.000 habitantes (2015) (el país tiene casi 9.7 millones) y ocupa en torno al 14º puesto entre las más grandes europeas a nivel de población, con cifras similares a Viena y Bucarest, y un poco más que Barcelona.
Su rico pasado la ha llenado de monumentos y edificios históricos, muchos de ellos espectaculares. Es verdad que algunas partes de la ciudad las encontramos bastante deterioradas y con mucho trabajo de reconstrucción y restauración a hacer, no en vano durante la Segunda Guerra Mundial, Budapest sufrió grandes bombardeos aéreos de los aliados que la destruyeron parcialmente. Al acabar la contienda como sabéis el país cayó en la órbita soviética, pero con la caída de la URSS en 1989, Hungría abandonó el comunismo y recuperó su libertad naciendo así la República Húngara.
Un 19 de junio de 2007 partimos de Madrid hacia nuestro destino. A las 17:30h. llegamos al aeropuerto Ferenc Liszt. Las caras denotaban energía y ganas de explorar la ciudad y de cachondeo también un poco, claro.
Cogimos los equipajes y fuimos al hotel en taxi. El alojamiento fue el Golden Park, en la parte de Pest, reservado no con los medios que hay ahora ya de búsqueda por opiniones, pero que resultó bastante acertado.
El hotel no estaba mal, sencillo pero correcto e incluía el desayuno (no recuerdo lo que pagamos por noche pero no fue caro, ahora lo puedes encontrar por unos 60€ la noche con desayuno con Booking, un buen precio).
Lo mejor era que estaba situado justo al lado de la estación de Keleti Railway Terminal (Estación del Este) donde se hizo tristemente famosa porque a principios de septiembre de 2015 hasta ella llegó una oleada de inmigrantes provenientes de Siria y otros puntos de Oriente Próximo, dentro de la crisis migratoria en Europa de 2015. La policía húngara cerró la estación a los inmigrantes y éstos acamparon en la plaza de enfrente, a la espera de coger un tren hacia el destino que buscaban, Alemania y Austria. Fue un auténtico drama y apareció en todas las noticias.
Pocas veces tuvimos unas vistas tan buenas desde nuestras habitaciones hacia… un muro, como nos reímos. Esta es la vista sin embargo desde uno de los pasillos de las habitaciones.
Aquí haciendo cuentas nada más llegar para un clásico, poner dinero de «bote» para compartir gastos, venga florines fuera!!.
Tras darle el dinero al tesorero oficial, Manolo, enseguida salimos del hotel y nos pusimos en marcha. Había muchas ganas de patear la ciudad!!!
Lo primero que recuerdo y que nos impactó muchísimo fue el increíble calor que hacía, un calor pegajoso que por supuesto no esperábamos. Luego supimos que estábamos ante una ola de calor como pocas en estos países. Hicimos el viaje por cierto en mi mes favorito para viajar sobre todo por Europa, JUNIO, ya que anochece tarde y es de los meses con mayores probabilidades de que haga buen tiempo.
Ese día salimos del hotel y nos acercamos caminando a la zona de Liszt Ferenc tér (Plaza Ferenc Liszt). Por cierto, dedicado al gran compositor Franz Liszt, que veneran en la ciudad pero que curiosamente nació en Austria aunque él se consideraba cien por cien húngaro.
Esta plaza y alrededores ya había leído que estaba muy animada, con muchos restaurantes y un ambiente estupendo. Cenamos en uno de los sitios que al ser tan turística la zona, el menú era bastante internacional.
Nos gustó mucho este área de la ciudad y que sin duda aconsejo como de las mejores para cenar y tomar algo tranquilamente en sus múltiples bares y restaurantes.
Tras la cena y tomar un «digestivo» después, regresamos al hotel para descansar, el segundo día iba a ser duro.
Día 2. Bastión de los Pescadores – Castillo de Buda – Ciudadela y monte Gellert – Isla Margarita
Por la mañana bajamos a desayunar a un salón grande y un tipo de desayuno de todo menos ligerito, aunque lo agradecimos porque había que coger fuerzas para lo que íbamos a caminar el primer día y el calor que íbamos a pasar. Aquí Manolo y Jesús sin tiempo que perder…
Eran otros tiempos en el que cometí un error que ahora intento no hacer y que es que salvo por el clima (que no fue el caso) siempre dejo lo más interesante de los viajes para el final, y en este lo hicimos todo al revés. En este primer día íbamos a ver la mayor parte de lo mejor de la ciudad.
El hotel tenía una parada de metro de la línea 2 (roja) nada más salir por la puerta, la de Keleti Pályaudvar, así que tras desayunar ya tuvimos nuestro primer contacto con el suburbano. Unos breves datos de un apasionado por este medio de transporte. El de Budapest es nada menos que el segundo sistema de metro subterráneo más antiguo del mundo, (tras el de Londres) ya que su histórica Línea 1 data de 1896. No es muy grande, con un total de 30.9 km y 42 estaciones. Lo encontré muy moderno, se nota que había algunas líneas que habían tenido una renovación hacía poco tiempo.
Tomamos la línea 2 Roja hasta la parada de Széll Kálmán Tér. Luego caminando ya comenzamos a ver edificaciones interesantes, como el National Archives of Hungary.
Continuamos por la Fortuna Utca (calle Fortuna). Decir que esta zona de casitas bajas y calles empedradas me gustó mucho.
Lo primero que visitamos fue la imponente Catedral de San Matías, a la que entramos para admirar su grandioso interior. Fue construida entre los siglos XIII y XV y sufrió una importante reforma a finales del siglo XIX. Su estilo predominante actualmente es el neogótico. El interior, bien ornamentado, bien merece una visita aunque haya que pagar.
Y justo al lado está el famoso Bastión de los Pescadores. Se trata de una construcción de estilo neogótico y neorrománico. Se diseñó y construyó entre 1895 y 1902 y se compone de siete torres que simbolizan las siete tribus Magiares que llegaron a Hungría en el año 896.
Recibe el nombre del grupo de pescadores responsable de defender este enclave de las murallas de la ciudad en la Edad Media. Es un lugar privilegiado lleno de escaleras y paseos y donde se puede pasar un rato estupendo. Es sin duda un IMPRESCINDIBLE de la ciudad.
En él también se encuentra una estatua de bronce de 1906 del primer Rey de Hungría, Esteban I donde destaca sobre todo el impresionante pedestal que tiene, con escenas de la vida del propio rey. En la parte de abajo de la foto está el quinteto de jugadores de los Globetrotters ;). Lo de ponernos en orden de altura no fue a propósito…
Pero sin duda que lo mejor del lugar son las espectaculares vistas que hay de la zona de Pest y del Danubio. Se tiene por ejemplo una magnífica instantánea del edificio del Parlamento, símbolo de la ciudad.
Desde ahí seguimos caminando hacia el sur paralelos al río hacia otro de los platos fuertes sin duda de la ciudad, el Castillo de Buda, que fue construido en el siglo XIII, por orden del rey Béla IV, después de la invasión de los mongoles. La fortaleza original, de estilo gótico, se terminó de construir en 1424. Posteriormente se hicieron modificaciones y ampliaciones e incluso estuvo bajo dominio turco durante unos 150 años.
Actualmente, el Castillo de Buda alberga la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia de Budapest.
Cuando los turcos abandonaron Hungría, el palacio estaba casi en ruinas. Quedó abandonado, ya que los Habsburgo construyeron en las inmediaciones un palacio más pequeño, entre 1714 y 1723. Fue bajo el reinado de María Teresa, en 1749, cuando el palacio se amplió a 203 salas, dándole la majestuosidad actual.
El castillo está rodeado de estrechas calles que nos sumergirán en una atmosfera única, y que nos servirá para conocer la colina donde se fundó Buda. Aconsejo pasear tranquilamente y disfrutar bien de todos los rincones.
En el lado oeste del castillo no os perdáis la Fuente Matías.
Cinco años de trabajo (de 1899 a 1904) fueron necesarios para erigir este espectacular monumento. La fuente representa una escultura, realizada en plomo, que muestra la imagen del Rey Matyas Corvinus (trigésimocuarto rey de Hungría), en una partida de caza con sus perros y sus siervos.
Esta es una foto desde el Monte Gellert en el que sea aprecia el tamaño del Castillo, espectacular.
Como desde el Bastión de los Pescadores, uno de los mayores atractivos de este enclave también son las vistas. La siguiente foto hecha es del Parlamento, no os cansaréis de apreciarlo desde todas las perspectivas, y por la noche es increíble.
En estas fotos podéis ver el famoso Puente de las Cadenas y la parte de Pest.
Y esta con el río, el Parlamento y al fondo la Isla Margarita, donde hay un parque muy interesante y al que iríamos por la tarde.
Una vez que dejamos el castillo seguimos hacia el sur en busca de nuestro siguiente destino, para terminar de ver ese día el tercero de los cuatro lugares (con el Parlamento) más interesantes de la ciudad, según mi opinión. Este es el monte Géllert con su Ciudadela, un increíble mirador con la famosa estatua de la Liberación (construida durante el control soviético de Budapest para celebrar la victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial). Era casi la una del mediodía y ya apretaba el calor de verdad.
Para llegar a la Ciudadela del monte Géllert se puede subir caminando desde el puente de Elisabeth, desde la plaza Szent Gellert, o existe también la opción del autobús, que con el calor que hacía fue la mejor opción. La ciudadela fue construida entre 1848 y 1849 por los Habsburgo y su función, en un primer momento, era la de vigilar. Las vistas desde sus 235 metros son impresionantes.
Además, dado que soy un apasionado de la Segunda Guerra Mundial pude visitar un lugar que respiraba historia de esa época, bastante trágica es verdad, pero historia al fin y al cabo. Durante la ocupación de la ciudad en 1944el ejército nazi tomó la ciudad y construyó un búnker de 3 plantas en el interior de la Ciudadela, utilizando esta fortaleza como punto estratégico de vigilancia del resto de la ciudad y ubicando allí gran parte de la defensa antiaérea.
El bunker estaba ambientado con figuras de cera un tanto «sui géneris».
Había fotos interesantes, por ejemplo un desfile de tropas por Budapest en 1940. No hay que olvidar que Hungría fue un aliado de la Alemania nazi. También una del puente de las Cadenas que destruyeron los nazis antes de ser derrotados.
A mí la verdad es que me gustó mucho y aprecié con mucho interés todo lo expuesto.
Este bunker ocupó un lugar destacado en el llamado «Sitio o Batalla de Budapest», en el que los nazis aguantaron el ataque del ejército Rojo un total de 102 días. El resultado final fue que el 80 % de los edificios de Budapest fueron destruidos o dañados, incluyendo el Castillo de Buda y el edificio del Parlamento húngaro, además de los cinco puentes sobre el Danubio. La batalla de Budapest ha sido considerada como una de las batallas más violentas del Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial, al nivel de la batalla de Stalingrado. Algunos autores la han considerado como un Segundo Stalingrado. Yo que soy de números deciros que las bajas en la parte de la URSS fueron de 80.000 y 240.000 heridos, mientras que del ejército nazi murieron 40.000 con 60.000 heridos, cifras escalofriantes.
Cuando terminamos la visita decidimos ya bajar caminando en dirección a la zona del río para buscar un sitio para comer. Pegaba un sol de justicia, hacía un calor de morirse, así que bajamos a toda prisa porque además nuestros estómagos pedían algo sólido también.
Esta es la ruta que habíamos hecho esa mañana.
No tardamos en encontrar un restaurante nada más descender la colina, donde tuvimos ahora sí una toma de contacto de verdad con la gastronomía húngara. Ojo con lo picante que es la comida porque les encanta poner pimienta roja a todo!!!. La verdad es que no somos mucho de sumergirnos en las cocina locales, pero esta vez sí que comimos con ganas, las raciones eran enormes. Lo que no probamos fue el famoso goulash, con el calor que hacía no estábamos para sopas…
Tras comer decidimos hacer el paseo hacia el norte por la orilla del río, cosa que recomiendo. Pasamos junto al mítico hotel Géllert.
Este hotel alberga el exclusivo Balneario Gellért, que fue construido en 1918 y ampliado en 1927. Lo más interesante es la piscina principal, donde incluso se han rodado películas y anuncios (el más conocido quizás es uno de Danone) pero por lo que pudimos leer antes del viaje las instalaciones estaban algo anticuadas y en parte descuidadas. Entre esto y que es uno de los baños más caros, decidimos ir a otro, el Balneario Széchenyi, que probaríamos otro día.
Aquí está el anuncio de Danone del que os hablaba.
Esta zona es de lo mejor de la ciudad, muy bien conservada, sin duda no os lo perdáis. Pasamos junto al Puente de la Libertad, el Puente Elisabeth, para llegar al más famoso y fotografiado, el Puente de las Cadenas, un puente colgante que cuando fue inaugurado en 1849 era uno de los más largos del mundo. Sobre todo no dejéis de visitarlo de noche, es espectacular.
Seguimos para ver la joya de la ciudad, y su monumento más representativo, el Parlamento, y que más tarde hablaré de él.
Continuamos por el río y llegamos a la llamada Isla Margarita, un bonito parque de unos 2.5 km. de largo y 1 kilómetro cuadrado y muy recomendable para descansar y pasar un buen rato rodeado de naturaleza. Allí pudimos descansar del paseo, y sobre todo librarnos del infernal sol que nos abrasaba.
Después de un rato cruzamos uno de los puentes y fuimos al centro a las calles más transitadas, dimos un paseo por la calle Ráday, una de las más animadas y con más restaurantes, donde finalmente cenamos en uno de ellos. A la hora de pagar la cuenta tuvimos la primera mala experiencia con los camareros húngaros, ya que les dimos una cantidad superior y cuando esperábamos que nos trajesen la vuelta, parece que decidieron quedárselo sin previo aviso, así que nos cabreamos y se la pedimos, y podéis imaginar la propina que dejamos.
Después de cenar y ya sobre las 11 de la noche fuimos a conocer un bar que me había recomendado un amigo antes de irme, el «bar de los cacahuetes» lo llaman, y sabréis por qué. También conocido como “el de los post-its” también lo sabréis ;). For Sale Pub se llama realmente y es uno de los llamados ruin pub que hay por la ciudad. En él pasamos un muy buen rato tomando unas cervezas. Por supuesto escribimos en un papelito que luego colgamos (sería la leche si siguiera todavía ahí), ah, y no os cortéis en tirar las cáscaras de los cacahuetes al suelo, todo el mundo lo hace. Supongo que la simpatía de los camareros se debería a que luego les tocaría barrerlo todo.
No sé si tuvimos mala suerte o qué fue pero no tuvimos muy buena experiencia con los habitantes de la ciudad en general, no encontramos mucha simpatía precisamente. Por supuesto no generalizo, supongo que tendríamos mala suerte.
Después de eso nos fuimos al hotel, estábamos muertos, la pateada había sido antológica, y además con un calor todavía a esa hora tremendo.
Después de comer habíamos hecho la siguiente ruta.
Día 3. Parlamento – Basílica San Esteban – Baños Széchenyi – Plaza de los Héroes
Nos levantamos pronto, desayunamos, y fuimos a ver sin duda el cuarto lugar más interesante de la ciudad con los tres del día anterior, el Parlamento. Nos habíamos informado de cómo hacer la visita por dentro, cosa que no era fácil ya que estaban contadas por aquel entonces las personas que podían acceder, pero pudimos conseguirla tras esperar algo de cola. Fue un gran acierto.
Y por fin entramos en el Parlamento. Construido entre 1884 y 1902, fue la obra más grande de su época. Sus cifras son espectaculares, consta de 691 habitaciones y tiene unas dimensiones de 268 metros de longitud y 118 metros de anchura.
La visita empieza en la escalera principal, en la que ya te quedas con la boca abierta con la grandiosidad y el lujo.
Luego accedes al Salón de la Cúpula, la Santa Corona y las joyas de coronación de Hungría (la corona, el cetro, el orbe y la espada de estilo renacentista).
Y que tienen un protocolo de custodia que es cuanto menos curioso.
Decir que este enorme edificio es el tercer parlamento más grande del mundo después del de Rumanía y el de Argentina.
Posteriormente se accede a la Antigua Cámara Alta, utilizada desde hacía ya unos años sólo con fines turísticos. En el ala sur se encuentra su gemela: la sala del Consejo de los Diputados.
Terminamos la visita muy satisfechos e impresionados por el edificio. Al salir vimos el majestuoso Museo Etnográfico que está justo enfrente, pero que después de la visita del Parlamento no nos apetecía más visitas «maratonianas», así que decidimos dejarlo para otra ocasión.
A continuación nos acercamos al río donde puedes ver una estampa tan espectacular como esta, del Puente de las Cadenas con el Castillo de Buda al fondo.
Un monumento que nos encontramos en esa orilla del río fue el llamado «Zapatos en el Paseo del Danubio«. Estos sesenta pares de zapatos de hierro, son un homenaje a lo que sucedió entre diciembre de 1944 y finales de enero de 1945, cuando la Cruz Flechada (una organización fascista, pro-alemana y antisemita) capturó a 20.000 judíos del gueto de Budapest y los fusiló a lo largo de las orillas del Danubio, arrojando los cuerpos al río, pero antes obligándoles a quitarse los zapatos.
Los integrantes de esta organización, que gobernó Hungría durante los meses finales de la II GM, además enviaron a nada menos que 430.000 judíos húngaros de las provincias y alrededores de Budapest a Auschwitz, donde más de la mitad de ellos fueron gaseados en cuanto entraron en el campo. Un auténtico drama difícil de imaginar, el monumento es sobrecogedor.
Continuamos nuestro camino pasando por la llamada Plaza de la Libertad donde se encuentra el Monumento Conmemorativo de Guerra Soviético. Un monolito que recuerda a las víctimas de la URSS durante la liberación de la ciudad. Es curioso que muy cerca de él, instalaron con evidente intención, una estatua de uno de los grandes enemigos de la Unión Soviética, Ronald Reagan, Guerra Fría en estado puro.
Tras caminar un poco más llegamos finalmente a visitar otro monumento «top» de la ciudad, la Basílica de San Esteban, que ostenta el récord de ser el edificio religioso más grande de Hungría. Las dimensiones de la basílica hablan por sí solas: su base mide 55 metros de ancho por 87 metros de largo y la altura de la cúpula 96 metros, convirtiéndose en el punto más alto de Budapest junto al edificio del Parlamento. La construcción de la Basílica de San Esteban finalizó en 1905 después de más medio siglo de obras!!!, ya que la cúpula tuvo que ser demolida en 1868 y reconstruida de nuevo.
El nombre de la basílica hace honor al primer rey de Hungría, Esteban I (975–1038) y en el interior se encuentra una de las reliquias sagradas más importantes del país: su mano derecha momificada, así, como suena, digna de ver, aunque no apto para los más escrupulosos o aprehensivos…
Aunque haya que pagar os aconsejo subir a la torre porque las vistas de la ciudad desde luego que merecen la pena.
Desde ahí volvimos al hotel para prepararnos para una experiencia que si se tiene tiempo suficiente es recomendable hacer, disfrutar de uno de los baños típicos de la ciudad. Una vez en la habitación comimos a la «española», como tantas veces he hecho en mis viajes, y que tantos buenos ratos me ha hecho pasar. La verdad es que ahora cada vez menos, me estaré haciendo mayor? 🙂
Cuando terminamos cogimos la ropa de baño y fuimos al Balneario Széchenyi, que como ya dije era má barato y en muchas guías lo recomendaban más que el famoso Géllert. Fue el primer balneario terapéutico de Pest y fue construido entre 1909 y 1913 en estilo renacentista moderno. Su agua termal brota a la superficie desde el segundo pozo más profundo de Budapest, con una profundidad de unos increíbles 1246 metros. Con el calor que hacía y aunque la piscina al aire libre estuviera a 38 grados!!! estaba lleno de lugareños tan agusto incluso jugando al ajedrez dentro. Es verdad que algunas de las instalaciones necesitaban una renovación, pero pasamos un buen rato. Además es posible hacer multitud de tratamientos y masajes, que nosotros no hicimos.
De ahí y dado que está bastante cerca de los baños, fuimos a ver la Plaza de los Héroes. Esta es una de las plazas más importantes de Budapest y merece la pena visitar. Sus estatuas conmemoran a los líderes de las siete tribus fundadoras de Hungría. Además tiene un parque al lado muy agradable para pasear.
Finalmente volvimos a las calles más céntricas y acabamos cenando en un restaurante italiano.
Y ya por fin sobre la medianoche nos fuimos a descansar al hotel, al día siguiente teníamos el tren a Viena, nuestro próximo e interesante destino.
Decir una cosa importante, que con estos días, sumándole quizás el paseo nocturno en un barco por el Danubio y que haríamos el último día, yo creo que puede ser suficiente para ver lo más interesante de Budapest, sobre todo si no se dispone de mucho tiempo.
Esta fue la ruta completa realizada ese segundo día:
Día 4. VIENA
Nos levantamos pronto para tomar el tren a Viena que cogimos a las 7 de la mañana. Teníamos la ventaja de que el hotel estaba junto a la estación así que no tardamos nada en llegar.
El trayecto es de unos 260 kilómetros y no recuerdo bien lo que tardamos pero supongo que alrededor de unas 3 horas. Manolo para variar, no se perdió nada del paisaje durante todo el viajezzzzzzzz.
Sobre las 10 llegamos, y sobre las 10 y media ya estábamos en el centro disfrutando de sus monumentos.
Y qué decir de VIENA, que en cuanto a tamaño tiene una población algo superior a la de Budapest, siendo la décima más grande de la UE actualmente. La ciudad tiene una larga historia, ya que es una de las más antiguas capitales de Europa, por lo que cuenta con un importante patrimonio artístico, además bastante mejor conservado que su vecina. En 1867, tras el Compromiso con Hungría, Viena se convirtió en la capital del Imperio austrohúngaro y en un centro cultural, artístico, político, industrial y financiero de primer orden mundial.
Viena alcanza su máximo demográfico en 1916 con 2.239.000 habitantes, siendo por entonces la tercera ciudad más grande de Europa. Éste es el período cultural más glorioso de la monarquía de los Habsburgo, muy presentes en toda la ciudad.
En octubre de 1918, derrotada Austria-Hungría y sus aliados en la Primera Guerra Mundial, estalla la revolución en Viena que pide la disolución de la monarquía y la independencia austríaca, sería el fin de la monarquía de los Habsburgo que gobernaba el país desde 1278.
Viena es cultura (cuenta con más de 100 museos) y desde luego la capital de la música, con su pasado de compositores tan importantes como Mozart o Strauss, y morada de la afamada Opera, quizás su edificio más representativo y que no nos perderíamos. Si algo destaco de esta ciudad y de sus habitantes, es el silencio, la tranquilidad y la educación que se respira, esa es parte de su encanto. Además goza de un río importante al igual que Budapest, el Danubio, y eso para mí es muy importante para una ciudad, que se lo digan a París y su Sena o a Londres y su Támesis…Madrid lamentablemente no puede decir lo mismo.
Comenzamos nuestra visita por el Parlamento, uno de los edificios más famosos y céntricos de la ciudad, una construcción renacentista con estilo griego cuya construcción comenzó en 1874 y finalizó diez años después.
Muy cerca está el imponente Ayuntamiento de la ciudad, de estilo neogótico, construido entre 1872 y 1883 y que tiene una altura en su punto más alto que nada menos que 105 m.
A un kilómetro más o menos caminando llegamos a la Plaza de los Héroes o Heldenplatz. En sí, la plaza es un espacio en el exterior del Palacio Imperial de Hofburg y se diseñó y construyó durante el reinado del emperador Francisco José.
El Palacio Imperial de Hofburg es el palacio más grande de la ciudad de Viena. Fue la residencia de la mayor parte de la realeza austríaca, especialmente de la dinastía de los Habsburgo (durante más de 600 años), y de los emperadores de Austria y de Austria-Hungría. Es actualmente la residencia del presidente de la República austríaca. El Hofburg es conocido asimismo como residencia de invierno, dado que el lugar de veraneo preferido por la familia imperial fue el Palacio de Schönbrunn, y que más tarde visitaremos. El nombre de la plaza proviene de las dos estatuas del Príncipe de Saboya-Carignan y del archiduque Carlos de Austria. En este palacio se puede visitar el Museo Sisí, para recordar a la famosa Elisabeth de Baviera, emperatriz de Austria (1854-1898) y reina consorte de Hungría (1867-1898) entre otros títulos.
Justo al lado se encuentra la Plaza María Teresa donde se encuentran dos enormes edificios gemelos, el Museo de Historia del Arte de Viena y el Museo de Historia Natural.
Detrás del Palacio de Hofburg, pudimos ver la famosa estatua de Mozart, en los jardines Burggarten.
A continuación caminamos un poco más hacia otro edificio digno de ver, la Karlskirche, una iglesia barroca mandada construir por el Emperador Carlos VI, que prometió al pueblo que cuando la ciudad fuera liberada de la enfermedad, construiría un templo dedicado a San Carlos Borromeo, patrono de la lucha contra la peste. La construcción de la iglesia fue un lento proceso que se vio finalizado en 1737.
De ahí ya fuimos a la famosa Catedral de San Esteban, que fue levantada sustituyendo a una anterior iglesia románica del s.XII-XIII, y de la cual solamente se conserva la fachada principal. El estilo gótico actual se debe a la ampliación de la iglesia en los s.XIV y XV. La iglesia se terminó en 1469.
Es una catedral que por dentro bien merece una visita. Como curiosidad decir que está prohibido construir en la ciudad un edificio más alto que los 137 metros de su torre.
Toda esa zona donde está la catedral es el centro de la ciudad, por lo que está muy animada, además era viernes. Dado que ibamos con el tiempo «pegado», decidimos comer rápidamente así que tiramos de un clásico, los perritos de la ciudad, que para mí están mucho mejor que los clásicos «hot dog», ya que son con la salchicha típica alemana. Estaban buenísimos!!!! Por supuesto luego tomamos un café en uno de los numerosos cafés vieneses, no dejéis de hacerlo, es de lo más típico de la ciudad!!
Cuando terminamos fuimos a ver otro plato fuerte, quizás el monumento más famoso de la ciudad, la Ópera. Sin duda en el top 5 de Operas del mundo en importancia y en calidad de sus espectáculos.
Con una superficie de más de 9.000 cuadrados, se necesitan nada menos que alrededor de mil empleados para que este lugar funcione adecuadamente. Como curiosidad decir que al finalizar su construcción en 1869, fue muy criticado al considerar que su estructura era la de una caja sumergida, a consecuencia de lo cual, Eduard van der Null, uno de los arquitectos que diseñó la obra, decidió suicidarse al no poder sorportar las críticas.
La visita a la Ópera de Viena se realiza necesariamente formando parte de las visitas guiadas organizadas en grupos de diferentes idiomas, y desde luego que es muy interesante. Ya la entrada a la Escalera Central, es imponente.
Su escenario es de 1.500 metros cuadrados e incorpora las más modernas tecnologías. Tras ser parcialmente destruida tras la II GM, enseguida comenzaron los trabajos de reconstrucción que terminaron en 1955 y que finalmente dejaron el teatro en 2284 plazas. Ni qué decir tiene que es impresionante.
Es normal creer que las entradas para escuchar alguna ópera son muy caras, pero esto no es así, ya que, aunque las mejores butacas suelen costar a partir de 150€, se pueden comprar entradas para verla de pie por 3 y 4€.
Cabe recordar por último que la famosa Marcha Radetzky de Strauss del concierto de Año Nuevo y que tantas veces hemos visto, no tiene lugar en la Opera, sino en otro edificio no muy lejos de este, el Musikverein. Algún día espero disfrutar de él en directo.
Una vez terminamos la visita a la Opera, nos acercamos a pie al segundo de los tres palacios más representativos de la ciudad (el primero había sido el Hofburg) y que por supuesto son IMPRESCINDIBLES, el Palacio Belvedere.
El Palacio Belvedere es un palacio de estilo barroco construido entre 1714 y 1723 como residencia de verano del Príncipe Eugenio de Saboya. El conjunto lo forman dos palacios unidos mediante un enorme jardín francés. Aunque por fuera es digno de ver y de visitar, por dentro diría que no merece mucho lo pena, salvo que seas un apasionado de las colecciones de arte. Yo aconsejo visitar el de Schönbrunn, mucho más interesante históricamente, que fue al que nos dirigimos después como último destino de la ciudad.
Esta fue la ruta que habíamos hecho hasta entonces, una buena caminata de norte a sur:
Para terminar nuestra visita a Viena, cogimos el metro para ir a una joya del barroco europeo, el Palacio Schönbrunn, el llamado «Versalles austríaco».
Fue construido en el siglo XVII, y sirvió durante años como residencia de verano de la familia imperial vienesa, los Habsburgo. Nada más verlo lo que más destaca es su tamaño, tiene más de 1300 habitaciones!!!
El jardín que tiene es enorme, con 1,2 km. de largo y 1 km. de ancho, y está formado por laberintos de complicado recorrido, obeliscos, lagos y glorietas. Aconsejo subir hasta la colina que hay detrás de la fuente de Neptuno, porque las vistas son impresionantes, tanto del Palacio como de la ciudad. Al lado se encuentra el zoo de la ciudad, que aunque no visitamos es interesante porque es el más antiguo del mundo, fundado en 1752.
Pero lo que destaca de verdad es su interior de estilo rococó. Hacemos la visita con audioguía y desde luego que merece la pena. Se visitan varias salas, unas 40, a cada cual más impresionante.
Pero la que os dejará con la boca abierta es la llamada Gran Galería, utilizada para celebrar los banquetes imperiales. Para mí nada tiene que envidiar al Salón de los Espejos de Versalles.
Allí estuvimos más de dos horas entre recorrer el interior y los preciosos exteriores, pero de repente nos pilló una tormenta así que nos tuvimos que ir corriendo. El tren lo teníamos a las 8 de la tarde así que cogimos el metro y nos dirigimos a la estación de tren para regresar a Budapest, a la que llegamos sobre las 23:30h., cenamos cerca del hotel y nos fuimos a dormir, que había sido un día agotador.
Como véis aprovechando el tiempo se puede hacer una buena visita de Viena, ya que los monumentos principales están muy cercanos unos a otros salvo el Palacio de Schönbrunn, pero como siempre digo, y eso que no me suelo aplicar el cuento, cuanto más tiempo se tenga para disfrutar de una ciudad, mejor.
DÍA 5. Budapest: Avenida Andrássy. Mercado Central. Crucero por el Danubio
Este día teníamos por delante una jornada ya mucho más tranquila, ya habíamos visto lo más importante de la ciudad así que este día lo tomamos más de relax.
Tras salir del hotel de buena mañana nos dirigimos en metro a la Plaza de los Héroes, con el imponente Museo de Bellas Artes justo al lado.
Ya habíamos estado en este punto, pero lo que queríamos era recorrer una de las calles más interesantes de Budapest, la Avenida Andrássy, para terminar en Erzsébet Ter. Esta avenida construida en 1872, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002, en gran parte gracias a las bellas fachadas de las casas y palacios renacentistas que se conservan. Sin duda es un paseo obligado en la ciudad si se dispone de tiempo tras visitar los imprescindibles de días pasados.
Aquí tuvimos la ocasión de ver un ejemplo del contraste entre pasado y presente, entre ricos y pobres, en una ciudad donde las desigualdades, como en todas las ciudades de influencia soviética, siguen acrecentándose.
Tras recorrer la avenida, fuimos a recorrer otra de las calles más importantes junto con Andrássy. LaVáci Utca (Calle Váci), una calle peatonal que forma parte del corazón turístico y comercial de Budapest.
La recorremos tranquilamente y acabamos en el Mercado Central de Budapest, un precioso y enorme mercado, no en vano, es el mercado bajo techo más grande de Hungría. Fue inaugurado en 1897 y en la Segunda Guerra Mundial su estructura quedó gravemente dañada, lo que hizo que en los años venideros comenzara a perder su status. En 1991, incluso se declaró en ruinas y fue cerrado al público. Tres años más tarde afortunadamente el edificio fue restaurado y hoy es uno de los más significativos de Budapest.
El mercado obviamente tenía multitud de puestos, muchos para los turistas, pero eso sí, dado que se terminaba el viaje, no habíamos comprado nada de recuerdos de la ciudad, Manolo sobre todo estaba ansioso, nervioso, tenía sudores fríos… y es verdad que fue el único viaje que recuerdo que de verdad no encontrábamos nada que mereciera la pena comprar como souvenir. Finalmente compré una lámina para enmarcar con una imagen del Parlamento, con eso lo digo todo, y que nunca enmarqué por cierto.
El Mercado tiene una visita, pero no me pareció nada del otro mundo, salvo el edificio en sí y algunas cosas curiosas que se vendían.
Volvimos a la Calle Utca y allí comimos, dada la cantidad de oferta de restaurantes que hay en esa calle. Esta es la ruta que habíamos hecho esa mañana:
Tras comer recorrimos la calle en sentido inverso, y nos acercamos al Puente de las Cadenas para volver a disfrutar de sus vistas.
Enfrente de él, en la orilla de Pest, está el Palacio Gresham, un edificio de estilo art nouveau. Completado en 1906 como un edificio de oficinas y apartamentos, actualmente contiene el Four Seasons Hotel Budapest Gresham Palace, un hotel de lujo.
A continuación llegamos a la Gran Sinagoga, en pleno barrio judío. Hay que recordar que antes de la Segunda Guerra Mundial los 825.000 judíos húngaros, constituían la segunda más grande de Europa después de la polaca. La Gran Sinagoga de Budapest, la Sinagoga Dohány, es la segunda más grande del mundo después de la de Jerusalén. Yo, dada mi mala experiencia siempre con las sinagogas, decidí no pagar el precio de la entrada (que no era barata precisamente) para visitarla por dentro, y mis compañeros hicieron lo mismo.
El barrio judío es interesante, al menos para mí. La vida de estos antes de la II GM no fue un camino de rosas, pues se encontraban sometidos ya a una fuerte y violenta tradición antisemita, sobre todo a partir de 1938, cuando se promulgó una legislación discriminatoria que reducía en un 80% sus derechos laborales y económicos. Esta comunidad sufrió grandes calamidades durante los últimos años, que hizo que finalmente murieran nada menos que más de 600.000 durante el denominado Holocausto y la ocupación alemana del país. Sólo en Auschwitz murieron 430.000!!! Impresionante es el testimonio que recuerdo cuando visité este campo de concentración hace unos cuantos años que decía que la llegada en masa de los 430.000 judíos húngaros obligó al comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, a incrementar el ritmo de los asesinatos, se llegó a matar en un solo día a 24.000 personas, incluso muchas fueron quemadas al aire libre debido a la reducida capacidad de los crematorios.
No lejos de la Sinagoga, pasamos junto al Museo Nacional Húngaro, otro de esos macro-museos a los que habría que dedicar cuando menos una mañana para visitarlos.
Seguimos caminando un poco más y para descansar un poco y tomarnos unas cervezas fuimos a otro bar que tenía apuntado recomendado por mi amigo llamado Champs Sport Pub.
Este es un bar bastante popular y que está dedicado 100% al deporte. Pudimos ver hasta medallas originales de grandes deportistas húngaros, que por cierto tienen una gran tradición deportiva con multitud de éxitos y medallas en juegos olímpicos, como por ejemplo en natación, remo, esgrima o gimnasia, y como no, el waterpolo!!.
Esta foto es un pequeño homenaje a la cerveza del país, Dreher. Si os gusta el deporte es un bar muy recomendable.
Eran ya las 8 de la tarde y teníamos pensado tomar un barco para hacer un crucero por el Danubio, así que salimos en dirección al río. Pero en ese momento tuve otro episodio de mis despistes por el mundo, ya que al tiempo de salir, y cuando ya habíamos llegado casi al río, me dí cuenta de que me había dejado la cámara de fotos en el bar, así que volví corriendo como alma que lleva el diablo. Nunca pensé que me daría tiempo porque tenía muy poco hasta que saliera el barco, que además era el último del día, pero después de darlo todo, pude llegar con mi cámara y sudando como un pollo cuando ya se iba, y gracias a que mis compañeros consiguieron retrasar la salida, uff! por qué poco.
Sólo por esto, la alegría por coger el barco junto con las vistas de las que pudimos disfrutar, fue doble.
Decir que el paseo desde luego es un IMPRESCINDIBLE, y sobre todo por la noche.
Pudimos ir apreciando durante la hora que duró el trayecto diferentes edificios que habíamos visto de día, como el balneario Gellert, el Parlamento, el castillo de Buda, el Puente de las Cadenas, etc. Son preciosos verlos iluminados, era sábado, que es un buen día para hacerlo porque están todas las luces funcionando.
Después del crucero y como fin de fiesta fuimos al último bar recomendado por mi amigo, y según él su favorito. Este es el Szimpla Kert, escogido por cierto por por los usuarios de Lonely Planet como el tercer mejor bar del mundo ese año. El bar es cuanto menos diferente, tiene un ambiente único y además es bastante grande. Está ubicado en el centro de la ciudad, cerca de Astoria, en la calle Kazinczy en pleno barrio judío.
El Szimpla Kert se encuentra dividido en tres pisos y es el ruin pub por excelencia de Budapest, no sólo por su atrayente look psicodélico, sino también por su amplio programa de actividades culturales. El tipo de música que puedes escuchar aquí va desde el electro, pasando por el pop, el jazz y terminando por la alternativa. Es difícil describirlo, lo mejor es visitarlo, a nosotros la verdad es que ya nos pilló un poco cansados, pero pudimos disfrutar de unas consumiciones flipando con el ambiente y todo lo que había de «decoración».
Sobre la una de la madrugada nos fuimos al hotel, era nuestra última noche.
Esto es lo que habíamos hecho ese día, una buena ruta…
Día 6
El domingo 24 a las 9.50 teníamos el vuelo de vuelta, todo termina… bye bye Budapest…aunque no nos íbamos con tristeza, habíamos disfrutado de un estupendo viaje.
Y esta es la historia de una escapada a quizás, junto con Praga, las tres ciudades más interesantes de los países del Este y que se pueden combinar sin problemas al estar muy próximas. Aconsejo por supuesto visitarlas apreciando cada detalle, sumergiéndoos en su riquísima historia y disfrutando de cada rincón de ellas, os aseguro que no os decepcionarán.
Por último si te ha gustado el post sólo te pido un favorcito, ¡ayúdame a difundirlo!, puedes compartirlo con tus amig@s usando los botones de facebook, y si quieres puedes seguir mi blog. Por supuesto también puedes añadir cualquier comentario que será muy muy bien recibido. ¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!
En junio del año 2010, y aprovechando una reunión de trabajo de lunes en la ciudad francesa de Lille decidimos organizar una ruta por el país vecino mis grandes amigos Idoia, otra cansina de los viajes como yo, y un expatriado malagueño con nombre no muy del sur, Jordi Castells. Partiendo de París, iríamos hacia el oeste a conocer un lugar que llevábamos mucho tiempo con ganas de visitar como Mont Saint-Michel para luego ir hacia el norte a respirar historia de la II Guerra Mundial en las playas de Normandía y ver un par de preciosos pueblos de esa región para terminar en Lille.
Decir que fue un viaje muy muy recomendable, qué bien lo pasamos y qué pena no hacer más viajes juntos!! Lo hicimos en un fin de semana, aunque con un día más, quizás habría sido más desahogado. Si tenéis la oportunidad de hacerlo, es una buena opción hacer la ruta saliendo y volviendo a París, cuyo billete os saldrá bastante barato y siempre podéis dejar algún día para ver «la ciudad de la luz». Eso sí, hacerlo en primavera o verano porque si no habrá bastantes posibilidades de que os haga mal tiempo y aparezca la lluvia.
Un viernes volamos por separado Idoia y yo a París, donde Jordi nos esperaba en el entonces «pisito» de su novia Sylvie, digo piso en diminutivo porque era eso, yo entraba casi de perfil, pero claro, es París… El apartamento estaba por la zona de la Biblioteca Nacional, en el Distrito 13, bastante céntrico por tanto.
Primero llegué y esperé junto con Jordi a que Idoia lo hiciera tomándonos unas cervezas en un bar de la zona. Por aquel entonces se estaba jugando el Mundial de Fútbol de 2010 (¿recordáis quién lo ganó?), y casualmente jugaba Francia contra Uruguay. Los bares estaban llenos viendo al equipo galo, que decepcionó y sólo pudo empatar a 0 (quedó eliminado finalmente en primera ronda). Menudo cabreo tenía la gente. Cuando al fin llegó la de Rentería, cenamos en un kebab por la zona y sobre la 1 de la mañana volvimos al apartamento, donde le dimos unos regalos al gran Jordi, para que no olvidara sus raíces 😉
Un poco más tarde nos fuimos a dormir, a las tantas, aunque al día siguiente madrugábamos, y de qué manera…
DÍA 2
El despertador sonó sobre las 5 y media de la mañana, y una hora más tarde ya estábamos saliendo del apartamento. En el trayecto para salir de París me quedé atónito cuando accedimos a la carretera “Périphérique”, algo así como la M-30 de Madrid, no eran más de las 7, en un sábado, y estaba totalmente atascada!!! No me puedo imaginar lo que puede ser un día laborable!!.
Teníamos un viaje largo por delante, unos 370 kilómetros, hasta la fantástica abadía de MONT SAINT MICHEL que se encuentra en la Baja Normandía, en el límite con la región de Bretaña. Decir de esta maravillosa e IMPRESCINDIBLE isla rocosa, que es el tercer lugar turístico más visitado de Francia (por detrás de la torre Eiffel y del castillo de Versalles) con cerca de 3,5 millones de visitantes cada año.
Llegamos sobre las 10.30h. y es espectacular cuando vas por la carretera y vas viendo la isla con la abadía a lo lejos….os causará sensación, os lo aseguro.
Celtas, romanos, y ermitaños cristianos fueron sus habitantes hasta el año 708, cuando el lugar es descubierto por el obispo de Avranches, que vio el lugar apropiado para levantar un santuario en honor del Arcángel San Miguel. En poco tiempo a su alrededor se fueron estableciendo los peregrinos, conformando la actual ciudadela que la rodea. Al año siguiente de terminar la construcción de la primera basílica, una marea viva engulló el bosque que la rodeaba y separó el monte de la tierra firme, hecho que sin duda marcaría su futuro. Fue ya en el año 966 cuando se fundó la Abadía Benedictina actual, en torno a la cual surgió un pueblo amurallado y que le da un aspecto casi de cuento.
Durante siglos únicamente era accesible por vía terrestre en los momentos de marea baja, y por vía marítima cuando la marea era alta, pero desde la construcción de un dique en el siglo XIX la bahía se llenó de arena y hoy está unido al continente. Actualmente se puede acceder a la abadía en todo momento gracias a la carretera que lleva a los pies de la roca.
Si por algo es famosa la isla es por el fenómeno de las mareas, el cual se repite dos veces diariamente, dejando a la ciudadela y su Abadía unida a tierra solamente por su carretera. Dicen que es tal la velocidad a la que suben las mareas, que el agua atraparía con facilidad a un caballo al galope. Debido a esta rapidez, con cada subida del mar, las campanas avisan con suficiente antelación, pues se ha convertido en casi una tradición o una curiosidad turística, el observar esa subida del mar a ras de orilla. Lástima que no nos quedáramos para verlo.
Dejamos el coche en un aparcamiento que hay en una explanada antes de llegar a la isla, que por cierto tiene 900 metros de circunferencia y 80 de alto.
Lo primero con lo que nos encontramos es con el pequeño pueblo que rodea a la Abadía. Entramos por la Porte du Roy, una puerta muy auténtica y que sin duda ya es una primera toma de contacto con su historia.
Por dicha puerta se accede a la conocida Grand Rue, la calle mayor por la que es obligatorio pasar para ir a cualquier lado. Obviamente este pequeño pueblo vive del turismo y de los peregrinos en menor medida. La mayor parte de los edificios, tiendas y restaurantes de Saint-Michel se estructuran en torno a esta calle, a precios obviamente, nada populares, pero muchos de ellos y como suele pasar con las tiendas en Francia, con mucho encanto. Yo en una de ellas me compré una gárgola.
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Aquí una vista de la muralla, a medida que vas subiendo, el paisaje se hace espectacular.
Desde este precioso mirador, se puede apreciar la inmensidad de agua y tierra que hay alrededor.
La abadía de Mont-Saint-Michel se divide en dos partes: la Iglesia de la abadía o Iglesia Abacial y la «Merveille», es decir, la zona donde vivían los monjes. Esta última la podemos ver en esta foto vista desde el exterior, en su lado norte, donde se observa la fachada, que corresponde a la parte gótica. Es un conjunto de seis salas distribuidas en tres niveles, como son el refectorio, la sala de los Huéspedes, la capellanía, el claustro, la sala de los Caballeros y la bodega. Tiene tres plantas y su construcción se prolongó durante 25 años, me pregunto cuánto costaría llevar la piedra hasta ahí arriba.
La iglesia de la Abadía, es románica y fue construida a comienzos del siglo XI, aunque la fachada data del siglo XVIII, pues hubo que reconstruirla por completo tras un incendio. La iglesia está rematada por una aguja neogótica enorme, que se divisa desde cualquier punto del Mont Saint-Michel.
Este es el interior de la iglesia.
Qué buenos ratos pasamos en este viaje, Idoia no te rías!!
Pasamos a la zona de la Abadía, y entramos en la parte llamada «Merveille», donde es muy interesante La Salle des Chevaliers, o Sala de los Caballeros.
Aquí está el Claustro.
La verdad es que toda esta parte está bien pero nada de que me sorprendiera especialmente, lo más interesante de la abadía y de la isla en general son las vistas, y sobre todo verla desde fuera según llegas, según mi opinión.
La isla se ve en un día perfectamente, es más diría que en una mañana (nosotros es el tiempo que empleamos) aunque como con todo se puede estar uno mucho más tiempo viendo las cosas al detalle, pero no teníamos mucho más. El espectáculo de las mareas sí que lo recomendería ver si tenéis la oportunidad.
Una vez vista la iglesia y la Merveille empezamos a descender, desde donde se tiene unas vistas espectaculares de toda esa zona.
Sobre el mediodía ya estábamos saliendo y yendo a coger el coche para buscar un sitio para comer. Junto al aparcamiento pudimos ver un cartel con la información de las dos mareas diarias, importante tomar precauciones.
Este breve vídeo permite ver la magnífica isla desde el aire y el fenómeno de las mareas, no os lo perdáis.
Finalmente y tras coger el coche, repusimos fuerzas en un restaurante al poco de salir de la isla, donde me sorprendió que los sitios para dormir y comer no eran muy caros, a pesar de ser un sitio tan turístico y ser un sábado de junio. Había menús por unos 12€ que fue donde finalmente acabamos.
Terminamos de comer y eran las cuatro de la tarde, y como en esa época anochece tan tarde teníamos todavía unas 6 horas de luz para seguir nuestro viaje, así que nos fuimos en dirección a las famosas playas de Normandía.
Por el camino nos paramos en un museo de vehículos militares, que por esta zona, abundan.
Sobre las 18h y tras una hora y media más o menos desde Saint Michel, llegamos a la primera de las playas a visitar. Es verdad que en las playas no quedan muchos restos de aquel acontencimiento, recomiendo más si se tiene un tiempo limitado ver los monumentos y luego sitios concretos como por ejemplo el Pointe du Hoc.
La playa de Utah fue la que tuvo el menor número de bajas de todas las del desembarco (menos de 200 pérdidas) de un total de 23.000 soldados norteamericanos que tomaron tierra en ella, y fue tomada en un tiempo relativamente corto.
Una de mis grandes pasiones además de los viajes es la historia, pero sobre todo la del siglo XX y sobre todas las cosas todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial. El hecho de poder combinar la visita al magnífico Mont Saint-Michel con lugares tan auténticos de tal acontecimiento histórico, fue algo fantástico y que disfruté al máximo. Es verdad que habían pasado muchos años (unos 60), pero las huellas que quedan todavía son sorprendentes, mucho mejor conservadas de lo que cabía esperar, los cráteres de los obuses, los búnkeres, y hasta algunas baterías de artillería.
Por si alguno no está tan familiarizado con el acontecimiento, decir que en estas playas se produjo uno de los hechos más importantes del siglo XX, como fue el famoso Día D, el desembarco de tropas aliadas, gracias al cual, unido al avance de los soviéticos por el este, fue clave para terminar con la Alemania nazi.
Tuvo lugar el 6 de junio de 1944 y es sin duda la invasión desde el mar más importante de todos los tiempos. Las cifras de los que intervinieron son espectaculares, unos 20.000 vehículos blindados, 6.500 buques, 12.000 aviones y nada menos que 156.000 soldados entre americanos, británicos, canadienses y franceses (como si una ciudad entera como Logroño desembarcara en un día…). Hacia finales de agosto habían entrado en Francia más de tres millones de soldados!!!, a una media de 10.000 diarios.
En este mapa de un panel que había allí se ve perfectamente las playas del desembarco y quién lo hizo en cada una de ellas.
Habría para hablar líneas y líneas sobre tamaño acontecimiento, pero no quiero extenderme así que sólo diré que fuimos recorriendo las playas y los puntos de interés de este a oeste. Una operación que había costado a los aliados dos largos años de minuciosas y secretas preparaciones, ya que el que los nazis no supieran donde tendría lugar iba a ser clave para el éxito de la operación, por ello confundieron al mando alemán haciéndole creer que el desembarco se realizaría en el «Pas de Calais», mediante multitud de maniobras de contraespionaje. Se tenían tantas dudas sobre la operación, que el mismo Eisenhower tenía una comunicación preparada por si el desembarco hubiera resultado un fracaso, y no estuvo lejos de serlo…
En el mapa he marcado en rojo el «Paso de Calais» por donde se hizo creer a los nazis que tendría lugar el desembarco, y en verde donde finalmente se llevó a cabo, la distancia es considerable. Sin duda los aliados entre otras cosas se decantaron por esas playas porque el llamado Muro Atlántico que construyeron los nazis como defensa ante el previsible desembarco, no era tan importante ni estaba tan vigilado como las zonas más al norte.
Durante el Día D se produjeron más de 10.500 bajas en las filas aliadas, de las cuales 2.500 fueron muertos. Las bajas en la parte alemana fueron parecidas, unas 10.000. Una cifra inferior a la esperada, pero lo suficientemente grave y con progresos tan acotados, que el Alto Mando aliado llegó a creer que estaban perdiendo la batalla. Pero se equivocaban. El avance en los meses siguientes fue imparable.
Después de la playa de Utah, fuimos a ver para mí el punto más IMPRESCINDIBLE de toda la visita, el Pointe Du Hoc.
Este lugar era clave, porque estaba situado justo entre las playas Omaha y Utah, por lo que tenía una perspectiva de ambas playas desde un acantilado de entre 25 y 30 metros de altura.
Esta misión se le asignó a una unidad de fuerzas especiales americana creada para la ocasión, el 2º Batallón de los famosos Rangers, que tuvieron que tomarla acercándose con lanchas y luego escalando por el acantilado. Si véis la zona y pensáis que por ahí tuvieron que subir bajo el fuego enemigo, es para echarse a temblar.
Realmente las bajas fueron bastante sensibles, de los 225 Rangers, nada menos que 135 resultaron muertos o gravemente heridos durante el asalto, ya que además de la dificultad de la subida, tras llegar a lo alto del acantilado descubrieron que los seis cañones no estaban en los búnkeres. Habían sido desplazados tierra adentro poco antes sin ser detectado el cambio por parte de los aviones de reconocimiento aliados.
Este lugar es espectacular porque se pueden apreciar perfectamente todavía los cráteres de las bombas de los ataques aéreos.
Además se pueden ver los búnkeres, algunos de ellos en bastante buen estado de conservación para todo lo que recibieron.
Lo que no entendí muy bien es que cómo un lugar como este puede estar todo al aire libre, sin vigilancia y que cada uno podía moverse a su antojo, meterse en los túneles, etc, con lo que supone todo el deterioro que puede provocar eso, en algunos rincones vimos bastante basura, una pena. Aún así, me pareció increíble el estado de conservación después de 60 años.
Después de ver toda esta zona, nos fuimos en dirección a la playa de Omaha, a unos 12 kms de la de Utah. Si existe un lugar en el que el Desembarco casi fracasa, fue en esta playa. Las importantes pérdidas que vivieron las tropas americanas le valdrán el apodo de «Bloody Omaha», (Omaha la sangrienta) y es aquí donde se vivió la mayor de las batallas.
En esta playa, y al igual que la de Utah, más al este, desembarcaron los norteamericanos el día D, aunque en Omaha, y debido a que la precisión de bombardeo no fue efectiva, pues los pilotos se enfrentaron a una densa niebla y grandes acumulaciones de nubes, por lo cual, soltaron sus bombas segundos antes o después de lo necesario, el resultado fue catastrófico para los aliados, las 13.000 bombas explotaron a unos kilómetros de las playas sin dañar su objetivo. El balance final para la tarde del 6 de junio de 1944 fue que de cerca de 34.000 hombres y mujeres que desembarcaron en la Playa Omaha, unos 4.700 soldados perdieron la vida, resultaron heridos o se consideraron como desaparecidos. Entre los que sobrevivieron estaba un norteamericano de renombre, Ernest Hemingway.
En esta playa pudimos ver un monumento dedicado a los caídos.
Y un cartel con una foto de aquel entonces.
Aquí los cañones recordando la hazaña, están por todas partes.
Después de visitar esta playa y dado que ya comenzaba a anochecer nos acercamos a la ciudad de Bayeux porque ahí teníamos nuestro hotel. Cenamos en una crepería de la ciudad encontrado con el móvil por Jordi, ya empezaban las tecnologías para encontrar los mejores lugares 😉
La verdad es que cenamos muy bien, las famosas crepes nos encantaron, y además terminamos con unos postres buenísimos.
Dimos una vuelta por la ciudad, que como la mayoría en Francia, siempre tienen lugares interesantes y singulares.
Y ya de noche cerrada nos fuimos a nuestro hotel, que fue el PREMIERE CLASSE BAYEUX, (rue de la Cambette, 14400) (++). De la cadena Premiere Classe, que son como hoteles-albergue con literas pero que son extremadamente baratos. El baño parece el de los aviones, tipo cabina, pero lo encontramos todo muy limpio y en general bien. Pagamos unos 30€ por la habitación triple así que en calidad-precio insuperable.
Aquí está Idoia en el momento previo a ponerse a dormir como un tronco, yo creo que ni un obús lanzado por un panzer alemán la habría despertado esa noche.
Esta es la ruta que habíamos hecho este día, 600 kms, casi nada.
DÍA 3
Nos levantamos pronto y tras desayunar en el hotel, nos pusimos en ruta en dirección a uno de los lugares también más interesantes, el cementerio militar americano de Colleville inaugurado en 1956 por el presidente francés Coty y el general Marshall y que ocupa unas 40 hectáreas por encima de Omaha Beach.
Aquí reposan nada menos que 9.387 soldados americanos (entre ellos los dos hijos del presidente Roosevelt) caídos en la Batalla de Normandía (6 junio-22 agosto 1944). La emoción es grande, casi palpable.
Todas las tumbas están perfectamente alineadas y orientadas hacia el oeste como si estuvieran mirando a Estados Unidos con una cruz o con una estrella de David en el caso de los que eran judíos.
Dentro de él había unos cuantos monumentos y homenajes recordando a las víctimas, lo cual hacía que se respirara mucho respeto. Se palpaba la emoción en todo visitante, sobre todo si era norteamericano.
Tras la visita al cementerio seguimos hacia otro sitio IMPRESCINDIBLE, la batería de Longues-sur-Mer, que se encuentra situada a sólo 5 km de Arromanches y que es la única de Normandía que aún conserva sus cañones, y qué cañones, de nada menos 150 mm, instalados en unas casamatas o bunkers abiertos de hormigón. Son un total de cuatro que sin duda merece la pena visitar. Tenían un campo de tiro de nada menos que casi 20 km y desde su posición podían cubrir tanto la playa de Gold hacia el este, como la de Omaha hacia el oeste.
La artillería estaba increíblemente bien conservada. Yo hasta me metí en el papel…
Este estaba peor conservado, sin duda había recibido más bombardeo aliado.
Después nos acercamos al pueblo de Arromanches. En esta localidad se construyeron los famosos Mulberrys, que consistían en unos muelles artificiales construidos a base de bloques de hormigón, construidos en Inglaterra, y que fueron remolcados a flote por los navíos aliados hasta Arromanches. Una vez allí eran hundidos y unidos a los demás formando una media luna alrededor de la localidad. Así se evitaba tener que tomar los principales puertos de la región que estaban mucho más protegidos. Se dice que este puerto artificial estaba formado por unos 150 Mulberrys, lo cual hizo posible que se desembarcaran allí dos millones y medio de soldados!!!, cuatro millones de toneladas de equipamiento y más de 500.000 vehículos!!. Lamentablemente estaba la marea alta y no pudimos ver ninguno, una pena.
Aquí está el Museo del Desembarco que por lo visto es muy interesante, pero no teníamos mucho tiempo.
El resto de las playas donde tuvieron lugar los desembarcos, fueron Juno, Gold y Sword, no las visitamos por falta de tiempo pero es verdad que a priori son menos interesantes. En ellas desembarcaron tropas inglesas, canadienses y francesas. En cada una tomaron tierra 21.400 (359 bajas), 25.000 (400 bajas) y 28.800 (683) soldados respectivamente.
Nos despedimos ya de las visitas a las playas y dejamos atrás ese gran episodio de la Segunda Guerra Mundial y nos dispusimos a empezar la ruta hacia el norte, hacia Lille, 420 kms teníamos por delante. Por el camino ya teníamos pensado ir haciendo paradas:
La primera fue un pueblo muy turístico, Honfleur, con apenas 8000 habitantes pero muy famoso en la zona y que recibe multitud de visitantes.
Este pueblo marítimo invita al descubrimiento de sus callejuelas y sus casas antiguas. Poco afectada por el paso del tiempo, Honfleur ha sabido conservar las huellas de su rico pasado histórico convirtiéndose en una de las ciudades más visitadas de Francia. La fama internacional de Honfleur se debe, en parte, a la autenticidad y al encanto de sus callejuelas, sus tiendas, sus hoteles con encanto y sus restaurantes típicos, en esto los franceses son únicos, pero también a la diversidad de sus monumentos y a la riqueza de su patrimonio cultural y artístico. Es la ciudad de los pintores y del impresionismo, con un buen puñado de galerías de arte.
La verdad es que el paseo por sus calles fue fantástico. Flanqueando el dique se extienden hileras de casas de los siglos XVI a XVIII a cual más singular, cada una con su propio tamaño, color y forma. El resultado es un colorido y pintoresco conjunto que nos recordó mucho a Copenhague.
En Honfleur, a los que les guste la arquitectura encontrarán la iglesia de Santa Catalina, la iglesia de madera más grande de Francia, con un campanario separado del edificio principal. Fue construida sobre los cimientos de un antiguo edificio destruido durante la Guerra de los Cien Años. Desde luego que es muy original e interesante para ver, tanto por fuera como por dentro.
Comimos en el restaurante italiano Il Parasole (2, rue Haute 14600) (++). Lo poco que recuerdo es que comimos bastante bien y no muy caro, que es lo que íbamos buscando sobre todo. Cuando terminamos volvimos al coche para seguir nuestro camino.
Nuestra siguiente etapa sería otro precioso pueblo aunque diferente, Etretat, a unos 45 kms tan sólo de Honfleur.
Antes de llegar pasamos por una maravilla de la ingeniería, el puente de Normandía.
Su longitud total es de 2143,21 m, de los que 856 m se corresponden con el vano central del puente. En el momento de su inauguración en 1995, fue el puente atirantado con el mayor vano del mundo. Tiene una curva muy característica al comienzo que la hace muy singular. También singular fue el peaje que tuvimos que pagar, unos 5 euros por atravesarlo!!! supongo que sería para acabar de pagar la casa en las Bahamas del arquitecto, mamma mía!!.
Y por fin llegamos al pueblo de Etretat, una pequeña localidad situada en la Alta Normadía en plena Costa de Alabastro: 140 Kilómetros de costa de acantilados que sorprenden por su verticalidad y la blancura de su roca. Apenas tiene censados 1400 habitantes (2014) pero sin duda es de esos pueblos que en los meses de buen tiempo multiplican su población varias veces.
Como el día acompañaba, decidimos subir a una colina en la zona norte del pueblo para poder disfrutar de las vistas, sin duda lo mejor del lugar, no os lo perdáis. Recuerdo que el pobre Jordi casi quema el embrague del coche en la subida. Pero había una buena recompensa arriba, qué preciosidad de vistas!!!!
Este arco natural en la roca, al que llaman el «ojo de la aguja» es quizás lo más famoso de este fantástico sitio, e incluso el pintor impresionista Claude Monet llegó a pintarlo en un cuadro («Étretat, l’aiguille et la falaise, 1885″).
Esta es la vista de la parte más al norte, con la playa abajo y el mar de un color entre verde y azul, precioso.
Bajamos a la playa, que era de piedra, no de arena, y hasta metimos los pies en el agua, madre mía cómo estaba, helada!!!! por algo no había ni un valiente bañándose.
Pasamos un muy buen rato sentados charlando y disfrutando de las vistas y el buen tiempo. El pobre Jordi lo teníamos muerto de conducir, y lo que quedaba!!
Sin duda si váis, no dejéis de conocer este pueblecito y de bajar a la playa.
Ya sobre las 6 de la tarde emprendimos por fin el último tramo de nuestro viaje a Lille, quedaban 315 kms por delante. Si vuestro viaje comenzara y terminara en París, desde Etretat tendréis unos cuantos menos, sólo 205 kms.
Esta es la ruta completa que hicimos en este segundo día.
Y todavía llegamos de día a Lille, ciudad que si tenéis la oportunidad también merece una visita, La Grand Place, Le Vieux Lille, una bonita ciudad del norte de Francia, cuna del sector de la distribución, y que yo tantas y tantas veces he visitado por trabajo. Con sus 231.000 habitantes, con su área metropolitana de más de un millón, la convierte en la cuarta más grande del país galo, tras París, Marsella y Lyon. Es verdad que el norte de Francia no alberga las ciudades más bonitas del país precisamente, pero tiene una ventaja, que las preciosas Brujas y Gante están a sólo 80 kms.
Aquí podéis ver la imponente Cámara de Comercio con su campanario de 76 metros, y a su lado la Opera de Lille, de estilo neoclásico e inaugurada en 1923, reconstruida tras un incendio que destruyó la anterior. Ambos edificios son de lo mejor de la ciudad en mi opinión.
Este es el edificio llamado la «Vieille Bourse», en español la «Antigua Bolsa», otro monumento de los más famosos de la ciudad, situado entre la Grand Place y la Plaza del Teatro, muy cerca de los dos anteriores. Fue construido en el siglo XVII y España ocupa un lugar destacado en su historia.
Finalmente nos reencontramos con un viejo (desde luego no por su edad) amigo, el gran Gregoire Derville, alias Greg, un francés madridista acérrimo y con el que pasamos un muy buen momento. Un abrazo Greg!!!
Y aquí terminaba nuestro intenso fin de semana en el que pudimos visitar tantas cosas interesantes, no hay nada como aprovechar el tiempo.
Espero que os haya gustado y sobre todo que os animéis a hacer esta ruta, que como véis, se puede hacer un fin de semana, aunque si tenéis algún día más, lo podréis disfrutar más a fondo.
Por último si te ha gustado el post sólo te pido un favorcito, ¡ayúdame a difundirlo!, puedes compartirlo con tus amig@s usando los botones de facebook, y si quieres puedes seguir mi blog. Por supuesto también puedes añadir cualquier comentario que será muy muy bien recibido. ¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!
Peñíscola es una localidad que vengo visitando en los últimos años y que creo que sin duda merece un espacio en el blog porque me parece que es un destino turístico quizás subestimado, y que para mí merece mucho la pena. No sólo su Playa Norte de casi 5 kilómetros es excelente, una de las mejores de la región, si no sobre todo su espléndido castillo que domina toda la ciudad, una fortaleza que sirvió de refugio a un personaje con una historia bien curiosa, el Papa Luna. También ha sido escenario del rodaje de unas cuantas películas y series de televisión, ¿la última? Juego de Tronos ¿os suena?
Otros años anteriores habíamos ido a Gandía, que es un destino también que tiene una magnífica playa, pero no tiene la parte cultural que tiene esta, así que creo que el cambio fue un acierto.
Peñíscola es una ciudad de unos 7.900 habitantes (2018) y que no ha tenido un «boom» urbanístico como otras vecinas suyas, con las ventajas que eso supone. Es sin duda un destino tranquilo, así que los busquéis marcha y vida nocturna, sin duda hay otros lugares mejores.
La provincia a la que pertenece, que es Castellón, es la que menos turistas recibe de las tres de la Comunidad Valenciana, y que por supuesto su vecina catalana que es Tarragona. Además los visitantes que recibe son mayoritariamente nacionales, con gran cantidad de familias con niños.
Esto lo pudimos comprobar por toda la ciudad y más concretamente en el hotel que elegimos en 2016, un clásico, el Hotel Papa Luna de cuatro estrellas, que abrió sus puertas en 1973, con la última reforma en 2012. Cuenta con nada menos que 551 habitaciones. Al cogerlo a última hora no pudimos disfrutar de alguna oferta, con lo que pagamos 563€ por tres noches en una habitación triple superior, pero con pensión completa. Hacía mucho tiempo que no cogía este régimen en algún hotel salvo los del Caribe, y creo que es una opción muy cómoda si vas con niños.
El hotel está muy bien en general, tiene una ubicación excelente y unas instalaciones muy buenas, aunque con algunas cosas que un exigente como yo mejoraría, pero en general le daría una buena nota.
Nos dieron una habitación en la última planta, la séptima y que tenía estas fantásticas vistas.
El primer día lo tomamos de relax, mucha playa, mucha piscina y a descansar. La playa es estupenda, de arena y agua muy limpia.
Siendo mediados de junio, el agua estaba todavía fresquita, aunque nos bañamos sin problemas.
Por la tarde ese primer día recorrimos el paseo marítimo hasta el final, donde hay unas esculturas marinas y hasta un teatrillo de títeres en la calle que a nuestra hija le encantó.
Las vistas del castillo desde cualquier sitio, siempre son preciosas.
El segundo día tras disfrutar de la playa por la mañana y haber comido, decidimos salir a dar un paseo por el pueblo y la verdad es que es una opción estupenda. El hotel como dije está tan bien situado, que en 10 minutos estás en el centro, así que pronto estábamos en la parte baja dispuesto a visitarlo.
De las tres puertas que se conservan del recinto amurallado entramos por la de Sant Pere, mandada construir por el Papa Luna en el S.XV, que proporcionó a la ciudad un nuevo acceso por mar, alterando el antiguo cinturón de murallas y creando un embarcadero que funcionó hasta el siglo XVIII cuando se cegó por motivos militares.
Luego pasamos por el Museo de la Mar, donde hay un mirador con estupendas vistas al Mediterráneo. La ciudad no pierde la oportunidad de reivindicar su pasado como escenario de películas y series que se han grabado en la ciudad, películas como El Cid, Calabuch, París Tombuctú y series como el Chiringuito de Pepe, pero sobre todo por la grabación este año de parte de la sexta temporada de esa gran serie de culto americana: Juego de Tronos. Las cifras de este último han desbordado por completo el rodaje de la serie: 1.200 extras, un millón de euros de gasto en la ciudad y más de mil millones de euros en audiencia potencial, un acontecimiento que sin duda hará aumentar el turismo en la ciudad.
Luego nos adentramos por las estrechas calles llenas de tiendas de recuerdos y restaurantes. A un aficionado a las calles estrechas como yo, he de decir que me encantaron. En una de ellas nos encontramos con la singular Casa de las Conchas.
La Casa de las Conchas es obra de una familia de Peñíscola que se dedicó a invertir parte del dinero obtenido durante su trabajo como guías turísticos en los años 60 y 70. La familia pasaba por penurias económicas, hasta que comenzó la llegada de turistas a Peñíscola, por lo que la madre se ofreció como guía turística por el casco histórico. Pronto consiguieron una buena cantidad de dinero para vivir y comenzaron a construir la casa, que para rendir un homenaje al mar, decidieron romper con el encalado tradicional y comenzaron a colocar conchas en la pared de la vivienda. Es cuanto menos curiosa de ver.
Seguimos recorriendo esas calles estrechas tan interesantes que recuerdan a los pueblos blancos andaluces o incluso a Grecia por su cercanía al mar.
Seguimos subiendo hacia la parte más alta, en busca del castillo. Paramos en la parte del Faro para disfrutar de más vistas espectaculares, hacía calor pero la brisa del mar hacía el paseo de lo más agradable, no os lo perdáis!! A pesar de ir con el carro de Liria no se nos hizo nada pesado.
Finalmente llegamos a la entrada del castillo, donde en la puerta vemos una escultura de Pedro Martínez de Luna, el famoso Papa Luna, el personaje clave de esta ciudad, y al cual le tocó vivir uno de los momentos de más incertidumbre de la iglesia, ya que se produjo el conocido como «Cisma de Occidente» (1378-1417), un período en el que la iglesia católica llegó a tener hasta tres papas. Esta división se originó por las diferencias que había entre los cardenales franceses e italianos, llegándose a establecer un doble papado, uno en Roma y otro en Avignon. La confusión creada por el cisma hizo que la cristiandad se decantase por uno de los papados, ya sea al lado de Urbano VI, papa de Roma o Clemente VI, papa de Avignon.
Fue conocido como el ‘antipapa’ por haber sido elegido durante el Gran Cisma de Occidente o Cisma de Aviñón, uno de los períodos más lamentables de la Iglesia Católica, en el que tuvo lugar una crisis religiosa que salpicó a todos los países católicos que tuvieron que posicionarse sobre la validez de elección del anterior papa Urbano VI.
Entramos en el castillo tras pagar 5€ cada uno (la niña gratis) y comenzamos a visitar el recinto.
Vamos con unos datos, que a mí al menos me parecen interesantes. El Castillo de Peñíscola, también llamado Castillo del Papa Luna, está emplazado en la zona más elevada del peñón que domina la ciudad, alcanzando una altura de 64 m sobre el nivel del mar. Su perímetro es de unos 230 m y tiene una altura media de 20 m. Fue mandado construir por los caballeros de la orden del Temple, que lo hicieron sobre restos de la antigua alcazaba árabe entre 1294 y 1307 y a imagen y semejanza de los castillos de Tierra Santa.
El Papa Luna, que fue nombrado Papa por la obediencia de Aviñón con el nombre de Benedicto XIII de Aviñón, se trasladó en 1411 a Peñíscola y convirtió el castillo en su sede pontificia en el largo litigio sobre su legitimidad. Una curiosidad, la lucha que mantuvo este Papa contra sus enemigos sirvió para que surgiera la frase popular de «mantenerse en sus trece» en referencia a la negativa de Benedicto XIII de renunciar a su posición papal.
En 1409 fue condenado por hereje y se retiró a Aragón, a su fortaleza de Peñíscola donde murió en 1.423 sin renunciar jamás a la convicción de él era el auténtico vicario de Cristo.
Para saber mucho más del castillo podéis consultar esta estupenda página:
Accedemos al castillo por la primera planta, cuyo plano es el siguiente:
Esta estancia son las antiguas Caballerizas.
Las salas están bien, están muy restauradas, lo menos bueno es que no hay nada en ellas, la mayoría están vacías, con lo que no queda nada original. Nuestra niña ya buscaba a la princesa del castillo…
Luego subimos a la planta 2, donde se ubica el patio de armas. Esta parte es mucho más interesante.
Aquí podemos ver las antiguas cocinas y una parte de la iglesia por fuera, y por supuesto una parte del increíble paisaje.
Durante la Guerra de la Independencia, a principios del siglo XIX, el recinto perdió casi una cuarta parte de su superficie a causa de los bombardeos. Aquí podemos ver el Salón Gótico por fuera y las Dependencias Pontificias al fondo, entre las que estuvo instalada una de las mejores bibliotecas del mundo en aquella época, que llegó a reunir más de dos mil volúmenes, que tras su muerte y con el tiempo fueron repartidos a la biblioteca vaticana, a la de Foix, y a la de París.
Estas son las vistas desde las terrazas de esta segunda planta donde se puede ver el bonito Jardín del castillo. Se trata de un parque botánico formado por palmeras, olivos, lavandas, y flora autóctona del cercano Parque Natural de la Sierra de Irta.
Aquí vemos la iglesia, donde a la derecha del pie del ábside estuvo depositado temporalmente el cadáver de Benedicto XIII, hasta su traslado al poco de su fallecimiento, a su casa del castillo de Illueca en la provincia de Zaragoza.
Salón gótico o del trono. Esta sala fue destinada por los templarios, montesianos (Orden de Montesa que sustituye a los Templarios a partir de 1319) y curia papal, a recepciones, audiencias y actos solemnes. Muy interesante el salón aunque lamentablemente nada queda de lo original.
Liria seguía buscando y buscando a la princesa del castillo…
Y finalmente… la encontró 🙂
Y ya por fin por una escalera empinadísima y no apta para resbalones, se accede a la parte más alta, la llamada Torre del Homenaje, denominada del Papa Luna, de planta cuadrada, con una escalera interior y un pasadizo subterráneo que desciende hasta el mar, cuya construcción en una sola noche es atribuida por las leyendas al cartaginés Aníbal. Un broche final a una espectacular visita, y sin duda lo mejor, qué vistas!!!
Aquí es posible ver las playas Sur (a la izquierda de la foto) y Norte de la ciudad (derecha).
Aquí se puede ver la zona del puerto y la pequeña playa Sur.
Aquí está la bonita y poco conocida Ermita de la Virgen de la Ermitana, templo que data del año 1827 en estilo barroco. Esta iglesia se construyó en el mismo sitio donde se encontraba una pequeña ermita que era venerada desde los primeros años del cristianismo, y que por cierto cuya material de construcción me recordó mucho a Split en Croacia.
Este breve vídeo de menos de dos minutos de presentación del castillo da una idea de dónde está enclavado.
Esta es la ruta que hicimos este día. Un paseo como véis de apenas 35 minutos que se hace fácil aunque con algunas subidas, y que tiene bares y restaurantes muy agradables y con muy buenas vistas para ver el paisaje. No os perdáis tomar algo según bajáis viendo el atardecer, precioso…
Anocheció y la ciudad es todavía más bonita de noche…
Y esta fue nuestra estancia en esta fantástica ciudad que es Peñíscola, con una historia muy interesante y que sin duda merece una visita, y además, está tan cerca…
En 2018 probamos a cambiar de hotel y fuimos al hotel Acuazul, y nos ha encantado así que ya repetimos y desde entonces vamos 5 días en julio a este hotel. No está tan céntrico como el Papa Luna pero a su favor está el hecho de que la playa no está tan masificada y además es algo más económico. La animación que tienen para los niños es espectacular y aunque las instalaciones son algo justas para su ocupación, nosotros la verdad que estamos más que agusto.
El hotel está también en primerísima línea de playa y las habitaciones que dan al mar (por las que hay que pagar un suplemento de alrededor de 14€ la noche) tienen unas vistas tan espectaculares como estas.
Además han hecho una reforma de las instalaciones en 2019 lo que le ha hecho todavía más cómodo y con más zonas del hotel para disfrute de los clientes. Por ejemplo han habilitado la azotea como un lugar para que jueguen los niños y otro para que los mayores tomemos algo y que tiene vistas tan espectaculares como estas.
Os animo a conocerla si no lo habéis hecho ya, y sobre todo disfrutar de la parte del castillo y zona amurallada y sumergiros en su historia.
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Como en cada una de las entradas de viajes más largos, y para los que no les apetezca leer todo el diario, en esta página he puesto de forma resumida los sitios que visitamos, en los que comimos y un mapa de las rutas. Pondré notas (+) hasta tres (+++) en función de si me gustó o no, de más a menos. En mayúsculas e incluso en negrita, los IMPRESCINDIBLES. Si no digo nada los precios son por dos personas.
DÍA 1. RÍO DE JANEIRO
Visitamos el mirador de Arpoador (+++)
Cena en el restaurante Sindicato de Chopp (R. Farme de Amoedo, 85) 200 reales, al cambio 50€ (++)
Nuestro alojamiento fue en Casa Cool Beans B&B ( R. Laurinda Santos Lôbo, 136) 1200 R$ (300€) por 4 noches. Alojamiento y desayuno (+++)
Tomamos unas caipirinhas en Portella Bar (Rua Paschoal Carlos Magno, 139/141) 2 caipirinhas 14R$ (3.5€) cada una (++)
Trayecto de ida al mirador de Arpoador:
Cena y vuelta al hotel.
DÍA 2. RÍO DE JANEIRO
PLAYA DE IPANEMA (+++)
Comimos en Nega Tereza Bar ( R. Áurea, 24) 90 R$ (22€) (++)
PAN DE AZÚCAR 76$ cada uno (19€) ((+++)
Cenamos en Café do Alto (Rua Paschoal Carlos Magno, 143) 140R$ (35€) (+)
DÍA 3. RÍO DE JANEIRO
CRISTO REDENTOR (+++).
Este es el trayecto de i/v al Cristo desde el hotel.
Cenamos en el CAFECITO (Rua Paschoal Carlos Magno, 121) 160R$ (40€) (++)
Tomamos 4 caipirinchas en el Armazém São Thiago (R. Áurea, 26) 14R$ cada una (3.5€) (+++)
DÍA 4. RÍO DE JANEIRO
Comimos en Rayz (R. Prudente de Morais, 416) 91R$ (23€) (+).
Catedral Metropolitana de Sao Sebastiao (+)
Teatro Municipal do Rio de Janeiro (++).
Cenamos en el CAFECITO (Rua Paschoal Carlos Magno, 121) 160R$ (40€) (++)
DÍA 5. CATARATAS DE IGUAZÚ (BRA)
Cataratas de Iguazú, desde el lado brasileño. 62R$ (15€)Espectaculares vistas de las cataratas. Lo mejor al final del trayecto, junto a la Garganta del Diablo (+++).
Cenamos en Churrascaria do Gaúcho (Av. República Argentina, 632, Foz de Iguaçç) 70R$ (17€) (++).
Hotel Best Western Tarobá (R. Tarobá, 1048 – Centro, Foz do Iguaçu) 389R$ (98€) calidad precio (+++).
DÍA 6. CATARATAS DE IGUAZU (ARG)
Cataratas de Iguazú, desde el lado argentino. 330 pesos (20€) cada uno. Espectaculares vistas de las cataratas. Lo mejor sin duda de todo el Parque Natural la visita a la GARGANTA DEL DIABLO (+++).
Excursión «Gran Aventura». 650 pesos (40€) cada uno. (+++).
Comimos en Fortín Cataratas 670 pesos (42€) (++).
Cenamos en Churrascaria do Gaúcho (Av. República Argentina, 632. Foz de Iguaçú) 70R$ (17€) (++).
DÍA 7. PRESA DE ITAIPÚ – SALVADOR
Presa de Itaipú (+++).
DÍA 8. SALVADOR
Mercado Modelo (++).
Elevador Lacerda (++).
Iglesia de Nossa Senhora da Conceição da Praia (++).
Palacio Río Branco (++).
Pelourinho (+++).
Iglesia barroca de San Francisco (++).
Comimos en el restaurante Coliseu (Rua Cruzeiro São Francisco, 9) 70R$ (17€) por persona (++).
Largo do Pelourinho (+++).
Forte de Nossa Senhora de Monte Serrat (++).
Iglesia do Nosso Senhor do Bonfim (+++).
La Sorvetería da Ribeira (++).
Faro da Barra (++).
DÍA 9. SALVADOR
Playa de Flamengo (++)
DÍA 10. PRAIA DO FORTE
Praia do Forte. (++).
Nos alojamos en la Pousada Ogum Marinho 240R$ (60€) por habitación con desayuno (++).
Comimos en SABOR DA VILA. 402R$ (25€ por persona) (+++).
Visitamos las instalaciones del Proyecto para la protección de las tortugas TAMAR (+++).
Cenamos en el restaurante 7 Pizzas Praia do Forte. 180R$ (45€) tres personas) (+).
Este viaje a Brasil surgió tras varias invitaciones de mi gran amigo Sergio, cántabro de pro pero que partió hacia Salvador de Bahía detrás de una brasileña que le robó el corazón. Me dijo varias veces que a ver cuando iba a visitarle, y a mí, que poco me hace falta que me digan para preparar el petate, tiré del «golden single», mi amigo Manolo, otro apasionado por viajar que se apunta a un bombardeo, así que ya en verano de 2015 teníamos más o menos claro el viaje.
Iríamos a Salvador a ver a Sergio y a su familia, pero aprovecharíamos también para ya de paso visitar esa gran ciudad que tanto nos atraía como Río de Janeiro, y más si cabe una maravilla de la naturaleza como son las espectaculares Cataratas de Iguazú.
El viaje desde luego no nos decepcionó, la parte con más luces y sombras fue Río, con luces como el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y la playa de Ipanema, y sombras como la de Copacabana y sobre todo un tema clave, la seguridad, con un caso que sufrimos en nuestras propias carnes y que más adelante contaré. Iguazú todo luces, impresionante de principio a fin y Salvador nos gustó mucho, además de contar con la compañía de nuestros amigos y por último Praia de Forte al que nos escapamos el último día del viaje… pero vayamos por partes.
Para todos aquellos que por cualquier motivo no os apetezca leer todo el diario y queráis la información de manera esquemática, os pongo aquí un resumen completo, aunque claro, os perderéis muchas cosas…
Antes de comenzar decir unos pocos datos de este fantástico país que es Brasil. Es el quinto país más grande del mundo en extensión, tras Rusia, Canadá, China y Estados Unidos, y también el quinto en población, tras China, India, EEUU e Indonesia, con alrededor de 200 millones, más de cuatro veces España. El momento del viaje coincide con un período de crisis muy importante y por tanto el tipo de cambio fue un punto importantísimo a nuestro favor, ya que un euro se cambiaba por 4 reales, cuando hace por ejemplo dos años, se cambiaba por 3, y hace 4 por 2,5, así que nos encontramos todo muy muy barato.
La época en la que fuimos yo creo que es una de las ideales, porque entraba el otoño, con lo que nos asegurábamos que no haría un calor tremendo, y además era temporada baja, lo que yo siempre agradezco. Aunque parezca un país al que va mucho turista, apenas superan los 6 millones por año (2015), diez veces menos por ejemplo que los que vienen a nuestro país.
Brasil, que pasó a ser del reino de Portugal tras el Tratado de Tordesillas de 1494 y que obtuvo su independencia en 1822, es un país con muchísimos recursos naturales, uno de las naciones con más especies animales del mundo, con ese gran «pulmón» mundial que es el Amazonas, con sus reservas de petróleo, un país que lo tiene todo para su prosperidad, siendo la segunda economía de América y sexta del mundo y sin embargo, y como pasa en casi toda Sudamérica, con graves desigualdades, y sobre todo un problema de seguridad muy importante. Ibamos a conocer de verdad lo que son las grandes ciudades de esa parte del mundo.
Un viernes 13 de mayo a las 11:30 cogemos un vuelo de la compañía LANTAM con destino Sao Paulo, iba a ser el vuelo más largo de vida, nada menos que 10h y 40 minutos. Por supuesto lo afrontamos con ganas. Plastificamos las maletas, primera vez que lo hago en toda mi vida.
A pesar de no coger asientos en pasillo de emergencia, 80€ había que aflojar por ellos, he de decir que los asientos eran amplios y el avión estaba muy nuevo, a pesar de las luces rojas que podía indicar otro lugar, efectivamente, era un avión 😉
En toda nuestra estancia en el país brasileño cogeríamos nada menos que 8 vuelos, y empezábamos fuerte, ya que por encontrar la opción más económica y por ajustar mejor la vuelta, ibamos a hacer tres vuelos seguidos, Madrid-Sao Paulo, luego de Sao Paulo a Salvador (unas dos horas), y luego de Salvador a Río (2 horas más). Los 8 vuelos nos costaron a cada uno 930€, y el Madrid-Sao Paulo i/v que era el más largo, 650€.
Dado que hacíamos escala en Salvador, quedamos con Sergio y su mujer Claudia para darle algunos productos de las tierras hispanas, típicos como jamón, queso zamorano, queso cabrales y otras delicias que le prepararon sus padres. Curiosamente dos días antes había salido una ley en Brasil que permitía meter todo ese tipo de embutido hasta 5 kg, qué casualidad. Fue una alegría ver a Sergio después de más de 5 años sin vernos!!! y por supuesto conocer a su familia.
En el aeropuerto del mismo Salvador sacamos dinero antes de coger el último vuelo que nos llevaría a nuestro primer destino, RIO DE JANEIRO. Sobre las 15h del sábado 14 y tras más de 19 horas de periplo llegábamos al aeropuerto. Allí tenía contratado un taxi del hotel al que íbamos a ir para que nos fuera a buscar, fue un buen «sablazo» que ya sabíamos y asumíamos, 180 reales, unos 42€, pero con lo que llevábamos recorrido no nos apetecía experimentar con taxis que no conocíamos, había oído hablar tanto de los taxistas brasileños…
LLegábamos a RÍO, esa ciudad de 6,5 millones de habitantes (llegando a los 12 con su área metropolitana (2014)) y segunda ciudad de Brasil tras Sao Paulo, y sexta de toda América. Cuando llegamos la ciudad está a menos de tres meses de celebrarse los Juegos Olímpicos (5-21 agosto), que sincera y lamentablemente en mi opinión nunca vimos muchos indicios de ello, digamos que el espíritu olímpico, no se respiraba precisamente.
En el trayecto del taxi ya pudimos ver la extensión de la ciudad y los grupos de las famosas favelas que hay por toda la ciudad, difícil hablar de cifras, pero hablan de cerca de mil!!. Nada menos que la tercera parte de la población de Río vive en esas infraviviendas ilegales. También vimos por ejemplo el famoso Sambódromo donde se celebra el carnaval. La verdad es que nos llevamos una pequeña decepción porque las gradas, es verdad que construidas en 1984 creo que necesitan una mejora…
Cruzamos media ciudad y tras unos 30 minutos llegamos al barrio de Santa Teresa donde estaba nuestro hotel, bueno, nuestro Bed & Breakfast, el Casa Cool Beans B&B.
Elegí el alojamiento primero por las buenísimas opiniones que tenía tanto en Booking como en Tripadvisor, además de preguntarle a algún húesped para corroborarlo. Luego tenía un precio my bueno, pagamos por las 4 noches 1200 R$, al cambio actual unos 300€, 75€ por noche con desayuno. Cogimos una habitación estupenda (la nº 8) (me parece fantástico poder hasta reservar la habitación que quieres antes de ir) y luego estaba en una zona, lejos de los típicos hoteles que suelen estar en Copacabana o Ipanema, un barrio como Santa Teresa no considerado peligroso y con un grupo de bares y restaurantes muy animados.
Nos recibió en el B&B uno de sus propietarios, David, norteamericano con ya unos cuantos años en Brasil. Nos fue explicando en inglés muy amablemente todo lo que teníamos saber de su alojamiento. Tiene pocas habitaciones pero son muy espaciosas y con multitud de detalles. Esta era la zona de la pequeña piscina que tenía, que una noche probamos y que nos sentó de maravilla.
Y luego la habitación que tenía nada menos que 31 metros cuadrados y unas camas super cómodas. El baño también estaba bien y muy limpio, aunque la ducha flojeaba más, echamos de menos más presión. Las toallas, cosa que siempre valoro de los hoteles, espectaculares, parecían mantas de lo que pesaban.
Una vez que dejamos las cosas, eran sobre las 5 de la tarde, así que David nos llamó un taxi (mejor opción siempre) para ir a ver el atardecer a un punto llamado Arpoador. La cámara muy a mi pesar la tuve que dejar en el hotel, ya se sabe, la seguridad.
Una cosa de los taxis, dado que habíamos oído historias de que a alguno le habían duplicado la tarjeta, decidimos pagar siempre en metálico. La verdad es que nunca tuvimos problemas con ellos, ponían siempre el taxímetro, y además del tiempo que se ahorra al cogerlos, son muy baratos. Este trayecto de una media hora nos costó 34R$, al cambio sólo un poco más de 8 euros!!!
Llegamos sobre las 5 y media y ya empezaba a anochecer. Una pena que durante todo el viaje anocheciera tan pronto, porque quitaba una gran parte del día, por eso lo mejor es siempre madrugar mucho.
He de decir que esa zona es muy recomendable y bastante tranquila en términos de seguridad. Había bastantes turistas, todos con los móviles para inmortalizar el atardecer que con la playa de Ipanema, la de Leblón y el morro de Vidigal más a la izquierda lucían espléndidos cayendo el sol.
Sin duda es un sitio para mí IMPRESCINDIBLE de la ciudad, por el atardecer y por el buen ambiente que se respira. El nombre de Arpoador viene de que antiguamente desde esta zona pescaban ballenas con arpón, quién lo diría.
Cuando ya comenzó a anochecer, buscamos un sitio para cenar, estábamos hambrientos porque apenas habíamos comido salvo lo que nos habían dado en los vuelos, así que preguntamos por alguna buena zona para reponer fuerzas. Nos recomendaron la calle Farme de Amoedo, junto a la playa de Ipanema, sin duda una zona de las mejores que vimos en Río en toda nuestra estancia. Nos apetecía comenzar ya a probar la gastronomía del país, así que finalmente dimos con un restaurante de un original nombre como es el «Sindicato de Chopp». La carta era enorme y con muchas cosas que no entendíamos, así que vimos en las fotos unas empanadillas y luego preguntamos por algo que unos carnívoros como nosotros sabíamos que apreciaríamos. Finalmente pedimos las empanadillas y una especie de parrillada de carnes variadas y con unas guaniciones que ya sólo con eso había comido una familia entera, así que salimos de allí casi rodando. En la carne había un poco de todo, mejores y tiernas y otras más sacas, pero en general quedamos satisfechos.
Pagamos unos 200 reales, al cambio 50€ los dos, no fue barato pero en cuanto a calidad-precio yo creo que estuvo bien, y además la zona andaba por esos precios.
Con lo que habíamos comido y dado que todavía eran sobre las 8 y media, decidimos volver al hotel en metro, así que caminando también para tener una primera toma de contacto con la ciudad, fuimos hasta la parada de metro ‘General Osório’. Un aficionado a este medio de transporte como soy yo no podía dejar pasar la ocasión de unos datos sobre el metro de Río. A pesar del tamaño de la ciudad, el metro es muy pequeño, apenas dos líneas y 41 kms de vías. Fue fundado en 1979 y actualmente hay una tercera línea en construcción que llegará a la zona de Tijuca, para los Juegos Olímpicos. Decir que me pareció muy moderno, con bastante policía y un medio bastante bueno para moverse aunque es verdad que no llega a muchos sitios. El ticket nos costaba 4R$, aproximadamente 1 euro.
Nos bajamos en la parada más cercana a nuestro alojamiento, la de ‘Claudia’, y decidimos afrontar a pie la subida hasta el barrio de Santa Teresa. En la zona más baja, hay motos que te suben por unos 5 reales (1.25€) pero preferimos hacerlo a pie. Era de noche y subimos por unas calles que daban bastante «cague» la verdad, pero que poco a poco nos lo fuimos sacudiendo, recuerdo ahora una escalera totalmente desierta, que ahora que lo pienso, uff. Después de sudar la gota gorda llegamos por fin a la animada zona de Largo de Guimaraes, sedientos, tomamos unas famosas caipirinchas en el Portella Bar, unas caipirinhas muy bien custodiadas desde luego. Esta zona la recomiendo sin duda.
Sobre las diez y media ya estábamos en el hotel y nos fuimos a dormir, que falta hacía después de todo el tute que llevábamos desde la salida de Madrid.
DÍA 2
El segundo día, dado que por los pronósticos parecía que haría buen tiempo y como efectivamente pudimos comprobar al mirar por la ventana, teníamos un plan claro, disfrutar de la conocida playa de Ipanema, ¿nos decepcionaría?. Nos levantamos sobre las 7 y media y tras acicalarnos nos fuimos a desayunar. Una cosa a mejorar del B&B es que el desayuno empezaba un poco tarde, a las 8, creo que en una ciudad grande, al menos debería empezar a las 7-7.30, eso permitiría además madrugar para ir a los sitios, sobre todo como ya dije cuando a las 6 ya es casi noche cerrada.
El desayuno muy bueno, con tostadas, algunos dulces, tortillas con los ingredientes que querías, y sobre todo una fruta de escándalo. He de decir que comimos muuuucha fruta, que quede claro, sobre todo Manolo, no todo fue carne y carne ;). Además el lugar era un puro paraíso de la tranquilidad para desayunar.
David como todos los días nos preguntaba nuestros planes, cuando le dijimos que ibamos a ir a Ipanema, que iríamos en autobús y con dos mochilas, con cámaras incluidas, nos dijo, no, autobús muy peligroso y a la playa nada de cámaras. Así que pensando que había una cierta obsesión, le hicimos caso y fuimos en taxi y sólo una minimochila con los móviles, gafas de sol y algo de dinero en metálico para pasar el día. Este taxista se lo tomó con más calma que el día anterior pero no salíamos de nuestro asombro de lo barato que fue (10€). Le pedimos que nos dejara en la plaza General Osorio, donde había leído que había los domingos un mercado hippie, lo estaban montando y nos dimos una vuelta. El mercado era muy colorido pero de hippie tenía más bien poco la verdad. Tenía muchos souvenirs, artesanía y luego una zona central con pinturas, que por sus colores la verdad es que molaban. Compramos un par de figuras del Corcovado, por cierto todo de nuevo muy barato al transformarlo a euros.
Tras estar un rato y ya sobre las diez, nos encaminamos hacia la playa de Ipanema. Aparentemente tenía una pinta tremendamente buena. Buscamos uno de los puestos que me habían recomendado en los foros de internet, el número 53 de una tal Miriam. Aquí el sistema es que hay como chiringuitos a lo largo de la playa y cada uno te vende sus hamacas y la sombrilla, cuando preguntamos precio, nos sorprendemos al decirnos que al consumir 20 reales (5€) la sombrilla y las dos hamacas, son gratis. Nos colocan todo y nos sorprende que nos dan una brida, sí una brida, para atar nuestra mochila a la hamaca, y nos dicen que nada de irnos los dos al agua. Eso ya lo teníamos claro, otro momento donde la seguridad lo controla todo. Y ahí comenzó nuestro relax, ahí tumbados, con un día absolutamente espectacular, la arena de la playa super blanca, fina, todo extremadamente limpio. Cuando nos vamos a bañar, vemos que el agua está fresca, pero no fría, temperatura ideal, y sobre todo limpísima. Además hay unas olas tremendas, algunas llegan hasta más de dos metros. Esta es básicamente la situación ideal de un día de playa para mí. Nos echamos bien de crema y a relajarnos. Enseguida y tras preguntarnos los hamaqueros como 3 ó 4 veces si queremos algo para beber, yo que soy de beber poco, le pido un coco y Manolo como no, una caipirinha. El coco son 4 reales, apenas un euro, la caipirincha como 13, unos 3 euros. Mi elección, no fue la mejor, no me gustó mucho.
Pasamos unos momentos de relax impagables, con algo de viento que disipaba el posible calor, un día perfecto, no pude dejar de acordarme de lo que habría disfrutado mi mujer.
Pasaba el tiempo y la playa se iba llenando de gente, pero también de vendedores ambulantes, buff, este tema sí que era increíble y a veces agobiante, no exagero cuando digo que cada 3 segundos y a veces menos, tenías a alguien ofreciéndote alguna cosa, a veces inimaginables, bikinis, pareos, pelotas, cubo y palas, bebidas, una especie de «gusanitos» y hasta camarones en una especie de pinchitos, y pescado que te hacían en el momento con unas brasas, tremendo. Seguimos bañándonos, dandonos relevos para pasear (las zonas más animadas están en la parte central y hasta hay una zona gay) y disfrutando de la playa. Era curioso ver como cada chiringuito tenía su propia ducha que te activaba con un pequeño motorcillo y tenían wifi!! rudimentario la verdad y que iba como quería.
Sobre la una de la tarde y tras pedir otra bebida cada uno ya decidimos coger las cosas y pasear en dirección hacia el mirador de Arpoador. La playa a esa hora, y domingo, estaba a reventar!!, eso sí de esas mujeres increíbles con esos cuerpos esculturales, ni rastro, :):)
Nos acercamos al mirador en el que habíamos estado el día anterior pero esta vez con tanta luz, preciosa la playa de Ipanema, un absoluto IMPRESCINDIBLE de Río.
Dado que por la tarde ibamos a ir al Pan de Azúcar, cogimos un taxi para volver al hotel, nos duchamos, cogimos las cámaras, esta vez sí ya que ibamos a un lugar turístico y comimos en la zona de restaurantes cerca de nuestro alojamiento, en uno llamado «Nega Tereza Bar». Vamos un poco estresados porque queríamos ver el atardecer y no sabíamos la gente que habría en el Pan, era domingo, con un tiempo buenísimo y además lunes y martes supimos que iba a estar cerrado por obras. Comimos en un sitio pequeñito, que nos recordaba a los de «menú del día» españoles, y además algo muy brasileño, una feijoada. En una olla meten una especie de morcilla, carne de cerdo, de ternera, todo ello con judías, y de acompañamiento como siempre arroz blanco y una especie de polvillo y unas hierbas que no nos gustó nada… el resto estaba bueno, pero no me entusiasmó.
Comimos un poco corriendo y tras pagar una cuenta de 90 reales los dos (unos 22€) desde allí cogimos un taxi que nos llevó al Pan de Azúcar, el «morro» de granito de 396 metros de altura y que con el Cristo Redentor conforman los sitios más turísticos de Río. El taxi nos deja en la puerta sobre las 4, una buena hora, y además parece que no hay mucha gente, la entrada 76R$, unos 19€ cada uno. En unos 20 minutos ya estábamos subidos en el teleférico o «bondinho» que nos lleva hasta un morro que hay antes del más famoso. Este primero es el Morro de Urca, a 228 metros sobre el nivel del mar.
Este primer morro o cerro permite ya ver unas panorámicas preciosas de diversas zonas de Río, como el barrio de Leme y al fondo en todo lo alto, el Cristo Corcovado.
Y la zona de la playa de Flamengo y la gran bahía de Guanabara donde hace unas décadas y cuando no estaba tan contaminada la gente podía avistar incluso ballenas que se adentraban en la bahía.
Ahí pudimos leer en castellano, como muchos de los carteles que nos encontrábamos, la historia del Bondinho. ¿Habéis visto donde está el más antiguo del mundo??
Antes de que anochiera pasamos al segundo Morro, el más famoso. El nombre de Pan de Azúcar parece que procede de la forma en conos de punta redondeada en la que se producía el azúcar hasta finales del siglo XIX, aunque hay otras teorías.
Ahí pudimos ver como lamentablemente el mirador principal hacia la parte delantera ya estaba cerrada por obras, pero pudimos disfrutar de esta preciosa vista de la playa de Copacabana.
En ese morro hay una zona de tienda de souvenirs, y la posibilidad de descender un poco para dar una paseo en una zona de mucha vegetación. Llevamos repelente de mosquitos pero ni nos lo echamos, seguíamos sin rastro de ellos.
Al poco tiempo y dado que no teníamos las mejores vistas decidimos bajar enseguida al Morro de Urca para ver el atardecer. En esta foto se puede ver una parte del Barrio de Urca, donde nació y se crió el famoso cantante Roberto Carlos (no el futbolista). También es posible contemplar el comienzo de la bahía de Guanabara y al fondo a la derecha la ciudad de Niteroi, que se encuentra frente al aeropuerto Santos Dumont, del que era espectacular ver despegar y aterrizar aviones, no os lo perdáis.
Desde este helipuerto de la foto salen algunos de los helicópteros que hacen el recorrido por Río desde el aire, qué gran lugar.
Aquí podéis ver la playa de Botafogo, donde por cierto nadie se baña, y a la derecha la de Flamengo.
Y aquí una vista frontal de la Playa de Botafogo iluminada, con todos los barcos de recreo y al fondo a la izquierda el Cristo iluminado. Para mí esta fue sin duda la mejor foto de la visita.
En la cima del morro de Urca hay además, una sala de exposiciones llamada Cocuruto, donde se puede hacer un recorrido por la historia del teleférico, una zona de descanso con restaurantes, puestos de comida rápida, tiendas de recuerdos y servicios. Allí nos tomamos en una tienda de frutas variadas una macedonia que nos supo a gloria sentados tranquilamente viendo las vistas.
Sobre las 7 y ya cuando había anochecido del todo, decidimos bajar. Desde luego este lugar un IMPRESCINDIBLE de Río. Es una buena idea subir al atardecer y hacerlo en un día despejado porque si no se mete enseguida la niebla y no veréis nada.
Luego por hacer tiempo y descubrir quizás rincones ocultos e interesantes, algo como me gusta hacer en las ciudades, caminamos hasta la playa de Botafogo. Después de un tiempo y ya cuando el paseo no daba para más, pensamos en volver en metro hacia el hotel, pero finalmente, y haciendo cuentas, nos salía mejor coger un taxi, así que lo cogimos y por apenas diez euros estábamos ya en Largo de Guimaraes. Esta es la ruta completa que hicimos ese día.
Cenamos en un restaurante llamado «Café do Alto», por cambiar y pese a mis reticencias, pedimos un plato de pescado, con gambas, pulpo y merluza creo recordar, no me apasionó como esperaba. Pagamos una cuenta de 140R$ (35€) y ya nos fuimos a dormir sobre las 10 y media, que al día siguiente había que madrugar.
DÍA 3
Era lunes, fuera del fin de semana y viendo que los pronósticos daban también muy buen tiempo, decidimos ir a nuestro destino principal en Río, el maravillo Cristo Redentor, el IMPRESCINDIBLE de la ciudad por excelencia. Abría a las 8 de la mañana, que habría sido nuestra hora objetivo de llegada, pero como el dichoso desayuno del hotel no comenzaba hasta esa hora, y por no perderlo, a las 8 estábamos como clavos para desayunar.
Hay varias maneras de subir al Cristo, el más famoso es coger el llamado tren del Corcovado en Cosme Velho, y otras, y que parecían más rápidas, una especie de van o furgoneta que salen desde varios lugares. Nosotros elegimos la que parte de ‘Largo do Machado’ y que no quedaba muy lejos de nuestro alojamiento, así que sobre las 8 y media ya estábamos en un taxi en dirección a ese lugar. Compramos los tickets sin nada de colas para el trayecto y la entrada al Cristo, que en temporada baja fueron 53R$ (13€), un precio increíble para ver el monumento más famoso quizás de Sudamérica junto con el Machu Picchu.
Subimos con la furgoneta, una subida muy chula por el Parque Nacional de Tijuca a la montaña donde está el Cristo, lleno de vegetación y donde poco a poco fuimos apreciando las vistas, estábamos emocionados. Tras unos 20 minutos, descendemos del vehículo, y entramos sin apenas gente, hacía un viento muy fuerte que pensábamos que nos podría estropear la visita, pero no fue el caso. Y ya por fin llegamos a ver la estatua de Jesús de Nazaret, una impresionante figura de 38 metros incluyendo el pedestal. La imagen nos dejó boquiabiertos.
A pesar de que eran sobre las 9, ya había gente, así que por supuesto si váis, llegar muy muy pronto. Enseguida comenzamos a hacernos fotos, con la cámara y buscando la típica de todo el mundo con los brazos en cruz, pero era casi imposible, por la gente que ya había, así que hicimos un montón con el móvil y el palo selfie, desde luego mucha mejor opción. Las vistas de todo Río eran increíbles.
Decir del Cristo que fue inaugurado en 1931, después de aproximadamente cinco años de obras. La preciosa escultura Art-Decó se ha hecho tan famosa que en 2007 fue considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Esta foto es por detrás, no es que esté decapitado ;).
¿Algunas curiosidades de la estatua? pues por ejemplo que fue construida en Francia, que en su idea original iba a sostener una cruz en la mano izquierda y el globo terráqueo en la derecha pero que finalmente durante la ejecución de la escultura se prescindió de ambos símbolos y que por dentro es hueca a excepción de las manos.
La otra atracción sin duda del lugar son las vistas de la ciudad. Aquí el llamado Lagoa Rodrigo de Freitas, y al fondo la playa de Ipanema.
Aquí más cerca la zona del Pan de Azúcar y Botafogo.
En esta otra foto se puede ver quizás el estadio de fútbol más famoso del mundo, Maracaná, y que por estar en preparación para los Juegos Paralímpicos, no pudimos visitar por dentro, una pena.
Y esta otra foto podéis apreciar toda la bahía de Guanabara, qué pasada de lugar!!! La región que ocupa actualmente la ciudad de Río de Janeiro fue descubierta el 1 de enero de 1502 por una expedición portuguesa. Estos creyeron haber llegado a la desembocadura de un gran río, y por eso y porque era el mes de enero (janeiro en portugués) le pusieron el nombre de Río de Janeiro.
El lugar se iba llenando de más y más gente. No me puedo imaginar un fin de semana en temporada alta, si ahora era una «lucha» verdadera hacerse una foto, ¿que será entonces?
Aprovechamos para hacernos los últimos selfies…
El lugar no es muy grande, tiene una pequeña capilla dentro del pedestal y algunas tiendas pequeñas de souvenirs. Ahí nos quedamos disfrutando y disfrutando de las vistas y del lugar.
Ya después de un par de horas desde que llegamos, cogimos el camino de regreso en la misma furgoneta a Largo do Machado, y luego un taxi que nos llevó al B&B. Este es el camino que habíamos hecho.
Nos cambiamos de ropa y dado que el tiempo estaba espectacular, y como ya tenía previsto, nos dirigiríamos a la otra playa mítica de río, Copacabana. Esta playa ya había oído que era más peligrosa que Ipanema, así que dejé la cámara y llevamos lo mínimo. Esa mañana conocimos a un chico que trabajaba también en el hotel, Sergio, un brasileño pero que hablaba muy bien español, lo que agradecimos. Fue espectacular el trato y toda su atención en todo momento, da gusto encontrar gente así. Nos recomendó un sitio para comer en la playa y nos pidió un taxi por el que pagamos apenas 14 euros, este taxista por cierto muy amable nos recomendó otras churrasquerías para comer, lamentablemente, no le hicimos caso. Bajamos del taxi y nos dirigimos a la playa, al ser lunes estaba bastante desierta, con muy poco ambiente. Fuimos a un chiringuito como los de Ipanema y una señora que debía tener casi los 80 años nos colocó las hamacas y la sombrilla, todo por 20R$ (unos 5€). La playa no estaba mal, era grande y con forma de concha al contrario que Ipanema, que es más alargada, el agua estaba bien, pero sin duda me gustó mucho más la primera. También había vendedores obviamente pero menos que en la otra así que pasamos un momento de relax muy agradable.
Sobre las dos de la tarde ya teníamos hambre así que decidimos salir de la playa y caminar por el paseo hacia la Churrascaría que nos había recomendado Sergio. Aquí el gran Manolo con el famoso empedrado de Copacabana.
Por fin llegamos al restaurante que según nos dijo Sergio, no era barato, nos comentó que se pagaba unos 100R$ por persona pero pensábamos que podíamos darnos un homenaje. La Churrascaría estaba justo al lado del famoso Hotel Copacabana Palace, un hotel de cinco estrellas precioso y considerado varios años el mejor hotel de Sudamérica. El restaurante se llamaba «Churrascaría Palace», parecía muy pijo, y vimos que el precio era más caro que lo que nos dijo Sergio, eran 125R$ pero sin contar postres ni bebidas. Nos pareció caro, pero teníamos hambre y no teníamos muchas más ganas de buscar otro sitio, así que entramos. Había un montón de camareros que vinieron en manada a atendernos. Primero había un buffet donde podíamos coger lo que quisiéramos, había cosas buenas, como por ejemplo las ostras que se comió Manolo, pero no me convenció del todo para la calidad que se presuponía. Nos sentamos y entonces empezó el desfile de camareros y camareros con carnes de todo tipo, y nosotros venga a comer y a probar todo, la picanha muy buena, había una especie de entrecot, corazón (lo único que no probamos), y otras cosas que nos decían pero que no entendíamos, pero que comimos también, jeje. Cuando ya no pudimos más, paramos el desfile, y pedimos la cuenta, la «dolorosa» fue de 309R$, unos 78€, es verdad que comimos bien, pero no me acabó de convencer del todo. Estoy seguro que hay sitios mucho mejores por ese precio, si hubiéramos hecho caso al taxista…
Tras comer y para bajar la comida decidimos recorrer toda la playa de Copacabana caminando, y el ambiente no nos gustó mucho. Vimos además como le daban el tirón a uno y el ladrón salía huyendo en una bici. No nos sentimos muy seguros la verdad. Seguíamos sin ver nada que nos recordara los próximos Juegos Olímpicos salvo los castillos de arena sobre la playa.
Casi al final de la playa nos sentamos en una terraza y nos tomamos algo muy típico, un açai, una bebida entre helado y zumo espeso como con pulpa del fruto açai que viene de una palmera. A Manolo no le gustó y se dejó la mitad, así que yo me comí uno… y medio.
Luego llegamos al final de la playa y nos acercamos a visitar el Fuerte de Copacabana, pero cerraba los lunes así que finalmente acabamos de nuevo en la zona del Arpoador, viendo de nuevo el atardecer, que no se cansa uno, qué lugar más agradable. El sitio está lleno de gente viendo la puesta del sol, lugar romántico donde los haya…sólo roto por los «berridos» de algún vendedor ofreciendo su mercancía.
Sobre las 7 y ya de noche, estábamos un poco cansados, así que nos volvimos al hotel en taxi a darnos un baño en la piscina que nos sentó estupendamente. Nos cambiamos y fuimos a cenar por la zona del hotel. Estábamos ya cansados de tanta carne y tanta comida local así que tiramos de clásicos, pizza, y terminamos en un lugar muy chulo, como una casa antigua de dos pisos, con una escalera muy alta, el Cafecito. Comimos una ensalada y una pizza cada una y yo postre, como no.
Nos gustó mucho para repetir, en el local había bastantes turistas y el ambiente que venía de las calles era muy agradable. Pedimos la cuenta por la que pagamos 160R$ (40€) y nos fuimos al quizás el sitio más conocido de la zona, el bar do Gomes o Armazém São Thiago. Un sitio muy animado y super clásico, lleno de fotos antiguas y que fue fundado por un coruñés que compró el negocio y comenzó a regentar nada menos que en 1919. Tomamos ahí un par de caipirinhas buenísimas, que luego repetimos, y sobre las 10:30 nos fuimos a descansar al hotel. Esta fue la ruta que hicimos después de comer hasta la noche.
DÍA 4
Este día nos despertó un ruido que parecía… lluvia, me levanté y por la ventana pude ver que efectivamente era así.
Las previsiones ya lo habían advertido, motivo por el cual habíamos adelantado lo más interesante a los días anteriores.
Desayunamos y este día teníamos pensado conocer el centro de Río, que por lo que leí parecía interesante. Ya tenía la ruta hecha y todo, pero algo nos lo iba a estropear…
Dado que había leído que en el centro de la ciudad entre semana había mucha gente y por tanto no era muy peligroso (cuidado los fines de semana), pensaba llevar la cámara en la mochila, pero de nuevo Sergio me hizo desistir de ello, así que salimos de nuevo sin cámara y sólo con los móviles y el dinero para el día.
Comenzamos a caminar sobre las 10 de la mañana, llovía, y decidimos ir hacia nuestro primer destino, la Escadaria (o escalera) Selaron, un sitio turístico y que nos apetecía ver. Cogemos el recorrido que hacía el antiguo tranvía o bondinho que dejó de funcionar en 2011 tras un accidente que dejó 5 muertos, parecía muy tranquilo, bajamos tranquilamente y en un determinado momento donde la calle pasa por una zona de vegetación, nos están esperando dos chavales de unos 17-18 años que nos paran de inmediato. A mí uno de ellos me pide que me siente y me enseña un cuchillo diciéndome que le dé lo que tengo. Enseguida le doy el móvil pero no me registra los bolsillos ni me parece muy agresiva su actitud, el cuchillo lo mantiene como a medio metro de mí. Enseguida se van con Manolo que lleva una pequeña mochila, le quitan el móvil, el dinero del bote (unos 90€), otra pequeña cartera con más dinero y las tarjetas y la mochila donde además iban sus gafas de sol, el palo selfie y las llaves del hotel. Yo llevaba en mis bolsillos las gafas de sol y el pasaporte, pero no me registraron. Enseguida se marchan al tener ya lo que querían y obviamente nos damos la vuelta en dirección al hotel. Encontramos a un chico que baja con una mochila, nos parece extranjero pero es brasileño, le decimos lo que nos ha pasado pero sigue hacia abajo tranquilamente, nos extraña. Este fue el lugar más o menos exacto del robo. Era un martes a las 10:30 de la mañana, quién lo podía sospechar…
Llegamos al hotel para bloquear enseguida todo, comenzando con las tarjetas de Manolo. Ahí están David y Sergio que nos ayudan en todo lo que necesitamos, mil gracias!! de repente viene Sergio con el pequeño monedero de Manolo con las tarjetas, sin el dinero obviamente. Se lo había encontrado tirado en el suelo un motorista y al ver dentro del tarjetero un ticket del hotel, lo había traído. Estaba claro que los ladrones sólo querían dinero en metálico y los móviles para venderlos. Bloqueamos los móviles y nos vamos recuperando del susto. Mandamos mensajes de tranquilidad a las familias explicando lo sucedido y nos montamos en un coche con David que va en la misma dirección para ir a la zona de Leblon a la Delegación Especial de Apoyo al Turismo de la Policía Civil (DEAT), Av. Afrânio de Melo Franco, 159 – Barrio de Leblon. tel. (21) 2332-2924 e (21) 2332-2885/2889.
En la oficina, que por cierto, es bastante cutre y no muy bien atendida, nos atiende un agente que nos pide rellenar un formulario en castellano para la denuncia y poner una dirección de mail, a la que al día siguiente nos enviarían la denuncia que podríamos utilizar por ejemplo para nuestro seguro de viaje. Curioso que salimos de ahí sin documento alguna y confiando que nos enviarían el mail, como así finalmente sería.
Nos encontramos en la zona de Leblon, con los planes chafados, pero al menos ya no llovía. Seguimos caminando hacia Ipanema y decidimos ir a comer para intentar hacer «borrón y cuenta nueva». Comemos en un restaurante-buffet llamado Rayz (R. Prudente de Morais, 416) muy cerca de donde cenamos el primer día, era sobre la 1 de la tarde. Pagamos 91R$ (23€) entre los dos, el sitio, normalito, tipo buffet barato de la costa española.
Para continuar en lo posible los planes, aunque habíamos perdido toda la mañana, decidimos ir al centro, para al menos ver algo de lo previsto ese día. Cogemos el metro en General Osorio hasta la estación de Uruguaiana. Ahí salimos y damos una vuelta por el centro financiero y comercial. La zona está llena de gente pero me sigue sorprendiendo la cantidad de vendedores ambulantes que hay, es como si en la Quinta Avenida de NY hubiera cada metro un vendedor ambulante vendiendo de todo, qué pesados. Esta es la única zona de todo Río donde vemos a gente mejor vestida, en el resto, muy poco, vuelvo a decir que en esta ciudad la seguridad, lo controla casi… todo, una pena.
Pasamos por el Mercado Popular de Uruguiana, y preguntamos para ir a la Catedral Metropolitana de Sao Sebastiao. Finalmente llegamos tras pasar por una zona de edificios altos. Ya había leído que era super original y efectivamente lo es, parece un cono con unas vidrieras interesantes, cuanto menos diferentes. Le echo morro y le digo a unos que parecen españoles, pero eran argentinos (seguimos sin ver ni un sólo español) lo que nos ha pasado y si me pueden enviar alguna foto de esa zona y les doy mi mail. Todavía sigo esperando las fotos…
Luego fuimos al Teatro Municipal de Río de Janeiro, vemos que hay una visita guiada a las 5 de la tarde y como no teníamos muchos más planes, animo a Manolo a hacerla. Vamos un grupo y aunque la visita es en portugués más o menos lo entendemos. Pagamos 10R$ cada uno (2.5€). Ahí veo a una pareja cuya chica lleva una cámara reflex y hablan en francés. Le vuelvo a echar morro y les comento en francés lo que nos ha pasado y si me podrían enviar alguna foto de las que hicieran del teatro. Ellos muy amables, nos dicen que claro que sí, son canadienses, de Quebec concretamente. Estos sí que nos envían las fotos como dijeron así que todas son de ellos, merci beaucoup Philippe et aussi a ton amie bien sûr!!
La visita está muy bien y el guía, un chico joven brasileño, la hace muy amena. Nos cuenta entre otras cosas que fue inaugurado en 1909, que tiene un estilo ecléctico inspirado en la Ópera de París. Es el mayor teatro del país y uno de los más importantes de toda Latinoamérica. Es además, la única institución cultural de Brasil que cuenta con un coro, una orquesta sinfónica y una compañía de ballet.
Vemos un vídeo de la última gran restauración (fue reabierto en 2010) en el que ha recuperado todo su brillo y esplendor. Nos encantan los suelos de mosaico veneciano junto con materiales como mármol, ónix, bronce, espejos, dorados y cristales, decoran cada rincón del interior del vestíbulo y el salón principal. Aquí está la espectacular escalera de mármol.
Probablemente la mayor muestra del estilo ecléctico del Teatro es su restaurante, un enorme espacio decorado con frisos, columnas, lámparas y estatuas inspiradas en los majestuosos monumentos de la antigua ciudad de Persépolis y la cultura Babilónica. Todo un espectáculo.
Aquí estamos oyendo las explicaciones del guía.
Entramos en el plato fuerte, el teatro en sí, que es magnífico. Después de la reforma el aforo se queda en 2.244 localidades, incluidos los palcos.
Luego subimos a la parte de arriba, desde donde los balcones se puede ver entre otros edificios la Cámara Municipal de Río de Janeiro.
La plaza Floriano, zona de Cinelandia, y la Fundación de la Biblioteca Nacional
Son tan majos nuestros amigos canadienses que nos hacen esta foto de los dos.
Al terminar la visita, decidimos ya coger un taxi para regresar a la zona del hotel. Volvemos a cenar en el mismo sitio del día anterior, el Cafecito, y nos vamos pronto al hotel a hacer la maleta, al día siguiente partíamos hacia Iguazú!!!! No sin antes darnos cuenta en el restaurante y hasta reírnos que dado que no tenemos móviles ni relojes, ¿cómo nos despertaríamos al día siguiente? tenemos suerte porque en el hotel nos encontramos por casualidad a Sergio que de nuevo muy amablemente nos deja un despertador y nos reserva un conductor para llevarnos al aeropuerto.
Esta es la ruta que hicimos ese día, aunque desde el restaurante Rayz en metro hasta el centro y luego en taxi hasta la zona del hotel.
DÍA 5
Nos levantamos sobre las 6 y media y sobre las 7 y media salimos hacia el aeropuerto, llueve de nuevo mucho, pero ya nos da igual. Nuestro avión sale a las 10.10. El transporte nos cuesta 70R$ (17€), bastante menos que la ida con sus 180R$. Nos lleva un chaval excepcional, gran aficionado al fútbol, cuando le contamos lo que nos ha pasado, nos pide perdón una y mil veces, y se nota que lo sentía de verdad, una vergüenza para él.
En el aeropuerto decidimos brindar con los cafés y pasar página, Iguazú y las cataratas nos esperan!! vamoooooos!!!!
Afortunadamente, a medida que nos acercábamos a Iguazú, vemos desde el avión que el tiempo cambia y está muy despejado, las vistas desde el aire, fantásticas.
Después de un viaje de dos horas, llegamos a Foz de Iguazú.
Ahí hemos quedado en que nos recogería un taxista de la agencia del hotel, la agencia Combo Iguassu. Nos encontramos con Guilherme, un joven brasileño estupendo y con el que hacemos bastante amistad, un abraço Guilherme e muito obrigado!!, lo ibamos a ver unas cuantas veces durante nuestra estancia.
Nos lleva hasta el hotel, el Tarobá Foz do Iguaçu, un lugar con un precio excepcional, unos 389R$ (98€) las dos noches con desayuno incluido.
Subimos a la habitación, es pequeña, pero muy limpia y nos vale de sobra. Dejamos las maletas y bajamos donde nos sigue esperando Guilherme para llevarnos hacia las cataratas de la parte brasileña, no hay tiempo que perder!!.
Un consejo: si alguna vez váis a las cataratas, al menos intentar ir dos días, para dedicar uno a la parte brasileña y otro a la argentina, con un sólo habría que elegir, y no es fácil. Hay un dicho popular que viene a decir que «Dios hizo las cataratas en Argentina, pero se sentó a verlas en Brasil», es decir, en la parte Argentina se está al lado de ellas, pero para verlas es mejor desde Brasil. La parte argentina necesita sin duda un día entero, la brasileña mucho menos, con 2 ó 3 horas es suficiente. Por eso el primer día vamos a la parte brasileña. Antes de entrar, hacemos una de las cosas que nos apetecía más, ver las cascadas desde el aire!!! era la primera vez además que montaríamos en helicóptero en nuestra vida. La empresa con la que hacemos se llama Helisul y está muy cerca de la entrada. Aprovechamos también el cambio del euro y pagamos cada uno por los diez minutos que dura el trayecto, 420R€, unos 105€ al cambio. Llegamos a la oficina y vemos que apenas hay gente, estupendo, así perderemos poco tiempo. Comemos algo rápidamente y vemos que no viene nadie detrás, ya nos toca, pero a última hora lástima aparecen dos asiáticos de edad avanzada que montarán con nosotros. Vemos que nos graban con una cámara para vendernos sin duda luego el vídeo, pero nosotros también hacemos fotos.
Un consejo si lo hacéis, intentar ser los primeros en subir al helicóptero, iréis 4 personas, una delante y tres detrás, así que intentar o bien ir en el delante, el mejor sitio o en uno de los extremos de los de atrás, no el del medio. Así lo hicimos nosotros, delante Manolo y yo en un extremo detrás. Enseguida despegamos!!! que pasada, se tardan como tres minutos en llegar a las cataratas, viendo el río Iguazú y la selva.
Continuamos y nos acercamos al plato fuerte, las cataratas!!!!
Se ven a lo lejos, enmedio de la selva y como si saliera humo de una caldera, y empieza el espectáculo!!!!.
Y aquí os dejo un vídeo que hice del comienzo del trayecto, espectacular…
Terminamos y pasamos de comprar el vídeo y la fotos que nos hacen y nos dirigimos hacia el parque. Había comprado las entradas por anticipado para no perder tiempo, pero vemos para nuestra alegría que apenas hay gente, se nota la temporada baja, así que entramos, eran sobre las 2 de la tarde. Pagamos por la entrada 62R$ (15€) cada uno, creo que bastante barata.
Ya estábamos en las cataratas!! decir que son un conjunto de cascadas que se localizan sobre el río Iguazú (un río de unos 1300 km de largo y que desemboca en el Paraná), en el límite entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná. Están formadas por 275 saltos, el 80 % de ellos se ubican del lado argentino. Un espectáculo aparte es su salto de mayor caudal y, con 80 m, también el más alto: la Garganta del diablo, sin duda lo mejor de todo. Todos los saltos sumados forman el sistema de cascadas más caudaloso del mundo, con un promedio de 1500 m³/s y están declaradas como una de las siete maravillas naturales del mundo. Las Cataratas fueron descubiertas en 1541 por el descubridor español Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Ver las cataratas en esta parte es muy fácil, no tiene pérdida. En la entrada coges un autobús. Por cierto, no es una mala opción si se está mal de tiempo ir del aeropuerto directamente a este lado de las cataratas. Vimos taquillas o lockers grandes para guardar el equipaje mientras visitáis el parque.
El trayecto del autobús tiene cinco paradas, la tercera por ejemplo es para hacer el trayecto en lancha para acercarse a las cataratas, yo lo recomiendo hacer en la parte argentina. La parada donde debéis bajaros y que para mí es lo mejor es la cuarta, la que pone «Parada Trilha das Cataratas». Nada más bajar y acercaros a una barandilla, buff, la primera vista, esta es una de las mejores fotos de las cataratas, aunque sólo es de una de las partes, digamos la parte más al sur del río. Pero para mí los mejores saltos están en la parte más arriba.
Aquí ya vemos uno de los animales más presentes en el Parque Nacional y que yo no había visto nunca, el coatí. Lamentablemente se han «humanizado» como suelen hacer los monos y se acercan y roban todo lo que pillan. En ese momento vemos como abren una mochila de un argentino y un coatí se lleva una bolsa de galletas, nos echamos a reír todos, menos mal que no fue la cámara o algo de valor…
Comenzamos a avanzar por el sendero que hay río arriba, y vamos viendo los saltos más de cerca. La belleza y el ruido es increíble. Esta cascada inferior es la llamada «los Tres Mosqueteros», qué espectáculo.
Fijáos donde se meten las lanchas, al día siguiente lo probaríamos.Qué ganas teníamos!!!
Y muy pronto se llega al final del camino, el plato fuerte de esta parte. Aquí está la pasarela inaugurada en 1993 y que permite adentrarse en las cataratas, permite ver la Garganta del Diablo aunque algo alejada. Prepararos para mojaros así que aconsejo poneros un poncho o impermeable si lo lleváis y cuidado con las cámaras.
Estas dos son fotos desde esa pasarela. La segunda totalmente empapado por el agua que cae.
Un poco más adelante hay un mirador lateral que está muy bien porque no te mojas, y puedes ver mucho mejor como el agua cae. Qué ruido, qué sensaciones, qué gozada!!!
En este sitio hay un ascensor para subir un poco más. Es indescriptible las sensaciones con estas vistas, viendo la fuerza del agua, el ruido ensordecedor.
En este punto ya está la quinta y última parada del autobús donde se puede volver a la recepción. Dado que son aproximadamente las 4 y media, y queda todavía sobre una hora de luz, decidimos deshacer el camino andado.
Volvemos a disfrutar de unas vistas preciosas. A pesar de la selva que hay, no vemos apenas mosquitos, y apenas usamos el repelente, aunque nos lo echamos antes de llegar.
El camino es fantástico, precioso con tanta vegetación, con el sol bajando y con ese juego de luces y el agua en suspensión.
Después de aproximadamente una media hora de camino volvemos al punto cuatro donde nos dejó el autobús. Son las cinco y media aproximadamente y ya empieza a ocultarse el sol. Esperamos el autobús, que en unos 15 minutos nos lleva a la recepción. Ahí habíamos quedado con nuestro taxista Guilherme que nos lleva al hotel.
Por el camino vemos la cantidad de hoteles que hay y que una ciudad como Foz de Iguaçu, con unos 255.000 habitantes (como Vitoria o Granada por ejemplo) vive casi exclusivamente del turismo. Del otro lado de la frontera hay una ciudad argentina llamada Puerto Iguazú, pero que tiene mucha menos población, alrededor de 42.000.
Nos deja en el hotel y aunque en un principio ibamos a ir al día siguiente en autobús, el servicio es tan barato (unos 25€) y el taxista es tan majo, que decidimos hacerlo con él. Dado que obviamente no tenemos manera de comunicarnos con el mundo, vemos que el hotel tiene ordenadores con conexión a Internet, muy buen detalle, y ahí estamos un rato leyendo el correo, facebook, etc.
Nos duchamos y ya sobre las ocho, nos acercamos a una churrascaría que hay al lado del hotel llamada «Churrascaria do Gaúcho», es muy barato, hay un pequeño buffet del que cogemos poca cosa y nos hartamos de toda la carnaza que viene después, con el desfile habitual, probamos casi todo y bastante bien, lo mejor de nuevo la picanha, y algo que llaman jabalí, que no sabemos si lo es. Además el servicio fue muy bueno. Pagamos los dos 70R$ (unos 17€).
Sobre las 10 de la noche y cual abuelos del Imserso estabámos ya encamados, la noche tampoco daba para más y al día siguiente nos esperaba un largo día.
DÍA 6
Dado que la parte argentina abre a las 8 de la mañana y para aprovechar bien el día, habíamos quedado con Guilherme a las 7 y media así que a las 7 ya estábamos desayunando. Nos reímos cuando preguntamos a qué hora empezaba el desayuno, a las 4!!!!. Era en la séptima planta del hotel donde se servía.
No estaba mal, era tipo buffet y tenía de casi todo aunque eché de menos más salado y más calidad de los zumos, en general, pasable.
A las 7 y media emprendimos el viaje a la parte Argentina. En la frontera con ese país tuvimos que bajarnos del coche y hacer los trámites para entrar. En unos 40 minutos estábamos ya en la entrada. La carretera es una pasada toda rodeada de selva.
En esta parte argentina sucede una cosa cuando menos extraña y que es bueno que estéis advertidos. La entrada se debe pasar en pesos argentinos, y NO admiten tarjetas de crédito. Es cuando menos raro en un sitio tan visitado, supongo que temas económicos tienen la justificación, con lo cual hay que sacar dinero en un cajero que hay en la entrada. Este no funcionaba, así que tuvieron que dejarnos entrar porque hay otro pero ya dentro. Sacó Manolo 3000 pesos argentinos (unos 190€). Pagamos la entrada, 330 pesos (20€) cada uno y sin apenas cola ya estábamos dentro. Nos despedimos de nuestro amigo conductor hasta las 6 de la tarde, aunque luego supimos que cerraba a las 6 y media.
Fijaos el mapa todo lo que se puede hacer y visitar.
Nuestros planes eran nada más llegar hacer la excursión que se llama «Gran Aventura», que consiste en un paseo en una especie de camión, hasta una parte baja el río, remontarlo con una lancha y meternos debajo de las cataratas!!! qué buena pinta tenía.
Pero algo nos hizo cambiar los planes, el fresco, por no decir frío, que hacía. A esa hora de la mañana había unos 10 grados, así que no nos apetecía mucho mojarnos a esas horas, pero como se puede reservar, en un puesto de la agencia «Iguazú Jungle» pagamos el tour (650 pesos cada uno (41€)) y lo reservamos para las 12 de la mañana (este por cierto sí que se puede pagar con tarjeta). Se puede hacer también la versión sólo de la parte final en lancha que dura 20 minutos y cuesta la mitad.
Para iniciar nuestra visita, es verdad que comenzamos con lo más interesante, intentar dejarlo para el final si podéis, pero dado el cambio en nuestros planes y para ir luego más tranquilos fuimos a coger el tren hacia la imponente Garganta del Diablo. Desde la recepción podéis coger el llamado Sendero Verde, y en unos 15 minutos a buen ritmo estáis en la mini estación del tren.
El tren llamado ecológico ya que funciona con Gas Licuado de Petróleo, pasa cada media hora y a velocidad de tortuga lleva hasta el punto más cercano a la Garganta. Una vez allí se comienza a atravesar la pasarela que cruza todo el río, y no os creáis que es corta, porque el río Iguazú tiene una anchura de 1500 metros!!!! y aunque es poco profundo, se puede intuir la cantidad de agua que arrastra.
En unos 25 minutos ya estábamos casi en nuestro destino, y según nos íbamos acercando, veíamos ya la nube de vapor que desprendía, parecía una enorme olla…
Y por fin pudimos ver para mí sin duda lo mejor con diferencia de todas las cataratas, un IMPRESCINDIBLE con todas las letras!!!!, la Garganta del Diablo, el salto de mayor altura que dejar caer cerca de tres millones de litros cúbicos de agua por minuto!! El espectáculo de sonido y lo que se presenta ante nuestros ojos, es impresionante.
Difícil explicarlo en fotos, algo mejor con este pequeño vídeo grabado del momento.
Después de recrearnos con lo que estábamos viendo, decidirnos emprender el camino de vuelta.
Nos dejó el tren en nuestro sitio de partida, eran las 11 de la mañana, y dado que teníamos la excursión a las 12 y esta nos dejaba justo en lo que se llama el «circuito inferior», decidimos en esa hora que teníamos hacer el «circuito superior». Como su propio nombre indica consiste en un recorrido para ver las cascadas desde la parte alta de las mismas. La primera vista que se tiene, es de las mejores de todo el parque. No sé por qué me parecía estar en las películas de Tarzán.
Luego se va pasando por diferentes saltos que casi todos tienen sus nombres, salto Bossetti, salto Eva, salto Adán. El mejor de todos para mí el Mbigua.
Aquí tenéis un pequeño vídeo de esa zona…
La última parte que lleva hasta el salto San Martín no merece mucho la pena, pero bueno, son apenas cinco minutos. El circuito en una hora se hace de sobra.
Tomamos el camino de vuelta, y llegamos al lugar (llamado Central) donde se inicia nuestra excursión. Nos cambiamos de ropa y nos ponemos en moda playa total, bañador, camiseta y chanclas, sabiendo lo que se nos iba a venir encima.
A las once iniciamos el recorrido, lo mejor es que fue en castellano, con traducción al inglés ya que en la excursión había gente de Australia, Nueva Zelanda y EEUU. El guía se llamaba Teo, argentino, me pareció un buen profesional. Iniciamos el camino en una especie de camión descubierto y Teo nos va contando curiosidades del Parque, como que por ejemplo antes la selva se extendía mucho más pero la población la había deforestado para plantar pino y soja, rentable económicamente. Luego nos fue explicando algo de la flora y fauna que se podía ver en el espacio que ocupa el parque natural, el más mediático, el jaguar, del que dice que hay 11 ejemplares sólamente. Por el camino no vemos mucha fauna, mala hora y mala época del año dice el amigo Teo, al menos yo veo una pequeña tarántula junto al camino y nos vamos más contentos, jeje. Tras una media hora llegamos al río Iguazú, y allí estamos un rato al sol, que ya empieza a calentar. Nos pusimos los ponchos para preparnos para el remojo, aunque a la postre no vale para mucho, lo mejor, ir en bañador. Qué pintas…
Tras unos 20 minutos nos pusieron los chalecos salvavidas y nos dieron las bolsas estancas para meter nuestras pertenencias, empieza la aventura!!!!
Primero subimos río arriba, al comienzo despacio pero en la parte final a toda máquina, pasamos los rápidos y luego nos acercamos a las cataratas donde nos dejaron hacernos unas fotos cerca de ellas.
Para luego ya decirnos que guardemos las cámaras en la bolsa, que empieza lo bueno. En este vídeo que graba la empresa organizadora del tour y que luego compramos y que he cortado para dejar lo mejor lo veréis todo como fue, no os lo perdáis, sobre todo el final!!!!. Sólo decir que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y que recomiendo por supuesto a tooooooooooodo el mundo.
El tour se termina a la una y media, y la lancha nos deja enfrente de la isla de San Martín. Estamos empapados y no puedo esperar y me cambio en medio del camino, Manolo sube hasta arriba. No estaría mal habilitar un espacio para cambiarse y no tener que subir casi 40 minutos hasta la zona de los baños.
Una vez ya cambiado aprovecho para visitar el circuito inferior, en el que se ven las cascadas más de cerca. Tengo la suerte de poder conseguir esta vista con el arco iris.
Y ahora voy viendo algunas cascadas que he podido ver desde arriba en el Circuito Superior.
Continúo el camino viendo más saltos, siempre desde la parte de abajo permite ver y sobre todo escuchar la caída del agua, lo que siempre las hace más espectaculares y a mí personalmente me gusta más. El camino entre las cascadas es muy chulo en medio de la selva.
No me enrollo con cuál es cada catarata porque si no se haría interminable, sólo indicar que una vez visto bien el mapa, enseguida conoceréis perfectamente dónde estáis en cada momento. Tras unos 50 minutos y con una subida final llegamos al final de la ruta, donde vemos algunos monos.
Son más de las dos de la tarde y pensamos en lo que nos queda. Habíamos pensado hacer el llamado «Sendero Macuco» que lleva unas dos horas, pero la excursión por el río nos había hecho emplear bastante tiempo y dado que pensamos que sería parecido a lo que habíamos hecho en el camión, decidimos no hacerlo, comer y pasar el resto de la tarde tranquilamente en lugar de ir estresados con el tiempo encima.
Decidimos ir a comer. Como el cajero nos había «obligado» a cambiar 3.000 pesos y no pudimos menos, significaba que teníamos bastante dinero para comer así que dejamos de lado los sitios más baratos y fuimos a uno que no era tan económico, y que estaba más vacío. El restaurante llamado «Fortín Cataratas» tenía un buffet y luego una parte de carnes muy buena, era un nuevo encuentro con nuestro querido amigo, otra vez el colesterol para arriba ;). También me puse ciego a postres, para qué negarlo… pagamos 670 pesos (42€)
Os dejo también este vídeo divertido de como nos pusimos…
A la salida vemos más de cerca lo que ya habíamos visto en la parte brasileña, pero aquí más exagerado, los coatíes buscando comida desesperadamente. A mí me daba bastante repelús todo hay que decirlo, a la vez que poco higiénico….una pena.
Cuando terminamos, eran sobre las 4 de la tarde y aún teníamos un par de horas por delante. Una vez descartado el Sendero Macuco, decidimos volver al mejor sitio de todo el Parque, ver de nuevo la Garganta del Diablo, así que cogimos de nuevo el tren. Por el camino pudimos ver unos cuantos ejemplos de fauna autóctona…
Esta segunda vez fuimos más tranquilos, con una mejor luz que la de la mañana para admirarlas y disfrutamos mucho más, qué pasada, qué lugar, sin duda el mejor de todo el viaje, y había ratos que nos empapamos de arriba a abajo, pero nos daba igual, jajaja
Ya sobre las cinco y cuarto de la tarde, emprendimos lamentablemente el camino de vuelta, cogimos el tren desde donde por cierto vimos un par de tucanes en libertad, qué preciosidad. En las tiendas de fuera nos gastamos lo poco que nos quedaba de pesos y con nuestro Guilherme que nos esperaba fuera volvimos al hotel, pero por el camino, se me encendió la bombilla, y dado que al día siguiente el vuelo no nos salía hasta la una de la tarde, pensé la posibilidad de ir a ver otra visita interesante de la zona, la super presa de Itaipú!!! Así que cuando llegamos lo contratamos con la agencia Combo Iguassu, la excursión y el traslado al aeropuerto, pagamos 192R$ (50€).
Cenamos en el mismo sitio que el día anterior, hicimos la maleta y sobre las once ya estábamos en la cama.
DÍA 7
Ese día nos levantamos sobre las 7 para desayunar y dejar el hotel. A las 8 habíamos quedado de nuevo con Guilherme para que nos llevara a la presa, a la que llegamos en unos 25 minutos. Sobre las 8 y media ya estábamos allí. Como nos pasó en Río, el último día nos iba a llover, por lo que nos dábamos más cuenta de la suerte que habíamos tenido los dos días para ver las cataratas. Esta fue la ruta, y donde se ve también la cercanía de las cataratas al sur del mapa.
La llamada Represa Binacional de Itaipú es una impresionante obra de ingeniería, es actualmente la primera presa del mundo en generación de energía, 14.000 megavatios (la primera española es Aldeadávila y ronda los 1.100). Tiene 7.744 metros de extensión y un alto máximo de 196 metros, el equivalente a un edificio de 65 pisos. En tamaño es superada por la presa de las Tres Gargantas de China, pero esta genera menos energía (6º puesto mundial) según nos dijeron por el río Yangtsé, el cual es superado en caudal por el Paraná, río que abastece a Itaipú.
A mí que me encantan las estadísticas, este cartel me encantó, porque hablaba de que desde 1977 hasta concretamente febrero de 2016, un total de 20 millones de personas habían visitado la presa. Y en este mapa estaban las nacionalidades y los visitantes. Obviamente los mayoritarios Brasil, con 9,6 millones, 3,9 de argentinos, 3 de paraguayos, y luego ya a distancia Alemania, primes país no americano con 383 mil, Uruguay 321 mil, Chile con 295 mil, y luego?? pues España, ahí con 254 mil, luego ya EEUU, Francia, Italia, Japón, etc.
La visita incluía un pequeño documental sobre la presa que vimos en un teatro y que nos tocó subtitulado en castellano, lo cual agradecimos. Entre otras cosas habló de que en 2007 con la puesta en marcha de las dos últimas unidades generadoras Itaipú llegaba a su potencia máxima, los 14.000 megavatios, aproximadamente el 15% de la electricidad consumida por Brasil y más del 80% de Paraguay. La presa ya repartió más de 9.000 millones de dólares en royalties a los dos países.
Después de la filmación continuaba nuestra visita con un tour en autobús panorámico para visitarlas por fuera (había una opción de verlas por dentro pero esta no nos daba tiempo) y que inició su marcha bajo el aguacero del siglo. Al mismo tiempo un guía nos iba explicando cosas por el camino muy interesantes.
Toda la central mantiene una paridad en cuanto a personal brasileño y paraguayo, hay un director de cada país, el consejo de Administración, etc. En la central trabajan 30.000 personas.
La primera parada que hace el autobús es para una vista de la Central
Sigue la ruta y nos vamos acercando a la presa. Vemos la parte de las turbinas. La Central tiene 20 (32 la de las Tres Gargantas) y sólo con una sería suficiente para abastecer a todo Paraguay!!.
Luego pasamos por la llamada zona de aliviadero, y por donde se libera agua cuando el caudal está muy alto y que no sirve para generar energía. Como curiosidad nos dice el guía que aquí se grabó un anuncio de Red Bull con un skater que bajó una de estas rampas..
La segunda parada es en un restaurante donde, obviamente con un día no tan lluvioso como el actual es posible comer con unas bonitas vistas del río Paraná. Además hay un barco que hace un paseo turístico. En este nosotros ni salimos del bus de lo que llovía.
Seguimos la ruta después de casi dejar a uno en tierra, y seguimos admirando la monstruosidad de las instalaciones
Llegamos a nuestra tercera parada, en la que mejor se puede ver la presa.
y decidimos decir lo del refrán de, al mal tiempo, buena cara…
De aquí ya tomamos el camino de vuelta intentando el guía resolver una duda o polémica que debe haber sobre si Brasil compra o no electricidad a Paraguay, y después de muchas explicaciones que no entendí muy bien, parecía que no 😉
Llegamos a la recepción sobre las once, donde nos esperaba nuestra amigo Guilherme que se había echado hasta una siesta. Nos hicimos una foto con él para recordarlo y para darle las gracias por lo amable que fue con nosotros y lo buen chaval que es. Muito obrigado Guilherme!!!
Manolo desplegó uno de sus hobbies favoritos, comprar souvenirs, y nos encaminamos hacia el aeropuerto de Foz de Iguazú.
LLegamos como a las 11 y media, un poco menos de dos horas antes de que salga nuestro vuelo. Nos dirigíamos a Salvador de Bahía!!! Como ya sabíamos, no había vuelo directo, así que tuvimos que coger un vuelo de unas dos horas para ir hasta Sao Paulo, y de ahí tras otras dos horas, coger otro a Salvador. Estos vuelos fueron hasta la bandera de llenos, sobre todo el segundo y se me hicieron eternos. Qué raro se nos hacía no tener el móvil, sobre todo para Manolo y su juego de frutitas 😉
Ya por fin a las 8 y media de la noche llegamos a nuestro siguiente destino, SALVADOR.
Esta ciudad es la capital del enorme estado de Bahía (con un tamaño parecido a Francia) y es la tercera en población de Brasil, tras Sao Paulo y Río de Janeiro, con unos 2,9 millones (2014), unas cifras parecidas por ejemplo a la ciudad de Roma. Es además uno de los principales centros culturales del Brasil y posee una singular diversidad cultural que se expresa en la mezcla de las tradiciones amerindias, europeas y africanas, las cuales se ven reflejadas en su gastronomía, folclore y en su producción artesanal. Cerca del 80% de su población es de origen africano y por tanto de piel bien oscura, no en vano es considerada la metrópoli con el mayor porcentaje de negros localizada fuera de África!!!
El principal atractivo que tiene para ofrecer el turismo en Salvador de Bahía, es el casco antiguo de la ciudad, conocido como Pelourinho, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, además de constituir el mayor conjunto de construcciones coloniales de América Latina, integrado por más de un millar de mansiones, casas, palacios, conventos e iglesias, en estilo barroco, de los siglos XVI y XVII. Otra de las atracciones que nos brinda la ciudad es su circuito de iglesias, con más de 350 edificaciones, construidas en variados estilos. Además, la ciudad está rodeada por playas. Imperdible resulta el carnaval de Bahía, considerado uno de los más importantes de Brasil.
En el aeropuerto nos esperaba Sergio, su mujer Claudia y su preciosa niña Amaia. Lo primero que pudimos apreciar al salir al parking, era el bochorno que hacía, nada que ver con las zonas de las que veníamos, zonas mucho más al sur y con temperaturas más bajas. Subimos al coche y en una media hora estábamos en su precioso apartamento. Ese día vino a cenar una amiga Fabiana, una chica super simpática pero que se hartó de oír hablar español, sinto muito Fabi!!, comimos como leones, para variar, charlamos un rato y pronto nos fuimos a dormir.
Aquí está el apartamento, y su situación con respecto al centro.
DÍA 8
Yo como siempre me levanté muy pronto, sobre todo por el calor porque no quisimos dormir con el aire acondicionado. Sobre las 7 ya hay una actividad increíble en la calle, y eso que era sábado.
Me asomé a la gran terraza del apartamento, donde pude apreciar unas grandes vistas.
Luego nos hicieron un desayuno estupendo, que no desmerecía los de los hoteles.
Este día teníamos pensado recorrer el centro de Salvador, ver la parte más cultural, cosa que me encanta de las ciudades, y en esta ciudad hay mucha. Nos hará de guía la prima de Claudia, una brasileña de armas tomar y que pronto se convierte en la prima de todos, la fantástica Cristiane, te mando um beijo grande e muito obrigado!!
Subimos en el coche y comenzamos la ruta hacia el centro. Me gustó mucho de la ciudad la cantidad de zonas verdes que tiene, no me extraña tampoco, con este clima tropical que tiene que hace salir la vegetación en cualquier lugar.
También tiene sus favelas, claro, como gran ciudad brasileña que es.
Primero fuimos al barrio de Comércio, en la zona del Mercado Modelo y del elevador Lacerda, que conecta la Ciudad Baja con la Ciudad Alta y es uno de los símbolos de la ciudad, construido en 1863 y diseñado por el ingeniero del que toma el nombre, Augusto Federico de Lacerda.
Vimos primero el Mercado Modelo, un antiguo mercado inaugurado en 1912, y ahora reconvertido en un mercado de artesanía con más de 250 tiendas con artículos de lo más variopintos y que me gustaron mucho. He de decir que la artesanía me gusta mucho y más de colores vivos, y en Salvador, y en Brasil en general, la artesanía tiene esa característica y a mí me encantó.
No dejéis de visitar la parte trasera del mercado, hay una zona muy chula donde están las embarcaciones.
Después del mercado visitamos una iglesia preciosa, la Nossa Senhora da Conceição da Praia. Construida en 1623, es una de las parroquias más antiguas de la Archidiócesis de San Salvador de la Bahia. Su actual construcción en estilo Gótico fue hecha toda de piedra sabão traída de Portugal. Ahí dejamos por supuesto nuestra firma en su libro de honor 😉
A continuación subimos en el elevador, desde donde pudimos ver unas vistas fantásticas de toda la zona.
Nada más salir del ascensor, y tras lidiar con los típicos vendedores de la zona ofreciéndote de todo, me sorprende un edificio por encima de todos, el Palacio Río Branco, es la antigua sede de gobierno del Estado de Bahía y uno de los palacios más antiguos de Brasil. Cristiane seguía haciéndonos de estupenda guía.
Aquí con el gran Sergio, qué grandes días pasamos juntos.
Esta fue la ruta que habíamos hecho hasta ahora.
A continuación cogimos el coche, y fuimos a una zona en la costa junto al MAM Museu de Arte Moderna da Bahia, un lugar muy agradable, y donde es posible ver los contrastes de la ciudad, por una lado una zona preciosa con el Museo y una capilla al lado.
Y junto a todo ello una zona de favelas (o «assentamentos» según Sergio :):)) con unas vistas envidiables al mar…
Ya después cogimos de nuevo el coche y nos fuimos al plato fuerte de la ciudad, el Pelourinho. Es la parte más importante del centro histórico de Salvador, con un conjunto de típicas construcciones de estilo colonial portugués. Edificios considerados verdaderas reliquias arquitectónicas. Es un auténtico IMPRESCINDIBLE de la ciudad y por supuesto del Estado de Bahía.
Aparcamos junto a la Catedral Basílica de San Salvador, en pleno centro Histórico.
Esta plaza y la calle que hay al otro lado y que lleva a la iglesia barroca de San Francisco, son preciosas, con sus casas de colores. Bien merece un tranquilo paseo.
Nos dirigimos a la magnífica Iglesia barroca de San Francisco, tiene una parte de Monasterio y es imprescindible visitarla por dentro, no os arrepentiréis.
Esta calle no os la perdáis, además con un día soleado como el que teníamos, lucía mucho más. Además hicimos amistades con otra brasileña, jeje.
He de decir que la zona me pareció bastante segura y pude estar con la cámara haciendo fotos sin problemas.
Ya sobre las dos fuimos a comer, que ya había hambre. Comimos en un restaurante llamado Coliseu (Rua Cruzeiro São Francisco, 9). Un buffet bastante bueno, donde probamos varios platos lugareños, que nos gustó bastante, y por supuesto, carne. Me sorprendió que me gustara una especie de lasaña pero de plátano. Aquí estamos los tres tiburones antes de comenzar. Manolo y Sergio pidiendo dos, de no sé muy bien qué…
El restaurante tenía una zona donde realizar espectáculos supongo que para los turistas, menos mal que no fue el caso porque no soy yo muy amante de esas turistadas. Era grande y tenía unas mesas que daban a la calle. Nos costó 70R$ (17€) por persona.
A la salida seguimos paseando por la zona, bajamos por la Rua Gregório de Matos y llegamos a esta zona que me encantó, lástima que se nublara.
Esta plaza además es uno de los lugares donde nada menos que Michael Jackson grabó el video de su fantástica canción «They Don’t Care About us» (soy fan absoluto). Por ejemplo aparece en este balcón de la izquierda si os fijáis en el comienzo del video que pongo abajo.
Y justo en la calle Alfredo de Brito encontramos a gente practicando con tambores, nos encantó verlos y escucharlos. Obviamente lo utilizan como tirón turístico pero tampoco demasiado.
Nosotros, no ibamos a ser menos, jeje.
Llegamos de nuevo a la plaza donde habíamos aparcado e hicimos algunas compras, que lo recomiendo porque de verdad la artesanía de esta zona me gustó mucho, y con precios muy buenos.
Cogimos el coche y Cristiane nos siguió haciendo el tour, fuimos al Forte de Nossa Senhora de Monte Serrat. Se encuentra en la punta del mismo nombre y era el límite del norte de Salvador en el Brasil colonial del siglo XVII. Fue construido entre los años 1583 y 1587 y fue remodelado varias veces en los siglos posteriores. Se trata de un fuerte militar colonial de excelente conservación convertido hoy en un atractivo punto turístico.
En esta playa pudimos ver los típicos campos de fútbol al lado de las playas, de uno de estos salió el amigo Dani Alves, que es de aquí…
Luego nos acercamos a la fantástica Iglesia do Nosso Senhor do Bonfim, que es considerada como el mayor templo religioso católico de Bahía. Con fachada rococó, es una típica iglesia colonial portuguesa, que llama la atención por su gran tamaño y sobre todo por su altura.
En esta iglesia, se venden las famosas “Cintitas del Bomfin”, que son un souvenir y un amuleto. Miden aproximadamente 47cm de largo, que es la medida del brazo derecho de la estatua del Cristo del altar-mor. La leyenda cuenta que si se ata al brazo con tres nudos, pidiendo un deseo por cada uno, al dejar que la cinta se desgaste y se rompa, estos deseos se cumplirán.
La iglesia por dentro es muy chula y el emplazamiento en el que está es espectacular, no dejéis de visitarla si podéis.
Fuera, nos llenamos de buenos deseos…
Para tomarnos un respiro fuimos a por lo visto la heladería más famosa de Salvador, la Sorvetería da Ribeira. Había más gente trabajando en diez metros cuadrados que casi en el aeropuerto ;), qué manera de vender helados. Nos dicen que los domingos las colas llegan bien afuera. Hay mil sabores y los tomamos tranquilamente, saben a gloria después de un día intenso. Sin duda lo recomiendo.
Volvimos a coger el coche sobre las 5, y ya se empezaba a ocultar el sol, con lo que fuimos bordeando toda la costa y viendo unas preciosas estampas del mar.
Después de un buen paseo en coche llegamos al llamado Faro da Barra. Una Torre de 22 metros de altura construida en el interior del Fuerte de Santo Antonio de la Barra.
La zona estaba muy animada así que dimos una vuelta por la Avenida Oceánica que estaba llena de gente, era sábado, y además pudimos ver una manifestación muy divertida en favor de la «maconha» (marihuana).
Y ya cuando se hizo de noche, remprendimos el camino a casa, había sido un día largo y una visita digna de los mejores tours organizados. Obrigado Cristiane!!!!
Esta es la ruta que habíamos hecho desde el Pelourinho.
DIA 9
No había que madrugar mucho , así que desayunamos todos juntos sobre las 9.
Dejamos a la niña con su abuela y este día tocaba un día más relajado, y lo dedicaríamos a conocer las playas. Nos subimos en el coche y fuimos en dirección a la playa que suelen ir Sergio y Claudia, Playa Flamengo en Lauro de Freitas. Tardamos unos 45 minutos.
El día estaba estupendo y la playa me gustó mucho. Estuvimos en un chiringuito llamado Cabana Doce Vida. No tardamos mucho en probar el agua, ahí los tres sin crema a ver si cogíamos algo de color, que inconsciencia…
Aquí haciendo autostop.
Lo menos positivo de la playa era que era algo rocosa, y el día que estuvimos había una resaca tremenda, el agua de temperatura genial pero te llevaba para dentro con una fuerza que yo no recordaba nada igual.
Allí pasamos un buen rato charlando y descansando y a ratos bañándonos y tomando algo. Se unió a nosotros de nuevo la simpática Fabi.
Sobre las 2 de la tarde, volvimos para el apartamento. A las 4 y media, hora de allí, comenzaba un partido que queríamos ver, la final de la Copa del Rey entre Barcelona y Sevilla, finalmente ganó el Barça 2-0. Sólo Manolo lo celebró.
Por la tarde estuvimos charlando en el apartamento y un poco más tarde bajamos a un centro comercial al lado (Shopping Da Bahia) a hacer algunas compras y sobre las siete volvimos a casa. El sol nos había dado pero bien, estábamos rojos como guiris en agosto, sobre todo mis dos compañeros, jeje, el que juega con fuego se quema, y nunca mejor dicho, jeje. Yo estaba muerto, así que a las 10:30 ya estaba en la cama como un bebé, el cansancio se acumulaba. Esa noche dormimos ya con el aire acondicionado en marcha, qué calor, qué humedad.
DÍA 10
El lunes 23 de mayo nos levantamos y ese día Sergio y Claudia habían reservado para ir a Praia de Forte, una zona de playa muy turística a aproximadamente una hora y media de Salvador.
Cuando nos asomamos para ver la calle, vimos que había estado lloviendo por la noche y el día no pintaba nada bien, estaba muy nublado. Aún así nos ponemos en ruta con la esperanza de que allí el tiempo esté mejor. Cogemos las maletas y sobre la una de la tarde llegamos al hotel que ha reservado Claudia, tenemos suerte de nuevo, el tiempo ha mejorado y a ratos sale el sol. El hotel llamado Pousada Ogum Marinho está muy bien, sin lujos pero bien, además muy cerca de la playa. Costó unos 240R$ (60€) por persona.
Dejamos las cosas y enseguida nos vamos a bañarnos para aprovechar antes de comer. La playa me recordaba a las de los resort de todo incluído de Riviera Maya o Punta Cana, muy limpia y el agua estupenda, con alguna alga pero bien, sólo que también hay bastante roca al entrar y tuvimos que caminar un poco para encontrar una parte de arena.
Estuvimos en la playa como una media hora y luego ya volvimos hacia la zona de restaurantes para comer. Antes vimos la bonita Iglesia de Sao Francisco de Assis.
Decir que la zona es una especie de poblado 100% turístico lleno de restaurantes, pequeños hoteles y tiendas que venden sobre todo souvenirs, artesanía, y luego tiendas de grandes marcas internacionales. A mí ese tipo de sitios me gusta porque nunca te aburres. Al no ser fin de semana y además en temporada baja, la verdad es que estaba todo bastante vacío de clientes, lo que daba un poco aspecto de «desangelado», pero siempre prefiero esto que lleno de gente.
No perdimos tiempo en busca de un restaurante. Finalmente entramos en uno que a la postre sería una muy buena elección. Se llamaba SABOR DA VILA.
De primero pedimos una ensalada, que estaba espectacular.
Pero era para disimular porque luego llegó nuestra favorita, la picanha. Servida en este singular recipiente como cuando te dan carne para hacerla «a la piedra». Estaba buenísima.
Luego pedimos un postre buenísimo y cafés. Todo nos costó 402R$ (25€ por persona). Para mí fue el mejor sitio donde comimos de todo el viaje. Muy recomendable.
Después de comer y dado que anochece tan pronto queríamos ir a ver la atracción más importante de la zona, la sede nacional del proyecto para la protección de las tortugas marinas en Brasil, TAMAR, un sitio de criadero y recuperación de este precioso animal.
Pagamos un pequeño importe por la entrada muy agusto, creo que unos 4 ó 5€ y ya en el centro de visitantes se pueden ver diferentes especies de tortugas marinas en una gran variedad de etapas de desarrollo.
Además de las tortugas, también se pueden ver otros animales marinos, tales como estrellas de mar, cangrejos, rayas y pequeños tiburones entre otros. Hay multitud de carteles informativos, por ejemplo de los desoves.
El sitio me pareció muy interesante, muy bien montado, con muchas cosas infantiles y todo muy bien cuidado. Pudimos ver multitud de tortugas muy cerca, casi tocarlas.
Ya cuando empieza a anochecer salimos del recinto, nos reímos un poco.
Y vimos cómo se iba poniendo el sol, preciosa la estampa…
Una vez anochecido volvimos de nuevo al pueblo a hacer las últimas compras. Compramos bastantes cosas, las famosas chanclas Havaianas por mi parte para toda la familia, un par de bolsos para regalar, etc. Las dependientas de las tiendas, con tan poco afluencia de clientes, cuando entrabas se te lanzaban como los jaguares a su presa. Una cosa divertida fue que en una tienda que regentaba una anciana como de 80 años me dió por entrar y comprar un bolso y un anillo para Magaly, sólo le faltaba saltar a la mujer cuando vió que efectivamente iba a vender algo ese día. Me ve el bolso y el envidioso de Manolo se va para la misma tienda y compra cinco!!!! Yo no estaba para verlo pero debió hacer el pino-puente la señora. Nos reímos muchísimo cuando al día siguiente pasamos por la tienda con todas ya abiertas, y ésta continuaba cerrada. Yo creo que Manolo la jubiló con su compra :):):)
Una vez que terminamos de comprar y de noche ya cerrada, sobre las 8 nos fuimos a cenar. Claudia se quedó con Amaia en el hotel porque llevaba malita un par de días. Un gran esfuerzo viajar con la niña, gracias chicos!!
Esta vez creo que elegimos no tan bien, cenamos en un sitio de pizzas que a pesar de ser grandes, no nos gustó especialmente y nos dejamos la mitad de cada una.
Cuando terminamos comenzó a llover, y para no irnos tan pronto al hotel y con cuatro gatos en las calles, fuimos a un sitio a tomar unas caipirinhas a las que se apuntó Sergio tras cenar con Claudia.
Y así, tras una buena charla, fuimos despidiendo nuestra estancia en Praia do Forte y en Brasil, al día siguiente nos tocaría ya volver a España.
Sobre las 11 de la noche nos fuimos al hotel, pusimos el aire acondicionado y a dormir.
DIA 11
Yo ese día me desperté pronto, como suele ser habitual en mí, hubo un momento que me desperté y como no teníamos reloj, y Manolo estaba como un tronco, me tocó salir afuera para ver si era una hora decente, era completamente de día, pero ví un reloj y ví que eran, las 6!! así que otra vez a la cama.
Nos levantamos finalmente sobre las 8 y fuimos a desayunar.
El desayuno estuvo bien, con lo típico de los desayunos, tostadas, etc y muy buena fruta y zumos naturales, buen detalle.
El tiempo no era muy bueno así que de playa complicado, con lo que dimos otra vuelta por el pueblecito, y sobre las 12 ya cogimos el coche para volver. Por el camino pudimos disfrutar de una buena carretera de dos carriles por sentido, pero con pasos de cebra en medio!!!, eso sí, ningún coche paraba, con lo que las motos y peatones cruzaban por cualquier sitio, qué peligro.
En Salvador vimos, aquí sí, muchos carteles de que se iba a hacer ese día un relevo de la antorcha olímpica por la ciudad.
Ya sobre la 1 de la tarde nos dejaron en el aeropuerto y nos despedimos tras los fantásticos cinco días que habíamos pasado juntos, gracias Sergio Patrick!! obrigado Claudia!!! fue una alegría veros y pasar estos días con vosotros.
Todavía nos quedaban dos vuelos, primero uno que salió a las 5 de la tarde de Salvador a Sao Paulo, para desde allí dos horas más tarde a Madrid. Fue una vuelta larga, unas 10 horas.
Y bien, este es el relato de un viaje a ese país que por supuesto recomiendo, hay mucho que ver y que descubrir, siempre tomando las precauciones en el tema de la seguridad pero estoy seguro que no os dejará indiferente a nadie.
Espero que os haya gustado, y sobre todo GRACIAS POR SEGUIRME!!!
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CHICAGO, con el paso de los años, cada vez más recuerdo y valoro más esta ciudad norteamericana, es absolutamente maravillosa, y me atrevería a decir que en conjunto, me gustó más que New York, aunque este tenga varias atracciones top que es difícil igualar como la Estatua de la Libertad, Times Square o el Puente de Brooklyn.
Para todos aquellos que no os apetezca leer todo el diario y queráis la información de manera esquemática, os pongo aquí un resumen completo. Para los detalles y fotos, ya sabéis, tendréis que llegar hasta el final!!!
Este viaje a surgió como un regalo muy especial a mi cuñado Víctor de su hermana y mío. El regalo incluiría el vuelo, y entradas para ver un partido de la NBA, competición de la que es fan, y más concretamente para ver a los Chicago Bulls, así que por octubre de 2015 más o menos, y sin él saberlo compré las entradas y los vuelos, unos 565€ cada uno, y la entrada 85 dólares, en una zona de las más altas de la cancha, las de abajo, estaban alrededor de los 250. La sorpresa se la daríamos en Navidad y por supuesto no se lo imaginaba. Tendríamos la ocasión de poder ver al mejor deportista español de todos los tiempos (en mi opinión y a la par con Rafa Nadal), PAU GASOL.
Antes de comenzar os daré unos pocos de datos de la ciudad, que siempre me gustan y espero no os aburran. Chicago, en el estado de Illinois, es la tercera ciudad con mayor número de habitantes de Estados Unidos, detrás de Nueva York y Los Ángeles. Siempre es difícil hablar de un número exacto en estas macro-urbes debido a la extensión que tienen, pero las estadísticas hablan de unos 2,7 millones (2024) y con toda la aglomeración casi 10 millones (2024). Atrae más de 50 millones de visitantes al año, lo que le convierte en una de las cinco ciudades más visitadas de Estados Unidos. El estado de Illinois es el quinto con más población detrás de la enorme California, seguido de Texas, New York y Florida.
Si nos retrotraemos al pasado, según los relatos de los exploradores españoles del siglo XVII, los indígenas de Illinois fueron los primeros en reclamar el territorio llamándolo “Chicaugou” -que significa poderoso o grande- en referencia a los “grandes jefes” de las tribus de la región.
La ciudad comenzó a crecer en población y en importancia debido al desarrollo del ferrocarril y la construcción del canal Illinois/Michigan, gracias a lo cual Chicago se hizo líder en la industria ganadera (de ahí el nombre de los Bulls). También destacó en el área de la madera, la leña y el trigo. Todo esto hizo que para mediados de la década de 1850 llegaban cada año a la ciudad casi 100.000 inmigrantes buscando tierra y trabajo. Luego vendría el hecho más devastador de su historia, pero que la cambió por completo, el Gran Incendio de 1871, y que más tarde hablaré de él más en profundidad.
Chicago es la ciudad de Al Capone, de Obama, de Michael Jordan, la cuna del blues y del jazz, pero también de la música house, de la arquitectura moderna, de los Latin King, de los musicales y los museos…, una ciudad en fin, fascinante, y que seguramente ha vivido siempre bajo la sombra de New York, pero que espero que con mi humilde ayuda, la conozcáis un poco mejor, y sobre todo algún día podáis disfrutar de ella porque sin duda merece la pena.
Un 17 de marzo a las 11 de la mañana cogimos el avión que nos llevaría a la ciudad americana. Teníamos por delante el vuelo más largo de mi vida sin escalas, nada menos que 9 horas y media. Compré los billetes con la aerolínea finlandesa Finnair pero el vuelo lo operaba Iberia.
A la hora prevista salimos a nuestro destino!!! Chicago is coming!!!
El viaje a pesar de lo largo que era entre leer prensa, y 3 películas, no se me hizo muy largo (suele pasarme en los de ida 😉
Sobre las 15h hora local del mismo día (en Chicago son 6 horas menos) aterrizamos en el aeropuerto de O’Hare, que es el noveno del mundo en número de pasajeros con casi 74 millones (2023). Madrid por ejemplo fue el 15º con 60M.
Pasamos los controles de inmigración en un tiempo relativamente corto, con algún que otro documento diferente a cuando entré en NY o Miami y tras las huellas dactilares y las fotos de rigor, ya estábamos como legales en Chicago!!!!
Dado que la opción de taxi podía costar un ojo de la cara al estar bastante lejos de la ciudad, decidimos ir en modo low cost, en metro, así que tras preguntar cogimos un tren que nos llevó hasta la terminal 2 donde tenía el acceso al «subway». Para el tema de los tickets, y como había ya estudiado antes, decidimos coger la llamada Ventra card, que permite coger autobús y metro de manera ilimitada durante los días que uno elija (1, 3 y 7). Nosotros cogimos la opción de 7 días, por la que pagamos 28$, a mí entender bastante barato.
El recorrido hasta el centro nos llevó como unos 40 minutos, donde cogimos el transbordo y nos bajamos en nuestra parada de Diversey (línea marrón o morada), y desde donde a unos 5-10 minutos caminando teníamos nuestro hotel, que fue el Days Inn Chicago (644 W Diversey Pkwy, Chicago, IL 60614). Ahora parece que se llama Hotel Versey Days Inn by Wyndham.
Dado que el alojamiento es muy caro en Chicago y después de buscar bastante, decidí reservar en uno cuyas opiniones eran bastantes buenas (siempre consulto los clásicos Tripadvisor y Booking) y no se equivocaron. Finalmente la opción más barata la encontré en el buscador «Hoteles.com» y nos salió la habitación doble por 563$ (112$ por cada noche), unos 511€, eso sí, incluyendo el desayuno (cosa que siempre intento buscar para no perder tiempo en buscar un sitio cercano). No estaba céntrico, pero como sabíamos que poco lo íbamos a pisar no me importó. En sólamente seis paradas de metro estábamos en el centro y además tenía muy cerca una zona de muchos restaurantes, en la North Clark Street.
Sobre las seis de la tarde ya habíamos hecho el checkin y estábamos en la habitación, de la que nos llevamos una grata sorpresa, era super amplia con dos camas grandes, y aunque el baño era más pequeño se veía muy limpio. Tenía cuatro almohadas a elegir de diferentes alturas, un detalle muy bien pensado, y plancha por si nos daba. Eso sí el grifo de la ducha era fijo y para una persona de 1.94 como yo, era algo complicada el ducharse, pero me pude arreglar, en peores plazas hemos toreado…
Además el hotel tenía wifi gratuito, otra cuestión importante dado que sólo tendríamos datos en nuestros móviles gracias al wifi.
Sobre las 6 y media de la tarde ya estábamos en la calle buscando un sitio para tomar algo por la zona, ese día no iríamos al centro todavía.
En cuanto pisamos la calle, y ya como habíamos visto en las predicciones, parecía que ibamos a tener suerte con el tiempo, dado que una de las cosas a las que le teníamos más miedito era al tema del frío. En Chicago el clima es muy extremo, en verano suele superar los 30 grados, pero es que en invierno se baja de los cero grados de manera considerable. Para no irse muy lejos en febrero de 2015, se alcanzaron los 22 bajo cero, batiendo el récord histórico, y es muy normal en enero y febrero rondar los 10 bajo cero de temperatura mínima. En marzo en teoría debían subir algo las temperaturas, que de media deberían rondar los -1 de mínima y 6 de máxima, pudiendo nevar fácilmente e incluso llegarse a congelar una parte del enorme lago Michigan. Afortunadamente, y esto fue la mayor suerte que tuvimos en todo el viaje, tuvimos un tiempo estupendo, eso sí con frío y un viento helado, pero casi siempre soleado y no nos cayó una gota de lluvia o nieve, aunque ibamos preparados para ello, con la mayoría de ropa que finalmente no pusimos.
Una vez que salimos del hotel y tras preguntar por sitios para tomar algo, enseguida en la calle N Clark encontramos un restaurante lleno de gente y que tenía buena pinta, se llamaba Cesars, y dado que aquí al amigo no le gusta la cerveza, y es difícil encontrar sidra natural por allí, pues nos pedimos unas margaritas al módico precio de 12$ cada una, con propina e impuestos en total, 30, toma ya, esto nos da una idea de cómo están las bebidas en esta ciudad, mucho más caras que las comidas, pero pasamos un rato agradable.
Una vez que terminamos y dado que era jueves y por ahí cenan bastante pronto, decidimos ya sobre las ocho buscar un sitio para cenar. Yo tenía apuntado un sitio llamado Murphy’s y que encontramos, pero era muy pequeño y no nos convenció por fuera, así que decidimos improvisar y finalmente encontramos un restaurante quizás de la cadena más famosa de Chicago, Giordano’s (1040 West Belmont Avenue), y para allí fuimos. Nos atendió una chica muy maja y cuando nos trajo la carta, Víctor no se animó a comenzar ya probando la superfamosa «deep pizza» o pizza al estilo Chicago (más parece una tarta que una pizza) así que pedimos una tradicional más fina. Ya nos avisó la chica que tardaría unos 45 minutos (cosa que sigo sin entender una vez que he vuelto), pero esta vez la espera se alargó hasta nada menos la hora y cuarto. La camarera nos pidió disculpas y nos comentó que había tenido una baja en la cocina y que no daba abasto el que estaba. Al final llegó la enorme pizza, que del ansia Víctor se dejó medio labio de lo que quemaba. La verdad es que estaba buenísima, pero ni nos acercamos a terminarla, nos ofrecieron llevarnos las sobras, que por allí es muy normal, pero no lo hicimos.
La pizza nos costó 24 dólares, que con la bebida e impuestos, fueron 30, más la propina 35 en total. El tema de las propinas en los restaurantes merece un estudio aparte. Tiene su parte mala que es que obviamente encarece el precio de la cuenta, pero tiene su parte buena, que es siempre te suelen atender muy bien, para que les dejes una buena propina, claro. Lo que no me gusta tanto en los restaurantes, y también en las tiendas es que el precio nunca tenga los impuestos incluidos, que es de un aproximadamente un 11%. Nunca sabes el precio final, tienes que calcularlo. En los restaurantes siempre te suelen poner agua, y si no te la ponen y la pides, no te la cobran. Los camareros como digo en general nos atendieron muy bien, y curiosamente normalmente más simpáticos los americanos que los mexicanos que nos encontramos, y eso que hablábamos español como ellos.
Sobre las 10 y media ya salimos de allí y nos fuimos al hotel a dormir, que con el cambio horario, eran sobre las 4 de la madrugada reales, así que caímos como troncos.
Esto es lo que habíamos hecho ese día:
DIA 2
Al día siguiente y como me suele pasar en los viajes, abrí el ojo bien pronto, a las 6 de la mañana!! y el pobre Víctor también se espabiló, así que nos preparamos para bajar a desayunar y comenzar a patear la ciudad, no sin antes hacer una visio con la familia por Messenger, mejor opción que Skype o Whatsapp. Por cierto, es la primera vez en mi vida que veo en el desayuno de un hotel a una persona en pijama, con los pelos de recién levantado, y en calcetines!!!, y tan pancho el tío…
Ese primer día teníamos pensado visitar el centro pero de la parte norte del río Chicago, y para ello fuimos a coger el metro. Decir que en algunas ciudades americanas el transporte público no permite moverse por la ciudad fácilmente (por ejemplo el de Miami), pero el de Chicago es excelente, el segundo con más cobertura si sumamos metro y autobús de los Estados Unidos tras New York. Si hablamos concretamente del suburbano, que por cierto siempre me interesa mucho, decir que el metro de Chicago tiene una longitud de 160 kms de vías, parece que no es mucho (Madrid lo dobla), pero es el tercero de EEUU, emparejado con Washington y detrás siempre del de siempre, New York. Desde luego no es el mejor que he visto, pero por ejemplo ese día que era viernes, y por tanto día laborable pudimos ver que la frecuencia por la mañana era increíble, venía cada minuto un tren. Tanto los vagones como las estaciones me recordaban a las de NY, no destacándose por la limpieza precisamente, pero este quizás más limpio que el de aquel. Lo que más diferencia pude apreciar es que el tren va a cielo abierto la mayoría del tiempo, lo que le hace más entretenido que el hecho de ir bajo tierra, eso sí, no me puedo imaginar en esas estaciones al aire libre en pleno invierno. Por suerte el día para nosotros amaneció estupendo y habría como unos dos grados a las 8 de la mañana. Eso sí, ibamos de ropa térmica (de Decathlon por supuesto) y guantes y gorro bien preparados.
Nos bajamos en la parada de Sedgwick, sólo a 3 paradas de la más cercana al hotel, Diversey, y comenzamos viendo una zona de casitas bajas típicas americanas (que me encantan) llamado Old Town Triangle (en la W Eugenie Street), y que formaban una zona residencial muy cerca ya del centro, así que no puedo imaginar lo que costarían. He aquí dos ejemplos de ladrillo-piedra y madera, estas últimas, mis favoritas.
Continuamos entrando en uno de los numerosos parques que tiene la ciudad (unos 500), el Lincoln Park, para mí un IMPRESCINDIBLE de la ciudad, y no sólo esta parte sur, si no la parte norte de la que más adelante hablaré. Desde aquí ya se podían apreciar los rascacielos de la ciudad, y que tanto nos acompañarían!!!
Cruzamos un puente sobre la carretera Lake Shore y llegamos a la playa de North Avenue, que con el día que hacía lucía fantástica. El grandioso lago Michigan parece más bien el mar porque la vista no alcanzaba a ver la otra orilla. Luego supimos que en verano viene mucha gente a la playa con el buen tiempo y muchos se bañan.
Una vez que avanzábamos por esa zona dimos con un pescador, con el que tuvimos nuestro primer contacto con la tan amable gente de esta ciudad y que ya había tenido ocasión de comprobar en mis anteriores viajes a Estados Unidos. Nos saludó y enseguida nos enseñó lo que acababa de pescar.
Desde ese lugar ya tuvimos una de las imagénes más espectaculares del viaje, y que como siempre al ser la primera, siempre impresiona más.
Aquí ya empecé a darle uso de verdad al palo selfie, que aunque siempre me pareció una frikada, nos dio un juego espectacular en este viaje, para no depender de que alguien te haga o no una buena foto.
En la parte izquierda de la foto se puede ver la Torre Hancock, la cuarta más alta de Chicago, y aprovecho este dato que hablar de una de las señas más importantes de la ciudad, los rascacielos. En el año en el que hice este viaje, Chicago ocupaba el sexto lugar del mundo con más rascacielos, tras Hong Kong, NY, Dubai, Shanghai y Tokio, pero ahora (año 2024) ya le han adelantado unas cuantas más, sobre todo chinas y ya está fuera del top 10. Lo que sí cabe destacar es que el primer edificio considerado como rascacielos fue el Home Insurance Building, y se levantó en esta ciudad. Fue construido entre 1884 y 1885 y constaba de diez plantas.
Si hablamos sólo de los Estados Unidos, decir que siempre ha mantenido una «guerra» con la ciudad de New York por crecer lo más a lo alto posible, ya que 9 de las 10 torres más altas de Norteamérica se las reparten entre las dos ciudades.
Tras recuperarnos de esta primera vista de la ciudad, seguimos avanzando por la costa hasta la Oak Beach, pudiendo apreciar ya la mucha gente que hace deporte en esta ciudad tanto en bici como corriendo. El marathon de Chicago es bien conocido en todo el mundo.
Una vez que dejamos la playa, nos internamos en la ciudad y seguimos nuestra ruta por la grandiosa Magnificient Mile, que realmente es la Michigan Avenue.
Esta calle, buff, qué decir de ella, me pareció increíble, para mí supera con creces a cualquier calle de New York, Quinta Avenida incluida, pero es mi opinión.
La recorrimos de norte a sur. Casi lo primero que nos encontramos fue la Torre Hancock, como dije la cuarta más alta de la ciudad, y que tiene en su parte más alta un mirador muy famoso.
Este edificio es bastante antiguo, y cuando se terminó, en 1968, se convirtió en el segundo edificio más alto del mundo (después del Empire State). Mide 344 metros (para que os podáis hacer una idea, la más alta de las cuatro torres de Madrid mide 249m), aunque con la antena sube hasta los 457. Por lo que pude leer tanto este como el de la torre más alta de Chicago, la Willis Tower, son los miradores más famosos de la ciudad. Este se llama 360º porque permite tener la visión de todo alrededor, cosa que no sucede en la Willis. Pensábamos verla de noche, pero como teníamos tiempo intentamos subir, pero eran las diez y abría a las once.
Para hacer tiempo, entramos en una iglesia muy recomendable y que está justo enfrente, la Fourth Presbiterian Church. Esta iglesia con reminiscencias góticas fue construida en 1914 y es un rincón privilegiado para un poco de sosiego en medio de tanto edificio moderno. Su visita sin duda merece la pena.
Después de la visita y como quedaba tiempo, decidimos ir al centro comercial Water Tower, en cuya entrada principal está la que he leído es la tienda más rentable de todas, ¿os imaginarías cuál es?
Pues la tienda de la muñeca de lujo American Girl, un juguete de culto que todas las niñas americanas quieren tener. La tienda tiene tres plantas en la que se puede encontrar todo tipo de muñecas, personalizarlas a tu gusto, celebrar cumpleaños, etc.
Me hizo muchísima gracia la tienda, como trabajan estos americanos el marketing y la atracción del cliente. Miré por curiosidad cuánto valía una, y nada, sólamente 120 dólares, y esta era la más barata!!, y los modelitos de ropa no bajaban de los 30$, tremendo esto del consumismo. Seguro que mi niña se habría vuelto loca en ella, aunque ella es más de Frozen…
Luego entramos en el Water Tower, un centro comercial ciertamente espectacular.
En la última planta encontramos un restaurante llamado Harry Garay’s, en honor a un comentarista deportivo famoso, y donde pudimos ver algunos objetos originales del ídolo de mi juventud Michael Jordan.
Nos tomamos unos cafés en un Starbucks a cuatro dólares cada uno en el centro comercial, pero es verdad que aunque yo no soy mucho de esta cadena, en Chicago eran los que más nos gustaban sobre todo porque eran los más parecidos a los nuestros, siempre contando con que no llegábamos nunca a tomarnos más de la mitad del tanque que nos servían.
Como por fin eran ya las once, volvimos a la torre Hancock. Dado que había leído que había un «truco» para no pagar los 18$ de entrada al mirador y tener las mismas vistas, fue lo que hicimos. Subimos a la planta 95 (tuvimos que enseñar el pasaporte a los que estaban abajo), sólo dos por debajo del mirador donde hay un restaurante bastante caro y para el que hay que reservar (Signature Room), pero luego tiene otra planta más arriba, la 96 donde hay un bar en el que no hay que reservar (Signature Lounge) y donde se puede entrar y tomar algo o incluso hacer fotos y no consumir. Dado que sólo ibamos a estar un minuto y estaba casi vacío al acabar de abrir, decidimos hacer unas fotos y bajar de nuevo, por la noche volveríamos ya con la intención de tomar algo. Las vistas, eran espectaculares.
Y no estaban nada mal las vistas de día desde el restaurante, esta parte hacia el lago Michigan.
De esta manera parecía que podríamos lograr nuestro objetivo de subir a la Hancock de día y de noche y a la Willis de día.
Bajamos enseguida y seguimos recorriendo la Avenida Michigan, sin poder dejar de seguir alucinando con los imponentes edificios que nos íbamos encontrando a cada paso.
Nos encontramos con la Water Tower, que tiene un significado muy importante en la historia de Chicago.
La torre se construyó en 1869 para albergar una gran bomba de agua, destinada a extraerla del Lago Michigan, pero por lo que es más conocida es por su gran protagonismo tras el Gran Incendio de Chicago de 1871, ya que fue el único edificio público de la zona incendiada que sobrevivió, y una de las pocas estructuras que no se quemó y que sigue en pie.
El 10 de octubre de 1871, el Gran Incendio de Chicago destruyó la mayor parte de la zona central de la ciudad. Comenzó en el distrito maderero de la zona oeste de la ciudad. Un reportero del Chicago Tribune, afirmó que la vaca de Mrs. O’Leary golpeó una lámpara de queroseno que inició el incendio. Más de veinte años después, en 1893, este reportero confesó haberse inventado la historia, pero aún hoy esa invención subsiste en el imaginario colectivo y muchos creen que esa fue la causa del incendio. En realidad, la causa es aún desconocida.
El fuego llegó a destruir casi 6,5 km de la ciudad, se llevó al menos 250 vidas y dejó a 100.000 residentes sin hogar. Más de 17.000 edificios fueron destruidos y las propiedades dañadas se estimaron en 200 millones de dólares de la época.
Después del incendio, arquitectos de fama internacional como Frank Lloyd Wright, Daniel Burnham, John Root o Mies van der Rohe llegaron a la ciudad para su reconstrucción y constituyeron lo que se llamó la corriente arquitectónica de la Escuela de Chicago. Esto explicó el por qué esta ciudad es famosa por sus espectaculares y vanguardistas edificios. Además destacaron por el uso de materiales resistentes al fuego, como el acero, el hierro fundido y la terracota. En pocos años, Chicago resurgió y fue elegida para acoger la Exposición Universal de 1893, recibiendo unos dos millones y medio de visitantes, lo que supuso ya su espaldarazo definitivo.
Enseguida comenzamos a ver tiendas y más tiendas, a cada cuál más espectacular, el edificio Burberrys impresionante, la tienda Nike, Apple, Garmin.
Por supuesto también tenía que estar el gran imperio de Amancio Ortega, con una tienda enorme y que por cierta estaba llena de gente con precios como los de España.
Pero la que más nos gustó, a nosotros que nos gusta tanto el deporte, fue la de la marca Under Armour, que no tiene mucho peso todavía en Europa y España pero que en EEUU le está quitando cuota de mercado a Nike, y ya ha superado a Adidas.
Stephen Curry
Nos desviamos de la calle para ver un par de edificios interesantes, aunque sólo pudiera ser por fuera, como la Saint James Cathedral y el Ransom R. Cable House, esta última, una casa de estilo románico construida en 1886 por Cobb y Frost para la sociedad Ransom R Cable.
Por cierto en Illinois en 2013 se aprobó una ley que permite a los ciudadanos portar armas en público, pero en muchos restaurantes y edificios públicos, esta señal estaba por todas partes. En este caso también en una iglesia.
Volvimos a la Magnificient Mile para seguir recorriéndola, y en el número 505, y junto al hotel Intercontinental nos encontramos el famoso restaurante de alguien que os sonará algo. Los precios no invitaban a entrar precisamente.
Un poco más adelante nos encontramos con uno de los edificios más emblemáticos, la Torre Tribune, el rascacielos de piedra que acoge la redacción del «Chicago Tribune». El diseño recuerda a una catedral gótica y es el resultado del desafío lanzado en 1922 para su construcción: crear el edificio de oficinas más bello del mundo. En el exterior pueden verse trozos de piedra de cien lugares simbólicos del mundo… del muro de Berlín, Notre Dame, y hasta de la Luna. De España, no encontramos ni rastro…
Si alguna vez lo véis, no dejéis de entrar en el hall, es precioso, y como curiosidad, el mapa que aparece, está hecho con billetes de dólar.
Un poco más adelante llegamos por fin a un absoluto IMPRESCINDIBLE de la ciudad, sin duda para mí en el top 3 de Chicago, la esplanada donde se encuentra el puente DuSable sobre el río Chicago y que separa la zona de la Magnificent Mile del Loop. El puente está rodeado por una mezcla de espectaculares edificios, algunos de hace un siglo, otros con sólo unos años, piedra, acero y cristal en una convivencia maravillosa. El estilo gótico de la mencionada Torre Tribune, el clasicismo del Edificio Wrigley y la mucho más reciente Trump Tower.
La Trump Tower, a pesar de pertenecer al personaje cuyo apellido aparece en la fachada, hay que decir que el rascacielos impone. Con sus 423 metros de altura (incluyendo la antena) se alza hasta ser el segundo edificio más alto de Chicago tras la Willis Tower. Fue inaugurado en 2009 y en él hay tanto locales comerciales, como apartamentos y un hotel de cinco estrellas. Trump anunció en 2001 que sería el edificio más alto del mundo, pero tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, se redujo su altura y el diseño sufrió varias revisiones.
Justo al lado está sin ninguna duda mi edificio favorito de la ciudad, el Wrigley Building. En realidad son dos unidos mediante una pasarela.Fueron inaugurados en 1922 y a pesar de tener sólo 154 metros de altura, son increíbles, hay que verlos en directo y de cerca para apreciarlos. La estructura formal del Edificio Wrigley fue modelada a partir de la Giralda de Sevilla, y el diseño ornamental del edificio está basado en una adaptación americana del estilo renacentista francés. El edificio está revestido con aproximadamente 250.000 azulejos individuales de terracota vitrificada, lo que supuso un récord mundial en el uso de este material durante su construcción. Cada azulejo está identificado en una base de datos computerizada que permite hacer el seguimiento y mantenimiento de todos y cada uno de los azulejos colocados en los edificios. Son la sede de la compañía Wrigley que posee algunas de las marcas de chicles y caramelos más conocidos del mundo, como Orbit, Solano, Boomer, Sugus o Skittles, casi nada el imperio que tiene. Curiosamente la historia de cómo empezó nos la contó la guía que tuvimos. El fundador de la compañía, William Wrigley Jr, empezó viendiendo jabón para fregar, y un día se le ocurrió regalar con cada producto dos paquetes de goma de mascar. Finalmente este chicle se hizo tan popular, que su negocio exitoso se desarrolló en el negocio de los chicles y más tarde los caramelos. Curiosa historia sin duda.
Aquí estuvimos un buen rato haciendo fotos y más fotos desde todos los ángulos, además con el día que hacía cómo resistirse a hacerlas.
Habíamos madrugado tanto que habíamos visto ya muchísimo y todavía era la una de la tarde!!, y a pesar de que yo suelo decir que no es bueno ver lo mejor del viaje al principio, teníamos que aprovechar el tiempo el día tan espléndido que hacía, así que decidimos hacer una cosa que es otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad, hacer un crucero por el río Chicago y el lago Michigan. Había leído que estaban muy bien el de Wendella Boats (aunque hay unas cuantas compañías más) así que lo cogimos al lado del Wrigley. Hay varias opciones de trayectos pero cogimos el conocido como arquitectónico, donde te van explicando la arquitectura de los edificios y el que dura una hora y media por el río y el lago. Yo creo que era el más caro, pagamos cada uno 36 dólares, pero desde luego bien invertidos.
El guía fue super simpático, sólo había un problema, que hablaba con un Wrigley en la boca :), y hablaba tan rápido que no había dios que le entendiera, sobre todo para dos españoles como nosotros con un nivel de inglés de Harvard, así que cogimos frases sueltas y sobre todo algunas cifras de alturas y millones de dólares que costó tal y tal edificio.
Antes del viaje comentar una anécdota para mi interesante del río. En 1900, Chicago completó con éxito un proyecto de ingeniería altamente innovador – invirtiendo el flujo del río para hacer que desembocabara en el río Mississippi en lugar de en el lago Michigan. Increíble acción cuyo motivo estaba en que las aguas contaminadas del río no llegaran al lago Michigan sino que se pudieran llevar al Mississipi y así preservar en lo posible la limpieza de las aguas del lago.
El río además lo tiñen de verde el día de San Patricio, que por cierto era el día que llegamos a Chicago, el 17 de marzo, pero que no vimos el río por ir directamente al hotel y no ir al centro.
El paseo fue espectacular con el día soleado, y nos hizo un recorrido hasta bien entrado el río, al lado de la torre Willis, para luego dar la vuelta y salir al lago Michigan.
Por el camino pudimos ver las torres gemelas de Marina City, singulares porque parecen dos mazorcas de maíz, con aparcamientos para coches en las primeras plantas y hasta un embarcadero en las más bajas!!
Hay 52 puntes sobre el río, 38 de los cuales son móviles.
Seguimos viendo edificios y más edificios, y el observarlos desde el barco es una experiencia única al verte tan pequeño en medio de esos mastodontes. Después de dar la vuelta nos dispusimos a salir hacia el lago Michigan, la vista desde el barco, increíble.
Para salir al lago tuvimos que atravesar una esclusa y esperar a que se llenara ya que río y lago se encuentran a diferentes alturas. Lo mejor nos esperaba al alejarse el barco de la ciudad, qué vistas tan fantásticas!!!
Decir del enorme Lago Michigan que con 57.750 km², una superficie similar a la de Croacia, es el mayor lago perteneciente a un único país y el quinto a escala mundial, tras el Caspio, Superior, Victor y Hurón y ocupa 4 estados. Es el único de los Grandes Lagos que se encuentra en su totalidad dentro de las fronteras de los Estados Unidos, los otros son compartidos con Canadá (Superior y Hurón).
Después del espectacular viaje en el barco, eran ya las dos y media así que fuimos en busca de un sitio para comer y no es difícil si contamos que en Chicago hay unos 7300 restaurantes!!! Me había comentado un compañero uno singular, el Rainforest Cafe, y como estaba cerca, para allí que fuimos.
El lugar nos pareció muy original, simulando una selva y muy bien montado, con muchos detalles, incluso con animales que se movían cada cierto tiempo.
Tras cenar pizza el día anterior, continuamos tirando de clásicos de la ciudad, esta vez, hamburguesa. Tiene narices la cosa que estos dos sean los protagonistas centrales de la gastronomía de Chicago, dice mucho de la del país en general. Sin duda para mí lo menos envidiable de la nación norteamericana.
Con la atención muy amable de un americano que incluso nos dijo que había estado en España hace unos años, la cuenta ascendió a 46 dólares, 54 pagamos con propinas. Lo recomendaría por el original lugar, sobre todo si se va con niños, pero no de forma destacable por la comida ni por el precio (la bebida otra vez sablazo, 3.79$ sin impuesto ni propina).
Esta era la ruta que habíamos hecho hasta ahora caminando.
Tras salir del restaurante y después de la paliza de la mañana lo tomamos más de relax hasta la noche que ibamos a ver el atardecer desde la torre Hancock, así que volvimos a la Avenida Michigan. Tomamos un café tranquilamente en una cafetería llamada Argo Tea Cafe, junto a la Torre Tribune.
Dado que tenía que comprar otro adaptador de enchufe, fuimos a un supermercado bastante grande, que siempre me gusta si puedo en los viajes, aunque parezca algo friki el darme una vuelta, ver los productos que tiene, los precios, etc. Por más que busqué lo único español que encontré fue esto, increíble ni un sólo vino español, mucho francés, italiano, chileno, pero no español, en fin, igual fue casualidad.
Sobre las seis de la tarde decidimos ya ir a la torre Hancock con la intención de ver el atardecer desde el bar Signature Lounge de la planta 96, pero claro, no éramos los únicos, ya que había una cola bastante grande. Unos para el restaurante pijo, y otros como nosotros, para el bar. En la cola de nuevo hablamos con una familia americana super simpática. Después de unos cuarenta minutos al fin subimos, y cuál fue la desagradable sorpresa que cuando llegamos al bar, vimos que había niebla y no se veía apenas nada, oh my God!!. Yo tuve el arrebato de irme, pero Víctor me convenció de tomar algo ya que habíamos subido, y que gran decisión!! nos buscaron mesa y finalmente nos sentaron en un sitio estupendo, en unas sillas altas que daban directamente a uno de los enormes ventanales. Dado que a Víctor no le gusta la cerveza ni refrescos, pues se vino arriba y pedimos un mojito, venga, que estamos de vacaciones joer!!!
Pero como si fuera una premonición de la buena suerte que ibamos a tener en todo el viaje, la niebla empezó a irse, poco a poco…
Y pudimos disfrutar de unas fantásticas vistas
Mientras terminábamos con el mojito conocimos a una pareja de colombianos con los que charlamos un rato. Ya de noche, las vistas hacia la parte sur eran increíbles.
Sobre las ocho de la tarde y tras una hora aproximadamente allí, pedimos la cuenta y pagamos religiosamente los 17 dólares nada menos por el «classic mojito», y en la espera del ascensor pudimos echar un vistazo al restaurante, qué buena pinta… quizás para la próxima visita a Chicago 😉
Desde abajo se veía bien chula la torre en la que habíamos estado.
Una vez que bajamos decidimos irnos ya hacia la zona del hotel para cenar, así que cogimos el metro en la parada de Chicago hasta Diversey, y comenzamos la operación búsqueda de restaurante por la Avenida Belmont. Dado que no queríamos repetir en Giordano’s, finalmente terminamos entrando en uno llamado Cooper’s (1232 W Belmont Ave) con la intención también de desmarcarnos de los clásicos. Yo no tenía mucha hambre así que me tomé una ensalada, pero Víctor tenía antojo de costillas, y se pidió unas Ribs que dijo que estaban estupendas. Además y momento histórico, había sidra en la carta!!! así que el cuñado obviamente la pidió, venía de Florida, nada menos. El bar estaba bien, quizás la música ambiente un poco alta, cosa que se repitió en más de un sitio, y que yo detesto por cierto. Al final pagamos la cuenta (35 dólares sin contar propina), y sobre las diez y media llegamos al hotel.
DIA 3
Al día siguiente volvimos a despertarnos a las 6 de la mañana!! así que después de conversar con la familia bajamos a desayunar. Del desayuno decir que nos gustó bastante, es verdad que quizás se echaba de menos algo caliente como bacon, tortillas, huevos revueltos, o algo de embutido, queso, etc pero por lo que parece el hotel no tenía cocina, dado que tampoco daba comidas ni cenas. Tampoco había zumo de naranja natural, cosa que yo siempre destaco de los hoteles, pero había bastante variedad de pan para hacer tostadas, algunos dulces, yogures, frutas, gofres y los famosos bagels. Nosotros comenzamos con tostadas pero los días siguientes días nos aficionamos a los bagels calientes con mermelada y mantequilla.
Desde España había encontrado una muy buena oportunidad de conocer la ciudad, y fue solicitando una visita gratuita por internet con una asociación de voluntarios llamada chicagogreeter.com. Fueron muy amables y nos concedieron una visita ese sábado y además en español con una mujer llamada Pamela Para. Podíamos elegir incluso diferentes zonas y temáticas. Elegí el Loop y como tema la historia y la arquitectura. Teníamos la cita a las diez de la mañana, y como madrugamos tanto llegamos antes de las nueve al destino indicado. Para llegar, pasamos con el metro por el famoso Loop.
¿Y qué es el Loop? es un barrio del distrito financiero de la ciudad y es, después de Manhattan, la segunda zona comercial y de negocios en importancia de los Estados Unidos. El nombre “The Loop” surgió más específicamente para describir una pequeña sección del centro de Chicago recorrida por el tren elevado, y que lleva su nombre debido a que circula en una forma rectangular. Los residentes de hecho llaman al metro directamente the ‘L’. Incluye 9 estaciones y cinco de las ocho líneas de la ciudad la atraviesan. Se estiman que circulan por él unas 65.000 personas diariamente y ha sido objeto de escenas sobre todo de persecuciones de coches en múltiples películas. Es muy interesante y entretenido recorrer toda esa zona desde esa altura.
Nos dimos una pequeña vuelta por el Millenium Park para hacer tiempo y a las diezfuimos al lugar de nuestra cita, el Centro Cultural de Chicago, que está justo al lado del parque.
Allí nos esperaba nuestra guía, una muy simpática señora y que sabía un español bastante correcto a pesar de ser americana cien por cien. Nos hizo mucha gracia que llevaba «chuletas» con la información que tenía que explicarnos, y su acento tan divertido. Lo primero que nos enseñó fue el fantástico edificio en el que habíamos quedado. Este edificio de notable arquitectura fue construido en 1897 para ser la biblioteca de la ciudad de Chicago. Alberga ocho salas de exposición, dos salones para conciertos, dos teatros, un centro de informaciones y es el primer centro cultural municipal gratuito en los EE.UU. y el hogar de la cúpula de cristal Tiffany más grande del mundo, en la Preston Bradley Hall. Esta sala es increíble.
Seguimos paseando por las salas, con el fantástico mármol de Carrara por todos lados mientras la guía nos seguía dando datos del edificio. Esta cúpula de vidrieras de Healy and Millet, también deja a uno la boca abierta.
Después de salir del edificio entramos en lo que ahora ocupan los famosos supermercados Macy’s (111 N State St). Cuando abrieron, en 1907, eran los mayores grandes almacenes del mundo, con 124.400 m2 de espacio comercial, 35.000 focos eléctricos, 50 ascensores y 12 entradas. Lo más peculiar, la cúpula de mosaico de la tienda de Tiffany, considerado como el mosaico acristalado más grande del mundo. Recomiendo especialmente visitar este edificio a pesar de que ahora esté ocupado por «el Corte Inglés americano».
Desde los bajos de este fantástico edificio pudimos recorrer un pequeño tramo de la red de túneles que comunican todavía varios del Loop y que son muy útiles para combatir el frío en pleno invierno, la longitud según nos dijo Pam es de unas cinco millas en total.
Pasamos junto al edificio donde trabajó Michelle Obama, en el despacho de abogados Sidley Austin. Corría el año 1989 y allí conoció a Barack Obama, un estudiante de derecho a quien curiosamente pusieron bajo sus órdenes, y ya se sabe cómo acabó la historia.
Continuamos nuestro recorrido hasta la Daley Civic Center Plaza, donde se encuentra la escultura conocida como El Picasso, obra de Pablo Ruiz Picasso en 1967 y a la que el artista malagueño no le dió ningún título, fue la gente de Chicago quien la denominó posteriormente con ese nombre. Fue la primera obra de Picasso regalada a una ciudad y se le ofrecieron 100.000$ por la misma, cantidad que rechazó. Realizada en acero, mide 15.2 m de altura. Por su diseño abstracto y el uso de materiales poco convencionales, fue en sus inicios objeto de controversia, incluso se planteó su sustitución, pero con el tiempo se ha convertido en una de las obras más valoradas y queridas de la ciudad.
En uno de los lados del Chicago Civic Center, al lado del City Hall (edificio del ayuntamiento) nos encontramos con otra espectacular escultura, la del artista español Joan Miró. Instalada el 21 de abril de 1981, mide doce metros de altura y está realizada en acero, malla de alambre, cemento, bronce y cerámica. Originalmente titulada “El Sol, la Luna y una Estrella”, se la conoce como Miss Chicago o el Miró de Chicago.
Seguimos paseando y viendo edificios y plazas espectaculares, eso sí todo muy tranquilo al ser sábado.
Otra estatua, esta del francés Jean Dubuffet, llamada Monument with Standing Beast.
A continuación fuimos hacia la zona de los teatros, entrando antes en una tienda Garret Popcorn donde hacen unas famosas palomitas en Chicago bañadas en múltiples sabores como chocolate, queso, mantequilla y que se venden desde 1949. Este tipo de alimentos, siempre tan populares en Estados Unidos, y que por cierto engordan muy poco, como las pizzas, hot dogs, hamburguesas y que yo siempre pongo en duda. Estas al menos he de decir que me gustaron las que probé.
Vimos primero el teatro Palace, cerca del cual encontramos esta curiosa iglesia, la ChicagoTemple Building, un rascacielos de 173 metros de altura que alberga la congregación de la Primera Iglesia Metodista de la ciudad. Se completó en 1924 y tiene 23 plantas dedicadas a oficinas y usos religiosos. Es la iglesia más alta del mundo por distancia desde la entrada de la iglesia a la cima de su aguja, aunque si se exige que el uso del edificio sea total o casi totalmente religioso, entonces la iglesia más alta del mundo es la iglesia mayor de Ulm, Alemania, y que por cierto, visité con 20 años en mi primer viaje Interrail.
Seguimos paseando por el Theater District, nada que envidiar a los de Broadway de New York. Vimos el Teatro Goodman y el Oriental. En este último entramos al hall central que es fantástico. Las fotos del teatro por dentro que vimos eran espectaculares.
Nuestra siguiente parada, fue el mítico Teatro Chicago, uno de los más conocidos del mundo. Inaugurado en 1921, en estilo barroco francés y con una fachada que imita en miniatura el Arco de Trinfo de París en terracota blanca. Con una capacidad para 3.600 espectadores, estuvo a punto de ser demolido, tras ser cerrado en 1985, pero tras un cambio de propiedad y una reforma que duró nueve meses abrió de nuevo sus puertas al año siguiente con la actuación de Frank Sinatra.
En un sitio tan emblemático e IMPRESCINDIBLE como este, nos hicimos una foto con nuestra fantástica guía. Thanks a lot Pam!!
Miré desde España la posibilidad de comprar entradas para el teatro, pero no ví nada interesante para esos días.
Seguimos caminando por las calles por donde no daba el sol y pegaba un viento tremendo, y aquí Pam aprovechando la ocasión nos dió su opinión sobre la controversia de cuál es el origen del apodo de Chicago como The Windy City (ciudad del viento). Hay diversas opiniones sobre este sobrenombre, desde el viento que normalmente hay en la ciudad, hasta una rivalidad deportiva entre Chicago y Cincinnati en 1876. Ella nos habló de un artículo en el New York Sun de un periodista que hablaba de Chicago como The Windy City por los políticos «llenos de aire caliente», una metáfora que me recuerda a los españoles, hablar mucho y discutir mucho. En la época de ese artículo, Chicago y New York estaban en plena rivalidad porque competían por la celebración de la Exposición Mundial de 1893, que se llevó finalmente la primera. En cualquier caso, y opiniones aparte, el nombre le viene que ni pintado por el viento helado que pudimos sufrir más de un día, no me lo puedo imaginar en pleno infierno, digo, invierno.
Una vez que dejamos la zona de los Teatros, salimos del Loop y nos dirigimos a mi zona favorita de la ciudad, que a pesar de que estaba nublado y perdía mucha luz, no me cansé de apreciarla.
Pasamos junto a la Trump Tower donde como se puede ver en este tótem conmemorativo de su inauguración en 2009, aparece el segundo del listado de los edificios más altos de Estados Unidos, y a destacar que ocho de los diez primeros se reparten entre Chicago y NY. Sólo faltaría aquí el One World Trade Center de Nueva York inaugurado a mediados de 2013 con 541 m y que se ha convertido en el primero de la lista y séptimo del mundo a fecha de marzo 2016. Se nota que me gusta el tema de los rascacielos, no?
Y ya después de más de tres horas de visita guiada volvimos al lugar del que salimos, para despedirnos de Pamela y agradecerle de verdad toda la información y las explicaciones que nos dió. Como pequeño detalle ya que la asociación no permite dar propinas, le dimos un par de regalos que trajimos desde España y que ella agradeció mucho. Hablabámos luego mi cuñado y yo que es de apreciar pasar un sábado por la mañana acompañando a unos turistas a enseñar una ciudad de forma totalmente desinteresada.
Después de la caminata, yo estaba básicamente reventado así que tomamos un café en un Starbucks por la zona y empezamos a pensar en ir a comer. Dado que Pam no nos arrojó mucha luz sobre un sitio recomendable para ir, al final improvisamos y nos acercamos a un italiano que nos indicaba la aplicación que llevábamos en el móvil. Por cierto, aprovecho para hablar de dicha APP que llevamos, por si os puede ayudar en vuestros viajes. Seguro que hay mil como esta, pero nosotros usamos la «CityMaps2Go» con la que tras descargarse el mapa de la ciudad que sea antes del viaje, puedes ir marcando todos los sitios interesantes que quieres, y luego activando el GPS una vez allí te va diciendo por dónde vas en el mapa, y te permite buscar restaurantes, hoteles, etc, y los más cercanos. Por supuesto y esto es lo mejor, no se necesitan tener datos para trabajar con él. Espero que os pueda servir, ah, y no llevo comisión, eh? 😉
El restaurante elegido fue el Pizanos’s Pizza y Pasta (61 East Madison Street). Pedimos mesa y nos dijeron que tendríamos que esperar como unos 25 minutos, pero a los cinco de llevar sentados en la barra, ya nos llevaron a nuestra mesa. El sitio estaba a reventar, era sábado a las dos de la tarde y el sitio estaba bastante bien con mucha referencia a los deportes rey de la ciudad y del país, beisbol, fútbol americano, baloncesto y hockey hielo. Dado que ya habíamos pasado por la pizza y hamburguesa decidimos tirarnos a la pasta, así que nos pedimos un platazo de fettuccini que nos gustó bastante aunque confirmamos la afición de este país por inundar (es la palabra) de queso todo.
El de atrás también quería salir en la foto…Nos pusimos morados pero no pudimos acabarnos el plato, y la frase del camarero, otro americano muy majo y que se esforzó por hablar castellano, que nos dijo al final en con un acento americano muy gracioso «¿preguntaros por el postre puede ser una pregunta ridícula?» nos hizo reír durante un buen rato. Pedimos la cuenta, 32 dólares, 38 con propina, bastante bien.
Una vez que salimos teníamos un planazo, ir a subir a la torre Willis, la más alta de Chicago así que iniciamos la marcha andando hasta allí. Por el camino vimos una de las zonas que más ganas teníamos también, la fantástica South LaSalle Street, donde está el magnífico Edificio Rookery, terminado en 1888 y diseñado por Burnham & Root. Es considerado el edificio histórico de más altura de Chicago y tiene un estilo único con muros de carga exteriores y una estructura de acero interior. Puede verse como una transición entre los antiguos métodos constructivos y los nuevos de la modernidad.
En 1905, un joven arquitecto, el afamado Frank Lloyd Wright, recibió el encargo de rediseñar el vestíbulo del edificio, y lo que hizo fue una obra de arte, es lo más famoso del mismo. Fue una pena que al ser sábado, no pudimos entrar para visitarlo.
Como decía antes, la South LaSalle Street, con el Rookery y el Continental Illinois Building a la izquierda, el Banco de la Reserva Federal de Chicago al otro y el Chicago Board of Trade al fondo, es sin duda en mi opinión un IMPRESCINDIBLE de la ciudad. Esta calle, además de su belleza arquitectónica, es famosa porque se han rodado varias películas, entre las más famosas, «los Intocables de Eliot Ness» de 1987, pero sobre todo, y más cerca de nuestra época, «Batman Begins», y su fantástica secuela «The Dark Knight» (el caballero oscuro) y donde se desarrolla entre otras escenas la del funeral de la policía y sobre todo la trepidante persecución entre Batman y Joker, el malogrado Heath Ledger (lo podéis ver en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=81LeooTiKI0). Además el sábado, con tan poco tráfico, parecía que estaba uno en un decorado real de una escena de cine. En toda esta zona se inspiró la ciudad de Gotham.
El magnífico Chicago Board of Trade al final de la calle, fue construido en 1930 y es conocido por su magnífica arquitectura estilo Art Decó, sus esculturas y grandes tallas en piedra así como grandes salas de contratación o mercados de corros. Una estatua de tres pisos de altura representando a Ceres, diosa de la agricultura, corona el edificio. En este rascacielos, se negocia el precio por ejemplo del trigo, el maíz o la soja (los llamados commodities agrarios) a nivel mundial, y especulan con ellos los grandes fondos de inversión de igual manera que con las acciones que cotizan en Bolsa. Son las cosas de la globalización que repercuten negativamente por ejemplo en los países del tercer mundo, directamente afectados por las fluctuaciones de los precios de estos productos, pero esto es para hacer otro blog….
Una vez que nos terminamos de recrear la vista en esta zona, anduvimos apenas tres manzanas para llegar por fin a la imponente Torre Willis. Sinceramente tengo que decir que no es un rascacielos cuyo diseño me apasione, hay otros como el Empire State mismo o el edificio Chrysler de New York que me gustan más, pero verlo de cerca y sobre todo ver las vistas desde arriba me hacían estar impaciente. Si os fijáis en los pequeños salientes que hay casi en la parte más alta, pronto estaríamos en ellos y sabréis que son.
He de decir que no era el mejor momento para visitarla, un sábado a las cuatro de la tarde, pero hacía tan buen tiempo, que mejor no arriesgarse a que nos pasara como el día de la Torre Hancock con la niebla. Obviamente vimos que había cola, pero había que resignarse. Estuvimos en la cola de abajo como unos 25 minutos, iba rápida, con lo que pensamos que pronto estaríamos disfrutando de las vistas. Cogimos el ascensor y subimos a una planta no muy alta, donde tuvimos que sufrir otra espera, esta más larga, de unos 40 minutos. Pasamos un control de metales y como no, nos hicieron una foto para meter un fondo del edifificio, turistada para sacar los cuartos, la tuvimos que hacer pero por supuesto ni la fuimos a ver luego. Pagamos los 22 dólares de la entrada, y luego otra pequeña espera de unos 15 minutos, yo ya estaba muerto. Oh my God, what a line!!
Y nos metieron a ver un pequeño documental de la historia de la torre, que al estar subtitulado en inglés y no sólo hablado, me pude enterar bastante y me pareció muy interesante.
La Willis Tower es un rascacielos de 442 metros (cabe recordar que la más alta de las cuatro torres de Madrid mide 249, casi la mitad!!!)y que en el momento de su inauguración, en 1973, fue el edificio más alto del mundo, sobrepasando al World Trade Center de Nueva York, y continuó siéndolo durante 25 años hasta que le superaron las Torres Petronas de Kuala Lumpur (Malasia) en 1998. Acualmente es el 15º más alto del mundo, pero si le sumamos las antenas, estaría entre los diez primeros. Costó 150 millones de dólares de esa época, que serían el equivalente a 1100 millones de dólares en 2015.
El reportaje que vimos además hablaba de que en 1969, la empresa Sears era la cadena minorista más grande del mundo, con aproximadamente 350.000 empleados. Los ejecutivos de la compañía decidieron juntar a los miles de empleados en un edificio en la zona oeste de Chicago. Con demandas de espacio de 280.000 de metros cuadrados, y con predicciones de una futura expansión necesitando espacio, Sears contrató a Skidmore, Owings and Merrill (SOM) para construir una estructura que se convertiría en uno de los edificios de oficinas más altos del mundo. Pero la fortuna de la compañía empezó a resentirse en los años 70, y hasta una mitad de la torre estuvo desocupada durante más de una década. Finalmente en 1994 Sears vendió el edificio, y tras pasar por diversas manos en los años siguientes, en marzo de 2009, Willis Group Holdings, acordó un contrato de arrendamiento de una parte del edificio y obtuvo los derechos del nombre de la torre. En julio de ese mismo año, fue oficialmente renombrado «Willis Tower».
Una vez que terminó la mini proyección, subimos por fin en uno de los ascensores más rápidos del mundo a la planta 103, donde ya pudimos empezar a apreciar las fantásticas vistas, qué pasada!!! Era el sitio más alto en el que había estado en mi vida en una ciudad. Estas vistas son de la parte Noreste de la ciudad.
En esta vista hacia el sur, se puede ver a la izquierda el Grant Park, el Acuario o el Planetario.
Esta de la parte de la Magnificent Mile, con el Millenium Park a la derecha.
En un día despejado totalmente, es posible ver hasta cuatro estados desde lo alto, Indiana, Illinois, Michigan y Wisconsin.
Pero la mayor atracción y para la que tuvimos que hacer cola, otra vez!! fue para salir a los balcones de cristal llamados The Edge. La sensación era fantástica y mirar hacia abajo, en el suelo transparente a casi 500 metros de altura, increíble. Cómo resistirse a hacer unas cuántas fotos…
Y este es el making-of, :):):)
Después de bajar de la Torre, cruzamos el río y fuimos a ver otra de las joyas arquitectónicas de la ciudad, la Union Station, que abrió sus puertas en 1925 y que es la tercera estación de tren con mayor tráfico de Estados Unidos, moviendo unos 120.000 pasajeros cada fin de semana. Su parte más interesante es la enorme sala de espera, una joya del estilo Bellas Artes conocida como el Great Hall, que cuenta con paredes de más de 33 metros de altura, un tragaluz abovedado, estatuas y 18 columnas corintias. El Great Hall ha aparecido en una gran cantidad de películas y programas de TV, entre ellos Los intocables, La boda de mi mejor amiga, Reacción en cadena y Early Edition.
A continuación ya decidimos tomarnos lo que quedaba del día con un poco más de relax, así que caminamos hacia el centro, pasando de nuevo por las calles del distrito financiero que estaban vacías y con todos los negocios cerrados. El primero que encontramos, nos tomamos un café.
Una vez que salimos, pudimos ver «The L» en el el Loop de noche, una pasada.
Y qué decir de la fantástica LaSalle Street.
El Teatro Chicago, que de noche es cuando más espectacular luce.
Finalmente llegamos a la zona del edificio Trump, para buscar un sitio para tomar algo, y encontramos un bar donde además estaban poniendo la televisión un partido de los Chicago Bulls. Resultó que era el bar Hoyts del hotel Wyndham Grand Chicago. Dada la afición que estaba cogiendo mi cuñado a los cocktails, pues venga, vamos con otro. Elegimos este. Curioso que en la carta haya dos vinos españoles, al fin…
El cocktail «Peartini» nos lo recomendó el camarero, que era mexicano, muy majo, pero el cocktail, pues bueno, 11 dólares por un dedo de bebida, ejem… pero como estábamos tan bien y tan agusto y vimos que al lado de nosotros había gente cenando unas hamburguesas, pues nos entraron las ganas y pedimos otras para nosotros. Y he de decir que fueron las mejores de todo el viaje.
Pagamos con el sablazo de los cocktails y las hamburguesas a 14 dólares, 63 con propinas (a la Diet Coke, nos invitaron, 😉
Esta es la ruta que habíamos hecho este día:
Cuando salimos del bar, serían ya sobre las diez, así que fuimos a la parada de metro Chicago, no sin antes ver esta tarta en una cadena famosa de estas… son la leche estos americanos.
Llegamos a la parada de Diversey y de ahí al hotel, no sin antes parar a comerme un Banana Split en un Dunkin Donuts que vimos de camino, tenía antojo…En el hotel, fue poner la cabeza en la almohada y bye bye.
Día 4
El domingo 20 de marzo nos levantamos de nuevo muy pronto, sobre las seis y media, bajamos a desayunar y comenzamos nuestra ruta sobre las ocho.
Este día teníamos pensado hacer la ruta de los museos, pero de manera diferente en función del tiempo. Chicago tiene muy buenos museos, pero nuestros planes variaban mucho en función del clima, si llovía o hacía malo, la opción museos ganaba fuerza, pero al hacer tan buen tiempo, decidimos que preferíamos caminar y caminar. Yo había leído que desde el Planetario había unas vistas preciosas de la ciudad, así que fuimos para allí.
Tomamos el metro y nos bajamos en la parada de Roosevelt.
Enseguida llegamos al Grant Park. Las vistas del Dowtown desde el parque desde luego que ya merecen la pena.
Pasamos primero por el Field Museum, que habría sido el que más me habría apetecido visitar de los tres que íbamos a ver por fuera.
El Field Museum fue fundado en 1893, siendo uno de los mayores y más importantes museos de historia natural en el mundo. Cuenta con más de 20 millones de objetos!!. Desde el año 2000, una de las principales atracciones con la que cuenta el museo es Sue, el esqueleto de Tyrannosaurus más grande y completo que se ha encontrado, además de uno de los mejor conservados. Fue adquirido en el año 1997 en una subasta celebrada en la casa Sotheby’s, en lo que supuso el desembolso más elevado realizado hasta ese momento por un fósil, ya se sabe, con $$$$$ se consigue todo…
Nosotros sólo entramos al vestíbulo, que por cierto impresiona, pero visitar un museo como estos te supone estar casi un día entero, y con el tiempo que hacía como que nos apetecía más estar al aire libre, y es una pena porque el museo lo visitan más de dos millones de personas al año colocándolo como el octavo museo más visitado de Estados Unidos en 2014. Otra vez será.
Enfrente del museo está el Soldier Field, donde juega el equipo de Fútbol Americano de la ciudad, los Chicago Bears. Seguimos caminando hacia la costa y llegamos por fin al Planetario, desde donde hay unas vistas del lago Michigan, con el día despejado y el sol al fondo, realmente impresionantes. Aquí estoy señalando mi casa 😉
El Planetario Adler es otra de las joyas de la ciudad, lleva el nombre de su creador, el empresario Max Adler, quien lo fundó en 1930, lo que le convierte en el primer planetario de Estados Unidos.
Lo rodeamos por detrás, y las vistas que aparecieron al norte frente a nuestros ojos y como había leído, eran impresionantes, espectacular el sitio, un absoluto IMPRESCINDIBLE.
Hacía muchísimo viento, un aire helado que nos congelaba vivos, nos acordamos de The Windy City y del lago Michigan, así que para hacer un break, qué mejor sitio que hacerlo en una cafetería con estas vistas.
De verdad que fue un relax impresionante, tomar un café caliente en un sitio tan bonito como la cafetería del Planetario. Es de esos sitios que siempre se recuerdan y que llegan en el mejor momento. Recomendado 100%!!
Salimos de nuevo para ya volver hacia el Grant Park, no sin antes seguir disfrutando de las vistas.
Pasamos por el Shedd Acuario, otro de esos macro-museos que también podíamos haber visitado en caso de mal tiempo. Decir de él que abrió sus puertas en 1930. No es el más grande del mundo, título que ostenta su cercano Acuario de Georgia, pero fue pionero por ejemplo en traer el agua del mar, en ferrocarril!!. Tiene un tanque de 19 millones de litros (el Oceanográfico de Valencia tiene unos siete), así que es uno de los más importantes del planeta.
Después de pasar por los tres museos, imaginaros el tiempo necesario para visitarlos por dentro, nos dirigimos ya de nuevo al Grant Park.
En este parque, en noviembre de 2008, Barack Obama celebró su victoria en las elecciones presidenciales, ante más de 200.000 personas.
Estas son las vistas de los tres museos desde el Parque, a la derecha el Fiel Museum, luego el Acuario y al fondo a la izquierda el Planetario.
Es cierto que tras el invierno el parque no lucía con ese verdor que podría tener en primavera, pero el paseo por él fue muy agradable a pesar del viento que hacía.
Llegamos a la grandiosa Buckingham Fountain, una fuente enorme cuya historia pudimos leer en castellano en un cartel y que desafortunadamente no comienza a funcionar hasta el 1 de mayo, sin duda por las posibles bajas temperaturas de la ciudad. Fue inaugurada en 1927, y fue en su día la fuente decorativa más grande del mundo. Está inspirada en la Fuente Latona del Jardín de Versalles y una vez encendida mantiene 5.6 millones de litros de agua en circulación!!!. Verla en funcionamiento tiene que ser realmente impresionante.
Nos ibamos acercando a la ciudad y por tanto dejando atrás el Grant Park, y yendo hacia el Millenium Park.
Esta es la puerta sur del Parque del Milenio.
El parque ocupa una extensión de diez hectáreas, y una de las obras más importante que tiene es el Pabellón de Conciertos Jay Pritzker, diseñado por el famoso arquitecto canadiense Frank Gehry (el del Guggenheim de Bilbao), y que tiene capacidad para siete mil personas, distribuidas entre las gradas y el césped frente al escenario.
Y a su izquierda, está uno de los emblemas de la ciudad, y por supuesto un IMPRESCINDIBLE de Chicago, la escultura «Cloud Gate», del británico Anish Kapoor, apodada The Bean por su semejanza con un haba o una alubia.
Sus cien toneladas de acero brillan en el centro de Chicago y reflejan de forma deformada los edificios que rodean el Millennium Park. La plaza estaba llenísima de gente, y aquí sí que vimos unos cuantos españoles haciéndose fotos y disfrutando de la escultura, que con el buen tiempo que hacía lucía muchísimo más.
Fue construida entre 2004 y 2006, y está compuesta por 168 placas de acero inoxidable soldadas entre sí, que al estar completamente pulida no presenta aparentemente costuras visibles. La escultura, lógicamente daba para mil y una fotos….
Una vez que nos cansamos de contemplarla y dado que ya era la hora de comer, nos acercamos a probar por fin, la famosa Deep Pizza de Chicago, y qué mejor sitio que un Giordano’s que está junto al parque (130 E Randolph St).
Como nos imaginamos había bastante espera, así que decidimos hacerla en unas mesas hasta que nos llamaran. Por suerte, nos atendió un mexicano muy majo, que enseguida nos colocó en una mesa alta. He de decir que lo de encontrar hispanos en la ciudad es bastante habitual. En Chicago hay aproximadamente un 55 % blancos, un 5% asiáticos y nada menos que un 18% hispanos o latinoamericanos, con la colonia mexicana como la más numerosa. Esto se podía apreciar a cada momento porque pudimos hablar bastante en castellano, y había muchos carteles en nuestro idioma, por ejemplo en el metro, al lado del inglés.
Pedimos la famosa pizza, y como siempre a esperar, unos cuarenta minutos esta vez. Cuando llegó, estábamos caninos…
Cogimos el tamaño pequeño, porque la pizza se las trae, bueno, más que pizza parece una especie de tarta rellena con los ingredientes y tomate por encima. En estas fotos se aprecia en todo su esplendor, y el grado de elasticidad del queso, yo creo que se podría saltar a la comba con él 😉
He de decir que no dejamos nada y la pizza me gustó, pero no me entusiasmó, me quedo sinceramente con la versión más fina y a la que estamos más acostumbrados.
La pizza valió 23 dólares, y la cuenta finalmente con las bebidas 33, no está mal de precio habida cuenta de que nos fuimos bien «fartucos».
Tras la comida y para bajar tamaña ingesta de calorías, y dado que seguía haciendo un tiempo magnífico, decidimos bajar hasta el puerto, o Navy Pier, así que fuimos hasta la avenida Michigan, y bajamos la E Illinois Street hacia el puerto, no sin antes no poder dejar de fotografiar mi edificio favorito, el Wrigley Building, qué preciosidad por dios!!.
En unos treinta minutos llegamos a nuestro destino.
El Navy Pier es un muelle terminado en 1916, y que durante mucho tiempo fue uno de los muelles más grandes del mundo, aunque, con motivo de la Exposición Universal de Chicago, decidieron transformarlo en una gran zona de ocio. Tiene centros comerciales, restaurantes, un museo, un teatro y múltiples entretenimientos, que la visitan nada menos que casi nueve millones de personas al año. Por cierto también una tienda de los Chicago Bulls bastante interesante.
Tiene además la primera noria que se construyó en todo el mundo, con motivo precisamente de esa exposición Universal de 1893.
Supongo que porque era marzo y por tanto muchas de las atracciones estaban cerradas, no me pareció nada del otro mundo. Pasamos un rato agradable rodeando el muelle, disfrutando de las vistas y de un sol espléndido. Seguramente en verano esto tendrá mucho más ambiente y lo hará sin duda más interesante.
Sobre las seis de la tarde, y una vez recorrido todo el muelle, cogimos uno de los muchos autobuses que salían del mismo y volvimos a la Avenida Michigan, donde dimos una vuelta y llegamos hasta el Centro Comercial del Water Tower, y que tanto nos había gustado. Allí tomamos algo y dimos una vuelta de lo más relajada del todo viaje. Luego bajamos la calle y tomamos una sidras en un lugar muy agradable llamado «Rock Bottom».
Hicimos tiempo porque a las ocho y media teníamos mesa reservada para cenar y disfrutar de música en directo en un sitio emblemático para escuchar blues, The House of Blues!!. Este junto con «The Green Mill» son quizás los dos sitios más famosos para disfrutar de una buena velada de música.
Es una muy buena opción reservar para cenar en la página web del local, para no tener problemas de sitio, os lo aconsejo. Nosotros al ir un domingo, la verdad es que en el local había gente pero no estaba lleno ni mucho menos. Si se dispone de la posibilidad de reservar mesa, aconsejo mejor ir viernes o sábado. Menos mal que había un grupo de chicas celebrando un cumpleaños que dieron mucho ambiente y lo hicieron muy divertido. Además, conseguimos una mesa genial al lado del escenario.
Yo sinceramente no me esperaba que me gustara tanto porque la música en directo no me apasiona pero puedo decir que me gustó mucho, y lo pasé muy bien. El cantante, además de cantar y tocar espectacular era muy muy divertido. Tocó su repertorio y algunas versiones muy buenas de canciones míticas como «Purple Rain» de Prince.
Además en un descanso se nos acercó, nos dio una tarjeta y se hizo una foto con nosotros. Se llamaba Keithen Banks, un fenómeno.
Hizo la actuación muy divertida, sobre todo con la mesa que celebraba el cumpleaños, salieron varias veces las chicas a bailar, y como no, también Víctor, que se marcó un baile con dos de ellas, el rey de la pista, a ver si un día se atreve a subirlo a Youtube, jeje.
Cenamos tirando de clásicos, una hamburguesa cada uno (14$) y por primera vez pedí un postre, un bread pudding de ocho dólares, y que no es de mis favoritos pero no estaba malo. Para beber mi cuñado se pidió una «sangría rioja», tal cual venía en la carta, a nueve dólares y yo una coca (3$).
Pasamos unas dos horas y media de lo más agradable, Víctor al que le encanta la música en directo lo pasó genial y yo también, fue una sorpresa para bien la experiencia y sin duda lo recomiendo al 100%. Sobre las once y ya cuando se había ido bastante gente y en uno de los últimos descansos, pagamos la cuenta de 63 dólares, sumándole una buena propina porque la camarera también nos había atendido muy bien y de allí al metro para volver al hotel. Para mí un IMPRESCINDIBLE.
Esta fue la ruta completa que hicimos este día empezando en la Roosevelt Station:
DÍA 5
Este penúltimo día en Chicago también madrugamos bastante porque teníamos una mañana bien completita. En nuestra agenda teníamos visitar el único museo que veríamos por dentro, y de paso ver la Universidad que está al lado. Para por la tarde ir ya al United Center para el plato fuerte de nuestra escapada, el partido de los Bulls!!.
Sobre las ocho de la mañana ya estábamos cogiendo el metro, que al ser lunes, sí que venía casi lleno. Pongo esta foto de un mendigo porque algo que nos chocó bastante de la ciudad fue la grandísima cantidad de «homeless» que vimos todos los días, están por todos lados, y generalmente todos de color y también gente joven. Son las desigualdades que hay y siempre habrá en este país.
Cogimos la línea marrón desde Diversey hasta Harold Washington Library-State, y saliendo del metro y caminado apenas un minuto, tomamos el autobús 6 desde State & Van Buren.
En unos 50 minutos desde que salimos del hotel, llegamos a nuestro primer destino, el fantástico Museo de la Ciencia e Industria de Chicago.
El museo me atraía sobre todo porque a un amante de la historia como yo, pero de sobre todo la de un hito como la Segunda Guerra Mundial, poder ver un submarino alemán original de la época dentro del museo!!!, era una ocasión que no podía dejar pasar. Se inauguró en 1933 y recibe alrededor de un millón de visitantes al año. Se presenta como el museo de ciencia más grande del hemisferio occidental. Allí, se encuentran más de 35.000 artefactos y cientos de exhibiciones. Como llegamos pronto, pudimos enterarnos bien de las diferentes opciones para visitarlo, que incluía la entrada y hasta tres exposiciones. Finalmente cogimos dos, que nos permitía ver una película en cine tipo OMNIMAX sobre los parques naturales de Norteamérica, y luego la esperada visita guiada al interior del submarino. La entrada nos costó 36$ cada uno.
Mientras hacíamos tiempo pudimos ver fuera el famoso tren de pasajeros automotor diesel-eléctrico Pioneer Zephyr, construido en 1934 y que llegó a alcanzar los 181km/h nada menos. El tren destacaba sobre todo por su aspecto exterior con el uso de acero inoxidable, bastante de moda en esa época.
El museo abrió sus puertas a las 9:30h. y ya veíamos que había bastante gente esperando, sobre todo niños. Al comienzo había una serie de juegos para ellos relacionado con el circo, y una sala grande con la historia de la exploración del espacio, que los americanos lógicamente, tienen mucha historia que contar. Destacaba sobre todo el módulo de comando de la nave Apolo 8.
Una vez visitada esa parte, a las diez vimos la proyección en pantalla Omnimax sobre los parques nacionales norteamericanos. La verdad es que estuvo bien, ver paisajes de Yellowstone, Yosemite, Alaska, Colorado, etc, siempre impresionan, y en una pantalla enorme, más.
Después de unos treinta minutos salimos y nos dirigimos a ver lo que más me interesaba, el submarino. Entramos en la enorme sala donde se encuentra y la visión del mismo, nos dejó boquiabiertos, qué pasada!!!
Bajamos al lado del submarino alemán U505, donde pudimos leer el cómo se hizo la captura del mismo por parte de los americanos. El uso de los «U-Boats» como se sabe fue sin duda una arma muy eficaz para los nazis en los primeros años de la II GM, y llegó a destruir en toda la guerra nada menos que 2.828 buques aliados. Tras la entrada en la Guerra de Estados Unidos en 1941 se comenzó a analizar la idea de poder capturar alguno. Finalmente se consiguió el 4 de junio de 1944 por una flota de buques americanos, y muy cerca de las islas Canarias. Este es el recorrido que siguieron hasta el día concreto.
Esta captura fue la primera realizada por la Armada estadounidense desde 1812 y facilitó el desciframiento de códigos secretos nazis y los lugares donde operaban los submarinos. En el rescate se hicieron 58 prisioneros y sólamente uno murió en el abordaje. Una vez capturado, fue remolcado 2740 kms hasta la isla de Bermuda.
Tras la guerra, la Armada Norteamericana no encontraba utilidad al U 505, pero en 1954 fue donado a Chicago por el Gobierno Norteamericano y transportado hasta allí.
Una suscripción pública consiguió recaudar 250.000$ para transportar e instalar el submarino en el museo, una obra increíble. Ahora ubicado allí, el restaurado U 505 reabrió al público en 2005.
La visita guiada por el submarino tenía el hándicap (para nosotros 😉 de que era en inglés, y lamentablemente, aunque le dije a la guía si podía hablar despacio, el resto del grupo era americano, así que no me hizo mucho caso y no pude entender todo lo que me habría gustado. Entre lo que pude coger y más interesante fueron curiosidades como que en el buque no había duchas y que el calor que hacía dentro llegó a alcanzar los 110 grados Farenheit (unos 44 grados centígrados!!!!) y que no pocas veces había suicidios en los mismos por las condiciones y el aislamiento.
La visita estuvo muy bien, y nos pudimos dar cuenta de las condiciones en que vivían nada menos que 59 personas durante períodos de hasta varios meses.
Tras la visita ya habían pasado unas tres horas así que poco tiempo nos quedaba para recorrer el resto del museo. Es verdad que para ver bien uno de estos necesitas prácticamente una jornada pero con el día tan completo que teníamos no podía ser, así que echamos un vistazo a lo más importante de lo que quedaba. En el hall y colgados del techo había varios aviones, incluido un Boeing 727, espectacular.
Luego una zona de maquetas muy grande de la ciudad y de partes del estado de Illinois.
Y por último una zona de ciencia donde se podía ver diferentes experimentos, todos muy interactivos, y donde destacaba por encima de todo un enorme cilindro que simulaba los efectos de un tornado, impresionante.
Ya sobre las doce y media, decidimos dejar el museo e ir en dirección a nuestro siguiente destino, la Universidad de Chicago. Para ello cogimos el autobús 55, que casualmente estaba en la misma puerta, y que nos dejó cerca de la Universidad. Lo primero que nos sorprendió según llegábamos era la poca gente que había siendo lunes, luego nos dijo un mexicano al que preguntamos que no había clase porque estaban en el «Spring Break», algo así como las «vacaciones de primavera», una pena por no poder ver el ambiente de haber habido clases.
La Universidad de Chicago es una universidad privada que fue fundada por la American Baptist Education Society gracias a una donación del famoso magnate petrolero John D. Rockefeller, y fue constituida en 1890. Tiene escuelas de prestigio mundial como la University of Chicago Booth School of Business y la Escuela de Economía de Chicago (la más importante del planeta), además de siete estudios de postgrado. Aquí tuvo lugar la famosa corriente económica partidaria del libre mercado conocida como «Escuela de Chicago» que los que hayáis estudiado economía recordaréis como «cabeza» más visible al famoso economista Milton Friedman. Entre sus alumnos figuran nada menos que 89 premios Nobel.
Entramos primero en lo que llaman los Main Quadrangles, donde están los primeros edificios construidos del Campus de la Universidad. En todo este complejo estudian unos 5.000 alumnos, y sumándole las escuelas y resto de dependencias unos 15.000 en total.
En el edificio que se ve al fondo, el Harper Memorial Library, pudimos entrar en una de sus aulas, lástima que vacía.
Seguimos viendo los edificios, que parecían sacados de los típicos campus universitarios británicos.
Stuart Hall
Algunas curiosidades de la Universidad, sólo un 16% de las solicitudes presentadas son aceptadas, lo que dice mucho del prestigio que tiene y lo difícil que es entrar. Un curso académico cuesta de media nada menos que 45.000 dólares!!! y Barack Obama, fue profesor y catedrático de la Universidad durante 12 años. Se ha mantenido en los últimos años siempre en el top ten de mejores universidades del mundo en los diferentes rankings que se elaboran año a año.
Saliendo del Campus, pudimos ver una zona donde se ponen los llamados «Foods Trucks», muy populares entre los estudiantes para comer, y que estaban cerrados por las vacaciones.
Esta foto no se me olvidará nunca porque a punto estuve de perder mi móvil que dejé olvidado en una barandilla al lado de este cartel, y a los 20 minutos de darme cuenta de que no lo tenía volí a por él y ahí estaba, faltó poco para otro de mis habituales episodios de cosas perdidas por el mundo, qué cabeza.
Buscamos un edificio donde pudiéramos encontrar algo de la historia de la Universidad, pero aunque preguntamos, nos quedamos con la duda sobre si lo había.
Tras no dar con él, y dado que ya eran casi las dos, comenzamos a buscar un sitio para comer. Después de preguntar varias veces y con la ayuda de la aplicación del móvil, encontramos un sitio que la verdad fue un acierto. Fue en un restaurante llamado Medici (1327 E 57th St), aparentemente italiano, pero que tenía de todo un poco. Yo comí un plato de pasta muy bueno, y Víctor, que tenía antojo de carne, un steak chicagüense. Nos atendió de nuevo un mexicano, muy majo, que como anécdota nos preguntó que donde estaba la central de Zara en España, si estaba en el País Vasco, que le encantaban y que todo lo que llevaba era de sus tiendas.
Comimos muy bien, y no fue excesivamente caro, 35 dólares los dos platos y una bebida. Tomamos un café en el bar de al lado, una especie de cafetería multicultural y en el que encontramos latas de atún marca Ortiz (a 5$ la lata) y de pulpo gallego y que a consecuencia del olor a comida y el calor que hacía nos hizo tomarnos el tanque de café a toda prisa.
Salimos y caminamos en busca del autobús 55 de nuevo, pasando por una zona de viviendas típicamente americanas y que a mí personalmente me encantan. Sin duda muy buen barrio se veía.
Sobre las tres, cogimos de nuevo el autobús 55, para dirigirnos a la parada de Metro Garfield Green Line Station, desde la que tras un montón de paradas por la línea verde, llegamos hasta la de Ashland, a escasos diez minutos del United Center, el hogar de los Chicago Bulls, faltaba poco para el partido!!
Hay que decir que los Bulls no están en su mejor momento, después de la época de Michael Jordan, que ganó nada menos que seis campeonatos en los años noventa, el listón está muy alto. Además en la ciudad hay unos cuantos equipos más, como los Chicago Cubs y los White Sox de Baseball, los Chicago Bears de Fútbol Americano y los Blackhawks de Hockey sobre hielo que por cierto comparten estadio con los Bulls, y que están en un buen momento ya que ganaron el campeonato en 2015, así que complicada competencia.
El United Center, inaugurado en 1994 tiene una capacidad de 21.711 espectadores, el más grande de toda la NBA.
Llegamos al estadio con mucho tiempo de antelación, sobre las 4 y media y el partido era 3 horas más tarde. Nos hicimos como no, unas cuantas fotos con la famosa estatua dedicada al gran Michael Jordan.
Cuando pensamos que ya podríamos entrar en el estadio, resultó que no, que abrían las puertas sólo una hora y media antes del partido, así q ahí estuvimos esperando fuera una hora sin nada que hacer porque no había nada ni para tomar algo cerca.
Por fin cuando abrieron primera sorpresa, no me dejan pasar con el palo selfie, dicen que puede ser usado como un arma. Le digo que de acuerdo pero que si me lo puede guardar hasta que salga, pero la de seguridad, una hispana muy antipática me dice que no, así que no me queda más remedio que darlo por perdido. Pero una vez dentro me dice otra de seguridad muy amable que salga y lo esconda en algún sitio, así que eso fui lo que hice, en unos andamios que había fuera.
Una vez que entramos nos dispusimos a ir a la tienda porque Víctor quería comprar una camiseta, vimos una pero muy pequeña así que seguimos buscando, en esto que me dio por ir a una de las puertas de entrada a pie de pista y contarle un rollo al de seguridad que estaba para ver si me dejaba pasar, aunque nuestra entrada estaba arriba del todo. Al primero no le convenció mi discurso, pero al segundo que intenté y tras suplicarle que venía de España par ver a Pau y que sólo serían cinco minutos, me dejó pasar!! Luego entró Víctor, así q ya estábamos dentro, a pie de pista!!!. Rápidamente nos fuimos a la zona donde estaban los jugadores de los Chicago. De repente salió Mirotic a hacer ejercicios de tiro, estábamos flipando, lo teníamos a apenas diez metros de distancia!!!! Y comenzamos a hacer fotos.
Vimos también a Toni Kukoc, ex jugador croata y q ahora pertenece al staff del equipo. Siempre lo recordaré por las Copas de Europa que le ganó al Barça con la mítica Jugoplastika. Con lo delgado que estaba cuando jugaba, ahora tenía unos kilitos más, las hamburguesas no perdonan 😉
Mirotic con Kukoc firmando un autógrafo
Cuando Mirotic terminó de entrenar, se dirigió al túnel de vestuarios, no sin antes pararse con todos para hacerse fotos, con nosotros incluido. Estuvo muy simpático y atento con todos los fans, un gran tipo el español de adopción.
De repente otra sorpresa aún mayor, mucho mayor, vemos salir del vestuario al gran Pau Gasol en chandal hacia la pista!!!! Nos llevamos una gran alegría porque llevaba cuatro partidos sin jugar por una lesión y era seria duda para este partido, de hecho pensábamos que no jugaría. Nada más verlo le grité «Pau, que venimos desde España a verteee», a lo que él respondió, «ya pero dejarme que entrene un poco, no?» y nos echó una sonrisa… Q crack. Hice mil fotos y un vídeo que también os dejo.
Cuando terminó y cuando pensábamos que se pararía al entrar de nuevo en los vestuarios, no lo hizo y se fue a toda prisa, fue una decepción, pero habría más ocasiones. Seguimos viendo a jugadores y el estadio comenzaba a llenarse. En esta foto podéis ver a Derrick Rose a la derecha, Jimmy Butler a la izquierda de la foto y a Pau en el suelo, las estrellas sin duda del equipo.
De repente, vemos aparecer por el túnel otra vez a Pau y a Mirotic juntos, comenzaba la caza de la foto!!. Vemos que no se para mucho, lo hace con una familia española q traía un bebé y cuando pasa por nuestro lado le agarro el brazo como si no hubiera un mañana y consigo que mire el móvil para el selfie, rogándole al mismo tiempo que se parara, de ahí la cara de panoli que tengo en la foto, pero la tenía, lo había conseguido!!!!!!!!
Luego seguimos disfrutando del ambiente, del calentamiento de los jugadores, de todo absolutamente. Yo ya saqué la bandera y Pau me vió un par de veces desde la pista y me saludó.
Por supuesto ya habíamos decidido que no iríamos a ocupar nuestros asientos asignados, de ahí no nos movía ni el FBI!!!. Nos tuvimos que cambiar un par de veces haciéndonos los tontos cuando nos preguntaban por los números de nuestros asientos :).
Empezaban los previos del partido. Primero como siempre al comienzo de cada uno, el himno americano, interpretado «a capela» por una chica desde el palco. De verdad que pone los pelos de punta, que respeto! que envidia me daba!!! A continuación la presentación de los jugadores, como imaginábamos, espectacular. Son únicos los americanos para esto, de nuevo mucha envidia, ¿por qué no lo haremos nosotros parecido? Tampoco es tan difícil.
Derrick Rose
Jimmy Butler
También pasaron a nuestro lado varias veces las famosas animadoras o «cheerleaders», alguna que otra era guapa ;).
Y empezó el partido, jugando Pau de titular. El partido fue bastante igualado y como siempre con la impresión de lo fácil que parece, eso sí las defensas no tienen lo que se dice mucha tensión.
Así el partido llegó al descanso, con el resultado de 59-51 para los Bulls. Nosotros obviamente de allí no nos movíamos, ni para hacer pipi. En la pausa todo el mundo a por su comida, toda muy sana por supuesto. En la pista entretenimientos con espectadores que tienen que meter canastas o pruebas varias. Curiosamente uno se cabreó en una prueba y vaya si le cayeron bromas de la mascota, Benny, que por cierto tuvimos justo al lado pero aunque lo intentó, Víctor no pudo hacerse una foto.
Al poco de comenzar el tercer cuarto, una pequeña mala noticia, y es que vinieron los que tenían los asientos en los que estábamos sentados y ya no quedaban muchos libres, así que tuvimos que irnos unas cuantas filas más arriba y desde allí vimos terminar el partido. Por cierto, ese cuarto fue más aburrido por no estar los titulares, y además los Kings se pusieron por delante, 81-82 al final del mismo, la victoria peligraba.
En el último hasta se pusieron cinco arriba los visitantes, pero finalmente entraron todos los titulares y con un parcial final para los Bulls, con actuación destacada de Pau, los Bulls se llevaron el partido, ante la algarabía del público que no lo vió claro hasta al final.
El partido acabó 109-102, anotaron por los Bulls, Rose 18 puntos, Butler 11, Mirotic 6, McDermott 16 y Gibson 18. Pau terminó con 14 puntos, 14 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones, y con una actuación destacada en el último cuarto. Por los Kings, sus tres mejores jugadores terminaron, Rondo con 14 ptos, Rudy Gay 18 y la estrella Demarcus Cousins con 19 puntos y 18 rebotes.
Al final acabaron haciéndole una entrevista a Pau supongo por su vuelta a las pistas después de la lesión y también por el buen último cuarto que hizo. Grande Pau!!!
Tras el partido, volví al túnel de vestuarios para ver si se paraban con los aficionados, pero nada, entraron directos, así que ya salimos de la pista para buscar la tienda y comprar las camisetas, ya que antes del partido no habíamos podido.
Finalmente nos compramos una camiseta cada uno, aunque sinceramente no había muchas ya, y sobre todo quedaban tallas grandes. La mía tuve suerte y encontré una no muy cara, 59 dólares, no estaba a dispuesto a pagar más, la de Víctor, 115, no había otra…
A la salida encontramos un lugar mítico e inesperado, en el que no podía dejar de hacerme la foto con los seis anillos de campeón del equipo. Como no recordar esos campeonatos en los que me pasé noches sin dormir e incluso en época de exámenes en el instituto por tragarme las cuatro horas de esos partidos.
Y ya por fin salimos del estadio, recuperé mi palo selfie que había escondido, y decidimos coger un taxi que nos dejara en el centro. Tardó muy poco, le pagamos los 14 dólares con una buena propina, eh Víctor? y finalmente dado que ya eran casi las diez, le dijimos que nos dejara en la famosa Pizzería Uno (29 E Ohio St) para cenar.
De nuevo pedimos una «Deep pizza», esta vez una pequeña para cada uno y tuvimos que esperar los cuarenta minutos de rigor. Este restaurante junto con su gemela Pizzería Due y que está justo enfrente, se reconocen como los primeros sitios de Chicago que ofrecieron la famosa pizza. Pagamos la cuenta de 22.94$ sin contar propina, por las dos pizzas y una bebida (Víctor normalmente pedía agua que no la cobran) y nos fuimos en dirección al metro para volver al hotel.
Esta es la ruta que habíamos hecho este día, la mayoría en tren y autobús.
Día 6
Este era nuestro último día en la ciudad, martes 22 de marzo y dado que teníamos el avión por la tarde y no teníamos prisa, nos despertamos sobre las ocho de la mañana. Desayunamos tranquilamente e hicimos el «check out». Fueron muy majos en el hotel porque nos guardaron las maletas sin problemas y nos fuimos a dar una vuelta, esta vez cerca del hotel para tomarnos la mañana de relax. Dado que teníamos cerca el Lincoln Park, decidimos darnos una vuelta tranquilamente por él, además había leído que tenía un zoológico gratuito.
Este parque es uno de los tres principales parques zoológicos libres en el país, es además el más antiguo de Estados Unidos y tiene una una asistencia anual estimada de nada menos que tres millones de visitantes!!. Sinceramente no me extraña, porque el zoo estaba genial, y además GRATUITO, increíble.
Las instalaciones, espectaculares. Me gustó sobre todo la parte de los primates. Este gorila está como diciendo, qué miras??
Y así estuvimos dando vueltas como un par de horas, tomamos un café sobre las doce, cuando todo el mundo ya estaba comiendo. Tuvimos que dejar zonas sin ver porque preferíamos comer tranquilamente, pero repito que el zoo estaba genial, encima estaban construyendo una zona para osos polares y pingüinos, cuánto me acordé de Liria aquí…
Ya sobre la una de la tarde, volvimos de nuevo en dirección al hotel y buscamos un restaurante por la zona para comer. Finalmente encontramos un italiano llamado The Pasta Bowl (2434 N. Clark Street) donde comimos un plato de pasta cada uno, que estaban buenísimos y pagamos 22.29 dólares, muy buen precio. Buena elección para el último restaurante que pisaríamos en la ciudad.
Esta es la ruta que hicimos por la mañana:
Llegamos al hotel para coger las maletas y dirigirnos ya al metro.
En más o menos una hora llegamos al aeropuerto con más o menos dos horas y media de antelación. Gastamos los dólares que nos quedaban, por cierto, creo que fue una buena idea llevar el dinero siempre en efectivo, y siempre procurar llevar mucho cambio para sobre todo el tema de las propinas. Compramos los últimos souvenirs, cenamos algo rápido, y cogimos el vuelo a las 17:50, esta vez sí juntos, aunque con tan poco espacio para los asientos, que madre mía, que vuelo de vuelta, dormí algo pero llegué hecho polvo a Madrid, y eran las siete de la mañana.
Pues este fue el fin de un viaje para el recuerdo, en el que desde el minuto uno tuvimos la suerte de nuestro lado, sobre todo en cuanto al clima y que rematamos con el partido de los Bulls. La ciudad fue un gran descubrimiento, en muchos aspectos diría que a la altura de New York e incluso mejor. Además la amabilidad de sus habitantes y el ambiente tan tranquilo que se respira hacen de esta ciudad un lugar ideal para visitar. Sin duda un gran viaje con un acompañante de lujo. Espero que lo podáis visitar algún día y opinéis sobre si estoy en lo cierto.
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Islandia? no, Noruega? no, mucho más cerca, España, Salamanca concretamente.
Para inaugurar la sección de viajes por nuestro país, del que por supuesto nunca he renegado ;), y en el que sé perfectamente que hay sitios preciosos, qué mejor lugar que una de las joyas del Parque Nacional de los Arribes del Duero, muy cerca de mi ciudad Zamora, y que comparte con Salamanca y Portugal. Un lugar que no debéis perderos y que con un día es posible visitar fácilmente desde Zamora o Salamanca, de las que está más o menos a la misma distancia, unos 100 kilómetros.
El Pozo de los Humos es una cascada situada en el curso del río Uces a su paso por los pueblos de Masueco en su margen izquierda y de Pereña de la Ribera en su margen derecha, al noroeste de la provincia de Salamanca, en Castilla-León. Es un impresionante salto de agua de 50 metros de altitud que cae por una vertical y rocosa pared. Está considerada una de las 5 cascadas más bonitas de España, hecho que corroboro por supuesto.
Dado que su espectacularidad depende obviamente del caudal del río Uces, aprovechamos este fin de semana de abril después de estas últimas semanas en las que ha llovido tanto para ir a verlas. Desde luego fue una buena idea, y por supuesto no seríamos los únicos que la tuvimos.
Hay varias rutas para ir desde Salamanca, pero nosotros elegimos ir por la más al norte, junto al embalse de Almendra, otra cita obligada y de la que luego hablaré. No madrugamos, salimos el domingo 24 sobre las 11 de la mañana.
Por el camino pasamos por un pueblo muy interesante como es Ledesma, espectacular con todo tan verde y con el río Tormes bajando con mucho caudal.
Seguimos disfrutando de preciosos paisajes de robles y encinas, y con un manto que pocas veces se puede apreciar tan florido. Qué bienvenida es el agua en Castilla.
Decir que para llegar hasta la cascada hay dos opciones:
1.- Una ruta desde el municipio Pereña de la Ribera, en la que tras pasar el pueblo hay que seguir con el coche por un camino de tierra como un par de kilómetros hasta una explanada donde hay que dejar el coche, para luego seguir a pie unos 30 minutos hasta la cascada. Es la que hicimos nosotros.
2.- La segunda opción (y que descartamos por falta de tiempo) es ir a través del pueblo de Masueco y dejar el coche más cerca de la cascada. Por esta ruta se accede a un lugar para verla que hay justo al lado de la caída de agua. Se puede apreciar mejor la fuerza y el ruido del agua porque estás casi encima, pero no tienes la panorámica que puedes ver desde el mirador al que fuimos. Pero desde luego recomendable ir a los dos sitios.
Sobre las 12:15 de la mañana y tras aproximadamente 1 hora y cuarto desde Salamanca pasamos el pueblo de Pereña y como a unos cinco minutos llegamos a una zona donde tuvimos que dejar los coches para continuar caminando. Deciros que fuera del período de febrero a junio (para preservar durante estos meses el ecosistema y la anidación de aves) es posible seguir conduciendo hasta más adelante y poder aparcar prácticamente al lado de la cascada.
Caminamos como 30-40 minutos. Nosotros al ir con dos niñas pequeñas (la mía de casi cuatro años y Vega un poco más mayorcita), tardamos un poco más pero el recorrido puede llevar en torno a 20-30 minutos. Hay que tener en cuenta que hay desniveles y que en la parte final para llegar a la cascada hay una bajada corta pero empinada, así que diría no de ir con ropa de montañero en plan para subir el Everest pero tampoco ir en tacones como vimos a gente, ya que al final puede estar mojado el camino como fue nuestro caso y vimos hasta dos caídas de gente, en una le cayó la cámara de fotos en el barro, si me pasa a mí…
Primero vimos el llamado Regato de la Cribera, que desciende 100 metros hasta el río Uce.
Y ya por fin llegamos a la protagonista de nuestra excursión, estaba ansioso por asomarme al mirador y apreciar la cascada, y realmente me pareció espectacular!!! es cierto que se ve desde algo lejos pero la panorámica es imponente. Decir que su nombre se debe a la gran nube de vapor que se forma en el lugar al llegar el agua abajo.
Una curiosidad, las archiconocidas Cataratas de Niágara y que puede conocer en 2008, son sólo apenas unos pocos metros más altas que estas!!!
La peque por supuesto, lo pasó genial, era su primera cascada ;).
Os dejo también un mini-video.
Decir que tanto en el mirador en el que estábamos como en el que veíamos desde ahí, había mucha mucha gente. Se nota que era un fin de semana perfecto para verlo, habida cuenta del caudal que llevaba el río. Intentar siempre visitar la cascada en épocas en las que pueda haber mucha agua, ya que por ejemplo en pleno verano, no será una muy buena opción.
Entre tanta gente hasta me encontré a una compañera de colegio, aquí tienes tu espacio en el blog Carmen ;)!! qué buena coincidencia!!
Además me ha pasado estas fantásticas fotos del otro mirador, al que ella sí que fue. Gracias Carmen!!
Cuando nos cansamos de verla y hacer fotos, cogimos el camino de vuelta. Hay otra cascada llamada Pozo Airón, y que no fuimos por falta de tiempo, y que tiene el atractivo adicional de que existe una pequeña cueva detrás de la cortina de agua a la que se puede acceder sin dificultades, lo dejaremos para otra vez, que seguro la habrá.
Cuando llegamos al coche ya eran las dos y media de la tarde y el estómago ya nos llamaba a la acción así que fuimos a comer a un sitio del que teníamos muy buenas referencias, junto a la presa de Almendra.
El restaurante era la Choza, en el lado de Salamanca ya que la presa divide las provincias salmantina y zamorana.
Comimos genial y el trato fue estupendo. Comida típica de la zona, chorizo hecho a la brasa, buff, buenísimo.
Unas carnes y raciones enoooormes, y muy barato.
El entrecot de casi un kilo se lo comió el de Oviedo… que luego por supuesto no perdonó el postre, ni tampoco la «galga» de su señora esposa. Después de entrantes, un plato principal, postres y cafés, pagamos sólo 20€ por cabeza!!!!. Sólo dos pegas, no tenía té Rooibos para Manolo 😉 y las patatas fritas congeladas, ay, ay, ay, qué fallos… pero por supuesto 100% recomendable.
Después de comer nos faltaba otra visita obligada de la zona, una maravilla de la ingeniería, la presa de Almendra. También llamada Salto de Villarino, fue inaugurada (imaginaos por quien) en 1970 y tiene una altura de 202 m, siendo la más alta de España en la actualidad y cuando se inauguró, incluso de Europa!!. Es además la tercera presa por volumen de embalse después de las de La Serena y Alcántara (ambas en Extremadura) con un volumen total de 2.586 hm3. Aunque ya la he visitado varias veces, me sigue impresionando.
Lo más curioso de esta central es su carácter reversible de turbinación y bombeo, es decir, que produce electricidad en las horas punta, mientras que en las de menor demanda bombea agua del embalse de Aldeadávila (en el río Duero) para cubrir los «picos» de consumo.
Fuimos además para ver si teníamos la gran suerte de verla con las compuertas abiertas para desaguar agua del embalse, pero no fue el caso. Una pena porque personas que lo han visto, aseguran que es increíble. Espero poder verlas algún día.
Eso sí, el embalse estaba muy alto, rozando el límite.
Nos hicimos la última foto grupal para despedirnos, bueno, faltaba Montse. Desde luego es un placer este tipo de escapadas con buena gente, un abrazo chic@s!!!
Y hasta aquí llegó el día, sobre las 5 de la tarde, en la que cada uno cogió su coche y como se suele decir nos fuimos «cada mochuelo a su olivo». Nosotros teníamos por delante todavía tres horas de viaje hasta Madrid.
Había sido un día estupendo, y os recomiendo si tenéis la oportunidad, que no os perdáis esta escapada.
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Para los que no les apetezca leer todo el diario, en esta página he puesto de forma resumida los sitios que visitamos, en los que repusimos fuerzas (los precios sin propinas) y un mapa de las rutas. Pondré notas (+) hasta tres (+++) en función de si me gustó o no, de más a menos. En mayúsculas, los IMPRESCINDIBLES. Espero vuestras opiniones o críticas si lo pondrías de otra manera.
DÍA 1
Tomamos una Margarita en el restaurante mexicano Cesar’s (2924 North Broadway Street) (+)
Cena en Giordano’s (1040 West Belmont Avenue) 30$ (2 personas) (++)
HOTEL Days Inn Chicago ( 644 W Diversey Pkwy) 563$ por 5 noches. Alojamiento y desayuno (++)
DÍA 2
Old Town Triangle (+)
Lincoln Park (++)
Playa de North Avenue (++)
JOHN HANCOCK TOWER de día (+++)
MICHIGAN AVENUE (+++)
Fourth Presbiterian Church (++)
Centro Comercial Water Tower Place (++)
Water Tower (+). No visitamos por dentro
Saint James Cathedral (+) No visitamos por dentro.
Ransom R. Cable House (+) No visitamos por dentro.
Torre Tribune (++)
EDIFICIO WRIGLEY (+++) No visitamos por dentro.
Trump Tower (++) No visitamos por dentro.
CRUCERO ARQUITECTÓNICO POR EL RÍO CHICAGO (+++).
Comimos en Rainforest Cafe ( 605 N Clark St) 46$ (+)
Argo Tea Cafe (+)
JOHN HANCOCK TOWER de noche. Tomamos un mojito en el Signature Lounge (+++)
Cenamos en Cooper’s (1232 W Belmont Ave) 35$ (+)
DÍA 3
The Loop (+++)
Visita guiada gratuita con la asociación Chicago Greeter (Chicagogreeter.com) (++)
Chicago Cultural Center (+++)
Macy’s(111 N State St) (++)
Escultura El Picasso (+)
Escultura Miró de Chicago (+)
Escultura Monument with Standing Beast (+)
Zona financiera (++)
Chicago Temple Building (+). No visitamos por dentro.
Teatros Goodman y Oriental (+). No visitamos por dentro.
Teatro Chicago (+++). No visitamos por dentro.
Comimos en Pizanos’s Pizza y Pasta (61 East Madison Street) 32$ (++)
SOUTH LASALLE STREET (+++).
Edificio Rookery (+++). No visitamos por dentro.
WILLIS TOWER (+++).
Union Station (+++).
Cenamos en el bar Hoyts del hotel Wyndham Grand Chicago (71 E Upper Wacker Dr) 56$ (++)
DÍA 4
Field Museum. No visitamos por dentro.
VISTAS DESDE EL PLANETARIO (no visitamos por dentro), con su fantástica CAFETERÍA (+++)
Shedd Aquarium. No visitamos por dentro.
Grant Park (+)
Buckingham Fountain (++). En funcionamiento merecería sin duda una visita.
Millenium Park (++).
Pabellón de conciertos Jay Pritzker (++).
ESCULTURA THE CLOUD GATE (+++).
Comimos en Giordano’s (130 E Randolph St) 33$ (++).
Navy Pier (+).
THE HOUSE OF BLUES. Concierto de blues y cena 63$ (+++).
DÍA 5
MUSEO DE LA CIENCIA E INDUSTRIA (+++)
Universidad de Chicago (++)
Comimos en Medici (1327 E 57th St) 35$ (++)
PARTIDO CHICAGO BULLS-SACRAMENTO KINGS (+++)
Cenamos en Pizzería Uno (29 E Ohio St) 23$ (++)
DÍA 6
Zoo Lincoln Park (+++). Gratuito.
Comimos en The Pasta Bowl (2434 N. Clark Street) 22$ (++)
Teníamos claro que la ciudad protagonista del viaje sería New York, pero luego lo queríamos combinar con algún otro destino. En un primer momento pensamos en un lugar de playa, tipo México para descansar después de NY, pero lo descartamos porque la fecha no era la mejor. Luego sopesamos ir a San Francisco, pero suponía otro viaje de casi 7 horas y todo el lío de andar cambiando de ciudad y hotel. Finalmente decidimos visitar también las cataratas del Niágara que estaban más cerca. Cuando hablamos con la agencia, nos ofreció también en la misma excursión entrar en Canadá para conocer Toronto así que nos pareció perfecto.
El día 10 de septiembre, miércoles, cogíamos el avión directo desde Barajas a las 11:35h.
Después de un viaje de unas 8 horas y media, pero que gracias a que pudimos coger asientos en salida de emergencia y a un par de películas, no se nos hizo muy pesado. Llegamos al aeropuerto de Newark a las 14.10h hora local.
Dado que con la agencia no teníamos los traslados al hotel, y aprovechando que habíamos cogido una excursión con un dominicano que me habían recomendado en los foros sobre New York, decidimos que él nos hiciera también el traslado desde el aeropuerto. Así que una vez recogidas las maletas, pasado el control de entrada en Estados Unidos, donde como no, dimos con un moreno con cara de mala leche, nos encontramos nada más salir de la terminal a un monovolumen pitando y sacando una bandera de España por la ventana. El momento fue muy gracioso, y más el conocer a don Ciro Fortunato, alias Lilo, un tipo muy peculiar y sobre todo muy divertido. En unos 40 minutos nos llevó al hotel.
Ya en el coche, empezamos a ver todas las imágenes que nos parecían tan familiares, y alguna que otra, todavía más…
Nuestro hotel fue el The Park South Hotel, caro, como unos 200€ la noche, sin duda el hotel por el que más había pagado en mi vida en ese momento, pero la ocasión lo requería y lo importante es que no nos lleváramos una desilusión. Además los hoteles en Manhattan no son nada baratos y rondan como mínimo ese precio si quieres algo que esté bien, así que no había mucha más opción. El hotel eso sí, incluía un fantástico desayuno, y después de «llorarle» vía mail al encargado del mismo, conseguí que nos dieran una habitación de las más altas, y además era adaptada a minusválidos, con lo que era muy grande, cosa no muy normal en los hoteles en Manhattan. Aquí tenéis la foto de la fachada del hotel y la vista desde la habitación.
El hotel estaba muy bien situado, muy cerca del imponente Empire State, al que ibamos a ver de vez en cuando aunque sólo fuera para contemplarlo 😉
Dejamos las maletas, y teníamos tantas ganas que enseguida estábamos ya dando vueltas por la ciudad, eran sobre las 18h, y a pesar de estar bastante cansados y con el famoso jet lag, se pone uno a caminar y a ver cosas y no para…
Una ciudad como New York me generó una sensación que ninguna ciudad lo había hecho antes, una sensación de que cualquier rincón me parecía interesante, todo me atraía, cualquier sitio me parecía familiar. Yo que además de fijarme en los monumentos y los edificios más destacados, me fijo en las detalles más cotidianos, me sorprendía ver cosas tan nimias como los taxis, las escaleras de incendios de los edificios, los buzones con los periódicos, las carteles de las calles, las ambulancias, etc.. es lo que tiene esto de ser invadidos por series y películas americanas. Esta sensación la tuve durante todo el viaje, y eso que si se te fijabas bien, la ciudad no destaca precisamente por su limpieza y sí por sus muchas deficiencias a nivel infraestructuras, un ejemplo, el metro, pero NY, a mí personalmente, he de decir que me encantó.
Esa tarde dimos una vuelta y ya empezamos a ver edificios emblemáticos, para empezar el Flatiron, con su famosa forma triangular. Uno de los edificios más altos de Nueva York cuando finalizó su construcción en el año 1902 y tercero más antiguo en forma de cuña tras uno en Toronto y otro en Atlanta.
La NY Public Library, espectacular e IMPRESCINDIBLE, una de las más importantes del mundo con más de tres millones de libros y que fue inaugurado en 1911. Además en ella se han rodado multitud de películas como ‘El día de mañana’ o ‘los Cazafantasmas’. La entrada es gratuita y es una obra de arte, el hall todo de mármol y la Rose Main Reading Room, la sala principal, absolutamente grandiosa.
Otro edificio que es de obligada visita es la Grand Central Terminal, considerada la estación de trenes más grande en el mundo en número de andenes: 44, con 67 vías a lo largo de la estación y por la que circulan al día unas 750.000 personas. También objetivo de numerosas películas como ‘Los intocables de Eliot Ness’, ‘Superman’, Armageddon’ y tantas otras. El Hall es espectacular, un IMPRESCINDIBLE sin lugar a dudas.
Nos ibamos encontrando lugares con los que alucinábamos, como este salón de belleza.
El precioso edificio Chrysler, de estilo Art Decó, y que con 319 metros de altura,fue el edificio más alto del mundo durante once meses, hasta que le superó el Empire State Building en 1931. Actualmente con la construcción de otros gigantes en los últimos años ha pasado a ser el noveno más alto de la ciudad.
Y finalmente terminamos en otro sitio IMPRESCINDIBLE y emblemático, como no, Times Square. El sitio no nos defraudó en absoluto aunque ya lo tuviéramos tan visto. Como curiosidades del lugar, deciros por ejemplo que el primer cartel luminoso se puso aquí nada menos que en 1917, que en el entorno de la plaza hay hasta 40 teatros y que una empresa puede llegar a pagar 4 millones de dólares por año sólo como alquiler del espacio para tener su cartel en Times Square (había uno de la marca española Tous por cierto). Cada día pasan por aquí unos dos millones de personas, así que no éramos los únicos…
Estábamos muertos de hambre así que cenamos en el Bubba Gump, en el número 1501 de la calle Broadway, cadena de comida rápida típicamente americana y que no habíamos visto por España. Esa torre de la foto son aros de cebolla, aquí todo a lo grande.
Después de la cena y ya agotados, cogimos el famoso metro de New York para volver al hotel. Deciros que el subterráneo neoyorquino fue inaugurado en 1904 y es el cuarto más largo del mundo, por detrás de Shangai, Pekín y Londres. Tiene casi 500 paradas y unos 394 kilómetros de vías con 26 líneas (2015). Las estaciones al ser muy antiguas son agobiantes y la mayoría bastante deterioradas, desde luego esto no os impresionará. Otra cosa que nos chocó fue el frío glaciar que hace dentro de los vagones (como en todos los sitios cerrados en EEUU), cuando en los andenes podíamos estar en septiembre a 30 grados, dentro yo creo que no llegaríamos a 15, increíble. Luego hay trenes que pasan y no paran en algunas estaciones, ojo a esto, y también que si te equivocas de sentido y tienes que ir a la otra vía, tienes que salir fuera y pagar otro billete.
DÍA 2. Zona CERO. Estatua de la Libertad. Puente de Brooklyn.
Al día siguiente era jueves, 11 de septiembre, ¿os suena la fecha? efectivamente era el séptimo aniversario del atentado de las Torres Gemelas (que tuvo lugar en 2001) así que pensamos acercarnos a esa zona para ver los homenajes que se iban a hacer.
Tomamos el metro hasta esa zona y primero visitamos la Trinity Church, construida en 1846 y de estilo neogótico.
Tiene un cementerio al lado que es curioso encontrártelo en medio de la ciudad.
A continuación entramos en el célebre distrito de Wall Street, otro IMPRESCINDIBLE de la ciudad y desde donde se maneja medio mundo. ¿Sabíais que un ejecutivo de Wall Street ha llegado a ganar 1400 millones de dólares en 2014?. Dice mucho de la «riqueza» que se mueve en la famosa Bolsa. No pudimos verla por dentro así que nos conformamos con hacer algunas fotos.
Bajo la mirada de los numerosos policías que había por la zona, con estos, tonterías las justas.
Al lado está el Federal Hall, quefue el primer capitolio de los Estados Unidos y el lugar de la investidura de George Washington en 1789, estatua del cual tenéis en la entrada.
Después fuimos a ver la famosa estatua llamada ‘Wall Street Bull’ o ‘Charging Bull’, del autor italoamericano Arturo Di Modica, que se gastó nada menos que 360.000 dólares en hacerla y plantarla delante del edificio de la Bolsa como regalo a la ciudad. El ayuntamiento la retiró de inmediato, pero ante el clamor popular, la tuvo que volver a poner, esta vez en su sitio actual. La estatua pesa nada menos que 3.200kg, y la verdad es que impresiona.
El homenaje a las víctimas del 11S comenzaba a las 11 de la mañana así que fuimos a la llamada zona CERO a verlo y la verdad es que fue conmovedor. Varias personas, después de un discurso, fueron diciendo los nombres de los casi 3.000 muertos que hubo en el atentado. La gente obviamente vivía todo con el máximo respeto.
Había mucha gente y muchos medios de comunicacion cubriendo el homenaje, aquí Magaly fue la siguiente entrevistada, que contestó en un inglés impecable…
También en una iglesia cercana había un homenaje a las víctimas
Y una exposición de fotos del momento. Esta me pareció impactante.
También había gente que aprovechaba para protestar…
Una vez que terminó el homenaje nos acercamos a ver cómo estaban las obras de reconstrucción de la ZONA CERO. Como supongo sabréis, tras el atentado hubo multitud de litigios, disputas y juegos de poder entre políticos, residentes, y arquitectos que hicieron que no se tuviera claro qué hacer en el lugar de las Torres Gemelas siete años después. Esta es una foto que pude sacar a escondidas de los trabajos de reconstrucción.
Luego nos dimos una vuelta por la zona
Sobre la una de la tarde fuimos a comer a un Mcdonalds que está por la zona que es famoso porque tiene un pianista tocando dentro….esto sólo puede pasar en NY.
Una vez que terminamos nos dirigimos al sur de Manhattan, a Battery Park, a coger el ferry para ir a ver una estatua algo famosa, la Estatua de la Libertad.
Cerca del puerto, también pudimos ver diversos recuerdos a las víctimas del atentado.
Aquí me permito hacer un inciso sobre un tema que genera bastantes dudas y opiniones encontradas con respecto a si coger o no el ferry que va a la estatua de la Libertad, por el que obviamente hay que pagar, o coger otro ferry que va a Staten Island y que es gratuito. Yo soy totalmente de la opinión (si tienes tiempo suficiente) de coger el ferry hasta la estatua y eso que en ese tiempo no se podía subir a la corona, cosa que desde 2009 ya se volvió a permitir subir. El ferry que va a Staten Island no pasa muy cerca de la estatua y la ves desde muy lejos. Nosotros por supuesto que cogimos el que va al monumento, y aunque pagamos como unos 18$ (intentar cogerla con antelación por internet), nos mereció la pena, no sólo por verla de cerca, sino también por las vistas que hay de Manhattan desde la isla. El tour también incluye una visita a un museo que hay en otra isla, Ellis Island, pero nosotros no nos bajamos. Por supuesto la visita es un IMPRESCINDIBLE.
Las vistas según llegas a la Estatua son increíbles.
Y como os decía, de las vistas de Manhattan.
Esta última es desde el ferry de vuelta, tras el cual continuamos con nuestra caminata en busca de otro de los IMPRESCINDIBLES de New York, el Puente de Brooklyn.
Esta fue la ruta del día:
Por el camino, dos imágenes típicas de New York, la policía, y las escaleras de incendios de los edificios.
A mí personalmente el Puente de Brooklyn fue de lo que más me gustó del viaje, el puente en sí y las vistas que hay desde el mismo. Fue construido entre 1870 y 1883 y, en el momento de su inauguración, era el puente colgante más grande del mundo. Mide 1825 metros de largo y el cruzarlo es toda una experiencia.
Las vistas como digo desde allí son impresionantes, por un lado los edificios de la parte sur de la isla, por otro el puente Manhattan y al fondo el Empire State.
Lo cruzan cada día 100 000 coches y 4 000 peatones, así que no eramos los únicos ;)Pero lo mejor estaba por llegar. Empeza a ponerse el sol, y no era casualidad que nos pillara ahí porque llevábamos el timing muy estudiado. Cruzamos hacia el lado de Brooklyn y buscamos un parque llamado Main Street Park, desde donde todos los foros hablaban de un atardecer grandioso, y así fue.
Nos sentamos tranquilamente a ver las vistas y ver cómo el sol iba cayendo y se iba iluminando la ciudad, yo creo que batí el récord mundial de fotos, pero no era el único, había muchísima gente para lo mismo con cámaras espectacular con trípode.
Y una vista del puente de Manhattan antes de anochecer
Y cuando se empezó a poner el sol pudimos apreciar el atardecer, absolutamente GRANDIOSO, para mí lo MEJOR DE TODO EL VIAJE.
Estos dos haces luminosos que suben en la última foto, simulan donde estaban las Torres Gemelas.
En el anochecer además, y de esas cosas que sólo pueden suceder en NY, hubo un espectáculo de ballet allí mismo de una escuela de la ciudad que nos gustó mucho y que hizo del momento mucho más inolvidable.
Después de disfrutar y disfrutar intentamos cenar en un restaurante italiano archifamoso como es Grimaldi’s pizza, que apenas estaba a unas manzanas del parque, pero la cola que había y lo hambrientos que estábamos, nos echó para atrás, así que buscamos otro sitio cercano.
Volvimos hacia el hotel, no sin antes pararnos a admirar el Empire State iluminado que teníamos de camino. Caímos muertos en la cama, por cierto, qué gran invento la cama tamaño ‘King Size’ americana…
DÍA 3. Moma. Quinta Avenida.
Nos levantamos temprano y Magaly a lo suyo, a disfrutar del fantástico desayuno del hotel, y yo mientras tanto, a leer el periódico 😉
Ese día teníamos pensado visitar uno de los museos más importantes del mundo, el MOMA, o Museo de Arte Moderno de New York. Inaugurado en 1929 y que se ha convertido por méritos propios en el museo de arte moderno más importante del mundo.
Aunque los museos no sean lo que más me gusta del mundo, la verdad es que entre que había muchos cuadros que conocíamos sobre todo de Picasso, la parte de Andy Wharhol que nos encanta y alguno de Van Gogh que le gusta mucho a Magaly, disfrutamos mucho de la visita.
Los Olivos
Las señoritas de Avignon
Sopas Campbell’s de Wharhol
Además coincidió que había una exposición de Salvador Dalí, así que pudimos disfrutar de cuadros al menos conocidos.
Después de la visita del Moma, nos dirigimos a recorrer la calle más emblemática de la ciudad, la Quinta Avenida, y tengo que decir, que fue una experiencia fantástica. Cada rincón es una pasada, cada tienda, todo. Si váis, disfrutarla, recorrerla sin prisas, pararos en cada rincón, es maravillosa, sobre todo si es vuestra primera vez en Estados Unidos.
Visitamos la catedral de San Patricio, terminada en 1879, y que es la catedral católica de estilo neogótico más grande de América del Norte. Muy curiosa verla en medio de todos los rascacielos de la Quinta Avenida, por dentro estaba bien, pero quién nos va a decir a los españoles algo de catedrales teniendo Burgos, León, Toledo…
Enfrente del mismo está el edificio Trump, que visitamos por dentro y que impresiona el hall que tiene con cascada incluída. Seguimos visitando tiendas y tiendas, como Tiffany, un clásico, ¿recordáis la película ‘Desayuno con diamantes’?. A la tienda entramos, pero cuando intenté hacer una foto, un seguridad amablemente me dijo que no lo hiciera. Me sentí como Paco Martínez Soria en la gran ciudad…
Eran casi las 4 de la tarde así que buscamos un sitio para comer, y encontramos uno de la cadena Jackson Hole Burger. Y la verdad es que nos gustó mucho, Magaly todavía me recuerda los nachos tan ricos que comió allí.
Salimos a la calle y el día se había estropeado mucho, estaba lloviendo, así que tuvimos que pensar en un plan B que siempre hay que tener, y por tanto fuimos a los famosos grandes almacenes Macys, tipo Harrods de Londres, o El Corte Inglés en España. Sinceramente me esperaba más de ellos y no me pareció nada del otro mundo. Otro día visitamos Bloomingdales y eso ya es otro nivel…
Salimos del centro comercial y dado que seguía lloviendo decidimos irnos al hotel a descansar, teniendo antes una visión diferente de nuestro amigo Empire State.
DÍA 4. Rockefeller Center. Harlem, Bronx y Brooklyn
Este día nos levantamos con un sol radiante, y aquí está la diferencia con el día anterior.
Este día teníamos un plato fuerte si amanecía con buen tiempo, y como era el caso, comenzaban nuestras vistas de la ciudad desde las alturas.
Nos dirigimos hacia el Rockefeller Center para subir al observatorio que hay en uno de los 19 edificios del complejo, el mirador llamado Top of The Rock. La entrada la habíamos comprado con antelación y con la entrada del Moma pagamos 30$ por los dos, es una buena opción. En cuanto a ver las vistas de NY desde lo alto yo recomiendo hacer lo que hicimos, subir al Rockefeller de día y al Empire State de noche. Primero porque si se sube al Rockefeller podrás apreciar todo Central Park que si subes al ES no lo podrás apreciar igual, y luego que desde el Rockefeller tendrás la vista del propio ES que es impresionante, pero esto obviamente va en gustos.
El observatorio de la torre está ubicado a unos 259 m, entre los pisos 67 y 70, y tienes, con un día claro, una perspectiva de la ciudad alucinante. Grandioso ver el enorme Central Park, y el Empire State al otro lado.
Como en todos los edificios o comercios de NY y lo cual me resultó una sorpresa muy agradable fue la amabilidad y la educación de los norteamericanos, ya podían aprender otros de cómo se trata al cliente en esta ciudad.
La foto de la plaza Rockefeller, donde se coloca el famoso árbol de Navidad y la pista para patinar sorprende, pero por lo pequeña que nos pareció. Seguro que en Navidad luce de otra manera.
Luego visitamos por la zona de alrededor el Edificio Lipstick, la sede de la cadena NBC, el Radio City Music Hall, el considerado mejor teatro del país…
Acabamos llegando de nuevo a Times Square, donde seguimos visitando tiendas, un Toys Rus que tiene una noria dentro, la macro tienda de M&M’s, la Disney Stores, etc. y en cuyo centro de la plaza nos encontramos a un curioso personaje.
Era la hora de comer, y ya cansados de tanta hamburguesa y comida rápida, decidimos probar en una idea de restaurante que no habíamos visto antes, un sitio de ensaladas con un montón de ingredientes donde te hacían la ensalada como querías. Nos pareció una estupenda idea de negocio y nos sentó de maravilla.
Una vez que comimos teníamos organizada la visita con Lilo para que nos mostrara los barrios de Harlem, Bronx y Brooklyn . Los dos primeros en teoría peligrosos sobre todo de noche, y cuya excursión nos apetecía más hacerla así, aunque nos costara más cara, que hacerla en plan autobús en modo rebaño…
Esta es la ruta que seguimos con Lilo:
Comenzamos en Harlem, y la primera parada fue el mítico Cotton Club, que fue un club nocturno de Nueva York fundado en 1920.
Seguimos circulando viendo escenas curiosas como la de este chico que me pilló fotografiándolo…
Harlem siempre ha sido un distrito que ha acogido a la mayoría de la comunidad afroamericana, y con fama de peligroso, pero en los últimos años comienza a despertar en todos los sentidos y está llenándose de buenas viviendas, en algunas ocasiones con precios parecidos a los de más al sur de Manhattan. Los contrastes son muy evidentes.
Sin salir de Harlem, y mientras Lilo nos iba explicando curiosidades o la historia del barrio, hizo una parada en la cancha de baloncesto más famosa del barrio y de NY, Holcombe, en el Rucker Park, en la que han jugado muchos jugadores de la NBA, como Kobe Bryant, Allan Iverson o Kevin Durant. A un apasionado del basket como a mí, me encantó hacer un mate en la misma canasta que todos estos, es broma 😉
También estuvimos en uno de beisbol, deporte más practicado todavía que el baloncesto.
Luego pasamos al famoso distrito del Bronx, el único de los cinco distritos de NY (con Queens, Brooklyn, Staten Island y Manhattan) que está ya en tierra firme.En él viven casi 1.5 millones de personas (2º más poblado tras Brooklyn) y en torno a la mitad de su población está compuesta por latinos e hispanos. Es la cuna del rap y el hip hop y también está experimentado un renacer en los últimos años, dejando atrás la fama de peligrosa. Aquí podemos ver el nuevo estadio de los Yankees de beisbol.
En el Bronx hicimos una parada a tomar un café. Aquí podéis ver al gran Lilo, qué personaje!! y cuánto nos reímos con él, ese airbag cerrado con bridas 😉
Por último acabamos en Brooklyn, que con más de 2.600.000 habitantes, es el distrito o «borough» más poblado de Nueva York y que ha sido el lugar de nacimiento de personajes como Woody Allen o Mike Tyson, pero sobre todo de mi mayor ídolo en mi adolescencia, el gran Michael Jordan.
Aquí lo que vimos más curioso y que nos chocó muchísimo fue entrar en la zona de la comunidad judía ultraortodoxa Satmar que vive en una zona del distrito llamada Williamsburg. Los Satmar pretenden desafiar el paso del tiempo con unas ropas y unas tradiciones férreas hasta la extenuación. Siguen estrictamente la ley Judía (Torah) y depositan su fuerza en el inmovilismo y odian el cambio. Lo que vimos pero sobre todo lo que nos contó Lilo de los habitantes nos dejó boquiabiertos, dado que rechazan el cambio por supuesto repudian la televisión, radio y no os digo Internet. La mujer en cuanto tiene la menstruación está preparada para casarse, y en cuanto lo hacen se deben rapar el pelo y ponerse una peluca que no se la quitarán nunca. Lilo nos contó muchas historias más de estas que no te parecen reales en el siglo XXI. Todos los transeúntes que veíamos sinceramente parecían sacados de una película, incluidos los niños con esos tirabuzones y el sombrero. Digno de ver, sobre todo si no has estado en Israel.
Nuestra excursión de unas 4 horas terminó bajo el puente de Manhattan. Allí nos despedimos de Lilo, pero sólo hasta el día de nuestra vuelta a España.
Ahí dio la casualidad de que vimos lo que parecía una boda, pero nos dijo Lilo, que es dominicano, que es la fiesta de los 16 años de la chica, una fecha que se celebra por todo lo alto, buff, pues como será la boda si algún día se casa.
Una vez que nos despedimos, cogimos el metro para dirigimos a otras zonas famosas de Manhattan como son Chinatown y Little Italy. Del primero deciros que fue lo que menos me gustó de New York, y que no vimos nada interesante salvo tiendas y tiendas, muchas muy cutres y gente ofreciéndote constantemente copias de bolsos, ropa, etc.,.
Luego pasamos al barrio de Little Italy, llamado así por haber estado poblada en sus orígenes por gran cantidad de inmigrantes italianos (italoamericanos) pero que se está viendo engullido por los barrios colindantes, sobre todo por Chinatown, como no. Recorrimos la calle más importante, la Mulberry Street. En esta animada vía, casi la única que actualmente conforma el barrio, se encuentran en teoría los mejores restaurantes italianos y cafeterías. Cenamos en uno, y la verdad es que no fue nada del otro mundo, caro, y el servicio el peor de nuestra estancia…
DÍA 5. Misa Gospel. Central Park. Empire State.
Este día, que era 14 de septiembre, domingo, lo habíamos dejado para asistir a otra de las recomendaciones de NY, que era vivir lo que se siente en una misa Gospel. En la red recomendaban muchas pero sobre todo una, así que yo decidí desde el principio no ir a esa, y buscar una que tuviera menos turistas, así que elegí la Antioch Baptist Church en el barrio de Harlem. Llegamos y fuimos entrando, y lo que ya pude ver es que había más turistas de lo que me esperaba, nos sentaron en las últimas filas ahí todos juntos y comenzaron la misa. No cobraban entrada, sólo la voluntad. La misa me gustó, todos cantando y disfrutando de la fiesta, no tiene nada que ver con las católicas a las que estamos acostumbrados. Estuvimos un rato pero dado que esas misas pueden durar más de dos horas, a la media hora más o menos nos fuimos. Sinceramente y lamento decirlo que no me pareció un imprescindible, creo que la atmósfera no era la idónea con la presencia de los turistas que a veces me sentí como en un parque temático. Si lo hacéis, un consejo, intentar buscar la más escondida posible y que así la podréis vivir de una manera más «natural». Por supuesto, no nos dejaron hacer fotos.
Después de la ceremonia, nos acercamos en metro hacia otro sitio que teníamos muchísimas ganas de ver, Central Park. Antes de entrar fuimos a ver el hall del Museo de Arte Natural, no entramos dentro del museo porque podíamos echar allí un día entero y preferíamos ver otras cosas (tiene más de 35 millones de objetos!!!) pero no nos perdimos los esqueletos de dinosaurios de la entrada y recordamos escenas de la saga de películas como ‘una noche en el museo’ de Ben Stiller.
Después seguimos paseando, vimos el edificio Dakota, famoso porque en sus puertas fue asesinado John Lennon en 1980. Pasamos al lado del Lincoln Center, y finalmente y dado que era ya casi la hora de comer decidimos probar uno de los considerados mejores hot dog de New York, en el Gray’s Papaya, que estaba muy cerca de esa zona. Después de esperar un rato y de atendernos de bastante mala manera, cogimos el perrito y nos fuimos al Central Park a comernóslo. La verdad, esto de los mitos, sinceramente no recuerdo que fuera un perrito espectacular, nada que ver con por ejemplo el que nos comimos en Toronto unos días después.
Bueno, y hablemos de Central Park, decir para empezar que hacía un calor horroroso, con lo mal que llevo yo el calor, y además húmedo, yo estaba que me moría, pero no evitó que no disfrutara de un IMPRESCINDIBLE con mayúsculas de la ciudad. Una recomendación cuando vayáis, intentar tener claro donde váis y yo buscaría en todo momento las explanadas que hay, porque el parque es enoooorme. Es rectangular y unas dimensiones aproximadas de 4000 x 800m. En él encontraréis praderas, lagos artificiales, cascadas y zonas que parecen un auténtico bosque. Como aparece en tantos reportajes, películas, etc, está lleno de gente haciendo deporte, tomando el sol, etc, un sitio fantástico.
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Era muy curioso ver el contraste entre lo verde del parque y todos los edificios rodeándolo.
Como me encanta el baloncesto, me acerqué a una de las canchas que había, y madre mía, que mates, cómo jugaban, les iba a decir de echar una pachanga, pero hacía mucho calor 😉
Salimos del parque ya cuando empezaba a caer el sol y nos dirigimos de nuevo al centro para ver lo que nos habíamos dejado de la Quinta Avenida. Deciros que el centro es para dar vueltas durante días y no verás todo lo que hay, qué cantidad de sitios interesantes (no pongo todas las fotos por no saturar ;).
Finalmente cenamos en el Planet Hollywood de Central Park, el sitio muy chulo, no faltaba detalle, con un montón de accesorios, trajes y artilugios de películas famosas y un sitio muy agradable. Cenamos lo típico de una hamburguesería y recuerdo que no fue para nada caro, además los camareros super amables. Siempre te ofrecen llevarte la comida que dejas en el plato.
Fue una cena divertida como culminación a un día estupendo, y de ahí nos fuimos al hotel ya que al día siguiente nos esperaba un largo día de viaje…
DÍA 6. Cataratas de Niágara
Tras cinco días en New York y como ya dije que queríamos complementar el viaje con alguna otra visita, habíamos contratado desde España también con El Corte Inglés una excursión guiada en autobús hasta las cataratas del Niágara, dormir allí, al día siguiente ir a Toronto, dormir de nuevo en Niágara y regresar. Había la opción de ir en avión pero preferimos ir en autobús para también poder ver algo del interior del país.
Salimos temprano en un autobús en el que por cierto había más parejas de españoles y fue llevar poco tiempo para comprobar que la guía mexicana era una auténtica impresentable, no me quiero alargar mucho en mis calificaciones por no pasarme. Sólo diré que estaba poco preocupada en explicar cosas por el camino que debía ser su función y más en que comiéramos en los restaurantes o compráramos mucho en las tiendas donde ella se podía llevar una buena comisión. Era un claro ejemplo de lo que NO debe ser una guía y me quejé enérgicamente a la agencia. Al final de la excursión como no, pidió propina y le dejé un dólar, para medio café :).
El camino a pesar de que era largo (tardamos hasta Niágara como unas 8-9 horas), se hizo bastante ameno porque íbamos viendo diferentes paisajes y alguna que otra explicación que nos «regalaba» la guía, como por ejemplo el pueblo natal del gran Frank Sinatra, Hoboken, muy cercano a NY. Paramos a comer en un restaurante de carretera, un buffet horrible y que gracias a la comisión de la guía pagamos más que lo que pagaría un cliente normal, lamentable.
Sobre las 17h llegamos a las cataratas y ya empezamos a pasar del tema de la guía y a disfrutar del viaje. El verlas por primera vez nos dejó boquiabiertos.
El tema de las cascadas es un tema que me apasiona, por tanto os daré un poco de información, sólo un poco. Las cataratas del Niágara son un grupo de cascadas situadas en el río Niágara en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Su caída no es muy importante, unos 52 metros, pero su caudal medio, que es de unos 2.000 m³/s, hacen que se encuentre en el TOP 3 MUNDIAL (por ejemplo las de Iguazú están en unos 1.800 y las cataratas Victoria unos 1.000). Tiene una anchura también considerable, unos 1.100 metros y su agua proviene de los cinco grandes lagos norteamericanos. En invierno se llegan a congelar totalmente lo que según nos dijo una empleada de una tienda es una imagen increíble.
Es verdad que cuando llegas a las cataratas y algo que choca mucho es lo explotada turísticamente que está, ojo y todo desde el lado canadiense. Como véis en las fotos hay unos cuantos hoteles y restaurantes en ese lado que desluce un poco el paisaje que si estuviera virgen, sería fantástico.
Lo primero que hicimos tras ver el salto desde el lado estadounidense, fue prepararnos para lo que es la principal atracción, montar en un pequeño barco para verla desde cerca, experiencia que fue una auténtica pasada. Era la primera vez que veíamos una cascada tan grande, y además tan cerca, nos empapamos y nos pareció muy divertido. Un auténtico IMPRESCINDIBLE.
Después de visitarlas, fuimos al hotel, que fue el Holiday Inn Niagara Falls, bastante normalito por cierto, no lo recomiendo. Tras ducharnos y cambiarnos fuimos a verlas en pleno atardecer e iluminadas.
Cuando ya se puso el sol, fuimos a cenar, siempre del lado de EEUU, al Hard Rock Café Niagara Falls USA. Decir que esa zona estaba bastante muerta, muy diferente a lo que veríamos al día siguiente en el lado canadiense.
DÍA 7. Toronto
Este día nos levantamos pronto para ir a otro destino importante de nuestro viaje, y al que tardamos unas 2 horas en llegar. Toronto es la ciudad más grande de Canadá, considerada como la New York canadiense con una población de unos 2.600.000 habitantes (que se duplica con su área metropolitana), y la quinta más grande de Norteamérica, además de ser el centro financiero del país, y uno de los más importantes del mundo.
El edificio más famoso y visitado de la ciudad es por supuesto la Torre CN, a la que subimos y desde la que se pueden ver unas vistas espectaculares de la ciudad.
Esta impresionante torre, con 553 metros de altura, la convierten en la TERCERA más alta del mundo y primera del continente americano. Se construyó en 1976 y cada año la visitan más de 2 millones de personas. En ese momento sería el lugar más alto al que me había subido nunca ya que el observatorio se encuentra a 447m.
Desde ahí arriba pudimos apreciar toda la extensión de la ciudad (Torontontero ;)) y el impresionante tamaño del lago Ontario. También pudimos ver cerca el estadio de baloncesto del equipo de la NBA de los Torontos Raptors, donde por aquel entonces jugaba el jugador español José Manuel Calderón.
Al bajar, tuvimos un par de horas de tiempo libre por la zona financiera, sin duda de lo más interesante de la ciudad, lleno de rascacielos y zonas comerciales. Aquí estoy con una camiseta de hockey sobre hielo, sin duda el deporte nacional.
Era mediodía, y nos dió por comer un perrito caliente en un puesto callejero, y estuvo espectacular, mil veces mejor que el de New York. Aquí vemos a Magaly disfrutándolo, y justo detrás el Toronto City Hall, los edificios donde se ubica la sede del ayuntamiento de Toronto y de los más emblemáticos de la ciudad. Todavía me recuerda mi mujer el famoso perrito de vez en cuanto, más que la torre CN…
A continuación fuimos a visitar la Universidad de Toronto, otra interesante punto de interés de la ciudad. Es la más grande Canadá y fue fundada en 1827. Tiene 75 programas de doctorado, y 14 facultades profesionales. Aparece en el puesto 20 del ranking de las mejores universidades del mundo (2014-2015), por detrás de las estadounidenses, Oxford y Cambridge.
Cuando dejamos la ciudad, nos dió la impresión de ser una ciudad muy cosmopolita, muy cara y donde se debía vivir muy bien, y efectivamente las tres cosas se pueden refrendar con hechos. Toronto es la mayor ciudad del mundo en porcentaje de residentes no nacidos en el propio país, sobre un 49% de los habitantes de la ciudad no ha nacido en Canadá. Debido al bajo índice de criminalidad,el cuidado medio ambiente y el alto nivel de vida, Toronto, ha sido considerada varios años la mejor ciudad para vivir del mundo, aunque poder llegar a -15º en invierno, no parece muy agradable.
Sobre las 18h ya cogimos el autobús de vuelta a Niágara, y antes de llegar a las cataratas de nuevo, tuvimos una agradable sorpresa. Paramos en una especie de teleférico, que no entendíamos muy bien por qué pero cuando vimos la placa nos llevamos una grata sorpresa. Es el llamado «Spanish Aerocar», y hablando un poco de su historia decir que fue concebido por J. Enoc Thompson, y construido en 1913 por la compañía española The Niagara Spanish Aerocar Co. Limited, de acuerdo con el diseño del ingeniero e inventor cántabro Leonardo Torres y Quevedo. El artilugio abrió sus puertas en agosto de 1916, y desde entonces ha sido reformado en 1961, 1967 y 1984. En la actualidad continúa en funcionamiento como atracción turística y por lo visto por muchos años porque según decían funciona perfectamente.
En la placa pone la historia del teleférico, que se entiende bastante bien.
Después de esta agradable parada, el autobús nos iba a dejar en las cataratas, pero en el lado canadiense, y que por supuesto tenían una mejor panorámica de las mismas, de ahí que también aquí hubieran más edificaciones. Las vistas eran absolutamente espectaculares.
Después de disfrutar del paisaje, nos dejaron en esa zona donde hay una especie de mini parque de atracciones, un «querer y no poder» diría yo y que lógicamente era para aprovechar el «tirón» del turismo. Nos dimos una vuelta con una pareja de chicas madrileñas que habían ido a la excursión super majas y con las que hicimos una muy buena amistad. Recorrimos el parque y compramos unos cuantos souvenirs. Era martes, con lo que no había mucha gente así que pudimos estar muy tranquilos viéndolo todo.
Finalmente cenamos en un Planet Hollywood donde nos echamos una risas recordando sobre todo la gran guía que nos tocó en suerte 😉
Después de cenar, ya no había mucho más que hacer, así que tuvimos una pequeña aventura para volver al hotel de la parte estadounidense. Pensábamos que con cruzar el puente que hay entre los dos países llegaríamos sin problemas, pero no, porque el problema era que estaba cerrado a esa hora, así que la única forma de pasar al otro lado era en taxi!!!, imaginaos nuestra cara cuando fuimos a coger uno y el simpático nos pedía 30$ por pasar el puente!!, buen negocio sí señor, así que no nos quedó más remedio que hacerlo. El taxista, más serio que Eugenio, le preguntamos de dónde era, y nos dijo que era de origen serbio. Bueno pues cuando fuimos a cruzar la frontera, a las dos chicas y a Magaly que iban en el asiento de atrás les dio un ataque de risa, y eso parece que no le hizo ninguna gracia a la policía de frontera de EEUU, así que nos dijo que paráramos el coche y les acompañáramos todos a la oficina. Aquí ya se nos cambió la cara y se acabaron las risas, con esta gente como siempre digo, tonterías las justas. Nos llevaron a una sala y nos pidieron los pasaportes, 4 españoles con un taxista serbio, buen acompañante. Estuvimos ahí un rato y cuando yo ya tenía en mi cabeza el sonido del guante de látex ;), nos dijeron que todo estaba bien y nos podíamos marchar, glub!, pensamos, menos mal.
Con el sustillo en el cuerpo nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba un largo viaje de regreso.
DÍA 7. Empire State
Este día comenzó pronto para coger el autobús y hacer el viaje de vuelta hasta NY. Al menos en el viaje, en un determinado momento la guía tuvo la feliz idea (porque estaría en el guión lógicamente) de sacarnos de la autovía principal, y así pudimos ver cómo era un pueblo del interior americano, y decir que nos gustó mucho porque era revivir lo que tantas veces habíamos visto en películas y series, casas de madera, con su porche delante. Nos gustó mucho la visita, lástima que no paráramos, pero es lo que no me gusta de las visitas organizadas, que tú no decides qué hacer…
Sobre las 18 horas llegamos a Manhattan y cogimos un taxi hasta el hotel, cuyos conductores por cierto eran de diversas nacionalidades excepto estadounidenses y tenían una extraña manía que es ir pitando constantemente, cosa que hacía que las calles fueran molestamente ruidosas. Dejamos la media maleta que habíamos hecho y fuimos a disfrutar todavía de un gran plato fuerte, y que esperábamos con muchas ganas. Subir al Empire State para ver la vista de noche. Sólo un par de datos, fue el edificio más alto del mundo durante más de cuarenta años, desde su finalización en 1931 hasta 1972, año en que se completó la construcción de la torre norte del World Trade Center. Tiene una altura de 443m, aunque la altura a la que subimos a la azotea era de 381m.
Lógicamente no éramos los únicos que pensábamos subir a la torre, así que aquí sí que acertamos de pleno con lo que habíamos hecho, ya que habíamos comprado con antelación un tipo de ticket llamada express, en el que no esperas cola, así que fue curioso como nos llevaron en plan VIP hasta los ascensores de subida.
La azotea como no, estaba llena de gente, y era increíble la cantidad de españoles que vimos porque sólo se oían gritos en castellano, tan silenciosos como siempre. Ahí nos tiramos un buen rato disfrutando de las vistas, que eran increíbles, y que fue un acierto subir para verlas de noche.
La parte más iluminada que se ve en esta foto, es Times Square.
Después de disfrutar de las vistas y pasar un rato estupendo dando vueltas a la azotea, ya bajamos y fuimos a cenar de nuevo a un restaurante de la cadena Jackson Hole, para luego volver al hotel a descansar.
DÍA 8
Este día era 18 de septiembre y lamentablemente ya era nuestro último día, pero dado que teníamos el vuelo por la tarde, decidimos tomarnos la mañana para pasear por la zona del Soho.
En esa zona pudimos ver una imagen vista en tantos lugares del mundo, las zapatillas colgadas de los cables de la luz. Del significado hay teorías y motivos varios, que si para marcar territorio las pandillas callejeras, que si un lugar donde se vende droga, que si recuerdo donde ha muerto alguien, quizás cada una tenga su parte de razón.
Recorrimos gran parte del barrio, estuvimos en la famosa tienda Bloomingdale’s y ya hacia el mediodía estábamos muertos, cosa que también buscábamos para poder dormir en el viaje de vuelta a España. Comimos y volvimos al hotel, donde nos fue a buscar de nuevo el gran Lilo para llevarnos al aeropuerto. Nos llevamos una sorpresa porque nos sorprendió con un regalo que nos hizo mucha ilusión, un CD de música neoyorquina con una foto nuestra de carátula. Fue un detalle que apreciamos mucho y que le agradecimos.
Decir que el viaje de vuelta desde luego no fue como esperábamos, no pudimos coger pasillo de emergencia y fuimos en medio de la fila de cuatro asientos, así que yo se puede decir que no dormí nada, a pesar de que estaba muerto.
Fue el final de un viaje memorable en una ciudad memorable, un IMPRESCINDIBLE para mí de los de verdad.
….UNOS AÑOS DESPUÉS…
En 2019 he tenido la oportunidad de volver a visitar esta increíble ciudad aunque sólo fuera por un día, que hicimos de ida y vuelta desde Boston. Esta vez entramos en coche en la ciudad lo que nos permitió primero certificar el infernal tráfico que tiene NYC pero también el privilegio por ejemplo de cruzar el Puente de Brooklyn.
Aparcamos el coche y nos movimos ya en metro. Nuestra primera parada fue como no, un sitio emblemático, la estación más grande del mundo, la Grand Terminal Station. Su hall es grandioso, maravilloso.
Y las vistas del edificio Chrysler desde las afueras, son imperdibles.
Caminamos hacia el oeste para cruzar la Quinta Avenida hasta nuestro siguiente destino, Times Square!!!!
Cerca de esta mítica zona ya había comido en el Planet Hollywood y el Bubba Gump, y dada la buena situación de este último decidimos repetir. Lo mejor, las vistas desde el local y por supuesto la atención. Calidad y precio, pues ya sabemos, lo típico de la fast food y los precios inflados, pero lógicamente el sitio donde está ubicado, pues hay que pagarlo, aún así lo recomendaría.
Era noviembre y por tanto anochecía sobre las 17h así que apuramos para ver el atardecer en un sitio mítico, y uno de mis top ya no sólo de los EEUU, si no de todo el mundo ¿lo adivináis?. Nos bajamos en la parada de metro ‘High Street – Brooklyn Bridge Station’, que de la parte de Brooklyn es la más cercana al puente, y nos acercamos caminando hasta la mitad sin cruzarlo del todo.
A continuación descendimos para acercarnos al río East y tener la maravillosa estampa de la ciudad que andaba buscando. Bajamos por la Washington St, donde hay un punto desde el cual se tiene una vista del Manhattan Bridge y que se ha hecho famosa últimamente, como no gracias a Instagram. El lugar es verdad que es muy bonito y muy fotogénico.
Y siguiendo esta ruta desde el mítico puente llegamos al lugar que estaba buscando, el parque en el que estuve con mi mujer hacía nada menos que 11 años.
Ese es el parque Main Street Park donde se tienen unas vistas grandiosas del skyline neoyorkino. Algo había cambiado eso sí, se veía coronando los edificios el One World Trade Center, el mastodóntico rascacielos construido en el lugar de las Twin Towers (destruidas como sabéis en el 2001) y que obviamente en 2008 no estaba y que con sus 541 metros se ha convertido en el edificio más alto de toda América y sexto del mundo.
Hacia el otro lado estaba el precioso Manhattan Bridge con otro edificio, este recién inaugurado, el One Manhattan Square, de 257 metros de altura.
Ya de aquí nos fuimos al motivo «oficial» de esta escapada desde Boston, ver en vivo un partido de la NBA, sería mi tercero, después de verlo en Miami y Chicago.
Disfrutaríamos en la cancha de los Brooklyn Nets de un partido contra los Sacramento Kings.
A pesar de que no estaban las dos estrellas locales, Kyrie Irving y Kevin Durant, disfrutamos del espectáculo que rodea siempre a este tipo de partidos y en los que los americanos son únicos, todo hay que decirlo.
Y aquí terminó nuestra escapada relámpago a la ciudad de los rascacielos, que disfrutamos muchísimo y seguro que no será la última vez que visite esta ciudad. Y vosotros, ¿¿a qué esperáis??